martes, 3 de marzo de 2026

Nueva crisis internacional: LA GRAN EQUIVOCACIÓN DE DONALD TRUMP (2) - NATURALEZA DEL YIHADISMO EN EUROPA Y CONCLUSIONES

GEOGRAFÍA DEL ISLAM Y DEL YIHADISMO EN EUROPA

Es significativo que Irán tenga un sustrato étnico indo-europeo y que fuera un imperio histórico en la antigüedad (el Imperio Persa). El islam apareció en el Imperio Persa en el año 633, aprovechando la debilidad de la monarquía sasánida por décadas de guerra contra los bizantinos. La islamización de Irán no fue una conversión súbita, sino un proceso de siglos. Inicialmente, la población rechazó la nueva religión. Irán mantuvo su lengua (persa) y muchas costumbres, a diferencia de otros territorios que se "arabizaron" por completo. Solamente en el siglo XI, cinco siglo después, el 90% de la población se había islamizado. Aunque los árabes conquistaron militarmente Irán, la cultura persa, muy superior a la árabe, terminó “conquistando” intelectualmente a sus invasores. Cuando se habla de la “edad de oro del islam” en ciencia, filosofía y literatura, en grandísima medida fue impulsada por eruditos de origen persa.

Como era de prever, estas diferencias fueron el germen de disidencias religiosas. Tras la muerte de Mahoma, apareció la querella dinástica entre los musulmanes que creían que el sucesor debía ser elegido por consenso entre los seguidores más capaces y apoyaron a Abu Bakr, suegro de Mahoma, dando lugar al Islam “sunnita” (mayoritario en el mundo islámico en un 85-90%), frente a los que defendían que el liderazgo debía permanecer en la familia del Profeta y apoyaron a Alí, su primo y yerno, y que fueron llamados chiitas (palabra procedente de Shiat Ali, el partido de Alí).

Los Grandes Imanes chiitas son considerados descendientes directos de Mahoma, inspirados e infalibles. Para ellos, el Imán tiene un conocimiento místico y secreto del Corán. Dan mucha importancia al martirio y al sacrificio (a raíz de la muerte de Hussein, hijo de Alí, en la batalla de Kerbala). Su área de dominio es Irán, con poblaciones mayoritarias o muy influyentes en Irak, Líbano (Hezbolá) y Baréin.

Entre la inmigración islámica en Europa, las comunidades chiitas suponen un 10% del total de la presencia islamista. Los procedentes de Irán están instalados en Alemania (especialmente en Hamburgo y Berlín), Suecia y el Reino Unido. En Francia y Alemania se han asentado comunidades chiitas procedentes de Irak y del Líbano. Muchos refugiados afganos pertenecen a la minoría hazara, predominantemente chiita, se ha instalado en Alemania y países nórdicos debido a la persecución religiosa en su país. Los chiitas residentes en el Reino Unido proceden del subcontinente indio (India y Pakistán), Irak e Irán. Por su parte, en Francia, los 7 millones de musulmanes son mayoritariamente de origen magrebí (por tanto, sunnitas), existiendo una comunidad chiita procedente del Líbano y en menor medida de Irán.

El gran problema para la seguridad interna de la Unión Europea es el “yihadismo”. Pero sería erróneo no distinguir en este terreno la actitud de los sunnitas y chiitas asentados en nuestro territorio. El análisis de los grupos yihadistas desarticulados en la UE demuestra a las claras que la inmensa mayoría de las redes son de orientación sunnita. Y la casi totalidad de los ataques terroristas y redes de reclutamiento detectados en suelo europeo corresponden al yihadismo sunnita. Para Europol (TE-SAT 2025), el yihadismo sunnita sigue siendo la amenaza más letal en la UE.

Los chiitas detenidos en Europa nunca hasta ahora han perpetrado ataques indiscriminados contra civiles. Ahora bien, existen redes operativas vinculadas principalmente a Hezbolá cuya actividad puede definirse como “logística y de financiación”, antes que como “operativa-y terrorista”. En julio de 2024, la Guardia Civil española, en colaboración con autoridades alemanas, desarticuló una red logística que enviaba componentes para construir más de mil drones destinados a Hezbolá. Sus acciones suelen estar dirigidas contra intereses específicos de Israel o disidentes iraníes en suelo europeo, bajo la dirección de servicios de inteligencia estatales.

