Mostrando entradas con la etiqueta José Antonio y Angel Pestaña. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta José Antonio y Angel Pestaña. Mostrar todas las entradas

miércoles, 11 de marzo de 2020

JOSE ANTONIO: VISTA A LA IZQUIERDA (3 DE 5) -> EL SEGUNDO ENCUENTRO JOSE ANTONIO - PESTAÑA Y ALGUNOS ERRORES


> El segundo encuentro entre Pestaña y José Antonio

Tras el primer encuentro de José Antonio con Pestaña en 1933, los intentos de José Antonio de contactar con la CNT se orientan hacía Abad de Santillán. Éste sospechó siempre que había sido el propio Pestaña el que le indicó que contactara con él. Apunta un detalle que, paradójicamente, a pesar de interesar a los falangistas, estos no han dado cuenta del mismo. Dice Abad: “Finalmente opté por rechazar esa reunión, aunque en todos los sitios donde les fue posible, la Falange llegó a pactos o acuerdos con la CNT, como en Sevilla o Barcelona o el caso de Málaga donde la intervención falangista en la lucha armada entre la FAI y el Partido Comunista por el control de la CNT, provocó una escisión que se estaba encuadrando en la falange en Julio de 1936”. Es la única referencia que hemos encontrado a esta “escisión” que, de haberse producido, hubiera conducido a alguna fracción de la CNT al entorno falangista.

Santillán era, sin duda, uno de los dirigentes anarquistas por los que José Antonio estaba más interesado. Su testimonio confirma, casi punto por punto lo ya apuntado por Pestaña, aportando algunos otros datos interesantes “…pudo haber y no lo hubo, un diálogo del anarquismo y del falangismo en su primera hora. Pero consciente de los vínculos ideológicos entre sus aspiraciones y las del sindicalismo libertario español, Primo de Rivera tuvo entrevistas con Ángel Pestaña pocas semanas después de la fundación de Falange, en el curso de una visita a Barcelona, y no pudo establecerse ningún acuerdo, en parte por la distancia que había entre uno que había nacido en cuna pobre y se había desarrollado en el trabajo constante, y el que había nacido en cuna dorada y no había tenido ningún inconveniente en su carrera por la vida, con el pan de cada día seguro. Se hicieron otros intentos de acercamiento a través de Ruiz de Alda y de Luys Santa Marina, pero Pestaña no tuvo confianza en la posibilidad de una cooperación con ese sector nuevo y juvenil de la vida política-social española” (1)

Miguel Primo de Rivera en su obra Papeles póstumos de José Antonio (2) dice en su anotación correspondiente al 3 de mayo de 1935: “Conferencia sobre sindicalismo en Barcelona. Intentos fallidos de aproximación a Ángel Pestaña y Diego Abad de Santillán”. Así pues, se produjeron otros contactos justo antes de que José Antonio hubiera emprendido su último viaje a Italia. Es probable que Pestaña, en sus confidencias a Lera y a sus camaradas del Partido Sindicalista, no mencionara este encuentro al haber participado más personas y, seguramente, haber convenido no difundir un episodio que, dada la radicalización de las posiciones en aquel momento, hubiera contribuido a aumentar el confusionismo y las maniobras provocadoras, tanto de la derecha como de la izquierda (al estilo del complot inventado por Azaña y Casáus en 1933). Con el paso del tiempo, todos los asistentes se fueron liberando de su compromiso de silencio, salvo Pestaña y José Antonio que habían muerto.


El encuentro debió causar cierto impacto entre los dirigentes de la CNT presentes. Diego Abad de Santillán, escribirá unos años después, que “Estallada la guerra cayó prisionero y fue condenado a muerte y ejecutado. Anarquistas argentinos nos pidieron que intercediésemos para que el hombre no fuese fusilado. No estaba en manos nuestras impedirlo, a causa de las relaciones tirantes que manteníamos con el Gobierno central, pero hemos pensado entonces y seguimos pensando que fue un error de parte de la República el fusilamiento de José Antonio Primo de Rivera; españoles de esa talla, patriotas como él, no son peligrosos, ni siquiera en las filas enemigas. Pertenecen a los que reivindican a España y sostienen lo español aun desde campos opuestos, elegidos equivocadamente como los más adecuados a sus aspiraciones generosas. ¡Cuánto hubiera cambiado el destino e España si un acuerdo entre nosotros hubiera sido tácticamente posible, según los deseos de Primo de Rivera!” (3).

