jueves, 23 de abril de 2026

LA POLÍTICA EXTERIOR DEL SANCHISMO O EL SUICIDIO ESPAÑOL A PLAZO FIJO (3 de 4) - “Sánchez el Africano”

5. “Sánchez el Africano”, o la africanización de nuestra política exterior 
(y la africanización de España)

Sin duda, algún becario de la legión se asesores de La Moncloa, o incluso el hijo de Soros, ha metido en la cabeza del presidente que “África es una oportunidad”. Ya que las puertas de Europa están cada vez más cerradas y, dado que la opinión pública es más desconfiada en relación a la UE, y China está demasiado lejos, o Iberoamérica constituye la opción más realista para el gobierno Trump (lo que excluye directamente a España), nuestro país, aparentemente, solamente dispondría de África como “zona de expansión económica preferencial”… De aquí derivaría el interés de Sánchez por África.

La realidad es que, además de China y por otros motivos, el “activismo” Sánchez en materia internacional se ha centrado sobre todo en África. Este “activismo” ha sido particularmente intenso desde la llegada de Trump al poder. La intención confesada es aplicar una estrategia de “partenariado estratégico” tendente a posicionar a España como el principal puente entre la Unión Europea y el continente africano. Es una nueva mentira. Ese interés por África tiene otras motivaciones muy diferentes.

Sánchez busca opacidad en todas sus relaciones: que las intenciones reales queden cubiertas por declaraciones de intenciones y actos públicos que den que hablar. El fracaso de Sánchez en Europa, la posibilidad con la que contaba inicialmente para coronar su carrera política con un cargo de presidencia en algún organismo internacional (la UE, la OTAN o, por qué no, la propia ONU) tras abandonar el gobierno, a raíz de los casos de corrupción, se ha saldado con un cambio de estrategia: ahora ya no se trata de mirar su futuro “político”, sino encontrar una zona de “refugio” para el futuro y un área en la que entregar cantidades ilimitadas a fondo perdido (con la excusa de favorecer el desarrollo, aplicar la Agenda 2030, ayuda humanitaria, etc, etc, etc) y percibir por ello las comisiones que son de rigor.

Digámoslo más claramente: todo el dinero que llega a África desde la independencia de los años 60, es dinero perdido para el donante que va a parar a ese pozo sin fondo y sin ningún control, que son los 54 estados soberanos que existen en el continente… Ni un solo Estado africano es capaz de justificar fehacientemente el empleo de las cantidades dotadas graciosamente por los Estados europeos.

Así puede entenderse que, con las excusas más vanas (desde la aplicación de los “objetivos globales” de la Agenda 2030, hasta la cuestión migratoria), Sánchez haya hecho de África otro centro de su política exterior en estos últimos dos años.

En 2024 se inició este giro tras la “crisis de los cayucos” que llegaron en bandadas a Canarias. Crisis que se hubiera evitado, de haber habilitado repatriaciones “en caliente” en el momento en el que apareció el primero. Pero no había voluntad de detener la invasión, sino más bien, de estimularla. Y eso fue lo que hizo Sánchez en su gira africana que le llevó a Mauritania (reuniéndose con el presidente Mohamed Ould Ghazouani en Nuakchot para firmar “acuerdos de lucha contra las mafias” y “programas de empleo temporal”… de los que no se han sabido los resultados), luego Gambia (firmando un memorando de entendimiento sobre seguridad y migración… del que tampoco se saben los resultados, ni las inversiones) y Senegal (para “reforzar la cooperación policial” y “visitar proyectos de formación profesional apoyados por España”).

Un país tan absolutamente irrelevante en todos los sentidos como Mauritania se ha convertido en un socio prioritario, siendo visitado por Sánchez en febrero de 2024 (entonces acompañado por von der Leyen para anunciar un paquete de ayuda financiera de la UE destinado a la estabilidad del país y el control de fronteras y, nuevamente, en julio de 2025 para dar seguimiento a los “acuerdos de migración legal y segura”.

Además de Mauritania y Marruecos, Angola, Senegal, Ghana, Ruanda, Tanzania y Sudáfrica, son los países que han abierto sus puertas a Sánchez “el africano”.

El hecho es que todos estos acuerdos, onerosos para la economía española, no han dado los logros que se justificaban: la migración procedente de África ha proseguido (17.788 llegadas de cayucos a Canarias en 2025 y 7.030 hasta el 15 de abril de 2026… lo que permite suponer que este año pueden llegar fácilmente a 30.000. Y estas son las cifras reales, el resto es maquillaje estadístico.

Tal como hasta el más cateto de los asesores de La Moncloa podía esperar, el anuncio de la “regularización masiva”, ha estimulado la llegada de población africana, no solamente del continente del Sur, sino de inmigrantes ilegales que había llegado a países europeos y que no habían obtenido la regularización: ahora pueden hacerlo desde España y es muy probable que la cifra real de regularizados esté, al final de la campaña, cerca de un millón, mucho más que del medio millón que se preveía inicialmente.

Antes, en 2022, Sánchez había visitado Sudáfrica, el país en donde se está produciendo un verdadero genocidio de población blanca, motivado oficialmente “para fortalecer lazos comerciales y de inversión”. Desde entonces le une una entrañable amistad con el presidente sudafricano, Cyril Ramaphosa, asistente obligado a la cumbre de Barcelona de este mes de abril de 2026…

Ramaphosa es un hombre muy discutido en su país que se enfrenta una serie de controversias que abarcan desde escándalos de corrupción interna hasta crisis diplomáticas de alto nivel. Ramaphosa es una especie de “Sánchez negro”: el país esta actualmente envuelto en el llamado “escándalo Phala Phala”, el robo de cientos de miles de dólares en efectivo ocultos en muebles de su granja privada en 2020, hecho que no fue reportado formalmente a la policía en su momento. Poco antes de viajar a Barcelona, la policía sudafricana confirmó que aquel robo fue ocultado por la mala conducta de altos mandos policiales que buscaron recuperar el dinero sin seguir los procedimientos legales. El caso judicial contra los acusados del robo se ha aplazado hasta mayo. Los partidos de oposición han reactivado las solicitudes de juicio político (impeachment) tras los nuevos hallazgos sobre el abuso de poder para proteger los intereses financieros privados de Ramaphosa. Por otra parte, la administración norteamericana le ha acusado de permitir la limpieza étnica contra granjeros blancos y promover leyes de expropiación de tierras "discriminatorias" hasta el punto de que, en febrero de 2025, la Casa Blanca ordenó detener toda la asistencia extranjera a Sudáfrica y en 2026, vetó la asistencia de Sudáfrica a la cumbre del G20 en Miami.

Otros frentes abiertos contra Ramaphosa son la corrupción dentro de la propia policía sudafricana, la infiltración mafiosa en las fuerzas de seguridad y varios mandos policiales procesados por contratos irregulares. Sin olvidar que, tras las elecciones de 2024, Ramaphosa gobierna en coalición (Gobierno de Unidad Nacional) al haber perdido el Congreso Nacional Africano su mayoría absoluta por primera vez desde el fin del apartheid. Esto ha debilitado su capacidad de maniobra y lo obliga a negociar constantemente con los partidos que antes eran sus principales críticos. ¿Lo ven como no exagerábamos cuando decíamos que Ramaphosa es el Sánchez negro? Los paralelismos resultan increíbles…

Angola es otro de esos países en donde se han firmado más y más acuerdos comerciales en los que el denominador común no es diferente a otros países del continente negro: España es “pagadora” y el gobierno local “receptor” a cambio, oficialmente, de permitir la actividad de empresa españolas en su territorio. Si hacemos caso a las cifras, los pagos a Angola son desmesurados en relación a los resultados obtenidos: se han entregado a ese país casi 1.000 millones de euros desde 2021 en distintos créditos y líneas de crédito para estimular el comercio mutuo.

