martes, 8 de diciembre de 2020

> José Antonio, Falange y los CAUR (4 de 7) – Los CAUR en España: una historia breve pero muy real (2ª parte)

Tras la primera reunión de París, Coselschi envió a España a uno de sus hombres de confianza, Guido Ferruccio Calbazar que era, al mismo tiempo, “Inspector General” para España, Portugal, Países Bálticos, Balcanes y Países nórdicos, siendo el “fiduciario” para nuestro país, Cesare A. Gullino “buen amigo del comandante primorriverista Emilio Rodriguez Tarduchy” (1). Calbazar permaneció durante 10 días en nuestro país regresando a Roma el 1 de marzo de 1935, tal como informó Geisser Celesia, agente diplomático de la Embajada Italiana en España en su nota enviada al Conde Ciano, Subsecretario de Estado de Prensa y Propaganda (2). Su primer encuentro fue con José Antonio (lo que demuestra que era el primer interlocutor de los CAUR en España). Se entrevistó luego con Antonio Goicoechea presidente de Renovación Española, con Ernesto Giménez Caballero, con Gregorio Marañón y con Juan Pujol, director del diario Informaciones (y hombre de Juan March). Fue en el curso de este viaje en el que se decidió que el CAUR de Madrid estuviera presidido por el Premio Nobel de Literatura Jacinto Benavente (3) y se preparó el viaje de José Antonio a Italia que tendría lugar en abril de ese mismo año.

Benavente carece prácticamente de perfil político (4). El autor de Los intereses creados, había figurado entre los fundadores de la Asociación de Amigos de la URSS el 11 de febrero de 1933. Dos años después, en febrero de 1935, su nombre fue elegido para presidir el CAUR madrileño, pasando a ser Giménez Caballero el Secretario General. A lo largo de ese año, Giménez Caballero se iría distanciando de Falange Española hasta constituir el esperpéntico PEPE con los dineros de Juan March y participar con esta sigla en la coalición de derechas que resultó ampliamente derrotada por el Frente Popular en febrero de 1936. Todo esto y la falta de noticias sobre el CAUR madrileño en los archivos italianos, indica que un intelectual nada comprometido con el fascismo como era Benavente y un intelectual excéntrico e imprevisible en sus comportamientos, difícilmente pueden estar al frente de una organización eficiente y capaz de realizar un trabajo sistemático.

José Antonio no pareció tener mucho interés en la actividad de los CAUR, a fin de cuentas, él disponía de lo que alguno ha llamado su “corte literaria” (5) y la dinámica absolutamente enloquecida de represalias, “vindictas” y activismo callejero, no dejaba tiempo al partido para preocuparse de actividades culturales vinculadas para mayor gloria del fascismo italiano. Sin embargo, José Antonio seguía manteniendo relaciones directas con Coselschi.

En efecto, en el curso del viaje que Guido Ferruccio Calbazar efectuó en su calidad de “inspector de los CAUR” el 19 de febrero de 1935, comunicó a José Antonio la invitación para visitar Italia. En el curso de la entrevista celebrada en Madrid entre ambos José Antonio “se afirmó y ratificó en el proyecto de los Comités, según se alude en el memorándum de Celesia, quien encabezaba con José Antonio la entrevista en el puesto de honor” (6). El viaje de José Antonio a Italia se concertó para la primera semana de mayo de 1935. El 4 de mayo zarpó desde Barcelona para el puerto de Génova. Aprovechando el desplazamiento, el día anterior, José Antonio pronunció en la Jefatura Territorial de Barcelona una conferencia sobre el nacional–sindicalismo (7) en el curso de la cual un grupo de pistoleros izquierdistas disparó contra la sede e intentaron asaltarla a tiros. Paradójicamente, es en esos mismos días cuando José Antonio intenta convencer a Ángel Pestaña para que se integre en Falange Española (seguramente al retorno de este viaje) (8), mientras que el jefe provincial de la Falange en Tarragona, José María Fontana, se reunía con sindicalistas para fines análogos.

Eugenio Coselschi fue a recibir a José Antonio y a sus acompañantes (Rafael Sánchez Mazas y Eugenio Montés) al puerto de Génova. El grupo recibió el tratamiento de “invitados oficiales” (9). Coselschi, pocos días después, intercedió ante el Ministerio de Asuntos Exteriores para que se concediera “una suma total de 30.000 liras” a los visitantes. El Ministerio, considerando que los CAUR estaban vinculados orgánicamente a la Subsecretaría de Prensa y Propaganda, envió la petición a Ciano que remitió el dinero a José Antonio (10). Para sellar la operación tuvo lugar un “largo encuentro” entre José Antonio y Mussolini en el Palazzo Venezia. Se acordó en el curso de esta reunión una financiación de 50.000 liras mensuales que José Antonio debería recibir del gobierno italiano, en una “operación triangular” entre el jefe de Policía, el ministerio de Prensa y Propaganda y el embajador italiano en Francia, Amedeo Landini (11), encargado de entregar directamente el dinero en persona a José Antonio. Las entregas se iniciaron en el verano de 1935 y prosiguieron hasta la detención de José Antonio el 14 de marzo de 1936. Las últimas 250.000 liras que deberían haberse entregado a partir de entonces no pudieron ser recogidas por José Antonio y fueron restituidas por el embajador Landini al jefe de Policía (12). Dos meses exactos después de su detención, José Antonio, escribe desde prisión una carta dirigida al embajador italiano en París con el seudónimo de “A. Andreis” en la que alude –visiblemente en clave– a “una enfermedad” que lo mantendría retirado unos meses: “Si puede esperar sería mejor. Pero si nuestros asuntos no admiten retrasos, le podría enviar a una persona de mi absoluta confianza”, añadiendo “nuestros asuntos, a pesar de todas las crisis, cada vez van mejor” (13). La primera referencia a los “asuntos” alude verosímilmente a la cuestión de los fondos que Landini debía entregarle en mano. En cuanto a la segunda referencia puede hacer alusión al crecimiento que estaba experimentando Falange en esos mismos momentos, o bien a los proyectos de golpe cívico–militar que en esos momentos se estaban fraguando.

El pago italiano por los meses de noviembre y diciembre de 1935 queda confirmado por el recibo que envió Landini a su superior jerárquico, Celso Luciani, el 1 de febrero de 1936, aludiendo a un elemento curioso. En la entrega anterior, Landini comunicó a José Antonio que la subvención iba a ser reducida a 25.000 liras al mes, añadiendo en su carta “y como es un señor me parece que lo ha acogido con bastante desenvoltura” (14).

El 25 de mayo de 1935, el diario Il Laboro Fascista, publicó una entrevista que se había realizado durante su estancia en Italia. En esa entrevista dijo: “El Fascismo ha establecido el fundamento universal de todos los movimientos políticos de nuestro tiempo. La idea central del Fascismo, de la unidad del pueblo en un Estado totalitario, es la misma que la de Falange Española. Nuestra adhesión a los Comités para la Universalidad de Roma —declara José Antonio— es la prueba de nuestros sentimientos” (15). Esta entrevista está suficientemente próxima del llamado Discurso sobre la revolución española que se pronunció diez días después de la conversación de José Antonio con el Duce que desmiente por completo que la evolución política del fundador de Falange le hubiera distanciado del fascismo italiano. El distanciamiento de José Antonio del fascismo expuesto en tres conferencias que dio poco antes del viaje a Italia era sobre todo doctrinal (16), pero no afectaba en nada a la táctica política de Falange Española. Es cierto que se fue ampliando a medida que pasaban los meses, especialmente a causa de la formación humanista y católica de José Antonio que chocaba con los presupuestos del Estado Totalitario fascista… pero nunca fue lo suficientemente grande como para que condujera a una ruptura con el gobierno italiano. La carta escrita por José Antonio desde la cárcel de Alicante al embajador Landini, evidencia de manera inapelable que el “último José Antonio”, miraba a Italia y a lo que el gobierno italiano podía ofrecerle y desdicen la posibilidad de un “José Antonio antifascista” o de un José Antonio hostil al gobierno fascista o simplemente divorciado del mismo o que no tuvo ninguna relación “en profundidad” con el gobierno fascista como pretendieron los falangistas “de izquierda” y los falangistas “disidentes del Movimiento Nacional” en los años 60 y 70 (17).

NOTAS

(1) J. L. Jerez, op. cit., pág. 11. Tarduchy fue miembro de Falange Española hasta 1935 y co-fundador de la Unión Militar Española

(2) Ídem, pág. 145.

(3) M. Cuzzi, op. cit., pág. 174.