Sin embargo, el párrafo inmediatamente situado antes de la frase citada por Miguel Primo de Rivera es quizás más interesante desde el punto de poder establecer los contactos entre la CNT y Falange Española. Empieza Abad de Santillán casi a modo de justificación, exhibiendo lo que parece el establecimiento de una distancia, pero también una disculpa y, a la vez, un encendido elogio: “A pesar de la diferencia que nos separaba, veíamos algo de ese parentesco espiritual con José Antonio Primo de Rivera, hombre combativo, patriota, en busca de soluciones para el porvenir del país. Hizo antes de julio de 1936 diversas tentativas para entrevistarse con nosotros. Mientras toda la policía de la República no había, descubierto cuál era nuestra función en la FAI, lo supo Primo de Rivera, jefe de otra organización clandestina, la Falange española. No hemos querido entonces, por razones de táctica consagrada entre nosotros, ninguna clase de relaciones. Ni siquiera tuvimos la cortesía de acusar recibo a la documentación que nos hizo llegar para que conociésemos una parte de su pensamiento, asegurándonos que podía constituir base para una acción conjunta en favor de España”  (4)

La lectura del libro de Abad de Santillán genera la impresión de que estaba mucho más interesado por la personalidad y el pensamiento de José Antonio que por Falange Española. En su libro demuestra no advertir las diferencias entre la Falange originaria y la estructura que nació del Decreto de Unificación. Los comentarios que suele prodigar hacia el partido –no así hacia José Antonio- son hostiles, si bien, se refiere siempre a la actuación del movimiento unificado por Franco al que sigue llamando “la Falange” (5).

Así como en 1933 el “fascismo español”, cuando tuvo lugar la primera entrevista entre Pestaña y José Antonio, era todavía un movimiento incipiente, con ciertas simpatías, especialmente entre la juventud y en los medios alfonsinos y primorriveristas, dos años después el partido había cristalizado e incluso había atraído a algunos antiguos militantes de la CNT. Algunas de las reservas que podía haber tenido Pestaña en 1933 parecían estar, como mínimo, más diluidas en la reunión de 1935. En dos años, la situación política española había variado extraordinariamente. En ese tiempo España había pasado de estar gobernada por el centro-izquierda republicano a estarlo por el centro-derecha (el “bienio negro”) que en esos momentos estaba tocando a su fin, se había producido la insurrección de Asturias, el conato secesionista catalán, mientras que en Alemania estaba bastante claro que la clase obrera se estaba beneficiando con las políticas económicas impulsadas por Hitler y su gobierno. El planteamiento de José Antonio de un “patriotismo integrador” soldada a la idea de “justicia social” era, desde luego, bastante mejor que la Segunda República sumida en el caos y en la inestabilidad. Por la mente de algunos anarcosindicalistas pasaba la idea de que, a fin de cuentas, el corporativismo, prescindía de los partidos y, en el peor de los casos, suponía situar a patronos y obreros frente a frente, sin el filtro intermedio de partidos políticos que, cada vez se mostraban más corruptos, egoístas y al servicio de cualquier interés salvo de los de la población.


https://eminves.blogspot.com/2014/05/romanticismo-fascista.html

> Algunos errores

Quien se equivoca es Felipe Ximénez de Sandoval que negó que José Antonio y Pestaña se encontraron. Seguramente no hubo ocasión de que José Antonio le comentara en alguna ocasión las dos entrevistas, sin embargo, en su Biografía Apasionada introduce varios elementos interesantes (6) afirmando que:
1) José Antonio no conoció directamente a Pestaña (sabemos que es un error, pero parece significativo que el jefe de la Falange no hablara a su subordinado sobre las entrevistas que ambos mantuvieron seguramente por haber fracasado o por haberse pactado que fueran reuniones privadas a las que no debería de darse publicidad.
2) Los falangistas creían verdaderamente que iban a producirse transvases de sindicatos enteros desde la CNT hasta las CONS (algo sobre lo que no existen datos: se produjeron incorporaciones aisladas, pero no migraciones significativas, ni mucho menos de sindicatos enteros.
3) El Partido Sindicalista se convirtió durante la guerra civil en una tabla de salvación para afiliados a falange (para “varis cientos” dice Pestaña).
4) Lo que si le constaba a Ximénez de Sandoval es que Ruiz de Alda conocía personalmente a Pestaña (no conocemos otras fuentes que confirmen este dato, lo que hemos referido antes sobre Adab de Santillán parece recogido de la Biografía Apasionada). Y en cuanto a las biografías de Pestaña no hacen ninguna alusión al héroe del Plus Ultra. Cabría decir lo de “testimonio único, testimonio nulo”).
5) Mucho más improbable aún es el testimonio de Miguel Primo de Rivera, según el cual en el “fichero reservadísimo” de afiliados figuraría el nombre de… Ángel Pestaña.
Reproducimos el párrafo en cuestión de la Biografía apasionada: “Encauzada la propaganda jonsista hacia los núcleos obreros puramente sindicalistas, pareció inminente varias veces el ingreso en nuestros Sindicatos de los elementos apartados de la CNT al unirse ésta a los terroristas de la FAI, acaudillados por Ángel Pestaña. José Antonio, que no llegó a hablar nunca directamente con este leader auténticamente obrero, sentía vivas simpatías por su persona, en la que reconocía cualidades poco comunes de honradez y convicción revolucionaria. Los últimos días de Pestaña y la actuación en el Madrid rojo de su Partido Sindicalista, donde ingresaron cientos de camaradas nuestros, demuestran la buena visión de José Antonio. Sin embargo, por razones que ignoro, nunca hablaron directamente ni se pudo realizar la fusión de ambos sindicalismos. Quien sí había estado al habla con él antes de nacer la Falange y quien animaba a José Antonio a captarle era Julio Ruiz de Alda. No me ha sido posible averiguar por qué no hablaron nunca José Antonio y Pestaña. Como me consta que José Antonio la deseaba, pienso si la entrevista se frustraría por temor de Pestaña o por la actuación de intermediarios poco hábiles o de mala fe (*). (*) Nota de la tercera edición.- En un artículo titulado «La verdad entera», publicado en Arriba por Miguel Primo de Rivera, se decía que en el fichero de la Falange que revisó por última vez a principios de 1936, protegido por la palabra «reservadísimo» y con una nota ‘para prestar la más consciente colaboración’, había otro nombre: Ángel Pestaña (18 de julio de 1961)” (7).

