viernes, 5 de noviembre de 2021

LA ESPIRITUALIDAD PAGANA EN EL SENO DE LA EDAD MEDIA CATÓLICA - (3 de 4) - EL SENTIDO DE LA CABALLERIA

LA ESPIRITUALIDAD PAGANA

EN EL SENO DE LA EDAD MEDIA CATÓLICA

V. EL SENTIDO DE LA CABALLERIA

La caballería es al Imperio, lo que el sacerdote a la Iglesia. Y, de la misma forma que el Imperio conoció el intento de reconstruir la unidad suprema de los dos poderes según el ideal pagano, igualmente la caballería conoció un intento de referir a un plano ascético, es decir, metafísico e iniciático, el tipo del guerrero, del aristócrata y del héroe. En el ideal político medieval, está presente un doble aspecto -uno relativo al "ethos" feudal, el otro al aspecto interno del mito del Imperio- de irreductibilidad, ética y esotérica.

Por lo que respecta al primer aspecto, relativo al ethos, la constatación es casi banal. La caballería, teniendo por ideal al héroe antes que al santo y al vencedor antes que al mártir; para quien todos los valores se resumían en la fidelidad y el honor, más que en la caridad y el amor; viendo en la dejadez y la vergüenza males peores que el "pecado": poco inclinado a no resistir al mal y a devolver bien por mal, sino, más bien, habituada a castigar la injusticia y devolver mal por mal; excluyendo de sus filas aquellos que mantuvieran el principio cristiano de "No matarás", teniendo por principio no amar al enemigo sino combatirlo y no demostrar magnaminidad con él sino tras haberlo vencido; en todo esto la Caballería afirma, casi sin alteración, una ética heroico-pagana y aria en el seno de un mundo que tenía de católico solo el nombre.

Hay más. Si la "prueba de las armas", la solución de las conflictos por la fuerza, considerada como una virtud concedida por Dios al hombre para hacer triunfar la justicia y la verdad, es la idea fundamental sobre la que reposa el espíritu caballeresco y se extiende del derecho feudal al plano teológico proponiendo el uso de las armas y el "juicio de Dios", incluso en materia de fe, tal idea pertenecía, también, al espíritu pagano; más directamente aún, se refería a la doctrina mística de la "Victoria", que -ajena a los dualismos propios de las concepciones religiosas- unía el espíritu a la potencia, transformando la victoria en una especie de consagración divina, al vencedor y al héroe en un ser tan próximo a los "cielos" como podían estar un santo o un asceta; mientras que asimilaba al vencido, por el contrario, al culpable y casi al pecador. Las edulcoraciones teístas en nombre de las cuales, en la Edad Media se quería ver, alegóricamente, una intervención personal y directa de Dios, no muestran nada del fondo anticristiano presente en las costumbres de los que acabamos de hablar y que restituye al concepto de "gloria" (reducida por el cristianismo a la aureola de los santos y de los mártires) su significado original y viril, ya que la "gloria", es el varenô iranio, el arr de las más recientes tradiciones, es decir, el fuego divino propio de las naturalezas solares que alumbra a los reyes de la victoria su derecho de orden trascendental.

Se nos objetará: la caballería ¿acaso no reconoció la autoridad de la Iglesia? La caballería ¿no emprendió las cruzadas en defensa del cristianismo? Si, todo esto es cierto, pero debe ser situado en su justo lugar, sin olvidar todo lo demás. Si el mundo caballeresco, en general, proclama su fidelidad a la Iglesia, y también, al mismo tiempo al Imperio, demasiados elementos hacen pensar que, más que una aceptación de la creencia cristiana, se trataba de un homenaje similar al que se rendía igualmente a los diversos ideales y a las "damas" hacia las cuales el caballero se volvía de forma desindividualizada, pues, para él, y conforme a la vía que se había trazado, solo era decisiva la facultad genérica del sacrificio heroico de su propia felicidad y de su vida, y no el problema mismo de fe en el sentido específicamente teológico. En realidad, el espíritu mismo de las Cruzadas no fue diferente. En el ideal de las Cruzadas, está implícito aquel otro, no reductible evidentemente solo al cristianismo evangélico, pero fácilmente reconocible, por el contrario, tanto en la tradición irania como en la hindú (Bhagavad-gita) o en el Corán, sin hablar de las concepciones clásicas referidas a la mors triunphalis o la "guerra santa" como vía heroica de superación de la muerte y de inmortalización.

Incluso admitiendo que se combatiese para liberar a la tierra en la que murió el apóstol galileo, en las Cruzadas se encuentra una vez más, un fenómeno que, por su origen, entraba en el marco de estas visiones del mundo a las cuales pertenece la máxima: "La sangre de los héroes está más cerca Dios que las oraciones de los devotos y la tinta de los sabios", que mantenía el Walhalla (el "palacio de los héroes") como ideal celeste, la "isla de los héroes" donde reina el rubio Radamanto sobre el trono de los inmortales. Estas concepciones no tenían nada en común con el horror pelasgo-meridional hacia la sangre, que se percibe en la sentencia agustiniana: "Aquel que puede pensar en la guerra y soportarla sin grave dolor, verdaderamente ha perdido todo sentido de lo humano", o en expresiones aún más drásticas como las de un Tertuliano, fiel al evangelio -"quien a hierro mata a hierro muere"- y al mandato de Jesús a Pedro para que retornara la espada a su vaina.

En realidad, si los cruzados pudieron aparecer como cristianos y ser queridos y santificados por la Iglesia, la conclusión que debe extraerse de todo esto, es que la tradición heroica, nórdico-germánica, había terminado por prevalecer sobre el cristianismo, incluso durante las Cruzadas. En lugar de una edulcoración de esta tradición por el cristianismo, por el contrario, tras las formas cristianas, se constata la restauración de la antigua virilidad espiritual, donde la vía del guerrero sacro, sustituye a la del santo y el devoto.

El tipo de guerrero sacro es, en el fondo, el tipo del caballero de las grandes órdenes medievales. En ellas la idea ascética se une al ethos nórdico, y fueron estas órdenes las que practicaban, no en el sentido religioso, sino en el heroico, los mismos votos que los monjes: pero en fortalezas, y no en iglesias. Poseyeron ceremonias regulares de consagración, llegaron en ocasiones hasta dotarse de iniciaciones en el sentido propio y de símbolos enigmáticos propios de una espiritualidad superior.

A este respecto, la orden de los Templarios fue naturalmente una de las más significativas: y aún más significativa aún, fue su feroz destrucción bajo los golpes de la Iglesia y de un soberano, enemigo de la aristocracia y ya próximo al tipo laico moderno, como Felipe el Hermoso. Se sabe que, a través de las acusaciones formuladas contra los Templarios, existía, en el grado preliminar de su iniciación, el rito de imponer al neófito el rechazo al símbolo de la cruz y de ver en Jesús un falso profeta cuya doctrina no conducía a ninguna salvación. Otra acusación se refería a ritos abominables entre los cuales, se decía, figuraba, la quema de los niños. El aspecto sacrílego expresamente dado a estas supuestas confesiones arrancadas mediante la tortura, a pesar de la declaración clara y concordante por parte de los acusados de que se trataba de símbolos, no debe impedirnos presentir un sentido mucho más profundo. Rechazando la cruz, no se trataba, con toda seguridad, más que de rechazar una forma inferior de creencia, en nombre de una forma superior. La famosa acción de quemar a un recién nacido no significa otra cosa que el bautismo del fuego destinado a la regeneración (este símbolo puede ser aproximado al de la salamandra animal que, como el Fénix inmortal, se baña en el "fuego" del renacimiento heroico) -que es también uno de los signos que Federico II habría recibido del "Preste Juan"- rito que puede también hacer pensar en la ceremonia ritual de la cremación de los cadáveres practicada por casi todas las grandes civilizaciones arias, y especialmente prescrita por Odín para aquellos que están destinados a entrar en el Walhalla.

