martes, 22 de febrero de 2022

CONTRA QUIÉN – CONTRA QUÉ – A FAVOR DE QUÉ (1 de 2)

Vale la pena pararse a reflexionar y hacerlo con independencia de lo que puedan publicar los informativos. Lo he dicho en muchas ocasiones: todos los medios de comunicación mienten. Sin excepción. Incluso los que seguís. Os dicen lo que esperáis oír y por eso los seguís. En realidad lo que expresan es la opinión de sus propietarios, ni siquiera la de los profesionales que los elaboran. Un blog, tiene la ventaja de que dice lo que el firmante opina y sería absurdo que, el que suscribe se engañara a sí mismo, en lo que, en el fondo, no es más que un diario personal. Hay algunas consideraciones sobre problemas reales y problemas imaginarios que me gustaría sintetizar en dos entregar. Ahí va la primera: CONTRA QUIÉN, CONTRA QUÉ y ALGUNAS CONSIDERACIONES POLITICAMENTE MUY INCORRECTAS

CONTRA QUIÉN

Personalmente, me siento europeo. Ciudadano de “otra Europa”, no de esta: hijo de la cultura clásica, del mundo greco-latino, del mundo germánica y de la catolicidad. Esta Europa es la única que vale defender. Ella es la única en la que me reconozco. Me siento, además, partícipe de un grupo de pueblos que hablan el mismo idioma. Y tengo por cierto que, si España tiene hoy una misión y un destino, ese es el de ser puente entre la Vieja Europa y el Nuevo Continente.

Celebro, además, la pujanza, de la lengua española en el continente americano. Y lamento profundamente que exista una lucha contra nuestra lengua vehicular en la tierra que me ha visto nacer a mí y a mis ancestros desde el siglo XV, Cataluña, lucha que nace del micronacionalismo y que solo él ha querido. Lamento profundamente que el mundo que voy a dejar a mis hijos y a mis nietos sea mucho peor, en todos los sentidos, que el que me legaron mis padres. Se entenderá el por qué no me resigno a bajar la cabeza y callar.

Creo que somos muchos los que podemos aceptar y compartir todo lo dicho en el párrafo anterior. Si hemos coincidido en eso, creo que esteremos también de acuerdo en que los principales enemigos son:

- La globalización, de la que la Unión Europea no es más que una pieza regional, a pesar de ser la parte más desfavorecida por este proceso. Una globalización cuyo objetivo único es crear un mercado económico mundial, sin tener en cuenta las situaciones diferentes, los desequilibrios locales y que ha generado movimientos tan perversos como la inmigración masiva (de Sur a Norte y de Este a Oeste) y la deslocalización (de Oeste a Este y de Norte a Sur).

- El mundialismo, que no es más que la imposición de una nueva creencia supersticiosa (la superchería de un mundo sin fronteras culturales, religiosas, étnicas y nacionales) que contradice a la naturaleza (que nos arraiga a la tierra natal y nos hace amarla y apreciarla y hace que nos reconozcamos en los que son iguales a nosotros). Esta ideología sostiene la necesidad de crear una “cultura de fusión” y un “mestizaje cultural” en los que la cultura y los pueblos europeos salen ampliamente perjudicados.

Es cierto que la “dimensión nacional” que conocemos, el Estado Español, ya no está a la altura de nuestro tiempo y que se trata de buscar “federaciones” o “uniones” que puedan responder mejor a los retos que afrontamos, pero también es cierto que “lo semejante se une a lo semejante”, se trata, por tanto, de buscar aproximaciones a lo que resulta “contiguo”, no a lo que está separado de nosotros por una brecha antropológica, religiosa, étnica y cultural.

Por otra parte, no puede eludirse que un mercado mundial globalizado solamente sería posible si, en todo el mundo, existiera el mismo nivel de vida, las mismas leyes, idéntica productividad, similares recursos y fuentes de materias primas… Pero nada de todo esto existe en la realidad. De ahí que la globalización, en las actuales circunstancias, sea una quimera que solamente es defendida por ignorantes e irresponsables, o bien por quienes se benefician de ella, esto es, las élites económicas.

