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miércoles, 27 de abril de 2022

ORGANIGRAMA DE LAS IDEOLOGÍAS DE LA MODERNIDAD (1 de 5)

¿Por que hoy se alude constantemente a lo LGTBIQ+? ¿A qué esa insistencia en la Agenda 2030? ¿Por qué se insiste tanto en acabar con el estudio de la historia y de las humanidades en los planes de estudios? ¿por qué "centro-derecha" y "centro-izquierda" están cada vez más predispuestos al pacto y se muestran como bomberos poco dispuestos a pisarse sus respectivas mangueras? ¿Y ese afán de "igualdad" y de "unificación mundial" tan agitado por la UNESCO? ¿qué aspira? ¿de dónde procede? Y, por lo mismo, cabría preguntarse el por qué de favorecer e instigar las grandes migraciones -el que llega a Europa "lo tié to' pagao"- y borrar las identidades nacionales... Pues bien, todo esto es imposible de interpretar sin antes conocer la naturaleza, el origen y la esencia de lo que hemos llamado "ideologías de la modernidad". Eso es lo que pretendemos exponer en esta serie de artículos.

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Evola ya estableció en Revuelta contra el Mundo Moderno la génesis del pensamiento moderno. Resultaría, por tanto, inútil insistir en lo ya escrito. Ahora bien, en los últimos 40 años, las ideas dominantes en la modernidad han ido variando. No estoy muy seguro de que exista algún estudio accesible, “políticamente incorrecto” y fuera de la dependencia al “pensamiento único” que integre las distintas corrientes que han dado lugar a las ideas dominantes en el siglo XXI. Es un terreno vidrioso en el que siempre se corre el riesgo de olvidos interesados, incomprensiones o, simplemente, ocultaciones deliberadas. Hay algo en las ideologías del siglo XXI que resulta enfermizo. Sin embargo, parece claro que las sífilis que cabalgan sobre él son los resultados últimos y terminales de infecciones anteriores que Evola (coincidiendo con René Guénon) sitúa en torno al siglo XIV-XV, esto es, con el declive del ekumene medieval y los primeros pasos del humanismo renacentista. Evola siguió su análisis en Cabalgar el Tigre y plasmó la evolución del pensamiento “moderno” hasta las convulsiones de los años 60. Fue en ese momento, cuando nosotros mismos, por edad, adquirimos conocimiento de nuestro tiempo y nos sentimos predispuestos a estudiar los fenómenos que se fueron sucediendo a partir de la “revolución cultural de los 60”. Lo que sigue es el resumen de lo que hemos podido deducir de la evolución del pensamiento “moderno”. Dividiremos el estudio en cinco partes:

- De la contracultura al transhumanismo
- Del ocultismo al pensamiento transhumanista
- Del marxismo enunciado por Marx al marxismo de la Escuela de Frankfurt
- De la Escuela de Frankfurt a la Agenda 2030 y
- Los dos vectores de la modernidad: globalismo y mundialismo

 


1. EL TRÁNSITO DE LA CONTRACULTURA A LA NEW AGE

Aquella década estuvo marcada por cinco fenómenos:

- aparición de la contracultura

- revolución sexual y de las costumbres

- concilio Vaticano II y pérdida de iniciativa de la Iglesia Católica en Europa

- apogeo del pensamiento marxista a pesar de sus disidencias

- prosperidad económica generalizada

En el fondo, todos estos fenómenos estaban, más o menos, vinculados entre sí y ninguno de ellos hubiera podido darse en solitario: la aparición de la contracultura era ampliamente tributaria de la llamada “Escuela de Frankfurt”, formada por marxistas heterodoxos alemanes exiliados a los EEUU durante el Tercer Reich y que, adaptaron sus creencias a la sociedad americana, fusionando su pensamiento con las concepciones freudianas. La ideología marxista, perdió en este país, EEUU, su tradicional austeridad y se convirtió en el heraldo de “la liberación sexual”, “Eros venciendo a Thanatos” y “el placer como fin último”. Esta formulación ideológica cuajó en los EEUU en forma de contracultura, junto con otros fenómenos que, igualmente resultaron adulterados desde que se les trasladó de sus lugares de origen al territorio de los EEUU: budismo, hinduísmo, tantra, zen…

Y luego apareció la droga: los doctrinarios del marxismo reorientado no podían admitir la existencia de ningún tipo de realidad más allá de la materia, pero confrontados a la psicodelia, debieron de admitir formas de placer que, discreta e interesadamente, habían sido ignoradas por Freud y que sumergían en “otros estados de conciencia”. Olvidaron que Aleister Crowley ya había establecido que la “droga es el alimento de los fuertes”. Lo sabía, porque había pasado por ese camino y él mismo estuvo a punto de descarrilar (y, de hecho, descarriló en varios momentos de su biografía). Muchos más débiles que Crowley, buena parte del movimiento hippy, que asumió el cannabis y el LSD como “dieta” cotidiana, resultaron destruidos en la aventura.

A finales de los años 60, la contracultura era un recuerdo en EEUU y podría decirse que el asesinato de Sharon Tate y de sus amigos, por parte de la “familia Manson” dio el carpetazo definitivo a la aventura. Las conversaciones de paz en París entre los EEUU y el gobierno de Vietnam del Norte, hicieron que las movilizaciones contra la guerra aflojaran y, para colmo, en 1973, la cuarta guerra árabe-israelí, la guerra del Yom-Kippur, abrió las puertas de par en paz a la primera recesión económica de la postguerra con el que se podía fin a “los 30 años gloriosos” de la economía mundial.

Lo que había sobrevivido del movimiento contracultural de los 60, ha tenido continuación hasta nuestros días. La publicación de dos obras, El Tao de la Física (1975) de Fritjof Capra y La conspiración de Acuario (1980) de Marilyn Ferguson, contribuyeron a facilitar el tránsito entre la ya demolida contracultura y el movimiento de la New Age que se gestó a lo largo de los años 80. A finales del milenio, éste movimiento ya manifestaba interés en lo que hoy se conoce como ”transhumanismo” y puede afirmarse que buena parte de los sectores que hoy se inspiran en esta ideología surgieron en los 90 del área de la New Age. Los que, aún hoy, siguen considerándose como “newagers”, o bien pertenecen a sectas (eufemísticamente llamadas “nuevas religiones” y hay decenas de ellas), o bien venden cursos y terapias (que abarcan desde cursos de meditación, autoayuda, terapias cognitivas, sistemas de sanación alternativos que van desde la vieja homeopatía hasta el chamanismo, pasando por adaptaciones de sistemas orientales, etc, etc.).

En realidad, cabría decir que “no hay nada nuevo bajo el sol”. En EEUU se consideró que la New Age era una parte de lo que llamó “tercer gran despertar espiritual”, siendo el primero el que acompañó a la Revolución Americana y a la independencia, el segundo el que se situó en las inmediaciones, antes y después, de la Guerra de Secesión, siendo el tercero el que apareció con la contracultura: cada uno de estos despertares generaron o contribuyeron al desarrollo de sectas religiosas: la masonería el primero, los mormones, adventistas, los espiritistas, testigos de Jehová el segundo y grupos como la Cienciología, las sectas orientalistas y la reaparición de los “cristianos renacidos” en el campo conservador. Incluso los movimientos eugenésicos y de salud que aparecieron en los EEUU a finales del siglo XX tenían puntos en común con la contracultura de los años 60-70 y con la New Age (véase a este respecto la película de Alan Parker, El balneario de Battle Creek [1994]).


2. DE LA NEW AGE AL TRANSHUMANISMO

Ahora bien, hay que considerar en el movimiento de la New Age un elemento que no estaba presente en la contracultura: la admiración y la fascinación por la técnica. A partir de la lectura de El Tao de la Física, la idea dominante en este ambiente fue que las doctrinas tradicionales ya habían enunciado, de una manera dramatizada en imágenes míticas y en una mística espiritualista, principios que estaban presentes en la física teórica a partir de los años 70. Esto supuso un interés de antiguos miembros de las corrientes contraculturales por las “ciencias de vanguardia”. Y fue así como apareció una de las vías -a finales de los años 90- que condujeron de la New Age al Transhumanismo. Un caso típico de esta corriente fue la creación del Instituto Extropiano cuyo manifiesto fue publicado en 1998 (puede leerse en El manifiesto extropiano). Los cinco puntos en los que se basan, resumen las ideas de lo que podemos llamar “proto-transhumanismo”. Son significativas:

1) Progreso indefinido, “sin fin”. Ese progreso no alude solamente al aspecto material, sino también a la evolución de la especie humana. Su idea es que “lo humano” debe ser superado de la misma forma que el primate fue superado por “lo humano”.

2) Igualdad sin restricciones, sociedad sin autoridad. Esto es, una sociedad utópica que será facilitada por la revolución científica que se aproxima y que posibilitará que todos seamos modificados genéticamente, se puedan eliminar las enfermedades e incluso la muerte.

3) Una sociedad colectivista, sin propiedad individual. Afirman querer eliminar “leyes arcaicas y obsoletas”, sobre derechos de autor, patentes, dinero y propiedad. Se suman al espíritu de los fundadores de la “era digital” en los años 80, para los que la “información” debía ser gratuita y accesible a todos

4) La “edad de la inteligencia”. Los extropianos se llamaban así en contraposición a la segunda ley de la termodinámica, la ley de entropía, según la cual, los sistemas cerrados van perdiendo energía. Los “extropianos”, por el contrario, defendían un mundo hecho de “energía desbordante”, “creatividad y optimismo”, “ingenio y pensamiento crítico”, considerándose a sí mismos, como quintaesencia del “pensamiento nacional”.

5) Culto a la máquina. Auguraban un futuro en el que la humanidad se vería liberada de la pesada carga del trabajo y de los trabajos repetitivos mediante la robótica y las nuevas tecnologías y apostaban por la “singularidad” (situación que se daría cuando el pensamiento de la máquina igualara al del cerebro humano) y por la IA (inteligencia artifical).

