jueves, 18 de julio de 2024

ANÁLISIS: LA TEORÍA DEL “GRAN REEMPLAZO” ÉTNICO (I). INTENTO DE EXPLICAR UN PROBLEMA REAL

Hay teorías de la conspiración que parten de evidencias incuestionables. La teoría del “gran reemplazo” es una de ellas. Que se está produciendo, desde el principio del milenio, un vuelco étnico-demográfico en Europa, es algo que cualquiera que salga a la calle y viaje por cualquier país de Europa Occidental, puede comprobar por sí mismo. Que ese vuelco demográfico es ocultado por distintos motivos por unos o por otros, es, igualmente, notorio. En redes sociales, cada día, se perciben decenas de noticias que no llegan a los medios de comunicación convencionales porque, presumiblemente, existe una “sugerencia de silencio”. Vamos a examinar en cuatro entregas, la teoría conspirativa del “gran reemplazo”, tratando de extraer algunas conclusiones que no siempre coinciden con el canon que plantea.



EL GRAN MISTERIO DE LA MODERNIDAD: ¿POR QUÉ NADIE FRENA LA INMIGRACIÓN MASIVA?

A finales del milenio anterior, Guillaume Faye estableció algo que, era muy difícil negar, por mucho que se jugara con estadísticas más o menos trucadas: “de la misma forma que puede afirmarse que la mayoría de inmigrantes vienen a Europa a trabajar, hay que aceptar que la mayoría de delincuentes que operan en Europa son inmigrantes o hijos de la inmigración”. Que, a los oídos delicados de algunos europeos, esto pueda sonarles “políticamente incorrecto”, no quiere decir que no sea verdad y cualquier persona que trabaja en la administración de justicia, especialmente en los juzgados de guardia, en los distintos cuerpos y fuerzas de seguridad de los Estados de Europa Occidental, en el sistema de prisiones, incluso en urgencias en hospitales, sabe que esto es así. Obviamente, todos ellos, junto con el ciudadano medio, carecen de recursos suficientes para poder transformar sus observaciones personales en estadísticas. Eso debería ser tarea del Estado, pero allí en donde gobiernan los “partidos tradicionales” de centro-derecha y de centro-izquierda, tales estadísticas, o bien no existen, o bien están trucadas, o existiendo no se publican, o incluso resulta delictivo y prohibido por ley realizar estadísticas en función de patrones étnicos. Así pues, el ciudadano debe fiarse de lo que ven sus ojos, seguro de que, al menos, ellos no le engañarán. Y lo que ven es algo que, si bien no es hoy el “gran reemplazo” al que alude la teoría de la conspiración que lleva a ese nombre, se le aproxima mucho. Cada vez más, de hecho.

Y sí es cierto que hay algo misterioso en los flujos migratorios que se orientan hacia Europa Occidental: están completamente descontrolados y nadie hace nada -al menos nada efectivo, más allá de las palabras, de las declaraciones solemnes y de la creación de “comisiones de estudio del problema”-, ni para regularlos, ni para desincentivarlos, ni siquiera para reconocer una situación que se está volviendo cada vez más insostenible.

De hecho, esta cuestión ha supuesto la primera razón por la que, tanto partidos de centro-derecha como de centro-izquierda, incluso nacionalistas e independentistas, están sufriendo erosiones en su electorado y desplazamiento hacia opciones -de derechas, independentistas o, incluso, de izquierdas- que empiezan a ser conscientes del problema y que ocupan ya posiciones de poder en varios países europeos o bien están en situación de alcanzar el poder en futuras elecciones. Y, sin embargo, a pesar de eso, las dos columnas sobre las que se ha mantenido el “orden europeo” tras la segunda guerra mundial, el centro-derecha y el centro-izquierda siguen eludiendo la cuestión y actuar sobre ella. Esto implica la imposibilidad de resolver otros problemas asociados con los flujos masivos y descontrolados de inmigración: el aumento de la delincuencia, de los crímenes más graves, especialmente de naturaleza sexual, incluidos asesinatos, de la violencia de género, de las ocupaciones ilegales de viviendas, con la contrapartida de un aumento inevitable del racismo y de la xenofobia.

Da la sensación de que existe una “mano negra” que abre las puertas a la inmigración, pero, paralelamente, se preocupa de que este tema no preocupe excesivamente a los ciudadanos, ni se refleje en medidas racionales de control, ordenación de los flujos y reconocimiento del problema (porque nadie, a estas alturas, puede dudar de que se trata de un problema).



EL PROBLEMA Y SU EXPLICACIÓN: LA TEORÍA DEL “GRAN REEMPLAZO”

Esta opacidad y esta falta de debate sobre la inmigración en Europa Occidental (de debate real, esto es, abierto, público y no entre quienes están de acuerdo, sino escuchando a los que denuncian el fenómeno y confrontándolos con quienes lo han provocado) es lo que da alas a esta teoría de la conspiración: el Gran Reemplazo. No se trata de una actualización -como en el caso del Plan Kalergi- del antisemitismo consuetudinario que asocia la acción de “élites perversas judías” al fenómeno migratorio- de tesis anteriores, sino de una tesis que se apoya en el hecho objetivo de la opacidad y en el rechazo al debate de los partidos hasta ahora mayoritarios de centro-derecha y de centro-izquierda y que pretende explicar las razones últimas de un fenómeno que se evita reconocer y sobre el que quienes que se atreven públicamente a apoyar aportan argumentos sesgados, poco creíbles, tópicos y terminan refugiándose en consideraciones “humanistas” o “solidarias” y lanzando acusaciones de “xenofobia y racismo” a quienes se les oponen. Así pues, existe algo “sospechoso” tras esta temática. Por tanto ¿es posible hablar de “conspiración”? También aquí, tras haber reconocido que estamos ante un problema muy real -los flujos masivos y descontrolados de inmigración a Europa- vale la pena plantearse, en primer lugar, qué nos explica la “teoría del Gran Reemplazo”; en segundo lugar, establecer, objetivamente, qué favorece los flujos migratorios: luego, quién los incentiva; tras lo cual estaremos en condiciones de poder calificar el fenómeno y confirmar o desmentir la teoría del Gran Reemplazo.

Quienes en los años 70 negaban que, en Francia, en Bélgica y en Alemania se estaba produciendo un “vuelco étnico”, ahora les resulta imposible desmentirlo. No es un mito, no es una leyenda, no es una “teoría conspiranoica”: Europa está dejando de ser, ante nuestros propios ojos, el continente que hemos conocido en nuestra infancia y que ha protagonizado 2.000 años de historia. El problema es, ¿hasta qué punto este fenómeno se produce espontáneamente por circunstancias objetivas o más bien de trata de un plan perfectamente calculado para “reemplazar” a la población europea? Esa es la cuestión. Y para valorarla en su justa medida, deberemos de introducirnos en las entrañas de esa teoría y cotejarla con la realidad. Solo eso nos dará la medida de si es razonable y sostenible en tanto que “teoría de la conspiración”, bien se trata de una fantasía “conspiranoica”.



LA CAIDA DE LA NATALIDAD EUROPEA: RAZONES Y MOTIVOS

La cuna de esta teoría conspirativa se sitúa en Francia, el país que está padeciendo llegadas masivas de inmigración tercermundista desde principios de los años 70. La idea general que plantea esta teoría conspirativa es que Francia está siendo sometida a un proceso de sustitución de la población autóctona por grupos étnicos procedentes, especialmente, de África. Posteriormente, y dado el volumen de inmigración que está llegando a Europa, esta teoría se ha adaptado especialmente a la situación de Europa Occidental y en cierta medida de la Europa Germánica. Este proceso se desarrolla, no solo a partir de la inmigración masiva, sino de un descenso de la natalidad francesa (y/o europea), mediante un cuádruple proceso:

- esterilidad masculina generada por la difusión de determinados productos químicos de los que se sospecha o se tiene la seguridad de que la general y que son de uso habitual. El listado es impresionante, con el agravante de que buena parte de ellos son productos farmacéuticos[1] (inmunodepresores, antidepresivos, antiepilépticos, antimetabolitos, neurolépticos, hormonas, determinados antibióticos), unido a consumo de drogas, alcoholismo, tabaquismo, obesidad, exposición a toxinas, uso de pesticidas[2] (se da la circunstancia de que la infertilidad masculina es muy acusada entre poblaciones dedicadas a la agricultura que, en principio, se supone que deberían llevar una vida sana y natural), consumo regular de frutas y verduras que contienen pequeñas dosis de productos químicos[3] (vermicidas, fungicidas, abonos químicos, utilizados en su cultivo), determinados estilos de vida que fomentan el estrés, consumo continuo de alimentos ultraprocesados, prendas que generan excesivo calor en la zona testicular[4], utilización del bisfenol A en envases y latas de conserva[5] y un largo etcétera[6] de productos y factores confirmados que generan esterilidad masculina.