En el año 2023, el presidente angoleño João Lourenço, llegó en visita oficial a España como respuesta al viaje que realizó Sánchez a Angola en abril de 2021. También aquí le firmaron acuerdos de cooperación económica y se abordaron proyectos en sectores como la energía, las infraestructuras y la defensa. En noviembre de 2025, Sánchez realizó otro viaje a Angola para asistir a la Cumbre Unión Africana - Unión Europea celebrada en Luanda. En este encuentro, como no podía ser de otra manera, el presidente español destacó la importancia de Angola como “centro de diálogo” para abordar el “cambio climático” y el “respeto al derecho internacional" y bla-bla-bla…

¿Y quién es este João Lourenço? Respuesta: otro doble de Sánchez, otra versión africanizada de él mismo. En efecto, Lourenço inició su mandato con una fuerte campaña anticorrupción en 2017 y se ganó el apodo de “Terminator” al inicio de su mandato por perseguir la fortuna de la familia del ex-presidente José Eduardo dos Santos. Nueve años después, se enfrenta a diversas controversias que han erosionado su popularidad y generado críticas tanto internas como internacionales. La primera de todas es una acusación de “lucha contra la corrupción selectiva”. No ha actuado con la misma contundencia contra figuras de su propio gabinete, como Edeltruda da Costa, acusada de malversación. Ha sido también objeto de escrutinio en países como EEUU por presuntos esquemas de fraude que beneficiarían a empresas vinculadas al partido gobernante (MPLA) y a su propio círculo más familiar.

Organizaciones como Human Rights Watch y Freedom House denuncian un endurecimiento autoritario de su gobierno. En 2024 y 2025, firmó leyes (como la Ley de Seguridad Nacional y la Ley de Vandalismo) que permiten al gobierno restringir telecomunicaciones sin orden judicial y castigar con hasta 25 años de cárcel a quienes participen en protestas que deriven en daños materiales. En julio de 2025, el partener de Sánchez aplicó una respuesta “desproporcionada” a las protestas por el alto coste de la vida y la subida de combustibles en julio de 2025, que dejó un saldo de al menos 30 muertos y cientos de detenidos… hasta el punto de que, en su reciente visita a Angola, León XIV haya instado a los líderes del país a “no tener miedo a la disidencia” y a combatir la “herida de la corrupción”.

Y, por supuesto, no podían faltar tampoco las acusaciones de manipulación electoral que ha lanzado la oposición liderada por UNITA que ha calificado sus victorias electorales como “golpes de estado institucionales”. Dentro mismo del MPLA han surgido fisuras y figuras que cuestionan su liderazgo de cara a las próximas elecciones de 2027, en un clima de creciente incertidumbre política…. ¿A qué les recuerda todo esto? ¿Entienden por qué Sánchez lo considera un “bro”…?

 


 
 
 








LA POLÍTICA EXTERIOR DEL SANCHISMO O EL SUICIDIO ESPAÑOL A PLAZO FIJO (2 de 4). Sánchez y el “enemigo del Sur”


4. Apertura a Marruecos y “no a la guerra”

Sánchez ha mantenido una de las posturas más firmes dentro de la Unión Europea, condenando lo que califica como “genocidio” en la Franja de Gaza. Recientemente, ha solicitado a la UE que rompa su Acuerdo de Asociación con Israel y defiende activamente el reconocimiento del Estado de Palestina. También (y, sobre todo, en función electoral) ha defendido “la paz y el diálogo” condenando los ataques de Israel y EEUU al régimen iraní. Pero también, en este terreno, las contradicciones son muchas.

En primer lugar, Sánchez olvida que buena parte del problema de Gaza ha sido suscitado por el régimen iraní y que se trata de un problema regional en el que Europa (y menos España) puede obtener ninguna ventaja inmiscuyéndose. Por una parte, Irán utiliza a Hamás y Hezbolláh como títeres de su política anti-israelí. No es coherente manifestarse contra la guerra en Gaza y, al mismo tiempo, contra la agresión a Irán: y, sobre todo, lo que no puede hacerse es optar por una política exterior oscilante según las necesidades electorales. O se está contra el régimen de los ayatolás y, consiguientemente, a favor del Estado de Israel o se está en contra de Israel y a favor del régimen de los ayatolás: lo que no puede hacerse es estar en misa y repicando. No hay “tercera posición” posible en esta, ni en la mayor arte de cuestiones internacionales.

Ambas cuestiones son problemas regionales y se explican perfectamente por la geopolítica global y la lucha por la hegemonía mundial: EEUU está interesado en cortar el flujo de petróleo iraní a las refinerías chinas y por eso ha atacado a Irán, en un intento de cortar fuentes energéticas que contribuirían a detener el despegue económico chino.

En cuanto a la actitud del Estado de Israel es oportunista: aprovecha la tensión geopolítica USA-China para asestar un golpe a la industria nuclear iraní que, en caso de disponer de bombas nucleares cuestionaría la superioridad estratégica israelí en la zona y obligaría al gobierno de Tel Aviv a sentarse en la mesa de negociaciones en condiciones de igualdad.


Pero donde la contradicción de la política exterior española se vuelve aún más palmaria es en las relaciones con Marruecos. Marruecos es, no lo olvidemos, un país sunnita (y dentro de la sunna árabe, de la “escuela Malekita”), a diferencia de Irán que es chiita. La gran diferencia entre sunnitas y chiitas es que los primeros han protagonizado los grandes atentados terroristas en Europa Occidental y otros muchos desarticulados por las policías nacionales, mientras que los chiitas solamente operan en Oriente Medio y los grupos desarticulados en Europa (y, concretamente en España) fueron acusados de recaudar fondos para Hamás y Hezbolláh, pero sin intención de atentar en Europa.

A esta primera consideración, hay que añadir que Marruecos es, hoy, dentro del mundo árabe, el principal aliado del Estado de Israel… Así pues, resulta muy difícil de justificar las ventajas, cada vez mayores, puestas a Marruecos por Sánchez y el que este país sea, al mismo tiempo, el principal aliado de Israel, el “mal radical” para el sanchismo.

Pero es que, además, se une otro factor, acaso el más importante: Marruecos es la alternativa que se ofrece al Pentágono para sustituir a España. Si hoy, el papel geopolítico de España se ha reducido considerablemente es porque Sánchez no ha calculado que el enfriamiento de las relaciones con los EEUU puede tener “efectos secundarios” imprevisibles; por este orden: cierre de las bases norteamericanas en España, lo cual no sería una tragedia… La verdadera tragedia sería que, a cambio, este país exigiría, a cambio, apoyo norteamericano para la expulsión de la presencia española de Ceuta y Melilla.

Recientemente, EEUU y Marruecos han firmado un acuerdo estratégico de diez años (2026-2036) para integrar operativamente a ambas fuerzas armadas y permitir a Marruecos adquirir armamento al nivel de los países de la OTAN. Antes, en abril de 2026, se anunció la creación de un centro regional de formación de drones en territorio marroquí, destinado a formar a fuerzas militares de toda África bajo supervisión estadounidense. Sin olvidar que, cada vez con más frecuencia, EEUU utiliza las instalaciones de la Real Fuerza Aérea de Marruecos para ejercicios y apoyo logístico, destacando la Base Aérea de Kenitra (donde mantiene una unidad de entrenamiento naval) y las instalaciones de comunicaciones en Sidi Yahia y Bouknadel.

