martes, 26 de noviembre de 2019

Crónicas desde mi retrete (48) – LOS PACTOS ENTRE EL CLUB DE LOS DERROTADOS


Si alguien creía que la formación de un nuevo gobierno iba a ser un camino de rosas, poco a poco se va evidenciando las carencias y los problemas, hasta el punto de que, a día de hoy, todavía nada está decidido. Obviamente, en Podemos, todos los dirigentes quieren comprarse casoplones similares al de su jefe y eso pasa por inclinar la testuz ante el PSOE, es decir, antes los mismos que apenas unas semanas antes los tachaban de impresentables, sino de piojosos. Pero en un partido de más experiencia, debería estar más claro que lo que está en juego, no son cuatro años de gobierno, con el consiguiente reparto del botín, sino el futuro del país y el suyo propio. El PSOE ha caído en tal estado de indigencia intelectual que es incapaz de pensar en el pasado mañana, sino en el aquí te pillo, aquí te mato.

Ni el PSOE ni Podemos fueron los grandes vencedores de las pasadas elecciones: el primero perdió tres diputados y el segundo siete. En cualquier caso, la suma de ambos, da 146 diputados, así que todavía faltan 30 para que obtener mayoría parlamentaria. Aun cuando, Ciudadanos asumiera que estas iban a ser sus últimas elecciones y decidiera apoyar al gobierno, sus escuálidos 10 diputados, estarían serían también insuficientes. Así que a Sánchez (y a los monaguillos de Podemos) les faltan 30 escaños para salir adelante. La coalición está cerrada, así que parece difícil que haya nuevas incorporaciones y los únicos apoyos que pueden obtenerse es para lograr una abstención en lugar del NO, que tumbaría la coalición antes incluso de que se estrenada. Esto equivale a hacer concesiones, no para lograr el apoyo activo, sino para evitar el voto negativo.

Y los únicos a los que se puede recurrir es a los independentistas. Hasta ahora, pactar con ellos suponía desviar algunos milloncejos hacia sus comunidades o entregar algunas competencias que todavía no estaban descentralizadas. Pero ahora las cosas han cambiado. Los independentistas, exigen concesiones políticas y efectos judiciales: referéndum, mesa de negociación y amnistía para sus presos, retorno de los autoexiliados y, aquí no ha pasado nada judicial… Eso, o votarán en contra.


La pregunta es: ¿puede Sánchez dar alguna de estas concesiones? Respuesta: claro que no, salvo que haya decidido dinamitar su propio partido. Pregunta siguiente: ¿sabe que no puede darlas? Respuesta: le tiene completamente sin cuidado. Para él, no existe ni el mañana del PSOE, ni el mañana del país, ni otra cosa que no sea el mañana de Pedro Sánchez. Y un desaprensivo así resulta peligroso para todos.
Es peligroso para los ciudadanos, porque, no resulta aventurado pensar que el “pactos de los perdedores” suscritos tras el 10-N, va a exigir tal esfuerzo presupuestario que, si la legislatura se prolonga, podemos encontrarnos con dos billones de déficit público que pagarán todos los que viven de una nómina. Que los impuestos se van a disparar y que, ni siquiera eso conseguirá pagar los intereses de la deuda es algo que sabemos todos.
Es peligroso para la identidad nacional, porque tanto Podemos como el PSOE son dos partidos, sin doctrina política que los avale detrás y sometidos solamente a una serie de tópicos ideológicos progresistas entre los que se cuenta: mas inmigración, más multiculturalidad, más mestizaje, más subsidios para los grupos halógenos, más nacionalidades regaladas y más lastres sociales.
Es peligroso para las inversiones porque el programa suscrito por el “club de los perdedores” habla de “crear más trabajo”… pero no explica cómo, ni en función de qué modelo productivo, ni siquiera en qué sectores. Y todo esto se convierte en todavía más oscuro desde el momento en el que la crisis económica esperada para 2020, empieza a hacer sentir sus primeros efectos en la bolsa de trabajo de nuestro país. El dinero, como se sabe, es “cobarde”, huye de las zonas problemáticas y, en este momento, el IBEX 35, desde el 11 de noviembre, solamente ha ido acumulando pérdidas. Y la cosa no tiene aspecto de mejorar.
Es peligroso para las costuras del país en la medida en que el perverso sistema electoral generado por la constitución de 1978 cuando se pretendía que el papel de fulcro de la balanza estuviera en manos de los “nacionalistas moderados” se ha volatilizado por la fragmentación del voto y la imposibilidad de generar mayorías absolutas, agravada, además, por la transformación de los “nacionalistas moderados” en “independentistas radicales”, cambio que, por otra parte, era previsible que iba a ocurrir desde 1978 a la vista de pasadas experiencia históricas. Porque la gran paradoja del país es que van a ser los que quieren la no-España los que tengan en sus manos la gobernabilidad de España.
Los errores se pagan y el electorado español va a pagar caro los errores cometidos en las últimas décadas y que se han ido acumulando más y más. Ya hemos dicho en otras ocasiones que se ha llegado a un punto de no retorno por vía electoral. Nunca unas elecciones han resuelto los grandes problemas de un país y mucho menos en este momento en el que el pueblo español ha perdido su capacidad crítica, su memoria y es incapaz de valorar las propuestas de uno u otro partido y lo que implica elegir a unos o a otros. No somos cocineros así que no tenemos una receta que dar: esto corresponde a los que tienen ambiciones políticas (y no solamente ambiciones personales). Pero si alguien cree que alguna opción va a poder dar el golpe de timón definitivo que precisa el país cada vez con más urgencia, se equivoca. Y a las pruebas me remito: cada elección es un paso más hacia el precipicio.

