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sábado, 15 de junio de 2024

BOAZ Y JAKIN: ABATIR LAS DOS COLUMNAS DEL TEMPLO

No, este no es un artículo conspiranoico. Más bien apelamos al simbolismo masónico para demostrar nuestra tesis y nos remitimos a una enseñanza que nos dio el coronel San Martín en el lejano otoño de 1970. Por un lado, Jakin y Boaz son las columnas sobre las que se eleva el templo masónico. Por otro, San Martín nos decía que el templo clásico del Estado en aquellos momentos, se levantaba sobre varias columnas: la Falange, el Carlismo, el Opus Dei, los monárquicos, la mayoría silenciosa. Si estas columnas se pelean entre sí o están muy deterioradas, el aparato del estado (el “frontón” o triángulo superior que lo corona) se hunde. Pues bien, las dos columnas sobre las que se levanta el régimen nacido en 1978, sus Jakin y Boaz, son el PP y el PSOE. El régimen sobrevivirá mientras las dos columnas gocen de buena salud.

LA CONSTITUCIÓN DESCANSA SOBRE PP Y “PSOE”

El coronal San Martín terminaba su “masterclass” poniendo una bandera sobre la cúspide del frontón de su imaginario templo que había pintado en una pizarra: “Esa bandera, son las Leyes Fundamentales”. Cámbiese, las “Leyes Fundamentales” del franquismo, por la constitución de 1978 y habremos completado la analogía. Si caen las dos columnas, se derrumba el templo del Estado y con él, la constitución de 1978. Estas son las consecuencias.

Por el momento, las dos “columnas” del régimen gozan de relativa buena salud. Se tiene tendencia a pensar que el “gran hallazgo” de la “democracia española” fue la alternancia entre gobiernos de centro-derecha y de centro-izquierda apoyados por nacionalistas moderados catalanes y vascos cuando no tenían mayoría absoluta. Y eso funcionó durante un tiempo (poco, en realidad), pronto, ya en el siglo XXI, los nacionalistas se fueron radicalizando hacia el independentismo y en los últimos años, en todo el mundo, la derecha se ha endurecido ante las medidas, cada vez más locas, de ingeniería social de la izquierda.

En España éste último proceso de radicalización va avanzando, aunque estamos lejos todavía del que se ha dado en las grandes democracias occidentales: en Francia y en Italia, sobre todo, en Alemania, en Austria, incluso en el nuevo continente en países como Brasil, Argentina, EEUU… Más o menos, en todo el mundo, ha aparecido lo que llamamos “la política de bloques”. En España estamos en camino. En Francia, las izquierdas se han dado prisa en constituir un “frente popular antifascista” como si estuviéramos en 1935, frente al bloque de las derechas. Lo que les separa es algo tan sencillo como: “welcome refugies” o “basta de inmigración”, o si se prefiere “cosmopolitismo mestizo” frente a “identidad francesa”.

FEIJÓO SERÁ ALGÚN DÍA PRESIDENTE

En España, hasta ahora parecía claro que la radicalización del pedrosanchismo (el PSOE ya no existe, es una mera prolongación personal del presidente) generaría una polarización similar a la que se ha dado en otros países. Pero algo ha fallado en este cálculo: Feijóo vive en un mundo retrasado entre 20 y 30 años de la realidad presente. Cree que todavía la primera opción de pactos es con el “PSOE”… de tanto en tanto, se manifiesta fiel a la Agenda 2030 y en el tema de la inmigración acaba de votar a favor de la regularización de 500.000 inmigrantes. A pesar de gobernar con Vox, muchos caciques locales peperos consideran a esta formación como ”enemiga”. Sin olvidar la chapuza de la última campaña electoral en la que el PP presentó como un “fake” la campaña de Vox recordando que PP y PSOE pactan habitualmente en el parlamento europeo y que la nefasta von der Leyen ha sido apoyada por ambos partidos… Antes de hacerse público el recuento de votos, la propia von der Leyen (Partido Popular Europeo) afirmaba que volvería a gobernar con los votos del… “PSOE”).

Dudo en estos momentos de si Feijóo será presidente algún día. Entre un psicópata y un timorato, vencerá siempre el primero. Y, además, en el caso de que llegara a presidente ¿qué va a hacer Feijóo? ¿cortar la inmigración en seco? ¿cómo? ¿haciendo lo que el Partido Popular Europeo, esto es, nada? ¿y la criminalidad que se ha disparado? ¿y los incidentes cada día más frecuentes en todas nuestras ciudades y pueblos entre mafias llegadas de todo el mundo? ¿Cómo serán las relaciones con Marruecos? ¿seguiremos importando alimentos envenenados del Magreb? ¿Y la OTAN? ¿nos seguirá poniendo en riesgo cada día y nos inducirá a morir por Zelensky como la cosa más natural del mundo? ¿Tendrá el valor de un Milei para poner en marcha la cortadora y cortar las subvenciones a chiringuitos y ONGs inútiles? ¿meterá en cintura a las legiones de drag-queens que quieren catequizar en los colegios a niños de 3 a 5 años? Me cuesta trabajo pensar que, de llegar al poder, Feijóo hará algo mas que tratar de racionalizar los gastos del Estado y evitar -cosa difícil- que la deuda llegue a los dos Billones de euros. Y con eso se dará por satisfecho. Le falta carácter para ir más lejos.

Y luego está la posibilidad de que tanta tibieza, suavidad y timidez, ni siquiera lo aproximen al poder, con lo que, el PP precisará un sustituto. Ahí está Isabel Díaz Ayuso… Bien, pero no tan bien si tenemos en cuenta que su hegemonía en Madrid no se ha debido tanto a sus logros personales como a los errores del PSOE (virtualmente desaparecido en la autonomía) y que, el hecho de que Mas Madrid sea el segundo partido ha obligado a Ayuso a emplear una mayor combatividad. Pedro Sánchez lo tiene muy claro: más vale torpedear a Ayuso que a Feijóo. Ayuso es, por lo demás, vale la pena no olvidarlo, una dirigente sin experiencia internacional e, incluso, sin experiencia más allá de las fronteras de la Comunidad de Madrid.

LO QUE MANTIENE VIVOS A PP Y “PSOE”, A JAKIN Y BOAZ

Sin embargo, el proceso de polarización que conduce a la “política de bloques” sigue avanzando en nuestro país. El elector parece conocer la parábola de Bertol Brecht: un buda está meditando en una habitación, bruscamente cae la vela y la estancia se incendia. El buda sale de su meditación, se asoma a la ventana y cuando las llamas están a punto de quemarle las cejas pregunta a un viandante: “¿Qué tal se está ahí fuera?”. El elector español se queja y reniega de Jakin y de Boaz, del PP y del “PSOE”, pero le preocupa mucho más lo que vendrá después. Ocurre en todo Occidente: ¿qué vendrá después? Incluso la derecha más derecha se autotitula “constitucionalista”, no tanto por la eficacia demostrada por la “carta magna” como por los reflejos de seguridad que genera en sectores del electorado. Se dice que el dinero busca seguridad, pero el elector, que en el fondo no es más que un euro con patas, va allí en donde se le garantiza más seguridad. Por ello, el sistema se sigue sosteniendo sobre las dos columnas. El templo no va a ser abatido en breve.

