Mostrando entradas con la etiqueta Nou Estatut; 200 familias catalanas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Nou Estatut; 200 familias catalanas. Mostrar todas las entradas

sábado, 1 de agosto de 2015

Los 300 de la alta burguesía catalana


Infokrisis.- Desde hace 150 años hacen y deshacen a su antojo en Catalunya. Son 300 familias ligadas por lazos de parentesco endogámicos que acumulan patrimonio, lo fusionan, a través de matrimonios de sus hijos e hijas y controlan los negocios, la sociedad, la cultura y la política catalana. Ellos construyeron el catalanismo político y ellos lo han gestionado en exclusiva. No se han enterado todavía, pero su ciclo toca a su fin. Su canto del cisne han sido los casos Palau y Pretorio, tras los cuales nada será igual en Catalunya.

Félix Millet era algo más que un estafador (presunto, claro, porque en la Catalunya de la oligarquía todo es presunto a la espera de que el proceso jamás se celebre) especializado en desviar fondos del Palau de la Música a sus cuentas de gastos personales hasta más allá de lo grotesco y mezquino. Félix Millet era sobre todo “un patriota catalán”, penúltimo vástago de un linaje decimonónico vinculado a los negocios y al catalanismo político. Su modo de actuar denota una sensación de impunidad absoluta. Desde  2002 la Sindicatura de Comptes (el equivalente catalán del Tribunal de Cuentas) detectó anormalidades, las cuales no impidió que la Generalitat y otras instituciones condecoraran y honraran a Millet.

El despacho de este “prócer catalán” en el Palau era frecuentemente visitado por los grandes nombres de la sociedad y de los negocios locales. No iban allí para pedir favores o recomendaciones sino para dar dinero. Y es raro, porque Millet, habitualmente era quien les llamaba y les solicitaba donaciones. Su orgullo y soberbia llegaban hasta el punto de no desplazarse a la oficina de los que sableaba, sino que los citaba en la suya seguramente para jugar en terreno propio. 

Esbozo histórico: hacia una “música nacional de Catalunya”

Félix Millet llevaba treinta años al frente del Palau de la Música. La música le importaba, literalmente, un pepino, pero el lugar, en tanto que uno de los centros históricos de relaciones entre la oligarquía catalana desde principios del siglo XX, era una institución que permitía conmover a los patricios de las 300 familias de la alta burguesía y obtener de ellos jugosas donaciones. Desde que el Conde de Güell, en el último tercio del siglo XIX, financiaba de su bolsillo todas las actividades catalanistas, existía en esos círculos “ilustrados” la noción de crear una “música nacional de Catalunya”. El Gran Teatro del Liceo no parecía el lugar más adecuado para ello.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Carta a un independentista


Vaya por delante que considera el independentismo catalán desde muy joven acaso como la expresión más extrema de la estupidez. Pero vaya también por delante que, más que orgulloso, estoy abochornado de ser español. Pocos países del mundo han estado tan mal gobernados en los últimos años, reflejo de un mal que se viene arrastrando desde hace siglos. Venga al caso decir que ese desgobierno no ha sido solo cosa de “Madrid” (como afirma el independentismo) sino el desastre generado por gentes procedentes de todo el Estado, incluida Cataluña.

La diferencia que hay entre el actual momento histórico y cualquier otro anterior es que, en otro tiempo había espacio para la esperanza de que un movimiento de regeneración nacional pusiera en pie a este país. Hoy esa esperanza ya se ha disipado. No veo “fuerzas sanas” en todo el Estado Español capaces de abordar una tarea de reconstrucción. Y en lo que se refiere a Cataluña, tampoco veo una clase política dirigente, digna de tal nombre, con inteligencia, decisión, lucidez, envergadura y capacidad para liderar un proceso independentista.