Mostrando las entradas para la consulta ANTE LA OFENSIVA DEL ISLAMISMO RADICAL ordenadas por fecha. Ordenar por relevancia Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta ANTE LA OFENSIVA DEL ISLAMISMO RADICAL ordenadas por fecha. Ordenar por relevancia Mostrar todas las entradas

jueves, 6 de agosto de 2026

CEUTA CONFIRMA QUE SE APROXIMAN AÑOS DECISIVOS: Así que prepararos para lo que se avecina

Estamos seguros de que se aproximan años decisivos para Europa Occidental: así que será bueno prepararse para lo que se avecina ¿Catastrofismo? Todo lo contrario: las curvas de intención de voto de los partidos “populistas” (léase, “antiinmigración” y “euroescépticos”) va creciendo, mientras que las de los partidos “centristas” (de centro-izquierda y de centro-derecha), van disminuyendo más y más. Y esto no es nuevo: es un fenómeno que empezó a principios del milenio y en estos meses está llegando a un momento en el que puede preverse, un cambio de ciclo político radical, como nunca antes había vivido Europa Occidental desde 1945. Pero vale la pena formularse tres cuestiones:

1ª)     Este cambio de ciclo ¿no habrá llegado demasiado tarde?  

2ª)     ¿Cómo reaccionaran las bolsas de inmigración parasitaria ante la nueva situación que se perfila en el horizonte? Y

3ª)     ¿Puede hacerse algo para evitar este proceso?

EN TODA EUROPA OCCIDENTAL SE HA IDO DEMASIADO LEJOS: 

EL VOTO “POPULISTA”

Nadie puede dudar de esta relación matemática: el crecimiento de la inmigración masiva en Europa Occidental y con ella la inseguridad, la delincuencia, la pobreza y una fiscalidad creciente para mantener a masas improductivas y a guetos étnicos cada vez mayores, está en razón directa al aumento del peso político de los partidos “populistas” y “euroescépticos”.

Desde hace un lustro, en cada elección que tiene lugar en cualquier punto de Europa (incluso, allí donde la presencia migratoria es débil) el principal dato que se genera tras el recuento de votos, es un avance, cada vez mayor (y en algunos lugares, impresionante) de estos partidos “populistas” (“la internacional reaccionaria”, “el neofascismo”, “la extrema-derecha”, los “racistas y xenófobos”, etc, etc, etc). Cuando se publica una encuesta de intención de voto, el primer dato que subyace, es que estos partidos, ya no están en el “pelotón” de los partidos minoritarios, sino que, en su imparable escalada, son la única alternativa al gobierno de turno o bien, obtendrían la mayoría si se convocaran elecciones ese mismo día…

Hay, sobre todo, tres elementos que explican estos ascensos:

1) La visible, innegable y, por el momento, incontenible, islamización de Europa, con su pérdida de identidad y las lacras que le acompañan.

2) La percepción de la opinión pública de que los gobiernos europeos han permitido y estimulado está invasión y han hecho todo lo posible por favorecerla. Y, por tanto, son los únicos culpables, junto con la UE de tolerar esta lacra.

3) A lo que se une el fracaso de las políticas de los partidos tradicionales, los que, en todos ellos, en mayor o menor medida, se desprende un tufo a corrupción, mala gestión y despilfarro en el gasto público.

El problema que tienen ahora los partidos de centro-izquierda y de centro-derecha que han favorecido estos tres fenómenos es:

1) Que no se ha producido lo que preveían hace 40 años: ni los islamistas se han integrado en las sociedades occidentales, ni les votan masivamente.

2) Les es muy difícil recuperar la confianza en el electorado al que llevan décadas traicionando y defraudando: las declaraciones de sus dirigentes ya son consideradas solo como “palabras” y sus programas, sus promesas, sus portavoces, han perdido irremisiblemente toda credibilidad.

3) Las “malas artes” con las que aspiran a bloquear el ascenso de votos de la “ultraderecha”, ya no dan resultado: los lenguajes descalificadores, las denuncias y condenas por presuntos “delitos electorales”, contribuyen a aumentar el prestigio de estas formaciones “populistas”.

El resultado de todo esto es que “los populistas y euroescépticos” crecen y los partidos “centristas” menguan. Así de simple y así de sencillo.

