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miércoles, 29 de noviembre de 2023

EVOLA, NIETZSCHE Y LOS “DESTINOS ESTELARES” (1 de 3)

Los exegetas más sagaces de Nietzsche están de acuerdo en un punto esencial. El valor del pensamiento de Nietzsche tiene el rasgo de epocalidad. El filósofo alemán fue el primero que se enfrentó admirablemente a la decadence [1], valorando, al mismo tiempo, su propia obra como un comienzo. De esta forma, anticipó el verdadero papel divisorio que pronto se le atribuiría a su filosofía. Sintiéndose “dinamita”, el padre de Zaratustra subrayó la función desestructurante de sus intuiciones deslumbrantes, pero también les atribuyó una cualidad refundadora. En este sentido, la propuesta especulativa de Nietzsche no es, sic et simpliciter [2], “filosofía del martillo”, producto del despojo existencial ejercido contra todas las superestructuras conceptuales que se han ido acumulando sobre los hombros del hombre europeo, en el transcurso de su milenaria historia, sino fundamentalmente una filosofía “matinal”. Nietzsche anuncia un nuevo amanecer de la civilización europea, su posible Otro Comienzo. Ante estos supuestos generales del teórico del superhombre, no es de extrañar que Julius Evola[3], uno de los raros pensadores italianos que, a principios del siglo XX, adquirió estatura teórica de nivel continental (reconocida sólo en los últimos años), haya polemizado con él durante su larga experiencia especulativa.

Roberto Melchionda da en el clavo al sostener que “Nietzsche es el pensador que encontramos en todas las etapas de la vida y de la obra de Evola”, aunque, como el lector ha podido ver en las páginas de esta recopilación de textos, lo haya interpretado, valorado y/o o criticado desde diferentes perspectivas. Para llegar al meollo de esta polémica entablada entre los destinos estelares de los dos pensadores, conviene despejar el campo de algunos malentendidos analíticos que podrían invalidar el valor de las propuestas.

En primer lugar, es conveniente dejar atrás los extremos interpretativos: en efecto, si lo afirmado por Massimo Cacciari en su momento no corresponde a la verdad filológica, a saber, que Evola criticaría a “Nietzsche en todas partes”, “continuamente” y “ de manera dura[4], también es cierto que, tras el encuentro con la obra de René Guénon y con su idea de Tradición, el juicio de Evola respecto al solitario Sils–Maria cambió significativamente, para finalmente mostrar, en los años cincuenta, en el momento de la redacción de Cabalga el tigre, una reconversión nietzscheano–dionisíaca positiva, aunque mitigada respecto de las aseveraciones de los años veinte. Así, ni el pensamiento de Evola puede considerarse una simple “variable” del universo nietzscheano, ni la propuesta de Nietzsche tampoco puede reducirse a la del tradicionalismo. Las dos perspectivas teóricas deben considerarse autónomas y “en diálogo”.

Además, en nuestra opinión, para interpretar correctamente la relación entre las dos extraordinarias inteligencias antimodernas, es de gran importancia atribuir el peso justo al rasgo existencial y espiritual que las unía. Evola y Nietzsche no fueron simplemente inactuales, sino que pertenecieron, y tenían clara conciencia de ello, a la categoría de hombres póstumos. Éstos tienen la suerte de hablar, de dirigirse al futuro, pues llegaron prematuramente y propusieron una verdad que sus contemporáneos, inmersos en la cotidianeidad, no pudieron comprender. Por eso se dirigieron a unos pocos, a sus hermanos en espíritu. Vivían para una comunidad de Únicos, portadores de la revolución de los persuadidos. Escribieron, como en las fibras de la enseñanza nietzscheana, con sangre, sosteniendo un estrecho enfrentamiento con el tiempo que les tocó vivir y con la sociedad moderna, que había supuesto, para quienes supieron mirar profundamente, más allá de la retórica de las “suertes progresivas”, el rostro de la michelstaedteriana comunidad de los malvados.

Pasión ardiente y pathos de la distancia

Lo que escribió Giorgio Colli sobre Nietzsche puede ser válido también para Evola: “Cualquiera que haya leído algunas páginas suyas se ha sentido profundamente sondeado, se ha sentido provocado para dar su asentimiento sobre un tema candente: unos no perdonan esta intrusión, otros olvidan la impresión que les causó y otros reaccionan con ardiente participación[5]. Nuestros dos autores, por lo tanto, obligan a los lectores a “tomar partido”, a ser intelectualmente activos respecto de la urdimbre de pensamiento que están desarrollando y presentando. Esto genera las dos tipologías de respuesta más comunes recordadas por Colli (palabra que no por casualidad se refiere al corazón, al centro del microcosmos): adhesión inmediata o rechazo.