En cuanto al artículo al que alude Ximénez de Sandoval escrito por Miguel Primo de Rivera y titulado La Verdad Entera, fue publicado por el diario Arriba el 18 de julio de 1962, página 1 dice textualmente en sus últimos párrafos:
Los falangistas tienen ya un copioso fichero de afiliados que hay que guardar y proteger con riguroso secreto y con especialísima reserva. Yo revisé ese fichero por última vez a principios de 1936. Había que camuflar un buen número de nombres cuya presencia en nuestras filas podría acarrear graves daños a todos. Entre los afiliados de primera línea, que por aquel entonces eran varios miles en Madrid, había una ficha en la que se leía: "Alfonso Mariátegui. Duque de Almazán". La afiliación en primera línea suponía el aceptar toda clase de riesgos, y mi buen amigo el duque de Almazán los aceptó de buen grado, sirviendo y cumpliendo ejemplarmente. En el mismo fichero, protegido por la palabra "reservadísimo" y con una nota "para prestar la más conteniente colaboración", había otro nombre: Ángel Pestaña. ¿Ángel Pestaña, el famoso líder anarcosindicalista, y el duque de Almazán en la misma línea política? ¿Qué venía ocurriendo en nuestro país para que apareciesen juntos, encuadrados en igual propósito, estos dos hombres tan aparentemente dispares? Él hecho tiene para mí una explicación sencilla: La Falange había dicho la verdad entera, esa verdad que, sofocada y falseada por las medias verdades de los unos y de los otros, parecía no existir, pero que en la hora crítica convocó a muchos miles de españoles enteros, como el duque de Almazán y como Ángel Pestaña. Esta verdad entera y salvadora tendría hoy que encontrarla y decirla el llamado Occidente para salvar a un mundo que en tanto se asemeja a nuestra España de 1936. Verdad dura e incómoda. Verdad de renuncias y de sacrificios, pero verdad católica —universal— y eterna, a la que Franco ha dado veinticinco años de firmeza”
Artículo bienintencionado, pero ecléctico. Y sobre todo no avalado en lo relativo a Pestaña por ningún otro dato. Lo más probable es que de ser cierta la anécdota, se trataría de una ficha en la que José Antonio colocó los datos para localizar o para enviar material de propaganda a Pestaña, en ningún caso de una ficha de afiliación al partido

No es cierto, tampoco, lo dicho por Agatángelo Soler Llorca que atribuía a José Antonio el haber “prologado un libro de Pestaña”. Soler Llorca fue uno de los falangistas más conocidos de Alicante, procurador luego en las Cortes franquistas y uno de los pocos que votaron No a la investidura de Juan Carlos como sucesor de Franco a título de Rey tras la aprobación de la Ley Orgánica del Estado (8).

