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viernes, 14 de mayo de 2021

Un subgénero cinematográfico De la pornografía antinazi a las novelas “stalag” (5 de 8) - Cuando el doctor loco es oficial de las SS… y mujer – De la naziexploitation a la jewsexploitation

Otra línea habitual en las temáticas de Naziexploitation es la del científico loco que realiza experimentos con los presos de un campo de concentración. Po algún motivo, estos científicos tienen una irreprimible tendencia a que sus experimentos sean de tipo sexual. Esa imagen ya había aparecido en la primera entrega de la serie sobre Ilse, la “loba de las SS”. De hecho, ella misma parece tener aspiraciones científicas y realiza experimentos con las prisioneras, lo que da lugar a algunas escenas de torturas sexuales. El tema será recuperado por otras muchas cintas en la segunda mitad de los años 70.

El tema del “científico loco” no es propio del cine de explotación, en realidad, su figura aparece con el mismo género de terror. La figura del doctor Frankenstein y del Doctor Jeckyll nos muestran a científicos perdidos en sus experimentos contranatura, pero en los que, a fin de cuentas, todavía permanece un átomo de lucidez. En el subgénero de Naziexploitation este átomo está completamente ausente: el científico (y con más frecuencia, la científica) están, de partida, locos de atar y, por si eso fuera poco, resultan ser impenitentes erotómaníacos, incapaces de sobreponerse a los impulsos lúbricos de su mente enferma. Poco más puede decirse de ellos.

La lista de películas que giran en torno al tema del “científico loco” supera la decena, de entre las que destacaremos, sin duda:

 La bestia in Calore (1977).– dirigida por Luigi Batzella (que en esta ocasión utilizó el seudónimo de “Ivan Katansky”), que se estrenó también con los nombres de La Bestia Caliente, The Beast in Heat, SS Hell Camp, Horrifiying Experiments of the SS Last Days. La filmografía del director lo emparenta especialmente con el spaghetti western de bajo presupuesto. Utilizó a menudo seudónimos, por lo que es difícil rastrear su filmografía: Paolo Solvay, AM Frank. Gigi Batzella, Paul Hamus, Dean Jones, Paul Serway y un largo etcétera. De hecho, hoy los historiadores del cine ni siquiera están de acuerdo en cuál era su verdadero nombre. Dirigió, además de westerns, películas de guerra, películas de terror vagamente eróticas y, especialmente en la segunda mitad de los 70, se dedicó al subgénero de naziexploitation con algunas películas aparecidas en un breve lapso de tiempo: Achtung! The Desert Tigers (1977). Por lo deslavazado de sus películas, lo improvisado del montaje y la mala calidad de los atrezzos, se le conoce como “el Ed Wood italiano” (para los no especialistas, les recordaremos que Ed Wood es considerado como el “peor director de la historia del cine”, y a fe que lo es). En esta película, la protagonista es una doctora nazi absolutamente enloquecida que realiza experimentos con un prisionero al que ha transformado en “bestia” tras haberle inyectado un misterioso suero. Es inevitable la referencia a otros clásicos de la historia del género de terror. Pero el objetivo de estos experimentos es conseguir un “soldado perfecto”, brutal, implacable y resistente, “la bestia parda” propiamente dicha, para probarlo se entrega al resultado mujeres capturadas para que proceda a su violación. La película alterna luchas entre partisanos y nazis con escenas de laboratorio con crueldad y sadismo en sobredosis. Los especialistas en este tipo de cine han encontrado una escena cumbre de la crueldad: un soldado lanza a un bebé por los aires, mientras otro le dispara como si se tratara de una pieza de caza. Algo debió fallar en el experimento de la doctora nazi que consiguió crear una “bestia” hipersexual a cuya jaula la científica (el título alude a ella como “verdadera bestia”) arroja muchachas por el simple placer de ver como las viola y descuartiza. Vale la pena añadir un dato que, sin duda, gustará a los amantes de la historia del cine. La “bestia” (el resultado del experimento) está protagonizada por Salvatore Baccaro, un vendedor de flores de rostro y miembros deformados (padecía acromegalia) y comportamientos freakys que ejercía su oficio en las inmediaciones Cineccitá hasta que un productor reparó en él y lo incorporó a varios papeles de hombre primitivo o, como éste, directamente de monstruo. En efecto, no hacía falta gastarse mucho en maquillaje (no olvidemos que estamos ante cintas de bajo coste), bastaba simplemente con mostrarlo desnudo con su rostro deformado para que el pobre florista causara espanto. En nuestra modesta opinión, ésta es la peor de las películas de un subgénero que jamás ha dado productos muy notables.

Experiment Love Camp (1976).– dirigida por Sergio Garrone, película que también se proyectó con los nombre de Lager SSadis Kastrat Kommandantur. El tema central es el clásico científico loco que ofrece un trasplante de testículos a un oficial de las SS. La propaganda de la época lo presentó como una denuncia a los “experimentos inhumanos de los nazis” (si bien, antes de la guerra, en Francia era precisamente un exiliado ruso que no tenía nada que ver con el nazismo, el doctor Voronoff, quien había realizado experimentos de trasplantes de testículos de mono a humanos con los resultados que cabía esperar…). La película fue prohibida en algunos países como el Reino Unido y ha pasado a la historia del cine por mostrar en el cartel publicitario la figura de una mujer desnuda colgada por los pies de una cruz… escena que no tiene nada que ver con el contenido de la cinta. En cuanto al director Sergio Garrone (n. 1926) cabe decir que se estrenó con los spaghetti–western de bajo presupuesto en 1967. Luego, a partir de 1974, filmó varias películas de terror con Klaus Kinsky como protagonista y de ahí pasó a las películas de naziexploitation. En los años 80 todavía filmó algunas cintas semipornográficas todas ellas olvidables y de calidad exigua.