CONTRA QUÉ

Si se acepta que estos son los dos grandes enemigos, habrá que aceptar que, en los últimos 20 años, su poder se ha hecho prácticamente universal y total. Es cierto que algunos critican la globalización económica, pero evitan pronunciarse sobre los dos hechos fundamentales sobre los que discurre y que antes hemos mencionado: deslocalización e inmigración. Así mismo, la lucha contra el mundialismo no puede realizarse desde otras trincheras más que desde la defensa de la identidad.

Porque, a fin de cuentas, la globalización no persigue una homogeneización económica mundial, sino solamente aumentar el interés rendido por el capital especulativo. Treinta años después del disparo de salida de la globalización (1989), lo cierto es que la humanidad se ha dividido entre:

- una pequeña élite de “beneficiarios de la globalización”: grandes acumulaciones de capital, herederos de las dinastías económicas activas desde finales del siglo XVIII, fondos de inversión, accionistas de grandes compañías multinacionales y especuladores.

- y una inmensa mayoría de “damnificados por la globalización”: clases medias, trabajadores, agricultores y ganaderos, pequeños empresarios y autónomos, si nos referimos al plano social; si nos referimos al marco nacional: Europa es la gran perjudicada en la medida en que ha visto buena parte de su industria deslocalizada y ha tenido que aceptar mano de obra inmigrante que ha contribuido a disminuir los salarios (para “ganar competitividad” en la jerga globalizadora) y a convertir las sociedad europeas en un tablero étnico inestable y turbulento.

Todo esto, no por cierto, puede parecer excesivamente generalista y alejado de nuestro día a día. En realidad, no es así: nuestro día a día está conformado por esas dos palabras: mundialismo y globalización. No hay un fenómeno que se produzca en nuestro entorno que no tenga alguna relación, más o menos directa, con estos dos fenómenos.

Tales fenómenos, no son el producto de una evolución “democrática”, hacia formas más libres, descentralizadas y justas de organización social. En realidad, es todo lo contrario: es el camino trazado por élites cerradas y opacas, cuyo objetivo es la instalación de un régimen mundial dictatorial, distópico y agresivo, en donde las libertades individuales y comunitarias hayan sido sustituidas por reglas coercitivas, imposiciones sutiles pero ineludibles y opresión de cualquier forma de disidencia mediante un conjunto de recursos derivados de las nuevas tecnologías.

Sin embargo, nos equivocaríamos si pensásemos que este fenómeno es homogéneo y que no tiene matices. De hecho, se trata de un fenómeno, inicialmente caótico, pero que tiende a reconstruir un “orden” coherente y homogéneo que dista mucho de la Utopía. En realidad, caminamos hacia una distopía casi inevitable augurada por la literatura de anticipación más pesimista y caracterizada por:

1.- La dictadura de la “corrección política” y la tiranía de las minorías “progresistas”.

2.- La desvalorización de la política y la anulación de cualquier forma de representatividad efectiva

3.- El gobierno mundial por parte de las élites económicas.

4.- El control asfixiante sobre medios de comunicación y redes sociales.

5.- El hedonismo como único valor al que se debe tender y que merece contemplarse

6.- La creencia optimista en que la ciencia resolverá todos los problemas, incluso los que la propia ciencia cree.

Es fundamental entender que estos seis elementos no caminan en solitario, sino que avanzan todos en la misma dirección y eso es lo que asegura su fuerza y su capacidad para apisonar cualquier oposición.

Todos estos elementos no han nacido en nuestra época: en realidad, se trata de fenómenos “vintage”, nacidos, incluso hace un siglo, pero que solamente han estado en condiciones de imponerse mundialmente a partir del final de la Guerra Fría, cuando la caída del bloque comunista hizo posible que, a partir de los EEUU, se impusieran leyes económicas mundiales y los valores sobre los que se habían creado pasaran a universalizarse.

