lunes, 17 de abril de 2023

NOSOTROS LOS FACHAS Y LA EXTREMA-IZQUIERDA A LA QUE ODIÁBAMOS TANTO (7) - EL ESQUEMA, APLICADO A LA ESPAÑA DE LA TRANSICIÓN (2ª PARTE)

NACIONALISMO CONTRA SOCIALISMO
(O LA HISTORIA DEL SIGLO XX, SEGÚN TAMBS)

Si me he detenido un poco en la figura de Lewis A. Tambs (estoy seguro de que, en la tarjeta de visita que me dejó su nombre era “Lewis Abraham Tambs – Profesor de historia de la Universidad de Waco – Texas”, sin embargo en los documentos que he encontrado aparece siempre como “Lewis Arthur Tambs”, pero la foto corresponde sin sombra de dudas con el Tambs que conocimos en Madrid; es muy posible que la desfiguración del nombre tuviera como objeto borrar huellas sobre sus actividades: pero la foto es incuestionable) es porque, como he dicho, me dio la primera lección de geopolítica. Tambs interpretaba la historia del siglo XX como una permanente contradicción entre “nacionalismo” y “socialismo”. Incluso, la lucha entre Stalin y Trotksy la interpretaba en la misma clava: nacionalismo estalinista y socialismo trotskysta. Por supuesto, consideraba la lucha entre el Tercer Reich, nacionalista, y la URSS, socialista, como una más de las confirmaciones a su teoría. En la única vez que aludió al libro escrito sobre la División Azul, los definió como “nacionalistas” que iban a luchas contra el ”socialismo”. No era una tesis particularmente convincente, pero servía a su propósito: el mantenimiento de la hegemonía mundial de los EEUU. Él, por su parte, se había especializado en Iberoamérica. Entró en el ambiente de extrema-derecha, a través de Antonio Izquierdo y del diario El Alcázar. De ahí pasó a la Confederación de Combatientes. La excusa, siempre, era el libro. Vale la pena para qué nos había convocado la Confederación en Madrid: uno de sus funcionarios y un militar entonces en activo, estaban promoviendo un grupo cívico que debía servir de soporte para un golpe militar. Era agosto de 1978. Los que allí acudimos -de los barceloneses creo que fuimos cinco (tres por el Frente Nacional de la Juventud y dos por el Círculo Eugenio d’Ors) creo que vivimos todos.

La tesis de Tambs sobre la oposición “nacionalismo – socialismo” era imposible de mantener, pero, en su ayuda, recurría a las tesis geopolíticas. Yo, en 1978, era un pipiolo que había oído campanas sobre “la geopolítica”. Alain de Benoist le había dedicado un ensayo que luego incluyó en su libro Vû de Droite y que un amigo portugués tradujo en 1979. Yo hice la traducción del portugués, pero en ensayo era muy generalista y Tambs fue más a lo concreto. Así que, tras su exposición en aquel cursillo, le pregunté porqué Zbignew Brzezinsky y la Trilateral parecían apoyar a los sandinistas, estaban abandonando al Sha y habían hecho otro tanto con las guerrillas anticomunistas que operaban en las antiguas provincias portuguesas. Me contestó con hostilidad: venía preparado para contestar otro tipo de cuestiones, pero no para discutir sobre las orientaciones políticas de la “era Carter”: ese período, en el que, la URSS estuvo más cerca de hacerse con la hegemonía mundial. Era un funcionario fiel a su administración.

 

ANTORCHAS, LO QUE SE DICE “ANTORCHAS” HUBO MUCHAS

Tambs se quedó a comer con nosotros, así que aproveché para pasarle algunas publicaciones del Frente Nacional de la Juventud. Entre ellas, La Antorcha, revista teórica de la que apareció un solo número (luego, opté por publicar Cuadernos de la Antorcha, más breves y monotemáticos). Lo que yo no sabía en ese momento es que La Antorcha había sido el nombre del primer periódico del Partido Comunista de España, y que, posteriormente, fue el dominio de internet que contrató el PCE(r), padre de los GRAPO, para expresarse a través de la red. También creo recordar que hubo algún boletín del FRAP o del PCE(m-l) que llevaba este nombre.  Lo que, en otros países, a partir del muy leninista Iskra, se tradujo como “La Chispa” (L’Etincelle, L’scintilla, Der Funke), dando nombre a las revistas comunistas de aquella y de las generaciones siguientes, en España, por aquello de la exageración, tuvo su equivalente en La Antorcha que era más que una “chispa”, o si se prefiere, el instrumento más útil si se pretende ejercer de pirómano e incendiar una pradera (como proponía Mao en una de sus sentencias casi confucianas)

La antorcha siempre ha tenido cierto pedigrí en la extrema-derecha. Un millón de antorchas marcharon en la tarde del 1 de enero de 1933 ante la ventana de la cancillería poco después de conocerse el nombramiento de Hitler como canciller del Reich y fueron antorchas las que acompañaron en las noches el féretro de José Antonio en su último viaje desde Alicante hasta el Escorial en 1939. Pero si esta similitud entre el título de una revista de extrema-izquierda y otra de extrema-derecha era, significativa, pero inconsciente, existieron otros detalles bastante más conscientes.

