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lunes, 27 de mayo de 2019

365 QUEJÍOS (310) - ESPAÑA EN DIRECCIÓN CONTRARIA A EUROPA…


Ha concluido otro ciclo electoral. A falta de las elecciones autonómicas que caerán, sin duda después del verano, hemos pasado dos meses obsesionados con las elecciones generales, locales y europeas (y unas cuantas autonómicas). El sistema político español ha dado resultados completamente diferentes, e incluso opuestos, a cualquier otro sistema europeo. Eso da la medida de su valor: simplemente, vamos en contra de las tendencias dominantes en la UE.

Mientras la socialdemocracia alemana, el socialismo francés y el laborismo británico, se han hundido sin paliativos (e, incluso, en algunos países ha desaparecido por completo, véase el caso italiano), en España, el PSOE es más fuerte que nunca. Ha arañado votos del centro, votos de su izquierda y, sobre todo, ha contado con los votos de los “nuevos españoles”, esos a los que una simple decisión administrativa ha regalado la nacionalidad.

Vox, “la gran esperanza blanca”, se ha quedado a medio gas. En Cataluña no ha logrado implantarse en los municipios: ha obtenido todavía menos concejales de los que obtuvo PxC en las anteriores elecciones. Y, en las europeas, aunque Buxadé, entre en el Parlamento Europeo, lo hace solamente acompañado por Hermann Tertsch y Mazaly Aguilar. Es cierto que entrará en algunos gobiernos municipales y que logre estar presente o apoyar a gobiernos del PP-Cs, pero los resultados están muy por debajo de las expectativas. ¿Qué ha ocurrido? El resultado, es sorprendente a la vista de que el programa para las elecciones europeas de este partido, era bastante realista y podía satisfacer a un público procedente de la derecha, pero también cumplir las expectativas de gentes que hasta ahora han votado a otros partidos. La sensación que da es que el partido se ha deshinchado, víctima de ataques llegados de todos los sectores políticos (desde la derecha más extrema a la izquierda más radical) y buena parte de su electorado ha regresado al redil pepero. Lo cual demuestra, una vez más, la volatilidad del voto.

Pero, en general, lo que ha mostrado este último ciclo electoral es la ausencia, total, dramática, absoluta, de capacidad crítica del pueblo español. No es algo que pueda sorprender: España es el país de la UE en donde más porros se fuma, con un sistema de enseñanza más pulverizado y con más elevado fracaso escolar, con altísimos niveles de adicción a videojuegos y dispositivos móviles y, para colmo, en el que menos librerías abiertas existen, menos movimiento de libros hay en Internet y menores índices de lectores existen.

Así mismo, había que asistir a las mesas de votación para advertir que, sobre todo, los votantes, eran personas mayores en su inmensa mayoría de edades superior a los 55-60 años y con una presencia, por primera vez, significativa de “nuevos españoles”.

Cabría preguntarse, si en toda Europa se va extinguiendo el socialismo, ¿cómo es que en España se ha recuperado? O, cómo es que, permaneciendo cerrada la vía para la independencia catalana, los partidos independentistas polarizan el voto.

Veamos, el voto independentista: en 2015 la suma total de votos entre CiU y ERC ascendió a 1.376.522, mientras que cuatro años después, ha descendido a 1.357.308 votos. El descenso es mínimo, pero lo esencial es que se ha reproducido el sorpasso: ERC es, también en el ámbito autonómico, el partido hegemónico dentro del independentismo. CiU, actualmente Junts per Catalunya, se ha dejado por el camino 130.220 votos. No es que la diferencia sea muy grande, pero lo cierto es que Puigdemont, perdido en Waterloo y sin la más mínima esperanza de poder utilizar su acta de diputado europeo, es un fenómeno que se irá extinguiendo hasta que la falta de fondos para mantener el costoso equipo en torno suyo en el exterior, lo convierta en un fenómeno residual.



Lo cierto es que, en las elecciones generales de hace un mes, los partidos independentistas, obtuvieron 1.626.001 votos. A pesar de no es riguroso comparar los resultados de dos elecciones diferentes, lo cierto es que, en apenas un mes, 268.693 votantes del batiburrillo independentista, se han perdido por el camino. Y eso, si que resulta más significativo.

Lo que sorprende no es el hecho de que el suflé independentista se vaya deshinchando, sino la lentitud con que lo hace y que solamente puede explicarse por la fijación de todos los medios, especialmente de los dependientes de la Generalitat, por el proceso y por lo que tose Puigdemont desde su exilio dorado. Como hemos dicho en otras ocasiones, ningún partido indepe reconoce su fracaso a la hora de llegar al final de su aventura: si bien, está más que comprobado que la independencia es imposible por múltiples factores y que deberían empezar a tomar nota de ello en sus programas, algo de lo que incluso los personajes más lúcidos de estos partidos admiten en sus conversaciones privadas, nadie se atreve a reflejarlo en un programa político, por temor a que el rival (aquí hay dos siglas en juego, ERC y JxC) se vea beneficiado por lo que parecería una claudicación.

