lunes, 5 de noviembre de 2018

365 QUEJÍOS (188) – LA TEORÍA DEL “BIEN MENOR” (IV de IV)


Llegamos a la última etapa de esta pequeña reflexión en la que descendemos del terreno de las ideas y los diálogos interiores a observar la realidad política operante y a plantear la pregunta más realidad: ¿a quién entregar el voto? ¿a quién considerar como el “bien menor”? Sin ánimo de ser exhaustivos, vamos a considerar únicamente dos opciones: Vox y Respeto. Excluiremos otras posibilidades por distintos motivos: por demasiado recientes o por pertenecer a opciones testimonialistas que proceden de otras épocas y que arrastran lastres históricos (cualquier estudiante de márquetin sabe que es más fácil crear una “nueva marca” que recuperar el prestigio de una “marca caída”). Por eso optamos por centrarnos en las dos únicas “ofertas” que en estos momentos podrían considerarse como “realmente existentes”. Pero vale la pena apuntar unos matices sobre cada una de ellas.

14. VOX EN ESCENA

Desde el final del verano, Vox se ha convertido en la estrella ascendente de la política española. Vale la pena recordar lo que fue Vox en sus orígenes y en lo que se ha convertido a partir de septiembre de 2018. El “primer Vox” no dejaba de ser una escisión del PP, cristalizada por distintos motivos: para unos se trataba de romper el “indiferentismo” del que hacía gala Rajoy en las cuestiones claves, su apatía y su tendencia a aplazar la resolución de los problemas; para otros, Vox aparecía para “recuperar las esencias” del PP, incluso de la antigua Alianza Popular. Los había que tenían la intención de salir del PP, mejorar sus posiciones para tratar de volver al PP en mejores condiciones tal como ya intentaran los medios del PADE hace un cuarto de siglo. También estaban los oportunistas, los resentidos y los marginados del reparto del poder, los que se habían enfrentado a la dirección del PP y sabían que ya nunca más podrían figurar en la dirección o acceder a las palancas de mando del partido.

El saldo de ese primer Vox resulta un fracaso: logran un centenar de concejales, pero ningún peso político, ni en las elecciones regionales, ni en las europeas, ni en las generales. Y entonces se llega a lo que podríamos llamar una “situación de tránsito”. Es el período que va entre 2015 y 2016, cuando el partido se presenta en las elecciones obteniendo 58.114 votos (en 2010, Plataforma per Catalunya había obtenido su mejor resultado con 82.321 votos sólo en esa región). En ese período, Vox es un partido “de derechas”, mejor dicho, situado “a la derecha de la derecha”, sin poder ser considerado como un partido de “extrema-derecha” que interesaba solamente a unos pocos votantes decepcionados con el PP y a todavía menos votantes de extrema-derecha (procedentes del carlismo, supervivientes de Fuerza Nueva y antiabortistas de Familia y Vida). El resultado fue, pues, pobre.

Lo que ha propulsado a este partido a aparecer en las encuestas del CIS por primera vez en noviembre de 2017, ha sido la judicialización que ha emprendido en la “cuestión independentista” y que le ha valido estar permanentemente presente acompañando a los devaneos independentistas, una tarea que había sido olvidada por el PP y por Cs. Pero, paralelamente, el fracaso notorio en las elecciones de 2016, y los cambios en el panorama internacional, han generado un cambio en la orientación de Vox.

Y estos cambios han sido notables porque se ha abandonado la tendencia inicial a ser un PADE-bis o una recuperación del aznarismo. A ello han contribuido:
  • el ascenso de los llamados “populismos” en todos los países europeos, que contenían sin excepción las mismas características: voces de protesta aparecidas en las clases medias y generalizadas en las clases populares contra la globalización; rechazo a la política de inmigración masiva y de acogida ilimitada de refugiados.
  • los resultados obtenidos por Marine Le Pen en las elecciones presidenciales franceses de 2017 en las que obtuvo el 33,90% y 10.644.118 votos.
  • la elección presidencial de Donald Trump en los EEUU que suponía una victoria, no solamente sobre la candidatura “liberal” de Hillary Clinton, fiel representante de los intereses del “establishment” e incluso una superación del marco tradicional conservador del Partido Republicano. Basado en la reivindicación de una economía productiva y en una economía basada en la renovación de infraestructuras.
  • la aparición de una “Mitteleuropa” dominada por los “populismo” (que hoy ya gobiernan en Austria, Polonia, Hungría, Chequia, Eslovenia, sin olvidar el papel de la Lega en Italia y el formidable tirón de la AdF en Alemania.

Era evidente que un partido con medios y recursos suficientes podía aspirar a ocupar un espacio que estaba vacío en España. Así que, en el último año, además de la judicialización de la vida política (que ya intentó UPyD en su momento e incluso PxC), Vox ha cambiado notoriamente su orientación.

Quedaría valorar si esta variación es “oportunista” o “sincera”, algo que solo el tiempo dirá. Incluso cabría plantearse si el cambio de orientación ha afectado a la totalidad del partido o solamente a la cúpula. Lo cierto es que, con la orientación inicial, solamente podía atraer a votos de los descontentos con el PP, pero la nueva orientación, en cambio, le da la posibilidad de contar con una base electoral y militante más amplia.

El programa del partido, al menos el que se mantiene colgado en la web, puede ser asumido como “similar” a los programas de los “populismos” europeos (salvo el punto 47 sobre la liberalización del suelo que conduce directamente al modelo de economía aznariano, uno de los fracasos más notables de la izquierda en la medida en que preparó las bases para que en nuestro país se sintiera más que en ningún otro la crisis de 2008). En lo que se refiere al programa, resumido en 10 puntos, resume la misma orientación, si bien haría falta una mayor claridad en política internacional y una condena explícita contra el mundialismo y la globalización, necesaria si el partido aspira a tener una vocación transversal a imagen de los “populismos” europeos.

No es, por tanto, una opción a descartar, sino que entra perfectamente en la catalogación de opciones que proponen elementos suficientes para abandonar la “zona crítica” e invertir la marcha hacia el abismo.

Las críticas que ha recibido este partido en las últimas semanas tienen que ver con: 1) tópicos repetidos en base a la actuación del partido en su primer período, 2) acusaciones que distan mucho de la realidad como “marca blanca” del PP, 3) acusaciones de oportunismo y de falta de sinceridad y tics propios de la clase política profesional. Lo cierto es que ninguna de estas críticas esta suficientemente razonada y no pasa del nivel de exabruptos y, en última instancia, el tiempo dirá si la tercera y última queda confirmada o desmentida por los hechos.



15. LA FEDERACIÓN RESPETO

Hace tres años fuimos de los que más tiramos del carro para concretar una aproximación entre España 2000 y Plataforma por Cataluña. A ello nos llevaba años de amistad y militancia con los que dirigían ambas opciones. Si luego nos retiramos fue por motivos personales (alejamiento físico del territorio nacional), dudas sobre la viabilidad del proyecto y sobre su velocidad de aplicación). A la suma entre España 2000 (con dos núcleos en el Corredor del Henares y en Valencia), y Plataforma por Cataluña, se han ido añadiendo otras fuerzas locales o provinciales, menores.