(4) David Jato alude a la participación de Benavente en la Asociación de Amigos de la URSS: “L'Humanité, comentando la constitución de los «amigos de la U. R. S. S.», escribía: «Los estudiantes que simpatizan con el comunismo están en una proporción del 33 por 100 en el seno de la organización profesional, la F. U. E.» Si el porcentaje señalado podía ser no tan acusado, era evidente que el enflaquecimiento numérico fueísta daba como resultado una creciente escalada hacia los mandos de sus elementos marxistas. El documento de constitución de los «amigos de Rusia», el término U. R. S. S. no cuajaba popularmente, aparecía con las firmas de estudiantes de la F. U. E. y de intelectuales del máximo relieve; eran solamente los marxistas como Negrín, Roces, Jiménez Asúa, Hernando; allí estaban los nombres de Marañón, Baroja, Benavente, Valle-Inclán y Concha Espina, entre otros. Ninguno de éstos simpatizaba con la ideología comunista, como lo demuestran sus escritos de entonces y su comportamiento posterior, pero era una ocasión de mostrarse tolerantes, postura siempre difícil en España e indudablemente necesaria” (D. Jato, op. cit., pág. 56).

(5) Mónica Carbajosa y Pablo Carbajosa, La corte literaria de José Antonio, Editorial Crítica, Madrid 2003.

(6) J.L. Jerez, op. cit., pág 144.

(7) Conferencia pronunciada en Barcelona, en el local social de Falange Española (de la calle Rosich, 4), el viernes 3 de mayo de 1935, publicado en La Vanguardia, Barcelona, 4 de mayo de 1935. José Antonio, op. cit., pág. 476-477.

(8) Mussolini, durante su encuentro con José Antonio, aludió en términos elogiosos de Pestaña. Este tema salió en la conversación con Pestaña, por lo tanto, el encuentro debió ser posterior al viaje. Ángel María de Lera, en su biografía de Pestaña, lo sitúa más o menos en esa época (Ángel Pestaña, retrato de un anarquista, Editorial Argos Vergara, Barcelona 1978, pág. 310).

(9) J.L. Jerez, op. cit., pág. 145.

(10) Citado por M. Curzi, op. cit., pág. 174, siendo la fuente originaria el Ministerio degli Affari Esteri, Colloquio con l’on Coselschi, 26 de abril de 1935, en ASMAE, Gabinetto 493, Busta 9, Fascicolo 1.

(11) De estas entregas no cabe la menor duda y han dejado múltiples rastros. Consta, por ejemplo, que el día 3 de junio de 1935, el embajador Amadeo Landini recibió un correo reservado con las siguientes instrucciones de su superior, el Conde Galeazzo Ciano: “Querido Landini: Le comunico que con esta fecha he dispuesto el abono con cargo a su c/c de las siguientes sumas: 3.000 Liras para los "Servicios Periodísticos" del mes de Junio; 10.000 Liras que deberá consignar su importe en el contravalor correspondiente de su cotización en moneda local al Sr. Marcello BUCARD; 50.000 Liras que entregará a Primo DE RIVERA. Análogas sumas las podrá entregar en los meses sucesivos devengándose la citada cantidad mes a mes. Por otra parte debe tomar contacto con las referidas personas para que tomen contacto con Vd. Para combinar la forma de retirar las sumas que les son consignadas. Le ruego hacerme llegar a su tiempo, debidamente firmado por los interesados los recibos correspondientes. Le agradezco y saludo muy cordialmente. Fdo.: Ciano" (la carta llevaba como referencias: 1935: “Segr. 6598. Roma 3 de junio 1935-XIII. Por correo. Comm. Amedeo LANDINI R. Embajada de Italia París”). José Luis Jerez añade a la reproducción de esta carta unos datos interesantes: “El control de los gastos tenía Landini que justificarlos al prefecto Celso Luciano, que ocupaba el cargo de responsable del gabinete del Ministerio de Prensa y Propaganda fascista en Roma. Las órdenes de transferencia, los fondos, llegaban a la Banque Française et Italienne pour L'Amerique du Sud, sita en la calle Halévy, número 12, de la capital francesa. El primer reintegro procedente de las arcas fascistas para la divulgación de la ideología fuera del contorno perimetral italiano, la percibió José Antonio en junio de 1935. En una misiva remitida por Landini, dando razón del desembolso a su superior, de fecha 25 de junio, apuntaba esta posibilidad propuesta por José Antonio: "Estella me había sugerido también que le hiciera las consignaciones sucesivas por medio de un banco parisino de su confianza", aunque finalmente se convino retirar personalmente las sumas en francos y no a través de entidad bancaria. La mensualidad de julio se juntó con la de agosto. El día 11 de este mes se informaba que José Antonio no había pasado a recibir ni la cantidad precedente ni la del mes corriente, aunque más tarde, durante el mes de agosto, pasaría a retirarlas conjuntamente. Existe un escrito fechado el 21 de agosto de 1935 en el que se puede leer: "Te envío los recibos correspondientes a julio y agosto c.a. del n9 2. Le he encargado [a José Antonio] redactar un informe sobre la situación política de su país, que te enviaré en la próxima valija...". Tres días más tarde, el 24 de agosto enviaba Landini a Roma el informe político elaborado por el Jefe Nacional de la Falange” (op. cit., pág. 182).  En el mismo libro, J.L Jerez reproduce otros correos de Ciano dirigidos a Landini con órdenes similares (carta del 3 de enero de 1936, op. cit., pág. 187).

(12) Ministerio del Interior, Dirección General de Seguridad Pública, al honorable ministro de Prensa y Propaganda, el 16 de noviembre de 1936, en ACS, MCP, Gabinetto, Busta 9, Fascicolo 63, referencia de M. Curzi, op. cit, pág. 417, nota 253.

(13) Cf. M. Curzi, op.cit., pág. 283, conservándose la fuente originaria en ACS, MCP, Gabinetto, Busta 9, Fascicolo 2 (nota 201 de la pág. 434).

(14) Archivo Central del Estado, Minculpop, b-171. Reproducida por J.L. Jerez, op. cit., pág. 187.

(15) J.L. Jerez, op. cit., pág. 146. La fuente originaria es según indica el autor 4 de junio de 1935, Relazione sulla missione in Spagna compiuta dal Dott. G.I. Cabalzar. ACS Minculpop b-423. Reproducida en el libro del profesor Ismael Saz Campos: Mussolini contra la II República, IVEI-Edicions Alfons el Magnánim. Valencia 1986, pág. 128.

(16) “Hoy día el Estado corporativo ni existe ni se sabe si es bueno. La Ley de Corporaciones en Italia, según ha dicho el propio Mussolini, es un punto de partida y no de llegada, como pretenden nuestros políticos que sea el corporativismo” (España y la barbarie, conferencia pronunciada en el teatro Calderón de Valladolid el día 3 de marzo de 1935, José Antonio, op. cit., pág. 417-419). “La vida de España ha de basarse en los Municipios y en los Sindicatos, pues el Corporativismo es una solución tímida y nada revolucionaria. Es necesario volver a cimentar nuestra vida en la religión y en la familia” (Conferencia pronunciada en Zaragoza, en el Cinema Alhambra en el curso organizado por el Ateneo sobre el tema “El Nuevo Orden”, el domingo 17 de febrero de 1935, Ídem, pág. 410-412). “Esto del Estado corporativo es otro buñuelo de viento. Mussolini, que tiene alguna idea de lo que es el Estado corporativo, cuando instaló las veintidós corporaciones, hace unos meses, pronunció un discurso en el que dijo: "Esto no es más que un punto de partida; pero no es un punto de llegada". La organización corporativa, hasta este instante, no es otra cosa, aproximadamente, en líneas generales, que esto: los obreros forman una gran Federación; los patronos forman otra gran Federación (los dadores del trabajo, como se los llama en Italia), y entre estas dos grandes Federaciones monta el Estado como una especie de pieza de enlace. A modo de solución provisional, está bien; pero notad igualmente que éste es, agigantado, un recurso muy semejante al de nuestros Jurados Mixtos. Este recurso mantiene hasta ahora intacta la relación del trabajo en los  términos en que la configura la economía capitalista; subsiste la posición del que da el trabajo y la posición del que arrienda su trabajo para vivir. En un desenvolvimiento futuro que parece revolucionario y que es muy antiguo, que fue la hechura que tuvieron las viejas corporaciones europeas, se llegará a no enajenar el trabajo como una mercancía, a no conservar esta relación bilateral del trabajo, sino que todos los que intervienen en la tarea, todos los que forman y completan la economía nacional, estarán constituidos en Sindicatos Verticales, que no necesitarán ni de comités paritarios ni de piezas de enlace, porque funcionarán orgánicamente cómo funciona el Ejército, por ejemplo, sin que a nadie se le haya ocurrido formar comités paritarios de soldados y jefes” (Ante una encrucijada en la historia política y económica del mundo, Conferencia pronunciada en el Círculo Mercantil de Madrid, el día 9 de abril de 1935, Ídem, pág. 488-458). En la conferencia que pronunció en Barcelona justo antes de embarcarse para Génova “Aludió al Estado corporativo de Italia, y dijo que es un punto de partida, no un punto de llegada. Insistió en que hay que liberar a la producción del gran capital. Hay que volver al artesonado, y en cuanto no sea posible, al régimen sindical. Nosotros queremos sustituir el orden capitalista por el orden sindical. Este es el programa de Falange Española. Fuera de aquí, esto no podría conseguirse más que por la revolución. Pero nosotros hemos de conseguirlo con nuestro sindicalismo, que es el sindicalismo con primacía de lo espiritual. Por eso apretamos nuestras filas para conquistar el poder, por las malas o por las buenas” (Ídem, pág. 476).

