jueves, 3 de marzo de 2022

Constructores de la modernidad – REICH, Wilhelm - Una forma de ver la sexualidad (1 de 3)

Wilhelm Reich es conocido como psiquiatra que desarrolló una teoría herética condenada por Freud que, poco a poco, se fue alejando del pansexualismo de su maestro para desembocar en una formulación extraña (e incluso grotesca) que hoy seduce solamente a los partidarios de la New Age. No es éste Reich el que nos interesa, sino el autor de Psicología de masas del fascismo, un libro que rompió con la tendencia del Partido Comunista Alemán (al que perteneció) de interpretar el fascismo simplemente como “banda armada del capital”.

Reich perteneció a lo que se ha dado en llamar “primera generación” de la Escuela de Frankfort. Es importante señalar esto, porque la mayoría de ideas de esta “escuela” están presentes en la modernidad y son las que le han dado forma. Inicialmente, la escuela de Frankfurt supuso el encuentro entre marxistas por una parte y freudianos por otra. Pero ni los marxistas eran “ortodoxos”, ni los freudianos siguieron el camino estricto del fundador del psicoanálisis. Unos y otro convergieron y fusionaron sus ideas de base. Sus ideas básicas procedían del marxismo: a pesar de que el materialismo dialéctico no pueda explicar la totalidad de la historia humana, en tanto que “materialismo”, es una doctrina aceptable pues, no existe nada mas que la materia ni universo o vida concebible fuera de la materia. Eso sí, todo estaba en permanente evolución y, por lo tanto, lo que era “inaceptable” para una sociedad hoy, se convertiría en “aceptable” para la sociedad del mañana. Esta era una de las razones que les impulsaron al “relativismo”: si no existe nada más que materia y esa se encuentra en permanente evolución, no existen “valores absolutos”.

La crítica a Freud se basaba en que su principio Eros–Thanatos limitaba al ser humano a un panorama desolador: el placer estaba limitado por la muerte. Por tanto, una sociedad debía tender a anular el Thanatos, y solamente sería feliz si eliminaba el miedo a la muerte y se orientaba hacia el ejercicio del placar. Esto llevaba directamente a una concepción hedonista elevada a la enésima potencia. Eliminadas todas las “represiones”, lo que quedaba era la “libertad” del ser humano. Mientras existiera una sola “represión”, lo humano estaría tiranizado.

A 100 años de la fundación de la escuela de Frankfurt y, tras tres generaciones, hay que constatar que estas son las ideas que han quedado de ellas en el inconsciente colectivo de las masas. Salieron a la superficie durante la aparición del movimiento contestario de los años 60 (que fue apoyado por todos los supervivientes de la “primera generación” que se convirtieron en sus “ideólogos”) y, posteriormente, fueron asumidos por las esferas funcionariales de la UNESCO y constituyen uno de los fundamentos del movimiento trans–humanista tan de moda en nuestros días. Igualmente, están en la base –junto con las obras de Simone de Beauvoir y el experimento del psiquiatra norteamericano John Money (“experimento Reimer”)– de los “estudios de género” LGTBIQ+. Y, por supuesto, están directamente relacionados con la “corrección política”.

Wilhelm Reich fue uno de los elementos de esta escuela, hasta que, visiblemente, su caos mental derivó en una creciente paranoia y en una alteración de la realidad que le imposibilitaba percibir los resultados de sus propios experimentos. Obviamente, la “escuela de Frankfurt” fue mucho más de lo que acabamos de resumir. Sin embargo, su Teoría Crítica o los trabajos epistemológicos de sus miembros, no son precisamente lo que han llegado al público, sino que las consecuencias de todos estos estudios, han sido difundidas por “divulgadores” o aplicadas por “agitadores culturales”, dando lugar a los fenómenos y movimientos que hemos mencionado, hasta el punto de que puede decirse que, de la “escuela de Frankfurt” parte el vector ideológico más  importante de la modernidad.

ALGUNOS DATOS BIOGRÁFICOS

No está de más comenzar este artículo aportando algunos datos sobre su biografía para situar al personaje. Wilhelm Reich nació en 1897 en Dobrzcynica (Austria) en el seno de una familia judía no practicante (como era habitual en la primera generación de psiquiatras que vieron en la doctrina freudiana un nuevo horizonte intelectual). Su infancia no fue fácil. A los 13 años, experimentó su primer verdadero “drama freudiano”: su madre, maestra, se suicidó tras reconocer que mantuvo relaciones sexuales con su preceptor. Tres años después, su padre –un agricultor de carácter estricto y severo– murió de tuberculosis. Reich tenía en ese momento 16 años, era el hermano mayor y se encontró al frente de una granja familiar que le permitía vivir con cierta holgura. Sin embargo, no estaba en su mentalidad ejercer de campesino durante muchos años.

Paradójicamente, la Primera Guerra Mundial vino en su ayuda. En 1916 fue reclutado por el ejército austríaco, destinado a una unidad de artillería que operaba en el frente italiano, alcanzando el grado de teniente. Ni vivió grandes riesgos, ni contempló las tragedias que se daban en otros frentes del conflicto. En realidad, el gran problema que experimentó fue la derrota del Imperio Austro–Húngaro que modificó profundamente las fronteras de su país.

El Tratado de Versalles había hecho que su tierra natal pasara a la, entonces recientemente formada Yugoslavia, así que prefirió establecerse en Viena y seguir estudios de medicina (gracias a las becas para ex combatientes concedidas por su gobierno), durante los cuales se unió a la Sociedad Psicoanalítica de la capital austríaca, que había fundado Sigmund Freud. Obtuvo el título de medicina en 1922, cuando ya hacía dos años que practicaba el psicoanálisis y la psiquiatría regularmente. Empezó a ganarse la vida ejerciendo la práctica privada de estas dos ramas de la medicina, entonces en auge. Mientras, continuó sus estudios de neuropsiquiatría.

