Mostrando entradas con la etiqueta inmigracion masiva. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta inmigracion masiva. Mostrar todas las entradas

martes, 27 de mayo de 2025

REFLEXIONES SOBRE LA CRISIS DE ESPAÑA (V). Unas líneas para resolver el problema de la inmigración masiva

Partimos de la base, constatada por la experiencia empírica, de que la inmigración masiva ha constituido una tragedia para España y para toda Europa Occidental. Tragedia, si se quiere, relativa, porque cada día más europeos están tomando conciencia del problema y adoptan una posición decidida que hace 40 años ni siquiera habrían soñado. Pero, en términos generales, y dadas las políticas de la UE, de la socialdemocracia europea y de los partidos liberal-conservadores, no hay motivos para pensar que en algún momento pongan coto a la inmigración masiva. Todo lo contrario.

La cantinela habitualmente repetida dice que la inmigración compensa la falta de nacimientos. Si de eso se trataba, hace treinta años, cuando empezó el fenómeno -no olvidar que fue Aznar quien abrió las puertas a la inmigración masiva para favorecer su modelo económico- ya advertimos que hubiera bastado una “campaña en favor de la natalidad” para revertir el problema. Hubiera bastado con incentivos fiscales, con subsidios directos e indirectos, etc., para que hoy, tuviéramos una generación que acabaría de cumplir los 30 años sin necesidad de que hubiera cambiado el paisaje de nuestras calles, ni se hubieran disparado los índices de criminalidad, okupación o el gasto público. No se hizo y ahora vivimos los fangos traídos por esa omisión.

Nadie con dos dedos frente puede eludir el hecho cierto y comprobado de que allí en donde ha llegado inmigración masiva y descontrolada, se han producido los mismos fenómenos que han llegado a España tardíamente en relación a otros países de Europa Occidental y que amenazan con generar convulsiones cada vez mayores.

LAS RAZONES POR LAS QUE EL STABLISHMENT
NO HACE NADA ANTE EL FENOMENO

¿Por qué la clase política ha accedido a este “suicidio nacional”:

  • en el caso de la izquierda marciana (Podemos y Sumar), porque lleva la locura en las venas (primero con la legalización de las drogas, más tarde con sus “estudios de género” y el paquete LGTBIQ+ y, por supuesto, con el “Welcome refugies”),
  • en el caso del psoe, simplemente porque precisan una nueva clientela electoral: las experiencias en Francia y Alemania, especialmente, les han indicado que los “nuevos europeos” llegados de África, una vez conseguidos los papeles (y los subsidios) optan por votar a quien más les promete.
  • en el caso de la derecha liberal pepera se ha plegado a lo que podemos llamar “efecto imitación” basado en la sospecha de que si no evidencian rasgos de “progresismo” serán considerados “fascistas”, pero también por identidad con el movimiento neoliberal y con los principios de la Agenda 2030 (“Si lo propone la ONU, no puede ser malo”).

Con una izquierda suicida y una derecha estúpida (que solamente habla de la inmigración para restar unos cuantos votos a Vox, pero sin creer en lo que está diciendo, ni concretar medidas que piensa adoptar la frenar a la inmigración masiva), España, da la sensación de que, en apenas una década será el país con más inmigración y, por tanto, con más riesgos de guerra civil racial-étnica-religiosa.

En general, los “especialistas” explican que la inmigración ha sido “positiva” para el país desde el punto de vista económico. Es falso. La inmigración ha constituido para países como España, una sangría económica enmascarada por “cifras macroeconómicas”: está claro que cuantos más inmigrantes lleguen a España, más “crece” el PIB… que mide el movimiento de dinero. Pero ese dinero generado por la inmigración no supone un mayor volumen de riqueza, sino un mayor número de subsidios que se traducen, por una parte, en un mayor aumento del consumo (las subvenciones revierten en la compra de alimentos y de objetos de consumo y todo esto genera un IVA que va a parar a las arcas del Estado), pero genera así mismo un aumento de la presión fiscal. Lo que cuenta, como medida del progreso de un país, no es el PIB, sino el aumento de la riqueza, medido por el PIB per cápita. Se podría dar la aparente paradoja de que el PIB nacional descendiera con la expulsión de cuatro millones de inmigrantes… sin embargo, el PIB per cápita, podría aumentar a partir del momento en el que la presión fiscal de redujera a cuotas asumibles.



