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miércoles, 1 de junio de 2022

CRONICAS DESDE MI RETRETE: EL ANTICIPO DE LO QUE SERÁN LAS OLIMPIADAS DE 2024

Lo que ha pasado en París durante la final de la Champions es muy parecido a lo que ocurrió en Berlín en los Juegos Olímpicos de 1936. Solo que al revés. En las Olimpiadas de Berlín se demostró que el gobierno del canciller Adolf Hitler, que llevaba en el poder apenas tres años, había liquidado el paro, había logrado reconstruir el país, y asumido, sin ningún tipo de incidente la organización de las primeras Olimpiadas en las que la llama viajó desde Grecia hasta alumbrar los juegos. Todo fue irreprochable. Las Olimpiadas de Berlín fueron es escaparate mundial de los logros realizados en el Tercer Reich.

Estremece recordar que, dentro de dos años, París sea sede de los que prometen ser los peores Juegos Olímpicos de la historia del deporte. El anticipo lo hemos visto en la final de la Champions. Las informaciones sobre lo que ocurrió en este evento han tenido dos tiempos: en el primero, las fuentes del ministerio del interior francés, sugirieron que los incidentes se habían generado por culpa de los hinchas ingleses a los que no se permitió la entrada en el estadio de Saint-Denis por mostrar entradas falsas.

Los que conocemos Saint-Denis sabíamos perfectamente que esa explicación es falsa. París está rodea de una “banlieu” poblada mayoritariamente por “afroparisinos”. Aquello es cualquier cosa, menos Europa. Desde hace treinta años, algunos, tachados de “alucinados” por los bienpensantes y políticamente correctos, ya señalaron que, cuanta más inversión, cuantas más infraestructuras, cuantos más recursos se empleaban en “hacer avanzar” a estos barrios hacia una “normalidad europea”, menos resultados se obtenían. El salvajismo está cada vez más presente en la “banlieu” parisina (y en el mismo interior de la ciudad). Allí donde hay mayoría de “afroparisinos” (el término no es mío, sino que lo oí en un informativo de La Cuatro que daba cuenta de los incidentes), allí parece dominar lo que, solamente de manera piadosa, podemos denominar “conflictividad” y, con mucho más realismo, “salvajismo”.

La esperanza de Macron es que el “metaverso” llegue antes de que se inauguren las olimpiadas. Entonces, el salvajismo quedará recluido en la “realidad extendida” y en sus mundos artificiales, no desaparecerá, pero el gobierno podrá alardear que ha triunfado el “orden” (orden viejo, pero orden, al fin y al cabo). O al menos esa es su esperanza. El problema es que un equipo para poder disfrutar del nuevo producto alienante costará entre 600 y 800 euros. Los habrá que tendrán que robar mucho para adquirirlo. Y es por eso que, auguramos unas olimpiadas luctuosas para quienes asistan allí.

Porque el gran problema de la final de la Champions, hoy está unánimemente reconocido, no fue que el dato falso difundido por el ministro macroniano del interior, Gérald Darmain, sobre que 40.000 hinchas ingleses pretendían entrar en el estadio con tickets falsos, sino que la “banlieu” afroparisina se movilizó para robar, depredar sexualmente a “mujeres blancas”, destrozar y, a fin de cuentas -por eso debemos volver a emplear la palabra- ejercer el “salvajismo”. No todos, por supuesto, pero si los “voyous” que son, en definitiva, quienes “controlan” esos barrios y dictan su ley ante la ausencia de la “República Francesa”.

El alcalde de Saint-Denis, Mathieu Hanotin, miembro del agónico Partido Socialista, dice que ese “salvajismo” es el resultado de “los altos niveles de pobreza” y que “el Estado francés les ha abandonado…”. Ese mismo Estado que hasta no hace mucho estaba gestionado por la izquierda y por el propio Partido Socialista que desde los años 70 era el primer valedor y donante de fondos a estos barrios poblados por “afroparisinos”.

Los incidentes llegan en el peor momento político, después de unas elecciones presidenciales en las que la candidatura vencedora, ha visto como se acortaban distancias con la de Marine Le Pen, cuya “narrativa” ha quedado MUY reforzada con estos últimos incidentes, absolutamente imposibles de ocultar en la campaña para las legislativas de dentro de unas semanas.

Lo cierto es que, hoy por hoy, nadie quiere asumir la responsabilidad de los incidentes: éstos son un “epifenómeno” que demuestra la existencia de causas más profundas que no son, precisamente, “la pobrera”, sino el salvajismo,  el fracaso de los tan cacareados “valores republicanos” y la absoluta desaparición de la autoridad del Estado en la “banlieu” y en más de 2.000 zonas, llamadas por el gobierno “particularmente sensibles” (léase pobladas mayoritariamente por grupos étnicos de origen africano).

Eric Zemmour, el candidato anti-inmigración que aportó sus votos a Marine Le Pen en la segunda vuelta de las presidenciales es quien mejor ha descrito la situación: “Saint-Denis ya no es Francia desde hace mucho tiempo”.

El gran problema es que nadie de entre la “Francia oficial” asume la responsabilidad por los incidentes de Saint-Denis. El gobierno de Micrón (¿para qué llamar Macron a un enano político?) sigue echando la culpa a los aficionados del Liverpool y la UEFA le hace la ola. Pero el equipo inglés juzga “inaceptable” el trato recibido por sus aficionados y exige una “investigación”. Nosotros ya la hicimos. De hecho, todo el mundo la ha visto: las cámaras nos mostraron, una vez más, la procedencia étnica de los alborotadores, violadores y ladrones. Incluso El País de hoy, el diario de la progresía bienpensante, lo reconoce hoy: “ya cerca de las vallas de acceso al estadio, y ante un nuevo control, jóvenes franceses, que no pertenecían a ninguna de las dos aficiones, intentaban saltar la valla”… Es cierto, a condición de cambiar “jóvenes franceses” por “afroparisinos”. El populismo de izquierdas, con Melenchon, reconoce que “no estamos preparados para acontecimientos como los Juegos Olímpicos”. Amén. De hecho, Francia debería de estar preparada, a tenor de las décadas que duran incidentes como estos, para una próxima guerra civil que será, a la vez, racial, religiosa y social.

El electorado, mejor dicho, EL PUEBLO FRANCÉS tiene dos opciones:

- realizar un cambio radical en las próximas elecciones,

- o bien esperar al “susto” siguiente en 2024, cuando las bandas “afroparisinas” conviertan la celebración de los Juegos Olímpicos en un vía crucis.

Por eso decíamos al principio que los Juegos Olímpicos de París van a ser la inversión, casi satánica, de lo que fueron los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936: el espejo de la decadencia y de la desintegración del Estado francés.

Y no, no hay posibilidades de que, en 2024, el metaverso actúe de anestésico para delincuentes: no habrá dado tiempo todavía a implantarse entre las bandas étnicas y trasladado su campo de violencia a la “realidad extendida”.

Leía hace poco La democracia en América de Tocqueville. Para él, los dos rasgos de un régimen democrático son la “libertad y la seguridad”:

- Los incidentes de la Champions y la cortina de humo con que la corrección política intenta velarlos (similar a los esfuerzos del pedrosanchismo por escatimar la información esencial sobre la viruela del mono), la censura sobre quienes ante ponen “verdad” a “corrección política” y las monsergas “inclusivas” borran la noción de “libertad” en la Francia de Micron.

- En cuanto a la seguridad, que se lo pregunten a los aficionados que querían ver un partido y asistieron a los prolegómenos de la guerra civil, o a las aficionadas que fueron vejadas y manoseadas por “afroparisinos”. Lo peor es olvidar que la seguridad es el primer derecho humano, sin el cual no pueden ejercerse ninguno de los demás.

Yo sugeriría recogida de firmas para trasladar la sede de los Juegos Olímpicos. En Mariupol, por ejemplo, estoy seguro de que se desarrollarían con más seguridad y tranquilidad que en París. Casi diría que con más democracia, porque nunca la tiranía de la corrección política ha sido tan asfixiante como en Europa Occidental.








 

lunes, 29 de julio de 2024

JJOO 2024: ENTRE LA DHIMITUD Y EL WOKISMO


La última ofensiva woke no ha salido como esperaban sus promotores. Los JJOO “más inclusivos de la historia”, se han convertido en un espectáculo que ha recogido críticas casi unánimes, silencios elocuentes y dado alas a interpretaciones conspiranoicas. Lo que está claro es que, el “olimpismo” debería redefinirse, porque, en su concepción actual -y no solamente en la ceremonia de inauguración- ya no queda nada del “espíritu olímpico” tal como lo definió el barón Pierre de Coubertin y es justo contrario, casi una inversión satánica, de lo que fueron los Juegos Olímpicos en el mundo clásico.

FRANCIA: LA PEOR OPCIÓN PARA CELEBRAR UNAS OLIMPIADAS

Contrariamente a la “versión oficial” y a las opiniones de los “especialistas”, lo cierto es que, desde el principio -y especialmente desde los incidentes que se produjeron en la final de la Champions en París en 2022- el gran riesgo de estos juegos -y lo que los hacía desaconsejable- era el deterioro del orden público y de la seguridad ciudadana en París y, especialmente, el descontrol que existe en la “banlieu”, especialmente porque, parte de las pruebas atléticas y de natación tendrán lugar en el conflictivo barrio de Saint-Denis, las de vela en Marsella y parte de las de fútbol en esta misma ciudad y en Toulouse, zonas o bien con mayoría de población de origen no europeo o bien con barrios convertidos en guetos de inmigración. En estos barrios, en cualquier momento, el más mínimo incidente, puede provocar una nueva “intifada”.

