miércoles, 27 de agosto de 2025

AÑOS 60: LA ENCRUCIJADA DEL NEOFASCISMO (3ª PARTE) - DEL M.A.C. A JEUNE EUROPE

 


a) El Mouvement d’Action Civique

La trayectoria del MAC abarca de 1961 a 1962 y es, por tanto, el precedente de Jeune Europe y el resultado de la transformación del CABDA. Todas las fuentes aceptan que el promotor del cambio de orientación del CABDA al MAC fue Jean Thiriart. El MAC originario desaparece en diciembre de 1962, cuando su publicación, inicialmente llamada Nation Belgue, pasa a llamarse, primero Nation Belgue et Nation Europa y, finalmente, en ese momento, Jeune Europe. Jeune Europe hereda del MAC, lo esencial de sus cuadros y militancia en Bélgica y su emblema, la cruz céltica.

Si el CABDA era una organización que pretendía prolongar la presencia belga en África y, de paso, liquidar el sistema de partidos (tales fueron sus dos ejes de agitación), el MAC, mostró desde el primer momento un afán por apoyar a la OAS y su lucha para que Argelia prosiguiera bajo la órbita francesa. Pero, a partir de finales de 1962, cuando declina la actividad de la OAS[1] (perseguida y diezmada físicamente por los “barbouzes”, criminales al servicio de la seguridad del Estado gaullista), deja de tener sentido el apoyo a una causa perdida por completo. Thiriart había aprendido mucho durante esos dos años, rectificó algunas posiciones, confirmó otra, y fue así como lanzó Jeune Europe a nivel continental. Pero no nos adelantemos. Si éste es el lugar del MAC en la historia del neo–fascismo, vamos a ver ahora su desarrollo.

En septiembre de 1961, Thiriart ya ha visto los límites de la acción del CABDA y su fracaso al no poder lograr movilizaciones de masas, así que extrajo las consecuencias oportunas. Empieza a tener muy claro lo que quiere: lo llama “movimiento europeo integrado”, tendrá una dirección unificada y centralizada. Lo que busca no es una federación de partidos, sino un partido unitario. No estará diseñado para ganar elecciones (sabe que fiar el destino de la lucha política a una competición electoral es problemático, como así le han demostrado los ejemplos del MSI y del SRP alemán), sino para ejercer formas de activismo que permitan crecer hasta estar en condiciones de plantear el asalto al poder. Lo que tiene en mente se parece mucho más a los grupos juveniles extraparlamentarios que proliferan en Europa Occidental y cuya falta de eficacia, él mismo explica por ausencia de una dirección política europea. El 1º de septiembre de 1962 Thiriart lanzó su primer “Manifiesto a la Nación Europea”[2].

Las ideas eran las que luego desarrolló en Europa: un imperio de 400 millones de hombres: ni Washington ni Moscú, Europa unitaria de Brest a Bucarest, contra la división de Europa en Yalta, superación de los pequeños nacionalismos europeos, idea de un continente neutral pero armado, reunificación de Alemania, a través de la reunificación de Europa, ni capitalismo ni comunismo… Unas ideas que, por su claridad, radicalismo en la forma sintética de expresarlas, novedad en relación a otros intentos “terceristas” anteriores, lograron la adhesión especialmente de jóvenes estudiantes.

Con estas características, el nuevo MAC no tiene casi nada que ver con la antigua CABDA. El MAC sigue siendo contrario a la descolonización y lo manifestará con su apoyo a la OAS. El activismo será su motor y, desde el principio, este planteamiento atraerá a jóvenes activistas que desarrollarán en esos años una incesante labor en la calle. Se producirán enfrentamientos contra los nacientes grupos izquierdistas y con miembros del Partido Comunista. Inicialmente apoyarán la candidatura de Jean Marie Evrard, dirigente del Rassemblement National, que había apoyado al comité rival del CABDA y promovía una confederación belga–congoleña como alternativa a la independencia. El partido, fundado en 1957, fue la alternativa que el MAC encontró a su frustrado intento de unificar a todos los grupos nacionalistas francófonos. Evrard se presentaba a las elecciones en 1961 (y salió elegido). Pero, poco antes de los comicios, surgieron discrepancias y Nation Belgique, la revista de Thiriart rompió estridentemente con Evrard acusándolo de “arribista” y llamando al “voto en blanco”.

El MAC había contactado en Francia con Jeune Nation, la Fédération des Étudiants Nationalistes  y otros grupos favorables a la OAS y a la “Argelia francesa”. La revista de la OAS, Appel à la France, se publicó en la misma imprenta en la que se hacían las copias de Nation Belgique, y en esta revista se reproducían habitualmente los comunicados y manifiestos de la OAS. El MAC también participó en la red clandestina que albergaba a exiliados franceses y les facilitaba documentación.

Todas estas actividades no pasaron desapercibidas para los servicios de seguridad franceses y belgas, que actuaron en consecuencia. La distribución de Nation Belgue et Nation Europa fue prohibida en Francia el 20 de enero de 1961 y la policía belga realizó en enero de 1962, una quincena de registros en domicilios de cuadros del MAC que, además, vio sus cuentas bloqueadas por orden judicial. En febrero, Willie Godeau y Claude Dumont fueron detenidos y acusados de robo de pasaportes en el ministerio de Asuntos Exteriores, documentos que luego fueron utilizados por la OAS. Mientras, Thiriart permaneció en la cárcel, se formó una dirección provisional con Émile Lecerf y Paul Teichman. A todo esto, había que añadir que las charlas, conferencias y mítines que empezaba a realizar el MAC especialmente en la Bélgica francófona eran sistemáticamente atacados por miembros de la Jeune Garde Socialiste.

A pesar de todo el MAC consiguió crecer y, cuando se produjeron estas detenciones, contaba con 350 afiliados (la mitad en Bruselas). En torno a 60 eran estudiantes de la Universidad Libre de Bélgica, otros 50 estudiaban en la Universidad de Lovaina, y un número similar eran estudiantes de bachillerato. Con todos estos efectivos, se constituyó el MAC–Jeunes, uniformados con camisa azul, al estilo del falangismo español, y con brazales rojos con la cruz céltica en negro. Podía entenderse que los analistas políticos de la época reconocieran que el MAC era el único movimiento neo–fascista organizado en el país en ese momento[3].

 

En esos años, parecía bastante claro que el modelo por el que había optado Thiriart no era, ni el del MSI, ni el del SRP, esto es la “vía parlamentaria”, sino que se orientaba más había seguir los pasos del movimiento francés Jeune Nation[4]. Tanto en el MAC como en Jeune Nation pueden verse dos elementos comunes: juventud y activismo, fuerte anticomunismo e idéntica actitud hacia el proceso de descolonización y, finalmente, intento de que los problemas derivados de la independencia de las colonias desencadenasen un cambio político basado en el apoyo civil prestado a las fuerzas armadas para acabar con la partidocracia. Thiriart era consciente de que un proceso así tenía más garantías de realizarse, a través de una organización “político–militar” como la OAS francesa, en la que los cuadros procedentes de Jeune Nation tenían cierta importancia a la hora de elaborar la línea política y optó por apoyar a esta organización.

Si la CABDA fue una reacción primaria y emotiva a la pérdida del Congo y al triste destino de los colonos expoliados en el mejor de los casos, asesinados y torturados en el peor, el MAC fue el resultado de una reflexión política y de unos planteamientos estratégicos mucho más sólidos. Thiriart fue el primero en entender que una lucha como la que llevaba la OAS en Francia, no podía circunscribirse a un marco nacional; para ser efectiva, debía estar presente en varios países europeos, huir de una acción estrictamente francesa. Y, además, lo más importante: debía tener un aspecto nuevo, juvenil, revolucionario, activista y no ser una reedición del antiguo esquema electoralista que, en esos momentos, había dado buenos resultados en Italia, y concentraba los esfuerzos del neo–fascismo alemán. Pero, para llegar a ese estadio, era preciso realizar una “acumulación primitiva de fuerzas”.

No es que Thiriart, en ese momento, se negara a participar en los procesos electorales, es que era consciente, de que todavía no podía hacerlo con garantías ni medios. Por tanto, tenía abiertas otras posibilidades: la vía extraparlamentaria y activista que, mediante un golpe de audacia podía posibilitar algo parecido a lo que intentaba la OAS en Francia. Y, en cualquier caso, estaba dispuesto, tanto a imprimir los panfletos de la OAS como a sentarse con los representantes del MSI y del SRP. Ya en 1961–62, Thiriart demostraba una gran flexibilidad y una capacidad de adaptación a las más diversas situaciones. Algo que no disminuirá en los años que seguirán.

b) La conferencia de Venecia.

En 1951, se había creado el Movimiento Social Europeo, primer intento coordinación de distintos partidos neo–fascistas en Europa Occidental. La idea no prosperó y a ésta siguieron otras, protagonizadas por personalidades aisladas o que tenían detrás grupos muy minoritarios y poco representativos. La lista era amplia: la Oficina de Enlace Europeo, el Movimiento Popular Europeo, el Movimiento de Ordenación Social Europeo y, finalmente, el Nuevo Orden Europeo[5]. Todos estos grupos surgieron a lo largo de los años 50 y, a principios de los 60, aunque el neo–fascismo demostraba tener todavía una fuerza considerable en Europa Occidental, estaba claro que, al menos estas iniciativas de coordinación europea habían fracasado o demostraban tener un alcance muy limitado. Sir Oswald Mosley[6] fue el primero en percatarse de esta situación y, hacia mediados de 1961 empezó a moverse para lograr una coordinación efectiva.

Fue así, como, tras una larga gestación, el líder británico consiguió reunir en Venecia, del 1º al 4 de marzo de 1962 a los cuatro partidos que, en esos momentos, parecían tener un arraigo real en sus países. Se prescindió de fuerzas muy minoritarias o de partidos que, de una forma u otra, estaban presentes en el poder en España y Portugal. A diferencia de otros encuentros de este tipo, había que reconocer que, efectivamente, los cuatro movimientos convocados, era, al menos similares en importancia política y con cierta homogeneidad en sus programas. Estos movimientos eran:

– el Union Movement británica, representado por Oswald Mosley.

– el Socialistiches Reichspartei, representado por Adolf von Thaden.

– el Movimiento Sociale Italiano, representado por Giovanni Lanfré, conde Alvisio Loredan, A. Mellini Ponce de León y el capitán Taddei.

– el Mouvement d’Action Civique, representado por Jean Thiriart.

Se aprobó una “Declaración Europea”[7] en la que se aludía a la “Nación Europea” y su lectura da la sensación de que fue redactada, sobre todo, por Thiriart y Mosley. De hecho, Von Thadden y Lanfré actuaban en nombre propio y ni las direcciones del MSI, ni la del SRP consideraban la necesidad de un “partido europeo” en que deberían integrarse como “secciones nacionales”, ni estaban, según los estatutos de sus organizaciones, comisionados, ni capacitados para ello. Para estas dos formaciones políticas, de lo único que se trataba era de formar una “oficina de enlace” entre fuerzas convergentes. Nada más. Para Thiriart y Mosley, en cambio, de lo que se trataba era de la creación de un “partido” a escala europea, cuyas secciones nacionales iniciales serían los partidos que habían acudido a Venecia.