La línea defensiva del “centro-izquierda” y del “centro-derecha”, a su vez, se basa en unos pocos argumentos que, a fuerza de ser repetidos machaconamente, se convierten en mantras desprovistos de todo significado:

1) “Europa, tierra de acogida para los que vienen buscando una vida mejor” (para los humanitaristas ingenuofelizotes)

Bienvenidos los que busquen una vida mejor y estén dispuestos a arrimar el hombro, pero… Lo que España necesita hoy son ingenieros, técnicos, personal cualificado profesionalmente, no una marejada de razas y de gentes procedentes de países que no tienen nada que ver con nosotros, que no necesitamos, que son inintegrables en el mercado laboral de un país europeo y que, para colmo, manifiestan continuas exigencias por su religión. Buscar una vida mejor es legítimo, pero es preciso recordarles que, en un país europeo, por alto que sea el salario mínimo, el coste de la vida, imposibilita cualquier posibilidad de ahorro y que los europeos no estamos dispuestos a mantener eternamente a grupos parasitarios con otras costumbres, otros hábitos de vestir, que no hacen absolutamente ningún esfuerzo por integrarse y tienen tendencia a exigir lo que no merecen con la excusa de los preceptos de su secta. Esta inmigración no tiene nada que ver con la que protagonizamos los españoles entre 1950 y 1970 en dirección a Europa: era preciso reconstruir el continente, demográficamente afectado por la Segunda Guerra Mundial. Además, los españoles fuimos respetando las leyes de extranjería de los países receptores y la inmensa mayoría, tras unos años de trabajo y ahorro, volvieron a España. Ninguna de todas estas circunstancias se da actualmente: ni Europa está destruida, ni el trabajo no cualificado da para ahorrar, ni los que han llegado tienen la más mínima intención de regresar a su país, sino más bien de traer a más y más de los suyos.

2) “La crisis demográfica europea solo puede ser solucionada mediante la aportación de la inmigración” (para los economistas liberales)

África y Asia son víctimas de sus propias políticas demográficas. En África del Sur, todas las mujeres en edad fértil están habitualmente embarazadas… En Marruecos, en los 40 años posteriores a la independencia, la población se duplicaba cada 20 años, dándose la paradoja de que hoy tiene una de las tasas de fertilidad más bajas de África, muy similares a Europa (el problema para Marruecos es que la creación de puestos de trabajo es incapaz de absorber a la población que está en edad de trabajar.

Pero, planteémonos lo que supone el “invierno demográfico” en Europa: el continente esta sobrepoblado. No son necesarios inmigrantes extraeuropeos sin ningún tipo de formación, especialmente en un momento en el que, gracias a las nuevas tecnologías, cada vez menos mano de obra, puede hacer más. Tanto en el campo, con nuevos sistemas de cosechadoras, como en las ciudades, con aumento de los prefabricados o, dentro de poco, con los puestos de trabajo habitualmente cubiertos por inmigrantes (paquetería y logística, o taxis) lo sean por drones y vehículos guiados por GPS.

De hecho, la naturaleza es sabia y el “invierno demográfico” situaría a Europa en buenas condiciones para afrontar este reto brindado por las nuevas tecnologías: “cada vez manos, hacen más… gracias a las tecnologías”.

¿Y qué ocurrirá con las “pensiones de los abuelos”? Hoy intuimos -en países como Dinamarca está más que claro- que el aumento del PIB no es la llave de oro de la economía: “a más población, más PIB”, sino que lo que cuenta es el “PIB per cápita”. La inmigración ha generado una masa absolutamente improductiva o instalada en las franjas salariales más bajas (a menos formación, menos salario: y la inmensa mayoría de inmigrantes carecen por completo de formación profesional) que obliga a los Estados a mantenerlos, subiendo, constantemente la presión fiscal. Obviamente, no son solamente los subsidios a la inmigración y el desmesurado gasto social que generan, los responsables de la subida de impuestos, pero, sin duda, constituyen la partida más importante, después del gasto en el mantenimiento del aparato faraónico del Estado y de las autonomías. Las pensiones no peligrarían reduciendo todos estos gastos y si la “hucha de la seguridad social” no basta para pagarlas, tampoco es un grave problema: el propio Estado tendría excedentes económicos para pagarlas directamente.

3) “Europa no puede negarse a ser tierra de acogida para refugiados de países en crisis” (para las ONGs que viven del “negocio de la inmigración”)

Lo más razonable sería que un “refugiado” que huye de Libia, pida asilo político en Egipto o en Túnez, no en Italia o en España. Salvo, por supuesto, que ese refugiado sea cristiano y tenga que huir de la persecución de la que es objeto en países islámicos. Lo más razonable no es que un “refugiado” haga valer el hecho consumado de su presencia en Europa para quedarse, sino que pida asilo político en el consulado español más próximo a su lugar de residencia. Toda África, sin excepción, está en crisis, el nivel de vida para el pueblo llano sigue siendo bajo y la diferencia de riqueza con las élites corruptas es abismal.