- generalización del aborto en toda Europa Occidental. El aborto se legalizó inicialmente en España en 1985, despenalizándolo con tres supuestos (riesgo grave para la salud física y mental de la madre, violación y malformaciones). Posteriormente, en 2010, la Ley Orgánica de salud sexual y reproductiva y de interrupción voluntaria del embarazo, amplío estos supuestos, ampliando el plazo para interrupción de hasta 22 semanas, y reduciendo la edad hasta 16 años con permiso paterno. En 2022, una nueva reforma, eliminó el permiso paterno para menores y suprimió los tres días de reflexión. En la práctica, hoy, cualquiera que quiere abortar en España y en la mayoría de países de Europa Occidental, puede hacerlo sin restricciones de ningún tipo. El número de abortos ha pasado de 16.206 en 1986 a 98.316 en 2022, lo que supone un 11,68 por mil mujeres. El 90% para justificar el aborto era por petición de la mujer embarazada y solo el 6% por riesgo para su salud y el 4% por anomalías en el feto[7]. A esto hay que sumar la llamada “píldora del día después” o “píldoras anticonceptivas de emergencia” que previene embarazos no deseados y demás procedimientos químico-farmacológicos para interrumpir embarazos inmediatamente se producen (mifepristona, misoprostol). La “pastilla del día después” tiene una efectividad del 90% tomada 24 horas después del acto sexual. En 2023, solamente en España, se vendieron cifras no inferiores a las 750.000 dosis de este fármaco (100.000 más que en 2020). Se calcula que el 34% de las mujeres en edad fértil han recurrido en algún momento a este método anticonceptivo[8]

- alteraciones en los criterios hasta ahora habituales de sexualidad (todo lo que entra dentro del complejo LGTBIQ+ y de los “estudios de género”). Hasta los años 70, la pareja heterosexual era la única que aspiraba a tener descendencia de su propia sangre. Incluso las adopciones eran raras y sometidas a un severísimo control para garantizar que el bebé sería entregado a una familia con todas las garantías de estabilidad, recursos económicos y deseo insatisfecho de paternidad. Pero, más o menos en esa década, apareció el fenómeno de la gestación subrogada (el vientre de alquiler). A pesar de estar prohibida en países como España, la práctica se realiza con cierta normalidad. Así mismo, han aparecido empresas privadas de adopción que “ofrecen” niños, habitualmente del Tercer Mundo, procedentes de países que permiten esta práctica. Las cifras de adopciones son pequeñas (en torno a 2.500 anuales)[9]. Parte de estas adopciones, desde el año 2005, corresponden a parejas gays (en España existen en torno a 50.000 “matrimonios de personas del mismo sexo” que han oficializado su situación[10] (28.174 entre hombres y 20.976 entre mujeres), aproximadamente el 2% de las bodas celebradas en España. Las pocas estadísticas conocidas, reconocen que la duración de una pareja homosexual es menor que la de una pareja heterosexual: entre las 16.542 bodas gays celebradas entre 2007 y 2011 se han producido hasta ese año 882 divorcios, el 5’3%, mientras que las cifras de matrimonios héteros en las mismas fechas ascienden a 896.115, con una tasa de divorcios en el mismo período de 3,6%. En países como Noruega, la tasa de divorcios gays asciende al 23%[11]. Un elemento a tener en cuenta es que en el 39% de las bodas gays, uno de los cónyuges es extranjero, lo que permite sospechar que, en un número de casos imposible de evaluar, se trata de un recurso para obtener la residencia en España[12]. Si hemos traído estas cifras a colación es por la evidente imposibilidad de concebir hijos por parte de parejas del mismo sexo, lo que redunda en una bajada sensible de las tasas de natalidad: más LGTBIQ+, implica indefectiblemente, menos natalidad.

- cambios en las condiciones y en los hábitos sociales: los factores a considerar son muchos, yendo desde la pérdida del instinto de la maternidad en cierto número de mujeres (en la actualidad se considera que entre un 10 y un 15% de las mujeres, libremente, han decidido que no quieren tener hijos, y un 57% están dispuestas a tener hijos en solitario, mientras un 20% opta por la reproducción asistida[13]. La pandemia de 2019-20 tuvo como consecuencia que mujeres y parejas se replantearan tener hijos. Pero el proceso se había generado mucho antes. En los años 50-70 era frecuente encontrar matrimonios con 10 hijos (incluso el Premio Nacional de Natalidad llegó a entregar un título a una pareja con 19 hijos). Sin embargo, en 2022 solamente existían en España 167 familias con 10 hijos o más[14]. Lo cierto es que la tasa de natalidad ha ido descendiendo en España desde los años 70 y en la actualidad el número de nacimientos por mujer asciende a 1,16, el segundo más bajo de toda la UE, por detrás solamente de Malta. El número de títulos de familias numerosas (con 3 hijos o más) se había reducido a 800.000[15] y de estos, seguramente, más de 50% corresponden a parejas inmigrantes. El descenso de natalidad entre “nacionales” obedece a cambios socio-económico-culturales. Por una parte, el coste de mantenimiento de una pareja se ha elevado a causa de la hipoteca, especialmente, pero también de la oferta de consumo siempre creciente; una pareja que gane menos de 5.000 euros puede encontrar problemas para mantener a uno y, no digamos, a dos hijos, si, al mismo tiempo, está pagando una hipoteca. Por otra parte, el culto al cuerpo y el cultivo del ocio hace que los hijos pasen a segundo plano: incluso los matrimonios que quieren tener hijos, retrasan al máximo la paternidad. Así mismo, la inseguridad y la inestabilidad que se viven en los tiempos modernos, impulsa a muchas parejas a negarse voluntaria y deliberadamente a tener descendencia. Incluso las parejas que se comprometen a una hipoteca y que aspiran a tener hijos, disponiendo de medios suficientes para ello, cada vez más se conforman con uno o, máximo, dos hijos: están limitados, no solamente por los gastos que conlleva la paternidad, sino también por el espacio disponible, los metros cuadrados del piso que han comprado (habitualmente entre 90 y 125 metros cuadrados) que hace imposible la formación de una familia numerosa.

 



[1] Cf. web de la Clínica Mayo: https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/male-infertility/symptoms-causes/syc-20374773

[2] Cf. https://www.reproduccionasistida.org/restos-de-pesticidas-en-los-alimentos-pueden-alterar-la-calidad-seminal/

[3] https://cuidateplus.marca.com/reproduccion/fertilidad/2016/04/12/alimentos-plazo-dificultan-fertilidad-112344.html

[4] https://www.urh.es/estilo-vida-fertilidad-masculina/

[5] Shuyana Deba, Efectos del bisfenol A en la reproducción, Trabajo de master en el Centro Internacional de Postgrado de la Universidad de Oviedo, 2015, en especial págs. 22-64

[6] Para ampliación del tema cf. NTP 441: Tóxicos para la reproducción masculina. Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo. PDF chrome-extension://efaidnbmnnnibpcajpcglclefindmkaj/https://www.insst.es/documents/94886/326853/ntp_441.pdf/d4b12991-a2b6-4b54-8bd0-22435faa527b?version=1.1&t=1676629568207

[7] Los datos pueden consultarse en la web del Ministerio de Sanidad del Gobierno de España: https://www.sanidad.gob.es/areas/promocionPrevencion/embarazo/datosEstadisticos.htm

[8] Cf. https://www.elconfidencial.com/espana/2023-08-13/ley-del-aborto-pildora-despues-culpable_3662630/#:~:text=La%20compa%C3%B1%C3%ADa%20IQVIA%20ha%20totalizado,667.077%20unidades%2C%20seg%C3%BAn%20El%20Economista.

[9] https://es.statista.com/temas/6036/las-adopciones-nacionales-e-internacionales-en-espana/#:~:text=En%20el%20%C3%BAltimo%20lustro%20analizado,y%201.659%2C%20a%20adopciones%20nacionales.

[10] Europa Press https://www.europapress.es/sociedad/noticia-espana-celebrado-mas-49000-bodas-parejas-mismo-sexo-aprobacion-ley-hace-15-anos-20200703115156.html

[11] Cifras aportadas por https://www.aceprensa.com/familia/los-matrimonios-homosexuales-se-rompen-mas/

[12] Idem.

