martes, 19 de octubre de 2021

LA MEMORIA HISTÓRICA DE ANTEAYER: MAYO DEL 68 NO FUE COMO TE LO CONTARON

En mayo de 2021 se cumplirán 53 años de la “revolución de mayo”. A pesar de que el indudable protagonismo de sus sucesos corrió a cargo de la extrema-izquierda, en aquellas tensas jornadas los grupos neofascistas franceses tuvieron una parte importante en el desencadenamiento de los sucesos. En el siguiente artículo vamos a repasar cual fue el papel de estos grupos en los acontecimientos traumáticos del “mayo francés”.

La herida argelina

En febrero de 1963 se produce el secuestro en Munich del coronel Argoud, en ese momento, jefe máximo de la OAS, Organisation de l’Armé Secrete, que había luchado contra el abandono de Argelia. De Gaulle había retornado al poder en 1958 con un programa que dejaba inicialmente claro que Francia no iba a conceder la independencia a Argelia, ni siquiera bajo la presión del terrorismo del Front de Liberation National. Sin embargo, a los pocos años nada quedaba de aquellas intenciones iniciales y el grito gaullista de “Argelia Francesa” era sustituido ignominiosamente por la firma de los acuerdo de Evian que dieron paso a la independencia argelina, con la consiguiente expulsión de 1.500.000 de colonos franceses y la prudente huida de 150.000 harkis (argelinos de origen que habían colaborado con la colonización francesa).

Una gran parte del ejército se negó a aceptar la firma de los acuerdos de Evian y la entrega de Argelia, pero contuvieron su protesta y decidieron adoptar una posición crítica pero silenciosa y acatar disciplinadamente las órdenes de De Gaulle de abandono de Argelia; otra parte minoritaria del ejército optó por la vía golpista y cuando esta fracasó, apostaron por la resistencia armada y el terrorismo junto a grupos de activistas civiles (véase la última parte del artículo sobre Jeune Nation en RHF-V).

Los golpistas y los miembros de la OAS debieron cumplir severas penas de prisión, permaneciendo otros muchos en el exilio forzado. Sus camaradas que habían permanecido fieles a De Gaulle, no tanto por convicción como por disciplina, no olvidaron completamente a quienes habían hecho lo que ellos no se atrevieron a hacer. En 1968, esos militares ocupaban los cargos más altos del Ejército francés y dirigían las unidades con mayor poder ofensivo acantonadas en Alemania. Gracias a estas unidades, De Gaulle pudo mantenerse en el poder durante la revuelta de mayo de 1968, pero no fue a cambio de nada: el pago fue la amnistía para los miembros de la OAS y para los militares encarcelados por haber participado en la lucha por la “Argelia francesa”. Si mayo del 68 sirvió para algo fue, paradójicamente, para restañar las heridas entre ambas fracciones militares. Pero había algo más.

De la OAS al Front Uni de Soutienau Sud-Vietnam

Tras el fin del terrorismo de la OAS y la detención de sus últimos núcleos militantes. La extrema-derecha francesa intenta recomponerse sin poder evitar polarizarse en dos ramas: de un lado Europa-Action fundada por Dominique Venner –hoy director de la Revue d’Histoire de France- que en su período de cárcel había desarrollado una teoría del trabajo político plasmada en el folleto Por una crítica positiva. En enero de 1963 aparece el primer número de la revista Europa-Action con una tirada de 10.000 ejemplares, realizado íntegramente por jóvenes que habían participado bien en la OAS, bien en la guerra de Argelia otros o bien en grupos activistas. La revista será el órgano de la Federation d’Etudiants Nationalistes (véase el artículo mencionado de la RHF-V sobre Jeune Nation). Este grupo apoyará la candidatura de Tixier Vignancourt a la presidencia de la República en 1965 y se transformará en junio de 1968 –apenas 15 días después del fin oficial de los disturbios de mayo– en la revista Nouvelle Ecole núcleo difusor de las ideas de la “nouvelle droite”, cuya actividad prosigue hasta nuestros días.

Dentro de la FEN y precisamente como protesta por la candidatura de Tixier-Vignancourt, se produce una disidencia que inicialmente tratará de contactar con el belga Jean Thiriart, director del movimiento Jeune Europe, con quien no logran ponerse de acuerdo y luego con Pierre Sidos, el fundador de Jeune Nation que había sido uno de los puntales de la resistencia contra la entrega de Argelia, organización disuelta tras el golpe de los generales contra De Gaulle. Sidos postula la fundación de un nuevo movimiento para el que propone el nombre de Occident, que ya había ostentado la antigua revista de apoyo al bando franquista durante la guerra civil española y tenía cierta tradición en la extrema-derecha francesa. A finales de abril de 1964 se funda oficialmente la nueva formación, el Mouvement Occident, que desde el principio dejó clara su vocación de ser un movimiento activista decidido a combatir a los izquierdistas en la calle, casi como si se tratara de una reedición de Jeune Nation.

A poco de ser fundado, Sidos ya manifiesta su voluntad de impedir con sus apenas 70 militantes, el mitin anticolonialista que iban a celebrar los estudiantes africanos residentes el París el 1º de mayo de ese mismo año. Dicho y hecho. Los 400 asistentes al mitin fueron dispersados brutalmente y el local de la Mutualité donde iba a tener lugar la reunión sufrió importantes destrozos. A lo largo del mes de mayo y junio, proliferarían los choques con estudiantes comunistas casi sin interrupción. En 12 de junio, 60 militantes de Occident asaltaron el cine Le Savoir donde la CGT (sindicato comunista) y la UNEF (sindicato de estudiantes comunistas), celebraban un espectáculo pacifista. En esta ocasión, los 2.000 espectadores debieron dispersarse a la vista de la virulencia del asalto.

Todos estos incidentes generaron algunas detenciones y Sidos recomendó a sus huestes calmarse. Luego, en 1965 vendrán las elecciones presidenciales en las que Occidente no participa y que eclipsan cualquier otra actividad política. La primera crisis interna en el nuevo movimiento tuvo lugar cuando los militantes más activistas expulsaron a Sidos en febrero de 1966 cuando éste intentaba pactar con Venner una fusión con la FEN en lo que hubiera supuesto una reconstrucción del antiguo movimiento Jeune Nation. La expulsión de Sidos hace que la operación fracase y éste constituirá poco después L’Oeuvre Française, cuyo nombre es casi una respuesta a Action Française e indica el grado de parentesco y familiaridad entre las tesis nacionalistas de Sidos y el maurrasianismo. Sin el freno que constituía Sidos, Occident participa en todas las operaciones provocadoras y en todas las operaciones violentas que le permiten sus escasas huestes. El fracaso de la candidatura de Tixier-Vignancourt en las elecciones presidenciales de ese año, candidatura que había sido apoyada por la FEN y Europe Action, operará la transformación de este grupo en lo que luego será Nouvelle Ecole y la nouvelle droite, alejándose de la acción política. El campo queda así pues libre para Occident.

“Vietnam vencerá, vietcongs asesinos”

De no se sabe donde, uno de los dirigentes de Occident, Philipe Asselin consiguió algo de dinero con el que alquilaron un local fortificado y editaron una revista para universitarios. En ese momento se integra en el grupo François Duprat, que acaba de regresar del Congo. Precisamente Duprat y otro militante de Occident, publican el primer comentario sobre la obra de Herbert Marcuse, uno de los gurús de la contestación, que se difundió en lengua francesa en marzo de 1965. Un año después, sin embargo, el movimiento se embarca en el activismo más frenético.

El 15 de marzo, un raid de militantes de Occident realiza una operación de represalia en la universidad de La Sorbonne, donde cinco militantes de otro grupo de extrema-derecha habían sido agredidos unos días antes. En ese momento Occident arroja octavillas cuyo texto se limitaba a reproducir una frase del indonesio general Suharto, famosa en aquellos días: “Matad a todos los comunistas donde quiera que se encuentren”. Occidente, evidentemente, jugaba la carta de la provocación. A partir de ese momento toda la opinión pública francesa y especialmente los estudiantes de izquierdas, ya saben quién es Occident. El 26 de marzo siguiente se enfrentan a la policía cuando intentaban impedir en el Barrio Latino un mitin de la Juventud Comunista Revolucionaria. Casi sin solución de continuidad, en plena borrachera activista, boicotean una obra de teatro de Jean Genet, Les Paravent, en donde al parecer se insultaba al ejército francés. En octubre del 66 abren un local en el corazón del Barrio Latino, en la rue Serpente. Luego seguirá en el último trimestre de ese año las protestas por el décimo aniversario de la invasión de Hungría por el ejército soviético y las reiteradas luchas por expulsar a los izquierdistas de su feudo en la Universidad de Nanterre. En la Facultad de Filosofía y Letras de Nanterre se han matriculado algunos militantes de Occident que consiguen una buena representación en el consejo universitario. Tienen como compañeros de clase a Daniel Cohn Bendit, a los hermanos Castro, a Brumberg y a Caruso, líderes de una extrema-izquierda todavía mal definida, pero excepcionalmente activa y violenta. Nos aproximamos aceleradamente al cuadro político que detonará el “mayo francés”.