Pero lo cierto es que, a medida que pasan los meses, la situación va volviendo al redil: los radicales de la CUP-CDR ya han admitido su fracaso y en las filas indepes se está produciendo la temida selección a la inversa: siguen adelante los más freakys, los más radicales, los menos inteligentes, vaciándose las filas de personajes socialmente relevantes, significativos o de valía.

El verdadero drama, de todas formas, está ocurriendo en la derecha: la división implica en buena medida, desmovilización y cierta tendencia a que el PP se recupere de su crisis. El sorpaso de Cs al PP no se ha producido y la formación “naranja”, da la sensación de que empieza el declive habitual al centrismo español.

Otro tanto puede decirse de la galaxia Podemos que, como preveíamos, remite y pierde sus plazas municipales más significativas. No nos engañemos: Podemos de hoy tiene el mismo nivel que tuvo Izquierda Unida en otro tiempo. Es la izquierda radical de toda la vida que sigue estando ahí con otras obsesiones, con otros rostros, pero ocupando el mismo espacio. Llamar al partido “Unidas Podemos” (¿y por qué no Unidos Podemas?”) ha sido la última ridiculez en la que han caído sus bases como afirmación de las ideologías de género, única oferta de la coalición en su triste colegueo con el PSOE.


Así pues, el panorama político tiende de nuevo a que el PP sea la fuerza hegemónica en la derecha y el PSOE lo sea en la izquierda, con cada vez más partidos intermedios y en sus márgenes y con el cambio de independentistas por nacionalistas moderados. Eso es todo.

Obviamente, los resultados de las elecciones locales y autonómicas, influirán en la formación del gobierno. Las bases socialistas quieren acuerdos con los despojos de Podemos. Los barones, entendimientos con Cs. Pero lo cierto es que la “línea Valls” se ha quedado corta en Barcelona para consumar su asalto a la secretaría general del partido. Y esa línea era la más proclive a pactar con el PSOE. Sánchez puede optar por un gobierno en solitario con apoyos momentáneos, unas veces en Cs y otras en Podemos. Pero, los primeros le exigirán la resolución completa de la “cuestión catalana” y los segundos medidas de ingeniería social y mano tendida hacia los independentistas que pueden generarle problemas dentro de su propia formación.

A fin de cuentas, inestabilidad es lo que nos espera en los próximos cuatro años.

Vox. Deberá revisar su orientación. Va a ser difícil: en el interior hay demasiadas componentes diferentes que pueden llegar a chocar unas con otras. Tiene que gritar más alto algunas consignas (la lucha contra la inmigración masiva) y relegar otras a segundo plano y, por supuesto, revisar su programa económico (que tiene a la liberación del suelo como “medida estrella”…). Veremos con quién ubica a sus tres diputados en el parlamento europeo y lo que dicen.

Con 655.983 votos, 530 concejales (antes tenía un centenar), 25 escaños en cámaras autonómicas y 3 diputados europeos, parece claro que ha despegado, si bien, su éxito no ha sido tan rutilante como se esperaba. No hay que olvidar que de los 2.67 millones de votos que recibió la formación en las elecciones generales de hace un mes, ahora solamente ha podido conservar en las europeas 1.326.305 votos. Exactamente la mitad.

La relativa recuperación del PP hace que Vox deba de estar excepcionalmente atenta a su orientación: si insiste en propuestas liberales, se lo comerá el PP en una legislatura. Si insiste en propuestas propias del “euroescepticismo” a lo Salvini y a lo Marine Le Pen, podría mantenerse, pero necesita marcar diferencias con el PP: y eso solamente puede venir insistiendo en los problemas de la identidad nacional y de la lucha contra la inmigración. Y de los tres diputados europeos, al menos uno (Tersch) no parece que esté completamente acuerdo con ese planteamiento.

Es significativo que los resultados de Vox en Cataluña hayan sido extremadamente pobres y muy alejados de los 75.134 que obtuvo PxC hace 9 años, o de los 75 concejales a los que llegó. De hecho, se han perdido o no se han reconquistado la mayor parte de las concejalías que PxC obtuvo en 2015, período de declive, salvo en Salt por las particulares circunstancias de esta ciudad.

Hará falta, pues, una reflexión mayor y no una simple declaración postelectoral. Si es que esa reflexión es posible en un partido que dista mucho de estar unificado interiormente.

¿Alguna conclusión final? Sí, que los resultados son el resultado de la falta de capacidad crítica del pueblo español que cada vez parece más predispuesto incluso a reconocer sus problemas, a recordar cómo han sido tratados en las últimas elecciones, a examinar lo que proponen los partidos y a identificar problemas reales de falsos problemas. Eso ha hecho que, a diferencia de Europa, en España haya triunfado los que han sido derrotados en otros países. Más aún que el hecho de quien haya o no vencido, lo significativo son las migraciones de voto y su volatilidad que incidan que los electores carecen de razones profundas para votar a unos o a otros.