Los propios gobiernos suelen tratar a patadas a su propia población (lo hemos visto recientemente en Marruecos: como el gobierno ha utilizado a los jóvenes dirigiéndolos como borregos a la frontera de Ceuta, por tierra y mar, generando un número de ahogados que, finalmente estará próximo a los 200. ¡y lo ha hecho sin inmutarse, rechazando incluso a algunos de los que volvían tres días después!).

Europa puede negarse a acoger a individuos con estatuto de refugiados que generen problemas a toda la comunidad. No basta con una declaración en la que el interesado se defina como “perseguido político”. De hecho, salvo las élites gobernantes, cualquier africano podría alegar estar perseguido por su gobierno. De lo que se trata es de que los “refugiados” se acomoden en los países más próximos a su lugar de residencia y a los que, antropológicamente, sus costumbres sean más parecidas a las suyas propias. Y Europa está muy lejos del islam.

4) “Nuestra tradición humanista y cristiana nos obliga a ser solidarios con los que sufren” (para los cristianos progres).

Es la frase más habitualmente repetida por el Papa, incluso en su visita a España. ¿Cuál es el problema? ¡Que no todos los inmigrantes son “sufridores natos”, y es posible que las poblaciones que se quedan en sus propios países, sufran más! Por tanto, si de lo que se trata es de cortar el “sufrimiento” de las poblaciones, se trata de operar donde se genera ese “sufrimiento”: esto es, en los países de origen.

Y esto implica: intervenciones directas en esos países, ni un euro de fondos para el desarrollo entregado a gobiernos corruptos: si África o Asia precisan ayuda, esa ayuda no puede ser entregada a sátrapas y saqueadores profesionales, debe ser administrada por los propios donantes, directamente y sin ONGs parasitarias, mediante “agencias estatales” de cooperación. Solamente así puede ayudarse al “tercer mundo” y a “los que sufren”… Extender el sufrimiento a los países receptores de inmigración es, con seguridad, lo más tóxico y lo más contraproducente que puede hacerse.

5) Y el más viejo de todos ellos “No se pueden poner puertas al campo” (para los papanatas)

¡Claro que se pueden poner! Estamos en la era de la técnica: una rata puede ser localizada desde un satélite de observación desde que sale de su madriguera hasta que cae en una trampa para ratas. Y aunque estuviéramos en épocas en las que las nuevas tecnologías de localización todavía no hubieran sido implementadas, está más que claro que, si el día en el que llegó la primera patera a Canarias, se hubiera devuelto inmediatamente a los viajantes a su país de origen, se les hubiera encarcelado por vulnerar las leyes de inmigración y la soberanía española, y se hubiera persistido en esta política: nadie hubiera pagado a ninguna mafia para que lo trajeran al país desde el que tenían la certeza absoluta de que serían expulsados. Más aún: nos hubiéramos evitado ver cómo, desde 1988, cuando llegó la primera patera a Tarifa, han fallecido unas 20.000 personas ahogadas en el Mediterráneo. Alguna ONG (Caminando Fronteras) estiman que se han ahogado entre el Mediterráneo y el Atlántico 40.000 personas desde principios del milenio.  Solamente durante el último asalto a Ceuta a finales de julio, se ahogaron (que se sepa, por el momento) 140 personal (si bien existe la presunción de que pueden llegar a 200).

Por eso, siempre hemos dicho que “LA DEBILIDAD MATA”. Y debilidad es de lo que han hecho gala todos los gobiernos españoles desde Felipe González, hasta Sánchez, ¡sin excepción! ¡Claro que se pueden poner puertas al campo! ¡Basta con no admitir ni un solo inmigrante que entre ilegalmente y proceder a su expulsión después de permanecer en prisión! La inmigración ilegal es un delito: vale la pena no olvidarlo. Cuando se olvida, se permitiendo el delito y eternizando el problema. Está demasiado claro que, si “la debilidad mata”, solamente mediante la aplicación de medidas de fuerza, drásticas y de excepción, se puede cortar en seco el fenómeno.

Hace treinta años, decir esto suponía situarse ante las peores acusaciones: “racismo”, “xenofobia”, “atentado a los derechos humanos”, “odio”… Hoy, cada vez sectores más amplios de la población comparten estas ideas e, incluso, actitudes mucho más radicales. ¿Qué ha ocurrido? Que la inmigración se ha convertido en masiva y no ha satisfecho ninguna de las promesas que se hicieron cuando empezó el fenómeno: antes bien, la situación ha llegado al punto de no retorno en el que nos encontramos ahora.