CONCLUSIONES PROVISIONALES

Poco puede decirse de la posición de Sánchez ante el conflicto. Sánchez es solamente un presidente “formal”, pero no real, que toda Europa da por amortizado: no manda, no tiene criterio propio, depende de lo que le impongan sus aliados parlamentarios, en realidad, sus “señores”, de los que él no es más que un siervo del que, en cualquier momento, pueden prescindir. Si no lo han hecho ya es por considerar que lo que vendrá después les dejará muy poco margen de actuación. Que Sánchez esté “contra el ataque a Irán” es algo tan frívolo cómo las opiniones de los actores en los premios Goya a favor de Gaza…

Pero, de todo lo dicho hasta aquí, podemos deducir unas cuantas conclusiones:

1) Trump se ha equivocado con este ataque, contradictorio con su política de interés prioritario en la “defensa del hemisferio”.

2) Lo que tuvo éxito en Venezuela, no lo va a tener en Irán: ambos regímenes son muy distintos cultural, política y antropológicamente.

3) La solidez del régimen iraní, a pesar de las inciertas manifestaciones de protesta de principios de año, es mucho mayor que la del régimen venezolano.

4) El principal factor diferencial es de matiz religioso: la clase política iraní cree en su religión, mucho más de lo que los bolivarianos creen en su proyecto laico.

5) En ambos casos, Irán y Venezuela, la intervención norteamericana tiene como nexo común el petróleo. Tanto Irán como Venezuela eran proveedores de petróleo a China.

6) China es el gran adversario geopolítico de los EEUU y el único que puede disputarle la hegemonía en el comercio (y, por tanto, en la política) mundial.

7) El ataque a Irán responde en segundo plano a la política de defensa del Estado de Israel que aspira a eternizar su hegemonía nuclear en la zona.

8) La actual fase del conflicto de Oriente Medio tiende a generar una situación parecida a la de 1973 cuando la guerra del Yomkipur desencadenó la primera gran crisis del petróleo.

9) La falta de oposición interior organizada en Irán hace difícil que se produzca el mismo esquema que “funcionó” en Venezuela: la aparición de “kolabos” en el interior del régimen.

10) En pocos días EEUU comprobará que Irán es un hueso más duro de roer y se conformará con la destrucción de infraestructuras civiles y de la industria nuclear iraní.

11) Llegado a este objetivo y ante la imposibilidad de derribar al régimen, lo más probable es que cesen los ataques mutuos, al menos temporalmente y que las partes se den por satisfechas.

12) Trump ha olvidado que Oriente Medio es “tierra del Islam” y que allí se disputan la hegemonía tres regímenes: Irán, Arabia Saudí y Turquía. No es “tierra de democracia anglosajona”.

Desde el punto de vista de los intereses de Europa, lo esencial es:

- No verse arrastrado a un conflicto en el que Europa no tiene nada que ganar ni que perder.

- Los intereses de la OTAN no son los intereses de Europa y mucho menos de una OTAN que solamente aspira a que los europeos aumenten su presupuesto de defensa para comprar material militar norteamericano.

- No hay absolutamente ningún dato objetivo que respalde la existencia de una “amenaza rusa” sobre Europa, por tanto, la OTAN podría disolverse sin que nuestra “seguridad” se viera afectada.

- El gran riesgo económico que pesa en estos momentos sobre Europa es: una crisis directamente relacionada con el precio de la energía, y con la negativa a apostar por la energía nuclear, la única que puede garantizar que Europa no pierda definitivamente el tren del desarrollo económico en la Cuarta Revolución Industrial.

- El gran riesgo interior en Europa lo constituyen las bolsas de inmigración masiva procedente del Tercer mundo y, especialmente, del mundo árabe. A conjurar ese riesgo deben apuntar las políticas y los planes de defensa.

- De la misma forma que Oriente Medio es “zona del islam”, Europa es tierra de los pueblos blancos teñida por el cristianismo: hay que evitar que la crisis de oriente medio redunde en un aumento de las bolsas del islam sunnita en el continente.

 

 







Nueva crisis internacional: LA GRAN EQUIVOCACIÓN DE DONALD TRUMP (1)

El ataque a Irán ha constituido su primer gran error en política exterior. Podemos entender su insistencia en Groenlandia (tierras raras y espacio estratégico continental para EEUU), podemos entender su política arancelaria (defender el comercio, el trabajo y los intereses de los EEUU que, a fin de cuentas es su país), podemos entender su actitud en el conflicto ucraniano (negociación y negocios, antes que guerra), podemos entender su exigencia de que los “aliados europeos” paguen su defensa (en forma de armamento comprado a EEUU), podemos entender la retirada de EEUU de organismo internacionales completamente inútiles, podemos entender el secuestro de Maduro y la “intervención” del régimen venezolano, pero nos ha costado mucho más entender su política en Oriente Medio que encierra bastantes peligros.