Producto Interior Bruto: El dato del que alardea el sanchismo: siempre en aumento...
Habrá crecimiento mientras haya flujo de inmigración masiva


El dato que cuenta el PIB per cápita: en la cola de Europa. 
Seguiremos en la cola, mientras no se detenga el flujo de inmigración masiva

En este terreno todas las cifras aportadas por el Banco de España o por el gobierno resultan incompletas o falsas: es evidente que, cuando se trata de valorar los “pros” y los “contras” de la inmigración masiva, son muchos los factores a considerar, incluso aunque solamente sea desde el punto de vista económico: por ejemplo, a la hora de valorar los gastos que ha implicado la inmigración, no basta con reducirlos a sanidad y educación, ni contemplar solo el IVA proporcional a la inmigración, sino también los gastos de control de fronteras, los subsidios a los miles de chiringuitos presentados como ONGs, los gastos de juzgados, los gastos de prisiones, los gastos de albergue y manutención de ilegales, los subsidios directos, los que afectan a los MENAS, los gastos de traslados de ilegales en avión de Canarias a la península, los gastos de distribución de los inmigrantes por todo el territorio nacional, los gastos ocasionados a las aseguradoras que se ven obligadas a pagar los costes de robos y vandalismo, los costes generados por robo de cables de cobre y los perjuicios generados, y, finalmente, los subsidios entregados a medios de prensa para evitar investigar en todas estas direcciones y mantener oculto el origen de la sangría económica. Mientras no existen cifras contrastables y completas, estamos en el derecho de pensar que la inmigración constituye una de las losas más pesadas para nuestra economía y uno de los principales factores que justifican (junto con el Estado Autonómico) la increíble presión fiscal a la que está sometido el español medio.

MEDIDAS, HABLEMOS DE LAS MEDIDAS QUE SON NECESARIAS

¿Medidas? La sociedad española “pensante” (es decir, una fracción de la sociedad que no ha abandonado la “funesta manía de pensar”) debería proponer dos paquetes de medidas:

1) una destinado a cortar en seco la inmigración masiva.

2) otro destinado a revertir el fenómeno y generar un movimiento de retorno.

Y en esto se trata de ser tan realistas como originales: desde el punto de vista realista, las medidas que plantearemos a continuación pueden ser consideradas como un “atentado a los derechos humanos” por las almas sensibles. Pero, a decir verdad, si se quiere resolver una cuestión grave, lo primero que hay que tener en cuenta es redefinir cuáles son esos “derechos humanos”. Porque, en la Declaración Universal de Derechos Humanos, el redactor olvidó colocar el primer derecho, situado por delante de todos los demás, el derecho a la seguridad, sin el cual, ningún otro derecho puede ejercerse. Yo, tengo derecho a mi seguridad y la de los míos, a mi propiedad y a la de los míos, a la seguridad de mi comunidad y de mi país. Si no tengo esas seguridades, de poco importa que pueda tener derechos y libertades: lo más probable es que no los pueda ejercer, ni siquiera salir de un bunker asediado…

Así pues, toda nación tiene derecho a su seguridad, a la soberanía de sus fronteras y, por supuesto, a elegir el tipo de inmigración que prefiere. Si es que prefiere algún tipo de inmigración. Luego, después, están todos los derechos humanos de los inmigrantes. Obviamente, nadie que gobierne -en un gobierno “normal”- puede ser un psicópata o un sádico entretenido en hacer la vida imposible a la inmigración. Pero tampoco nadie en su sano juicio accedería a engordar a quien solo piensa en muñir la vaca del Estado Español, sin dar nada a cambio. Así pues, una vez más, la dureza de la espada debe acompañar a la suavidad de la rosa.

