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sábado, 5 de marzo de 2022

Constructores de la modernidad – REICH, Wilhelm - Una forma de ver la sexualidad (3 de 3) - DEL MARKETING "ORGÓNICO" A LA LOCURA

En Norteamérica, “marketing orgónico”

Nada más llegar, encuentra trabajo como profesor de la New York School for Social Research, donde es presentado por su amigo el profesor Théodore P. Wolfe, especialista en medicina psicosomática. Allí enseñará la biofísica del  Orgón, actividad que junto con la edición y reedición de algunos de sus libros le dará cierta holgura económica como para comprar en 1942 una amplia propiedad de 80 hectáreas en Maine. En esa propiedad, rebautizada “Orgonon”, establecerá su cuartel general y la sede de la fundación que llevará su nombre.

En esa época, se considera algo más que un psiquiatra. Se tiene por  filósofo, sociólogo e inventor; en calidad de tal, construirá su principal instrumento terapéutico al que llama “acumulador de Orgón”. El aparato no puede ser más simple: del tamaño de una cabina telefónica, las paredes están hechas con capas de metal y de “materiales orgánicos”… este simple cajón debería bastar, según Reich, para facilitar al usuario la “provisión de Orgón” que ha perdido durante el día o bien a causa de una disfunción. Reich está convencido en esa época de que este “aparato” es capaz de curar todas las enfermedades, incluido el cáncer. Así mismo, debería aliviar, siempre según su inventor, cualquier tipo de disfunción sexual. El aparato es caro –y reporta a Reich pingües beneficios– y, por tanto, no está al alcance de todos, de ahí que pronto se dé cuenta de que precisa poner en circulación acumuladores de menor tamaño. Diseñará una “manta orgónica” y también un “entonador orgónico” que debería ser capaz de dirigir la energía captada hacia aquel órgano que el usuario precise.

El acumulador orgónico debería, pues, aprovechar al “energía vital”, pero ¿qué es esta energía y cómo está relacionada con la energía cósmica? Se trata de la “energía orgónica” que impulsa a todos los seres vivos. Mediante el “acumulador”, la “energía orgónica” presente en la atmósfera penetra en las paredes del equipo y el individuo situado en su interior, absorbe tanta energía como requiera hasta restablecer el equilibrio.

Pero los “acumuladores orgónicos”, terminarían siendo la ruina para Wilhelm Reich. En realidad, la impresión que da Reich en su periplo norteamericano es la de uno de esos charlatanes tan habituales en el Oeste americano que recorrían villorrios y puebluchos vendiendo curalotodos o jarabes que curaban cualquier mal. Como todos los vendedores norteamericanos, practicaba una política de marketing: adaptaba los productos a la capacidad adquisitiva de sus clientes, los diversificaba, procuraba que fueran baratos de fabricación y su precio de venta al público fuera caro. Y, además, eludía pagar impuestos hasta el punto de que sus detractores lo han considerado como un estafador alucinado, mientras que sus partidarios lo siguen considerando como un genio incomprendido.

La herencia de Wilhelm Reich

De Reich han derivado distintas terapias, habituales hoy en el movimiento de la New Age: CORE–Energética, bioenergética, rolfing, etc. Incluso los catálogos de objetos de "new age" se han visto repletos de “acumuladores orgónicos”, cañones para romper nubes y otras lindezas a precio de mercado. Lo terrible es que Wilhem Reich murió completamente loco y todo este material fue creado precisamente en el momento en que ya empezaba a demostrar desequilibrios paranoides. No puede extrañar que algunos de sus herederos hayan terminado por regresar a aquello que siempre ha estado tan cerca del psicoanálisis: el ocultismo; ya veremos más adelante por qué decimos esto.

A principios de los años setenta se habían publicado algunos libros de Reich en español, pero ya antes había suscitado el interés en algunos psiquiatras como el doctor Ramón Sarró, amigo personal de Reich y alumno suyo en la Policlínica de Viena, o Ramón García, profesor de la Escuela de Psiquiatría de la Universidad de Barcelona. Pero no fue sino hasta la primavera de 1978 cuando Carlos Frigola, que había sido alumno de Eva Reich –hija de Wilhem Reich– en la Tavistock Clinic de Londres, la invitó a dar unas conferencias y seminarios en las Universidades de Valencia y Barcelona. A raíz de estos cursos se organizó un encuentro en Figueras (Gerona) en donde, asistiendo la propia Eva Reich, fue creada la "Fundación Wilhem Reich" que todavía realiza cursos, seminarios y edición de la Revista de Ciencias Orgonómicas.

La mejor biografía de Reich está escrita por su mujer Ilse Ollendorff (Wilhelm Reich. Una biografía personal. Gránica Editor, Barcelona 1978). Después de colaborar durante 12 años ininterrumpidamente con Reich, la Ollendorff reconoce en este libro que a medida que iba pasando el tiempo cada vez entendía menos de las teorías de su marido. Resulta patética la lectura de esta obra cuando explica la fabricación del primer acumulador de energía orgónica –apenas una caja de cigarros, "con cellotex en la parte exterior y una hoja de acero en el interior, con respiraderos en la tapa"– y acto seguido explica que Reich se sentía increíblemente solo e incomprendido, "necesitaba hablar y yo estaba allí para escucharlo, pero no comprendía las implicaciones de lo que decía ni tampoco las entendía ninguna otra persona de su alrededor"…

Reich escribió a Einstein en 1940; se entrevistó durante 5 horas con él en Princetown en enero del 41; hablaron, por supuesto, sobre la "energía orgónica" e incluso le llevó un "acumulador". Einstein se comportó gentilmente con él, lo despidió y no quiso volver a saber nada más del asunto. Reich atribuyó esta repentina indiferencia a "una conspiración general de inspiración comunista". El caso supuso un grave quebranto moral para Reich que ya se veía trabajando junto a Einstein y otros cerebros científicos de primera fila. Estaba harto de tratar a neuróticos y quería abrirse campo en el terreno de las ciencias físicas y encontrar el nexo de unión entre psique y materia.