[13] Datos extraídos de ABC https://www.abc.es/familia/padres-hijos/abci-57-por-ciento-mujeres-quieren-madres-dispuestas-tener-hijo-solitario-202205080056_noticia.html

[14] https://es.statista.com/estadisticas/959713/numero-de-familias-numerosas-por-numero-de-hijos-espana/








miércoles, 17 de julio de 2024

VOX HA ALCANZADO LA MADUREZ POLÍTICA CON SU RUPTURA CON EL PP

No se puede pactar con el diablo. Ante el “diablo”, ceder un poco es capitular mucho. Es algo que Feijóo en su intento de ser un “político creíble” nunca ha entendido. Y Feijóo ha trasteado ya demasiadas veces con “diablo” como para que no esté bajo sospecha de contaminación. El “diablo”, naturalmente es el pedrosanchismo. La tibieza con la que Feijóo hace “oposición” y las esperanzas que se forja en que la “moderación” le llevará a La Moncloa, figuran entre lo patético y lo ingenuo del capitoste pepero. De momento, esta actitud ha llevado a la ruptura de los pactos autonómicos con Vox. Vamos a analizar lo que supone esta ruptura para ambos partidos, para España y para el futuro.

¿FEIJÓO SERÁ PRESIDENTE DEL GOBIERNO ESPAÑOL ALGUNA VEZ?

Quien esto escribe, celebró la sustitución de un “progresista” como Casado al frente del PP (véase el artículo: CASADO, LA OTRA PATA DE LA AGENDA 2030, escrito en febrero de 2022). Cualquier cosa que viniera después contribuiría a dar un mayor perfil político a la derecha. Y llegó Feijóo. No era, desde luego, la mejor opción. Pero tampoco había muchas. Feijóo era el presidente gallego aquel que, durante el covid había amenazado con la vacunación obligatoria y con multar a quien no se vacunada. No eran las mejores credenciales. Además, el tipo tenía menos vivacidad que Rajoy, desprovisto de la flema de éste, además era carente por completo de sentido del humor y de la retranca que siempre adornó a Rajoy; venía con aspecto avinagrado, en absoluto carismático y sus primeras declaraciones afirmando que el PSOE era la opción número uno para pactar, no dejaban augurar nada bueno.

Desde aquel momento, dijimos que Feijóo no se había enterado de que no estábamos en aquellos tiempos ya pasados en los que el dominio del “centro político” garantizaba la mayoría absoluta. Feijóo, ni en aquel momento ni ahora, se ha enterado de que hemos entrado en una fase de polarización y de política de “bloques”: derecha contra izquierda. Bloque conservador contra bloque progresista. O se entiende y se acepta (y, en ese caso, se reconoce el verdadero rostro de la política mundial en 2024) o se rechaza y se refugia uno en concepto obsoletos y periclitados (el “centrismo es moderación”, “el dominio del centro da el poder político en España”, “hay que huir de la crispación” y así sucesivamente). Y si no que se lo pregunten a Ciudadanos cuyos restos todavía andan por ahí predicando “centrismo”, como si estuviéramos en un clima mediterráneo, estable y benévolo, cuando, en realidad, padecemos una temperatura política crispada, con inviernos glaciares y veranos abrasadores. La izquierda progresista con su pie clavado en el acelerador hacia la Agenda 2030 y sus derivados, lo que ha precipitado la “política de bloques”, generando una reacción en contra de 180º.

En los meses siguientes, Feijóo dio una de cal y otra de arena. A veces cumplía su papel opositor, para luego, poco después, reafirmar que su primera opción de pacto y negociación era con el PSOE. A veces añadía “con un PSOE liberado de Pedro Sánchez”… El “centrismo” siempre seguía siendo su desiderátum con pinceladas progres a lo casado y manteniendo a algunos “casadistas” locales en sus feudos. Cualquier pacto con el “diablo” suponía arriesgarse a no ser entendido por la mayoría de los propios. Feijóo cree que esta posición pactista es “prudente”, “madura” y “política”. No, en realidad, es suicida, ingenuo-felizota y tiende a eternizar al pedrosanchismo en el poder. No solamente no ha entendido la polarización que se está operando en la política de todos los países occidentales, sino que, además, tampoco ha entendido el carácter psico-patológico que adorna al pedrosanchismo. (ver artículo:  EL PP CON EL FORO ECONÓMICO MUNDIAL, FRENTE A VOX)

Pactar la elección de miembros del CGPJ, apoyar en el parlamento la regularización de 500.000 inmigrantes ilegales, votar en contra de la moción de censura presentada por Vox (ver artículo: LA MOCIÓN DE CENSURA DE VOX, escrito en octubre de 2020 y DEJAD QUE EL NINOT ARDA SOLO de marzo de 2023), trabajar con el PSOE en el parlamento europeo y, finalmente, aceptar la distribución de MENAS por todo el territorio nacional, no son solo errores políticos de Feijóo, la renuncia a su papel opositor, sino también traicionar a su electorado -que espera una política decidida y el entierro definitivo del pedrosanchismo- y, lo que es aún peor, traición a la sociedad española y a su futuro ignorando la gravedad de la situación que estamos atravesando y sus repercusiones en un próximo futuro.

La envergadura de estos errores y las reiteradas afirmaciones de que el PSOE sigue siendo la principal opción Feijóo en materia de coaliciones, dan que pensar sobre si el dirigente del PP se sentará alguna vez en La Moncloa: porque está claro que el pedrosanchismo siempre preferirá crecer gracias al basurero de extrema-izquierda, obtener nuevo electorado cultivando subsidios a los “nuevos españoles” y lo que le falte lo obtendrá de pactos con ex etarras e independentistas. Hoy, con Feijóo, la “derecha pepera” está demostrando ser más “maricomplejines” que nunca: en el peor momento para serlo. Y, lo peor es que, entre un Feijóo voluble que no ha entendido todavía los cauces por los que circula la política española en 2024 y un psicopatón sin escrúpulos, siempre vencerá este último.

UN ITINERARIO PERSONAL DE CAMBIANDO DE ACTITUD

Hará diez años, el que suscribe era de los que se consideraba, a la manera joseantoniana, “ni de derechas, ni de izquierdas”, que no era nada más que la adaptación carpetovetónica de la consigna enarbolada por Arnaud Dandieu y Roberto Aron en su libro La revolution nécessaire: “No somos ni de derechas, ni de izquierdas, pero si es necesario definirnos en términos parlamentarios, estamos a medio camino entre la derecha y la izquierda, por detrás del presidente y dando la espalda a la asamblea”. Bonito ¿verdad?, incluso lógico en los años 30. Tras desvincularme de grupúsculos políticos, me limité a definirme como “apolítico”, no en el sentido de desinterés de la política, sino por distanciamiento. En 2021 publiqué en este mismo blog: ESTOS SON MIS PRINCIPIOS, NO TENGO OTROS… que, básicamente, coincide con lo propuesto por Vox en los últimos años.

Con todo, hasta 2023 tenía claro que para derrotar a la izquierda y a la vista de los resultados electorales de aquel año en los que el PP no obtuvo los escaños suficientes para poder formar gobierno con Vox a causa de las particularidades de la Ley d’Hondt y de los “restos” que se perdieron en casi una decena de provincias, era necesario un PROGRAMA COMÚN DE LA DERECHA (véase el artículo escrito en enero de 2024: LAS CULPAS DE LA DERECHA) y, frente a una izquierda que, cada día que pasa se parece más a una olla de grillos y en el que la fragmentación llega hasta lo indecible, en especial a la izquierda del PSOE, formar un “frente unido conservador” capaz, ante todo, de desalojar al pedrosanchismo del poder. Llegué a recomendar en este mismo blog votar al PP en las elecciones generales y a Vox en las europeas, (ver artículo ¿VOTAR?, ¿A QUIÉN VOTAR?, escrito en abril de 2024) considerando que todavía no había llegado “la hora de Vox” y que esta llegaría solamente cuando Feijóo alcanzara el poder… y empezara a decepcionar a todos sus electores, practicando una política -en lo esencial- “continuista” en relación al pedrosanchismo: afirmación de los principios de la Agenda 2030, sin cambios esenciales en la postura ante la inmigración, ante la delincuencia o ante el independentismo, sin cambios ni en educación, ni en sanidad… Sería ese el momento en el que Vox aparecería como la ÚNICA alternativa para la derecha conservadora.

Pero los últimos meses me han convencido de que la deriva emprendida por Feijóo y la orientación de su partido son un peligro, en primer lugar, para ellos mismos: cada día que pasa están consiguiendo decepcionar más y más a su electorado, antes incluso de llevar las riendas del poder. Para colmo, los restos del “progresismo casadista”, con María Guardiola, la presidenta extremeña que, no pierde ocasión en parecer más próxima al PSOE que a su propio partido y que, desde el principio, se sentía incómoda con el apoyo de Vox, lejos de ser purgados del aparato pepero, han ido atribuyendo el estancamiento de su partido a… los pactos con Vox que serían los que lo recluirían, presuntamente, en la “fachosfera”.

Hoy, estoy convencido de que el PP es una nave a la deriva, mal dirigida, provista de un programa y de unas intenciones más propias del “progresismo” que de la derecha conservadora y que, irremisiblemente, mientras esté dirigido por Feijóo, seguirá considerando al PSOE como la “otra columna” del régimen y hará todo lo posible para garantizar una alternancia de gobierno con él, sin cambios esenciales en las políticas del Estado.