Si bien, la legión de asesores de Sánchez y del ministerio de exteriores español, insisten en que trasladar las bases de Rota o Morón a Marruecos es “técnica y logísticamente inviable” a corto plazo debido a las masivas inversiones ya realizadas en España, lo cierto es que la cooperación militar entre EEUU y Marruecos ha subido de nivel en los últimos años. Otros analistas políticos, subrayan, en esa misma dirección, que la base naval marroquí Alcazarseguir ha sido planteada por analistas como una posible alternativa estratégica en el Estrecho de Gibraltar y lo más probable es que, en el futuro pase a ser de “utilización conjunta”. Sin olvidar que Marruecos es la sede principal del ejercicio African Lion, las mayores maniobras militares de EEUUU en África. Y es que, para EEUU, desde el período Carter, Marruecos es el “portaviones” de los EEUU para sus intervenciones en África.

Podría pensarse que las claudicaciones de Sánchez a Marruecos tratan de evitar esta posibilidad: pero también es falso. Esas claudicaciones desproporcionadas datan de mucho antes de su enfriamiento de relaciones con EEUU. Ya desde el zapaterismo se puso de manifiesto esta tendencia y este entreguismo en relación a Marruecos. Ahora veremos el motivo.

El giro pro-marroquí de Pedro Sánchez comenzó formalmente el 14 de marzo de 2022, cuando el presidente del Gobierno remitió una carta al rey Mohamed VI en la que España reconocía, por primera vez en su historia democrática, que el plan de autonomía de Marruecos para el Sáhara Occidental era la base "más seria, realista y creíble" para resolver el conflicto. Luego, visitó oficialmente Marruecos y se puso fin a la crisis diplomática entre ambos países que se había iniciado en 2021, cuando España permitió la entrada y hospitalización en Logroño de Brahim Ghali, líder del Frente Polisario, bajo una identidad falsa y por “razones humanitarias”. Rabat consideró este acto como una "deslealtad" y una ofensa a su integridad territorial. En represalia, el 17 de mayo de 2021, las autoridades marroquíes relajaron los controles fronterizos, lo que permitió la entrada masiva de más de 10.000 personas (incluyendo muchos menores) en la ciudad autónoma de Ceuta en apenas 48 horas.

Desde entonces, las concesiones a Marruecos se han multiplicado de manera inexplicable y sin justificación posible. Hoy se sabe que la inteligencia marroquí interceptó durante varios meses el teléfono de Sánchez con un programa ideado en Israel lo que permite pensar que esto dio lugar a que las conversaciones grabadas fueran utilizadas como chantaje para lograr objetivos políticos. No se disponen de pruebas objetivas que expliquen este cambio innecesario e injustificado de política, pero esta es la única explicación posible por el momento: lo “inconfesable” estaría, pues, en el origen del giro político. Poco después, Sánchez y familia, realizando un viaje de carácter privado junto a su familia para pasar unos días de vacaciones en Marrakech.

Desde ese momento, Sánchez ha elevado a Marruecos al nivel de “asociación estratégica reforzada”, para, según expresa el gobierno, “priorizar la estabilidad política y económica en el Mediterráneo occidental”. Catorce acuerdos (todos ellos particularmente onerosos para España) se han firmado entre ambos países, incluyendo áreas como digitalización y energía, mientras el gobierno español apoya la política marroquí en el Sáhara Occidental.

Para todo aquel que conoce la práctica marroquí en política exterior, sabe que cualquier acuerdo que se tome hoy con Rabat, puede ser revocado mañana con cualquier excusa. Y los pactos de Sánchez con Mohamed VI no van a ser una excepción, especialmente desde el momento en el que, ante el choque de Sánchez con EEUU y con la OTAN, España ha quedado en una situación de debilidad en la cuestión de Ceuta y Melilla, lo que aprovechará Marruecos para hacerse, de una forma u otra, con el control de ambas ciudades.

 


 
 
 








LA POLÍTICA EXTERIOR DEL SANCHISMO O EL SUICIDIO ESPAÑOL A PLAZO FIJO (1 de 4)

La "cumbre progresista" que tuvo lugar en Barcelona nos lleva directamente a hablar sobre la actual política exterior del gobierno sanchista. Y ésta inexistente: en su conjunto, se trata de una serie de medidas, populistas, electoralistas, a menudo contradictorias, siempre dictadas por el “interés personal”, en absoluto por el “interés nacional” y aplicadas por funcionarios mediocres, sin opinión ni criterio propio, verdadera negación de lo que debería ser una política exterior de un Estado europeo moderno. El problema no es el callejón sin salida en el que nos encontraremos tras el cese de Sánchez, sino cómo se va a poder reconstruir una política exterior y una red de alianzas estables. El sucesor de Sánchez, sea quien sea, no lo va a tener fácil, desde luego. En este repaso por los distintos frentes de política internacional comprobaremos el sinsentido de TODAS sus medidas en ese terreno.

LA POLÍTICA EXTERIOR DE PEDRO SÁNCHEZ

Oficialmente la política exterior del sanchismo tiene como objetivo “proyectar a España como un actor con identidad propia y mayor peso en la escena internacional, buscando siempre la paz y la defensa de los derechos humanos”… Si esto es así, cabría decir que TODAS las iniciativas adoptadas por lo que se ha llamado “activismo diplomático” del gobierno socialista son, sin excepción, erróneas, equívocas, ambiguas y contradictorias.

Las líneas de la política exterior de Pedro Sánchez son, por este orden:

1. Aproximación a China: puertas abiertas a todo lo que interesa a Pekin

Este mes de abril de 2026, Sánchez ha realizado su ¡cuarto viaje oficial a China! (acaso el único país del mundo en el que tiene garantías de no ser abucheado). La excusa es que quiere oficiar como “puente” entre la UE y China y ejercer el rol de mediador entre Bruselas y Pekín, especialmente en disputas sobre aranceles, buscando una relación comercial más “equilibrada y sana”. Es una mera excusa y una nueva mentira.

La UE no ha comisionado a Sánchez para esa tarea. Sin olvidar que, de entre todos los líderes de la UE, Sánchez es el que está más cuestionado por la propia UE (sobre todo, después de la caída del gobierno de Orban y por razones completamente opuestas) que lo ha marginado en todas las reuniones internacionales de alto nivel.

No, el único interés que tiene Sánchez (y el de Zapatero que es, a fin de cuentas, el que marca desde las sombras las políticas esenciales del sanchismo y el verdadero presidente paralelo) es económico y personal.

Cuando ofrece como excusa complementaria que el viaje de abril de 2026 es para firmas 10 nuevos acuerdos comerciales para corregir el déficit comercial de España (que se disparó un 104,9% recientemente), especialmente en tecnología, coche eléctrico y productos alimentarios, es también una mentira: ese “déficit” se ha producido a causa de iniciativas anteriores del propio gobierno Sánchez, especialmente en materia de coche eléctrico y telefonía.