En los doce años siguientes, continuó residiendo en Viena, llegando a ser uno de los más eminentes miembros de la Sociedad Psicoanalítica vienesa que, en la práctica, constituía el centro mundial de la psiquiatría freudiana. Trabajó entre 1922 y 1930 junto al doctor Freud, como primer asistente en la Policlínica Psiquiátrica fundada por éste.

Pero no se trataba de un discípulo que se limitara a dar la razón a su maestro. A menudo, tenía ideas propias que debían entrañar la ruptura con Freud que no toleraba en absoluto críticas ni disidencias. Muchos, ayer y hoy, han dicho que Reich tenía desde muy joven ansias de notoriedad y que, muy pronto, evidenció profundos desequilibrios interiores, cristalizados en forma de paranoias que deberían, finalmente, alejarlo de los caminos de la ciencia. Esto puede ser –y de hecho es, como veremos– en parte cierto, pero lo que conviene resaltar aquí es que Reich exploró zonas de la mente en las que el doctor Freud se había negado a penetrar. Esto provocó la ruptura final entre ambos psicoanalistas y la polémica estuvo en el origen de las críticas más violentas que, a partir de ese momento, debió afrontar. Tales críticas, han hecho olvidar las investigaciones de Reich en el terreno de la líbido, terreno en la que se sitúan sus principales activos en materia psicoanalítica. Se ha dicho que la diferencia esencial entre Reich y Freud consistía en que mientras el segundo recorrió el camino “del psicoanálisis a la sexología”, la del primero arrancaba de la sexología para desembocar en el psicoanálisis.

En 1927 se produjo la ruptura, cuando Reich empezaba a asumir el bolchevismo como doctrina política. Tras observar la represión ejercida por la policía de Viena ante una manifestación obrera socialdemócrata en 1927, Reich se encuentra con Freud y le comenta el episodio que a este no le interesa en absoluto liquidando el tema con una frase intrascendente. Ahí empezó el distanciamiento entre ambos. Reich solicitó, poco después, a Freud que fuera su terapeuta, pero éste se negó. A partir de ahí se inicia el período más fértil de Reich, en el que la lucidez del análisis se empieza a entrecruzar con sus obsesiones nacientes. La prevalencia de éstas hizo que, poco a poco, la mente de Reich se fuera desequilibrando. La llamada “teoría del orgón” es quizás uno de los elementos de la doctrina reichiana que mejor representan la capacidad de observación de su autor entremezclada con sus obsesiones.

EL CAMINO DEL “ORGÓN”

Freud no daba mucha importancia al orgasmo. A pesar de ser la concreción extrema del Eros y, por tanto, del principio del placer, se diría que el fundador del psicoanálisis no había advertido –quizás por no haberlo experimentado en grado de excelencia– el papel del orgasmo en la naturaleza humana y lo que podía desprenderse de este análisis. La reflexión psicoanalítica de Reich, por el contrario, partía de la realidad del orgasmo como coronación de la sexualidad, convertida en clave de bóveda de su sistema.

Reich había observado que durante el orgasmo se producía una desconexión entre consciente e inconsciente, “algo” en el ser humano parecía penetrar en un terreno fronterizo entre la vida y la muerte, entre el ser y el no ser, que no se manifestaba en ninguna otra actividad humana.

A partir de finales de los años veinte, Reich establece sus primeras teorías sobre el orgasmo. Explica que en el momento en que el clímax del placer embarga a los amantes, se libera una energía de un tipo muy particular, a la que dará el nombre de “Orgón”. Esta energía, según la teoría reichiana, excede con mucho el ámbito de la sexualidad, y se manifiesta en todos los aspectos esenciales de la existencia, debiendo estar necesariamente presente en una vida sana. Su déficit provoca angustia y enfermedades. Reich intenta explicar los motivos por los que esta energía experimenta alteraciones negativas para la psique y la salud en general. Alude a que determinados traumas de la infancia –en esto sigue a su maestro– tienden a reprimir las funciones naturales del organismo. Es entonces cuando se producen las patologías físicas y mentales. La conclusión es palmaria: restableciendo los flujos energéticos de “Orgón” en el interior de la naturaleza humana, se restablecerá, así mismo, el estado de salud. En el fondo era algo que había enunciado Franz Anton Messmer 140 años antes en Francia, con una jerga pre-científica y con una desembocadura ocultista: Messmer sostenía que en los seres existe un equilibrio de “magnetismo animal”, un “fluido” que estaba presente en todos los seres humanos y aportaba vitalidad. Cuando este “fluido” se desequilibraba o disminuía, aparecían las enfermedades. Para curarlas, bastaba solamente con restablecer el equilibrio, traspasando “fluido” de individuos que lo poseyeran a otros con déficit, ¿cómo? Mediante la imposición de manos o bien mediante “agua magnetizada”… Lo que más de un siglo después, sostenía Reich era extraordinariamente parecido solo que, avalado por el lengua científico de su tiempo.

En 1927, Reich perfiló lo esencial de estas ideas en una hipótesis arriesgada que iba a suponer su expulsión del ámbito freudiano ortodoxo. El libro, titulado La genitalidad en la teoría de la terapia de las neurosis, provoca una reacción extremadamente hostil en Freud y en su círculo íntimo. A partir de ese momento, ya no cuenta con un marco favorable para el ejercicio de la psiquiatría en Viena. Es entonces cuando se traslada a Berlín en donde ingresa en el Partido Comunista Alemán. Pero también aquí dará que hablar y provocará reacciones hostiles.