Los “extropianos” tuvieron su origen en la obra de Max More, Los principios de la Extropía (1983). More es hoy presidente de Alcor (empresa que criogeniza cuerpos a la espera de que la ciencia descubra remedios para sus dolencias y los revitalice). No es un científico, sino que sus estudios giran en torno a la “filosofía, la política y la economía”; si lo fuera sabría que la física no ha dado constancia de ningún fenómeno “extropiano” (a diferencia de la entropía). Pero, eso no le impide profesar y transmitir un “optimismo científico” con el que se nutre todo el movimiento transhumanista. El Instituto Extropiano creado en 1991, terminó disolviéndose en 2006 y los propios redactores del Manifiesto Extropiano (Breki Tomasson y Hank Pellisier), junto con More, pasaron al Movimiento Transhumanista en 2010.

Ahora bien, antes de pasar a un estudio más directo del Transhumanismo, será bueno realizar algunas observaciones que nos ponen en las pistas de otras influencias presentes en el Manifiesto Extropiano:

1) Por una parte, aparece una “veta marxista” en su solución colectivista e igualitaria.

2) Se percibe una alusión al “marxismo reorientado” de la Escuela de Frankfurt en su alusión al “pensamiento crítico”, un concepto que cabalga paralelo a este grupo de intelectuales alemanes.

3) Está presente todavía el espíritu de la primera generación de Sillicon Valley que creía en un mundo de la información abierto a todos, con códigos libres, accesible y gratuito y, por todo ello, “democrático e igualitario”.

4) Se percibe la aceptación acrítica del “progreso” y de la “evolución” como motores de la historia y de la propia especie. Ambos conceptos se convierten en dogmas intocables.

5) Finalmente, el manifiesto destila, por todo lo anterior, “optimismo científico” que llegará a augurar y celebrar la inmortalidad como objetivo final de la “revolución extropiana”.

El extropianismo se ha extinguido como tal en el magma del Movimiento Transhumanista. En la práctica, es la pieza de enlace entre sectores de la antigua New Age y las actuales concepciones transhumanistas. Pero, antes de seguir el análisis de esta corriente, será bueno, detenernos en otras influencias anteriores de las que el Transhumanismo es el resultado final: corrientes ocultistas y teosóficas, corrientes marxistas no leninistas, corrientes cientifistas surgidas en el último cuarto del siglo XIX en el Reino Unido y la aparición de literaturas de ficción que se convirtieron en heraldos de las “ciencias de vanguardia”, muy por delante de la marcha de la “ciencia real” y más en contacto con la “ciencia ficción” que con la evolución probable del pensamiento científico moderno.



sábado, 16 de octubre de 2010

Las políticas de la Nueva Era

Infokrisis.- Este artículo, escrito en 1989 debía de formar parte de una obra bastante extensa sobre el pensamiento de la New Age. Una vez acabada, el volumen no justificaba la banalidad del tema abordado y hubimos de desechar su publicación. Algunos capítulos aislados, sin embargo, tienen cierto interés incluso veinte años después de haber sido escritos.

domingo, 17 de octubre de 2010

A cuarenta años de mayo del 68 (II de XVI). En las fuentes de la contestación

Publicado: Martes, 15 de Abril de 2008 01:38 
Infokrisis.- En la segunda entrega de esta serie abordamos las fuentes intelectuales lejanas de la contestación. Nuestro análisis nos lleva, primeramente, a los "poetas malditos" franceses del siglo XIX, a las vanguardias artísticas de principios del siglo XX (dadaistas y surrealistas) y, finalmente, a la beat generation norteamericana de la postguerra. Esta excursión intelectual nos llevará por derroteros insospechados: por ls filosofías del nihilismo, por la irrupción de un nuevo modelo de sociedad, por el redescubrimiento de oriente, etc.

jueves, 14 de octubre de 2010

A 41 años del estreno en España de 2001 Odisea en el Espacio. Caso Abierto

Infokrisis.- Después de cuatro años de trabajo intensivo, Stanley Kubrick pudo estrenar la que todavía hoy es considerada como la mejor película de ciencia ficción de la historia del cine: 2001, Odisea en el Espacio. Desde 1964 a 1968, el tándem compuesto por el director y el guionista, Arthur C. Clarke, fueron perfilando, escena a escena un guión que frecuentemente ha sido incomprendido. La fama de 2001 procede fundamentalmente de que por primera vez se generaron por ordenador efectos especiales insólitos en la época. Más que entender la película, el público, ya desde el momento de su estreno, intuía que contenía toda una filosofía sobre la que se ha especulado durante cuatro décadas. IdentidaD pretende, como homenaje al 40 aniversario de su estreno en España, aportar una explicación global a la cinta.

Efectos especiales, un guión insólito y un detallismo perfeccionista en todas las escenas, fueron los elementos que le han valido a 2001, Odisea en el Espacio, el rango de mejor película de ficción. Sin embargo, frecuentemente, la espectacularidad se ha situado por delante de la claridad. Aún hoy, es frecuente polemizar sobre lo que Kubrick y Clarke quisieron decir en aquellas sorprendentes escenas: ¿Qué representaba el monolito? ¿por qué el “malo de la película” era un ordenador? ¿Qué nos querían decir con el “niño cósmico” que aparece en las últimas escenas? ¿Y con las visiones psicodélicas que preceden a su nacimiento? ¿Por qué empezar una película de ciencia ficción en los albores de la hominización? Preguntas que merecen ser contestadas para llegar al fondo de la cuestión: ¿cuál era el mensaje global de la película?

El misterio del monolito

Sin duda, ningún elemento en la historia del cine ha dado tanto que hablar como el monolito que aparece en los momentos claves de la película. Desde su significado hasta sus dimensiones han sido objeto de especulación. La sorpresa se convierte en turbación cuando se descubre que en el relato originario de Clarke en lugar de monolito aparecía una pirámide de estructura cristalina. Luego el monolito es un elemento introducido por Kubrick. Sus dimensiones son, igualmente, sorprendentes 1-4-9, los cuadrados de los tres primeros números primos, menores de 10. ¿Qué pretendió introducir Kubrick con el monolito?

La idea que subyace en el fondo de la película es la de la evolución. Para Kubrick existieron dos grandes momentos en la historia de la humanidad: el primer está marcado por el tránsito del simio al homínido y en la película el episodio está representado por la primera parte: “El amanecer del hombre”. Es la influencia del monolito la que hace que los monos aprendan a utilizar como instrumentos de batalla los huesos de cérvidos de la sabana. Es rigurosamente cierto que las armas, lejos de obstaculizar la evolución de la especie humana son inseparables de ella: de no haber existido armas (un fémur de gacela como cachiporra, una mandíbula de herbívoro como primigenio puñal), seguramente el ser humano se habría visto eliminado por especies que contaban con más recursos (garras, caninos más desarrollados, más volumen y velocidad). Son las primeras armas los que hacen posible que el ser humano se imponga a otras especies y asegure su supervivencia.

Tanto en el instante en que el homínido primitivo agarra su primer arma, hasta el momento en que el monolito es encontrado en la Luna a principios del siglo XXI, el elemento simbólico utilizado por Kubrick es el mismo: el monolito es simplemente un catalizador de la evolución, una especie de acelerador que muta la naturaleza simiesca y la convierte en homínida para, millones de años después, abrir el camino al hombre del futuro tal como se muestra en las últimas escenas de la película en la parte titulada “El nacimiento del hombre nuevo”.

¿Por qué aparece el monolito en la Luna? Simplemente porque el descubrirlo allí será la muestra de que el ser humano ha evolucionado por sus propios medios y ha conseguido despegar de su planeta originario, entonces estará preparado para dar un nuevo salto evolutivo y protagonizar el advenimiento de un nuevo ciclo histórico. Allí donde aparece el monolito, allí se abre un nuevo tiempo en la evolución.

¿Por qué las dimensiones 1-4-9? En la edad media se decía que Dios era geómetra y que había hecho el Cosmos con “ritmo, medida y armonía”. Todo esto remitía a las mismas matemáticas en las que se basa Kubrick para atribuir unas dimensiones perfectas al monolito. En su particular visión del mundo la secuencia numérica va del 0 al 9, más allá del cual cualquier número se forma como combinación de los anteriores. El 9 marca el límite de lo manifestado y, por tanto, Kubrick utiliza números menores a 10. El hecho de que sean cuadrados, indica que se han multiplicado a sí mismos, tal como Kubrick veía un Cosmos en el que lo que existía duplicidad: “lo que está arriba es como lo está abajo”, por tanto, la totalidad del cosmos está encerrado en un número multiplicado por sí mismo, como síntesis de lo humano y lo divino.

El nacimiento del hombre nuevo

Kubrick se hacía en todo esto eco de fuentes muy diversas: de un lado reflejaba el espíritu de la contracultura, la cual, a su vez manifestaba cierto interés por las doctrinas de la antigüedad  (hermetismo, alquimia, mística, astrología), pero también manifestaba un espíritu nuevo (liberación sexual, nuevas tecnologías, nuevo concepto de la trascendencia engarzado con el humanismo, psicodelia).

Tras abandonar la nave Discovery en una cápsula, el astronauta Bowman sufre una experiencia transformadora a través de cinco interminables minutos en los que la pantalla es ocupada por imágenes y colores psicodélicos. Nadie debe llamarse a engaño, en 1968 está de moda el LSD que permite una distorsión de la realidad y percibir los colores de otra manera, con irisaciones cromáticas y fluorescentes sucediéndose en infernal velocidad. A esta percepción es a la que Kubrick nos ha remitido en esos cinco minutos, tras los cuales, Bowman, se ve a sí mismo envejecido en un inquietante dormitorio invadido por una luz que acentúa el blanco de las paredes y la decoración clásica.

En aquellos años, la contracultura daba por seguro que estaba empezando un nuevo ciclo cósmico (al que se solía llamar “la era de acuario”) y al que correspondería un nuevo concepto y una nueva dimensión de lo humano y de sus relaciones con la trascendencia. Se intuía que el protagonista de ese ciclo cósmico sería el “hombre nuevo”, pero para que éste naciera, debía morir en lo que había sido hasta ese momento. Tal es el sentido del envejecimiento de Bowman tras la experiencia psicodélica que ha atravesado en la que el elemento dominante ha sido el negro (propio de la experiencia de la muerte) alternado con los colores psicodélicos, los cuales, concentrados y depurados, terminan en el inquietante blanco de la estancia: el color del nuevo nacimiento.