http://eminves.blogspot.com/2019/06/el-aguila-y-el-condor-memorias-de-un.html

NOTAS

(1) Alfonso XIII, la República, Franco, Diego Abad de Santillán, Ediciones Júcar, 1979, pág. 259.
(2) Papeles póstumos de José Antonio, Miguel Primo de Rivera, Así fue – La historia rescatada, Plaza & Janés, Barcelona 1996, pág. 54.
(3) Citado por Miguel Primo de Rivera, op. cit., pág. 336. El fragmento original corresponde a Por qué perdimos la guerra, Diego Abad de Santillán, Buenos Aires 1940, edición digital, pág. 11-12.
(4) D. Abad de Santillán, op. cit., pág. 11.
(5) Véase por ejemplo: “Ahora bien, la Falange Española no se puede comparar de ninguna manera, por su número y por su combatividad, con la F. A. I. y con la C.N.T., cuya acción en la guerra en tanto que tales, con la fuerza moral que da el compañerismo, la confianza, la solidaridad perfecta, habría sido multiplicada y en cambio se ha reducido a la mínima expresión en tanto que fuerzas regulares de un ejército al que le faltan tantas condiciones para ser eficiente”, Ídem, 129.
(6) Biografía apasionada de José Antonio, Felipe Ximénez de Sandoval, edición digital, pág. 171.
(7) Ximénez de Sandoval, op. cit., 170.
(8) Reproducimos todo el párrafo por lo de que significativo tiene, error incluido y con las valoraciones que incorpora: “En el momento en que empezó el follón, seríamos 90 falangistas, pero es que comunistas de hoz y martillo serían unos 65, y anarquistas de bandera roja y negra -que era muy parecido a lo nuestro, lo único es que ellos querían matar a los curas y nosotros no- menos aún... José Antonio incluso llegó a prologar el libro de Ángel Pestaña. Nosotros éramos negro y rojo, y ellos rojo y negro. Nuestra idea era el imperio espiritual de España, y la de ellos la Federación Anarquista Ibérica (¡querían tomar Portugal!). Y compartíamos el anti-marxismo. Ellos querían el comunismo libertario, pero también la reforma agraria y en esto coincidíamos. Los anarquistas tenían gente magnífica y gente muy bestia. ¿Cómo es posible que en Alicante fuéramos 90 falangistas y 65 comunistas, y luego se nos achacaran todas las atrocidades de la guerra? No hay más que lo de siempre: la avalancha a favor de la camisa azul y la avalancha a favor de la hoz y el martillo, por lo que se desvirtuó todo. Tuve amigos anarquistas que murieron en la Batalla del Ebro como bravos, pero también vi uno con el uniforme de regulares que me había llevado ante el Tribunal Popular con mono y pistola. En fin, para volverse loco. Lo que ocurre es que hay una cosa que son los socialistas, pero se olvidan de las checas que montaron ellos, que ya tenían la hoz y el martillo, pero en las que todos habían sido socialistas. Porque comunistas aquí no habían. A nosotros se nos acusaba de ser los fascistas de Hitler y Mussolini”.  Cf. http://www.alicantevivo.org/2010/01/ser-alicantino-duele-en-el-mas-alla-d.html



martes, 10 de marzo de 2020

JOSE ANTONIO: VISTA A LA IZQUIERDA (2 DE 5) -> LA TEORÍA DE LOS “EXTREMISMO OPUESTOS” SEGÚN AZAÑA


Tras una dilatada actividad sindical al servicio de la CNT y de haber vivido en primera línea los años del pistolerismo en Barcelona, Pestaña había encabezado la disidencia “treintista” (1) y se preparaba, justo en esos meses, para fundar el Partido Sindicalista. Eran “los moderados” de la CNT, cada vez más enfrentados a los radicales de la FAI.

Los primeros advertían a los afiliados que la “revolución” no era cuestión de un día, que no se daban las circunstancias para la edificación de una sociedad anarquista y que era preciso despojarse del espejismo de que una insurrección pudiera desembocar en la formación de una sociedad sin clases y sin autoridad. Sostenían que la revolución era un largo proceso de concienciación de los trabajadores que tenía mucho que ver con la educación y con la mejora en las condiciones de vida de los trabajadores, algo que solamente podía realizarse mediante una acción gradual.

En agosto de 1931, treinta conocidos dirigentes de la CNT firmaron un manifiesto en el que recogían todas estas orientaciones y que fue conocido como el Manifiesto de los Treinta. Ninguno de sus firmantes renunciaba al proceso revolucionario, sino que simplemente negaban que pudiera alcanzarse inmediatamente mediante una huelga general.  Sus dos firmantes más conocidos eran Ángel Pestaña y Juan Peiró.

Inicialmente, los treintistas arraigaron en algunas federaciones de la CNT (en la región valenciana, en algunas poblaciones industriales catalanas (Manresa. Sabadell, Mataró). Siguieron a Pestaña y Peiró en torno a 70-100.000 afiliados de la CNT. En 1932 estas federaciones entraron en disidencia y constituyeron la Federación Sindicalista Libertaria hasta que, cuatro años después, la mayoría se reintegrarían en la CNT en el Congreso de Zaragoza.

Una parte del “treintismo” quiso contrarrestar el peso de la FAI convirtiéndose en partido político y de esta voluntad nació el Partido Sindicalista de Pestaña. Cuando, durante la guerra civil, la CNT decidió colaborar con el gobierno de la República, Juan Peiró se convirtió en ministro durante un breve período (de noviembre de 1936 a mayo de 1937).