Hoy, en una situación completamente nueva, sostengo que el voto a Vox es una obligación para todos aquellos que -no perteneciendo a Vox- valoramos la situación de nuestro país como extremadamente grave y que es preciso dar un “volantazo” y no una tímida ralentización de la marcha hacia el abismo que es, a fin de cuentas, lo que propone Feijóo y que no serviría nada más que para prolongar la agonía de España, de su sociedad y de su sistema político unos cuantos años.

VOX HA ALCANZADO MAYORÍA DE EDAD

Vox pareció, inicialmente, un partido católico antiabortista, situado a la derecha del PP, que ponía especial énfasis en la lucha antiterrorista y en la “unión de España”. Bien, pero insuficiente. Sus primeros resultados electorales confirmaron tales limitaciones. Fue solamente cuando incorporaron el elemento anti-inmigracionista a su programa cuando iniciaron su crecimiento. Si el partido precisaba un “tema-estrella”, ya lo tenía. Es normal: buena parte de la población europea está cada vez más preocupada por la islamización de Europa Occidental, por la permisividad ante la delincuencia, por la constatación de que innegablemente la inmigración masiva genera distorsiones y problemas crecientes y constituye una losa y una verdadera aspiradora de recursos sociales y por el fracaso de TODOS los programas de integración en TODOS los países europeos. Vox merece ser apoyado mientras este elemento esté presente en su programa. Cualquier otro tema puede coadyuvar a la elaboración de un programa de actuación, pero la política anti-islámica y anti-inmigración masiva debe ser la punta de lanza (como, de hecho, ha ocurrido en toda Europa).

Ahora bien, la experiencia europea indica que esta temática conduce a la incorporación de clases trabajadoras y medias al electorado de Vox… por lo tanto, esa composición debe también reflejarse en los liderazgos locales y regionales y en la propia cúpula del partido que debe adaptarse a las características de este electorado: LO SEMEJANTE VOTA A LO SEMEJANTE, LO SEMEJANTE SE RECONOCE EN LO SEMEJANTE.

Y así llegamos al desencuentro entre el PP y Vox. El PP contemporiza con el pedrosanchismo en la cuestión de los MENAs. El problema de fondo no es repartir los MENAs que lleguen a Canarias en las distintas comunidades autónomas: el problema -y solamente he oído a Vox decirlo alto y claro- es devolver esos MENAs  a sus países de origen para que los gobiernos de esos países soberanos los devuelvan a sus familias que es, a fin de cuentas, con quienes deben estar los menores.

Esta idea solamente una “solución radical” en la medida en que apunta a la raíz de los problemas. Una solución que, por supuesto, Feijóo no quiere aceptar porque, en el fondo, desea mantener para el futuro la puerta abierta a una “gran coalición” con el PSOE. No advierte que el “PSOE” es un cadáver en putrefacción desde el post-felipismo y que, en su actual fase de descomposición, se ha transformado en “pedrosanchismo”, un “ente” cuyo único objetivo es mantener en el poder el más tiempo posible a los de “la familia” (en el sentido mafioso del concepto) en el poder, taponando electoral, judicial y mediáticamente, con todo tipo de ardides, a la oposición. El pedrosanchismo nunca ha practicado el fair play, ni lo va a hacer. Y mucho menos en materia de inmigración: no quiere que se toque su nuevo nicho electoral y está dispuesto a sacrificar cualquier cosa con tal de que ganarse ese nicho de los “nuevos españoles”

Vox lo ha entendido correctamente: no puede aceptar el reparto de 200 MENAs por comunidad autónoma. Efectivamente, hoy son 200, mañana 400 y pasado 2.000. No se puede traicionar un programa a cambio de unos cuantos sueldos autonómicos. O se cree que la inmigración masiva y descontrolada es un riesgo y se coloca una línea roja al eventual “aliado”, o bien se acepta el “aquí vale todo” y se traiciona al electorado que ha depositado su confianza en la sigla Vox. Y la dirección de Vox ha obra de manera correcta, tanto política como moralmente, en su ruptura de los pactos autonómicos con el PP. Con la ruptura de estos pactos, Vox ha demostrado ser un partido cuya clase política cree en lo que propone. Podríamos decir que Voz “se ha puesto el pantalón largo”, o, dicho de otra manera, que ha alcanzado la mayoría de edad política.

LAS CONSECUENCIAS DE UNA RUPTURA

Los “tertulianos de sobre”, al servicio del pedrosanchismo o del PP, han presentado esta ruptura como el “fin de Vox”. Incluso consideran que, con esta fractura, el PP sale de la “fachosfera” y los ataques del pedrosanchismo contra esa sigla han perdido su sentido. Otros consideran que Vox ha actuado de manera infantil y que ha sido la “habilidad de Feijóo” la que ha impuesto la ruptura (como si Feijóo fuera un “cerebro estratégico” maquiavélico). En realidad, esta ruptura -a la larga- solamente beneficiaría al PP, si el problema que denuncia Vox desapareciera de Europa Occidental y, claro está, de España. Pero, allende fronteras, la situación de Francia, de Bélgica, incluso de Suecia o de Alemania del Oeste, u Holanda -por no hablar de Inglaterra- en materia de inmigración es catastrófica y estamos ante un problema que no dejará de agravarse. El problema de la inmigración masiva y de la islamización de Europa Occidental no se resolverá regularizando cada año a 500.000 ilegales y convirtiendo las escuelas españolas en centros de residencia para MENAs. Feijóo se ha equivocado. Vox, además de haber mantenido su posición, ha demostrado una coherencia que será recompensada por el electorado en el futuro.

Pero, aquí y ahora, lo innegable es que algunos cargos públicos de Vox se han negado a dimitir. Normal: el partido precisaba pasar a su clase dirigente por un filtro, el de la HONESTIDAD. Honestos son los que han dimitido, sus principios antes que su sueldo. No es habitual en España. De hecho, es casi inaudito. Y les honra. Lo deshonesto es prometer una cosa al electorado para luego apalancarse en el carguito y aceptar la traición a lo prometido. El efecto secundario y no previsto por la ruptura PP-Vox es que este último partido se ha deshecho de quienes -siguiendo el canon de la clase política española- sitúan el sueldo antes que los principios. El partido queda limpio de oportunistas sin escrúpulos, trepas, peperos emboscados, tibios, timoratos y demás basura presente en todos los partidos y de los que Vox, hasta ahora, no era una excepción.

El electorado no olvidará esta ruptura. El PP tampoco. Parece difícil que el pedrosanchismo pueda mantenerse en el poder hasta finales de 2024. Habrá nuevas elecciones y el PP, con sus apoyos a Von der Leyen en Europa, su permanente mano tendida al pedrosanchismo, difícilmente obtendrá la mayoría absoluta. Si alguien cree que el pedrosanchismo será desalojado del poder por el simple hecho de que todas sus medidas, sin excepción, pueden ser consideradas como pasos adelante en la desintegración del Estado, la negación de España y el cuestionamiento de los derechos de los españoles autóctonos… se equivoca. Cada día que pasa, el número de “inmigrantes naturalizados” aumenta, con lo que, por mal que lo haga el pedrosanchismo, con tal de que garantice impunidad para okupas, subsidios y subvenciones para ilegales, reagrupaciones familiares inmediatas, sanidad universal, disminuya la presión contra el narcotráfico procedente de Marruecos, etc, tiene ganados cientos de miles de votos. A lo que se unirán medidas propiamente dictatoriales y bananeras para el control de los medios de comunicación, control creciente sobre los mecanismos judiciales que garantiza impunidad para los propios y presiones -judiciales y fiscales- para los adversarios, establecimiento de “verdades oficiales”, utilización de los medios de comunicación públicos para su difusión, prácticas propias del “ministerio de la verdad” orwelliano…

No se pacta con el “diablo”, o si preferimos la misma frase desdramatizando lo “diabólico”, podemos decir que no se pacta con la traición, no se pacta con el amiguismo, el nepotismo y la corrupción, no se pacta con quienes se han aliado sistemáticamente con la no-España, no se pacta con los aspirantes a pequeños dictadores bananeros que generan repulsión incluso de jugadores de fútbol, habitualmente ajenos a la política (tal como hemos visto reciente y significativamente, constituyendo un hecho insólito en la política mundial).