(17) Es una pena, pero al mismo tiempo resulta enormemente significativo del espíritu con el que se compilaron las Obras Completas de José Antonio que el texto de la entrevista realizada por Il Laboro Fascista no sea reproducida.

José Antonio, Falange y los CAUR - Falange y la “Internacional Fascista” (1 de 7)

José Antonio, y la “Internacional Fascista” - Eugenio Coselschi, perfil de un funcionario oportunista (2 de 7)

José Antonio, Falange y los CAUR - Los CAUR en España: una historia breve pero muy real (1ª parte) (3 de 7)

José Antonio, Falange y los CAUR – Los CAUR en España: una historia breve pero muy real (2ª parte) (4 de 7)

José Antonio, Falange y los CAUR - José Antonio y los congresos de Montreux (1ª parte) (5 de 7)

José Antonio, Falange y los CAUR - José Antonio y los congresos de Montreux (2ª parte) (6 de 7)

José Antonio, Falange y los CAUR - Conclusiones

lunes, 7 de diciembre de 2020

> José Antonio, Falange y los CAUR (3 de 7) Los CAUR en España: una historia breve pero muy real (1ª parte)

Se ignora todo o casi todo sobre la actividad de los CAUR en España. Se conocen, como veremos resumidas, las relaciones que mantuvo José Antonio con esta organización italiana, pero se suele olvidar que Coselschi mantuvo otras relaciones en España. Hay de todas formas que hacer una precisión: una cosa fue la actividad diplomática italiana en España y los contactos tomados por los representantes oficiales del gobierno italiano con sectores políticos españoles y otra muy diferente los contactos tomados por el CAUR. Mientras que los CAUR permanecieron completamente ajenos a los movimientos nacionalistas catalanes, la embajada italiana en Barcelona mostró un interés ocasional por los movimientos soberanistas catalanes que llevaron a exponentes de Esquerra Republicana de Catalunya y de Estat Catalá a mantener contactos con la embajada italiana e incluso a ser sondeados por esta respecto a su actitud en relación a la Italia fascista (1). Intentaremos centrarnos en la actividad de los CAUR en España, a pesar de que, para ello sea preciso aludir inicialmente al llamado Convegno Volta de 1932.

En efecto, entre el 14 y el 20 de noviembre de 1932, tuvo lugar en las inmediaciones del Campidoglio, en Villa Farnesina, el llamado Congreso Volta de Ciencias Morales e Históricas que constituyó una de las reuniones más nutridas de la intelectualidad de derechas de Europa en aquel momento. Por Alemania participaron personalidades de la talla de Alfred Rosenberg, el economista Hjalmar Schacht, el propietario de un consorcio de comunicación, presidente del DNVP el partido de la derecha nacional alemana Hugenberg, Hermann Göring, el sociólogo y economista Werner Sombart, autores de la talla de Stephan Zweig o Gonzague de Raynold, historiadores como Brugmans, Carcopino o Dawson, el príncipe Karl Anton von Rohan adscrito a la Revolución Conservadora y representantes de Austria; el doctrinario monárquico Charles Petrie, el rumano Michele Manoilescu de la Guardia de Hierro y futuro ministro, mientras que por Italia tomaron la palabra Luigi Federzoni, Francesco Coppola de la Academia de Italia,  Alfredo Rocco, Vittorio Scialoja, Alberto De Stefani, Francesco Orestano, y un largo etcétera. Parte de los invitados extranjeros eran colaboradores habituales de la publicación Il Regime Fascista y especialmente de la página dirigida por Julius Evola, Diorama Filosófico (2). El representante por España fue Ernesto Giménez Caballero (3).

La intervención del escritor español no pasó desapercibida. Giménez Caballero leyó una primicia de su libro La nueva catolicidad que entonces tenía en fase de elaboración (4). GeCé llegó en esa ocasión al límite de su teoría de que el catolicismo negaba la realidad misma de Europa gracias a su vocación de religión universalista. La religión católica sería pues, la anti–Roma y la “europeidad” una mala subrogación de la catolicidad: “El “Principio” o “esencia” de “Europa” es el particularismo, la fuga, la centrifuguez. Il principio “católico”, “romano”, es el universalismo, la atracción, la integración”. De todas formas, lo importante no es constatar el efecto que esta declaración, inoportuna y desmesurada tuvo en la audiencia, especialmente en la procedente de los países del centro y norte de Europa, sino el constatar que, en 1932, Giménez Caballero era el “peón español” que solía asistir a encuentros culturales internacionales. A falta de un partido fascista en nuestro país en esa época (las JONS ese año estaban reducidas a la mínima expresión y apenas ejercían actividad alguna y La Conquista del Estado ya había dejado de publicarse, Giménez Caballero, durante el período posterior a la fundación de La Gaceta Literaria había tejido en Italia una red de relaciones con la jerarquía fascista y con la intelectualidad adicta al régimen (o, como en el caso de Curzio Malaparte, adicta hasta hacía poco…) que se situaba inevitablemente como el intelectual español más proclive a recibir invitaciones de este tipo.


Un año después del Congreso de la Fundación Volta, en el otoño de 1933, los CAUR empiezan a desarrollar una actividad desbordante. Coselschi viaja a Rumania y se entrevista, no solamente con Corneliu Zelea Codreanu y con los líderes de la Guardia de Hierro, sino con políticos mucho más conservadores situados a su derecha. Un oscuro funcionario de los CAUR, Pina Berchet, fue enviado a España en donde se entrevistó con José Antonio Primo de Rivera, Ramiro Ledesma y el Doctor Albiñana, líder del Partido Nacionalista Español (5). Berchet era el presidente del CAUR de Milán e históricamente estas reuniones pueden ser consideradas como los primeros contactos de la iniciativa italiana con partidos políticos españoles. En esa época, hay que recordarlo, José Antonio todavía dudaba sobre si lanzarse o no al ruedo político, había abandonado ya su cargo en la Unión Monárquica Nacional, mientras el PNE estaba en ese momento presa de una gran atonía y sin apenas actividad, al igual que las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalistas. Sin embargo, éste era el partido que más se aproximaba al modelo italiano y, por lo demás, Ledesma no tuvo inconveniente en adherirse al proyecto (6). Por lo que se refiere a los nacional–sindicalistas portugueses, Coselschi se había puesto en contacto con el responsable de relaciones internacionales del Movimento Nacional Sindicalista, José Campo e Sousa, obteniendo una “amigable disponibilidad” (7).

La “fugacidad” con la que pasaron los CAUR en España es inseparable de la personalidad y de las ideas de Giménez Caballero. Identificaba la universalidad del fascismo con la universalidad del catolicismo romano y de la latinidad. Le repugnaba la “nacionalización” del fascismo en tanto que implicaba limitar esa “universalidad” a las fronteras nacionales. El suyo era un fascismo intelectual, personal y mal adaptado a cualquier disciplina de partido. A Giménez Caballero le corresponde el honor de haber introducido a Ramiro Ledesma en la política y de haberle interesado por el fascismo. Pero tras colaborar en los primeros pasos de La Conquista del Estado, le separó pronto de la iniciativa. Sus relaciones con Falange Española siguen el mismo sinuoso camino, con altibajos y sobre todo con ideas propias de las que la mejor no fue precisamente la fundación del Partido Económico Patronal Español (PEPE), acompañado por pequeños empresarios y comerciantes madrileños, lo que le permitirá aparecer como candidato de la derecha en las elecciones de febrero de 1936 aunque sin obtener escaño (8).

En el período en el que resulta asesinado el falangista Manuel Cuéllar (junio de 1934), Giménez Caballero participa en las actividades de la dirección falangista (9). Es importante fijar esta fecha en la vida de Giménez Caballero: un año antes, en 1933, poco antes de la fundación de Falange Española, el escritor se había puesto en contacto con Giuseppe Bottai, director de Critica Fascista, alertándole sobre José Antonio a quien describió en esa ocasión como “un ingenuo del que se aprovechan antifascistas y masones” (10). Obviamente, en los meses siguientes, Giménez Caballero se aproximó a José Antonio y cambió su opinión “convirtiéndose en el principal portavoz de la Falange” (11).

Poco antes del asesinato de Juan Cuéllar, uno de los hombres de confianza de Coselschi, Guido Ferruccio Calbazar, se había desplazado a España nombrando a Giménez Caballero representante oficial de los CAUR en Madrid con el encargo de formar un comité en la capital. Se designó como “fiduciario” del Comité de los CAUR en Madrid a Cesare A. Gullino (12) que trabajaba como periodista de la Agencia Stefani y del Corriere della Sera. En los meses siguientes, la revista Roma Universa, órgano de los CAUR, publicaron varios artículos de Giménez Caballero en los que insistía en las tesis que había expuesto en sus últimas obras.