A decir verdad, si la seguridad en estos JJOO y, especialmente en la ceremonia inaugural, ha movilizado a casi 60.000 miembros de cuerpos y fuerzas policías y militares, no es sólo -en grandísima medida- para imposibilitar atentados terroristas similares a los que ocurrieron en Francia en 2015, el 7 de enero, en la revista de humor Charlie-Hebdo (12 muertos y 11 heridos) y el 13 de noviembre de 2015 (130 civiles muertos y 415 heridos, en la sala Bataclán y en otros lugares de París), sino para desincentivar la actuación de bandas étnicas. No es que el terrorismo yihadista haya sido superado, sino que se ha replegado después de que el ISIL fuera, literalmente masacrado en Siria. Los incidentes de la Champions demostraron que las bandas étnicas con base en las “zonas liberadas” de los suburbios, aprovechaban cualquier evento internacional para expoliar a hinchas despistados al acercarse a “zonas conflictivas” (en la jerga oficial “zonas particularmente sensibles” y en la jerga más popular “zonas sin ley” (zonas de non-droit). Amplísimas zonas de Saint-Denis, Marsella, Toulouse, coinciden con estos barrios conflictivos en los que la República Francesa, en la práctica, ha dejado de existir.

Por otra parte, desde que se nombró a París “sede olímpica” en 2014, las cosas han empeorado mucho en Francia. Las bandas étnicas han ampliado sus territorios, su armamento e, incluso, su impunidad. Solamente entre el 27 de junio y el 5 de julio de 2023 un total de 2.508 edificios y 12.031 vehículos fueron incendiados en territorio francés por la muerte de un menor de origen magrebí que huía de la policía. Desde 2005 estos incidentes son frecuentes y la quema de vehículos se ha convertido en una tradición cotidiana regularmente practicada por miembros de las bandas étnicas de origen africano.

Todo esto impedía pensar que Francia sería la “mejor opción” para celebrar unas olimpiadas.

¿POR QUÉ SE ELIGIÓ PARÍS COMO SEDE OLÍMPICA?

La prensa publicó que “los parisinos” se sintieron “muy honrados” por albergar los JJOO 2024. Era la tercera ocasión en el que este evento se llevaba a París… pero en circunstancias muy diferentes a las anteriores: en 1900, París era una ciudad burguesa con un alto nivel de desarrollo, mientras que en 1924 existía euforia por la victoria en la Primera Guerra Mundial y una no había nubarrones en el horizonte. En esta ocasión, los parisinos, han preferido ausentarse de sus viviendas habituales, coger vacaciones anticipadas, salir de viaje antes de afrontar los problemas que plantea el evento.

El parisino -como el ciudadano de cualquier otra ciudad “olímpica”- no ha entendido todavía que ya no es el protagonista, ni siquiera el beneficiario del evento, sino el sujeto pasivo que lo sufre. No estamos en los JJOO de Barcelona-92 en los que la ciudad experimentó un “tirón”, urbanizándose zonas, hasta entonces industriales. Y es que en estos últimos 30 años muchas cosas han cambiado en la forma de elección de las ciudades olímpicas.

Cuando Madrid intentó ser sede olímpica para los JJOO de 2012, 2016 y 2020, ya se advirtieron “sombras de corrupción” en la actuación del Comité Olímpico Internacional: por encima de las condiciones objetivas adecuadas para celebrar los juegos, lo que contaba era que los miembros del COI se sintieran “agradecidos” con la ciudad. Les parecía justo que, si el COI daba a tal ciudad la posibilidad de obtener una promoción internacional gracias a los JJOO, esta ciudad devolviera el favor anticipadamente a los miembros del COI de manera contante y sonante. París y Los Ángeles, ciudades mucho más “mundanas” y próximas a estas prácticas oportunistas y -digámoslo claramente- corruptas, lo entendieron mucho mejor que Madrid.

No puede extrañarnos e, incluso, pensar lo contrario sería un absurdo: en un momento en el que el lucro es el principal motor de la historia, resulta imposible pensar que los miembros del COI no se guían por el mismo principio. El problema es que París y los parisinos, no son los beneficiarios, sino los miembros del COI. A esto se le llama “nuevo modelo de negocio”.

Pongamos un ejemplo. Ryan Air ofrece vuelos baratos. El pasajero que los adquiere piensa que el “producto” que compra es el “viaje en avión”. Se equivoca: el producto es él. En efecto, Ryan Air ha pactado con el ayuntamiento de tal o cual ciudad que le llevará cada año “X” millones de viajeros y a cambio exige “Y” millones para derivar ese “producto” (el viajero) a esta ciudad y no a la otra: él, el pasajero, es la mercancía. Así mismo, el COI propone unas “olimpiadas” al mejor postor: poco importa dónde se celebren, si existen o no condiciones óptimas. La ciudad que accede a pagar a los miembros del COI las cantidades y las prebendas más sustanciosas, recibe como un honor el ser nombrada “sede olímpica” en la que se consumirá como producto el deporte y el olimpismo, pero en realidad, el “producto” es la propia ciudad, los propios ciudadanos que pagan al COI para promover el verdadero producto: la ciudad como destino turístico futuro. Vale la pena no olvidarse que Barcelona, descolló como “sede turística” a partir del campeonato mundial de fútbol de 1982 o que fueron las olimpiadas del 92, las que constituyeron el impulso turístico definitivo (del que ahora una gran parte de los barceloneses se arrepiente, reniega o es consciente de que ha alterado completamente la ciudad y la vida ciudadana). París quería seguir siendo la ciudad más visitada del mundo y, para ello, precisaba pagarlo al “proveedor”: el COI.

¿Y DÓNDE QUEDA EL OLIMPISMO?

Para entender lo que fue el olimpismo en el mundo clásico vale la pena leer el capítulo de Rivolta contro il mondo moderno de Julius Evola, titulado “Juegos y victoria”. Ahí está todo lo que vale la pena saber sobre el olimpismo clásico y sobre los antiguos juegos olímpicos y ahí remitimos. Tras la lectura de este texto, parece bastante claro que, cuando Pierre de Coubertin fundó el “movimiento olímpico moderno”, tenía una concepción de este “sana”, “bienintencionada” y “positiva”, pero que tenía mucho más que ver con el idealismo burgués ingenuo y angelical, mucho más que con el concepto clásico del deporte y de las Olimpiadas.

En el fondo, Coubertin no era nada más que otro burgués “ilustrado” (de ascendencia aristocrática y de fe monárquica legitimista), una mentalidad propia del siglo XIX que creía que había que hacer todo lo posible para favorecer la armonía entre las naciones y la unificación mundial (en su caso a través del deporte) y que esto llevaría a un futuro mundo unido con un solo gobierno mundial, una sola religión mundial, una sola raza mundial, una sola economía mundial… Y puso su granito de arena. De aquello tampoco queda mucho. Aquellos ideales “unificadores”, se han ido apagando, demostrando su inviabilidad, rompiéndose en mil pedazos o embarrancando de manera miserable. El olimpismo ha sobrevivido por los beneficios económicos que reporta a sus promotores.

Con el paso del tiempo, los “valores” enunciados por Pierre de Coubertin, se han ido “adaptando” a las exigencias de los gestores de la modernidad. Al lema “citius, altius, fortius” se le ha unido el “Communiter”: “Más rápido, más alto, más fuerte – Juntos”… Añadido impuesto por la lógica del nuevo trilema de la modernidad de la que los JJOO 2024 han asumido: “Libertad, inclusión, diversidad”.

Si se lee el capítulo de Julius Evola que hemos recomendado, se percibirá que, en una primera fase, la que corresponde a Coubertin, los Juego Olímpicos se reducen a una competición internacional, similar a una competición de canicas solo que a una escala mayor. Nada que ver con lo sagrado, nada que ver con ritos propiciatorios, nada que ver con atletas que vencen porque una fuerza superior a ellos los ha dado la victoria. Coubertin no ha hecho nada más que “laicizar” el deporte, en aquel momento en vías de convertirse en espectáculo de masas y para masas. Y lo hace con su carácter aristocrático: saludo olímpico brazo en alto, desfile de los atletas en la ceremonia inaugural, queda el amateurismo en aquel primer momento, la renuncia a hacer del deporte un modus vivendi, etc. La ceremonia olímpica se va perfilando con el paso de los años y llega a su culminación en las Olimpiadas de Berlín en el verano de 1936. Tras la guerra, varias cosas irán cambiando con el paso de las décadas. El deporte, lejos de unir, es un elemento más de confrontación entre naciones y bloques. Poco a poco, incluso la ceremonia olímpica se va convirtiendo cada vez más en un espectáculo concebido para ser emitido por televisión, mucho más que para ser visto en directo por unos cuantos miles de espectadores. Y, naturalmente, va asumiendo los rasgos impuestos por las organizaciones mundialistas creadas a partir de 1945: ONU y, posteriormente, UNESCO. Sigue la retórica “olimpista”, pero cada vez más alejada de las concepciones del barón Coubertin. La ruptura final se produce en los JJOO de París 2024. Todo salta por los aires, incluso los últimos restos de la ceremonia y todo se convierte en un símbolo de la “nueva era”: el mundo perfilado por la Agenda 2030.

Si podemos definir de alguna manera los JJOO de París es llamándolos, no “Juegos Olímpicos”, sino “los Juegos de la Agenda 2030”. Sería imposible descubrir en ellos algo del “espíritu originario” al que aspiraba Pierre de Coubertin.