Estos déficits no se van a poder compensar con los acuerdos suscritos por Sánchez para facilitar la exportación de porcino, cerezas y proteínas procesadas: productos que tienen un “ciclo natural” y un techo de producción (no se trata de manufacturas, sino de productos agrícolas que no pueden ampliarse hasta el infinito como puede hacerlo una fábrica de coches o de móviles: un cerezo, por ejemplo, dará la primera cereza entre 6 y 8 años después de ser plantados… No se fabrican jamones con la misma facilidad con la que se arman coches eléctricos).

Por otra parte, una mayor exportación de determinados productos puede hacer que esos mismos productos suban su precio en el país exportador, especialmente cuando otro país está dispuesto a pagar más por lo mismo. Obviamente, una empresa que cura jamones, prefiere exportar a donde el consumidor está dispuesto a pagar más.

Lo cierto es que, desde que Sánchez llegó al poder, ha impulsado que los fabricantes de coches eléctricos chinos se instalen en España para sortear aranceles. Ejemplos destacados son la planta de Chery en Barcelona y el interés de Changan por abrir una fábrica en el norte del país. Esto explica que España se abstuviera en las votaciones clave en la UE sobre aranceles a finales de 2024 y la enemistad creciente que despierta Sánchez en la Alemania dirigida por el canciller Mertz: en efecto, todo acuerdo en esta materia, redunda negativamente en la industria alemana y europea del motor.

Detrás de esta iniciativa de aproximación a China, lo único que está es la preferencia sanchista por un país de opacidad total en materia económica y jurídica. China, recordémoslo, es hoy, la principal factoría mundial de falsificaciones industriales, robo de patentes, cierre absoluto a cualquier tipo de investigación judicial que parta del exterior y pago de comisiones (en realidad, compra de políticos al peso para beneficiar las exportaciones chinas).

¿Por qué Sánchez se decanta a favorecer una “alianza estratégica” con China? Es muy fácil de explicarlo. Sánchez lo ignora todo sobre política internacional y leyes de la diplomacia. Solo entiende una cosa: sobre los intereses de Pedro Sánchez, nada más. No es que piense que China será la potencia hegemónica mundial de aquí a cinco años, ni siquiera que crea que un mercado de 1.500 millones de chinos es tentador para la (cada vez más escuálida) industria española. Es que los chinos -ante todo, formados en las estrategias enunciadas por el confucianismo- han captado mucho mejor que cualquier occidental, la idiosincrasia de Sánchez y de Zapatero: si sus palabras no se corresponden con sus actos, esto quiere decir que se compran y se venden. Y el gobierno comunista de la República Popular China no ha hecho nada más que poner un precio a su compra por lo único que le interesa: que le allanen el camino a la hegemonía económica, sabedores de que ésta precede a la hegemonía política.

2) Ruptura de la alianza con los EEUU (trumpistas)

Todo lo que beneficia a China, perjudica a los EEUU. En efecto, estos dos países son los que, en este momento, se están disputando la hegemonía mundial. Desde el momento en el que Rusia ha renunciado a cualquier tipo de expansión y solamente mantiene la guerra para recuperar territorios rusos asignados a Ucrania, por una cuestión de protección de sus ciudadanos y de orgullo nacional, ha adoptado una posición neutralista en este conflicto. Obviamente, la propaganda habitual emanada de los plumillas al servicio de la OTAN, sigue considerando a Rusia como el “gran adversario”; pero, en Washington se ha producido un cambio notable: la llegada de Donald Trump al poder, ha hecho que volviera el realismo a la política exterior norteamericana. Esto implica que los mitos de la globalización y el mundialismo han sido considerados como tales y abandonados en beneficio del realismo más extremo.

Trump quiere llevar a la práctica en su mandato de cuatro años, el “American First” que prometió en campaña electoral y eso le ha llevado a intentar cambios estratégicos. El primero de los cuales fue tantear a Rusia para trenzar una alianza preferencial en clave anti-china (durante las primeras semanas de su mandato) que fracasó y la elección de China como “adversario estratégico”. Y esto tenía efectos en su cadena de alianzas: la OTAN, hasta ese momento, clave en la política anti-rusa, se ha convertido en inservible. No se trataba de romper la OTAN (nadie, salvo Sánchez, opta por romper alianzas que todavía pueden exprimirse un poco más) sino de disminuir el interés y la aportación norteamericana para la “defensa europea”. Y esta ha sido la fuente de todos los problemas.

En un país que desde 2022 lleva sin Ley de Presupuestos Generales del Estado, pedirle que suba la inversión en Defensa carece de sentido. Habrá, primero que redactar esa Ley anualmente, para asignar a Defensa esa meta del 5%: si no hay presupuestos, no hay asignación para Defensa. Y, dada la actual situación que se da en España, cualquier explicación sobre cuánto es el 5% de no se sabe qué, parece absurda. Esto ha hecho que la polémica entre Trump y Sánchez se agriara cada vez más y, de prolongarse en el tiempo, puede repercutir en la expulsión de España de la OTAN.

En realidad, esto no constituiría una tragedia, ni siquiera una medida ilógica: la OTAN, desde la caída de la URSS carece de “enemigo” y, desde el momento en el que la administración norteamericana ha perdido el interés en la “defensa de Europa” (a la vista de la ausencia de voluntad “expansionista” hacia Occidente por parte de Putin y del propio desinterés europeo en materia militar) y del traslado del eje estratégico norteamericano desde el Atlántico Norte a la zona Asia-Pacífico, la OTAN ha perdido interés para el Pentágono y para la Casa Blanca… por todo ello, la disolución del organismo sería su fin más digno y lógico.

Pero, esto, como decíamos, esto no es ninguna tragedia para España: no ganamos ni perdemos nada con nuestra pertenencia a un organismo inservible. Pero lo que cuentan, son los “efectos secundarios” del corte de la alianza con Washington (algo sobre lo que volveremos más adelante).

3. Del “Grupo de Puebla” a la “Movilización Global Progresista”

La Internacional Socialista (IS) está presidida desde noviembre de 2022 por Pedro Sánchez (cuando todavía no habían estallado los casos que demuestran la corrupción generalizada de su gobierno). Sánchez buscó el cargo como plataforma de lanzamiento a un cargo mayor en el futuro (secretario general de la OTAN o situarse al frente de la UE…), luego todo se le torció y hoy lo más que puede aspirar es a un exilio tranquilo en Marruecos o en China.

Desde el primer momento, Sánchez articuló su presidencia de la IS en torno a tres ejes: como “plataforma progresista global” frente al “extremismo de la ultraderecha”, como defensa de la “Agenda Social y Climática” y gran valedor universal de la “Agenda 2030”… No es raro que desde que Sánchez está al frente de la IS, esté hoy en franca pérdida de vigor, además de convertirse -como no podía ser de otra manera- en foco de escándalos (recientemente, la exsecretaria general, Benedicta Lasi, ha presentado una demanda por acoso laboral contra Pedro Sánchez en Londres, denunciando "autoritarismo" y presiones constantes; el exsecretario general, el chileno, Luis Ayala reclama una deuda de más de 660.000 euros por su salida de la organización tras 40 años en el cargo de secretario general de la IS. Ayala ha acusado a Sánchez de no mostrar el estado de las cuentas de la organización a sus miembros…).

Tanto Sánchez como Zapatero eran conscientes de que, dentro de la IS carecían de la autonomía suficiente para aplicar sus personalísimas políticas que no entraban en los presupuestos de una organización que había sido creada para estabilizar el orden mundial nacido tras la Segunda Guerra Mundial con todo lo que implicaba (centrismo, OTAN, eje euro-USA, liberalismo “social”), así que no dudaron en participar en la formación del “Grupo de Puebla” que unía el destino de la izquierda ibérica al de las izquierdas populistas iberoamericanas, fuera del marco de la IS.