El problema de esta Federación es que debió forjarse cuando PxC estaba en su fase ascendente y había estado próxima a colocar un diputado en el Parlamento Autonómico en las elecciones regionales de 2010 o cuando alcanzo los 67 concejales, sus techos máximos… no cuando PxC implosionó tras la “crisis Anglada” y tras errores de orientación en 2011 impuestas por una especie de dogmatismo identitario que les impidió pronunciarse con claridad en torno al debate de aquel momento (la cuestión autonómica).

El segundo problema ha sido la dicotomía Henares-Valencia, no siempre coincidentes, orientados los primeros hacia el trabajo en los ayuntamientos de la zona y los segundos hacia el activismo callejero. En la actualidad, la Federación Respeto sigue registrando incorporaciones y altas. En su momento, se esperaba que los resultados de las últimas elecciones municipales fueran mejores de los que fueron en realidad. Entonces se calculaba que podría establecerse una “asamblea de concejales” que constituyera el motor, pero los cálculos fueron demasiado optimistas y los grupos que integraban Respeto quedaron por debajo de los 20 concejales (en las mismas elecciones, Vox obtuvo 22), lo que trabó el proyecto. Desde entonces, Respeto ha seguido avanzando, pero a una velocidad mucho menor de lo esperado, de lo deseado y de lo requerido.

Se suele situar a Respeto en el ámbito de la “extrema-derecha”, pero en realidad, está más identificado desde sus orígenes con los populismos europeos que con la extrema-derecha testimonialista. Y, en cualquier caso, los tres factores (rechazo a la globalización, defensa de la identidad nacional y voluntad de restablecimiento de la autoridad del Estado) están presentes en sus documentos y en la voluntad de sus miembros. Por tanto, puede ser considerada como otra opción válida como “bien menor”.

16. VOX FRENTE A RESPETO (Y VICEVERSA)

Parece razonable decir que Vox y Respeto comparten un área similar. Si nos atenemos al número de concejales que han obtenido en las últimas elecciones municipales, la suma es muy similar. Y en cuento a sus programas, algunos aspectos poco definidos en Vox o con cierto nivel de ambigüedad, están más sólidamente recogidos en los documentos de Respeto. Pero también es cierto que los medios de Vox son muy superiores a los de Respeto y que la velocidad de progreso de Vox es extremadamente superior a la de Respeto.

La lógica -si es que, en política, la lógica ocupa algún lugar- es que ambas formaciones colaborasen o se integrasen, pero, en cualquier caso, aplicaran la “ley de los afines” (no atacar al que es afín, no obstaculizar al afín, no invadir territorios del afín).
Las posibilidades serían tres:
  1. Vox el “partido”, Respeto la “vanguardia”.- una situación parecida a la que existe en Francia entre Ressemblament National (exFN) y “Les Identitaires”. El “partido” mantiene un perfil moderado y electoralista, la vanguardia asume el papel de fuerza activista con presencia especialmente callejera.
  2. Respeto se integra en Vox.- a la vista de que, Respeto dispone de un patrimonio electoral innegable que se traduce en un grupo de concejales con presencia real en las zonas en algunas zonas y, sobre todo, se trata de cuadros “fogueados” en materia de lucha contra la inmigración masiva. Se excluye lo contrario (una integración Vox en Respeto por razones más obvias). Lo que sí sería posible es extrapolar la antigua idea de la “asamblea de concejales” a Vox, reuniendo a los que salgan de los próximos comicios municipales de ambas formaciones en una sola asociación de concejales que estableciera políticas municipales comunes.
  3. Pacto de no agresión.- no “invadir” las zonas electorales en los que hay presencia de la otra formación política; no atacar ni realizar actividades que pudieran considerarse “agresiones” contra la otra parte; no aceptar expulsados del otro partido y, finalmente, generar una dinámica entendimiento; realización de determinadas actividades en común, especialmente por el hecho de que Respeto puede aportar un conocimiento más detallado en materia de inmigración.
Lo que está claro, con la nueva situación creada en el otoño de 2018, es que en España se está abriendo la posibilidad de apertura de un “espacio identitario” y que, en su consolidación, las dos fuerzas hoy existentes, pueden aspirar:
  •  o bien a la política [hostil] de “los inmortales”: “sólo uno puede sobrevivir”.
  •  o bien a la política [amable] de las “integraciones”: “entre todos lo haremos todo”.
  •  o bien a la aplicación de la “ley de los afines”: “no atacar al que es afín en su programa”.
  •  o bien el “juego de las partes”: “Vox partido parlamentario – Respeto vanguardia activista”.
La primera es peligrosa (porque conlleva desgastes innecesarios y luchas intestinas con aparición de tránsfugas de uno y otro bando), la según es posible pero solamente en algunas circunstancias (si el despegue de Vox logra confirmarse y en las próximas elecciones municipales Respeto logra un número apreciable de concejales); la tercera nos parece imprescindible en cualquier situación. Y la última es la salida inevitable si Vox se consolida y Respeto sigue progresando: la única que garantizaría la presencia de dos estrategias en el mismo espacio político.

15. LAS DOS OPCIONES ¿VOTAR O NO VOTAR?

Pero no olvidemos algo: el derecho al voto no es tanto una conquista como el reconocimiento de lo injusto de una democracia entendida solamente de manera cuantitativa. Es lícito cuestionar una democracia que solamente da la posibilidad de depositar un papel en una urna, una vez cada cuatro años, especialmente cuando los medios de comunicación condicionan, orientan y manipulan el voto. Mientras la democracia se reduzca a esto, no es democracia, y, por tanto, el ejercicio del derecho al voto es opcional.

Además de buscar el “bien menor”, es posible también ejercer el voto de protesta mediante el voto en blanco, el voto nulo o la abstención. No podemos caer en el “fetichismo del voto”: el voto será importante cuando exista una democracia auténtica y, junto a la representación en función de los partidos políticos, el ciudadano esté representado también mediante otros canales situados al margen de este modelo de participación.

Desde muchos puntos de vista se escuchan los llamamientos a la “reforma constitucional”, y ciertamente es necesaria una modificación de las “reglas del juego”. Ahora bien, en las actuales circunstancias una “reforma constitucional” resulta completamente imposible, salvo que se esté dispuesto a avanzar con paso firme hacia lo que hemos definido como “el abismo”: no existen posibilidades de abolir los regímenes autonómicos, cualquier reforma constitucional nos situaría, por presión de la extrema-izquierda y por complicidad socialista, en el terreno de una “Tercera República” que no sería nada más que un ajuste de cuentas y un retroceso hasta la Segunda República… si permanecemos en el terreno del realismo político: hay elementos presentes en el programa de las opciones que pueden ser consideradas como “mal menor” que no tienen la posibilidad de realizarse mientras no se cuente con dos tercios de los apoyos parlamentarios.

