domingo, 29 de marzo de 2020

LA GUERRA FRIA Y SU GUION (4ª parte) -> LA SEGUNDA FASE DE LA GUERRA FRIA (1962-1973)


De todas formas, en esta primera fase de la Guerra Fría, la tensión no tuvo un perfil lineal. Se sucedieron momentos de gran tensión seguidos de una fase de distensión inaugurada con el fallecimiento de Stalin en 1953. Su sucesor, Nikita Sergievich Kruschev, había sido uno de los más enérgicos defensores de Stalingrado durante la Segunda Guerra Mundial. Había conocido de cerca los destrozos que puede causar un conflicto y no estaba dispuesto a pasar otra vez por ese trance y, mucho menos, si pendía sobre el globo la amenaza de destrucción nuclear. Su mandato corresponde a una situación de relajación de la tensión interior en el seno de una URSS sobrecalentada por las purgas de Stalin que se prolongaron durante veinte años, y por la tensión con los EEUU. El 25 de febrero de 1956, Kruschev había pronunciado el famoso “discurso secreto” en el curso del XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética.

A partir de ese momento, Kruschev intentó mejorar sus relaciones con los EEUU, en especial a causa de los problemas surgidos en Europa y mucho más concretamente en Alemania (enclave occidental en Berlín). Desde el punto de vista armamentístico, siguió aumentando el potencial atómico soviético, pero impuso una moratoria en el programa naval y en 1960 propuso a los EEUU la reducción de un tercio de los ejércitos mutuos. Otra muestra de los “nuevos tiempos” y de la “distensión” de este período fueron los viajes recíprocos realizados por Richard Nixon, vicepresidente de los EEUU con Eisenhower, correspondido por una visita de trece días de Kruschev a los EEUU.


Desde entonces, da la sensación de que la mayor agresividad ya no está en el lado soviético sino en el norteamericano. La primera prueba de ello fue el derribo del avión U–2 pilotado por Gary Powers, sobre territorio soviético que indicaba el reinicio de los vuelos de espionaje. En su segundo viaje a EEUU en 1960, se produjo el famoso incidente del zapato en la sede de la ONU como respuesta a una invectiva del delegado filipino, acusando a la URSS de doble moral en la descolonización.

El hecho de que la URSS hubiera descendido el listón armamentista y el presupuesto de defensa, permitió derivar ingentes cantidades de fondos a la conquista del espacio. En 1961, la URSS se atribuyó un gran éxito al colocar en órbita al primer ser humano, el astronauta Yuri Gagarin. Por entonces ya se había hecho cargo de la presidencia la nueva administración norteamericana dirigida por John Fitzgerald Kennedy con el que la URSS creía que era posible un mejor nivel de entendimiento. De hecho, fue todo lo contrario. Cuando todavía no se había disipado el éxito de la URSS en el espacio, se conoció la derrota norteamericana en Bahía de Cochinos en la que los mercenarios cubanos de la CIA fueron derrotados a poco de desembarcar en la isla, hecho que precipitó de una vez y para siempre a Cuba en la órbita soviética.

A partir de ese momento, ninguno de los dos bandos, por buenas que fueran las intenciones de unos o de otros, o incluso de ambos, podían realizar más concesiones. La situación internacional se fue volviendo cada vez más rígida. Berlín seguía estando en el ojo del huracán, más como símbolo que como problema real. Pero era rigurosamente cierto que los berlineses orientales abandonaban su sector masivamente en dirección a los barrios occidentales El 13 de agosto de 1961, se inició la construcción del Muro de Berlín que supuso un fracaso propagandístico para la URSS, para los partidos comunistas y, en especial, para el propio Kruschev que salió tocado de la experiencia y animó a la oposición interior a preparar el relevo.

La colocación de mísiles nucleares en Turquía hizo que la URSS trata de estabilizar la balanza, colocando su equivalente a dos pasos de Florida. Así empezó la “crisis de los misiles” que situó durante dos semanas, una vez más, a la humanidad ante el riesgo del holocausto nuclear. En los últimos discursos pronunciados por JFK antes de su asesinato se percibe un intento de recomponer las relaciones normales con la URSS. Los planes para cumbres sucesivas hasta lograr el desarme se frustraron por su asesinato de JFK en Dallas en noviembre de 1963.