LOS SIMBOLOS Y LAS REALIDADES

En el mundo clásico todos los símbolos de los Juegos Olímpicos tenían significados e intenciones precisas que suponían la presencia de las fuerzas inmateriales que afectaban al destino de los hombres (ver el texto de Evola antes citado). En estos JJOO de París el simbolismo no ha faltado, pero no solamente se trata de unos símbolos “materializados”, sino que, además, representan la inversión completa, total y absoluta de los simbolismos originarios del mundo clásico.

Pasemos una revista no exhaustiva. La fealdad, es el primero que se nos viene a la cabeza. Ha estado presente en la inauguración en muchos momentos. La belleza o la fealdad es algo subjetivo solamente para quien ignore todo sobre la cultura europea. En Europa ha existido siempre un canon para expresar la proximidad o el alejamiento de la belleza: la “divina proporción”, el “número áureo”, el límite de la serie de Fibonacci, que está presente en la estatuaria clásica, en la pintura, en la naturaleza e, incluso, en los rostros y en las proporciones de cuerpos “bellos”. Lo que hemos visto en la inauguración era, no una exaltación de la belleza, sino un canto a la “fealdad”. En cada parte de la ceremonia, la “fealdad” era algo recurrente y cada vez más ofensivo, hasta cristalizar en toda su brutalidad en la ya famosa y denostada caricatura grosera de la “última cena”.

La gordura no es algo que merezca ser exaltado: una mala dieta, un régimen desordenado lleva a la obesidad… esto ya indica una falta de control de la persona sobre sus propios instintos, algo poco recomendable. Menos recomendable aún es alardear de algo que, lejos de ser un “orgullo” es algo que acorta la vida, genera enfermedades y riesgos cardiovasculares. No se trata de “condenar” la obesidad, sino de evitarla. No se trata de transformarla en reclamo publicitario a imitar y mucho menos en unos juegos olímpicos, sino de aprovechar un evento mundial para educar a la población en una sana alimentación. Esto no solo no se ha hecho, sino que se ha hecho todo lo contrario: justo lo opuesto, la inversión, de lo que a todas luces es correcto. Y esto, además, en un marco deliberadamente ofensivo para las creencias religiosas tradicionales.

Nadie medianamente formado se le ocurrió llamar “gorda” a Montserrat Caballé cuanto cantó, junto a Freddy Mercury, en las Olimpiadas de Barcelona-92. Y es que, ambos, además de la obesidad de una y de la homosexualidad del otro, eran grandes voces. Aportaban algo a la ceremonia olímpica que no era solo su aspecto físico o sus tendencias sexuales. En el acto inaugural lo que hemos visto ha sido todo lo contrario: un cuerpo pesado, obeso, sin nada más de lo que estar orgulloso. De hecho, lo mismo ha ocurrido con la sobredosis de homosexualidad y, sobre todo, travestismo con que han “adornado” la ceremonia. En 1992, nadie se le ocurrió criticar a Mercury por su homosexualidad. Sabíamos que, tanto él como otros cantantes de la época lo eran, pero nada impedía admirar su arte. Ahora, en cambio, especialmente a partir del milenio, sufrimos la sobrecarga, primer de “días del orgullo gay”, luego se “semanas”, ahora de “meses” y algunos nos sentimos saturados de todo esto: especialmente, porque estar “orgulloso” de la forma de sexualizarse es una forma bastante baja de lo que sentirse “orgullo”. Gentes que en absoluto, sin compartirlo, no eran hostiles a la homosexualidad en 1992, deploran, rechazan y vomitan ante las nuevas formas de sexualidad freaky, manifiestamente enfermizas y carne de psiquiátrico.

Y en estas últimas olimpiadas hemos visto, también como símbolo, cómo la antorcha olímpica llegaba a París siendo recibida, no como era tradición, por un hombre y una mujer, sino por dos hombres, uno de ellos, vestido de mujer… Espanto y rechinar de dientes de las feministas que, cada vez se sienten más alejadas de lo que representa el “complejo LGTBIQ+”. Ni siquiera los “estudios de género” han conseguido explicar los motivos por los que se sobrepromociona a los drags queens, e incluso se les lleva a parvularios para “ilustrar” a los niños.

De hecho, el color rosa ha sido el de esta ceremonia inaugural y no la bandera tricolor del país anfitrión. Rosa fue el color que marcó toda la coreografía de “Lady Gaga”, rosa fue el color dominante en el triste cancán descafeinado que se bailó ante los muelles del Sena. El dionisismo exasperado y salvaje que estaba presente en el Moulin Rouge, se transformó en la ceremonia olímpica en un tranquillo y relajado ejercicio de levantar una pierna y luego la otra por parte de bailarines de ambos sexos.

En cuanto a las estatuas de mujeres que se elevaban, vale la pena recordar que buena parte de ellas eran alcanzaron fama enarbolando la causa del aborto (Simone Veil, Gisèle Halimi). Simone de Beauvoir, iniciadora de los “estudios de género” y, por cierto, con varias denuncias por haber abusado de sus alumnas). Louise Michel, anarquista de la Comuna. Alice Milliat, deportista francesa que se enfrentó a Coubertin impulsando los Juegos Olímpicos Femeninos. Llama la atención la inclusión de Paulette Nardal, activista cultural negra. Entre los personajes “históricos”, los organizadores eligieron a Christine de Pizan, una autora del siglo XV, poco brillante y prácticamente olvidada (evitando citar a Leonor de Aquitania, infinitamente más brillante, importante y “feminista” que ella, o a Juana de Arco, demasiado vinculado al pasado tradicional de Francia) y Olimpia de Gouges, autora de una Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana durante la revolución francesa y activista antiesclavitud, vinculada a la masonería y guillotinada durante “el Terror”. Se nos ocurren decenas de mujeres franceses, infinitamente mas conocidas y con papeles históricos muchos más relevantes, incluso en el tema de los derechos de la mujer, que esta selección de personas, la mayoría completamente desconocidas, incluso para el francés medio.

Pero quizás, uno de los aspectos más desagradables de la ceremonia fue la imagen de María Antonieta guillotinada, interpretada, por supuesto, por un travestido, dentro de una sinfonía rosada. Un verdadero recordatorio banalizado de lo que fue en realidad la revolución francesa: una masacre.

Quien ha querido ver en el becerro de oro y en los caballos del Apocalipsis, la inclusión deliberada de símbolos apocalípticos y anticristianos, una forma de satanismo banalizado, está en su derecho a tenor del contenido global de la ceremonia.

¿Se salva algo? En una ceremonia concebida “para todos los públicos”, era inevitable que existieran excepciones. Una de ellas fue el pianista Alexander Kantorow y los “Juegos de agua” de Ravel. La otra, naturalmente, fue el broche final de Céline Dion cantante a Edith Piaf y, no se olvide, de los Minions en París. Salvo esto, hay que agradecer al dios de la lluvia que impidiera la escenificación de algunos otros números que se suspendieron por la imposibilidad que suponía hacerlos sobre un terreno húmedo.

PARÍS 2024: ENTRE LA DHIMMITUD Y EL WOKISMO

Llama la atención la escasa presencia del segundo grupo étnico residente hoy en Francia: la población magrebí. Francia sabe que aludir a este grupo “sale caso”, sea lo que sea lo que se diga, es peligroso. Si no es elogioso, puede estallar otra revuelta o pueden repuntar los incendios cotidianos de vehículos. Si es elogioso, una parte cada vez mayor de Francia puede protestar o ironizar (el Ressemblament National está hoy apoyado por más de 11.000.000 de votos, siendo el primer partido en número de apoyos, con 3.000.000 más que el “Nuevo Frente Popular”). Así que, mejor dejarlos en sus banlieus, rezando para que, como ocurrió en el partido de fútbol Argentina-Marruecos, no interrumpan el terreno de juego (lo hicieron en 10 ocasiones) o incluso en las calles de París exaltados por una victoria o una derrota.

Esta “ausencia” magrebí confirma la dirección que apuntábamos en nuestro análisis de las pasadas elecciones francesas: los tres partidos que ocuparon las tres primeras posiciones representaban las tres voluntades del electorado francés: el Nuevo Frente Popular, es el voto del electorado magrebí que quiere la islamización de Francia, sin términos medios, instaurar la sharia y la dhimitud (la sumisión de los no musulmanes). Apoyados por cada vez menos intelectuales incapaces de renunciar o reconducir su “antifascismo”, son hoy, el primer partido en número de escaños. La segunda fracción, son los “macronistas”, los que son conscientes de los cambios que se avecinan a la vuelta de 10 años, y aceptan su dhimitud. Ante la perspectiva de una guerra civil en la que se arriesgan a perderlo todo, incluida la vida, y la sumisión al islam, optan por esto último. Segundo partido en número de escaños. Finalmente, el tercer partido es el de aquellos que, cueste lo que cueste se oponen a la islamización de Francia y son conscientes de que hay que parar los pies aquellos que decían “huir de la guerra” para obtener el estatuto de “refugiados” y, en realidad, están trayendo la guerra a Europa. Tercer partido en número de escaños, pero no nos olvidemos, el primero en número de votos y, con mucho.

El presidente Macron, a través de los emisarios del Eliseo, ha debido recomendar a los organizadores del París 2024 que evitaran referencias magrebíes y musulmanas que pudieran radicalizar los ánimos. Es público y notorio que el islam condena y es extremadamente riguroso con el travestismo, el transexualismo, la homosexualidad y los estudios de género. Así pues, había que evitar unir este complejo promovido a dogma por la Agenda 2030, a la religión islámica: que los musulmanes de Francia pensaran “qué degenerados son estos franceses” (como, de hecho, han pensado). Pero a los organizadores -en su desconocimiento de lo que es el islam- han olvidado que también ellos se han sentido ofendidos por la versión insultante de la “última cena”: en efecto, los “progres” ignoran con demasiada frecuencia que el Islam es uno de los “pueblos del Libro” (la Biblia) y que, para ellos, la figura de Jesucristo, no es la del Mesías, pero si la de un Profeta. Y esto explica, porque los gobiernos de Argelia y Marruecos, entre otros, han protestado por la presencia sacrílega de la escena.