SS Lager 5 l’inferno delle done (1977).– dirigida por Sergio Garrone, director igualmente de Lager SSadis Kastrat Kommandantur el año anterior. El film empieza con fragmentos de documentales sobre campos de concentración, montañas de cadáveres, lo que parece sugerir que el film aspira a ser algo más verídico y realista que el anterior sobre el Kastrat Kommandantur, pero a la primera escena filmada por Garrone esta idea queda desmentida y asistimos, una vez más, a la llegada de unas prisioneras, todas hembras, bellas y jóvenes al campo de concentración. A partir de ese momento somos conscientes de que lo que vamos a ver es otro producto típico del subgénero. Quizás el elemento más original (e improbable) es que una de las protagonistas es una partisana negra jamaicana que, tras haber pasado la revista humillante de sus captores mostrará a lo largo de toda la película sus rotundas curvas, en ocasiones en actos sexuales explícitos, en otras como objeto de torturas no menos explícitas y ocasionalmente bajo las duchas junto a cuerpos de otras presas. Hasta aquí, como puede verse, se trata de una película de subgénero típica que aporta poco o nada al mismo. Al igual que en todas las demás películas de este jaez aparecen dos figuras sine qua non: el médico judío que intenta proteger a las muchachas y el sádico nazi que, junto con la bestia de las SS y los inevitables números de lesbianismo sadomasoquista, no pueden estar nunca ausentes de este tipo de cine. Repiten la mayoría de los actores y actrices de la anterior cinta de Garrone, con lo que, llegado un momento, se tiene la sensación de un dejá vû, a pesar de que esta segunda entrega es notoriamente inferior a la primera. Una parte sustancial de la trama gira en torno a experimentos científicos: los médicos queman deliberadamente a las reclutas, sin anestesia, para hallar la manera de trasplantar piel. Vemos como se arrancan lenguas y uñas de cuajo con tenazas, como se introducen palillos de madera en las uñas, se marca a hierro candente, se machacan cráneos y se masacran prisioneras a puñetazo limpio. Como las astracanadas todavía no han llegado a su fin, una revuelta de prisioneras encabezas por la jamaicana, demuestra que las presas disparan mejor y matan más que las curtidas tropas de las SS. Unas modestas explosiones que hubieran avergonzado al mariscal Vorochilov indican que el Ejército Rojo está a punto de llegar al campo...           

Hasta ahora, el último producto del subgénero se filmó en 2008 y pasó casi completamente desapercibido: Blitzkrieg: Escape from Stalag 69 dirigida por Keith J. Crocker, director del que apenas constan datos en las historias del cine y del que únicamente se sabe que nació el 26 de abril de 1965 en Long Island, se cuenta de él que hizo algunos cortometrajes en 16 mm con títulos significativos (De Sade 88, Dia de Acción de Gracias, Un cuento de Zombies, etc.). En 1997 filmó su primera película The Bloody Ape, basada en un cuento de terror de Allan Poe, Los crímenes de la calle de la Morgue. El éxito no acompañó a la cinta quizás porque había pasado ya el tiempo de la Hammer y de los Roger Corman habituados a filmar cine de terror de bajo presupuesto. Solamente diez años después alguien le confió la tarea de dirigir esta cinta que esperaba reactualizar el subgénero de naziexploitation a la sombra de la película de Tarantino, Malditos Bastardos. La película pasó sin pena ni gloria. La productora, Cinefear, era propiedad del propio Crocker y no consta que haya lanzado ninguna otra película; si, en cambio, consta que, de tanto en tanto, esta misma empresa publica un catálogo de películas en CD y VHS de explotación sobre varios temas.

El guion de este postrero producto del subgénero, en sí mismo, no es particularmente original a pesar de que la figura del “científico loco” planee continuamente sobre la cinta. Nuevamente estamos en Alemania en 1945, en el Stalag 69 manejado por un sádico oficial de las SS, Helmet Schultz, que convierte a sus prisioneras en esclavas sexuales. La película, intenta deliberadamente ser un remake de la considerada como “obra maestra” del subgénero, Ilse: She Wolf of the SS. En el momento actual, cuando han pasado ya cuatro años de su distribución en salas, puede decirse, que no ha logrado el objetivo de renovar el género. Los gustos y las aficiones del público discurrían por otros derroteros.

Jewsploitation tras la muerte de la Naziexploitation...

Extinguido el porno–antinazi que, salvo esta última secuela, apenas logró prolongarse hasta principios de los años 80, hubo que esperar veinte años hasta que empezaron a percibirse rasgos de un subgénero nuevo que se ha dado en llamar Jewsploitation. Los protagonistas son siempre judíos, ocasionalmente situados en el marco de los campos de concentración de la Segunda Guerra Mundial. El sexo explícito, el asesinato, el erotismo violento y la crueldad en sí misma, son los ingredientes habituales de este género. Se trata de un género reciente que solamente ha irrumpido con el nuevo milenio y que, en realidad, puede ser considerado, en cierta medida, como una prolongación del subgénero de Naziexploitation.

La Jewsploitation irrumpió con la película The Believer (2001), curiosa historia de un neonazi cuya popularidad crece hasta el punto de convertirse en líder del grupo nazi; lamentablemente, el muchacho, además de nazi… es judío. No puede extrañar, por tanto, que paralelamente a este liderazgo, estudie hebreo, se forme como rabino y siga la Torah. Esta obra, que mezcla judaísmo ortodoxo y neonazismo radical, mereció un premio en el festival de cine alternativo de Sun Dance.