Pero el tránsito hacia la “política de bloques” es inevitable: no hay posibilidad de consensos, de existir acuerdos entre los dos grandes partidos solamente se realizarán para ocultar sus miserias, esconder sus corruptelas, repartirse el poder y pactar seguridades para que nadie ponga en verdadero riesgo las políticas realizadas por el otro desde el gobierno. El descontento, la decepción, esa sensación de que las elecciones están trucadas, primero por el CIS y luego por INDRA a la hora del recuento, se va apoderando de más y más ciudadanos. Para unos, vivimos en una “democracia de pacotilla”, para otros es una “dictadura incipiente”, para los más optimistas “una perversión de la constitución del 78”.

En las elecciones catalanas, a la vista de que el PP no terminaba de despegar, en la última semana de campaña se alteró el mensaje: ya no era “por la convivencia, ni por la seguridad ciudadana”, era “contra la delincuencia inmigrante”. Y el electorado catalán se fijó en el PP. De haberle dicho al electorado que, cerradas las urnas, el PP votaría por la regularización masiva de 500.000 inmigrantes más, es probable que se hubiera quedado con los tres diputados que tenía en la anterior legislatura catalana.

Si el “PSOE” ya ha desaparecido y más le valdría cambiar el nombre por el de “Grupo de Amigos Personales de Pedro Sánchez”, al PP cabría definirle como el “Partido de la Decepción”. Votar al PP hoy es quedar decepcionado por sus iniciativas mañana. De la misma forma que creer en las bondades del pedrosanchismo es vivir en un mundo que se hunde y pensar que es el mejor de los mundos posibles.

¿UN PROGRAMA COMÚN DE LA DERECHA?

Hasta hace poco estaba convencido de que era posible desalojar al sanchismo del poder gracias a un “programa común de la derecha”. Hoy ya no lo creo tanto. Y creo que hay que trabajar en otra dirección y en una estrategia que llamaría “abatir las columnas del templo”. Es bueno que existe un “frente nacional” opuesto al “frente popular”. Y a lo que vemos, las fuerzas que podrían dar lugar a un “frente nacional”, se van ampliando y ensanchando.

No es por casualidad que ha aparecido el fenómeno Alvise, ni que Vox, a pesar de la presión del PP y de la presión de la izquierda, resista y avance posiciones. No es por casualidad que los jóvenes voten cada vez más a partidos de la derecha nacional y radical. Ni tampoco que sigan actuando cada vez más formaciones activistas de extrema-derecha. Tampoco es por casualidad que los partidos de izquierdas registren un aumento del voto de los “nuevos españoles”, ni que el “PSOE” haya nacionalizado este año a una cifra récord de casi 300.000 extranjeros. El pedrosanchismo cultiva a sus nuevos votantes…

En realidad, hoy, siguen existiendo las “dos Españas”: la que paga impuestos y la que los recibe en forma de subsidios y subvenciones. Mañana esas dos Españas tendrán otra forma: “los viejos españoles” (que pagan impuestos) y los “nuevos españoles” (que reciben subvenciones). Y, estos últimos crecen más rápidamente que los primeros.

Mientras el centro-derecha siga enrocado en posiciones de hace veinte o treinta años, sin darse cuenta de los cambios en la sociedad española, un “programa común de la derecha” podría supone una mordaza para una parte del electorado. Mejor la estrategia del “cántaro de bronce” y del “cántaro de barro”: viajar juntos hasta que uno de ellos, el más frágil, se rompa.

EL PROCESO DE POLARIZACIÓN Y LAS NUEVAS REALIDADES

En España, el proceso de “polarización” seguirá con forma de curva asindótica, pero inevitable y con una característica que no tendrá en otros países: se llevará por delante el régimen nacido en 1978. Una mala noticia para los “constitucionalistas”, pero inevitable. No será una caída al vacío como teme una parte del electorado, sino una “remodelación del edificio”. La buena noticia es que las columnas de sustitución se están formando ya: son los nuevos partidos que no estaban previstos en los acuerdos de la transición, es el cambio en el uso de la información (la transición se vio apoyada por grupos mediáticos que hoy están en crisis -PRISA- o hace tiempo que han desaparecido -Cadena 16- o están debilitados -Z-, hoy la televisión generalista la ven minorías y no le prestan excesiva atención, mientras que las redes sociales y los digitales  se han configurado como primera fuente de información), y es una situación de deterioro de la convivencia y de la seguridad lo que hace que, en España, una de las columnas del futuro sistema esté afianzándose más que la otra: la “derecha nacional” frente a una izquierda desmoralizada, desorientada y multidividida, que no va más allá de lo programado en la Agenda 2030.

La constitución del 78 cada vez muestra un mayor deterioro. Gracias a su ambigüedad, Sánchez puede proponer las medidas que está proponiendo (amnistía, reforma de la justicia, regularizaciones masivas, medicina universal, puertas abiertas de par en paz, incluso en las cárceles en donde cada vez resulta más difícil entrar, pero muy fácil salir, en organismos públicos que sirven a intereses de parte, el CIS, RTVE, etc). No es malo que caiga esta constitución, ni que empiece a perfilarse el reemplazo político a la derecha del centro-derecha. Contra más crezca la derecha de la derecha, más rápido se producirá el derrumbe de Jakin y Boaz, del pedrosanchismo y del PP. Y cuanto antes lleguemos a la política de “las afirmaciones absolutas y de las negaciones soberanas, mejor”.








  

lunes, 19 de febrero de 2024

18-F: ANÁLISIS A MARTILLAZOS DE LAS ELECCIONES GALLEGAS

Aunque el resultado de las elecciones gallegas no puede extrapolarse al resto de España, lo cierto es que, al conocerse los resultados, las perspectivas para el pedrosanchismo son muy negras. A lo largo de 2024 quedan otras tres citas electorales y de su resultado dependerá que, a finales de año, se convoquen nuevas elecciones. En efecto, las elecciones regionales vascas, las elecciones europeas y las elecciones catalanes, pueden determinar el futuro del pedrosanchismo que, de momento, ha recibido su primer varapalo: y, lo más importante, es que convierta al PSOE en “partido residual” en aquella comunidad. Porque, allí, el debate político ya no va a ser entre PSOE y derecha, sino entre independentistas y derecha. Tal ha sido el primer fruto envenenado de las iniciativas pedrosanchistas. A esto podemos añadir un análisis más detallado de los resultados.

