Vaya por delante que considera el
independentismo catalán desde muy joven acaso como la expresión más extrema de la
estupidez. Pero vaya también por delante que, más que orgulloso, estoy
abochornado de ser español. Pocos países del mundo han estado tan mal
gobernados en los últimos años, reflejo de un mal que se viene arrastrando
desde hace siglos. Venga al caso decir que ese desgobierno no ha sido solo cosa
de “Madrid” (como afirma el independentismo) sino el desastre generado por
gentes procedentes de todo el Estado, incluida Cataluña.
La diferencia que hay entre el actual momento
histórico y cualquier otro anterior es que, en otro tiempo había espacio para
la esperanza de que un movimiento de regeneración nacional pusiera en pie a
este país. Hoy esa esperanza ya se ha disipado. No veo “fuerzas sanas” en todo
el Estado Español capaces de abordar una tarea de reconstrucción. Y en lo que
se refiere a Cataluña, tampoco veo una clase política dirigente, digna de tal
nombre, con inteligencia, decisión, lucidez, envergadura y capacidad para
liderar un proceso independentista.