En 1942 Reich empezó a tratar pacientes de cáncer con los acumuladores orgónicos y a vender una gama diversificada de productor relacionados con este tema mediante anuncios por palabras. Hay que decir que el acumulador no era vendido como remedio contra las enfermedades sino como una forma de fortalecer el cuerpo, y por tanto a hacerlo inmune a las enfermedades y capaz de derrotar a las que ya estaban en curso. La administración americana prohibió en 1956 la venta de estos aparatos. La venta de los “armarios orgónicos” apenas había llegado a las 300 unidades.

Probó también un motor de energía orgónica, pero en esa época su manía persecutoria se había ido ampliando. Uno de sus ayudantes, un muchacho problemático, desapareció y Reich sostuvo la peregrina teoría que el "joven había sido había sido secuestrado por conspiradores comunistas que querían el secreto de la fuerza motriz en la energía orgón". El joven nunca apareció, pero la Olendorff sostiene que había sido internado en una clínica psiquiátrica.

En 1950 las cosas no mejoraron; Reich concentró esfuerzos en la realización de un "rompenubes" o cloud–buster que no era otra cosa más que "un dispositivo de tubos huecos ubicados en una suerte de placa giratoria que podía manipularse para que apuntara en la dirección deseada. Los tubos estaban conectados con cables que debían introducirse en la tierra o en una fuente de agua corriente. La teoría era que los tubos extraerían la energía orgón de las nubes, y que el agua a su vez extraería la energía recogida de los tubos y neutralizaría sus efectos". Claro está que las nubes se rompían, pero, como se sabe, una nube es siempre la muestra más clara de lo impermanente y lo polimorfo.

Reich había creído descubrir que el Orgón disponía también de un “lado oscuro” que cristalizaba en formas energías destructoras. Tales energías se concentraban en determinados momentos en la atmósfera terrestre y, frecuentemente, adquirían la forma de nubes. Era lo que llamaba “Deadly Orgone Radiation” (DOR). Para disipar estas radiaciones y restablecer la normalidad en zonas del planeta, Reich construyó el “cañón rompenubes”. Con esa tecnología, afirmaba poder disolver nubes tormentosas, pero también, frecuentemente, observó que obtenía el efecto contrario: hacer llover en parajes desérticos o en sitios donde la lluvia no era estadísticamente posible y ni se esperaba. Hasta aquí no existía nada realmente “mágico” o “científico”: en un paraje, o llueve o hace buen tiempo, a expensas de lo que realice el ser humano.

¿Cómo funcionaban los tubos? Nos los cuenta el mismo Reich:

"Cuando los tubos conectados con un manantial o con un lago fueron apuntados hacia la nube de DOR (negra), ésta comenzó a encogerse desde la periferia hacia el centro y el azul normal empezó a extenderse más hacia la zona negra, hasta que las nubes de DOR desaparecieron completamente".

Esto, sigue explicando, disipaba la tormenta debido a los cambios en el potencial energético producidos por el vacío o por la succión de la energía obtenida con el Cloud–buster. Para hacer llover, Reich apuntaba los tubos cerca de una nube pequeña, con el resultado de que ésta crecía hasta chocar con otras (que también podían "crearse") y se producía la lluvia…

Camino de la locura

Como cabía esperar, en aquellos años 40 y 50 cuando en los EEUU se vivía, entre la inquietud y la expectación, la primera oleadas de “platillos volantes”, Reich en los últimos años de su vida desarrolló toda una teoría sobre este tema; la mayoría de sus herederos han preferido cubrir un tupido velo sobre la última etapa de evolución de su pensamiento,  especialmente entre 1942 y 1957. De todas formas existen artículos y rastros que permiten reconstruirlo.

Todo se inició en 1952 cuando algunos miembros de la comunidad afirmaron haber visto "platillos volantes". Poco a poco fue obsesionándose con la idea de la presencia de naves extraterrestres que supuestamente observaban a la comunidad de "Orgonon". El las llamaba "EA" iniciales de las palabras "Energía" y "Alpha"; sus tripulantes eran llamados CORE, siglas de "Cosmic Orgone Engineering".

Llegó a obsesionarse con la idea de que algunas estrellas eran, en realidad, naves extraterrestres situadas sobre la comunidad de "Orgonon" para vigilarla; aprovechó el cloud–buster, para tratar de disipar la energía orgónica negativa –DOR– que según decía era liberada por las naves extraterrestres y constituía la fuente de las enfermedades del hombre. Estaba convencido que gracias a este instrumento había logrado debilitar algunas "luces azules" estacionadas sobre Orgonon.

Por lo demás sostenía la teoría de que las naves extraterrestres viajaban por el cosmos gracias a motores de “energía orgónica” y venían a nuestro planeta por su necesidad de recargar aquí las baterías con energía orgónica positiva (OR) y desprenderse de la negativa (DOR) en forma de polvo negro que provocaría una lluvia y la consiguiente nausea, cianosis y malestar general.