En la actualidad, especialmente en Cataluña y a causa del rechazo generado en parte de la población hacia el independentismo, donde más rápidamente está creciendo un nuevo asociacionismo -como en el que, en su momento, apareció en el País Vasco y fue el germen de la reacción contra ETA- cuyas posturas razonables y coherentes están más en la órbita del “bien menor” que en la de partidos como Cs que están mostrando su capacidad para cambalachear ante cualquier situación. La construcción de una alternativa pasa por variar el “modo partido” al “modo movimiento”, comprendido como tejido de asociaciones, partidos, grupos culturales, medios de comunicación que van junto en la misma dirección: alejamiento de la “zona de riesgo”, inversión de la dirección de marcha, regeneración del Estado, etc.

Esto implica que, el terreno de la política, del activismo militante o de la acción parlamentaria, no es el único, ni puede ser el único al que vayan a parar todas las energías: es preciso abrir nuevos frentes de actuación y, sobre todo, estar presentes en los debates culturales y forjarse medios propios de comunicación capaces de merecer credibilidad y respeto. Si esto no existe, jamás estarán presentes las bases que permitan el que amplios sectores de la población sean conscientes de lo que implica la permanencia en la “zona crítica”, y los riesgos de aproximarse -a la velocidad que sea- al abismo.

Esta tarea es todavía más necesaria desde el momento en el que no se trata solo de avanzar electoralmente, sino de hacerlo “socialmente”, es decir, aumentando el número de profesionales capaces de transmitir, no solamente el “deseo de votar” a una opción que supongo el “bien menor”, sino de adherirse, activamente, a la tarea de la reconstrucción nacional.

Porque a medio plazo van a hacer falta profesores capaces de educar alumnos, hará falta relanzar la natalidad, consciente, responsable y eficiente y, para ello, no bastará solamente con mejorar el tratamiento fiscal a la paternidad, ni subvencionarlo… sino contar con padres capaces de asumir la tarea educacional. Hará falta reforzar el aparato del Estado y, para ello, será precisa la aparición de una “nueva conciencia nacional y cívica” que desplace las décadas de malos hábitos o, incluso, los siglos de inercia y apatía, individualismo y despreocupación que han sido compañeros inseparables de España y de los españoles. Y para ello hace falta algo más que depositar el voto: es preciso el compromiso activo de franjas amplias de la población.

Se dice, con razón, que la política es el “arte de lo posible”, pero también es cierto que ante las enfermedades sistémicas de nuestro ordenamiento político-social y cultural, no basta con la “política” concebida en tanto que gestión de lo cotidiano. Julius Evola nos decía que es preciso tener en cuenta “objetivos cercanos” y “objetivos lejanos”, a corto y largo plazo. Uno de sus títulos iba en esa dirección, incluso en el título: “El arco y la maza”. Hace falta mirar a largo plazo.

Desde este punto de vista: abandonar la “zona crítica” es una urgencia de nuestro momento histórico. La caída por un precipicio no es la mejor garantía de recuperación de una sociedad. Pero invertir la marcha y no renunciar a poder ofrecer a nuestros hijos un “bien mayor”, desde el cual poder contemplar el sinsentido de la modernidad y volver a la normalidad de un “Orden” digno de tal nombre, es el objetivo final del que la búsqueda del “bien menor” es solamente una etapa intermedia.

LA TEORÍA DEL "BIEN MENOR" - I PARTE
LA TEORÍA DEL "BIEN MENOR" - II PARTE
LA TEORÍA DEL "BIEN MENOR" - III PARTE

LA TEORÍA DEL "BIEN MENOR" - IV PARTE

365 QUEJÍOS (187) – LA TEORÍA DEL “BIEN MENOR” (III de IV)


En las dos anteriores entregas hemos formulado una teoría que pretende superar la repugnancia a acudir a las urnas para entregar el voto al “mal menor” (sea cual sea). Proponíamos la teoría del “bien menor” cuyos límites intentábamos establecer. En la segunda entrega tratamos de definir el concepto de “zona crítica” para nuestro país, zona de la que es preciso alejarse; afirmábamos que el “sentido común” es el arma, el ancla y el apoyo para evitar caer por el precipicio, aunque eso suponga vulnerar la corrección política, negar el pensamiento único y enfrentarse decididamente a los constructores del “nuevo orden mundial”. Terminábamos recordando lo que, durante la Segunda Pública y desde las columnas de Acción Española se llamaba “ley de los afines”. En esta entrega vamos a describir el contenido mínimo que debe contener una propuesta que pueda ser considerada como “bien menor”.



11. CONTRA EL LIBERALISMO ¿CONTRA QUÉ LIBERALISMO?

Si recurrimos a la coherencia y al mundo de las ideas comprobaremos que el liberalismo ha jugado un papel desgraciado en los últimos pasos que nos han llevado hasta la globalización. Esta “ideología”, obviamente, ha tenido una gran importancia en el desarrollo de la economía en los últimos dos siglos y medios: tanto en lo mejor (la prosperidad económica) y en lo peor (una prosperidad rota por ciclos de crisis). Del estudio de estas crisis pueden establecerse una serie se conclusiones:
  1. Las crisis se producen siempre cuando se deja libre curso a los factores que intervienen en el Estado. Las crisis solamente se evitan cuando el Estado regula el “mercado”. De lo contrario, los agentes que participan en la vida económica no se rigen tanto por la ley de la oferta y la demanda como por la ley del máximo beneficio con la mínima inversión y los mínimos costes sociales.
  2. Las acumulaciones de capital, al igual que el poder de los grandes consorcios, al rebasar determinados límites se convierten en instituciones que acumulan más poder e influencia que los Estados. Perder la idea de que el Estado y la Economía son dos esferas diferentes supone abrir la posibilidad de que los “grandes” disten sus leyes sobre la totalidad de la población y que éste pierda la posibilidad de ser defendida por el Estado, encarnación jurídica de la comunidad nacional.
  3. La transformación de la economía productiva en especulativa, la búsqueda de beneficios y rentas no procedentes del trabajo sino de la actividad especulativa, unido a fenómenos como la deslocalización y la inmigración masiva, hacen inviable al sistema mundial globalizado, lo convierten en inestable, peligroso y deletéreo: inaceptable, en una palabra.

Si hemos llegado hasta ese punto es porque a finales de los años 70, Reagan y Margaret Tatcher impusieron los puntos de vista neoliberales. Su nombre ha quedado unido a la derrota de la URSS y a la liquidación de la Guerra Fría, pero lo que siguió, no fue un paso atrás, sino un paso hacia adelante en dirección al abismo: un mercado mundial globalizado, la financiarización de la economía y la sumisión del Estado a los grandes actores económicos olvidando que un Estado se justifica por su carácter de instrumento al servicio de la totalidad de los ciudadanos y no al servicio de los intereses de los poderosos.

Está claro que esta no era la idea de los doctrinarios del liberalismo del siglo XVIII y XIX… ni siquiera era lo que tenían en mente los liberales de los años 50 y 60. Pero, fatalmente, es a donde hemos llegado a causa del dogmatismo de personajes como Hayek o Von Misses, a de la “escuela de Chicago”, convertidos en gurús del “liberalismo”. Lo que demuestra lo ocurrido en los últimos 25 años es que el Estado no puede inhibirse se las cuestiones económicas, que el mercado no es “inteligente” sino que se encamina siempre, fatalmente, hacia sus últimas consecuencias: la ley del máximo beneficio con la mínima inversión, la ley de que los “grandes” se comen a los “pequeños” y la ley de que contra mayor es un acumulación de capital más se impondrá la voluntad de sus detentadores sobre los intereses de las mayorías.