El 17 de octubre de 1966, siete militantes de Occidente asaltan la cafetería de la universidad de Nanterre y desalojan a setenta izquierdistas que tienen que recurrir a los estudiantes del PCF para rehacerse. Al día siguiente, los incidentes se reproducen, pero no son sólo siete sino una treintena y enfrente tienen a ciento cincuenta izquierdistas. El enfrentamiento provoca  decenas de heridos y contribuye a que el clima de violencia reaparezca continuamente a partir de ese momento. A principios de diciembre de 1967, Paris Match publica fotos de los incidentes que han tenido lugar unos días antes en Nanterre. Las imágenes, en las que pueden verse a activistas de Occident, impresionan a la opinión pública por su brutalidad.

El año siguiente será todavía más duro. Han aparecido los grupos pro-chinos y trotskystas que trabajan sobre todo en la universidad y difunden las consignas contra la guerra del Vietnam y en apoyo al Vietcong. Esto inspira a Occident a la creación de una réplica, el Front Uni de Soutien au Sud Vietnam. El 7 de febrero de 1868, el Front intenta celebrar su primera reunión en la gran sala de la Mutualité de París, pero la extrema-izquierda llama a la movilización general: “El nazismo no pasará”. El mitin asediado por 3.000 maoístas termina entre grandes incidentes. Occidente se manifiesta luego en el Boulevard Saint Michel al grito de “Vietcongs asesinos” y “Occident Vencerá”. El saldo final resulta favorable para Occident y el Front está en condiciones de enviar 4.000 francos recogidos durante el mitin para la construcción de un hospital en Vietnam del Sur. Y dado que se juzga que la jornada ha sido un éxito, se convocan otras dos para el 30 y 31 de marzo de 1968. El día 30, 2.000 manifestantes desfilan tras las banderas de Vietnam del sur en la Avenida Wagram. El gobierno sudvietnamita difundirá exhaustivamente las fotos tomadas en esa ocasión. En pocas semanas el Front, vertebrado por Occident, ha encuadrado 1.500 simpatizantes y ha obtenido fama mediática.

En un contexto de violencia creciente, se producen intentos de linchamiento contra miembros de Occident y tiene lugar la famosa replica de CohnBendit al ministro de educación Missoffe, preludio de la crisis, que ocuparán grandes espacios mediáticos. Occident ordena a sus militantes una “marcha sobre Nanterre”. Pero los maoístas se adelantan y realizan un ataque fulminante el 29 de abril contra la exposición del Front en la rue de Rennes. Doscientos cincuenta maoístas de la UJC-ML con su “dirección militar” al frente asaltan la exposición en un momento en el que apenas está defendida por 10 militantes que son, literalmente, masacrados. A raíz de este ataque, los dirigentes de Occident solicitan realizar un mitin… en la universidad Nanterre para el 2 de mayo.

La UJC-ML (Unión de Juventudes Comunistas Marxistas-Leninistas, formación maoísta) cede protagonismo a su “dirección militar” y junto con los miembros del Movimiento del 22 de Marzo (anarco-situacionistas) de CohnBendit se atrincheran en la facultad almacenando cócteles molotov, barras de hierro, palos y mangos de madera. Una asamblea de extrema-izquierda entrega la dirección de la defensa de Nanterre a Xavier Langlade, jefe del servicio de orden de la JCR (Juventud Comunista Revolucionaria de carácter trotskista). En la entrada de la facultad colocan una pancarta: “Fascistas que escapasteis de Dien Bien Fu, no escaparéis de Nanterre”… Sin embargo, los atrincherados no son tan optimistas como sus pancartas quieren presentarlos. Temen de un momento a otro el asalto de 250 militantes de Occident capaces de desarrollar unos niveles de violencia inauditos y que la izquierda ha conocido perfectamente en su propia piel. Finalmente, el Ministerio de Educación ordena el cierre de la facultad. Así pues, lo que no ha podido tener lugar en Nanterre, alejado del centro de París, tendrá lugar en el Barrio Latino, en la facultad de La Sorbonne, en pleno París.

Las sorpresas de mayo

Y entonces se produce un extraño atentado que nadie reivindica y que cuarenta años después nadie ha conseguido aclarar. El 3 de mayo de 1968, por la mañana estalla una bomba en La Sorbonne que está a punto de destruir completamente la Facultad. Se ha atentado contra las tuberías de gas. Todos los grupúsculos de extrema-derecha y de extrema-izquierda se atacan unos a otros y se culpan de la explosión. El atentado hace que los izquierdistas se atrincheren en La Sorbonne y los militantes de Occident en “su” facultad de derecho” en la rue d’Assas; a las 14:00, 200 de ellos intentarán manifestarse ante La Sorbonne. Observan que, a pesar de la tensión, el cordón policial ha desaparecido. En esa ocasión no llevan los instrumentos de combate encima, sino en tres furgonetas que siguen de cerca de los manifestantes. Sobre la marcha deciden retirarse. Hay algo que no entienden y que se les escapa: ¿quién ha dado la orden de retirada de la policía? Así pues deciden manifestarse en el Boulevard Saint Michel, justo donde los izquierdistas de la FER (Federación de Estudiantes Revolucionarios otro grupo trotzkysta de carácter “lambertista”) y los maoístas de la UJC-ML intentan reagruparse. En ese punto, las tres camionetas que seguían a los miembros de Occidente, distribuyen su carga. Entre los objetos contundentes figurará el primer cóctel molotov de mayo del 68 que un estudiante de Occident arrojará contra uno de los vehículos policiales. La “revolución de mayo” acaba de estallar…

El ejército francés ante las revueltas de mayo

A pesar de que el “golpe de Argel” (sublevación del Ier. Regimiento de Paracaidistas) fracasara por falta de preparación y por insolidaridad de la mayor parte de militares, éste hecho y la represión a la que dio lugar primero, luego el fusilamiento del Teniente Coronel Bastien-Thiry y, finalmente, el asesinato por los barbouzes” (fuerzas mercenarias, verdaderos asesinos a suelto del Service d’Action gaullista) de decenas de partidarios de la “Argelia francesa”, muchos de ellos militares y el secuestro del General Argoud, jefe de la OAS, hicieron que, si bien, por disciplina la mayoría de las FFAA francesas acatara la autoridad del General De Gaulle, muy pocos lo sostuvieron activamente y todos desearan restañar las heridas que la crisis argelina y la OAS causaron en el interior de las FFAA. Muchos guardaron la ocasión para resarcirse. Los sucesos de mayo les dieron la oportunidad de hacerlo. Y la aprovecharon.

El ejército francés se había preocupado muy poco del ascenso de la nueva extrema-izquierda previamente a mayo del 68. Solamente medio año antes, en diciembre de 1967, había llegado a la Sección Segunda del Estado Mayor del ejército informaciones sobre las actividades de células de la UJC-ML en algunas unidades, concretamente en el 9º Regimiento de Húsares, en el 43º Regimiento de Infantería y en el 151º de Carros. Las actividades de estas células consistían en difundir las revistas y los materiales de esta organización y ganar simpatizantes y afiliados para la misma. La seguridad militar localizó a los activistas, los dispersó en distintas unidades y los sometió a vigilancia.

Sin embargo, este episodio hizo que la información militar empezara a preocuparse por la irrupción de los grupúsculos y, dado que los servicios de seguridad del Estado civiles no les aportaban información efectiva sobre la situación, ellos mismos debieron crear su propia red de informadores y elaborar sus propios dossiers sobre estas pequeñas formaciones juveniles extremistas.

Era la primera vez desde la guerra de Argelia que el ejército francés se preocupaba de grupúsculos políticos. Y lo que vio le sumió en la confusión. Los informes elaborados antes de mayo que intentaban pintar un cuadro de la extrema-izquierda, eran imprecisos, confusos, repletos de errores y, prácticamente, inservibles. Solamente estaban en condiciones de describir a las organizaciones juveniles del viejo Partido Comunista pro soviético, el único que hasta la irrupción de la UCJ-ML en los cuarteles, les había preocupado. El problema era que se trataba de información antigua y, por tanto, inservible. Cuando estallan los primeros incidentes en el Barrio Latino, el 3 de mayo, el ejército francés está prácticamente fuera de juego y desconoce completamente la actividad y características de los grupúsculos.

El 11 de mayo el ministro de Defensa, Pierre Messmer, tras despedirse del primer ministro de Afganistán que había permanecido en Francia en viaje oficial, reunió apresuradamente con algunos asesores y adoptó algunas medidas precautorias de lo que pudiera suceder. Hay que recordar que en ese momento, en la noche del 10 al 11 de mayo, tuvo lugar la famosa “noche de las barricadas” en la rue Gay-Lussac, sobre la que volveremos algo más adelante, pero que, en cualquier caso, marcó el punto álgido de las revueltas.