Recuerdo que, en 1970, acabábamos de robar una ciclostil en un colegio privado y empezamos a lanzar los primeros panfletos firmados como “PENS”. Pronto caímos en la cuenta de que, si íbamos a ser un “partido”, o algo parecido, debíamos de realizar un programa. El mayor de nosotros no tendría ni 19 años, así que nos faltaba capacidad y experiencia. Quedaba leer programas de otras organizaciones y encontrar motivos de inspiración. El primero de todos, naturalmente, fueron los 27 puntos de Falange Española, redactados en 1935 pero, la verdad es que no encontramos nada que pudiera considerarse muy “actual”. Otro tanto, nos ocurrió con el programa histórico del NSDAP. Cero. De ahí íbamos a poder sacar poca cosa que “sintonizara” con los problemas de la España de 1970. Abandonado en un banco del patio de letras de la Universidad Central de Barcelona encontramos un programa del PCE(m-l). Esta formación -a la que pertenecía Catalán Deus y que a nosotros, por algún motivo, nos llamaba la atención (seguramente porque tenían una militante -la “chica del FRAP de ciencias”- que nos llamaba causaba cierta curiosidad por su aspectos -de burguesa media, siempre con traje chaqueta y falda-, rubia y con gafas, e incluso nos preocupaba cuando aparecía por clase, no fuera que la hubieran detenido. El caso es que en aquel programa de un partido situado 180º de nosotros, encontré ideas aceptables, en materia de economía, de liberación nacional, de emancipación nacional, etc. Si se comparan los dos programas se comprobarán las similitudes.

Claro está que esto ocurría en 1970. No había Internet, para los falangistas disidentes no existía más programa que las obras completas de José Antonio y para los falangistas del régimen el programa no podían ser sino las Leyes Fundamentales y los discursos de Franco en las Cortes o en el Consejo Nacional del Movimiento. En otras palabras: para nosotros era muy difícil encontrar fuentes de inspiración. De hecho, no existían editoriales que publicasen trabajos doctrinales ni apenas obras históricas que no fueran meras elegías a héroes de otra época y trabajos hagiográficos. Tuvimos que espabilar. Los maestros que tuvimos -y me precio de haberlos tenido muy buenos- nos ilustraban con su estilo y su ejemplo. Fueron héroes de la guerra, ejemplos en la paz. Pero su ejemplo tenía que ver con el “estilo”, no con los contenidos políticos que pretendíamos dar al PENS. Tuvimos que buscar y esa búsqueda, nos situaba en el esquema propuesto por Jean Pierre Faye en un lugar en el que puede verse (en la sigla “NR”). Separados, irreconciliablemente enemigos, pero más próximos que otros.

DE DÓNDE VINO AQUEL INTERÉS NUESTRO POR LA “LUCHA ARMADA”

Además, en aquella época, nosotros sosteníamos que era preciso “armarse para combatir”. Combatir ¿contra quién? Contra la izquierda, por supuesto, pero también contra las fuerzas que impedían que nuestra nación y toda Europa fueran naciones libres.

¿De dónde nos venía ese regusto por la “lucha armada”? Procedía de distintas influencias: por un lado, el clima de la época, los resabios sesenteros que todavía proyectaron su sombra a lo largo de la década siguiente. Se nos presentaba como héroes al Ché Guevara y los que les acompañaron antes en Sierra Maestra o después en Ñancahuazu. Claro está que nosotros teníamos a nuestros héroes: algunos de ellos vivían todavía; no solo eran “mejores”, no solo habían protagonizado episodios en los que verdaderamente “se la jugaron”, sino que además eran “nuestros héroes”: el comandante Borghese, el coronel Skorzeny, los viejos combatientes de la División Azul… Nuestro problema era que ya no teníamos guerras santas en las que luchar. Me reconocía en una frase de Ionesco: “Contempladlos, escuchadlos, no matan, se defienden y la defensa es legítima. No odian, no persiguen, hacen justicia. No quieren conquistar ni dominar, quieren organizar el mundo. No arrojan a los tirados para ocupar su lugar, quieren establecer el verdadero orden. Sólo quieren guerras santas”. Estos éramos nosotros. Buscábamos razones para empuñar las armas y demostrar lo que en la Castilla medieval era el “más valer”; la “prueba” de nuestro valor. El “más valer” justificaba por sí mismo la aventura de Lope de Aguirre y, en su modestia, también iba a justificar la que algunos emprendidos en esa misma década que entonces comenzaba.