En 1956 es condenado a dos años de cárcel por tráfico ilegal de "acumuladores de energía orgónica" que consideraba el único  remedio contra el cáncer... Murió en la penitenciaría de  Willisburg el 3 de noviembre de 1957. En la última fase de su  vida Reich había abandonado completamente la práctica psiquiátrica y proyectaba un nuevo culto basado en la eugenesia y denominado "Hijos del Porvenir"; una parte de sus seguidores renunciaron a sus extravagantes teorías enunciadas tras su llegada a EEUU, mientras que otros asumieron todos los contenidos, incluidos los ufológicos. Woody Allen satirizó la imagen de Wilhem Reich en la figura del sexólogo loco de su película "Todo lo que usted quiere saber sobre el sexo y no se atreve a preguntar".

Hacia el final. Últimas paranoias

En 1954, Reich es denunciado por varias instituciones como falsario. Los acumuladores de Orgón y todos sus derivados, son considerados como engañifas conscientes sin ningún valor terapéutico. El gobierno prohíbe que venda los acumuladores de “energía orgónica”. Reich se declara en rebeldía, no acude al juicio y explica su posición por escrito:

“El gobierno de los EEUU no está habilitado para tratar sobre la Ley Natural Fundamental. La orgonomía es una rama de la Ciencia Natural Fundamental… Presentarme ante el tribunal para “defender” la Investigación Natural Fundamental constituye en sí un acto absurdo. En efecto, toda investigación en este terreno se sitúa fuera de la competencia jurídica de una administración social cualquiera que fuera. El derecho del Hombre al conocimiento debe ser protegido si el término Libertad debe significar algo más que un eslogan político privado de sentido. No compareceré ante el tribunal para “defenderme” contra un proceso iniciado a partir de una denuncia, cuya naturaleza misma demuestra que ignora todo sobre la ciencia natural”…

Una defensa así no podía ocasionarle más que nuevos problemas. El 19 de marzo de 1954, Reich es definitivamente condenado. Una vez conoce la sentencia proclama que es víctima de una conspiración orquestada por los “fascistas rojos”. En 1956 ingresa en un establecimiento penitenciario del Estado de Maine para cumplir dos años de prisión y sus escritos, por orden judicial, son destruidos. El 3 de noviembre de 1957, muere de una embolia pulmonar, sin haber abonado los 10.000 dólares de multa a los que también había sido condenado.

En el momento de su muerte, casi todos los que habían sido sus discípulos, opinaban que se había trastornado a causa de las iniciativas judiciales. Su mujer, Ilse Olendorff, y su hijo, Peter Reich, defendieron su memoria en diversas obras reivindicativas. Peter, en su libro A Book of Dreams”, al describir su vida en Organon, recuerda el placer que le producía a él y a su padre hacer llover gracias al cloud–buster. De ser así, nadie, salvo ellos, habrían conseguido que el malhadado invento de Reich funcionara al menos una vez en la vida. Los discípulos de Reich sostienen que obtuvo resultados concretos y recibió una recompensa de 1000 dólares procedentes de un agricultor, Osmon Merrill y del banquero H.B. Philips, por haber salvado sus cosechas en 1953, gracias al cloud–buster. Cuentan, así mismo, que uno de los principales “hombres de la lluvia”, James de Meo, se pasea por todo el territorio norteamericano, transportando una reproducción de ese cañón, con el que obtiene excelentes resultados… pero, obviamente, no hay que creer todo lo que dice alguien que vende ese material.

Reich, la CIA y el control del tiempo

En 1947, Reich se comprometió durante cinco años a trabajar para el OSS, entidad de inteligencia, precedente de la CIA. La CIA puso especial interés –lo cual dice mucho en el contexto que nos ocupa– sobre los aparatos diseñados por Reich para controlar la climatología. Al OSS le llamó la atención este aparato que, al decir de su inventor, era capaz de “aspirar” las llamadas energías DOR y atenuar la violencia de una tempestad. De ser así, era evidente que una acumulación de energía DOR, podía operar el efecto contrario, esto es, acentuar la virulencia de una tempestad.

Los discípulos de Reich afirman todavía hoy que las pruebas realizadas por la CIA dieron un resultado positivo y que experimentaron con éxito sobre una tempestad. La fase siguiente del “Proyecto Fénix” –tal era su nombre en clave– consistía en lanzar a la atmósfera entre 200 y 500 radiosondas al día. Estas radiosondas consistían en unas cajas fabricadas en los laboratorios de Brookhaven a partir de los trabajos y las indicaciones de Reich. Se trataba, en la práctica de pequeños acumuladores orgónicos que debían absorber el excedente de energía DOR que, siempre según Reich, se encontraba en determinadas zonas de la atmósfera. Emitían una señal oscilante continua sobre un radio de 100 millas, y se esperaba que tuvieran la capacidad de convertir la energía eléctrica en “energía etérica”. Utilizaban primeramente la frecuencia de 403 mHz y luego la de 1680 mHz. Las paredes de la caja estaban formadas por un “thermisor” compuesto por oro, plata, planito e iridio, recubierto por una capa plástica que aislaba de la humedad. El dispositivo se  completaba con una aguja que actuaba a modo de antena capaz de captar las energías DOR y producir Orgón.

Algunos discípulos de Reich sostienen en la actualidad que este proyecto tenía como objetivo –en 1947, cuando se intuía en el horizonte la “guerra fría”– el control del clima. Esos mismos discípulos sostienen que la fusión de este proyecto con el Proyecto Filadelfia (intentar hacer invisible el propio armamento a los radares enemigos, que tuvo efectos secundarios sobre la tripulación de un navío de los EEUU), nació el Proyecto Fénix, uno de cuyos objetivos era alterar el normal curso del pensamiento. Nos movemos, pues, en un terreno, caro a los “conspiranoicos”.