A partir de ese momento, la 11ª Brigada Blindada de guarnición en Camp des Loges (Saint Germain en Laye) que se encontraba de maniobras en Mailly fue colocada en estado de alerta. Tres regimientos de esta unidad (el 501º de carros de combate, acantonado en Rambouillet), el Marche du Tchad (en Pontoise) y el 1º de Artillería (con base en Melun), todos situados en las inmediaciones de París, estuvieron desde ese momento dispuestos a intervenir. La 9ª Brigada, de maniobras en Courtine, fue así mismo movilizada y los centros de instrucción de reclutas, el 1º de Train y el 151ª de Montflery estuvieron dispuestos por si era necesario reforzar a las unidades de policía, gendarmería y CRS. Otras unidades situadas en la Banlieu parisina –el 9º y el 11 de Húsares y el 5º Regimiento de Infantería– fueron también colocados en estado de alerta con los permisos cancelados y todos sus efectivos dispuestos a intervenir en cualquier momento. En el Oeste de París, los distintos batallones y regimientos de la 11ª División Ligera de Intervención se mantuvieron hasta el fin de los incidentes en ese mismo estado de alerta.

No intervinieron, pero la situación no mejoró. El día 13 de mayo, cuando los sindicatos decretaron la huelga general, el ejército empezó verdaderamente a alarmarse. El viernes 24 de mayo, De Gaulle apareció ante los medios de comunicación llamando al orden, pero su discurso no calmó los ánimos y fue completamente desoído por los sindicatos y por los revoltosos del Barrio Latino. Los incidentes se recrudecieron y el ejército recordó las enseñanzas sobre “guerra revolucionaria” que se impartían diez años antes en la Escuela de Guerra Psicológica de Philipeville, en Argelia. Los especialistas en estas técnicas habían adoptado inequívocamente posiciones a favor de la Argelia Francesa y algunos incluso de la OAS. Así pues, recurrieron a ellos. En ese momento empezó a saldarse la fractura que se había producido en el interior de las FFAA a raíz de la guerra de Argelia. El anticomunismo común a las dos fracciones militares operó este efecto. Pero, en ese momento –24 de mayo– las posiciones no eran unánimes. Si bien todos estaban de acuerdo en cerrar el paso violentamente a un golpe izquierdista, no todos estaban dispuestos a actuar si las organizaciones de izquierda alcanzaban el poder mediante la vía de la legalidad. En medios militares, se creía posible que el PC alcanzaría el poder y, entre otros, el gobernador militar de París no estaba dispuesto a actuar en este caso. Otros militares, en cambio, sí.

Militares en contacto con la extrema-derecha

A la vista de la situación el día 25 de mayo, algunos oficiales de guarnición en los alrededores de París tomaron contacto con miembros de la extrema-derecha más militante para sondear si podían contar con sus efectivos en caso de que se vieran forzados a intervenir.

Los citados dirigentes –con algunos de los cuales hemos cambiado puntos de vista sobre este tema– contestaron afirmativamente, pero ni siquiera ellos estaban seguros de las posiciones que adoptarían sus bases militantes. En la noche del 10 al 11 de mayo, en los combates que tuvieron lugar en la calle Gay-Lussac, habían sido vistos algunos militantes de extrema-derecha entre las barricadas, enfrentándose a la policía. Y, por otra parte, muchos odiaban a los comunistas y a los izquierdistas por sus constantes enfrentamientos con ellos, pero no odiaban menos al ejército y a De Gaulle que permitió el abandono de Argelia y a las fuerzas de orden público que les habían encarcelado y arrojado a las celdas de la Santé y de Fresnes. Muchos no olvidaban a Bastien-Thiry, a BobyDovecar, a Claude Pieggs, a Roger Degueldre y a otros torturados y muertos por De Gaulle y sus “barbouzes”. Ciertamente, eran anticomunistas, pero muchos odiaban mucho más al gaullismo que a los izquierdistas. Además, los militantes de extrema-derecha tenían un mal recuerdo: durante las jornadas del Golpe de Argel, literalmente habían sido abandonados por los militares que les habían prometido apoyo y no estaban dispuestos a jugársela seis años después otra vez con quienes les habían traicionado entonces. La organización concreta que fue contactada por los militares fue, naturalmente, Occidente, que había demostrado tener una altísima capacidad para la violencia.

Cuando el 17 de mayo, los izquierdistas habían expulsado a la extrema-derecha de la Facultad de Derecho de Assas, contactaron con el Movimiento Occidente exmilitares y mercenarios que habían trabajado con Bob Denard en el Congo, ofreciendo su colaboración para una asalto a esta facultad. La dirección de Occident rechazó esta opción a pesar de que sus tres principales dirigentes –obviemos sus nombres– aceptaron la propuesta. Los otros votaron en contra prefiriendo una victoria de los izquierdistas a un acuerdo con los gaullistas. De esta manera, Occident abandonó el terreno de lucha durante las jornadas de mayo.

El otro grupo polarizado en torno a Tixier-Vignancourt que en ese momento operaba con el nombre de Front National Anti-Communiste, convocó una manifestación el 22 de mayo con mínima asistencia (apenas 1.000 personas) de las que 200 eran militantes de Occident. La manifestación debía concluir en el asalto de la redacción del diario comunista L’Humanité, sin embargo, esta acción no se llegó a materializar ante el lanzamiento de bolas de hierro y objetos por parte de los sitiados. Los más activistas se dirigieron entonces al Liceo Condorcet ocupado por izquierdistas, logrando desalojarlo y arrancar las banderas rojas y negras. Luego se manifestaron ante la Estación de Saint-Lazare, ocupada por los huelguistas.

Si la opinión de Occident no era unánime entre su dirección, otro tanto ocurría con el partido de TixierVignancourt. Su adjunto, Raymond Le Bourre se oponía a participar en los sucesos al lado de los gaullistas, pero Tixier fue de la opinión de que podían arrancarse algunas mejoras en la situación de los presos de la OAS y en el retorno de los exiliados.

Los medios de prensa de la extrema-derecha, el semanario Minute, y el semanario Rivarol se manifestaron en contra de pactar para salvar al gaullismo.

Sin embargo pudo llegarse a un acuerdo aprisa y corriendo en la noche del 24 de mayo. Discretamente, los dirigentes de extrema-derecha que habían suscrito el acuerdo debían movilizar discretamente a sus efectivos; si se producía la insurrecciones comunista, debían concentrarse en el camp de Satory y en caso de no poder alcanzarlo por sus propios medios, se dieron unos cuantos puntos en los que debían ser recogidos por camiones del ejército; los militares rechazaban entregar armas a estos efectivos y proponían encuadrarlos en unidades militares especiales, sujetos a disciplina militar y que cumplirían órdenes de la cúpula militar. Si se producía la insurrección comunista, estos grupos serían incluidos en unidades de choque que previamente serían purgadas de los elementos sospechosos.

El 26 de mayo tuvo lugar una nueva reunión entre representantes de las FFAA y representantes de las distintas direcciones de extrema-derecha. La reunión tuvo lugar en un apartamento del Barrio Latino, a pocas decenas de metros de las barricadas. Los militares propusieron la creación de una milicia cívica comandada por ellos y constituida por la extrema-derecha y sus simpatizantes en caso de golpe de izquierdas.

Las direcciones de extrema-derecha exigieron que estas milicias fueran completamente independientes de los Comités de Defensa Cívica gaullistas con los que ningún acuerdo sería posible. Los militares aceptaron a condición de que estuvieran encuadradas y disciplinadas por ellos, para evitar los excesos que algunos extremistas podían cometer. A partir de ese momento y durante los días siguientes, los dirigentes de los distintos grupos de extrema-derecha empezaron a movilizar boca-oreja sus efectivos. Los propios militares a partir de ese momento variaron sus posiciones en relación a la extrema-derecha. Facilitaron locales de reunión.

El viaje de De Gaulle a las guarniciones francesas en Alemania

A partir del 24 de mayo, cuando se percibió que la propuesta de De Gaulle de convocar un referéndum no había calmado la situación, la actividad militar se centró en sondear a las unidades “seguras” por si tenía lugar la insurrección de izquierdas. Las unidades contactadas en los alrededores de París eran el 11º Regimiento de Húsares, cuyo Estado Mayor, según Duprat, era el más decidido partidario de la intervención. La 11ª Brigada y la 11ª División Ligera eran, así mismo, unidades partidarias de una intervención aplastante. Los carros de combate de la 8ª División se habían concentrado en el norte de París y efectivos “seguros” procedentes de Metz y Nancy habían acampado cerca de la capital.

El despliegue de todas estas unidades había sido aconsejado a causa de que la “gendarmería móvil” no era demasiado segura (a diferencia de los CRS) y constaba que reprobaban las misiones para las que habían sido enviados. Como en todos los procesos revolucionarios, la crisis de las fuerzas policiales, eran el primer signo inequívoco de la crisis del Estado.

Además, otras unidades militares próximas a la capital no estaban dispuestas a intervenir en caso de insurrección comunista (el 9º de Húsares, el 2º Regimiento de Infantería de Marina). Otras unidades no eran operativas o no estaban adecuadas para una intervención de este tipo.