EL PROCESO HASTA LLEGAR AL ATAQUE A IRÁN

Así como el ataque a Venezuela se realizó después de que Corina Machado recibiera el Premio Nóbel de la Paz y tras evidenciarse un gigantesco fraude electoral en las elecciones presidenciales de 1924. Las manifestaciones de protesta que entonces siguieron, y que colocaron al país en situación de pre-guerra civil, así como el número de exiliados, hicieron innecesaria una “preparación previa” para justificar el ataque a Venezuela y secuestro de Maduro. Los ataques a lanchas que portaban droga contribuyeron a dar credibilidad sobre las relaciones entre el régimen bolivariano y el narcotráfico y, una vez iniciado el conflicto, la debilidad de sus estructuras y el oportunismo sin principios de sus dirigentes, empezando por Delcy Rodríguez, Diosdado Cabello (ministro del interior), Vladimiro Padrino (responsable de defensa), hicieron el resto. Ningún país de la zona, ni el México de Sheinbaum, ni Colombia de Petro, ambos gobiernos de izquierdas, se limitaron a nada más que “condenas enérgicas” y protocolarias, pero haciendo gala de una pasividad absoluta.

En el caso del ataque a Irán y del asesinato del ayatolá Alí Jameney, todo ha sido completamente diferente. En primer lugar, el ataque ha venido precedido de manifestaciones de la “oposición” realizadas desde principios de 2026 y de las que es muy difícil hoy establecer su importancia real, así como el número de muertos, e incluso su espontaneidad. Amnistía Internacional y el grupo Iran Human Rights estiman que al menos 3.428 personas habían fallecido “hasta finales de enero”. Otras fuentes de derechos humanos elevan la cifra por encima de los 5.000 a 7.000 fallecidos. Y, finalmente, existen estimaciones que sostienen que 30.000 personas podrían haber muerto solo en las primeras 48 horas. Las cifras oficiales del oficialista Consejo de Seguridad Nacional de Irán admitieron un total de 3.117 personas.

La concordancia entre las cifras de Amnistía Internacional y del gobierno iraní, son significativas y pueden darse como “aproximativas”, excluyendo las demás que parecen artificialmente “hinchadas” con intención de justificar de lo que vendrá después. Las manifestaciones tuvieron un primer momento álgido entre el 8 y 9 de enero y luego se reavivaron el 21 de febrero, con mucha menos fuerza, hasta poco antes del ataque norteamericano. En el momento actual, dista mucho de estar claro si las manifestaciones que se están produciendo son contra el régimen o contra la intervención extranjera. Hay que estar preparado para las operaciones de “guerra psicológicas” y poner en tela de juicio los datos que llegan hasta España.

A diferencia de la oposición venezolana (que, al menos, está momentáneamente unida en torno a la figura de Corina Machado, la oposición iraní está multidividida. Los monárquicos han visto en las manifestaciones de enero un intento de ganar protagonismo, pero su causa parece definitivamente perdida y a pesar de que el hijo del última Sha es la figura con mayor visibilidad, ello no quiere decir que existan partidarios suficientes en el interior del país como para que pueda reivindicar un papel protagonista. En cuanto al Consejo Nacional de la Resistencia de Irán, a pesar de su nombre no es más que un lobby de exiliados adinerados que opera en EEUU y la UE, sin apoyos en el interior. Mucho más efectivos parecen los reformistas de la oposición interior, partidarios de reformas pero que no destruyan el Estado islámico. Además de esto existen “opositores étnicos” entre las minorías kurdas, beluchas y árabes que reclaman autonomía.

Los presentados como protagonistas de las movilizaciones de principios de año, serían los llamados “niños de la revolución”, la Generación Z, nacidos después del año 2000 y que no se sienten apegados a la revolución de 1979. También existe malestar entre los trabajadores que protagonizaron algunas huelgas en 2025, entre camioneros, maestros y miembros del sector petrolero. En cuanto al lema que ha llegado a Europa como eco de las protestas: “Mujer, vida, libertad”, no es tal, sino un lema kurdo, que nació en 2022 tras la muerte de Mahsa Amini bajo custodia por la “policía de la moral”. Los activistas de la Generación Z parecen más apegados a la consigna de “Estado laico y democracia”.