Evola y Nietzsche, en efecto, además de hablar a la razón, a diferencia de otros pensadores, pretenden dejar una impronta, inducir un cambio de corazón, transformar el alma del lector. La suya, aunque con modalidades expresivas muy diferentes, era una comunicación de existencia. No se contentaron con la modalidad comunicativa vigente en la ensayística culta de la época contemporánea, por considerarla apta para envilecer la potestas [6] de la palabra. Más bien pretendían solicitar a su interlocutor, tomándolo, con la fuerza del argumentar, como había propuesto Kierkegaard, por el cuello. Después de todo, la soledad y la tensión absoluta, compañeras de los dos destinos estelares, no pueden ser eliminadas de la filosofía, que es saber erótico. Como tal, no permite, dada la lección de Sgalambro [7], adherirse a la expresividad que caracteriza tout court [8] a la investigación científica, como es el modo típico de los eclecticismos de la Kultur. Las referencias ideales de Nietzsche y de Evola huyen del eclecticismo, situándose como afirmaciones absolutas.

Como auténticos filósofos, los dos llaman la atención de cualquiera que tenga la suerte de conocerlos, con “chispazos”, rasgos humanos que, en la antigüedad, distinguió a Sócrates. La descarga eléctrica que produce el chispazo, si no ahuyenta o induce a huir, sino que determina el despertar. Creemos que Evola, a través de la comparación con los textos del pensador alemán y con los de los místicos del siglo XIV, principalmente Meister Eckhart, comprendió la estructura falible y vinculante del lenguaje desde la década de 1920, anticipándose a las posiciones de Wittgenstein al respecto. Piénsese en el ensayo Arte abstracto de 1920 en el que leemos: “Expresar es matar” [9]. A pesar de ello, como bien dijo Melchionda, al utilizar en sus obras filosóficas la terminología técnica introducida por el neoidealismo de matriz actualista, Evola mostró humildad intelectual y puso en práctica una actitud de servicio hacia sus semejantes al fijarse la tarea de “hacer comunicables, comprensibles y menos difíciles, los contenidos de la experiencia y pensamiento” [10].

A pesar de ello, y en virtud del rasgo existencial de su comunicación, los intérpretes malévolos –como es bien sabido– han aportado análisis que distorsionan su pensamiento, las más de las veces reducido al cliché y a la descorazonadora imagen de la filosofía de la reacción, si no, incluso, como un mero ejemplo de fascismo intelectual. Esto ocurrió porque las exégesis filológicamente correctas presuponen una visión global y unitaria de toda la producción intelectual de un autor, no la sustracción de una parte de ella en beneficio exclusivo de otra. Con respecto a ellos, se llevó a cabo una descontextualización histórica y un trabajo de extracción en el conjunto de su producción, de aforismos o afirmaciones que asumían así el valor de afirmaciones innegables [11]. De ahí las críticas maliciosas y preconcebidas. En ellos también jugó un papel destacado la poderosa crítica al cristianismo presente en sus textos. Evola y Nietzsche corrieron, con decidido coraje intelectual, la misma suerte que Maquiavelo. Este último, recuerda Colli, vio su nombre borrado de la portada de muchos libros, en la Biblioteca Nacional de Florencia, por haber notado en ellos, como Nietzsche y Evola, la “debilidad a la que la religión actual ha llevado al mundo” [12]. Los destinos estelares de Evola y Nietzsche están, pues, unidos también por la dureza con que trataron su tiempo, el sentido común dominante de su época y el espíritu fideísta de la religión que llegó a predominar en Europa.

En el rostro de Dionisio

No es casual que esta recopilación de escritos evolianos dedicado a Nietzsche se abra con la traducción de Par delà Nietzsche [13]. Es el más auténticamente nietzscheano de los escritos del tradicionalista, ya que, como reconoce Alessandro Giuli en el Preámbulo de la última edición, el evoliano es “un destino [...] que encontró su camino en el magisterio de una filosofía inalcanzable para la mayoría, sinceramente antidemocrática y al menos en este sentido nietzscheana” [14]. En las páginas del cuadernillo, escrito en la lengua predilecta de la inteligencia europea de las primeras décadas del siglo XX, la lengua francesa, el autor suscita en el lector, utilizando atmósferas sugerentes, fuertes estados de ánimo. Al igual que Michelstaedter, es portador de algunos aspectos teóricos específicos que caracterizan los cúmulos espirituales de principios del siglo XX, a los que a menudo se hace referencia con la noción de “metafísica de la juventud” [15]. Por último, pero no menos importante, entre estos casos, aparece la recuperación de la facticidad, inducida por la reelaboración de motivos nietzscheanos. El escrito presenta, en esencia, los rasgos esenciales del idealismo mágico, que el pensador alcanzó atravesando críticamente el idealismo, tanto clásico como el que le fue contemporáneo, y a través de las misteriosas sugerencias encontradas en los círculos esotéricos romanos y en la práctica del arte de vanguardia.

