jueves, 7 de mayo de 2026

Si todos los problemas fueran tan fáciles de resolver como el de la vivienda… (3 de 5) – El alquiler imposible y los procesos de “gentrificación” y “turistificación”

4. La cuestión de los alquileres: la alternativa imposible.

Ahora bien, para aquellos que, por imposibilidad económica o por que su estilo de vida implica desplazamientos y cambios de ubicación, la propiedad de la vivienda no es una necesidad imperiosa, así que utilizaban su alternativa: la posibilidad del alquiler. Esta posibilidad, simplemente, ha desaparecido. Antes se alquilaba porque el precio mensual era más barato que el pago de una hipoteca. Lo hacían especialmente los jóvenes, a la espera de poder ahorrar lo suficiente para comprar una vivienda. O gentes que, por su movilidad laboral o, simplemente, como opción personal, rechazaban el ser propietarios de un piso. Pero el mercado del alquiler, simplemente es hoy prácticamente inaccesible, hasta extremos dramáticos.

A ello han contribuido distintas causas:

1) Incompetencia gubernamental: durante el franquismo eran frecuente los contratos de alquiler de por vida que heredaban hijos y nietos con aumentos de precio mínimos. Pero, durante la transición, la inflación se aproximó en algunos momentos hasta el 30%, obligando a los “Pactos de la Moncloa” para frenar su impacto, con lo cual se produjo un desfase entre los alquileres de “renta antigua” y la realidad económico-social: los beneficiarios de estos alquileres pagaban rentas ridículas y, los propietarios, buscaban “quitárselos de encima”, algo imposible a la vista de las leyes proteccionistas dictadas por el franquismo.

En 1985, con los socialistas en el poder, la Ley Boyer (Real Decreto-Ley 2/1985) marcó un cambio de paradigma en el mercado inmobiliario español al introducir la liberalización de los contratos de alquiler. Sus efectos principales devastadores. El efecto más radical fue la eliminación de la prórroga forzosa para los nuevos contratos. Antes de 1985, los inquilinos tenían derecho a prorrogar el contrato indefinidamente con los precios congelados. La Ley Boyer establecía que la duración del contrato sería pactada libremente por las partes. Se pasó de alquileres vitalicios a contratos con una fecha de finalización clara, frecuentemente de un año o menos. Y si bien es cierto que los precios, momentáneamente, se ajustaron a la realidad del mercado, con el paso del tiempo se fueron imponiendo sus secuelas más infames.

La medida, esperaba ampliar el parque de alquiler (muchos preferían tener pisos vacíos antes que arriesgarse a un inquilino de por vida), pero se generó una mayor inseguridad jurídica y financiera para los arrendatarios. Los inquilinos quedaban expuestos a subidas drásticas de precio o a la no renovación del contrato al finalizar el plazo pactado. Esto provocó una rotación constante de inquilinos, un encarecimiento progresivo del acceso a la vivienda y un deterioro de las mismas viviendas. La medida, en su conjunto, puede ser definida como “tragedia social”, no tanto por su efecto inmediato como por sus secuelas que fueron visibles a cinco años vista.

En 1994, la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU) de 1994, intentó equilibrar de nuevo la balanza estableciendo plazos mínimos obligatorios (entonces de 5 años) para dar estabilidad al inquilino… de ahí que la “inseguridad”, en lugar de ser de un año o menos, pasara a ser quinquenal, dándose el caso de que, en un lustro, las condiciones del mercado podían suponer (no solo para inquilinos, sino también para comercios) una variación radical en el precio, imposible de pagar, especialmente en las grandes ciudades. Esta ha sido la causa de muchos fenómenos deletéreos para la sociedad ante los que el Estado se ha visto impotente o, simplemente, ha dejado a la población al albur de las circunstancias.

Durante el sanchismo, se han ido sucediendo medidas cada vez más absurdas y contraproducentes para tratar de resolver los problemas planteados. En 2023, el gobierno aprobó la Ley de la Vivienda que debía permitir a las administraciones intervenir para controlar los precios del alquiler. Lo esencial de esta ley es la “declaración de zonas tensionadas”, esto es de áreas geográficas —barrio, municipio o distrito— donde el acceso a la vivienda está en riesgo debido a que los precios son excesivos para la población local. Para que una Comunidad Autónoma pueda declarar una zona como tal, debe cumplirse al menos uno de estos dos criterios: Que el coste medio de la hipoteca o el alquiler, sumado a los gastos y suministros básicos (agua, luz, etc.), supere el 30% de los ingresos medios de los hogares de la zona, o que el precio de compra o alquiler haya subido, en los últimos cinco años, al menos 3 puntos porcentuales por encima del IPC acumulado de esa comunidad. Una vez que una zona es declarada oficialmente tensionada (por un periodo inicial de 3 años prorrogables), se aplican el tope al alquiler para grandes tenedores (propietarios de más de 5 o 10 viviendas según la región), para los pequeños propietarios, el precio del nuevo contrato no puede superar la renta del contrato anterior (más la actualización anual correspondiente), el inquilino tiene derecho a solicitar prórrogas anuales de su contrato hasta un máximo de 3 años manteniendo las mismas condiciones, a lo que se unen incentivos fiscales (bonificaciones en el IRPF de hasta el 90% si rebajan el precio del alquiler un 5% respecto al contrato anterior).

Como todas las medidas demagógicas, anunciadas a bombo y platillo por el sanchismo, la repercusión de la Ley de la Viviendo y la declaración de “zonas tensionadas” ha sido la puntilla que ha terminado agravando aún más el problema. Cataluña ha sido la comunidad pionera en aplicar estas zonas. Los resultados tras el primer año muestran que se han perdido de cerca de 60.000 unidades de alquiler habitual en Cataluña. Muchos propietarios han retirado sus pisos del mercado, los han puesto a la venta o los han derivado al alquiler de temporada (habitaciones, meses) para evitar la regulación. El número de nuevos contratos de arrendamiento firmados ha caído a mínimos históricos.

Incluso en zonas no declaradas tensionadas, la ley ha introducido cambios que han alterado el mercado. Incluso un detalle secundario de la ley como la prohibición de cobrar los honorarios de la inmobiliaria al inquilino (ahora los paga el propietario), se ha traducido en un aumento del precio inicial de la renta para compensar el gasto... El endurecimiento de los procesos de desahucio y las prórrogas extraordinarias para personas calificadas como “vulnerables” han generado un “miedo al impago”, provocando que los propietarios exijan requisitos más estrictos (avales, nóminas muy altas). En resumen: la aplicación de esta ley ha provocado un colapso en la oferta de alquiler de larga duración, derivando el mercado hacia modalidades no reguladas.