En aquellos meses de 1933 todavía estaba en el poder un gobierno de centro-izquierda presidido por Manuel Azaña que consiguió mantenerse hasta el 4 de agosto, pidiendo el entonces presidente Alcalá-Zamora a Alejandro Lerrroux que formara gobierno. Sin embargo, las elecciones municipales de abril –las primeras en las que participaron las mujeres en España-  habían dado alas a la derecha monárquica y alfonsina que obtuvo 4.000 concejales, especialmente en zonas rurales, lo que facilitará el que cuando en septiembre se convoquen elecciones para el Tribunal de Garantías Constitucionales, en las que votaban los concejales electos, el 70% de los puestos queden adjudicados a conservadores, entre ellos Juan March, en ese momento en la cárcel por delitos fiscales y contrabando o Calvo Sotelo exiliado desde la “sanjurjada”.

A pesar de que seguía la ofensiva republicana contra la Iglesia (la Ley de Congregaciones fue aprobada en mayo de ese año, convirtiendo en públicos todos los bienes de la Iglesia incluyendo los ornamentos sacerdotales), el Papa XI recomendó a los católicos españoles acatar al poder político, cuidando de que sus hijos fueran educados en escuelas cristianas.

En un clima en el que la derecha parecía exultando por haber recuperado la iniciativa perdida en abril de 1931, y ante la imposibilidad demostrada por Lerroux para estabilizar un gobierno con mayoría parlamentaria, se disolvieron las cortes y se convocaron nuevas elecciones el 9 de octubre. En esas circunstancias políticas, extremadamente crispadas fue entonces cuando Pestaña y José Antonio se encontraron por primera vez.

La entrevista entre José Antonio y Pestaña es confirmada no sólo por el testimonio de este último y reproducido por Ángel María de Lera décadas después, sino por muy anterior, de Juan Vidal Salvó (2) publicado en el diario del Movimiento de FET y de las JONS de Barcelona, Solidaridad Nacional, el 20 de noviembre de 1956 (3)
José Antonio, en su deseo de incorporar elementos aguerridos de trabajadores a la Falange en formación, me encargó que siguiera minuciosamente el nuevo movimiento obrerista. Y en agosto de 1933, después de recientes informaciones que le había mandado a Madrid, recibí la visita del capitán López Pando, ordenándome, en nombre del futuro jefe nacional de F.E. que localizara a Pestaña y tratara de que asistiese a una reunión con falangistas de primera hora, al objeto de averiguar la orientación del partido que se estaba organizando y estudiar si era posible llegar a algún entendimiento con él. Inmediatamente di cumplimiento de la orden recibida y me puse en contacto con un conocido sindicalista, el cual, después de varias vicisitudes, alguna de ellas peligrosas en aquellos tiempos tumultuosos, me brindó una primera entrevista con su jefe, que como manifiesta paradoja tuvo lugar en el Centro Tradicionalista de la calle Puertaferrisa y del que yo era afiliado. Ya con el asentimiento de Pestaña, preparé un definitivo contacto, que se realizó en mi despacho de la ronda Universidad, 17, a cuya reunión asistieron tres sindicalistas y cuatro falangistas. Se frustró todo acercamiento por la discrepancia fundamental, no superada, acerca de principios para nosotros axiomáticos, entre ellos el de Patria y religión”.
Así pues, la entrevista existió y hora ya conocemos algunos datos más sobre la misma: quién la cocinó y donde tuvo lugar.

> La conspiración anarco-fascista de Azaña y de Casáus

En el mes de julio tuvo lugar un episodio que demuestra que también el gobierno de centro-izquierda había entendido los beneficios que podía extraer del proyecto de un “fascismo sindicalista”. Todo induce a pensar que fue Andrés Casaus (que luego sería asesinado en San Sebastián en represalia por el asesinato previo del dirigente falangista Manuel Carrión), entonces Director General de Seguridad, el que tramó una de esas habituales operaciones realizadas para tranquilizar a la opinión pública, mantener unido al gobierno Azaña y demostrar, ante la deteriorada situación del orden público que el gobierno todavía controlaba algo (o al menos dar esa sensación). Seguramente debió ser la aparición de los panfletos del MES-FE los que le dieron la pista a seguir: simplemente se inventó una conspiración en la que fascistas y anarquistas se unían para subvertir el orden republicano. La teoría de los “extremismos opuestos que se unen para derribar al sistema” ya estaba en viva y activa en la España republicana.