En los escritos de estética del pensador romano, Nietzsche de alguna manera ya es discutido, pensado, metabolizado: en Arte Astratta emerge el contraste entre el mundo interior del “creador” y el del “hombre en el mercado” [16], indicando dos tipologías antropológicas espiritualmente divergentes. Evola identifica la presencia en Nietzsche de un rasgo romántico que, a la luz de la lección de Schopenhauer, le llevó a conceder la primacía a la música entre las artes. Por eso, la posición del alemán se experimenta como “insuficiente”, ya que, en opinión de Evola, “no es la expresión lo que importa, sino el hacer del artista en sí mismo[17]. La metabolización de Nietzsche también se puede ver en el poema La palabra oscura del paisaje interior [18]. En esta obra, el autor realiza una investigación introspectiva. La personalidad es despojada de toda superestructura, presionada sin tregua por el deseo de descubrir la razón última de la vida. El núcleo original de toda experiencia humana se identifica en la voluntad, un claro motivo puramente nietzscheano. Sólo en Par delà, la reivindicación de Evola del individuo y de la presencia, para referirse a un término gentiliano muy utilizado por Andrea Emo, remite al “platonismo” del primer Lukács, a las tesis expresadas por este en El alma y las formas, cuando aún no estaba sometido a la rigidez ideológica de La destrucción de la razón. Evola, con el pensador húngaro, propone un ethos que, en la práctica, en el actuar, se manifiesta en un encontrar–dar–lugar, en el presente sin nombre de la modernidad alienada, a una nueva posibilidad de existencia.

Ahora bien, la referencia al ethos es típicamente nietzscheana, experimentada en clave antiestética, “ya ​​que la actitud estética depende del Otro, de lo correlativo, de la repetición” [19], como ya había captado Kierkegaard, y como sería han sido indicado por la evoliana “Vía del otro”. Surge así un tema que une al primer Evola con el último, al menos en lo que se refiere a la exégesis de Nietzsche. Leyendo el texto introductorio que el filósofo de la Tradición ideó en 1971 para el libro de Robert Reininger, Nietzsche y el sentido de la vida, el lector ha podido ver cómo interpreta el mensaje de Zaratustra en términos de una posible reafirmación de la ética absoluta del estoicismo, un pensamiento basado en la centralidad del egemonikon [20], principio de orden activo, superior a la vida, entendido en términos puramente naturalistas. Por tanto, a pesar de las diferencias interpretativas, en la lectura que hace Evola de Nietzsche se mantienen datos constantes; precisa Evola, “hasta la fecha [...] ofrecen pistas igualmente importantes para quienes estudian la problemática post–nihilista [...] enfrentando la prueba de una nueva y peligrosa libertad” [21]

La tesis central que emerge en Par delà es realmente sólida. Frente al cristianismo hecho mundo en la modernidad, en la ciencia, en la tecnología, en las estructuras sociales democráticas, Evola se refiere a un “Nietzsche más allá de Nietzsche”. Postura que, de diferentes formas, seguirá reafirmando más adelante. El suyo es un Nietzsche profético, autor de un proceso de desenmascaramiento de los embellecimientos de las tinieblas -para citar a Michelstaedter- que, a lo largo del tiempo, han permitido a los hombres perpetuarse en “cualquier vida” (la expresión sigue siendo del filósofo de la persuasión). Nietzsche y algunos más tuvieron la audacia de revelar a Europa el enorme poder de Dionisio, logrando mirar al abismo sin desviarse en dirección a improbables más allá.

En las filas de los precursores, Evola también incluye a Dostoievski. En el artículo de 1939, Tolstoi y Dostoievskij, publicado en Bibliografia fascista, Evola afirmará que ambos habían visto, al igual que el filósofo del Eterno Retorno, “el punto donde el camino que va de arriba hacia abajo se encuentra con el que, prometeicamente, va de abajo hacia arriba [...] Una nueva visión [...] del poder, de toda la existencia terrestre, en su plenitud pagana y dionisiaca, los habría convertido no sólo en mártires y oscuros precursores, sino en los conscientes heraldos de un nuevo ciclo” [22].

El Nietzsche de Par delà es el portador del Gran Despertar en el mundo moderno, revelando lo que los Misterios siempre habían enseñado a unos pocos en el mundo Antiguo, aquello que los iniciados encontraron al final del camino de la realización: el principio–infundado, la libertad–poder del origen, la nada schellingiana, la nada del ser. El anticipo de la cultura trágica, el hasard [23]: una frontera infranqueable que separa a los que necesitan creer, de los que aspiran a saber. El lector habrá captado en la evocadora traducción de Giovanni Pérez el rasgo que caracteriza desde dentro este texto: la juventud espiritual [24].

Giovanni Sessa


[1] En francés en el original [NdT].

[2]Simplemente así” [NdT]

[3] Véase Roberto Melchionda, Il volto di Dioniso. Filosofia e arte in Julius Evola, prefacio de Giano Accame, Basaia, Roma 1984, p. 214.

[4] Véase Intervista con Cacciari, en Il Settimanale, a. 1981, núm. 24, pág. 68. La cuestión también fue planteada por Roberto Melchionda, Il volto de Dioniso, op. cit., pág. 214.