Hay que dudar de la espontaneidad de las manifestaciones de principios de año. En su momento podían parecer justas frente a un régimen teocrático, pero, hoy, legítimamente podemos pensar que se trató solamente de una “operación psicológica” previa y necesaria para justificar el ataque el ataque ante la opinión pública: magnificar unas manifestaciones de oposición, hinchar el número de víctimas, insistir en los “derechos humanos” parece una cantinela excesivamente repetida para justificar a posteriori el asesinato del ayatolá Jamenei.

Pero si el secuestro de Maduro parece haber tenido éxito para impulsar un “nuevo curso” en Venezuela, en Irán el asesinato de Alí Jamenei, no parece que vaya a tener un final tan simple.

VENEZUELA – IRÁN: UN OLOR COMÚN A PETRÓLEO

Las operaciones contra el régimen venezolano y contra el régimen iraní, tienen un trasfondo común: el olor a petróleo.

En marzo de 2026, la producción de petróleo de Irán se sitúa en aproximadamente 3,1 a 3,3 millones de barriles por día, siendo el cuarto mayor productor dentro de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y el que posee las terceras mayores reservas probadas del mundo.

Por su parte, la producción de petróleo de Venezuela se sitúa en torno a 1 millón de barriles diarios, habiendo registrado un ligero aumento respecto al promedio de 2024 que fue de unos 921.000 barriles/día. Aunque el país posee las mayores reservas probadas de crudo del mundo, su producción actual sigue siendo baja en comparación con sus niveles históricos superiores a los 3 millones de barriles/día, debido a sanciones, falta de inversión, mala gestión, y corrupción, que han llevado al deterioro de infraestructuras.

Puede entenderse el interés de Trump en el petróleo venezolano. Él mismo ha afirmado que aspira a que la “zona de influencia” de los EEUU sea “el hemisferio occidental”, esto es, el continente americano (véase nuestro artículo 2025-2040: La mutación del Nuevo Orden Mundial ha comenzado en Venezuela). Ahora bien, Irán no está en esa “zona de influencia”; por lo tanto, el ataque puede explicarse por dos factores:

1) El 80% del petróleo iraní va a parar a refinerías en China. Y, parece claro, que el gran adversario de los EEUU y el que le disputa su hegemonía mundial, es China. Atacando a la industria petrolera iraní, EEUU está aguijoneando a China. Este país es hoy el quinto mayor productor de petróleo del mundo (superado por EEUU, Arabia Saudí, Rusia y Canadá). El 60% de ese petróleo procede del mar o del llamado petróleo de esquisto que ha crecido significativamente, superando los 8 millones de toneladas en 2025 y de pozos ultra-profundos antes inaccesibles. Sin embargo, la producción china es inferior a sus necesidades. De ahí que importe petróleo de Rusia, su principal proveedor; de Arabía Saudí, Irak y Malasia (pero que, en realidad, procede -dato importante- de Irán o Venezuela, reetiquetado para evitar sanciones internacionales) y directamente de Irán. Pero, a partir de octubre 2025, las importaciones desde Irán habían llegado a superar a las de Arabia Saudita en términos de volumen diario.

2) La alianza con el Estado de Israel que se niega a ser un estado más en la zona, el único que posee armamento nuclear propio y, por tanto, dispone de una superioridad estratégica ante sus vecinos. Esto explica la insistencia de las distintas administraciones de los EEUU en impedir la realización del programa nuclear iraní que anularía esta ventaja. Desde mediados de los años 80 se fueron produciendo asesinatos selectivos de científicos iraníes especializados en ingeniería nuclear y sabotajes cibernéticos contra la industria nuclear de este país que culminaron en junio de 2025 contra el ataque a la planta subterránea de centrifugación de uranio, que seguía a los ataques que tuvieron lugar entre 2020 y 2021 atribuidas a Israel y que ha culminado con la Operación Furia Épica, una ofensiva coordinada contra instalaciones nucleares y militares tras considerar agotada la vía diplomática. EEUU defiende así a su aliado más seguro en Oriente Medio.

IRAN NO ES VENEZUELA

Es habitual considerar a Irán como “un régimen oscurantista”. Algo de esto hay, como en cualquier forma de islam, una religión de otras latitudes. Pero hace falta estudiar el tema más de cerca para ver las cosas con más precisión.