2ª FASE DE LA GUERRA FRÍA: LA DISTENSIÓN. 1962–1973

Los años 60 fueron como un período particularmente próspero en Europa: los efectos y las destrucciones de la Segunda Guerra Mundial se han superado completamente, la desmoralización por la pérdida de influencia de Francia e Inglaterra en el mundo, se compensó mediante unos niveles de vida desconocidos hasta entonces. El Plan Marshall estuvo en la base del “milagro económico” de aquellos años. Incluso en España, había empezado el “desarrollismo” y los años de crecimiento económico que proseguirán en toda la década. Mientras, la Europa del Este y la URSS parecen estancadas económicamente. El régimen comunista generó pesadas maquinarias burocráticas. Además, el esfuerzo armamentístico impuesto por los EEUU hizo mella en las economías nacionales del Este que estancadas en los problemas de desabastecimiento de los mercados. Europa se ha resignado también a estar dividida y solamente aspira a que su territorio no se convierta en un campo de combate entre las dos superpotencias no europeas.

Sin embargo, este período no será un paseo triunfal, ni un baño de rosas. Las tensiones existieron en Europa: el muro de Berlín se acababa de construir, las rebeliones de los años 60 en los países comunistas habían sido sofocadas, pero no la sensación de que se vivía en un régimen de ocupación. Francia terminó liquidando su imperio en Argelia con los acuerdos de Evian que pusieron fin a quince años de terrorismo independentista y de guerra civil que tuvieron como resultado final la aparición de un terrorismo nacionalista con la OAS. En Irlanda del Norte se gestó la resurrección del IRA que volvería a estar presente a finales de la década, mientras que en otros países de Europa Occidental aparecían movimientos de “nueva izquierda” que desembocarían en oleadas revolucionarias en Francia (Mayo del 68) y en Italia (Otoño Cálido) y en una segunda etapa en la aparición de movimientos terroristas con distintas motivaciones, algunos al final de la década y otros en los años 70: Brigadas Rojas, Banda Baader–Meinhof, Accción Directa, ETA, GRAPO, FRAP…

Las novedades en la izquierda eran producto de tres fenómenos:
1) la pugna en el movimiento comunista internacional entre la URSS y China, producido tras la muerte de Stalin, cuando Mao, acusó a los nuevos dirigentes soviéticos de “revisionistas” (obviamente, en aquella disputa estaban también vivos reivindicaciones territoriales y ambiciones geopolíticas),
2) las cada vez peores condiciones de vida en los países del Este de Europa, que generó distintas disidencias, la más importa de las cuales fue, sin duda, la checoslovaca que terminó arrasada por los tanques soviéticos en el agosto de 1968 y
3) el trabajo de los servicios de inteligencia occidentales que consiguieron romper especialmente las bases juveniles de algunos partidos comunistas y orientarlos en la vía del maoísmo y en la disidencia trotskista, buena parte de la cual estuvo siempre teledirigida por servicios de inteligencia occidentales.
Todo esto dio como resultado la aparición en Europa de la “nueva izquierda”, formada por intelectuales y por una base casi exclusivamente juvenil excepcionalmente radicalizada, que se unió a otros cambios sociales propios de la época, que van desde las variaciones en la vida católica impuestas por el Concilio Vaticano II (el concilio de la confusión que entrañó el inicio de una crisis en el seno de la Iglesia todavía no superada en nuestros días), a los movimientos de liberación de todo tipo, a los cambios de las costumbres, a la implantación de nuevos modelos musicales y estéticos, a la rebelión de la juventud y al choque generacional. El resultado de todo esto fue el abandono de los cánones de la sociedad y de la familia burguesa que habían imperado desde principios del siglo XIX y la apertura de nuevos frentes de crisis social que sustituían a la cada vez más superada “lucha de clases”, incluso a la mucho más real “lucha entre naciones”.


A pesar de que la crisis terminal del marxismo se evidenció desde principios de los años 80, fue en esa época, los 60, cuando empezó a mostrar sus primeros efectos, tanto en la Europa del Este como entre los comunistas occidentales. En el Oeste, en cambio, los EEUU recuperaban la iniciativa en la carrera espacial y colocaban a un hombre en la Luna el 20 de julio de 1969. A pesar de haber sido los soviéticos quienes lanzaran el primer satélite artificial, a pesar de haber sido los primeros en enviar sondas a Venus y Marte en 1960, y luego el primer ser vivo (la perrita “Laika”), sus dificultades interiores en el período posterior a Kruschev, cuando reemprendieron la carrera armamentística convencional (especialmente en el desarrollo de una poderosa marina de guerra), les obligaron a renunciar a los éxitos mediáticos en el espacio.