Por otra parte, el simbolismo del Templo, al cual se habían consagrado los templarios, y por el cual la mayor parte de los cruzados luchaban y morían en la esperanza de transmutar la muerte en vida nueva e inmortalidad, de obtener la "gloria absoluta" y "conquistar un lecho en el paraíso", no se reduce, sin más, a ser un sinónimo de Iglesia. Justamente se ha dicho que “Templo” es un término más augusto, vasto y menos condicionado que el de "Iglesia". El Templo está por encima de la Iglesia: las iglesias pueden destruirse, pero el Templo permanece como el símbolo del parentesco de todas las grandes tradiciones espirituales y de lo perenne de su espíritu. Es por ello que el gran movimiento universal de las Cruzadas hacia Jerusalén, hacia el Templo, en el cual Europa realiza, por primera y última vez, el ideal imperial de una unidad supranacional a través del rito de la acción y de la guerra santa, no está desprovisto, en nuestra opinión de un significado esotérico. El papel que jugaron los albigenses y los templarios, su carácter eminentemente gibelino, deberían bastar para atraer la atención. En realidad, en la corriente hacia Jerusalén se esconde frecuentemente una corriente oculta contra la Roma de los papas y que Roma, sin percibirlo, alimentaba ella misma, de la que la caballería era la militia y que debía encontrar su apoteosis con un emperador estigmatizado por Gregorio IX como aquel "que amenaza con sustituir a la fe cristina por los antiguos ritos de los pueblos paganos y, acusado en medio del templo, de usurpar las funciones del sacerdocio".

La figura de Godofredo de Bouillon -representante más significativo de la caballería de las Cruzadas, llamado lux monachorum (lo que nos lleva de nuevo a la unidad del principio ascético y espiritual y del principio guerrero propio de estas órdenes)- es la de un príncipe que no acepta ascender al trono de Jerusalén, sino después de haber traído a Roma la sangre y el fuego, matando con su propia mano al anticésar Rodolfo de Rhinfeld, y expulsando al papa de la ciudad d los Césares.

Además, la leyenda establece un "parentesco" significativo entre este rey de los Cruzados y el mítico "Caballero del Cisne" (el Helias francés, el Lohengrim germánico) quien, a su vez, se refiere a símbolos imperiales paganos (algunos sugieren, incluso, una conexión genealógica con el mismo César), solares (ver las relaciones etimológicas entre Helias, Helio y Elías) y pagano-hiperbóreas (el cisne que conduce Helias o Lohengrin a la "sede celeste" es el mismo animal emblemático que lleva Apolo entre los Hiperbóreos y aparece frecuentemente en las huellas paleográficas del culto nórdico-ártico prehistórico). Tal conjunción de elementos hace de Godofredo de Bouillon fuera un símbolo más -en relación con las mismas Cruzadas- dando el verdadero sentido a esta fuerza secreta que, en la lucha política de los emperadores germánicos y en el triunfo mismo de un Otón I, no revela más que su manifestación superior más visible.


jueves, 4 de noviembre de 2021

LA ESPIRITUALIDAD PAGANA EN EL SENO DE LA EDAD MEDIA CATÓLICA (2 DE 4) - EL ETHOS PAGANO DEL FEUDALISMO - LA TRADICION SECRETA DEL IMPERIO

 

LA ESPIRITUALIDAD PAGANA

EN EL SENO DE LA EDAD MEDIA CATÓLICA

III. EL ETHOS PAGANO DEL FEUDALISMO

El régimen feudal caracterizó a la sociedad medieval. Tal régimen nació directamente del mundo nórdico-ario; se basaba en dos principios: individualidad libre y fidelidad guerrera, y nada le era más extraño que el pathos cristiano de la "socialidad", de la colectividad, del amor. Antes que el grupo aquí se encuentra al individuo.

El valor más alto, la verdadera medida de la nobleza, desde la más antigua tradición nórdica (como desde la paleoromana), residía en el hecho de ser libre. La distancia, la personalidad, el valor individual eran elemento absolutamente unidos a toda expresión de la vida. El Estado, bajo su aspecto político temporal -al igual que en el antiguo concepto aristocrático romano- se resumía en el consejo de los jefes, permaneciendo cada uno de ellos libre y señor absoluto de su tierra, pater dux y sacerdote de su propia gens. A partir de tal consejo, el Estado se imponía como idea suprapolítica a través del rey, ya que éste, en la antigua tradición nórdica, no lo era sino por su sangre "divina", por el hecho de ser, finalmente, un avatar del mismo Odin-Wotan.

Pero, en el caso de una empresa común de defensa o conquista, una condición nueva se superponía sobre la otra: se formaba espontáneamente una jerarquía rígida y se afirmaba un principio nuevo de fidelidad y disciplina guerrera. Era elegido un jefe -dux o heretigo- y el libre señor se transformaba entonces en vasallo de un jefe cuya autoridad se extendía hasta el derecho de matarlo si dejaba de cumplir los deberes que había aceptado. Al termino de la empresa, sin embargo, se retornaba al estado normal, anterior, de independencia y de individualidad libre. El desarrollo que, a partir de esta constitución paleo-nórdica, desemboca en el régimen feudal, puede caracterizarse, ante todo, por una identificación con la idea sagrada del rey y con la idea militar del jefe temporal. El rey encarna la unidad del grupo, incluso en tiempos de paz, mediante el refuerzo y la extensión a la vida civil del principio guerrero de la fides o fidelidad. En torno al rey, se forma una corte de "compañeros" -fideles- libres, pero encontrando en el ideal de la fidelidad, en el servicio a su señor, en el hecho mismo de combatir por su honor y su gloria, un privilegio y la realización de un modo de ser más elevado que el que, en el fondo, les correspondía en sí mismos.

La constitución feudal se elabora a través de la aplicación progresiva de este principio. Exteriormente, parece alterar la antigua constitución aria: la propiedad terrenal, de origen absoluto e individual, parece ahora condicionada; es un beneficium que implica lealtad y servicio. Sin embargo, no lo altera en profundidad más que allí donde la fidelidad dejó de ser concebida como una vía que permitiera alcanzar una libertad verdadera, bajo una forma superior y supraindividual. Sea como fuere, el régimen feudal fue un principio y no una realidad petrificada; fue la idea genérica de una ley de organización directa que dejaba campo libre al dinamismo de las fuerzas, así mismas, libres, alineadas unas bajo las otras o unas junto a otras, sin medios términos y sin alteraciones -vasallo frente soberano y señor frente a señor- de manera tal que todo -libertad, gloria, honor destino- pudo reposar sobre el valor y sobre el factor personalidad, y no - o de manera mínima- sobre un elemento colectivo o sobre un poder "público". Aquí puede decirse que el mismo rey podía perder y reconquistar en cualquier momento sus prerrogativas.

Probablemente, el hombre no ha sido tratado jamás de una manera más severa e insolente, y sin embargo este régimen fue una escuela de independencia y de virilidad, en caso de servidumbre; en este marco, las relaciones de fidelidad y de honor supieron ofrecer un carácter de pureza y de absolutez que, posteriormente, no se alcanzaría jamás.

Llegados a este punto, no hay necesidad de extenderse mucho para demostrar como esta constitución, característica del espíritu de la Edad Media, no casi nada  en común con el ideal social judeo-cristiano. En ella, por el contrario, reaparecía esta fides que, antes de ser la deutsche Treue, fue la fides de los romanos; objeto de uno de los más antiguos cultos, hizo decir a Tito Livio que caracterizaba de la manera más rotunda al Romano sobre el "bárbaro", y nos remite al ideal de la bhakti de los arios de la India, recordando sobre todo el ethos pagano que anima a las sociedades iranias; si, junto con el principio de autoridad y de fidelidad hasta el sacrificio (no solo en la acción sino también en el pensamiento) volcada a los soberanos deificados, se afirmaba también el principio de la fraternidad, esta última permanecía como totalmente extraña al sentimentalismo femenino y comunistizante introducido por el cristianismo. Las cualidades viriles, hasta sobre el plano de la iniciación (cfr. el mitraismo), tenían un valor más elevado que la compasión y la mansedumbre, de forma que tal fraternidad -parecida a la de los pares y los hombres libres de la Edad Media- se mostraba leal, clara, fuertemente individualizada y, podemos incluso añadir, romana, que podía existir entre guerreros unidos por una empresa común.

IV. LA TRADICION SECRETA DEL IMPERIO

La fides que cimentaba las unidades feudales particulares en virtud de una especie de purificación, de sublimación en lo intemporal, hacía nacer una fides superior, que remitía a una entidad situada más alto, universal y metapolítica, representada, como se sabe, por el Imperio, -tal como se afirma idealmente con los Hohenstaufen- se presenta como una unidad de naturaleza tan espiritual y ecuménica como la Iglesia.

