miércoles, 5 de febrero de 2020

Antisemitismo español y sefarditismo en el siglo XX:(1 de 6) -> PERSPECTIVA HISTORICA DEL ANTISEMITISMO ESPAÑOL





A diferencia del antisemitismo francés de principios del siglo XX cuyo carácter “popular” era innegable [1], el antisemitismo español en la misma época no dejaba de ser un apéndice del antisemitismo religioso que, desde tiempo inmemorial aparecía en los contornos más ultramontanos de la Iglesia Católica. A lo largo del siglo, tal antisemitismo se fue agotando hasta desaparecer prácticamente durante la transición. El período franquista ni siquiera contribuyó a que se recrudeciera ese fenómeno que a partir de los años 50 ya estaba casi completamente erradicado, salvo distintas y curiosas manifestaciones. En este artículo, después de una breve introducción para tratar de encuadrar al antisemitismo en nuestra historia y darle una morfología, intentaremos reconstruir sus senderos a lo largo del siglo XX.

Hay cierto alarmismo, completamente injustificado por lo demás, en torno al antisemitismo en España. En 2009, por ejemplo, apareció un informe de la Liga Anti Difamación (ADL en inglés)  [2] en la que se aludía a que el antisemitismo es una tendencia cada vez más fuertemente arraigada en España. La valoración tenía “trampa” en la medida en que se confundía repulsa de la sociedad por la guerra de Gaza que se había desarrollado poco antes. Pero lo peor no era esto, sino el trasladar maliciosamente una opinión en materia de política internacional al nivel de consideración racista. El informe de la ADL realizaba este tránsito acusando a dos medios de indudable trayectoria democrática (El País y El Mundo) como expresiones de ese “nuevo antisemitismo” a causa de sus “viñetas [3]  y artículos antisemitas”. España estaba, literalmente, “peor que cualquier otro país de Europa” en materia de antisemitismo hasta el punto de que Abraham Foxman, director de la ADL no dudara en afirmar que “sólo en España se han visto viñetas antisemitas en los principales periódicos y protestas callejeras en las que Israel es acusado de genocidio y los judíos son comparados con los nazis”.
A decir verdad, todos estos artículos considerados abusivamente como “antisemitas” y que, en realidad, no pasan de ser muestras de posiciones pro-palestinas y opuestas a la política del Estado de Israel, lo único que demostraría es el fracaso de la Embajada de Israel y de sus operaciones psicológicas en su tarea de mejorar su propia imagen, desde luego, mucho más que expresiones de tipo racista. Foxman debió reconocer que, a pesar de este supuesto antisemitismo, en España, no se han producido agresiones contra la comunidad israelita. O en otras palabras: a pesar del dramatismo y la evidente exageración del informe de la ADL, los datos objetivos muestran que en España no hay antisemitismo, ni siquiera rescoldos. No siempre fue así.
> Breve recorrido histórico por el antisemitismo español
La diáspora hizo que pronto llegaran a España comunidades judías y hacia el siglo IV da la impresión de que ya eran suficientemente conocidos por la población. Ya por entonces el judaísmo (que tenía estatuto de religión) era considerado con desconfianza en el mundo romano a causa de su monoteísmo y del aire de superioridad que desprendía en un mundo de politeísmo y relativismo religioso [4]. En el Concilio de Elvira [5] se expresa el primer indicativo de que existía una resistencia al proselitismo judío. Se prohibieron uniones entre cristianos y judíos (también las autoridades religiosas hebreas prohibían ese tipo de matrimonio), que los cristianos tuvieran concubinas judías o que comieran juntos. A partir del siglo IV con los escritos de Gregorio Nacianceno se afirma una tendencia antisemita en la Iglesia Cristiana que repercute inmediatamente en España. Así pues, desde el principio, el antisemitismo español no tuvo nunca un carácter étnico, sino exclusivamente religioso.
Históricamente se cuenta que la primera muestra de violencia antisemita que se dio en España se produjo en el 418 en Menorca, cuando el obispo de Mallorca, Severo, incitó a que sus feligreses asaltaran las propiedades hebreas de la isla y quemaran la sinagoga, bautizando a la fuerza posteriormente a 500 de ellos. El aislamiento propio de las islas, así como la permanente presencia de una numerosa comunidad judía en Baleares hizo que siempre el antisemitismo estuviera allí presente desde esa época hasta mediados del siglo XX.