Así pues, cuando hablemos de “liberalismo” habrá que convenir que no hay solamente una forma de “ser liberal” o de considerar el liberalismo como “una” teoría económica: tiene múltiples facetas, distintos grados de aplicación y de eficiencia. La libertad es un bien supremo, pero en materia económica, frecuentemente, se traduce en la aparición y el dominio por parte de intereses oligárquicos. Y, desde luego, el capital precisa ser controlado y disciplinado: controlado para evitar que la población vote una y otra vez, pero sea el capital el que dicte a los gobiernos las reglas y las políticas a aplicar. Así pues, si de lo que se trata es de aplicar la ley de “más economía y menos Estado”, hay que cerrar tajantemente el paso a ese liberalismo y defender la visión de que el Estado encarna la representación de todos los ciudadanos y, por tanto, debe preocuparse del bienestar, la paz, la convivencia, la prosperidad, la estabilidad, de todos los ciudadanos, esto es del Orden con mayúsculas. El lema sería, más bien, “el Estado marca el camino por el que debe discurrir el capital para convertirse en un instrumento social y dejar de ser un factor oligárquico”.

Todos estarán de acuerdo en que cierto grado de “liberalidad” y cierto talante “liberal”, en el sentido de admitir las discrepancias, el contraste de pareceres, incluso las leyes de mercado, es positivo, sano y favorable: pero confundir esto con el límite extremo al que nos ha llevado el liberalismo y/o el neo-liberalismo, constituye algo que, hoy, puede considerarse como extremadamente negativo para los pueblos e incluso para la estabilidad de la economía de las naciones.

El Estado debe regular la economía y debe tener en su mano los instrumentos para que la economía sirva a la sociedad, no a un pequeño grupo de actores privilegiados. Si se acepta esto, puede aceptarse en contrapartida algunos de los valores “liberales”, pero nunca, y menos en las actuales circunstancias, declararse “liberales”, sin realizar las matizaciones pertinentes. El neo-liberalismo -hay que recordarlo- ha sido el factor más importante que nos ha situado en la “zona crítica” previa al abismo. Asumir “todo el liberalismo” supone permanecer en la “zona crítica”, mostrar una incapacidad para salir de ella y, lo que es peor, no entender los procesos que nos han situado hasta allí. Claro está que poner coto a los límites extremos del neo-liberalismo solamente puede hacerse dentro del marco de una reivindicación del Estado, de su misión y de su destino y, para ello se precisa una regeneración de la clase política y que ésta recupere el “sentido del Estado”. Necesitamos “estadistas”, no politicastros.

12. POR ESPAÑA ¿QUÉ IDEA DE ESPAÑA?

Recuperar el patriotismo y la identidad nacional son factores que deben de estar presentes en cualquier opción que pueda ser considerada como un “bien menor”. Pero también aquí existe un problema. Si bien el patriotismo siempre es un recurso para movilizar masas, supone un riesgo el no reconocer que el período de los Estados-Nación está terminando y que la política mundial (desde la segunda guerra mundial, cuando los adelantos científicos y técnicos empequeñecieron al mundo), en la actualidad, ya no tiene como actores principales a Estados Nación. Desde 1945 entramos en la época del bilateralismo que cayó con el muro de Berlín en 1989. Tras una época de unilateralismo norteamericano, en la actualidad nos encontramos en marcha hacia una saludable época de multilateralismo protagonizado por “potencias regionales”.

La España que fue cobrando forma a lo largo del siglo XIX y XX, ya no está en condiciones de afrontar esta situación (como no lo han estado Francia y el Reino Unido). Desde los años 30 parece evidente que, desde el punto de vista tecnológico, económico, de recursos, materias primas, cultura, hay que pensar en términos de “grandes espacios” o “espacios continentales”.

La gran contradicción que afecta a todos los movimientos “populistas” europeos radica es que, excitando el patriotismo, combinándolo con la defensa de la identidad nacional y de la justicia social, han obtenido éxitos atrayendo a sectores del electorado, por encima del 15% en buena parte de Europa, pero sus propios dirigentes son conscientes de que hace falta introducir algún elemento corrector que, hasta ahora, no encuentran cómo definir en sus campañas electorales. Está claro que el euro supone un avance en relación a la peseta o al franco, pero que la gestión del Euro se ha realizado mal y de manera desequilibrada, favoreciendo a algunos países y debilitando a otros seguramente porque antes había que haber igualado las distintas economías europeas en lugar de aprobar una moneda única tenida bajo control del “más fuerte”. Está claro que son necesarios elementos de corrección al nacionalismo y al patriotismo heredados del siglo XIX y XX y que hay que pensar -si se quiere estar en condiciones de asumir los desafíos tecnológicos del siglo XXI- en términos de “grandes espacios” de cooperación e integración entre Estados lo más homogéneos posible.

Y esto plantea algunas cuestiones importantes para nuestro país: la primera de todas es ¿cuál es nuestro lugar en el mundo? ¿hacia dónde tenemos que dar preferencia? ¿Hacia Europa o hacia Iberoamérica? Porque la historia, desde la época de los Grandes Austrias y las leyes universales de la geopolítica indican que una nación puede tener una orientación “oceánica” (hacia los mares) o bien “continental” (como potencia terrestre). Pero las dos son incompatibles e insostenibles. Y el problema que se plantea es: ¿la España del siglo XXI debe mirar hacia Europa o hacia Iberoamérica? Lo que

¿Y nuestras relaciones con Portugal? Algunos sostenemos que la relación a los problemas de España podría realizarse estableciendo una nueva relación con el vecino país, que de concluir en una federación orientaría definitivamente la Península Ibérica en dirección a Iberoamérica.
Sea como fuere, lo que está claro es que el patriotismo que puede ser un perfecto apoyo para salir de la “zona crítica” no puede ser el mismo que el que hemos conocido en el siglo XX y desde la época de Menéndez Pelayo. Hace falta proyectar ese patriotismo hacia el futuro y ser conscientes de que, de la misma forma que antes existieron los “reinos” y después las “naciones”, hoy la fórmula Estado-Nación encierra una inadecuación creciente y hará falta asumir el debate sobre la política de los grandes espacios.



13. CONTRA EL CAOS ¿QUÉ IDEA DE ORDEN?

La globalización solamente puede prosperar sobre el caos de lo indiferenciado y sobre la abolición de cualquier tipo de identidad. Es necesario recuperar la idea de “Orden” en un sentido que va mucho más allá del “orden público”. Solamente un progresista se atreverá hoy a discutir la necesidad de emprender una lucha sin tregua y sin perdón contra la delincuencia, contra las mafias, contra la corrupción, contra la neodelincuencia, y solamente un idiota negará la necesidad de una regeneración moral de nuestras sociedades. Parece demasiado evidente que después de 40 años de sistema judicial garantista, de políticas de reinserción, el balance es globalmente negativo: en 1975, contando presos políticos, la población penitenciaria estaba por debajo de 10.000 personas; en la actualidad está por encima de 100.000 y si las estadísticas indican que en los últimos años desciende ligeramente el número de presos, no es porque se cometan menos delitos, sino porque con las cárceles saturadas, los jueces evitan al máximo las condenas a prisión y las prisiones preventivas.