A partir del 24 de mayo, 10.000 reservistas fueron llamados a filas y el 25 se reforzaron las unidades “seguras” que circundaban París. A las 8:30 del sábado 25 de mayo, una columna militar fue vista en la autopista París-Lille, de camino a la capital. Los militares empezaron a dejar ver sus unidades en la Banlieu de París, a modo de advertencia.

En los tres días siguientes empezó a oírse “ruido de sables” en las guarniciones situadas en el Este de Francia y en las bases francesas en Alemania. Era rigurosamente cierto que los comandantes de estas unidades eran gaullistas confesos, pero en sus estados mayores no ocurría lo mismo. Muchos se habían mordido los labios seis años antes durante la insurrección del I Regimiento de Paracaidistas en Argel y ahora volvían a dudar y a maldecir a De Gaulle. Algunos de ellos habían colaborado ocasionalmente con la OAS, habían encubierto a sus militantes o, incluso, habían trabajado en sus actividades.

Tras el discurso del día 24, De Gaulle, sorprendido por el efecto contrario al pretendido, cayó en el silenció y en la confusión. El régimen estaba a punto de caer. A medida que ese silencio se prolongaba, aumentaban entre los militares los partidarios de una acción efectiva contra los revoltosos. Se rumoreaba que en ese momento, algunas unidades estaban dispuestas a intervenir, pero no para salvar a De Gaulle, sino para aplastar a la izquierda.

El día 29, De Gaulle se desplazó a Baden-Baden para entrevistarse con el General Massu, comandante en jefe de las fuerzas francesas en Alemania, cuyas unidades eran las más efectivas en caso de conflicto. De Gaulle consiguió persuadir a los militares de que él era “el único capaz de salvar a Francia del comunismo” e, incluso de que estaba dispuesto a pagar un precio. En realidad, estos se dejaron convencer. Lo importante es lo que exigieron a cambio de desplazar a las unidades de intervención al otro lado de la frontera: la amnistía general para los encarcelados y exiliados de la OAS. De Gaulle no protestó. En ello le iba morir en la poltrona del Elíseo o bien en el exilio.

Al día siguiente De Gaulle se dirigió nuevamente al pueblo francés, con una actitud completamente distinta. Poco antes, la 11ª Brigada Blindada realizó una ostentosa marcha hacia París, mientras que el 1er. Regimiento de Paracaidistas de Infantería de Marina, acantonado en Bayona recibió 10 aviones Nordatlas de Pau y 20 de Toulouse, preparándose para saltar sobre París. Una columna de blindados procedente de Alemania, cruzó la frontera, procurando llamar toda la atención posible pretextando la celebración de unas maniobras. Otros desplazamientos similares se realizaron simplemente para llamar la atención.

De la muerte política a la resurrección de De Gaulle

A partir de ese momento, el receptor del mensaje entendió perfectamente la situación. En efecto, el PCF, en aquel momento se debatía entre la insurrección y la vuelta a los cuarteles de invierno. En realidad, el PCF nunca tuvo la iniciativa de la situación, pero tampoco quiso desvincularse completamente de una revuelta que corría el riesgo de amputarla influencia sobre las masas.

El 30 de mayo, el gaullismo resucitó. Los Comités de Defensa de la República aseguraban el encuadramiento de los elementos más activos de la derecha y de la extrema-derecha, la inmensa mayoría antiguos partidarios de la Argelia Francesa. Los especialistas del ejército en operaciones psicológicas realizaron una perfecta coordinación entre el discurso de De Gaulle de esa jornada y la movilización subsiguiente en los Campos Elíseos esa misma tarde. Entre 700 y 800.000 personas recorrieron el kilómetro que separa la plaza de la Concordia de la plaza de l’Etoile.

El fundador y jefe de la OAS, Raoul Salan fue liberado espectacularmente el 15 de junio de 1968, justo en el momento en el que la revuelta de mayo acaba oficialmente. El Barrio Latino cada vez estaba menos ocupado: los “revolucionarios” se habían ido de vacaciones.

En esa fecha pudo regresar también a Francia, Georges Bidault, presidente del Consejo Nacional de la Resistencia junto a los generales y cuadros de la OAS que desde 1963 permanecían en el exilio. Bidault,  poco después, fundaría el partido Justice et Liberté que fue uno de los partidos integrados posteriormente en el Front National presidido por Jean Marie Le Pen.

Alicante y Tarragona, repletos de pieds-noires exiliados, vieron como estas comunidades iban disminuyendo. Todos fueron amnistiados. Algunos no regresaron jamás a Francia. Uno que no lo hizo me comunicó: “Francia es como una mujer a la que se ha querido mucho y de repente de ha engañado. Le das una patada y nunca más quieres volver a saber de ella”.

¿Qué ocurrió en realidad?

Aparentemente, todo estaba claro:

-          Un proceso subversivo desencadenado por elementos de extrema-izquierda había logrado arrastrar a la CGT y al PCF, deseosos de no perder influencia sobre las masas.

-          Durante unos días, Francia vivió al borde de la guerra civil y del golpe de Estado.

-          El general de Gaulle buscando apoyos para mantenerse en el poder pidió ayuda a las FFAA

-          El ejército se lo prestó a cambio de la amnistía general a sus camaradas presos y del retorno de los exiliados.

-          Estas medidas de gracia se pusieron en marcha el 15 de junio, fecha en la que concluye oficialmente la revuelta iniciada mes y medio antes.

Así pues, asunto cerrado, expediente archivado… ¿o no?

En absoluto.

Al concluir la revuelta, algún servicio de inteligencia, seguramente francés filtró a los medios de comunicación distintos dossier en el que responsabilizaba de los incidentes a los servicios especiales de la República Democrática Alemana. Muchos de esos dossier fueron difundidos por la prensa de derechas y de extrema-derecha, creyéndolos auténticos.

Se difundió la información de que sobre las barricadas de la calle Gay-Lussac, durante la famosa “noche de las barricadas” del 10 al 11 de mayo, se encontraron varias granadas de mano ofensivas fabricadas en Alemania Oriental. Estas granadas eran de tipo RG42, consideradas como “muy mortíferas”. En la zona donde se descubrieron, habían sido vistos jóvenes alemanes pertenecientes al Sozialistiche Deutsche Studenten (SDS), uno de los grupos contestatarios alemanes de los que, en la época, se investigaban sus relaciones con el HVA (Haupt Vereidigungamt, el servicio de información germano-oriental) que, siempre según estas informaciones, se habrían encargado las operaciones de desestabilización de Europa Occidental desde 1965…

Evidentemente, todos estos datos eran pura intoxicación. Entonces lo podíamos intuir. Ahora tenemos la seguridad. En efecto, si era cierto que existía un titiritero que movía los hilos de la subversión, pero no era, desde luego, el HVA. Si hubiera sido él, hoy se conocerían a la perfección todos los extremos de la operación: el HVA ha sido disuelto y sus archivos son públicos después de la unificación alemana de 1989. No, el HVA no era la “pista buena”, era simplemente, la excusa, la maniobra de diversión. Las granadas sembradas junto a un automóvil en la calle Gay-Lussac era apenas un individuo intoxicador.

Y, por supuesto, en 1965 el HVA no desencadenó ninguna operación, sino que en ese mismo año fue precisamente la CIA, tal como sabemos hoy, la que desencadenó la Operación CHAOS, ordenada y comandada por James Jessus Angleton. Esa operación, que inicialmente tenía como objetivo restar efectivos a los Partidos Comunistas prosoviéticos, se aprovechó para otros fines igualmente espúreos: la desestabilización del gobierno del General De Gaulle.

De Gaulle había separado en 1967 a las fuerzas armadas francesas del dispositivo militar de la OTAN, aun permaneciendo en la estructura de la Alianza Atlántica. Los americanos ni le perdonaron este desplante ni el que seguiría, cuando en el curso de su viaje a Canadá proclamó ante las cámaras de TV de todo el mundo: “Viva Quebeq Libre”. El desmembramiento de Canadá hubiera acarreado la pérdida de influencia de EEUU en la parte francófona del país y el aumento de la influencia francesa en una zona que los teóricos del “destino manifiesto” ya habían bautizado como “área de influencia de los EEUU”.

Este fue el sentido final del mayo francés y todo lo demás, no fue más que mera coreografía y atrezzo para una “operación especial”. El hecho de que los maoístas fueran fomentados artificialmente en el curso de la Operación CHAOS, el hecho de que el primer cóctel molotov de las revueltas fuera arrojado –tal como vimos– por un militante de Occident sobre un coche de la policía y el hecho de que este movimiento, desde su origen, practicara una actitud activista completamente provocadora y destinada a tensar situaciones, el hecho mismo de que los miembros de la extrema-derecha tuvieran el corazón escindido entre las barricadas de la calle Gay-Lussac y la incorporación a las milicias cívicas anticomunistas y, finalmente, el hecho de que la “revolución de mayo” tuviera como resultado inmediato la caída de De Gaulle –perdió el referéndum que él mismo convocó– y el indulto general a los militantes de la OAS… todo esto son los verdaderos frutos de mayo, mucho más, en cualquier caso, que CohnBendit y demás “ex combatientes”, cuarenta años después, vendiendo sus fantasías y sus ficciones… Mayo del 68 tuvo distintos titiriteros, CohnBendit fue uno de los monigotes. Repetimos: “mayo-68 tuvo distintos titiriteros”. La CIA fue uno, pero se dieron otros en clave interna francesa. ¿Quién dijo que una operación planificada por servicios especiales no puede ser aprovechada para otros objetivos?