De todas formas, ese episodio de violencia fue una excepción en las crónicas anteriores al siglo VII. En efecto, es con los visigodos y concretamente con el rey Sisebuto con quien verdaderamente empieza el “antisemitismo de Estado” en España. Se prohibió a los judíos que tuvieran esclavos cristianos y se forzó la separación de los matrimonios mixtos existentes; en estos casos, en caso de negarse a la conversión el cónyuge judío era condenado a destierro y confiscación de bienes. La legislación contra los judíos que hubieran inducido a cristianos a convertirse era extremadamente dura: ejecución y confiscación de bienes. Paralelamente se realizó una política de conversiones forzosas que tuvo como efecto directo la salida de muchos judíos de España [6]. Parece que desde esa época las autoridades político-religiosas habían comprobado la facilidad con que los judíos se convertían al cristianismo para luego regresar a su antigua fe. Chintila estableció una legislación para evitar que abandonaran la religión cristiana y obligarlos a romper cualquier contacto con quienes “judaizaban” [7]. La innovación de ese período fue la decisión tomada por el rey, de acuerdo con el clero, de que solamente podrían vivir en Hispaniae súbditos católicos. Así pues, desde entonces, el problema no fue solamente religioso sino también político. Recesvinto prohibió las celebraciones judías y la existencia de tribunales de esa religión [8]. Egica, simplemente, convirtió en esclavos a los judíos que se negaran a aceptar el cristianismo, decisión refrendada en el XVII Concilio de Toledo. La decisión se tomó al existir la sospecha de que existía una conspiración con los “judíos de ultramar” para destruir el reino visigodo [9]. En esa época, el antisemitismo seguía siendo de matriz religiosa pero ya había traspasado el dominio político. Apareció en los numerosos textos legislativos el concepto de perfidia iudaica con un significado idéntico al delito de traición. Lo cierto es que la conspiración a la que se alude en los textos del XVII Concilio de Toledo data del 649. Cien años después se produciría la “pérdida de España”.
El hecho de que los distintos núcleos de resistencia anteislámica que aparecieron en los montes cántabro-astures y en los Pirineos, estuvieran protagonizados por miembros de la nobleza visigoda, hizo que desde el principio se explicara la “pérdida de España” por la “traición de los judíos” que se aliaron con los musulmanes para destruir al reino cristiano de Toledo. Sin embargo, dejando aparte el papel real o supuesto del judaísmo en la caída del Reino Visigodo, lo cierto es que, bajo la dominación islámica, también aparecieron problemas de convivencia entre musulmanes y judíos.
Los judíos eran considerados como dhimmi (“protegidos”) y sometidos a un estatuto especial, un fuero. Se les reconocía el derecho a la vida, a la propiedad, a la libertad de culto y de organización religiosa y judicial, a cambio de abonar un impuesto especial.  Tenían vedada su presencia en el ejército y en cargos públicos de mando. No se trataba de un “modelo de convivencia”: el Islam se consideró siempre como la “única religión verdadera” y nunca se produjeron intentos ecuménicos, ni siquiera de comprensión teológica. Sin olvidar que existieron persecuciones contra mozárabes y judíos, considerados en todo momento como súbditos de “segunda clase” [10].  El hecho de que algunos califas otorgaran altos cargos en su administración ocasionó la oposición de la población musulmana que consideraba que se trataba de un incumplimiento de los preceptos coránicos. Se suele recordar, por ejemplo, que en la taifa granadina, el cargo de visir fue ejercido por, Samuel ha-Naguid, a mediados del siglo XI al que sucedió su hijo. Ambos nombraron a un alto números de judíos para ocupar cargos administrativos lo que llevó el 30 de diciembre de 1066 a un pogrom en el que fueron asesinados varios cientos de judíos, incluido el propio visir. Con los almorávides las reservas contra los judíos aumentaron y mucho más con los almohades. Los primeros impusieron la ortodoxia islámica y obligaron a muchos judíos a que se fueran de sus territorios que se irían desplazando hacia los reinos cristianos del norte. En cuanto a los almohades desmantelaron las aljamas con lo que redoblaron la inmigración judía hacia el norte. Los que se quedaron fueron obligados a llevar signos distintivos de su condición (habitualmente gorro amarillo).
Por su parte, en los reinos cristianos la situación no era muy diferente: las tres comunidades religiosas, vivían segregadas y despreciándose mutuamente, como en la zona islámica. Los judíos procedentes del sur fueron bien admitidos al hablar árabe y conocer las técnicas de organización musulmana. Los distintos reinos peninsulares reconocieron a los judíos el estatuto de “protegidos” y se les dejó vivir entre cristianos, según recuerda el Código de las Siete Partidas para que su presencia recordara que fueron ellos los que “crucificaron a Nuestro Señor Jesucristo”. Sin embargo, a partir del siglo XIV se produjeron motines antisemitas cada vez más frecuentes en la zona cristiana. Es cierto que las autoridades eclesiásticas y las órdenes religiosas practicaban y predicaban políticas antisemitas, pero mientras duró la prosperidad, parece que no tuvieron repercusión en la vida de la población. Cuando estos tiempos cambiaron al llegar la peste negra y producirse una crisis generalizada de la civilización, las desgracias fueron atribuidas al abandono de la vía predicada por la Iglesia y se impuso el deseo de “regresar a Dios”. Fue entonces cuando estallaron los pogroms tanto en Castilla como en Aragón. En ese momento, el antisemitismo, más que nunca pasó definitivamente a ser justificado en función de las ideas religiosas. La existencia de algunos teólogos cristianos de origen converso (Moisés Sefardí, que tras su bautismo pasó a llamarse Pedro Alfonso) sostuvieron, manejando textos del Talmud, que los jefes del judaísmo eran conscientes de que Jesucristo era Hijo de Dios y, por tanto, cometieron deicidio. A diferencia de las taifas, en la corona de Aragón se produjeron disputas teológicas entre judíos y cristianos como la que tuvo lugar en 1263 en Barcelona entre un judío converso ingresado en los dominicos y el filósofo Ben Nahmán con presencia de Jaime I y de la comunidad judía a la que invitaban con la vana intención de que se convirtieran al cristianismo. Otros dominicos aragoneses, como Raimundo Martí, llegaron a escribir que los judíos habían pactado con Lucifer y que, por tanto, era inútil seguir tratando de convertirlos.