Como la Iglesia, el Imperio reivindica un origen y una finalidad supranaturales y se ofrece como una vía de "salvación" a los hombres. Pero, aunque dos soles no puedan coexistir en un mismo sistema planetario (y esta dualidad Imperio-Iglesia) fue, precisamente, representada frecuentemente por la imagen de dos soles), igualmente el conflicto entre estos dos poderes universales, puntos culminantes de la gran ordenatio ad unum del mundo feudal, no debió tardar en estallar.

El sentido de tal conflicto escapa fatalmente a quienes, se detenienen en las apariencias exteriores y en todo lo que, desde un punto de vista más profundo, no es más que simple causa fortuita, no viendo más que una competición política, un choque brutal de orgullos y voluntades hegemónicas, mientras que se trató en cambio de una lucha a la vez material y espiritual, debida al choque de dos tradiciones y actitudes opuestas de las que hemos hablado al inicio de este texto. Al ideal universal de tipo "religioso" propio de la Iglesia, se oponía el ideal imperial como voluntad oculta de reconstruir la unidad de dos poderes, el regio y el espiritual, lo sacro y lo viril. En lo que respecta a sus expresiones exteriores, la idea imperial se limita frecuentemente a no reivindicar más que el dominio del corpus y de la ordo de la Cristiandad; pero está claro que, en lo que respecta a la idea imperial, en sí misma se reencuentra finalmente la idea nórdico-aria y impregnada de la realeza divina que, conservada por los "bárbaros", superó, al contacto con los símbolos de la romanidad antigua, los límites de las tradiciones de las razas nórdicas particulares, se universalizó, alzándose frente a la Iglesia como una realidad ecuménica tan verdadera como la Iglesia, pero con un alma más auténtica, centro de unión y de sublimación más adecuado para este ethos guerrero y feudal de tipo pagano que transcendía a las formas particulares y simplemente políticas de la vida en aquella época.

La misma pretensión de la Iglesia y la ideología antiimperial que le fue propia confirman este carácter de la lucha. La idea gregoriana es una idea antitradicional por excelencia: es la de la dualidad de poderes y de una espiritualidad antiviril que se afirma superior a una virilidad guerrera que se intenta rebajar mezquinamente a un plano completamente material y político: es la idea del clero soberano dominando encima del jefe de un Estado concebido como poder puramente temporal, en consecuencia por encima de lo "laico" que extrae únicamente su autoridad del derecho natural y recibe el Imperium como si se tratara de un beneficium concedido por la casta sacerdotal.

Naturalmente se trata de una pretensión nueva, prevaricadora y subversiva. Sin referirnos a las grandes tradiciones precristianas, en la Iglesia de este imperio "convertido" que fue el del período bizantino, no sólo los obispos eran dependientes del Estado, sin que desde los concilios se remitían a la autoridad de los príncipes para sancionar y aprobar definitivamente sus decisiones, comprendidas las relativas al dogma; incluso la consagración de los reyes, por consiguiente, no podía distinguirse de forma esencial de la de los sacerdotes.

Hay que señalar a continuación que, si los reyes y emperadores, desde el período franco, adquirían el compromiso de defender a la Iglesia, esto está muy lejos de suponer una "subordinación a la Iglesia", sino todo lo contrario. En el lenguaje de la época, "defender" tenía un sentido muy diferente del que ha adoptado en nuestros días. Asegurar la defensa de la Iglesia, era, según el lenguaje y las ideas del momento, ejercer sobre ella, simultáneamente, protección y autoridad. Lo que se llamaba "defensa" era un verdadero contrato que implicaba la dependencia del protegido, sometido a todas las obligaciones que la lengua de entonces resumía en la palabra fides.

Según el testimonio de Eginarda [biógrafo de Carlomagno y escritor franco del siglo IX, NdT], tras las aclamaciones, “el pontífice se postró ante Carlos, según el rito establecido en el tiempo de los antiguos emperadores"; y el mismo Carlomagno, además de la defensa de la iglesia, reivindica el derecho y la autoridad de "fortificarla desde el interior según la verdadera fe", mientras que no faltaban las tomas de posición que iban en el mismo sentido, como esta: Vos gens sancta estis atque regale estis sacerdotium [“eres una nación santa y un sacerdocio regio”] (Esteban III a los Carolingios) y también: Melkisedh noster, merito rex atque sacerdos, complevit laïcus religionis opus [Nuestro Melquisedek, merecidamente rey y sacerdote, ha completado la obra religiosa y laica].

La oposición güelfa contra el Imperio es, pues, una pura y simple revuelta que recupera como consigna la palabra de Gelasio I: "Tras Cristo, ningún hombre puede ser a la vez rey y sacerdote" y tiende a desacralizar la idea de imperio, a ahogar el intento nórdico-romano de la reunificación "solar" de los dos poderes y, en consecuencia, de la reconstrucción de una autoridad superior a la que la Iglesia, en tanto que institución religiosa, no habría debido reivindicar jamás para sí misma.

Y cuando la Historia no habla más que implícitamente de esta aspiración superior, es el mito quien lo hace: el mito que no se opone, aquí a la Historia, sino que se integra en ella revelando una dimensión más profunda. En el período franco se vuelve frecuentemente a aplicar al rey (y la frase citada antes nos da un ejemplo) el símbolo enigmático de Melquisedek y de su religión regia: de este Melquisedek rey de Salem, sacerdote de una religión de rango más alto que la de Abraham y que debe ser considerado como la representación bíblica de la idea extrabíblica, pagana y tradicional en el sentido superior del Señor Universal (chakravarti hindú), aquel que reúne en sí mismo, de forma solar, los dos poderes y encuentra como punto de unión entre el mundo y el supra-mundo. Este mismo significado reaparece también en las muy numerosas leyendas relativas a los emperadores germánicos, en las que lo real se interfiere con lo irreal, la historia con el mito. Además de Carlomagno, Federico I y Federico II, según la leyenda, no habrían muerto jamás. Habrían recibido como don del misterioso "Preste Juan", -que no es otro que una representación medieval des "Señor Universal"- los símbolos de una vida eterna y de un poder no humano de victoria (la piel de salamandra, el agua viva, el anillo de oro). Proseguirían su existencia en la cúspide de una montaña (el Odemberg o el Kyffhaüser), otras veces en un lugar subterráneo. Aquí igualmente retornan los símbolos que podemos definir como universales, de una tradición pagana muy antigua.

En efecto, sobre una montaña o en un lugar subterráneo había encontrado refugio y se encontraría siempre el rey paleo iranio Yima, el "resplandeciente, aquel, que entre los hombres es semejante al sol"; el Walhalla nórdico, sede de los reyes divinizados y de los héroes inmortalizados, fue concebido frecuentemente bajo la forma de una montaña (la Montaña de los Ancestros) donde, según las leyendas budistas, desaparecerían los "despertados" y los "seres libres y sobrehumanos", como suelen ser los héroes griegos divinizados comprendido Alejandro Magno, en algunas leyendas del mundo helénico.

En Agarta, nombre tibetano de la residencia del "Señor Universal" (que corresponde por otra parte, etimológicamente hablando, al Asgard de los Edda residencia de los Aseen y de los reyes divinos primordiales) estaría en el corazón de una montaña. En general, las montañas simbólicas de las leyendas medievales, como también el Monte Merhu hindú, el Kef islámico, el Mont Salvat de las leyendas del Graal e incluso el Olimpo, no son más que diversas versiones de un tema único; a través del símbolo de la "altura", expresan estados espirituales trascendentes y "celestes" (convergencia con el simbolismo de los lugares subterráneos, es decir, ocultos, si se piensa en la relación entre coelum, cielo y celare, ocultar), que confería, tradicionalmente, la autoridad y la función absoluta, metafísica del Imperium.