2) Pisos turísticos y procesos de gentrificación: tras la crisis económica de 2008-2011, apareció el fenómeno de los “pisos turísticos” amparado en simples aplicaciones informáticas creadas para fomentar el turismo al margen de las cadenas hoteleras. Pronto, los propietarios de viviendas se dieron cuenta de que este modelo de negocio les reportaba más beneficios que el simple alquiler, sin riesgos de inseguridad jurídica. Incluso propietarios de pisos de varias habitaciones decidieron incorporarse alquilando temporalmente una parte de su vivienda. Es un modelo flexible de negocio que apenas comporta riesgos. Cada propietario puede aceptar o rechazar una propuesta de alquiler a la vista del historial del aspirante y, paralelamente, éste puede ver las condiciones reales y las opiniones de anteriores inquilinos. Sin embargo, pronto se percibieron los factores más indeseables de este modelo. El “legislador”, como siempre, actuó tarde, tímidamente y mal.

En lugar de regular inmediatamente los alquileres turísticos, inexplicablemente, esperó a que estos se hubieran generalizado e, incluso, cuando los “grandes tenedores” de vivienda entraron en el negocio. El resultado fue que aumentó el turismo, pero empezaron a producirse visibles cambios en las grandes ciudades: el parque de alquiler convencional se retrajo (se gana más alquilando a turistas por una semana que mediante alquileres sometidos a la Ley de Arrendamiento Urbano). Esto provocó una avalancha de “pisos turísticos” cada vez más descontrolados. Además, el hecho de que el “modelo turístico español” se base -especialmente en ciertas regiones- en “turismo de aluvión”, o turismo low cost, joven, con muy escasa educación cívica, sin excesivo respeto por los vecinos, ganas de juerga y alcohol barato (una lata estándar de cerveza barata en el Reino Unido cuesta 3,16 €, mientras que en España, por ese precio pueden comprarse 10 latas de cerveza barata en un super Dia), así como el absoluto descontrol de las policías municipales ha generado el que la vida tranquila se haya convertido en imposible en las zonas turísticas de las grandes ciudades.

Las medidas de control han llegado demasiado tarde, cuando los centros de las grandes ciudades han sido abandonados por los propietarios, comprados por los “grandes tenedores” y convertidos en “pisos turísticos”. A partir del 1 de julio de 2025 (es decir casi ¡¡20 años!! después de que aparecieran en España las apps de “alquiler turístico”), es obligatorio que todas las viviendas de este tipo (VUT) obtengan un número de registro nacional único, sin el cual Airbnb y demás no podrán anunciar pisos sin este código verificado. Ahora, para abrir una nueva VUT en un edificio, se requiere la autorización expresa de la comunidad (voto favorable de 3/5 partes de propietarios y cuotas). Además, los vecinos pueden imponer cuotas de comunidad hasta un 20% superiores para estos pisos… Tarde, muy tarde, rematadamente tarde, porque hoy, muchos edificios del centro de las grandes ciudades ya han sido comprados íntegramente por los grandes tenedores y apenas quedan vecinos habituales o no queda ni uno.

En cuanto a los ayuntamientos están aplicando la “mano dura”. Barcelona ha anunciado un plan para eliminar las licencias de los 10.000 pisos turísticos actuales para finales de 2028, convirtiéndolos de nuevo en viviendas residenciales. Pero no hay que hacerse ilusiones: el ayuntamiento no ha actuado en beneficio de la población, sino de las grandes empresas hoteleras. Lo peor no es eso, sino que Barcelona vive hoy solamente del turismo (incluso los miles de chorizos que operan en la ciudad, llegados con la inmigración, actúan preferentemente sobre el turismo). Un descenso de los pisos turísticos, implicará el que los edificios “colonizados” por alquileres turísticos serán convertidos en hoteles, con lo que no variará nada en esencial; por otra parte, el descenso temporal de plazas turísticas mermará la capacidad económica de la ciudad, con lo que el ayuntamiento, en absoluto dispuesto a rebajar el ritmo de obra pública y de burocracia, no tendrá inconveniente en aumentar multas e impuestos a residentes, para garantizar su propia estabilidad económica y la de su ayuntamiento. El propio Estado ha decidido “resolver” la cuestión de los alquileres turísticos cobran a partir de 2025, el 21% de IVA a los alquileres vacacionales que ofrezcan servicios propios de la hostelería (limpieza periódica, cambio de ropa de cama, recepción).

Si el problema de los “pisos turísticos” ha generado cambios profundos en el centro de las grandes ciudades, peor aún ha sido la llegada masiva de inmigrantes que han colonizado los barrios más baratos, de carácter popular que hasta hace un par de décadas estaban solamente habitados por trabajadores y en los que, actualmente, se dan los mayores porcentajes de inmigración masiva y descontrolada. Son también barrios dejados de la mano de Dios en los que la policía aparece poco, o no aparece y se da rienda suelta, sino a la actuación de los delincuentes, sí al menos a que vivan y realicen sus “negocios” allí.

En grandísima medida este fenómeno está vinculado a la “okupación” de viviendas favorecida, ampliada y facilitada por el gobierno sanchista. En realidad, el sanchismo ha trasladado a la sociedad civil su negligencia en todos los órdenes: habiendo renunciado a la construcción de viviendas de protección oficial solo para inmigrantes y, a la vista, de que los propietarios son muy renuentes a alquilar viviendas que, saben perfectamente que, a partir del primer mes, dejarán de cobrar la mensualidad y los inquilinos se transformarán en “inquiokupas”, alegando cualquier tipo de vulnerabilidad real o supuesta, el Estado ha transferido su obligación constitucional de asegurar el “derecho a la vivienda”, a la sociedad, permitiendo masivamente las okupaciones.