A la vista del éxito que tuvo esta cinta, dos años después se filmó The Hebrew Hammer, en clave de comedia, en la que un judío ortodoxo intentará rescatar la fiesta de Hanukkah de las garras del malvado hijo de… Santa Claus. El género de la comedia fue de nuevo utilizado en este subgénero en la cinta You Don’t Mess with the Zohan (2008) cuyo protagonista es un agente del Mosad que abandona el servicio para cumplir el sueño de su vida, convertirse en peluquero y estilista en Nueva York…

La misma película de Tarantino Inglorious Basterds (2009) es encuadrada en este subgénero. Una mujer presencia la ejecución de su familia por orden del coronel de las SS Hans Landa. Huye a París con nueva identidad y abre un cine. Por otra parte, el teniente Aldo Raine (Brad Pitt), entrena a un grupo de judíos (“los bastardos”) para realizar operaciones de comando. Todas las partes se encuentran en el cine para ejecutar sus respectivas venganzas.

El éxito de estas películas animó a Kevin Tyler Asch a filmar en 2010 la que, hasta ahora, es la última entrega de este subgénero, Holy Rollers. Si las anteriores (salvo The Believer) eran comedias, ésta es un verdadero dramón que nos muestra a judíos hasídicos entrando drogas en los EEUU y Europa (algo que, efectivamente ocurrió en los años 90, cuando muchos jóvenes judíos de esta comunidad asumieron esta tarea de “mulos” para las mafias del narcotráfico). El protagonista, sin saberlo, decide unirse a esta tarea, pensando que está transportando medicinas, sin embargo, los ingresos procedentes de este tráfico le permiten vivir el lujo, la vida nocturna, las orgías, etc, es decir, todo aquello que está en contradicción con su comunidad.

jueves, 13 de mayo de 2021

Un subgénero cinematográfico De la pornografía antinazi a las novelas “stalag” (4 de 8) - Los arquetipos del género (II). Salón Kitty de Tinto Bras

En 1976 se estrenó una película con ambiciones, Salón Kitty, dirigida por Tinto Bras y que recogía parte de la herencia preciosista de La caída de los Dioses de Luchino Visconti. La película se proyectó en pantalla grande, beneficiándose de los grandes circuitos de distribución y de algunos activos (como la presencia del más que mediocre y excesivamente acaramelado Helmut Berger). Así mismo, a diferencia de otras cintas propias del subgénero realizadas con escaso presupuesto, Salón Kitty fue, verdaderamente, una superproducción que no ahorró medios ni para la contratación de actores, ni para la promoción posterior al montaje. La película es reseñable porque a partir suyo se filmaron otras muchas secuelas, convirtiéndose, como Ilsa: She Wolf of the SS, en modelo y paradigma del subgénero. Así pues, Salón Kitty es importante, no sólo en sí misma, sino porque preparó la irrupción de cintas de calidad y presupuesto mucho más bajos, constituyendo un modelo para producciones que convirtieron la cartelera de la segunda mitad de los años 70 en un bazar de imitaciones, más o menos desafortunadas y siempre, inevitablemente, de pésima calidad y mediocre realización, aptas hoy solamente para coleccionistas del género de Naziexploitation y para amantes del freakysmo cinematográfico.

Al parecer hubo un establecimiento de prostitución en los años 30 regentado por una tal Kitty Schmidt y situado en el número 11 de la Giesebrechtstraße de Berlín. Inicialmente se llamó Pensión Kitty, pero en 1933 cambió el nombre. De todas formas, todo lo que se sabe sobre este local hay que someterlo a caución. En efecto, muchos de los datos publicados son producto de la propaganda anti–nazi. Así, por ejemplo, en el libro Mujeres espía de Laura Manzanera (Editorial Debate, Barcelona 2008, pág. 350–353) se cuenta que el burdel pasó durante un tiempo bajo control del SD y que se grababan todas las conversaciones entre clientes y prostitutas. Esa obra fabula sobre el deterioro de las relaciones entre Hitler y el Conde Ciano aduciendo que se produjo precisamente por eso (cuando es suficientemente conocido que tal deterioro se debía a la oposición de Ciano a entrar en guerra junto a Alemania), así mismo se cuenta que el general SS Sepp Dietrich pidió las 20 chicas para él solo o que la operación fue dirigida por Walter Schellemberg quien se negó, tras la guerra, a entregar las 25.000 fichas recogidas a los aliados y, finalmente, se cuenta que Kitty Schmidt murió en 1954 sin haber revelado nada de toda aquella operación… En otro libro se cuenta que Kitty Schmidt trabajaba para los aliados y que temerosa de ser descubierta huyó a Holanda siendo detenida en el camino (La historia más curiosa, Alberto Granados, Editorial Aguilar, Madrid 2006, pág. 106). En otras ocasiones se añade que Kitty transfería grandes sumas de dinero a bancos británicos a través de refugiados judíos a los que ella misma ayudaba a pasar la frontera y que éste fue el motivo por el que cedió a las presiones del SD y convirtió su burdel en un centro de espionaje…. No faltan narraciones que hacen de Kitty Schmidt una fanática nazi, ni otras incluso que la consideran como judía “colaboracionista” con los nazis por miedo. En definitiva, todo está envuelto en brumas de leyenda y, lo que es peor, todos estos datos están presentes y fueron extraídos de una novela.

Kitty Schmidt era, en realidad, Catherina Zammit y parece que, efectivamente, sí existió un burdel con ese nombre en Berlín–Charlottenburg en la tercera planta del número 11 de la Giesebrechtstraße que resultó destruido durante los bombardeos angloamericanos a la capital del Reich. Pasó la guerra, el edificio se reconstruyó y la hija de Catherina y luego sus nietos siguieron con el burdel en funcionamiento hasta principios de 1990 cuando el negocio decayó y el nieto de la fundadora lo transformó en albergue para inmigrantes en busca de asilo. Los vecinos protestaron y, poco tiempo, después cerró. Eso es todo lo que se sabe de cierto; el resto es material novelado escrito por Peter Norden en su obra de ficción Salon Kitty. Report einer geheimen Reichssache (Limes–Verlag, Wiesbaden u. München 1976).