[5] Véase Giorgio Colli, Scritti su Nietzsche, Adelphi, Milán 1980, pág. 11

[6] En latín en el texto: potestas alude al poder socialmente reconocido de algo, en el derecho romano el concepto se oponía a auctoritas, o saber socialmente reconocido. [NdT]

[7] Manlio Sgalambro, filosofo italiano de orientación nihilista, influenciado por Cioran y Shopenhauer. Además de su trabajo como filósofo, escribió las letras de varias canciones de Franco Battiato. [NdT]

[8] En francés en el original, término que suele traducirse de distintas formas, indicando todas inmediatez o sinónimos. [NdT]

[9] Véase Julius Evola, Arte astratta, Fondazione J. Evola, Roma 1992.

[10] Véase Roberto Melchionda, Il volto di Dionisio, op. cit., pág. 227, núm. 2. Prosigue luego el autor, recordando cómo Evola descubrió que “para los significados de la ética, utilizando el término poco significativo de Wittgenstein, estaba disponible para cualquiera que supiera cómo usarlos, un lenguaje de reserva, casi un pre–lenguaje, el "lenguaje de los pájaros", inscrito en los símbolos de la alquimia o de otras tradiciones". Entre otras cosas, el sagaz exégeta del pensamiento de Evola, de paso, señala, en este aspecto particular de la investigación lingüística, relativo a la creación de palabras ex novo, la distancia de Evola con Heidegger. [ex novo, locución latina que suele traducirse como “de nuevo” o “desde cero”, NdT]

[11] Colli comenta así la actitud adoptada hacia Nietzsche: "Un falsificador es cualquiera que interpreta a Nietzsche usando sus citas [...] en general es deshonesto usar las citas de Nietzsche cuando se habla de él, ya que de esta manera se le da valor a las propias palabras con la sugestión que suscita la introducción de las suyas". Lo mismo puede decirse de Evola y, en particular, del uso de sus obras sobre el tema de la raza del espíritu. Véase Giorgio Colli, Dopo Nietzsche. Come si diventa un filosofo, Bompiani, Milán 1978, pág. 170.

[12] Véase en pág. 5.

[13] Véase Julius Evola, Par delà Nietzsche, editado por Gianfranco de Turris, prólogo de Alessandro Giuli, con escritos de Giovanni Sessa y Andrea Scarabelli, Aragno, Turín 2015. En los ensayos que acompañan al texto de Evola, se reconstruye la completa historia editorial de este interantísimo y lúcido pamphlet.

[14] Ver Alessandro Giuli, Premessa, en ivi, pág. 5.

[15] Sobre este tema remitimos a nuestro Julius Evola e la metafísica della gioventuù, en Julius Evola, Par delà Nietzsche, op. cit., págs. 11–20. Más en general, sobre el tema cf. Massimo Cacciari, Metafisica della giuventù, en Gyòrgy Lukács, Diario (1910–1911), editado por G. Caramore, Adelphi, Milán 1983, págs. 69–148.

[16] Ver Roberto Melchionda, Il volto de Dionisio, op. cit., pág. 217.

[17] Ver Julius Evola, Arte astratta, op. cit., pág. 12.

[18] Véase Julius Evola, La parole oscure du paysage intérieur, reimpresión facsímil, Fondazione J. Evola, Roma 1992.

[19] Ver Giovanni Sessa, Julius Evola e la metafisica della gioventù, op. cit., pág. 19

[20] Hegemonikon (o egemonikón), parte rectora del alma en la que se producen las impresiones, impulsos y sentimientos y es capaz de convertirse, a su vez, en la sabiduría. Es la parte rectora que origina y dirige los movimientos del resto.

[21] Véase Julius Evola, Prefazione a Robert Reininger, Nietzsche e il senso della vita, pág. 124.

[22] Ver Julius Evola, Tolstoi e Dostoievskij, en este mismo volumen.

[23] En francés en el texto: azar, casualidad. [NdT]

[24] Sobre el valor expresivo de Par delà, nos permitimos recordar lo dicho en otra circunstancia: "La transparencia intelectual del texto es igual a la que expresa en el mundo mineral la iridiscencia luminosa del cristal de roca". Ver Giovanni Sessa, Julius Evola e la metafisica della gioventù, op. cit., pág. 20.


ENLACES

EVOLA Y NIETZSCHE Y LOS "DESTINOS ESTELARES" (1)

EVOLA Y NIETZSCHE Y LOS "DESTINOS ESTELARES" (2)

EVOLA Y NIETZSCHE Y LOS "DESTINOS ESTELARES" (3)








 

miércoles, 8 de noviembre de 2023

EVOLA - NIETZSCHE - LA IDEA DEL "SUPERHOMBRE" EN LOS ESCRITOS DE JULIUS EVOLA (2 de 3) - Por Giovanni Perez

3. El pensamiento mágico–sapiencial y el encuentro con Guénon

“El hombre completamente despierto
es verdaderamente inmortal.
Las estrellas y los dioses se van;
él solo queda y puede hacer lo que quiera.
Por encima de él no hay Dios”.