¿Se entiende por que es INEVITABLE el ascenso de los partidos “populistas” y “euroescépticos”? ¿Se entiende porqué sus programas satisfacen las aspiraciones de un sector cada vez mayor del electorado? ¿Se comprende el por qué los partidos “tradicionales” ya no tienen la menor opción de prolongar sus mandatos y sus políticas de inmigración con la impunidad con que lo han hecho hasta ahora? ¿Se entiende ahora por qué estamos ante un cambio de ciclo o por qué solamente los que tienen tendencia a creer en Papa Nöel o los tres Reyes Magos, siguen creyendo a los Sánchez, a los Marlaska, a los Merz, a los Starmer o a los Macron?

Y ahora, volvamos a las tres preguntas que nos habíamos formulado al principio:

1ª) Este cambio de ciclo ¿no habrá llegado demasiado tarde?

Se estima que la población blanca o de origen europeo nativo en Europa Occidental ronda aproximadamente entre el 66% y el 70% del total de sus habitantes. Esta cifra varía de un país a otro y depende de cómo cada Estado recopila sus estadísticas demográficas. No hay que perder de vista que la legislación de la UE prohíbe hacer encuestas que contengan datos étnicos.

Sin embargo, se sabe que, por ejemplo, en España, la población nacida en el propio país representa aproximadamente el 80% de los habitantes, mientras que la población de origen inmigrante (nacidos en el extranjero) se sitúa en torno al 20,2%, sobre una población total de 49.687.120 habitantes. Pero estas cifras no pueden encubrir el hecho de que los hijos de los inmigrantes del tercer mundo nacidos en España, y, por tanto, considerados como españoles, ascienden a 3.100.000 personas. El volumen de partos procedentes de madres que nacieron en el extranjero ha escalado progresivamente hasta constituir el 33,3% del total nacional (uno de cada tres nacimientos en el país), según los balances del Instituto Nacional de Estadística (INE). Si a estos 3.100.000 hijos de inmigrantes (y, por tanto, “inmigrantes de segunda generación”) sumamos 3.300.000 millones de inmigrantes nacionalizados españoles y otros 6,8 millones que mantienen exclusivamente su nacionalidad, tenemos un total de, como mínimo, 12.000.000 de “no españoles étnicos”. Sin contar, por supuesto los recién regularizados (en torno a 1.400.000 que no han sido contabilizados por las estadísticas del INE.  Lo que nos sitúa, en la práctica, más cerca de un 25% de halógenos (1 de cada cuatro) que del 20% oficial.

Esto genera varios problemas añadidos:

- Reparto desigual de la inmigración que se concentra en la zona mediterránea (Cataluña, Valencia, Baleares, Murcia y Andalucía) regiones en las que la inmigración se sitúa cercana al 30%, la Comunidad de Madrid, con un 25%. Mientras que en el interior y en el cuadrante noroeste del país, los porcentajes son sensiblemente menores: 5% en Extremadura, Galicia y Asturias con un 10%... En Euzkadi están ligeramente por debajo de la media nacional.

- Resulta imposible “fijar” a los inmigrantes a un territorio geográfico: van allí donde tienen más garantías de trabajar, o bien en aquellos lugares en donde las legislaciones autonómicas son más permisivas y “generosas”; también van allá en donde pueden saltar con más facilidad a otros países en los que han oído que tienen más subvenciones y mayor permisividad. Y esto sucede lo mismo con los MENAS: tienden a “huir” de comunidades en las que se les están restando “paguitas” (aquellas en las que Vox co-gobierna con el PP) y convergen especialmente en Cataluña en donde la “coalición de progreso” (PSC+En Comú) les ofrece “más” y han detectado que existe mayor permisividad. Dentro de esas comunidades autónomas, la presencia de inmigración tampoco es homogénea: convergen justo allí en donde los ayuntamientos se muestran más tolerantes y predispuestos hacia ellos. Especialmente en zonas gobernadas por ayuntamientos de izquierdas.

- Calcular cuál será el crecimiento exponencial de la presencia extranjera en España es complicado porque concurren muchos factores: las reagrupaciones familiares (que se dispararán entre dos y tres años, si persiste la misma legislación de extranjería), las tasas de fertilidad de los grupos de inmigrantes e, incluso, la tolerancia de la población española que, tiende a castigar, como en el resto de países de Europa Occidental, las políticas proinmigracionistas, frente a las de la socialdemocracia, el ecologismo y las practicadas por la derecha liberal y las democracias cristianas.