Para ganar unas elecciones hace falta algo más que no está al alcance de Feijóo y que el electorado pepero necesita como agua de mayo: claridad de objetivos, voluntad de defender un programa de regeneración nacional y decisión de llevarlo a la práctica, el programa por encima del sueldo, los principios, en una palabra. Y esta crisis ha demostrado que, al menos, Vox sabe lo que quiere. Y no está dispuesto a renunciar a ello. Los tibios y los oportunistas han saltado del tren en marcha. Ni siquiera Feijóo les recompensará en el futuro: proceden de la “fachosfera”, así que ahí termina su carrera política. Incluso, es muy posible que ahí concluya también la carrera de Feijóo…








martes, 16 de julio de 2024

EL PULSO DE FRANCIA ANTES DE LAS OLIMPIADAS Y DESPUÉS DE LAS LEGISLATIVAS

Justo cuando se conocían los resultados de la segunda vuelta de las legislativas francesas (7 de julio de 2024), inicié un viaje por el Languedoc francés que me ha permitido conocer mucho mejor lo que ha pasado en Francia. Las presentes observaciones han sido recogidas sobre el terreno en poblaciones rurales y urbanas del Languedoc y permiten hacernos una idea suficientemente clara del momento político francés.

POR QUÉ MACRON CONVOCÓ ELECCIONES ANTICIPADAS

Como se sabe, los resultados de las elecciones europeas de 2024, consagraron al ex Front National, hoy Rassemblement National (Agrupación Nacional, RN) como el primer partido de Francia. Conmoción, especialmente en la presidencia de la república: RN se aproximaba peligrosamente al 51% de los votos, esto es, a la mayoría absoluta. En efecto, sus resultados fueron: 7.765.936 votos, el 46’9%: 4 puntos más y Francia no tendría necesidad de utilizar la segunda vuelta para elegir ni gobierno ni presidente… El sistema de “protección” de la Vª República caería víctima de sí mismo: al saber los electores que los dos partidos “tradicionales” se pondría de acuerdo en la segunda vuelta para votar contra la RN, muchos franceses podrían optar, desde el principio por apoyar a esta formación y evitar las coaliciones contra natura que siempre garantizaban que la estabilidad del sistema.

Al conocer los resultados, Macron se decidió a convocar nuevas elecciones. ¿Por qué? Porque nadie sabe lo que puede ocurrir durante la celebración de los Juegos Olímpicos. En la final de la Champion’s de hace dos años, lo que en Francia se llama “la racaille” (la escoria), formada por jóvenes de origen magrebí y africano, generaron el caos y el pánico en las proximidades del estadio de Saint-Denis (ver la noticia en El mundo). Nada permite pensar que durante la celebración de las Olimpiadas (26 de julio – 11 de agosto), aquellos incidente no se reproducirán… todo lo contrario. La situación del orden público en Francia está hoy más degradada que hace dos años y bastaría con que algún policía matara a algún delincuente o, simplemente, le pidiera la documentación o que algún turista reaccionara de manera imprevista y no se dejara expoliar, para que los suburbios se incendiaran de nuevo. Así que Macron optó por anticipar las elecciones ANTES de que la situación se pusiera aún peor de lo que ya está.

Oficialmente, el gobierno presenta al “terrorismo internacional” como el único riesgo de este evento deportivo. Sin embargo, el riesgo principal no es ese (el ISIL no está ya en condiciones de cometer actos terroristas y prácticamente ha desaparecido y en cuando a los “lobos solitarios” su impacto siempre ha sido limitado), sino las “bandas étnicas” de los suburbios que consideran el contingente de turistas y espectadores extranjeros como un coto de caza propio al que tienen derecho a saquear, robar y violar, según sus “tradiciones”.

El drama francés -y, por extensión, europeo- es que existe un doble peligro que ha llegado con la inmigración masiva: por una parte, la ya demostrada imposible integración y el fracaso de todos los intentos de integración (de hecho, incluso la compra de la paz étnica con subsidios y subvenciones ha demostrado una eficacia limitada) que se traduce en la proliferación de “bandas étnicas” en los suburbios, que consideran sus barrios como “zonas liberadas” a las que ni la policía ni la República tienen ya ni acceso ni autoridad; son sus “santuarios”. Y empleamos, deliberadamente, términos derivados de las concepciones de la “guerrilla urbana y rural” de décadas anteriores. Estos jóvenes que conforman lo esencial de “la racaille”, en su mayoría, no se identifican con nada: ni con Francia, por supuesto, ni con el islam, que consideran como algo trasnochado y que tiene que ver con sus padres, no con ellos. Su opción no es predicar el islam: es el salvajismo puro y simple, la revuelta nihilista, la destrucción y la vía delincuencial exclusivamente destructiva.

La segunda parte del problema son los islamistas, aquellos que, jóvenes, no tan jóvenes, jubilados, abuelos, padres, hijos y nietos de inmigrantes, si se identifican con sus valores y tradiciones de origen: esto es, con su tierra natal -el Magreb y África- y con el islam. Quien dice islam dice, inevitablemente “yihad”, el sexto pilar del islam, su forma de extender la umma (la comunidad islámica). Y aquí hay otro problema porque el Estado Francés no ha conseguido cortar las predicaciones de imanes radicales que tienen claro cuál es su estrategia de conquista del Estado y de islamización de Europa. Este grupo puede clasificarse en dos tendencias: los radicales que apoyan e, incluso, están dispuestos a participar en la yihad en Europa, y aquellos otros que esperan solamente ser lo suficientemente numerosos para, gracias a las métricas electorales, obtener la mayoría política e instaurar el Estado Islámico y la sharia en el continente.

Demasiados riesgos para un gobierno tan débil como el que quedó en Francia después de las elecciones europeas. Macron pueden ocultar, bajo la excusa de la “lucha contra el terrorismo”, al verdadero adversario, pero un evento como las Olimpiadas -con sus 15 días de duración- supone un riesgo casi imposible de superar en las actuales circunstancias.

¿QUIÉN HA VENCIDO EN LAS ELECCIONES EUROPEAS Y EN LAS LEGISLATIVAS?

Quienes dicen que “en democracia” lo que cuentan son los diputados obtenidos a la hora de valorar un resultado electoral tienen parte de razón en decir que la RN ha “perdido las elecciones”… pero no toda. Lo cierto es que, la RN ha quedado en “tercer lugar” por el número de diputados (125, frente a los 178 del Frente Popular y 148 de los macronistas)… ¡pero no en número de votos! Véase lo obtenido por cada formación: RN, 10.110.035 votos en la segunda vuelta, 143 escaños, 54 más que en las anteriores elecciones; Frente Popular: 7.040.198, 22’1% y 182 escaños, 51 más que en las anteriores elecciones; y los macronistas, 6.692.358 votos, 24% u 168 escaños, 82 menos.

Así pues, la RN ha obtenido ¡algo más de tres millones de votos más que el Frente Popular y tres millones trescientos mil votos más que los macronistas.

A esto hay que añadir que apenas un mes antes, el 8-9 de junio, cuando se convocaron las elecciones europeas en Francia, la RN obtuvo 7.765.936 votos, con una participación del 51,49%. Es cierto que el electorado se movilizó para las legislativas con una participación del 66,63%, es decir, 15 puntos más. Pero también es cierto que, incluso, entre los que habían sido remisos a votar en las europeas, los que lo hicieron en las legislativas votaron a favor de la RN dos terceras partes de quienes no habían acudido a las urnas en las europeas.

¿Cómo se explica, pues, el que Jordan Bardella y la RN hayan quedado en tercera posición? Por el particular sistema electoral francés y por la alianza entre la izquierda radical y el macronismo.

NO HAY UNA FRANCIA: HAY MUCHAS FRANCIAS

En nuestro viaje por el Languedoc hemos podido ver una Francia que no es la de París. Pero dentro de esa Francia del Sur, también hay otras dos Francias: una la de las ciudades de tamaño medio (Toulouse) y otra la de las zonas rurales. Aquella Francia de los años 80 en el que una cosa era París y otra “la provincia”, ya ha quedado atrás. Ahora, todas las grandes ciudades -e, incluso, las de tamaño medio- tienen los mismos problemas y la misma estructura social: son zonas de proliferación de inmigración masiva, lugares progresivamente más degradados. Por contra, las zonas rurales siguen siendo la “Francia tradicional”: de hecho, hacía veinticinco años que no recorríamos el Languedoc y , en lo que se refiere a las ciudades de tamaño mediano y grandes, si se han producido cambios apreciables, pero los pueblos y las ciudades pequeñas permanecen casi como en los años 70 del siglo XX, ni siquiera se ha producido el boom de la construcción y el precio de la vivienda es, incluso, más barato que en España. Y lo que es más significativo, se trata de zonas en las que la RN es mayoritaria: Ceret RN 58%, Prades RN 56%, Pirineos Orientales RN 54%, Limoux, RN 52’07%, Carcasona 63,44%, Narbona, RN 58,22%, Herault RN 47%, Montpellier RN 64%, Albi RN 49’3… Se puede decir que, prácticamente, en casi todo el Languedoc (que incluye al “país cátaro”) la RN es mayoritaria en relación al resto de partidos y solamente en Toulouse, la capital, está en tercer lugar con el 22%, siendo el segundo el frente popular (38,31% y con los macronistas en cabeza (39’42%). En Quillan, la ciudad que tomamos como punto central de nuestro recorrido por el Languedoc, la RN fue igualmente mayoritaria con un 54’83% de los votos, a lo que hay que sumar los votos obtenidos por Zemmour-Marechal y por los “diversos derechas”.