No tengo muy claro que Pedro Sánchez tenga una idea remota de la mentalidad independentista. Ni siquiera que sea capaz de reconocer las diferencias taxonómicas entre las distintas variedades de independentismo, ni como se produce la interactuación entre ellos, ni tan solo que pueda deducir el papel de la “sociedad civil independentista” en el juego de los partidos indepes. Si lo supiera, sabría que el universo independentista es hoy una olla de grillos en la que el único interlocutor válido, hoy por hoy, ERC, tiene miedo de reconocer en voz alta lo que casi toda su dirección sabe ya: que no hay posibilidades de alcanzar la independencia, que todo el “procés” fue un cálculo demasiado voluntarista y apresurado, erróneo en definitiva, y que esa vía ha concluido, incluso aunque convencieran a Sánchez de hacerse el haaá-kiri aceptando la celebración de un referéndum legal, lo seguro es que daría un resultado negativo y cada vez con menos votos indepes (esto es lo que se deduce de las encuestas de opinión de la propia gencat).


El problema para ERC es que, si reconoce que la independencia es imposible, sus rivales inmediatos, JxCat (ex CDC) y CUP-CDR, se disputarán la sangría de votos perdidos. No es que, al menos buena parte de JxCat la vía de la independencia siga siendo posible, es que en la alocada carrera para ver quién es más independentista, el que renuncia a correr, pierde. Incluso en el supuesto de que los dos partidos, ERC y JxCat renunciaran a la vía independentista, el problema no se resolvería porque ahí está la “sociedad civil indepe”, compuesta por asociaciones ultrasubvencionadas, para seguir presionando, incluso con la creación de un nuevo partido indepe dirigido por los Jordis que comerán el turrón del 2019 en sus casas, rodeado de la aureola mística del “sufrimiento por la patria”.

Tot plegat -como se dice en Cataluña- lo cierto es que el independentismo se ha convertido en un batiburrillo de camarillas irreconciliables, en donde la imposibilidad de alcanzar el objetivo estratégico final, hace imposible la reconstrucción de una unidad estratégica que solamente fue posible antes del 1-O, cuando se creía que la independencia estaba al alcance de la mano. Pensar que el Omnium o la ANC van a reconocer algún día que la vía hacia la independencia ha caducado equivaldría a restarles su razón de vivir.  Y pensar que algún gobierno pro-independentista o nacionalista les va a negar subvenciones para rebajar su agresividad, es también una hipótesis inviable. De ahí que la situación catalana no tenga remedio y haya terminado gangrenando a todo el Estado.

Porque los votos que precisa Sánchez, por vía de la abstención, le pueden costar tan caros que, o se hunde él y su sigla, si realiza concesiones, o bien se hunde directamente el país. O las dos cosas. Un acuerdo, por vía de la abstención, con los nacionalistas es inviable a medio plazo y supone que un gobierno del Estado -el gobierno de los derrotados- para ser estable, precisa ceder siempre y en todo momento al chantaje de los independentistas (que, a tenor de las encuestas de la gencat, van viendo también como disminuyen sus propios apoyos).

Si nos fijamos en el “modelo geométrico” que diseñamos para interpretar la realidad política española, veremos que, contra toda lógica, contra el más palmario sentido común, en lugar de gobernar con los partidos que componen la “centralidad política española” (PP y PSOE), Sánchez ha optado por hacerlo con un partido situado en esa centralidad, aliado con un partido de la periferia (Podemos) y con la abstención de la “periferia de la periferia” (los independentistas). Las contradicciones entre poder político y poder económico van a generar una situación completamente excéntrica y desequilibrada en los próximos años.

Nada de todo esto va a ser similar a la crisis que vivió España en 2008-2012. Si en aquel momento, el proceso fue: primero apareció la crisis económica, con ella se desencadenó una crisis social que, finalmente, desembocó en crisis política (aparición de nuevos partidos), ahora lo que se va a dar al mismo tiempo es una crisis económica a caballo con una crisis política y, juntas, van a generar una crisis social y de identidad.

Y esto sí que lo ha previsto Sánchez insistiendo en el “cordón sanitario frente a Vox”, consciente de que el gran beneficiario de la actual situación será, en las próximas elecciones el partido verde: por primera vez, tras las últimas elecciones se ha evidenciado que parte de los votos perdidos por el PSOE y por Cs, no iban a parar ni a Podemos, ni a la izquierda nacionalista, sino a Vox. No importa que, inicialmente, Vox no sea “populista”, sino que, fuera en sus primeros pasos una mera fotocopia del PP(auténtico)… Lo que importa es que la propia crisis del sistema va a modelar -está modelando- los criterios de Vox, si quiere seguir ganando votos: más políticas sociales, más defensa de la identidad, más oposición al liberalismo económico, más crítica a la globalización, más defensa de los “españoles primero”… Solamente así conseguirá crearse un perfil propio y crear “caladeros seguros” de votos en zonas populares.

¿Es esta la solución? No vamos a poner la mano en el fuego, desde luego, pero, al menos, será una solución para intentar retrasar al máximo el salto al vacío que, con seguridad, Sánchez y el “club de los perdedores” se preparan para dar. Ahora bien, para transformar a Vox en una opción populista digna de tal nombre, el partido precisa renovar algunos rostros, remover otros y deshacerse de la influencia de sectas religiosas que actúan en su interior y abandonar los resabios peperos que quedan en él.

lunes, 25 de noviembre de 2019

Acaba de aparecer el nº 64 de la Revista de Historia del Fascismo Monográfico: Documentos del Neofascismo (1)


Hemos reunido en este volumen distintos documentos emitidos por formaciones neofascistas entre 1952 y 1972. Se trata de documentos históricos, publicados y traducidos, para uso de investigadores y de interesados en la cuestión. En ningún caso, pueden ni deben ser considerados como documentos de “propaganda política” aplicables en nuestros días. Es más, si alguien los quisiera utilizar para fines de propaganda le serían completamente inútiles: fueron redactados en otra época, en una situación socio-política e histórica muy diferente a la nuestra y sirven sólo para conocer el zeitgeist de aquellos tiempos, el espíritu de la juventud neofascista de la postguerra. Si hemos colocado en primer lugar la traducción integral del libro La lotta politica de Avanguardia Nazionale es, porque, de entre todos, es el texto que alude a política real. Los otros, son más bien, textos ideológicos representativos de varias tendencias del neo-fascismo de la postguerra: el “revisionismo” de Joven Europa, el curioso “dogmatismo racista” del Nuevo Orden Europeo, el juicio que algunos sectores neofascistas hacían del fascismo histórico, e incluso el intento de proseguir en la misma vía, sin ninguna modificación en el caso del texto que sirvió de base para la WUNS. Son, en cualquier caso, testigos de otra época y del carácter y voluntad de quienes los redactaron 