MEDIDAS PARA FRENAR FUTURA OLEADAS DE INMIGRACIÓN ILEGAL

Por tanto, medidas destinadas a frenar las llegadas de nuevos inmigrantes no solicitados:

  • Lo razonable sería proceder a las “devoluciones en caliente”: entras ilegalmente, sales inmediatamente. Sin dilaciones, sin complicados procesos judiciales, sin mareos y sin alegaciones humanitaristas.
  • El gran “coladero” de la inmigración masiva es la petición de “asilo político”. Esta petición debería ser un privilegio realizado solamente en las embajadas más próximas al país de origen. Cualquier otra forma de “hechos consumados” (“he llegado hasta aquí y no he pedido asilo político en la media docena de países que he cruzado, porque es aquí donde me interesaba llegar y es aquí donde me pienso quedar”) debería ser objeto de “devolución en caliente”.
  • El otro “coladero” es el turismo fake. Un visado turístico permite estar 90 días en España. Acabado el plazo, debería de irse a su país de origen. Si el interesado no se va, incumple la normativa legal, por lo que debería de dársele una fecha improrrogable para abandonar el territorio nacional. Y, en cualquier caso, en esta circunstancia, al incumplir la legalidad vigente, se estaría incurriendo en una falta que debería inhabilitarle a perpetuidad para regularizarse.
  • Una ley de inmigración digna de tal nombre debería contemplar con claridad las posibilidades de un extranjero para residir en España: por motivos de trabajo (en sectores en los que haga falta trabajadores de su especialidad), por motivos de estudio universitario y postgrados, por motivos familiares, o bien por elección personal en el caso de jubilados, en cuyo caso habría que acreditar que se dispone de medios suficientes para vivir en España y se pague un seguro sanitario.
  • Los inmigrantes ilegales, no solicitados, incluidos los MENAS, no deberían de permanecer en centro habilitados en la península. El Estado debería de habilitar “puntos de concentración de inmigrantes ilegales” en donde deberían residir a cuenta del Estado español hasta que se resolviera su situación. En la actualidad se tiene experiencia suficiente como para saber que estos centros constituyen una fuente de problemas y su instalación suele ser rechazada por los habitantes del entorno. No queda más remedio que habilitar campamentos para inmigrantes ilegales en islas deshabitadas que abundan tanto en Baleares como en Canarias, incluso en las Islas Adyacentes. Dado que su situación es provisional, bastaría con levantar barracones militares para albergarlos, proceder a la construcción de sanitarios y garantizar cada día la llegada de suministros para su supervivencia, dándoles la oportunidad de que se autoorganizaran interiormente, hasta que el Estado determinara su destino y podrían moverse con entera libertad por el islote. La vigilancia costera evitaría casos de fuga o llegada de cargamentos ilegales. Las comunicaciones serían garantizadas solamente por radio. La estancia en estos islotes no debería de superar los 100 días.
  • Inmigrantes que no pudieran (o quisieran) demostrar su origen (es habitual que rompan sus documentos de identidad y se nieguen a facilitar su filiación) deberían ser, por ese mismo hecho, devueltos inmediatamente, provistos de un salvoconducto provisional para regresar a su país de origen o al último país del que han procedido.
  • Solamente se entregarían permisos de trabajo a aquellos inmigrantes que fueran capaces de demostrar fehacientemente que poseen alguna capacidad profesional y que el mercado laboral español precisa de mano de obra en ese sector.
  • Los MENAS procedentes de África podrían ser albergados en las instalaciones del Peñón de la Gomera, fronterizo con Marruecos, esto es, lo más cerca de sus padres y familiares. El Estado Español no tendría la obligación de “tutelarlos”, sino, simplemente, de devolverlos a su familia y, en caso de no ser localizados, a las autoridades marroquíes para que sean tutelados y educados por su propio país.


La isla de Cabrera, al sur de Mallorca, un paraíso, ideal para concentrar inmigración magrebí.

El Peñón de la Gomera, 86 metros de frontera con Marruecos. Lugar ideal para concentrar MENAS a la espera de reunirse con sus familias


La isla de Alegranza al Norte de Fuerteventura, el lugar ideal para concentrar inmigración
procedente del África subsahariana

Estas medidas serían suficientes como para que la persona decidida a inmigrar, percibiera los riesgos de hacerlo ilegalmente o confiando a mafias: nadie entre 2.500-3.000 euros a una mafia si sabe que va a ser devuelto al país de origen. La mala costumbre de distribuir a los inmigrantes ilegales por comunidades autónomas debería ser sustituida por concentrarlos en islotes deshabitados lo más próximos posibles a su lugar de residencia. La otra mala costumbre de albergarlos en hoteles de cinco estrellas en primea línea de mar, subsidiados inmediatamente llegan, debería de ser sustituida por la austeridad propia de una situación de excepción: tiendas de campaña, literas, cocinas de campaña y tiempo para meditar sobre el error que han cometido.