Gustav Meyrink

Entre el final de la Gran Guerra y principios de los años treinta, como ya se ha dicho, Evola se situó en el cruce de diversos intereses y de múltiples experiencias, desde el enfrentamiento con el taoísmo, el tantrismo y el budismo, hasta fijarse en las doctrinas que, en su momento ,se resumieron en el término de “metapsíquica”, luego como formas de “ocultismo”, y que hoy remiten más bien a las categorías de “magia” y “esoterismo”. El interés por el hermetismo, las ciencias mágicas y alquímicas, por la propia teosofía y por la antroposofía también caen dentro de este horizonte. Son los años, aproximadamente a partir de 1923, en los que Evola entabló relaciones, incluso de amistad, con Arturo Reghini, Giulio Parise, Giovanni Costa, Guido De Giorgio, Decio Calvari, Aniceto Del Massa, Arturo Onofri, Giovanni Colazza, Girolamo Comi, Massimo Scaligero, Corallo Reginelli, Domenico Rudatis y Emilio Servadio; también son los años en los que colabora con las citadas revistas Ultra, Atanòr, Ignis, Bylichnis.

Evola precisa que junto a la magia entendida como “ciencia experimental que opera sui generis”, también debe señalarse la existencia de la Alta Magia (el Ars Regia de la tradición hermética), entendida como “una actitud especial dentro del dominio iniciático”. Esto significa que estamos ante un camino que “expresa una forma de integración supranormal de la personalidad”, es decir, una completa “realización iniciática”, sinónimo de ascesis mágica, que sin embargo prevé el vaciado de la conciencia de cualquier “escoria humana”, la superación del Yo, sin la cual se hace posible la “trascendencia ascendente”, evitando la contrapartida descendente presente en ciertas experiencias extáticas y místicas, constituyendo en su esencia el “problema esotérico de la inmortalidad”[1].

Si, como hemos dicho, el núcleo vivo que recorre todo el itinerario de Evola remite a una profunda necesidad de realización interior, a una vocación de perfección espiritual, esta premisa debe intervenir cada vez que consideramos el interés del autor por problemas de cualquier índole. Después de todo, el esoterismo apunta a la autoconciencia absoluta, al conocimiento más profundo de uno mismo, es decir, del propio Yo, el “conócete a ti mismo” como el núcleo de la llamada “doctrina secreta”.

La misma necesidad de realización interior se refiere al interés por las disciplinas iniciáticas, mágicas y esotéricas, cuyos resultados entre 1927 y 1929 se pueden encontrar en los estudios, escritos y documentos elaborados en el seno del “Grupo de Ur”, que posteriormente se convertiría en “Krur”[2], recopilada e incluida en la obra, aún hoy fundamental, Introducción a la Magia[3]. Este nivel de introspección permitirá a Evola distanciarse de su anterior interés en el ocultismo, como consecuencia también de la lectura del libro de René Guénon, L'erreur spirite, de 1923[4].

En la cuestión de la concepción mágica del hombre, Evola se interesó por las posibles técnicas de realización espiritual y transformación interior, derivadas del “arte sagrado y regio”. Este aspecto tendrá un relieve especial en la segunda edición de Máscara y rostro del espiritualismo contemporáneo, en el capítulo “Corrientes iniciáticas y 'alta magia'“, reformulación del capítulo “La 'magia' en el mundo moderno”, en el que las distintas corrientes de carácter iniciático y la Alta Magia respondían a una misma aspiración hacia la realización “supranormal” de la interioridad. La realización mágica, según los resultados alcanzados por Evola en esta fase, es algo interior vinculado al dominio iniciático y que expresa “una forma de integración supranormal de la personalidad”, reservada para aquellos que disponen de aptitudes internas particulares. Sobre el criterio de Zaratustra–Nietzsche de que “el hombre es algo que hay que vencer”, Evola observa críticamente y comenta: “El principio sigue siendo verdadero, pero su significado está cerrado en el fondo y, como hemos visto, el trágico destino del solitario de Sils–Maria lo sella con una advertencia silenciosa para los pocos que aún pueden entenderlo[5].

En este ambiente humano y cultural, señalado anteriormente, se consolidó la influencia ejercida sobre Evola por el Tradicionalismo integral de René Guénon, momento que coincide con el abandono de la filosofía entendida como la búsqueda de la verdad con los “instrumentos” cognoscitivos de la razón y de la experiencia elemental. Evola percibe la incapacidad para explorar por esa vía lo que remite al horizonte de las doctrinas mágicas, y la exigencia de alcanzar esa alquimia interior donde se realiza el solve et coagula.