Sin embargo, existe un consenso en asumir que, si las cosas siguen como hasta ahora, hacia 2040-2050, el número de personas de origen halógeno igualará a las poblaciones de Europa, mientras persistan las actuales circunstancias. El islam en algunos países (2030) ya será la primera religión en países como el Reino Unido y tardará un poco más en serlo en Francia y Alemania.

A la vista de todo esto, es legítimo plantearse si no estaremos ya muy lejos de la posibilidad de que el continente europeo siga siendo el “continente de los blancos”, de la misma forma que China es el subcontinente de los chinos, el Indostán el subcontinente de los hindúes o África el continente “de los africanos”.

Y, efectivamente, hacia entre el 2040 y el 2050 ya será muy tarde para reaccionar. Pensemos lo que esto puede suponer en un terreno como la educación: enseñanzas como la Historia, el Arte, la Filosofía o, incluso, las ciencias, se verán alteradas completamente para no generar fricciones con unas minorías que aspiran, visiblemente, convertirse en dominantes. La enseñanza de la historia quedará completamente alterada, y otro tanto ocurrirá con el arte o la filosofía. Pero esto generará más problemas: determinados grupos étnicos, especialmente en subsaharianos y musulmanes; los primeros ya hoy, por regla general, se desinteresan completamente de la enseñanza de la física, la química y las matemáticas, dado que todos los principios, teoremas, y avances que se estudian en estas materias, se han debido a “europeos”. Así como para la inmigración china esto no genera grandes problemas de identidad, para musulmanes y subsaharianos si constituyen “afrentas étnicas”.

La desagregación de las sociedades irá creciendo y multiplicándose a medida que los grupos étnicos se vayan concentrando en torno al origen antropológico y cultural: no podrá hablarse de “comunidad nacional”, ni de “rasgos nacionales”. Además, no hay que olvidar la incompatibilidad del islam con cualquier otra religión y su aspiración al “califato universal”, lo que implica la implantación de la “sharia” allí donde existan núcleos sólidos y en crecimiento de musulmanes. Y si alguien cree que el islam va a cambiar, está muy equivocado: si cambia -y, efectivamente, los cambios se suelen producir- no es hacia posiciones liberales y abiertas, sino SIEMPRE hacia el integrismo y el fundamentalismo, el rigorismo que está implícito en cada página del Corán. Por eso no hay que tener miedo en proclamar bien alto que el islamismo es justo lo contrario del espíritu de Europa y que la enseñanza del Corán y la cesión ante cada una de sus pretensiones hegemónicas, es un error que Europa y las generaciones futuras pagarán muy caro.

Nadie ha llamado al islam en Europa, pero tenemos al islam entre nosotros con la misma agresividad que cuando los turcos sitiaban Viena o Tariq y Muza destruían en Reino Visigodo. La buena noticia es que todavía puede hacerse algo, a condición, de que el voto de los europeos se concentre en los partidos anti-inmigracionistas, populistas y euroescépticos.

La realidad es esta: la situación no irá mejorando entre el próximo año y 2030; todo induce a pensar que la reciente crisis de Ceuta, con imágenes espectaculares, unido a la regularización masiva de 1.400.000 irregulares, parte de los cuales se distribuirán gracias al “espacio Schengen” por toda Europa, han generado una nueva oleada de miedo en Europa Occidental y un desprestigio creciente de la Unión Europea y de los gobiernos hoy en el poder.

En Francia las próximas elecciones presidenciales tendrán lugar el 18 de abril de 2027, en Bélgica y Holanda, las elecciones están programadas para junio de 2029 y mayo de 2030, en caso de que los actuales gobiernos puedan mantenerse en el poder, algo difícil, por cierto. En el próximo mes de septiembre tendrán lugar las elecciones regionales en Sajonia, Berlín, y Pomerania Occidental, en la que la AfD tiene las mejores perspectivas (en el momento de escribir estas líneas es el primer partido en intención de voto con un tercio de los electores a su favor y sigue creciendo). En diciembre 2027 se celebrarán elecciones en Italia y en el Reino Unido se convocarán en agosto de 2029… salvo que el actual gobierno caiga antes, lo que es mucho más probable) y, otro tanto, ocurrirá en Irlanda, con elecciones previstas para noviembre de 2029. En Suecia, la convocatoria electoral tendrá lugar a principios del próximo septiembre, en Finlandia en la primavera del 27, en Noruega y Dinamarca, en 2030. En todos estos países, las opciones anti-inmigración tienen todas las posibilidades de mejorar los resultados anteriores.