MEDIDAS PARA REVERTIR EL NUMERO DE INMIGRANTES ESTABLECIDOS EN ESPAÑA

En lo que se refiere a las medidas destinadas a revertir el fenómeno de la inmigración, deben ser suficientes como para que el Estado sea capaz de demostrar su fortaleza, su autoridad y su correcta gestión de los recursos públicos:

  • Un inmigrante legal debería de tener derecho a dos años de margen improrrogable para estabilizar su situación en España; provisto de permiso de trabajo, si en ese plazo no ha logrado cotizar a la seguridad social unas cuotas mínimas por su trabajo, si poniendo en la balanza los subsidios recibidos y los gastos generados por su presencia, el resultado fuera negativo, debería de dársele un plazo para abandonar el país.
  • Desde su llegada a España, el inmigrante debería contratar un seguro sanitario privado para garantizar su asistencia médica. La “sanidad universal” es uno de esos inventos de la “izquierda marciana” que solamente ha logrado desmantelar un poco más el sistema sanitario público.
  • Parece bastante claro y sobre estos es difícil que no exista unanimidad que extranjero que comete un delito, cierra con ello la posibilidad de pedir la nacionalidad española. Más bien se hace acreedor de un proceso rápido, cumplir la sentencia y abandonar el Estado Español. En el caso de que disponga de la nacionalidad española, la comisión de un delito debería super, automáticamente, la pérdida de nacionalidad; y al segundo delito, la expulsión inmediata.
  • En el caso de miembros de bandas latinas, menores de edad, la mera pertenencia debería suponer la imposibilidad de recibir la nacionalidad española y cualquier delito cometido como acto de participación en una banda debería de implicar la expulsión de España y si se trata de un menor, acompañado por su padre o su madre.
  • En lo que se refiere a inmigrantes procedentes de países musulmanes, se les debe imponer la obligación firmada de renunciar al “sexo pilar del islam” (la yihad), para poder residir en España. Y si se trata de africanos la renuncia a la práctica de la ablación genital para sus hijas.  
  • Cada dos años, la seguridad social debería establecer un examen de la situación laboral del inmigrante para valorar el resultado de su permiso de trabajo: los meses y las cantidades por las que ha cotizado a la seguridad social y las prestaciones que ha recibido, los meses que ha trabajo y aquellos otros en los que ha permanecido en paro; lo que recibe en concepto de subsidios y lo que aporta en concepto de impuestos directos e indirectos. Si el saldo es negativo, no debería de renovarse su permiso de residencia.
  • Los juzgados de guardia deberían estar en condiciones de dictar sentencia inmediata contra detenidos en flagrante delito, estando representado el detenido por un abogado de oficio, de tal manera que su ingreso en prisión fuera inmediato y no se diera la posibilidad de seguir cometiendo delitos hasta llegar a casos en los que un ilegal ha sido detenido hasta en más de un millar de ocasiones sin haber pisado la cárcel.
  • La detención de un extranjero en flagrante delito debe estar acompañada de la incautación de sus propiedades para pagar los gastos del juicio, la indemnización a la víctima o la responsabilidad civil. Mientras estos gastos no estén cubiertos, el reo debería cumplir íntegramente su condena sin poder acogerse a ningún tipo de beneficio penitenciario, ni promoción de grado.
  • En general, la nacionalidad española solamente debería darse a aquellos inmigrantes que acepten la asimilación en la sociedad español (es decir, asumir la identidad, las costumbres, el idioma, la forma de ser de la sociedad en la que viven) para evitar guetos y bolsas étnicas generadas por las políticas de “integración” que se han mostrado ampliamente perjudiciales en todo lugar en el que se han aplicado. Sin “asimilación” no debería existir posibilidades de obtener la nacionalidad.

LO QUE DEBE EXIGIRSE A LA INMIGRACIÓN

A estas medidas podrían añadirse otras siempre con el objetivo de que la inmigración que resida en España se atenga siempre:

1) Al respeto y emulación de la identidad española.

2) Al cumplimiento estricto de la legislación española.

3) A aportar beneficios a la sociedad española y no generar problemas ni distorsiones.

4) A generar los mínimos gastos al erario público.