Ledesma cuenta así la andanza:
El entonces ministro de la Gobernación, Casares Quiroga, a la vista de la agitación producida, encargó al director de Seguridad, señor Andrés Casaux, que en el término de tres días le presentase un dossier acerca de la verdadera realidad y situación de las fuerzas fascistas. Digamos aquí, en breves líneas, que por entonces, a más de las J.O.N.S., había otros grupos que se llamaban «fascistas», seguidores del periódico El Fascio muerto, como vimos, el mismo día que nació, y que venían dedicados infantilmente a extender hojitas y pasquines, de redacción bastante ingenua, que circulaban profusamente por Madrid y provincias. Estos trabajos eran ya dirigidos por Primo de Rivera y Ruiz de Alda, circulando tales hojas entre elementos de antiguo ligados a la dictadura, militares retirados y terratenientes de las provincias. De todos modos, su actividad se reducía a eso, al reparto de hojas, que llevaban como membrete un recuadro con las iniciales F.E. (Fascismo Español).
Pues bien, la Dirección de Seguridad elevó el «dossier» al ministro, y a consecuencia de él, como satisfacción a las protestas y al miedo que en los sectores marxistas había ocasionado el asalto a los Amigos de Rusia, una buena mañana se dijo a los periódicos que se acababa de descubrir un terrible complot fascista contra el régimen, en el que aparecían complicados la F.A.I., las J.O.N.S. y los fascistas. Nada menos. Se hicieron en toda España más de 3.000 detenciones, desde el 19 al 22 de julio. No hay que decir que a los verdaderos autores del asalto, causantes directos de todo aquel barullo, no se les detuvo.Véanse los titulares de Prensa de aquellos días: El día 23: ¿Se teme de madrugada un complot contra el Gobierno? El día 25: El complot, abortado. El día 26: Según parece, se trata de destruir en sus comienzos una organización de tipo fascista. (…)Con los detenidos en Madrid se hizo una selección y por la noche, a las tres de la madrugada, en coches celulares, fueron llevados al penal de Ocaña unos noventa. De ellos, cuarenta y un anarquistas, el cristiano-social Padre Gafo, y el resto, un conglomerado de monárquicos, fascistas de Primo de Rivera y el grupo de las J.O.N.S. Entre estos últimos, Ramiro Ledesma, el secretario de redacción de la revista JONS, Juan Aparicio, y el antiguo militante Enrique Compte. El famoso complot era, pues, anarco-jonsista-fascista. Los propósitos del Gobierno no eran nada difíciles de descubrir. Pensó hacer del penal de Ocaña un verdadero campo de concentración para sus enemigos políticos. Lo prueba el que días antes de ser enviados, el director de prisiones se enteró de si allí podían permanecer 2.000 detenidos.El Gobierno, vacilante, no se atrevió a eso. No se olvide que esto ocurría cuatro o cinco semanas antes de caer la situación Azaña. Así, pues, a los ocho días, llegaron al penal unos magistrados, que pusieron en libertad a los anarquistas y al Padre Gafo, procesando a todos los demás por un delito sumamente raro y no sé si conocido por los juristas, el «de confabulaciones punibles».La vida en el penal de Ocaña no dejaba de tener perfiles divertidos. Los anarquistas son, por lo común, gente sociable, y no les disgusta dialogar y razonar hasta con sus mayores enemigos.
Puede decirse que los 41 que había allí eran los más destacados faístas madrileños, Melchor Rodríguez, los hermanos González Inestal, etc. Espíritu de grupo sólo se advertía en los anarquistas y en los de las J.O.N.S. En los demás, detenidos como derechistas, se advertía un guirigay pintoresco. Era gente varia, sin ninguna o muy poca ligazón de partido. De ellos, unos doce pertenecían a la organización que por entonces trataba de fundar Primo de Rivera, con el nombre -nos parece recordar- de M.E.S. (Movimiento Español-Sindical). El resto eran derechistas indefinidos, monárquicos, antiguos sindicalistas libres, albiñanistas (de éstos, el secretario particular de Albiñana, Felipe Simón, un buen chico) y un conocido pistolero del libre, León Simón. Este era el único con el que no hablaban los anarquistas.