- En la Escuela de Frankfunt, nacida en la República de Weimar en los años 20, ya se encuentran teorizados todos los valores que darán lugar a la “corrección política”. Tendrán un primer fogonazo con la revolución de mayo de 1968, y posteriormente, terminarán imponiéndose mundialmente con su concepción del “relativismo” (no existen certidumbres, ni nada que sea absoluto, todo puede ser cuestionado, nada debe aceptarse como cierto y permanente).

- Estos pensadores sostenían que el ser humano debe disfrutar de la vida, gozar sin límites, sin trabas y sin tiempos muertos. Una concepción de la vida así, no era nada más que hedonismo, a despecho de cualquier otro valor que, inevitablemente, acompaña a la humanidad desde su aparición: valores morales, valores familiares, valores sociales, valores de grupo. Dado que todos los valores son, para este grupo de pensadores, “relativos”, el único absoluto que gravita sobre ellos es el disfrute y a eso debe tenderse por encima de todo.

- La Escuela de Frankfurt quiere que el lema “libertad – igualdad – fraternidad” no se quede en una mera intención, sino que aspira a llevarlo a la práctica y, para ello, llega a la conclusión de que es preciso modificar la naturaleza humana. Cree que eso puede hacerse mediante la “educación” y de ahí surgen todos los problemas y las locuras que está aplicando el ultraprogresismo en nuestros días.

- “Somos iguales”, por tanto, todos podemos hacer lo mismo, todo dependerá de la educación que hayamos recibido. El coeficiente intelectual, la inteligencia, el sexo, no pueden “determinar” lo que vamos a ser y nuestro rol social. De hecho, nos dirán, si se educa a un niño como niña, el resultado será una niña. Las diferencias de capacidad intelectual se deberán a la educación y pueden ser eliminadas. El ADN, las conexiones neuronales, la existencia de más material gris o de menos materia blanca en nuestro cerebro, es decir, todo lo que es natural, puede ser modificado para alcanzar la igualdad universal que es el paso previo a la felicidad universal.

- “Somos libres”, por tanto, todos podemos hacer lo que nos dé la gana; las sanciones morales, las restricciones éticas, no son más que “represiones” que nos impiden ser lo que somos y, por tanto, ser felices: el loco, no lo está, lo que ocurre es que la sociedad no sabe apreciar el universo que él mismo ha creado y, por eso, le tiene miedo. El hedonismo de todos es lo que debe superponerse a cualquier otro criterio. Y, ese hedonismo se ampara en la desaparición de criterios absolutos. Si todo es relativo, cualquier cosa, por absurda que sea, es válida y, por tanto, debe “dialogarse” sobre ella. Además, hasta el asesino en serie más psicópata y criminal, puede ser reconducido mediante la educación y convertirse en un manso corderito.

Incluso la historia puede ser rectificada con criterios de “posverdad”: ni siquiera se trata de que los planteamientos sean ciertos, basta con que sean “correctos” y asumidos por las masas.

Además de la Escuela de Frankfurt, la “corrección política” tiene mucho que ver con las contribuciones, mucho más vintage aún, de Aldous Huxley y de H.G. Wells, en sus orientaciones científico-técnicas, con Simone de Beauvoir, en el nacimiento del feminismo moderno (que sustituyó al sufraguismo) y con Freud y Wilhelm Reich, en la pansexualización de la vida. Todos estos novelistas, intelectuales y especuladores sobre la psique, fueron en su tiempo, muy criticados (la Beauvoir fue contestada y refutada por Esther Vilar) y buena parte de sus teorías están hoy superadas (Freud) y tenidas como supercherías (incluso, en el caso de Reich, como “supercherías y locuras precientíficas”). Los experimentos que se han realizado para confirmar que la educación puede doblegar a la naturaleza (véase el del doctor John Money y su experimento en “el caso Reimer”), han confirmado justamente lo contrario, algo que se sabía desde que se descubrió el ADN (se nace hombre o se nace mujer, y cada género implica cualidades, handicaps y preferencias diferenciadas). Pero, nada de todo eso, ninguna de esas evidencias, ni siquiera la lógica y el sentido común, inducen al ultraprogresismo a una reflexión, sino que, más bien, son alicientes para que dé un paso más adelante. El resultado es que, nunca como hoy, las supercherías, el buenismo, y, en definitiva, todo, absolutamente todo, lo que puede aportar el ultraprogresismo, ha estado tan alejado, no sólo de criterios tradicionales propios de la cultura europea, sino incluso de la propia ciencia. La “verdad” ha sido sustituida por la “posverdad”, en la cual lo emotivo y sentimental, el pathos, se impone sobre el ethos.