Si queríamos tomar las armas era en defensa de una causa justa que, desde luego, no era la del proletariado, ni por supuesto la del régimen franquista; ahora bien, cuando la lucha contra los separatismos era una de esas causas justas por las que siempre -mejor dicho, casi siempre- que se nos proponía estábamos dispuestos a dar el paso adelante. Y la lucha contra el separatismo era, en los 70, la lucha contra ETA.

Así mismo, a principios de 1970, leímos algunas revistas que nos habían enviado miembros de la última generación del Movimiento Nacionalista Revolucionario “Tacuara”. Concretamente, la fracción disidente -en aquel momento, ignorábamos los problemas internos que habían fraccionado interiormente a este movimiento argentino- que, luego, dirigida por Joe Baxter, tras el asalto al Policlínico de Buenos Aires, se fue escorando hacia la izquierda. La aventura de Baxter, iniciado en el nacionalismo argentino, neonazi, terminaría en un accidente aéreo cuando volaba a Europa para asistir, creo recordar, a una reunión del secretariado internacional de la IV Internacional trotskysta. Baxter, alias “Rafael”, había sido uno de los creadores de la Tacuara argentina en 1957. Católicos, nacionalistas, pero también y sobre todo neonazis. Por la táctica elegida, pueden considerarse -y, de hecho, son muchos quienes lo consideran así, incluido el que suscribe- la "primera guerrilla urbana de Iberoamérica". Inicialmente, no eran peronistas, pero luego, la fracción de Baxter se fue acercando al peronismo y adoptó actitudes cada vez más obreristas. Fue así como se aproximó a la izquierda peronista protagonizada en aquel momento por John William Cooke que, por entonces, mantenía relaciones con el recién ascendido al poder gobierno de Fidel Castro.

Se cuenta que, cuando Baxter, tuvo que huir a Uruguay, la policía encontró en su habitación decorada con posters de Hitler. Mussolini y Fidel Castro. Me lo creo. En Uruguay, él y sus camaradas, participaron en la formación de los primeros núcleos Tupamaros. En 1965, Baxter, junto con otros antiguos tacuaras, José Luis Nell entre otros, recibió adiestramiento militar en la República Popular China. Unos meses antes, había viajado a varios países árabes y a Vietnam siendo recibido -y condecorado, pues, no en vano estuvo combatiendo unas semanas con la guerrilla- por el mismísimo Ho Chi Minh. Fue a partir del 68 cuando abandonó definitivamente el nacionalismo-revolucionario y se instaló en el trotskismo. Por suerte o por desgracia aterrizó en París en mayo del 68 y no se perdió los acontecimientos. Aquello le fascinó. Le entendí perfectamente. Era la causa de la juventud luchando contra el “viejo orden”. Allí conoció a Roberto Santucho que no introdujo en el Partido Revolucionario de los Trabajadores, núcleo originario del Ejército Revolucionario del Pueblo, que arraigaría sobre todo en la provincia de Tucumán. Baxter se separó pronto de esta formación y, al parecer, en el último tramo de su vida estaba colaborando en la formación del Frente Sandinista de Liberación Nacional. Nell, por su parte, pasó a los montoneros, tras una etapa en las Fuerzas Armadas Peronistas, también tras un paso por la China de Mao. Se suicidaría a mediados de los 70.

Algunos antiguos miembros del MNR Tacuara, nos enviaron a finales de los años 60, sus publicaciones y programas. En la revista Tacuara conocida como “la Tacuara del manchón”, porque tenía una mancha roja en la portada que la distinguía de la otra tendencia de la que se había escindido. Leímos aquellas publicaciones y, reconozco que aprendimos muchas cosas: el lugar de la “lucha armada”, la subordinación de la “lucha armada” a la “dirección política”. Los conceptos de estrategia y táctica. Y el estilo militante, agresivo, combatiente. Eso fue lo que introdujo en nuestro círculo el fermento de una violencia puesta al servicio de una causa política.