En 1952, la relación de Reich con la CIA termina. Se han conocido muy pocos detalles de esta colaboración que demuestra solamente una cosa: que en esa época, los científicos norteamericanos a sueldo del Departamento de Defensa, estimaban que era posible alterar el clima e intentaron llevar sus pesquisas por la senda trazada por Wilhelm Reich. Reich podía estar aquejado de un trastorno obsesivo compulsivo, pero alguien quería comprobar si verdaderamente, por mínimo que fuera el basamento científico de sus teorías, tenía razón y era posible, finalmente, controlar el clima. Y resultó que no, que su teoría carecía de base alguna y los aparatos por él inventados eran completamente inútiles.

En cuanto a la “sexpol”, la “política sexual” de los movimientos marxistas, si bien es cierto que la llegada de la contracultura en los años 60 y, en especial, las obras de Herbert Marcusse, rehabilitaron esa parte de la obra de Reich, la caída del Muro de Berlín en 1989, el final de la “nueva izquierda” y el descrédito que se extendió sobre el marxismo en sus distintas componentes, acabó definitivamente con esta parte de su obra. La lucha contra la sociedad patriarcal, se abordó desde otro punto de vista por los movimientos feministas y gays, y pronto se desvinculó completamente de la perspectiva antifascista enunciada por Wilhelm Reich. Quiso ir más allá del antifascismo propagado por la Internacional, pero se perdió por la senda de la locura. Luego, fue el propio marxismo es el se apeó de la historia y con él el recuerdo del sexólogo herético del KDP.

 

jueves, 3 de marzo de 2022

Constructores de la modernidad – REICH, Wilhelm - Una forma de ver la sexualidad (2 de 3) - PSICOLOGIA DE MASAS DEL FASCISMO

 


EL CAMINO A LA PSICOLOGÍA DE MASAS DEL FASCISMO

En Berlín, fundó el Instituto de Psiquiatría Popular, abriendo por primera vez su consultorio psiquiátrico a clases sociales desfavorecidas que jamás hubieran podido pagar los servicios de un psicoanalista. Gracias a las confidencias realizadas por cientos de trabajadores, fundamentalmente de izquierdas, pudo conocer mejor a la clase obrera y, por tanto, se sintió en condiciones de elaborar una teoría propia sobre la aparición del nacionalsocialismo que a partir de su llegada a Berlín experimentaba un rápido ascenso precisamente entre la clase obrera. Fue así como nació en su mente la idea de escribir una obra que interpretara los motivos por los que, contraviniendo a la dialéctica de la historia, el nacionalsocialismo estaba arraigando entre las masas obreras.

Su libro Psicología de masas del fascismo denuncia la falsedad de la doctrina oficial del comunismo sobre el fenómeno nacionalsocialista. Reich niega que el nazismo sea solamente el “brazo armado de la burguesía”. De hecho, él sabía perfectamente, que buena parte de los militantes del nazismo, procedían de la izquierda y de la extrema–izquierda y eran, en cualquier caso, proletarios. Así pues, el nazismo era más complejo que una simple reacción de la burguesía. Reich intenta encontrar una matriz sexual al nazismo.

Si la interpretación sexual del nazismo se hizo acreedora de excomuniones por parte del Partido Comunista, puede pensarse como fue recogida en los medios hitlerianos.

Para colmo de sus desgracias, el 30 de enero de 1933, Hitler es nombrado Canciller del Reich. Y como tragedia añadida, el judío y comunista Wilhelm Reich, obsesionado por la sexualidad, era así una caricatura antisemita habitual en el diario de Julius Streicher, Der Sturmer.

Cuando se inicia el gobierno nacional–socialista, Reich, precavidamente, huye de Alemania y se refugia, primero en Dinamarca, luego en Inglaterra y más tarde en Suecia. En los tres países, es declarado “indeseable”. Afortunadamente para él, resulta mejor acogido en Noruega donde puede establecerse momentáneamente y fundar el Instituto de Investigaciones Biológicas de Economía Sexual, extraño nombre bajo cuyo rótulo seguirá las investigaciones en relación a la “energía orgánica”. Es el año, 1938, dieciocho meses después, se embarcará para los EEUU, país que ya no abandonará jamás.

Desde 1933 –año del advenimiento del nacionalsocialismo– había abandonado la práctica de la psiquiatría privada y se consagró a perfilar sus conocimientos sobre la “energía orgónica”. Sus investigaciones van en la misma línea que había iniciado en Viena. Es en este período en el que Reich cree tener motivos suficientes como para pensar que la “energía orgónica”, no se libera solamente durante el orgasmo, sino que representa una “fuerza vital” presente, en estado libre, en el conjunto del Universo. Se trata de una fuerza invisible, difícilmente mesurable, de carácter cósmico y omnipresente, el fundamento mismo de la existencia. A partir de ese momento, los únicos problemas que le interesa resolver son los relativos a la medición, utilización, captación y manipulación de la que, a partir de entonces, llama “energía orgánica”. Y es con este bagaje teórico como llega a los EEUU.


LOS CONTENIDOS DE PSICOLOGIA DE MASAS DEL FASCISMO

Mientras que el Partido Comunista Alemán y todas las formaciones de izquierda definían al “fascismo” en términos políticos y económicos, la novedad que introduce Wilhelm Reich en su análisis es la consideración del fascismo como la cristalización de un fenómeno fundamentalmente psicológico. Definirá al fascismo como “la expresión políticamente organizada de las estructuras del carácter del hombre medio, de una estructura que no está ligada ni a determinadas razas ni naciones ni a determinados partidos, sino que es general e internacional”. Así pues, el fascismo es un problema de “carácter”, la materia en la que quiere penetrar el análisis psiquiátrico. Por eso mismo, el tema racial apenas tiene espacio en el libro (a pesar de que uno del os capítulos esté dedicado a este asunto, pero su lectura evidencia que Reich no se ha hecho con una teoría capaz de interpretar el racismo nacionalsocialista en su propia clave sexológica). La superficialidad de Reich en esta materia y sus contradicciones se evidencian cuando alude a la “biocracia” del fascismo alemán y luego termina basando su concepción en la “biología natural”.

