Infokrisis.- El caso Urdangarín y el caso Corina
han llegado en el peor momento de la monarquía y contribuyen a acentuar la
crisis institucional de nuestro país. No solamente un país camino de los
6.000.000 de parados no puede permitirse el ver como la rapacidad y la
depredación están instalados en las altas instancias del Estado, sino que la
crisis de la monarquía llega en el momento en el que las últimas cinco
operaciones realizadas en Juan Carlos I y su visible y creciente deterioro
físico, nos indican a las claras que estamos, sino ante una abdicación al
estilo del de Benedicto XVI, sí ante una sucesión inevitable.
Y este es el problema, porque si en 1975, Juan
Carlos se beneficiaba de una situación en la que la derecha franquista estaba
dispuesta a defender a capa y espada la monarquía, aunque solamente fuera para
que la oposición democrática no se llevara el gato al agua de la “ruptura
democrática”, ahora, no hay fuerzas sociales lo suficientemente fuertes como
salvaguardar la permanencia de la institución monárquica, sino que tampoco
existen fuerzas políticas con suficiente convicción y compromiso para asumir
esa defensa de manera ni remotamente numantina. Ni siquiera las fuerzas armadas
parecen muy dispuestas a decir nada al respecto.