La leyenda de los emperadores jamás muertos y ocultos en una montaña nos confirma el hecho de que en estas figuras se quería ver a las manifestaciones de la función eterna, en sí misma inmortal, del terreno espiritual universal que, por otra parte, según un tema tradicional recurrente (cfr. el Edda, el Brahamaâna, el Avesta, etc.) debe manifestarse de nuevo con ocasión de una crisis decisiva de la historia del mundo. En efecto, en las leyendas medievales, se encuentra también la idea de que los Emperadores del Sacro Imperio se despertarán el día en que hagan irrupción las hordas de Gog y Magog -símbolos del demonismo de la pura colectividad- antiguamente encerrados por Alejandro Magno tras una muralla de hierro. Los emperadores librarán la última batalla de la que dependerá la floración del "Arbol Seco", el Arbol de la Vida y del Mundo, que no es más que la "planta despojada" de Dante, y también el Ydrasgil del Edda, cuya muerte marcará el inicio del Ragna-Rökkr, es obscurecimiento de los dioses.

Es pues significativo que, entre los mitos que evidencian la relación del ideal imperial medieval con la idea "solar" tradicional -pero igualmente superan la concepción "religiosa" del espíritu y de la limitación política y laica del imperio y de la realeza- hay en algunos (cfr. por ejemplo, el Speculum Theologiae) que plantean la oposición a la Iglesia y al cristianismo hasta el punto de dar al Emperador resucitado, que hará florecer el Arbol Seco, los rasgos del Anticristo; naturalmente, no en sentido habitual (ya que seguirá siendo aquel que combate a las hordas de Gog y Magog), sino probablemente a título de símbolo de un tipo de espiritualidad irreductible a la de la Iglesia, hasta el punto de ser obscuramente asimilada, en la leyenda, a la figura del enemigo del dios cristiano.

El fermento gibelino, la áspera lucha por la reivindicación imperial, además de su aspecto visible, tenía también un aspecto invisible. Tras la lucha política se escondía una lucha entre dos tradiciones espirituales opuestas. En el momento en que la victoria parecía sonreír a Federico II, las profecías populares anunciaban: "El Cedro del Líbano será cortado. No habrá más que un solo Dios, es decir, un monarca. ¡Desgracia al clero! Si cae, un orden nuevo habrá nacido"


miércoles, 3 de noviembre de 2021

TEXTOS A RECORDAR: Julius Evola: Espiritualidad pagana en el seno de la Edad Media católica (1 de 3)


 LA ESPIRITUALIDAD PAGANA

EN EL SENO DE LA EDAD MEDIA CATÓLICA

I. INTRODUCCION

Quien haya tenido ocasión de leer regularmente nuestros artículos y especialmente los publicados en diversas ocasiones en Vita Nuova, conoce ya el punto de partida que será el hilo conductor de las presentes notas: nos referiremos a la idea de una oposición fundamental entre dos actitudes distintas del espíritu en las que es preciso ver el origen de dos tradiciones bien diferenciadas, tanto sobre el plano histórico como suprahistórico.

La primera, es la actitud guerrera y real, la segunda, la actitud religiosa y sacerdotal. Una constituye el polo viril, la otra, el polo femenino del espíritu. Una tiene como símbolo el Sol, el "triunfo", corresponde al ideal de una espiritualidad cuyas consignas son la victoria, la fuerza, el poder ordenador y que afecta a todas las actividades y todos los individuos en el seno de un organismo simultáneamente temporal y supratemporal (el ideal sagrado de Imperium), afirmando la preeminencia de todo lo que es diferencia y jerarquía. La otra actitud que tiene por símbolo a la Luna, es como ella, recibe de otro la luz y la autoridad, se remite a otro y vehiculiza un dualismo reductor, una incompatibilidad entre el espíritu y la potencia, pero también una desconfianza y un desprecio por toda forma de afirmación superior y viril de la personalidad: lo que la caracteriza es el pathos de la igualdad, del "temor de Dios", del "pecado" y de la "redención".

Lo que la historia -hasta nuestros días- nos ha mostrado sobre la oposición entre autoridad religiosa y poder "temporal", no es sino un eco, una forma tardía y materializada, en la que ha degenerado un conflicto que, desde el origen, se refiere a esos dos términos, es decir, un conflicto entre dos autoridades, igualmente espirituales, entre dos corrientes referidas con el mismo título, aunque de manera opuesta, al supramundo.

Hay más: la actitud "religiosa", lejos de corresponder sin más a lo espiritual y agotar lo que emana del dominio supremo del espíritu, no es más que un producto, relativamente reciente, de procesos degenerativos que han afectado a una tradición espiritual más antigua y primordial, de tipo precisamente "solar". En efecto, si examinamos las instituciones de las civilizaciones tradicionales más grandes -de China a Roma antigua, de Egipto a Irán, del Perú precolombino al viejo mundo nórdico-escandinavo- encontramos constantemente, bajo rasgos uniformes, la idea de una fusión absoluta de los dos poderes, el real y el espiritual; respecto a la jerarquía, no encontramos una iglesia, sino una "realeza divina", no el ideal del santo, sino el de aquel que, por su naturaleza superior misma, por la fuerza imprecante del rito en tanto que "técnica divina", juega, en relación a las potencias espirituales (o "divinidades") el mismo papel viril y dominador que un jefe militar ante sus hombres. A partir de aquí, un proceso de desvirilización espiritual ha conducido a la forma religiosa, luego -aumentando constantemente la distancia entre el hombre y Dios, y la servidumbre del primero respecto al segundo en beneficio exclusivo de la casta sacerdotal- ha terminado por minar la unidad tradicional dando lugar a la doble antítesis de una espiritualidad antiviril (sacerdotalidad) y una virilidad material (secularización de la idea de Estado y de Realeza, materialización de las aristocracias antiguas y sagradas). Si las formas luminosas de las antiguas civilizaciones "solares" se deben a las ramas arias, en Occidente, hay que atribuir sobre todo al elemento levantino el triunfo del espíritu religioso, desde la asiatización del mundo greco-latino, hasta la decadencia de la idea imperial augusta y la llegada misma del cristianismo. En las presentes notas nos proponemos aclarar algunos aspectos poco conocidos de la civilización medieval, a fin de demostrar que incluyó el intento (tanto visible como oculto) de una gran reacción, la voluntad de reconstruir una tradición universal cuyo fin, a pesar de las apariencias formales y la concepción corriente de la Edad Media como una edad "católica" por excelencia, es anticristiana o, más bien, supera el cristianismo.

II. EL DESPERTAR NORDICO-ARIO DE LA ROMANIDAD

Muy verosímilmente, esta voluntad de restauración extrae su origen primigenio de las razas nórdico-bizantina, es un hecho universalmente reconocido.

En los más antiguos testimonios -comprendidos, desde cierto punto de vista, las indicaciones del mismo Tácito-, estas razas aparecían como un tipo extremadamente próximo a los Aqueos, los paleo-iranios, los paleo-romanos y, en general, los nórdicos-arios, que se habría conservado, por decirlo de alguna manera, en el estadio de una pureza "pre-histórica".

Y el hecho de que, en razón de sus rasgos superiores rudos, sin florituras, groseros y agriamente esculpidos en su existencia y en sus costumbres, estas razas hayan podido aparecer como "bárbaras" frente a una civilización que, por un lado había degenerado bajo el peso de estructuras jurídico-administrativas y, por otro, se había ablandado en afanes de refinamiento hedonistas, literarios y ciudadanos, siendo casi sinónimos de decadencia, este contraste favoreció que estas razas vehiculizaran en propiedad y albergasen en sus mitos y en sus leyendas la profunda espiritualidad de una tradición originaria, cuyo soporte era una existencia impregnada de relaciones guerreras y viriles, de libertad, de honor y fidelidad.

Por otra parte, constatamos que, en su origen, estas razas desconocían y veneraban no era el espíritu "religioso", sino al espíritu "heroico", emanado de las encarnaciones de sus divinidades principales.

Es el panteón de los Asen, en lucha perpetua contra los "gigantes" y las naturalezas elementales de la tierra; es Donnat-Thor, destructor de Thyr y de Hymir, el "fuerte entre los fuertes", el "irresistible", el dueño del "abrigo contra el terror"; es Odin-Wotan, el dador de la victoria, el detentador de la sabiduría, el huésped de los héroes inmortales que las Walkirias elegían sobre los campos de batalla a los que hacían sus propios hijos -el Señor de los batallones tempestuosos, aquel cuyo símbolo es idéntico al de la grandeza romana y de la "gloria" -hvareno irania-, el Águila, cuya fuerza alimenta la sangre no-humana de las dinastías reales.