SUMARIO

LA LUCHA POLÍTICA DE AVANGUARDIA NAZIONALE (1972)

Introducción a la segunda edición            
INTENCIÓN
PRESENTACIÓN
DATOS HISTORICOS SOBRE AVANGUARDIA NAZIONALE 
> ORGANIZACIÓN Y MÉTODO    
> INTRODUCCIÓN           
      Iº. METODOLOGIA
     2º. ORGANIZACIÓN POLÍTICA
     3º. TÉCNICA POLÍTICA              
     4º. CONCLUSION        
> PRINCIPIOS REALES Y MITOS A LA MODA           
     EL HOMBRE  
     LA HISTORIA
     REVOLUCIÓN
     LA POLÍTICA 
     TÉCNICAS     
     EUROPA        
> RENACIMIENTO EUROPEO      
> PANORAMA POLITICO  
> FUNCIÓN  EXTRA-PARLAMENTARIA DE A.N      
> MANIFIESTO DE LOS ESTUDIANTES DE A.N       
> EL BARICENTRO DE LA REVOLUCIÓN NACIONAL             
> REPRESIÓN    
> CONCLUSIÓN
> NECESIDAD DE UN VOCABULARIO COMÚN      

MANIFIESTOS NEOFASCISTAS (1952-62)

> MANIFIESTO DE ZURICH del NUEVO ORDEN EUROPEO (1952)   
> TERCER MANIFIESTO DE LAUSANNE DEL NUEVO ORDEN EUROPEO (1960)
> MANIFIESTO SOCIAL-RACISTA DEL «NUEVO ORDEN EUROPEO» (1962)
> JOVEN EUROPA - «Manifiesto a la Nación Europea» (1962)
> DIVIDE ET IMPERA (1959)
> MANIFIESTO Y ACUERDOS DE LA UNIÓN MUNDIAL DE LOS NACIONAL-SOCIALISTAS (1962)
> TRECE TESIS (1953)
> NATION EUROPA (1955)
> ADOLF HITLER
> MANIFIESTO DE LA CONFERENCIA DE VENECIA


DATOS TÉCNICOS

Tamaño: 15x21 cm
Impreso en papel de 80 grms.
Portada en cuatricomía, peliculada y con solapas
Ilustrado
Páginas: 236
Pedidos y correspondencia: eminves@gmail.com
Precio ejemplar: 20,00 euros (+ 4€ gastos de envío)
Suscripción (6 ejemplares año) 110 euros
Descuentos del 50% por pedidos superiores a 9 ejemplares.


domingo, 24 de noviembre de 2019

La crisis de la enseñanza en España (5) – LA CATASTRÓFICA REFORMA DE LA LOCE


Existió un antes y un después de la LOCE: ni era una ley perfecta, ni siquiera se aproximaba a la perfección, pero marcaba una encrucijada: a partir de la LOCE la enseñanza podía mejorar… o empeorar. La siguiente reforma confirmó la tendencia a la decadencia desde el momento en que introdujo y oficializó la temática y los tópicos “progresistas” en la educación. El resultado ha sido nefasto y ahora ya estamos en condiciones de reconocer que con la reforma de la LOCE se llegó a un punto de no retorno. De hecho, la actual crisis de la enseñanza y la desintegración del sistema educativo español, incapacitado para cumplir sus objetivos -formar jóvenes en condiciones de afrontar los retos de la sociedad- está directamente vinculada a aquella reforma.

El 3 de julio de 1985 el gobierno socialista aprobó la Ley Orgánica Reguladora del Derecho a la Educación (LODE) y en 1990 la Ley Orgánica de Ordenación General del Sistema Educativo de España (LOGSE) que estuvo en vigor en los años en los que gobernó en PP, hasta que un año antes de ceder el poder de nuevo al PSOE, se aprobó la Ley Orgánica de Calidad de la Educación (LOCE) reformada radicalmente cuatro años después, durante los primeros años del zapaterismo, por la Ley Orgánica de Educación (LOE) de 2006, que luego intentaría ser reformada por la “ley Wert” (o Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa) y cuyas tímidas reformas fueron enterradas definitivamente en 2018.

Si nos centramos específicamente en la reforma de la LOCE es porque, a partir de ella, se introdujeron en la educación española, los principios y tópicos progresistas. Reconociendo las limitaciones y las timideces con las que el PP ha abordado siempre las necesarias reformas educativas, lo que ha venido después ya ha sido una cascada de errores que han desarticulado incluso la posibilidad de realizar una reforma educativa y nos han consagrado como farolillo rojo de la educación en Europa.

*     *     *

La educación no es un campo neutro, sino un terreno en el que los progres han insistido siempre a la vista de su carácter de arma ideológica de primer orden. Esto ocurre, especialmente, cuando los partidos olvidan cual es la función social de la educación: formar jóvenes adaptados para la vida social y con posibilidades de éxito en una sociedad competitiva. Todo lo demás es accesorio.

Pero para el PSOE y para el PP, lo esencial no es eso, sino hacer valer su línea política. En las actuales circunstancias, la posibilidad de una reforma educativa estable es algo que se escapa a los horizontes de los partidos mayoritarios y que se agrava con el papel jugado por los partidos nacionalistas solo preocupados porque sus fantasías seudohistoricistas se enseñen obligatoriamente en su demarcación.

Hoy, cualquier reforma educativa estable es imposible a causa del choque entre el PP y el PSOE de un lado y por el choque entre estatalistas, nacionalistas y tibios talantudos de otro. No hay posibilidades de consenso y, tanto en este como en otros terrenos, no hay posibilidades de aprobar una política de Estado.