En efecto, en 1932 había aparecido la obra de Giménez Caballero La nueva catolicidad que influenció directamente en la maduración ideológica en los distintos núcleos que darían vida al fascismo español. El libro, exaltado hasta lo “desmadrado”, muy en el estilo del autor sostenía que “el fascismo para España no es fascismo, sino ca–to–li–ci–dad” (13), idea que explica el por qué había roto un año antes con Ramiro Ledesma. Y también porqué, la obra fue apreciada en medios falangistas hasta el extremo de que David Jato dice de él que “era la más alta cima literaria de las nuevas ideas” (14).

Cuando tuvo lugar el Congreso de Montreux por la Universalidad de Roma organizado por los CAUR, el 16 y 17 de diciembre de 1934, participaron 12 delegaciones extranjeras (la Heimwehr austríaca, la Legión Nacional Belga y la Liga Nacional Corporativa del Trabajo por el mismo país, el Partido Obrero Nacional Socialista de Dinamarca, el Partido Francista por Francia, el Partido Social Nacional Griego, la Liga de la Juventud irlandesa, la Unión Nacional Lituana, la Unión Nacional noruega, el Frente Negro holandés, la Guardia de Hierro por Rumania, la Unión Nacional de la Juventud por Suecia y la Federación Fascista Suiza). Varias delegaciones no pudieron asistir: la Liga Nacional Corporativa de Manoilescu envió su adhesión, Antonio Eça de Queirós envió un mensaje a Coselschi expresando “toda la simpatía y solidaridad de ideas” y otro tanto hizo Ernesto Giménez Caballero en su calidad de “capo dell’ufficio stampa [jefe de prensa] della Falange Española de las JONS” (15). La nota de adhesión terminaba: “Ante el asombro de Europa, España levanta la mano saludando a Roma” (16).

En ese momento, Falange acaba de publicar su manifiesto de 27 puntos; era también la época en la que presentó su dimisión el Marqués de la Eliseda; había malestar en el interior del partido que se saldará unas semanas después con la salida de Ledesma y de algunos jonsistas. El envío de la nota de Giménez Caballero cuando se abrió la reunión de Montreux de 1934 es incuestionable y el mensaje se leyó en la apertura de sesiones cuando se enumeraron las delegaciones presentes. Sin embargo, contradictoriamente, el 19 de diciembre Falange Española publicaba una nota “redactada por José Antonio” en la que se indicaba que “Falange Española de las JONS no es un movimiento fascista”:

“La noticia de que José Antonio Primo de Rivera, jefe de Falange Española de las J.O.N.S., se disponía acudir a cierto Congreso internacional fascista que está celebrándose en Montreux es totalmente falsa. El jefe de la Falange fue requerido para asistir; pero rehusó terminantemente la invitación por entender que el genuino carácter nacional del Movimiento que acaudilla repugna incluso la apariencia de una dirección internacional. Por otra parte, la Falange Española de las J.O.N.S. no es un movimiento fascista, tiene con el fascismo algunas coincidencias en puntos esenciales de valor universal; pero va perfilándose cada día con caracteres peculiares y está segura de encontrar precisamente por ese camino sus posibilidades más fecundas” (17).

A nadie se le escapa lo contradictorio de estas dos posiciones: un Giménez Caballero que se adhiere a la reunión de los CAUR y un José Antonio que se “niega terminantemente” a asistir según el comunicado. Se alegará que del desmentido joseantoniano han quedado rastros en las Obras Completas y que esa pequeña nota ha sido utilizada reiteradamente por los falangistas para culminar la discusión sobre si la Falange era o no fascista. Pero de la adhesión enviada por Giménez Caballero tampoco pueden quedar dudas. Cuando Coselschi envió el informe a Mussolini sobre cómo había discurrido el Congreso de Montreux y que se conserva se reiteró la adhesión de Giménez Caballero “en nombre de los falangistas españoles de José Antonio Primo de Rivera” (18).

José Luis Jerez añade otros datos igualmente documentados:

A la cita de Montreux no pudo acudir, por las peligrosas y represivas circunstancias políticas que se vivían en España, ningún representante del fascismo español. Se esperaba la participación de los dos máximos representantes de los C.A.U.R. en España. Giménez Caballero, cuyo nombre, incluso, llegó a figurar en la documentación del material que se repartió en el Congreso, pues tenía confirmada su presencia, aunque este equívoco quedó subsanado en el Boletín interno semanal, editado tras la celebración del encuentro donde se lee:

“El señor Ernesto Giménez Caballero, delegado de Falange Española, liderada por José Antonio Primo de Rivera el cual, imposibilitado de intervenir, ha enviado su adhesión a los trabajos del Congreso” [C.A.U.R.–Noticiario Settimanale, nº 24, (23–12–34).].

También se hacía referencia en este sentido en Roma Universa que, al tratar del Congreso de Montreux, se precisaba "No pudieron tomar parte en la reunión, pero enviaron su adhesión: el sr. Giménez Caballero, de Falange Española...." [Roma Universa, enero de 1935: “La I Reunión del fascismo universal organizada por los C.A.U.R.” (Montreux, 16–17 de diciembre de 1934, Año XIII de la era fascista).].

Los organizadores italianos y sus camaradas europeos consideraron la no participación de los dos representantes españoles como una cuestión meramente accidental y coyuntural, por lo que “al inicio de la sesión, el presidente Coselschi excusó a Primo de Rivera, jefe de las falanges españolas, que en el momento de partir, había sido retenido por una causa de fuerza mayor” [Le Franciste, enero de 1935, crónica de La Salle sobre el Congreso de Montreux.] (19).

Hay que pensar ¿en descoordinación, o bien en inoportunidad de la adhesión que se pensaba que no iba a ser hecha pública y que, sin embargo, se filtró en los medios españoles (20)? Lo que hay que excluir totalmente es que no existieran contactos previos y que en el curso de los mismos se hubiera producido una negativa “tajante” a participar en las actividades de los CAUR (ya hemos visto que Prima Berchet viajó a España en otoño de 1933 y se entrevistó con los líderes de las distintas corrientes del “fascismo español”, entre ellos con José Antonio) y, con posterioridad a este primer congreso de Montreux, José Antonio siguió manteniendo contactos con Coselschi y en Septiembre de 1935 asistiría, finalmente, o al segundo encuentro de los CAUR en Montreux. Así pues, lo más probable es que sea cierto lo que escribió José Luis Jerez: “La aparente separación de Falange del proyecto de los C.A.U.R. fue una posición más oficial que real, posición que fue comprendida por todos los asistentes, y mejor que nadie por los responsables italianos, que entendían muy bien la difícil situación española y la represión de la que era objeto la Falange por su adscripción al fascismo. Ramiro Ledesma reconoce que las razones de la no intervención en el Congreso de Montreux se debieron "únicamente por motivos de táctica interior” (21). Lo más probable es que José Antonio quisiera ahorrar a su movimiento el recibir las mismas acusaciones que él mismo había lanzado contra otros: estar “a sueldo de Moscú”, estar a sueldo de Francia y de la masonería, estar a sueldo de Gran Bretaña…

En aquel momento, la tensión iba aumentando en España. La policía del gobierno cedista–radical había clausurado varias sedes de Falange Española y el partido iniciaba una nueva crisis interna. A pesar de haber celebrado su Consejo Nacional y elegido un “jefe nacional” como sustituto al triunvirato que hasta ese momento había dirigido el partido, el ambiente en el interior del partido no se había clarificad del todo y el ambiente político español estaba extraordinariamente enrarecido. La redacción de los 27 puntos había costado la salida del Marqués de la Eliseda y un ataque por parte de Gil Robles. El partido vivía una situación de crisis interna y atonía (que culminaría en la escisión de los jonsistas) que no favorecía precisamente la participación en operaciones internacionales (22).

Ahora bien, la nota publicada por Falange Española y que se insiste en las Obras Completas que fue “redactada por José Antonio”, fue utilizada por los adversarios de Coselschi, especialmente activos entre la diplomacia de carrera del Ministerio de Asuntos Exteriores, para atacar su gestión al frente de los CAUR. Se decía en esos medios que Coselschi había dado como cierta la integración en el proyecto de un partido que, luego, públicamente, negaría su adhesión. Para los detractores de Coselschi, el episodio español había demostrado “su torpe actuación” y la “ambigüedad de la posición española”.

Hay dos datos más que contribuye a autentificar la adhesión de Giménez Caballero. Por un lado, en el primer encuentro de Montreux en 1934 se creó una Comisión Permanente que se debía reunir periódicamente de manera volante en distintas ciudades europeas. La primera reunión debería de haberse celebrado en Atenas, organizada por el Partido Social Nacional Griego de Georg Mercouris, pero distintas circunstancias aconsejaron otro emplazamiento. La segunda opción era España (23) lo que indica que los contactos en nuestro país eran suficientemente sólidos como para poder abordar una tarea de este tipo: y en aquel momento los CAUR solamente tenían como contacto a Falange Española. Finalmente, la reunión de la Comisión Permanente de coordinación tuvo lugar en Amsterdam el 29 de marzo de 1935. En esa reunión se debería de tratar la convocatoria ese mismo año de un nuevo congreso internacional de los CAUR. Y en esta segunda reunión sí que estuvo presente en persona José Antonio Primo de Rivera.