Gracias a las indicaciones rectificadoras proporcionadas por René Guénon, el tipo humano que Evola persigue a partir de este momento se convierte en el “hombre de la Tradición”, arrojado al horizonte del nihilismo consumado, donde solamente siguen en pie las “ruinas” de un mundo en disolución y próximo al final de su ciclo cósmico e histórico. Evola, después, irá más allá para definir las posibilidades existenciales al asumir el mundo nietzscheano en el que “Dios está muerto”, proponiendo el tipo de “hombre diferenciado” en las páginas de Los hombres y las ruinas y Cabalgar el Tigre, y así marcar la superación definitiva del “individuo absoluto” y de las ambiciones inherentes al concepto de “realización mágica”.

El encuentro con la obra de Guénon provocó también en Evola una reformulación del tema de la realización espiritual a la luz de los principios de la Tradición universal, dotando de un sentido más profundo esa conquista del propio Shambhala interior, en palabras de Renato Del Ponte, que le obligó a renunciar a ciertas simpatías juveniles, como las que sintió por la antroposofía de Rudolf Steiner, y evitar emprender caminos de realización que sólo podrían conducir a otros tantos callejones sin salida.

Evola escribe: “Poco a poco comprendí todo el alcance de la obra de Guénon, lo que me ayudó a centrar todo el mundo de mis ideas en un nivel más adecuado”[6]; ideas que habían gravitado, de hecho, en torno al concepto de “realización mágica”. Esto quiere decir que, en la perspectiva de Evola, toda consideración sobre el “camino iniciático” no niega, sino que enriquece lo escrito sobre el “yoga de la potencia”, la exploración del, complejo y peligroso, universo de la magia, la experiencia directa de las ascensiones alpinas, la definición de una “metafísica” del acto sexual, un interés por la espiritualidad del Lejano Oriente, es decir, el taoísmo, el budismo y el zen, la adhesión a la ética típica del estoicismo romano y de las diversas formas de espiritualidad heroica, propias no sólo de las civilizaciones premodernas, sino también de lo descrito por Jünger en las “tempestades de acero” sobre la Gran Guerra, cuando la “experiencia del frente” fue capaz de forjar un determinado tipo humano capaz de dominar los poderes de lo “elemental”.

En el exigente ensayo titulado Sobre el concepto de iniciación, Evola intentó, siguiendo la estela de Guénon –de quien difiere en algunos puntos, y no sólo por la diferente “ecuación personal”– resumir y esbozar los términos esenciales de una categoría que también ha suscitado innumerables interrogantes y confusiones entre los especialistas de las disciplinas tradicionales. Sobre esto, basta pensar en las cuestiones relativas a la posibilidad o no de una “autoiniciación”, la relación entre realización iniciática y experiencia mística, la existencia o no de un camino iniciático en las religiones históricas y, en particular, en el cristianismo.

Volviendo al tema de estas páginas, en la medida en que la iniciación, entendida literalmente, como un “nuevo comienzo” o un “renacimiento” en vista de la plena realización interior (es decir, del autoconocimiento integral, según el presupuesto fundamental para el que la “condición humana, con los límites que definen la individualidad común, puede ser superada”), se puede captar inmediatamente las diferencias con respecto a la concepción nietzscheana del hombre y del mundo. Más concretamente, para Evola, todo “camino iniciático”, en su sentido preciso (el que está presente en las ciencias tradicionales), implica el reconocimiento de una “oposición entre el ‘superhombre’ y el ‘iniciado’ como modelos”, en la medida en que “el superhombre se presenta como la potenciación extrema y problemática de la especie 'hombre'. En cambio, en principio, el iniciado ya no pertenece a esta especie. Si se contempla una alta iniciación, se puede decir que el 'superhombre' pertenece a un plano prometeico (el hombre sigue siendo tal, pero busca de forma engañosa de hacerse con una dignidad y un poder superiores), mientras que el iniciado en sentido propio pertenece a un plano olímpico (tiene una dignidad diferente y legítima, inherente a él)[7].

En el otro importante ensayo sobre Los centros iniciáticos y la historia, Evola reitera: “En su significado auténtico e integral, la iniciación consiste en una apertura de la conciencia más allá de los condicionamientos humanos e individuales; esto implica una modificación del sujeto (de su ‘status ontológico’), que, a partir de ese momento, va a participar de una libertad y de un conocimiento superiores. Esto está vinculado a la posibilidad de injertar en el individuo una influencia en cierto modo trascendente: esto es, no simplemente humana”[8]

En estas precisiones esenciales sobre el significado auténtico, es decir, tradicional, de la iniciación, es posible captar la diferencia entre “realización mágica” y “realización iniciática” precisamente a través de la referencia a la necesaria intervención de una “influencia desde arriba” que Evola define como una modificación del “status ontológico” del sujeto “iniciador”.

En este horizonte se sitúa también la cuestión de las posibilidades existentes en los tiempos finales de nuestro ciclo de civilización, para conectar con una iniciación “regular”, con una cadena de centros iniciáticos, para enlazar con el común y misterioso origen, es decir, con la Tradición universal.