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Nota: para la elaboración de este artículo se han tenido en cuenta especialmente distintas obras de François Duprat: L’International Etudiante Revolutionaire y Les journés du Mai 68, Editions NEL, La comedie de la revolution y Les journés du Mai, publicado por Defense de l’Occident y L’extreme droite a France 1944-1972, Editions Albatros.-

 

 

jueves, 14 de octubre de 2021

PANFLETO “REVISIONISTA” CONTRA EL NACIONALISMO POLACO DE 1939 Y EL NACIONALISMO DEL “PROCÉS” (3 de 3):

La traducción del libro de Udo Walendy, Verdad para Alemania, me ha llevado a renovar algunas antiguas conclusiones y a comparar el nacionalismo polaco de 1939 con el nacionalismo catalán de nuestros días. Ambos son, en efecto, una forma de sífilis mental: peligrosos, incluso para los quienes los sostienen y cuyas consecuencias resultan siempre incalculables. La exacerbación del nacionalismo en Polonia -estimulado desde el Reino Unido y desde EEUU- cegó a los polacos: les impidió ver que, esa guerra que deseaban para hacer efectivo su “su imperio desde Berlín a Moscú y desde el Báltico al mar Negro”, los destrozaría en apenas quince días, pero que sería el pistoletazo de salida de un conflicto de dimensiones mundiales. En el caso del nacionalismo catalán, el drama se ha repetido, pero en clave de humor, no como tragedia, sino como comedia de enredo.

Los indepes han querido rivalizar con una lengua que hablan 600 millones de personas en todo el mundo, que en apenas veinte años será la lengua de todo un continente, han querido separar a Cataluña de su matriz histórica desde la noche de los tiempos (la mítica Hespérides, la Hispania romana, el Reino Visigodo), han sostenido ensoñaciones infantiles (que Cataluña seguiría automáticamente en la UE tras haberse escindido o que, tras la escisión, las relaciones con España seguirían siendo iguales), han generado pequeños efectos centrífugos (el intento de los podemitas andaluces de impulsar un movimiento indepe análogo al catalán), y generado una crisis de Estado, posible solamente a causa de la ambigüedad constitucional de nuestro país. Pero hay dos elementos que nos gustaría señalar.

El primero de todos ellos, es recordar cómo han sido posibles estas dos situaciones, en 1939 y en 2017. ¿Cómo proyectos enloquecidos, inviables a poco se examinen a media distancia, han podido ser aceptados por la población, especialmente en unos momentos en los que las clases políticas no eran particularmente apreciadas? En efecto, no olvidemos que, en 1939, Polonia estaba gobernada por una dictadura inmisericorde, mucho más dura con las minorías étnicas que vivían en su territorio, que cualquier otro gobierno europeo, incluido el Reich alemán. Las dictaduras del Piłsudski y de Smigly-Ridz, crearon los primeros campos de concentración en territorio europeo, en los que encerraron a disidentes de todas las orientaciones políticas. De los 400 ministros polacos del período de las entreguerras, vale la pena no olvidar, que la mitad fueron masones y que la masonería polaca había sido creada en 1920 con el visto bueno del dictador Piłsudski que se permitió recomendar quién sería el Gran Maestre. Y no citamos este dato por “conspiranoia”, sino por lo que explicaremos más adelante. Ahora, donde queríamos llegar era a que la exacerbación nacionalista fue transmitida a la población por la prensa polaca que, especialmente, desde marzo de 1939 hizo continuos llamamientos a la guerra, caricaturizó a los alemanes y sembró el odio contra ellos. Algo similar ocurrió en la Cataluña del “procés”. Y ya se sabe que la “carne de periodista” es barata.

En el inicio de la segunda década del milenio, era evidente que el pujolismo que había gobernado en Cataluña durante tres décadas, se encontraba agotado por la corrupción que él mismo había generado. En esa época, nadie podía dudar que Cataluña y Andalucía eran las dos regiones más corruptas del Estado Español. CiU se desintegró precisamente por la retahíla de casos de corrupción que llegaron a los tribunales y por aquellos otros que todavía circulan por sedes judiciales como serpientes de verano. Y ahí está la “familia Pujol” empantanada en investigaciones abiertas que se prolongarán hasta el infinito. Además, las noticias sobre esos casos de corrupción se superpusieron a los efectos deletéreos de la crisis económica en Cataluña y a las políticas de ZP que sumieron a España en una profunda crisis económica. Esa debilidad del Estado fue el momento que eligieron los independentistas para plantear su utópica secesión. Así, de paso, evitarían que muchos de los suyos se sentaran ante los tribunales españoles por sus consabidas corruptelas. Y, entonces, hicieron lo mismo que los polacos en 1939: si la clase política estaba hundida en el descrédito, utilizaron a la prensa para difundir su programa independentista presentándolo como la panacea universal. A fin de cuentas, durante el pujolismo, habían creado una tupida red de medios de comunicación dependientes de la gencat, se habían reservado el reparto de subsidios y subvenciones a medios de comunicación privados, a cambio, naturalmente, de que difundieran los puntos de vista que interesaban a los limosneros. Y así influyeron decisivamente sobre las opiniones de una población que hasta ese momento no se había sentido indepe.

¿Qué diferencia hubo entre la influencia de la prensa polaca en 1939 y la de la prensa subsidiada en la Cataluña de los últimos años? Es simple: en 1939, la prensa polaca difundía noticias queridas por los “amos del mundo” en aquel momento que, simplemente, buscaban abortar la experiencia fascista (el fascismo alemán, apeado de las “leyes del mercado”, había conseguido absorber en tres años los 7.000.000 de parados generados por la crisis del 29, mientras que los EEUU tenían teniendo en esa misma época 6.000.000 de parados y las fábricas funcionando a medio gas), mientras que el proyecto indepe interesaba solamente a unas cúpulas que no contaban con el más mínimo apoyo exterior (el independentismo siempre fue un “mal negocio” para los grandes inversores y un feo asunto para la UE, y una banda de payasos para cualquier país con algún proyecto mundial).

Pasemos a la segunda cuestión. El nacionalismo polaco de 1939 y el nacionalismo catalán de nuestros días, no son más que dos formas del nacionalismo clásico, esto es, del “individualismo de las naciones”, actualizado en 1919 por el “principio de las nacionalidades” tal como fue enunciado por el presidente norteamericano Woodrow Wilson: “aquella comunidad con un lenguaje propio es una nación”. El “principio” no dejaba de ser un enunciado facilón para una cuestión compleja (el reordenamiento de Europa Central tras la destrucción de los “imperios europeos” (el Reich Alemán, el Imperio Austro-Húngaro y el Imperio Ruso). Pero, el nacionalismo y las naciones eran algo muy diferente a la igualdad “nación = lengua”.

En realidad, la “nación” es un invento relativamente reciente, no anterior a la Revolución Francesa de 1789. Antes, lo que existían eran “reinos”. Fue a partir del establecimiento de las guillotinas jacobinas, cuando empezó a hablarse de “nación” e, incluso, un cuarto de siglo antes, con la Revolución Americana. Pero estos fenómenos políticos no venían aislados, sino que formaban parte de un mismo “paquete”: liberalismo económico, burguesía como clase hegemónica, caída de las aristocracias y liquidación de los restos de feudalismo, y nuevos valores traídos por la masonería (entienden porque antes aludíamos a la importancia que tuvo la masonería en Polonia de los años 30).

El nacimiento de la “nación” sigue al nacimiento del capitalismo, no lo precede, hasta el punto de que “nación-burguesía-capitalismo” forman un todo indisociable que fue cobrando forma a través del siglo XIX y añadiendo otros rasgos: progresismo, republicanismo, materialismo, valores masónicos, etc. Y, en el fondo, el nacionalismo no, es más, como hemos dicho, que el “individualismo de las naciones”, es decir, la doctrina “individualista”, derivada en buena medida del humanismo renacentista, aplicada a los conjuntos humanos. Un “nacionalista” estima no aspira a otra cosa que, a hacer valer los derechos de su nación, sobre cualquier otro, sobre sus minorías y sobre sus vecinos. De hecho, el ejemplo polaco es paradigmático y muestra el límite al que tiende, de manera natural, todo nacionalismo: hacia el “imperialismo”, es decir, el intento de ampliar su territorio a costa de sus vecinos.

En el caso polaco, esta tendencia “imperialista” es explícita -por mucho que los vencedores de 1945 intentaran eludirla, porque, gracias a ella se explicaba el origen del conflicto- y notoria, mientras que en el caso catalán tiene un planteamiento, como mínimo, curioso. Los primeros doctrinarios del nacionalismo catalán, Prat de la Riba en concreto, ya aludían explícitamente al “imperialismo catalán” en su obra La Nacionalista Catalana (alguna reedición realizada por la gencat elimina este problemático capítulo…). Hacia finales de los años 60, un grupo minúsculo, el PSAN, lanzó el término “Països Catalans” como remedo del “imperialismo catalán” que llegarían “desde Salses a Guardamar y desde Fraga a Mahón”. El “ideal” no daba para más. El intento, promovido por la gencat, de hacer pasar a la Corona de Aragón como “federación catalano-aragonesa” va en la misma dirección.