Así como en la anterior reunión de la Comisión Permanente de los CAUR se había reunido en París el 30 de enero de 1935, registrando como hecho más curioso la adhesión del Partido Fascista Argentino, el chascarrillo de la siguiente reunión de Amsterdam fue lo sucedido en el “movimiento fascista español”. Si la reunión de París había coincidido prácticamente en el tiempo con la escisión–expulsión de Ledesma y de su círculo, la reunión de Amsterdam coincidió con el momento de mayor tensión y encono entre Ledesma y José Antonio. La Comisión Permanente había tenido noticias del conflicto en España a través de Ramiro Ledesma quien, inmediatamente estuvo fuera del partido, pidió su adhesión a los CAUR(24). Coselschi sometió a debate la petición que fue rechazada al considerarse que Falange Española seguía siendo representante oficial de España en los CAUR (25).

 

NOTAS A PIE DE PAGINA

(1) Cf. Cataluña bajo vigilancia. El consulado italiano y el fascio de Barcelona (1930-1943), Arnau Gonzàlez i Vilalta, Publicaciones de la Universidad de Valencia, Valencia 2009, págs. 109-149.

(2) Julius Evola realizó un amplio estudio sobre las conclusiones de dicho congreso convocado por la Fundación Volta, que está incluido en la recopilación de escritos Saggi di Dottrina Politica (Edizioni Casablanca/Kizar, San Remo, 1979), realizada por Renato del Ponte. Nosotros hemos utilizado el opúsculo traducido al francés que recoge los comentarios a dicho congreso con el título de Le problème de l’Europe au Convegno Volta de 1932, Studi Evoliani 1981, Marc. Eemans y Salvatore Verde, Bruxelas.

(3) L’Europa nella riflessione del convegno della Fondazione Volta (Roma,  noviembre 1932). Simona Giustibelli, en Dimensioni e problema della ricerca storica, nº 1/2002, pág. 216.

(4) G. Caballero, Nueva catolicidad sobre Europa, citado en Reale Accademia d’Italia, Fondazione Volta, Atti dei convegni. Convegno di scienze morali e storiche, novembre 1932, XI. Tema: L’Europa, Roma, Reale Accademia d’Italia, pág. 322-a.

(5) M. Cuzzi, op.cit., pág. 102.

(6) Ídem, pág. 103.

(7) Simon Kuin, O Braço longo de Mussolini: Os Comitatos d’Azione por l’Universlitá di Roma en Portugal (1933-1937), en Penelope, revista d’historia e ciencias sociais, nº 11, noviembre de 1933, pág. 9.

(8) Cf. Ernesto Giménez Caballero: Unidad nacional y política de masas en un intelectual fascista. Gonzalo Álvarez Chillida, Universidad Complutense de Madrid, Historia y Política, nº 24, Madrid, junio-diciembre de 2010, págs. 265-291. Algunos de sus acompañantes en esa aventura eran “republicanos de izquierda” (como Sánchez Castillo). GeCé justificó su nueva militancia con la peregrina argumentación de que “en ausencia de Estado totalitario superador de la lucha de clases, los patronos tienen que defenderse directamente, ya que los gobiernos de radicales y cedistas les mantenían indefensos  Pág. 278-279.

(9) Ver Revista de Historia del Fascismo, nº XXXVII, José Antonio y la violencia, págs.  135, 192, 211-213.

(10) Se sabe de esa conversación por el extracto de la entrevista que el propio Bottai mantuvo con Mussolini, en Roma el 17 de octubre de 1933 y cuyo texto se conserva en los ASMAE, Gabinetto 42, Udienze di S,E, il capo del governo.

(11) Marco Cuzzi, op. cit., pág. 413.

(12) J.L. Jerez, op. cit., pág. 52.

(13) Citado en El pensamiento español contemporáneo y la idea de América, José Luis Abellán y Antonio Monclús, Editorial Antrhopos, Barcelona 1989, pág. 52.

(14) D. Jato, La Rebelión de los Estudiantes, edición digital, pag. 53.

(15) Marco Cuzzi, op. cit., pág. 135.

(16) J.L. Jerez, op. cit., pág. 52.

(17) José Antonio Primo de Rivera, Obras Completas, edición digital, pág. 388.

(18) Citado en Marco Cuzzi, op. cit., pág. 150, habiendo extraído el dato del examen del correo enviado por Coselschi a Mussolini, Roma 18 de enero de 1935, depositada en ASMAE,Gabinetto 59, Serie nominativa, Fascicolo 1, “Coselschi Eugenio”.

(19) José Antonio fascista, José Luis Jerez Riesco, edición digital, pág. 143 y 150.

(20) El diario ABC publicó en su edición del 18 de diciembre de 1934, pág. 24: “Primer Congreso Internacional Fascista. Montreaux, 17, 2 tarde. Ayer ha dado comienzo el primer Congreso internacional de los partidos fascistas de Europa. El principal objeto de este Congreso es ponerse en contacto todos los jefes de los grupos que intentan implantar este régimen en sus respectivos países. El representante español, Sr. Primo de Rivera, que llegó el sábado por la noche, regresó el domingo por la mañana por haber sido llamado urgentemente” y “Tributo a Mussolini. Se aprobó una resolución en la que se rinde tributo de admiración a la obra del primer ministro de Italia, Benito Mussolini, como fundador del fascismo y en la que se declara que el fascismo puede mantener la paz”

(21) J.L. Jerez, op. cit., pág. 144.

(22) Sin duda el testimonio más cualificado de esa época es Ramiro Ledesma en ¿Fascismo en España?, edición digital. Véase todo el capítulo 7. Octubre y después de octubre, págs. 82-92.

(23) Marco Cuzzi, op. cit., pág. 158.

(24) Ídem, pág. 155.

(25) J.L. Jerez, op. cit., pág. 145-146. Se conoce el texto de la carta enviada por Ledesma a Coselschi: “Conozco las actividades de los C.A.U.R. ya que sido informado de las deliberaciones asumidas en Montreux por los representantes de organizaciones fascistas. Estoy feliz de comunicarle a Vd. que envío la adhesión de las J.O.N.S. y mi adhesión personal al Frente de Montreux y que estoy a disposición para defender y propagar el ideal común. Le confirmo toda la simpatía del movimiento de las J.O.N.S., que únicamente por motivos de táctica interna no pudo intervenir en Montreux” (Acta de las reuniones de Amsterdam, 29-3-35, reproducidas por Gisella Longo). Fue a raíz de este problema interno de España, cuando Coselschi volvió a proponer que la siguiente reunión de la Comisión Permanente tuviera lugar en España para reforzar el liderazgo de José Antonio sobre el partido. Este segundo intento ya no fue posible a la vista de la cada vez más complicada situación política española que se produjo en la segunda mitad de 1935 y que tuvo como consecuencia final la caída del gobierno y la convocatoria de elecciones anticipadas.


domingo, 6 de diciembre de 2020

> José Antonio, y la “Internacional Fascista” (2 de 7) - Eugenio Coselschi, perfil de un funcionario oportunista

José Antonio conoció bien a Eugenio Coselschi puesto por Mussolini al frente de la iniciativa de los CAUR. ¿Quién era este hombre cuyo apellido tenía resonancias tan poco itálicas? Nacido en 1888 en un pueblecito próximo a Florencia (1), su familia procedía de Polonia, asentándose en Italia a principios del siglo XVIII (dato que explica por sí mismo la tendencia de los CAUR a intentar una implantación en profundidad en el mundo eslavo). Siguió el camino de su padre y terminó sus estudios en la facultad de derecho de Roma. Convertido en nacionalista desde su juventud, junto con otros compañeros de facultad, inició la publicación de la revista Il Carroccio. Ahí se inició la actividad política del joven Coselschi, en el ambiente próximo a Enrico Corradini y ocupando pronto la presidencia de la sección de Florencia de la asociación irredentista Trento e Fiume. A partir de 1914, con el desencadenamiento de la Primera Guerra Mundial, Coselschi realizó propaganda a favor de la intervención de Italia, junto con el irredentismo.

Alejado de la Asociación Nacionalista a causa de un enfrentamiento con el propio Corradini, fundó el Comité Pro Dalmacia multiplicando sus artículos en favor de la “liberación de los pueblos oprimidos por los Habsburgo”. De esa época datan los primeros contactos con un conocido cliente de su padre, con quien compartía el común interés por las reivindicaciones en la frontera italiana del Este: el poeta D’Annunzio. En 1915, se enrolará como voluntario en la brigada “Firenza” combatiendo en el frente del Isonzo. Herido en la garganta pocos días antes del fin del conflicto, fue licenciado con el grado de capitán, considerado como mutilado de guerra y galardonado con varias condecoraciones al valor. Al retornar a Florencia, fundó con otros nacionalistas una Alianza Antibolchevique de Defensa Cívica que, según Coselschi, “anticipó la acción escuadrista del fascio local”. Se trasladó luego a Milán participando en la agitación frenética que asoló la ciudad en 1919. D’Annunzio lo nombró representante para la Toscana y a su lado participó en la ocupación d Fiume por el poeta y sus “legionarios”.