La técnica ha venido en ayuda del ultraprogresismo. La técnica es neutral, pero no así sus aplicaciones. La informática, la inteligencia artificial, las redes sociales, en sí mismas, no son “buenas”, ni “malas”, todo depende de quién las utilice, para qué las utilice y de la importancia que tengan en su propia vida. La gran esperanza de las élites ultraprogresistas está puesta en la evolución de las redes sociales en los próximos años: el gran riesgo que corren las élites globalizadoras y mundialistas consiste en que la población termine dándose cuenta de la gravedad de la situación actual y reaccione. La reacción de quien se reconoce engañado y estafado puede ser terrible y su cólera, destructora e inmisericorde. Por eso es urgente implementar nuevas técnicas. Es ahí donde entra en juego el “Metaverso”, la “realidad aumentada” y la “realidad virtual”.

En efecto, lo que la técnica nos está ofreciendo tiene solamente una desembocadura lógica: la creación de mundos virtuales en los que se podrá interactuar como en los reales (se sentirá incluso la sensación de tacto mediante trajes dotados de sensores que reproduzcan el contacto humano, incluso se está estudiando pantallas “olfativas” que reproduzcan olores), en donde el “avatar” podrá no ser lo qué somos, ni cómo somos en realidad, sino cómo nos gustaría ser y cómo nos gustaría presentarnos. Si en la realidad somos feos y cobardes, somos tímidos y limitados, en los mundos virtuales podremos presentarnos como valientes, osados, heroicos, hermosos y poderosos.

Está claro que esta tecnología, que tiene indudables aplicaciones empresariales y sociales, terminará atrayendo a una parte considerable de la población que optará por sumergirse en los mundos virtuales, al experimentar una profunda insatisfacción en el mundo real. Y esto nos lleva a la primera película de la serie Matrix: entre la “pastilla roja” (la realidad inquietante y difícil) y la “pastilla azul” (la ignorancia hedonista proporcionada por el mundo virtual y digital, que no deja de ser más que una suma de impulsos eléctricos), la mayoría optará por sumirse en los mundos virtuales como posibilidad de fuga de la realidad. En 1972, Zbigniew Brzezinsky, en su Era Tecnotrónica, ya insistía en que el “mundo futuro”, esto es, el actual, precisaba de “entertaintment” para doblegar el instinto de rebeldía y de resistencia contra el “nuevo orden mundial”.

Como puede ver, el problema es mucho más complejo de lo que hoy piensan algunos. Es cierto que, en España, el “pedrosachismo” supone la punta de lanza del ultraprogresismo en nuestro país y que, en la propia estructura del PSOE están aninados todos los desarrollos de esta ideología. No es solamente la presión del “partido de los colgados” (Podemos), lo que impulsa al PSOE a discurrir por los senderos del ultraprogresismo, sino la propia naturaleza interior de todos los partidos en otro tiempo marxistas que, al ver hundido su ideal y desaparecida la clase obrera en nombre de la cual dijeron actuar durante 75 años, han orientado sus criterios “dialécticos”, “relativistas”, “progresistas”, en otras direcciones.