El hecho es que el nacionalismo polaco fue estimulado desde EEUU y el Reino Unido, los vectores más agresivos del capitalismo en los años 30, mientras que el independentismo catalán que reapareció 80 años después, ni siquiera logró el consenso de la “burguesía catalana”, esto es del “mundo del dinero” regional y, por tanto, fracasó. Sin tener en cuenta, claro está, el otro factor importante: el capitalismo de los años 30 era una etapa anterior y completamente diferente al capitalismo de principios del siglo XXI. Aquel era un capitalismo “industrial”, el actual es un capitalismo “globalizado”, en el que los pequeños capitalismos “regionales” tienen muy poco, o nada, que aportar.

Una última afirmación: el “nacionalismo” ama tanto a la nación que es capaz de hipotecarla a quien le garantice su independencia. Lo hemos visto en los últimos años del siglo XX: los nacionalistas kosovares, literalmente, se vendieron a los EEUU con tal de poder construir una “república mafiosa”; antes, los nacionalistas croatas hicieron otro tanto, hipotecándose a los alemanes; los beluchos hubieran deseado venderse a los soviéticos tras la invasión rusa de Afganistán, sabedores de que eran la última etapa de la marcha rusa hacia los “mares cálidos”. O bien, a los norteamericanos, interesados en contener a los soviéticos en su masa continental. Los nacionalistas polacos de 1939, se vendieron a norteamericanos y británicos (y, posteriormente, serían traicionados por ellos) y los nacionalistas catalanes, y este fue su drama y su impotencia, no tenían a quién venderse. Debió ser en la Universitat Catalana d’Estiu, cuando Josep Guía dio una clase sobre “independencia y geopolítica”, concluyendo que, sin duda, el Reino Unido estaría “interesado” en la independencia catalana. En el ambiente flotaba la “necesidad” de “ofertarse” a Londres, de la misma manera que Puigdemont intentó hacer otro tanto con Rusia. Primero la independencia nacional, a costa de lo que sea, y aunque luego debas vivir realquilado en tu propio país… tal es el fatal destino de todo nacionalismo.

 

miércoles, 13 de octubre de 2021

SOLAR DIVISION, O LOS QUE SE NIEGAN A OLVIDAR LAS RAÍCES

Soy de los que dicen que ya no puede hacerse nada para rectificar la fase final de nuestro ciclo y que vale la pena empezar a preparar el nuevo amanecer. Porque, incluso después de la muerte de cualquier organismo biológico, existe una nueva vida que parte de las cenizas de lo que ya no volverá a ser. Algunos dicen que esta visión es pesimista, cuando en realidad es la postura más optimista que se pueda defender: porque los que creemos en el ciclo oscuridad-amanecer, creemos que también para nuestra raza existe un futuro y -lo que es todavía mejor- nosotros, los que vivimos en esta malhadada época, estamos llamados a ser las piezas de enlace entre dos épocas. Pocos momentos en la historia, han exigido tanto a tan pocos y, nunca como ahora, los que entre las generaciones actuales siguen en pie han afrontado una tarea de tanta envergadura.

Esta es la primera reflexión que se me ocurre después de escuchar la pieza Héroes inmortales de Krasny Bor del grupo Solar Division. El título de la canción es suficientemente significativo. Como se sabe, el 10 de febrero de 1943, los 5.600 voluntarios de la División Azul se vieron sorprendidos por un ataque de efectivos soviéticos diez veces superior en número y acompañados por un despliegue artillero y de blindados. Media división española de voluntarios contra el 55º Ejército de la URSS. Solamente el primer día de ofensiva se produjeron un millar de bajas españolas entre muertos y heridos; hasta la conclusión de la batalla les seguirían otros 2.500 más. La ofensiva soviética no alcanzó sus objetivos, gracias, especialmente, a que la División Azul había logrado contener a los soviéticos y evitar la ruptura del frente de Leningrado. El 15 de febrero, cuando concluyó la batalla, la División Española de Voluntarios había sufrido el 70-75% de bajas en las unidades que habían participado en los enfrentamientos y alguna de ellas -el batallón de fusileros- tuvo hasta el 90%. El Lº Cuerpo de Ejército de la Wehrmacht se salvó, gracias a los efectivos españoles.

Es lo que nos cuenta la canción de Solar División: 

“Héroes inmortales de Krasny Bor.
Nieve, sangre, fuego, orgullo español.
Ellos viven, oíd su tambor”.

Junto a las tropas españolas, se encontraban en el mismo frente, la 4ª División SS (cuyo emblema sería heredado por el Wehrwolf, la resistencia armada alemana contra la ocupación aliada que siguió combatiendo hasta 1949), la 2ª Brigada Motorizada SS, la Legión Flamenca, etc. Y tiene gracia que, ahora, después de 75 años de tutelaje norteamericano, los gurús de la Unión Europea hablen de la creación de un “ejército europeo”, cuando ese ejército existía ya desde 1941-42. Solamente hay dos posibilidades de creación de un ejército transnacional: o que sus partes viertan sangre en común o que tengan la suficiente claridad de ideales como para que sean conscientes de su identidad, de lo que deben defender y de quién es el enemigo. Y la Unión Europea nunca pasará de ser la pieza europea de la globalización, ni la institución tiene claridad de objetivos, ni voluntad de ir más allá de participar en la construcción del nuevo orden mundial neoliberal.  No habrá, por tanto, nunca, un “ejército europeo” a partir de la UE.

Porque hubo un tiempo en el que -como decía la canción del Frente de Juventudes- solo se admitían “miradas limpias, solo verdades recias, sólo pozos profundos y cumbres sin fronteras”. Aquel fue el tiempo de los héroes; el tiempo de la División Azul. Es bueno que lo recordemos porque nuestra obligación es transmitirlo a los que vendrán, cuando nuestra raza deje atrás la “noche oscura”. Ningún árbol recio crece sin raíces profundas. Nosotros las tenemos. Solo queda recordarlas. Si se comparan las páginas de Homero con la gesta de la División Azul, se tiene la convicción de que ambas experiencias forman parte de lo que, en la mitología clásica, se llamó la “raza de los héroes”, aquellos que aspiraban a conocer la trascendencia mediante el acto heroico: y lo conseguían. A diferencia de la “raza de los titanes”, que fraguaban ambiciosos proyectos que luego fracasaban, el héroe mitológico es aquel que logra construir el destino que se ha propuesto. La victoria es lo contrario del olvido: se triunfa cuando una gesta es recordada por el último poeta y no desaparece de la memoria de una raza.

De ahí la importancia en mantener el hilo conductor entre los que vivimos al final de nuestro ciclo histórico y los que nacerán con el nuevo ciclo. Por eso, en lo personal, he optado por centrarme en estudios históricos y por eso aprecio particularmente a los que, en cualquier rama del arte, hacen algo parecido para mantener viva la “memoria histórica”. Como el grupo Solar División.

Se trata de un grupo “europeo” en la medida en que una de sus dos partes, Ulf Walhberg es sueco, músico, compositor y productor, antiguo miembro de Secret Service, uno de los grupos musicales más populares en aquel país desde los años 80. Walhberg estaba a cargo del teclado. Casualmente conoció al cantante y letrista español Jesús F. Vicente que aportó una voz especialmente nítida y rotunda al servicio de una letra extraordinariamente descriptiva que vale tanto como un grueso volumen de historia.

Diez de Febrero del 43
Día de fuego y vida eterna
La muerte llama una y otra vez.

Aquella fue una de las últimas ocasiones en las que una generación tuvo un ideal para vivir y una causa para morir. Por eso es bueno que no se pierda ni el recuerdo, ni la memoria histórica y por eso se trata de difundir productos musicales como este para que una generación conozca las gestas de sus ancestros y sepa que, en otro tiempo, en esta Europa, existió también una “raza de los héroes” que quiso luchar contra el destino y que ese mismo combate contra las fuerzas de la oscuridad es permanente. Las formas que revisten las luchas históricas dependen de las condiciones de lugar y tiempo.  Ahora, en este fin de ciclo, se trata de mantener la llama, trasmitirla y difundirla. Es lo que han hecho los miembros de Solar Division, cuyo nombre, ya es de por sí, significativo, indica por donde van sus preferencias y, finalmente, demuestra que sus raíces son profundas.

“Héroes inmortales de Krasny Bor.
Nieve, sangre, fuego, orgullo español.
Ellos viven, oíd su tambor”.

Es fácil encontrarlos en youtube y en facebook.

jueves, 7 de octubre de 2021

PANFLETO “REVISIONISTA” CONTRA EL NACIONALISMO POLACO DE 1939 Y EL NACIONALISMO DEL “PROCÉS” (2 de 3): Nacionalismo polaco y catalán frente a frente.