En nuestro país hay una oleada de crímenes y delitos que se saldan sin posibilidades de satisfacción ni resarcimiento a las víctimas. Incluso está mal visto y castigado el actuar en defensa propia. Presos psicópatas son liberados por “buena conducta” con cumplimiento ridículos de sus condenas. El sistema penal es cómodo para los presos y breve, especialmente si se trata de menores. Esto ha generado que España registre en la actualidad una afluencia masiva de delincuentes llegados de todo el mundo, subvencionados dentro y fuera de la prisión. Discutir sobre esto cada vez tiene menos sentido: lo que pide la situación son medidas enérgicas y quirúrgicas para desactivar, desincentivar, desmotivar, castigar y resarcir a las víctimas. Discutir es demostrar debilidad. Anteponer los derechos de las víctimas a los derechos de los delincuentes es la única posición razonable derivada del sentido común. La reforma de las leyes y del sistema judicial y penal es urgente y no la va a realizar ninguno de los partidos que se sitúan dentro del “área crítica”.
 
Está claro que no hay “orden” sin orden público, pero que la idea de “Orden” no puede reducirse a este único nivel. El Orden es algo más: es la estabilidad de una sociedad, la defensa que el Estado asuma ante todos los riesgos que puedan alterarla y generar tensiones en su interior; es que los ciudadanos puedan vivir sin miedo a perder el trabajo, sin miedo a verse hipotecados toda su vida, sin miedo a que sus hijos tengan que irse al extranjero a buscar empleo, sin miedo al terrorismo yihadista, sin miedo a que el Estado se vea invadido por una clase política cleptomaníaca, ciega y psicópata, sin miedo a que en nombre de la “libertad de expresión” o de la “libertad de conciencia” se cometan y se ejecuten las mayores tropelías, se destruyan los fundamentos de la convivencia, se cuestione la propia identidad o aventureros irresponsables quieran forzar a martillazos un nuevo modelo de sociedad en ruptura y en contradicción con todos los valores que ha representado Europa en los últimos 2.700 años.

Nuestra sociedad, más que ninguna otra en Europa, precisa el restablecimiento del “Orden”: España es el único lugar en Europa en el que la idea de “autoridad” es mirada con desconfianza. Y nos ha sido nos ha ido: hemos visto como en las escuelas desaparecía la autoridad del maestro, cómo el Estado censuraba incluso a los padres en sus tareas educativas, cómo los médicos eran agredidos en los hospitales, los revisores en los trenes, las policías en el ejercicio de sus cargos, en ningún país como en España la “ocupación” de viviendas ha alcanzado los extremos, estamos en vanguardia en Europa de la despenalización de las drogas y los colgaos que antes iban a Amsterdam ahora lo hacen a nuestra ciudades. Vemos como repunta la siniestralidad vial, los accidentes laborales, cae en picado la eficacia de muchos servicios y, paralelamente, nuestras calles huelen a porro; hemos vivido campañas contra el tabaco, contra los accidentes de tráfico pero nunca hasta ahora ninguna contra el consumo de cannabis y demás drogas, como si denunciar sus riesgos fuera contrario a la “corrección política” y un insulto para los colgaos… que cada vez más están presentes en calles, plazas, centro de estudio, de trabajo.

El “Orden” es el “sentido común” individual aplicado a las decisiones de Estado. “Orden” es anteponer el interés nacional al interés de partido. “Orden” es anteponer los derechos de la comunidad a los derechos de los grupos oligárquicos, los derechos de las mayorías a los de las minorías, los derechos de los que generación tras generación han construido este país a los derechos del último recién llegado en busca de la sopa boba.

Para alejarse de la “zona crítica” hace falta asumir la defensa del “Orden” de manera decidida y sin complejos, de manera amplia porque lo contrario del “orden” es el “caos” y de la “zona crítica” hacia delante el rasgo más característico que encontraremos siempre es caos e inestabilidad.

LA TEORÍA DEL "BIEN MENOR" - I PARTE
LA TEORÍA DEL "BIEN MENOR" - II PARTE
LA TEORÍA DEL "BIEN MENOR" - III PARTE

LA TEORÍA DEL "BIEN MENOR" - IV PARTE

viernes, 2 de noviembre de 2018

365 QUEJÍOS (186) – LA TEORÍA DEL “BIEN MENOR” (II de IV)


Recuérdese lo dicho y escrito ayer: se desaconsejaba ir a las urnas con la nariz tapada, experimentando cierta repugnancia por aquel al que se entrega el voto. Se atacaba la teoría del “mal menor” y se sugería que, para eso, era mejor no votar. Al mismo tiempo, se recordaba que España vive una “tormenta perfecta” o, según el concepto de Guillaume Faye, “una convergencia de catástrofes” que se escenifica en las distintas velocidades con que unas u otras opciones, hasta ahora mayoritarias, en esta España adormecida, descoyuntada y cuernilarga, nos precipitan al abismo. Frente a esto, se oponía la teoría del “bien menor”, es decir, de aquellas otras opciones que albergan la voluntad de invertir esa tendencia y cuyo programa -sin ser la opción ideal- busca, especialmente, alejarnos del abismo. Quedan ahora por precisar algunos aspectos de esta teoría.

6. EL CONCEPTO DE “ZONA CRÍTICA”

La primera de todas es relativa a la “velocidad de alejamiento de la zona crítica”. Definamos, en primer lugar, lo que es la “zona crítica”: es aquella en la que el proceso desintegrador resulta irreversible. Se entra en una “zona crítica” de la mano de un partido (como el PSOE) que cree realmente que España precisa una “ingeniería social” progresista y está dispuesto a conducirnos hacia ella, porque presume que ese destino es al que nos lleva el “pensamiento único” y la práctica de la “corrección política”. Hasta ahora, las ideologías de la izquierda iban destinadas a ser asumidas por los trabajadores y las clases más desfavorecidas, a partir de ZP van destinadas a los “grupos sociales” minoritarios que buscan “empoderarse” (ver artículo sobre el tema), tomados como icono sustitutivo de “los oprimidos”.

Ante esto, la derecha ha adoptado un talante pusilánime: deja hacer a la izquierda, no se opone a ninguna de sus medidas de ingeniería social (leyes igualitarias entre parejas gays y matrimonios heretosexuales, leyes sobre violencia de género, leyes sobre adquisición de la nacionalidad española, leyes sobre las cuotas de mujeres, subsidios a la inmigración masiva y descontrolada, etc, etc, etc). Durante casi siete años hemos visto la cara de monolito de Rajoy ignorando todos estos temas, mientras la corrupción se iba apoderando del PP y el partido representante de la derecha se convertía en un manso becerro castrado que seguía al PSOE en su inexorable marcha hacia el precipicio, no tanto por complicidad consciente, como por dejadez.