En su cosmogonía, la contracultura mamaba en dos fuentes: de un lado en las doctrinas ocultistas sobre la sucesión de eras astrológicas: hasta ese momento la humanidad había vivido en la “era de piscis” (la que correspondía al cristianismo), pero a partir de entonces se abría un tiempo nuevo dominado por el signo astrológico siguiente, “acuario”, la revolución, la juventud… el hombre nuevo, en definitiva. Pero, de otro lado, Kubrick estaba influido por las doctrinas del jesuita francés Pierre Teilhard du Chardin que intentó encajar la concepción cristiana con los descubrimientos de la paleontología.

Un ordenador como “malo de la película”

Veinte años antes que los robots de Terminator se convirtieran en los malos oficiales de las películas de aquella seria, quince antes de que Rob y los androides de Blade Runner asumieran ese mismo papel en busca de su propia identidad, HAL 9000 ya había alcanzado carta de naturaleza como malo entre los malos.

Las siglas HAL han dado mucho que hablar. Kubrick las tuvo que crear cuando IBM se negó a que sus siglas aparecieran en la película. Oficialmente se ha explicado que el nombre del ordenador HAL significa "Heuristic Algorithmic Computer" (Ordenador de algoritmos heurísticos) y tanto Clarke como Kubrick negaron cualquier relación entre las siglas HAL y las siglas IBM a pesar de que bastaba con pasar a la letra siguiente del abecedario para hacer el tránsito de una a otra.

Los tres elementos de HAL son un ojo (el ojo del Gran Hermano que todo lo ve, el ojo de la divinidad que escruta a los hombres, el ojo de una tecnología omnipresente), una CPU (o memoria central, a la que Bowman penetra para desconectar el ordenador en una de las escenas más impresionantes de la película) y una voz serena y madura que se extingue cuando va siendo desconectada, cantando "Daisy", la primera canción interpretada en la realidad por una computadora no-mecánica. En pocas ocasiones aparece el monitor del ordenador, pero en una de las escenas, bruscamente aparece en él la palabra “Emet”, en lengua hebrea, “la verdad”.

Todo esto hace que HAL, siendo una máquina, se convierta en uno de los protagonistas más carismáticos de la obra. Al igual que en la película Blade Runner, solamente la lectura de la novela que estuvo en su origen, permite llegar al sentido exacto de lo que se pretende decir en la película. En 2001, por ejemplo, no está del todo claro por qué el ordenador se ha vuelto loco y las pistas que aporta Kubrick no son suficientes para entenderlo.

En un momento dado de la cinta, HAL pregunta al astronauta Dave Bowman si tiene conocimiento de los rumores sobre el monolito hallado en la Luna y la propia misión del Discovery. Seguramente las necesidades de montaje de la película eliminaron la continuación de este diálogo que Clarke explica en el capítulo 27. HAL se enfrenta a una contradicción terrible entre dos órdenes que ha recibido y que resultan opuestas. Programado para guiar un viaje a Júpiter (de donde precede la señal que emite el monolito desde el volcán lunar Clavius y que en una escena anterior había resultado insoportable para los astronautas que la escucharon), no puede, sin embargo, revelar esta misión a los tripulantes de la nave. En tanto que ordenador, tampoco puede mentir, pues está programado para no hacerlo. La única forma de acabar con la contradicción –hoy se llamaría “estrés informático”- es eliminar a la tripulación humana: es la única forma de cumplir la misión sin mentirles. La lucha entre Bowman y HAL reactualiza el combate bíblico entre David y Goliat.

En el momento de la desconexión HAL recuerda la fecha de su nacimiento, el 12 de enero de 1992 (en la novela de Clarke es el mismo día, pero de 1997). Kubrick ignoraba que 9 años en la vida de un ordenador hacen de él una pieza tecnológica obsoleta, incompatible con una misión de trascendental importancia.

Como en Blade Runner, el momento cumbre de la película es el instante de la muerte del robot. Roy el robot creado por la Tyler Corporation en Blade Runner recuerda en esos últimos momentos, los grandes episodios que ha vivido y lamenta que se “pierdan como lágrimas bajo la lluvia”. Menos poético, HAL, se limita a implorar que no lo desconecten porque eso supone su sentencia de muerte. En la fase central de la película, HAL es, sin duda, el verdadero protagonista presintiendo la realidad de un tiempo en el que el ordenador constituirá el elemento central de la vida.  

Una película innovadora

Diez año antes de 2001, la película Planeta Prohibido había constituido la más depurada muestra de la ciencia ficción en el que como elementos centrales ya aparecían un sofisticado robot y una máquina capaz de materializar los pensamientos. El guión basado en La Tempestad de William Shakespeare, adaptada por Cyril Hume, recogía algunos elementos del “código robot”: un robot no podía actuar contra los humanos. Robby, el robot construido para este film se convirtió en icono de la ciencia ficción de los años 50 y 60. Posteriormente apareció en las series Dimensión desconocida, Perdido en el Espacio, Vacaciones en el mar y en Colombo. Precedió a HAL 9000 tanto como éste lo hizo con C3PO de la Guerra de las Galaxias, el Roy de Blade Runner, con Terminator o con el ordenador central de Matrix.

Hasta que Kubrick no filmó 2001, los efectos especiales de Ciencia Ficción eran muy primitivos. En Planeta Prohibido (1957) los hologramas, aparecen por primera vez en el cine y para los efectos especiales se cuenta también con la participación de la factoría Disney. Pero Kubrick introduce por primera vez escenas en las que las maquetas se mueven en función de cálculos desarrollados por ordenador.

Tampoco era habitual que la banda sonora de las películas fuera íntegramente recopilada a partir de piezas de música clásica, lo que, a partir de ese momento se convertiría en un hábito en Kubrick que utiliza el mismo recurso en Barry Lyndon y en La Naranja Mecánica. Kubrick encargó inicialmente la banda sonora a Karl Orff (célebre compositor de Carmina Burana), pero luego se decidió por piezas de música clásica que representaran mejor la “danza cósmica” y la armonía de satélites, planetas y naves espaciales en movimiento.

Hasta ese momento, las caracterizaciones de simios nunca habían sido particularmente brillantes. Si 2001 no recibió el Oscar al mejor maquillaje fue por todo lo contrario. En efecto, se dudaba de que los simios que aparecían en las primeras escenas fueran actores maquillados y se creía que eran simios amaestrados. Sin embargo, los maquillajes ordenados por Kubrick, fueron de tal calidad que se aprovecharon para la filmación de una película basada prácticamente en ellos, El Planeta de los Simios, rodaba al terminarse 2001. Uno de los “simios” de la película fue Danny Glover el futuro coprotagonista de Arma Letal que allí hizo su primer (e irreconocible) papel.

No era la primera vez que se intentaba que una película reflejara el mundo futuro, pero sí que lo hiciera con tanta precisión. Incluso los trajes civiles utilizados por el doctor Floyd que aparecen en las escenas fueron elaborados según lo que se preveía que podía evolucionar la moda en los siguientes 40 años. Incluso en los créditos, 2001 fue innovadora. Sorprendió por ejemplo el que no se colocaran al principio de la película como era obligado hasta entonces.

Todas estas innovaciones mayores o menores hacen de 2001 una película tan especial como lo fue su director: en todas las obras de Kubrick hay un elemento personal que hace de todas ellas piezas inolvidables y que, a pesar del paso del tiempo, jamás han perdido calidad.

El trasfondo ideológico de 2001

No es por casualidad que en la novela, la nave Discovery navegara hacia Saturno y la película lo hiciera en dirección a Júpiter. Los técnicos en efectos especiales no consiguieron reflejar de manera creíble los anillos de Saturno. Clarke no se opuso al cambio de planeta. Pero ¿por qué Júpiter y no Plutón o incluso alguna pequeña roca del cinturón de asteroides? Saturno era el planeta que ostentaba el nombre del último rey de la Edad de Oro, el devorador de sus hijos, mientras que Júpiter era el dios más importante del panteón romano. Esta última característica era la más conveniente para insinuar el elemento místico que tanto satisfacía a Kubrick a pesar del infantilismo que suponía insinuar que los “dioses” eran “extraterrestres”.

La ópera rock Hair fue en musical lo que 2001 fue en ciencia ficción: el canto de una nueva generación. Se percibía en aquella época la inequívoca sensación de que el mundo estaba cambiando y que ese cambio terminaría repercutiendo en el advenimiento de la era de la máquina y en la irrupción de un hombre nuevo, con nuevos valores, nuevas capacidades y formas nuevas de percepción. Se experimentaba, además, la necesidad de renovar el contacto con lo divino, se experimentaba con drogas, con técnicas de yoga, con la astrología, solamente para tratar de renovar ese contacto. Teilhard du Chardin, había dado una nueva orientación a la teoría de la evolución. Toda la humanidad se estaba moviendo, imperceptible pero inexorablemente, hacia el “punto Omega”, el límite final de la creación en la que se alcanzaría una fusión entre lo divino y lo humano. Allí estaría situado su “Cristo Cósmico” en el que se habría convertido toda la humanidad. Para Teilhard, ese “Cristo Cósmico” estaba hecho de armonía y ausencia de conflictos y contradicciones, hecho de bondad universal, como si los valores que en otro tiempo fueran encarnados por el Cristo del Nuevo Testamento, se hubieran extendido a toda la humanidad en su última etapa evolutiva.

Este tema fue el que Clarke y Kubrick recuperaron y del que extrajeron lo esencial de la última parte de 2001: “Júpiter y más allá, el infinito” y, por supuesto, en el nacimiento del “niño cósmico” de las últimas escenas. Cuando David Bowman entra en la órbita de Júpiter y toma contacto con el monolito, su naturaleza se transforma radicalmente: muere su naturaleza como “hombre viejo”, límite de los últimos cuatro últimos millones de años desde que un grupo de Australopitecos se vio afectado por la presencia del monolito, representado por el Bowman anciano decrépito que juega al ajedrez consigo mismo en el entorno del extraño  dormitorio en el que termina su viaje alucinante a través del cosmos, para revivir como “niño cósmico” y retornar al planeta tierra. Un hombre nuevo para un tiempo nuevo.