Sería un error pensar que en la Edad Media española todo el antisemitismo fue religioso. En realidad, éste sirvió para alimentar y justificar un antisemitismo “popular” que llegaba a la población contribuyendo a crear el arquetipo de judío usurero, pervertido y vicioso. A este respecto, cabe recordar que, efectivamente, la prohibición de la usura para cristianos y musulmanes abrió el camino para que esta actividad fuera desempeñada por judíos exclusivamente. La desconfianza (y el resentimiento) con el que la sociedad medieval miraba estas actividades fue lo que dio credibilidad a la idea de “la sinagoga de Satanás” en la que los judíos conspiraban permanentemente para arruinar el cristianismo. La crisis de la época aportó el resto: los judíos fueron considerados como causantes y propagadores de epidemias, insultar y blasfemar, profanar hostias consagradas y realizar crímenes rituales con niños [11].
Los disturbios más graves tuvieron lugar en 1391 cuando prácticamente todas las juderías de la España cristiana fueron destruidas y se endurecen las medidas y las predicaciones contra los judíos, se destruyen sinagogas y libros sagrados. Es imposible evaluar el número de víctimas de estos pogroms, pero se sabe que debieron ascender a varios cientos hasta convencer a otros judíos de abandonar el territorio cristiano en dirección a las Galias, o bien convertirse. A partir de entonces en Castilla los judíos deberán llevar barba y distintivo rojo, mientras que en Aragón se les obliga a asistir a tres sermones al año. En ese momento la mitad de la comunidad judía aragonesa se había bautizado. En toda España, a principios del siglo XV quedaban en España 100.000 judíos sobre una población total de 5.500.000 de habitantes, en torno al 18%.
El fenómeno de las conversiones orientó el antisemitismo religioso hacia conjurar el fenómeno de los “falsos conversos” e introdujo una fractura vertical en la sociedad española entre “cristianos nuevos” y “cristianos viejos”. Una vez más, cuando estallaron las crisis económicas en la Castilla de 1449-1474, se reprodujeron las revueltas populares, pero esta vez contra los conversos. En 1449 se prohibió por primera vez que los conversos o sus descendientes pudieran ocupar cargos públicos. La versión popular afirmaba que los judíos se habían convertido, pero mantenían en secreto sus prácticas religiosas (a esta actitud se le llamó “criptojudaísmo”).
En los 250 años siguientes el criptojudaísmo se convirtió en la obsesión principal de la Inquisición española, por encima de la lucha contra otras herejías o de la caza de brujas. A partir de 1476, los Reyes Católicos empezaron a adoptar medidas de carácter antisemita. Aparte de restricciones en el vestido y de la obligación de llevar prendas especiales, los barrios judíos fueron rodeados de muros y de “juderías” pasaron a ser guetos. En 1483 los judíos fueron expulsados de Andalucía, dándoseles la posibilidad de convertirse (lo hicieron los más cultos y la mayoría de rabinos). Cuando se produjo en 1492 la expulsión general de los judíos [12]  y las restricciones al culto, el judaísmo español dejó de ser, para siempre, un fenómeno de masas.
Al establecerse la exigencia de los “estatutos de limpieza de sangre”, la discriminación pasó a los “cristianos nuevos”, que veían limitado su acceso a algunas funciones y cargos públicos. Esta es quizás la primera muestra de antisemitismo moderno que aparece en Europa dado que, esa discriminación no se realizaba ya por motivos religiosos, sino raciales. La idea teológica era que el deicidio era algo que no se podía borrar ni siquiera con el bautismo y que existía una culpabilidad permanente sobre el linaje. La única diferencia con el antisemitismo aparecido en el siglo XIX era que no se trataba de un racismo etnicista sino social: se aludía al linaje, no a la raza.
Hay que hacer otra precisión: los “estatutos de sangre” existían en Castilla, no así en los condados catalanes de la Corona de Aragón e incluso en Castilla eran pocas las instituciones que lo exigían (las órdenes religiosas y militares). Cuando se exigían, muchos eran falsos, obtenidos mediante sobornos. Fueron los jesuitas los primeros en admitir a conversos (Laínez, sucesor de Ignacio de Loyola, lo era). En el siglo XVII el Conde-Duque de Olivares eliminó prácticamente estos estatutos. En esa época, grandes intelectuales españoles como Francisco de Quevedo [13] seguían siendo antisemitas argumentando razones de todo tipo, lo que era indicativo de la persistencia de un antisemitismo basado en la religión, en la desconfianza hacia los criptojudíos y, en las Baleares de tipo socio-religioso, hacia los “chuetas” locales. Los “estatutos de sangre” fueron completamente abolidos en 1835 (salvo para oficiales del ejército), tras producirse la Revolución Liberal.
A partir de principios del siglo XVIII desaparecen las referencias al criptojudaísmo que puede considerarse liquidado por la Inquisición. Seguía existiendo, sin embargo, un “antisemititismo popular” (lo que se ha dado en llamar “antisemitismo sin judíos”) de matriz religiosa. A pesar de las dificultades económicas de la España de Carlos IV, la propuesta del ministro de hacienda, Pedro Valera, de repatriar judíos sefardíes para obtener créditos, fue rechazada y los judíos para entrar en España debían obtener el visado del Santo Oficio.
Tras la invasión napoleónica se tuvo conocimiento en España de la publicación de la obra del Abate Barruel, Memoria para servir a la historia de los jacobinos, [14] en la que se sostenía por primera vez la hipótesis de una conspiración entre la masonería y el judaísmo para derribar a la monarquía francesa. Esto y el hecho, de que, a medida que avanzaba el siglo, el enfrentamiento entre la masonería y el Vaticano se fuera aguzando, generó el que la literatura de carácter antisemita y antimasónico, terminaran por confluir y surgiera la idea de la existencia de un “complot judeo-masónico”, al que ya, tras la Revolución Rusa, se añadiría también el judaísmo, cuando habían aparecido Los Protocolos de los Sabios de Sión. [15]
En esa época también se habían difundido en España las obras de Leo Taxil, de carácter antimasónico, pero que contribuían a mantener viva la “cuestión judía”. En efecto, en la España del siglo XVIII y XIX, a raíz de la predicación en los púlpitos por parte de un clero que tendía a simplificar los problemas para su mayor comprensión popular, lo que tenía como efecto que términos que no tenían nada que ver (luterano, ateo, herejes, judíos, etc) fueran asimilados y convertidos en lo mismo. El antisemitismo seguía siendo de matriz religiosa, pero en la medida en que, buena parte del siglo XIX español estuvo ocupado por la lucha entre “absolutistas” y “liberales”, la fractura pasó a ser entre católicos ultramontanos de un lado, e indiferentistas religiosos, ateos o católicos relajados, de otro. Como era inevitable, los primeros percibieron que entre los segundos existían muchos conversos, lo que reavivó el antisemitismo. Cuando cayó el “trienio liberal”, en Palma de Mallorca se produjo un verdadero pogrom siendo asaltadas las casas de muchos chuetas al ser considerados como “autores de la constitución”. Así mismo, Juan Martín el Empecinado, ejecutado al año siguiente, fue considerado como “judío”. Por su parte, los carlistas solían llamar a modo de insulto a los isabelinos “judíos e israelitas”. Juan Álvarez Mendizábal, ministro de la “desamortización”, fue, sobre todo, criticado por descender de conversos. Se le llamó “rabino Juanón” o “rabilargo Juanón”. La prensa conservadora difundió la noticia de que la desamortización se había realizado para “saciar la codicia de los especuladores hebreos”.
Apenas aparecieron rastros de “antisemitismo popular”, vinculado a los sectores socialistas utópicos en las obras de Sixto Cámara, discípulo de Tousenel [16], pero se trató casi de una excepción, como también los escritos de Blasco Ibáñez y de Santiago Arambiliet en los que se consideraba que cristianismo y judaísmo eran casi lo mismo y, en cualquier caso, trabajaban mancomunados (habitualmente esta literatura confería a los jesuitas el carácter de instrumento de los judíos dentro de la Iglesia). A diferencia de en Francia, en España, nunca –seguramente a causa de la expulsión de los judíos e 1492- el movimiento obrero fue antisemita al considerar que la banca y la gran industria estuviera en sus manos. Al llegar el “sexenio liberal”, el general Serrano, a la petición de la comunidad sefardí de Bayona, de que fuera derogado el decreto de expulsión de 1492, contestó que “la revolución de septiembre” la había derogado. Nuevamente, al producirse la Restauración borbónica en 1875, los judíos británicos formularon la misma pregunta sin recibir respuesta (o bien la respuesta fue la Constitución de 1876 que reconocía al catolicismo como religión oficial del Estado). Cuando en 1881, Práxedes Mateo Sagasta concedió asilo a 51 familias judías rusas que huían de los pogroms, volvió a reavivarse la polémica entre “derechas” e “izquierdas”, conservadores y liberales, sobre la “cuestión judía”, convertida en un totum revolutum con la masonería. Nocedal, líder católico tradicionalista, escribió que “Judaísmo y masonería son la misma cosa” y que, por tanto, cuando León XIII renovó la condena a la masonería en Humanum genus, por eso mismo, estaba condenando de nuevo al judaísmo.


Los nacionalismos periféricos que surgieron en el último cuarto del siglo XIX en el País Vasco y en Cataluña, al ser en buena medida excrecencias de las derrotas carlistas, estuvieron en una primera época teñidas de un fuerte antisemitismo. Los escritos antisemitas son fácilmente rastreables en la obra de Sabino Arana y de los doctrinarios del nacionalismo catalán, en buena medida, procedentes del antiguo clero católico carlista. En Cataluña era frecuente que los doctrinarios nacionalistas estuvieran, además, influidos por las ideas de Charles Maurras [17] y, por tanto, existiera en algunas de sus obras, además, huellas perfectamente reconocibles de antisemitismo.
Y entonces ocurrió la crisis de 1898. Con el inicio del siglo XX y la nueva situación creada, el antisemitismo español también experimentó un cambio. Apareció el “filosefarditismo”…