Sería difícil decir quién tiene mayores responsabilidades en la liquidación de España como país, si el centro-derecha o el centro-izquierda. Si, en materia económica, al felipismo le cabe el haber negociado a la baja el ingreso de nuestro país en la UE y haber desmantelado sectores enteros de la producción, a Aznar le cabe la responsabilidad de haber creado un sistema económico suicida, culpable de la crisis de 2008 y a ambos el haber aceptado mudos y pasivos la introducción de la UE -y con ella de nuestro país- en el mecanismo globalizador. Porque, a fin de cuentas, la “zona crítica” empieza allí donde se acepta que la globalización es nuestro destino y, con convicción ciega o con apatía se acepta su traslación cultural, el mundialismo. Solo algo más adelante, se encuentra “el abismo”.



7. LAS VELOCIDADES DE APROXIMACIÓN A LA “ZONA CRÍTICA”

A partir de ese momento, desde que se inicia esta “zona crítica”, la atracción del abismo es tal que importa poco la velocidad a la que nos dirijan. En el anterior artículo ya explicamos que entre Podemos (velocidad acelerada) y el PP (inercia apática), varía muy poco la situación: es cuestión de tiempo. Puede establecerse una ley: “la velocidad a la que España se puede precipitar al vacío está en razón inversa al nivel de progresismo del que hagan gala los gestores del poder”. Hoy con el PSOE, partido que siempre se las ha dado de progresista y feministo, vamos a mayor velocidad que bajo el gobierno del PP, conservador de boquilla y progresista por inercia.

Lo importante es recalcar que, una vez situados en la “zona crítica”, se tarda más o menos, pero, finalmente, el país se precipita hacia el abismo. ¿Hay alguna posibilidad dentro de esa “zona” de que algo salga bien? Negativo: decir globalización implica decir mestizaje cultural, periferia económica, nación de servicios, pérdida de identidad, descoyuntamiento -inevitable- de la Nación Estado -no hay hacia una “política de grandes espacios”, sino a la centrifugación en pequeños nacionalismos periféricos (ver artículo sobre el tema: Más allá de la unidad nacional), tendencias sociales deletéreas (normalización del cannabis [ver artículo sobre el tema, ideologías de género [ver artículo sobre el tema], primitivización de la sociedad, desintegración del sistema educativo, etc, etc) que ya no están en condiciones de solucionarse mediante políticas de paños calientes (esto es, políticas centristas), especialmente cuando ni siquiera se quiere reconocer su existencia. 

No existe, por la vía de los partidos hasta ahora mayoritarios, la mínima posibilidad de invertir el sendero emprendido: de la mano de PP, del PSOE, de Podemos o de Cs, a distintas velocidades, caminamos en la misma dirección.

8. LA IMPORTANCIA DEL “SENTIDO COMÚN” EN EL ESFUERZO POR ALEJARSE DE LA “ZONA CRÍTICA”

Los electores de estas opciones pueden ser considerados como paracaidistas que han renunciado a saltar por la puerta del avión con un paracaídas: unos lo hacen con un porrito entre los labios (Podemos), otros protegidos por una rosa reseca (PSOE), otros con un pañuelo agujereado agarrado por los pulgares (PP) y, luego están los que ni siquiera se han dado cuenta de que han saltado del avión (Cs). ¿Y el sentido común? Dado que los medios de comunicación y los tertulianos de cámara van en dirección a las mismas opciones, la sociedad permanece sorprendida por lo que ocurre, muda y cada vez alberga más desconfianza hacia la clase política y hacia los medios de comunicación “oficialistas”.

El mundialismo tiende, sobre todo a despojar el ser humano de sus instintos naturales (instinto de reproducción, instinto de supervivencia, instinto de agresividad, instinto territorial) que, modulados por la racionalidad son los que garantizan la identidad de un pueblo, su continuidad, su integridad y su cohesión. Pero hay algo que no logran desarraigar completamente por mucho que el sistema educativo, las formas de ocio y el pensamiento hegemónico lo intente: vaciar a la sociedad de “sentido común”, considerada como la “facultad para orientarse en la vida práctica” (Bergson), la forma de distinguir entre lo probable, lo improbable y lo absurdo, la forma de juzgar razonablemente las cosas, etc.

El “sentido común” está repartido entre todos los grupos sociales. Hoy es el principal enemigo de la globalización y su ocaso es el resultado de procesos muy diversos (desde el exceso de información que mata a la información, hasta el miedo a la tiranía del pensamiento único). En el fondo, el “sentido común” no está presente más que en aquellos humanos que mantienen vivos los instintos propios de los mamíferos superes, modulados por la cultura y la racionalidad. No derivan ni del poder adquisitivo, ni de la posición en los mecanismos de producción, ni de la conciencia de clase que se tenga, ni de la raza: derivan, simplemente, de las posibilidades de captar la realidad y de los riesgos que conllevan unas opciones o de los beneficios que implican otras.

En tanto que la globalización y el mundialismo suponen procesos que implican negación de los principios que hasta ahora han constituido lo esencial de lo humano, el “sistema” de valores hegemónicos culturales propiciado por minorías alucinadas por la entrada en la new-age (UNESCO) y que necesitan los “señores del dinero” para contar con una humanidad despojada del más mínimo sentido crítico, el sentido común se muestra como el obstáculo mayo que encuentra su rodillo.

Hasta ahora, la respuesta electoral con la que han contado las opciones “identitarias” y aquellas que tratan de alejarse de la “zona crítica” procede, precisamente, de grupos y personas que siguen teniendo el sentido común como ejes de sus vidas y a él hay que apelar para evitar entrar, o para salir, de la “zona crítica”.


9. DE LAS DISTINTAS VELOCIDADES DE ALEJAMIENTO DE LA “ZONA CRÍTICA”

Esto es hasta tal punto cierto que la lucha por la hegemonía cultural en estos momentos es una lucha entre el “sentido común” y las formas de “ingeniería social” que quieren forzar la construcción de una “new age” por convencimiento ideológico o por necesidad de imponer un proyecto económico globalizador que satisfaga sus intereses.

Ahora bien, lo importante es que, tomando como referencia el “sentido común” (que está universalmente presente en todas las opciones presentadas como “populistas”) es posible anclar primero y hacer retroceder después, a las sociedades, evitando su entrada en lo que hemos definido “zona critica”. El “sistema” avanza sólo en la medida en que es capaz de despojar a las sociedades del sentido común. ¿La prueba? La ausencia de pensamiento crítico de los medios de comunicación mayoritarios. Viéndolos, da la sensación de que el “sentido común” es como un superpoder o un carácter recesivo en la evolución de la sociedad.