La definición y la naturaleza del “fascismo” es para Reich inseparable y dependiente de las “estructuras del carácter”, mucho más que de las razas, de la presencia de un Führer o un conductor genial o de un partido político concreto es un horizonte específico. Para él, puede aparecer “fascismo” en cualquier horizonte étnico y racial, no solamente en Alemania. El carácter racial del nacionalsocialismo sería para Reich accidental y no el motor esencial de su doctrina que, a la postre, considera como fundamentalmente psicológico. Esto es justamente lo que más molesta a sus camaradas de izquierdas, que pronto abjurarán de él (el impacto que este rechazo crea en Wilhelm Reich será el inicio de su paranoia y terminará atribuyendo sus fracasos personales en EEUU a la acción de los “comunistas”), el pasar por alto las especificidades doctrinales y políticas del fascismo en beneficio de una interpretación exclusivamente psicológica. No hay una línea sobre la “noche del cristal”, sobre el antisemitismo, sobre los campos de concentración y sobre todos los lugares comunes de la propaganda antifascista.

En realidad, terminará hablando en los años 40 de un “fascismo rojo” en el que sitúa al comunismo y al gobierno soviético. Al aludir a la URSS de principios de los años 40, denuncia que los cambios legislativos anuncian la defensa de la familia tradicional (esto es, patriarcal), la condena a la homosexualidad (en lugar de la libertad sexual) que implican, en la práctica, el retorno del gobierno soviético a formas de represión sexual que, siempre según él, habían desaparecido en los primeros años del bolchevismo.

El análisis de Reich empieza fijándose en el espacio que la “irracionalidad” tiene en el nacionalsocialismo: sus mitos movilizadores no apelan a la “razón”, sino a las “emociones”. Hitler tiene la habilidad de apelar a las emociones para conseguir adeptos… Evidentemente, Reich prefiere ignorar que el KPD hace otro tanto, solo que bajo la apariencia intelectual del sistema materialista dialéctico enunciado por Marx. En realidad, el gran hallazgo, no de Hitler, sino de toda aquella época, especialmente a partir de Sorel, es el papel jugado por los mitos en la movilización política. Reich, inicialmente, marxista ortodoxo, no puede aceptar esta doctrina soreliana, ni reconoce que el KPD, niega el mito, pero trabajo con él ¿acaso no son la “lucha de clases” o la “conciencia proletaria” un mito marxista?

Como se sabe, el psicoanálisis es la forma de penetrar en la irracionalidad del inconsciente y neutralizar su peso sobre la psique. A la sociedad le ocurre lo que al individuo particular: si el fascismo ha surgido de sus profundidades y se configura como pura irracionalidad, habrá que aplicar, para interpretarlo, reconocerlo y sanar a la sociedad mediante el antifascismo, la doctrina psicoanalítica a la sociedad.

Se da cuenta de que los marxistas hablaban especialmente de “estructuras económicas”, de “procesos históricos”, de “lucha de clases”, de “infraestructuras que presionan a superestructuras”, etc., es decir, aluden a “cosas”, mientras que la propaganda nacionalsocialista habla de “personas”: excombatientes, parados, burguesía empobrecida, desencantados con la República, etc. En aquella época, el marxismo gustaba de insistir especialmente en su “carácter científico” y, por tanto, como toda ciencia, en su objetividad e ineluctabilidad. Eso daba al conjunto de la doctrina comunista un carácter frío y metódico propio de intelectuales alejados de la realidad o de agitadores formados en el dogma. Así pues, las armas que utilizaba el KPD y las demás formaciones marxistas para combatir al nacionalsocialismo eran “armas del siglo XIX” cuando el fascismo era un fenómeno propio de la “modernidad”. Reich se preguntaba: “Si el dilema era ¿“socialismo o barbarie”?, ¿cómo explicar que triunfara la barbarie?”. Y la respuesta a la que llega es que el fascismo es “la revolución del siglo XX”, la revolución de la modernidad. Reich escribe: “las masas de base del fascismo son de índole subjetivamente revolucionarias y objetivamente reaccionario”.

Reich se opone a las interpretaciones simplistas surgidas en la III Internacional y concretamente en uno de sus líderes, Dimitrov (ver nº 1 de la Revista de Historia del Fascismo, artículo ¿Idilio entre Hitler y Stalin?) sostenedor de la interpretación oficial del fascismo como “brazo armado del capital” y “última fase de la dominación de clase de la burguesía”. En 1935, la Internacional declara el “frente único contra el fascismo” como estrategia de lucha y trata de analizar por qué ha arraigado en las masas. Reich no está de acuerdo y alude a la temática psicológica formulando críticas al nuevo rumbo, siendo expulsado del KPD.