Las precisiones sobre estas temáticas fueron formuladas en numerosos artículos publicados por René Guénon en las revistas Le Voile d'Isis y Études Traditionnelles, y recogidos posteriormente en los volúmenes. Consideraciones sobre la iniciación (1946) e Iniciación y realización espiritual (1952)[9]. Guénon aclara de manera impecable las razones que distinguen, por un lado, la experiencia ascética y mística de la iniciación y, por otro, la realización mágica de la realización iniciática. En la medida en que se afirma que el objetivo de la iniciación o de la Gran Obra Hermética es la realización del Hombre Universal (la llamada Liberación), toda la distancia se mide con el objetivo de Nietzsche de redimir y salvar al hombre precisamente de las ideas mismas de redención y salvación, para entregar al Superhombre la ya difícil e inagotable tarea de revelar el “Sentido de la tierra” y con ello el sentido del hombre que se ha convertido en Superhombre.

4. Nietzsche en las obras de Evola de las décadas de 1920 y 1930

“Pero el hombre que, estando en medio del ente,
se relaciona con el ente que, en tanto que tal,
es la voluntad de poder y,
en su conjunto, el eterno retorno de lo igual,
se llama superhombre”.
Martín Heidegger, Nietzsche

El primer y decisivo ensayo dedicado por Evola a Nietzsche, revela en su mismo título el sentido de la propuesta hermenéutica destacada por nosotros en las páginas precedentes. En Par delà Nietzsche, junto a una violenta polémica contra la religiosidad cristiana, predominan explícitamente los temas de la Sabiduría esotérica, mágica, alquímica o mistérica, y las referencias a las diversas tradiciones y a las correspondientes vías de realización. En el escrito sigue sin aparecer la idea de una “ruptura existencial de nivel”, propia de todo verdadero camino iniciático, y las figuras de Apolo y Dionisos tienen un significado que, más adelante, será parcialmente rechazado por el mismo Evola. Hemos traducido e insertado este texto en la sección antológica de este volumen. El escrito, cuyo borrador original en italiano se ha perdido y del que se han utilizado varias partes, como hemos podido comprobar, seguramente también en Imperialismo pagano.

Precisamente en Imperialismo pagano[10], Nietzsche es utilizado y brilla en la polémica violenta contra el cristianismo, cuyo ethos, basado en el resentimiento, en el sentimiento de culpa y en la voluntad de negar la “Vida”, es presentado como la “raíz del mal que ha corrompido a Occidente” y la principal causa que provocó su dramático declive.

Aunque Nietzsche no pueda encajar en el horizonte de la ideología racista, sin embargo, es posible devolver la “religión nietzscheana de la vida” a sus premisas generales, si se la interpreta como una exclusión “de la personalidad humana la realidad de todo principio trascendente”, con una postura tendiente a “dar a toda valoración ética, del bien y del mal, un sentido y una justificación simplemente biológica”[11]. Este aspecto, que inspira la famosa “inversión de todos los valores” y la defensa de la “Vida” amenazada por los ídolos de la decadencia y del resentimiento, en cierto racismo biológico “está presente ese peor aspecto del 'superhombre' nietzscheano, presentado simplemente como la bestia conquistadora, rubia e indomable”; en esto precisamente puede admitirse cierta “interferencia entre la filosofía de Nietzsche con la ideología racista”. A estas palabras, Evola añade: “En realidad, incluso en Nietzsche se puede notar una reacción aristocrática engañada por ideas naturalistas” y “darwinistas”, ofreciendo una interpretación más general de Nietzsche a la que se mantendrá fiel más adelante, incluso si se reformula de manera diferente.

En otro escrito de estos años, en las páginas dedicadas explícitamente a Nietzsche, Evola reafirma la primacía del principio metafísico sobre el físico, de la “supravida” sobre la simple “vida”, de la “espiritualidad” sobre la “corporeidad”; primacía que, en cambio, es negada por quienes pretenden reducir la idea de raza y, por tanto, de hombre, al plano elemental de la naturalidad, del bios. Ahora, siguiendo los pasos de Platón, Evola argumenta que “para dar forma a la vida, primero hay que darse cuenta de lo que hay más allá de la vida... hay que ser capaz de llegar a las alturas, y esto implica ascesis, es decir, desapego activo, superación heroica, clima de extremas tensiones espirituales[12].

Desgraciadamente, según Evola, en Nietzsche existe un evidente “prejuicio antiascético”, que inspira la búsqueda de un camino opuesto por parte de quienes que buscando un camino de ascesis no son capaces de concebir nada más que “la fuga de aquellos que son impotentes ante la vida, una enfermiza complicación espiritual, algo vanidosa e inútil”. Una vez más, Nietzsche (un cierto Nietzsche) impulsaría, en nombre del rechazo a cualquier idea de ascesis, a una incomprensión de toda “realidad suprasensible”, afirmando que sólo es posible dar forma a lo sensible. En realidad, el ascetismo constituye una “disciplina interior” a través de la cual se “paraliza la influencia de la parte instintiva y pasional del ser humano”, mientras que, para Nietzsche, la realidad sensible es una forma en sí misma, y ​​debe ser aceptada por lo que es, dentro del círculo de la religión romántica de la “Vida”, de la “naturaleza”, del “aquí”, según el principio de “fidelidad a la tierra”. Sin embargo, ya en aquel período, Evola estaba convencido de que Nietzsche era un ejemplo preciso de lo que puede y debe incluso ocurrir en un tipo humano en el que la trascendencia ha despertado, pero que se encuentra “descentrado con respecto a ella”, por lo que permanece en estado de latencia.