 

En la actualidad, no existe un censo oficial exacto de cuántas personas viven actualmente como "okupas" en España, ya que los datos institucionales miden denuncias (hechos conocidos) y no individuos. No obstante, las cifras más recientes a mayo de 2026 permiten realizar una estimación del fenómeno. Solo en 2025, las fuerzas de seguridad registraron 14.875 denuncias por ocupación ilegal (usurpación y allanamiento), siendo el año anterior 16.426. El descenso se debe, sobre todo, a la seguridad de que, denunciar solamente va a añadir un gasto adicional al problema y cada vez más propietarios optan por otras vías. Se estima que cerca de 23.000 viviendas en el mercado de venta en España tienen constancia de estar ocupadas ilegalmente…

Algunas plataformas de propietarios calculan que podría haber cerca de 80.000 personas habitando viviendas sin título legal en España, incluyendo tanto la "okupación" clásica como la "inquiokupación" (inquilinos que dejan de pagar). Sin embargo, otras cifras, mucho más realistas, indican que 500.000 de personas vivirían en estos momentos en situación de “okupas” en todo el territorio nacional. Cataluña se ha convertido en el paraíso mundial de la “okupación”, concentrando más del 40%. Por supuesto, tanto el gobierno, como las comunidades autónomas más afectadas (Cataluña, Madrid y Andalucía) hacen todo lo posible para evitar dar cifras absolutas y realistas sobre el fenómeno de la okupación ilegal. No se trata, por supuesto, de un olvido fortuito, sino de una negligencia deliberada para evitar que la población conozca la situación real del fenómeno y exija responsabilidades.

Los grupos considerados en “situación de vulnerabilidad económica y social” resultan prácticamente inexpulsables de sus viviendas okupadas ilegalmente. La mera declaración de “vulnerabilidad” permite solicitar la suspensión extraordinaria de un desahucio hasta el 31 de diciembre de 2026. Pero las condiciones para presentarse como “vulnerable” son tan laxas que prácticamente se extienden a toda la población que ejerce “okupación”. Basta con tener un hijo mejor de edad, algún mayor a su cargo o alegar hacer sido víctima de “violencia de género” (incluso con fallos judiciales en contra), personas en situación de dependencia o con enfermedades que incapaciten para trabajar, haber sufrido una pérdida sustancial de ingresos o vivir de pensiones no contributivas, bastan para que los Servicios Sociales emitan informes favorables a la “vulnerabilidad”.

De hecho, a partir de la “regularización masiva” de 2026, los informes sobre “vulnerabilidad”, ni siquiera son realizados por los “servicios sociales” de los ayuntamientos, sino por entidades (los sindicatos comegambas) y ONG “acreditadas” (cuyo negocio depende precisamente de la inmigración masiva). Además, por supuesto, de la Cruz roja, cuya actividad principal en España es la ayuda a la inmigración desde el minuto 1. Así pues ¿qué puede fallar?

Todos estos fenómenos, reunidos, han contribuido a desencadenar un brutal proceso de “gentrificación” en los últimos años. Se llama “gentrificación” al proceso de transformación urbana en el que la población original de un barrio deteriorado o de clase trabajadora es desplazada por otra completamente diferente. Existen gentrificaciones “positivas” (cuando el grupo social que llega es de un nivel económico y cultural superior al que resulta desplazado) y gentrificaciones “negativas” (cuando un grupo, habitualmente extranjero a nuestra identidad, nuestra cultura, nuestros hábitos de vida y nuestra educación promedio, desplaza a la población que siempre ha tenido un barrio). Estos últimos procesos aumentan siempre a velocidad asindótica: los ciudadanos autóctonos, al verse literalmente rodeados por halógenos, optan por cambiar de barrio.

Estos fenómenos se dan sobre todo en las grandes ciudades (pero también pueblos de tamaño medio), siempre son espontáneos y los vecinos alegan los mismos motivos: no se reconocen en los recién llegados, aumenta la inseguridad ciudadana, las agresiones sexuales se convierten en habituales, la policía deja de garantizar la seguridad, aumenta el tráfico y el consumo de drogas, se producen frecuentes altercados entre grupos de inmigrantes, los servicios sociales se deterioran hasta extremos próximos al colapso, etc, etc, etc.

Esto en lo que se refiere a la “gentrificación negativa”, pero la “gentrificación positiva” tampoco es para echar cohetes. Tras desalojar a los vecinos habituales en estos barrios (a través de muchos procedimientos, entre los que el mobbing es uno de ellos, pero también la compra de las propiedades a precios bajos facilitados por políticas municipales deliberadas (en la Plaza Real, un conocido concejal socialista del ayuntamiento de Barcelona adquirió a bajo precio la mayor parte de los inmuebles en los años 90, literalmente abandonando a la delincuencia la plaza, con lo que los precios bajaron hasta convertirse en auténticos saldos; acto seguido, estando la mayor parte de la zona bajo su propiedad, consiguió que a escasos metros de la Plaza Real, el ayuntamiento instalara una comisaría de policía, simplemente, cruzando las Ramblas. La zona se “dignificó”, la delincuencia fue dispersada, y los pisos pudieron venderse y/o alquilarse a precios de “centro de Barcelona”).

Los negocios locales (fruterías, mercerías) desaparecen y son sustituidos por franquicias o servicios enfocados al nuevo público o al turismo. La “gentrificación” no es exactamente “turistificación”, pero se aproxima y, en la práctica, sus efectos son exactamente los mismos. El desplazamiento es causado por nuevos residentes de diferente nivel económico, mientras la turistificación sería el desplazamiento es causado por la implantación masiva de pisos turísticos. La distinción entre ambos conceptos es casi una pedantería

 

 










Si todos los problemas fueran tan fáciles de resolver como el de la vivienda… (2 de 5) – La “memoria histórica”… - ¿Por qué sube hoy el precio de la vivienda?

2. ¿Ha existido alguna vez política de la vivienda en España?
    Si, con Franco (con perdón…)

Lo cierto es que estas cifras son casi ridículas con las que ofreció el régimen franquista a la “memoria histórica”. En efecto, durante los años 60, España alcanzó un porcentaje de vivienda de protección oficial (VPO) significativamente más alto que el actual en términos de producción, aunque no como parque público de alquiler permanente. Entre 1961 y 1975, ¡el 52,48% de todas las viviendas construidas estuvieron bajo algún régimen de protección estatal! Se mostraba el cartel metálico en cada edificio, con el emblema de las cinco flechas y el yugo. En los años 60 se llegaron a construir hasta 200.000 viviendas protegidas al año y el régimen entregó más de 4 millones de viviendas con protección oficial entre 1961 y 1975.