¿Y en España? Como saben especialmente los cocineros del CIS, la derrota de Sánchez y de la izquierda que lo ha acompañado en su loca y corrupta aventura, a pesar de todas las triquiñuelas electorales que intente (falseamiento del voto mediante incorporación masiva de extranjeros al censo y voto por correo fácilmente adulterable), promete ser histórica y sin precedentes, incluso aunque no se aparezcan nuevos casos de corrupción.

En el momento de escribir estas líneas, empieza a ser patente:

- la inquietud de los “militantes” del PSOE que, empiezan a estar convencidos de que el partido va a perder irremisiblemente “poder territorial” (y, por tanto, emolumentos) el próximo 30 de marzo de 2027, cuando se voten elecciones locales.

- ya no es solamente la corrupción que clama al cielo, sino la regularización masiva, la dejadez gubernamental, más preocupados por twittear que por gobernar y por apurar los contratos irregulares para hacerse con las últimas comisiones, que apagar incendios forestales, incluso el echarse los trastos a la cabeza entre Defensa e Interior, lo que está abocando al desastre, e incluso a un fin parecido al del Partido Socialista Italiano.

- sea cuando sea que convoquen las elecciones (y no dudamos que Sánchez tratará de apurar al máximo la legislatura, consciente de que, perdido le poder y evidenciado el desastre sin precedentes de su sigla, ya no tendrá posibilidades de utilizar a “tertulianos de sobre” y a los medios de comunicación del Estado (la Siete, esto es la televisión sanchista, se mostrará inviable económicamente a corto plazo y dudamos mucho de que sus inversores puedan mantener por mucho tiempo a los mas que mediocres periodistas fugados de RTVE), parece muy claro que la victoria del PP está cantada: ahora bien, a medida que va pasando el tiempo, el PP permanece estancado (incluso tras el “escandalillo” del “ático de Ayuso”, su gran patinazo), mientras que Vox va arañando más y más espacio electoral: haciéndose, no solo imprescindible para la gobernabilidad del país, sino convirtiéndose en el “gran rectificador” de las políticas “neutras”, planas y permisivas del PP en materia de inmigración.

Cuando se publiquen las próximas encuestas, después de la crisis de Ceuta y de la frivolidad de la “playlist” de Sánchez, es presumible que Vox vaya arañando más escaños, mientras que, en Cataluña, Aliança Catalana pulverizará literalmente a Junts (y de aquí a las próximas elecciones, seguramente arañará una parte del electorado de ERC, mientras Vox hace otro tanto con el electorado pepero y del PSC y puede confirmar el “sorpasso” ante el PP.

En otras palabras: cuando llegue la emblemática fecha de 2030, lo más probable es que el panorama político europeo haya cambiado radicalmente en cada país del continente y, por supuesto, en el propio Parlamento Europeo que se renovará en 2029.

2ª ¿Cómo reaccionaran las bolsas de inmigración parasitaria ante la nueva situación que se perfila en el horizonte?

Mal. Las bolsas de inmigración se han acostumbrado a “muñir” los bolsillos de los europeos, a una permisividad increíble en materia de delincuencia, de incorporación de las molestas normas coránicas, y ha hacer valer el miedo de las poblaciones autóctonas hacia el salvajismo tercermundista que iba camino de apoderarse de Europa.

Nadie puede dudar que, hoy por hoy, la victoria electoral (en el mejor de los casos) y el condicionamiento de los gobiernos de derechas (en el peor) por parte de los partidos euroescépticos, populistas y antiinmigración, será pésimamente acogido por las bolsas de inmigración, especialmente porque las nuevas políticas tenderán a deshacerse de estos contingentes utilizando sutiles medidas legislativas: más control sobre las mezquitas, más facilidades para la expulsión, prohibición de burkas, burkinis y demás prendas islámicas para la mujer, prohibición de ocultar el rostro, más medidas de castigo contra la delincuencia y mayor celeridad en los procesos, criminalización de la poligamia y castigos ejemplares para delitos de ablación del clítoris, más restricciones sobre las reagrupaciones familiares, más facilidades para el retorno a los países de origen, eliminación de subsidios y subvenciones así como de beneficios no contributivos, cerrojazo a la llegada de nuevos inmigrantes, cese de la admisión de menores no acompañados, etc, etc, etc.

Todas estas medidas, pueden aplicarse entre hoy y el 2030. Pero, a partir de ese momento va a ser cada vez más difícil a la vista del ascenso demográfico de los halógenos.