Parece evidente que, con los datos que actualmente pueden intuirse, la aplicación de medidas de este tipo contribuiría a ahorrar miles de millones en subsidios, a un descenso radical de la inseguridad ciudadana, a liquidar la existencia de guetos en los que ya no existe sombra de legalidad constitucional, ni la policía se atreve a entrar, se liquidarían la inmensa mayoría de los 100.000 locales actualmente ocupados, existiría la posibilidad de enderezar servicios públicos que en estos momentos están gravemente deteriorados (educación y sanidad) y disminuiría la presión fiscal. Porque, si alguien lo duda, la inmigración ilegal y masiva, en estos momentos es la mayor aspiradora de recursos públicos en forma de subvenciones directas, en forma de perjuicios causados por la delincuencia, incluidos el gasto policial, los atascos judiciales y las prisiones y, para colmo, los chiringuitos subvencionados de “ayuda al inmigrante”.

 

  



 








jueves, 19 de septiembre de 2024

El “Gran Reemplazo”, la realidad convertida en teoría conspirativa (4 de 4)

Ahora bien, ¿podemos afirmar que la teoría del “gran reemplazo” es correcta? ¿Cuál es su punto débil? Es aquí en donde reside la auténtica polémica: no en el hecho incontrovertible de que Europa se ha convertido en un caos multicultural al que las proyecciones demográficas ofrecen un futuro “africanizado” e “islamizado”, sobre el que podrá discutirse la velocidad mayor o menor del proceso, pero no sobre el hecho en sí de que el resultado de las políticas migratorias de los últimos 30–50 años va a generar, está generando, un vuelco étnico, religioso y cultural en Europa Occidental.

El hecho de que se mencione a George Soros en el centro de la “conspiración” y como su factótum no es asumible. Es cierto que Soros juega a favor de mantener y aumentar los flujos masivos, es cierto que tiene peso económico y que, por tanto, tiene influencia política y mediática. Pero Soros no es hijo de una dinastía económica (a diferencia de los Rothschild, los Rockefeller o los Vanderbilt). Su padre era un discreto abogado y su madre tenía un pequeño comercio de ropa. No estamos hablando, por tanto, de generaciones y generaciones de tiburones de las finanzas, sino de un “self made man”. En la lista de “hombres más ricos del mundo” no aparece entre los 10 primeros (la mayoría de los cuales proceden del sector de nuevas tecnologías). No hay, por tanto, que mitificar a George Soros y a su papel en la escena mundial. Es cierto que su papel ha sido influyente en la pequeña República de Georgia y en el desarrollo de los conflictos balcánicos en los años 80 y 90. También es cierto que sus “fundaciones” han recibido entre 30 y 35.000 millones de dólares para sus tareas “humanitarias” y que buena parte de este dinero se ha invertido en la integración del pueblo gitano en Europa, en soporte a ONGs de carácter pro–inmigracionista. Pero el fenómeno de la inmigración masiva es mucha mayor que la figura de George Soros.

Por otra parte, Soros es un “negociante”, el típico especulador financiero. ¿Qué beneficios podría extraer George Soros de impulsar un “gran reemplazo”? Los hechos demuestran que cuanta más inmigración llega a Europa Occidental, los estados afectados se debilitan más y más, crecen los problemas, aumenta la inestabilidad, disminuye la seguridad y, en general, se crea el marco más inadecuado para los negocios. ¿Qué inversor podría estar interesado en alcanzar una situación en la que Europa Occidental fuera perdiendo más y valor económico? Por otra parte, a pesar de que se han ofrecido a los inmigrantes en todos los países de Europa Occidental, medidas de discriminación positiva, que les favorecían en el acceso a estudios superiores, lo cierto es que los resultados han sido muy discretos. La educación ofrecida a jóvenes y adolescentes procedentes del mundo islámico y del África subsahariana no se ha traducido en una elevación del nivel de vida de sus comunidades que siguen autoguetizadas, sin mostrar interés por la integración, ni mucho menos por la asimilación. A esto se une el hecho de que la inseguridad y la inestabilidad creciente de muchos países, especialmente España, induce a “jóvenes suficientemente preparados”, recién licenciados de carreras universitarias, a desplazarse a otros países en busca de mejores ofertas económicas, más estabilidad socio–política y menores cargas fiscales. Así pues, es cierto que se están produciendo cambios de migraciones: se van jóvenes autóctonos preparados, pero llegan jóvenes sin interés por esa misma preparación y atraído por el “efecto llamada” de los subsidios desde el minuto uno de su desembarco de la patera y, en el peor de los casos, por la permisividad de las autoridades ante la delincuencia organizada. En este terreno el panorama es muy desolador y nadie medianamente inteligente y con una mínima capacidad crítica puede llamarse a engaño: estamos asistiendo a un empobrecimiento cultural, económico y social en Europa Occidental (y en la Europa Nórdica) del que todas las partes implicadas –incluidas las finanzas– terminarán lamentando (un régimen de subsidios es viable solamente mientras existe un volumen de población a la que Hacienda puede “muñir” literalmente. Pero esto también tiene un límite, más allá del cual, resulta inviable. Interrumpir bruscamente el flujo de subsidios a la inmigración supondría un estallido étnico y social inmediato.