[1] Véanse los artículos publicados en la Revista de Historia del Fascismo nº 17: Cuando Francia era antisemita, 1880-1906, “antisemitismo popular” (1ª parte), Ernesto Milá, págs. 160 a 200 y Revista de Historia del Fascismo nº 18: Cuando Francia era antisemita, 1880-1906, “antisemitismo popular” (1ª parte), Ernesto Milá, págs. 166 a 209.
[2] La práctica totalidad de medios de comunicación dio cuenta de fragmentos de este informe publicado oficialmente el 21 de septiembre de 2009. Véase, por ejemplo, http://www.libertaddigital.com/mundo/un-informe-denuncia-el-antisemitismo-en-alza-en-espana-1276371193/, el informe originario puede encontrarse en la web de la ADL: http://archive.adl.org/annual_report/Annual_Report_2009.pdf El informe fue entregado el 21 de septiembre de 2009 en Nueva York al entonces ministro de Asuntos Exteriores español, Miguel Ángel Moratinos, quien se comprometió con la ADL –al recibir el informe y antes de haber leído y valorado su veracidad- a “realizar sus propias investigaciones y facilitar a la ADL contactos en los ministerios de Educación y Justicia.
[3] En el informe de ADL se recogen las viñetas antisemitas aludidas tanto de El País como de El Mundo (dibujadas por Romeu y Gallego/Rey respectivamente) y se habla de “caricaturas en las que los tirabuzones (peinado típico con rizos a ambos lados de la frente que llevan los judíos jasiditas) son de alambre de espino". Se cita también algunos artículos de opinión de Antonio Gala en El Mundo.
[4] Tácito llegó a definir a los judíos como “enemigos de todo el género humano” (cita extraída de Los judíos en España, Joseph Pérez, Marcial Pons Ediciones de Historia, Madrid, 2005, pág. 2, sin indicar origen).
[5] El Concilium Eliberritanum debió celebrarse en las proximidades de la actual Granada entre el 300 y el 324 (o bien antes de la persecución de Diocleciano o bien después del Edicto de Constantino y nos inclinamos por esta última fecha). Entre sus 81 cánones se encuentra la referencia más antigua al celibato del clero y a la institución de las vírgenes consagradas, se prohibió incluso la asistencia de cristianos a las carreras de cuadrigas y al culto imperial, así como a las relaciones con paganos y judíos. Sobre este tema se autorizaba de manera extraña y contradictoria que los judíos bautizados pudieran volver a su antigua religión.
[6] Cfr. Los godos en España, E. A. Thompson, Grandes Obras de Historia nº 72, Editorial Altaya, págs. 186 a 193
[7] Idem, págs. 207-214
[8] Idem, págs. 228-240.
[9] Idem, págs. 281-282
[10] Cfr. Los judíos en España, op. cit., págs. 49-50
[11] De todos estos episodios, sin duda, el más conocido es el caso de Santo Domingo del Val, monaguillo de la Seo zaragozana, asesinado el 31 de agosto de 1250 y elevado a los altares. El cadáver fue encontrado por unos barqueros al percibir fuegos fatuos a orillas del Ebro. El obispo envió a Roma un escrito acusando a los judíos y atribuyendo el crimen a un tal Albayuceto, afirmando que lo habían crucificado a una pared, abierto el costado, decapitado, amputándole manos y pies. Detenido un grupo de judíos, confesaron el crimen y fueron ejecutados. Las reliquias del niño fueron veneradas en la seo. Existen relatos similares en toda Europa que fueron aumentando con el paso de los siglos: 6 en el siglo XII, 15 en el XIII, 10 en el XIV, 16 en el XV, 13 en el XVI, 8 en el XVII, 15 en el XVIII y 39 en el XIX (http://es.wikipedia.org/wiki/Dominguito_de_Val). En el siglo XX quedó demostrado que solamente existen actas en la Seo del encuentro del cadáver de un niño mutilado, lo que fue suficiente para que en 1969, la Iglesia suprimiera su culto.
[12] Se ignora a ciencia cierta cuál fue el número de judíos expulsados y las cifras todavía están sometidas a controversia. La obra de Joseph Pérez los sitúa en torno a los 50.000, la mayoría de los cuales cruzaron el estrecho en dirección a Marruecos. Otras fuentes los sitúan entre 70 y 100.000 de los que el 70% procederían de Castilla. De todas formas, se suele olvidar que muchos de los expulsados retornaron en años siguientes a la vista de que el antisemitismo en el Norte de África no era menor.
[13] Cfr. Execración de los judíos, Francisco de Quevedo, Editorial Linkgua, Barcelona 2007. Así mismo en La isla de los monopantos (cfr. Texto completo en http://es.scribd.com/doc/32466351/La-Isla-de-los-Monopantos)  Quevedo denuncia un contubernio entre los judíos y la camarilla del Conde-Duque de Olivares (“Pragas Chincollos”).
[14] Cfr. Abate Barruel: el padre de todas las conspiraciones, Ernesto Milá, en Revista de Historia del Fascismo, nº 4, marzo 2011, págs. 20-41 y en lo relativo a la presencia de su obra en España págs. 38-40.
[15] Cfr. Un siglo de los Protocolos de los Sabios de Sión, un clásico del antisemitismo, Ernesto Milá, en Revista de Historia del Fascismo, nº 6, mayo 2011, págs. 4-53
[16] Cfr. La droite Revolutionnaire, Zeev Sternhell, Éditions du Seuil, París, 1978, págs. 183-197.
[17] Cfr. Renovación Española y Acción Española: la “derecha fascista” (I parte) ¿Fascistas o fascistizados?, Ernesto Milá, en Revista de Historia del Fascismo, nº 2, págs. 89 a 113, especialmente págs. 100 y sigs.


   
 
  

   



martes, 4 de febrero de 2020

PARA ENTENDER LA CUESTIÓN KURDA (3 de 3) -> DEL JEQUE BARZANI AL JEQUE PUIGDEMONT


Concluimos con esta tercera entrega, la serie de artículos sobre la "cuestión kurda", centrándonos en dos hechos: el referéndum por la independencia convocado en el Kurdistán iraquí... una semana antes que el referéndum convocado por Carles Puigdemont en Cataluña, y el giro en la política exterior turca certificado con la inauguración por Putin y Erdogan del "Turk-Stream", el gaseoducto que llevará el gas ruso hasta Europa, a través del Mar Negro, Turquía Grecia y Serbia, evitando Ucrania. El "Gran Kurdistán", en este contexto, es hoy una utopia del pasado... 

> CUANDO EL JEQUE BARZANI IMITÓ AL
   JEQUE PUIGDEMONT

En 2017, el Kurdistán iraquí era, gracias como hemos visto, a los norteamericanos, la única zona próspera del país. Existía una administración autónoma que actuaba, prácticamente, como un Estado independiente en el que el gobierno de Bagdad no tenía ninguna influencia, ni siquiera podía influir mínimamente. Mientras en todo Iraq la corrupción era endémica (llegó a ocupar el segundo lugar en la lista de “países más corruptos”), en el Kurdistán era algo menor. Mientras en Bagdad no ha existido desde 2003 un gobierno digno de tal nombre, en el norte kurdo, existía más seguridad, autoridad y orden. Las antiguas bases norteamericanas utilizadas durante la invasión norteamericana se habían convertido en aeropuertos internacionales, afluía el dinero, se construía, se comerciaba, se explotaban los pozos de petróleo ocupados y administrados por los kurdos iraquíes y la prosperidad que se vivía era un espejo y un objetivo a alcanzar por el resto de kurdos de otros países.

En ese momento (2017), incluso el PKK de Öcalam, ya había renunciado a la creación de un “Gran Kurdistán” como Nación-Estado, la República de Mahabad en Irán era un recuerdo, en Siria, los kurdos nunca habían hablado de Estado propio. Con más o menos matices, todos ellos estaban a favor de una “autonomía” y solían poner como ejemplo el régimen español y el alemán. Quizás por esto, el jeque Barzani, jefe de la tribu kurdo-iraquí más poderosa y líder de los kurdos de aquel país desde su puesto de responsable de la administración autónoma, se interesó por lo que estaba ocurriendo en Cataluña: los independentistas habían desafiado al Estado. Vio las fotos de sus manifestaciones de masas, examinó su trayectoria en los últimos 40 años y llegó a la conclusión de que todo nacionalismo, termina con la independencia nacional o queda como proyecto frustrado. Es innegable que, además de la coincidencia en el tiempo, Barzani intentó imitar el “procés” que había iniciado Artur Mas y que en esos momentos tenía al frente a Carles Puigdemont.

Por otra parte, también en aquellos años, existía un debate abierto sobre el futuro de Irak como Estado. Muchos analistas negaban que pudiera consolidarse de nuevo: antes lo había hecho gracias a la existencia del Baas y a un poder fuerte que gobernaba con mano de hierro el país; desaparecido este y sumido en el caos a causa de la intervención norteamericana, lo que quedaban eran tres zonas completamente diferentes: kurdos al norte, sunnitas en el centro y chiitas al sur, todo ello sobre un volcán de intereses económicos y estructuras tribales.