El segundo punto de desacuerdo era la consideración que realizaba la Internacional sobre el carácter pasajero y transitorio del fascismo. Se consideraba que era la crisis de 1929 la que había arrojado a las masas al fascismo (ver Revista de Historia del Fascismo nº XV y XVI, artículo sobre la Crisis de 1929, desmintiendo precisamente esa afirmación). Reich creía que, por encima de la infraestructura económica, el fascismo era, sobre todo un fenómeno del carácter y que por tanto, el mismo carácter podría reproducirse en un período de bonanza económica. En otras palabras, mientras que la interpretación bolchevique oficial situaba al fascismo en el terreno de las consecuencias económicas de la crisis, considerada ésta como “condición objetiva”, Reich respondía con las alusiones a la “psicología profunda” de las masas, elemento “subjetivo”, pero no por ello menos real. Y entonces llegamos al meollo de la crítica de Reich al fascismo: se basa en la cultura y, para él, toda cultura es expresión de una forma de sexualidad.

En sus experiencias en barrios obreros, Reich había creído identificar que los miembros del NSDAP más jóvenes, procedían de ambientes cuya “célula germinal central” era la familia patriarcal. Esa familia es el marco más adecuado para la represión de las pulsiones edípicas y tiende a eternizarse transmitiendo sus valores de padres a hijos. Por tanto, si de lo que se trata es de combatir al fascismo, evitar que la “psicología profunda” del fascismo renazca en otro momento, en otro país, en otra situación económica, solamente será luchando contra la concepción tradicional y patriarcal de la familia como podrá hacerse. Reich, sorprendido, constata que este tipo de familia era mucho más habitual entre los obreros de lo que el propio Marx creía y esta observación está en el arranque de su creciente desconfianza hacia la Internacional. Porque si fascismo y bolchevismo parten del mismo tipo de familia… es que, terminarán siendo lo mismo. Otra herejía que el KDP no podía tolerar.

La familia patriarcal es irracional por definición: nadie la cuestiona, ni siquiera todos aquellos que no son el “patriarca” omnipresente y todopoderoso, esto es, los que Reich considera como damnificados por esa estructura familiar. Eso le confirma en la idea de que lo irracional (el no sublevarse contra la autoridad ilegítima y aceptar su dictadura, rasgos con los que Reich, abusivamente, pinta a la sociedad patriarcal) ocupa un espacio decisivo en las masas. El fascismo lo ha sabido interpretar, de ahí que haya creado una liturgia que seduzca y arraigue en el seno de las masas. El gran hallazgo del fascismo es la utilización política de la irracionalidad y la formación de un culto laico: a la patria, al führer, a la naturaleza, a la juventud, a la lealtad, a la camaradería, etc, verdaderos dogmas que tienden a superponerse a los religiosos y que, por tanto, en la medida en que toda religión es producto de lo irracional según el psicoanálisis, pasan a ser valores religiosos. La política queda teatralizada en un culto en el que una camisa, un saludo, unos cánticos, unos desfiles, conforman la liturgia. Reich olvida que, no sólo el fascismo, sino cualquier movimiento de masas, de izquierda, de derechas, político, cultural, etc, tiende a desarrollar su liturgia propia. La misma democracia ha desarrollado un sistema animista en el que se convence al ciudadano de que es poseedor de una parcela de “soberanía nacional” que, mediante el acto del voto (la misa), en la que deposita un papel en una urna (el santo de los santos), mediante un ritual especial, custodiado por dos sacerdotes (los miembros de la mesa electoral), situada sobre un ara o altar, después de un día de ayuno y abstinencia (jornada de reflexión), ese voto, unido al de otras muchas parcelas individuales de soberanía, tras el recuento, servirá para investir, mediante otro procedimiento ritual a un ciudadano normal en presidente del gobierno hipostasiando sobre él la soberanía recibida de los individuos… ¿es o no es puro animismo? El mismo comunismo se parecía igualmente a una religión laica con dogmas, sacerdotes, ritos, mitologemas, doctrina, cánticos, oraciones, excomuniones, etc.

Reich se pregunta entonces cómo puede ser combatido este carácter irracional, de religión laica, del fascismo. Hay algo que si percibe Reich y sobre lo que tiene razón; lo explica en la página 14 de su obra: “nuestra civilización está profundamente enferma”. La discrepancia sobreviene cuando se pregunta “por qué”. Y él mismo se responde: porque reprime la “sexualidad natural”. A partir de aquí, es normal, que sobre esta pirámide de razonamientos falsos, Reich termine atribuyéndose él mismo una misión: “liberar la vida sexual natural de cualquier condicionante externo que la reprima”. Y, no será, una redistribución de los medios de producción o de la renta como proponían sus camaradas del KDP, sino una “política sexual” liberadora. Decía: “Por mi propia experiencia, observando a los demás y a mí mismo, he llegado a la conclusión de que la sexualidad es el punto central en torno al cual giran tanto la vida sexual como el mundo psíquico del individuo”. Henos aquí en una forma extrema de pansexualismo que supera incluso la obsesión de Freud por el mismo tema.

Reich admite el materialismo dialéctico, pero trata de completarlo. Para él, en el carácter del ser humano existen “tres capas”: 1) la conducta “civilizada” (lo que se llama “modales”) que se derrumba en tiempos de crisis, 2) la irracionalidad (con su carga de destructividad, sadismo y crueldad) presente según él solamente en los regímenes fascistas y que es el producto de la represión de la sexualidad, y 3) el “núcleo biológico” conformado por las tendencias naturales del ser humano, entre las que figuran la sexualidad, la creatividad y el ímpetu revolucionario. Sería en este tercer nivel en el que debería de apuntar un movimiento revolucionario para enfrentarse de manera eficaz contra el fascismo, para lo cual sería preciso que el marxismo se dotara de una “política sexual” que hasta ese momento carecía. Era lo que Reich llamaba “sexpol”.