El islam es una religión providencialista, que cree en su “superioridad” y, por tanto, en la legitimidad de sus aspiraciones sobre cualquier otra comunidad religiosa o cultural. Por tanto, creen en su absoluta y fanática ingenuidad, que Ala les ayudará.  ¿No les ha ayudado hasta ahora? ¿no se están haciendo, no solo con la UE, sino que aumentan su presión en los países anglosajones, incluso en el Canadá francófono? Siempre es gracias a Alá. Y en esto hay que se muy claros: lo lamento por los musulmanes que creen en Alá. Alá es sólo un mito del desierto y en el desierto debería de haberse quedado. Quien cree ingenuamente en los mitos, se arriesga a despertar, antes o después, de su sueño y chocar con la realidad como lo hicieron sus antepasados en Poitiers, en las Navas, en Lepanto o en Viena.

Al verse, poco a poco, alejadas de Europa, limitadas las ventajas que han disfrutado hasta ahora, habituados a que, el 75% de sus mujeres, por ejemplo, no coticen a la seguridad social o a que una cifra similar de hombres de ese origen étnico acapare el 70% del “salario mínimo de inserción” en España, pero crean que tienen todos los derechos, tenderán a mostrar “malas reacciones”. Estas pueden ser de varios tipos:

- pequeño terrorismo (incendios de vehículos, una plaga que, partiendo de Francia, se está extendiendo por toda Europa Occidental).

- destrucción de servicios e infraestructuras: colegios, centros de asistencia médica, mobiliario urbano.

- aumento de la actividad armada de los grupos mafiosos, especialmente de la “mocromafia” marroquí que ya constituye un peligro en Bélgica y Holanda y que ha aprovechado la legislación europea y la permisividad, para converger distintos grupos mafiosos de dentro de Marruecos con grupos de inmigrantes de segunda o tercera generación residentes en Europa. La actividad de esta “mocromafia” parece haber escapado completamente de cualquier control y rivaliza hoy con la mafia tradicional marroquí dirigida desde el Majzén, el palacio real y la corte del sultán.

- aumento de las operaciones del yihadismo organizado y financiado por algunos países islámicos.

Esto, en el mejor de los casos. En el peor, la ofensiva contra el mundo islámico en Europa y a favor de la asimilación de los inmigrantes por las culturas y sociedades nacionales, puede llegar a desencadenar un nuevo modelo de guerra civil, que será a la vez, étnica, religiosa y social.

Es esta la posibilidad que deben contemplar los planes de contingencia de los Estados Mayores europeos, de la propia OTAN: cada día que pasa está más claro que Rusia no es “el enemigo”, sino que éste ya se encuentra en el interior de la fortaleza sitiada y se prepara para el asalto final.

Esta es la peor de las hipótesis de trabajo, pero la que estamos obligados, muy a nuestro pesar, a contemplar: de ello depende el futuro de nuestro país, la herencia que nos han legado nuestros padres, nuestra propia desaparición y la desgracia para nuestros hijos y nietos.

3º. ¿Puede hacerse algo para evitar este proceso?

Queda ahora una tercera cuestión. ¿Puede hacerse algo para evitar este proceso? Es una tendencia inevitable a la vista de la falta de voluntad de integración de las bolsas de inmigración islámica (que queda claro que estamos aludiendo SOLAMENTE a la inmigración procedente de países musulmanes que llega con pretensiones de imponer la sharia) y del mal hábito adquirido de ser todas sus necesidades resueltas por los Estado-providencia europeos:

O bien: “guerra civil ética, religiosa y social”.

O bien: una suma de “malas reacciones” que van desde actos gamberrismo y sabotajes continuos hasta actos de yihadismo terrorista.

La diplomacia, el “debate” con individuos con mentalidad de zoco, regateando, engañando, simulando, dando largas y mintiendo, no dará el más mínimo resultado, sino que aplazará el choque final. Por eso es preciso mostrarse inflexibles en la defensa de nuestra identidad, de nuestros valores, de nuestro futuro. Nada de todo ello pasa por la imposible integración del islam en Europa. La inmigración islámica no es nueva: tiene ya entre 40 y 50 años. Países muchos más democráticos que España, han invertido decenas de miles de millones en “integración”, en “igualdad”, en “discriminación positiva”… todo nada: los países que aplicaron estas políticas están hoy peor que hace treinta años. Los guetos musulmanes existentes en toda Europa dan cuenta de este fracaso.