En la conferencia se acordó crear un “Partido Nacional Europeo”. La declaración fue, inicialmente, publicada por Action, revista de Mosley, el 15 de marzo de 1962. Se proponía una “Europa tercera fuerza” entre los EEUU y la URSS, se desdramatizó el problema del Tirol (que estaba generando graves conflictos entre neo–fascistas italianos y austríacos), se reivindicaba un tercio del continente africano para los europeos como forma de “poner fin al colonialismo”. Se consideraba también que norteamericanos y soviéticos eran verdaderos ocupantes de Europa y se pedía su retirada. Así mismo, se incluían una serie de reformas económicas (que, sin duda, fueron introducidas por Mosley)[8]. Hubo brindis y abrazos, pero la realidad era que todo estaba atado con alfileres y que, tanto Mosley como Thiriart, fueron demasiado optimistas en las semanas que siguieron sobre los resultados del encuentro[9]. Pronto el SRP y el MSI, dejaron claro que no estaban dispuestos a hipotecar su patrimonio político en beneficio del Partido Nacional Europeo que debía de haber salido de la declaración de Venecia.

Apenas cinco meses después del encuentro de Venecia se produjo una segunda reunión, ahora en Milán, del 30 de junio al 2 de julio de 1962. En este segundo encuentro, Von Thadden expresó que la creación de un “partido europeo” era prematura. A pesar de todo, y gracias al prestigio de Mosley como líder histórico del fascismo británico, se celebró una tercera reunión, apenas quince días después, ahora en Oestrich–Rheingau (Alemania), en donde quedó patente el fracaso de la operación. Y, aunque no se produjo una ruptura, lo cierto es que tampoco hubo ningún avance. Fue suficiente como para que Thiriart desembarcara de la aventura (y guardara cierto resquemor hacia Von Thadden y, en especial, hacia el MSI, partidos que reemprendieran las actividades en sus respectivos países, desconectados de cualquier otra iniciativa europea (no sería sino hasta 15 años después cuando Giorgio Almirante, secretario general del MSI, impulsó la creación de la “Eurodestra” de cara a las primeras elecciones europeas)[10].

Mosley se retiraría unos meses después de la primera fila de la lucha política. Von Thadden –como veremos– fusionó el SRP con otros partidos neo–fascistas, constituyendo el NDP del que sería presidente, mientras que el MSI prosiguió su trabajo en Italia tratando de forzar gobiernos de coalición de centro–derecha. Thiriart, por su parte, se convenció definitivamente de que los grupos neo–fascistas no estaban dispuestos a renunciar a su soberanía nacional en beneficio de un “movimiento europeo único y unificado” y decidió el lanzamiento unilateral de Jeune Europe: ese sería el “partido nacional–europeo”, cuya concepción salió de la decepción por los resultados de la conferencia de Venecia.

c) El lanzamiento de Jeune Europe.

Las ideas básicas que dieron vida a Jeune Europe, estaban ya incluidas en el Manifiesto a la Nación Europea publicado por Thiriart en 1961 como patrón doctrinal del MAC. De hecho, es difícil establecer el momento en el que desaparece el MAC y aparece Jeune Europa. Durante unos meses, el MAC aparece como la “sección belga” de Jeune Europa. Durante ese tiempo, sigue apareciendo la revista Nation Belgique, hasta que, finalmente, en enero de 1963, la cabecera se transforma en Jeune Europe. En ese momento se puede certificar la transformación completa del MAC en la nueva organización. A partir de entonces y en los dos años siguientes, la organización no dejará de crecer: dará que hablar en Bélgica y conseguirá extenderse a otros países europeos.

Thiriart era un fanático de la organización, además, había mantenido contactos con miembros de la OAS que le habían transmitido nociones y conceptos sobre la “guerra revolucionaria”. Estas nociones habían sido establecidas por la Escuela de Guerra Psicológica de Philipeville. Los militares franceses, aleccionados por la acción del Vietminh y del Frente de Liberación Nacional argelino, estudiaron sus técnicas, las unieron a estudios realizados en EEUU, y elaboraron un “patrón” al que llamaron: “guerra revolucionaria” o “guerra subversiva”. Durante los años 60 fueron muchos los libros en toda Europa, habitualmente, escritos por militares, que trataron sobre esta cuestión[11]. Estas obras fueron leídas, especialmente en el área francófona y en Italia[12] y, en general, eran productos del clima creado por la Guerra Fría. En toda esta literatura propia de la Guerra Fría, se pretendía exponer la metodología comunista de asalto al poder. Era fácil, que varios espíritus neo–fascistas, conscientes de la necesidad de una estrategia, analizaran este método y trataran de adaptarlo su lucha política[13]. Thiriart extrajo también algunas ideas que aplicó a la conducción de Joven Europa e, incluso, a su misma concepción doctrinal.

De hecho, lo más probable, es que el “leninismo organizativo”, del que hacía gala Thiriart, derivase directamente de estudios sobre la guerra antisubversiva, que de la lectura sistemática de los ideólogos y estrategas marxistas (lo que explica, en buena medida, el que cuando alude a “leninismo”, en realidad, esa doctrina organizativa –como veremos más adelante– tiene muy poco que ver con lo que Lenin expuso en ¿Qué hacer?[14]). Así mismo, la idea de una “escuela de cuadros”, verosímilmente, procede también de las sugerencias aportadas por los textos sobre “guerra subversiva”.

Thiriart definiría en 1964 su modelo organizativo como “jacobino y leninista”, eufemismos para evitar una palabra y un concepto mucho más visible: “centralizado”. Idealmente, no deberían existir “secciones nacionales”, sino lo que él llamaba “un movimiento europeo integrado”. Consideraba que este modelo esta mejor adaptado para superar la “Europa de las patrias” y la “Europa de las cien banderas”, es decir, respectivamente, la Europa de los pequeños nacionalismos y la Europa de las etnias.

Capítulo aparte merece lo que Thiriart llamo “Brigadas Europeas”, que, en el fondo, obedecía a una reconducción en sentido inverso de las ideas contenidas en el esquema de acción revolucionaria bolchevique. En los textos antisubversivos se insistía en que los partidos comunistas, tras una etapa de creación de infraestructuras, agitación y propaganda y ampliación de su base popular, en la última fase de la guerra revolucionaria (la de ofensiva estratégica), trataban de asaltar el poder mediante la insurrección armada. Thiriart en su libro[15], evidenciaba la rabia y la impotencia que había generado el abandono de los sublevados en Budapest contra la dominación soviética en 1956 y afirmaba que una de las misiones del “movimiento europeo integrado” sería, en el futuro, poder enviar “brigadas europeas” para apoyar estas rebeliones. Además, había visto muy de cerca la experiencia de la OAS –en la que los militares y civiles que formaron parte de la organización, se habían nutrido directamente de los patrones de la Escuela de Guerra Psicológica–, analizó sus errores, pero no condenó en absoluto, el recurso a las armas como un elemento estratégico más de la “guerra revolucionaria” que aspiraba a llevar a cabo.

En teoría, los grupos de Joven Europa estaban constituidos por un esquema que se reproducía en cada uno de ellos y que era el espejo del aparato central: un dirigente, asistido por una dirección compuesta por cinco departamentos: educación política, administración propaganda, acción e inteligencia.

A pesar de estas ideas integradoras, centralizadas y unitarias, la historia de Jeune Europa en Bélgica es la de desacuerdos permanentes, crisis y escisiones, acompañadas de un gran despliegue activista. Inicialmente, en el MAC se encontraban presentes algunos nacionalistas belgas que no compartían las posiciones europeístas de Thiriart. Estos aumentaron su oposición ante la colaboración prestada a la OAS y, finalmente, se retiraron, asumiendo la dirección el trío compuesto por Thiriart y flanqueado por Emile Lecerf y Paul Teichman. Los tres eran partidarios de una acción a nivel europeo y, dado los fracasos anteriores en este campo, optaron por crear ellos mismos una red provista de una dirección única.

Los años de 1961 a 1964 registraron un ascenso constante del nivel de militancia que llegó, a nivel europeo, a su techo en 1965 (cuando la organización reivindicó 5.000 afiliados en sus distintas secciones nacionales, de importancia muy desigual, como veremos). Pero en ese momento ya se habían producido las grandes crisis en la rama belga que terminaron desmantelando por completo la organización. En 1964, apenas quedaban 200 afiliados en Bélgica que habían descendido a 66 en 1966 y a 300 en toda Europa[16]. La organización italiana, en ese momento, suponía dos tercios del total de efectivos. Algunas delegaciones, como la alemana, contaban únicamente con una decena de miembros.

Los momentos álgidos en la vida de Jeune Europe en esos años fueron su presencia en las protestas contra la conferencia Khrushchev–Kennedy en Viena (encuentro que Thiriart calificó como “nueva Yalta”) que dieron algo que hablar, aunque su eco fue débil en casi toda Europa. Más importante fue su participación en la huelga de médicos que tuvo lugar en Bélgica en abril de 1964 y su apoyó a Moisés Tsombé durante la secesión de Katanga (incluso, algunos miembros de Jeune Europe, marcharon como mercenarios para combatir como asesores tácticos del ejército katangueño). Durante ese período, los repartos de panfletos serán constantes, se convocan mítines y conferencias sobre temas de actualidad (apoyo a la lucha por el mantenimiento de las colonias africanas vinculadas a Portugal, apoyo al gobierno Sudafricano, reformas constitucionales y disminución del número de parlamentarios, prioridad en las atribuciones de empleos públicos a los antiguos militares, protección de la pequeña y mediana empresa ante los holdings, ejército europeo integrado provisto de una fuerza nuclear autónoma, etc)[17]. Probaron, sin éxito, presentarse en algunas elecciones locales en 1964.

El “envoltorio” con el que Thiriart supo envolver estas ideas, resultaba mucho más “presentable” y atractivo, especialmente para la juventud, que otras iniciativas del neo–fascismo, en ocasiones marcadas por una deriva excesivamente derechista (común a las formaciones neofascistas que habían optado por la vía parlamentaria) o que aquellas en las que estaba presente un innegable aspecto nostálgico.

Thiriart aspiraba a que su organización fuera políticamente efectiva y esto era mesurable siguiendo su progreso y aplicando las correcciones necesarias. El gran drama para Thiriart y lo que, a partir de esa época, le hizo desconfiar de militantes muy jóvenes o con poca experiencia política, era que la estética y el “envoltorio” de sus ideas atraían mucho más que el fondo de su pensamiento. Muchos de los afiliados a Jeune Europe, se sentían atraídos por la “dimensión europea”, pero no compartían la totalidad de las posiciones de Thiriart (ni siquiera en la cúpula de la organización). El gran problema era la concepción de Thiriart sobre la “Europa Nación”. Nunca había engañado en este aspecto: él mismo era el primero en autodefinirse como “jacobino”. Y este era el gran problema: “su proyecto atraía a los neo–nazis, pero estos rechazaban el jacobinismo anti–völkisch de Thiriart”[18]. En aquella época, el elemento “völkisch” (o “folkista”), implicaba atribuir una importancia decisiva a la etnia y a formulaciones “racialistas” inspiradas en algunos enfoques propios del Tercer Reich y del NSDAP. Esta fue una de las cuestiones que caracterizaron al grupo Nuevo Orden Europeo, diferenciándolo del Movimiento Social Europeo, que prescindía absolutamente de la componente “völkisch”. Pues bien, estas mismas posiciones se reprodujeron en el interior de Jeune Europe.