Buena parte de esas viviendas eran de propiedad, como decía el eslogan franquista: el régimen buscaba una “sociedad de propietarios, no de propietarios”. El Estado avalaba y subvencionaba la construcción, pero el objetivo final era que el trabajador comprara la casa a precios asequibles… con la condición de que no la vendieran ni la alquilaran en los 20 o 30 años posteriores. Compárense esas cifras con las de los años 2023-2025, donde la cifra de construcción de vivienda protegida ha caído drásticamente, situándose en apenas unas 9.000 a 18.000 unidades anuales. En la actualidad apenas se construye el 10% de lo que se construía en los años 60, cuando la población del país era de apenas 30.000.000.

Lo “parajódico” es que la población que vive en España crece hoy a más velocidad que en los años 60. En 10 años, entre 1960 y 1970, la población española pasó de 30’5 a 33,9 millones, con un crecimiento constante del 1% interanual: 1960: +256.000 habitantes, 1961: +284.250 habitantes, 1962: +284.116 habitantes, 1963: +273.285 habitantes, 1964: +312.544 habitantes, 1965: +345.097 habitantes, 1966: +328.902 habitantes, 1967: +399.753 habitantes, 1968: +430.187 habitantes, 1969: +327.920 habitantes. La natalidad se mantuvo muy elevada debido a la bonanza económica de los años 60 y a las políticas de incentivos de la época. Además, descendió la mortalidad gracias a la modernización sanitaria y la mejora en la alimentación. A pesar de la fuerte emigración hacia Europa (Alemania, Suiza, Francia), el crecimiento natural (nacimientos menos defunciones) fue tan alto que compensó con creces la salida de trabajadores.

La “pequeña diferencia” es que hoy la población no crece por la demografía española sino por la política de inmigración que, básicamente, consiste en que cualquiera que quiera beneficiarse del estado del bienestar creado POR LOS ESPAÑOLES con el esfuerzo y el trabajo de las generaciones que nos precedieron, puede hacerlo sin ningún impedimento (como demuestran las regularizaciones masivas acometidas por Zapatero y Sánchez) y gozar, desde el minuto uno de su estancia ilegal, de los beneficios sociales pagados por nuestros impuestos.

3. Por qué ha ido subiendo más y más el precio de la vivienda

Parece muy claro que, cuando un gobierno permite que la población crezca a una velocidad mayor que su capacidad (o voluntad) de construir viviendas, según la ley de la oferta y la demanda, el precio de la vivienda crece: a más demanda y menos oferta, el precio se dispara (de la vivienda y de cualquier producto de mercado).

Por tanto, aquí y ahora, el precio de la vivienda crece, porque la población residente en España está creciendo a causa de la inmigración descontrolada. Desde el zapaterismo, los gobiernos socialistas son perfectamente conscientes de que solamente pueden alardear de “progreso” manejando cifras “macroeconómicas” (esto es, alejadas de la “economía real” en la que se mueve el ciudadano de a pie). Una de estas cifras es el PIB, verdadero tótem del socialismo. A más PIB, más “crecimiento económico”, nos dicen… sin embargo, la experiencia y las cifras demuestran que el crecimiento del PIB, en estos momentos, va parejo al crecimiento de la pobreza.

¿Cómo es posible? Simplemente por que la inmensa mayoría de los recién llegados, o bien trabajan en las franjas salariales más bajas y de forma esporádica, o bien, ni siquiera han venido a trabajar, sino a beneficiarse del “estado de bienestar” que, para ellos se reduce a “vivienda gratis” (okupación, inquiokupación), “telefonía gratis”, “energía gratis” (o a cargo de los ayuntamientos), “subsidios múltiples” (a más hijos, más subsidios; a más personas a su cargo, más subsidios; y, a la adquisición del título de “vulnerables” que, prácticamente, se regala aun sin solicitarlo, y que permite tratamiento preferencial en toda las ayudas sociales e impiden desokupaciones), buena parte de los transportes públicos gratuitos, “medicina gratuita”, “asistencia legal gratuita”, incluso la mayoría de delitos menores (y no tan menores) salen gratis para la nueva delincuencia, que no tiene ni vivienda fija, ni nombre fijo, ni siquiera se sabe de dónde viene, ni cuáles son sus antecedentes, ni su estado de salud físico no mental….

En otras palabras, el PIB crece, simplemente, paralelo al crecimiento de la población: que, en estos momentos, es solamente a causa de la inmigración masiva. Hoy existe inmigración por que está simplemente subvencionada, por mucho que el gobierno no haya preguntado a la población si deseaba esta fórmula o la rechazaba. El aumento del PIB se consigue inyectando subvenciones a todas las actividades que redundan en un aumento de consumo: 150 personas, por pobres que sean, consumen más que 100. La diferencia es considerada un “éxito” para el gobierno… a pesar de que, paralelamente, la pobreza vaya en aumento. Diferente sería, si en lugar del PIB, el progreso se midiera mediante el “PIB per cápita”: la totalidad del movimiento económico dividido por el total de la población… como la lógica más elemental implica. Pero la lógica no rige ni para el sanchismo, ni para la economía liberal, ni para la UE.

Así pues, esta diferencia entre crecimiento poblacional y escasa construcción de vivienda pública y privada, es la PRIMERA CAUSA del aumento del precio de la vivienda.

Se argumentará que en períodos anteriores en los que el fenómeno de la inmigración no era tan impactante y en los que se construía mucha más vivienda pública y privada, los precios se habían, igualmente, disparado. Esto es cierto solamente en un momento: durante el período en el que Aznar ocupó la presidencia del gobierno y llegó a su clímax con Zapatero hasta el “estallido de la burbuja inmobiliaria”. Pero el problema entonces era muy parecido al de ahora, pero se añadían algunos otros elementos inéditos y ausentes en la actualidad.

Durante ese período 1996-2008, el precio de la vivienda respondió a condiciones de mercado alteradas por factores financieros, demográficos y regulatorios que crearon la famosa “burbuja inmobiliaria”. La Ley del Suelo aprobada en 1998 aspiraba a bajar los precios aumentando la oferta de terreno urbanizable, sin embargo, los precios se dispararon por tres factores:

1) Aumento de la demanda de vivienda impulsada por el crédito fácil: La entrada de España en el euro y la política monetaria del Banco Central Europeo provocaron una bajada histórica de los tipos de interés. Esto, sumado a la facilidad con la que los bancos concedían hipotecas (a veces por más del 100% del valor, e, incluso hasta el 120%), disparó la demanda de compra muy por encima de las necesidades reales de vivienda.

