miércoles, 12 de octubre de 2022

¿DE VERDAD TE CREES TODO LO QUE LEES? (II DE II) – LA MENTIRA COMO ARMA MEDIÁTICA Y SUS REMEDIOS

La extraña unanimidad de los medios de comunicación sobre la crisis ucraniana, por ejemplo, no coincide con la percepción que se tiene en la calle del mismo problema. Podemos pensar que los “análisis” publicados por los medios son “objetivos”, ¿o más bien, que están al servicio de otros intereses que nada tienen que ver con la “libertad de expresión”? El lector medianamente inteligente es consciente de que cuando se miente en algo que él mismo puede comprobar, el medio en cuestión seguramente miente en temáticas que resultan más difíciles de confirmar o desmentir. El refranero español recuerda que “quien hace un cesto, hace ciento…”

El problema procede de los grandes consorcios empresariales: antes, cuando se pensaba en “la Telefónica” se tenía la seguridad de que era la empresa que nos colocaba un teléfono de baquelita negra en casa y que se dedicaba a la comunicación telefónica, como Correos se dedicaba al servicio de telegrafía y a llevar y traer cartas. Así mismo, cuando se nos hablaba de Editorial Planeta, pensábamos en libros y quien decía “Banco de Bilbao” estaba aludiendo al negocio bancario, tan exacto como que Nestlé era una marca de chocolates… Pero las privatizaciones, el neoliberalismo y la tendencia de las sociedades anónimas a diversificar sus inversiones, operó el cambio de situación: Editorial Planeta sigue existiendo… dentro de Grupo Planeta. Telefónica pasó a controlar Movistar desde que fue vendida por el Grupo PRISA. La Caixa figura entre los accionistas de Telefónica y el mundo mediático terminó convirtiéndose en una telaraña de intereses económicos que lleva tiempo entender y situar.

Ahora bien, toda esa telaraña está vinculada a otras redes internacionales y de intereses y, así mismo, dependen de las políticas de los gobiernos nacionales, de sus pagos en forma de “publicidad institucional” o de subvenciones directas que alcanzan incluso a los medios digitales. Eso explica cómo es posible que todos esos medios sobrevivan a pesar de la caída de ingresos desde que la venta del papel prensa remitió. La telaraña, para sobrevivir, debe también ser fiel a las consignas que emanan desde el gobierno nacional o desde los centros de poder internacional. España está en “Occidente”. “Occidente” está bajo el “liderazgo” de los EEUU, pertenece a la OTAN y a la UE y todas estas instituciones tienen intereses. O se defienden esos intereses o mueren. ¿Prensa libre? Ni está, ni se la espera. ¿Periodismo de investigación? Un mito: hoy, los medios publican solo lo que interesa a sus patronos, el resto, aunque lo investiguen lo guardan en caja fuerte dejando intuir lo que tienen (“Sé lo que hicisteis el último verano…” podría ser el título y denominador común del periodismo de investigación: “sé lo que hicisteis, pero no lo voy a decir… para algo recibo un subsidio. Por cierto, me lo tenéis que aumentar”).

El resultado final, no es la caída en picado de la credibilidad de los medios de comunicación, sino la inexistencia de espacios de prensa libre. Internet no ha servido para nada más que para aumentar la orgía de la confusión. Nadie puede fiarse de lo que dice tal o cual youtuber o de lo que encuentra en una olvidada página de Internet, o lo que se cuenta en un chat. Nadie tiene capacidad para confirmar tal o cual información. En la “era de la información”, la Verdad ha pasado a ser un acto de fe: la tendencia, por tanto, es a creer todo aquello que confirma las propias opiniones y rechazar como apestada toda información que vaya en contra de nuestra percepción de la realidad. Y, para colmo, el exceso de información que circula por la red, va en detrimento de la “verdad”: siempre hemos dicho que “el exceso de información, mata a la información”. Y no hay forma de salir de este circuito infernal: información – fakes – desinformación.