En Bélgica, la sección flamenca estuvo dirigida por Fred Rossaert, Karl Van Marcke, Luc Pauwels y Werner Caluwe, y siempre planteó problemas a Thiriart que, finalmente, optó por expulsarla. En efecto, en mayo de 1963, todos los dirigentes de Jong Europa, la sección flamenca, fueron excluidos. Fue lo que se llamó “liquidación del gueto nazi en Anvers”[19]. Los expulsados fundaron poco después el Europafront y terminaron en la órbita del Nuevo Orden Europeo. Pero éste no sería el único problema.

A finales de 1964, la rama estudiantil, la Fédération Général des Etudiants Européens, abandonó el movimiento, también se dieron de baja el doctor Teichman y Emile Lecerf (que firmaba sus artículos como “Coriolano”), redactor jefe de Jeune Europe. Y esta segunda crisis si resultó insuperable para el movimiento. Quedaba una minúscula rama obrera presidida por van den Broek que permanecería en Jeune Europe hasta octubre de 1965, para fundar luego la Union des Syndicats Communautaires Européens.

Todas estas escisiones, además de suponer golpes al crecimiento de la organización, obligaron a Thiriart a un replanteamiento de los objetivos y métodos. En Octubre de 1965 creó la “escuela de cuadros”. La organización había entrado en un período de reflujo: si 1960–61 había sido la época de la reacción contra la descolonización, 1961–62 el período de apoyo a la lucha por la Argelia Francesa, 1963–1964 la época de activismo desenfrenado, en 1965, la realidad se imponía: el partido había demostrado no estar en condiciones de ser una opción parlamentaria (que, además, Thiriart rechazaba), sino que, además, tampoco podía ser una fuerza activista (al haber perdido a los jóvenes que habían desempeñado hasta entonces esta tarea). Ahora, con la “escuela de cuadros”, el problema era cómo asegurar la formación de los futuros dirigentes de una organización que empezaba a estar esquelética de militancia, especialmente en la matriz belga.

Con la intención de rectificar el rumbo y haber aprendido de los pasos anteriores y, al mismo tiempo, dar contenidos a la “escuela de cuadros”, Thiriart inició una reflexión en profundidad. El resultado fue la mutación sufrida por Jeune Europe en enero de 1966: la cabecera de la revista pasó a llamarse La Nation Européenne, y la organización cambió el nombre por el de Parti Communautaire Européen (PCE). Se abandonó el uso del uniforme y desapareció la cruz céltica. En principio, La Nation Européenne no aparecía vinculada ni a Jeune Europe, ni a su transformación, el PCE. Sin embargo, en otros países –España, por ejemplo– la red siguió considerándose vinculada a Jeune Europe.

En Italia, cristalizó el movimiento de Thiriart e, incluso lo superó en importancia numérica, aunque no en proyección política. En efecto, en el marco del neo–fascismo italiano de los años 60, Giovane Europa era uno más de los muchos grupos extraparlamentarios. Les caracterizaba cierta constancia en la publicación de revistas. A pesar de ser la “sección nacional” más fuerte de Jeune Europe, solamente estaba presente en algunas ciudades del norte de Italia: Milán, Brescia, Turín y Génova.

Giovane Italia se formó como una prolongación de la actividad de Giovane Nazione. En la elección del nombre se debe a la influencia del grupo francés Jeune Nation. Se trató de una organización casi completamente estudiantil, dirigida por Pierfranco Bruschi y Renato Cinquemani. Oficialmente, la fundación del grupo Giovane Nazione tuvo lugar en 1960. En los años siguientes, su actividad puede seguirse por los doce boletines interiores que publicaron entre noviembre de 1962 y noviembre de 1963. Sin embargo, desarrollaron contactos con el exterior, por lo que no es de extrañar que en el primer congreso de la formación se reunieran 60 jóvenes en Bolonia el 4 y 5 de mayo de 1962, con la presencia de Jean Thiriart y Oswald Mosley. Quizás, lo más significativo de ese encuentro, además de estas dos presencias, fuera el anuncio de la creación de una red de Joven Europa en el Alto Adigio, independiente de la italiana y de la austríaca. Inmediatamente, el grupo empezó a publicar la revista Europa Combattente y, significativamente, el Manifesto alla Nazione Europea [20].

Consciente de su debilidad, el grupo trató de fusionar diversos grupos similares en una Alleanza Nacional Rivoluzionaria cuya reunión preparatoria tuvo lugar el 27 de octubre de 1963. Pero la iniciativa cuya intención era constituir un polo unificado de oposición al MSI, no terminó de cristalizar. En efecto, los dos grupos neo–fascistas más significativos que existían en ese momento, el Centro Studi Ordine Nuovo y Avanguardia Nazionale Giovanile, no la apoyaron. Sin embargo, este encuentro tuvo un efecto benéfico para Giovane Nazione que recibió la adhesión de algunos grupos locales que asistieron al encuentro.

En febrero de 1964, la revista del grupo apareció con el número 4, pero Europa Combattente ya no aparecía como el órgano de Giovane Nazione, sino de Giovane Europa[21]. Entre 1964 y 1966, los grupos locales se multiplicaron y era habitual que cada uno de ellos publicara un boletín ciclostilado. A pesar de que el grupo napolitano publicaba el boletín Gioventú Europea, en su conjunto seguían dominando la organización los del norte de Italia, sin contar con una presencia operativa en Roma. A diferencia de la central belga que periclitó a partir de 1964, la rama italiana conoció su mejor momento en 1968–69. Con todo, Claudio Mutti reconoció que, en el mejor momento, apenas tuvo un centenar de afiliados. Lo cierto es que, a medida que se producían las mutaciones internas en el grupo (de Giovanne Nazione a Giovane Europa en sus distintas fases de desarrollo), Giovane Europa hizo gala de cierta intransigencia doctrinal (que correspondía directamente a la impronta impresa por Thiriart), pero esto hizo que se malograran algunas iniciativas (la creación del Movimento Studentesco Europeo, por ejemplo) y que el movimiento quedara aislado –y enfrentado– tanto al MSI, como a la izquierda (que lo veía como un movimiento neo–fascista más), incluso a otros grupos nacional–revolucionarios y extraparlamentarios de la época.

La aventura terminó tardíamente en el congreso que llevó a la disolución de la organización en junio de 1970. Algunos militantes pasaron a la extrema–izquierda, otros volverían a grupos neo–fascistas, otros realizarían tránsitos, más o menos breves, por diversos partidos, desde la Democracia Cristiana al Partido Socialista, y unos cuantos contribuyeron a dar vida a Lotta di Popolo (los grupos de Roma, Milán e Imperia) mientras que los napolitanos trabajarían con Avanguardia di Popolo que terminó convergiendo con la sigla anterior (Enzo María Dantini y Ugo Gaudenzi) constituyendo la OLP, Organizaciones Lotta di Popolo.

Si el grupo italiano consiguió mantenerse hasta más allá de la disolución de la central belga, fue gracias a la politización mucho mayor de la sociedad italiana que de la sociedad belga. Además, existía un sustrato neo–fascista mayor, especialmente entre la juventud.

La sección española de Joven Europa debutó en 1962, formada por falangistas, la mayoría estudiantes, algunos muy jóvenes, con bases especialmente en Madrid, Santander y Zaragoza; se extinguió en 1968, aunque en 1969, todavía pudimos cartearnos con su representante en España que seguía utilizando papel con el membre de la organización. Sus miembros eran jóvenes falangistas inquietos, algunos de ellos disidentes del régimen. El Manifiesto a la Nación Europea se imprimió en castellano y aparecieron algunos boletines durante ese período. Hacia 1967 solamente quedaba activo el grupo de Santander dirigido por Pedro Vallés y José Antonio Camporredondo. Es significativo que los miembros de Joven Europa en España adoptaron, luego, posiciones políticas completamente divergentes: unos volvieron al falangismo del que habían partido, pero unos lo hicieron a su vertiente franquista (el propio Vallés), otros mostrarían tendencias antifranquistas que no manifestaron exteriormente, mientras que otros acabarían en los medios hedillistas de los años 70, también, por supuesto, hubo quienes realizaron una carrera política local en los medios de la derecha liberal (Sebastián Contín) y quienes optaron por la derecha–nacional y los ambientes neo–nazis.

Los grupos suizo y portugués, dirigido por Zarco Moniz Ferreira, tuvieron muy poca importancia y fueron episódicos. En Francia, Jeune Europe, a pesar de los contactos mantenidos con la OAS y Jeune Nation, nunca estuvo en condiciones de contar con un grupo que adhiriera a la organización europea. Aparentemente, Europe–Action fue el grupo que tenía más concomitancia con Jeune Europe. Pero sólo aparentemente: existían dos profundas divergencias doctrinales: por una parte, Thiriart hablaba de la “Europa Nación”, mientras que Europe Action era mucho más favorable a la “Europa de las etnias”, esto es, constituida a partir de las regiones europeas, lo que, implicaba, de hecho, que el jacobinismo de Thiriart era rechazado de plano. Por otra parte, Europe Action, aun manteniendo una postura similar a la de Thiriart en materia de oposición a la descolonización, difería de éste en que no se dirigía a la “Europa” continental, sino, más bien, a “Occidente”, esto es, a los “pueblos blancos” de Europa y de los EEUU. A pesar de que los dos grupos mostraban como emblema la cruz céltica, sus diferencias eran innegables. Sin embargo, Europe–Action y la Fédération des Étudiants Nationalistes, su soporte humano y militante, eran hegemónicos en Francia. Solamente una escisión de este grupo en París, contactó con Thiriart formando en febrero de 1964 el Front Universitaire Européen que duró apenas dos meses[22]. La mayor parte de escindidos de la FEN, terminaron convergiendo con otros sectores para dar vida al Mouvement Occident. Tardíamente, en 1966, se intenta fundar una rama francesa de Jeune Europe, por Jean–Claude Jacquard, que tendrá una importancia muy limitada. En ese momento, ya se habían producido escisiones y expulsiones en Bélgica y una parte del grupo francés se alineó con los disidentes, organizando la Fédération Général des Étudiants Européens (FGEE), casi todos estudiantes de ciencias[23] que tampoco llegó muy lejos. Deberían de pasar dos años para que, tras la disolución del Mouvement Occident, algunos miembros de este grupo pasaran a editar la publicación Pour une Jeune Europe que, realizaba una síntesis de los temas de Europe–Action, de la Jeune Europe de Thiriart y de los grupos “socialistas europeos” que habían surgido de la FGEE. Tampoco este intento –que ya no estaba ligado a Thiriart– pudo cristalizar y fue completamente eclipsado por la creación de Ordre Nouveau[24].

A lo largo de 1965 y, especialmente, desde 1966, se hizo evidente el cambio de orientación. Thiriart empezó a abandonar la equidistancia implícita en la consigna “ni USA, ni URSS”. Aumentó la carga de sus ataques contra el “imperialismo americano”, mientras disminuía –hasta casi desaparecer– las invectivas contra los soviéticos. Desapareció, igualmente, cualquier referencia al colonialismo y, en su lugar, aparecieron, progresivamente, la temática pro–palestina y Thiriart demostró estar interesado en las “luchas de liberación” que se estaban dando en ese momento en el Tercer Mundo. Poco a poco, desarrolló su “teoría cuatricontinental”[25] y pasó a considerar a China y a los movimientos de liberación iberoamericanos como “aliados objetivos”. Finalmente, estableció que los países que se mostraban “rebeldes” a Moscú (en aquel momento, Albania, Rumania y, sobre todo, Yugoslavia) serían los pilares de la liberación europea en el Este. El giro, como puede intuirse, había sido copernicano.