1. DERECHA GANA A IZQUIERDA

La diferencia entre la suma total de los votos obtenidos el 18-J en Galicia es de 747.687 para la derecha (suma de los votos de PP, Vox y DO), mientras que el de la izquierda es de 711.695 (resultado de sumar los votos del BNG, PSOE, Sumar, PACMA y Podemos). La ventaja, por tanto, para la derecha es de 35.992 votos. Lo que, en términos porcentuales supone un 2’5% sobre el número de votantes que acudieron ayer a las urnas. No es excesivo, pero es suficiente para asegurar 40 diputados de la derecha (+ 1 de DO que nadie puede dudar que es un partido “de centro derecha”) y 34 al bloque de izquierdas (25 para BNG y 9 para PSOE). Por tanto, la derecha sigue siendo dominante en Galicia (ayer el PP nos recordó que era su “quinta mayoría absoluta”)


Resultados finales del 18-J

2. GANA LA DERECHA, PERO…

El problema es que, si comparamos los resultados de estas elecciones con los de las anteriores, veremos que el vencedor ha pedido dos diputados (si bien ha ganado 71.000 votos), mientras que el PBN ha ganado 54.000 votos, pero ha obtenido seis escaños más. Estos resultados se deben a que la participación, en esta ocasión, ha sido más alta que en cualquier otra convocatoria electoral anterior en aquella región: 18 puntos superior a 2020, a pesar de que el censo electoral ha disminuido en 5.000 personas. Lo importante es destacar que, en 2020, la diferencia entre derechas e izquierdas era de 51.775 (a favor de la derecha), en 2016 era de 73.941 votos (también a favor de la derecha), pero en 2024 es solamente de 35.992: lo que indica a las claras que en estas tres últimas elecciones el margen de votos de la derecha se ha ido reduciendo.

3. QUIEN CEDE VOTOS A QUIEN…

Esto permite ver que parte del voto socialista se ha desplazado al BNG, mientras que otra parte ha ido directamente al PP. El PP ha conseguido remover a parte de la abstención: un sector del electorado que, hasta ahora, se abstenía de acudir a las urnas, por conformismo, o porque preveía el resultado, ahora lo ha hecho, sin duda, por el impacto de las iniciativas de gobierno del pedrosanchismo y ha decidido manifestar su protesta (lo que explica, por sí mismo, el descalabro del PSOE). Sin embargo, la “parte del león” del electorado socialista ha sido mordida por el BNG: los votos (y diputados) que ha obtenido, proceden solamente de decepcionados del PSOE y de antiguos votantes de Podemos.

4. LA DERROTA NO ES SOLO DEL PSOE

Es, igualmente, importante destacar la derrota de la extrema-izquierda: dividida entre Sumar y Podemos, ambas formaciones han obtenido un número inferior de votos a los obtenidos por Vox (que también ha quedado fuera con 32.479 votos). Podemos ha quedado, incluso, por debajo de los “animalistas”, obteniendo la ridícula cantidad de 3.852 (residuo ínfimo de los 51.630 votos que obtuvo en 2020) y Sumar se ha quedado a 4.000 votos de Vox. Pero, lo importante es que Yolanda Díaz había puesto toda la carne en el asador en Galicia (su tierra) y que el 18-J no solamente ha fracasado el pedrosanchismo sino también su socio en el gobierno del Estado: Sumar. Es, pues, una derrota de la coalición que gobierna España.


Derrota del PSOE, pero también de Sumar: derrota del gobierno de coalición

5. LAS RAZONES DE LA DERROTA DEL GOBIERNO PEDROSANCHISTA

Es innegable que la gestión para formar gobierno, primero, y posteriormente, los pactos para asegurar una mayoría absoluta con nacionalistas e independentistas de todo el Estado, ha acarreado el que, incluso electores socialistas, vuelvan la espalda al PSOE. Es seguro, incluso, que el impacto emocional del asesinato de dos Guardias Civiles en Barbate y el descubrimiento de que Marlaska había disuelto unidades de este cuerpo que luchaban eficazmente contra el narcotráfico en el estrecho o el saberse que se habían regalado lanchas y vehículos policiales a Marruecos de mucha más calidad y eficacia que los que se entrega a la GC del Estrecho, hayan pesado como una losa sobre la decisión de cada elector. Pero también es cierto que el PSOE, desde el zapaterismo ha ido perdiendo “perfil social” y desplazando sus temáticas del terreno social al de las reivindicaciones “ultraprogresistas”: derechos LGTBIQ+, asunto de la vertebración del Estado, Agenda 2030, derechos de las minorías, etc, todo lo cual ha generado confusión en su electorado natural, decepción y sensación de vacío. El PSOE se arriesga así a seguir el destino de otros “socialismos” de la UE que han, literalmente, desaparecido del panorama político, desde la crisis de 2008-2011, especialmente en Francia e Italia.

6. SUMAR O LA GRAN DECEPCIÓN

En el caso de Sumar, hay que valorar las cosas de otra manera: Sumar no es más que el producto de una lucha de poder en el interior de Podemos. A pesar de que Sumar ha intentado recuperar el “perfil social” del que ha renunciado el PSOE, lo cierto es que, por el momento, la gestión de sus ministros, es completamente gris, irrelevante y mediocre. Y algo peor: la misma existencia de la coalición es el resultado de luchas personalistas por el poder dentro de la extrema-izquierda (sin olvidar los malos resultados de todos los ministros de Podemos en la anterior legislatura que oscilaron siempre entre lo dramático y lo ridículo). La extrema-izquierda es un sector en crisis y el electorado huye de formaciones en crisis. Va a ser muy difícil que las dos ramas (cada una de las cuales está forma por decenas de grupúsculos como integrados con el resto) sobrevivan en las próximas convocatorias electorales. Incluso puede pensarse que dirigentes de Sumar -Yolanda Díaz entre ellos- están pensando cómo dar el salto al PSOE para salvar sus situaciones personales de una quema que puede confirmarse en las próximas convocatorias electorales.

7. VOX, APENAS GANA 5.000 VOTOS

Con la sombra de las elecciones generales de julio, el electorado de derechas ha optado por seguir apoyando al PP. Se ha impuesto el “voto útil”. Era evidente que ocurriría así después de que, en julio, una de las razones que explican que el bloque de la derecha no llegara a la mayoría absoluta fueron la pérdida de entre media docena y una decena de diputados en provincias pequeñas que fueron a parar al PSOE a causa de los repartos de la Ley d’Hondt, cuando Vox no alcanzaba votos suficientes para tener un diputado, pero esos votos bastaban para restárselo al PP. Ahora, el electorado, aun habiendo demostrado cierta predisposición a votar a Vox (que ha obtenido más votos que toda la extrema-izquierda junta, Podemos + Sumar) ha optado por hacerlo al PP para evitar que pudiera reproducirse en Galicia la situación que se dio en el Estado y que llevó a recabar apoyos de la “no España”, esto es de nacionalistas e independentistas por parte del pedrosanchismo. Por otra parte, los 32.000 votos de Vox no le han dado ningún diputado, mientras que la mitad de esos votos, concentrados en Orense, le han valido un diputado a Democracia Orensana, el partido uniprovincial de centro-derecha que irrumpe en la política regional.