Y es precisamente esta novela la que lleva al cine Tinto Bras, director italiano especializado en cine erótico–pornográfico cuyo relativo prestigio deriva del éxito de la película Calígula (1979). Él mismo ha definido Salón Kitty como un “poema erótico”, algo que, como mínimo, parece excesivo. Quizás el elemento más original de la película sea la utilización de espejos en algunas escenas, a pesar de que, tanto en esta como en otras producciones suyas, se percibe claramente que experimenta un fetichismo particular hacia el vello púbico. Salón Kitty no es la única novela erótica que Tinto Bras ha llevado al cine: ha realizado el mismo tránsito en L’uomo che guarda de Alberto Moravia, Le Lettere da Capri de Mario Soldati, y en otras tres ocasiones más (su mismo Calígula se basaba en un guion de Gore Vidal), novelas en las que el erotismo juega un papel destacado. Desde los años 80, se ha situado políticamente entre los “radicales” italianos.

Lo primero que se percibe al visualizar esta película es el intento de situarse tras el surco abierto por Luchino Visconti con su La Caída de los Dioses. Dos son, en efecto, los actores presentes en el filme viscontiniano que repiten: Helmut Berger e Ingrid Thulin, que encarnan respectivamente a Walter Schellemberg jefe del SD, en la cinta Walter Wallemberg, y a Kitty Schmidt, para la ocasión Kitty Kellermann. Berger está, como siempre, inexpresivo y amanerado ejerciendo una vez más de icono gay de los años 70. La Thulin salva la película introduciendo su arte interpretativo y su capacidad para asumir los papeles que le encargan. El guion es débil y la dirección de Bras excesivamente lenta, añadiendo pesadez y falta de ritmo a su proverbial barroquismo.

Lo que intenta transmitir la novela y la cinta es que el régimen nazi era dictatorial y consideraba la sexualidad como una forma de controlar a la población e incluso a los cuadros destacados del mismo régimen. Nada mejor que un burdel para conocer en esas horas de relajación la verdadera opinión de los visitantes. El tema sirve para mostrar cómo el III Reich intentaba controlar las conciencias utilizando incluso la sexualidad. La novela empieza con una redada de la Sittenpolizei berlinesa en la que resultan arrestadas cientos de prostitutas; entre éstas se seleccionarán a 20 que serán adoctrinadas por las SS y adiestradas en los métodos para sonsacar opiniones a sus clientes. Estas prostitutas formarán un grupo aparte en el Salón Kitty a las que se les reservará cierto tipo de clientes. Bras, por supuesto, es un cineasta “progresista” y, por tanto, tiende a presentar a las prostitutas como “colaboradoras inocentes” del “infame” SD. En efecto, las chicas ignoran que sus conversaciones están siendo grabadas. La propia Kitty y sus prostitutas son presentadas como mártires antinazis. Cuando un cliente utiliza la frase “Vengo de Rothenburg”, Kitty les muestra el book en el que aparecen las 20 prostitutas seleccionadas por la seguridad del Estado.

La película fue vapuleada por la crítica y supuso un punto de inflexión en la carrera de Helmut Berger que, a partir de ese momento, dejará atrás las refinadas películas viscontinianas en las que participó para asumir producciones cada vez de más bajo nivel y terminar filmando incluso con “Jess Franco” (Jesús Franco) una más que olvidable cinta (Faceless, los depredadores de la noche). En lo que a Ingrid Thulin se refiere, también para ella su carrera terminó allí. Después de Salón Kitty no filmaría más que una sola película ocho años después.

Los subproductos del Salón Kitty

El hecho de que la película contara con el favor de las distribuidoras y se proyectara en las mejores salas de exhibición de la época, no pudo evitar que fuera un fracaso comercial. Sin embargo, se trató de una coproducción en la que se había invertido mucho dinero y medios y que arrastró a otros productores menores a seguir por el mismo camino… con presupuestos incomparablemente menores. En otras palabras, si Salón Kitty sirvió para algo fue para reactualizar y revitalizar el subgénero de Naziexploitation.

Los rasgos de este subgénero, repetidos obsesivamente, son:

1.  Todas las cintas están ambientadas en el III Reich, en campos de concentración la inmensa mayoría y o en locales en donde las prisioneras son forzadas a ejercer la prostitución; en ocasiones de lo que se trata es de realizar con las presas experimentos pretendidamente científicos y auténticamente sádicos.

2. Como en todas estas películas, la escena cumbre que indica que se trata de una película de pretendido alto voltaje erótico es la revista a las presas recién llegadas al campo de concentración… que aparece en todas, absolutamente todas, las películas de este subgénero.

3. Los personajes están pintados a brochazos, con rasgos excesivamente maniqueos: los malvados (guardianes, SS) son incapaces del más mínimo rastro de compasión y de un solo pensamiento honesto; los “buenos” (presos) carecen de cualquier egoísmo, valientes hasta la temeridad incluso en la tortura, están dispuestos a darlo todo por sus compañeras y compañeros de infortunio.

4. Las escenas de violación son igualmente explícitas y se repiten con crecientes dosis de violencia. Habitualmente se trata de violaciones colectivas y, siempre el sexo es explícito y está mucho más próximo a las cintas pornográficas que a los estándares eróticos.

5. Los reconocimientos médicos a las prisioneras suelen ser el ingrediente insustituible en toda cinta de Naziexploitation que se precie.