Podemos afirmar que, hoy, el arte de asumir, interpretar, propagar y excitar el “sentido común” marca la diferencia entre los “partidos oficialistas” y los “partidos alternativos”. Los primeros se caracterizan por su desinterés, negación o abandono de los principios del sentido común. Los segundos se basan en el aprovechamiento de lo que podría llamarse “sanas reacciones populares” que todavía están presentes en las sociedades. A esta práctica se le llama despectivamente “populismo”.
No hay una forma de populismo, como tampoco hay una sola voluntad de caminar hacia el sentido común. También aquí el tránsito puede realizarse a distintas velocidades: cualquiera de ellas es buena, cualquier puede contribuir a hacernos salir de la zona crítica. Pero no es lo mismo si eso se hace con el apoyo del 0,05% del electorado que si se hace con el 5%.

10. UNA NUEVA “LEY DE LOS AFINES”

En los años 30, el grupo de intelectuales de derechas que estaban orbitados en torno a Ramiro de Maeztu crearon la revista, monárquica y maurrasiana, Acción Española que nos interesa aquí, solamente, porque fue capaz de enunciar lo que llamaron “la ley de los afines” que podía sintetizarse así: no atacar a nadie que se afín a nosotros.

Es importante no perder el objetivo y establecer una nueva objetividad: cualquiera que, fuera de su ubicación en la derecha, en la izquierda, en el populismo, en el área identitaria, en la extrema-derecha o en cualquier otro espacio, manifieste el reconocimiento de que hay que invertir la tendencia a caminar en dirección a la globalización y al mundialismo, es “nuestro afín”. No atacarlo es la garantía de que hemos comprendido la situación y estamos movidos por el sentido común antes que por las ambiciones de partido o por los intereses personales.

Está claro que distintas opciones políticas proponen distintas velocidades de alejamiento de la “zona crítica”: unos parecen más maximalistas, otros se muestran con mayores posibilidades de arrastrar masas. No importa, lo importante es, que surjan 100 formas de oponerse al pensamiento único, a la corrección política, a la globalización y al mundialismo y que millones de seres humanos, recuperen el sentido común y quieran expresarlo a través de determinadas opciones. Todos ellos son “nuestros afines”. El enemigo está en otra parte: “no atacar a los afines” parece lo más razonable.







jueves, 1 de noviembre de 2018

365 QUEJÍOS (185) – LA TEORÍA DEL “BIEN MENOR” (I de IV)


Créanme: estoy harto de oír la estupidez sobre el “mal menor”. Según esto, un cordero estaría obligado a elegir entre ser devorado por un lobo o por un león. Para algunos, el león sería la opción más recomendable y digna. La más rápida, además. Para otros, el ser devorado por un lobo, sería mucho más tradicional, aunque más lento y laborioso. ¡Qué complicada elección! Como elegir entre morirse de hambre o de aburrimiento. Es la teoría del “mal menor”, definida como un principio ético que justifica la elección de un mal para evitar que nos arrolle otro mayor. El primero que se encontró en la disyuntiva fue Ulises, Odiseo: entre Escila y Caribdis. En Escila perdió a seis de los suyos, pero en Caribdis hubieran muerto todos. Así que estaba claro: “ (cayó en Escila, para evitar Caribdis). Me quejo de que la teoría del “mal menor”, sea uno de esos dogmas democráticos de nuestro tiempo, presentados como intocables sin que exista la posibilidad de una alternativa.

Desde 1977, no sé cuántas veces he oído eso de “votaré al PP (o, en su defecto a AP, o incluso a UCD y, hoy, a Ciudadanos), para evitar que gane el PSOE”. El “mal menor” era el PP, el “mal menor” fue UCD, el “mal menor” es Ciudadanos… Y luego hay gente que se queja de que las cosas no salen a su gusto. Es muy duro el tener que decidir si quieres que te amputen un pie para evitar que, unos días después te amputen la pierna.

En matemáticas, existe lo que se llama “lógica borrosa” que es la negación de la “álgebra de Bool”. La primera considera que en la realidad no todo es blanco o negro, no existen solamente dos opciones, como en la booleana, 0-1, abierto-cerrado, sino que existe una gama de momentos intermedios, una escala de grises. En política ocurre algo parecido.

El ciudadano, hoy, ante la urna electoral, tiene solamente dos opciones:
  • Votar al que se identifica exactamente con su forma de ver las cosas: rara avis en democracia, especialmente, cuando el ciudadano ha ido una y otra vez a las urnas y, sistemáticamente, la clase política ha traicionado sus esperanzas, defraudado ilusiones y traicionado promesas. Aquí incluimos, lo que podríamos llamar el “voto cerril”: “yo he votado siempre PSOE y seguiré haciéndolo hasta que me muera”, “estuve de niño en las Juventudes Comunistas y ahora sigo pensando igual”, “Aznar es mi hombre”… Salvo que Tezanos me corrija, no creo que este voto supere en las actuales circunstancias el 15-20%.
  • Votar el que consideran como el “mal menor”: que, en la práctica, es lo que la mayor parte de electora están haciendo: “me cae mal el PP… voto por el PSOE”, “me cae mal el PSOE… voto por el PP”, “me caen mal los dos y soy el más progre entre los progres, voto por Podemos”, “me caen mal los dos y, en el fondo soy un conservador algo liberal, así que voto por Ciudadanos”… Para votar por el “mal menor” no hace falta creer que vaya a servir para algo positivo, sino para evitar que las cosas se deterioren más rápidamente y, sobre todo, para castigar al que consideramos como más odioso.
A la vista de que hay insensatos que siguen creyendo, contra las apariencias y la experiencia, que su voto es algo muy importante, excluyamos la posibilidad del voto nulo, en blanco o de la abstención y quedémonos con la “booleana”: o voto a “los míos” o “mal menor”. Pero ¿quiénes son los míos y qué posibilidades tienen? Frecuentemente, “los míos”, o están ausentes o entregarles mi voto, de tan minoritarios que son, equivale a tirarlo.



2. EL “BIEN MENOR”: ULISES SE DECIDE POR SIBARIS EN LUGAR DE POR ESCILA O CARIBDIS

¿No notan cómo si faltara algo? En el ejemplo de los corderos, ¿cómo es que no se da la posibilidad al cordero de que sea perseguido, pongamos por caso, por un galápago? Si la oveja pudiera elegir entre el mal menor (el lobo o el cordero) y el galápago, seguramente, elegiría a éste último... y sobreviviría. Ni siquiera la metafísica expresada a través de Ulises nos muestra un ejemplo alternativo: O Escila o Caribdis, sin posibilidades, de ir a Síbaris y llevar una vida sibarítica, que no sería, claro está, como retornar a Ítaca, pero, al menos, supondría un avance menos oneroso que las otras dos posibilidades. En términos electorales, cabe decir, que, hasta ahora en España, no se ha dado esta opción. Votar a Ruiz Mateos o a Gil y Gil, en su momento, fue casi una broma.

Hay que recurrir a la ciencia económica y al marketing para encontrar un concepto interesante: el de “bien inferior”. Es muy interesante. Verán: cuando, por una crisis económica, se restringe la capacidad adquisitiva de la población, ésta, en lugar de seguir adquiriendo productos de misma la calidad que había comprado hasta ese momento, se lanza a productos de una calidad inmediatamente inferior: ya no compra “bienes normales”, sino “bienes inferiores”. Es fácil de entender: esta teoría explica el porqué, determinados productos, el pan, por ejemplo, aumenta extraordinariamente su consumo en momentos de crisis, mientras que las delikatasen desaparecen de la cesta de la compra. Hoy estamos en tiempos de crisis política: sean realistas, no aspiren a consumir delikatesen, aunque se los pida el paladar.