El CIS ha dejado de realizar encuestas para limitarse a lanzar "fakes"

8. LAS FAKES ELECTORALES NO SIEMPRE FUNCIONAN

En esta, como en cualquier otra campaña, el “juego sucio” ha estado presente en forma de “fakes”. Pero no han pesado a la hora del resultado final. La crisis de los “pellets de microplásticos” que la izquierda presentó como un nuevo “Caso Prestige”, quedó desmantelado inmediatamente (cuando se supo que el gobierno portugués había advertido al español del vertido tóxico y el gobierno español no informó a la Xunta). Luego siguió el revuelo armado por las declaraciones de Feijóo sobre las “negociaciones” con Junts sobre la amnistía (olvidando que se trató de una “toma de contacto” y no de una negociación y que las condiciones puestas por Feijóo a Puigdemont, hacían inviable de partida cualquier acuerdo), tema que fue explotado, incluso por Vox en su último intento de capturar votos del PP. Pero, como siempre, el fake más lamentable estuvo protagonizado por Tezanos y el CIS atribuyendo un crecimiento de 4 diputados al PSOE y una pérdida de 5 al PP en su intento de “modelar la realidad” en función de mentiras estadísticas. Todos estos intentos, acometidos por el pedrosanchismo, no han funcionado en Galicia.

*     *     *

Si estas son los rasgos dominantes en estas elecciones, vale la pena, ahora, extraer algunas conclusiones políticas generales de estos resultados:

1) La tendencia que marcan estas elecciones es a alterar la “política de bloques” en España: si, hasta las elecciones de julio era evidente que se había entrado en una era de “derecha contra izquierda” (como en Francia, en Italia, en EEUU, en Brasil, etc.), estas elecciones marcan una significativa alteración pasando a “derecha contra independentismo”.

2) Los acuerdos del pedrosanchismo con el nacionalismo y el independentismo, no están engordando a su propia cuota electoral, sino a la de sus socios. No hay un “abrazo del oso”, sino más bien, un crecimiento de los partidos regionales nacionalistas e independentistas. Esta tendencia quedará confirmada en las elecciones catalanas, en donde la tendencia desde el “procés” era al “achicamiento” del espacio independentista que ha experimentado un “revival” desde los acuerdos PSOE-Junts. Los resultados en el País Vasco serán esenciales para comprobar esta tendencia.

3) Tal como había dicho en muchas ocasiones, la llegada de Zapatero primero y de Pedro Sánchez después, a la secretaría general del PSOE, era un suicidio para el propio partido que quedaba separado de sus orígenes, separado de su propia tradición y convertido en una formación con propuestas estrafalarias y excéntricas en todos los terrenos. Hoy, el PSOE no es ni “socialista”, ni “socialdemócrata”, es una construcción personal de Pedro Sánchez cuyo único horizonte vital es mantenerse en el poder lo más posible. No existe ningún sucesor in pectore, no existe disidencia interior (solo silencio cobarde de los “socialistas críticos”), no existen “tendencias”, ni, por supuesto, debate político. Da la sensación de que el PSOE ha llegado, como otros socialismos de Europa Occidental a su “estación término” y que, allí donde existe independentismo entrará en un proceso de “achicamiento” y donde no existe, los “barones locales” optarán por soluciones personales adecuadas a sus intereses. En otras palabras: no hay futuro para el PSOE después de Pedro Sánchez que aspira al calificativo de “enterrador” del socialismo español.

Cada vez que Zapatero o Sánchez aparecían en las elecciones gallegas, el PSOE perdía un diputado (que ganaba el BNG)

4) Estas elecciones regionales tienen una lectura a nivel de Estado: si Sánchez quiere mantenerse en el poder apoyado por nacionalistas e independentistas, el precio acaba de subir. Hoy, con el avance del BNG (un partido en el que hay de todo: regionalistas, nacionalistas moderados, independentistas, independentistas radicales, incluso partidarios de la “lucha armada”), la presencia de Sánchez en la Moncloa, depende cada vez más de la “no España”. Sánchez resistirá soslayando el resultado: pero le será imposible seguir ejerciendo el “dontancredismo” si las elecciones vascas, las europeas y las catalanas, no le reportan un éxito significativo para su política.

5) Sánchez necesita un triunfo incuestionable, no solo para el electorado, sino, sobre todo, para los poderes fácticos (especialmente para el poder económico, para los inversores extranjeros y para el IBEX). Y, hasta ahora, todo han sido derrotas. Cuando estos poderes comprueben que el pedrosanchismo significa "ruina", "crisis", "menos inversiones", "inseguridad empresarial" y que lo que permaneces en el pdoer va a ser una larga agonía, precipitarán su caída.

6) Sánchez precisa reforzar su gobierno (Yolanda Díaz como vicepresidenta y motor de un partido extraparlamentario en su propia tierra, es una reedición de los “ministrilles” de Podemos en la anterior legislatura: vergüenza e irrisión. En cuanto a Marlaska, mantenerlo en el cargo supone, además, la sospecha de que hay acuerdos con Marruecos -en materia de inmigración y de narcotráfico- que no se han hecho públicos (ni al electorado, ni a la Unión Europea) o, lo que es peor aún, chantajes por parte de “enemigo del Sur” por motivos que, por sí mismos, bastarían para barrer al pedrosanchismo y a Marlaska de un plumazo. Empieza a cobrar forma la idea de que existe un chantaje al gobierno y que este ha optado por la traición… Y esta sospecha -cierta o falsa- solamente puede contrarrestarse con ese éxito que el pedrosanchismo busca desesperadamente y que no ha encontrado en Galicia. 








martes, 18 de julio de 2023

LAS ELECCIONES DEL 23-J – TODO LO QUE ESTÁ EN JUEGO Y QUE VALE LA PENA RECORDAR ANTES DE VOTAR (O DE NO VOTAR)

Seguramente se trata de las elecciones más incómodas convocadas jamás en país occidental alguno, pero también las más necesarias. Estas elecciones decidirán solamente una cosa: si España, en los próximos cuatro años, seguirá teniendo al frente a “Pedro I El Mentiroso” o a “Feijóo El Gris”. Nada más. Y, por supuesto, que nadie crea que estás elecciones van a ser la piedra angular para la resolución de los graves problemas que nuestro país tiene planteados. Raras han sido las ocasiones en las que las unas elecciones han servido para algo más que cambiar el rostro del mascarón de proa. Ahora bien, siempre que estamos próximos a un proceso electoral, tenemos por costumbre decir algunas palabras sobre las alternativas en disputa en la esperanza de poder aclarar la intención de voto de nuestros lectores. Y, claro está, reflexionar en voz alta sobre nuestra propia actitud.