6.  El reparto es siempre el mismo: guardianes sádicos, detenidas ingenuas e indefensas, malvadas guardianas lesbianas, oficiales de las SS afeminados y crueles, soldados pacifistas que terminan haciendo causa común con las presas y, finalmente, presas que hartas de abusos deciden responder a las agresiones y vengarse de sus agresores.

7.  Pocos son los directores que utilizan su verdadero nombre para firmar estas producciones como si fueran perfectamente conscientes de que están realizando cine–basura (el concepto de género de cine de explotación que justificaba todos estos subgéneros aparece con posterioridad) y evitan utilizar su propio nombre. Se trata, por tanto, de películas “alimentarias” realizados por directores que, por algún motivo, no han logrado destacar en otros géneros.

Sin ánimo de ser exhaustivos presentamos una breve lista de películas que se filmaron en la estela de Salón Kitty:

La larga noche de la Gestapo (1977).– Dirigida por Fabio De Agostini, director del cual no consta ninguna otra película y que, por tanto, hay que pensar que se trata de un seudónimo. El argumento sorprende por su desprecio a la verdad histórica y a toda muestra de rigor. Rudolf Hess y un grupo de generales del ejército y de magnates de la industria armamentística alemana, ponen en marcha una conspiración para derrocar a Hitler y no se les ocurre nada mejor que construir un burdel con prostitutas extraídas de la Gestapo para obtener información de los traidores al Reich…

 Casa privada para las SS (1977).– dirigida por Bruno Mattei (1931–2007), director italiano que habitualmente trabajaba con el seudónimo de “Vincent Dawn” y especializado en cine de exploitation. Sus dos primeras películas (SS Girls y KZ9 ambas de 1977) tienen como temática el porno anti–nazi. La película intenta describir a un grupo de fieles del III Reich que se proponen desarticular cualquier conspiración para derrocar a Hitler y, a la vista de que la oposición frecuentaba burdeles, contratan y entrenan a prostitutas para que los mantengan informados de cualquier trama en marcha. Si en Salón Kitty las prostitutas contratadas son 20, aquí, a causa del presupuesto apenas son 10 las que ejercerán de espías.

Bordel SS (1978).– dirigida por José Bénazéraf, cineasta argelino que desde 1962 ha rodado infinidad de películas porno. En esta ocasión se nos cuentan las aventuras de unos soldados alemanes en un burdel del París ocupado. Todo gira en torno a los amores de un capitán alemán con una prostituta; ambos, por supuesto, acabarán trágicamente. Cabe destacar que el papel femenino está encarnado por Brigitte Lahaie, que hasta los años 80 había participado en todo tipo de cintas porno, incluso con el director español Jess Franco en la mencionada Faceless, los depredadores de la noche junto a Helmut Berger.

La última orgía del III Reich (1977).– producida y dirigida por Cesare Canevari (1927–2012), actor, productor, regidor y montador italiano especializado en películas erótico–pornográficas de muy escaso interés, la penúltima de las cuales fue este subproducto inspirado en Salón Kitty. El guion, al menos, tiene la virtud de mostrar ciertas ambiciones: cinco años después de concluida la Guerra Mundial, el antiguo comandante de un campo de concentración, Conrad von Starker, se reúne con Lise Cohen, una antigua prisionera judía y recorrerán los lugares ya vacíos que constituyeron el escenario de su relación. Ella recordará las torturas y vejaciones a las que fue sometida por su amante, a base de flash–baks. Un subproducto más en el que una mujer presa, aceptar ser prostituida por miedo a las consecuencias de una negativa.

A pesar de que estas cuatro cintas (y seguramente alguna otra que se nos escapa de la que ni siquiera ha quedado constancia en las historias del cine), la última película introduce un elemento nuevo que en ese mismo momento estaba a punto de ser explotado por la primera entrega de la serie sobre Ilsa: el campo de concentración como escenario claustrofóbico de las secuencias de sadismo y torturas sexuales. A partir de entonces, ese elemento del campo de concentración coexiste con el burdel en el que agentes–prostitutas tratan de sobrevivir.

martes, 11 de mayo de 2021

Un subgénero cinematográfico De la pornografía antinazi a las novelas “stalag” (3 de 8) - Los arquetipos del subgénero (I). Ilsa, la loba de las SS

Cuando en 1974 se filma Ilsa: She Wolf of the SS, este subgénero va adquiriendo carta de naturaleza y es a partir de ese momento cuando empieza a ser considerado como tal. La película fue dirigida por Don Edmonds, un oscuro director del que constan varias películas en los archivos pero del que vanamente buscaríamos una biografía sucinta, hasta el punto de que cabe preguntarse si existió realmente o, una vez más, se trata de un pseudónimo o acaso de un actor que apenas ha representado unos cuantos papeles y que, igualmente, ha dirigido algunas películas, especialmente sobre temática erótica.

La actriz que encarnó a “Ilsa”, fue Dyanne Thorne, una norteamericana curtida en el porno, nacida en 1943. En su juventud fue pin–up y modelo de desnudos, también trabajo como streeper en Las Vegas, pero su fama procede de las cuatro películas de naziexploitation en las que encarnó el papel de “Ilsa”. En la primera entrega encarna a una comandante de las SS que dirige un campo de concentración. Habitualmente abusa de los prisioneros masculinos y femeninos y, cómo no, también tiene ambiciones científicas, realizando experimentos diabólicos de redundante crueldad y sadismo. En las últimas escenas de la película, por cierto, Ilse resulta asesinada, lo cual no es óbice para que reaparezca con el mismo nombre, grado y hechuras –voluptuosas, por cierto, hasta el exceso– en Ilsa, Harem Keeper of the Oil Sheiks (1976), situada en el Oriente Medio de la postguerra. Aquí los desnudos de la Thorne son mínimos e incluso el derramamiento de sangre va muy por detrás de la primera entrega de la serie. Si la película siguió ostentando el rango de “apta para mayores” fue por una escena en la que “Ilsa” es violada por un esclavo enloquecido. La película juega con la idea del harén y de europeas secuestradas para ser internadas en casas de prostitución árabes, idea muy en boga en la época, y tiene como principal y único atractivo un dúo lésbico que hasta entonces era casi inédito en la pantalla grande.