Fuimos testigos de las protestas de los agricultores contra las políticas de la UE y del gobierno macronista. En realidad, cuando se recorre el Languedoc se comprueba que la mayor parte de letreros de entrada y salida de los pueblos y de ciudades de tamaño medio, están colocados -yo diría que “exquisitamente”- al revés. Este ha sido uno de los métodos de protesta de los agricultores: una protesta patente, no violenta, pero firme. Y nadie -ni autoridad alguna- ha tenido el valor para volver a colocarlos en posición normal.

La protesta de los agricultores que ninguna autoridad se atreve a tocar...

También es de señalar que en los pequeños pueblos y ciudades del Languedoc no hay población inmigrante “visible”: no se ven por las calles mujeres enfundadas entre velos negros, ni lo que en Francia llaman “faïneans” departiendo tranquilamente en horario laboral, como es habitual en España en pueblos grandes y pequeños. Incluso los pocos inmigrantes que se ven trabajan normalmente y demuestran educación e integración. La inmigración se concentra en las grandes ciudades (Toulouse, la capital del Languedoc, repleta de tesoros artístico-arquitectónicos, es una ciudad islamizada, prácticamente, salvo el centro, una zona de “non droit” desde finales de los años 70). Incluso en Carcasonne o Mirepoix, la inmigración está dedicada a trabajos agrarios o al turismo.

En resumen: la Francia rural resiste. Esto es lo que debemos retener. La islamización, el melting pot tiene lugar en París y en las costas del Mediterráneo y en las ciudades de tamaño medio y grandes del interior. Así entendemos mejor el encono de la Unión Europea hacia las zonas rurales: ¡ES, SOBRE TODO, LA EUROPA RURAL LA QUE ESTÁ RESISTIENDO! De ahí las medidas habilitadas por la UE para destruir al campo europeo, para impedir su subsistencia, para convertir los campos de cultivo en “huertas solares”, para “deslocalizar” también los recursos alimentarios de la UE a zonas de África en donde la “trazabilidad” es pura ficción y nadie controla la toxicidad de los productos que llegan. ¡Cualquier cosa para eliminar y liquidar la agricultura en Europa, incluso a costa de la salud de los europeos y con la excusa de la “descarbonización”! Pues, no es vano, los agricultores son uno de los últimos muros que quedan en pie contra la Agenda 2030 y contra las políticas de ingeniería social de la UE.

Afortunadamente, ni Francia es París, ni el Languedoc es Toulouse…

LAS POCAS OPCIONES QUE LE QUEDAN A FRANCIA

Ya hemos demostrado que aquí y ahora el partido mayoritario es la “extrema-derecha” (no solamente existe la RN, sino también Reconquista de Eric Zemmour que ha presentado a Marion Marechal como candidata, y “diversos derechas” entre los que se encuentran disidentes del ex FN (Florian Philipot, por ejemplo) en un sistema concebido exclusivamente para evitar cualquier reforma y renovación. El histórico de los avances del antiguo Front National, hoy “desdiabolizado” y convertido en RN, señala una progresión constante. Digamos, para establecer comparaciones que hoy la RN tiene, en comparación, un seguimiento popular mucho mayor que el ocupado en España por el PSOE y la extrema-izquierda juntos.

Entonces ¿por qué ese crecimiento en votos no se ha traducido en escaños? Además del sistema electoral francés, hay que tener en cuenta otro factor. Francia se encuentra en una situación muy difícil, casi imposible de superar: es lo que tiene medio siglo de entrada de inmigración masiva con tres generaciones de africanos de los que solamente una minoría se han integrado en la sociedad francesa. Nos explicamos. Cuando se conocieron los resultados de las pasadas elecciones europeas, “la racaille” saltó a la calle multiplicando saqueos, incidentes, incendios y violencia. En youTube pueden encontrarse con facilidad vídeos de inmigrantes no integrados que amenazan y dicen en voz alta y clara: “Francia es nuestra”. Veremos lo que ocurre en las Olimpiadas, pero el drama de lo que pueda suceder está en la mente de todos los franceses con capacidad para pensar. Y, ante las legislativas de 2024, se han producido tres actitudes:

- para unos, votar a la RN supone la guerra civil y han optado por apoyar a la opción moderada menos inquietante: el macronismo. Son conscientes de que el islamismo en Francia está creciendo y es incontenible a corto plazo: son los que aceptan su “dhimmitud preventiva” (sumisión al islam).

- luego está la izquierda. Contrariamente a lo que pensaba Renaud Camus en su obra Le Grand Reemplacement (el gran reemplazo), este no se traduce -inicialmente- en sustituir a la población europea por población africana (a la vista de los resultados habidos hasta ahora, nadie con un mínimo de previsión de futuro se le ocurriría una idea tan alocada). A lo que estamos asistiendo, preferentemente, aquí y ahora, en toda Europa Occidental, es a UNA SUSTITUCIÓN DE ELECTORADO (de la que el “gran reemplazo” será, a medio plazo, el resultado final). La izquierda se quedó sin electorado “proletario” por un proceso ya conocido desde principios de los 80 (aburguesamiento de su electorado; en segundo lugar, porque el “populismo” captó buena parte de sus bases sociológicas en Francia, en tercer lugar porque la crisis de 2007-2011 demostró que, a la hora de la verdad, la socialdemocracia se ponía del lado de la banca…) Para la izquierda, para el socialismo, para la extrema-izquierda, era preciso encontrar un “nuevo electorado de reemplazo”. Y lo encontraron en la inmigración comprando sus votos a fuerza de subsidios y subvenciones: toda la izquierda europea se encuentra en situación análoga y ha adoptado la misma estrategia. Es así como la izquierda europea lora mantenerse en el poder por mucho que sus políticas sean suicidas: basta con prometer subsidios, subvenciones y puertas abiertas. Dado que en Francia están prohibidas las estadísticas “raciales”, es imposible saber qué porcentaje de votos procedentes de la inmigración ha recogido la izquierda, pero las fotos de las manifestaciones y los mítines, así como de las protestas “antifas”, son elocuentes: con una dirección mayoritariamente gala, las bases ya no lo son. Y no está claro cuando esas bases decidirán colocan a los “suyos” en los puestos de dirección, o presentar candidaturas propias. Pero es seguro que, antes o después, ocurrirá (como ha ocurrido en Inglaterra). Y, de hecho, los resultados electorales de las legislativas con la victoria del Frente Popular, sugieren que el proceso de “sustitución de electorado” proseguirá de forma acelerada (como ocurre en España, con entre 500.000 y 600.000 inmigrantes más cada año).

- Y, finalmente, están aquellos que han visto claro el futuro que aguarda a Francia: entre dhimmitud y el riesgo de guerra civil, han optado por la Resistencia y la Reconquista. Son los votantes de la RN y de los “diversos derecha”. La Francia que no se rinde, que quiere que todo sea como antes, una Francia "europea", que es hostil a la islamización y quiere que “la racaille” pague sus delitos con dureza: es el “intégrate o vete”, la Francia del "fous-moi la paix!" (déjame en paz). Reconquistar Francia, en una palabra… aunque eso implique la guerra civil étnica y social o, como mínimo, tensiones sociales y disturbios durante un período incierto.

¿Y MAÑANA? NEGRAS TORMENTAS AGITAN LOS AIRES... 

Parece bastante claro que, si la idea de “Estado” tiene la misma raíz etimológica que la palabra “estabilidad”, el panorama que han dejado los últimos comicios en Francia es cualquier cosa menos “estable”. Gana la extrema-izquierda, pero con un presidente de derechas y un partido mayoritario en seguimiento popular de tipo identitario. Incluso, dentro del Frente Popular los liderazgos no están claros -no hay una izquierda, hay tantas izquierdas-progres casi como izquierdistas- y las ambiciones personales superan los objetivos comunes. Parece difícil que todo esto pueda estabilizarse, incluso a despecho de lo que puede ocurrir en los quince días de olimpiadas…

Mi impresión personal es que, dada la progresión de voto de Marina Le Pen, la RN está a poco de convertirse en el partido mayoritario de Francia en la primera vuelta de unas futuras legislativas. Si Macron no logra componer un gobierno mas o menos estable, tendremos nuevas elecciones después del verano. Pero, la pregunta y lo que verdaderamente debería inquietarnos, es si la victoria de los que proponen las “dos erres” (RESISTENCIA a la islamización y RECONQUISTA del territorio y del a identidad nacional), no llegará demasiado tarde y si Francia (y, por extensión, Europa Occidental) tiene todavía remedio o la enfermedad ya es incurable.