Para el PSOE, la reforma de la Ley Orgánica de Calidad de la Enseñanza “suprime los aspectos anacrónicos de la LOCE”… y cuando el PSOE dice esto se refiere solamente a la enseñanza de la religión.

Efectivamente, con la enseñanza de la religión hay un problema. Para la LOCE la asignatura era obligatoria y tenía efectos académicos, se aprobaba o se suspendía, para la reforma educativa del PSOE se transformar en asignatura no obligatoria y sin efectos académicos. Los centros deberán elegir asignaturas alternativas para quienes no opten por religión. En la práctica, la asignatura de religión se transforma en una “maría”, algo que ya era desde los años 50, cuando la trilogía “Formación del Espíritu Nacional, Gimnasia y Religión” eran las “tres marías” que conllevaban un aprobado general.

El PSOE argumenta esta opción amparándose en el carácter laico del Estado: “en un Estado laico sobra la religión”… si, pero, no exactamente, como veremos.

Da la sensación de que los padres deberían tener libertad para elegir el tipo de educación que quieren para sus hijos. Quienes opten por la enseñanza pública, optan por una enseñanza a cargo del Estado. De un Estado laico, por tanto, la enseñanza que allí reciban será necesariamente laica, esto es, derivada directamente de los principios constitucionales. Sin embargo, quienes opten por colegios religiosos, están optando también por un tipo de formación humana que responde a ellos. A un centro católico corresponde necesariamente una preparación católica de los alumnos. Y esto nos parece incuestionable: a eso se le llama “libertad de enseñanza”. Imponer un modelo laico a las escuelas católicas es abusivo y limitativo.


Entre su arsenal de tópicos los progres insisten en la necesidad de no traumatizar a los alumnos mediante una enseñanza autoritaria y memorística, en beneficio de la “comprensión de los conceptos”… en efecto, los conceptos se “comprenden”, y, acto seguido, se olvidan. El otro pilar básico de la enseñanza progre es el “aprender jugando”. No se puede forzar a los alumnos a aprender algo que no quieran aprender. En los primeros años de educación básica, los progres lo que proponen es que se “engañe” al niño, haciendo que aprenda mediante el juego… Lo que se manifiesta cuando cumplen los 14 años es que han aprendido… a jugar, pero no a estudiar.

La reforma de la reforma de la LOCE va en la misma dirección que la ley aprobada en 1990 y que causó el destrozo actual del sistema de enseñanza: los valores que se enseñan son siempre finalistas (tolerancia, multiculturalidad, pacifismo, democracia, humanismo, buenismo en sentido amplio), pero no se enseñan los valores instrumentales (esfuerzo, sacrificio, constancia, trabajo, etc.), que son los que ayudan verdaderamente en el día a día. Y así se produce la paradoja de que los alumnos son extremadamente “tolerantes”… pero ignoran lo que es el esfuerzo personal en el día a día: tolerantes todo lo que haga falta (en el fondo la tolerancia es un valor poco comprometido), pero ayuda a la familia en el mantenimiento del hogar, cero.

Por otra parte, la enseñanza de valores instrumentales ayuda al alumno en sus estudios: nada se consigue sin esfuerzo, ni sacrificio y mucho menos, el aprendizaje de las matemáticas o la física. El valor “tolerancia”, la lucha contra la xenofobia y el racismo, parecen loables tareas, que no aportan absolutamente nada a la preparación del alumno: en efecto, la “tolerancia” no le hará aprender matemáticas, ni siquiera le preparará para estudiar matemáticas.

Como su nombre indica, los valores finalistas suponen la educación en los objetivos finales –luego problemáticos e, incluso, en constante mutación- de la sociedad, mientras que lo que cuenta son los valores instrumentales, sin los cuales, ni el alumno podrá triunfar en su vida personal, ni siquiera estará en condiciones de disponer de elementos para tender a la realización de los valores finalistas.

Cuando el PSOE introduce la idea de “educación cívica”, cuando suprime la reválida, priorizar el apoyo a alumnos con dificultades en detrimento de una enseñanza que no genere fracasados a partir de los 10 años, cuando afirma que con tres suspensos se pasará al curso siguiente ¡sin exámenes de septiembre! lo que está haciendo es rebajar las exigencias académicas requeridas, bajando el listón: menos nivel académico… para que pasen más alumnos.

En las universidades dan por sentado algo que no se realiza en la práctica: en efecto, los alumnos no llegan preparados, la selectividad y el primer año de carrera, operan la verdadera selección.

La ley suaviza las exigencias académicas hasta tal punto que se alcanzan niveles de ineficacia absolutos en la enseñanza: la “escuela comprensiva”, es la escuela de los fracasados no competitivos, es la escuela creada por la LOGSE y que el PP no estuvo en condiciones de reformar en profundidad.

Reconocemos en el PP una voluntad de identificar los problemas que acarreó la LOGSE y un intento de reforma que no pudo consolidarse en primer lugar por la oposición cerrada de las comunidades autónomas (especialmente la vasca y la catalana) y en segundo lugar por el revanchismo progresista del PSOE.

Esperanza Aguirre, en su etapa de ministra de educación, intentó reformar la enseñanza de historia, en un momento en el que el PP no tenía mayoría absoluta. La reacción nacionalista fue histérica. El nacionalismo se asienta en la falsificación y mitologización de la historia, a su antojo y según sus conveniencias. Una de las pocas medidas tomadas por el tripartito catalán consistió en bloquear algunos aspectos de la LOCE desfavorables para el nacionalismo.

A decir verdad, aunque tanto el PP como el PSOE no hayan sido capaces de llegar a un consenso y de estructurar una política de Estado en este y en otros temas, y ambos sean co-responsables, el papel jugado por ambos no es simétrico: el progresismo extremo del PSOE ha sido responsable el gran culpable del desmantelamiento del sistema educativo español, pero al PP le cabe la responsabilidad haber pactado con los nacionalistas entre 1996 y 2000 la inmovilización de la reforma Aguirre y haber hecho de la temática religiosa un factor central de la oposición al PSOE. Y luego, entre 2000 y 2004, que no abordara la reforma de la LOGSE con más rapidez y energía.