Ante esta situación, Barzani pensó que había llegado la ocasión de llegar a la independencia: faltaba el episodio puramente formal de un referéndum que la sancionara. Y lo convocó para el 25 de septiembre de 2017 (el frustrado convocado por Puigdemont tendría lugar el apenas una semana después…). El resultado, de hecho, era lo de menos: nadie dudaba de que los que acudieran a las urnas votarían a favor: lo hizo el 92,73%, mientras que un 7,27% lo hizo en contra. Votaron algo más de 3.000.000 de kurdos, sobre un total de 5.00.000.


El referéndum solamente había contado con el apoyo de Israel (y, claro está, de Carles Puigdemont, que se mostró entusiasmado). El resto de países de la comunidad internacional y, por supuesto, el gobierno iraquí, o no se pronunciaron, o lo condenaron, o lo desaconsejaron, incluidos los EEUU, el gran apoyo con el que han contado los kurdos iraquíes. El parlamento lo declaró ilegal, Turquía, Siria e Irán se opusieron, la ONU hizo otro tanto.

Las reservas petroleras de Kirkuk, evaluadas a la baja en 45.000 millones de barriles petróleo, constituían el verdadero botín y el soporte para el deseo de independencia kurda. Barzani creía que un país con tales reservas aseguraba su viabilidad económica, olvidaba que, aunque la corrupción eran menor que en Iraq, seguía existiendo en la zona kurda, el país tenia deudas que desequilibraban su balanza de pagos y, para colmo, la economía era completamente dependiente de los precios del petróleo. Éste, además, para exportarse a Occidente, debía atravesar el oleoducto que pasa por Turquía, país que se había opuesto con más energía que cualquier otro a la independencia querida por Barzani y que, en cualquier momento, podía cerrarse y asfixiar económicamente al país.

Tras los resultados, Barzani proclamó la independencia, a lo que siguió la intervención militar iraquí y el regreso al punto de partida: dimisión de Barzani, pérdida del pulmón petrolero de Kirkuk que volvió a ser controlado por Irak y fracaso del proyecto independentista. Barzani, por lo demás, tenía todos los rasgos para liderar una catástrofe de este estilo: su historia personal estaba llena de iniciativas aventureras, giros copernicanos en su política y oportunismo que le llevo a aliarse con Saddam Hussein en los años 90, cuando se vio en apuros por la guerra civil entre fracciones kurdas, alineamiento luego con los EEUU e, incluso, un breve período como presidente de Irak en 2004.

Así terminaba otra aventura independentista, posible solamente cuando el nacionalismo se sitúa delante de cualquier otra consideración

> TURQUÍA Y RUSIA, SANTA ALIANZA
   CONTRA LOS KURDOS SIRIOS

El caso kurdo muestra hasta qué punto los nacionalistas son capaces hipotecar su propia nación, vender y traicionar a otras fracciones de su propio ambiente político, para sacar adelante su proyecto. A pesar de que los medios de comunicación occidentales han seguido las instrucciones de los laboratorios de operaciones psicológicas de los EEUU y mostrado el aspecto más “agradable” de los kurdos (su lucha contra los fundamentalistas islámicos del DAESH), lo cierto es que, sus dirigentes, desde Öcalam a Barzani, han demostrado ser políticos con pocos escrúpulos, capaces de desencadenar conflictos que, sobre todo, han costado sangre y sufrimientos a sus pueblos y que, tras fracasar, han adoptado, sin el menor rubor, posiciones diametralmente opuestas.

La actual situación del Kurdistán es el reflejo, así mismo, de lo nefasto de las intervenciones militares norteamericanas en la zona y de cómo éstas han ido variando de rumbo con el paso del tiempo, demostrando la ausencia de una verdadera política exterior de la Administración norteamericana en la zona: de la ambición demostrada por el president H.W.Bush por mostrar la potencia de los EEUU al final de la Guerra Fría y presentar a los EEUU como “única potencia mundial” durante la Segunda Guerra del Golfo (Kuwait), a la ambición de Bill Clinton por estar presente constantemente en la zona para garantizar la “seguridad de Israel y el suministro de petróleo”, al intervencionismo colonial de George W. Bush motivado, por encima de todo, para aumentar los ingresos de las corporaciones y los contratistas militares, hasta la “estrategia del caos” de Obama, todas estas variaciones han demostrado ausencia de una política lineal en la zona y un empobrecimiento progresivo de los objetivos norteamericanos.


Finalmente, con la llegada de Donald Trump a la presidencia, no quedaba nada más que reconocer los hechos y el fracaso de las políticas anteriores. Y lo hizo, como buen empresario que está dispuesto a liquidar un negocio al demostrarse inviabilidad.

En el otoño de 2019, los EEUU retiraron a los asesores militares que apoyaban a las guerrillas kurdas en Siria. Pero, el vacío no existe en política exterior: siempre es rellenado por alguien. Desde el momento en el que se conocieron los planes de la candidatura de Trump a la presidencia y sus posibilidades de victoria, era evidente que el nuevo presidente se desharía de los problemas más molestos y menos comprensibles para la opinión pública y se replegaría en política interior. A Erdogan no se le escapó esta posibilidad y decidió, a partir de 2015, variar su política exterior ligeramente para prepararse a la nueva situación que podía darse a la vuelta de unos años.

Erdogan era consciente de que, mientras que los EEUU seguirían teniendo una política oscilante en Oriente Medio a causa de su alejamiento, su desconocimiento de la zona y los cambios de administración sucesivos, Rusia estaba más próxima, conocía mejor los problemas de Oriente Medio y Asia Central y, sobre todo, era más lineal y constante en sus políticas y en su administración. Lo que, unido a la decepción que suponía los desaires de la UE a la candidatura turca y el hecho de que muchos opositores a Erdogan se refugiaran en los EEUU (empezando por Fetullah Gulen, considerado como “golpista”), generó un corrimiento progresivo en las posiciones turcas y una mejora en las relaciones con Rusia. Este acercamiento era todavía más doloroso para los países “occidentales”, en la medida en que Turquía es miembro de la OTAN y, al menos, en teoría debería garantizar la integridad de su flanco sud oriental…

Pero las iniciativas adoptadas a partir de 2015 por Erdogan indican que su cambio de política no es una mera táctica, sino que indica una nueva estrategia y la definición de unos intereses completamente distintos a los que mantuvo el país entre 2000 y 2010.

Por una parte, el 1 de diciembre de 2014, Putin, durante un viaje a Turquía firmó con Erdogan el proyecto de construcción de un gaseoducto -el Turk-Stream-  que partiría de Anapa, en las orillas del Mar Negro, cruzaría el Mar Negro hasta la Tracia turco-europea, penetraría en Grecia y luego enlazaría distribuiría el gas ruso a través de Bulgaria y Serbia hacia Europa. El gaseoducto, una obra de ingeniería monumental, respondía, al igual que el proyecto del Nord-Stream (tránsito del gas ruso hacia Alemania a través del Báltico), a la estrategia rusa de evitar que el gas ruso llegara a Europa Occidental a través de Ucrania, restarla a este país miles de millones de euros en “derecho de paso” e ir mejorando las relaciones con los países del “flanco sur” de la OTAN: Putin, no solamente pactó el gaseoducto con Turquía, sino también con Grecia (visita de Tsipras a San Peterburgo en 2015).