Una cuarta parte del electorado francés ya aceptado su futura “dhimimtud” y la de sus hijos, nietos o mascotas… Cada día la islamización da un paso adelante y la identidad francesa se diluye más y más en las grandes ciudades. Queda el campo, claro está. Quedan los jóvenes (otra de las reservas de votos de la RN). Quedan las clases medias. Pero, con todo, el futuro es bastante negro: Macron, un personajillo, de la talla de los Justin Trudeau o de los Pedro Sánchez, construido a base de demagogia, ambigüedad, mentiras, debilidad y servilismo, no es el presidente que necesita un país que se encuentra al borde del estallido étnico-social. Cada día que pasa las bandas étnicas están mejor armadas, sus golpes son más audaces, su impunidad total (como la guerrilla de los años 60 y 70: “golpean y huyen”, golpean a turistas, golpean en el centro de las grandes ciudades y huyen a sus “zonas de non-droit”), su control del territorio más amplio. Macron no se siente con valor ni con fuerza para hacer nada que corte esta dinámica infernal. La izquierda sabe que su crecimiento camina en esa dirección: garantizar que “la racaille” seguirá cobrando subsidios y subvenciones, pagaderos por los franceses que aceptan su “dhimmitud”, para crecer electoralmente y operar el “reemplazo electoral” al que nos referíamos, fingiendo no querer admitir que al final del camino se producirá la islamización determinada por la diferencial demográfica y el “gran reemplazo” anunciado por Renaud Camus.








 

lunes, 15 de julio de 2024

DONALD TRUMP: NI LE PERDONAN, NI PERDONARÁ

Resulta muy difícil en la modernidad encontrar líderes con los que empatizar. En general, incluso aquellos que podemos sentir más próximos a nosotros resultan ser ególatras con una voluntad de poder desmesurada, pero sin proyecto político. Este no es el caso de Donald Trump que tiene, en efecto, un ego no particularmente reducido, pero sí un proyecto político propio de un empresario… es decir, de alguien que considera al país como una empresa y quiere que prospere y tenga beneficios. No precisa robar porque ya tiene una fortuna suficiente como para estar satisfecho. Y eso es incompatible con el mundialismo y con la globalización. Por eso el stablishment odia a Trump y por eso han atentado contra él. Pero el “juego sucio” que el mundialismo ha practicado desde el inicio del “fenómeno Trump”, desde la primera del milenio, ha generado en este ególatra un odio inconmensurable hacia el stablishment. Ese odio es lo que le alimenta y lo que vimos en la famoso foto con el puño en alto posterior al atentado. No hay posibilidades de acuerdo, ni “tablas” en la lucha entre el stablishment y Donald Trump: si llega a la presidencia, habrá ajuste de cuentas.

NO ES POR IR DE PROFETA, PERO…

El 20 de marzo de 2024, en este mismo blog escribimos: “La diferencia entre Biden y Trump es tal que el primero solo podrí vencer en el caso de que Trump no pudiera presentarse a las elecciones por alguna artimaña legal (algo que se ha intentado desde el primer momento en el que dejó la presidencia), porque muriera de muerte natural (las hamburguesas McPerro y la comida típicamente americana que suele degustar no son precisamente garantías de larga vida) o porque fuera asesinado (y no sería la primera vez que en los EEUU una acción terrorista contra una personalidad cambia la política de la administración”.

Publicado en Info-krisis: 20 de marzo de 2024 - Artículo ¿Morir por Kiev?

Escrito está… pero no, no soy profeta, ni me las doy de tal: solo analista. Y era fácil prever el atentado del que ha sido objeto Donald Trump. Se produce:

- después del debate televisado con Biden en el que todo el pueblo americano pudo ver el estado de desbarajuste mental en el que se encuentra su presidente ¡en activo!

- después de que fracasaran los distintos procesos iniciados contra Trump para lograr una condena judicial que le impidiera presentarse a la presidencia.

- después de reiterar que su primera medida de volver a la presidencia será disminuir el apoyo a la OTAN y obligar a Zelensky a sentarse en la mesa de negociaciones.

- tras reiterar una y otra vez su voluntad de “reconstruir América” con un programa conservador

Ya en 2000 la existencia de un fraude electoral planeó sobre las elecciones presidenciales. El 7 de noviembre de 2022, El Confidencial (que no es precisamente uno de esos “tabloides digitales” a los que alude el pedrosanchismo y sus mariachis) publicaba este titular: "Trump ganó en 2020". No lo dicen cuatro locos, sino 345 candidatos en EEUU. Una parte importante de los candidatos republicanos en las elecciones de medio mandato de este martes 8 de noviembre dicen estar convencidos de que a Trump le quitaron ilegalmente la presidencia”… Una parte importante del pueblo norteamericano pensó eso mismo tras el recuento electoral: el resultado fue la ocupación del Capitolio. El propio Trump recomendó en aquella ocasión a sus candidatos que insistieron en esta idea: si el stablishment quiere guerra, la está teniendo. Trump sabe que la peor de todas las estrategias para volver al poder es la condescendencia, la contemporización y la blandurria… esto es, la “línea Feijóo” para llegar al poder.

Nadie puede negar de, desde que fue arrojado -con o sin fraude- de la presidencia, el stablishment ha hecho todo lo “constitucionalmente” posible para evitar que volviera a presentarse a las elecciones. La ultima ratio era, por supuesto, el atentado. Yo era tan consciente de ello, como cualquier otro analista, incluido el propio “presidente Trump”. Así que no hay méritos en esta previsión. Hay “profecías” fáciles de realizar: era, igualmente evidente que Jeffrey Epstein, una vez en la cárcel, antes o después sería asesinado… Nadie lo quería vivo y especialmente los miembros del stablishment que habían frecuentado su isla y abusado de las y los menores que allí ejercían como “becarios”. Y toda la élite económico-política mundial había pasado por las instalaciones de Epstein trufadas de videocámaras… “Profecías” de este tipo pueden compararse a un espectador que se sienta en un cine a ver Titanic y dice: “seguro que se hunde”.

¿QUÉ ESTÁ PASANDO EN LOS EEUU?

Nada que no pase en otras partes del mundo occidental: puede resumirse en una sola palabra, “polarización”. Desde el alumbramiento de la Agenda 2030, y de sus incrustaciones (“doctrina del cambio climático”, “desarrollo sostenible”, “corrección política”, “estudios de género”, “multiculturalidad”, “igualdad, inclusión, diversidad”, etc), parece evidente que el stablishment ha pisado el acelerador. Quiere imponer sus seudo-valores lo antes posible. Es consciente de que la tarea de “ingeniería social” no puede realizarse escalonada y serenamente, so pena de generar una respuesta electoral en sentido contrario y, por eso, ha acelerado los tiempos. Y, probablemente todo hubiera ido bien, sin apenas resistencias nacionales por parte de “derechas más o menos radicales”, de no haber sido por el estallido de la guerra de Ucrania y por los criterios de Vladimir Putin: al responder a la ofensiva de la OTAN tratando de incorporar a Ucrania al sistema militar occidental, Putin descolocó completamente al stablishment mundialista y globalizador. Ahora, ya no tenía que enfrentarse con pequeños adversarios nacionales (esas “derechas extremas” a las que aludíamos), sino con un país provisto de un liderazgo fuerte y con un sistema propio de alianzas tanto con potencias consolidadas (China) como emergentes (India, Irán).

Durante todo el período de presidencia de Joe Biden, hemos visto una Casa Blanca cada vez más agresiva: tratando por todos los medios de que estallara un conflicto generalizado ¡EN EUROPA! Si esto le había dado resultado en 1939, y solo gracias al estallido de la Segunda Guerra Mundial (con la excusa de Danzig que era una cuestión menor y que hubiera podido ser resuelta entre Polonia y Alemania de no ser por la intransigencia impuesto por Roosevelt y Churchill), los EEUU pudieron superar las secuelas de la crisis de 1929 que no habían sido resueltas por el “new deal”, ahora, el simple miedo (el 11-S y el covid habían demostrado que sometidos a presión psicológica y al MIEDO, las poblaciones aceptan cualquier medida de sus gobiernos por suicidas que sean) hubiera permitido imponer la Agenda 2030 con facilidad. Pero Ucrania rompió este esquema y operó una fractura mundial: a un lado el stablishment mundialista-globalizador, al otro los países que querían prosperidad, policentrismo y paz. NO HAY POSIBILIDADES DE ACUERDO, NI TÉRMINOS MEDIOS.