El problema es que no está claro que una eventual subida al poder de los partidos de la derecha (PP+Vox), o lo que es todavía posible, una “gran coalición” PP+PSOE, vaya a rectificar todo esto. De hecho, lo más preocupante es que la actitud de la derecha liberal española en materia económica, en materia de vertebración del Estado, en materia de “ingeniería social”, no es muy diferente de la del PSOE, incluso se da la circunstancia de que, en el Parlamento Europeo, es frecuente que ambos partidos voten a favor de las mismas medidas y se opongan al unísono a otras.

Por lo demás, no debemos olvidar que el centro-derecha ha gobernado durante 20 de los 44 años de democracia en España. Sin embargo, en materia educativa y en materia de vertebración del Estado, ha seguido la misma política que el principal partido de la oposición y no ha hecho gran cosa para rectificar ni la deriva educativa, ni la centrifugación autonómica, ni la lucha contra la corrupción, ni contra la inmigración masiva, ni siquiera ambos partidos han adoptado posiciones de defensa de los intereses nacionales en la Unión Europea.

Por tanto, no puede esperarse que una rectificación de las tendencias actuales, venga dada por el resultado de unas elecciones y, mucho más, habida cuenta de que la población cada vez está más de espaldas a la política, desinteresada y saturada por las luchas de partidos, la falsedad de todo lo que dicen y proponen y, para colmo, sometida a campañas de terror informativo (de la que la campaña sobre el covid es, sin lugar a dudas, la más extrema).

ALGUNAS CONSTATACIONES INEVITABLES:

- Si “democracia” fuera el “mando del pueblo”, resulta evidente que el régimen que existe en España es, cualquier cosa, menos “democrático”. Mandan los partidos políticos, no manda el pueblo: son los partidos los que imponen candidatos y son los medios los que orientan el voto. No existe “división de poderes”: el parlamento sirve para muy poco, porque los gobiernos aprueban “decretos-ley”, y, por tanto, el poder “legislativo” está reducido a ser una cámara-espectáculo para salvar las apariencias. Y en cuanto al poder “judicial”, basta ver el interés de los partidos en nombrar a los más altos cargos de la magistratura para saber que su independencia es pura ficción.

- La “ficción” sobre la que se asienta nuestra realidad hace que nuestra “democracia”, sea “virtual”. El régimen aprobado en 1978, ha sufrido un desgaste desde los años 80 y hoy es, simplemente, una cáscara sin vida que se mantiene por pura inercia y por interés de la clase política y mediática que vive a su costa. A eso se une la degeneración, cada vez más creciente y que ha llegado a su límite extremo en esta legislatura, de la clase política: los ministerios son ocupados por mediocridades o, incluso, por inútiles totales, sin conocimientos en el área que deben dirigir, ni experiencia en gestión, ni, por supuesto, sentido del Estado. Un Illa, gestionando la pandemia, sin el más mínimo conocimiento en medicina, o las estúpidas declaraciones de un Garzón (que, en tanto que ministro de consumo debería de decir algo sobre importaciones alimentarias de mierda que nos llegan desde el extranjero, incluidas naranjas y carnes) o de una Yolanda Díaz que considera una reforma mínima en la contratación como un “éxito histórico sin precedentes” (aprobada por un solo voto comprado)… son algunos de los casos que demuestran hasta qué punto la inutilidad, el amateurismo, la pura y simple ignorancia, está en el “timón”. Esto hace que el votante se desinterese por cualquier proceso electoral: hace años -décadas, incluso- que ya no se vota por tal o cual partido, sino contra éste o a aquel. Y, mucho más grave aún, es que la desvalorización de la clase política, haya inhibido a las élites culturales y profesionales del país, a participar en la política, a la vista del merecido desprestigio social que implican (político = mangante, es la tautología a la que ha llegado buena parte de la población, ejercitando su sentido común, simplemente). Da igual a quién votemos: poco va a cambiar.