Fundada el 14 de julio de 2019 en México, se presenta como un “espacio de coordinación más flexible” que la IS y está compuesto, no por partidos, sino por “personalidades”. Entre sus fundadores se encuentran José Luis Rodríguez Zapatero (España), Ernesto Samper (Colombia), Rafael Correa (Ecuador), Evo Morales (Bolivia) y Dilma Rousseff (Brasil). Pero, desde su fundación han ido perdiendo peso e influencia: ya no gobiernan en Chile, ni en Bolivia, han perdido Argentina y Ecuador y están próximos a Perder Perú y viendo cómo se reducen sus posibilidades en Centroamérica, donde Bukele amplía su influencia sobre otros candidatos de la derecha. La influencia del Grupo de Puebla hoy se reduce a Brasil (virtualmente partido en dos), México (en vías de convertirse en un “Estado fallido”, con amplias zonas del país en manos del narcotráfico), Colombia y Uruguay.

Esto sugiere que también el Grupo de Puebla ha ido perdiendo peso y ya no es un “cartel triunfador”. Así pues, era necesario crear otro grupo, aun menor, de “líderes” que aún ocuparan puestos de dirección en sus respectivos países.

Y así surgió Global Progressive Mobilisation (GPM), la nueva plataforma internacional diseñada para articular a las fuerzas de izquierda “frente al avance de la extrema derecha y el autoritarismo a nivel mundial”.

Para ser más claro, la Movilización Progresista Global es el instrumento de Alexander Soros, hijo de George Soros y actual presidente de la Open Society Foundations (OSF), sin el cual esta organización nunca habría visto la luz. Soros asistió a la cumbre de Barcelona, donde se mostró públicamente junto a Pedro Sánchez y otros líderes como Lula da Silva y Claudia Sheinbaum. 

Diversas fuentes señalan que su fundación, junto a otras entidades como la Fundación Bill y Melinda Gates, ha participado en la financiación y organización de este encuentro internacional. Soros ha destacado que la GPM representa la primera vez que grandes organizaciones y redes progresistas (“como la Internacional Socialista y la Alianza Progresista”) trabajan juntas de forma coordinada en un mismo espacio físico y estratégico. Ha mantenido una estrecha relación con Pedro Sánchez, a quien ha definido en varias ocasiones como un líder necesario para el mundo actual, especialmente en temas como la regulación migratoria y la defensa de sociedades abiertas.

¿Qué busca esta “internacional progresista” que, en realidad, es el brazo ejecutor del proyecto global de George Soros? Sobrevivir en un mundo cada vez más consciente de que todos, absolutamente todos, las medidas “progresistas” se han saldado con fracasos estrepitosos.

La reunión del pasado 17 y 18 de abril en Barcelona, puso de manifiesto que los objetivos del GPM son exactamente los mismos que los de la Agenda 2030 y que se trata de un intento desesperado de suscitar –aprovechando el “no a la guerra”- “esperanza” en la tarea de la izquierda radical y ser una respuesta conjunta de las fuerzas de izquierda frente al auge de la extrema derecha y el autoritarismo a nivel mundial.

Entre sus objetivos declarados figura el de “promover el multilateralismo”. Es mentira: de hecho, la velocidad con la que se ha convocado la conferencia responde a la intención de Trump de “resolver” la cuestión cubana, con la misma celeridad con la que ha resuelto la de Venezuela y la de Irán. Sheinbaum propuso una declaración para rechazar futuras intervenciones militares en Cuba.


 
 
 








martes, 14 de abril de 2026

¿De verdad se está recristianizando la sociedad? (2 de 2) - COLOCAR LAS COSAS EN SU JUSTA MEDIDA

La visita del Papa León XIV será uno de los estímulos para reforzar el catolicismo español. La cuestión es si, tanto el Papa como la Conferencia Episcopal y los medios de comunicación católicos, no se estarán equivocando y este "despertar" responde solo a una reacción temporal contra los excesos del wokismo y el caos generado por el ultraprogresismo, o bien es el signo de una búsqueda espiritual profunda. Este es el nudo de la cuestión.

Quien esto escribe se alegraría profundamente que fuera una muestra de “hambre espiritual” y no un mero fenómeno coyuntural de reacción y contrapeso. Eso indicaría que nuestra identidad no se ha perdido completamente. Y esa identidad se basa en grandísima medida en la impronta con que el catolicismo ha marcado a nuestra sociedad. En otras palabras: nos alegraría mucho que se tratara de un fenómeno “en profundidad” y no solamente “en extensión”. Hay fenómenos tan extensos como superficiales y otros, minoritarios, pero mucho más profundos. Dudamos que, en las actuales circunstancias históricas y en esta etapa crepuscular de la civilización, un fenómeno de masas pueda ser duradero, arraigado y mantenerse en el tiempo.

Da qué pensar el que, en estos momentos, el “revival” de la Iglesia se vehiculice en torno a fenómenos carismáticos y a grupos constituidos desde hace muy poco (casi improvisados), algunos de los cuales entrarían claramente en la calificación de “sectas”. No albergamos la más mínima esperanza en que fenómenos como Rosalía con temas de corte espiritual (Lux), o el fenómeno musical de Hakuna, capaces de llenar estadios, puedan suplir la fe profunda que existió en otro tiempo. Tendríamos más seguridad en un “revival” si se realizada en torno a grupos de “música llana” (canto gregoriano) o fuera protagonizado por las órdenes religiosas tradicionales (benedictinos, franciscanos, trapenses, cistercienses, jesuitas…) con siglos de sabiduría acumulada y de “memoria histórica”.

El dilema actual de la Iglesia ya fue escenificado en la serie The New Pope (2020) de Paolo Sorrentino, en donde se planteó si la Iglesia debe abrirse al mundo, o más bien, cerrarse y convertirse en un grupo minoritario pero formado por una élite a toda prueba. No es algo nuevo. La Iglesia lleva mucho tiempo dudando entre ambas posiciones y falta valor y decisión para declararse a favor de una o de otra.

Por tanto, el que algunos sectores de la Iglesia se hayan introducido en las redes sociales, hayan convertido a sacerdotes diocesanos en influencers o a monjes franciscanos en cocineros de youTube (muy buenos, por cierto), cuando grupos católicos están en Tik-Tok y en Instagram, cuando algunos encuentro como "El Despertar" en Vistalegre han reunido a miles de personas e intelectuales de renombre (Juan Manuel de Prada, Fabrice Hadjadj) para debatir sobre el papel del cristianismo hoy, cuando se observa un aumento significativo de jóvenes que regresan a la práctica religiosa, buscando una identidad y un sentido de comunidad que el mundo secular no les ofrece, o cuando grupos como Renovación Carismática Católica o Hakuna que busca vivir la fe de manera alegre y activa a través de la música, la oración y la vida en comunidad, han revitalizado el catolicismo o la IV Fiesta de la Resurrección 2026 celebrada el pasado sábado 11 de abril de 2026 en las Cibeles de Madrid, organizado por la venerable Asociación Católica de Propagandistas (ACdP) para celebrar la Pascua a la que asistieron entre 80 y 85.000 personas, descrito por sus promotores como una jornada de "música, fe y esperanza"… todo esto son síntomas de un catolicismo que se expande… en superficie, sí, pero es mucho más discutible que lo haga en profundidad. Si fuera así, los seminarios experimentarían fuertes subidas en el número de alumnos. Y no es así: ese aumento es más que discreto, por el momento.