-Muchos compañeros nuestros ha asesinado -se decían unos a otros, refiriéndose a este último Simón.Entre los de Primo de Rivera, estaba José Gómez, antiguo chófer de confianza del general. Parecía muy fiel y admirador del hijo, de José Antonio, y aunque bastante tosco, no dejaba de mostrar buenas cualidades de militante. El levantaba la moral de muchos de sus compañeros, que poco o nada acostumbrados a la persecución política, se deprimían con gran frecuencia, armando entre sí altercados y peloteras. Había entre ellos, por ejemplo, un  valenciano que reclamaba a la organización no sé cuántos miles de pesetas por los trastornos -decía- que le ocasionaba la estancia en el penal, y se los reclamaba al  que lo había captado para el partido primorriverista, creo que un señor Marquina, antiguo torero. Todo esto, presenciar esto, era para los jonsistas muy divertido.Lo que el gobierno Azaña, Casáus, sabían muy bien es que tal complot era una absoluta invención desde principio a fin, sin embargo, aunaron el miedo que causaban los extremismos opuestos para garantizar unos titulares tranquilizadores para la opinión pública.
José Antonio quería creer que era posible un entendimiento con sectores disidentes de la CNT sobre la base de la justicia social. Olvidaba que el pensamiento de Pestaña era “libertario” y que cualquier forma de autoridad (y lo más característico del fascismo era su cesarismo y el acatamiento a la autoridad del Duce) era condenada por los “treintistas”. Solamente un espejismo y el consejo del Duce, finalmente, impidieron a José Antonio percibir la realidad: Pestaña no era el hombre que estaría dispuesto a “nacionalizar” a las masas cenetistas para la causa patriótica, ni siquiera para nada que se aproximara al fascismo:
“Dimos muchas vueltas en torno a estas cuestiones sin llegar a ningún resultado. Hablábamos en idiomas distintos. Eso sí, una cosa quedó absolutamente clara y es que Mussolini se había equivocado totalmente al acordarse de mi nombre. Y nos separamos conociéndonos ya un poco mejor. Yo pienso que José Antonio Primo de Rivera es un joven inteligente y quizá bien intencionado, pero sin ideas claras, con un desconocimiento absoluto del pueblo. Todo lo que sepa de él lo ha aprendido en los libros y no en la vida. Ni él comprende al pueblo, ni el pueblo podrá nunca entender su lenguaje. En cuanto a lo que Primo de Rivera pueda pensar de mí, lo ignoro, pero espero que haya comprendido, al menos, que nos separan demasiadas distancias de todo orden para que podamos coincidir nunca políticamente, por muy buena voluntad que pusiéramos en ello”  (4).
Es todo lo que Pestaña recordaba de aquel encuentro. Lera añade por su parte:
El equívoco de un lado y la curiosidad de otro, les hizo encontrarse e intercambiar opiniones en un ambiente tengo, de cautelas y desconfianzas. Desvanecidas ambas motivaciones, no volvieron nunca a reanudar aquel diálogo imposible. En el relato de Pestaña, en sus palabras y en su voz, no advertí ninguna muestra de desdén ni, por supuesto, de admiración. Sí de respeto y, acaso, un ligerísimo sentimiento de disgusto o contrariedad por no haber podido disuadir de sus propósitos a su joven oponente” (5).
Sin embargo, hay algo que resulta sospechoso en el relato que ha hecho Lera. La lectura de su libro permite situar la conversación con cierta exactitud. Lera nos transmite lo que Pestaña le ha dicho antes: que solamente hubo una reunión. Lo sospechoso viene a cuento de que ese primer encuentro debió tener lugar en 1933. No había nadie más presente, él y José Antonio. Sin embargo, esto no explica el por qué una reunión tan discreta dio lugar a “rumores” (6). Media demasiada distancia entre 1933 y el momento en el que tiene lugar la conversación entre Lera y Pestaña (febrero-marzo de 1936). Así pues, es muy posible que Pestaña solamente estuviera dispuesto a hablar en aquella ocasión sobre el primer encuentro, pero no así sobre el segundo que es el que ha dado lugar a mayores confusiones.