- España es hoy el furgón de cola de Europa. En 2009-2011, se hundió un 24% de nuestra economía al colapsar la construcción. Desde entonces han pasado once años: todo sigue igual o, incluso, peor. En lugar de aprovechar ese tiempo para reforzar el sistema educativo, procurar que los jóvenes que salieran de la universidad tuvieran una formación sólida científica y técnica y de aproximar universidad y empresa, invertir en sectores de alto valor añadido, en lugar de aspirar a dejar la “periferia” de la Unión Europea y hacer esfuerzos por integrarnos en el “centro motriz” u orientar nuestros pasos hacia la penetración y participación en mercados que hablasen nuestro propio idioma, tuvimos a un ZP que, literalmente, hundió y endeudó al país, a un Rajoy, indolente que se preocupó sólo de cumplir los compromisos con la UE y de judicializar la “cuestión catalana”, y, finalmente, a un psicópata incapaz, que actúa al dictado del ultraprogresismo mundialista y globalizador. Nuestra economía, que hubiera podido y debido ser reformada en 2011, está exactamente igual que entonces: basada en el turismo y la construcción, sectores de bajísimo valor añadido, con una educación que cada vez va rebajando más el listón, con una juventud poco exigente, no solo en el terreno cultural (la música que oye hubiera sido arrojada al basurero veinte años antes por jóvenes de la misma edad), la escuela se ha convertido en un almacén de niños y adolescentes, sin la más mínima capacidad formativa, el porro y el botellón, el videojuego y el móvil, se han convertido en sus instrumentos más difundidos. Incluso este curso se podrá acceder a las pruebas de acceso a la universidad con alguna asignatura suspendida, siempre y cuando, la nota media sea… 5. El número de ni-nis está en estos momentos en más de 2.000.000. Y, en estas condiciones, nuestro país ha sobrevivido gracias a las ayudas de la UE, pero estas no se han utilizado en una “reconversión” económica del país, sino que se han dilapidado en políticas ignorantes, limitadas y absurdas. Y en 2022, el aumento de la inflación, la subida de los tipos de interés, volverá a reproducir el problema de 2010-2011: la falta de solvencia de la deuda pública española, la interrumpió de las compras de deuda nacional por parte del Banco Central Europeo, y el aumento del precio de la deuda.

- El gran problema que vamos a vivir en 2022 es que la situación económica se va a deteriorar tanto que va resultar muy difícil que el pedrosanchismo resista hasta fin de año, especialmente, después de ver los resultados de las elecciones regionales en Castilla-León y Andalucía. El primer signo de que se aproximan elecciones lo dará la aparición de fisuras en la coalición de gobierno: tanto PSOE como UP querrán llegar a las elecciones incontaminados por los “errores” (y horrores) del otro. Habrá que ver, igualmente, los resultados de la “derecha populista” y su orientación y, por supuesto, la actitud del PP y sus preferencias a la hora de coaligarse para gobernar (porque está claro que se ha acabado el tiempo de las mayorías absolutas). La hipersensibilidad del PP a las “tendencias” en Europa, sugieren que, en todo momento, preferiría gobernar con el PSOE antes que con Vox. Sin embargo, la brecha en nuestro país entre derecha e izquierda, la famosa teoría de las “dos Españas”, hace que este planteamiento condiciones cualquier coalición: ningún partido quiere verse obligado a desaparecer si su electorado no consigue superar la dicotomía tradicional que se arrastra desde hace un siglo.

Todos estos elementos son negativos:

- Nuestra democracia es pura ficción, un simple acuerdo semántico, en absoluto una realidad.

- Nuestra estructura económica es nefasta y la incapacidad de los partidos para reformarla.

- No queda esperanza en unas elecciones que resuelvan un problema estructural.

- Ni que otro partido de centro-derecha aplique políticas económicas diferentes a las del centro-izquierda.

Por tanto, no será en el terreno político donde pueda surgir y aplicarse una alternativa, al menos a corto plazo. Sin desdeñar, por supuesto, el que, en algunos casos concretos, juzguemos que vale la pena apoyar a algún candidato, alguna sigla o a alguna formación concreta, o, incluso, a la constitución de alguna opción nueva.