Y luego estaba el clima de la época: era imposible que nosotros, que teníamos amigos y compañeros de clase muy queridos que militaban en la izquierda clandestina y que, por tanto, teníamos acceso a sus publicaciones, no permaneciéramos completamente ajenos a lo que se estaba cociendo entre la juventud politizada de aquella época. Existía una diferencia entre nosotros y los miembros de otros grupos de extrema-derecha de finales de los 60 y principios de los 70: la mayoría de estos grupos procedían de la Organización Juvenil Española, la estructura oficialista de encuadramiento de la juventud. Los “hogares de la OJE” garantizaban que el afiliado podía desarrollar actividades, amistades, vida social, excursionismo, aprender aficiones, realizar fiestas y bailes, tener su propio marco juvenil de socialización, sin necesidad de asomarse fuera del “hogar”. Y esto explica, hasta cierto punto, porque los grupos falangistas, que procedían de estos “hogares”, sufrían cierta desconexión con la realidad. Nosotros en cambio, éramos “fascistas” que teníamos un origen extramuros del “fascismo oficialista” del Movimiento franquista, de la OJE, de la Guardia de Franco y demás. Eso hacía que tuviéramos más “permeabilidad” en relación a los movimientos clandestinos de izquierdas (de hecho, algunos de nuestro círculo terminaron luego en la izquierda, incluso en posiciones de cierta responsabilidad).

Yo mismo, incluso, entre 1973 y 1974, reconozco que tuve momentos en los que no tenía muy claro en dónde estaba. El PENS en esos años ya se había disuelto. Teníamos claro que el neonazismo no era la carta más recomendable si queríamos hacer trabajo político. Además, en esos años, habíamos conocido a los círculos de exiliados neofascistas que completaron nuestra formación política y todo resultaba ya muy diferente que en 1970. Tenía entonces 21 años: notaba que algo ardía en mi interior. Buscaba el choque, el enfrentamiento, la “acción heroica” y no me importaba ya en que ámbito pudiera darse. En aquellos años participé en manifestaciones convocadas por organizaciones de izquierda. Había acabado el peritaje y me dio por estudiar periodismo, pero precisaba el “COU de letras”. Así que lo estudié en Badalona. Fue un curso complicado en donde conocí a lo peor y a lo mejor de la izquierda: a aquella izquierda del PSUC, cobarde y timorata, aquella izquierda Bandera Roja que, a la hora de la verdad, abandonaba el radicalismo y terminaba detrás del PSUC y, aquellos otros situados a la izquierda que querían siempre ir más allá. Era el año en el que habían ejecutado a Puig Antich. A pesar de que eran los meses en los que prácticamente mi único trabajo político era ir a buscar a exiliados italianos a la frontera e introducirlos en España, participé en actividades promovidas por grupos de izquierda. De todo aquello solamente ha quedado alguna amistad y el rencor de un Enrique Juliana, que, entonces militaba en el PSUC, con los mismos rasgos de carácter que hoy le adornan como redactor del Boletín Oficial de la Generalitat de Catalunya, el diario La Vanguardia. Juliana, en un artículo que debió publicar hacia 2006, me mencionaba, recordando que yo “ligaba mucho” (tampoco había que exagerar, francamente) y que proponía “acciones violentas” (menciona el corte de la autopista del Maresme que, efectivamente creo recordar que si propuse para llamar la atención, posiblemente, sobre las protestas contra la Ley General de Educación, o algo parecido). De todo lo cual deducía que yo era una “provocador”, un “infiltrado” y no recuerdo que lindezas más. En realidad, lo que Juliana no podía conocer era que en algunos de nosotros algo ardía en nuestro interior. Y ese “algo” le era imposible de concebir. Hay gente que nunca ha sido capaz siquiera de encender sus propios gases intestinales. Acabado aquel curso, la policía me detuvo por el increíble pretexto del atentado que sufrió en Cine Balmes cuando proyectaba La Prima Angélica. Lo que pienso del cine de Saura de aquella época ya lo he manifestado en la web sobre el cine español del período franquista (2f-francofilms.blogspot.com) y no me extenderé aquí. Lo cierto es que, cuando me detuvieron, ni siquiera había visto la película. Pasé tres días en Vía Layetana y nunca fui procesado. Por supuesto, no tuve nada que ver con aquel atentado. Si lo menciono es porque fue una chica que entonces militaba en la Joven Guardia Roja (o que había sido expulsada poco antes, no recuerdo bien, y un amigo anarquista) fueron a mi casa y sacaron todo aquello que podía resultar comprometedor.