Además, ya mezcladas con los hombres, tenemos razas heroicas, como la de los Wälsungen, a la que pertenece Sigmun y Sigurd-rökr, contra el obscurecimiento de los dioses, símbolos de las edades sombrías que serán el destino de las generaciones futuras; tenemos a las razas reales góticas que se consideran como âmals, los "puros" o los "celestes" y que hacen remontar su origen a la simbólica Mitgarhz, la "tierra media", situada -como la Hiperbórea del Apolo solar y el Airymen-vaêjo de los iranios- en el extremo-Norte; tenemos una variedad de otros temas y mitos de origen ario muy antiguo, igualmente y siempre, impregnados de espiritualidad guerrera y ajenos a toda relajación "religiosa".

Si, desde el exterior, la irrupción de los "bárbaros" ha podido parecer destructora por su contribución al hundimiento de la ordenación material del Imperio romano “asiatizado”, por el contrario, desde el punto de vista interior, significa una aportación vivificadora del espíritu ario, un nuevo contacto galvanizador con una fuerza aún en estado puro y que debía dar lugar a una lucha y a una reacción bajo el signo, precisamente de esta Romanitas y de este Imperium, que había extraído su grandeza, en el mundo antiguo, de su conformidad con un tipo de espiritualidad viril y solar. Tras los primeros siglos de nuestra era, los invasores tomaron en efecto conciencia de una misión de restauración. Su "conversión" deja casi intactos su ethos y su íntima tradición original que, una vez adoptado el símbolo de la antigua Roma, debía dirigirse contra la usurpación y la voluntad hegemónica de la Iglesia, mientras que al mismo tiempo emprenderían la formación, espiritual y material, de una nueva civilización europea. Sabemos que, ya en el momento de la coronación del rey de los francos, que tenía lugar el día considerado por la Antigüedad como el del renacimiento del dios solar invencible (Natalis solis invicti), se adoptó la fórmula Renovatio Romano Imperii. Tras los francos, fueron precisamente los germanos quienes asumieron de una manera aún más neta esta función. La designación de su ideal imperial ecuménico, no fue "teutónico", sino "romano"; hasta en las tierras más alejadas, llevaron las señas y las divisas romanas; basilei y augusti, sus reyes se apropiaron del título de Romanorum Reges, y Roma permaneció siempre como la fuente simbólica de su Imperium y de su legitimidad.

Lo semejante se reconoce en lo semejante. Lo semejante despierta e integra a lo semejante. El águila paleonórdica de Odín se renueva con el águila romana de las legiones y del dios capitolino. El espíritu antiguo renace bajo nuevas formas. Se crea una gran corriente a la vez formadora y unificadora. La Iglesia, por una parte, se deja dominar -"romaniza" su propio cristianismo- para poder dominar a su vez y mantenerse en la cresta de la ola; por otra parte, resiste, quiere llegar al poder, situarse por encima del Imperio.

Si es en la tensión donde se liberan las luces más claras en significados, no es menos cierto que, si la Edad Media se presenta ante nosotros bajo el aspecto de una gran civilización "tradicional" en su expresión más perfecta, esto no es gracias al cristianismo, sino a pesar del cristianismo, en virtud de la aportación nórdica que no hacía sino uno con la idea antigua de la Roma pagana, y determina una fuerza actuante en dos direcciones: sobre el plano político y ético, a través del régimen feudal, de la ética caballeresca y del ideal gibelino; y sobre el plano espiritual de una manera oculta en el aspecto "interno" de la caballería e incluso de las Cruzadas, a través del mito pagano que reunía en torno a la idea imperial, a través de venas ocultad de una tradición que desembocará en Dante y en los Fieles de Amor.


martes, 2 de noviembre de 2021

CRÓNICAS DESDE MI RETRETE: ERC Y EL DOBLAGE DE NETFLIX AL CATALÁN. ESTADO DEL CATALAN EN EL CINE

Hoy El Confidencial lo dice claramente: ERC se ha vendido muy barata al pedrosanchismo: apoya los presupuestos a cambio de blindar una cuota de Netflix para el catalán. Vamos a decirlo claramente: un idioma subvencionado, en permanente UVI, obligatorio, protegido como un recién nacido, es un idioma muerto. El catalán recibe todo el calor de la gencat, pero el que suscribe, catalán cuyas raíces catalanas (en Mas Milà de la Clivillera) se hunden hasta el siglo XV, puede asegurar que, en su infancia, durante el franquismo, oía hablar más catalán que en las últimas décadas. Subvencionar es hacer depender un idioma de los presupuestos, no del favor ni de las necesidades populares. Durante el franquismo la sociedad catalana estaba viva: por eso se hablaba catalán sin imposiciones, ni subvenciones. Eso cambió en los 80.

LAS DEMOLEDORAS CIFRAS DEL CINE “EN CATALÁN”

El mundo del espectáculo es el gran fracaso de la gencat: los cientos de millones anuales invertido en el doblaje de series en catalán se han traducido en un estrepitoso fracaso. Vean las cifras:

- Entre 2013 y 2018, los espectadores de cine en catalán son un 2,57% del total de asistentes a salas de cine en Cataluña: de cada 100, casi 98 lo hacen para ver películas en castellano.

- Las cifras son aún peores a partir de 2018: el consumo de cine en catalán ha descendido al 2,13%.

- Estas cifras son aún más graves, si tenemos en cuenta que, en los últimos 5 años, las salas de cine han recuperado un 17% de espectadores y que los catalanes son los europeos que más van al cine (junto a los irlandeses).

Las empresas de cine catalanas han visto decrecer su actividad: en 2010 el cine producido en Cataluña suponía el 48% del cine de todo el Estado. En 2018 solamente supone el 30% (sobre 266 largometrajes filmados en España en 2018, solo 80 tenían alguna participación de productoras catalanas.

- La comparación es mas palmaria si nos referimos solo al 2011: ese año, el 46% de los catalanes declaraban que preferían ver películas dobladas al castellano, frente a un 18% que las querrían en catalán. En otras palabras: como por casualidad, el descenso de un 18% de voluntad de ver películas en catalán al 2,13% de espectadores que vieron efectivamente cine en catalán, ¡coincide con los años de histeria soberanista!

- El auge de las redes y de los programas de intercambio de archivos no han mejorado la situación: es muy fácil encontrar en eMule o en los eTorrents una película en versión original o doblada al castellano, mientras que es prácticamente imposible localizar esa misma película doblada en catalán y, por supuesto, imposible por completo “bajar” películas rodadas en lengua catalana (busquen la película Patria, filmada en pleno delirio del “procés”, centrada en la leyenda -malinterpretada hasta la majadería- de los “nueve barones de la fama” y que debería haber “reforzado” el imaginario indepe: simplemente, no hay ni rastro de ella. Y otro tanto ocurre con El Complot de los Anillos de Francesc Bellmunt, que inició esta tendencia cinematográfica indepe en 1988. Desaparecidas sin combate).

IMPONIENDO A GOLPE DE SUBVENCIONES

Estas -y no otras- son las cifras tomadas de La Vanguardia y de El Mundo. La conclusión es clara: ante la posibilidad de ver una película doblada al catalán o verla en castellano, incluso los indepes más recalcitrantes, optan por el castellano. Si el doblaje al catalán no se estimulara económicamente, lo más probable es que nunca se doblarían películas en catalán. Y el motivo es muy simple: hay pocas empresas en Cataluña que doblen al catalán y los espectadores reconocen las pocas voces de doblaje.

Por otra parte, es suficientemente conocido, desde el inicio de la publicación del Avui a finales de los 70, que una cosa es el “catalán oficial” y otra muy diferente el “catalán popular”. Incluso los catalanoparlantes habituales se “pierden” ante algunas palabras y giros culteranos poco utilizados en el lenguaje coloquial popular.

Desde que empezó la polémica sobre el doblaje en catalán, ya en tiempos de Pujol, Hollywood se negó a doblar en catalán. Solo cedió cuando la gencat subvencionó el doblaje. Es decir, cuando, incluso aquellos que jamás verán una película doblada al catalán, pagarán ese doblaje. Y todavía está por realizar un estudio de quién es la propiedad de las empresas que doblan en catalán. Era práctica propia del pujolismo, no estimular la edición de productos culturales en catalán mediante subvenciones, sino solamente de subvencionar a los “amigos” que lanzaban productos culturales. Lo que es muy diferente y mucho nos tememos que esta corruptela alcance también a la industria del doblaje.