A pesar del cuidado con que los organizadores han tratado el tema feminista (ver lo ya dicho sobre las estatuas emergentes), lo cierto es que el feminismo tradicional -en general, incluso el más radicalizado- no ha tragado con la exaltación del travestismo, los drags-queens y del transexualismo. Por otra parte, a pesar del cerco de silencio y del boicot de las agencias informativas, lo cierto es que, en Francia, está muy claro que los “violadores”, los “agresores” y las “manadas”, no están compuestas por galos, ni por francos. El secreto a voces hace que las feministas cada vez estén más enfrentadas a la inmigración musulmana, de la misma forma que ésta ve en los colectivos LGTBIQ+ y en las propias feministas, muestras de la “degeneración europea”.

Francia -y, en particular Macron y los organizadores de las olimpiadas- que nunca “llueve a gusto de todos” y que, si este evento debía servir para aplacar los ánimos a la sombra del nuevo lema olímpico “citius, Altius, fortius - Communiter”, por el momento, está sirviendo para todo lo contrario. Macron y los macronistas, los que ya se han resignado a su “dhimitud” futura, no esperaban esta acumulación de problemas, tendencias opuestas y conflictos latentes.

EL WOKISMO COMO DESTINO

Las imágenes finales de la ceremonia olímpica son elocuentes por sí mismas. Primera. Un anciano decrépito, en silla de ruegas, que en otro tiempo fue alguien, un atleta condecorado, recibe la llama olímpica y la entrega a dos atletas, hombre y mujer, jóvenes y fuertes, negros. Estos encienden un pebetero con un fuego falso que se eleva… Segunda. En lo alto de un edificio se canta La Marsellesa, pero quien la canta no es la Marianne tradicional exaltada en la iconografía revolucionaria, sino una mujer negra. Tercera. Una mujer con aspecto de ser una de las muchas que pueden encontrarse en el viejo Pigalle o en la rue Saint-Denis, se trata de “Aya Nakamura”, nacida en Malí y francesa desde 2021, es, naturalmente, negra, como la mayor parte de las bailarinas que le siguen. Su aspecto, sus formas y maneras, su cantar es grosero, olvidable, del montón, ¡pero es “popular”! y, por eso se le ha incluido en la ceremonia de apertura (como si el hecho de ser “popular” implicara “calidad”: los McDonals lo son, pero no puede decirse que su calidad justifique ni uno, ni cinco tenedores…), pero baila al son de una música de banda militar en perfecta formación… ¿Se puede abofetear con más saña al ejército francés? Podríamos seguir. Los ejemplos no faltan: la presencia de personas de origen subsahariano ha sido masiva en la ceremonia inaugural. Es el tributo al wokismo que embarga a la progresía europea.

¿Porqué “magrebíes no” y “subsaharianos si”? Es una pregunta pertinente que pocos se han formulado. Caben varias respuestas y no estamos muy seguros de cuál pueda ser la correcta. La primera de todas, es que el Comité Olímpico Francés ha rendido tributo al wokismo. Es la moda, el signo de los tiempos: ya que los negros viven en Europa que se enorgullezcan de algo. Es comprensible, podemos pensar en lo que siente un niño negro en cualquier escuela europea cuando se estudia física, química, filosofía, ciencias naturales, literatura, y no aparece ni un solo negro. O en historia y descubre que la de África empieza realmente solo con la colonización. O que desde que se ha producido la descolonización, África no ha levantado cabeza. Todos tenemos derechos a sentirnos “orgullosos”, así que los organizadores habrían decidido otorgar un desmesurado protagonismo a los subsaharianos para compensar sus debilidades en otros terrenos. Wokismo puro.

Otra interpretación: algunos franceses -Macron entre ellos- están asustados. La islamización de Francia es imparable y deriva hacia la guerra civil étnica, religiosa y social prácticamente inevitable. ¿Qué ocurre si se rompe el “frente de las banlieus”? No es una mala estrategia ¿Qué ocurre si se rompe la alianza tácita que existe entre bandas étnicas africanas y bandas étnicas magrebíes y árabes? ¿retrasaría esta situación la perspectiva de una guerra civil? La idea, según esta interpretación, sería debilitar al adversario y lograr que, al menos, una fracción hiciera causa común con el macronismo: ¿la negritud?

Y, una interpretación final: a lo mejor las cosas son mucho más simples y el coreógrafo que ideó la ceremonia, simplemente, “le gusta lo negro”, carece de identidad propia, entre un negro y un magrebí, se queda con el primero al que considera más infantil, más ingenuo, más amistoso, incluso, más manipulable…

Ya hemos dicho que el “progre” lo ignora casi todo del Islam y de lo que puede suponer un sistema religioso para un pueblo. Si bien es cierto que el islam practica hacia la negritud un desprecio que va más allá del racismo convencional, también es cierto que el islam se está expandiendo por África y que buena parte de los inmigrantes negros que llegan a Europa son musulmanes.

ALGUNA CONCLUSIÓN

Cuando el judoka español, Fran Garrigós obtuvo la primera medalla de bronce para España, el japonés al que acababa de vencer, le negó el saludo. Y en redes sociales se multiplicaron las amenazas contra él: “Por aquí [Japón] no vuelvas”. Si queríamos alguna muestra de que el “espíritu olímpico” se había evaporado -o había resultado asesinado- esta es suficientemente significativa.

Desde unos días antes, incluso, se habían multiplicado incidentes (robos a la delegación argentina y australiana). El sabotaje a los trenes que llegaban a París el mismo día de la inauguración, el apagón simbólico de París, salvo el Sacré Coeur, las quejas de los atletas por el régimen de alimentación ofrecido por la organización (en un 30% vegano, con limitaciones de consumo de huevos), el malestar del público por los controles continuos policiales y por los precios de los alimentos y los hoteles, las perspectivas de que, a pesar del control policiaco-militar puedan producirse incidentes parecidos a los de la Champions de 2022, las protestas por los contenidos de la ceremonia inaugural que han obligado al COI a “disculparse”, etc, etc, etc, permiten pensar que estos JJOO se recordarán, no como “los más inclusivos” de la historia, sino como los más conflictivos y los menos “olímpicos”.

Habrá que esperar otros cuatro años, para confirmar o desmentir que la lección de París 2024 ha servido para algo y para rectificar o para ir aún más lejos en esta vía. En buena medida todo va a depender de quién venza en las elecciones norteamericanas de noviembre. Por el momento, la ceremonia de inauguración ha sido una muestra de la crisis y del callejón sin salida en el que se encuentra buena parte de Europa Occidental: dhimitud, conversión al islam o revuelta identitaria en defensa de la libertad de Europa. Tales son las alternativas, sin tapujos.








miércoles, 21 de abril de 2021

> Germanos contra bereberes, o las reflexiones históricas del “último José Antonio” (3 de 6) - ANALISIS DEL TEXTO, CONSIDERACIONES PREVIAS

Para muchos falangistas este texto puede ser perturbador en más de un sentido. ¿Se trata de una reflexión extemporánea que no tiene nada que ver con todas las anteriores que la preceden en las Obras Completas? ¿O más bien es la conclusión de todo lo anterior?

El escrito fue elaborado por José Antonio cuando llevaba exactamente cinco meses de prisión, casi dos desde que había sido enviado a la prisión de Alicante y uno desde que había estallado la Guerra Civil. Todo inducía a pensar que la guerra se prolongaría y que su propio futuro dependía del resultado del juicio por conspiración y rebelión militar que implicaba pena de muerte. En estas circunstancias, es habitual que una estancia en prisión altere el punto de vista que hasta ese momento ha sido habitual: unos se reafirman en sus convicciones y las extreman, otros adoptan nuevos puntos de vista, como si los que han ostentado hasta ese momento fueran culpables de la situación en la que han terminado encontrándose, otros rectifican por puro oportunismo o afán de supervivencia, es poco frecuente que las reflexiones que realiza un preso durante el tiempo de su exilio sean fruto del razonamiento lógico o de una evolución lineal. También son frecuentes las crisis de fe o el refugio en la creencia en algo sobrenatural que anteriormente se negaba (recuérdese a Ramiro Ledesma confesándose la tarde antes de ser fusilado). En el caso de José Antonio hay que añadir como él mismo reconoció que empleó en el juicio los “mejores recursos de su oficio” para tratar de eludir la condena a muerte. Finalmente, el tiempo de ocio que dispone el preso le predispone a meditar, abordar proyectos que nunca antes había podido acometer y que ahora aborda, pero sin disponer de los recursos que hubiera podido tener a mano en libertad (consulta de fuentes, entrevistas con especialistas, uso de su biblioteca, etc).

Todos estos elementos hacen que las meditaciones del “último José Antonio” (es decir, las elaboraciones intelectuales que realizó en el curso de sus últimos meses de  internamiento tengan una importancia relativa: si fue “más social” en algunas de las respuestas que dio ante el tribunal popular fue porque quienes debían absolverle o condenarle eran miembros de la CNT, del PCE y del PSOE; si negó hechos que la historia ha confirmado –su participación en la conspiración cívico-militar que estalló el 18 de julio- es porque en ello le iba la vida… Así pues, todas las reflexiones que realizó estando en prisión hay que someterlas a caución: para atribuirles algún valor y encuadrarlas dentro de un esquema de pensamiento riguroso es preciso que tengan algún tipo de ilación lógica con su actividad intelectual precedente. De lo contrario, cuando se trata de una ruptura con lo que anteriormente se pensaba o defendía, hay que interpretar el por qué se ha producido un punto de inflexión, a qué hay que atribuirlo y si puede establecerse algún tipo de relación con las posiciones anteriormente defendidas.