El monolito: “como una losa vertical de un material completamente negro, tan negro que parecía que se hubiera tragado la luz” Arthur C. Clarke.

Stanley Kubrick, el director

No fue un director particularmente prolífico. En casi cincuenta años, apenas filmó 13 películas, pero a partir de Atraco Perfecto, todas sin excepción han sido consideradas obras maestras. El rasgo característico del cine de Kubrick es el detallismo extremo y su obsesión por el perfeccionismo. Películas como Lolita, Espartaco, Dr. Stanjelove, La naranja mecánica, El resplandor, Barry Lyndon, Senderos de Gloria, etc, tienen un lugar propio en la historia del cine. Hijo de judíos, había nacido en el Bronx neoyorkino y desde muy joven se sintió atraído por la fotografía. El leit-motiv de su cina es la acción del personaje central, concebido como anti-héroe, que se enfrentará al mundo y tendrá un final conflictivo. Y si se admite esta característica en el cine de Kubrick se verá que el verdadero protagonista de 2001 es HAL 9000. Pocos días después de terminar el montaje de su última obra Eyes Wide Shut, falleció en su casa del suroeste de Inglaterra.

Ray Bradbury, el autor

Fascinado desde muy joven por la astronomía, fue uno de los primeros especialistas en radar de la RAF. A pesar de ser escritor de ciencia ficción, a él se debe la idea de los satélites artificiales colocados en órbita geoestacionaria. En los años 60 fue comentarista de la CBS para las misiones Apolo. Creó las “leyes Clarke” en la que ya estaba implícito el espíritu de Teilhard: “Toda tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia” (III ley). Homosexual, se estableció en Ceilán, fascinado por la cultura india. Fue nombrado Caballero de la Orden del Imperio Británico en 1998. 2001 fue una de sus obras más depuradas elaborada a partir del desarrollo de su relato El Centinela, sin embargo escribió hasta su muerte en 2008. El particularmente celebrado el pequeño cuento Los nueve mil millones de nombres de Dios, algunos de cuyos elementos fueron aprovechados por Kubrick para incluirlo en su versión de 2001, en particular el papel central del ordenador

Teilhard, el ideólogo

Teilhard, teólogo y paleontólogo tenía desde muy joven una ambición: eliminar hasta el límite de lo posible, la incompatibilidad entre ciencia y fe. Teilhard sostiene que la voluntad de Dios no puede estar opuesta a las leyes de la naturaleza que él mismo ha creado y que opera a través de la evolución de la materia. La materia, sigue sosteniendo Teilhard, es diferente al espíritu, pero sólo en el ser humano, materia y espíritu se encuentran. El espíritu es de la misma naturaleza de Dios. En 2001, materia y espíritu se encuentran con la primera aparición del monolito y en la siguiente fase evolutiva, vuelven a encontrarse en las fronteras de Júpiter. Teilhard, estuvo obsesionado buena parte de su vida en la búsqueda del “eslabón perdido” y creyó encontrarlo en el Sinanthopus Pekinensis y en el Hombre de Pildtown en cuyos descubrimientos participó en primera líneas. Lamentablemente, en ambos casos se trataba de fraudes. 2001 evidencia que tanto Clarke como Kubrick conocían la obra de Teilhard.

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domingo, 16 de junio de 2019

PEQUEÑA GUIA PARA ENTENDER LAS CUATRO TENDENCIAS DE LA POSTMODERNIDAD: TRANS-HUMANISMO, NEW AGE, UNESCO, NEOLIBERALISMO.


Las concepciones de la New Age, la filosofía de la UNESCO, el Neoliberalismo y el Trans-humanismo, son cuatro visiones diferentes sobre el destino de la modernidad. Estos nombres encarnan cuatro tendencias, cada una de ellas, aparecida en distintos momentos del último siglo, que auguran futuros relativamente diferentes entre sí, pero, en cualquier caso, en ruptura con la tradición y con todo lo que hemos visto hasta ahora. Vale la pena decirlo desde ahora: se trata en los cuatro casos de visiones extremas de una misma actitud ante la vida: el “progresismo”.

Vamos a resumir los tenidos, las tendencias y la realidad de cada una de estas corrientes:

1) NEW AGE

La teoría

Llevamos hablando de “nueva era” desde hace cuarenta años. El movimiento surgió en EEUU a partir de la descomposición de la “contracultura” de los sesenta y buena parte de sus impulsores procedían de este ambiente político. La obra que facilitó la cristalización del movimiento fue La conspiración de Acuario de Marilyn Fergusson. La idea básica es de procedencia ocultista: la humanidad está entrando en un nuevo período astrológico en el que la era de Piscis (correspondiente a los últimos 2.000 años de civilización) está siendo sustituida por la de Acuario (el signo astrológico posterior), lo que entraña un “cambio de paradigma” (es decir del núcleo duro de principios que rigen un momento histórico y que se manifiestan en todas sus actividades. Si hasta ahora ha estado presente el “paradigma mecanicista” que tuvo su origen en Newton y que ve todo, desde el Universo hasta el cuerpo humano como mecanismos compuestos por piezas que deben ser analizadas de manera aislada, el “nuevo paradigma” o “paradigma holístico” considera el mundo y al ser humano como “totalidad indivisible”.

La práctica

La ideología de la “new age” ha cristalizado en un “movimiento” (es decir, en un grupo de tendencias, organizaciones y familias ideológicas) con tendencia a revalorizar las doctrinas orientales, previamente “occidentalizadas” o adulteradas, con mejor o peor fortuna, especialmente por personalidades de la Sociedad Teosófica o inspirados en ella y que ya estaban presentes en algunas corrientes de la “contracultura” anterior. En general y, con el paso del tiempo, el movimiento ha terminado siendo un conjunto de técnicas terapéuticas y “espirituales” promovidas por distintos “institutos” y/o “gurús”, todos ellos autoconsiderados como “alternativos”. Existe toda una oferta variadísima de cursos, terapias, escuelas de meditación e, incluso, sectas destructivas que aluden, desde distintos puntos de partida a las mismas temáticas: autorrealización, vida feliz, superación de las enfermedades, escuelas de vida, interrelaciones del individuo con el Todo, vida natural, formas de vida alternativas y comunitarias, lo que podríamos llamar una “espiritualidad materializada”, etc.

Las tendencias
- Difusores de terapias, unas de carácter psicológico (psicología transpersonal y distintos derivados de las doctrinas de Carl Gustav Jung), otras procedentes de oriente (reiki, siatsu, etc.), algunas improvisadas (risoterapia o terapia de la risa).
- Sectas destructivas, todas ellas formadas en torno a un “gurú” y presentadas como “nuevos movimientos religiosos”. Aquí incluimos a los grupos de “chaneling” o “canalizaciones” que no son más que el viejo concepto teosófico de “escritura automática” readaptado.
- Grupos ufológicos, que consideran que los “extraterrestres” son los anunciadores de la “nueva era”. Unos opinan que vienen de planetas remotos y otros que son “seres transdimensionales” que proceden de otras dimensiones de nuestro propio universo.
- Movimientos neo-espiritualistas: derivados del viejo ocultismo decimonónico o bien que siguen en las mismas posiciones, muchos de ellos son formas occidentalizadas de budismo o de disidencias del hinduismo tradicional. Aquí puede incluirse el redescubrimiento del neo-chamanismo en Castaneda.
- Tendencia “ecologista” centrada en torno a los partidarios de la “teoría Gaia” (la tierra considerada como “ser vivo” que se protege de quienes la amenazan), que llega incluso a la creación de grupos de convivencia (la “comunidad de Findhorn”)
- Corrientes científicas: que aluden a que las ciencias de vanguardia, especialmente la física más avanzada, tiene concomitancias con las doctrinas espiritualistas y lejos de negarlas, las confirma (ideas de “resonancia mórfica” o de “espiritualidad quántica”).
Influencia

El momento álgido del movimiento coincidió con los años 90, a medida que nos aproximábamos al cambio de milenio. Sin embargo, los abusos, las tomaduras de pelo, la ineficacia de la mayor parte de las terapias (que no dejaban de ser placebos) y los cambios que se produjeron a partir de 1989 y la crisis económica de 2007, hicieron que el movimiento entrara en recesión, las ventas de libros de esta temática cayeran en picado y se disolvieran buena parte de las “escuelas” y asociaciones que vendían cursos de este tipo. Muchos de sus integrantes, migraron hacia el trans-humanismo.


2) IDEOLOGÍA UNESCO

Teoría

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, por sus siglas inglesas UNESCO, tiene como finalidad “contribuir a la paz y a la seguridad en el mundo mediante la educación, la ciencia, la cultura y las comunicaciones”. Pero estos principios son lo suficientemente ambiguos como para que sus intérpretes se creyeran en la obligación de universalizar sus propias concepciones. En 1945, la fundación de la Organización de las Naciones Unidas, de la que la UNESCO es una emanación, supuso la cristalización de las aspiraciones universalistas nacidas en el siglo XIX en distintos sectores de la masonería y del ocultismo: la idea que está en la base de las concepciones de la UNESCO es que la diversidad cultural, étnica y educativa, debe regirse por el principio de la “igualdad” y que lo importante es lograr una “unidad humana universal” en torno a los mismos valores de tolerancia, respeto y multiculturalidad. Así pues, el objetivo final de la UNESCO es favorecer una “gobierno universal”, unificar a la población terrestre en “una sola raza”, “una religión mundial” e igualar sobre todo el “primer mundo” con el “tercero”. El sufraguismo del siglo XIX, se amplia y concreta en las llamadas “ideologías de género”.