1. UNAS ELECCIONES HISTÓRICAS

Nos atrevemos a decir que estas elecciones son las más importantes de la reciente historia de España por tres motivos:

1) Los años en los que Sánchez ha estado al frente de un gobierno de coalición de las izquierdas han generado un arsenal legislativo que corre el riesgo de alterar definitivamente y para siempre el rostro de la sociedad española: Ley Tras, ley del aborto, ley de eutanasia, ley de la vivienda, ley de ingreso mínimo vital, ley sobre los beneficios de la banca, ley sobre la memoria democrática, ley sobre revalorización de pensiones, ley sí solo si, ley del tope del gas, reforma laboral. Ni una sola de las leyes aprobadas contiene algún elemento positivo: todas, o han legislado aspectos irrelevantes que ya estaban contemplados por otras leyes, o suponen normas radicales de “ingeniería social” o bien son inaplicables. Es el resultado un caos legislativo sin precedentes, que sirve más a los intereses de la no-España y de los grupos marginales de la sociedad, que a los de la inmensa mayoría de los ciudadanos.

2) Mientras el gobierno satisfacía los intereses de minorías marginales, los graves problemas de fondo se iban agravando más y más: a los ya existentes heredados de anteriores períodos, se han unido problemas artificiales generados por el propio gobierno, problemas derivados de la coyuntura internacional y, finalmente, otros generados por los errores del propio gobierno.

3) Nunca antes, el gobierno ha estado en manos de un enfermo mental con un cuadro clínico propio del perfecto psicópata: a) falta de empatía, b) egolatría, c) encanto superficial, b) capacidad para mentir y d) ausencia absoluta de escrúpulos morales.

2. ESPAÑA HA ENTRADO EN LA “POLÍTICA DE BLOQUES”

Estas son las primeras elecciones del nuevo cuadro político que se ha generado en los últimos años y que afecta a cada vez más países. El sistema político español ha atravesado tres etapas:

1) La etapa de bipartidismo imperfecto para la que fue diseñada la constitución de 1978: dos partidos, uno de centro-derecha y otro de centro-izquierda se iban alternando en el poder por mayorías absolutas y, cuando no las tenían, apoyados por nacionalistas moderados catalanes o vascos.

2) La etapa de pluripartidismo iniciada a partir de la crisis económica de 2008-2011, cuando se demostró lo caduco de los dos grandes partidos y asistimos al nacimiento de nuevas formaciones, Podemos y Ciudadanos primero y luego Vox. El parlamento quedó fragmentado y precipitó la moción de censura que dio acceso al poder a Sánchez.

3) La etapa de “bloques”: se inicia tras las últimas elecciones generales, cuando sube al poder un gobierno de izquierdas (socialistas + extrema-izquierda) apoyado por nacionalistas radicales que intenta aplicar políticas radicales de ingeniería social dictada por los organismos internacionales (Agenda 2030 de la ONU y mundialismo cultural de la UNESCO). La velocidad y la poca sutilidad con que se han intentado aplicar esas medidas ha generado una reacción conservadora de la misma intensidad, aunque de sentido opuesto.

El resultado ha sido la división de la sociedad española en dos bloques:

- El bloque “progresista”: con un PSOE cuyo electorado está compuesto por inmigrantes nacionalizados, minorías sexuales, universitarios progresistas, directivos de ONGs, apoyado por una extrema-izquierda (ayer Podemos, hoy Sumar) que en realidad es una amalgama de decenas de tendencias inorgánicas, partidos, círculos, grupos menores, sin programa común y sin liderazgos reales, y finalmente nacionalistas radicales catalanes, vascos.

- El bloque “conservador”: con un PP que, momentáneamente, se ve apoyado por las clases medias, los sectores católicos y conservadores, agricultores, apoyado por Vox que cada vez se parecerá más a un “partido populista” europeo que agrupará al voto de la “clase obrera blanca”, acentuará su carácter anti-inmigracionistas y nacionalista. El entorno ideológico oscilará entre el viejo conservadurismo católico, la derecha liberal y la derecha nacional.

3. LOS RASGOS DE ESTE NUEVO PERÍODO SON:

a.- desaparición de partidos centristas

b.- desaparición de opciones nacionalistas moderadas.

c.- dos lenguajes completamente diferentes sin posibilidades de coalición ni acuerdos.

d.- dos orientaciones políticas opuestas en todos los ámbitos.

4. DOS BLOQUES PARA CUATRO CORRIENTES:

En otras ocasiones ya hemos escrito que la única diferencia entre los dos bloques (conservador y progresista), dentro de los cuales existen dos sensibilidades diferentes (la moderada y la radical), no tiene nada que ver con ideologías, sino con “velocidades”:

- La izquierda radical (ayer Podemos, hoy Sumar, más los radicales independentistas) practica una velocidad acelerada en dirección al abismo. Quieren arrojar a la sociedad española por ese abismo que consideran un “gran salto” en la construcción de una sociedad nueva. La quieren rápido y ya, forzando el paso. Aman los experimentos nuevos, originales y excéntricos.

- La izquierda moderada (el PSOE) va en la misma dirección, aspira también a la construcción de una nueva sociedad, pero está dispuesta a realizar esta marcha a una velocidad que sea más asumible para la sociedad española y no le entrañe a la sigla socialista altos costes electorales, para eso precisaría una mayoría absoluta.

- La derecha moderada (el PP) no rechaza completamente los cambios sociales, es más, estaría dispuesta a liderar algunos siguiendo la política “gatopardista” (cambiar algo para que no cambie nada). Permanecen parados ante el abismo tienen la creencia de que los problemas de la sociedad podrían resolverse aplicando criterios técnicos.

- La derecha racial (Vox), además del rechazo a las políticas progresistas y a la marcha por la pendiente de la decadencia, aspiran a revertir el camino recorrido. No solo se niegan a arrojarse al abismo, sino que quieren recorrer el camino en sentido opuesto. Son partidarios de todas las reformas constitucionales capaces de impedir avanzar en dirección al abismo.

5. ¿Y QUÉ ES EL “ABISMO”? ¿DÓNDE ESTÁ EL “ABISMO”?

Lo que llamamos y reconocemos como “abismo” está compuesto por cinco rasgos:

1) Sumisión a la Agenda 2030 dictada por la casta funcionarial de la ONU, el gran proyecto mundialista de ingeniería social, pensado a escala planetaria, pero que solamente se aplica en “Occidente” (EEUU+UE).

2) Un tránsito mal calculado entre la Tercera y la Cuarta Revolución Industrial que implicará cambios radicales en los hábitos sociales, los modelos de comportamiento y de trabajo y que llegan a una velocidad excesiva como para que puedan afrontarse sin generar conflictos sociales radicales.

3) La creación de una sociedad sin raíces, ni identidades comunitarias, ni siquiera valores universalmente reconocidos, en beneficio de valores relativos, identidades menores de carácter sexual, y contenidos culturales mundialistas; una sociedad inviable y en la que los únicos valores admisibles son hedonistas, economicistas y materialistas.

4) El caos étnico que fragmenta a las sociedades en grupos estancos en función de la pertenencia a determinados grupos raciales y religiosos, que en toda Europa se han mostrado impermeables a la integración y que conduce directamente a la guerra civil que será, a la vez, religiosa, étnica y social.