A partir de las buenas relaciones económicas con Turquía, era natural que se pasara a las relaciones políticas. Turquía estaba dispuesta: veía en la retirada norteamericana de Siria una puerta abierta para que las guerrillas kurdas, ahora que habían vencido al DAESH instalaran “santuarios” para atacar a Turquía. Paradójicamente, esta nueva etapa quedó certificada con el derribo de un Sukhoi S-24 de la Fuerza Aérea rusa el 24 de noviembre de 2015 (era la primera vez en 50 años que un avión ruso era derribado por fuerzas de la OTAN). Cuando el mundo preveía que el incidente generaría un enfrentamiento entre la OTAN y Rusia, este país tendió la mano amigablemente a Turquía (después de unas primeras declaraciones beligerantes) y, a partir de ahí las posiciones se fueron acercando, hasta llegar a la compra de mísiles, alcanzando su máxima sintonía el 8 de enero de 2020 con la inauguración por ambos mandatarios del Turk-Stream. El avión derribado, por cierto, operaba desde la base de Latakia en territorio sirio.

Además de los resentimientos, las frustraciones y las desconfianzas que puede albergar Erdogan hacia Occidente, el elemento desencadenante de su giro en política exterior, ha sido la “cuestión kurda” generada por la guerra civil de Siria. A Turquía le consta particularmente, lo artificial de aquel conflicto (en el que estuvo encargado en una primera fase de apoyar a las milicias sunnitas en su rebelión con al-Asad que luego se integraron en el DAESH). La magnitud de la guerra civil y el hecho de que el DAESH se aproximara momentáneamente a las fronteras turcas, y que las fuerzas kurdas, entrenadas por Israel y por los EEUU, se mostraran particularmente efectivas, atemorizó a Erdogan y coadyuvó a acelerar el giro en su política exterior.


A diferencia de Israel que, en estos momentos, se va más aislada en la zona y que ha sido el gran perdedor del conflicto sirio, la única potencia que ha apoyado las iniciativas kurdas y que siempre se ha alineado a su favor (en tanto que los kurdos tendían a debilitar a los adversarios de Israel y a Turquía), Turquía ha sabido encontrar razones suficientes para un cambio de política exterior, previendo el aislacionismo de los EEUU y la recuperación de influencia rusa en la zona.

En estas circunstancias, el sueño del “Gran Kurdistán” es una utopía nacionalista irrealizable y en la que ya nadie piensa.


lunes, 3 de febrero de 2020

PARA ENTENDER LA CUESTIÓN KURDA (2 de 3) - > CUATRO KURDISTANES PARA UN PROBLEMA


Uno de los problemas que impiden que el Kurdistán se coagule como Nación Estado es su dispersión geográfica y el hecho de que, ninguna de las cuatro zonas que ocupan los kurdos tenga salida al mar, ni siquiera a mares interiores como el Caspio o el Negro. A esto hay que añadir que los cuatro gobiernos de países que albergan a comunidades kurdas, han seguido con ellas políticas de asimilación, lo que, unido a la dispersión geográfica, ha fraccionado todavía más a los kurdos y ha hecho que, incluso, lingüísticamente, no exista homogeneidad entre ellos.

Esto ha provocado, finalmente, el que cada una de estas comunidades percibe de manera diferente la solución a sus problemas.

Desde el punto de vista práctica, podemos decir que, en la actualidad no existe “uno”, sino “cuatro” kurdistanes y que, en su conjunto, las aspiraciones y posibilidades de cada uno de ellos son diferentes -y lo que es peor- cambiantes, yendo a remolque de los acontecimientos y no siendo nunca dueño de ellos: la situación de los kurdos sirios ha cambiado en cada una de las fases de la guerra civil, la de los kurdos iraquíes varió extraordinariamente antes y después de la guerra de Kuwait y volvió a hacerlo tras las operaciones coloniales norteamericanas en 2003. En cuanto a los kurdos residentes en Turquía –llamados por el gobierno “turcos del Este” o “turcos de las montañas”, pero, en absoluto kurdos– son hostilizados por el gobierno de ese país, pero, no olvidemos que existen grupos de turcos que colaboran con las autoridades en la lucha contra la guerrilla del Partido de los Trabajadores del Kurdistán y, contrariamente, a lo que se tiene tendencia a pensar (y lo que proclaman las autoridades turcas) éste partido no es “independentista”, sino “autonomista” (por lo menos desde los años 90).

El drama de los kurdos, mucho más que carecer de un Estado propio, es estar políticamente divididos y fraccionados en capillas que tienen mucho que ver con su organización tribal. Esto complica aún más la situación.

1. EL KURDISTAN IRAQUÍ

Sobre los kurdos de Iraq, comunidad que hasta hace poco era la referencia y el espejo de la situación ideal para el resto de comunidades kurdas, ya nos extenderemos más adelante. Baste decir ahora que fueron un grupo étnico privilegiado cuya prosperidad deriva de la situación que siguió a la Segunda Guerra del Golfo (o Guerra de Kuwait). A partir de ese momento, los kurdos iraquíes se configuraron como el principal apoyo a las operaciones norteamericanas. Cuando empezaron los bombardeos norteamericanos y el movimiento de tropas en el Sur de Irak, en el norte, los kurdos iniciaron también la fase insurreccional.

Cuando el “frente sur” se detuvo, las fuerzas de Saddam Hussein tomaron la revancha con los kurdos. Se habló de bombardeos con “armas químicas” y de “genocidio” en el conjunto de acciones conocidas como “Operación al-Anfal” que causaron un número indeterminado de muertes que oscila entre 50.000 y 182.000. Entonces, la responsabilidad de la masacre se atribuyó directamente a Saddam Hussein que debió responder a estos cargos. La cuestión se complico porque el entones presidente de Irak, Yalal Talibani (de origen kurdo y verdadero títere de los EEUU) declaró que Saddam había “confesado”… sin embargo, sus abogados negaron tal confesión e, incluso el 8 de enero de 2007, en la segunda fase del juicio contra Saddam, los cargos fueron retirados, recayendo toda la responsabilidad sobre Ali Hassan al-Mayid (primo de Saddam y Secretario General del BAAS) quien estuvo directamente al mando de la campaña. Estas operaciones fueron dirigidas contra la Unión Patriótica del Kurdistán (UPK) y en menor medida contra el Partido Democrática del Kurdistan (PDK). Este último controlada algunas zonas del noroeste del Kurdistán iraquí, mientras la UPK (dirigido por Talabani, el que luego sería títere de los EEUU) era considerado como “enemigo principal”. Se daba la circunstancia de que la UPK es miembro de la Internacional Socialista y evolucionó (al igual que el Partido de los Trabajadores Kurdos, en la zona turca) desde la extrema-izquierda marxista e independentista, al autonomismo. La UPK era, en aquel momento, fuerte en la zona sur del Kurdistán iraquí.


Tras la Segunda Guerra del Golfo, los norteamericanos impusieron una zona de restricción aérea que impedía a los aviones iraquíes volar sobre el norte de su país, es decir, sobre el Kurdistán. Las dos fracciones kurdas (PDK y UPK) llegaron a un acuerdo para gobernar la zona en aquel período, pero en 1994 estalló una guerra civil entre las dos fracciones que se prolongó por espacio de tres años y que solamente se apaciguó con la intervención de los EEUU.