EL DRAMA DE UNA LENGUA QUE SE EXTINGUE

El caso es que ese 2’13% residual de público que quiere cine en catalán está en su derecho. Lo que es más cuestionable es que lo tengamos que pagar todos. El fondo de la cuestión es que una película doblada o producida en castellano, tiene un mercado potencial de 600 millones de personas. La gencat no puede competir con esa apisonadora lingüística, ni siquiera por la vía de las imposiciones por ley. No vamos a discutir sobre el número de catalanoparlantes, ni mucho menos, sobre si las nueve “variantes dialectales” de la lengua catalana que detectó Rovira Virgili, son tales o son “lenguas diferentes”. Lo cierto es que una película doblada al catalán, es muy difícil que pueda verse en Valencia: es significativo, por ejemplo, que, en tiempos del pujolismo, anteriores a la TDT, la gencat insistía mucho en que TV3 se viera en el Reino de Valencia, pero se cerrara por completo a que el Canal 9, la televisión autonómica valencia de la época, se pudiera ver en Cataluña…

El gran enemigo del catalán ha terminado siendo la propia gencat, con sus subvenciones y sus imposiciones, sus estadísticas ridículas. Lo cierto es que, en 2021, la propia Idescat (el CIS catalán), sostenía que un 94’4% de los barceloneses “entendían” el catalán, un 85’3% lo “lee”, un 78,7% “lo puede hablar” y un “60’6% es “capaz de escribirlo” (ahora solo hace falta otra encuesta para ver los porcentajes de faltas de ortografía por línea de los que “son capaces de escribirlo”). Pero, la realidad es que la misma Idescat reconoce que el 29’3% de los barceloneses y un 27,5% de los habitantes del área metropolitana, tienen el catalán como primera lengua. Este porcentaje baja especialmente entre los jóvenes, entre 7 y 10 puntos, dependiendo de las zonas. Este descenso se ha ido acumulando, una vez más, paradójicamente, desde que se impuso la “inmersión lingüística”.

Idescat reconoce que en 2021 el uso del castellano es “notoriamente superior (20 puntos porcentuales por delante)” y mucho más acusada a la hora de escribir. Ya hemos visto que entre los espectadores de cine el balance es bochornoso para la gencat.

CATALUÑA DESCATALANIZADA POR LA GENCAT MULTICULTI

Los capitostes de la gencat argumental en su descargo que, en los últimos cinco años (de 2016 a 2021), se han incorporado “700.000 extranjeros” que todavía no se han familiarizado con la lengua regional. Pero la realidad es que, entre 2003 y 2008, cuando ya había llegado a Cataluña 1.000.00 de inmigrantes, el uso del catalán había caído 10 puntos, por solamente 1 el uso del castellano. Idescat señala finalmente otro dato que tampoco es para echar cohetes: el uso del árabe y del urdu (lengua hablada en Paquistán e India) ha subido en Cataluña un 6,5%.

De seguir así las cifras, en apenas 20 años, se dará la paradoja de que el catalán, lengua oficial de la gencat… será la lengua menos hablada de Cataluña. Esto no es ninguna broma: el grupo étnico catalán de 4 u 8 apellidos regionales, es el que tiene una tasa menor de reproducción de ¡todo el mundo!, compensado con las aportaciones de las migraciones interiores iniciadas en el siglo XIX llegadas de otras partes del Estado y con los 1.750.000 inmigrantes llegados desde 1996 procedentes del Tercer Mundo.

LOS RESULTADOS DE LA IMPOSICIÓN LINGÜÍSTICA EN TV2

Si estas cifras son reales -y parece que lo son- la negociación de ERC para apoyar los presupuestos pedrosanchistas para 2022, parecen un portento de ceguera, estupidez y desesperación. ERC ha condicionado su apoyo al “blindaje” del catalán en los streamings. Desde, aproximadamente, 2012-2014, se ha impuesto una forma nueva de “ver tele”. El público se ha habituado a “pagar por contenidos” cinematográficos y de series. ERC tiene la sensación de que las subvenciones al cine no cumplen su objetivo, lograr que aumente el catalán hablado en la calle. Así que ha “trocado” el apoyo a los presupuestos generales por un blindaje del catalán en los streamings. Estas plataformas estarán OBLIGADAS a mostrar un 5% de los contenidos doblados al catalán. Y estoy seguro de que cumplirán -siempre y cuando reciban la correspondiente subvención- pero, no por ello, la gencat habrá ganado la partida, estarán más próxima del Waterloo napoleónico y puigdemónico.

El segundo canal de TVE, en antiguo UHF de los años 60 y 70, la moderna TV2 era, hasta hace poco, el refugio de quienes no encontraban nada que les satisficiera. Sin embargo, desde hace dos años, buena parte de su programación ha pasado a ser en catalán. En lugar de ver un documental de “animales”, ahora podemos ver alguna entrevista de Gemma Nierga, algún debate político y poco más, en lengua catalana y en donde pueden expresarse con el mismo fervor que en TV3 ideas indepes.  Todo sea por la libertad de expresión. La audiencia global de TV2 en los últimos años, ha estado por encima del 2,6%, sin embargo, desde que Rosa María Mateo siendo la correa de transmisión del pedrosanchismo en RTVE, aumentó la programación en catalán, especialmente en TV2 (y en los informativos de TVE1), la catástrofe ha sido memorable, con audiencias por debajo de varias emisoras de radio de la Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals. Observen:

Desde septiembre de 2020, de 8 a 10 de la mañana, TV2 (o La 2), emite Café d’idees, dirigido por la Gemma Nierga, conocida por su orientación progre y que durante años dirigió en la SER Hoy por hoy, líder de audiencia. La elección de la Nierga era buena, pero el programa de TV2 tiene un problema: es en catalán. Las audiencias no mienten: Café d’idees registra un 0’1% de audiencia, “horquilla ambigua” y residual que oscila entre 1.000 y 5.000 espectadores. Nunca en dos años de existencia, el programa de la Nierga ha pasado de esa cifra. Ridículo, absurdo y caro. A la misma hora, Alfonso Arús -que huyó del canal de La Vanguardia, TV8, desmantelándolo en la práctica, a La Sexta- tiene un 15% nacional…

ERC: “HOMBRES (Y MUJERES, GAYS, LESBIANAS, TRANSEX Y QUEERS) QUE SE VENDEN BARATO

A la vista de estos datos, lo primero que puede decirse es que las buenas gentes de ERC son “hombres y mujeres” de fe. Tienen fe en que lo que ha fracasado en los últimos 40 años, esto es, la política de imposiciones lingüísticas y subvenciones, tenga, en los streamings, resultado. Todos sabemos que no lo tendrá por la sencilla razón de que el cine doblado al catalán, tiene audiencias residuales.

ERC se ha vendido barato al pedrosanchismo. Es lo menos que puede decirse. Ahora toca, el año que viene, que impongan cuotas en catalán a los videojuegos. Y al siguiente, tocará que impongan cuotas lingüísticas al pensamiento y que la “policía lingüística” que, en Cataluña es tan mezquina como odiosa, realice encuestas: “¿y usted piensa en catalán?”, “¿cuánto?”, “¿sabe que con esa mierda de porcentaje usted está asesinando a la lengua catalana?”, “prometa que no lo volverá a hacer y que pensará, al menos un 50,01% en catalán”. “Firme aquí y pase por ventanilla para la subvención”. Es una escena bufa para el 2025.

NO OLVIDAR LA DIFERENCIA ENTRE “BRECHA” Y “CONTIGÜIDAD”

Batallas perdidas, fuegos de paja. Las lenguas minoritarias solamente pueden salvarse recurriendo a las raíces de los pueblos. Y ERC, la gran defensora de la “Cataluña multiétnica” tiene tan poco que aportar como CiU que abrió la puerta a la inmigración marroquí en Cataluña desde el 92. Una lengua viva no precisa ser subvencionada, ni impuesta. Las lenguas mueren porque mueren las sociedades que las utilizaban.