5) El avance del “modelo chino” que recoge lo peor del capitalismo (el consumismo, la búsqueda del máximo beneficio, la depredación de recursos) y lo peor del comunismo (masificación, dirigismo, sumisión al poder, control social) en un mundo en el que la globalización ha muerto y Europa el ámbito al que pertenecemos- ha visto disminuido su poder internacional.

6. ¿TERCERAS VÍAS? DESENGAÑAROS

En nuestros oídos resuenan todavía viejas consignas de nuestra juventud: “ni derechas, ni izquierdas”, llamamientos a una “tercera posición”, referencias a un espacio “de tercera vía”. Quizás por nuestra formación política originaria, tenemos cierta predilección por estas fórmulas… pero, muy a nuestro pesar, hay que reconocer que ese tiempo ha terminado. Mo sólo ha concluido el tiempo del “centrismo” (equidistancia entre derecha e izquierda dentro de un régimen parlamentario), sino de las “terceras vías” (en una perspectiva antisistema).

Es preciso, pues, constatar, de partida:

- En la actual situación ya no caben posiciones fuera de la “política de bloques”. O se está con la derecha conservadora o se está con la izquierda. En la actualidad solamente existen posibilidades de construir “tercerismos” sobre el plano teórico, pero -mientras permanezcan las actuales constantes de la política española e internacional- son de imposible traducción a términos políticos.

- Valen como testimonialismos, valen para aquellos que sienten la necesidad de “hacer lo correcto”, pero no para los que experimentan la necesidad de construir el futuro. El radicalismo de la ingeniería social progresista es tal que ha abolido cualquier terreno intermedio de discusión y de renovación.

- En este contexto, no hay posibilidades de “lucha cultural”, menos aún de “lucha política” y ninguna, por supuesto, de “lucha social”: ambos bloques obligan a una posición en su interior a la vista de la potencia de cada uno de ellos. El espacio intermedio solamente puede ser concebido como una “tierra de nadie”, batida por los obuses, minada, con trincheras a ambos lados, yerma y desierta en la que es imposible encontrar población que aporte “fuerza social” a una acción política, cultural o social “tercerista”.

- Así pues, los “terceristas” harían bien en reservar sus escasos efectivos, evitar lanzarlos al combate, huir de enfrentamientos directos con cualquiera de las dos actitudes y evitar discusiones sobre si conviene apoyar al bloque progresista para avanzar la desintegración del sistema o apoyar al bloque conservador para huir de situaciones de vacío de poder y evitar descender a situaciones aún más deterioradas para la comunidad.

- Las cuatro posiciones divididas en los dos bloques, en su totalidad, tienen que ver con actitudes ante el sistema surgido en 1789 y del que ha derivado el caos de la modernidad. Parece evidente que cualquier “tercera vía” se sitúa en “otra parte”: no tiene nada que ver con el sistema de valores construido a partir de la Revolución Francesa y de la Revolución Americana, y por tanto, tiene poco que ver y que hacer con las distintas fórmulas para “hacer avanzar” o “rectificar” las iniciativas nacidas en esos hitos históricos y en los que siguieron (Revolución de Octubre, creación de las Naciones Unidas y sus satélites, mayo del 68 y contestación, new-age y transhumanismo).

- Para que el “tercerismo” y la defensa de las identidades puedan tener una opción, es preciso que, antes, el sistema colapse y que, cuando ese colapso se haya producido, existan, al menos en potencia, un marco doctrinal completo, una clase política dirigente de reemplazo y unos objetivos políticos concretos que alcanzar y que sea posible alcanzar mediante una estrategia y unos diseños tácticos. Nada de todo esto existe hoy. De ahí la necesidad de concentrar esfuerzos en las catacumbas y prepararlos.

7. BIEN ¿Y ENTONCES A QUIEN VOTAR?

Parece bastante claro que, en la teoría de las “cuatro velocidades”, solamente hay una opción a la que se pueda apoyar: aquella que, dentro del bloque conservador, propone alejarse lo más posible del “área peligrosa”, lo que hemos llamado y descrito como “el abismo”. Esa opción es Vox.

Ahora bien, seríamos excesivamente ingenuos si pensáramos que con Vox todos los problemas se van a resolver:

- No se van a resolver de la misma forma que Trump no estuvo en condiciones de resolver los problemas de los EEUU (e incluso algunas de sus medidas fueron problemáticas: convertir campos de cultivo de cereales en campos de marihuana, por ejemplo), como tampoco los resolvió Jaïr Bolsonaro en Brasil, ni los resolverá Giorgia Meloni en Italia, ni seguramente los podrá resolver en Francia, Marina Le Pen: el cáncer progresista ha hecho metástasis y afectado a todos los organismos del cuerpo social. Se pueden aplicar tratamientos paliativos, pero hay que pensar que buena parte de los males que afectan a nuestra sociedad, como máximo, pueden “cronificarse”, es decir, evitar que vayan a más, que la situación del conjunto empeore, pero, difícilmente, muy difícilmente, conseguirán sanarse.

- Así pues, votar ni es una obligación, ni una necesidad, pero si se decide ir a votar, es preciso hacerlo teniendo en cuenta los límites de la opción: nada importante se va a resolver. Seguirán existiendo autonomías y el gasto público, en consecuencia, seguirá siendo inasumible, seguirá existiendo deuda de billón y medio e intereses de 42.000 millones de euros solamente a pagar en 2024, los tenedores de la deuda serán los que impongan sus condiciones a cualquier gobierno, por tanto, no puede esperarse que disminuya la presión fiscal. Así mismo, España seguirá en la UE, presa por la legislación y las normativas anquilosadas y burocráticas y que espera una renovación profunda que nadie es capaz de hacer sin que la entidad estalle en mil pedazos.

- En el mejor de los casos, el voto a Vox, serviría para dar alas a una “coalición conservadora” en la que el centro-derechismo del PP, con sus ultraliberales, sus pro-OTAN y su confusionismo ideológico (en general, las derechas no han interpretado que caminamos hacia una nueva sociedad generada por la Cuarta Revolución Industrial y no han definido su modelo de sociedad en ese contexto nuevo, creyendo que, en las dos próximas décadas, si ellos gobiernan, todo seguirá igual. Cuando en realidad, en cada Revolución Industrial se asiste a una distinta concepción del poder, a unos nuevos “amos” (habitualmente, los propietarios de las nuevas tecnologías) que imponen las nuevas reglas del juego.

- Votar, una vez más, no resolverá absolutamente nada, salvo el cambio de protagonismos. Poco más. Y, ciertamente, alejar al psicópata clínico que gobierno hoy es una exigencia de sentido común, pero lo que vendrá después no será un camino de rosas.