En todo esto hay una confusión. Si el futuro de Europa Occidental se tambalea a causa de la llegada masiva de inmigrantes y del vuelco demográfico que esto supone, habría que valorar ¿a quién beneficia el hundimiento de Europa Occidental? Rusia es consciente de la debilidad de Europa y de que las propias políticas de los últimos gobiernos de la UE conducen directamente a una inestabilidad creciente de los distintos países que la componen. Por lo demás, no ha existido ninguna prueba de responsabilidad rusa en las riadas de inmigración. Washington y el Pentágono tampoco son sospechosos de animar tales oleadas migratorias: todo lo contrario, en un momento en el que, a través de Donald Trump resucita la idea del “decoupling” (desvinculación de los EEUU de la defensa de Europa), la instigación norteamericana es todavía más increíble. ¿Marruecos? Efectivamente está interesada en deshacerse del lastre que supone su crecimiento demográfico y aliviar la presión que generan los desplazamientos de miles de a subsaharianos a Europa a través de su territorio. No hay que olvidar tampoco, que Marruecos lleva a cabo una guerra de “baja cota” contra España y reivindica parte de nuestro territorio nacional (Ceuta, Melilla, las Islas Adyacentes y Canarias) para realizar un proyecto geopolítico del Gran Marruecos. Además, este país juega sus cartas como históricamente ha hecho: chantajeando constantemente a la UE y a España u obteniendo jugosos beneficios por ello[1]. Pero Marruecos no es la única plataforma utilizada para llegar a Europa: Argelia, Libia, Turquía, son “corredores” habituales de la inmigración en dirección a Europa y, por tanto, el papel de Rabat es menor al que se suele creer en España.

 No hay que olvidar, además, que hay oleadas masivas de inmigración ilegal a Europa porque la propia UE lo tolera. No hay problema más fácil de resolver que el de la inmigración: basta desincentivarla mediante repatriaciones masivas o bien, situando a la Armada de los países mediterráneos (especialmente de España, Francia, Italia, Malta, Chipre y Grecia) interceptando pateras y remitiéndolas al puerto más próximo según la ley del mar (esto es, al puerto del que han salido). En apenas un mes de esta práctica, el flujo se cortaría en saco. La no admisión de “refugiados” sin documentación y las repatriaciones de ilegales que han llegado, harían el resto.

Y esta es la cuestión: no hay que buscar intervenciones externas, ni siquiera conspiraciones para establecer porqué se produce un flujo masivo de inmigración con el riesgo de generar un “gran reemplazo”. Porque si la conclusión del “gran reemplazo” es inapelable, lo que no lo es tanto es la explicación. Hay inmigración, porque los gobiernos europeos de centro–izquierda y de izquierdas, fundamentalmente, lo han permitido por unos motivos y gobiernos de centro–derecha por otros, relativamente diferentes. No hay que buscar “fuera” la causa del problema, sino “dentro”. Sobre todo, teniendo en cuenta que la UE ha estado gobernada por coaliciones de centro y centro–izquierda. Este es el principal elemento a tener en cuenta.

Nadie ha obligado a los gobiernos de la UE a suscribir la Agenda 2030 (como hizo Rajoy en 2015, sin haber leído bien sus cláusulas y lo que implicaban, entre otras medidas, aceptación de los flujos migratorios que quisieran asentarse en España). Nadie obligó a José Luis Rodríguez Zapatero a suscribir en 2008 el Pacto Europeo sobre Migración y Asilo, otro de los documentos en los que se asientan las oleadas migratorias. Nadie obligó a Pedro Sánchez firmar el Pacto de Marrakech en 2018 que impone a los Estados de la UE “cuotas de inmigrantes”.