A la vista de que la actriz consiguió seguir manteniendo la atención del público que había visto la primera entrega de la serie, al año siguiente, en 1977, se rodó la tercera parte, Ilsa, the Tigress of Siberia. En esta ocasión ya no son ni los stalags, ni los exotismos árabes, los que constituyen el trasfondo sobre el que se desarrollarán las casi dos horas catárquicas de sadismo y crueldad sexual, sino que será en el gulag siberiano en donde, la Thorne conjuntará su ropa interior abundantemente exhibida con un gorro de astracán. En efecto, en esta ocasión –las necesidades de la lucha anticomunista apremiaban especialmente después de que el abandono apresurado de la embajada norteamericana en Saigón hubiera desatado las alarmas– la denuncia contra el estalinismo prevalecía sobre la habitual denigración al nazismo. La película fue producida en Canadá y la Thorne, de ser Ilsa la loba pasó a ser tovarich y “camarada coronel”. Naturalmente, estamos en un campo de concentración siberiano hacia los últimos tiempos del stalinismo, pero Ilse sigue con su afán de destruir las mentes y los cuerpos de los prisioneros que, como es habitual, se ven sometidos al mismo régimen de vejaciones y crueldades como en los más afamados e improbables stalags alemanes.

A la vista de que los productores avispados sospechaban que a la vista de las carencias interpretativas de Dyanne Thorne, la serie podía deshincharse en cualquier momento, en el mismo año 1977 se firmó la cuarta y última secuela, Ilse, the wiked warden. La película, aparentemente, tenía poco que ver con las anteriores, especialmente por el hecho de que es una co–producción germano–americana–helvética dirigida por un español, Jesús Franco (que para la aventura utiliza el alias de “Jess Franco”). El hecho de que sea un español en plena transición el que dirige la cinta evita que el guion sea explícito sobre la ubicación de la trama. Aparentemente, los uniformes y la parafernalia sugieren que todas las peripecias –erótico–sado–masoquistas, por supuesto– tienen lugar en Cuba o en algún lugar del Caribe y es fácil percibir que la estética sugiera la del castrismo, pero, evidentemente, ni Jesús Franco, ni Jess Franco, hubieran sido capaces de filmar en aquellos momentos de exaltación progresista una cinta en la que algunos de los iconos de la izquierda salieran mal parado. De ahí también que se diga y se repita sobre esta película que no se trata de una “secuela oficial” de la trilogía de Ilse, sino de “otra cosa”. Incluso la protagonista encarnada por la Thorne no es ya “Ilse” sino “Greta”… todo lo demás es un dejá vû de anteriores cintas: cámbiese un campo de concentración por una clínica para chicas en la selva y al arquetipo de los “científicos locos de las SS”, por simplemente “científicos locos en estado puro” que se han propuesto la encomiable tarea de redimir a muchachas aquejadas de distintas perversiones sexuales y hacer de ellas unas castas y puras damas; tales serán todas las diferencias.

A pesar de que, como siempre en este subgénero, el argumento es lo de menos, vale la pena dar algunos brochazos sobre él mismo. Una de las chicas, en efecto, muere en el curso de los experimentos y su hermana se propone averiguar qué ha ocurrido, para lo cual se infiltra en la clínica. Ilsa y otra de las guardianas le regalan todo un catálogo de perversiones y crueldades protagonizadas por las pacientes ingresadas (travestís, lesbianas, ninfómanas y demás mujeres desviadas y parafílicas) y prisioneros masculinos con la intención de vender las grabaciones en el mercado de las snuf movie. Cabe decir que, inicialmente, la cinta se comercializó con el título de Greta: Haus ohne Männer (literalmente, Casa sin hombre…) para evitar los problemas legales que pudieran surgir con los propietarios de la “marca Ilse”. Con el paso del tiempo, la película recuperó el nombre de Ilse y pasó, oficialmente, a ser la cuarta parte de la serie.

Jesús Franco, como se sabe, fue un director español tan prolífico como mediocre artesano. La película es una completa desgracia: lenta, aburrida, con un erotismo de pacotilla, actores convertidos en maniquíes rígidos y una protagonista que parece haber sufrido un fuerte deterioro físico desde su anterior interpretación como Ilse en Siberia, a pesar de que apenas habían transcurrido unos meses desde su filmación. Sin embargo, es su mejor interpretación, está más comedida que en otras ocasiones. De todas formas, el bostezo es el gesto que acompaña al espectador en toda la proyección de esta cinta.

Habría que reseñar también la presencia de la actriz barcelonesa Rosa María Almirall, más conocida como Lina Romay (1954–2012), habitual en las cintas de Jesús Franco de quien fue su pareja a partir de 1972. Se había especializado en películas de terror, sangre, higadillos y efusión de sadismo, inevitablemente dirigidas por su marido. Cuando su cuerpo ya no soportó la mirada escrutadora de las cámaras, pasó a realizar guiones para él.