Práctica

Contrariamente a lo que se tiene tendencia a pensar la UNESCO no es una organización internacional formada por los 195 Estados miembros que la componen, sino una estructura burocrático-administrativa independiente de estos Estados, provista de una ideología propia que utiliza los recursos de que disponen (procedentes en parte de las cuotas que deben abonar los Estados miembros, pero también de las aportaciones entregadas por grandes consorcios financieros para desgravar impuestos) para difundirla. La UNESCO, a su vez, apoya a distintas ONGs y, sobre todo, financia y favorece determinadas producciones culturales que profundizan en la línea de su visión ideológica del mundo. El primer Director General de la UNESCO fue Aldous Huxley (cuyo nombre suele relacionarse con la New Age y con el Trans-humanismo) y su primer Secretario General, Robert Muller que estuvo al frente de la entidad durante 40 años y que militaba en el grupo neo-teosófico Buena Voluntad Mundial, fundado por Alice Ann Bailey (AAB). Las tres líneas de trabajo en la actualidad son: difusión de ideologías de género, promoción de la multiculturalidad y defensa de las migraciones de sur a norte y de Este a Oeste.

Tendencias
- Tendencia de “sostenibilidad mundial”: Las distintas “conferencias mundiales” para tratar los problemas del planeta han conducido a la visión de que el crecimiento energético debe ser “sostenible” (olvidando que no hay posibilidades de crecimiento, por sostenible que sea, en un planeta de recursos limitados).
- Tendencia humanista-universalista: Es su tendencia mística, derivada de la influencia que siempre han tenido los partidarios de AAB dentro de la institución, son los más interesados en “unificar el mundo”, las religiones, las razas, las lenguas y las culturas. Su templo está instalado en el edificio de Manhattan de la ONU: La Sala de la Meditación.
- Tendencia humanista-neoliberal: Las únicas instituciones que la UNESCO nunca ha criticado son el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, así mismo, parte de los ingresos que percibe (y que luego redistribuye en parte entre las ONGs) procede de grandes corporaciones financieras, lo que genera una sorprenden identidad de criterios entre estas componentes: para la UNESCO, la “globalización” es un paso adelante en la “unificación del mundo”.
- Tendencia tercermundista: A medida que se fueron incorporando antiguas colonias a este organismo, él mismo resultó desequilibrado: lo que hace, las propuestas, recomendaciones y medidas favorezcan cambios en Europa, pero eviten críticas y alteraciones de las sociedades del tercer mundo. El principal instrumento de esta corriente es la multiculturalidad y el favorecimiento de las corrientes migratorias y luchar por la “igualdad cultural”.
Influencia

El hecho de presentarse como una organización que vela por la cultura, la educación y la civilización hace que la UNESCO goce todavía de extraordinario prestigio internacional. Sin embargo, el hecho de que grandes Estados (EEUU con Trump e Israel) se hayan retirado y que otros (Canadá y Alemania) hayan rebajado sus cuotas, han obligado a que el presupuesto de la UNESCO se redujera un 22%. Sin embargo, a partir del nombramiento de la exministra de cultura francesa (con Manuel Valls), Audrey Azoulay (de origen judío-marroquí), se han acelerado y convertido en omnipresentes las directivas “de género”, terreno en el que está centrada la organización, dando la sensación de haberse replegado en cuestiones de ecología y defensa del medio ambiente.


3) NEO-LIBERALISMO

Teoría

Es una teoría económica con repercusiones en el ámbito social. Recupera el viejo liberalismo de los orígenes y afirma que las crisis cíclicas del capitalismo se deben a que los Estados intervienen en política. La fórmula para evitar estas crisis y los choques entre naciones consiste en dejar libre curso a las fuerzas del mercado para que éste se ordene según las leyes de la oferta y de la demanda. Y esto a nivel mundial. El Estado, por tanto, debe de ser lo más débil posible, existir solamente para garantizar ciertas infraestructuras, nada más, por tanto, debía renunciar a la existencia de sector público y, allí donde exista, debe ser privatizado. La política, por tanto, debe estar sometida a la economía y esto a nivel global. La teoría nació de la “escuela austríaca de economía”, en especial de Ludwig von Mises y de su discípulo Friedrich Hayeck, para los que, cualquier cosa que no era “liberalismo”, pasaba a ser, automáticamente, “socialismo” y, por tanto, una amenaza a la “libertad del mercado”.

Práctica

En los años desde la postguerra hasta principios de los años 70, la economía mundial estaba bajo la influencia de John Maynard Keynes y de su escuela. Los criterios ultraliberales defendidos por Hayeck, eran considerados una locura. Sin embargo, la crisis económica de 1973, y la llegada al poder de los conservadores ingleses a finales de la década, supusieron un avance para esta escuela, por mucho que sus principios se habían puesto en práctica en Chile durante el período de Pinochet, hundiendo por completo la producción nacional y generando una crisis económica que comprometió la misma existencia del régimen. Pero la llegada al poder de Ronald Reagan en EEUU y de su equipo, armado con la misma doctrina económica, supuso un cambio de tendencia total en los criterios económicos del a postguerra. Tras la victoria sobre la URSS en la Guerra Fría, las doctrinas neoliberales se universalizaron: capitalismo y democracia parecían haber triunfado a nivel mundial y, por tanto, pudo anunciarse “el fin de la historia”. Los efectos inmediatos de esta doctrina han sido la desregularización económica internacional, la deslocalización empresarial, el aumento de los flujos migratorios, la decantación social entre una pequeña cúpula que domina la economía especulativa y una gran masa alejada de los centros de poder, junto a una compresión de las clases medias. Recientemente, el gobierno de Trump está intentando introducir medidas para reactivas la economía nacional extremadamente sensible a la penetración china. La práctica del neoliberalismo ha demostrado la imposibilidad de estabilizar la globalización.

Tendencias
- Neoliberalismo fundamentalista: en general, agrupa a los círculos formados en torno a la economía especulativa. El propio Hayeck podía encuadrarse en esta corriente. El capital inversor debe migrar continuamente allí a donde existan posibilidades de obtener más beneficios a despecho de cualquier otra consideración.
- Neoliberalismo moderado: suele formar en torno a círculos formados a partir de lo que se llamó “dinero viejo” en los primeros tiempos del reaganismo y que, en la actualidad, apoyan a Donald Trump en EEUU. Globalización sí, pero limitada y siempre con unos EEUU que se reserven el derecho a estar presentes en otras economías, pero pongan barreras a penetrar en la suya.
- Libertarianismo: a no confundir con anarquismo. Es partidario de la existencia del Estado, pero insiste en que se reduzca a la mínima expresión: están a favor de las reformas políticas, siempre y cuando vayan en detrimento del Estado. Sus rostros más conocidos son Ron Paul y otros congresistas de los EEUU. En España actúan a través del Instituto Juan de Mariana.- Objetivismo: teoría filosófico-económico-existencial sostenida por “Ayn Rand”, judía laicizada de origen ruso establecida en EEUU y autora de distintas novelas de éxito en las que insistía en promover tres líneas de acción: 1) Ateísmo, 2) Liberalismo, 3) Egoísmo. Sus partidarios están organizados en una especie de logia con cierta influencia en los medios económicos. Alan Greenspan, ex presidente de la Reserva Federal entre 1987 y 2006 pertenecía a estos círculos.
Influencia

Este es el criterio que hoy domina el mundo. Su período áureo empezó con la caída de la URSS. Pero su éxito no se debió tanto a sus posiciones o resultados, sino a la política de Reagan en materia de “guerra de las galaxias” y a lo insoportable del gasto militar soviético. En el período 1989-2007, se produjeron dos grandes crisis económicas que indicaron que el mundo era demasiado grande, diverso y desigual como para poder aplicarse un neoliberalismo globalizador. La llegada de Trump al poder y la guerra comercial iniciada con China, indican la inviabilidad a medio plazo de esta concepción que, sin embargo, está apoyada todavía por la mayor parte de clases políticas occidentales que intentan evitar un choque frontal contra el poder del capital especulativo y han renunciado a cualquier forma de reformas sociales, optando por promover técnicas de “entertaintment” y demás formas de narcosis social, por una parte, y por otra, han introducido falsos señuelos para movilizar a sectores inquietos de la población (ideologías de género, aplicando en Occidente temáticas creadas en el laboratorio ideológico de la UNESCO.


4) TRANS-HUMANISMO

Teoría

Es una forma extrema de optimismo científico-filosófico. La idea básica es que la evolución de la humanidad todavía no ha terminado y que sigue adelante: el ser humano puede superar su condición mediante las técnicas introducidas por la “cuarta revolución industrial” y las ciencias de vanguardia que la acompañan: nanotecnología, criogenia, inteligencia artificial, ingeniería genética, robótica, etc. La doctrina transhumanista establece que la revolución tecnológica en ciernes, supondrá un salto cualitativo de la humanidad en la escala evolutiva y necesitará, por tanto, una redefinición de conceptos y valores, adaptados a la nueva época: nada de los valores de los que hemos vivido hasta ahora, servirán en los próximos años. Todo, incluida la “vida”, deberá ser reexaminado en la medida en que existe la posibilidad de vida “trans-biológica”. En todos los sectores transhumanistas se piensa que la inmortalidad está al alcance de la mano y que el ser humano del futuro podrá prolongar su vida más allá de los límites biológicos actuales mediante prótesis e implantes (conformando cyborgs: organismos cibernéticos), realizar volcados de su mente en la “nube”, interconexión entre el cerebro y las redes informáticas, máquinas pensantes que superarán al ser humano, gestación in vitro con modificación de genes bajo demanda, etc.

Práctica

Su distintivo es: “H+”. La ideología estaba en su germen en el entorno que rodeó a Darwin (junto con los Galton y los Huxley) y su primera concreción fueron las concepciones eugenésicas que nacieron en Inglaterra. Aparecieron en Rusia defensores de ideas similares (el movimiento cosmista de Fëdorov, y su derivación, los “constructores de dios”), que influyeron en la cultura rusa del primer novecientos y luego durante el período leninista posterior a la revolución. En Alemania esta misma influencia se nota en el movimiento estético-cinematográfico expresionista (en películas como Metrópolis o Una mujer en la Luna). El padre Teilhard de Chardin extrajo de los cosmistas la idea de la “noósfera” o “esfera del pensamiento” y describió en términos católico el destino de la evolución: alcanzar el Punto Omega en el que la totalidad de la especie humana se identifica con Cristo. Pero fue en los años 90 en los que, después de los relatos cyberpunk, algunos especialistas en “prospectiva” empezaron a definir cómo sería el mundo cuando la “cuarta revolución industrial” logre sus realizaciones. El desarrollo de las “ciencias de vanguardia” permite pensar que hacia el 2030 se habrá conseguido conectar el cerebro humano con las redes informáticas. En el 2050, la Ley de Moore (que establece que desde los años 60 la capacidad de memoria, entonces de los transistores y hoy de los microprocesadores, se duplicada cada dos año), permite pensar que la Inteligencia Artificial habrá creado ordenadores capaces de programarse a sí mismos y tener conciencia de sí (lo que esos medios conocen como “la singularidad”).