En España podemos establecer que el inicio de la inmigración masiva se produjo a partir de 1996 cuando José María Aznar (centro–derecha) estableció su modelo económico basado en salarios bajos, acceso fácil al crédito, la construcción como motor económico e inmigración para abaratar la mano de obra. Durante su gobierno entraron en España 3.000.000 de inmigrantes, que luego, durante el zapaterismo se duplicaron. Pero, hay que recordar que los motivos por los que el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero realizó una “regularización masiva” fueron simplemente engañosos: se dijo que era para regularizar a 400.000 en situación de ilegalidad, pero, en realidad, se aprobaron 600.000 regularización (buena parte de las cuales avaladas por documentación más que dudosa), generándose un efecto llamada inmediato de entre 500.000 y 600.000 inmigrantes más desde que se anunció la regularización hasta que concluyó. Se prometieron medidas para impedir que se repitieran acumulaciones de ilegales de este tipo y sanciones para las empresas que los contratasen. En realidad, no se hizo nada más que abrir las puertas de par en par. Cuando se cumplían diez años desde el inicio de la inmigración masiva (de 1996 a 2006) ya se habían instalado en España en torno a 6.000.000 de inmigrantes. A partir de aquí, empezaron las “naturalizaciones” y, aunque hoy el número de inmigrantes residentes en España, se estima entre 7.500.000 y 8.000.000 la cifra es engañosa, porque hay que sumar los “naturalizados” y los hijos de todos estos contingentes, nacidos en España y, por tanto, considerados legalmente como españoles[2]. El resultado final es que, hoy, entre en 22 y el 25% de la población residente en España, o bien es inmigrante, legal o ilegal, hijo de inmigrantes o bien antiguos inmigrantes “naturalizados”.

En el momento de escribir estas líneas, PP y PSOE han aprobado en el parlamento la vía abierta para regularizar a otros 500.000 irregulares… Pero los motivos, también ahora, son distintos. Para el PP es una cuestión “de humanidad” y “de economía”. La derecha liberal española considera que mantener la llegada de inmigración es “bueno para la economía”: y, en efecto, tiende a subir el PIB nacional (cuanta más población, más movimiento económico…), pero con la contrapartida de que esta cifra “macroeconómica” es engañosa.  Inmigrantes que llegan sin capacitación profesional, ni especialidades, solamente pueden colocarse en los niveles salariales más bajos o entre los grupos subsidiados: tal como explicó el profesor Jesús Fernández–Villaverde, catedrático en Economía de la Universidad de Pennsylvania, en su estudio La riqueza de las naciones trabajadoras:

“Vivimos en un estado del bienestar. Los estados del bienestar se basan en que el 10% de la población de más renta transfiere renta al 60% de menor (los que están entre el 61% y el 90% se quedan más o menos igual), bien directamente con transferencias o indirectamente con servicios públicos. Cada inmigrante que llega a una economía avanzada y se coloca en el 60% de menor renta (es decir, casi todos excepto los de muy alto nivel de capital humano) tiene un valor añadido negativo para el estado del bienestar. Sí, los inmigrantes te generan flujo de caja positivo hoy para la seguridad social (pagan cotizaciones), pero en el futuro hay que pagarles una pensión y una sanidad pública. En Dinamarca lo han contabilizado con detalle y, efectivamente, traer inmigrantes les sale a perder (…) La inmigración no parece ser la solución de casi nada; países como Canadá o España, que han traído muchos inmigrantes desde 1990, han crecido menos que Japón en términos de PIB por adulto en edad de trabajar. Simplemente, hay más trabajadores en Canadá y España, con lo cual el PIB total crece más, pero el PIB por adulto en edad de trabajar no crece más (…) Los japoneses, a pesar de los millones de artículos en la prensa occidental criticándoles por no permitir inmigrantes, lo han entendido mucho mejor que nosotros”[3].