8. EL PUNTO MÁS DÉBIL DE LA COALICIÓN CONSERVADORA

Cuando hemos definido a Núñez Feijóo como “el gris” es porque creemos que ese es el tono que mejor corresponde a sus orientaciones. No hace ni un mes, Feijóo todavía no había abandonado su viejo proyecto de “pactar con el PSOE”. En el fondo, era el proyecto que le acompañaba desde que sustituyó a Casado al frente del partido: “el PSOE es mi primera opción de alianzas”. Lo dijo por activa y por pasiva. No era absurdo… en un marco pluripartidista, pero sí es muy ingenuo de su parte, pensar que en la situación de “política de bloques” en la que hemos entrado, este llamamiento puede hacerse. A lo peor es que Feijóo no ha entendido la nueva situación generada. No importa, si él no lo ha entendido, el electorado si lo ha hecho.

Obviamente, los desplantes de Sánchez, su carácter psicopático e insano, han hecho imposible que Feijóo mantuviera durante mucho tiempo aquella primera línea política. La debió modificar en cuanto comprobó que paralelamente a la negociación con Sánchez para la renovación del Consejo Supremo del Poder Judicial, éste tomaba medidas por su cuenta que torpedeaban dichas negociaciones: Feijóo tardó en entender que si Sánchez prefería apoyarse en el magma ultrafragmentado y multiforme de la extrema-izquierda y de la no-España, antes que, con el PP, era porque a este último le hubiera sido mucho más difícil manejar. Y, por lo demás, a Sánchez no le importa nada -ni España, ni el PSOE, ni ideal alguno- salvo él mismo: por lo que obligarle a rectificar era algo que nunca hubiera aceptado.

Tras las elecciones municipales y autonómicas pasadas, Feijóo rectificó su llamamiento al PSOE: ya no iba dirigido a Sánchez, ni a la actual dirección socialista, sino a García-Page y a “algunos diputados socialistas” que le harían falta para gobernar sin el apoyo de Vox. Si hemos de creer lo que ha ido diciendo a lo largo de la campaña: excluye la presencia de Vox en el gobierno.

También aquí es muy posible que se equivoque:

- Después de las elecciones, especialmente, si el PSOE queda con menos de 90-100 diputados, Sánchez no podrá evitar que los barones del partido se le echen encima y, sencillamente, lo despedacen. Para ello ha intervenido en la formación de las candidaturas colocando a sus amigos al frente de las mismas, en la creencia de que podrá apoyarse en el grupo parlamentario, y contrarrestar el peso de los barones. Esta estrategia no está asegurada: todo va a depender de cómo quede el PSOE después de las elecciones. Si la derrota es por un margen muy amplio, lo más probable es que los “amigos” de Sánchez, por arte de magia, dejen de serlo, sino en los días siguientes a las elecciones, sí en los meses próximos, cuando Feijóo mire “debajo de las alfombras” o se realice una auditoría sobre las cuentas del Estado. Aflorarán casos de corrupción, despilfarro y mala gestión deliberada e interesada. Dudamos de que los apoyos a Sánchez se mantengan en esas condiciones e, incluso, que su plan de ser Secretario General de la OTAN u ocupar cualquier otro cargo internacional pueda llegar a buen puerto. El problema del PSOE es de futuro en dos sentidos:

1) Sobre qué líneas programáticas se basará en los próximos años y

2) Cuál será el futuro Secretario General del PSOE.

Ninguna de las dos cuestiones tiene una respuesta fácil y, probablemente, la primera no tiene ninguna (desde el zapaterismo el PSOE ha renunciado a la socialdemocracia para zambullirse en la ideología Agenda 2030) y para la segunda solamente puede recurrir a barones de poco calado político fuera de sus “territorios”. No hay que descartar que la sigla PSOE siga a otras siglas socialistas “indecorosamente fenecidas”: el Partido Socialista Francés o el Partido Socialista Italiano. Y aquí reconocemos expresar tanto un deseo como una posibilidad.

- Vox, debería de ser realista: no solamente no debería estar en el gobierno, sino que debería “esperar su momento”. Estas no van a ser “las elecciones de Vox”. Puede aspirar a realizar un apoyo crítico a un eventual gobierno del PP presidido por Feijóo, pero a nada más. De hecho, no debería de aspirar a nada más, salvo a situarse en posición para romper el PP en el siguiente ciclo electoral. Feijóo, como máximo podrá atenuar algunas de las líneas más extremas y problemáticas del pedrosanchismo. Nada más. Y lo hará afrontando una situación económica global negativa, una situación política internacional endiablada (con el ascenso de la República Popular China a primera potencia mundial y con un conflicto ucraniano cuyo final o su enquistamiento solamente dependen de quién venza en las elecciones norteamericanas de 2024), con una UE paralizada y en la que los partidos populistas cada vez amplían más su peso y su influencia (actualmente, la Acción por Alemania es el segundo partido del país en intención de voto y en Francia, Marine Le Pen ya ha superado a Macron en intención de voto, tras los incidentes provocados por las bandas étnicas). Además, Feijóo no es un “hombre de ideas”: es un burócrata, con unas ideas generales vagas en muchas materias, erróneas en algunas (no olvidemos que propuso la vacunación obligatoria cuando estaba al frente de la autonomía gallega…), no ha enunciado políticas económicas claras, ni, por supuesto, un modelo económico concreto. Lo más que puede hacer es enmendar los errores económicos más graves del pedrosanchismo (como Rajoy hizo con las meteduras de pata del zapaterismo), pero poco más.

- Dentro de cuatro años, lo más probable es que el elector conservador se haya hartado de las promesas y las ambigüedades de Feijóo: para entonces, Vox debería tener un historial “limpio”, sin manchas derivadas de haber colaborado en la gestión de un PP impotente y en el que se manifiesten sus “dos almas”: la conservadora y la liberal. Entonces sí será el “momento” de Vox, el del “sorpasso” o, incluso el de la formación de un gran bloque de la derecha liderado por Vox y por la corriente del PP más afín a este partido. Un compromiso con el gobierno Feijóo, formar parte de él, cualquier actitud que vaya más allá de un apoyo crítica, sería empañar el propio historial, evidenciar imposibilidad para aplicar el programa de Vox, quedar en actitud muy secundaria confinado en ministerios de tercera o cuarta fila, en los que se maneja algo de presupuesto, pero apenas se influye en la sociedad y, a la hora de las grandes decisiones, se permanece como “convidado de piedra”. Algo parecido a lo que le ha ocurrido a Podemos en el gobierno Sánchez.

9. LA POSIBILIDAD DE QUE VENCIERA EL PSOE…

Siempre, claro está, existe la posibilidad de que venciera el bloque de las izquierdas… Al menos eso es lo que hoy todavía afirmaba el CIS (si es que alguien, a estas alturas puede creer las “profecías” de Tezanos). Cuatro años más de pedrosanchismo supondría el advenimiento de un estado de “fallo catastrófico” para nuestro país, un mirar al fondo del “abismo”, con el vértigo que genera y la atracción por el vacío que inevitablemente se siente. Pensar en otros cuatro años de “bloque de izquierdas” supondría certificar el fin de nuestro país, de nuestra sociedad y, por supuesto, de nuestra identidad. Y esto, cuando todavía no existe un movimiento de resistencia “tercerista”. La peor de todas las opciones.