Al producirse la invasión norteamericana de 2003, los kurdos iraquíes fueron contratados como tropa auxiliar, ayudando a los norteamericanos a avanzar. En esa ocasión, los “pershmergas” kurdos recibieron armas, municiones y, lo más importante, los norteamericanos construyeron en su territorio bases provisionales para sus transportes aéreos pesados que, luego, estarían en la base de la prosperidad de la zona: en efecto, estas bases se convirtieron en aeropuertos internacionales. Desde la invasión norteamericana, la UPK y el PDK formaron un gobierno conjunto para administrar la zona que gozó de una amplísima autonomía, lindante con la independencia real. Entre eso, los pocos de petróleo de la zona de Kirkuk (zona plurilingüe y pluriétnica, poblada por turcomanos, asirios y árabes, así como por kurdos, cuya presencia ascendió desde 2017, cuando los pershmergas se batieron contra el DAESH y lo forzaron a retirarse de la zona ante la huida del ejército iraquí). Kirkuk es una verdadera zona estratégica a causa del petróleo y del oleoducto que le une con Ceyhan en el Mediterráneo turco.

2. EL KURDISTÁN SIRIO

En cuanto a los kurdos sirios, la situación tiene similitudes y diferencias respecto a sus homólogos iraquíes. También los kurdos sirios fueron contratados como infantería de choque, primero contra el régimen sirio de al-Asad y luego contra el DAESH. Al producirse las “primaveras árabes”, los kurdos sirios se incorporaron tardíamente a la insurrección contra el gobierno de Damasco, a pesar de que el régimen baasista no había demostrado beligerancia contra ellos (los incidentes que se produjeron en 2004 fueron de importancia menor, casi anecdótica). En poco tiempo, los kurdos se integraron en las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), apoyadas por los EEUU y en 2015 lanzaron su programa de “gobierno secular, democrático y federal”, instalándose un autogobierno en Rojava (ciudad kurda del norte de Siria, próxima a la frontera turca).

Pronto se demostró que los principales enemigos de los kurdos, no era el gobierno de al-Asad, sino los salafistas y fundamentalistas islámicos agrupados en el ISIS. Las FDS, en realidad, eran una coalición heteróclita de armarios, árabes no salafistas, turcomanos, cristianos, circasianos, siendo los kurdos, por tradición el grupo más aguerrido. Desde mediados de 2012, el Consejo Nacional Kurdo (que agrupaba a las diferentes facciones kurdas de Siria y el Partido de Unidad Democrática (PYD), fundado en 2003 y que había organizado a los pershmergas en Unidades de Protección Popular y Unidades Femeninas de Protección. Siendo el partido mayoritario de la etnia kurda en Siria, no están por la independencia, sino por la autonomía. Su fuerza ha derivado hasta hace poco en que contaban con el apoyo director norteamericano, pero su suerte ha variado desde el momento en que Turquía ha temido que el gobierno virtualmente independiente de Rojaba terminara creando sintonía y afinidad con los kurdos residentes en ese país, o bien que, el territorio kurdo-sirio fuera el “santuario” para operaciones del PKK en Turquía.

Hay que recordar que, en los primeros momentos del conflicto sirio, Turquía apoyo al PYD, cuyo líder pudo moverse libremente por el país. Sin embargo, cuando en 2016, los turcos se negaron a ayudar a los kurdos sirios contra el DAESH, se produjo un enfriamiento de relaciones. Erdogán acusó al PYD de ser una “rama del PKK” y, por tanto, una organización “terrorista”. Ese mismo año, Erdogán declaró la liquidación del PYD como uno de los objetivos del gobierno. Tras la liquidación del DAESH de territorio, los kurdos de Siria, se muestran alejados de cualquier veleidad independentista: la “república de Rojaba” es, en realidad, algo parecido a cualquiera de las autonomías españolas, eso sí, con una orientación más izquierdista y con pretensiones de “democracia directa” que, difícilmente pueden encajar en la constitución siria. Y sí es cierto que, el vínculo que une a los kurdos turcos con los kurdos sirios es mucho más estrecho que el que une a estos con otras comunidades kurdas.


3. EL KURDISTAN TURCO

La situación es igualmente compleja en lo relativo a los kurdos de Turquía. Buena parte de la confusión y de la responsabilidad de lo ocurrido en el Kurdistán deriva de la fundación y de las actividades del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), fundado en 1978 por Abdullah Öcalan. Öcalan negaba en 1972 que Turquía fue una “nación”, creía ver que dentro del mismo Estado existía una “nación turca” y una “nación kurda”. Era uno grupo de ideología ultraizquierda, uno de tantos partidos “marxistas-leninistas” que proliferaron en la época, especialmente en medios juveniles y estudiantiles. El antifascismo era uno de sus puntales: todo lo que era turco era considerado como “fascista”. 

En 1977, tendría lugar la primera Asamblea General del partido que declaró la independencia del Kurdistán como un objetivo ineludible. Tras siete años creando bases sociales y núcleos de apoyo, después de integrar a otras fracciones kurdas, el 15 de agosto de 1984, el PKK inició la “lucha armada” que, hasta 2015 habría causado 9.000 bajas entre el ejército turco y 31.000 entre las milicias del PKK. Sin embargo, Öcalan fue detenido por los servicios de inteligencia turcos en 1999, después de que Hafed al-Asad, padre del actual presidente Sirio, hubiera negociado con Turquía la expulsión del kurdo en 1998. Öcalan resultó localizado en Kenia, detenido y extraditado a Turquía, condenado a muerte y luego a cadena perpetua en la isla de Imrali en el mar de Mármara.

En la prisión, Öcalan revisó la línea del partido y continuó la evolución en la que había entrado desde la caída de la URSS, cuando el marxismo-leninismo entró en el descrédito. Ya en los años 90, el ideal de crear un Estado Kurdo independiente fue rechazado en favor de una simple “autonomía” (tan de moda y ejemplo en el mundo oriental, precisamente, gracias a las experiencias españolas). Junto a esto, el ideal marxista-leninista fue olvidándose, en beneficio de una forma de “nueva izquierda”, ecologista, confederativa y libertaria. Esta nueva orientación quedó patente a partir de 2005, pero no está claro que haya sido asumido -al menos completamente- por el PKK (que sigue siendo considerado como grupo terrorista por el gobierno turco) sino más bien por la llamada “Confederación de los Pueblos del Kurdistán” (KCK) que propone las autonomías de todos las comunidades kurdas en sus respectivas naciones, pero sin tocar la estructura de sus Estados, ni romper las naciones existentes, ni crear otra nueva (lo que, según Öcalan, contribuiría a aumentar más la balcanización de Asia Central).

En 1994, Öcalan y el PKK decretaron una “tregua” por cinco años que se prolongó hasta 2004, pero ese mismo año entró en escena un nuevo grupo, los Halcones de la Libertad del Kurdistán (TAK), que prosiguió la cadena de atentados, surgido de una escisión del PKK. En 2004, se registraron ataques terroristas en Estambul y otras ciudades el Sur y Este de Turquía, causando varios muertos y una veintena de heridos de gravedad. Los ataques prosiguieron en los años siguientes contra instalaciones del Partido de la Justicia y el Desarrolla y zonas turísticas de Mármara y Antalya. En junio de 2010 reivindicó otros atentados en Estambul contra militares, incluido un ataque suicida. El PKK condenó estas acciones y las que seguirían, especialmente el del 11 de diciembre de 2016 que causó la muerte de 38 personas en Estambul.