Está claro que el problema de la enseñanza religiosa existe. Entre otras cosas porque España no es un accidente en la historia, sino que tiene una “tradición” propia. Esa tradición, como todo lo que contribuye a transmitir una “identidad”, merece ser enseñado, cuidado y conocido. La tradición específicamente española, entre la conversión de Recaredo y la transición, es la tradición católica. No puede entenderse la nación española, sin entender el papel jugado por el catolicismo en nuestro país. Harina de otro costal es que, España (Hispaniae) sea anterior al episodio de la conversión de los godos al catolicismo y que sobrevive después de haber “dejado de ser católica” en las últimas décadas.

Es cierto que la relajación de los niveles de filiación al catolicismo han ido descendiendo en los últimos cuarenta años y, por tanto, esta asignatura no puede ser obligatoria… salvo en los centros religiosos que tienen perfecto derecho a incluir los contenidos religiosos a la hora de evaluar la capacidad de los alumnos.
Los tópicos progresistas (empezando por el laicismo, enseñanza no autoritaria y antimemorística, etc.) han sumido a la enseñanza, especialmente a la pública, en una crisis terminal. En esas condiciones no puede extrañar que un número creciente de hijos de padres laicos, deriven a sus vástagos hacia la enseñanza religiosa y privada.

La enseñanza debe ser exigente con el alumno. Más vale que el alumno aprenda el valor del esfuerzo y el sacrificio en sus primeros años, que no a lo largo de toda su vida o en una situación de fracaso personal: la vida es esfuerzo, lucha, sacrificio, el juego es agradable… pero se aprende espontáneamente, solo los progres consideran necesario “guiar” a los niños en el aprendizaje del juego. Lo que es necesario es preparar al alumno para una sociedad competitiva: hace falta exigirle desde la pre-escolar, hace falta entrenarlo en los valores instrumentales sobre los finalistas. Sólo de ese modo podrá elevarse el nivel de la enseñanza y evitarse que a la llegada a la universidad, en el primer curso y en el examen de acceso, el fracaso ronde el 50%.

La enseñanza debe estar orientada por las necesidades de la sociedad: nuestra sociedad precisa técnicos, ingenieros, programadores, médicos, científicos, expertos, sobran abogados, filósofos, historiadores, psicólogos, periodistas, carreras que históricamente están aportando los mayores contingentes de parados. El Estado no puede permanecer de espaldas a las necesidades de la sociedad. Faltan licenciados y diplomados en unas carreras… sobran en otras. Sobran en las carreras más “fáciles”, faltan en las que requieren una mayor fijación en las asignaturas “difíciles”. Luego el Estado debe corregir esta tendencia: debe insistir en la enseñanza de las matemáticas, la física, el idioma extranjero y reducir las horas lectivas dedicadas a humanidades. Y las horas que se dediquen a estas asignaturas deben ser concretas, unificadas, no sometidas al albur de las necesidades seudohistoricistas de los partidos nacionalistas.

Es preciso que el fracaso escolar no se acumule en los últimos cursos del bachillerato. Asignatura suspendida: recuperación y examen de septiembre. Ni un solo alumno puede pasar de un curso a otro sin estar preparado para ello, so pena de acumular progresivamente un déficit académico que, llegado a un punto, se transforma en irremediable (especialmente en asignaturas como matemáticas). Esto implica el sistema de reválidas a los 14 y a los 16 años, previos a la entrada en la universidad o a las carreras de grado medio o a la formación profesional. El antiguo sistema de reválidas terminaba siendo una “selectividad” continuada a lo largo de la vida académica del alumno. El antiguo preuniversitario cumplía perfectamente, en esas circunstancias, la función de un curso preparatorio para el acceso en la enseñanza superior.

La enseñanza pública es demasiado importante para dejarla en manos del buenismo de progres trasnochados.

sábado, 23 de noviembre de 2019

La crisis de la enseñanza en España (4) - LA PARTE DE LA INMIGRACIÓN


La inmigración ha sido uno de los factores que han contribuido a aumentar la crisis de la enseñanza; no el único, pero sí el factor exógeno que más impacto ha tenido. Nadie, en su sano juicio, puede pensar que la inyección de un porcentaje altísimo de nuevos alumnos, muchos de los cuales ni siquiera dominan el castellano y llegados de horizontes muy distintos y que con distinto interés a la educación, puede realizarse sin pagar un alto coste. Nadie había previsto en 1996 la llegada masiva de inmigrantes en el país y la forma en la que repercutiría en todos los servicios (sanidad, consumo de energía, accidentes laborales y de tránsito, prisiones, administración de justicia y, por supuesto, educación).

En 2011, la American Sociological Association realizó un estudio en más de 13 países occidentales sobre una muestra de 7.000 adolescentes inmigrantes, procedentes de 35 países distintos. Se trataba de establecer si los jóvenes inmigrantes se ven afectados en sus estudios por las influencias que sobre ellos ejercen los países de origen. La respuesta es que sí, existen esas influencias y actúan negativamente en el rendimiento académico de los escolares inmigrantes. Los hijos de inmigrantes procedentes de países políticamente inestables tienen un rendimiento académico más bajo que el de otros niños inmigrantes. El nivel de abandono escolar es bastante más alto y su porcentaje de ingreso en la universidad mucho más bajo.

Pero hay otra observación más importante: los alumnos de origen inmigrante de segunda generación obtienen peores resultados escolares que los de primera generación, cuando en principio debería de ser todo lo contrario, a medida que una comunidad inmigrante y todos sus miembros aumentan la permanencia en el país debería de producirse un fenómeno de integración progresivo.