El stablishment se conmovió por la derrota de su más carismática valedora, Hillary Clinton, frente a un outsider como Donald Trump. Esto retrasó sus planes. Había que desalojarlo de la Casa Blanca y el encargado fue una vieja gloria demócrata, Joe Biden. Que nadie se llame a engaño: ese anciano decrépito, senil, torpe, patético y con el cerebro destartalado, a principios del milenio era un polemista agresivo, brillante, avasallador, sin ningún tipo de escrúpulos a la hora de ejercer virulencia sobre sus adversarios. Debió a esa fama ser elegido candidato por los demócratas en 2019. El problema fue que la edad no perdona y el Biden de 2001 no era el mismo que el de 2019. No ahora, tras el debate con Trump en la TV el pasado 27 de junio de 2024, ¡SINO EN LA CAMPAÑA ELECTORAL DE 2019!, ya era visible, para quien tuviera ojos y viera, que el candidato esta sometido a la inexorabilidad del tiempo y que su torpeza y sus trastornos neurológicos hacían de él un candidato inviable y un presidente títere incapaz de distinguir entre Putin y Zelensky o el lugar en el que se encuentra. El stablishment no necesita un “presidente fuerte” con criterio y personalidad, un líder enérgico, precisa que en el despacho oval esté sentado un figurón acartonado para poder hacer y deshacer a su antojo, firmar lo que se le presente bajo las babas… “Ya encontraremos otro candidato, mientras, los medios de comunicación que mantengan la ficción de un presidente eficiente y enérgico”. Y así lo hicieron., El problema fue que Kamala Harris, en los cuatro años que ha durado la presidencia de Biden no ha sabido cautivar al público norteamericano. La Harris siempre ha estado bajo mínimos en intención de voto y en popularidad; solamente ahora -cuando ya resulta imposible ocultar la incapacidad de Biden- se vuelve a pensar en ella para sustituirle. Pero ahora ya es muy tarde y nuevamente el proyecto mundialista y la Agenda 2030, corren riesgo de naufragar en el país en el que han nacido.

Por lo demás, EEUU están hoy peor que en 2019, como sabe cualquiera que haya viajado allí en los últimos años. Pobreza extrema, toxicomanías, deuda desmesurada, dólar sobrevalorado, pérdida de capacidad industrial, delincuencia, psicopatías sociales, deterioro de las infraestructuras, errores en política exterior, una sociedad multiétnica cada vez más inestable, no auguran un futuro halagüeño para los EEUU. Y eso hace que Trump sea mirado como el “líder” que el país necesita. Brutal en sus declaraciones, desmesurado, directo, agresivo, “vivo”, frente a un Biden que hoy sugiere debilidad, enfermedad, decrepitud, “kaput”, en definitiva.

Un país polarizado, dividido en dos: no hay -ni puede haber- término medio: o se está en el bando de los “reconstructores de América” o en el del stablishment. Esa es la opción. Nadie juega limpio en esta guerra y, obviamente, todo induce a pensar que, en países con alto nivel de polarización, ninguno de los dos bandos va a aceptar sus eventuales derrotas. El país de Mad-Max está cada vez más cerca del escenario Mad-Max.

Y así llegamos al atentado contra Trump.

CUALQUIER COSA, MENOS LA OBRA DE UN LOCO SOLITARIO

Pensar que un tipo de 20 años, sin experiencia militar, puede acercarse, reptando desde un tejado, a 130 metros del candidato a la presidencia y disparar seis veces antes de ser abatido por tiradores situados en lugares más elevados, es pensar en un mundo sin gravedad. Desde el primer momento de conocerse la noticia, los medios demócratas progresistas de todo el mundo reaccionaron minimizando el hecho. En España, TVE habló durante horas de “presunto atentado”, la CNN llegó a decir que Trump se había caído del estrado… La izquierda mundial reaccionó, minimizando el hecho y, al mismo tiempo, declarando su solidaridad con el objetivo frustrado del crimen. Sánchez, Von der Leyen, Macron, Trudeau, figuran entre los primeros mensajes de condena…

A 130 metros de distancia, con un rifle medianamente preciso y una mira correctamente calibrada, un tirador mediocre puede acertar a un espantapájaros: Biden, hablando como almidonado, rígido e inmóvil hubiera caído al primer disparo, pero un Trump agitador y agitado, moviéndose de un lado para otro y mirando a los ojos a los asistentes, era un blanco imprevisible. Su carácter, sus gesticulaciones, le han salvado la vida. Dos centímetros más y su cerebro hubiera salpicado a los espectadores

¿Por qué pensamos que el asesino no era un “lobo solitario”? Muy simple: porque esas cosas no existen y mucho menos en EEUU cuando el candidato demócrata ha mostrado ante las cámaras de TV que es un deshecho humano, almidonado, robotizado y drogado a base de fármacos (lo que es todavía más grave, porque, incluso los que ahora piden su sustitución como candidato, olvidar que en las anteriores elecciones ya estaba así y que, durante cuatro años, incluso ahora, sigue llevando teóricamente las riendas del país).

Las primeras noticias creíbles sugieren que varios espectadores habían dado la voz de alarma sobre un tipo que reptaba por el tejado de una casa próxima al lugar del mitin. ¡Incluso lo fotografiaron! Uno de los miembros del equipo que disparó contra el terrorista, asegura que tres minutos antes de que disparase ya estaba localizado y que pidió autorización para abatirlo, pero el responsable del servicio secreto la denegó… hasta que el terrorista hizo fuego. Por lo demás, a nadie se le escapa que un tejado bajo (en el que se encontraba el terrorista) es fácilmente controlable desde un tejado alto (en el que se encontraban con rifles emplazados los miembros de la seguridad). No, definitivamente, este parece -de nuevo- un “extraño atentado”. Sin olvidar que Trump había pedido reforzar el equipo del servicio secreto encargado de su seguridad y que las fotos demuestran que alguna de las agentes actuó torpe y caóticamente, incumpliendo por completo su trabajo… Y el servicio secreto depende del Departamento de Seguridad Nacional de los EEUU… esto es de la administración Biden.

Aunque no se logre demostrar vinculaciones extrañas del terrorista que sugieran que el atentado fue programado por terceros, la teoría mas admisible, a la vista de los hechos, es que el atentado fue “permitido” por funcionarios del Departamento de Seguridad Nacional. Al menos estos es lo que hay que concluir: “abatir al tirador, solamente después de que haya demostrado, disparando contra el candidato, que es un terrorista”… Tal es, la hipótesis más creíble en estos momentos

LAS CONSECUENCIAS DEL ATENTADO

El drama de los demócratas es que el terrorista, en lugar de arrancarle una parte de la oreja derecha de Trump, no le reventó la cabeza. Ese es el verdadero drama para el stablishment y no vale la pena tomándose en serio las condolencias enviadas por los mandatarios de la progresía mundial: el stablishment juega sucio. Si se le quiere vencer, Trump sabe que tiene que jugar como él. Y su expresión tras el atentado no deja lugar a dudas: “fiht”, puño en alto, que no es precisamente el de Sumar o del PCE, sino el de la dureza y la fuerza: “PELEAD”. Esa es la consigna de un Trump, iracundo y consciente de que el stablishment había querido matarlo, ha transmitido a todos los EEUU. Su gesto galvanizó a los 1500 asistentes al mitin en la pequeña localidad de Butler que respondieron coreando el “U S A”, las siglas de su país. Nacionalismo contra mundialismo. Multilateralismo contra globalismo. Constitución americana frente a Agenda 2030… esto es lo que los estadounidenses tendrán que elegir a principios de noviembre, dentro de algo mas de 100 días. Poco importa quién estará frente a Trump (dudamos mucho que Biden pueda soportar un segundo cara a cara electoral, así que los expertos en operaciones psicológicas de todo el mundo tenemos mucho interés en saber qué método sigue el stablishment para situar un nuevo candidato con posibilidades mínimas de vencer a Trump.

¿Y si no gana Trump? ¿y si muere envenenado o de muerte natural o de otro atentado? Pues tal y como están las cosas en los EEUU no nos extrañaría que el asalto al Capitolio de hace cuatro años fuera un juego de niños comparado con el choque de trenes que se avecina. Porque, de volver a sentarse en el despacho oval, no tenemos la menor duda de que el ajuste de cuentas que Trump realizará con el stablishment va a corresponder a la mirada de odio que mostró tras el atentado… Si alguien cree que estas elecciones van a ser como cualquier otra que se hayan convocado en los EEUU se equivoca.

¿Y qué es el stablishment? Respuesta: el complejo petrolero-militar-industrial, unido a las sectas de iluminados mundialista y a las multinacionales beneficiarias de la globalización que precisan un títere asalariado en el despacho oval, que declare guerras cuando convenga y que sea manejable como un bebé al que solo hay que cambiar el pañal de tanto en tanto. Donald Trump no lo es.