 

Me gustaría aquí introducir el ejemplo del nacionalismo catalán. En la transición, se podía dudar de que “nacionalismo” e “independentismo” fueran lo mismo. De hecho, se habilitó un término nuevo para definir al “pujolismo”: “nacionalismo moderado”. En realidad, era solamente “morado” en la medida en que Jordi Pujol supo chantajear mejor a los gobiernos del Estado que sus sucesores (y también porque gozó de una mejor situación general: entrada de España en la OTAN y llegada de miles de millones para compensar la “reconversión industrial”). Pero como se encargaron de demostrar sus sucesores políticos: al final del camino, todo “nacionalismo” (radical o moderado) tiene como objetivo la creación de una nueva nación y poco importa los métodos que utilice para ello (la convocatoria de referendos ilegales o las declaraciones unilaterales de independencia).

Es más, el engaño del nacionalismo catalán desde la época de Macià, consistía en considerar que la creación de la gencat (decimos “institución” y no “restauración” por que la gencat creada en 1933 no tenía nada que ver la Generalitat de Catalunya histórica), no era, como creían quienes querían pensar en la buena voluntad y en el fair-play de los nacionalistas, una entidad destinada al “autogobierno de Cataluña dentro del Estado”, sino sólo un paso previo para alcanzar la independencia. Paso necesario, porque en 1933 no se daban las condiciones necesarias para la independencia (como no se dieron en 1934, como tampoco se dieron en la transición cuando no existía apenas nacionalismo catalán y como no se dieron a partir de la crisis del pujolismo, ni probablemente se darán jamás).

¿Qué es lo que une al nacionalismo catalán con el nacionalismo polaco (que, como hemos  visto, fue el gran causante de la segunda guerra mundial)?  En 1939, el pueblo polaco estaba exaltado gritando en las calles: “¡A Berlín!” y clamando a la guerra contra Alemania. De 4.800 km de fronteras, el gobierno polaco aspiraba a rectificar en beneficio propio, 4.000. Aquí hay una primera similitud con el caso catalán. En primer lugar, porque el pueblo polaco, en su mayoría era pacífico y tranquilo. Había estado 200 años partido entre tres naciones y, ahora, recuperada su independencia, lo normal era vivir en paz y evitar nuevos conflictos. Pero los nacionalistas pensaban otra cosa.

En Cataluña, la triste realidad es que los independentistas convencidos, nunca han sido más allá del 25% (cifra normal, porque el uso del catalán como primera lengua, en el territorio catalán, está situado en torno al 30-35% y no todos los que lo utilizan son independentistas). Era ese 25% el que estaba dispuesto a creer todas las mentiras del nacionalismo (desde que el 11 de septiembre de 1714 Cataluña “perdió su independencia”, hasta que “España nos roba”), otro 25% de la población es una masa que se inclina como cañas al viento hacia donde sopla la brisa y el resto, simplemente son contrarios al independentismo (25%) o que lo miran con desconfianza (otro 25%).

Pero, si esto es así, ¿cómo es posible que un 25% de la población haya estado en condiciones de implementar el “procés”? La respuesta es muy simple y repite lo que ocurrió en Polonia en 1938-1939.

Por una parte, ese 25% (y más en concreto, los dirigentes y funcionarios de los partidos que detentan el poder en la gencat) controla los medios de comunicación de mayor difusión en Cataluña: o bien, medios de comunicación oficiales creados por la gencat, o bien medios de comunicación privados que aspiran a una subvención que les permita seguir vivos y, para ello, son capaces de repetir como un magnetofón las consignas emitidas desde plaza Sant Jaume.

En Polonia  ocurrió exactamente lo mismo: en un momento dado, los medios de comunicación nacionales, hacia el otoño de 1938, parecieron, al unísono, acometer una campaña de exaltación nacionalista, belicismo y agresividad anti-germana. Esto hizo que, inmediatamente, la opinión pública reaccionara y se iniciaran las agresiones contra la población alemana residente en territorios polacos. El clima belicista fue incrementando su tono por culpa de las informaciones y editoriales publicados en prensa y, al final, el país se convirtió en una carrera para ver quién era o parecía ser más anti-germano. Había miembros del gobierno que intuían que no saldría nada bueno de aquella exaltación, pero tratar de detenerla, hubiera sido suicida para ellos y se habrían hecho, inmediatamente, acreedores del título de “traidores” (botiflers para Cataluña en la época del “procés”).

Otra similitud. El imperialismo polaco es el propio de todo nacionalismo. Como ya dijimos en la primera entrega, Polonia, después de la Primera Guerra Mundial aspiraba a ser una “gran potencia europea” y precisaba, por tanto, un Imperio. Era un objetivo de gobierno y no la fantasía enfermiza de unos nacionalistas radicales alucinados. Ese imperio debería llegar desde Berlín a Moscú y del mar Báltico al mar Negro (algunos ultrarradicales consideraban que la frontera “natural” de Polonia serían los Urales, dando la mano a ¡los japoneses!).

Inevitable recordar que, según la tonalidad del nacionalismo catalán, los “Païssos Catalans” son más o menos grandes. No se trata ya de la independencia de Cataluña, sino de incluir a la “franja de poniente”, a l’Algher sardo, a la Cataluña francesa, a las Baleares y al Reino de Valencia. Y todo ello, porque, en algún momento de la historia por allí pasó algún catalán. Casi es un chiste que, para dar el parte meteorológico, se utilice en ocasiones el mapa de Cataluña y en otras el de los “Païssos Catalans” (para evitar suscitar protestas). Es, igualmente significativo, que durante un tiempo la gencat insistiera mucho en que TV3 se viera en la Comunidad Valenciana y Baleares, pero se opusiera a que las televisiones insular y valenciana se pudieran ver en el Principat.

Los doctrinarios de los “Països Catalans” justifican esta pretensión con el “principio de las nacionalidades” (si se habla un idioma diferente, estamos ante una “nación” diferente). El problema está en que el uso del catalán en todas estas zonas es muy minoritario y siempre por debajo del 50%. Pero esto no es un obstáculo para los nacionalistas catalanes que consideran que la situación es fácilmente reversible: sin embargo, tras tres décadas de “inmersión lingüística” en Cataluña, lo que se ha logrado es que el uso del catalán haya descendido.

Tanto en el caso polaco como en el catalán, lo que generó la pujanza de un “nacionalismo tóxico”, no fue que la población compartiera esas ideas, sino que los resortes del poder estuvieron en manos de “nacionalistas tóxicos” animados a llevar sus fantasías a la práctica.

¿Qué le faltó al “nacionalismo tóxico catalán” y qué le sobró al “nacionalismo tóxico polaco”? Es muy simple: el nacionalismo catalán fue siempre considerado como un “mal negocio” por los inversores y una idea anti-europeista. No tuvo nunca ni un solo apoyo exterior. Ningún país europeo, ni siquiera el Reino Unido, estaba interesado en apoyar al nacionalismo catalán para que formara una “nación-Estado”. Y, claro está, en lo que se refiere a la Unión Europea, el hecho de que fuera una “unión de Estados-Nación” y no una confederación de calderilla nacional, era determinante. Ninguno de los “grandes” europeos iba a apoyar una iniciativa que, en lugar de favorecer la convergencia europea, suponía un paso en la balcanización de Europa y hubiera podido crear conflictos internos en cada nación. En cuanto a lo que se refiere al apoyo de Soros, se trata de un “fake”: Soros tiene más inversiones en Madrid y no se hubiera hecho peligrar.  Sobre la noticia de que Putin estaba tras el proceso, habrá que reprochar a los fontaneros de la Embajada de los EEUU en Madrid, el tener tan poca imaginación.

Si los apoyos internacionales al “procés” fueron cero, ocurrió lo contrario en el caso del nacionalismo polaco: el mariscal Smigly Ridz contaba con el apoyo público de Francia, el apoyo incondicional del Reino Unido a partir de 1938, el apoyo discreto del Presidente Roosevelt. Con estos aliados, el gobierno polaco pensó que tenía al alcance de la mano una guerra victoriosa contra Alemania que le permitiría construir su “imperio”. A partir de ahí, hizo todo lo posible para que encallara cualquier intento de negociación. El régimen polaco (una dictadura antisemita y perseguidora de cualquier otra minoría, que jamás recurrió al plebiscito y que tenía campos de concentración desde mediados de los años 20) quiso jugar su partida para entrar en el “club de las grandes potencias”. En realidad, estaba entrando en el juego de Francia (que aspiraba a ser primera potencia continental y veía con desconfianza la reconstrucción alemana), en el juego del Reino Unido (que quería seguir con su política consuetudinaria desde el siglo XVIII de estimular los enfrentamientos entre las naciones continentales para evitar que ninguna fuera hegemónica en el continente), y en el juego de Roosevelt (que necesitaba una guerra después de que el “New Deal” ideado para salir de la crisis de 1929, fuera un fracaso: solo una conflagración pondría -como, de hecho, pudo- las fábricas USA a pleno rendimiento).