Durante la aventura de Fiume, Coselschi fue nombrado por D’Annunzio como secretario personal, encargándole sus primeras tareas como mediador con separatistas croatas y montenegrinos en lo que constituyeron sus primeros pasos en cuestiones internacionales. En enero de 1920 volvió a Toscana y se estableció en las inmediaciones de Arezzo donde fundó una asociación de excombatientes. Declaró haberse adherido al fascismo ese mismo año y haber participado en la Marcha sobre Roma, pero, en realidad solamente se inscribió en el Partido Nacional Fascista en abril de 1924. De todas formas, Coselschi siempre, a partir de 1920, dio muestras de un oportunismo político irreprimible que le llevaría a ser un superviviente en medio de todos los cambios políticos que tuvieron lugar en Italia en los cincuenta años siguientes. Ese oportunismo es lo que le hizo ponerse al servicio del nuevo gobierno, cuando ya comprobó que se había asentado sólidamente en el poder. Fue D’Annunzio quien lo recomendó para organizar la propaganda del Estado fascista en Iberoamérica, tarea que cumplió a bordo del Italia, un navío de la marina. Paralelamente, intentó aumentar su peso político reuniendo a las distintas asociaciones de voluntarios en la Asociación Nacional de Voluntarios de la Guerra 1915–1918 de la que fue elegido director de la oficina de propaganda. Sin embargo, la experiencia que había desarrollado en Italia le indujo a proponer en mayo de 1924 la constitución de un Instituto Internacional de Cultura que debería proyectar el mensaje del fascismo en todo el mundo. Envió el proyecto a Mussolini acompañado por una carta entusiástica y devota… El proyecto fue rechazado por el Duce que, en aquel momento, tenía otras preocupaciones, pero sirvió de referencia para Coselschi sobre un terreno que podía explorarse: el de la proyección internacional del fascismo, amparado en la figura de Mussolini.

A finales de noviembre de 1924, Coselschi organizó por iniciativa propia un Comité de Acción Dálmata, destinado a sostener las reivindicaciones italianas sobre la Dalmacia yugoslava. Coselschi había percibido la importancia que este tipo de iniciativas tenía para el fascismo y decidió jugar con varias cartas. En 1925, fue elegido presidente de la Asociación de Voluntarios Nacionales, la mayoría de cuyos colaboradores figurarían más tarde como agregados a la iniciativa de los CAUR. La asociación publicó la revista La Volontà d’Italia, subtitulado “Órgano imperialista del Voluntarismo italiano” que pronto pasó a ser integrado en el dispositivo del PNF. En 1927, la Asociación reconoció por primera vez su tarea de “promover el concepto de una romanidad universal”. Esta desbordante actividad de Coselschi le fue recompensada siendo nombrado diputado en 1928, si bien fracasó en su intento de convertirse en nombre del Gran Consejo Fascista.

En el curso de los debates parlamentarios, Coselschi se especializó en asuntos internacionales. Aprovechó esta experiencia para ofrecerse a dar conferencias de propaganda del régimen en el extranjero. En 1929 habló en Francia, en 1930 en Bélgica y en Suiza. En 1931, se desplazó a Polonia y al volver sugirió acciones de propaganda antiyugoslavas y antifrancesas. Ese mismo año dio conferencias en los Fascios Exteriores de Bélgica y Holanda. Al año siguiente, fue a Viena. Parece ser que, en el curso de estas conferencias, aprovechó para cumplir algunos encargos discretos al servicio del régimen. En algunos casos, la justificación para estos eventos era la celebración de reuniones de excombatientes. Poco a poco, en todos estos países fue tejiendo una red de contactos internacionales que ponía al servicio de la proyección internacional del fascismo a la que había decidido asociar su nombre. Parte de estas funciones consistía en recabar informaciones sobre la situación interior de estos países y su actitud ante el fascismo italiano, personalidad a las que se podía “tocar” para mejorar y promover la imagen del fascismo y, actos de espionaje puro y simple.

En 1932, Coselschi ya podía considerarse con razón como “representante personal” de Mussolini. A medida que pasaban los años, Coselschi se convencía de la posibilidad de realizar una tarea de proyección internacional del fascismo, que, de paso, redundase en mejorar su posición personal en el interior de la jerarquía del régimen. El problema con el que se enfrentaba era que las orientaciones que quería dar a su proyecto, eran difícilmente compatibles con las del Ministerio de Asuntos Exteriores que, de paso, despreciaba a los “activistas fascistas”, en tanto que no eran diplomáticos profesionales y podían tener deslices en el desarrollo de su trabajo.

Coselschi, por lo demás, fue investigado por la policía política y definido sin piedad como “[alguien] que goza de fama de no haber hecho nada concreto”, añadiendo que “no goza de simpatía en el ambiente fascista por sus pretensiones y por sus iniciativas. Es considerado como un ambicioso”. Asvero Gravelli, el teórico del “internacionalismo fascista” (que sin embargo, albergaba la mayor desconfianza hacia Coselschi y a su proyecto) lo definió como “el hombre que siempre estaba en medio”, el típico jerarca preocupado por medrar y relacionarse con las altas esferas del régimen, especialmente con los que eran de origen dálmata (que no eran pocos, entre ellos Dino Alfieri, Fulvio Suvich o Giovanni Giurati), un jerarca de “bajo perfil” convertido en enviado personal de Mussolini en América y Europa.


Eugenio Coselschi

En octubre de 1932, el Comité de Acción Dálmata, se convierte en la Liga Imperialista Italiana, rebautizada en enero de 1933 Liga de Roma y luego Liga Latina. ¿Objetivo? “La promoción del primado cultural y político de la Roma mussoliniana y fascista en Europa y en el mundo”. Para financiar sus actividades obtuvo una dotación de 375.000 liras. La Liga publicó el opúsculo Universalidad del Fascismo que reunía artículos publicados en distintos medios de los cinco continentes comentando la personalidad de Mussolini y los contenidos del fascismo. Coselschi había realizado la introducción en la que sostenía la exigencia de una organización internacional fascista que coordinara a los distintos movimientos exteriores que se reclamaban “fascistas” o próximos al fascismo.

Pero, el proyecto de Coselschi todavía no encontró el terreno maduro para ser admitido. La jerarquía fascista reaccionó fríamente ante la posibilidad de internacionalización de su proyecto. A la alta jerarquía fascista, los movimientos a los que aludía el opúsculo le parecían demasiado heterogéneos entre sí y apenas contenían rasgos exteriores, como máximo, del fascismo primitivo que ya había quedado atrás. El mismo Coselschi siempre dio muestras de no tener muy claro cuál iba a ser el denominador común de ese “fascismo internacional”. En unas ocasiones parecía ser el corporativismo, en otras el simple anticomunismo, a veces la admiración por la idea de Roma, incluso el simple mimetismo en relación al primer fascismo, revolucionario y escuadrista (que algunos dirigentes del partido preferían en 1933, olvidar por lo que tuvo de turbulento, ultrarrevolucionario y agresivo…).

En abril de 1933, Coselschi, advirtiendo la hostilidad de la jerarquía fascista a sus proyectos, se dirigió personalmente a Mussolini en una de sus numerosas y largas cartas, explicándose su proyecto “imperialista y universalista”. Dado que el opúsculo Fascismo Universal había resultado un éxito de ventas, Coselschi asumió la iniciativa de fusión entre los Comités de Acción Dálmata y la Liga Latina en una nueva organización que nació en mayo de ese año, dedicada a la “organización de propaganda y de cultura” denominada Comités de Acción por la Universalidad de Roma (CAUR). El proyecto fue aprobado en mayo de ese año y vale la pena preguntarse por qué: la razón, como hemos apuntado antes, es que en 30 de enero de 1933, Hitler había llegado al poder en Alemania. Inmediatamente después, el NSDAP había puesto en marcha el Reichsministerium für Volksaufklärung und Propaganda, con Joseph Göbbels al frente, encargado de la difusión de la doctrina nacional–socialista entre los alemanes que vivían fuera del Reich, entre otras tareas. Fue a partir de entonces cuando el gobierno fascista italiano percibió que carecía de instrumentos de propaganda en el exterior y que lo poco que tenía estaba dividido en numerosos departamentos, frecuentemente contradictorios e incluso dirigidos por antifascistas. La propuesta de Coselschi que había sido rechazada meses antes, encontró en 1933 una acogida más favorable: los CAUR serían, simplemente, la respuesta italiana al Ministerio para la Propaganda del Reich

NOTAS

(1) Extraemos los datos biográficos sobre Coselschi de la obra L’Internazionale delle Camicie Nere. Op. cit., págs. 75-86.


martes, 1 de diciembre de 2020

José Antonio, Falange y los CAUR. Falange y la “Internacional Fascista” (1 de 7)

Hasta los años 70 era frecuente que los falangistas (y no solamente los de “izquierdas”) negaran las relaciones entre la llamada impropiamente “internacional fascista” y su partido en el período fundacional. La prueba de más peso que alegaban era la publicación de una nota en la que se negaba que José Antonio hubiera estado presente en “el Congreso de Montreux”. Esta versión pudo sostenerse en medios falangistas, a pesar de que desde los años 60, los historiadores ya habían examinado en profundidad los archivos del Ministerio de Cultura Popular y del Ministerio de Exteriores italiano y se conocía fuera de España que tales relaciones existieron. El déficit de estudios históricos sobre la Falange que existía en aquel momento, hizo que partidos como FE–JONS(A) pudieran seguir basando su actuación en datos históricos inexactos (y en ocasiones, cuando no convenían a la orientación de estos grupos, incluso deliberadamente ignorados). Va siendo hora de restablecer la realidad sobre estos contactos para poder disponer de una perspectiva global sobre tales relaciones y, de paso, disipar los últimos rescoldos de resistencia a reconocer los hechos. Las relaciones entre José Antonio Primo de Rivera y los CAUR y, por extensión, con la Italia fascista, fueron estrechas. Así lo demuestran los testimonios y documentos históricos incontrovertibles.