¿La pregunta del millón? En estas circunstancias, con un pueblo que vota sin criterio de ningún tipo, ¿es viable una democracia cuantitativa en la que gobierne solamente el que obtenga el mayor número de votos, sabiendo que la opinión de la población cambia como una veleta, el frágil y tornadiza? Pregunta retórica, claro está.






lunes, 18 de febrero de 2019

365 QUEJÍOS (273) – EL CAMINO HACIA LAS ELECCIONES (1 de 3).


Hace unos días temíamos los desmanes y las estupideces cotidianas del gobierno Sánchez. Ahora lo que tememos son tres meses continuados de campaña electoral que van a elevar a alto grado el riesgo de intoxicación política de nuestra sociedad. Como se sabe el nivel de racionalidad en el debate político en nuestro país es mínimo: los tertulianos no responde ni a la lógica, ni al sentido común, ni siquiera a sus distintas posiciones políticas, sino a los roles para los que han sido contratados y, lo que es peor, su bajo nivel, sus fakes, responden igualmente a las orientaciones de las cadenas mediáticas que los contratan. ¿Libertad de expresión? Sí, el que esas cadenas mediáticas ejercen entre sí y a despecho de la verdad. ¿Las encuestas del CIS? El menos fiable de los termómetros políticos pagado con el dinero de todo y cuyas previsiones, más que con escepticismo hay que considerarlas con sentido del humor. ¿Los mítines? Reuniones de devotos aburridos en el que los canales de televisión solamente muestran fragmentos de tales eventos, pero nunca de los presentes, para evitar dar la sensación de que la clase política hace décadas que ha dejado de interesar a la población. ¿Los programas? Documentos hechos para fidelizar el voto de determinados grupos sociales y encumbrar a una clase política que ha aprendido a hacer de la conquista del voto un modus vivendi. Este ciclo electoral, comprimido en unas pocas semanas.

> ¿Por qué se convocan elecciones?

Los sociólogos al servicio de Sánchez, le han recomendado que las elecciones generales tengan lugar antes que cualquier otra convocatoria. Los motivos de este adelante son tres:
  • 1) A medida que pasaba el tiempo, la popularidad del PSOE iba descendiendo y se asistía a una subida de Vox, lo que hacía en su conjunto que el electorado girase hacia la derecha. Así pues, la intención inicial de llegar al final de la legislatura, terminaba disminuyendo las posibilidades electorales de Sánchez. Después de las elecciones andaluzas, la formación del frente “trifálico”, hacía que, a medida que pasaba el tiempo, disminuyeran sus posibilidades.
  • 2) Probablemente, si Sánchez hubiera demostrado alguna decisión a la hora de afrontar el “problema independentista”, hubiera recuperado los votos que le ha hecho perder su indecisión, pero estamos hablando de un individuo sin carácter, con unas ideas políticas esquemáticas, que le impedían ejercer autoridad en la cuestión catalana que, en el fondo, ni entendía, ni le interesaba. Pero al no poder satisfacer ni a los que dentro de su gobierno Frankenstein favorables al “diálogo”, ni a Borrell ni a los barones regionales partidarios de la mano dura, ha tenido que disolver las cámaras, para evitar tener que hacer un acto de autoridad.
  • 3) En las elecciones generales, con una mayor participación, Sánchez calcula salir mejor librado que en las municipales y en las europeas, incluso si obtiene un buen resultado en las generales, puede mejorar algo su posición en las otras dos elecciones. Claro está que es un doble o nada: si en las generales, Sánchez no lograr una sólida posición, el hundimiento socialista puede ser histórico en las dos elecciones siguientes. El problema para Sánchez era que, esperar a convocar elecciones le suponía una merca creciente de votos.

> ¿Qué elecciones se convocan?

Se convocan elecciones generales para el 28 de abril y, cuatro semanas después, el 26 de mayo las elecciones municipales (autonómicas en doce comunidades) y europeas. El sentido común hubiera aconsejado realizar las tres elecciones en un “gran domingo”, pero la lógica rige poco en política y quien las convoca lo hace, de manera calculada, con la intención de vencer y porque cree tener todos los ases en la manga, minimizando los daños que pudiera tener un resultado adverso en alguna de ellas.

Ahora bien, los problemas a dirimir son muy distintos: en las generales, el debate debería ser sobre los “grandes problemas nacionales”; en las municipales un examen a los actuales ayuntamientos y ver si han satisfecho las expectativas de los ciudadanos; en cuanto a las europeas, lo que se dirime es cómo sacar a la UE de su parálisis actual y de la sensación de haberse convertido en un lastre más que en una institución operativa. Pero todo esto va a palidecer: en nuestro país, en el que el debate político está escamoteado por partidos que ya no tienen hombres dispuestos a defender programas, sino funcionarios a la caza de buenos beneficios personales, en el fondo lo que se va a dirimir es, si se produce un giro del electorado hacia posiciones populistas y euroescépticas, o sigue gobernando una mayoría “ultraprogresista”.

> ¿Qué pueden reportar estas elecciones a nuestro país?