Los 60 fueron la época dorada del terrorismo o, si se prefiere, de la guerrilla urbana y de la guerrilla rural, por mucho que estas estrategias alcanzaran sus máximos desarrollos y niveles de violencia en los años 70. A ello contribuyó la experiencia cubana y la creación de la OSPAAAL, a la que ya hemos aludido, que exportó guerrillas a distintos países iberoamericanos. De todas ellos, obviamente, la más famosa fue la guerrilla del Ché en Bolivia. Famosa pero no efectiva: de hecho, desde su llegada al país andino, el Ché fue vigilado constantemente por la CIA, seguido y, finalmente, masacrado por un combinado de fuerzas bolivianas asesoradas por militares argentinos. A falta de algo mejor, se transformó en mito, mientras que en Argentina, Brasil y Uruguay aparecía un fenómeno nuevo: la “guerrilla urbana”, teorizada por Abraham Guillén, un antiguo comunista español, en el que se basaron los núcleos que dieron vida al Movimiento Montonero, al Movimiento Tupamaros y a la Acción Libertadora Nacional de Carlos Margihela en Brasil. Aquella efusión guerrillera concluyó pronto y de nada sirvió toda la ayuda prestada por la OSPAAAL, los asesores cubanos, los campos de entrenamiento en la isla y los armamentos enviados. La desproporción entre los guerrilleros urbanos y las fuerzas policiales era tal que, poco a poco, sin obtener ningún éxito definitivo (donde más se aproximaron fue en Uruguay), fueron desarticulados entre efusiones de sangre, ejecuciones sumarias e interrogatorios drásticos.


La “distensión” o “coexistencia pacífica” fue la fórmula utilizada en esos años, especialmente en la segunda mitad de los sesenta y hasta 1972 para describir este período. Se trata de conceptos relativos, porque, sin duda estas fueron épocas en la que se produjeron “guerras calientes” en escenarios secundarios y periféricos de la Guerra Fría: en Vietnam especialmente y en todo el sudeste asiático, pero también en Oriente Medio en donde los actores se mostraban absolutamente incapaces de llegar a un entendimiento, permanentemente abocados a hacer estallar periódicamente guerras breves, pero de extraordinario poder aniquilador. Así mismo, y también como resultado de las experiencias guerrilleras urbanas y rurales, apareció en la segunda mitad de los años 60, como respuesta a la incapacidad árabe para derrotar a Israel, acciones guerrilleras por parte de Al Fatah, y de Al Saika, grupos armados palestinos que nunca consiguieron poner verdaderamente en peligro a Israel y que sirvieron solamente para aumentar los enfrentamientos en el interior del mundo árabe sobre las distintas posibilidades a adoptar ante el Estado judío. La organización Septiembre Negro, por ejemplo, surgió tras la expulsión de la resistencia palestina de Jordania en 1970 y tras una pequeña guerra de aniquilación a la que los supervivientes respondieron entre 1971 y 1973 realizando distintas acciones terroristas en Europa y África.

Las posibilidades de progreso del castrismo en Iberoamérica fueron yuguladas radicalmente por una serie de golpes de Estado militares que se fueron sucediendo en la mayoría de países de la zona y que desarticularon completamente cualquier posibilidad de acercamiento de alguno de estos Estados a la órbita comunista. Cuando Salvador Allende llegó al poder como candidato de la Unidad Popular en Chile, la CIA hizo esfuerzos por neutralizarlo en beneficio de un gobierno centrista, sin embargo, en septiembre de 1973, con una izquierda radicalizada, un gobierno incapaz de mantener el orden y una protesta creciente por parte de la derecha, el ejército se alzó y puso final a la experiencia socialista chilena. Cuba se sintió entonces mucho más sola: ninguno de sus intentonas de establecer “gobiernos amigos”, había progresado en país alguno.


Desde el punto de vista geopolítico el elemento crucial de esa época es el conflicto chino–soviético que estalló, inicialmente, a nivel ideológico, entre “marxismo–leninismo” y “revisionismo”, para pasar a ser luego un conflicto geopolítico cuando unos y otros reivindicaron territorios fronterizos en disputa. En la zona del Usuri se produjeron enfrentamientos directos entre los ejércitos de ambos países, cuando ya en Moscú se había producido un relevo en el Kremlim, siendo sustituido Kruschev por Leónid Breznev, considerado como neo–stalinista. En realidad, lo era, pero solo relativamente. A diferencia de Stalin, consideraba que era posible alcanzar una “coexistencia pacífica” con Occidente, a condición de medir mucho los pasos y mantener tranquilo en “frente interior” (de ahí que aumentara la represión contra la disidencia que había actuado con una holgura mucho mayor durante el período precedente y desde el final del stalinismo).

Breznev reconoció la necesidad de alcanzar mejores niveles de desarrollo económico para la población y para ello firmó entre 1972 y 1974 acuerdos económicos con los EEUU. Incluso España, con Carrero Blanco al frente del gobierno, pudo aumentar sus exportaciones a la URSS y admitió mercancías procedentes de aquel país. Con Nixon en la Casa Blanca y con Kissinger en el Departamento de Estado, la política exterior norteamericana adquirió un nuevo impulso. Aprovechando las disputas entre China y la URSS, los EEUU sondearon a ambas partes para ver con cuál podían entenderse mejor (lo que implicaba marginar a la tercera y debilitar su posición).