Se entiende perfectamente que todas estas tesis y elementos de propaganda chocaran con lo defendido por los antiguos militantes de Jeune Europe que habían vivido la época del MAC. En apenas un lustro se había pasado de defender la continuidad de la presencia europea en el Congo y en Argelia, a condenar cualquier forma de colonialismo en virtud de la “liberación nacional”. Sin embargo, Thiriart había llegado empíricamente a todas estas conclusiones, y, con su lógica implacable, estaba dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias. De hecho, una vez establecidas las nuevas prioridades y orientaciones, se trataba de ver de dónde podía proceder la financiación: ¿China? ¿los países disidentes del bloque soviético? ¿el mundo árabe? Tales fueron las tres direcciones hacia las que apuntó Thiriart.

Y aquí estamos ya asistiendo a un capítulo completamente diferente, sin duda, el más polémico de la trayectoria de Jean Thiriart.



[1] Para una historia de la OAS, véase Revista de Historia del Fascismo nº XLV, marzo-abril 2016, págs. 140-187.

[2] El manifiesto fue publicado originariamente en el nº 59 de Nation Belgue, fechado el 1º de septiembre de 1961. El texto completo ha sido publicado en la Revista de Historia del Fascismo, nº LXIV, Octubre-Noviembre 2019, pág. 199-205.

[3] “El MAC es actualmente el único movimiento fascista serio y organizado en Bélgica. Su ascendente (relativo, pero cierto) sobre la juventud estudiantil y burguesa hace de él una organización dinámica. El hecho de que el MAC rechace jugar el juego parlamentario -a la inversa de otros pequeños grupos de extrema-derecha- podría valerle el apoyo de elementos poujadistes de las clases medias decepcionados por los políticos tradicionales y… no tradicionales. El MAC es llamado a desarrollarse recuperando a los elementos más “duros” de toda la extrema-derecha belga”. Michel Georis, periodista belga y antiguo dirigente de los Jeunes Gardes Socialistes. Citado en Vouloir, http://www.archiveseroe.eu/thiriart-a112820164, artículo Hommage à Jean Thiriart (1922-1992).

[4] Revista de Historia del Fascismo, nº V, Abril de 2011, artículo: 1949-1962, Jeune Nation: cuando el nacionalismo francés renació en la postguerra, págs. 152-177.

[5] W. Smoydzin, op. cit., págs. 50-80 y La ofensiva neo-fascista, E. Cadena, Ediciones Acervo, Barcelona, 1977), pág. 213-222.

[6] Sobre Mosley, véase el número monográfico de la Revista de Historia del Fascismo, nº LXIII, agosto-septiembre 2019. “Sir Oswald Mosley y el fascismo británico”, por Remy Tremblay. Thiriart siempre manifestó una gran admiración hacia Mosley y, de hecho, en el ámbito neo-fascista solamente “salvaba” a Maurice Bardéche y al británico.

[7] Ibid., pág. 149-153.

[8] Véase el texto completo de la Declaración de Venecia en Oswald Mosley, du fascisme au nationalisme européen, Antología de textos de Mosley, Editions Ars Magna, 2019, págs. 747-749.

[9] “El Protocolo de Venecia traducía las opiniones de Mosley y las mías propias […]. Fueron aceptas, fácil y pasivamente, por von Thadden y las gentes del MSI. De hecho, hoy pienso, veinte años después, pienso que ni von Thadden, ni los del MSI tenía la menor intención de respetar las firmas”. Declaraciones de Thiriart, incluidas en Y. Sauveur, op. cit., pág. 61-62.

[10] Cf. Revista de Historia del Fascismo, nº LIV, monográfico El MSI (1946-1995) – La llama del Renacimiento, por Massimo Magliaro, enero-febrero 2018, pág. 176.

[11] En España, figura de manera destacada, como paradigma de esta tendencia, el libro La guerra política, José Díaz de Villegas, Ediciones del Movimiento, Madrid, 1966.

[12] Del 3 al 5 de mayo de 1965, se celebró en Roma, en el Hotel Parco dei Principi, el llamado Convegno sulla guerra rivoluzionaria, organizado por el Instituto de Studi Militari Alberto Pollio, en el que participaron algunos dirigentes del neo-fascismo italiano. La actas y el listado de participantes pueden encontrarse en La guerra rivoluzionaria – Atti del Primo Convegno organizzato dall’Istituto Pollio, Giovanni Volpe Editore, Roma 1965

[13] El autor de estas líneas también elaboró una síntesis con el título Minimanual de Lucha Política en 1973 en el que trataba de extraer conclusiones y adaptar de las experiencias “subversivas” que estaban teniendo lugar en aquellos momentos en Iberoamérica, a las que añadió lo aprendido en el curso que dio Stefano delle Chiaie en España, sobre la “guerra revolucionaria”. De aquel “Minimanual” solamente se imprimieron 15 copias que se distribuyeron entre cuadros neo-fascistas de la época. Posteriormente, algunas partes fueron reeditadas en cuadernos de Ediciones Alternativa en los años 80.

[14] Existen decenas de ediciones de esta obra de Lenin. La más accesible en el momento actual es la publicada en https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1900s/quehacer/que_hacer.pdf, que reproduce en PDF el texto publicado en 2010 por el Ministerio del Poder Popular para la Comunicación y la Información de la República Bolivariana de Venezuela.  

[15] ¡Arriba Europa!... op. cit., pág. 184.

[16] Estas cifras -que, como siempre son cuestionables- están registradas en Le Monde vu de la plus extrême droite, Nicolas Lebourg, Presses Universitaires de Perpignan, 2010, pág. 32. El autor para elaborar esta obra con testimonios y documentación facilitada por personas que se sintieron herederas de la obra de Thiriart, pero también recurrió para elaborarla a documentación oficial.

[17] Courrier Hebdomedaire du CRISP, nº 642-643, 26 de abril de 1974, “L’extreme-droite en Belgique (1)”, pág. 23.

[18] N. Lebourg, op. cit., pág. 32.

[19] Jeune Europe, nº 145, 31 de mayo de 1963.

[20] Los datos sobre Giovane Nazione han sido extraídos del artículo de Yannick Sauveur, escrito en 1980 y reproducido en varias webs y en castellano en https://niekischtranslationproject.wordpress.com/

[21] Se publicaron tres números de Europa Combattente en 1963, otros tres en 1964, cinco en 1965 y 9 en 1966. A partir de entonces la revista fue sustituida por La Nazione Europa. La tirada media era de 5.000 ejemplares (Sauveur, op. cit.).

[22] Les mouvements d’extreme-droite en France depuis 1944, François Duprat, Editions Albatros, Paris, 1972, pág. 126. Duprat evalúa en 7 u 8 militantes la “fracción nacional-europea” de esta escisión.

[23] Ibid., pág. 176.

[24] Ibid., pág. 184-85.

[25] En síntesis, la teoría de Thiriart sostenía que los EEUU no podrían soportar una ofensiva realizada en cuatro frentes: los tres frentes tradicionales en los que habían surgido “movimientos de liberación nacional” (Asia, África y América Latina) a los que había que sumar el “frente europeo”. La tesis es muy cuestionable desde todos los puntos de vista y su mismo enunciado remite al infantil: “todos contra el chulo del patio de colegio”. Suponía no considerar los equilibrios regionales, ni las contradicciones que se daban en el interior de cada uno de estos bloques geopolíticos, suficientes para hacer impensable una acción coordinada contra el “imperialismo norteamericano”. La teoría tenia como intención enlazar con otras ideas desarrolladas por Thiriart en la misma época (en especial la de las “Brigadas Europeas”), la concepción de su movimiento como un “movimiento de liberación nacional”, y tomar en consideración ideas en boga en la izquierda radical anti-imperialista, tratando de situarse a su lado.

 

 

 

  










martes, 26 de agosto de 2025

AÑOS 60: LA ENCRUCIJADA DEL NEOFASCISMO (2ª PARTE) - EL EXTRAÑO CASO DE JEUNE EUROPE


El extraño caso de Jeune Europe como paradigma

El título de este capítulo puede sorprender: “extraño”, implica algo distinto a lo habitual, a lo que es normal o natural, y, en sí mismo, contiene algo que resulta extraordinario o inexplicable que causa curiosidad, interés o sorpresa. Tal fue el impacto que generó la irrupción de Jeune Europe en los distintos países en los que estuvo presente. El mismo fundador de la organización, Jean Thiriart, después de la desintegración de la misma, paso al silencio y a ejercer su profesión de óptico, para volver a sorprender reapareciendo en los años 80 con declaraciones que siguieron sorprendiendo hasta el momento mismo de su muerte.

Es difícil describir a la persona “Jean Thiriart” (su seudónimo) se cuidó de que apenas se publicaran más datos sobre él que los facilitados por él mismo y mucho más aún al doctrinario (en distintos momentos de su vida fue neo–fascista, nacionalista, colonialista, anti–colonialista, europeísta, neo–fascista, nacional–bolchevique, maquiavelista–leninista–jacobino, tercerista, euro–asista) que atravesó por tres etapas muy diferentes a las que aludiremos (especialmente a las dos primeras) en este estudio.

Jean Thiriart es él mismo, el resumen del tema de este Dossier: todo depende de la fecha a la que nos refiramos, encontraremos a Thiriart en una u otra posición. Era la actitud propia, no solamente de un espíritu inquieto, sino también de una personalidad suficientemente aguda como para percibir que “algo falla” en cada actitud que adopta, y que, por razonada que sea, no logra avances visibles sobre el plano político y eso le impulsa a no detenerse allí y seguir formulando nuevas teorías. Y así hasta el momento mismo de su muerte. Esto hace que su evolución fuera difícil y tortuosa para quienes decidieron situarse en su estela. Para la mayoría de ellos –para nosotros mismos– siempre hubo un momento en el que ya no estuvimos en condiciones de seguir sus cambios de posición, ni su progresivo reduccionismo geopolítico[1]. Sin embargo, siempre tuvo atractivo para nuevas generaciones, inquietas como él, y deseosas de discurrir por caminos poco trillados. Es cierto que, a partir de la segunda mitad de los años 60 y hasta nuestros días, era preciso mirar toda su evolución empieza a percibirse una “ruptura” y una brecha en su pensamiento que él justificó en nombre del “realismo”, pero que, en realidad, lleva por otro camino muy diferente: vive de ilusiones más que de realidades.

Cuando volvió a salir a la superficie, Thiriart –especialmente en 1982– gustaba presentarse como un “doctrinario de lo racional, un doctrinario del materialismo”, añadiendo: “No me apego sistemáticamente a una opinión, sino a un método de pensamiento. Este método es el del materialismo científico (…) Estoy a favor de la investigación inductiva opuesta a la especulación ideológica”[2]. No era este mismo planteamiento el que tenía veinte años antes cuando Jeune Europe se encontraba en el momento más álgido, ni lo que había suscitado la adhesión de unos miles de jóvenes esparcidos por toda Europa. Unas líneas antes de estas citas, Thiriart recordaba que se le había prohibido entrar en Suiza, Francia, Inglaterra y Austria y, significativamente, mencionaba que, en cambio, había recorrido Transilvania mochila al hombro y la República Democrática Alemana[3]. Estos textos están separados apenas por 10 líneas y, sin embargo, al “materialista científico” no se le había ocurrido pensar que, si podía entrar en Rumania o en la Alemania comunista, y no en Francia o en Inglaterra, era porque nunca había tratado de lanzar su movimiento en estos países, nunca había realizado críticas a sus regímenes y en cambio había mantenido iniciativas y relaciones, como mínimo, problemáticas en algunos países occidentales. Era algo elemental, pero en esa época (1982), Thiriart había pasado a admirar a cualquier país que permaneciera en el bloque comunista y a odiar todo lo que tuviera que ver con “Occidente”, entendiendo como tal, el bloque ubicado en torno a los EEUU.