2) La vivienda se convirtió en un activo de inversión a partir de la crisis bursátil de finales del milenio (la crisis de las “punto.com”) y los inversores vieron en el "ladrillo" un valor refugio más rentable y seguro. Esto convirtió a la vivienda en objeto especulativo con la esperanza de revender más caro en un próximo futuro, lo que alimentó una espiral de precios que la mayor oferta de suelo no pudo frenar.

3) Variación de los factores demográficos. Por primera vez, la llegada masiva de inmigrantes durante ese período (6.000.000 entre 1997 y 2008) generaron un aumento real de la demanda “natural”. A este elemento que apareció por primera vez, se añadió otro que, también había podido preverse: la generación de los 70 llegó a la edad de emancipación y necesitaba vivienda.

4) Fallos en la oferta de suelo. Los ayuntamientos mantuvieron el control sobre las recalificaciones, lo que limitaba la velocidad a la que el suelo llegaba al mercado. El suelo urbanizable no bajó de precio porque se habia convertido en un bien escaso y estratégico para los promotores, quienes acumulaban terrenos para controlar su salida al mercado.

En el fondo, el gran fracaso del modelo económico de Aznar (consistente en combinar la construcción como elemento clave del dinamismo económico, con el acceso barato al crédito, salarios bajos y una política de inmigración masiva) constituyó un autentico suicidio para la economía nacional, especialmente en un país en el que la burocracia municipal era (y sigue siendo) lenta y cara, no solo para recalificar suelos, sino también para dar permisos de construcción, y, lo que aún es peor, para poner terreno público a disposición de la construcción.

Pero si la política de Aznar constituyó “pan para hoy y hambre para mañana”, peor todavía -si cabe- lo hicieron las administraciones sucesivas que carecieron completamente de política económica, al margen de la impuesta por la UE, y que reprodujeron todos los errores que habían llevado al estallido de la burbuja inmobiliaria entre 2008 y 2011.

De hecho, si en la actualidad, el riesgo de estallido de la burbuja es menor, no se debe a las políticas del gobierno Sánchez, sino más bien a la experiencia adquirida por los bancos que niegan hipotecas a quienes tienen una sombra de duda sobre su solvencia presente y futura, y a la subida de los tipos de interés.

 

 










Si todos los problemas fueran tan fáciles de resolver como el de la vivienda… (1 de 5) – Las promesas electorales del sanchismo, brindis al sol

Miente quien diga que el problema de la vivienda no tiene solución y miente todavía más quien dice que “el gobierno hace todo lo que puede” para controlar los precios de la vivienda de propiedad y de alquiler. En realidad, no es que no solamente no hace lo que puede, sino que las muy escasas medidas que ha adoptado, han sido torpes, ignorantes y han terminado complicando aún más el tema. Vivienda es otro de esos temas en los que las políticas de gobierno y oposición deberían de estar unificadas: el tema es lo suficientemente importante y decisivo para la sociedad como para que se imponga el sentido común por delante de los intereses partidocráticos. La función de este artículo es, por una parte, examinar la situación global de la vivienda en España a fecha de hoy y, en segundo lugar, establecer por qué cada día que pasa se pone más imposible. Lo que nos llevará, casi directamente, a establecer algunas líneas para resolverlo.

1. ¡Ah! ¿pero existe una política de la vivienda?

En las anteriores elecciones, el sanchismo todavía creía poder atraer el voto juvenil. Como en todos los procesos electorales, lanzó las promesas más absurdas e imposible de cumplir (entre otras cosas por su desmesura, pero también por la falta de voluntad política). Cuando se convocaron las elecciones de 2023, ya había margen más que suficiente para tener la absoluta certidumbre de que Sánchez era un mentiroso compulsivo. Había accedido al poder con una moción de censura en 2018, tras las elecciones generales de 2019, fue investido nuevamente en enero de 2020, liderando el primer gobierno de coalición de la democracia reciente junto a Unidas Podemos. En 2023, llevaba, por tanto, ejerciendo el poder desde el 2 de junio de 2018 y NI UNA SOLA de las promesas realizadas en la moción de censura contra Rajoy, se habían cumplido.

En aquella ocasión, adquirió el compromiso de lograr una “regeneración democrática”. Palabras. En 2023, ya estaba más que claro que los aforamientos seguían igual que en los 40 años anteriores, a pesar de haber prometido acabar con ellos en “60 días”; no digamos en lo que a lucha contra la corrupción se refiere: en 2016, antes de asumir la presidencia del Gobierno, se refirió en el debate electoral ‘a cuatro’ del 26 de junio a ese código ético y a la obligación de “asumir responsabilidades cuando un político se sienta en el banquillo”. Hoy sabemos que, a los imputados, o se les da una patada para arriba, o se les busca abogado o se hace gala del “derecho a la presunción de inocencia”, incluso con condenas en firme. Y, si se trata de condenados por las máximas instancias judiciales, se les indulta y en paz. Por no hablar de las promesas de campaña del partido de reducir a dos los mandatos presidentes (Sánchez va por el ternero e insiste en su intención de concurrir como candidato en las próximas elecciones generales. Tras reprochar a Rajoy abusar de reales decretos ley, en 2025 estaba más claro que Sánchez era, con mucho, el presidente que más decretos había firmado (155 en 7 años, contra 129 de Felipe González en 14 años, los 127 de José María Aznar, los 108 de José Luis Rodríguez Zapatero y los 107 de Rajoy en siete años). En 2018 también sostenía el “compromiso” de “unos servicios públicos de información y, por tanto, una RTVE que no esté al albur ni al dictado de ningún Gobierno ni de ningún partido”… pero, desde el primer momento convirtió a RTVE en un mero instrumento mediático al servicio de sí mismo. Y todavía estaba por llegar los giros copernicanos que ha ido dando a su política exterior, por no hablar de los casos de corrupción que ya pueden considerarse como patrimonio indisoluble de su período de gobierno…

Por tanto, no era de extrañar que también en el terreno de la vivienda, sus promesas electorales, realizadas a lo largo de la campaña electoral de 2023, fueran papel mojado. Básicamente, en aquella ocasión las promesas se centraron en construir un gran volumen de inmuebles… para facilitar el acceso a los jóvenes. Las cifras fueron variando a medida que se aproximaba la fecha de las elecciones: desde 183.000 hasta un cuarto de millón. Solamente en la “Operación Campamento” prometió construir 10.700 viviendas públicas y asequibles en terrenos militares en desuso. Tras años después, exactamente el 12 de enero de 2026, Sánchez se fotografió delante de un tractor que inició los trabajos de demolición del antiguo acuartelamiento "Teniente Muñoz Castellanos" en Madrid… que, tras la foto, prosiguieron con inusitada lentitud. Se prevé que las “primeras viviendas” se entregarán en 2028, si es que se entregan, esto es, después de las próximas elecciones generales…