A pesar de la gencat, la sociedad catalana es cada vez menos catalana: sobre 7,5 millones de “habitantes en Cataluña”, han llegado en los últimos 30 años, 1,750.000 inmigrantes, la mayoría procedentes de horizontes con los que existen “brechas” antropológicas y culturales. Esta es la pequeña diferencia que el independentismo no reconoce: que si bien los españoles procedentes de otras zonas del Estado, se integraron bien en la sociedad catalana, fue porque existía una “contigüidad” antropológica y cultural (algo que a los indepes les da horror reconocer, incluso en sus orígenes consideraban que el catalán era una lengua “galo-romance” para evitar lo que hoy se acepta universalmente: que es una lengua “hispano-romance”…). Esa “contigüidad” se transforma en “brecha” con los “nuevos catalanes” llegados de África…

A fin de cuentas, una lengua no es una cuestión de número, sino de vitalidad social. Un espermatozoide no demuestra más vitalidad subvencionándolo para que se pueda reproducir mejor. Sin embargo, reacciona inmediatamente a condiciones favorables, buena alimentación, ausencia de estrés, temperatura por debajo de la media corporal, etc. Con razón se desaconsejan los calzoncillos y pantalones estrechos… “muestran el producto”, pero suele carecer de “chispa”. ¿Lo pillan? Con la lengua pasa otro tanto: la gencat, con sus imposiciones, con el dinero de todos empleado en sus obsesiones nacionalistas, con sus cuotas, su intolerancia lingüística, con su estrés independentista, con su progresismo mundialista, ha terminado siendo el mayor enemigo de la lengua catalana.

lunes, 1 de noviembre de 2021

CRÓNICAS DESDE MI RETRETE: TOCAN A MUERTO POR NUESTRA ERA

Empieza noviembre. Y empieza con el Día de Todos los Santos y sigue con el Día de Difuntos. Mes triste. Se avecinan unas fiestas navideñas en la que todos los augurios sugieren que el consumo no va a poder satisfacerse por problemas de abastecimiento. Para colmo, el sol se hace cada día más avaro, agravado por el infame cambio horario. Veo los estrenos de series y películas de este mes y esto agrava aún más la sensación de que va a ser un mes poco estimulante. Además de las noticias económicas y de la deriva del pedrosanchismo, todo induce a pensar que estamos en puertas de la “tormenta perfecta” que tanto temíamos desde que empezó la globalización.

Los gobiernos dicen que están preocupados por el “cambio climático” y quieren, por todos los medios detener la subida de 1,5 grados de temperatura. Y nos trasladan la responsabilidad a usted y a mí. Nos hablan con tanta suficiencia y circunspección como cuando diariamente nos daban las cifras de muertos de la pandemia y presentaban como alternativas la mascarilla, el no comer en público y el lavarse las manos con la constancia de un maníaco obsesivo-compulsivo. Y nosotros nos creíamos que eso servía para algo, como luego nos creímos que con las vacunas todo se resolvería.

EL CLIMA CAMBIA, LO QUE NO SABEMOS ES HASTA DONDE EL SER HUMANO ES RESPONSABLE

Y, de la misma forma que las epidemias tienen un ciclo vital (hasta la epidemia de peste remitió espontáneamente después de unos lustros, salvo el Covid que parece ser eternamente "estacional" con vacuna y todo) y sin que médicos ni cirujanos de la época hicieran nada, así mismo el clima ha cambiado siempre y seguirá cambiando, aunque el ser humano recicle, reduzca las emisiones de CO2 y vaya pedaleando al trabajo

En el siglo X, se sabe que los vikingos llegaron a Groenlandia y así la llamaron: “Grünes land”, “tierra verde”. Ni hielos, ni ventiscas huracanadas, sino más bien tierras de cultivo, fértiles y ricas. Los asentamientos vikingos en la isla se prolongaron 300 años más. Luego desaparecieron, según unos se fueron a Vinland (ya en el continente americano), según otros se quedaron ateridos de frío y los ecologistas de hoy aventuran que talaron demasiados árboles y deforestaron los bosques. Mentira ecológica políticamente correcta, por supuesto, pero no por ello menos mentira. Una isla como Groenlandia no podía ser deforestada por los descendientes de los 15 drakares que consiguieron llegar hasta allí. Lo que ocurrió fue que se produjo una “pequeña edad de hielo”. Las temperaturas subieron sin que el ser humano participara. La bajada del mercurio se debió a varios factores: las radiaciones solares no son continuas, la actividad solar está sometida a ascensos y descensos y, para colmo, el eje de la tierra no es vertical, sino que se mueve como una peonza. Eso hace que la Estrella Polar (“la Polar es lo que importa”) ya no marque exactamente el Norte, sino que se haya desplazado. Es cierto que hacia 1850, con el inicio de la “era industrial”, entramos en una era de “calentamiento global”, pero es que en el 1.300 se produjo una “pequeña Edad del Hielo” y en el 900 un “período cálido medieval”, al igual que 2.500 años antes de Cristo, tuvo lugar un ciclo de “enfriamiento”. Antes, en el 6.000 antes de Cristo se inició un período cálido y así sucesivamente. El clima siempre ha ido variando, incluso antes de la aparición del ser humano. No hay motivo para pensar que esto no proseguirá por mucho que los ecolocos y buenas gentes concienciadas pontifiquen sobre cómo salvar al mundo reciclando.

NINGUNA "CONCIENCIA ECOLÓGICA" EN EL PEDROSANCHISMO

Por cierto, no me hablen de reciclar. Pertenezco a una generación que reciclaba: cuando había mucho papel en casa o botellas, se llamaba al trapero y asunto resuelto. ¡Y te pagaban por lo que se llevaban! Si los gobiernos tuvieran una voluntad de resolver el problema del clima (porque hay un problema en el medio ambiente, sobre el que luego llegaremos), lo primero que harían sería prohibir todo tipo de plásticos. Cuando era pequeño no existían botellas de plástico. Un buen día empezaron a invadirlo todo. Se envolvía la carne en papel de estraza. Y aquello no creaba ningún problema. Hoy, los “blisters” traspasan el sabor aséptico del plástico a cualquier alimento. Se tiene la sospecho de que el traslado de moléculas de los plásticos al organismo, no es precisamente una ganga y está en el origen de muchas enfermedades y cánceres- Si el gobierno español tuviera una conciencia ecológica haría años que impondría el reciclado de envases de vidrio y la prohibición de envases de plástico o de latas. Es más fácil prohibir la publicidad para menores de bebidas azucaradas (prohibición imposible de llevar a la práctica, por cierto), sin olvidar que los mismos menores que pueden decidir sobre si les castra y se les corta la pilila para cambiar de sexo, no pueden decidir sobre si tragarse una coca light o un zuño de brócoli.

No, decididamente, los gobiernos utilizan la coña del cambio climático para crear señuelos, desviar protestar, encarrilar la corrección política para senderos fácilmente trillables, etc. Lo mismo podríamos decir de las “panaceas ecológicas” de nuestro tiempo: el coche eléctrico. ¡Qué maravilla, lanzarlo cuando aún no han sido resueltos los grandes problemas técnicos de esta forma de trasporte! Ciertamente, el CO2 no contaminará, no habrá malos olores de la gasolina quemada, en absoluto: pero nadie nos asegura que la fabricación de acumuladores no dañará al clima, tanto o más. Como el papel reciclado que se puso de moda en los ayuntamientos “progresistas” en los años 80: no se derribaban árboles, pero se contaminaba tanto o más con la coña del reciclado que precisaba de detergentes en cantidades masivas. Podríamos seguir, pero estos ejemplos bastan para establecer una ley.

NI SIQUIERA EL DECRECIMIENTO ES LA SOLUCIÓN

Cualquier actividad que realice el ser humano, cualquier, incluso las básicas (comer, defecar, dormir) generan alteraciones en el medio ambiente. Además, la superpoblación hace que los problemas aumenten. Esta situación no tiene salida. Los que crean que bajando 1,5º la temperatura salvarán al planeta, o son tontos de baba o quieren engañar. El planeta se regenera… sí, pero hasta cierto punto, más allá del cual, el tiempo hace lo demás: se alternan ciclos de altas temperaturas con otros de fríos glaciares. Con o sin ser humano. El titanismo humano hace que se atribuya una importancia hasta ahora no cuantificada en este proceso natural. 