El problema de Thiriart es que no puede estudiarse su papel, su evolución y su figura, sin atender a su compleja y casi indescifrable personalidad. En las dos horas que duró la entrevista que mantuve con Thiriart (acompañado por Enrique Moreno y Joan Colomar) en el Hotel Majestic (en 1991, apenas seis meses antes de su fallecimiento), pude comprobar que todo lo que me habían contado de él, habitualmente, admiradores, era cierto: autoritarismo[4], falta de empatía y sutilidad, un ego excepcionalmente desarrollado acompañado de cierto narcisismo, maniqueísmo (o se estaba con él o se estaba contra él y quien estaba contra él era tachado de “tonto”, “loco”, “primitivo”[5], etc.). A lo largo de la conversación, se empeñaba en mostrar una superioridad intelectual, no reconoció absolutamente ningún error en la conducción de Jeune Europe y solía atribuir cualquier fracaso a otros.

Era, ciertamente, una personalidad complicada de tratar. En alguna ocasión, especialmente, al inicio de nuestra conversación, aportó algunos datos que, me consta, no correspondían a la realidad (concretamente, sus relaciones con el Coronel SS Otto Skorzeny durante la Segunda Guerra Mundial) y que, sin duda, tenían como intención impresionar a unos “jóvenes” como nosotros. Me habían advertido antes –y no precisamente un adversario político, sino Yves Bataille, fundador de Lutte du Peuple, uno de los más próximos a la teoría de Thiriart desde principios de los 70, que fue con Yannick Sauveur a Bruselas para entrevistarse con él en 1973–, que era mejor leer sus obras que conocerlo personalmente.

La conclusión que saqué de aquel encuentro es que era muy difícil que una personalidad así pudiera ser el líder de un movimiento político a escala continental, como el que pretendió crear. Él mismo se definía en aquella época como “doctrinario”. Lo era, pero también asumía el liderazgo de la organización. En lo que a mí se refiere, siempre he reconocido que “el primer Thiriart”, el autor de ¡Arriba Europa! [6], influyo extraordinariamente sobre toda una generación que aceptábamos y nos reconocíamos en el calificativo “neo–fascista”. Y, como siempre, los años, la evolución del propio Thiriart, el conocimiento de lo que era la lucha política, marcó algunas distancias, pero siempre hemos mantenido en un lugar privilegiado de nuestra biblioteca el libro que leímos en 1968 y que nos ayudó a superar un plano estrictamente nacional y asumir una “dimensión europea”[7].

Algunos datos sobre Jean Thiriart

Todo lo que se sabe sobre el nacimiento, la infancia y la juventud de Thiriart, está recogido en la obra del que fuera partidario de sus teorías Yannick Sauveur[8]. La tesis de Sauveur sobre Thiriart contiene muy pocos datos sobre su vida y en su libro Qui–suis je? Thiriart, escrito en 2016, tampoco aparecen nuevos datos biográficos relevantes (salvo los relativos a su profesión de optometrista y su participación en asociaciones europeas de esta especialidad). Otro tanto ocurre con la obra de Lorenzo Disogra dedicada a Thiriart[9]. Sin embargo, es posible reunir algunas informaciones dispersas aquí y allí que resultan significativos.

Thiriart declaró a Sauveur que su familia era “pequeño–burguesa con una orientaci ón anticlerical y liberal de izquierda”. Su padre, nació en 1883 y su madre, luxemburguesa, en 1898. En las muy escasas ocasiones en las que Thiriart hablaba de su juventud en el curso de entrevistas, se autodefinía como “autodidacta” y con provisto de “una gran curiosidad intelectual”. Montesquieu, Rousseau y Voltaire, fueron sus lecturas de cabecera a los 16 años[10].

Thiriart revela algunos de estos datos a mediados de los 70 a Sauveur y en 1982 a Gil Mugarza, que le sirven para describir un ambiente familiar de izquierda burguesa que “calificaba positivamente a la URSS”, con lo que convertía en lógica su adhesión a la “izquierda socialista y antifascista en su juventud”. Se ha escrito que militó en la Jeune Garde Socialiste y en la Union Socialiste Antifasciste[11], aunque por la edad, debió de tratarse de una militancia episódica, sin ninguna repercusión real, casi a título de currículo.

En efecto, en 1939, cuando comienza la Segunda Guerra Mundial, Thiriart tiene 17 años. Los datos biográficos de este período escasean. Porque si, su compromiso con la “izquierda socialista y antifascista” fue a los 16 años, no termina de entenderse el dato de que trabajase con “Theodore Kassemeier, director del Der Deutsche Fichte–Bund” [12]. Vale la pena dedicar unas líneas a esta organización.

Fundada en 1914 como Reichsbund für Deutschtumsarbeit, su ideología era “völkisch”. En los años 20 cambió el nombre por el de Deutsche Fichte–Bund y se convirtió en uno de los motores del Ministerio de Ilustración Pública y Propaganda, orientado para influir en la opinión pública internacional. Durante la República de Weimar, esta organización se preocupó especialmente de combatir las consecuencias para Alemania del Tratado de Versalles y defender la inocencia alemana en el estallido de la Primera Guerra Mundial. Buena parte de los panfletos, circulares y folletos que editó eran de carácter antisemita. A partir de 1940, el Fichte–Bund abrió oficinas en países ocupados y financió iniciativas locales de carácter “colaboracionista”. Los cuatro puntales de distribución de esta propaganda fueron Hamburgo, Viena, Praga y Biarritz. Buena parte de este material pasaba por puertos españoles. En 1945, la organización fue declarada en el Tribunal de Nuremberg como “influenciada por el nacionalsocialismo” y, por tanto, el personal que había ocupado cargos en ella debía de ser “examinado cuidadosamente”[13].

No se entiende como Thiriart buscó el contacto con esta organización en 1939, cuando solo unos meses antes militaba en “la izquierda socialista y antifascista”, si bien es cierto que, una de las publicaciones que distribuía eran los cuadernos de La Joven Europa, Hojas de los Combatientes de la Juventud Estudiantil Europea, publicadas a partir de 1942[14]. Esta revista se publicó en 14 idiomas, colaboraban plumas destacadas de cada país y, seguramente, influyó en Thiriart cuando tenía 20 años. Pero, tanto en el caso de su relación con Kessemeier y con el Fichte–Bund, como en el de la revista La Joven Europa, Thiriart se muestra remiso a facilitar datos.

Sin embargo, desde los años 60, se publicó en toda la prensa que Thiriart, durante la guerra había colaborado con el movimiento Les Amis du Grand Reich Allemand (AGRA). Esta asociación había sido creada en 13 de marzo de 1941, impulsada por la delegación de la SIPO–SD[15] en Bruselas. Llegó a tener 2.500 afiliados en el otoño de 1942, especialmente en Lieja, en un 80% de origen proletario. Thiriart justifica su adhesión alegando que la AGRA había sido creada para “contrarrestar la presencia del movimiento conservador católico Rex”. Y es rigurosamente cierto que los alemanes crearon esta asociación para tratar de influir en el Rex, el partido fascista mayoritario, pero cuando se inició la Operación Barbarroja, Leon Degrelle optó por adherirse a la campaña antibolchevique y la AGRA pasó a ser una organización que colaboraba en la distribución de propaganda alemana[16]. El emblema de la AGRA era la “rueda solar”.

No hay dudas sobre la participación de Thiriart en las actividades de la AGRA, que le costaron la detención el 2 de octubre de 1944 y su encarcelamiento en la prisión de Saint–Gilles por “delito contra la Seguridad del Estado en virtud del artículo 118bis del Código Penal Belga”, castigado con la pena de muerte con la que se “castiga a todo aquél que haya contribuido a la transformación de instituciones o personas jurídicas a través de la acción del enemigo, que haya socavado la lealtad de los ciudadanos al rey y al Estado en tiempos de guerra o que, a sabiendas, sirviera a la política o los planes del enemigo”[17]

. En febrero del 46 todavía se encontraba en Saint–Gilles[18]. El proceso se vio el 5 de mayo de 1947. Cuando salió se inicia el primer período sin informaciones sobre sus actividades, aunque todo hace pensar que se dedicó a su profesión de óptico. En 1959 sería rehabilitado.

Las influencias intelectuales (reconocidas o no)

Al llegar a este punto, las biografías de Thiriart (o los artículos a él consagrados) pasan a la biografía intelectual. Resaltan la importancia que tuvieron en su cosmovisión las figuras de Carl Schmitt[19]

, Konrad Lorenz[20], Edward H. Carr[21] y Alexandr Zinoviev[22]. Es Thiriart quien habla de la influencia que estoy autores tuvieron en su obra, pero no dice nada de otros que nos parecen demasiado evidentes como para ignorarlos.

Contrariamente a lo que se tiene tendencia a pensar, antes de la Segunda Guerra Mundial, Europa ya vivió un primer impulso “europeísta” de la mano del Conde Coudenhove Kalergi[23] y de su proyecto de “Pan–Europa”. La radicalización de las relaciones entre Francia y Alemania a partir, especialmente de 1935, impidió que esta primera aproximación europeísta pudiera concretarse. Sin embargo, las ideas de Coudenhove–Kalergi causaron mucho impacto en la Europa de las entre–guerras y en todos los países europeos aparecieron “comités” favorables a la idea. Ciertamente, en muchos aspectos, las ideas de Thiriart y las de Coudenhove–Kalergi no son totalmente coincidentes, pero en los momentos en los que el Thiriart adolescente intentaba forjar sus criterios políticos, no podía permanecer ajeno a este proyecto que cristalizó en la creación de la Unión Paneuropea en 1938. Y, en cualquier caso, con posterioridad a la guerra, sus ideas fueron recuperadas por los impulsores de la Comunidad Económica Europea.

En la Conferencia Paneuropea de 1939, se trató de definir un “patriotismo europeo”. Los miembros de esta organización eran pacifistas, no se llamaban a engaño y, a partir de finales de 1938, fueron conscientes de que Europa caminaba hacia un nuevo conflicto. Sostenían que la Primera Guerra Mundial había quitado protagonismo a los Estados europeos y que, a partir entonces, ninguno de ellos, en solitario, lograría recuperar un protagonismo internacional, a menos que se “pusiera fin a la soberanía ilimitada de los 30 Estados europeos” y se constituyera un bloque único europeo. El resultado de esa conferencia se parece extraordinariamente a las ideas defendidas por el “primer Thiriart”: no a una Europa alemana o pivotando en torno a cualquier otra potencia europea, sino un Europa unitaria, federada siguiendo el modelo suizo, rechazo del modelo de dominación capitalista y del modelo bolchevique, defensa de los valores tradicionales, todo ello para asegurar la paz, pero también el renacimiento de Europa que debe estar a la cabeza de las naciones. Igualmente, existen simetrías entre la crítica que realizó Thiriart a la Comunidad Económica Europea (a la que consideraba como el “menos malo” de todos los intentos de unificación continental[24]) y la opinión vertida en 1966 por Coudenhove–Kalergi en el Xº Congreso Paneuropeo de Viena, donde se mostró a favor, pero lamentó la lentitud de sus avances.