En cuanto a los “Avales del ICO para hipotecas” que debían cubrir hasta el 20% de la hipoteca de jóvenes menores de 35 años y familias con menores a cargo, no ha ido mucho mejor. No se trata de una deducción, ni siquiera de un préstamo, sino de un simple “aval” que obliga al usuario -el joven en busca de una vivienda- a pedir el 100% de la hipoteca, con lo que la deuda es significativamente mayor, lo que resulta en cuotas mensuales más altas durante 20, 25 o 30 años… lo que conlleva pagar más intereses totales al banco en comparación con una hipoteca estándar (del 80%). Regalo envenenado, le llaman… Por cierto, para acceder, uno de los requisitos más estrictos es “haber permanecido en España durante dos años”, lo que permite entender que, puestos a competir en necesidades, las familias inmigrantes con varios hijos, tienen prioridad sobre cualquier otro aspirante. La norma se dictó cuando ya era del dominio público que la inmigración tiene entre dos y tres veces más hijos (por tanto, más necesidades y, por eso mismo, prioridad absoluta) que las familias de origen español (con menos de un hijo por término medio).

Pero, quizás, la promesa más torpe fue el compromiso a consolidar y reforzar esta ayuda directa de 250 euros mensuales para facilitar la emancipación: lo que se conoce como Bono de Alquiler Joven. Cuando se realizó la promesa, el gobierno socialista de Zapatero ya había implementado un subsidio al alquiler, mientras Carmen Chacón era ministra de la vivienda, cuyo resultado hacía sido nefasto: los 200 euros de subvención se tradujeron desde el mismo día de establecimiento de la norma, en 200 euros de subida de los alquileres. Y, por lo demás, también aquí se establecieron “prioridades” que suponían una “discriminación positiva” para la inmigración (y, por tanto, una “discriminación negativa” para los autóctonos).

Pero, donde las promesas de Sánchez están más lejos de cumplirse es en el objetivo de elevar el parque de vivienda pública en España hasta el 20%, para aproximarlo a la media de los países europeos más avanzados en esta materia. Aquí y ahora, el parque de vivienda pública en España apenas representa entre el 2% y el 3,3% del total. Llegar al estándar del 20% de países como Dinamarca o Suecia, o al 30% de Países Bajos, requeriría construir o movilizar más de un millón de viviendas adicionales. Hoy, España cuenta con aproximadamente 318.000 viviendas públicas. La principal causa de este bajo porcentaje histórico ha sido la “desprotección automática” de las VPO, que pasaban al mercado libre tras unos años.

Y es que, aquí y ahora, España invierte unos 34 euros por habitante en vivienda, cuatro veces menos que la media europea. Y, si bien es cierto que, en 2026, el 20% de las viviendas iniciadas en España son protegidas (un aumento significativo respecto al 15% anterior), este ascenso se debe a que el número de viviendas construidas por empresas privadas ha descendido notablemente y está muy por debajo de las necesidades.

En 2025 se terminaron 110.000 viviendas terminadas, manteniendo la tendencia al alza del año anterior, prácticamente lo mismo que el año anterior y en 2023 se terminaron 88.230 viviendas aproximadamente (un 11,7% menos que en 2024). La media de pisos entregados durante los años del sanchismo indica que la población crece a mucha más velocidad que la construcción de viviendas públicas y privadas: anualmente, para satisfacer la demanda, hacen falta construir entre 150.000 y 200.000 viviendas anuales para equilibrar el mercado…

Realicemos alguna comparación: en el año 2000, se terminaron 433.000 viviendas aproximadamente. De estas, la inmensa mayoría correspondieron a la iniciativa privada, ya que el peso de la vivienda protegida (VPO) empezó a descender drásticamente a finales de los 90. Al año siguiente ascendió a 450.000 unidades y en el 2003 se alcanzó un hito histórico al superarse por primera vez las 600.000 viviendas en construcción simultánea.

A pesar de esto, durante ese período el precio de la vivienda se disparó (hasta la explosión de la burbuja inmobiliaria y la crisis de las hipotecas ya en el período zapaterista). Más adelante explicaremos el motivo.



 

 










martes, 5 de mayo de 2026

MEMORIA HISTÓRICA: La lucha contra el maquis, residuos de la guerra civil

El llamado “maquis” fue apenas una molestia para el régimen de Franco. Una forma de supervivencia de algunos antiguos republicanos que, ya fuera por idealismo o por delitos de sangre cometidos durante la Guerra Civil, no pudieron normalizar su situación en la postguerra. Era, por lo demás, la típica forma de guerra española que tan buenos resultados dio en la guerra contra las tropas napoleónicas.

La palabra “maquis” procede del francés maquis, que designa un matorral espeso o maleza, característico de la vegetación mediterránea de Córcega y otras regiones del sur de Francia y hace referencia al terreno agreste y accidentado donde se ocultaban los guerrilleros. La palabra fue adoptada durante la Segunda Guerra Mundial, por la Resistencia francesa para denominar a los grupos de partisanos que, tras la derrota de Francia en 1940, se refugiaban en las zonas boscosas y montañosas para combatir a la ocupación alemana y al régimen de Vichy. Estos combatientes eran conocidos como maquisards.

En España, el término se aplicó por analogía a los guerrilleros antifranquistas que, tras la Guerra Civil. Además de maquis, también se utilizaban otros términos como “huidos” o “fuxidos” (en zonas como Galicia, Asturias o León) para referirse a los republicanos que huían de la represión y se echaban al monte.

Nunca fue un fenómeno “popular”, y, a pesar de que el régimen aplicó la “teoría del silencio” y prohibió la difusión de noticias sobre sus acciones, en las zonas rurales en la qu se registró su presencia, tampoco fueron muy populares: se les atribuía, con más o menos razón, el ser ladrones de ganado y saqueadores: en el fondo, su principal problema era sobrevivir y a eso dedicaban buena parte de sus esfuerzos.