En España el nivel de fracaso escolar entre la inmigración es alto. Mucho más alto que entre los alumnos autóctonos cuyo fracaso es superior a la media de la Unión Europea. En un informe publicado el 31 de enero de 2012 por la Comisaría Europea de Educación sobre las estadísticas de fracaso escolar en la UE muestran que cada año más de seis millones de jóvenes abandonan los estudios en la UE sin concluir la ESO, lo que a su vez comporta un gran obstáculo para el normal desarrollo económico y social. El informe explicaba que la situación se agrava en el caso de los jóvenes de origen extranjero, ya que hay una mayor concentración de fracaso escolar entre los inmigrantes, con unas tasas que doblan las de los nativos.

El 26% de los inmigrantes de los países de la UE de entre 18 y 24 años abandonan el sistema escolar sólo con el título de Primaria o habiendo cursado parte de la Secundaria, mientras que ese porcentaje se reduce al 13% entre los autóctonos, pero en España las cifras son muchísimo más altas: un 45% de los inmigrantes no concluyen sus estudios cuando el fracaso escolar es del 30% entre los alumnos autóctonos (teniendo solamente por delante a Malta y Portugal). El mayor porcentaje de abandono de los estudios a edades tempranas es en general mayor entre los inmigrantes que entre los nativos en prácticamente toda la UE. Todo esto se atribuye a las condiciones socioeconómicas familiares y las de adaptación entre los jóvenes extranjeros de entre 10 y 15 años. A nadie se le escapa el coste económico que supone para España el fracaso escolar: alumnos que reciben servicios gratuitos pero que no los aprovechan. El responsable de educación de la Unión Europea, Androulla Vassiliou definió este coste como “inasumible”.


Las explicaciones al fracaso escolar parecen no reconocer los factores culturales y se centran solamente sobre los económicos. No reconocen que los magrebíes, por ejemplo, apenas otorgan importancia a la educación, apenas ven rentable e interesante cualquier otra cosa que no sea el que sus hijos empiecen a trabajar inmediatamente y no atribuyen –dada su cultura fatalista- importancia a la formación. Y ante este factor no hay absolutamente nada que hacer: es como un muro ante el cual cualquier presupuesto, toda inyección de fondos, cualquier medida de discriminación positiva, son completamente inútiles e ineficaces. Véase por ejemplo la medida con que el Ayuntamiento de Barcelona intenta beneficiar a la inmigración.

A partir de 2012, Barcelona reserva en cada centro plazas escolares para hijos de inmigrantes. Los padres de alumnos que inscribieron a sus hijos a partir del curso 2012-2013 se reservan plazas para alumnos inmigrantes tanto en escuelas públicas como concertadas. En cada clase deberá haber dos plazas para alumnos con “necesidades educativas especiales”, es decir, para inmigrantes. Con ello se pretendía evitar las llamadas “escuelas gueto”, mayoritariamente públicas, donde el porcentaje de inmigrantes llega hasta el 95%. No se trata de un “regalo”, sino de una imposición. Si se considera, por ejemplo, que un alumno tiene una “condición social desfavorable” al desconocer el catalán y el castellano, podrá obligarse a los padres a que lo matriculen en otro centro donde existan plazas de reserva. Con ello se pretende ir equilibrando la distribución de estudiantes inmigrantes… Lo que ha ocurrido es que en aquellos centros en donde hasta ahora la enseñanza no se veía ralentizada por la presencia de alumnos inmigrantes, a partir de ese momento empezaron a tener problemas por la inclusión de este alumnado. Una vez más el “mal de todos” se convertirá en el “consuelo de tontos”… Pero como el que no se conforma es porque no quiere, fuentes de la Generalitat de Catalunya indicaron el 11 de octubre de 2011 que "El 75% de los niños inmigrantes de colegios públicos son culés"… así que ¿para qué preocuparse?

En el curso 2000-2001 estaban matriculados 141.916 niños hijos de inmigrantes en las escuelas españolas. La mayoría de ellos habían llegado en la primera oleada de inmigración que se dio entre 1997 y 2000, durante la primera legislatura de José María Aznar. Parecían pocos, pero eran muchos si tenemos en cuenta que en aquel momento el número de inmigrantes presentes en el país estaba -oficialmente- en torno al millón y se tenía la sensación de que los recién llegados eran varones jóvenes en edad de trabajar. En realidad, inmediatamente asentados, traían a sus familias (algo que se ocultaba a la población para no generar “alarma social”.

En el curso académico 2001-2002, a los anteriores, se unieron 100.039 alumnos más y, desde entonces, no habían dejado de crecer hasta llegar en el curso 2011-2012 a ser 770.384, tal como puede verse en el siguiente cuadro procedente del documento Datos y Cifras. Curso escolar 2011-2012, publicado por el Ministerio de Educación:



En este cuadro puede percibirse que el número de alumnos en Enseñanza Infantil (pre-escolar) aumentaron casi seis veces, mientras que los alumnos inmigrantes en Educación Primaria aumentaron casi cinco veces y los de bachillerado seis veces. El mayor aumento, sin embargo, se dio entre los alumnos de Formación Profesional: aumentó doce veces en apenas diez años…

En el informe del Curso escolar 2018-2019 publicado por el Ministerio de Educación, se omite deliberadamente el número de alumnos procedentes de la inmigración. Y en un informe anterior se reconoce que Aragón y la Rioja con las comunidades con más porcentaje de alumnos procedentes de la inmigración (más del 13%), mientras que en la costa mediterránea solamente se alcanza del 9 al 13% y en Andalucía menos del 5%, cifras completamente irreales, o, mejor dicho, trampas estadísticas que eluden la espinosa cuestión de son varios millones de antiguos inmigrantes los que han obtenido nacionalidad española, a pesar de que sigan apegados a sus tradiciones étnicas y culturales originarias. En la puerta de cualquier colegio del Mediterráneo puede advertirse que los porcentajes son, como mínimo, el doble de los registrados en la estadística e, incluso, en algún colegio del Casco Antiguo de Barcelona, no quedan prácticamente alumnos del grupo étnico autóctono desde hace una década. Oficialmente en el curso 2015-2016, los alumnos inmigrantes que seguían teniendo la nacionalidad de los padres eran 299.385.