Puede ocurrir desde lo menos malo hasta el desastre absoluto. Las encuestas demuestran que el electorado ha castigado los años de corrupción del PP y su indecisión mientras duró el gobierno Rajoy. A la derecha pepera le va a resultar completamente imposible superar a los socialistas, especialmente, porque la novedad es que ya no hay una derecha, sino un centro-derecha, una derecha-liberal y una derecha populista y euroescéptica, en un momento en el que va resultar difícil resucitar a Podemos y cuando los nacionalistas periféricos pueden perder votos, pero no los suficientes como para desaparecer del parlamento de Madrid.

Y luego está el hecho de que, en el interior de Ciudadanos, el oportunismo está presente de la manera más desaprensiva (y suicida). Inés Arrimadas ya ha dicho que podían pactar con la derecha o con la izquierda, porque para eso son “centristas”. Declaraciones como ésta, hacen pensar que Ciudadanos puede mejorar en relación a 2016 y puede ser la llave para gobiernos de coalición. Según las encuestas actuales, sería posible un gobierno de coalición PSOE-Cs (inducido por el enviado de la masonería francesa en el interior de Cs, Manuel Valls)… El problema es qué puede ocurrir si Cs decepciona con su ambigüedad para anunciar pactos previos a las elecciones. Si tenemos en cuenta que, en 2016, Cs atrajo el voto de protesta y el voto antiindependentista, ahora, esta formación se enfrenta a un doble enemigo: un PP que debe afirmar su perfil de derecha, invocando orden y autoridad, y un Vox que va a recoger lo esencial de ese voto de protesta con mucha más comodidad -y derechos- que Cs.


Puede ocurrir de todo: pero casi nada de lo que puede ocurrir es bueno. La mejor opción, por supuesto, sería que el electorado advirtiera que la inteligencia y el sentido común ya no están depositados en la sigla PSOE y que los meses del sanchismo han llevado solamente a un uso y abuso de tres temas: memoria histórica – inmigración masiva – ideología de género. Y que fuera de esta tríada, no hay nada ni serio, ni consistente en el PSOE, salvo una sigla que agrupa a ambiciosos sin escrúpulos y sin ideas, apoyada por el voto de izquierdas cerril de toda la vida. Pero, a pesar de que las encuestas del CIS sitúan el voto socialista visiblemente demasiado alto, lo cierto es que otras más realistas tampoco que se vaya a desplomar de aquí a las elecciones.

Descartada la mejor opción (la desintegración socialista) ¿qué queda?  Un gobierno de coalición Cs-PP con el apoyo externo de Vox, es decir, la traslación a escala nacional del “pacto andaluz”. Es una posibilidad, pero solo a condición de que las tensiones internas en el interior de Cs no estallen hasta unas horas después de cerradas las urnas (Valls propondrá un acuerdo con el PSOE) y solamente a condición de que el frente “trifálico” tuviera mayoría (lo que, en estos momentos, no es evidente que pueda ocurrir: para evitarlo, a fin de cuentas, es por lo que Sánchez ha convocado elecciones.

> ¿La peor opción?

Una victoria relativa del PSOE con unos votos nacionalistas decisivos para formar gobierno y que, por supuesto, caerían siempre del lado socialista (en quienes los nacionalistas advierten esa mezcla de debilidad, “comprensión” y condescendencia que nunca obtendrán del “frente trifálico”. Cualquier cosa que sea la continuación de la presencia socialista en el poder, ya sea apoyado por los votos nacionalistas o aupado por Cs, puede ser considerada como igualmente negativa para la sociedad española que ha tenido suficiente con el último año del gobierno Sánchez.

De todas formas, si Vox queda bien situado en las generales, su posición mejorará con toda seguridad en las europeas. Y estas elecciones son decisivas para el futuro del continente. Lo que nos darán estas elecciones celebradas a escala europea, son, o bien la irrupción de, entre una cuarta y una quinta parte, del parlamento europeo decantada hacia posiciones “populistas” y “euroescépticas”, con lo que habría concluido la época de la inmigración masiva y de la UE=pieza europea de la globalización, o bien un período histérico por parte del progresismo europeo que, ante las resistencias crecientes, optará por abrir durante los cinco años siguiente las puertas de Europa a la inmigración masiva en la esperanza de que el mapa electoral europeo cambie para siempre con los recién llegados. Claro está que Vox -y no sólo este partido, sino buena parte de las formaciones “euroescépticas”- debería madurar mucho su opción en política exterior: no se trata de destruir la UE, sino de reconstruirla sobre bases nuevas. La UE es poco, la no-UE es nada. Vale la pena que no lo olviden porque somos muchos los que pensamos en estos términos.

Ahora bien, en las elecciones autonómicas los socialistas corren el riesgo de perder todas las comunidades en las que están gobernando, si se reproduce el “pacto andaluz”. Esta es la esperanza que queda para que Cs desoiga las voces de Valls y de sus mandiles. En realidad, la lógica dice que, si Cs opta por una política de pactos con el PSOE, iniciará su declive; pero si lo hace con la derecha y logra imponer autoridad y energía en materia independentista, desaparecido el problema, desaparecerá también Cs…

La volatilidad del voto es hoy un nuevo factor político a tener en cuenta: hasta ahora, el voto en la democracia española era algo cerril, los había que durante toda su vida habían votado a la izquierda y otros que lo hacían a la derecha desde la primera ocasión. Las fluctuaciones se producían no tanto por el trasvase de votos de unas formaciones a otras como por las alteraciones en el número de los que iban a votar o se abstenían. En las últimas elecciones en 2016 ya se notó esta “volatilidad”: el electorado, convencido de que la clase política trabaja solamente para sus intereses, opta, no por votar a favor de tal o cual opción, sino en contra de la que más le ha decepcionado.