El gobierno turco, temía que los atentados del TAK perjudicaran al turismo, una de sus principales fuentes de divisas, lo que unido a la posibilidad de que se consolidase la autonomía de Rojaba en la zona sirio-kurda que pudiera ser utilizado como “santuario” por el PKK o por el TAK, o incluso que las Unidades de Protección kurdas de Siria, se decidieran a actuar en favor de sus hermanos turco-kurdos, suponía multiplicar un problema de orden público y seguridad interior.

En la actualidad, Turquía, significativamente, tiene a su 2º y 5º ejércitos desplegados en las inmediaciones de la frontera con Grecia y al 4º cubriendo el Kurdistán, además de 40.000 hombres protegiendo a la República del Norte de Chipre. Militares norteamericanos asesoraron y entrenaron a los pershmergas sirio en su lucha contra el gobierno de Damasco. Esto, y el apoyo que, igualmente, recibieron de los EEUU en 1989-90 y, nuevamente, en 2003, cuando las intervenciones coloniales en la zona, ha convertido a los kurdos en los principales aliados de los EEUU y de Israel hasta el punto de que éste país fue el único entre la comunidad de naciones que apoyó el referéndum convocado -como veremos- por el jeque Barzani, líder de los kurdos iraquíes.

En el otoño de 2019, después de que los EEUU anunciara la decisión del presidente Trump de retirar los asesores militares destacados en el norte de Siria, Turquía entendió que, a partir de ese momento, los pershmergas actuarían a su libre albedrío y los 2.000.000 de kurdos residentes en los 50.000 km2 por los que se extendía la autonomía de Rojaba, podían transformarse en “santuario” para las fracciones más violentas del independentismo kurdo en Turquia. La decisión de Trump era una simple consecuencia de su política aislacionista y de ruptura con la estrategia del caos de Obama. El presidente no veía cómo los EEUU podían adoptar una estrategia viable en la zona a largo plazo y optó por la retirada que comunicó por teléfono a Erdogán.

Un aspecto importante de esta retirada fue el destino de los 11.000 presos del ISIS capturados y encerrados en el Kurdistán Sirio. Los norteamericanos y los turcos temían que pudieran escapar o que fueran utilizados como chantaje por los autonomistas kurdos de Rojaba. Es probable que, fuera de las declaraciones públicas, Erdogan llegara a un acuerdo con Trump de que intervendría directamente en la zona… algo que ya había decidido con anterioridad, estableciendo el pacto con Putin que preveía intervenciones fugaces contra kurdos, en cuanto Turquía se sintiera amenazada, con la contrapartida de que, tras concluir cada operación, el ejército turco se retiraría y cesaría el apoyo a los rebeldes sirios.

Otro de los motivos por los que los EEUU abandonaron a los kurdos sirios (y por los que Erdogan temía sus reacciones) era porque, mayoritariamente estaban ubicados a la izquierda (a diferencia de los kurdos iraquíes, situados a la derecha). El objetivo turco no es otro que el de crear una “zona de seguridad” entre la frontera turca y las milicias sirio-kurdas (unos 70.000 milicianos en armas)

Los únicos problemas que podía generar la intervención turca en Siria eran ante la Unión Europea: pero, a estas alturas, Turquía ya se ha desengañado completamente de poder acceder a la UE y, por lo demás, la debilidad política de Europa la inhabilita completamente para jugar algún papel en la política exterior de la zona.

Vale la pena añadir que, al igual que en Irak, los kurdos turcos están multidivididos interiormente: por una parte, entre separatistas (TAK) y autonomistas (PKK), por otra entre pro-turcos y anti-turcos: los primeros disponen de una milicia de armada por el gobierno de Ankara destinada a ejercer el control sobre las poblaciones turco-kurdas. A pesar de que Turquía es un país cuyos estándares políticos son incomparables con los patrones europeos, lo cierto es que, en la actualidad, existe prensa kurda en Turquía, sometida a las mismas restricciones y riesgos que el resto de la prensa del país. La población turco-kurda, por lo demás, es sunnita, pero practica una forma de islamismo moderado que la hace insensible a las penetraciones del radicalismo sunnita.


4. EL KURDISTÁN IRANI

La situación de los kurdos de Irán es hoy bastante más tranquila. Tras la experiencia de la República de Mahabad en la postguerra, un grupos de kurdos iraníes fundó en 1967 un partido marxista, Komalah, defensor de la autodeterminación. Inicialmente, al producirse la caída del Sha, los kurdos (que no habían olvidado que los Pahlavi destruyeron la república de Mahabad), apoyaron al régimen de los ayatolahs, pero pronto aparecieron disputas con los chiitas y se decidieron por la insurrección. En el mes de agosto de 1979, Jomeini declaró la “guerra santa contra los kurdos independentistas”. Allí concluyó -con varios miles de muertos- el breve proyecto independentista de los kurdos iraníes. El Komala reapareció luego, como miembro observador en la Internacional Socialista, mientras que su competidor, el Partido Democrática del Kurdistán Iraní (PDKI) tiene el rango de “miembro consultivo” en la misma organización.

Este PDKI, dirigido por Qazi Muhammad, había sido el promotor de la República de Mahabah, hasta que se retiraron los soviéticos y las tropas iraníes entraron en la zona a finales de 1946. Desde entonces, el PDKI se opuso al Sha Reza Pahlavi y estuvo a punto de unirse con el Partido Democrático del Kurdistán Iraquí (KDP), pero antes de firmar el acuerdo fue completamente desmantelado por la SAVAK. Los avatares de la política iraní, hicieron que, en los años 60, el Sha pasara a apoyar a los kurdos iraquíes, para debilitar al régimen baasista de ese país. La única exigencia del Sha fue que el KDP rompiera con el PDKI. Ante la nueva situación, este partido se reorganizó integrando a comunistas y nacionalistas en una especie de frente similar al Frente Patriótico Vietnamita que luchó en Vietnam del Sur contra los norteamericanos. Así reforzado, el PDKI, inició una sublevación independentista en marzo de 1967 que pronto fue asfixiada. A partir de ese momento, el derrocamiento de la monarquía de los Pahlavi se convirtió en el objetivo prioritario. Los iraquíes proporcionaron armas y medios al PDKI, para crear problemas en la retaguardia, especialmente desde el momento en el que empezó el conflicto con Irak (la Primera Guerra del Golfo).

Pero los golpes propinados por los iraníes volvieron a desintegrar al PDKI y a sus pershmergas y no sería sino hasta 2015 cuando se produjo el asesinato de una camarera de origen kurdo cuando iba a ser violada por un funcionario de la Guardia Revolucionaria iraní. Los manifestantes incendiaron el hotel donde se produjeron los hechos y los disturbios se prolongaron durante varios días, produciéndose numerosos heridos y seis muertos. En esas circunstancias, el PDKI anunció su retorno a la lucha armada. Sin embargo, esta proclama parece haber tenido como único efecto, la aproximación entre Turquía e Irán para combatir el “separatismo kurdo”.

El 4 de octubre de 2017, los presidentes de ambos países se reunieron en Teherán, aprovechando el referéndum convocado por los kurdos iraquíes para configurarse como Estado independiente. Tan importante como la reunión entre Erdogan y Hasan Rohaní, fue la reunión del jefe del Estado Mayor turco, general Hulusi Akar con las máximas autoridades militares iraníes: era el signo inequívoco de que, al menos en esta cuestión, Irán y Turquía manchaban con el mismo objetivo: impedir la creación de un Estado kurdo en el norte de Irak…