Para los que conocemos el mundo anglosajón no podemos evitar realizar paralelismos: esta renovación católica tiende a imitar a ceremonias, espectáculos y formas de ocio que hace cuarenta años ya habían puesto en práctica en zonas católicas de Iberoamérica, sectas protestantes norteamericanas. Tratar de convertir las horas de ocio en espectáculos con un trasfondo católico, los rituales y las reuniones comunitarias en fiestas con ritmo y bafles atronadores más propios de una disco que de un templo…, todo esto puede parecer una “nueva estrategia de captación”, aséptica y bienintencionada. De hecho, lo es, pero lo que dudamos es que, sea algo más que eso: un intento de seguir las pautas marcadas por la modernidad para poder sobrevivir. Y sabemos cómo termina eso.

Hace más de 30 años, entrevistamos a la presidenta de la Iglesia Cristiana Universalista, uno de los movimientos evangélicos norteamericanos. Le preguntamos qué era la formación que presidía y con esa dura sinceridad típicamente norteamericana, nos respondió: “The Christian Universalist Church is a big business”… es “un gran negocio”.  No creo que ese sea, precisamente, una “vía hacia la trascendencia”. Pero así puede terminar siendo una Iglesia que quiera hacer del espectáculo una vía de captación.

En este mismo sentido, compartimos la opinión del obispo Athanasius Schneider, miembro destacado del sector tradicionalista de la Iglesia (que no hace mucho estuvo en Barcelona), el cual sostiene que Hakuna y otros movimientos similares constituyen "una especie de drogas espirituales", una "forma barata de cristianismo" sin "fundamentos profundos" que “construyen sobre la arena”. Otros sacerdotes como Gabriel Calvo Zarraute, han suscrito plenamente estas palabras del obispo Schneider. No está claro, por tanto, si el esfuerzo de algunos sectores de la Iglesia para conectar con la Generación Z, utilizando un lenguaje visual y directo alejado de los canales tradicionales, puede generar el espejismo de un crecimiento real… que, a fin de cuentas, será siempre en superficie, no en profundidad.

Y a todo esto, ¿por qué se produce este “revival”?

Es el momento de recapitular antes de lanzarnos a aventurar conclusiones:

- Existe una crisis de vocaciones, un envejecimiento del clero y los seminarios, por el momento, no pueden asegurar el reemplazo de los sacerdotes jubilados.

- Existe una tendencia al crecimiento de las conversiones y los bautismos e, incluso, un mínimo repunte de las vocaciones.

- A pesar de que todavía es pronto para ver los logros del pontificado de León XIV, todo induce a pensar en un seguidismo hacia pontificados anteriores.

- La próxima visita a España puede aclarar mucho esta cuestión, especialmente en materia migratoria y en la relación entre la Iglesia y el gobierno social-corrupto.

- Los “movimientos de renovación carismática”, el movimiento Hakuna y la reciente Fiesta de la Resurrección, objetivamente, tienen más que ver con el protestantismo anglosajón que con la tradición católica.

- El crecimiento del catolicismo, especialmente entre los jóvenes, es el resultado directo de una política de marketing que ha incorporado las nuevas tecnologías y las redes sociales a la acción católica.

- Este crecimiento, por el momento, es “real”, pero, igualmente “superficial”.

A partir de estos elementos -que restan optimismo a la versión oficial del Vaticano y suponen un baño de realismo- vale la pena preguntarse de nuevo, por qué se está produciendo este “revival”, por superficial que sea. Y aquí las respuestas son varias, más allá de la reacción a los excesos del wokismo y al rechazo del caos ultraprogresista.

A lo largo de la historia los períodos de materialismo extremo se han alternado con otros en los que las fugas místicas, la búsqueda una espiritualidad profunda y el ansia de lo absoluto, han sido las dominantes. El actual modelo de civilización genera desesperación y un amplio sentimiento de frustración en las capas más jóvenes: perciben de manera nebulosa que “algo” o “alguien” les está hurtando el futuro. Intuyen que cursar estudios, esforzarse, trabajar, cobrar salarios por encima de la media (y pagar impuestos desproporcionados), no les permitirá tener un patrimonio propio. Apenas pagar un puso decente con una hipoteca de 20 años. Tendrán acceso limitado a algunos bienes de consumo y difícilmente podrán disfrutar de más de un hijo, si es que llegan a eso o incluso a casarse.

Las políticas de Estado no facilitan nada a los “jóvenes suficientemente preparados”, salvo la emigración, si es quieren mejorar su situación. Las políticas de “discriminación positiva” y “protección de la mujer” han terminado generando un fenómeno inédito en las sociedades occidentales: el miedo del joven a acercarse a una mujer y la reducción de su relación con el otro sexo a fugaces encuentros facilitados por aplicaciones informáticas. Es significativo, que el repunte del catolicismo sea más nítido entre los varones jóvenes, cuya identificación católica ha subido del 33% en 2020 al 41% en 2025, mientras que en las mujeres la tendencia es a la estabilización o a una caída leve. Y es que, para los varones, las incertidumbres son mayores.

Por otra parte, muchos jóvenes ven los efectos del consumismo en sus padres y, como a fuerza de ganarse la vida, la están perdiendo… Muchos de ellos, además, se conectaron desde la adolescencia a redes sociales: hoy están “quemados” y hastiados, son perfectamente conscientes de que han perdido el tiempo y que todas las relaciones que han tenido por esos canales, son insustanciales, anodinas, temporales y planas.

A esto se une el miedo. Miedo es la palabra que define nuestro tiempo. Miedo al futuro, miedo a la pareja, miedo a la paternidad, miedo a terminar los estudios y afrontar un duro panorama de inestabilidad laboral, miedo a embarcarse en hipotecas y no poder pagarlas, miedo a la situación internacional, miedo a ser víctima de la inseguridad ciudadana, miedo a ser víctima de nuevas campañas de ingeniería social, miedo a no poder elucidar lo falso de lo real, miedo al paso del tiempo y a los días perdidos, a llegar al final del camino y no haber sabido para qué ni en qué emplear la vida. El miedo es la característica de nuestro tiempo y ha sido hábilmente explotado en situaciones extremas como la pandemia o los ciclos electorales.

En otras épocas, el miedo se compensaba con el optimismo esperanzador o, incluso, el realismo más objetivo, que generaba una visión religiosa de la vida. Se era consciente, de que más allá de la materia, existía un espíritu y que ese espíritu daba acceso a una vida superior, más real y más intensa. La amistad, el amor, la familia, los hijos, completaban ese marco y daban una razón de ser, objetivos y seguridades. Pero todo esto se ha ido diluyendo en los tiempos modernos. Las filosofías progresistas han decepcionado cada vez más: cada nueva medida definida como “progreso” (la globalización económica, la inmigración masiva, los estudios de género, el mundialismo, el mestizaje cultural y el wokismo), se han convertido en más y más fuentes de caos, inestabilidad, hasta el punto de que ya no hay seguridades a las que agarrarse.