El golpe asestado por la inmigración, brusca, ilegal y masiva, a la escuela española, especialmente a la pública, fue demoledor. En apenas un lustro, los alumnos inmigrantes, la mayoría con un bajo nivel en el dominio del castellano, o ignorándolo por completo, se integraron en aulas. A esto se unía, el que casi el 40% de los magrebíes que vienen a España carecen completamente de formación y tampoco entienden que sus hijos necesiten formación académica para abrirse paso en el futuro. Pero, la enseñanza en España es obligatoria, por tanto, deben acudir a clase hasta los 16 años, a pesar de que no tengan interés, ni sean conscientes de la utilidad de las enseñanzas que están recibiendo.

No todos los grupos étnicos responden a la enseñanza de la misma forma. Los asiáticos, por ejemplo, resultan alumnos eficientes, a poco que aprenden el idioma, pero la principal bolsa de conflictos se sitúa entre los procedentes de países árabes y los de países andinos y centroamericanos. La aparición de bandas étnicas se ha convertido en un fenómeno endémico. Apareció a principios del milenio y ha sido otro de los elementos desencadenantes de fenómenos como el bullyng, el aumento de la difusión de toxicomanías en las escuelas y de la aparición de focos de violencia étnica protagonizado por bandas.

¿Alguien puede dudar de que la inmigración masiva se ha convertido en un factor coadyuvante en la crisis de la enseñanza primaria?

viernes, 22 de noviembre de 2019

La crisis de la enseñanza en España (3) – ANALFABETOS FUNCIONALES Y NI-NIS


En 1940, la población española era de 25.877.971 habitantes de los que la tercera parte, poco más o menos (8.792.651) eran analfabetos. Es cierto que las tasas de alfabetización habían ido aumentando en los años 20 (durante la dictadura de Primo de Rivera) y 30 (en tiempos de la República), pero se permanecía lejos de los estándares de Europa Occidental. No era algo nuevo. En 1850 mientras Dinamarca, Alemania, Prusia, Holanda, Escocia, Suecia y Suiza, tenían menos del 30% de analfabetos, Francia, Inglaterra, Bélgica y Austria entre un 30 y un 50%, en España se llegaba al 75%. Hoy, en cambio, España, la tasa de alfabetización es de un 98% (en 2016), similar a la de Albania y muy parecida a la de Polonia (el otro país de “tamaño medio” de la UE) y de Italia (país que en 1850 tenía algo más analfabetismo que España). El vecino del sur, Marruecos, tiene, en estos momentos, una alfabetización del 74%, prácticamente la misma que tenía España al terminar el siglo XIX.


Durante el franquismo se realizó una continua campaña por la alfabetización que fue descendiendo a velocidad creciente y que no disminuyeron con la transición y la llegada de la democracia. En 2009, el 2,2% de la población mayor de 16 años seguía sin saber leer ni escribir, lo que equivalía a 872.400 personas concentradas en tres núcleos: Cataluña con 119.350 analfabetos sobre una población de 7.364.000 habitantes; Andalucía con 288.685 analfabetos sobre 8.202.000 habitantes y Madrid con 42.798 sobre 6.271.000 habitantes. En todos estos casos se trataba de personas de cierta edad o bien de jóvenes que, por unos u otros motivos, estaban en situación de “vulnerabilidad” (en realidad, de marginalidad social). Lo sorprendente del caso catalán se debe a dos factores: los trasvases de población que se realizaron en los años del franquismo desde Andalucía y Extremadura (que registraban las más altas tasas de analfabetismo) atraídos por la industrialización catalana y, posteriormente, al hecho de que las campañas de alfabetización de la Generalitat se hicieran en lengua catalana y no en la que este grupo de población utilizaba habitualmente.


En 1991, llamaba la atención que la tasa de alfabetización entre varones adultos era muy superior a la de mujeres adultas (95,90, frente a 84,94). Esto se debía, no a discriminación sexista, sino a algo tan elemental como que durante el franquismo y hasta los años 90, el servicio militar operaba como “escuela de la nación”, para aquellos que llegaban a vestir el uniforme sin saber leer ni escribir. Hasta 1977 se habían logrado grandes avances en la alfabetización de la mujer a través del equivalente femenino, el “servicio social”, gestionado por la Sección Femenina del Movimiento, pero al ser disuelto este organismo, se perdió esta posibilidad. En cuanto a los jóvenes, ese año, la alfabetización alcanzaba el 98,64%. Es decir, que, durante el siglo XX, prácticamente, de manera ininterrumpida, se había conseguido remontar el analfabetismo en España.

Ahora bien, esta victoria empezó a ser relativa en el siglo XXI, cuando se comprobó que una cosa era que la población supiera leer y escribir y otra que fuera capaz de utilizar estos conocimientos, de entender lo que leía y de tener imaginación suficiente para utilizar las palabras adecuadas. Empezó a barajarse un concepto nuevo y a hablarse de “analfabetos funcionales” es decir, individuos incapaces de utilizar su capacidad de lectura, escritura y cálculo, de forma eficiente en situaciones cotidianas de sus vidas. Saben leer, escribir y realizar cálculos básicos, pero no saben aplicarlos, a diferencia del analfabeto que carece por completo de estos conocimientos.

Este concepto tenía su origen en los EEUU cuando los sociólogos y educadores comprobaron que en las prisiones el 60% de los detenidos estaban en esa situación que llegaba al 85% en el caso de delincuentes jóvenes. Luego se comprobó que en EEUU, 43 millones de habitantes tienen dificultades pare leer y escribir sobre una población de 300.000.000 millones de ciudadanos. Es España este grupo asciende a 700.000 personas en 2017. Y en ambos casos, la tendencia va en aumento.

Así pues, la escuela no cumple completamente su función, manteniendo en las aulas durante unos años a unos niños. Pasar por la escuela implica, cada vez menos, disponer de los conocimientos adecuados para desenvolverse en la vida. La aparición de la categoría sociológica de los “analfabetos funcionales” da la razón a los que opinan que la escuela se ha convertido en algo parecido a un centro de estocaje y almacenamiento de alumnos mientras sus padres se encuentran fuera de casa, pero que cada vez se distancia más de su función de transmitir conocimientos y de educar.