En Revuelta contra el mundo moderno[14]  se reafirma básicamente el mismo punto de vista, y en el capítulo titulado “La doctrina de las castas” se indica el punto de partida, el reconocimiento por parte del hombre tradicional de su propia naturaleza y, con respecto al principio de “espiritualidad pura”, de la relación jerárquica de superioridad e inferioridad en el interior de una unidad orgánica común, cuyo fin es el orden, la estabilidad y el equilibrio, es decir, la justicia. Ahora bien, incluso Nietzsche exhortó al hombre a ser fiel a sí mismo, a su propia naturalez; pero la naturaleza es, precisamente, para su Superhombre el único horizonte real y posible, más allá del cual no hay nada más y lo “terrestre” no es un reflejo de un “orden superior”, por tanto, su visión permanece, precisamente, dentro de los límites de la inmanencia y de la “religión de la vida”.


[1] Referencia a las dos obras de Evola: Maschera e volto dello spiritualismo contemporaneo, Fratelli Bocca, Turín 1932, posteriormente ampliada en la ed. Laterza, Bari 1949, y en Edizioni Mediterranee, Roma 1971 (reimpreso con un ensayo introductorio de Hans Thomas Haid en 2008); La tradizione ermetica, en sus símbolos, en su doctrina y en su “arte regio”, Laterza, Bari 1931 (1948), luego Edizioni Mediterranee, Roma 1971 y, nuevamente para Mediterranee, con una introducción de Seyyed Hossein Nasr, Roma 1996.

[2] Referencia a la reconstrucción de Renato Del Ponte, Evola e il magico “Grupo de Ur”. Studi e documenti per servire alla sotira di “Ur–Krur”, SeaR, Borzano 1994.

[3] Introduzione alla Magia quale scienza dell’Io, editado por el “Gruppo di Ur”, Fratelli Bocca, Roma 1955, luego con el título Introducción alla Magia, Edizioni Mediterranee, Roma 1971.

[4] René Guénon, L'erreur spirite, Les Éditions Traditionnelles, París 1923; ed. It. Errore dello spiritismo, tr. de Pietro Nutrizio y Luigi Grozio, Rusconi, Milán 1974.

[5] Julius Evola, Maschera e volto dello spiritualismo contemporaneo, cit., p. 178 (cita de la edición de 2008).

[6] Julius Evola, Il cammino del cinabro, cit., pág. 177.

[7] En Julius Evola, L'arco e la clava, Scheiwiller, Milán 1968 (1971), luego en Edizioni Mediterranee, Roma 1995, reeditado en 2000 (ed. de la que cito, de la p. 98) con una introducción de Giorgio Galli.

[8] Publicado en Vie delle Tradizione, I, n. 3, julio–septiembre de 1971, posteriormente incluida en L'arco e la clava, cit., p. 207. Véanse también las Note sull’iniziazione, en Vie della Tradizione, II, n. 7, julio–septiembre de 1972, págs. 105–110.

[9] René Guénon, Considerazioni sull’iniziazione, tr. es por Pietro Nutrizio, Luni, Milán 2014; Iniziazione e realizzazione spirituale, trad. es por Pietro Nutrizio, Luni, Milán 2014.

[10] Julius Evola, Imperialismo pagano. II Fascismo dinnanzi al pericolo euro–cristiano, Atanòr, Todi–Roma 1928, luego Edizioni di Ar, Padua 1978, ahora con un ensayo introductorio de Claudio Bonvecchio, Edizioni Mediterranee, Roma 2004 (recopila las ediciones italiana y alemana).

[11] Julius Evola, Il mito del sangue, Hoepli, Milán 1937, pág. 36, ahora editado por Piero Di Vona, Edizioni di Ar, Padua 2009.

[12] Julius Evola, Sintesi di dottrina della razza, Hoepli, Milán 1941, págs. 58–59 (reeditado por Edizioni di Ar, Padova 1978 y 1994).

[13] Julius Evola, Rivolta contro im mondo moderno, Hoepli, Milán 1934, ahora con un ensayo introductorio de Claudio Risé, Edizioni Mediterranee, Roma 1998.

[14] Julius Evola, Rivolta contro im mondo moderno, Hoepli, Milán 1934, ahora con un ensayo introductorio de Claudio Risé, Edizioni Mediterranee, Roma 1998.

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