No es este el lugar para exponer detenidamente lo que fueron los Comités de Acción por la Universidad de Roma (CAUR), su perfil, sus intenciones, su alcance y las “secciones nacionales”, pero sí para facilitar algunos rasgos que servirán para entender mejor el carácter de las relaciones que mantuvo Falange Española con esta organización. Hemos optado por este planteamiento a la vista de que sería abusivo considerar simplemente a los CAUR como “internacional fascista” o como un remedo del Komintern, sin más explicaciones.

El estudio sobre los CAUR nos deparará, así pues, una primera sorpresa: lo improvisado de la operación y el que a su frente estuvieran fascistas de “perfil bajo”, funcionarios de segunda fila, completamente desconocidos por la ciudadanía. Así mismo, resulta también sorprendente, que no existía unanimidad en el interior del Estado Fascista sobre la utilidad de los CAUR, ni siquiera sobre su misma existencia. Esto explica por qué funcionaron siempre a “medio gas” y nunca contaron con los medios muy superiores que podía emplear el Estado italiano en una operación de este tipo.

En lo que se refiere a la actuación de los CAUR dentro del territorio español, más que sorpresas nos deparará confirmaciones sobre líneas de tendencia. Sabremos que en Madrid se formó un CAUR (no así en Barcelona), conoceremos el papel de Giménez Caballero en la operación y, al terminar, estaremos en condiciones de establecer cuál fue la participación de José Antonio, no solamente en el Congreso de Montreux, sino de aproximarnos a sus relaciones con la Italia fascista.

Los CAUR ¿Una maniobra propagandística o política?

Hasta la constitución oficial de los Comités de Acción por la Universalidad de Roma (CAUR, Comitati d’Azione per l’Universalità di Roma), el fascismo italiano había hecho poco por influir en movimientos similares inspirados en él, pero nacidos fuera de la península itálica. Valdría la pena hablar a título de excepción de Asvero Gravelli y su “panfascismo”, como precedentes de los CAUR.

Gravelli, nacido en 1902, a pesar de que no es probable, distintos rumores lo consideraban como “hijo natural” de Mussolini a cusa de una impresionante semejanza en sus rostros. Sea como fuere, Mussolini lo trató casi como un hijo. Con apenas 19 años participó en la aventura d’anunziana de Fiume abandonando sus estudios. Figuró entre los primeros colaboradores de Mussolini tras la fundación de los Fascios Italianos de Combate y fue uno de los más jóvenes colaboradores del Popolo d’Italia. A los 20 años se convirtió en Secretario General de la Vanguardia Juvenil Fascista participando en la Marcha sobre Roma. Una vez llegado el fascismo al poder, Gravelli se dedicó a escribir para diarios y revistas ocupando un rango importante en la jerarquía del partido. Nombrado “cónsul” de la Milicia Voluntaria para la Seguridad Nacional, en 1928 creó la revista Antieuropa y el movimiento del mismo nombre, destinado a estimular las relaciones internacionales del fascismo. En 1932 fundaría Octubre con fines similares bajo cuyo título publicaría una refundición de artículos definiendo el “panfascismo” (1). En 1939 sería nombrado consejero nacional de la Cámara de los Fascios y de las Corporaciones. Participó en distintas películas de propaganda durante el régimen fascista. Luchó como voluntario en la guerra de Etiopía, luego formó parte del Cuerpo de Tropas Italianas en España en donde resultó herido dos veces, siendo condecorado por su valor. Cuando el Gran Consejo Fascista destituyó a Mussolini el 8 de septiembre de 1943, Gravelli tomó partido por la República Social Italiana siendo nombrado subjefe del Estado Mayor de la Guardia Nacional Republicana. Encarcelado en Milán al final de la guerra, fue amnistiado y en 1947 se unió al Movimiento Social Italiano, fundando distintas revistas neofascistas (Antidiario y Latinità) para luego constituir fuera de la disciplina del partido el Movimiento Legionario Italiano, inspirado en D’Annunzio. Publicó una biografía de Mussolini centrada en su período como agitador socialista. Murió en 1956.

Desde el principio de su carrera política, Gravelli mantuvo tesis propias sobre el fenómeno fascista que, en buena medida coincidían con las que en España sostenía Giménez Caballero. Para Gravelli, el eje central de la ideología Fascista era el binomio latinidad–cristianismo. En tanto que movimiento “universales”, inspirados en ellos, el fascismo podía adquirir una proyección internacional, dejar de ser un mero fenómeno italiano para convertirse en “panfascismo” (2). Estas orientaciones –latinidad y cristianismo– eran para Gravelli lo que distanciaba al fascismo del nacional–socialismo y lo que hacía que ambos fueran, inevitablemente, competidores en tanto que su eje sería el paganismo y el protestantismo. Gravelli no solamente iba “a la contra” del nacional–socialismo, sino que parte de su obra estuvo marcada por la primera ofensiva “paneuropeísta” generada por el conde Coudenhove–Kalergi. Para Gravelli, los distintos partidos “fascistas” del ámbito latino debían de formar una alianza para lograr la “unidad religiosa y espiritual” del continente.

Estas ideas no coincidían exactamente con las de Eugenio Coselschi y, a pesar de la relativa convergencia de objetivos, entre el “panfascismo” y los objetivos de los CAUR, las relaciones con Gravelli no fueron siempre tranquilas.

Coselschi estaba mucho menos interesado por la ideología fascista. No parece que tuviera sobre ella una afinidad particular, sus escritos son los propios de un funcionario, de alguien que cumplía lo mejor que podía una misión que le había sido encomendada gracias a su reiterada insistencia ante Mussolini motivada, no tanto por su fidelidad hacia la ideología fascista, como por su intento de hacerse con “un hueco” dentro del régimen que pudiera considerar como propio y en donde pudiera especializarse y ser considerado como imprescindible. Gravelli está hecho de otra pasta: es el típico fascista que da siempre el paso al frente allí en donde se requieren voluntarios, es consciente de que el fascismo tiene en el período 1919–1929 solamente rudimentos ideológicos, pero mantiene todavía déficits doctrinales que trata de completar en función de los acontecimientos políticos de su época.

El espíritu de los CAUR tuvo, eso sí, algo que ver con la antítesis que Gravelli planteaba entre el fascismo y el nacional–socialismo alemán, pero así como la elaboración política del “panfascismo” fue también tributario de la irrupción del “paneuropeísmo” del Conde Coudenhove–Kalergi, los CAUR son absolutamente independientes de esta iniciativa (que, por lo demás, estaba ligado a sectores católicos liberales asustados por la ofensiva bolchevique en todo el continente europeo en los años veinte. En efecto, Mussolini nunca contempló la posibilidad de apoyar una iniciativa “panfascista” hasta que, a partir de 1933, el nacional–socialismo llegó al poder en Alemania e inmediatamente el doctor Goebbels puso en marcha una ofensiva europea a través del Ministerio de Propaganda para popularizar los temas y mejorar la imagen del Reich en el continente. A partir de aquí surgió lo que algunos historiadores han llamado “el Brennero ideológico” (3) que se prolongaría hasta finales de 1936 como una “frontera ideológica y política” entre los regímenes de Hitler y Mussolini, levantada a causa de los distintos conflictos que surgieron entre ambos países y por las zonas de influencia de cada uno.

Pues bien, no es por casualidad que la creación de los Comités de Acción sobre la Universalidad de Roma obedece a la reacción de Mussolini ante la carta que Coselschi le envía en abril de 1933, cuando la maquinaria alemana ya se ha puesto en marcha. La amistad y proximidad política que tuvieron el régimen fascista y el Tercer Reich a partir de 1937, no debe hacer olvidar que en el período de 1933–36 las relaciones entre ambos estuvieron sometidas a desconfianza, altibajos e incluso hostilidad. La formación de los CAUR obedeció, sobre todo, a la necesidad de contar con un instrumento de propaganda que operase a nivel internacional y que instrumentalizase la corriente de simpatía hacia el fascismo, que se concretaba en la aparición de partidos más o menos clónicos del modelo italiano, en beneficio de la imagen del Estado fascista.