Hasta ahora hemos pasado revista a los planteamientos que presenta en el ensayo Germanos contra bereberes, queda ahora por establecer tres cuestiones centrales, a saber:

1.- ¿Por qué José Antonio escribió en su encierro el ensayo Germanos contra bereberes? Y, en consecuencia, ¿qué importancia puede atribuirse al texto?

2.- ¿Tiene algún tipo de relación el contenido del ensayo con lo expuesto previamente por él mismo en sus escritos y discursos?

3.- ¿Existen otros escritos del mismo período de prisión en los que José Antonio expresara ideas análogas o complementarias a lo expuesto en Germanos contra bereberes?

Respondiendo a estas tres cuestiones tendremos todo lo necesario para valorar y encuadrar este escrito dentro del pensamiento joseantoniano.

Como ya hemos apuntado y demostrado con la lectura del texto, Germanos contra bereberes es una historia étnico-racial de España que intenta explicar las constantes de nuestra historia, a partir del reino visigodo que se superpuso a las capas autóctonas celtibéricas y a los distintos estratos que se habían ido superponiendo y que estaban romanizados. No era una excentricidad: era algo impuesto por un fenómeno europeo que había salido a la superficie del continente con la victoria electoral del NSDAP en 1930, cuando, bruscamente, pasó de tener 12 diputados a disponer de 107 escaños en el Reichstag. Hasta ese momento, el fascismo alemán era relativamente desconocido y, os pocos periodistas que habían oído hablar de él fuera de Alemania le atribuían un valor marginal. El Stahlelm o el mismo Deutsche National Volkspartei (DNVP) de Hugenberg, eran mucho más conocidos fuera de Alemania en ese momento. La referencia y el faro del fascismo genérico mundial era Roma, en absoluto Alemania. Fue a partir de las elecciones del 14 de septiembre de 1930 cuando empezó el ciclo de apenas veintiocho mees y quince días hasta que Hitler fue nombrado Canciller. En esos meses apareció un fenómeno que se ha conocido como “el Brennero ideológico”.

En efecto, de la misma forma que este paso alpino marca la diferencia entre el mundo germánico centro europeo y el mundo latino mediterráneo, a partir de 1930-1933 también existió una división entre los “fascismos” europeos que se polarizaron en torno al fascismo italiano y los que lo hicieron en torno al fascismo alemán. Nadie duda –y nosotros mismos nos hemos encargado de recordarlo- que el nacimiento de Falange Española fue tributario del fascismo alemán, es más, que inicialmente se conoció al entorno de José Antonio como el “fascismo español”, mientras, para los medios de comunicación, el grupo de Ledesma eran “los nacional-sindicalistas”. Las diferencias que pudieron existir entre la referencia originaria italiana y la versión española fueron análogas a la que existieron en todas las demás variedades nacionales del fascismo en Europa. Todas tenían algún matiz diferenciador que encajaba especialmente por su condición de nacionalistas y por las peculiaridades propias de cada país.

En 1933, cuando se crea Falange Española, en el entorno de José Antonio, el modelo es el fascismo italiano. Sin embargo en el entorno de las JONS el modelo del fascismo alemán ha ido cobrando cada vez más importancia. Ledesma tenía cierta predilección por la filosofía alemana, Onésimo Redondo conoció directamente el movimiento nacional-socialista que era particularmente fuerte en la Universidad de Heidelberg donde estudió: en 1929, la Liga de los Estudiantes Nacional Socialista (NSStB) era ampliamente mayoritaria: allí había estudiado el primer gran mito del movimiento hitleriano, Albert Leo Schlageter fusilado por los franceses tras cometer actos de sabotaje contra la ocupación del Ruhr. El propio Heidegger que ejercía allí de profesor, le dedicó un encendido elogio. En las columnas de La Conquista del Estado abundan las referencias al nacional-socialismo. También a Italia, por supuesto, pero hay un detalle importante: Ledesma menciona en varios artículos a Curzio Malaparte, e incluso sus concepciones estratégicas estaban muy influidos por la obra de este autor, Técnica del Golpe de Estado. Pero cuando Ledesma realiza sus primeros pinitos político-periodísticos, Malaparte ya es un disidente del fascismo oficial.

En todos los países europeos, incluso en Iberoamérica, se produjo, primero tímidamente (en el período 1929-1933) una decantación entre quienes se sentían atraídos por el fascismo italiano o por el fascismo alemán. Esta decantación se acentuó en el período 1934-1937. Incluso en países lejanos como Bolivia, la influencia alemana (y los fondos) estuvo presente en el Movimiento Nacionalista Revolucionario de Víctor Paz Estensoro, mientras que la influencia italiana (y, por supuesto, los fondos) se orientaron hacia la Falange Socialista Boliviana. En los países nórdico-germánicos, a partir de 1933 la influencia italiana se vuelve cada vez más imperceptible: el fascismo es ya, solamente, alemán. La formación de la llamada “internacional fascista” (en realidad los Comités de Acción por la Universalidad de Roma) fue un intento de Mussolini de mantener y recuperar la influencia sobre el fascismo internacional: el NSDAP nunca fue invitado y la organización perdió su sentido y se disolvió en cuanto Hitler y Mussolini aproximaron sus posiciones… a partir de su encuentro en Roma el 3 de mayo de 1938. De hecho, la mejora de relaciones entre Hitler y Mussolini comienza cuando acuerdan una posición común ante la Guerra Civil español. No antes.

En el tiempo en el que José Antonio escribe Germanos contra bereberes, la sombra de Hitler empieza a proyectarse sobre el fascismo internacional. De los años 1933 a 1935 Hitler había llegado al poder, pero era frecuente pensar que se trataba de una presencia momentánea y que el régimen no se consolidaría. Interiormente se había producido algunos episodios que indicaban un alto grado de inestabilidad interior (especialmente en el episodio de la Noche de los Cuchillos Largos; el partido comunista y el socialdemócrata eran los más fuertes de Europa y muchos se resistían a creer que habían sido derrotados sin lucha) y de oposición exterior (a diferencia de Italia que solamente empezó a registrar una oposición internacional real a partir de la invasión de Etiopía). Pero en 1936, especialmente a partir de la celebración de las Olimpiadas de Berlín, el régimen demostró, no solamente estabilidad sino una solidez a toda prueba. De hecho, aquellas Olimpiadas fueron el escaparate internacional que otorgó la credibilidad que le había faltado al régimen en sus dos primeros años. En aquel momento, ya estaba claro que los 8.000.000 de parados que llegaron a haber en Alemania a finales de 1932, ya habían sido absorbidos por la política de obras públicas e impulso a la reindustrialización. La clase obrera era, en aquel momento, la que más agradecida estaba al NSDAP. Por eso los focos de oposición comunistas se fueron extinguiendo: en 1933, -tal como recuerdan las obras clásicas de I. Kershaw y Joachim Fest sobre el Tercer Reich- la mayor parte de obreros afiliados al Partido Comunista Alemán eran parados. El trabajo y la legislación social del Tercer Reich, que prácticamente, era el anticipo del Estado del Bienestar, hizo lo demás y desarboló, mucho más que los agentes de la Gestapo, cualquier intento de reorganizar la oposición de izquierdas.

Todo esto había influido extraordinariamente a José Antonio. No es determinante, pero sí significativo, el que José Antonio firmara su Germanos contra Bereberes el 13 de agosto de 1936, coincidiendo con los últimos días de las Olimpiadas de Berlín que se celebraron del 1 al 16 de agosto de ese año.

Tempranamente, desde el 23 de julio, habían llegado a Berlín, emisarios enviados por Franco que se entrevistaron con Hitler en Bayreutg. A partir de ese momento, se puso en marcha la Unternehmen Feuerzauber (Operación Fuego Mágico) con carácter de urgencia. Tres días después llegaban a Marruecos los primeros veinte aviones de transporte Junker 52 y seis cazas Heinkel 51. Los medios de comunicación republicanos advirtieron pronto esta ayuda y el eco debió llegar al encierro de José Antonio.

Todos estos elementos contribuyen a pensar que José Antonio albergaba la idea de introducir dentro del patrimonio doctrinal de la Falange, algunos elementos que lo aproximaran al del fascismo alemán. No era “racista”, pero realizaba una “interpretación racial” de la historia de España, no era “nacional-socialista”, pero veía en la política social del Tercer Reich un modelo a seguir. Era lo que podía esperarse después de que las Olimpiadas de Berlín hubieran prestigiado al régimen alemán y después de que éste hubiera enviado prontamente ayuda material sin la cual no hubiera podido trasladarse a unidades de la Legión a la Península.

Esta afinidad fue creciendo en los meses siguientes: no es por casualidad que fueron los medios alemanes los que más interés pusieron en liberar a José Antonio y fueron también el Tercer Reich el que durante los primeros meses de guerra confiaba más en Hedilla que en Franco.

El “giro joseantoniano” no tendría continuación, de la misma forma que, poco pudo hacer el Tercer Reich después del Decreto de Unificación. Goebbels en sus Diarios se mostró excepcionalmente crítico hacia Franco. Hitler tenía al caudillo como la traducción española de aquellos militares conservadores de los que se sentía tan distante. En España, cuando Gerardo Salvador Merino, jefe de los sindicatos, volvió maravillado por lo que había visto en Alemania fue, inmediatamente expulsado y sometido a juicio. La tendencia falangista encabezada por Serrano Suñer y su grupo de intelectuales (Ridruejo, Tovar, Laín, etc) que habían trazado una estrategia de entrada de España en al Guerra Mundial como detonante de la “Revolución Nacional”, fueron alejados del poder a partir de 1942.