Constructores de la modernidad – REICH, Wilhelm - Una forma de ver la sexualidad (1 de 3)

Wilhelm Reich es conocido como psiquiatra que desarrolló una teoría herética condenada por Freud que, poco a poco, se fue alejando del pansexualismo de su maestro para desembocar en una formulación extraña (e incluso grotesca) que hoy seduce solamente a los partidarios de la New Age. No es éste Reich el que nos interesa, sino el autor de Psicología de masas del fascismo, un libro que rompió con la tendencia del Partido Comunista Alemán (al que perteneció) de interpretar el fascismo simplemente como “banda armada del capital”.

Reich perteneció a lo que se ha dado en llamar “primera generación” de la Escuela de Frankfort. Es importante señalar esto, porque la mayoría de ideas de esta “escuela” están presentes en la modernidad y son las que le han dado forma. Inicialmente, la escuela de Frankfurt supuso el encuentro entre marxistas por una parte y freudianos por otra. Pero ni los marxistas eran “ortodoxos”, ni los freudianos siguieron el camino estricto del fundador del psicoanálisis. Unos y otro convergieron y fusionaron sus ideas de base. Sus ideas básicas procedían del marxismo: a pesar de que el materialismo dialéctico no pueda explicar la totalidad de la historia humana, en tanto que “materialismo”, es una doctrina aceptable pues, no existe nada mas que la materia ni universo o vida concebible fuera de la materia. Eso sí, todo estaba en permanente evolución y, por lo tanto, lo que era “inaceptable” para una sociedad hoy, se convertiría en “aceptable” para la sociedad del mañana. Esta era una de las razones que les impulsaron al “relativismo”: si no existe nada más que materia y esa se encuentra en permanente evolución, no existen “valores absolutos”.

La crítica a Freud se basaba en que su principio Eros–Thanatos limitaba al ser humano a un panorama desolador: el placer estaba limitado por la muerte. Por tanto, una sociedad debía tender a anular el Thanatos, y solamente sería feliz si eliminaba el miedo a la muerte y se orientaba hacia el ejercicio del placar. Esto llevaba directamente a una concepción hedonista elevada a la enésima potencia. Eliminadas todas las “represiones”, lo que quedaba era la “libertad” del ser humano. Mientras existiera una sola “represión”, lo humano estaría tiranizado.

A 100 años de la fundación de la escuela de Frankfurt y, tras tres generaciones, hay que constatar que estas son las ideas que han quedado de ellas en el inconsciente colectivo de las masas. Salieron a la superficie durante la aparición del movimiento contestario de los años 60 (que fue apoyado por todos los supervivientes de la “primera generación” que se convirtieron en sus “ideólogos”) y, posteriormente, fueron asumidos por las esferas funcionariales de la UNESCO y constituyen uno de los fundamentos del movimiento trans–humanista tan de moda en nuestros días. Igualmente, están en la base –junto con las obras de Simone de Beauvoir y el experimento del psiquiatra norteamericano John Money (“experimento Reimer”)– de los “estudios de género” LGTBIQ+. Y, por supuesto, están directamente relacionados con la “corrección política”.

Wilhelm Reich fue uno de los elementos de esta escuela, hasta que, visiblemente, su caos mental derivó en una creciente paranoia y en una alteración de la realidad que le imposibilitaba percibir los resultados de sus propios experimentos. Obviamente, la “escuela de Frankfurt” fue mucho más de lo que acabamos de resumir. Sin embargo, su Teoría Crítica o los trabajos epistemológicos de sus miembros, no son precisamente lo que han llegado al público, sino que las consecuencias de todos estos estudios, han sido difundidas por “divulgadores” o aplicadas por “agitadores culturales”, dando lugar a los fenómenos y movimientos que hemos mencionado, hasta el punto de que puede decirse que, de la “escuela de Frankfurt” parte el vector ideológico más  importante de la modernidad.

ALGUNOS DATOS BIOGRÁFICOS

No está de más comenzar este artículo aportando algunos datos sobre su biografía para situar al personaje. Wilhelm Reich nació en 1897 en Dobrzcynica (Austria) en el seno de una familia judía no practicante (como era habitual en la primera generación de psiquiatras que vieron en la doctrina freudiana un nuevo horizonte intelectual). Su infancia no fue fácil. A los 13 años, experimentó su primer verdadero “drama freudiano”: su madre, maestra, se suicidó tras reconocer que mantuvo relaciones sexuales con su preceptor. Tres años después, su padre –un agricultor de carácter estricto y severo– murió de tuberculosis. Reich tenía en ese momento 16 años, era el hermano mayor y se encontró al frente de una granja familiar que le permitía vivir con cierta holgura. Sin embargo, no estaba en su mentalidad ejercer de campesino durante muchos años.

Paradójicamente, la Primera Guerra Mundial vino en su ayuda. En 1916 fue reclutado por el ejército austríaco, destinado a una unidad de artillería que operaba en el frente italiano, alcanzando el grado de teniente. Ni vivió grandes riesgos, ni contempló las tragedias que se daban en otros frentes del conflicto. En realidad, el gran problema que experimentó fue la derrota del Imperio Austro–Húngaro que modificó profundamente las fronteras de su país.

El Tratado de Versalles había hecho que su tierra natal pasara a la, entonces recientemente formada Yugoslavia, así que prefirió establecerse en Viena y seguir estudios de medicina (gracias a las becas para ex combatientes concedidas por su gobierno), durante los cuales se unió a la Sociedad Psicoanalítica de la capital austríaca, que había fundado Sigmund Freud. Obtuvo el título de medicina en 1922, cuando ya hacía dos años que practicaba el psicoanálisis y la psiquiatría regularmente. Empezó a ganarse la vida ejerciendo la práctica privada de estas dos ramas de la medicina, entonces en auge. Mientras, continuó sus estudios de neuropsiquiatría.