En lo personal, reconozco que no me gusta que me engañen. Ni que quien lo intenta se salga con la suya. Por principio desconfío de todo lo que leo en prensa convencional y digital. La experiencia me ha enseñado a adoptar esta actitud. Pero tampoco me obsesiono, ni me estreso. Sé que estamos en un período decadente en donde la degradación de valores, ideas e instituciones es lo habitual. Desde que empezó el milenio hemos vivido de mentiras, falsedades y adulteraciones de la realidad, casi sin precedentes en la historia y de las que nadie se preocupa ya, lo que implica que en el Libro de la Historia van a quedar impresas en las que lo único cierto es el número de la página en la que aparecen. Y esto ha costado y está costando miles de vidas. Sin ser conspiranoico, no creo que nadie pueda llamarse a engaño: parece como si la Verdad y la Objetividad se hubieran declarado en huelga o se hubieran ausentado sin dejar señas. Hoy es el tiempo de la mentira y la subjetividad. Le llaman “fake” que parece más elegante. Por eso es la hora de los psicópatas, los que se mueven mejor en este campo. Psicópatas de la economía, psicópatas de la política, psicópatas de la información. Nuestros destinos están en manos de psicópatas en el peor de los casos y de ilustres mediocridades en el mejor.

La pregunta final es ¿puede salirse de este círculo de la desinformación? Lo dudo, pero quizás, estos doce consejos ayuden:

1)      No hay fuentes “dignas de crédito” y “fuentes poco creíbles”. Toda empresa que difunde noticias tiene algún tipo de interés en función del cual tamiza y filtra la información que sirve a sus lectores. Conociendo quienes son los propietarios de las empresas difusoras pueden conocerse sus motivaciones y así entender si la noticia merece ser tomada en serio o es responde solamente a los intereses del difusor.

2)      No hay que leer todos los días informaciones sobre un suceso de actualidad. Así se evitan situaciones de estrés y el terminar no entendiendo nada de lo que está ocurriendo, dadas las contradicciones flagrantes entre distintas informaciones sobre el mismo acontecimiento, incluso en el mismo medio en días sucesivos. Informarse solamente sobre las circunstancias iniciales, los elementos que entran en juego y hacerse una composición de lugar global del problema. Luego ver como acaba y juzgar porqué ha concluido así y no de otra manera.

3)      No hacer caso de los “verificadores de datos”, suelen ser dependencias del “ministerio de la verdad”. Tú eres el mejor verificador. Tú y el tiempo. Si una noticia es falsa, no logra mantenerse mucho tiempo como foco de actualidad. En España, entre los “verificadores” se han posicionado los elementos más discutibles de la profesión periodística, partidarios de la “post-verdad” y de la “corrección política”

4)      Tener en cuenta las orientaciones políticas del emisor de la información y asumir que quien tiene algún interés particular, aunque la información que difunde sea cierta, tenderá a exagerar su importancia y a interpretarla en función de su particular punto de vista.

5)      De partida, existen medios de comunicación indignos del más mínimo crédito. Entre los digitales de la red hay múltiples “digitales” que solo buscan el “clickbait” y están dispuestos a ofrecer sistemáticamente titulares engañosos sin el menor rubor. Cuando un medio te sorprenda con una de estás tácticas, no lo vuelvas a consultar jamás.

6)      Trata de ir siempre a las fuentes de las noticias para confirmarlas, o al menos, a lo que esté más próximo a la fuente. El buscador de Google Noticias te ayudará a localizar quien ha originado una información, cuándo, dónde y a qué hora: eso te dará datos sobre la “fuente primaria” que te permitirá elucidar si la información es creíble, exagerada, ponzoñosa o simplemente engañosa.

7)      La clave de bóveda de un artículo y de una información es que incluyan “el qué ha sucedido”, “el quién lo ha protagonizado”, “el cómo se ha desarrollado”, “el cuándo ha ocurrido” y “el por qué ha sucedido”. Si falta algo de esto, la noticia puede ser falsa o tratar de ocultar la realidad. Pero eso mismo te da las pistas de que hay detrás. Es de todos conocido que, en España, cuando se elude dar datos sobre un delincuente cuando es de origen extranjero. Por tanto, si faltan datos sobre el “quién”, lo más probable es que el protagonista de la noticia sea justo el que usted y yo estamos pensando que es: aquel ausente de la información.