No fueron las ideas de Gravelli, ni las posibilidades de internacionalización del fascismo lo que están en el origen de los CAUR sino una simple operación de propaganda. Y como tal, atravesó distintas etapas y buscó socios en función de las conveniencias del régimen italiano y de sus relaciones con el Reich, que fueron variando en el tiempo. En un primer momento, se seleccionó y se admitió a secciones nacionales simpatizantes en Europa en función de la posición que adoptaran, no solamente a favor del régimen italiano, sino de su hostilidad hacia Alemania y hacia el nacional–socialismo. No fue sino en un período tardío, en 1936, cuando, al mejorar las relaciones entre Italia y Alemania se invitaron a responsables del NSDAP a los congresos de los CAUR. En esa época ya se había demostrado que los partidos “fascistas” que habían ido apareciendo a finales de los años 20 y en los años 30 en centro–Europa y especialmente en la Europa del Norte, a pesar de haber adherido a los CAUR, cada vez estaban basculando más y más hacia la esfera alemana. Pero, cuando tuvo lugar el segundo Congreso de Montreux en 1935, las circunstancias que forzaron su convocatoria y el interés del gobierno italiano era solamente el contrapesar la ofensiva inglesa en favor de la adopción de sanciones por parte de la Sociedad de Naciones a raíz de la incorporación de Etiopía al imperio italiano.

Los CAUR eran, en principio, asociaciones culturales que, por una parte, agrupaban a los simpatizantes del régimen fascista de nacionalidad extranjera que residían en Italia. Pero, por otra parte, tenían existencia orgánica en distintos países constituidos por personalidades locales, sí mismo, simpatizantes del régimen italiano. A su frente tenía una dirección política internacional en la que participaban miembros de algunos partidos fascistas europeos. Los CAUR disponían de unos funcionarios –“inspectores”– encargados de viajar a los distintos países europeos, tomar contacto con los movimientos que querían adherirse y con las personalidades simpatizantes. Existían también “fiduciarios” (hombres de confianza) que ocupaban el segundo nivel y cuya función era mantener el contacto con los “comités” y trasladarles las indicaciones precisas sobre hacia dónde orientar sus trabajos.

Cabe decir que el gobierno italiano nunca apostó a fondo por los CAUR. Las cifras que esta organización recibió para financiar sus actividades, fueron siempre relativamente modestas y, finalmente, en 1939, cuando la perspectiva internacional cambió por completo, la organización fue disuelta sin vacilaciones integrándose sus funcionarios en departamentos del Ministerio del Interior y en el de Minculpop (Ministerio de Cultura Popular).

Los CAUR se reunieron en “congresos” (se celebraron tres, dos en Montreux en 1934 y 1935 y uno en París en 1933) y a partir del primer congreso celebrado en la ciudad suiza, la dirección internacional se reunió cada tres meses. Los CAUR y sus funcionarios mantuvieron siempre una ambigua relación con el Ministerio de Asuntos Exteriores y con el Minculpop. Especialmente con el primero surgieron polémicas frecuentes con los diplomáticos de carrera, celosos de sus prerrogativas y preocupados porque las relaciones de los “inspectores” y “fiduciarios” de los CAUR generaran problemas al mantener relaciones con partidos considerados como “extremistas” por los distintos gobiernos europeos.

En diversas ocasiones, los CAUR sirvieron para establecer canales de financiación del gobierno italiano a partidos simpatizantes en el exterior. No siempre las preferencias fueron estables. En Francia, por ejemplo, los CAUR estuvieron representados por Marcel Bucard y por el Partido Francista. Bucard formó parte del comité directivo internacional, pero la central romana envió a sus “fiduciarios” para mantener contactos, primeramente, con el Coronel La Rocque jefe del poderoso partido derechista de los Cruces de Fuego, y en sus últimos momentos, a inicios de 1939 cuando fueron disueltos, con el Partido Popular Francés de Doriot. Estas oscilaciones indican a las claras que, mucho más importante que la fidelidad ideológica, la selección de los contactos para los dirigentes de los CAUR era sobre todo una cuestión de oportunidad política.

Cuando tiene lugar el primer Congreso de Montreux, los CAUR mantienen contactos en 39 países, incluidos todos los países europeos, Estados Unidos, Canadá, Australia, Sudáfrica, en cinco países asiáticos y en seis de Iberoamérica (4). Sin embargo, en el congreso el 16 de diciembre de 1934 participaron solamente trece países europeos, con la ausencia notoria de representantes del NSDAP (lo que se entiende mucho mejor si tenemos en cuenta que seis meses antes de la asamblea se había producido el asesinato del canciller austríaco Dolfuss con la consiguiente crisis diplomática entre Alemania e Italia). Otra ausencia notoria fue la del inglés Oswald Mosley. Coselschi tuvo un cruce de acusaciones con el representante noruego Vigdun Quisling sobre el papel y la importancia del nacional–socialismo en el desarrollo del “fascismo” mundial. Pero la discusión mayor fue promovida por el representante de la Guardia de Hierro rumana, Ion Mota, quien apoyado por la delegación danesa y suiza pedía que se introdujera el antisemitismo entre los puntos centrales de los CAUR, a lo que el coronel irlandés O’Duffy, dirigente de los “camisas azules” y el propio Coselschi, se manifestaron en contra. La declaración final establecía que “la cuestión judía no debe ser convertida en una campaña universal de odio contra los judíos”, añadiéndose acto seguido que “considerando que en muchos países determinados grupos judíos se han instalado desde hace tiempo, y ejercen en un contexto abierto pero de manera oculta una influencia perjudicial para los intereses materiales y morales del país que los alberga, constituyendo una especie de Estado dentro del Estado, aprovechan de todas las ventajas y rehúyen todos los compromisos, considerando que están inclinados a facilitar un soporte a los elementos internacionales de la revolución comunista que sería destruida por la idea de patriotismo y de civilización cristiana, la Conferencia denuncia la nefasta acción de estos elementos y está dispuesta a combatirlos”…

La mayoría de los delegados extranjeros parecían no haber comprendido que la función de los CAUR no era crear una “internacional fascista” sino solamente una pieza en el aparato de propaganda del Estado italiano. En esa primera reunión de Montreux, el objetivo confesado de los CAUR era, sobre todo, “vender” el “régimen corporativo” en Europa y dar una definición de fascismo en la que entrara la componente “cristiana”. No en vano, solamente hacía tras años que el Duce había suscrito con la Santa Sede los acuerdos de Letrán.

El primer problema que se planteaba era el contorno particularmente difuso en el que se movían los participantes: unos eran “fascistas revolucionarios”, otros se mostraban partidarios de movimientos ultraconservadores, había grupos que mostraban preferencias por el nacional–socialismo, otros se situaban en situación intermedia y otros, finalmente, necesitaban, por puro afán de supervivencia, apoyar al régimen fascista. No existió en ningún momento, ni unanimidad en los criterios para definir lo que constituía para los CAUR el fenómeno fascista, ni un patrón ideológico para establecer a quién se invitaba y qué propuestas de adhesión se rechazaban.

Todo esto enlaza perfectamente, tanto con las necesidades propagandísticas a las que debían satisfacer los CAUR, como a la personalidad particular de quien había propuesto su creación a Mussolini: Eugenio Coselschi.

 

NOTAS A PIE DE PAGINA

(1) Verso l’Internazionale fascista, Asvero Gravelli, Nueva Europa, Roma 1932. Libro que apareció junto con otras dos recopilaciones de artículos de Gravelli publicadas el mismo año Difesa dell’Europa e funzione antieuropea del Fascismo (Nuova Europa, Roma, 1932) y Difesa dell’Europa e funzione antieuropea del fascismo (Nuova Europa, Roa, 1932)

(2) Publicó sus ideas en un libro del mismo nombre: Panfascismo, Editorial Nuova Europa, Roma, 1935.

(3) M. Cuzzi, L’Internazionale delle Camicie Nere. I CAUR 1933-1939, Editorial Mursia. Milán 2005, Capítulo II, págs. 75-206.

(4) Stanley G. Payne, L' Italia fascista e la Spagna, 1922-1945, editorial Raanan Rein, Londres 1999, pág. 105.

José Antonio, Falange y los CAUR - Falangey la “Internacional Fascista” (1 de 7)

José Antonio, y la “InternacionalFascista” - Eugenio Coselschi, perfil de un funcionario oportunista (2 de 7)

José Antonio, Falange y los CAUR - LosCAUR en España: una historia breve pero muy real (1ª parte) (3 de 7)

José Antonio, Falange y los CAUR – Los CAUR en España: una historia breve pero muy real (2ª parte) (4 de 7)

José Antonio, Falange y los CAUR - José Antonio y los congresos de Montreux (1ª parte) (5 de 7)

José Antonio, Falange y los CAUR - José Antonio y los congresos de Montreux (2ª parte) (6 de 7)

José Antonio, Falange y los CAUR - Conclusiones