NOTAS

(1) Joan Peiró y la Segunda República, Eulàlia Vega, Anthropos. Revista de Documentación Científica de la Cultura, n 114, noviembre 1990,  pág. 34 y sigs, especialmente Dos posiciones de la CNT: el treintismo y el faismo (pág. 35)
(2) José Antonio conoció a Vidal Salvó a través de Luis Fontes de Albornoz, amigo de juventud de José Antonio, en su despacho de la Ronda de Universidad. Vidal, parece que presentó a José Antonio a algunos “dirigentes de la CNT” y fue nombrado –al menos por un breve período- primer jefe de la Falange en Barcelona. También en el curso de ese primer viaje a Barcelona en 1933, José Antonio visitó la sede de la Unión Social Hispánica en la calle Cardenal Casañas, de la que formaba parte Luys Santa Marina. Éste no se encontraba ese día en la entidad y perdió la ocasión de conocer entonces a José Antonio quien ya había leído su entonces recién publicado libro sobre Cisneros[1] que produjo muy buena impresión a José Antonio. En 1934, José Antonio volvió a Barcelona acompañado por José María Alfaro y Cuerda, su pasante, constituyéndose el triunvirato de la Falange Catalana. Sus miembros fueron Bassas, Santa Marina y Fontes de Albornoz. Fontes –en el curso de una comida en Las Siete Puertas- propuso dimitir para que entrara Poblador. Así se hizo, pasando éste a ser secretario territorial[1].
(3) Citado por Francisco Caballero Leonarte en su artículo La génesis de la Falange en Barcelona, Barcelona 31 de enero de 2013, reproducido en la web de la Plataforma 2003: http://www.plataforma2003.org/colaboraciones/20_genesis_falange_espanola_en_barcelona.htm. El autor añade unos datos biográficos sobre la fuente, Vidal Salvó: Juan Vidal Salvó, había nacido el año 1897 en El Vendrell (Tarragona), era abogado de profesión y estaba colegiado en Barcelona desde el año 1920. En su juventud estuvo afiliado a la Lliga Regionalista, donde ocupó puestos de cierto relieve, y posteriormente en la Unión Patriótica. Pero no acabó ahí su curriculum; luego aparecería sucesivamente en: la Unión Monárquica Nacional. (1930), MES (1933), Acción Social Española, asociación adherida a la CEDA, donde Vidal figura como vicepresidente el mes de noviembre de 1935. Curiosamente, Juan Vidal también formaba parte de la junta, como vocal, de una Asociación de Abogados de Barcelona, de carácter profesional, junto a Roberto Bassas. Pero lo que más nos interesa del epigrafiado es su relación con el MES – Fascismo Español, y con FE según manifiesta el propio interesado en la declaración jurada que hizo, de puño y letra, ante el Tribunal Depurador del Colegio de Abogados de Barcelona en 1940: “Antes del Movimiento y en 1933 fue nombrado por José Antonio jefe de FE en Cataluña, en cuyo cargo le sustituyó Roberto Bassas, que fue por el dicente presentado a la Falange, por haber sido nombrado Delegado en España del Antikomintern [iniciativa anticomunista de la propaganda alemana que fue ganando en importancia desde la llegada del NSDAP al poder hasta la Segunda Guerra Mundial. España, entre otros países, suscribió el “Pacto Anti-Komintern” en 1939] de Berlín siguiendo las órdenes del Jefe Nacional”. De la declaración jurada de Vidal, si le otorgamos validez –y hoy por hoy nadie le ha desmentido- obtenemos conocimiento de que, en efecto, el primer jefe de F.E. en Cataluña fue él, aunque no sabemos exactamente en qué fecha se produjo su nombramiento y su cese. Si nos atenemos a los datos actualmente disponibles, podemos estimar que Vidal pudo ostentar tal nombramiento entre noviembre de 1933 y febrero de 1934, fecha en que fue nombrado Jefe Territorial Roberto Bassas (…) puede entenderse muy bien que José Antonio, con el deseo de obtener algunos apoyos en su inmensa tarea de crear un nuevo movimiento político, estimase la conveniencia de mantener relación con ese organismo de Berlín y, dándose el caso de que Juan Vidal Salvó conocía perfectamente el idioma alemán, ¿quién mejor que el para acceder al puesto de Delegado del Anti-komintern en España? Pero, ¿hasta qué punto se mantuvo fiel a la naciente Falange Juan Vidal Salvó? A estas alturas es muy difícil saberlo. Pero lo que si sabemos, y tenemos documentado, es que este antiguo camarada aparece como vicepresidente de la Asociación “Acción Social Española”, -entidad adherida a la CEDA- en el mes de noviembre de 1935. Como podemos ver, su movilidad en el ámbito de la política es notable. Pero no solo eso, pues una vez pasado el vendaval de la guerra civil –durante la cual permaneció escondido en Barcelona- reaparece firmando algunos escritos en el diario del Movimiento Solidaridad Nacional. José Luis Jerez Riesco, en su libro “José Antonio Fascista”, afirma que Juan Vidal Salvó “había acudido con Carlos López Manduley que era jefe del PNE en la ciudad condal, Guimet y José Parés, este ultimo de Badalona”. Este texto es el primero y único, que he podido hallar que mencione a Vidal Salvó como asistente al acto del teatro de La Comedia. Manduley –como se ha dicho- era presidente de la “Peña Nos y Ego”, vinculada al PNE, y José Parés, por aquel entonces, era el Jefe de la incipiente JONS de Badalona”. De esta sucinta biografía pueden deducirse dos datos interesantes: 1) Que José Antonio intentó aproximarse a la propaganda alemana a través del Antikomintern. 2) Que en el entorno de José Antonio no existían fronteras bien definidas y que algunos personajes se transitaban por el PNE, la derecha cedista, el tradicionalismo carlista, el MES-FE, Falange, el alfonsinismo, etc.
(4) A.Mª de Lera, op. cit., pág. 311.
(5) Ídem.
(6) “Le pregunté [a Pestaña] ante dos o tres compañeros de la Agrupación qué había de cierto en los rumores que corrían sobre unas supuestas conversaciones de él con el hijo del Dictador”, escribe Lera (op. cit., pág. 309)