Desde este punto de vista, el ensayo Germanos contra bereberes, tiene su explicación y su sentido: trata de hacer algo que no se había hecho hasta ese momento y que suponía objetivamente una aproximación a los puntos de vista del NSDAP. Fue un primer paso dado por José Antonio. La fatalidad hizo que no pudiera tener continuación.

Respondida a la pregunta de “¿Por qué José Antonio escribió en su encierro el ensayo Germanos contra bereberes?”, habrá que responder a la importancia que puede atribuirse al texto, lo que enlaza con la segunda pregunta que habíamos formulado: “¿Tiene algún tipo de relación el contenido del ensayo con lo expuesto previamente por él mismo en sus escritos y discursos?”.

A nadie se le escapa la importancia de las respuestas a estas dos cuestiones: si el texto carece de antecedentes indicaría la aparición de una nueva influencia en el pensamiento joseantoniano procedente del “racismo socialista alemán”. Eso, o que se trató de un mero juego intelectual sin ningún interés, ni otra ambición que hacer pasar las horas en el tedio de la prisión. Pero si, por el contrario, existieran rastros que indicasen una evolución de José Antonio y un progresivo distanciamiento de Italia, paralelo a un acercamiento a Alemania, esto diría mucho sobre la evolución del “último José Antonio”.

Los problemas a afrontar para contestar a esta pregunta son tres:

-          ¿Existe algún testimonio que evidenciara predisposición de José Antonio hacia el Tercer Reich?

-          Sabemos cuál era la posición de José Antonio en relación a una interpretación étnico-racial de la Historia de España, pero ¿cuál era su posición ante el “racismo socialista alemán”?

-          ¿Qué tesis presentan otros textos escritos por José Antonio en ese mismo período?

Tampoco es determinante, pero no resulta menos significativo el que en su entrevista con el periodista Ramón Blardony, concedida en la cárcel de Alicante el 16 de junio de 1936, a la pregunta de “¿a qué fascismo se aproxima más, al italiano o al alemán?”, la respuesta fue la siguiente:

“Coincide con la preocupación esencial a uno y otro: la quiebra del régimen liberal capitalista y la urgencia de evitar que esta quiebra conduzca irremediablemente a la catástrofe comunista, de signo antioccidental y anticristiano. (…) En lo económico, Falange tiende al sindicalismo total; esto es, a que la plusvalía de la producción quede enteramente en poder del Sindicato orgánico, vertical, de productores, al que su propia fuerza económica procuraría el crédito necesario para producir, sin necesidad de alquilarlo –caro– a la Banca. Quizá estas líneas económicas tengan más parecido con el programa alemán que con el italiano. Pero, en cambio, Falange no es ni puede ser racista”.

Seguramente las dos últimas frases son las esenciales: en el aspecto social se sentía más próximo al “programa alemán” que al “italiano”; y, por lo demás nadie ha dudado que existieran pulsiones “racistas” en José Antonio. José María Fontana, que departió con José Antonio durante su visita a Barcelona antes de ir a encontrarse con Mussolini en mayo de 1935, recuerda que el fundador de Falange le reprendió después de que se le escapara un comentario “más o menos racista”. Así mismo, el catolicismo de José Antonio le hacía refractario a tomas de posiciones racistas. Antes de la fundación de Falange, en un artículo publicado en La Nación el 23 de octubre de 1933, José Antonio reprochaba al NSDAP que fuera “racista (y, por tanto, antiuniversal)”, mientras elogiaba al “movimiento mussoliniano, que es, como Roma –como la Roma imperial y como la Roma pontificia- universal por esencia; es decir, ‘católico’”. Pero estas líneas estaban escritas tres años antes. Desde entonces habían pasado muchas cosas en Alemania y muchas más en España.

José Antonio, en función de su nacionalidad y de su credo religioso no podía ser nacional-socialistas… pero sí podían aproximarse al nacional-socialismo. Y de la misma forma que Mussolini, para facilitar una aproximación de Italia a Alemania escenificó algo que había estado ausente en el primer fascismo, la introducción de una política racial y de medidas antisemitas, igualmente podía haber intentado José Antonio. El escrito Germanos contra bereberes hubiera sido una primera aproximación en esa senda. Las declaraciones al periodista Blardony, indicarían, así mismo, un elogio a la política social del Tercer Reich. ¿Hay más textos que apunten en la misma dirección?

En realidad, no. No puede decirse, por tanto, que José Antonio se hubiera “nazificado”, sino más bien que era consciente de que estaba cambiando la correlación de fuerzas en el fascismo internacional. En Alemania se había creado en poco tiempo un régimen extremadamente moderno que, indudablemente llamó la atención de José Antonio (que, a fin de cuentas lo que quería era un “Estado moderno” para España). Y esto, efectivamente, aparecen, como mínimo, en dos ocasiones en un escrito fechado, más o menos, en la misma época: el Cuaderno de Notas de un estudiante europeo, que debió escribirse en septiembre de 1936. El documento son apenas unos apuntes incompletos y deslavazados en el que José Antonio apunte unas cuantas ideas sin apurarlas. Es, apenas, un esbozo.

En el citado documento, José Antonio escribe: “El fascismo es fundamentalmente falso: acierta al barruntar que se trata de un fenómeno religioso, pero quiere sustituir la religión por una idolatría. Nacionalismo. El nacionalismo es romántico, anticatólico; por lo tanto, en último modo, antifascista. De ahí su carácter multitudinario, fatigoso por la permanencia en la crispación. Falso además en lo económico, porque no se remueve la verdadera base: el capitalismo. Eso del sistema corporativo es una frase: conserva la dualidad: patrono-obrero, aunque agigantada en los sindicatos. Es decir, persiste el esquema bilateral de la relación de trabajo y, atenuada o no, la mecánica capitalista de la plusvalía. Pero el fascismo atisba (quizás, sobre todo, en Alemania) que hay algo de forma ascética que asumir”. Salvo la última frase, el resto son ideas que antes, en libertad ya había expuesto; en ella explicita lo que le atrae del Tercer Reich: la austeridad que propaga y el hecho de que las inversiones que el Estado ha realizado en obra pública reviertan en la comunidad. Las Olimpiadas de Berlín acaban de terminar, todas las revistas y radios han dado cuenta de los logros del régimen hitleriano en apenas tres años. A José Antonio no se le escapaba que en un tiempo récord se había absorbido el paro y que la izquierda alemana había desaparecido. El Tercer Reich es un régimen “nuevo”, mientras que el régimen fascista italiano con sus trece años, se mostraba mucho más conservador. Alemania, además, estaba unificando a las naciones germánicas, lo que generaba en José Antonio la sugestión de que eso implicaría una reconstrucción de facto de un polo de agregación europeo: solo quedaba que esa unificación europea realizada por Alemania (no hay unificación sin unificador) se realizara bajo el signo “universal”, por tanto “católico” en sentido etimológico.

La última frase que precede al Apéndice, entrecomillada: 

“Y así acaso un día vuelva a encenderse sobre Europa unificada la alegría católica”. En el primer parágrafo del Apéndice amplía esta idea: “¿Qué es España? ¿Una nación? Pero antes: ¿qué es una nación? Nacionalismo = individualismo d los pueblos. El individuo, lo nativo; la nación, lo nativo; frente a individuo, persona; frente a nación (esta nación), unidad de destino = unas cuantas unidades de destino en lo universal. Entre ellas España = el destino de España: la incorporación de un mundo a la cultura católica”. Esta idea se ve completada en el parágrafo VII del mismo Anexo: “Los grandes logros de los sistemas fascistas y s quiebra interna: exterioridad religiosa sin religión. Alemania: llegará a ser un sistema profundo y estable si alcanza sus últimas consecuencias; la vuelta a la unidad religiosa de Europa; es decir, si se aparta de la tradición nacionalista y romántica de las Alemanias y resume el destino imperial de la casa de Austria. En caso contrario, los fascismos tendrán corta vida”. Y en el VIII añade: “Solución religiosa: el recobro de la armonía del hombre y su entorno en vista de un fin trascendente. Este fin no es la patria, ni la raza, que no pueden ser fines en sí mismos: tienen que ser un fin de unificación del mundo, a cuyo servicio puede ser la patria un instrumento; es decir, un fin religioso - ¿Católico? Desde luego, de sentido cristiano”.

Si en los años anteriores (a partir de 1931, especialmente), José Antonio se había fijado en que el fascismo italiano exaltaba la universalidad de Roma y esto era, precisamente, uno de los elementos que más le atraían, tanto a él como a Giménez Caballero (y la justificación era que Hispania era una de las zonas más romanizadas del Impero que aportó varios emperadores), cinco años después, percibe en la unificación de los territorios germanófonos, un intento de reconstrucción imperial. Cuando José Antonio escribe El Cuaderno de notas de un estudiante europeo, las reivindicaciones alemanas sobre los Sudetes y Austria se han reavivado. Se ha recrudecido la ofensiva del movimiento nacional-socialista que opera en el interior de Austria, para lograr el Anschluss, la unificación germano-austríaca que, finalmente, se logrará en marzo de 1938 y, sólo unos meses después se reincorporarán al Reich el territorio de los Sudetes. Y todo esto cuando, las democracias europeas aun no se ha habían recuperado de la remilitarización de Renania que tuvo lugar el 7 de marzo de 1936.