En estas circunstancias cualquiera que ofrezca algo que vaya más allá de todos estos valores progresistas y que esquive sus efectos más perniciosos, encontrará un hueco en el que penetrar. Basta con jugar a la contra: frente al materialismo consumista, la espiritualidad; frente al aislamiento social, los grupos carismáticos; frente a la marginación y el aislamiento, los grandes festivales pop-rock-católico; frente a unos políticos corruptos, un líder por encima de los lideres, el Papa; frente a redes sociales groseras, reiterativas, consumistas, intelectualmente endebles y poco exigentes, ideas no conocidas (u olvidadas) y, por tanto, consideradas “nuevas”.

¿Por qué el catolicismo y no cualquier otra religión (como en los años 60 y 70, el Budismo o el Zen)? Simplemente, por que es la alternativa más fácilmente accesible, que además tiene cada vez más visibilidad en las redes sociales de nuestro tiempo y, seguramente también, porque es la espiritualidad que ha sido propia de nuestros padres y abuelos, y está presente en nuestros monumentos y arquitectura.

A diferencia de generaciones anteriores que heredaban la fe por inercia social, estos nuevos creyentes (recuérdese: 14.000 nuevos bautizados en 2025) suelen acercarse a la Iglesia por una decisión personal y reflexiva, lo que genera una práctica religiosa más intensa y visible. Se ha observado, con razón, que el revival es, en gran medida, un movimiento impulsado por laicos: la proliferación de testimonios de conversión y debates sobre fe en plataformas como TikTok, Instagram y YouTube ha permitido que el mensaje católico llegue a los jóvenes de forma directa y con un lenguaje contemporáneo. Por otra parte, ese revival católico tiene también mucho que ver con el fenómeno migratorio. La llegada de población joven y más religiosa de América Latina ha contribuido a estabilizar y, en algunos casos, aumentar la participación en parroquias.

Todo esto puede sugiere que el fenómeno se consolidará y tenderá a aumentar en los próximos años. Así pues, ¿podemos confirmar que se producirá una decisiva reubicación de España de nuevo en el catolicismo? Esta cuestión es más difícil de responder.

Vale la pena establecer este principio: “Todo fenómeno de masas es, necesariamente, superficial y voluble” y éste no va a ser diferente. La religiosidad, para ser auténtica debe partir de una reflexión profunda del alma y de una sed de Absoluto que tiene, para ser auténtica, debe partir de uno mismo. Si deriva de cualquier forma de miedo al futuro, parte de una base falsa y seguirá siendo un fenómeno superficial. Si no se traduce en una práctica exigente, íntima, personalizada, constante y lúcida, puede llegar a ser una mera forma de rellenar el tiempo de ocio, insustancial y trivial, o de recubrir las propias frustraciones con un “producto” que, sustituye al “consumismo”, pero que, en realidad es otra forma de consumismo.

Y este es el problema de la modernidad: ha sido capaz de introducir en los estantes de los supermercados del consumo a diversas formas de religiosidad. El penúltimo producto fue la New Age, antes llegó la Contracultura, antes aún, el ocultismo y el neo-espiritualismo… Sería muy triste que el catolicismo terminara también en los escaparates de consumo que, a fin de cuentas, es en donde se encuentran productos de diseño al estilo de Rosalía (que, en el fondo, no ha hecho nada que no hubiera hecho antes Madona).

 











lunes, 13 de abril de 2026

¿De verdad reverdece el catolicismo español? (1 de 2): LA SITUACION REAL DE LA IGLESIA ESPAÑOLA EN CIFRAS

Si uno lee el Debate o las informaciones del canal Trece-TV, incluso las publicadas por medios de comunicación asépticos o por unos pocos youtubers anticatólicos alarmados, se diría que el catolicismo romano está experimentando una curva ascendente, inédita en lo que va de siglo e incluso, desde el Concilio Vaticano II. Si esto es cierto, hará falta preguntarse a qué se debe este fenómeno y cuál es su límite, lo que, a fin de cuentas, supone tratar de establecer la salud del catolicismo. Y no creo que, ni siquiera los católicos, deban engañarse sobre estas cuestiones.



Las cifras desnudas de la Iglesia Española

España ha sido desde siempre un país de amplia mayoría católica, pero también uno de los países en los que la crisis de la Iglesia (con falta de combatividad de los fieles y de la jerarquía) se ha hecho más visible. La situación actual de la Iglesia española no es particularmente envidiable. Hoy, faltan vocaciones, la edad de los sacerdotes es muy elevada: la media se sitúa en torno a los 65 años (cuando hacia 1975 era de 35 años). Las diócesis más “jóvenes”, Getafe, Alcalá, Toledo y Cádiz, tienen un sacerdocio de 50 años de promedio y la de Almería de 47… pero se trata de excepciones. La triste realidad es que, para cubrir las 22.922 parroquias del país, solamente hay 14.994 sacerdotes. Nadie puede negar que ”faltan pastores”.

Y no está claro que esto vaya a mejorar: en este curso lectivo 2025-2026 solo hay 1.066 jóvenes inscritos en los seminarios mayores, con una edad promedio entre los 25 y 31 años. A pesar de que el número de seminaristas ha subido en relación a los dos cursos anteriores y parece que se consolida esta tendencia al crecimiento, las cifras siguen siendo muy bajas e insuficientes para garantizar el reemplazo de los sacerdotes que se jubilarán a lo largo de la presente década. De hecho, en 2025-2026, el número de nuevos seminaristas en bruto ha sido de apenas 30. Compárense estas cifras con las de hace 75 años cuando 8.000 seminaristas estudiaban en los seminarios mayores; cifra que ya se había reducido en 1990 a 2.700, para bajar a 1.900 apenas en el filo del milenio, llegando en tiempos de la “pandemia” apenas a 1.100 y en 2023-2024 a 856, el mínimo histórico.

En cuanto a las órdenes religiosas, la situación no es mucho mejor. El número total de miembros de congregaciones y órdenes se sitúa actualmente por encima de los 31.000, reflejando una mayoría femenina abrumadora de cerca del 75%. A finales de 2025 se contabilizaban 23.865 mujeres religiosas, repartidas en 298 congregaciones femeninas y 7.638 miembros pertenecientes a 105 congregaciones masculinas, con un total de 3.900 comunidades religiosas activas en todo el país (72% femeninas y 28% masculinas). En la actualidad 6.700 monjas y 700 monjes viven en 690 monasterios de clausura dedicados a la vida contemplativa. Sólo en la última década se han ido cerrando un promedio de 17 monasterios cada año.

La supervivencia de muchos monasterios y obras sociales depende de la internacionalización. De Nigeria, Kenia y República Democrática del Congo han llegado cientos de monjas con presencia notable en órdenes hospitalarias y de enseñanza; las que vienen de India y Filipinas son fundamentales en la vida contemplativa (monjas de clausura) y en la atención a ancianos; en cuanto a las que proceden de Colombia, Perú y México están presentes sobre todo en las clarisas.

Para frenar el cierre de conventos, las órdenes están agrupando monjas procedentes de distintos monasterios, “importan” sobre todo monjas de otros países y profesionalizan la venta online de dulces, cosmética natural y artesanía (como en el portal DeClausura). Esta iniciativa está permitiendo que estas comunidades sean económicamente viables y pasen a ser “monasterios sostenibles”.

Las cifras anteriores están facilitadas por la Conferencia Episcopal, a través de sus medios de comunicación y, por tanto, hay que darlas como exactas. Mas dudas pueden surgir si es el CIS el que da la cifra de católicos y de católicos practicantes que la entidad dirigida por José Félix Tezanos evalúa en el 53% de la población (en torno a 25.5 millones de personas), de los que un 18,5% son católicos practicantes y un 34,5% católicos no practicantes. La misma encuesta evalúa en 8,5 millones las personas que acuden regularmente a misa, esto es, un 12% de la población y un 6% adicional que asiste varias veces al mes.