Tendencias
- Transhumanismo filosófico: es la tendencia que aspira a generar los valores de la nueva era tecnológica para que respondan a sus logros. Pretende responder a la cuestión de cuál será la postura correcta cuando entre 2030 y 2050 el mundo haya sufrido un cambio radical con la introducción de la robótica, los organismos cibernéticos, la prolongación de la vida, etc. Se concentra en torno a la Asociación Transhumanista Mundial
- Transhumanismo extremo: es la forma extrema de optimismo científico tecnológico. Augura que el futuro es de las máquinas, pero que nosotros mismos podemos volcar nuestra mente (y por tanto, toda nuestra personalidad) en la “nube” y subsistir allí a voluntad, generando vivencias y pensamientos gracias a la IA.
- Transhumanismo científico: sostiene que la evolución de la humanidad está en manos de la ciencia y que la sociedad debe aceptar cualquier nuevo avance científico y adaptarse a ellos. A los científicos transhumanistas no les preocupan las repercusiones de sus investigaciones y logros, o su impacto social, están convencidos de que toda forma de progreso es saludable.
- Transhumanismo artístico-literario: desde expresiones del manga y del anime japonés, hasta películas de ciencia ficción e, incluso, hasta cierto punto, el movimiento literario cyber-punk, exploran este terreno y, de hecho, muchos de sus temas (robótica, cyborgs, interconexiones cerebro-red, etc.) han sido tratados en muchas ocasiones y desde distintos puntos de vista.

Influencia

En el mundo del entertaintment esta tendencia, sin duda, es la más pujante. Pero, sobre todo, el transhumanismo tiene mayor influencia en las grandes fortunas creadas al calor de Silycon Valley que suelen invertir sus excedentes de capital en proyectos -en ocasiones quiméricos- presentados por científicos transhumanistas (anualmente se invierten 60.000 millones de dólares procedentes de estos medios, para estudiar la posibilidad de prolongar la vida humana). Sin embargo, es precisamente en el mundo de la cultura pop en donde el transhumanismo es objeto de una viva crítica y ha dado lugar a distintas distopías. La componente científica es, desde luego, la que más énfasis pone en sus trabajos y la que está obteniendo éxitos más notables que se plasmarán en la próxima década (especialmente en el terreno de la robótica, la nanotecnología y de la ingeniería genética). En la actualidad, la clase política permanece de espaldas al fenómeno trans-humanista, no termina de entenderlo, ni percibe en la posibilidad de que cambie los pilares del parlamentarismo o de la democracia tal como se la entiende hoy.


LOS PUNTOS COMUNES

Sería un error pensar que todas estas corrientes están perfectamente definidas y que tienen unos contornos nítidos. Si hemos incluido las tendencias más representativas de cada corriente es para poder plantear que cada rama tiene fronteras comunes con las otras:
- El pensamiento de Teilhard de Chardin, por ejemplo, está presente en la ideología de la “new age”, pero también es una de las bases del trans-humanismo.- Existen objetivos comunes entre el neoliberalismo que aspira a una desregularización total de la economía y los científicos transhumanistas que quieren libertad de investigación sin cortapisas éticas ni morales.- La ideología de la UNESCO se superpone en muchos puntos con la del neoliberalismo: no en vano, nunca ha cuestionado los fundamentos del Fondo Monetario Internacional, uno de los arietes de las de éste.- Algunas sugestiones de la “new age” se encuentran presentes en el transhumanismo y en las bases de la UNESCO: la sensación de que estamos ante una nueva fase de la humanidad, una especie de mutación global y ninguno de los valores tradicionales sobrevivirá.- Los “libertarianos” están cerca del “objetivismo” y éste contiene fronteras comunes con criterios “transhumanistas” (de hecho, en estos medios de los EEUU se repite la frase: “si el dinero es tu meta, el transhumanismo es tu ideología”).
En cualquier caso, podemos establecer cinco pautas comunes a estas cuatro ramas y a sus subdivisiones internas:
1) Visión ultraprogresista del mundo: una idea se ha afirmado a partir de la “ideología de las luces” del siglo XVIII: la de que la humanidad sigue un progreso indefinido. La nueva trinidad que comparten estas cuatro corrientes es que el “progresismo” es el Padre, el “evolucionismo” el Hijo y el Espíritu Santo está por llegar (será el transhumanista para unos, la economía mundial globalizada para otros, la “unificación mundial” o la utopía humanista-universalista). Hasta ahora, este progreso ha sido lineal, pero, a partir de ahora, adoptará la forma de una curva asindótica. En cualquier caso, el progreso tiene como inevitable y siempre positivo. Cabría definirlas como distintas formas de “titanismo”
2) Percepción extremadamente optimista del futuro: Lo anterior implica una visión optimista del futuro. Todas estas corrientes nos dicen que la Utopía es posible y que estamos por alcanzarla. Ninguna de ellas cuestiona, en ningún caso la idea del progreso, ni las posibilidades ilimitadas de la ciencia.

3) Formas extremas de humanismo universalista: Estas ideas no son nuevas, sino solamente suponen distintas aplicaciones de ideas ya existentes desde el siglo XVIII. Ninguna de ellas ataca directamente ninguno de los valores establecidos desde la Revolución Francesa: de hecho, lo que hacen es garantizar que serán ellas las que llevarán a la práctica los ideales de libertad, igualdad y fraternidad. No hay ningún elemento ideológico nuevo. Sino la afirmación de que lo fracasado en las revoluciones liberales, lo que fracasó en las revoluciones marxistas, lo que ha fracasado en la “nueva izquierda” reiteradamente desde mayo del 68, hasta el “movimiento de los indignados”, ellos lo harán triunfar.
4) Decepción e incomprensión por la naturaleza humana: En estas cuatro tendencias se respira la misma decepción por lo humano que no logra realizar completamente la idea de progreso y de igualdad. El ser humano es algo que debe ser superado (trans-humanismo), rectificado (UNESCO), sanado (new age), o simplemente satisfecho en sus necesidades básicas y adormecido (neoliberalismo).
5) El aspecto “problemático” está presente en todas ellas: En todas estas corrientes está presente lo que podríamos llamar “el elemento problemático”. Ya ocurrió en el viejo marxismo autopresentado como una forma de racionalidad extrema pero que terminaba apelando a los impulsos irracionales y a los instintos más bajos de “venganza social”, “resentimiento de clase”, desembocando -como antes había hecho el positivismo de Compte- en una forma de “contra-religión”, una especie de religión invertida, que contenía elementos seudomísticos (el culto al libro sagrado -el Manifiesto Comunista-, su clase sacerdotal -los funcionarios del Komintern o los “aparatchiks”- los símbolos rituales -hoz y martillo, estrella y bandera roja, los rostros de los fundadores- que, junto con los cánticos -la Internacional- estaban presentes en los rituales colectivos de masas desarrolladas en fechas concretas y celebraciones (1º de mayo, la Fiesta del partido, el Día de la República, la celebración de la revolución de octubre, etc.), con sus letanías y sus catecismos simplistas, todo lo cual eran recursos muy alejados del racionalismo proclamado. Así mismo, también en estas cuatro corrientes de la postmodernidad, detrás de un afán de racionalidad, vemos los innegables despuntes de la irracionalidad en la presencia de antiguas tesis ocultistas (el neo-teosofismo en la ideología de la UNESCO, la presencia del misticismo más bastardizado procedente de Oriente, pero también de componentes propiamente ocultistas y de la vieja masonería crepuscular, que están igualmente presentes en los orígenes del transhumanismo y toman la forma de “grupos de presión” y “sociedades discretas” en el neocapitalismo (Bilderberg, Trilateral, etc.).

HETEROTELIA Y FUTURO

De algo podemos estar seguros: el futuro no será como lo define ninguna de estas corrientes.

Guillaume Faye ha establecido la llamada “ley de las consecuencias no deseadas” que, en su enunciado originario, procede de la filosofía clásica y remite al concepto de “heterotelia”. Este vocablo procede de “hétero” (diferente) y “telos” (fin) e indica que, en la historia de las ideas, todo proyecto que partía con la intención de hacer triunfar determinadas ideas, en el curso de su realización, jamás llega a realizar los fines iniciales: la revolución francesa, con sus “nobles ideales” se convirtió en una simple carnicería, la revolución bolchevique, en lugar de liberar a los proletarios generó una dictadura burocrática… elementos que no estaban inicialmente presentes en las intenciones originarias de sus impulsores, ni en los proyectos originarios. Han llegado a un fin muy distinto al que se proponían. Si esto ha ocurrido así en toda la historia de las grandes ideas, no hay absolutamente ningún motivo para pensar que esto va a variar en los cuatro planteamientos de la modernidad que hemos analizado hasta aquí. 

Esto mismo resta cualquier verosimilitud a las tesis conspiranoicas: ¿puede pensarse que judíos o masones lleven conspirando sistemáticamente desde hace siglos? Ni siquiera las grandes acumulaciones capitalistas están en condiciones de controlar el sistema económico creado por ellas mismas y esquivar las amenazas que van apareciendo.
- La aplicación de las tesis multiculturalistas de la UNESCO generará, inevitablemente, en Europa, a la vuelta de pocas décadas y antes que las técnicas de narcosis social puedan imponerse por completo, llevará a la guerra étnica de la que ya estamos viviendo los primeros despuntes.