La “revolución iraní” fue la primera de las “revoluciones islámicas” y, sobre todo, fue una revolución religiosa frente al laicismo de la monarquía del Sha. Pero, incluso en los primeros momentos, el régimen iraní ha tenido distintas tendencias. Nos equivocaríamos si pensáramos que TODO el régimen iraní está compuesto por ayatolas anclados en la doctrina y en el primitivismo islámico.

Históricamente, el gobierno de Irán ha contado con un número notable de doctorados en universidades occidentales de prestigio, especialmente durante la administración de Hassan Rouhani (2013-2021), donde llegó a haber más ministros con doctorados de EEUU que en el propio gabinete estadounidense

Los gobiernos más recientes (Raisi, Pezeshkian) han reemplazado a muchos “tecnócratas científicos” de la era Rouhani por “tecnócratas ideológicos”, formados en la Universidad Imam Sadeq de Teherán. A pesar que es menos común hoy que hace una década, algunos miembros del gobierno iraní mantienen formación occidental: Abbas Araghchi, ministro de Asuntos Exteriores, obtuvo un doctorado en la Universidad de Kent en el Reino Unido y el que fuera ministro de economía hasta 2025, Abdolnaser Hemmati, se formó en la Universidad de Chicago. La tendencia actual es a buscar reemplazos ministeriales en universidades nacionales de élite (como la Universidad Tecnológica Sharif o la Universidad de Teherán) y en instituciones ideológicas.

Con todo esto, queremos decir que el gobierno iraní es completamente diferente al de, por ejemplo, Afganistán y, por supuesto, al de Arabia Saudí, países en donde no existe ningún tipo de institución representativa e, incluso, su mente más lúcida, Mohamed bin Salman, solo tiene formación universitaria en derecho carrera que cursó en el propio país; habitualmente, en este país, los ministros salen de la élite aristocrática con cierta formación universitaria en el extranjero. Esta tendencia está mucho más patente en Turquía, en donde los ministros de mayor importancia (exteriores, finanzas y energía) se han formado en universidades inglesas y norteamericanas. Obviamente, en estos tres países, la pertenencia a la confesión islámica es obligada. El islam es, en estos países, lo que la “ideología” es en Occidente.

Esta simbiosis entre fe religiosa y capacidad técnica es lo que hace que estos regímenes sean especialmente duros de roer. Cuando más unificada están en la cúpula los rasgos político-religiosos, más coherente y sólido es el régimen: Irán, por cierto, es, de estos tres países el que muestra más “resiliencia”, y el hecho de que haya superado sus crisis interiores, se debe a que el régimen ha procurado que convicción religiosa y preparación técnica hayan ido al paso. Y esto es lo que sitúa al régimen iraní en una posición mucho más sólida que el régimen venezolano. Por eso hemos dicho al principio que, si Trump creía que podría torcer la voluntad del régimen iraní, liquidando a su presidente, se equivocaba.

En efecto, el “régimen bolivariano” y el “régimen de los ayatoláhs” no son comparables en ningún punto, y no solo por las diferencias culturales y antropológicas entre ambos países, sino por factores mucho más concretos.

En primer lugar, frente a la concreción de la doctrina islámica y a su concepción teocrática del poder, en Venezuela el poder ha estado en manos de un movimiento que oscilaba entre la demagogia social y el bandidismo puro y simple, hasta, en el mejor de los casos, un odio nacionalista hacia los EEUU. Esto era todo. Nunca hubo nada de profundo en el “proyecto bolivariano”, sino, como máximo, habituales en la demagogia más izquierdista.

Esto explica por qué, el secuestro de Nicolás Maduro, hizo reflexionar al resto de la cúpula “bolivariana” y decidir que la mejor vía para seguir defendiendo sus propios intereses, era plegarse a la voluntad de los EEUU. Empezando por Delcy Rodríguez.

Por otra parte, es significativo que los cuadros “bolivarianos” hayan surgido de las facultades de derecho del país y del ejército y, sobre todo, se priorizara a la hora de su elección, no tanto su preparación, ni sus estudios, sino su fidelidad perruna al Partido Socialista Unido de Venezuela.

Todo eso permite ver las diferencias abismales entre el gobierno venezolano y el de Irán. La banalización del espíritu religioso que se da en Venezuela y que hace que la élite política “bolivariana” apenas tenga, en el mejor de los casos, cierto “misticismo revolucionario” absolutamente laico, contrasta con la convicción religiosa de los cuadros iraníes que creen firmemente en su religión tradicional. Una religión que exige morir en defensa de su fe.

Es este factor el que Trump no ha tenido en cuenta.