Por regiones, Castilla-León, con Valladolid, Burgos y Palencia, están muy por encima de la media nacional en asistentes semanales a misa; Toledo en Castilla-La Mancha sigue teniendo un fuerte arraigo eclesiástico. La región de Murcia destaca también por un catolicismo popular muy vivo y una alta participación en movimientos laicos. País Vasco y Navarra, donde la secularización ha sido rápida, mantienen núcleos de práctica muy constante en zonas rurales y en ciudades como Pamplona. En el extremo opuesto, Cataluña, Madrid y Baleares presentan los índices de práctica más bajos debido a un entorno urbano más secularizado, aunque en Madrid el número absoluto de asistentes es el mayor de España por volumen de población.

Ahora bien, a estos asistentes a misa hay que sumar los que lo hacen a través de las pantallas de televisión. En efecto, desde 2020, seguir la misa a través de este medio se ha consolidado como un hábito para muchas personas, especialmente mayores o enfermos. Trece TV es el canal líder en este segmento, con picos de audiencia que superan el 4-5% de cuota de pantalla. En La 2 (RTVE), el programa "El Día del Señor" sigue siendo un clásico con audiencias muy fieles y estables que rondan los 300.000 espectadores cada domingo. A estos hay que sumar el que cada vez más parroquias y sacerdotes con vocación de influencers emiten sus misas en directo. Canales como el de la Parroquia de San José o el de Hakuna acumulan miles de visualizaciones semanales de jóvenes que no pueden asistir físicamente. En total, se estima que, en 2026, cerca de 1,5 millones de personas en España siguen la misa exclusivamente a través de medios digitales o televisión cada semana.

Quizás las cifras al alza más espectaculares las ofrece el número de católicos practicantes en la franja de 18 a 24 años ha pasado de un 7-8% en la década pasada a un 15% en 2025. Esto indica que los nuevos métodos de proselitismo a través de redes sociales y festivales de masas están teniendo un impacto notable entre los jóvenes. Además, en España, a lo largo de 2025, se han bautizado 14.000 adultos y todo induce a pensar que el 2026 se superará con mucho esta cifra.

Son cifras respetables que demuestran que el catolicismo sigue siendo el “motor religioso” de España. Pero tampoco hay que ser muy optimistas: las cifras del CIS son desoladoras si las comparamos con las que registró el Informe FOESSA en 1975, cuando el 60% de los españoles iba a misa todos los domingos y el 95% se declaraba católico. Esto suponía que, de un total de 35.000.000 de habitantes, 21.000.000 acudían a la misa dominical. Hoy, con casi 50.000.000, sumando la asistencia personal a misa mas los televidentes que la sintonizan, estamos en algo menos de la mitad. Y apenas ha pasado medio siglo.

El nuevo Papa León XIV y sus primeros años de pontificado

El wokismo, el progresismo extremo, los “estudios de género” y demás fueron demasiado lejos, se han mostrado excesivamente intolerantes y, más que “abrir la sociedad”, han sido factores de caos y confusión generalizada. Y, como no podía ser de otra manera, el péndulo se ha desplazado al lado opuesto. Este fenómeno ha coincidido con la muerte del Papa Francisco en 2025 y con una ofensiva generalizada de las derechas radicales a nivel mundial, iniciada con la victoria electoral de Donald Trump en 2024 y la irrupción del “populismo” euroescéptico desde mucho antes.

No hay, por tanto, que sorprenderse, la recuperación del catolicismo español, que había caído a niveles demasiado bajos, es algo, hasta cierto punto natural. No se debe, en absoluto, al “buen hacer” de la cúspide de la catolicidad, el Papa León XIV.

No es que León XIV, hasta ahora haya destacado por nada especialmente; por el momento se está limitando a algunos cambios simbólicos (decidió mudarse de nuevo a los apartamentos del Palacio Apostólico, viviendo en comunidad junto a un grupo de sus "hermanos agustinos". Sus declaraciones a favor de la paz (en Ucrania, en Gaza, en Oriente Medio, en el conflicto entre India y Pakistán) es lo que se espera de un Papa. Ha retomado ciertos elementos tradicionales en la vestimenta y el protocolo, como el uso de la estola papal suntuosa en apariciones públicas, pero, por el momento, mantiene la línea reformista de Francisco, promoviendo una Iglesia “inclusiva” y volcada a los pobres, mostrando una cercanía especial con nuevos movimientos (recientemente presidió un encuentro del Jubileo en Roma donde el grupo de rock católico Hakuna amenizó la espera ante miles de jóvenes).

Quizás su decisión más enérgica haya sido la disolución del Sodalicio de Vida Cristiana (SVC), una sociedad de tendencia conservadora, fundada en Lima en 1971 por el laico Luis Fernando Figari, como respuesta conservadora al Concilio Vaticano II. Su objetivo original era la evangelización de jóvenes y la formación de líderes católicos, bajo un estilo que algunos describían como "mitad monjes, mitad soldados" que, seguramente resultará familiar a alguno de nuestros lectores. Extendida a más de 20 países, fue disuelta oficialmente por la Iglesia católica en 2025 debido a un historial de “graves abusos”.

Hasta ahora, los viajes apostólicos realizados por León XIV no se han traducido en grandes novedades, siendo, puro simbolismo. Hoy mismo, 13 de abril de 2026, inicia su tercer viaje internacional, que lo llevará a recorrer cuatro países africanos durante 11 días: Argelia, Camerún, Guinea Ecuatorial y Angola.  Su tránsito por Argelia se debe a que allí quedan huellas de San Agustín de Hipona (Leon XIV es miembro de la Orden Agustina), mucho más que por la presencia del catolicismo en un país mayoritariamente islámico y con fuerte presencia fundamentalista y radical.

Dejando aparte una fugaz visita a Mónaco, de muy escasa importancia y justificación, el viaje a Turquía y Líbano en 2025, fue el primer viaje oficial de su pontificado. Su presencia en Turquía se justificaba por el 1700 aniversario del primer concilio ecuménico de Nicea; y en el Líbano, se centró en el diálogo interreligioso y en la paz regional. No puede decirse que ni el periplo africano que se inicia hoy, ni el viaje a Oriente Medio fueran particularmente importantes para la cristiandad.

Mucho más significativo será el desplazamiento a España del 6 al 12 de junio de 2026 bajo el lema “Alzad la mirada”. Será inevitable que este viaje se politice en cada una de las tres etapas: en Madrid porque allí está el que es, sin duda, el gobierno social-corrupto, militante contra el catolicismo, en Barcelona porque el nacionalismo y el independentismo radical querrán hacer suyo la inauguración de la Torre de Jesucristo de la Sagrada Familia recordando que Antonio Gaudí compartía las ideas nacionalistas; y en Canarias porque, según ha declarado el Vaticano, el Papa quiere ver “de cerca, la realidad migratoria de la zona”… y esto implicará declararse a favor o en contra de los trasvases masivos de población. Obviamente, el Papa tratará de ser ecléctico en todas las declaraciones que realizará a lo largo de estas etapas, pero la cuestión no es lo que haga o diga, sino cómo lo traten los medios de comunicación oficialistas y cómo reaccionen los católicos, mayoritariamente opuestos a los social-corruptos y cada vez más alarmados por el cambio de identidad cultural y del paisaje etno-cultural.