A diferencia de Thiriart, Coudenhove jamás descendió al terreno del militantismo político, su tarea se limitó a la de ser el doctrinario de Pan–Europa y difundir esta idea entre las élites intelectuales a partir de los años 20. Algunos miembros de la derecha nacional alemana y del movimiento de los jóvenes conservadores que, posteriormente a la llegada de Hitler al poder, ingresaron en el NSDAP y pasaron a ser funcionarios del Ministerio de Asuntos Exteriores, incorporaron estas ideas a la del “Nuevo Orden Europeo”[25].

Ya hemos visto que el Thiriart “colaboracionista” durante la Segunda Guerra Mundial, debía conocer las ideas propagadas por la embajada alemana en Bélgica y a través de qué entidad: según estas ideas, la “cruzada contra el bolchevismo” había favorecido el despertar unitario de fuerzas en toda Europa que se reconocían en la necesidad de liquidar el foco de propagación del marxismo, la URSS. La camaradería, la sangre común vertida en el frente del Este, en donde combatían legiones de todos los países europeos, contribuiría, después de la guerra, a afirmar el destino común de todos los pueblos de Europa. La propaganda alemana insistió mucho en esta temática, especialmente, entre 1942 y 1945. Es fácil que Thiriart se hiciera eco de ella y confirmara sus intuiciones juveniles.

Pero en Bélgica, en esos mismos momentos en los que el joven Thiriart se estaba formando de manera autodidacta, existían otros movimientos intelectuales que iban en la misma dirección. Por una parte, un sector de los “no–conformistas”[26] de los años 30, especialmente el grupo formado en torno a la revista L’Ordre Nouveau, y muy en concreto, dos de sus miembros, Armand Dandieu y Robert Aron, publicaron en 1931, lo que puede ser considerado como el primer manifiesto antiamericanista escrito en Europa: Le Cancer américain[27].

El movimiento “no–conformista” francés tuvo un especial impacto en la Bélgica francófona que contó con Raymond de Becker[28] como principal animador. Aunque de Becker tuvo relaciones, especialmente, con Emmanuel Mounier y era el representante en Bélgica de la revista Esprit, otra de las tendencias “no–conformistas”, en la práctica, estuvo siempre más próximo a las ideas del grupo L’Ordre Nouveau. Thiriart y De Becker, sufrieron, por lo demás, el mismo destino: condenados por colaboracionistas, pasaron varios años encarcelados. Es posible que, en algún momento se conocieran, o que Thiriart, antes o después de la guerra, hubiera leído las obras de este grupo del que prácticamente no volvió a hablarse hasta la aparición del estudio de Loubet del Bayle en 1969, del que se hizo eco Jean Touchard inmediatamente[29]. En alguna ocasión, los “no–conformistas” de L’Ordre Nouveau intentaron un primer esbozo de “colaboración intereuropea” con los disidentes alemanes del NSDAP, poco antes de la subida de Hitler al poder. Parece bastante claro, en cualquier caso, que la orientación anti–americana de Thiriart estuvo presente desde los primeros momentos, así pues, es lícito pensar que, como mínimo, conocía la obra de Aron y Dandieu, Le cancer américain.

Thiriart no debió atribuyó, ni a Coudenhove–Kalergi, ni a los “no–conformistas”, ningún peso en su formación intelectual, pero es innegable, en cualquier caso, que la forma de ver el mundo del “primer Thiriart”, tiene innegables concomitancias con estos dos movimientos y, por supuesto, con las ideas expresadas por la propaganda alemana sobre el “Nuevo Orden Europeo”, a través de la revista La Joven Europa.

Antes de Jeune Europe: el CABDA y el MAC

Desaparecido tras su puesta en libertad, Thiriart se dedicó a la óptica en los años de la postguerra. No será sino hasta julio de 1960, cuando vuelva a salir a la superficie. A partir de ese momento, entramos en el período que podemos definir como “el primer Thiriart” y que se prolongará durante los cuatro años siguientes.

El Estado Belga había firmado, quizás demasiado ligeramente, la Carta de las Naciones Unidas, cuyo artículo 73, propugnaba la “autodeterminación de los pueblos”. Era, claro está, una excusa de los “dos grandes” para desmantelar los restos de los imperios europeos y promover la creación de nuevas naciones en las que les fuera fácil penetrar económica y políticamente en sustitución de los antiguos países colonizadores. La pérdida de Indochina supuso para Francia la sensación de que ya no era un gran imperio, de la misma forma que la interrupción de la operación anglo–francesa sobre Suez en 1956, por presiones de los EEUU, les terminó de convencer de que su papel político internacional había terminado y que no les quedaba más remedio que ceder la preeminencia a los EEUU.

Cuando tiene lugar la crisis de Suez, Bélgica ya se sentía presionada para que concediera la independencia del Congo, pero ninguno de los gobiernos que se sucedieron entre 1945 y 1956 dieron prioridad a esta iniciativa. Las fuerzas políticas belgas, sabían que, finalmente, tendrían que acceder a la independencia, pero no terminaban de ponerse de acuerdo, ni siquiera en elaborar un plan a medio y largo plazo. En 1956, finalmente, el gobierno belga adoptó un plan que preveía la descolonización entre 1980 y el año 2000. Sin embargo, el hecho de que otros países europeos estuvieran procediendo a la independencia de sus colonias africanas y las revueltas que se produjeron en el Congo en enero de 1959, acortaron estos plazos. Finalmente, la fecha se fijó para el 30 de junio de 1960. El vasto territorio no tenía conciencia de nación, ni disponía de una élite nacional capaz de ponerse el frente. De hecho, no existía ni un solo universitario nativo. Bélgica cumplió su palabra, pero, desde el primer día, estuvo claro en el discurso de Patrice Lumumba, primer ministro de la República Democrática del Congo, que habría “ajustes de cuentas” con los antiguos colonizadores. Las cosas se complicaban además por la existencia de una República del Congo, antigua colonia francesa que también llegó a la independencia en las mismas fechas. Ambos países, se distinguían por sus capitales respectivas, Leopoldville y Brazzaville.

Desde el primer momento, la independencia del Congo belga resultó conflictiva. El 6 de julio de 1960 se produjo un motín en Leopoldville, dos días después tuvieron manifestaciones muy amenazadoras contra los belgas que habían decidido permanecer en el país tras la independencia. El día 9, comandos paracaidistas belgas tuvieron que intervenir por primera vez en Kabalo para liberar un tren de refugiados belgas bloqueados por la policía congoleña. Ese mismo día, en la metrópoli, se formaron dos comités distintos para “defender a los europeos de África”. Al día siguiente 3.000 personas se manifestaron en Bruselas para pedir la intervención militar en el Congo e impedir la masacre de europeos que se preveía. Uno de estos comités era el CABDA, Comité d’Action et de Défense des Belges d’Afrique, con sede en el café Tanganyka de Etterbeek, cuyo propietario era un antiguo colono del Congo.

Desde el principio, el CABDA demostró ser bastante más radical en sus objetivos y en sus métodos que el otro comité rival (el Rassemblement pour la Défense des Belges au Congo, RDBC). El CABDA, no ocultaba que su intención iba mucho más allá que lo proclamado por su sigla. Se proponían “destruir el sistema de partidos y sustituirlo por un gobierno de salvación nacional, dirigido por el Rey”[30].

Sus miembros parecían tener prisa en aprovechar la crisis congoleña para generar en la metrópoli un movimiento de opinión contrario a la partidocracia belga. Tras este planteamiento se descubre un procedimiento similar al “método de masas” leninista: “llevar lo particular a lo global”[31]. Sabían que la descolonización generaría la repatriación de miles de refugiados europeos y aspiraban a convertirlos en los nuevos militantes de la lucha contra la partidocracia, pues no en vano, la indecisión y los errores de los partidos eran considerados como responsables de la catastrófica descolonización. La primera manifestación convocada en Molsbroeck para el 17 de julio se limitó a una distribución callejera de panfletos. En la segunda, el 21 de julio, las cifras de asistencia dadas por la prensa oscilaron entre 300 y 600 asistentes, cifras, como se ve, muy modestas.

El nombre de Thiriart no aparece en estos primeros documentos. En realidad, el CABDA está formado y dirigido por antiguos prisioneros políticos, resistentes antialemanes, encarcelados entre 1940 y 1944 y por miembros de la extrema–derecha monárquica. Será uno de estos, M. Fourneau, editor del Cri du Peuple, revista monárquica belga de los años 50, el que figurará como “editor–responsable” del boletín semanal del CABDA, Belgique–Congo, cuyo primer número aparecerá el 21 de julio de 1960. El programa del CABDA se reducía a cuatro temas:

“1. El gobierno debe ceder su puesto a hombres que no estén nunca comprometidos en las lamentables maniobras de los pretendidos “partidos nacionales”.

2. Todos los poderes deben estar en manos del Rey, el único árbitro válido.

3. La ONU es Kruschev. La ONU es Nasser. La ONU es Lumumba. Impidamos que la ONU nos robe el Congo.

4. El ejército belga debe intervenir masivamente, ante todo en Leopoldville”[32]

En general, la lectura de los boletines Belgique–Congo, indica que los sucesos de Argel y la actividad de los contrarios a la independencia de Argelia, marcaron a fuego su estrategia y su actividad. Los partidos de la derecha, tomaron estas actitudes como “provocadoras”, en especial el Rassemblement National (RN), partido cristiano que defendía un “liberalismo tradicionalista” y promovía entonces una “confederación belga–congolesa”. Este partido, en cambio, apoyó al otro comité rival, el RDBC.

¿Quiénes eran los “radicales” del CABDA? Se conocen sus nombres: Fourneau, editor, como hemos dicho, de la revista monárquica Cri du Peuple; Louis Gucuning, antiguo miembro del VERDINASO[33], autor de la Carta al Rey que fue distribuida masivamente como panfleto por los miembros de la CABDA; René Dilen, antiguos redactores del semanario Septembre, el presidente de la Union Nationale des Croix de Feu (excombatientes francófonos de la Primera Guerra Mundial). Incluso en antiguo rexista, Jean Robert Debbaudt[34], pero el nombre de Thiriart no aparece como dirigente. No fue sino hasta que se inició la aventura de Jeune Europe, cuando empiezan a aparecer en distintos medios de prensa, las relaciones de Thiriart con el CABDA[35]:

“La CABDA había surgido como una reacción contra la política gubernamental con respecto a la cuestión del Congo y sus objetivos eran el de apoyar al gobierno katangueño y derrocar al gobierno belga de turno. Pero ya algunas semanas más tarde, la CABDA publicaba en el semanario titulado Congo Belga, un artículo que bajo el título ‘Argelia y Leopoldville, dos frentes en una misma guerra, la guerra que Moscú ha desencadenado contra Europa’, estableció una analogía entre los conflictos de Argelia y del Congo, relacionados con Europa. Aquel semanario pronto se transformó en Bélgica–África y la CABDA se dedicó a la política internacional, declarando: ‘Los financieros anglo–sajones quieren aherrojar Europa… hay que volver la espalda a la ONU y obligar a los norteamericanos a que abandonen nuestro país… ante la ONU y la OTAN hemos de guardar a nuestros hijos y también nuestro dinero…’. Y, por último, emplazaba a todo el sistema a una lucha sin cuartel”[36].