Soy de los que opinan que no hay que pedir peras al olmo y que, en los tiempos modernos, no hay más cera que la que arde. Servidor -véase el paradigma que figura en el frontis del blog- se las da de “anarca” (estaré allí en donde no haya un pensamiento masificado), “apolítico” (distanciado de la política), “conservador” (de todo lo que haya digno de ser conservado, si es que queda algo) y “revolucionario” (porque, hoy ser “hombre de orden” y defender el principio de “orden – autoridad -jerarquía” es lo más revolucionario que se puede ser. un mundo dominado por el pensamiento único y la corrección política), por tanto, soy perfectamente consciente de que no existe ninguna opción electoral tan suicida que se identifique son este “programa”. Pero, en tanto que oveja negra y descarriada, no estoy dispuesto a aceptar la teoría de si quiero morir entre las garras de un simpático león o de un taimado lobo de cuento infantil. Yo, es que soy muy de “terceras vías”…


3. ESPAÑA EN LA TORMENTA PERFECTA

Tengo muy claro que en estos momentos nuestro país vive una “tormenta perfecta”: no hemos salido de la crisis económica (y no saldremos hasta que exista un control sobre la moneda y se castigue fiscalmente la economía especulativa, liberándose de cargas fiscales al trabajo y a la economía productiva, se bajen impuestos y se aumenten salarios, se rompa con la globalización, se reindustrialice el país y el campo produzca), tenemos crisis en la vertebración del Estado (cuyo germen está en la misma constitución y en el absurdo inasumible del “Estado de las Taifas”), tenemos una crisis institucional por la presencia de partidos que han olvidado los “consensos” de la transición y hacen gala de un “celo republicano”, “memoria histórica”, y luego está el hundimiento de la enseñanza, el deterioro creciente de la sanidad, los ocho o nueve millones de inmigrantes en aluvión y los otros ocho que pueden llegar en veinte años más, de los que seis ya tienen nacionalidad española, siendo la mitad islamistas, unido a otros elementos desarticuladores de la “identidad nacional”. Desaparecido el terrorismo de ETA, queda el yihadismo.

Estamos en la periferia de Europa sufriendo un proceso de especialización de nuestra economía como país de servicios, es decir, dependiente y estratégicamente irrelevante; abandonada la fantasía de ser geriátrico de Europa (por los altos precios de la vivienda, el deterioro de la seguridad ciudadana), nos queda el dudoso honor de ser el paraíso del turismo de litrona, balconing, porro y chancletas. ¡Como para ahora tratar de establecer cuál de los dos partidos mayoritarios es el “mal menor”!
No hay gran diferencia entre circular a 30 km por hora hacia un muro de hormigón con Casado al volante, o hacerlo a 90 km por hora en la misma dirección con Sánchez en los fogones… O a 60 km/h, dirigidos por el centrista de turno, o a 120 por cualquier colgao podemita, a lo Colau o a lo Carmena.

4. EN UN MUNDO SIN REDENTORES Y SIN POSIBILIDAD DE LLEGAR A ÍTACA

Lo que necesita nuestra sociedad es invertir el ritmo de marcha hacia el abismo: ir en dirección contraria a la que nos llevan todos los partidos hasta ahora mayoritarios. Desengañaros: No va a aparecer ninguna opción salvadora por la que se pueda poner la mano en el fuego o apostar por ella sin ningún tipo de reserva mental, que quede claro. Pero lo que sí puede aspirarse, por lo menos es a invertir la tendencia: a sustituir las delikatessen por curruscos de panarro, negarse a consumir los zurrullos bien aplanados que nos ofrece el “mal menor”; esto es, optar por Síbaris en lugar de elegir entre pasar por Escila o por Caribdis y, a pesar de que nuestro objetivo sea volver a ver las altas defensas de Ítaca.

En tiempos de crisis (crisis mundial, crisis sistémica y de civilización) no puede aspirarse a que se realice el mensaje escatológico y redentor, eso queda para los creyentes en dogmas, no para los que tenemos los pies en la tierra y la cabeza en el cielo. No hay cocineros cuya receta garantice ausencia permanente de colesterol, salud nutricional, ausencia de aditivos, colorantes, que esté cultivado biológicamente y que cuya ingesta reiterada no contemple ningún tipo de riesgo. No hay, oídlo bien, ni recetas mágicas, mi magos topoderosos, ni líderes carismáticos por los que podamos poner la mano en el fuego, ni dioses en los cielos que velen por nosotros: hay un mundo que marcha a la deriva y una España que está en vanguardia de la crisis, entre todos los países occidentales, porque es aquí en donde, a fuerza de votar con la inercia del “mal menor”, se han producido menos resistencias a los procesos de decadencia. Y llevamos décadas avanzando a distintas velocidades hacia el abismo.

5. EL “BIEN MENOR” ES INVERTIR LA MARCHA HACIA EL ABISMO

Ser realistas, aquí y ahora, implica decir: podemos ser maximalistas, pero no creamos que servirá para algo. Podemos evitar jugar al monopoly del “mal menor”, pero, al mismo tiempo ser conscientes de avanzar hacia el precipicio es un mal negocio. O podemos, claro, está decir también: “busco el bien menor”. No la opción que nos precipitará a menor velocidad hacia el abismo, sino aquella otra que, al menos tiene la voluntad, de desandar lo andado e invertir la marcha hacia el abismo.

Y no me importa si la velocidad de alejamiento del abismo es de 5 km/h o de 25. Sé que las circunstancias no permiten el alejamiento a mayor velocidad. Sé también que en el curso del viaje tendré que vérmelas con gentes que no me gustan, que no piensan al 100 por 100 como yo, incluso que algunas piensan y creen justo lo contrario de lo que yo creo. Pero la “teoría del bien menor”, implica caminar en dirección opuesta al abismo, a la velocidad que sea. Aunque sea a la velocidad del galápago que, al final termina (Zenón dixit), paradójicamente, llegando al mismo lugar que Aquiles, el de los “pies ligeros”

Y, ahora me planteo, ¿existe un “bien menor” en el panorama político español del declinante 2018? Antes de contestar, recomendaría asumir los razonamientos de este post. Porque, si se dan por buenos, la respuesta nos lleva a otros planteamientos. Si se rechaza lo planteado, nos situamos en el área de los maximalismos y/o de la desesperación que supone, predicar el Paraíso en el desierto, mientras en los fogones del tren en el que vamos embarcados, se pelean el maquinista emporrao, el maquinista tontorrón o el maquinista gilipollas…

LA TEORÍA DEL "BIEN MENOR" - I PARTE
LA TEORÍA DEL "BIEN MENOR" - II PARTE
LA TEORÍA DEL "BIEN MENOR" - III PARTE
LA TEORÍA DEL "BIEN MENOR" - IV PARTE