España y Canadá, han alardeado de aumentos en el PIB, gracias a haber admitido millones de inmigrantes, sin embargo, no se ha traducido en generación de riqueza, ni en mejora del estado del bienestar. ¿Cómo podría ser de otra forma si de los 8.000.000 de inmigrantes que viven en España, solamente trabajan y cotizan a la seguridad social, casi siempre por las franjas salariales más bajas, apenas una 2.500.000? Lo peor –y lo que demuestra que, en España, el gobierno todavía actúa con frivolidad en materia de inmigración masiva– es que la ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz, fue la que ofreció estas cifras, reconociendo luego que ¡ignora a qué se dedican los 5.500.000 que están en España pero que no trabajan…! Así se entiende perfectamente porque el resto, o bien está obligado a vivir de subvenciones y subsidios, o bien se vincula a medios de vida ilegales, o bien además de subsidios genera trabajo negro y así se explica problemas tan diversos como la subida del precio de los alquileres en el mejor de los casos y la oleada de “okupaciones”, sin precedentes en la historia mundial o la oleada de violencia contra la mujer. Como para que luego el ex ministro José Luis Escrivá, hoy director del Banco de España afirme con una seriedad pasmosa que todavía España “necesita entre ocho y nueve millones de inmigrantes hasta el 2050” (¡!)[4].

Así pues, la pregunta sigue en pie: ¿por qué inmigración? La respuesta es mucho más sencilla de lo que imaginaba Camus y los teóricos del Gran Reemplazo. Si nos fijamos en el caso español (que no reproduce sino tardíamente lo que otros países de Europa Occidental ya había realizado con treinta años de anticipación), lo habitual es que la izquierda admita inmigración, cuanta más mejor, y que la derecha, por lo general, tienda a controlarla algo más. Esto da la respuesta al enigma: desde los años 80, la clase obrera europea –que aportaba el grueso del voto de izquierdas– o bien ha ido desapareciendo barrida por la globalización y las deslocalizaciones, o bien ha ido adoptando valores propios de la derecha, no solo porque su proceso de aburguesamiento y mejora en sus condiciones de vida era evidente, sino también porque, poco a poco, las propuestas de la izquierda en materia de “ingeniería social”, especialmente a partir del inicio del milenio, han ido chirriando cada vez más en sus oídos. Esto ha generado un retroceso electoral de las izquierdas y un cambio en su electorado: hoy, la clase obrera apenas vota a opciones de izquierdas; los huecos que ha dejado se han visto sustituidos por funcionarios de ONGs subsidiadas, por profesionales de orientación “progresista” y, especialmente, por “nuevos europeos”, esto es por inmigrantes naturalizados. En otras palabras: cuantos más inmigrantes lleguen a Europa, más posibilidades tiene la izquierda de sobrevivir a corto y medio plazo.

Por eso las izquierdas, mirando a su propio futuro electoral, han intentado encontrar un “nicho de sustitución” y lo han encontrado en las masas procedentes de África y del mundo islámico. Así pues, podemos hablar con más propiedad de un “gran reemplazo de electorado” que de un “gran reemplazo de población”: si este último es la consecuencia, la búsqueda de un electorado de sustitución ha sido el elemento justificativo y el desencadenante real. Algo fácil de demostrar sin recurrir a teorías conspirativas.

Hemos dicho que la izquierda ha encontrado una solución para sus carencias electorales a corto y medio plazo. A largo plazo, cuando, a partir del 2050, los grupos halógenos sean mayoría en muchos países, el problema habrá variado radicalmente: los “nuevos españoles” habrán organizado partidos propios, dispondrán de un programa propio y ya estarán en condiciones de obtener la mayoría e introducir reformas constitucionales (en el mejor de los casos) o imponerse mediante la yihad. A los dirigentes de la izquierda europea les quedará el dudoso orgullo de haberles abierto ese camino.



[1] Cf. León Klein (seudónimo de Ernesto Milá), Marruecos, el enemigo del Sur (Editorial PYRE, Barcelona, 2003) y León Klein, Marruecos, la amenaza (Editorial PYRE, Barcelona, 2004), en donde puede encontrarse suficiente información sobre la “guerra de baja cota” contra España.

[2] Datos extraídos de diversas fuentes, entre ellas: León Klein, El libro negro de la inmigración en España, PYRE, Barcelona, 2003, diversos artículos publicados en el blog info–krisis (http://info–krisis. Blogspot.com) y https://gaceta.es/espana/regularizacion–de–inmigrantes–una–vieja–costumbre–del–psoe–y–del–pp–que–hoy–es–patrocinada–por–la–agenda–2030–20240415–0600/

[3] Idem.