En estos párrafos se intuye ya la pluma y/o las ideas de Jean Thiriart. Con todo, hay que reconocer que la importancia de los dos comités a favor de los repatriados del Congo, fue mínima, incluso en aquellos mismos momentos: en el período crítico de la crisis –del 9 al 11 de julio de 1960– no lograron movilizar más de tres mil personas y en las convocadas por el CABDA, en concreto, apenas 600[37]. La modestia de estas cifras puede sorprender, dado que la opinión pública belga era, en la época, mayoritariamente favorable a una intervención militar en el Congo. Los motivos por los que la acción del CABDA no tuvo el impacto ni las repercusiones que cabían esperar se debieron, en primer lugar, a que los belgas repatriados del Congo no se sumaron de manera significativa a estas iniciativas. Por otra parte, el Estado belga asumió las ayudas asistenciales, impidiendo que el CABDA se situara en el centro del movimiento de solidaridad con los colonos repatriados. Además, no solamente el CABDA, sino los grandes medios de comunicación se mostraron favorables, desde el primer momento, a una intervención militar en el Congo y privó de razón de ser a estos comités. Finalmente, tampoco tuvieron líderes conocidos con suficiente talla política para proyectarse con voz propia sobre la opinión pública. Faltó también capacidad organizativa para explotar un tema popular y extraer beneficios políticos, sin olvidar, que el radicalismo anti–partido del CABDA se había fijado un objetivo excesivamente alto para una proyección tan limitada como la que tuvo.

El 27 de diciembre de 1961, esto es, casi año y medio después de la fundación del CABDA, el diario parisino, Le Monde, publicaba un artículo titulado: “El Movimiento de Acción Cívica no oculta sus simpatías hacia la OAS, pero tiene poco éxito entre los repatriados del Congo”[38]. La aparición de la Organisation de l’Armée Secrète había generado un nuevo marco político en el área francófona y anticolonialista. Fundada oficialmente el 11 de febrero de 1961 en Madrid por civiles que se habían exiliado después de la “semana de las barricadas”[39] de Argel. El 8 de enero anterior el referéndum de autodeterminación de Argelia había dado un resultado del 75% a favor de la independencia, lo que supuso un drama para los colonos franceses que vivían allí y para los argelinos que habían colaborado con ellos.

A mediados de marzo de 1961, la sigla “OAS” se había popularizado tanto en Argelia como en la metrópoli: por todas partes aparecían pintadas son las inscripciones: “Argelia es y seguirá siendo francesa”, “OAS Vencerá”, “OAS golpea a quien quiere, donde quiere y como quiere”. Un mes más tarde, una parte del ejército, mayoritario en Argelia, se sublevó contra De Gaulle, pero no pudo arrastrar al ejército en el continente[40]. Tras el fracaso del golpe y en la semana siguiente, resultaron detenidos 200 oficiales y 400 civiles, disolviéndose tres regimientos por su participación en la intentona. A partir de ese momento, los militares que eludieron la detención o se exiliaron y que, hasta ese momento, no se habían comprometido con las siglas OAS, se integraron en la mista. A pesar de que nunca estuvo del todo unificada, lo cierto es que, a lo largo de 1961 y hasta 1963, prosiguieron los atentados y las acciones de la OAS. La actividad de la OAS fue seguida particularmente en la Bélgica francófona y por Thiriart en particular.

La OAS encontró en Bélgica –y especialmente en Bruselas– un mercado para la compra de armas. A pesar de que ningún miembro de la OAS encontró refugio durante mucho tiempo en Bélgica (la mayoría de exiliados optaron por instalarse en España[41] que, para ellos, constituyó el “santuario”). El período de tiempo transcurrido entre 1961 y 1963 es rico en episodios internacionales para el neo–fascismo: son los de mayor actividad en Francia por parte del terrorismo de la OAS que encuentra puntos de apoyo en España (con Narciso Perales y de su entorno, especialmente) y en Bélgica. En este último país, además, es el período en el que algunos miembros de la CABDA intentan ampliar su radio de acción –a la vista de lo limitado y del escaso crecimiento que les había reportado las acciones de solidaridad con los repatriados del Congo– y crean el Mouvement d’Action Civique (MAC). Thiriart, que había permanecido a la sombra durante los meses en los que la CABDA estuvo en actividad, aparece ahora en primer plano, ocupando el papel de doctrinario del movimiento y asumiendo su liderazgo. Como dirigente del MAC, acude a la “conferencia de Venecia” organizada por el MSI del 1 al 4 de marzo de 1962. Cuando se desvanecieron las esperanzas puestas por Thiriart en esta iniciativa, es cuando aparece Jeune Europe y empieza su extensión por varios países europeos.

Vamos a seguir estos tres episodios…



[1] Thiriart fue lo suficientemente inteligente para darse cuenta en 1965 de los obstáculos que imponía la época a desarrollos “ideológicos”, por tanto, optó por enfatizar las cuestiones geopolíticas, buscando un terreno “científico y objetivo” sobre el que apoyar sus conclusiones. El problema de un planteamiento geopolítico de este tipo es que carecía de desembocaduras tácticas. No es susceptible de ser adoptado por movimientos políticos convencionales y solamente tiene importancia para la conducción de Estados.

[2] Entrevista concedida por Thiriart a Bernardo Gil Mugarza (antiguo miembro de Joven Europa) en 1982. El texto completo de la entrevista puede encontrarse en  https://es.scribd.com/document/282246428/Thiriart-Europeo y la cita en la pág. 5

[3] Ibid., pág. 4

[4] Algo que él mismo reconoció en sus respuestas a Gil Mugarza: “Se me ha descrito como autoritario y es cierto”.

[5] “Los idiotas del MSI, en Italia, habían organizado, después de la desaparición de Jeune Europe, una reunión pretendidamente europea. Habían invitado a todos los tarados de la nostalgia neo-fascista anunciando el color inmediatamente” (ibid., pág. 11). Thiriart en esta ocasión se refiere a la constitución de la “eurodestra” en 1979, de cara a las primeras elecciones europeas. Olvida que, “los idiotas” del MSI tenían en ese momento 30 diputados y un 5,3% de votos y consiguieron en esas elecciones introducir cuatro diputados en el Parlamento Europeo.

[6] Título con el que se editó en España la obra que en otros países figura como Un Imperio de 400 millones de hombres (que pasó a ser el subtítulo en castellano), Editorial Mateu, Barcelona, 1966. Título original Un empire de 400 millions d'hommes l'Europe (Bruselas, Imprimerie Sineco, 1964).

[7] Lo cual nos lleva -y vale la pena expresarlo ahora, al principio de este estudio- a sentir una especial simpatía por su obra. Pero también somos partidos del “amigo de Platón, pero más amigo de la verdad” y eso es lo que nos impulsa a elaborar este dossier.

[8] Yannick Sauveur, autor de una tesis sobre Thiriart publicada en 1974 (edición fotocopiada) y del libro Qui-suis je? Thiriart, Ed. Pardès, Grez-Sur-Loing, 2016, había iniciado su militancia política en el Mouvement Jeune Revolution, creado por antiguos miembros de la OAS-Metropolitana. El MJR defendía una doctrina “solidarista” muy parecida a la nacional-sindicalista: ni derechas, ni izquierdas, ni capitalismo, ni comunismo. Participó en la transformación que sufrió este movimiento en 1971 convertido en Mouvement Solidariste Français, que luego abandonó y se unió a la Organisation Lutte du Peuple, fundada por Yves Bataille, tras su separación de Ordre Nouveau. Conoció personalmente a Thiriart en 1973 en su tienda de la av. Louise de Bruselas, la óptica Opterion. Sauveur sigue explicando la impresión de este primer encuentro: “Debemos reconocer que presentarnos como tal, en su espacio profesional, sin duda no fue la mejor idea para una presentación. Thiriart era naturalmente desconfiado y estaba muy absorto en sus actividades optométricas, ya no quería oír hablar de política. Su esposa, Alice, que no dejaba de influir en él, también temía el resurgimiento del virus político. De hecho, como se explicará más adelante, ya no quería ser el líder de un movimiento y desconfiaba terriblemente de los militantes, sobre todo de los jóvenes”. Volvió a verlo en el verano de 1974 y su opinión varía completamente: “encontré a otro hombre allí, cercano incluso cálido”. Tras elaborar su tesis, Sauveur se mantuvo en contacto con él hasta su muerte en 1992 (datos extraídos de la web del Intitut for Nationalrevolutionairy Studies, https://institutenr.org/tag/2019/ ). Sauveur resume los datos biográficos sobre Thiriart en el capítulo I. Una jeunesse active – Bruxelles-Saint Gilles (1922-1946) en donde presenta datos biográficos familiares y profesionales, apoyados en un buen numero de fotos desconocidas hasta la publicación de esta obra.

[9] L’Europa come rivoluzione, Edizioni all’Insegna del Veltro, con prefacio de Franco Cardini, 2020.

[10] Gil Mugarza, op. cit., pág. 4.

[11] Y. Sauveur, op. cit., pág. 17, parágrafo 3. Du socialisme au National-socialisme.

[12] Es rigurosamente falso que esta organización tuviera un carácter “nacional-bolchevique”, como se ha repetido, en varias biografías de Thiriart. De hecho, era todo lo contrario. Entre otros, esta afirmación ha sido recogida en la revista digital Elementos de Metapolítica para una Civilización Europea, nº 12, dedicada a Jean Thiriart y el nacional-comunitarismo europeo, pág. 3.

[13] Datos extraídos de https://de.wikipedia.org/wiki/Deutscher_Fichte-Bund

[14] https://prensahistorica.mcu.es/es/consulta/registro.do?id=8055

[15] SIPO: Scherheitspolizei, literalmente “policía de seguridad”, encargada de investigar delitos políticos. A partir de 1936, quedó bajo el control de la Sicherheitsdienst (SD, Servicio de Seguridad), dirigido por Reinhard Heydrich.

[16] Cf. https://www.belgiumwwii.be/belgique-en-guerre/articles/amis-du-grand-reich-allemand-mouvement-socialiste-wallon-agra-msw.html

[17] Y. Sauveur, op. cit., pág. 19.

[18] Sauveur cuenta que sus dos experiencias de prisión le marcaron profundamente (op. cit., pág 20-21) y que siempre mostró simpatía por los militantes políticos encarcelados, aunque no fueran del mismo bando. Explica que ofreció su ayuda a las familias de los militantes encarcelados de las Cellules Communistes Combattantes, organización terrorista belga, fundada en 1983 por Pierre Carette y desarticulada en 1985. Era una organización similar a la alemana Fracción del Ejército Rojo, con un muy marcado carácter anti-imperialista.

[19] Carl Schmidt, politólogo y jurista alemán (1999-1985), miembro del NSDAP, teórico del “realismo político” (cuya influencia es fácilmente perceptible en Thiriart). Coincidía con Charles Maurras en “la política ante todo”. Para Schmidt la esfera de “lo político” es la del Estado que es definido por él como “el estatuto político de un pueblo organizado sobre un determinado territorio”. La distinción entre “amigo” y “enemigo”, mucho más que la “teoría del partisano”, fue lo que más llamó la atención de Thiriart. También la influencia del pensador alemán se percibe en la concepción del “Estado Total”, fuerte, superador del liberalismo, que está presente en todas las esferas de la sociedad, sin pluralismo ni partidos políticos. Cf. Carl Schmitt, teoría para una fundamentación de la autoridad soberana, Betsabé Pap, en Prometeica, Revista de Filosofía y Ciencia, nº 1, Buenos Aires 2012. Págs. 14-31.