- El neoliberalismo generará una polarización social y la desaparición de las clases medias, no como intención deliberada, sino como efecto inevitable y la economía mundial corre el riesgo de colapsar por el simple agotamiento de recursos o por la elevación de los precios del petróleo.

- Las aplicaciones descontroladas de la técnica, propuestas por el transhumanismo pueden generar una sociedad mucho más próxima a los oscuros horizontes del cyberpunk (máximo desarrollo tecnológico, en un marco social degradado) que a la utopía descrita por Aldous Huxley en Un mundo feliz.
- La “new age” nació como un gran proyecto movilizador de la juventud y con vocación de crear una “nueva sociedad”, nada que ver con lo que se ha quedado: una serie de vendedores de cursos y de terapias-placebo, y de sectas destructivas de escasa influencia.
Nada de todo esto, se encuentra entre las intenciones originarias de los promotores de estas cuatro corrientes, pero, en algún momento, descarrilarán y emprenderán rumbos no previstos.

Una vez más, el sueño de la razón y del progreso, generarán nuevos monstruos. Quizás entonces sea la hora de empezar a elaborar un pensamiento que entre en ruptura con las concepciones progresistas. Porque, a fin de cuentas, el progresismo, ese es el enemigo: tomar cualquier forma de progreso como un “avance social”, cuando, lo más frecuente es que sea un paso al frente en el camino al precipicio. En el fondo, cualquiera de estas cuatro corrientes nos está situando en el filo del precipicio, donde el próximo paso implica saltar…

miércoles, 11 de diciembre de 2019

PARA ENTENDER MEJOR A LOS ESTADOS UNIDOS: LOS TRES GRANDES “DESPERTARES RELIGIOSOS” (2 de 4) LOS “CRISTIANOS RENACIDOS”


El tercer “gran despertar religioso” de los EEUU empezó en los años 60 pero solamente consiguió influir en las decisiones del poder al filo del milenio y con la administración Bush, al igual que el “primer gran despertar” tuvo influencia en el período de la independencia y el segundo abarcó desde los años previos a la Guerra de Secesión hasta finales del siglo XIX. Los años 60 fueron de grandes cambios en todo el mundo, pero especialmente en los EEUU tuvieron como resultado el nacimiento de la “contracultura” que derivó posteriormente al actual movimiento de la New Age, y, por otra parte, aparecieron cultos conservadores en el “cinturón de la Biblia” que fueron ganando fuerza, mediante el fenómeno de los “telepredicadores” y se configuraron genéricamente como “movimiento de los cristianos renacidos”. Esta es la historia de un modelo anómalo (y peligrosos) de espiritualidad.


LOS CRISTIANOS RENACIDOS

El historiador Gabriel Jackson escribía: «El factor más importante en la opinión pública estadounidense, que no es apreciado lo bastante ni por los liberales seglares estadounidenses ni por el mundo europeo en general, es la importancia de la cristiandad bíblica. Me quedé asustado recientemente al leer una encuesta Gallup que afirmaba que el 68% de las personas encuestadas creía en el diablo, que el 48% creía en el «Creacionismo», la creación directa del universo entero por Dios tal como se describe en el libro del Génesis, más que en la evolución darwiniana, y que el 46% se consideraban cristianos renacidos».

Jackson, sin duda, se sentiría más asustado si supiera que en 2003, el 90% de los norteamericanos creían en Dios el 82% en la vida eterna, el 60% asistía algún tipo de oficio dominical y otro 60% rezaba cada día. De las 15.000 confesiones religiosas que conviven en los EEUU, el 60% son protestantes, el 25% católicos, los judíos son seis millones y los musulmanes tres. Estas cifras no tendrían nada de sorprendente y serían un rasgo específicamente americano, especialmente por el seguimiento de las sectas nacidas en aquel territorio (amish, mormones, cuáqueros, apostólicos, angloisraelitas, dunkers, etc.), sino fuera porque una parte muy importante sostiene posturas extremistas, fundamentalistas, con actitudes en algunos casos próximas al terrorismo.

El caso de Randall Terry, fundador del violento grupo terrorista anti–abortista denominado «Operation Rescue» es significativo. Su “campaña por la vida” no se limita a realizar campaña contra el aborto e intentar la aprobación de iniciativas que limiten esta práctica. Randall Ferry entra perfectamente dentro de lo que podemos llamar en rigor, terrorismo: «Ustedes los abortistas mejor que corran, porque los vamos a encontrar y los vamos a ejecutar. Hablo muy en serio. Parte de mi misión es el enjuiciamiento y la ejecución de ustedes. Yo soy un Reconstruccionista Cristiano. Yo creo que la Iglesia debe gobernar este país. A los que dicen que debemos separar a la Iglesia del Estado yo le digo que la Biblia Cristiana es el centro de la civilización». Por su parte, Clayton Lee Wagner, miembro de un grupo similar, se explica en términos parecidos: «Dios me ha llamado a hacer la guerra contra sus enemigos…y no le importa a Dios o a mi si eres una enfermera, una recepcionista, un contador o barrendero... Si trabajas para un abortista yo te voy a matar».

Podría decirse que tanto Ferry como Wagner son marginales dentro de la sociedad americana. Sin embargo, Jerry Falwell, no era un marginal, sino el predicador más significativo del conservadurismo religioso norteamericano, encargado de celebrar la ceremonia fúnebre el 13–S tras los atentados contra el WTC. Fue allí donde dijo, textualmente: «Yo realmente creo que los paganos, los abortistas, las feministas, los homosexuales, las lesbianas, los derechos civiles (ACLU) y People For The American Way, todos ellos tienen la culpa de que Dios haya permitido que esto haya pasado [los atentados del 11-S]. Yo apunto mi dedo acusador en sus caras y se lo digo». Falwell organizó en los años 80 la «Mayoría Moral», uno de los grupos que apoyaron decisivamente la elección de Reagan como Presidente. La idea de Falwell y de la «Mayoría Moral» es que los EEUU están en crisis por que han dado la espalda a los valores originarios de la nación, aquellos que sellaron la alianza entre Dios y su pueblo –los EEUU, por supuesto–; las desgracias que los EEUU sufrieron el 11–S son, para él, producto de ese alejamiento, de la misma forma que los percances del Israel bíblico se debieron al mismo motivo y a la ruptura de la «Alianza».



Para entender la situación actual de la nueva derecha religiosa, es preciso viajar hasta principios del siglo XX, cuando ya se había agotado completamente el impulso del Segundo Gran Despertar y empezaba a cobrar forma en medios religiosos la sensación de que la tensión espiritual en los EEUU se estaba debilitando. Fue entonces, cuando Lyman Steward y un grupo de teólogos protestantes de Princeton, publicaron una colección de doce folletos titulado Fundamentalism: a testimony of the truth. La palabra «fundamentalismo» deriva de este grupo que proponía un estilo de vida rigorista y dictado por las páginas de la Biblia. En los tiempos en los que el progreso generaba problemas de identificación para los cristianos, los «fundamentalismos» presentaban la vida austera y la observación de los preceptos bíblicos como la forma más adecuada para afrontar la modernidad.

Políticamente, este grupo se convirtió en un ala del Partido Republicano. En aquel momento emprendieron una lucha extremadamente dura contra los darvinistas en nombre del «creacionismo». Su aceptación del texto bíblico, no solamente en su sentido moral, alegórico o simbólico, sino también en su interpretación de la génesis del ser humano –«Y Dios creó al hombre»– los llevó necesariamente a rechazar las nuevas corrientes del pensamiento científico.

Cuando crecieron, dieron vida a diversos grupos militantes: primero la Liga de América y luego Cruzada anticomunista. Estos grupos estaban perfectamente adaptados al marco del anticomunismo generado a partir del Golpe de Praga en 1948, pero siempre fueron a la zaga de organizaciones mejor dotadas desde el punto de vista doctrinal, como la John Birch Society. A partir de los años 60, estos grupos fundamentalistas cristianos empezaron a parecer inadecuados para una sociedad que había descubierto la píldora, la minifalda, la liberación sexual, el rock y el movimiento hippy. A medida que se avanzó en la década de los 60, los grupos fundamentalistas, fueron perdiendo influencia y, por eso mismo, radicalizándose aún más. Ya no eran solo enemigos de los comunistas, sino de lo que ellos llamaban «criptocomunismo» que, en buena medida, correspondía a sectores que nada tenían que ver con el Partido Comunista ni con ninguna de las agrupaciones marxistas organizadas. Esta radicalización no contribuyó a aumentar su influencia. Aquellos años fueron de un crecimiento económico espectacular y, difícilmente, podría exigirse austeridad y rigorismo a una población que estaba degustando a placer las mieles del consumo y de una prosperidad económica innegable. No era un buen momento para ningún dios.

Sin embargo, tal como Marvin Harris explica en su libro La cultura norteamericana contemporánea: «En los años sesenta, los teólogos se preguntaban sin esperanza si Dios había muerto. En los setenta, había multitud de personas en los Estados Unidos que afirmaban hacer constatado con sus propios ojos que Dios está vivo o que ellos mismos eran dioses vivientes». La crisis de las organizaciones fundamentalistas no indicaba el eclipse del espíritu religioso norteamericano a principios de los años 70, simplemente, éste había derivado hacia otros derroteros. Los Niños de Dios irrumpieron en California en 1968; cuatro años antes, junto al movimiento hippy podían verse los primeros Hare Khrisna. El movimiento del cientología, formado por Ron Hubbard en los años 50, no logró hasta finales de los sesenta adquirir cierta relevancia. Otro tanto le ocurrió a la Iglesia de la Unificación del reverendo Moon, constituida en 1959, pero que no logró irradiar hasta doce años después. Otro tanto ocurrió con toda la serie de gurús orientales llegados a California a principios de los setenta que impregnaron el movimiento de la contracultura. También en esa época se publicó el primer libro de Carlos Castaneda sobre las presuntas enseñanzas de un chamán indio.

Todas las grandes religiones (y los “despertares” propios de EEUU) se han producido en momentos de gran transformación social y económica. El Tercer Gran Despertar generado entre principios de los años setenta y los primeros años del siglo XXI, responden a estas características. Se buscan soluciones a problemas prácticas, soluciones que tienen que ver más con el pensamiento mágico que con el científico. Se utiliza la religión para conseguir dinero y fortuna. Ron Hubbard expresó magistralmente esta aspiración cuando dijo «El dinero es un símbolo. Representa el éxito cuando se posee y el fracaso cuando no se tiene, no importa quien haga propaganda en contra».