> ¿Qué riesgos afronta nuestra comunidad nacional con estas elecciones?

Renovación o desintegración. Renovación por la aparición de una fuerza política nueva que, aun sin hacernos grandes esperanzas al estar todavía en sus primeros pasos, supone un elemento nuevo en democracia: nunca hasta ahora había aparecido una fuerza con empuje a la derecha de la derecha liberal

Este es el elemento verdaderamente nuevo del ciclo electoral de 2018: ver si, efectivamente, Vox es un partido transversal y cristaliza como tal, o bien termina siendo una versión “dura” del PP de siempre, en cuyo caso su papel no habrá sido otro que el de dividir a la derecha, o más bien el de volver a los orígenes de la derecha de tiempos de Fraga.

Lo contrario de la “renovación” es la “desintegración nacional” y esta tiene un nombre, un rostro y una sigla: Partido Socialista Obrero Español – Pedro Sánchez – PSOE.

¿Qué debemos tener claro en todo este magma opaco y peligroso?

Sólo una idea: establecer quién es el “enemigo principal” y quién el “enemigo segundario”: los últimos meses han demostrado la peligrosidad de que las riendas del país estén en manos de un partido socialista que ya no tiene nada de socialista y que no es más que un amasijo de ideología de género, memoria histórica hemipléjica y la última puerta abierta de Europa a la inmigración. Cualquier otro adversario es secundario en relación a la peligrosidad mostrada por el PSOE de Sánchez que es preciso arrinconar, y conseguir que desaparezca como ya ha desaparecido de muchos países europeos (Italia) o se ha visto reducida a términos residuales (Francia).

No sabemos lo que puede ocurrir en este ciclo electoral, pero lo que sí debe quedar claro es la naturaleza de porqué el PSOE es el enemigo principal y porqué cualquier otra opción podría ser considerada desde “enemigo secundario” hasta “amigo ocasional” o simplemente “joven promesa”.

Claro está que si lo que se desea es acelerar la crisis y que el régimen político español se hunda cuanto antes, parece claro que la opción debe ser, por encima de cualquier otra, el PSOE. Sí, porque nuestro país no soportaría a un Sánchez 2.0, esto es, a un ZP 3.0…

El camino a las elecciones (1 de 3)
El camino a las elecciones (2 de 3)
El camino a las elecciones (3 de 3)

lunes, 5 de noviembre de 2018

365 QUEJÍOS (188) – LA TEORÍA DEL “BIEN MENOR” (IV de IV)


Llegamos a la última etapa de esta pequeña reflexión en la que descendemos del terreno de las ideas y los diálogos interiores a observar la realidad política operante y a plantear la pregunta más realidad: ¿a quién entregar el voto? ¿a quién considerar como el “bien menor”? Sin ánimo de ser exhaustivos, vamos a considerar únicamente dos opciones: Vox y Respeto. Excluiremos otras posibilidades por distintos motivos: por demasiado recientes o por pertenecer a opciones testimonialistas que proceden de otras épocas y que arrastran lastres históricos (cualquier estudiante de márquetin sabe que es más fácil crear una “nueva marca” que recuperar el prestigio de una “marca caída”). Por eso optamos por centrarnos en las dos únicas “ofertas” que en estos momentos podrían considerarse como “realmente existentes”. Pero vale la pena apuntar unos matices sobre cada una de ellas.

14. VOX EN ESCENA

Desde el final del verano, Vox se ha convertido en la estrella ascendente de la política española. Vale la pena recordar lo que fue Vox en sus orígenes y en lo que se ha convertido a partir de septiembre de 2018. El “primer Vox” no dejaba de ser una escisión del PP, cristalizada por distintos motivos: para unos se trataba de romper el “indiferentismo” del que hacía gala Rajoy en las cuestiones claves, su apatía y su tendencia a aplazar la resolución de los problemas; para otros, Vox aparecía para “recuperar las esencias” del PP, incluso de la antigua Alianza Popular. Los había que tenían la intención de salir del PP, mejorar sus posiciones para tratar de volver al PP en mejores condiciones tal como ya intentaran los medios del PADE hace un cuarto de siglo. También estaban los oportunistas, los resentidos y los marginados del reparto del poder, los que se habían enfrentado a la dirección del PP y sabían que ya nunca más podrían figurar en la dirección o acceder a las palancas de mando del partido.