8)      Dime lo que recibe un medio de subvención y te diré hasta qué punto está atado a quien la distribuye y es su perro fiel. Lo mismo vale para la propaganda institucional. Los “amigos” ayudan a los “amigos”, preferentemente con dinero público. No es que el hecho de recibir un subsidio reste toda credibilidad, es que, quien lo recibe queda condicionado automáticamente por el que firma la transferencia.

9)      Entre medios existe una “ley de omertá”, al igual que entre políticos: la competencia existe, pero no hasta el punto de hacer públicas las vergüenzas más extremas del rival. No todas las informaciones que los periodistas obtienen salen publicadas. Buena parte van a parar a las cajas fuertes de las empresas a utilizar como monedas de cambio. Por tanto, no puede apostarse por medios de determinada tendencia en detrimento de otros. A la altura que estamos, es casi obligado partir de la base de que TODOS mienten. A ellos les toca demostrar su credibilidad, dado que, hasta ahora, han demostrado todo lo contrario.

10)   Procura ejercer constantemente la virtud de la objetividad: objetividad es esforzarse por ver la realidad tal cual es. No es preciso tomar partido, ni juzgar todas las informaciones que van apareciendo: es preciso, distinguir entre lo esencial y lo accesorio, identificar los principales vectores de la actualidad y deslindarlos de las “noticias tapón” (lanzadas para ocultar otras), juzgar con sentido común y asumiendo la posibilidad de equivocarse y la necesidad, en muchas ocasiones, de rectificar el juicio. Con el tiempo se adquiere un sexto sentido para distinguir información real de información falsa o interesada.

11)   Conocerse a sí mismo, para conocer en donde nos podemos equivocar o cómo podemos confundir la realidad con lo que nos gustaría que fuera. No todas las noticias que coinciden con nuestra forma de pensar son auténticas. Es preciso afrontar la información de cada día con altas dosis de humildad. Debemos reconocer que, ni somos los más inteligentes, ni los mejores analistas, ni resulta imposible que reconozcamos siempre la falsedad de una información. Pero sí podemos estar alerta, despiertos y en guardia contra la información engañosa.

12)   Tener claro que, quien ha mentido una vez, miente siempre. Quien ha defraudado a sus lectores o los ha tratado de engañar, es que para él es una práctica habitual. De la misma forma que a la clase política no puede aplicarse la “presunción de inocencia”, sino que, por el hecho de ser político, está implícita una ambición y un interés en vivir de la “cosa pública”, especialmente cuando no se tienen más convicciones que la búsqueda del propio lucro, en el mundo de las noticias, ninguna información es cierta hasta que la propia evolución de la noticia lo confirma: ¿quién gana o pierde en una guerra? Respuesta: aquel que logra clavar sus banderas en la capital enemiga; todas las informaciones vertidas durante una guerra son “propaganda”, “operaciones psicológicas”, sea quien sea quien las difunda

Soy consciente de que estos consejos no solucionan el gran drama de nuestros días -la imposibilidad de poner la mano en el fuego por nada, las dificultades en saber si tal o cual información es cierta o falsa-, pero es un signo de los tiempos. A períodos de decadencia, corresponden situaciones anormales en todos los terrenos: el que una serie mediocre de televisión -como ha sido el caso de Apagón- sea glosada por la “crítica”, algo a fin de cuentas, banal (pero significativo) o el que lo ignoremos casi todo sobre lo que está pasando en el conflicto ucraniano o el porque existe en estos momentos polémicas sobre fiscalidad pero esté ausente de las tertulias y en los debates parlamentarios o en las declaraciones de la clase políticas la medida más lógica (el recorte drástico del gasto público), o porqué no se ponen más medios en la lucha contra la delincuencia, o porque no se juzga con la suficiente celeridad a políticos corruptos o porque la Unión Europea es un cero a la izquierda en la política internacional…

Hemos hablado de “signos de los tiempos”, esto es, de acontecimientos significativos que marcan la historia por su generalización y frecuencia, fenómenos históricos que afectan a todo un ciclo de vida colectiva. Hoy, el principal, es la DECADENCIA. Está por todas partes, la podemos notar allí donde miremos. Más vale que no nos engañemos sobre esto. Si lo asumimos, entenderemos todos los demás. Quien dice DECADENCIA dice CONFUSIÓN. Y de esto, precisamente, es de lo que hemos estado hablando.