En otras elecciones no hemos tenido inconveniente en proponer la abstención, el voto nulo o el voto en blanco, pero en esta ocasión, la pesadilla de cuatro años más de “pedrosanchismo” es suficientemente inquietante y aterradora como para proponer el voto para el bloque conservador, con todas las limitaciones, las dudas y las ambigüedades que encierra.

Quien piensa hoy en la identidad, en el pueblo y la nación, en su grupo étnico y en la cultura que le corresponde, debe ser consciente de que necesita GANAR TIEMPO, dilatar los plazos, ampliar el período de creación de infraestructuras doctrinales, organizativas y estratégicas, para cuando se producto el desplome del sistema y el colapso de los modelos nacidos con posterioridad a 1789. Porque, si de algo podemos estar seguros es que ese colapso se producirá.

Parafraseando a Shakespeare y a su Julio César, podemos decir que entre 2030 y 2050 podrá decirse aquello de que “los idus de marzo han llegado… pero no han pasado”. Todos los futurólogos ven con relativa claridad la marcha de nuestra civilización hasta esos topes, a partir de 2050, todo se vuelve incierto, problemático, incluso inviable, oscuro y descorazonador. Votar a Sánchez en estas elecciones, supone acortar esta horquilla temporal: aproximar el “desplome nacional” al 2030, adelantarlo, hacerlo inminente.

10. CONCLUSIÓN: PROBLEMAS “ENDÓGENOS” Y “EXÓGENOS”. LA “TORMENTA PERFECTA”

Podemos decir que, en esta convocatoria electoral, el votante debe reconocer la existencia de dos tipos de problemas: “endógenos” (los que derivan de la propia situación española) y “exógenos” (que afectan a un contexto mucho más amplio):

1) Problemas endógenos: El régimen nacido en 1978 ha generado una situación “normal” en democracia: la inconsecuencia de un sistema que solamente se rige por mayorías “cuantitativas” y no “cualitativas”, termina introduciendo una “selección a la inversa”: siguen en la clásica política los más demagogos, los que más ambiciosos, los que menos posibilidades tienen de destacar en la sociedad civil. La “calidad” se va retrayendo: el campo queda solo para los oportunistas sin escrúpulos. Al final, el poder queda en manos de personajes con graves trastornos de senectud (un Biden, verdadera marioneta de los distintos grupos de presión elitistas norteamericanos) o un Pedro Sánchez (auténtico caso clínico y confirmación de que la política -junto con la empresa- son los campos de actuación preferenciales de los psicópatas integrados). A esto se ha llegado después de 40 años de pendiente. Como era de esperar, el empobrecimiento creciente en la calidad y preparación de clase política, ha generado el que se hayan enquistado problemas (vertebración del Estado, características de nuestro mercado laboral, desindustrialización creciente, crisis del campo, presión fiscal sobre la clase media, descenso del nivel cultural general de la población, pérdida de poder adquisitivo de la mayoría, crisis de natalidad, acción deletérea de la UE, endeudamiento creciente e insoportable a partir del zapaterismo, etc.) que hoy tienen difíciles soluciones y que ningún gobierno se atrevería a afrontar, so pena de desencadenar una oleada de protestas.

- Problemas “exógenos”: son aquellos problemas cuya capacidad de resolución ya no está en manos de manos de la clase política española, porque superan nuestras fronteras y han sido generados por factores ajenos a nuestro país; son de tres tipos:

1) Institucionales, generados por nuestra adscripción a distintos organismos internacionales, tanto por la acción de la ONU (Agenda 2030), como de la UNESCO (mundialismo), como de la FAO (en manos de China y de los consorcios farmacéuticos), de la FAO (con sus nuevas “propuestas alimentarias”), con la OTAN, con la Unión Europea y con todos los acuerdos y pactos que, en ocasiones de manera muy irresponsable, han suscrito gobiernos españoles en estos últimos 40 años.

2) Coyunturales, es decir, problemas que han ido apareciendo poco a poco, nadie los había previsto (aunque podían preverse): son problemas económicos, de producción y distribución, de escasez de materias primas, problemas de carácter antropológico (incluso la identidad humana está hoy desdibujada con la IA, la robótica, las nuevas tecnologías y todo lo que acompaña a la Cuarta Revolución Industrial), cultural (la pérdida de identidad supone siempre un empobrecimiento cultural y una bajada drástica del nivel cultural medio de la población), pérdida de confianza en los organismos internacionales y dudas sobre su papel, crisis de los sistemas educativos, crisis de la información, crisis energética e imposibilidad de disponer de un modelo energético de futuro propio, aumento de la criminalidad e incapacidad de los poderes públicos para afrontarla con medidas drásticas, salvajismo creciente en las calles y en los espectáculos públicos, generalización del uso de drogas y de cualquier tipo de adicciones, etc, etc, etc. Antes, todos estos problemas hubieran podido afrontarse, uno a uno, a medida que iban apareciendo, pero, en la actualidad, resulta impensable que el sistema pueda afrontarlos todos en el mismo momento.

3) Históricos en el marco de la civilización occidental que nos han acompañado desde 1789 y cuya solución no ha sido resuelta y que fueron el resultado de la Primera Revolución Industrial y de las que han seguido hasta nuestros días. El sistema ha ido aplazando su resolución y ocultando la existencia misma del problema. El lema “libertad-igualdad” encerraba muchas dudas y contradicciones que, desde el principio, se enmascararon; después de los intentos de rectificación del socialismo utópico, del bolchevismo, de la socialdemocracia, de las revoluciones tercermundistas, de la nueva izquierda sesentaiochesca, de los “indignados”, del neoliberalismo, hoy hemos ido a parar al “pensamiento único”, a las locuras de las distintas corrientes “postmodernistas”, a la “corrección política”, que más que “soluciones” no pasan de ser reflejos de una tendencia histórica generalizada, de una especie de fatum por el que discurre la civilización occidental. A esta categoría pertenecen también los conflictos geopolíticos, las rivalidades geohistóricas y los “choques de civilizaciones” en curso.

Todo esto hace que estemos ante la posibilidad inequívoca de una “tormenta perfecta”: ya no son problemas que puedan afrontarse de uno en uno, sino que han coincidido en el espacio (en el marco de la civilización “occidental” especialmente) y en el tiempo y el sistema ya carece de vitalidad y energía como para afrontar su resolución (que, inevitablemente, comprometería la misma existencia del sistema).

Tal es la situación de conjunto. ¿Podemos pensar que votando a tal o cual opción, se van a disipar las nubes de la “tormenta perfecta”, que gracias a una simple papeleta con tal o cual sigla, lograremos que el Sol siga luciendo en un cielo despejado? No seamos tan ingenuos como para esperar mucho de una acción tan banal como votar.