Otra curiosidad de la película es que se rodó en inglés, pero, a poco que se escucha en versión original, uno percibe que está repleta de palabras en español (tetas y culo, fundamentalmente y por este orden). La película es enteramente deleznable y los especialistas en cine pervertido salvan alguna escena de lucha con cuerpos femeninos enjabonados, una sesión de acupuntura que recibe la pobre Romay y la terapia de violaciones grupales… La banda sonora incorpora una insufrible música de guitarra que contribuye a que la tetralogía de Ilse sea completamente olvidable y tenga un broche final a la altura de las anteriores entregas...

Franco es quizás el director español que más seudónimos ha utilizado para filmar sus películas. Vale la pena pasar revista a todos estos seudónimos: Joan Almirall,  Clifford Brawn, Clifford Brown Jr., Clifford Brown, Juan G. Cabral, Betty Carter, Candy Coster, Terry De Corsia, Rick Deconinck, Raymond Dubois, Chuck Evans, Toni Falt, Dennis Farnon, Jess Franck, J. Franco, James Franco, Jesse Franco, Jess Franco, Jesús Franco, A.M. Frank, Adolf M. Frank, Antón Martín Frank, Jeff Frank, Jess Frank, Wolfgang Frank, James Gardner, Manfred Gregor, Jack Griffin, Robert Griffin, Lennie Hayden, Frank Hollman, Frank Hollmann, Frarik Hollmann, B.F. Johnson, J.P. Johnson, Yogourtu Ungue, James Lee Johnson, James P. Johnson, David J. Khune, David Khune, D. Khunne Jr., D. Khunne, David J. Khunne, David Khunne, David Kuhne, David Kunne, David Kühne, Lulu Laverne, Lulú Laverne, Franco Manera, J. Franck Manera, J. Frank Manera, Jesús Franco Manera, Jesús Manera, Jeff Manner, Roland Marceignac, A.L. Mariaux, A.L. Marioux, John O´Hara, Cole Polly, Preston Quaid, P. Querut, Dan L. Simon, Dan Simon, Dave Tough, Pablo Villa, Joan Vincent y Robert Zinnermann…

Algunos especialistas en la filmografía de la excesiva y rotunda Dyanne Thorne sostienen que la película y sus tres secuelas tuvieron también una “precuela” no menos olvidable: Las aventuras eróticas de Pinocho (1971). La última película que filmó data de 1985, tras lo cual, bruscamente, Dyanne Thorne sintió la llamada de la ciencia y se puso a estudiar antropología, carrera que no terminó; si, en cambio obtuvo, un doctorado en religiones comparadas… Actualmente, regenta un negocio de trajes de novia y organización de ceremonias de matrimonio, junto a su marido que, en la primera entrega de Ilse, encarna a un coronel de las SS.

La película que se sitúa en el origen de la serie se realizó en el set que hasta entonces se había construido para la serie cómica de televisión Los Héroes de Hogan (que discurría precisamente en el interior de un stalag). La serie se había cancelado por falta de audiencia y los productores de Ilse la alquilaron, ahorrando a los propietarios el coste de demolerla.

Los subproductos de Ilse, la loba de las SS

La lista de películas que surgieron como secuelas de la primigenia película sobre Ilse, están en torno a la veintena (insistiendo en que es muy probable que se hayan filmado muchas más, productos hoy desconocidos y que no consiguieron penetrar en los circuitos comerciales, pasando directamente de la mesa de montaje a los circuitos específicamente pornográficos, sin pasar por las salas de exhibición), de entre las que destacamos:

–  KZ9, Lager di sterminio (1977).– dirigida por Bruno Mattei. Es el segundo y último que Mattei dedicó a este género y que siguió a Casa privata per le SS. Mattei (1931–2007), como la mayoría de directores que han rondado este subgénero, se especializó a partir de 1970 en la producción de cintas de bajo costo, de serie B, a menudo de horror y siempre ignorados por la crítica. Mattei (también como la mayoría de directores de este subgénero) ha trabajado con distintos seudónimos: Vincent Dawn, Norman Dawn, David Graham, David Hunt, Bob Hunter, Frank Klox, Wener Knox, Pierre le Blanca, Jimmy Matheus, Jordan B. Matthews, J. Metheus, Martin Miller, Erik Montgomery, Anthony Pass, Stefan Oblowsky, Gilbert Roussel, George Smith e William Snyder y un largo etcétera. Las temáticas de sus películas son habitualmente los distintos subgéneros de exploitation (especialmente en sus variedades gore, cannibal, prisiones, zombis, porno…). La película que nos ocupa está ambientada en un campo de concentración en 1943, justo cuando llega un nuevo contingente de prisioneras. Tras la habitual revista y los desnudos integrales se revela la verdadera utilidad del campo: facilitar a un sádico científico loco material humano para sus experimentos: trasplantes de órganos, reanimación de muertos, reeducación de homosexuales, creación de gases tóxicos y clonación de órganos vitales. Las prisioneras, por supuesto, no son más que cobayas humanas. En la película se pueden ver las habituales escenas de sexo explícito y sáfico, torturas infringidas por una presa colaboracionista (kapo) a las demás internas y ejecuciones sumarias. Se sabe los beneficios que dio la película en su momento: en torno a 23 millones de pesetas de la época, que supondrían medio millón de euros actuales. La crítica italiana en esta ocasión se preocupó de la película, masacrándola y llegando a definirla como “la película más cruda y violenta nunca antes producida en Italia”.