El maquis español se prolongó desde 1939 hasta bien entrada la década de 1950, y con acciones meramente residuales hasta principios de los años sesenta. Entre 1939 y 1944, los miembros del maquis eran antiguos republicanos que, por su cuenta, huyeron a las montañas para evitar la represión y, sin un plan prestablecido, solamente buscaban sobrevivir. En esas circunstancias es difícil saber cuántos republicanos se encontraron en esa situación. Parece que fueron poco más de 5.000 y sus acciones apenas tuvieron repercusión bélica.

Fue en octubre de 1944, una vez se retiraron las tropas del Tercer Reich del Sur de Francia, cuando se produjo la famosa “Operación Reconquista de España”, más conocida como “invasión del Valle de Arán”. Apadrinada por el Partido Comunista, logró reunir a 4.000 guerrilleros que se habían curtido en operaciones en la retaguardia alemana entre 1941 y 1944 y tenían también experiencia en combate durante la Guerra Civil. El objetivo consistía en “liberar” una zona de Cataluña, para constituir allí un embrión de “gobierno republicano” que fuera reconocido por las potencias internacionales.

La operación fue idea de Jesús Monzón, entonces líder del PCE. Monzón estaba convencido, en contra de los informes de los propios militantes del interior, de que España estaba en una “etapa prerrevolucionaria” y que el menor impulso externo haría caer al régimen. En realidad, como se comprobó, el error de cálculo fue monumental.

La invasión comenzó el 19 de octubre de 1944, cuando varias columnas de la Agrupación de Guerrilleros Españoles (AGE) cruzaron los Pirineos al mando del coronel Vicente López Tovar; estaban armados con material capturado a la Wehrmacht. Inicialmente, los guerrilleros tomaron varios pueblos fronterizos sin apenas resistencia (Les, Bausén o Bossòst), pero no lograron entrar en Salardú, ni alcanzar la capital del valle, Viella.

Como era de esperar, no se produjo ninguna insurrección popular e, inmediatamente, el ejército contraatacó con artillería pesada y aviación, obligando a los guerrilleros a replegarse. Cinco días después, quedó claro que la operación había fracasado, convirtiéndose en una masacre para los comunistas: casi 600 murieron en combate y otros 800 fueron hechos prisioneros. Los 50.000 hombres movilizados por el ejército de Franco y al mando del General Moscardó, sufrieron, por su parte, 248 bajas mortales.



La Agrupación de Guerrilleros Españoles (AGE) fue disuelta por las autoridades francesas y sus miembros se dispersaron. Los grupos que más se adentraron en el interior para crear, según el plan de Monzón, otros focos de insurrección, quedaron aislados y fueron exterminados por el ejército. El fracaso tuvo graves consecuencias internas para el PCE. Jesús Monzón fue finalmente detenido y encarcelado en Barcelona en julio de 1945, cuando se dirigía a Francia para reunirse con la cúpula del partido tras el fracaso de la operación. Condenado a 30 años de prisión en 1947, fue expulsado del PCE dos años después, condenado por “desviacionismo”. Siempre ha recaído la sospecha de que su presencia en España fue denunciada por Santiago Carrillo (que lo sustituyó y denigró). Pasó 14 años en la cárcel y murió en su Pamplona natal en 1973, olvidado por todos.

La “Operación Reconquista” fue silenciada, tanto por sus promotores (para ocultar su fracaso), como por parte del régimen (para asfixiar con el silencio a la guerrilla) y, acaso por todo esto, el mayor auge del “maquis” fue entre los años 1945 y 1947, cuando la victoria aliada permitió pensar, tanto a los escasos núcleos guerrilleros del interior, como a los anarcosindicalistas radicados en Toulouse que estas acciones lograrían llegar a buen puerto. Todos ellos presumían de que la victoria aliada cortaría las alas al régimen de Franco; engañados por su propia propaganda, creían que el régimen carecía de todo apoyo internacional y se obstinaban en no reconocer que tres años de Guerra Civil habían sido suficientes como para que la población desease prolongarla. Olvidaban que el país que más tibio se había mostrado en su condena al régimen de Franco, los EEUU, empezaban a ver en él un aliado seguro en la Guerra Fría.

Animados por esta valoración errónea de la situación, tras la disolución de la AGE, los núcleos anarcosindicalistas tomaron el relevo y propiciaron acciones mayoritariamente de “guerrilla rural” (ocupaciones de pueblos en los que no existían puestos de la Guardia Civil, en el curso de las que reunían a la población para realizar mítines improvisados, requisar víveres y repartir propaganda,) y algunas, mucho más escasas, de “guerrilla urbana” (atentados contra sedes del Movimiento, atracos a entidades bancarias, asesinato de jefes de las organizaciones del Movimiento). Las zonas donde se concentraron estas acciones fueron en antiguas zonas mineras con proliferación de “huidos” (Asturias y León), y zonas con mucho arraigo del anarcosindicalismo (Cataluña, Extremadura y Andalucía). Eran acciones llamadas al fracaso y que exponían a sus miembros a la represión.

El régimen movilizó a la Guardia Civil y desplegó al ejército en las zonas de mayor actividad de estos grupos. La “estrategia del silencio”, unida a la infiltración sistematizada por parte de la Guardia Civil (era frecuente que sus miembros, vestidos de paisano, se infiltraran en los pueblos fingiendo ser maquis para identificar a sus colaboradores y sembrar la desconfianza) consiguió desactivar a la mayor parte de estos grupos ya en 1947. Los guerrilleros apresados fueron juzgados por tribunales militares y se aplicaron penas de muerte a todos los sospechosos de haber participado en delitos de sangre, tanto en la actividad del “maquis” como en la Guerra Civil. La infraestructura de apoyo desapareció cuando muchos civiles, presionados por la Guardia Civil, acabaron delatando a los guerrilleros.

Para colmo, surgieron divergencias importantes entre los distintos grupos “guerrilleros”.  El PCE intentó controlar y dar una dirección política única a las agrupaciones, lo que generó fricciones con anarquistas, socialistas y guerrilleros autóctonos situados fuera de la disciplina comunista.

A esto se unieron las distintas visiones de las direcciones políticas: los que se mantenían en el interior de España eran profundamente pesimistas en relación a estas acciones y en muchas ocasiones se negaron a cumplir órdenes que les llegaban del “exterior” de España. Los exiliados republicanos, tanto anarquistas como comunistas, eran mucho más optimistas, multiplicaban órdenes creyendo que la situación les era favorable y, en muchos casos, órdenes que implicaban como resultado una mayor desconexión con la sociedad.