Si unimos este escrito –por deslavazado y provisional que sea- con lo dicho en el ensayo más cerrado, Germanos contra bereberes, parece evidente que se trata de textos complementarios, escritos con pocos días de diferencia (del 13 de agosto a un día indeterminado de septiembre de 1936). Considera en ambos que España forma parte de Europa y que los rasgos comunes son, el catolicismo (el objetivo) y la componente germánica cuya importancia se ha cuidado de definir. Ahora, en el Cuaderno de Notas, tiene esperanzas en que el “nacionalismo alemán” se aparte de su tradición romántica para devolverlo al “destino imperial de la casa de Austria”.

martes, 16 de julio de 2024

EL PULSO DE FRANCIA ANTES DE LAS OLIMPIADAS Y DESPUÉS DE LAS LEGISLATIVAS

Justo cuando se conocían los resultados de la segunda vuelta de las legislativas francesas (7 de julio de 2024), inicié un viaje por el Languedoc francés que me ha permitido conocer mucho mejor lo que ha pasado en Francia. Las presentes observaciones han sido recogidas sobre el terreno en poblaciones rurales y urbanas del Languedoc y permiten hacernos una idea suficientemente clara del momento político francés.

POR QUÉ MACRON CONVOCÓ ELECCIONES ANTICIPADAS

Como se sabe, los resultados de las elecciones europeas de 2024, consagraron al ex Front National, hoy Rassemblement National (Agrupación Nacional, RN) como el primer partido de Francia. Conmoción, especialmente en la presidencia de la república: RN se aproximaba peligrosamente al 51% de los votos, esto es, a la mayoría absoluta. En efecto, sus resultados fueron: 7.765.936 votos, el 46’9%: 4 puntos más y Francia no tendría necesidad de utilizar la segunda vuelta para elegir ni gobierno ni presidente… El sistema de “protección” de la Vª República caería víctima de sí mismo: al saber los electores que los dos partidos “tradicionales” se pondría de acuerdo en la segunda vuelta para votar contra la RN, muchos franceses podrían optar, desde el principio por apoyar a esta formación y evitar las coaliciones contra natura que siempre garantizaban que la estabilidad del sistema.

Al conocer los resultados, Macron se decidió a convocar nuevas elecciones. ¿Por qué? Porque nadie sabe lo que puede ocurrir durante la celebración de los Juegos Olímpicos. En la final de la Champion’s de hace dos años, lo que en Francia se llama “la racaille” (la escoria), formada por jóvenes de origen magrebí y africano, generaron el caos y el pánico en las proximidades del estadio de Saint-Denis (ver la noticia en El mundo). Nada permite pensar que durante la celebración de las Olimpiadas (26 de julio – 11 de agosto), aquellos incidente no se reproducirán… todo lo contrario. La situación del orden público en Francia está hoy más degradada que hace dos años y bastaría con que algún policía matara a algún delincuente o, simplemente, le pidiera la documentación o que algún turista reaccionara de manera imprevista y no se dejara expoliar, para que los suburbios se incendiaran de nuevo. Así que Macron optó por anticipar las elecciones ANTES de que la situación se pusiera aún peor de lo que ya está.

Oficialmente, el gobierno presenta al “terrorismo internacional” como el único riesgo de este evento deportivo. Sin embargo, el riesgo principal no es ese (el ISIL no está ya en condiciones de cometer actos terroristas y prácticamente ha desaparecido y en cuando a los “lobos solitarios” su impacto siempre ha sido limitado), sino las “bandas étnicas” de los suburbios que consideran el contingente de turistas y espectadores extranjeros como un coto de caza propio al que tienen derecho a saquear, robar y violar, según sus “tradiciones”.

El drama francés -y, por extensión, europeo- es que existe un doble peligro que ha llegado con la inmigración masiva: por una parte, la ya demostrada imposible integración y el fracaso de todos los intentos de integración (de hecho, incluso la compra de la paz étnica con subsidios y subvenciones ha demostrado una eficacia limitada) que se traduce en la proliferación de “bandas étnicas” en los suburbios, que consideran sus barrios como “zonas liberadas” a las que ni la policía ni la República tienen ya ni acceso ni autoridad; son sus “santuarios”. Y empleamos, deliberadamente, términos derivados de las concepciones de la “guerrilla urbana y rural” de décadas anteriores. Estos jóvenes que conforman lo esencial de “la racaille”, en su mayoría, no se identifican con nada: ni con Francia, por supuesto, ni con el islam, que consideran como algo trasnochado y que tiene que ver con sus padres, no con ellos. Su opción no es predicar el islam: es el salvajismo puro y simple, la revuelta nihilista, la destrucción y la vía delincuencial exclusivamente destructiva.

La segunda parte del problema son los islamistas, aquellos que, jóvenes, no tan jóvenes, jubilados, abuelos, padres, hijos y nietos de inmigrantes, si se identifican con sus valores y tradiciones de origen: esto es, con su tierra natal -el Magreb y África- y con el islam. Quien dice islam dice, inevitablemente “yihad”, el sexto pilar del islam, su forma de extender la umma (la comunidad islámica). Y aquí hay otro problema porque el Estado Francés no ha conseguido cortar las predicaciones de imanes radicales que tienen claro cuál es su estrategia de conquista del Estado y de islamización de Europa. Este grupo puede clasificarse en dos tendencias: los radicales que apoyan e, incluso, están dispuestos a participar en la yihad en Europa, y aquellos otros que esperan solamente ser lo suficientemente numerosos para, gracias a las métricas electorales, obtener la mayoría política e instaurar el Estado Islámico y la sharia en el continente.

Demasiados riesgos para un gobierno tan débil como el que quedó en Francia después de las elecciones europeas. Macron pueden ocultar, bajo la excusa de la “lucha contra el terrorismo”, al verdadero adversario, pero un evento como las Olimpiadas -con sus 15 días de duración- supone un riesgo casi imposible de superar en las actuales circunstancias.

¿QUIÉN HA VENCIDO EN LAS ELECCIONES EUROPEAS Y EN LAS LEGISLATIVAS?

Quienes dicen que “en democracia” lo que cuentan son los diputados obtenidos a la hora de valorar un resultado electoral tienen parte de razón en decir que la RN ha “perdido las elecciones”… pero no toda. Lo cierto es que, la RN ha quedado en “tercer lugar” por el número de diputados (125, frente a los 178 del Frente Popular y 148 de los macronistas)… ¡pero no en número de votos! Véase lo obtenido por cada formación: RN, 10.110.035 votos en la segunda vuelta, 143 escaños, 54 más que en las anteriores elecciones; Frente Popular: 7.040.198, 22’1% y 182 escaños, 51 más que en las anteriores elecciones; y los macronistas, 6.692.358 votos, 24% u 168 escaños, 82 menos.

Así pues, la RN ha obtenido ¡algo más de tres millones de votos más que el Frente Popular y tres millones trescientos mil votos más que los macronistas.

A esto hay que añadir que apenas un mes antes, el 8-9 de junio, cuando se convocaron las elecciones europeas en Francia, la RN obtuvo 7.765.936 votos, con una participación del 51,49%. Es cierto que el electorado se movilizó para las legislativas con una participación del 66,63%, es decir, 15 puntos más. Pero también es cierto que, incluso, entre los que habían sido remisos a votar en las europeas, los que lo hicieron en las legislativas votaron a favor de la RN dos terceras partes de quienes no habían acudido a las urnas en las europeas.

¿Cómo se explica, pues, el que Jordan Bardella y la RN hayan quedado en tercera posición? Por el particular sistema electoral francés y por la alianza entre la izquierda radical y el macronismo.

NO HAY UNA FRANCIA: HAY MUCHAS FRANCIAS

En nuestro viaje por el Languedoc hemos podido ver una Francia que no es la de París. Pero dentro de esa Francia del Sur, también hay otras dos Francias: una la de las ciudades de tamaño medio (Toulouse) y otra la de las zonas rurales. Aquella Francia de los años 80 en el que una cosa era París y otra “la provincia”, ya ha quedado atrás. Ahora, todas las grandes ciudades -e, incluso, las de tamaño medio- tienen los mismos problemas y la misma estructura social: son zonas de proliferación de inmigración masiva, lugares progresivamente más degradados. Por contra, las zonas rurales siguen siendo la “Francia tradicional”: de hecho, hacía veinticinco años que no recorríamos el Languedoc y , en lo que se refiere a las ciudades de tamaño mediano y grandes, si se han producido cambios apreciables, pero los pueblos y las ciudades pequeñas permanecen casi como en los años 70 del siglo XX, ni siquiera se ha producido el boom de la construcción y el precio de la vivienda es, incluso, más barato que en España. Y lo que es más significativo, se trata de zonas en las que la RN es mayoritaria: Ceret RN 58%, Prades RN 56%, Pirineos Orientales RN 54%, Limoux, RN 52’07%, Carcasona 63,44%, Narbona, RN 58,22%, Herault RN 47%, Montpellier RN 64%, Albi RN 49’3… Se puede decir que, prácticamente, en casi todo el Languedoc (que incluye al “país cátaro”) la RN es mayoritaria en relación al resto de partidos y solamente en Toulouse, la capital, está en tercer lugar con el 22%, siendo el segundo el frente popular (38,31% y con los macronistas en cabeza (39’42%). En Quillan, la ciudad que tomamos como punto central de nuestro recorrido por el Languedoc, la RN fue igualmente mayoritaria con un 54’83% de los votos, a lo que hay que sumar los votos obtenidos por Zemmour-Marechal y por los “diversos derechas”.

Fuimos testigos de las protestas de los agricultores contra las políticas de la UE y del gobierno macronista. En realidad, cuando se recorre el Languedoc se comprueba que la mayor parte de letreros de entrada y salida de los pueblos y de ciudades de tamaño medio, están colocados -yo diría que “exquisitamente”- al revés. Este ha sido uno de los métodos de protesta de los agricultores: una protesta patente, no violenta, pero firme. Y nadie -ni autoridad alguna- ha tenido el valor para volver a colocarlos en posición normal.