El saldo de ese primer Vox resulta un fracaso: logran un centenar de concejales, pero ningún peso político, ni en las elecciones regionales, ni en las europeas, ni en las generales. Y entonces se llega a lo que podríamos llamar una “situación de tránsito”. Es el período que va entre 2015 y 2016, cuando el partido se presenta en las elecciones obteniendo 58.114 votos (en 2010, Plataforma per Catalunya había obtenido su mejor resultado con 82.321 votos sólo en esa región). En ese período, Vox es un partido “de derechas”, mejor dicho, situado “a la derecha de la derecha”, sin poder ser considerado como un partido de “extrema-derecha” que interesaba solamente a unos pocos votantes decepcionados con el PP y a todavía menos votantes de extrema-derecha (procedentes del carlismo, supervivientes de Fuerza Nueva y antiabortistas de Familia y Vida). El resultado fue, pues, pobre.

Lo que ha propulsado a este partido a aparecer en las encuestas del CIS por primera vez en noviembre de 2017, ha sido la judicialización que ha emprendido en la “cuestión independentista” y que le ha valido estar permanentemente presente acompañando a los devaneos independentistas, una tarea que había sido olvidada por el PP y por Cs. Pero, paralelamente, el fracaso notorio en las elecciones de 2016, y los cambios en el panorama internacional, han generado un cambio en la orientación de Vox.

Y estos cambios han sido notables porque se ha abandonado la tendencia inicial a ser un PADE-bis o una recuperación del aznarismo. A ello han contribuido:
  • el ascenso de los llamados “populismos” en todos los países europeos, que contenían sin excepción las mismas características: voces de protesta aparecidas en las clases medias y generalizadas en las clases populares contra la globalización; rechazo a la política de inmigración masiva y de acogida ilimitada de refugiados.
  • los resultados obtenidos por Marine Le Pen en las elecciones presidenciales franceses de 2017 en las que obtuvo el 33,90% y 10.644.118 votos.
  • la elección presidencial de Donald Trump en los EEUU que suponía una victoria, no solamente sobre la candidatura “liberal” de Hillary Clinton, fiel representante de los intereses del “establishment” e incluso una superación del marco tradicional conservador del Partido Republicano. Basado en la reivindicación de una economía productiva y en una economía basada en la renovación de infraestructuras.
  • la aparición de una “Mitteleuropa” dominada por los “populismo” (que hoy ya gobiernan en Austria, Polonia, Hungría, Chequia, Eslovenia, sin olvidar el papel de la Lega en Italia y el formidable tirón de la AdF en Alemania.

Era evidente que un partido con medios y recursos suficientes podía aspirar a ocupar un espacio que estaba vacío en España. Así que, en el último año, además de la judicialización de la vida política (que ya intentó UPyD en su momento e incluso PxC), Vox ha cambiado notoriamente su orientación.

Quedaría valorar si esta variación es “oportunista” o “sincera”, algo que solo el tiempo dirá. Incluso cabría plantearse si el cambio de orientación ha afectado a la totalidad del partido o solamente a la cúpula. Lo cierto es que, con la orientación inicial, solamente podía atraer a votos de los descontentos con el PP, pero la nueva orientación, en cambio, le da la posibilidad de contar con una base electoral y militante más amplia.

El programa del partido, al menos el que se mantiene colgado en la web, puede ser asumido como “similar” a los programas de los “populismos” europeos (salvo el punto 47 sobre la liberalización del suelo que conduce directamente al modelo de economía aznariano, uno de los fracasos más notables de la izquierda en la medida en que preparó las bases para que en nuestro país se sintiera más que en ningún otro la crisis de 2008). En lo que se refiere al programa, resumido en 10 puntos, resume la misma orientación, si bien haría falta una mayor claridad en política internacional y una condena explícita contra el mundialismo y la globalización, necesaria si el partido aspira a tener una vocación transversal a imagen de los “populismos” europeos.

No es, por tanto, una opción a descartar, sino que entra perfectamente en la catalogación de opciones que proponen elementos suficientes para abandonar la “zona crítica” e invertir la marcha hacia el abismo.

Las críticas que ha recibido este partido en las últimas semanas tienen que ver con: 1) tópicos repetidos en base a la actuación del partido en su primer período, 2) acusaciones que distan mucho de la realidad como “marca blanca” del PP, 3) acusaciones de oportunismo y de falta de sinceridad y tics propios de la clase política profesional. Lo cierto es que ninguna de estas críticas esta suficientemente razonada y no pasa del nivel de exabruptos y, en última instancia, el tiempo dirá si la tercera y última queda confirmada o desmentida por los hechos.



15. LA FEDERACIÓN RESPETO

Hace tres años fuimos de los que más tiramos del carro para concretar una aproximación entre España 2000 y Plataforma por Cataluña. A ello nos llevaba años de amistad y militancia con los que dirigían ambas opciones. Si luego nos retiramos fue por motivos personales (alejamiento físico del territorio nacional), dudas sobre la viabilidad del proyecto y sobre su velocidad de aplicación). A la suma entre España 2000 (con dos núcleos en el Corredor del Henares y en Valencia), y Plataforma por Cataluña, se han ido añadiendo otras fuerzas locales o provinciales, menores.

El problema de esta Federación es que debió forjarse cuando PxC estaba en su fase ascendente y había estado próxima a colocar un diputado en el Parlamento Autonómico en las elecciones regionales de 2010 o cuando alcanzo los 67 concejales, sus techos máximos… no cuando PxC implosionó tras la “crisis Anglada” y tras errores de orientación en 2011 impuestas por una especie de dogmatismo identitario que les impidió pronunciarse con claridad en torno al debate de aquel momento (la cuestión autonómica).