Y es que los “pequeños nacionalismos” siempre terminan siendo títeres de los “grandes nacionalismos”. En el caso del “procés”, su fracaso se explica porque ninguna gran potencia se interesó por él. Lo que no fue obstáculo para que sus impulsores siguieran fanatizando a la, cada vez más mermada audiencia de los “mitjans de comunicació catalana” para que dos tercios de su tiempo los sigan utilizando en tratar de mantener vivo al zombi independentista.

PANFLETO “REVISIONISTA” CONTRA EL NACIONALISMO POLACO DE 1939 Y EL NACIONALISMO DEL “PROCÉS” - 1 de 3 – Restableciendo la memoria histórica

Nacionalismo y patriotismo no son lo mismo. Los conceptos varían, por otra parte, mucho de una nación a otra. Pero, en síntesis, podemos decir que el nacionalismo es el “individualismo de las naciones” y el patriotismo, el “apego y el amor hacia la tierra natal”. Soy patriota, pero no nacionalista. Y, además, soy europeo. Todo esto viene a cuento de que en las últimas semanas he estado traduciendo del francés la obra del historiador alemán Udo Walendy, Verdad para Alemania, en la que se analizan las responsabilidades en el estallido de la Segunda Guerra Mundial. He quedado, literalmente, horrorizado de lo que fue el nacionalismo polaco y de cómo fue manipulado desde Londres y Washington. Me ha resultado inevitable realizar alguna comparación con el nacionalismo catalán.

Veamos, en primer lugar, la importancia del tema. “Carnicero” Harris, fue el comandante del Mando de Bombarderos de la Real Fuerza Aérea británica. Churchill le ordenó que bombardeara las ciudades alemanas hasta reducirlas a cenizas. Harris cumplió la orden. Pero la responsabilidad no era suya, sino del que le dio la orden. Hasta aquí, no creo que pueda haber ninguna duda sobre el razonamiento. Churchill, por tanto, fue el responsable de todo lo que ocurrió en esta campaña de bombardeos criminales: desde el dolor de la madre de un piloto de bombardeo derribado sobre Alemania, hasta de las quemaduras que acabaron con la vida de un niño alemán víctima de los bombardeos, desde la destrucción del patrimonio histórico, hasta de la novia que perdió a su chico en cualquiera de los dos bandos y viceversa.

De ahí la importancia de determinar quién fue el responsable del desencadenamiento de la Segunda Guerra Mundial: ese responsable, lo será de todo lo que ocurrió después. De no haber estallado la guerra, no se hubiera producido la masacre del bosque de Katyn, ni los bombardeos estratégicos contra las ciudades alemanas, ni los 100 millones de muertos que causó el conflicto (según los más “pesimistas”, que los más “optimistas” reducen a 60-70), ni cualquier otro episodio o exceso que cometiera ninguno de los dos bandos. Toda la responsabilidad de aquel conflicto debe atribuirse, así pues, al que lo generó e hizo imposible la paz. Uno Walendy nos lo cuenta con una minuciosidad de monje medieval y unas pruebas y testimonios incontestables, reunidas en grandísima medida de libros escritos por los vencedores.

Lo que nos dice Walendy es que todo partió del Tratado de Versalles, verdadero embrión de la siguiente conflagración. Y no, no fue porque los alemanes, derrotados y despechados buscaran la revancha, sino porque en Versalles, el gran vencedor del conflicto fue Polonia, hasta  ese momento dividida en “particiones”. El presidente Woodrow Wilson, enunció el “principio de las nacionalidades” sobre el que se basaría la unificación y la independencia de Polonia y propuso que el país tuviera una salida al Báltico a través del Vístula. Luego, todo se aceleró porque se acercaban las elecciones generales en EEUU y 4.500.000 de votos polacos iban a ser preciosos para su reelección, así que no se preocupó mucho de la decisión tomada en Versalles de que, en lugar de la internacionalización del Vístula se regalara a Polonia, el “corredor” que le daba salida al mar y que cortaba Alemania en dos.

Y todo esto ¿qué tiene que ver con el nacionalismo? Muy sencillo: a partir de ese momento, Polonia se creyó una “gran potencia europea” y desarrolló, no sólo un nacionalismo agresivo en relación a TODOS sus vecinos, sino además un imperialismo prepotente que aspiraba a anexionarse toda Prusia Oriental, Lituania, todo Silesia, parte de Ucrania y de Checoslovaquia, aparte, claro está de la Ciudad Libre de Danzig. Sin olvidar que, Polonia vivió una crisis política permanente durante 20 años y su gobierno, en todo ese período, fue una dictadura militar (primero con Pilsudski al frente y luego con su amigo y sucesor Smigly Ridz). Ambos mantuvieron tiranizadas a las minorías residentes en el país (alemanes, ucranianos, judíos). Polonia reivindicaba un “imperio”, incluso con colonias extraeuropeas. Los nacionalistas más radicales aspiraban a un imperio desde Berlín a Moscú y del Báltico al mar Negro.

Todo nacionalista es alguien muy fácil de manipular: ahí están los independentistas catalanes que se venderían -si alguien pagara por ellos- al mejor postor con tal de escindirse de España. En los años 20 y 30, el nacionalismo polaco estaba alentado desde Londres por los que querían mantener la política tradicional británica en relación a la Europa continental: impedir que ninguna nación europea fuera hegemónica para que las tensiones que aparecerían entre países rivales contribuyeran a que los británicos pudieran seguir manteniendo su imperio comercial mundial. Francia, que en los años 20 era la principal potencia continental quería, igualmente, una Alemania debilitada, por lo que también se comprometieron a apoyar a polacos y checos…

Es importante señalar que esto no se dio a partir de 1933, sino ¡durante toda la República de Weimar! Y es todavía más importante señalar que los distintos gobiernos de la pacífica República nunca habían renunciado ni a la integración de Austria en el Reich, ni a la reincorporación de los Sudetes, ni al territorio de Memel, ni a la desmilitarización de Renania, ni a la incorporación de la Ciudad Libre de Danzig, ni siquiera al “corredor” de Danzig.  Es más, el único que logró un pacto de amistad y no agresión con Polonia fue Hitler en 1934 (denunciado tras los acuerdos de Polonia con Inglaterra) y sus reivindicaciones en enero de 1939 a Polonia fueron mucho más aceptables para Polonia que las formuladas durante los gobiernos de Weimar, incluidos los socialdemócratas.

Sin embargo, los polacos no las aceptaron y, no solo eso, sino que animados por el cheque el blanco dado por los británicos en la primavera de 1939, empezaron a hostigar a la minoría alemana que seguía viviendo en los territorios entregados a los polacos en Versalles. En los dos últimos meses previos al conflicto 70.000 alemanes residentes en territorios polacos debieron huir y una cifra que oscila entre los 500 y los 6.000, resultaron asesinados en disturbios instigados por los nacionalistas polacos ¡incluso después de la firma del Pacto Germano Soviético de agosto de 1939.

El cuerpo diplomático radicado en Varsovia envió notas a sus países respectivos sobre las “provocaciones polacas”, alertando sobre las intenciones que albergada el gobierno polaco de iniciar una guerra. Algo que era perceptible incluso para los embajadores francés y británico. Un enviado del ministerio de exteriores británico se sorprendió cuando preguntó a militares polacos sobre sus fortificaciones en la frontera: “No tenemos; desde el primer momento lanzaremos una ofensiva en territorio alemán”, fue la respuesta. Mientras, los diarios polacos, seguían publicando desde la primavera de 1939, llamamientos a la expulsión de los alemanes de sus territorios, instigaciones al linchamiento y soflamas imperialistas para conquistar los territorios reivindicados en base a ficciones históricas.

¿Qué estaba ocurriendo? Es algo que el libro de Walendy no toca, pero que resulta fácilmente interpretable, a través de algunas pistas que da el autor o que pueden encontrarse en otras obras (existía una colaboración entre las “inteligencias” de ambos países, entre otros campos, en el de descifrado de los códigos alemanes emitidos por la máquina Enigma): los servicios de inteligencia ingleses estaban transmitiendo al Estado Mayor polaco informes adulterados sobre la realidad militar alemana que condujeron a una percepción errónea de la situación. En dichos informes se sostenía que el potencial aéreo alemán era mínimo y que la población se levantaría contra Hitler en caso de guerra. Y, por supuesto, abundan los testimonios que confirman las promesas franca-británicas: en caso de iniciarse una guerra germano-polaco, en quince días lanzarían una ofensiva desde la Línea Maginot que rompería las defensas alemanas, descongestionando el frente del Este…

En efecto, tras el Pacto Germano-Soviético estaba claro que Polonia era un “canario que se permitía provocar a dos gatos”. Los engaños británicos fueron creídos por los polacos sellando el destino de su nación y de Europa durante los siguientes 50 años. Pero esos engaños cayeron en un terreno abonado: el nacionalismo polaco, que quiso ver en su país más potencialidad de la que realmente tenían. Conocemos el resultado.

Todo nacionalismo, siempre, quiere “más”. Hasta que, finalmente, estalla víctima de su propio orgullo. Polonia es un ejemplo de cómo los “nacionalistas”, al final, resultan un peligro para la propia nación.