La alarma sobre los analfabetos funcionales y su crecimiento apareció en la década de los 90, pero apenas veinte años después, otro fenómeno volvería a hacer que sonaran las alarmas. Ocurrió durante la crisis económica iniciada en el verano de 2007, que empezó a notarse un año después en España y que alcanzó sus más altas cotas entre 2009 y 2012. Si hasta antes de la crisis, miles de jóvenes habían abandonado sus estudios para ejercer oficios habitualmente vinculados a la construcción, al hundirse el sector, muchos trataron de encontrar empleo, al no conseguirlo, un sector importante de ellos, no se sintió animado a reemprender sus estudios. Habían aparecidos los “Ni-nis”, aquellos jóvenes que ni trabajaban ni estudiaban.

Esta bolsa engrosó con otros jóvenes que habían llegado a él simplemente mediante el fracaso escolar: ni estudiaban, ni querían asistir a clase, ni tampoco buscar un empleo. No es que los miembros de este sector fueran analfabetos funcionales, era un grupo al que se llegaba por muchos motivos: desde falta de inteligencia suficiente para cursar estudios, hasta trastornos de hiperactividad o dislexia que dificultaban el aprendizaje, problemas de toxicomanía o de adicción a algo tan, aparentemente inocuo como videojuegos, pornografía o porros.


En el año 2012, el paro alcanzó al 52,7% de la población de entre 18 y 29 años. En 2014, este grupo alcanzaba a 1.674.200 individuos, disminuyendo desde entonces, en casi 75.000 jóvenes/año, hasta situarse en el tercer trimestre de 2019 en 1.234.500 jóvenes, un 26,3%. Lo realmente aterrador es que, después de años de disminución registrados entre 2014 y 2019, en 2019, la tendencia al paro juvenil repuntó.



Cuando se dan paro juvenil, fracaso escolar y patologías sociales (adicciones de todo tipo) se genera la tormenta perfecta para la intensificación del fenómeno de los Ni-nis. En 2018, la tasa de Ni-nis en la sociedad española era 12 puntos por encima de la media de la Unión Europea. Solo en la ciudad de Barcelona existían 17.000 jóvenes con esa condición en el mes de julio de 2019. La iniciativa del ayuntamiento de Ada Colau de habilitar una “Escola Segona Oportunitat” en el barrio de Navas adaptada para ese grupo de población, parece un chiste demagógico, habida cuenta de que solamente tiene una capacidad para 30 alumnos…


Los rasgos del Ni-no son muy característicos y fáciles de identificar: fracaso escolar, inmadurez emocional, desempleo y objetivos vitales que empiezan y terminan en el hedonismo. El joven percibe que tiene cuerpo de adulto, pero su mentalidad sigue anclada en ideales y objetivo de la infancia. No se ha producido una evolución paralela de cuerpo y mente (es decir, que ha fallado el sistema educativo que debería de haber garantizado lo segundo, en tanto que sistema subsidiario de la familia). La actitud de los ni-nis es la de eternos adolescentes y cristaliza en un rechazo simultáneo a trabajar y a estudiar, al margen de sus capacidades reales para hacerlo y de su coeficiencia intelectual. 

Algunas características de los Ni-nis son compartidas por lo que se ha dado en llamar “Generación Z” (o “postmilénica”). Es la gente joven nacida desde el primer tercio de los años 90 hasta 2005, que tienen desde muy niños acceso a las nuevas tecnologías, especialmente en lo relativo a utilización de la telefonía móvil y de Internet. Porque, el Ni-Ni en el encierro voluntario en su habitación en donde transcurre buena parte de su día, no está completamente inactivo, utiliza un equipamiento tecnológico que le mantiene distraído y al que, habitualmente, termina “enganchado”.

La falta de responsabilidad, la inmadurez, el hedonismo hacen el resto. Los Ni-nos no son superponibles a ninguna clase social clásica, aparecen en todos los grupos sociales y en todos los niveles de renta. Se han educado en total libertad y les molesta cualquier tipo de imposición que se les pueda hacer y, por supuesto, no están dispuestos a asumir ninguna tarea en la que por encima puedan tener algún tipo de responsabilidad, incluso la remuneración que les pueda dar un trabajo ocasional les parece siempre insuficiente e inferior a la que deberían percibir. 

En realidad, si unimos los 700.000 analfabetos funcionales existentes en nuestro país, a los 300.000 analfabetos completos y a la cifra variable de Ni-nis (1.056.000 según la Encuesta de Población Activa del tercer trimestre de 2019), se percibirá claramente que la educación no ha sido el éxito más notable de nuestro sistema político estos últimos 40 años. El mérito de que el analfabetismo haya desaparecido se debe tanto a este período como a los que han precedido desde principios del siglo XX, cuando la batalla por la alfabetización ha sido constante. Pero lo que resulta incuestionable es que el fenómeno del analfabetismo funcional y el de los Ni-nis, solo en parte ligado a éste, son productos que han nacido y se han desarrollado especialmente en los últimos 25 años: el primero como resultado del fracaso de las técnicas de enseñanza y el segundo como resultado de la ausencia total de valores más allá de los puramente hedonistas y de la crisis económica y de los cambios de costumbres sobrevenidos a partir de la crisis económica iniciada en 2007-8. Hoy España supera en 12 puntos la tasa de Ni-nis de la UE, está es la triste situación.

 Porque, si bien, el analfabetismo funcional evidencia el fracaso del sistema educativo, las altas tasas de Ni-nis, lo confirman y, además, evidencian el fracaso integral de una sociedad a la hora de formar a la juventud. Por primera vez en la Historia de España, la juventud ha dejado de ser una esperanza de futuro para convertirse en un lastre para la nación. A lo que hay que añadir el goteo continuo de jóvenes “suficientemente preparados” que abandonan España en busca de otros horizontes profesionales.