–  Casa privata per le SS (1976).– Se trata de la primera incursión de Mattei en este subgénero. La película no aporta nada nuevo y el argumento repite casi textualmente a Salón Kitty. Ni siquiera el guionista se ha preocupado de variar al protagonista que en ambos casos es el jefe del SD Schellemberg, para la ocasión “general de las SS Hans Schellemberg”. También aquí se trata de crear un burdel en el que identificar traidores, un Blumenstrauss. Ignorando que las SS permanecieron fieles en todo momento al III Reich, la película presenta a los primeros clientes del establecimiento a antiguos oficiales de la SS sobre los que pesaban sospechas de traición. Una de las protagonistas es una muchacha española que ha sido violada por uno de estos oficiales felones. Las escenas muestras las habituales sesiones de tortura, orgías, números sado–masoquistas, lésbicos y violaciones. Para “prestigiar” la cinta, se contrató a algunos actores que habían participado en el rodaje de Salón Kitty. A la vista del presupuesto flaqueaba, Mattei utilizó fragmentos de otras películas e incluso tomó prestada la música de Rollerball de Norman Jewison.

–  Elsa Fraulein SS (1977), dirigida por Patrice Rhomm, difundida también con los nombres de Captive Women 4, Fraulein Kitty, Fraulein Devil o Mujeres Cautivas. Dicho director solamente tiene dos películas en su filmografía y todo induce a pensar que, una vez más, se trató de un seudónimo de fortuna que utilizó para estas dos películas que se parecen a otros subproductos del mismo tipo aparecidos en los mismos años. Helga, la loba de Stilberg (1977) no alude específicamente a los campos de concentración nazis, pero toda la estética y la temática remiten al mismo tema arquetípico de una tétrica prisión alejada, un general sádico y una cruel guardiana, Helga Stiver, que tienen una irreprimible tendencia a hacer la vida imposible a Lisbeth, hija de un “opositor”. La película, de bandera francesa, da la sensación de que introdujo estos pequeños cambios argumentales para evitar que fuera excesivamente parecida a otra decena de producciones rodadas ese mismo año (1977) que taponarían su promoción. El mismo director, en ese mismo año, volvió a la carga con Elsa Fraulein SS, comercializada por Eurocine (la misma que había producido Helga… De hecho, algunos de los actores, como Marisa Longo, son los mismos). En cuanto al argumento es una mixtura de Salón Kitty y de cualquier película de campos de concentración: hasta el nombre de una de las protagonistas, Kitty, indica la “imaginación” del guionista. Aquí no se trata de un burdel estático, sino montado sobre un tren (el “tren sexual”). A partir de aquí, tras las consiguientes crueldades, la más atractiva de las prostitutas descubre que su ex amante y otra de las empleadas en el burdel se enamoran.

–  Le deportate della sezione speciale delle SS (1977).– dirigida por Rino di Silvestro (1932–2009) se dedicó en su juventud al teatro como autor, intérprete y director y luego pasó a partir de 1966 al cine. Utilizó varios seudónimos para filmar sus películas, la mayoría de las cuales eran eróticas o semi–pornográficas (Los sueños eróticos de Cleopatra, Diario secreto de una cárcel de mujeres o Prostitución, por citar sólo unos títulos significativos de su filmografía). La película fue una co–producción italo–alemana que tampoco destacó por su originalidad. Simplemente la trama gira en torno a un comandante de campo de concentración que trata de conquistar a una prisionera (Lina Polito) a quien conocía previamente. Y aquí está lo primero que sorprende: que el campo de concentración no es tal sino que más parece una quinta o incluso una villa romana que solamente tiene en común con los campos de concentración las inefables duchas colectivas en donde las prisioneras se exhiben, se enjabonan y se frotan unas a otras. A partir de aquí, la sobredosis de escenas lésbicas, brutalidades y torturas, son fácilmente esperables y reconocibles como propias del subgénero. Quizás la escena más lograda es aquella en donde un “soldado bueno” es descubierto en situación amorosa con una prisionera y obligados a realizar el acto sexual ante todo el campamento. Los jóvenes, pudorosos ellos, prefieren en plena coyunda, suicidarse con cianuro. La película termina con una fuga masiva y la consabida masacre final de los kapos. Quizás la escena más increíblemente desagradable es cuando el comandante intenta violar a la protagonista que se ha introducido en la vagina un trozo de madera cóncavo con trozos de hojas de afeitar adheridos… Y en cuando a lo más sorprendente es la explicación que el director dio a una obra tan vacía, tomen nota que no tiene desperdicio: “Ahondé en el pasado de Alemania para reflejar a la sociedad italiana contemporánea, donde comenzaban a nacer movimientos políticos como las Brigadas Rojas. En aquel momento, el nazismo era una necesidad, ya que cualquiera se identificaba con cualquiera que pudiera vengarse”. La protagonista es, en efecto, encarcelada por ser novia de un terrorista… y lo que nos está sugiriendo di Silvestro es que la sociedad italiana veía films de porno anti–nazi para sublimar el deseo de aplastar al terrorismo comunista poniéndose en el lugar de los nazis… Y es que hubo un tiempo en el que cuando alguien se declaraba antifascista se le permitía todo, incluso proferir estupideces.

–  Nazi Love Camp 27 (La svastica del ventre) (1977).– dirigida por Mario Caiano, que empezó a curtirse en los primeros spagheti–western. En 1970 abandona el western para trabajar para la RAI para que realizará distintos documentales hasta que en 1977 dirija esta cinta que firmará con el seudónimo de “Edoardo Re” (el propio director explicó que el “pudor” le impedía utilizar su nombre y eligió el santo del día en que firmó el contrato (San Eduardo Rey). También en la filmografía de este director encontramos cintas de tipo político antifascista (Milano violenta, 1977; Napoli spara!, 1977; La malavitta attacca… la polizia risponde!, 1978, etc). Hasta 2001 siguió realizando filmes y alguna miniserie para la RAI. Esta película trata de “Hanna”, una muchacha judía, practicante junto a su novio del amor libre, encerrada en un campo de concentración es repetidamente violada y acaba en un burdel para los soldados de las SS. Logra hacerse pasar luego por ciudadana alemana y termina dirigiendo un burdel escondiendo su identidad judía.