Y digo que no hay solución porque el “decrecimiento” que sería el único paradigma posible, que resolvería la parte de la degradación del medio que corresponde al género humano (pero no la que corresponde al propio planeta de clima siempre cambiante), no deja de ser una utopía inasumible: ¿está usted dispuesto a renunciar a algo? Piénselo bien, antes de contestar: ¿Está a favor de la sustitución de envases plásticos por otros de vidrio? ¿Sí? Bien, pero ¿está dispuesto a que la cesta de la compra pese 1/3 más? Ahí ya duda ¿verdad? Pues imagínese si le pregunta si está dispuestos a renunciar al aire acondicionado o al teléfono móvil; ¿y al coche? 

Salvo unos pocos “luditas” que viven de fantasías de otra época, no creo que nadie esté dispuesto a renunciar a nada. Si coincidimos en esto, deberá usted aceptar que la ecopolítica que nos regala el G20 o merluzos psicópatas del nivelazo de Pedro Sánchez, basada en el mito del “crecimiento sostenible” (no puede haber “crecimiento”, sostenible sí, pero ilimitado también, en un planeta de posibilidades y recursos limitados), es pura actuación exterior, gesticulación que no tiene más objetivo que sembrar el miedo (otro Miedo más, que se va sumando al Gran Miedo que domina toda la escena actual: miedo al terrorismo, miedo a la pérdida de empleo, miedo a la delincuencia, miedo a la degradación del medio, miedo a las pandemias, miedo a no pagar la hipoteca, miedo al aburrimiento, a la enfermedad y a la muerte…). Pero ahí están vendiendo mercancía averiada.

NO SE ENGAÑE: NO HAY NADIE EN EL TIMÓN

En realidad, la crisis ecológica de nuestro tiempo es un frente más que nos recuerda y que evidencia que hoy NO HAY NADIE EN EL TIMÓN. Si hubiera alguien al frente de los destinos humanos (incluso esa restringida élite que los conspiranoicos identifican con la masonería, con los judíos, con los “facistas”, con los Bildelbergs, etc), existiría un mínimo de “previsión”. Pero los gobiernos y las élites se han habituado a ser cortoplacistas: sus proyectos no alcanzan más allá de una legislatura (y quienes hablan del “horizonte 2030” es que quieren prolongar su mandato 10 años y no limitarse a dos legislaturas: eso es todo).

“Gobernar” quiere decir prever, planificar, proyectar para el futuro. Hoy los gobiernos se conforman con administrar el presente, quedarse su comisión, procurar ahorrar patrimonio suficiente para tener una vejez tranquila y poco más. Y pasa lo que pasa: en 2003 en mi libro Marruecos: el enemigo del Sur”, ya denuncié la absoluta estupidez del felipismo que había elegido un gaseoducto que trajera el gas de Argelia a España ¡a través de Marruecos! Sin tener en cuenta que los dos países del Magreb se llevan como el perro y el gato y que, antes o después, se enzarzarían en disputas que impedirían la llegada del gas argelino a España. Quizás una de las decisiones más sensatas de Aznar fue crear un segundo gaseoducto más directo que uniera España con Argelia. Pues bien, hoy aquello que temíamos en 2003 -y que temía todo aquel que conociera un mínimo de política magrebí- ha ocurrido: el grifo del gaseoducto felipista se ha cerrado a causa de las polémicas entre vecinos a cuál más insoportable.

ELEVACION DEL PRECIO DE LA ENERGÍA Y FALTA DE PREVISIÓN

Los medios están muy preocupados con las noticias sobre la elevación del precio de la energía que vienen ocupando las primeras planas de los informativos desde hace 90 días. ¿Es que nadie lo podía prever? ¿Cómo es que los poderes públicos no alertaron y actuaron en consecuencia sobre que el mercado de vehículos eléctricos iba a absorber demasiado consumo de electricidad, algo que la red no estaba preparada? ¿Cómo es que los moderes públicos no alertaron hace cinco años que las operaciones cifradas de criptomonedas y los certificados digitales NTF realizadas por los “mineros de criptomonedas”, no iban a absorber una parte creciente de energía eléctrica, además de tarjetas gráficos y chips capaces de hacer estos cálculos y que escasean desde hace 10 meses? En China se están construyendo a razón de cinco centrales nucleares al año. ¿Nos extraña? Aquí en la Europa bienpensante, el político que ose decir que hay que construir centrales nucleares con tecnologías del siglo XXI (las que existieron se construyeron con técnicas de mediados del siglo XX) se arriesga a ser crucificado por sus propios partidarios. Y sin embargo, son necesarias. Pero no se construirán porque ningún político, a lo largo de la historia de las últimas décadas, ha tomado ninguna iniciativa que pudiera perjudicar su carrera. No hay nadie en el timón. No lo olviden. Y los que lo ocupan no pasan de ser grumetillos ególatras e ignorantes.

Que el gobierno español piense solo en buitrear los presupuestos públicos, generar “paguitas” para crearse un electorado clientelar y cobrar bajo mano comisiones por subsidios dados a ONG inútiles, todo esto entra dentro de lo normal y no es algo que pueda sorprendernos. Aquí no es que haya o no políticos corruptos: todos lo son en mayor o menos grado, lo que hay es una diferencia entre los que son pillados en algún marronazo y los que salen indemnes. Pero es que eso mismo ocurre en la Unión Europea que demuestra la misma falta de previsión: ¿cómo es que la UE ha estimulado especialmente al sector primario con subvenciones por plantar viña y, al mismo tiempo, por arrancar vides? ¿se puede adoptar alguna política más absurda que la de traer naranjas marroquíes, argelinas, israelitas y sudafricanas en lugar de consumir SOLO naranjas españolas? ¿Cómo es que ningún plutócrata de la UE previó hace dos décadas que Europa precisaba tener en cada rincón una fábrica de microchips y que ese era el sector del que sería más dependiente la industria en las décadas que siguieron?

No busque conspiraciones, no intente identificar a los “maestros del mundo”. No existen. Existen, eso sí, las “dinastías económicas” que no coinciden con las grandes fortunas de la lista de millonetis (los Elon Musk, los Gates, los Soros, los Amancios, etc.). Las grandes acumulaciones de capital no son de ayer, no pertenecen a nombres propios, sino a holdings familiares. ¿Sus apellidos? Los Rothschilds, los Vanderbilt, los Rockefellers, los Koch, los Walton,  los Mars, etc. (y no piensen mal, el hecho de que la mayoría de ellos sean judíos no implica que no haya judíos que lo pasan tan mal como un cristiano viejo para llegar a fin de mes). Pero, la realidad, es que estas dinastías solamente actúan en comandita ante enemigos comunes. La mayor parte del tiempo compiten entre ellas. Cada cual juega en su liga contra otros que son lo más parecido a él. Y los encuentros de la "liga de millonetis" son los menos amistosos de todos los partidos. Lo que aumenta la sensación de que no hay nadie en el timón de los destinos de la humanidad.

REPENSAR EL MUNDO PARA DESPUÉS DE LA "TORMENTA PERFECTA"

¿Entonces? Entonces, si no estamos dispuestos a aceptar el “decrecimiento”, si somos conscientes de que con una disminución de 1’5º de temperatura, no se solucionará ninguno de los problemas climáticos y si se ignora que el clima no solo depende de nosotros, sino que la naturaleza también tiene su arte y parte, si aceptamos que los gobiernos no hacen nada por nosotros, ni son capaces de planificar a medio y largo plazo, entonces llegaremos a la conclusión -muy realista, por lo demás- de que no puede hacerse nada. Salvo aceptar las cosas como son, recluirse en el propio mundo interior y en el del propio clan familiar o social y dar la espalda a toda esta acumulación de mentiras, de incongruencias, de verdades a medias, de negligencias y de estupideces. Entonces y, solo entonces, podremos empezar a repensar el mundo: y para ello habrá que inhibirse del presente, renunciar a actuar sobre el presente, generar redes en las catacumbas capaces de ofrecer un proyecto común después de que haya pasado la “tormenta perfecta”.

A nuestra generación le ha sido dada ver el ocaso de una era. No podremos ver el advenimiento de la que se seguirá, pero, al menos, tenemos el privilegio de ver que todo lo que denunciamos como absurdo en la modernidad, termina siendo el acelerador que conduce a una humanidad al precipicio. Otras generaciones ni siquiera se darán cuenta de que se están cayendo…