No es raro que las nuevas confesiones religiosas de los años 70 propusieran a sus miembros una vida austera, pero no dudaran en pedirles que legaran sus bienes a la comunidad. Varias confesiones religiosas tienen pujantes negocios de venta piramidal, o bien explotan contratos comerciales en exclusiva y, todas, desde luego, utilizan a sus adeptos para mendigar, vender sus productos o realizar labores de proselitismo que atraigan más fondos para la organización. En esto que el 18 de noviembre de 1978 se produjo la tragedia del Templo del Pueblo en Guyana. El «reverendo» Jim Jones y 900 seguidores fueron encontrados muertos (asesinados o suicidados) en plena selva. Todos ellos (negros, ancianos, outsiders) se habían retirado a esta comuna como respuesta a la presión que sufrían del medio urbano estadounidense: los precios de los alojamientos crecían continuamente, lo mismo ocurría con la asistencia médica y la delincuencia era cada vez más mayor. Las ciudades eran progresivamente más hostiles para la gente mayor y, además, el racismo seguía latente en la sociedad. Prefirieron segregarse y seguir a Jones en su loca aventura.

El impacto del suceso fue tremendo, pero evidenció –junto con la irrupción fugaz del «Ejército Simbiótico de Liberación», un grupo de terroristas de carácter místico y alucinado– la importancia que habían tomado bruscamente las sectas en una sociedad en permanente transformación desde mediados de los años sesenta. Con el paso del tiempo –y especialmente a partir de la masacre de Guyana– todo este sector religioso–contracultural terminó por eclipsarse y solamente volvió a renacer, transformado en un movimiento terapéutico, cultural, esotérico y de autoayuda, la “New Age”.

Tanto los movimientos emanados de la contracultura, como las nuevas formas religiosas que aparecieron en los setenta y el movimiento de los newagers pueden ser considerados como partes constitutivas del Tercer Gran Despertar, pero faltaba la componente más popular y, sin duda, la que ha tenido más importancia: los movimientos cristianos evangélicos. Harris dice al respecto: «Los Yogis swamis, sris y Don Juanes afirman que pueden acostarse en camas de clavos, levitar y volar, pero la nueva raza de evangelistas puede hacer algo mucho más impresionante: emitir sus imágenes vía satélite y llegar a cualquier ciudad y pueblo de Norteamérica». Añade: «Los cristianos televisivos no tienen que abandonar casa, empleo, ni familia para participar en los poderes de curación y alivio de una comunión que se preocupa de ellos y los apoya. Todo lo que necesitan es enviar veinte dólares y enchufar el aparato. Los evangelistas les hablan directamente. Y si sienten la necesidad de mantener un diálogo, un equipo de voluntarios está preparado para recibir sus llamadas las 24 horas del día».

Fue así como el fundamentalismo cristiano que había languidecido a lo largo de toda la década de los 60 y solamente logró recuperarse a finales de los 70, emergió gracias al fenómeno de los telepredicadores. En ese momento irrumpió Jerry Falwell y su Mayoría Moral, pero también Bil Graham, Pat Robertson, Pat Buchanan y otros muchos. El primero de todos ellos, Rex Humbard, retransmitía sus oficios semanales desde la Catedral del Mañana, a través de 650 emisoras de televisión. Su organización, a finales de los setenta, recaudaba veinticinco millones de dólares al año. Por su parte, Jim Baker y su esposa Tammy, recaudaron cincuenta millones de dólares en 1980 para su organización Alabado sea el Señor, popularizada también a través de 200 emisoras de televisión. En esa época, Pat Robertson, ingresaba con su Club 700, 58 millones dólares al año y pudo gastar 20 millones en la sede central de su Red de Difusión Cristiana. Robert Schuller, predicador de California, creó su Catedral de Cristal, esperpéntica construcción formada por 10.250 espejos engarzados en acero. Cuando «vendía» su producto religioso, explicaba que podía «aliviar la impaciencia, ansiedad y frustración financiera que afligen a nuestra cultura y a nuestro pueblo». Y, finalmente Jerry Falwell, otro predicador que inició su trayectoria en los años cincuenta, pero que solo empezó a ser reconocido como líder de masas veinte años después, explicaba ante las cámaras de su programa La Hora del Evangelio de Siempre que «Cristo no ocupa el corazón de un hombre hasta que no tiene su cartera». A sus dos millones de contribuyentes solía decirles: «Pon a Jesús el primero en tu lista de gastos y permítele que te bendiga financieramente».

Los fieles daban dinero, pero ¿qué recibían a cambio? En los años setenta solamente curaciones a distancia y la fácil promesa de recibir el ciento por uno por sus donaciones. No siempre se cumplía, claro está, pero lo masivo de las audiencias hacía que entre los televidentes hubiera alguien afortunado que se veía beneficiado con alguna casualidad. Los telepredicadores aprendieron a explotar esta ventaja estadística. Siempre había alguien aquejado de sinusitis que bruscamente, viendo el programa piadoso por TV, se daba cuenta de que estaba curado. Llamaba a la emisora y el hecho, banal e intrascendente, era contabilizado como milagro. Era también frecuente que un exiguo porcentaje de necesitados, recibiera improvisadamente una herencia, le tocara la lotería o, simplemente, encontrara unos cuántos dólares. Cuando se tienen audiencias de 16–20 millones, cualquier fenómeno estadístico puede producirse. Robertson explicaba que cada año más de 20.000 espectadores llamaban afirmando haber sido curados milagrosamente de sus dolencias. Sobre 16 millones de telespectadores, estamos hablando de un porcentaje del 0’1%... que, sin duda, se debe a curaciones de dolencias inexistentes, curaciones casuales debidas a tratamientos médicos convencionales o curaciones de enfermedades psicosomáticas que sólo requerían un placebo para hacerse efectivas. Decididamente la Providencia no parece esforzarse mucho, a pesar de la abultada cifra de 20.000 «curaciones» anuales. Espectáculos mediáticos de este carácter se hicieron extremadamente populares en los últimos años setenta y principios de los ochenta. Pero los telepredicadores no estaban dispuestos a quedarse en el nivel de un mero circo mediático por lucrativo que fuera.

Utilizando un lenguaje mucho más agresivo y directo, se agruparon en lo que se llamó «nueva derecha cristiana» que aportó el elemento más dinámico a la elección de Ronald Reagan. En 1989 se fundaba la Coalición Cristiana y unos años antes, el mismo núcleo había dado vida a la Christian Broadcasting Network, una estación de TV especialmente dedicada al fundamentalismo religioso. El grupo decidió que el campo más adecuado para su acción de regeneración de la sociedad era la política. Como hemos dicho, participaron decisivamente en la elección y en la reelección de Reagan, pero en 1988, Pat Robertson se presentó a la nominación como presidente y cuatro años después lo intentó Buchanan. Ambos fracasaron en su empeño. Podían influir en la sociedad… pero no dirigirla directamente.

Cuando subió al poder Bill Clinton, el grupo pareció languidecer de nuevo, pero se trataba de un espejismo. De hecho, al producirse el episodio Levinsky, tras la Coalición Cristiana que desempeñó lo esencial de la agitación contra el Presidente, se encontraban Dick Chenney y Ronald Rumsfeld, mucho más diestros en el manejo de las campañas de alta política y cuyo fervor religioso brillaba por su ausencia. Con Bush, los fundamentalistas tocaron de nuevo poder e impusieron a la administración un programa que el propio presidente compartía sin fisuras. Todos partían de la vieja idea de que los EEUU son la nación elegida por Dios, el “nuevo pueblo elegido”, los “judíos de la modernidad”, ideas que les llevaban a una mezcla de mesianismo enfermizo y unilateralismo exasperado, teniendo como trasfondo en política interior una reacción brutal contra el laicismo. Su programa exigía el retorno de la religión a la escuela, la protección de la familia, la lucha contra el divorcio, el aborto, la homosexualidad y el feminismo. El 13–S, Bill Graham resumió esta ideología llamando al «arrepentimiento» de los norteamericanos, sus pecados habían causado el castigo de Dios –los ataques del 11–S– si querían prevenir nuevos atentados debían aceptar el reinado de Dios, el arrepentimiento de sus pecados colectivos y… la defensa del derecho del Estado de Israel a existir en las fronteras conquistadas durante la «Guerra de los Seis Días» en 1967.

Si el movimiento tuvo éxito fue por dos motivos esenciales: en primer lugar porque los telepredicadores supieron llegar a cada hogar a través del monitor de TV y convertir sus curaciones «milagrosas» en espectáculo mediático; en segundo lugar porque sus aparentes locuras respondían a los problemas no resueltos que se habían planteado en los EEUU y que resume Harris: «problemas no resueltos que plantea el consumismo disfuncional, la inflación, la inversión de los roles sexuales, el ocaso de la familia basada en el varón proveedor, la alienación laboral, la opresión del gobierno y las burocracias corporativas, el sentimiento de aislamiento y soledad, el miedo a la delincuencia y la perplejidad sobre la causa fundamental de que tantos cambios se produzcan a la vez».

En las elecciones presidenciales de 1980, se había hecho evidente la importancia sociológica de la «derecha cristiana» y, por tanto, del Tercer Gran Despertar. En el cuarto de siglo que siguió, en la medida en que los cambios no cesaron, sino que siguieron produciéndose con mucha más celeridad, el fundamentalismo cristiano fue aumentando su influencia en la sociedad como movimiento político–espiritual, tal y como había ocurrido en los dos anteriores “despertares” (el que abrió el camino a la independencia y el que condujo a la guerra civil). En opinión de sus mentores, este Tercer Gran Despertar debía de abrir el camino para que el “destino manifiesto” de los EEUU llevara a la construcción de un imperio unipolar y a una sociedad universal globalizada “justa”. Pues bien, este concepto de «destino manifiesto» merece ser observado con más detenimiento.