El segundo problema ha sido la dicotomía Henares-Valencia, no siempre coincidentes, orientados los primeros hacia el trabajo en los ayuntamientos de la zona y los segundos hacia el activismo callejero. En la actualidad, la Federación Respeto sigue registrando incorporaciones y altas. En su momento, se esperaba que los resultados de las últimas elecciones municipales fueran mejores de los que fueron en realidad. Entonces se calculaba que podría establecerse una “asamblea de concejales” que constituyera el motor, pero los cálculos fueron demasiado optimistas y los grupos que integraban Respeto quedaron por debajo de los 20 concejales (en las mismas elecciones, Vox obtuvo 22), lo que trabó el proyecto. Desde entonces, Respeto ha seguido avanzando, pero a una velocidad mucho menor de lo esperado, de lo deseado y de lo requerido.

Se suele situar a Respeto en el ámbito de la “extrema-derecha”, pero en realidad, está más identificado desde sus orígenes con los populismos europeos que con la extrema-derecha testimonialista. Y, en cualquier caso, los tres factores (rechazo a la globalización, defensa de la identidad nacional y voluntad de restablecimiento de la autoridad del Estado) están presentes en sus documentos y en la voluntad de sus miembros. Por tanto, puede ser considerada como otra opción válida como “bien menor”.

16. VOX FRENTE A RESPETO (Y VICEVERSA)

Parece razonable decir que Vox y Respeto comparten un área similar. Si nos atenemos al número de concejales que han obtenido en las últimas elecciones municipales, la suma es muy similar. Y en cuento a sus programas, algunos aspectos poco definidos en Vox o con cierto nivel de ambigüedad, están más sólidamente recogidos en los documentos de Respeto. Pero también es cierto que los medios de Vox son muy superiores a los de Respeto y que la velocidad de progreso de Vox es extremadamente superior a la de Respeto.

La lógica -si es que, en política, la lógica ocupa algún lugar- es que ambas formaciones colaborasen o se integrasen, pero, en cualquier caso, aplicaran la “ley de los afines” (no atacar al que es afín, no obstaculizar al afín, no invadir territorios del afín).
Las posibilidades serían tres:
  1. Vox el “partido”, Respeto la “vanguardia”.- una situación parecida a la que existe en Francia entre Ressemblament National (exFN) y “Les Identitaires”. El “partido” mantiene un perfil moderado y electoralista, la vanguardia asume el papel de fuerza activista con presencia especialmente callejera.
  2. Respeto se integra en Vox.- a la vista de que, Respeto dispone de un patrimonio electoral innegable que se traduce en un grupo de concejales con presencia real en las zonas en algunas zonas y, sobre todo, se trata de cuadros “fogueados” en materia de lucha contra la inmigración masiva. Se excluye lo contrario (una integración Vox en Respeto por razones más obvias). Lo que sí sería posible es extrapolar la antigua idea de la “asamblea de concejales” a Vox, reuniendo a los que salgan de los próximos comicios municipales de ambas formaciones en una sola asociación de concejales que estableciera políticas municipales comunes.
  3. Pacto de no agresión.- no “invadir” las zonas electorales en los que hay presencia de la otra formación política; no atacar ni realizar actividades que pudieran considerarse “agresiones” contra la otra parte; no aceptar expulsados del otro partido y, finalmente, generar una dinámica entendimiento; realización de determinadas actividades en común, especialmente por el hecho de que Respeto puede aportar un conocimiento más detallado en materia de inmigración.
Lo que está claro, con la nueva situación creada en el otoño de 2018, es que en España se está abriendo la posibilidad de apertura de un “espacio identitario” y que, en su consolidación, las dos fuerzas hoy existentes, pueden aspirar:
  •  o bien a la política [hostil] de “los inmortales”: “sólo uno puede sobrevivir”.
  •  o bien a la política [amable] de las “integraciones”: “entre todos lo haremos todo”.
  •  o bien a la aplicación de la “ley de los afines”: “no atacar al que es afín en su programa”.
  •  o bien el “juego de las partes”: “Vox partido parlamentario – Respeto vanguardia activista”.
La primera es peligrosa (porque conlleva desgastes innecesarios y luchas intestinas con aparición de tránsfugas de uno y otro bando), la según es posible pero solamente en algunas circunstancias (si el despegue de Vox logra confirmarse y en las próximas elecciones municipales Respeto logra un número apreciable de concejales); la tercera nos parece imprescindible en cualquier situación. Y la última es la salida inevitable si Vox se consolida y Respeto sigue progresando: la única que garantizaría la presencia de dos estrategias en el mismo espacio político.