[20] Konrad Lorenz, etólogo austríaco, Premio Nobel de Medicina en 1973. Se le considera uno de los fundadores del estudio del comportamiento animal, a pesar de que también lanzó ensayos socio-políticos. Miembros del NSDAP desde 1938, soldado en el Frente Oriental, pasó cuatro años como prisionero de los soviéticos. Al volver del cautiverio se zambulló en los estudios sobre agresividad animal. A principios de los años 70, su obra fue descubierta por la revista Nouvelle École, primera manifestación de la Nouvelle Droite y es posible que Thiriart conociera su obra en esa época. En realidad, su pensamiento no coincide, en lo esencial, con el de Lorenz, pero algunas de sus orientaciones, especialmente desde que volvió a salir a la superficie en los 80, pueden estar inspiradas en el libro de Lorenz, Los ocho pecados mortales de la humanidad civilizada (Plaza&Janés, Colección RotaTiva, Barcelona, 1973). Existe una biografía notable de Lorenz en castellano: Lorenz, Alec Nisbett, Biblioteca Salvat de Grandes Biografías, Barcelona, 1988.

[21] Edward Hallet Carr, historiador británico y teórico de las relaciones internacionales. A él se debe la primera gran historia de la USS de 1917 a 1929 en 14 volúmenes. En la última fase de la Segunda Guerra Mundial, Carr fue partidario de una alianza anglo-soviética. En ese momento, sus opiniones habían variado y pasó de ser un conservador moderado a asumir un pensamiento de izquierdas. Seguramente Thiriart encontró en él la idea de que Hitler quería una “Europa unida por la conquista” que el belga traduce como “una Europa alemana”. Fue miembro del Real Instituto de Asuntos Internacionales y dirigió el departamento de relaciones anglo-soviéticas. También debió influir en Thiriart la idea difundida desde 1942 por Carr sobre la necesidad de una “federación europea” de carácter socialista alineado con la URSS contra los EEUU. A finales de los 40, cuando ya se había desatado la “Guerra Fría”, reconoció estar muy influido por el marxismo y no criticó en absoluto, ni los sucesos de Hungría en 1956, incluso acusó a los polacos de haber enturbiado las relaciones con la URSS por la cuestión de las “fosas de Katyn”. Durante las “revueltas estudiantiles” de los 60, Carr apoyó a la “nueva izquierda”. Falleció en 1982.

[22] Alexandr Zinoviev, disidente ruso, expulsado del país en 1978 y privado de la ciudadanía soviética por la publicación de su novela Зияющие Высоты (Alturas del bostezo) en la que realizaba una mordaz crítica al régimen (las palabras “bostezo” y “brillo” en ruso son idénticas salvo por la primera letra, “Z” y “S” respectivamente. Destacó en la URSS desde la década de 1960 como investigador de lógica no clásica. Durante su vida y hasta su muerte, criticó, inicialmente, al estalinismo, luego al sistema soviético, una vez en Occidente a las democracias occidentales y al final de su vida, a la globalización, posiciones que le valieron duras críticas tanto en el Este como en el Oeste. Los primeros libros de Zinoviev solamente se editaron en Occidente en el último tercio de los 70, por lo tanto, es en esa época en la que hay que situar las posibles influencias que tuvo sobre Thiriart. Es difícil establecer la importancia y la influencia que tuvo en la obra del belga. Quizás Thiriart asumió las ideas de Zinoviev sobre la antítesis entre la “ideología” y el “pensamiento lógico” y es casi seguro que se inspiró él para la crítica que formuló al sistema soviético, independientemente de la ideología marxista (a diferencia de Solzhenitsyn que veía sistema e ideología como un todo). Cumbres abismales se publicó en 1980 en castellano por Ediciones Encuentro. Para establecer la posición de Zinoviev en relación al comunismo y a la URSS, cf. Entrevista a Alexandr Alexandrovich Zinoviev, por Antonio Fernández Ortiz, Cuadernos del Cendes, año 24, nº 64, enero-abril 2007, págs. 129-153.

[23] Para una exposición de las ideas y de la trayectoria de Coudenhove-Kalergi, véase el blog Info-Krisis artículos “Coudenhove-Kalergi ¿ángel o diablo?” (http://info-krisis.blogspot.com). Alertamos sobre la falsedad del “Plan Kalergi” que, a pesar de llevar el nombre del diplomático austríaco no tiene nada que ver con su vida. La atribución de un “plan conspirativo” para destruir Europa se debió solamente a que el libro Adios, Europa – El Plan Kalergi – Un racismo legal (Bright-Rainbow-Verlag, 2005) del austríaco Gerd Honsik, realizó una lectura sesgada de la obra de Coudenhove-Kalergi Praktischer Idealismus, publicada en 1925. Hemos cotejado personalmente las citas que incorpora Honsik a su libro, y no tienen absolutamente nada que ver con la obra original. Verosímilmente, Honsik fue víctima de una manipulación para restar credibilidad a su obra “revisionista”. Sin embargo, la “serpiente de verano” del “Plan Kalergi”, actualmente, tiene vida propia y es compartida en muchos foros conspiranoicos.

[24] ¡Arriba Europa!, op. cit., pág. 76.

[25] Véase Revista de Estudios Políticos, nº 87, enero-marzo de 1995, págs. 259-283, artículo: Rafael García Pérez, El proyecto continental del Tercer Reich.

[26] Imprescindible para entender lo que fue este movimiento es la lectura de Les non-conformistes des annés 30, Jean Louis Loubet del Bayle, Éditions du Seuil, 1969 (2ª edición 200º). Así mismo, puede consultarse Revista de Historia del Fascismo, nº XXI, mayo 2013, págs. 4-108, con un amplio dossier sobre esta corriente: “Los no conformistas de los años 30”.


[27] Robert Aron y Armand Dandieu, Le Cancer américain, Ed. Riéder, París, 1931. Existe una edición de la misma obra en Editions l’Age d’Homme, Losana, 2008

[28] Raymond de Becker, periodista y escritor belga (1912–1969), redactor de L’Avant Garde y de L’Independence Belge, autor de Pour un Ordre Nouveau (1932) su primer libro. Durante la ocupación alemana de Bélgica siguió escribiendo y dirigiendo varias revistas y diarios, por lo que fue considerado como «colaboracionista». Fue miembro durante un período del Consejo Político del partido Rexista. Cuando el 17 de enero de 1941, León Degrelle realizó un discurso proclamando la germanidad de los valones, De Becker dimitió y, a partir de ahí, se deterioraron sus relaciones con los alemanes. El 4 de octubre de 1943, fue desterrado a los Alpes Bávaros. Hecho prisionero el 9 de mayo de 1945, fue condenado a muerte en 1946 e indultado, pero permaneció en la cárcel hasta 1951 siendo liberado a cambio de no participar nunca más en actividades políticas y editoriales. Se instaló en París manteniendo en todo momento contacto con el dibujante Hérgé, creador de Tintin, quien lo apoyó incluso económicamente. Durante su etapa de detención descubrió el psicoanálisis y la obra de Jung a quien conoció personalmente. Publicó obras sobre cine, filosofías orientales, esoterismo, homosexualidad (él lo era desde su juventud) y publicó artículos en la revista Planète de Louis Pawels y Jacques Bérgier. Se suicidó el 18 de abril de 1969 (Revista de Historia del Fascismo, op. cit., pág. 93)

[29] Jean Touchard, Historia de las Ideas Políticas, Editorial Tecnos, Madrid 1970.

[30] Les groupements pour la défense des Belges d’Afrique, Courrier Hebdomadaire del CRISP 1960/28 (nº 74), págs. 1-19. Todas las informaciones sobre el CABDA proceden de esta fuente.

[31] El principio leninista anterior a éste era “vincular la teoría a la práctica”, y el posterior “unir la vanguardia a las masas”. Es importante señalar que los tres principios están unidos en el método leninista, pero son ineficientes si falta uno de ellos. Algo que los espíritus impacientes que habían constituido el CABDA pudieron advertir en las semanas siguientes. 

[32] Les groupements pour la défense…, op. cit., pág. 4.

[33] Partido fascista belga dirigido por Joris Van Severen. Su nombre era la contracción de Verbond van Dietsche Nationaal- Solidaristen - Unión de Solidaristas Nacionales). Se conocía a sus miembros como “dinasos”, especialmente a los miembros de su milicia, uniformada con camisas verdes, la Militanten Orde (que contó con 3.000 miembros). Prolongó su actividad en Bélgica y Holanda entre 1930 y 1941. En las elecciones de 1936, el Verdinaso se presentó formando un frente con otros partidos flamencos, obteniendo el 13% de los votos y 16 escaños, mejorando levemente sus posiciones tres años después con un 15% de los votos y 17 escaños. Van Severen fue asesinado, junto con dirigentes rexistas y comunistas, al iniciarse la campaña alemana en el “frente occidental”. La desaparición del líder de la organización entrañó una profunda crisis. Algunos “dinasos” optaron por la resistencia anti-alemana, mientras que el sector mayoritario se unión a la Vlaamsch Nationaal Verbond

(VNV, Unión Nacional Flamenca) de carácter colaboracionista, fundada por Staf de Clercq en 1933.

[34] Jean-Robert Debbaudt, voluntario en el “frente del Este” con 17 años, durante la Segunda Guerra Mundial. Cayó prisionero de los soviéticos y entregado a los belgas que lo juzgaron y absolvieron en 1946. En 1950 formó un Movimiento para el retorno de Léon Degrelle, se sumó a las iniciativas de antiguos miembros de las Waffen SS y obtuvo del gobierno belga los mismos beneficios que obtuvieron los inválidos de guerra en Alemania. Fue impulsor del Mouvement Social Belge (MSB), rama del Movimiento Social Europeo, primer intento de coordinación de partidos neo-fascistas en la postguerra. Al fundarse el Nouvelle Ordre Européen (NOE), se sumó a esta iniciativa. En 1957 lanzó la revista Le Peuple Réel, rememorando la antigua publicación del Rex que se transformará en L’Europe Réel, órgano del NOE y que se publicó hasta principios de los 70. (Datos de la correspondencia con Debbaudt y de los archivos personales del autor).

[35] En España, la primera mención figura en el libro Los nuevos nazis, de Werner Smoydzin, Editorial Dima, Barcelona, 1967, pág. 82 y 83.

[36] W. Smoydzin, op. cit., pág. 82.

[37] Les groupements pour la défense…, op. cit., pág. 7.

[38] Firmado por Pierre de Vos, publicado en Le Monde, edición del 28 de diciembre de 1961.

[39] Los incidentes se prolongaron del 24 de enero al 1 de febrero de 1960, coincidiendo con los primeros choques en el Congo.

[40] La crítica de Thiriart a estos sucesos fue brillante: reprochó que la “semana de las barricadas” fue una insurrección popular que no contó con el apoyo militar (salvo la presencia de Lagaillarde con uniforme mimético), mientras que la insurrección del ejército de África no contó con una dirección política: “El golpe del 24 de enero de 1960 (semana de las barricadas) fracasó por ser puramente civil. El golpe de abril de 1961 fracaso al ser puramente militar” (Nation Belgique, nº 42 del 5 de mayo de 1961). Era evidente que la combinación político-militar era lo que proponía Thiriart en ese momento.

[41] Véase la obra A la sombra de Franco, El refugio español de los activistas franceses de la OAS, Gastón Segura Valero, Ediciones B, Barcelona, 2004.