La protesta de los agricultores que ninguna autoridad se atreve a tocar...

También es de señalar que en los pequeños pueblos y ciudades del Languedoc no hay población inmigrante “visible”: no se ven por las calles mujeres enfundadas entre velos negros, ni lo que en Francia llaman “faïneans” departiendo tranquilamente en horario laboral, como es habitual en España en pueblos grandes y pequeños. Incluso los pocos inmigrantes que se ven trabajan normalmente y demuestran educación e integración. La inmigración se concentra en las grandes ciudades (Toulouse, la capital del Languedoc, repleta de tesoros artístico-arquitectónicos, es una ciudad islamizada, prácticamente, salvo el centro, una zona de “non droit” desde finales de los años 70). Incluso en Carcasonne o Mirepoix, la inmigración está dedicada a trabajos agrarios o al turismo.

En resumen: la Francia rural resiste. Esto es lo que debemos retener. La islamización, el melting pot tiene lugar en París y en las costas del Mediterráneo y en las ciudades de tamaño medio y grandes del interior. Así entendemos mejor el encono de la Unión Europea hacia las zonas rurales: ¡ES, SOBRE TODO, LA EUROPA RURAL LA QUE ESTÁ RESISTIENDO! De ahí las medidas habilitadas por la UE para destruir al campo europeo, para impedir su subsistencia, para convertir los campos de cultivo en “huertas solares”, para “deslocalizar” también los recursos alimentarios de la UE a zonas de África en donde la “trazabilidad” es pura ficción y nadie controla la toxicidad de los productos que llegan. ¡Cualquier cosa para eliminar y liquidar la agricultura en Europa, incluso a costa de la salud de los europeos y con la excusa de la “descarbonización”! Pues, no es vano, los agricultores son uno de los últimos muros que quedan en pie contra la Agenda 2030 y contra las políticas de ingeniería social de la UE.

Afortunadamente, ni Francia es París, ni el Languedoc es Toulouse…

LAS POCAS OPCIONES QUE LE QUEDAN A FRANCIA

Ya hemos demostrado que aquí y ahora el partido mayoritario es la “extrema-derecha” (no solamente existe la RN, sino también Reconquista de Eric Zemmour que ha presentado a Marion Marechal como candidata, y “diversos derechas” entre los que se encuentran disidentes del ex FN (Florian Philipot, por ejemplo) en un sistema concebido exclusivamente para evitar cualquier reforma y renovación. El histórico de los avances del antiguo Front National, hoy “desdiabolizado” y convertido en RN, señala una progresión constante. Digamos, para establecer comparaciones que hoy la RN tiene, en comparación, un seguimiento popular mucho mayor que el ocupado en España por el PSOE y la extrema-izquierda juntos.

Entonces ¿por qué ese crecimiento en votos no se ha traducido en escaños? Además del sistema electoral francés, hay que tener en cuenta otro factor. Francia se encuentra en una situación muy difícil, casi imposible de superar: es lo que tiene medio siglo de entrada de inmigración masiva con tres generaciones de africanos de los que solamente una minoría se han integrado en la sociedad francesa. Nos explicamos. Cuando se conocieron los resultados de las pasadas elecciones europeas, “la racaille” saltó a la calle multiplicando saqueos, incidentes, incendios y violencia. En youTube pueden encontrarse con facilidad vídeos de inmigrantes no integrados que amenazan y dicen en voz alta y clara: “Francia es nuestra”. Veremos lo que ocurre en las Olimpiadas, pero el drama de lo que pueda suceder está en la mente de todos los franceses con capacidad para pensar. Y, ante las legislativas de 2024, se han producido tres actitudes:

- para unos, votar a la RN supone la guerra civil y han optado por apoyar a la opción moderada menos inquietante: el macronismo. Son conscientes de que el islamismo en Francia está creciendo y es incontenible a corto plazo: son los que aceptan su “dhimmitud preventiva” (sumisión al islam).

- luego está la izquierda. Contrariamente a lo que pensaba Renaud Camus en su obra Le Grand Reemplacement (el gran reemplazo), este no se traduce -inicialmente- en sustituir a la población europea por población africana (a la vista de los resultados habidos hasta ahora, nadie con un mínimo de previsión de futuro se le ocurriría una idea tan alocada). A lo que estamos asistiendo, preferentemente, aquí y ahora, en toda Europa Occidental, es a UNA SUSTITUCIÓN DE ELECTORADO (de la que el “gran reemplazo” será, a medio plazo, el resultado final). La izquierda se quedó sin electorado “proletario” por un proceso ya conocido desde principios de los 80 (aburguesamiento de su electorado; en segundo lugar, porque el “populismo” captó buena parte de sus bases sociológicas en Francia, en tercer lugar porque la crisis de 2007-2011 demostró que, a la hora de la verdad, la socialdemocracia se ponía del lado de la banca…) Para la izquierda, para el socialismo, para la extrema-izquierda, era preciso encontrar un “nuevo electorado de reemplazo”. Y lo encontraron en la inmigración comprando sus votos a fuerza de subsidios y subvenciones: toda la izquierda europea se encuentra en situación análoga y ha adoptado la misma estrategia. Es así como la izquierda europea lora mantenerse en el poder por mucho que sus políticas sean suicidas: basta con prometer subsidios, subvenciones y puertas abiertas. Dado que en Francia están prohibidas las estadísticas “raciales”, es imposible saber qué porcentaje de votos procedentes de la inmigración ha recogido la izquierda, pero las fotos de las manifestaciones y los mítines, así como de las protestas “antifas”, son elocuentes: con una dirección mayoritariamente gala, las bases ya no lo son. Y no está claro cuando esas bases decidirán colocan a los “suyos” en los puestos de dirección, o presentar candidaturas propias. Pero es seguro que, antes o después, ocurrirá (como ha ocurrido en Inglaterra). Y, de hecho, los resultados electorales de las legislativas con la victoria del Frente Popular, sugieren que el proceso de “sustitución de electorado” proseguirá de forma acelerada (como ocurre en España, con entre 500.000 y 600.000 inmigrantes más cada año).

- Y, finalmente, están aquellos que han visto claro el futuro que aguarda a Francia: entre dhimmitud y el riesgo de guerra civil, han optado por la Resistencia y la Reconquista. Son los votantes de la RN y de los “diversos derecha”. La Francia que no se rinde, que quiere que todo sea como antes, una Francia "europea", que es hostil a la islamización y quiere que “la racaille” pague sus delitos con dureza: es el “intégrate o vete”, la Francia del "fous-moi la paix!" (déjame en paz). Reconquistar Francia, en una palabra… aunque eso implique la guerra civil étnica y social o, como mínimo, tensiones sociales y disturbios durante un período incierto.

¿Y MAÑANA? NEGRAS TORMENTAS AGITAN LOS AIRES... 

Parece bastante claro que, si la idea de “Estado” tiene la misma raíz etimológica que la palabra “estabilidad”, el panorama que han dejado los últimos comicios en Francia es cualquier cosa menos “estable”. Gana la extrema-izquierda, pero con un presidente de derechas y un partido mayoritario en seguimiento popular de tipo identitario. Incluso, dentro del Frente Popular los liderazgos no están claros -no hay una izquierda, hay tantas izquierdas-progres casi como izquierdistas- y las ambiciones personales superan los objetivos comunes. Parece difícil que todo esto pueda estabilizarse, incluso a despecho de lo que puede ocurrir en los quince días de olimpiadas…

Mi impresión personal es que, dada la progresión de voto de Marina Le Pen, la RN está a poco de convertirse en el partido mayoritario de Francia en la primera vuelta de unas futuras legislativas. Si Macron no logra componer un gobierno mas o menos estable, tendremos nuevas elecciones después del verano. Pero, la pregunta y lo que verdaderamente debería inquietarnos, es si la victoria de los que proponen las “dos erres” (RESISTENCIA a la islamización y RECONQUISTA del territorio y del a identidad nacional), no llegará demasiado tarde y si Francia (y, por extensión, Europa Occidental) tiene todavía remedio o la enfermedad ya es incurable.

Una cuarta parte del electorado francés ya aceptado su futura “dhimimtud” y la de sus hijos, nietos o mascotas… Cada día la islamización da un paso adelante y la identidad francesa se diluye más y más en las grandes ciudades. Queda el campo, claro está. Quedan los jóvenes (otra de las reservas de votos de la RN). Quedan las clases medias. Pero, con todo, el futuro es bastante negro: Macron, un personajillo, de la talla de los Justin Trudeau o de los Pedro Sánchez, construido a base de demagogia, ambigüedad, mentiras, debilidad y servilismo, no es el presidente que necesita un país que se encuentra al borde del estallido étnico-social. Cada día que pasa las bandas étnicas están mejor armadas, sus golpes son más audaces, su impunidad total (como la guerrilla de los años 60 y 70: “golpean y huyen”, golpean a turistas, golpean en el centro de las grandes ciudades y huyen a sus “zonas de non-droit”), su control del territorio más amplio. Macron no se siente con valor ni con fuerza para hacer nada que corte esta dinámica infernal. La izquierda sabe que su crecimiento camina en esa dirección: garantizar que “la racaille” seguirá cobrando subsidios y subvenciones, pagaderos por los franceses que aceptan su “dhimmitud”, para crecer electoralmente y operar el “reemplazo electoral” al que nos referíamos, fingiendo no querer admitir que al final del camino se producirá la islamización determinada por la diferencial demográfica y el “gran reemplazo” anunciado por Renaud Camus.