15. LAS DOS OPCIONES ¿VOTAR O NO VOTAR?

Pero no olvidemos algo: el derecho al voto no es tanto una conquista como el reconocimiento de lo injusto de una democracia entendida solamente de manera cuantitativa. Es lícito cuestionar una democracia que solamente da la posibilidad de depositar un papel en una urna, una vez cada cuatro años, especialmente cuando los medios de comunicación condicionan, orientan y manipulan el voto. Mientras la democracia se reduzca a esto, no es democracia, y, por tanto, el ejercicio del derecho al voto es opcional.

Además de buscar el “bien menor”, es posible también ejercer el voto de protesta mediante el voto en blanco, el voto nulo o la abstención. No podemos caer en el “fetichismo del voto”: el voto será importante cuando exista una democracia auténtica y, junto a la representación en función de los partidos políticos, el ciudadano esté representado también mediante otros canales situados al margen de este modelo de participación.

Desde muchos puntos de vista se escuchan los llamamientos a la “reforma constitucional”, y ciertamente es necesaria una modificación de las “reglas del juego”. Ahora bien, en las actuales circunstancias una “reforma constitucional” resulta completamente imposible, salvo que se esté dispuesto a avanzar con paso firme hacia lo que hemos definido como “el abismo”: no existen posibilidades de abolir los regímenes autonómicos, cualquier reforma constitucional nos situaría, por presión de la extrema-izquierda y por complicidad socialista, en el terreno de una “Tercera República” que no sería nada más que un ajuste de cuentas y un retroceso hasta la Segunda República… si permanecemos en el terreno del realismo político: hay elementos presentes en el programa de las opciones que pueden ser consideradas como “mal menor” que no tienen la posibilidad de realizarse mientras no se cuente con dos tercios de los apoyos parlamentarios.

En la actualidad, especialmente en Cataluña y a causa del rechazo generado en parte de la población hacia el independentismo, donde más rápidamente está creciendo un nuevo asociacionismo -como en el que, en su momento, apareció en el País Vasco y fue el germen de la reacción contra ETA- cuyas posturas razonables y coherentes están más en la órbita del “bien menor” que en la de partidos como Cs que están mostrando su capacidad para cambalachear ante cualquier situación. La construcción de una alternativa pasa por variar el “modo partido” al “modo movimiento”, comprendido como tejido de asociaciones, partidos, grupos culturales, medios de comunicación que van junto en la misma dirección: alejamiento de la “zona de riesgo”, inversión de la dirección de marcha, regeneración del Estado, etc.

Esto implica que, el terreno de la política, del activismo militante o de la acción parlamentaria, no es el único, ni puede ser el único al que vayan a parar todas las energías: es preciso abrir nuevos frentes de actuación y, sobre todo, estar presentes en los debates culturales y forjarse medios propios de comunicación capaces de merecer credibilidad y respeto. Si esto no existe, jamás estarán presentes las bases que permitan el que amplios sectores de la población sean conscientes de lo que implica la permanencia en la “zona crítica”, y los riesgos de aproximarse -a la velocidad que sea- al abismo.

Esta tarea es todavía más necesaria desde el momento en el que no se trata solo de avanzar electoralmente, sino de hacerlo “socialmente”, es decir, aumentando el número de profesionales capaces de transmitir, no solamente el “deseo de votar” a una opción que supongo el “bien menor”, sino de adherirse, activamente, a la tarea de la reconstrucción nacional.

Porque a medio plazo van a hacer falta profesores capaces de educar alumnos, hará falta relanzar la natalidad, consciente, responsable y eficiente y, para ello, no bastará solamente con mejorar el tratamiento fiscal a la paternidad, ni subvencionarlo… sino contar con padres capaces de asumir la tarea educacional. Hará falta reforzar el aparato del Estado y, para ello, será precisa la aparición de una “nueva conciencia nacional y cívica” que desplace las décadas de malos hábitos o, incluso, los siglos de inercia y apatía, individualismo y despreocupación que han sido compañeros inseparables de España y de los españoles. Y para ello hace falta algo más que depositar el voto: es preciso el compromiso activo de franjas amplias de la población.

Se dice, con razón, que la política es el “arte de lo posible”, pero también es cierto que ante las enfermedades sistémicas de nuestro ordenamiento político-social y cultural, no basta con la “política” concebida en tanto que gestión de lo cotidiano. Julius Evola nos decía que es preciso tener en cuenta “objetivos cercanos” y “objetivos lejanos”, a corto y largo plazo. Uno de sus títulos iba en esa dirección, incluso en el título: “El arco y la maza”. Hace falta mirar a largo plazo.

Desde este punto de vista: abandonar la “zona crítica” es una urgencia de nuestro momento histórico. La caída por un precipicio no es la mejor garantía de recuperación de una sociedad. Pero invertir la marcha y no renunciar a poder ofrecer a nuestros hijos un “bien mayor”, desde el cual poder contemplar el sinsentido de la modernidad y volver a la normalidad de un “Orden” digno de tal nombre, es el objetivo final del que la búsqueda del “bien menor” es solamente una etapa intermedia.

LA TEORÍA DEL "BIEN MENOR" - I PARTE
LA TEORÍA DEL "BIEN MENOR" - II PARTE
LA TEORÍA DEL "BIEN MENOR" - III PARTE

LA TEORÍA DEL "BIEN MENOR" - IV PARTE