En los doce años siguientes, continuó residiendo en Viena, llegando a ser uno de los más eminentes miembros de la Sociedad Psicoanalítica vienesa que, en la práctica, constituía el centro mundial de la psiquiatría freudiana. Trabajó entre 1922 y 1930 junto al doctor Freud, como primer asistente en la Policlínica Psiquiátrica fundada por éste.

Pero no se trataba de un discípulo que se limitara a dar la razón a su maestro. A menudo, tenía ideas propias que debían entrañar la ruptura con Freud que no toleraba en absoluto críticas ni disidencias. Muchos, ayer y hoy, han dicho que Reich tenía desde muy joven ansias de notoriedad y que, muy pronto, evidenció profundos desequilibrios interiores, cristalizados en forma de paranoias que deberían, finalmente, alejarlo de los caminos de la ciencia. Esto puede ser –y de hecho es, como veremos– en parte cierto, pero lo que conviene resaltar aquí es que Reich exploró zonas de la mente en las que el doctor Freud se había negado a penetrar. Esto provocó la ruptura final entre ambos psicoanalistas y la polémica estuvo en el origen de las críticas más violentas que, a partir de ese momento, debió afrontar. Tales críticas, han hecho olvidar las investigaciones de Reich en el terreno de la líbido, terreno en la que se sitúan sus principales activos en materia psicoanalítica. Se ha dicho que la diferencia esencial entre Reich y Freud consistía en que mientras el segundo recorrió el camino “del psicoanálisis a la sexología”, la del primero arrancaba de la sexología para desembocar en el psicoanálisis.

En 1927 se produjo la ruptura, cuando Reich empezaba a asumir el bolchevismo como doctrina política. Tras observar la represión ejercida por la policía de Viena ante una manifestación obrera socialdemócrata en 1927, Reich se encuentra con Freud y le comenta el episodio que a este no le interesa en absoluto liquidando el tema con una frase intrascendente. Ahí empezó el distanciamiento entre ambos. Reich solicitó, poco después, a Freud que fuera su terapeuta, pero éste se negó. A partir de ahí se inicia el período más fértil de Reich, en el que la lucidez del análisis se empieza a entrecruzar con sus obsesiones nacientes. La prevalencia de éstas hizo que, poco a poco, la mente de Reich se fuera desequilibrando. La llamada “teoría del orgón” es quizás uno de los elementos de la doctrina reichiana que mejor representan la capacidad de observación de su autor entremezclada con sus obsesiones.

EL CAMINO DEL “ORGÓN”

Freud no daba mucha importancia al orgasmo. A pesar de ser la concreción extrema del Eros y, por tanto, del principio del placer, se diría que el fundador del psicoanálisis no había advertido –quizás por no haberlo experimentado en grado de excelencia– el papel del orgasmo en la naturaleza humana y lo que podía desprenderse de este análisis. La reflexión psicoanalítica de Reich, por el contrario, partía de la realidad del orgasmo como coronación de la sexualidad, convertida en clave de bóveda de su sistema.

Reich había observado que durante el orgasmo se producía una desconexión entre consciente e inconsciente, “algo” en el ser humano parecía penetrar en un terreno fronterizo entre la vida y la muerte, entre el ser y el no ser, que no se manifestaba en ninguna otra actividad humana.

A partir de finales de los años veinte, Reich establece sus primeras teorías sobre el orgasmo. Explica que en el momento en que el clímax del placer embarga a los amantes, se libera una energía de un tipo muy particular, a la que dará el nombre de “Orgón”. Esta energía, según la teoría reichiana, excede con mucho el ámbito de la sexualidad, y se manifiesta en todos los aspectos esenciales de la existencia, debiendo estar necesariamente presente en una vida sana. Su déficit provoca angustia y enfermedades. Reich intenta explicar los motivos por los que esta energía experimenta alteraciones negativas para la psique y la salud en general. Alude a que determinados traumas de la infancia –en esto sigue a su maestro– tienden a reprimir las funciones naturales del organismo. Es entonces cuando se producen las patologías físicas y mentales. La conclusión es palmaria: restableciendo los flujos energéticos de “Orgón” en el interior de la naturaleza humana, se restablecerá, así mismo, el estado de salud. En el fondo era algo que había enunciado Franz Anton Messmer 140 años antes en Francia, con una jerga pre-científica y con una desembocadura ocultista: Messmer sostenía que en los seres existe un equilibrio de “magnetismo animal”, un “fluido” que estaba presente en todos los seres humanos y aportaba vitalidad. Cuando este “fluido” se desequilibraba o disminuía, aparecían las enfermedades. Para curarlas, bastaba solamente con restablecer el equilibrio, traspasando “fluido” de individuos que lo poseyeran a otros con déficit, ¿cómo? Mediante la imposición de manos o bien mediante “agua magnetizada”… Lo que más de un siglo después, sostenía Reich era extraordinariamente parecido solo que, avalado por el lengua científico de su tiempo.

En 1927, Reich perfiló lo esencial de estas ideas en una hipótesis arriesgada que iba a suponer su expulsión del ámbito freudiano ortodoxo. El libro, titulado La genitalidad en la teoría de la terapia de las neurosis, provoca una reacción extremadamente hostil en Freud y en su círculo íntimo. A partir de ese momento, ya no cuenta con un marco favorable para el ejercicio de la psiquiatría en Viena. Es entonces cuando se traslada a Berlín en donde ingresa en el Partido Comunista Alemán. Pero también aquí dará que hablar y provocará reacciones hostiles.