Entre los caídos en combate (en torno a 2.000 en ese período, por 257 miembros de la guardia Civil muertos), los desertores, los que ganaron la frontera francesa y nunca más volvieron, y los que se entregaron desde el momento en que quedó claro que los Aliados no intervendrían en España, especialmente tras el inicio de la Guerra Fría, que convirtió a Franco en un aliado potencial para Occidente, a principios de los años 50, el movimiento podía darse por liquidado, si bien algunos grupos resistieron hasta bien entrada la década de 1950 e, incluso hasta los primeros años 60. A partir de 1948, el propio Stalin aconsejó al PCE abandonar la estrategia de “lucha armada”, mientras la CNT–FAI prolongaría unos años estas locas esperanzas.

La actitud del gobierno francés cambió radicalmente a principios de los años 60. En efecto, cuando se inició la Guerra de Argelia y quedó clara la voluntad de De Gaulle, entonces presidente del país, de dar la independencia y ceder al FLN, apareció el movimiento de resistencia armada conocida como Organisation de l’Armé Secrète (OAS) que pronto encontró en España un “santuario” seguro. El gobierno francés entendió que, si quería evitar que España se convirtiera en el territorio privilegiado de acción de los activistas de la OAS, debía de actuar contra los anarcosindicalistas exiliados en Toulouse y cortar toda posibilidad de que siguieran enviando terroristas al interior.

Quico Sabaté fue cazado el 5 de enero de 1960 (edad 44 años), en San Celoni, Ramón Vila “Caracremada”, murió en una embocada en 1963. Dos años después, moría José Castro “O Piloto” en Lugo. Con ellos se extinguieron los últimos núcleos guerrilleros.

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El maquis español de posguerra demostró que, si bien la lucha guerrillera es la forma típica de combate del pueblo español desde la más lejana antigüedad, solamente es eficiente si cuenta con un extendido apoyo del a población civil. La represión que ejerció el franquismo sobre las infraestructuras de apoyo al maquis, no fue superior al que las tropas napoleónicas y los dirigentes “afrancesados” realizaron sobre los guerrilleros durante la guerra de la Independencia, lo que demuestra, ampliamente, que el maquis de posguerra apenas tenía apoyo civil en las zonas donde actuó.

Por otra parte, como ya hemos señalado, para que una lucha guerrillera tenga éxito, sus acciones deben suscitar admiración en la población civil. Y éste no era el caso de las partidas de posguerra. Por una parte, la “estrategia del silencio” con la que el régimen de Franco “castigó” a la guerrilla fue motivo más que suficiente para que, salvo en las zonas afectadas, la población tuviera noticia de sus acciones. Por otra parte, el hecho de que el maquis apenas tuviera apoyo civil, obligó a sus miembros a luchas, sobre todo, por su vida. Y esta experiencia resultó dramática, tanto para sus miembros como para las zonas en las que actuaron y facilitó argumentos al régimen para describir a sus miembros como atracadores, ladrones de ganado y saqueadores.

En cuanto a las circunstancias internacionales, tampoco les fueron favorables. Su acción se situó en la parte de Europa que quedó en la zona de influencia norteamericana. La URSS estaba muy lejos y la inicial permisividad francesa se fue apagando cada vez más para extinguirse por completo a finales de los 50 y principios de los 60, cuando Franco permitió que los dirigentes de la OAS se asentaran en España. El gobierno de De Gaulle entendió perfectamente el mensaje y, a partir de ese momento, los restos en putrefacción del maquis se quedaron sin “santuario”. En esas circunstancias, teniendo que ejercer la clandestinidad a los dos lados de la frontera, el movimiento se extinguió por sí mismo.

En resumen, podemos decir que solamente en el momento de la “invasión” del Valle de Arán, el maquis intentó una operación estratégica articulada según criterios militares. El problema era la desproporción de fuerzas y el que, a fin de cuentas, no es que se tratara de una estrategia equivocada -que lo era- sino que no existían posibilidad de estructurar una estrategia para derribar al franquismo sin el apoyo y la cooperación de los EEUU y, estos, incluso en los momentos finales de la Segunda Guerra Mundial, no estaban dispuestos a correr el riesgo de que se instalara en España un gobierno pro-soviético. En cuanto a Francia, estaba muy debilitada y jamás habría conseguido recuperar por sí mismo su territorio nacional, de no ser por el concurso de la aviación y de los blindados norteamericanos. Y, en cuanto a la URSS quedaba, geográficamente, demasiado lejos.

Ahora bien, la invasión del Valle de Arán costó varios centenares de vidas: el franquismo tenía “repuestos”, el maquís, en cambio, contaba con fuerzas muy limitadas. Todo el mundo era consciente de que la Agrupación de Guerrilleros Españoles era una “organización de pantalla” del PCE y que la “dirección militar” de este partido era la que impulsaba la operación. Su desastre, no solamente agotó las pocas reservas humanas de las que disponía la guerrilla, sino que además, su fracaso contribuyo a un desprestigio absoluto del partido e inhibió a posibles aspirantes a integrarse en el maquis. Y ya se sabe cómo trataban los partidos comunistas a los dirigentes que fracasaban: con la purga, la expulsión y, en el caso de Monzón, con las sospechas de si fue delatado por el aspirante a ocupar su puesto: Santiago Carrillo.

El episodio del maquis constituyó una angustiosa aventura para sus miembros. Apenas estuvieron en condiciones de realizar acciones “ofensivas”, todo se redujo a operaciones para lograr sobrevivir y unos cuantos asesinatos de dirigentes del “partido único”, ninguno de los cuales era relevante para la marcha de la administración franquista. Fueron, en definitiva, rescoldos de la Guerra Civil que algunos se resistían a enterrar. Murió, no tanto por la represión, como de “muerte natural”: en aquel momento, los españoles que querían “paz, pan y progreso” eran mayoría y, unos por identificación con los ideales que preconizaba el franquismo, otros por que aceptaron la situación y pensaban en sus familias y en el futuro de sus hijos, y, otros, finalmente, por indiferencia y pasividad, no estaban dispuestos a luchar en nombre de la “libertad” contra el franquismo. En realidad, el fracaso del maquis, es también el signo más evidente de que, a pesar de haber perdido a sus aliados del Eje, en 1944, el franquismo ya estaba asentado sólidamente en España.

Diga lo que diga la “memoria histórica” sanchista, lo cierto es que la lógica y la racionalidad, circulan en dirección opuesta.