Así pues, la pregunta que cabe plantearse es: ¿y ahora qué? ¿qué puede hacer el ciudadano de a pie?

Y las respuestas son dos:

-    O se prepara para lo peor

-   O abandona Europa en busca de continentes en los que se hayan tomado ya medidas defensivas frente al islamismo.

Todo europeo debe asumir que ESTA ES NUESTRA TIERRA, Y VAMOS A DEFENDERLA. Repito por si algún pusilánime no lo ha entendido: ESTA ES NUESTRA TIERRA, Y VAMOS A DEFENDERLA. Y esta declaración debería ser la consigna de la RESISTENCIA EUROPEA en los próximos años. Los únicos europeos que deberían ser expulsados manu militari de Europa son aquellos que han permitido y estimulado esta situación: sin contemplaciones y sin piedad.

¿Qué quiere decir, “prepararse para lo peor”?

Lo primero que hay que tener en cuenta: votar solamente, en todas las convocatorias electorales a opciones en las que quede muy claro que la “preferencia nacional” es la principal oferta electoral, seguros de que van a cumplir y van a obligar, si forman parte de una coalición de derechas, a que cumpla este postulado irrenunciable: EN ESPAÑA, LOS ESPAÑOLES SOMOS LO PRIMERO EN TODO, como en cualquier otra nación o continente, los “nacionales” son lo primero. Y todos sabemos a qué opciones nos estamos refiriendo. Vamos a repetirlas, por si no ha quedado suficientemente claro:

- si se tiene una mentalidad social y conservadora, sin duda Vox es la primera opción.

- si se es independentista catalán, Aliança Catalana es la opción a apoyar.

- si uno se siente irrenunciablemente de izquierdas, el Frente Obrero, cumple todas las expectativas.

Cualquier otra opción electoral, lejos de “resolver” algún problema, tiende a agravarlos y a dispersar el voto: y hoy, a tenor de lo ya dicho, creemos que es posible rectificar la actual deriva europea utilizando los cauces legales de participación electoral.

- En segundo lugar, las cosas no se van a resolver solamente en unas elecciones, sino que hace falta añadir una tarea personal de carácter “misional”: denunciar la situación en las propias redes sociales a las que se tenga acceso, entre los vecinos, en los barrios, en las parroquias, en cualquier tipo de asociación o club deportivo, en las calles, en todas partes, debemos advertir sobre el riesgo y lo que está en juego: LA CRISIS DE CEUTA ES EL EJEMPLO DE LA INDEFENSIÓN DE NUESTRA SOCIEDAD QUE HAY QUE DENUNCIAR, señalando con el dedo a los responsables.

- Denunciar públicamente como TRAIDORES a los portavoces del lobby inmigracionista y pro-marroquí del que forman parte Zapatero, Sánchez, Marlaska, Bono, Blanco, etc. Denunciarlos públicamente cada día y cada minuto como TRAIDORES a la Patria, a nuestra Historia y a nuestro pueblo, que no merecen vivir entre nosotros porque han trabajado (y trabajan) para “el enemigo del Sur”.

- Agruparse en “grupos de afinidad”, organizando grupos de autodefensa y vigilancia en barrios, ciudades y pueblos, por mucho que las distintas policías autonómicas y estatales digan que “todo está controlado”. En realidad, cada día la situación está más descontrolada y, ya se sabe, una vez más: SOLO EL PUEBLO SALVA AL PUEBLO.

- Estar presente en asambleas de vecinos denunciando, tomando la palabra en plenos municipales, interviniendo en programas de radio, denunciando a los servicios policiales actos vandálicos, intentos de robo, agresiones y demás, esto es realizando ACTIVIDAD CÍVICA. Todo ello con el fin de desmentir los datos “triunfales” del ministerio del interior que tienden a demostrar que la delincuencia “da disminuyendo” o el más absurdo aún “que la mayoría de delitos y agresiones son cometidos por españoles”. De ahí la importancia de señalar el ORIGEN ÉTNICO DE LOS DELINCUENTES, denunciando a los medios que los ocultan y boicoteándolos.

- Los que tengan edad para prepararse físicamente harán bien en seguir cursos de boxeo y artes marciales. Y no solo eso: DEBEN CONVERTIR LAS SEDES DE LOS GIMNASIO EN FOCOS DE RESISTENCIA de donde deben partir patrullas ciudadanas ante situaciones de descontrol de la seguridad.

- Los que tengan medios e interés harán bien en SUMARSE A CLUBS DE TIRO, la cuota mensual oscila entre 30 y 50 euros al mes. En la mayoría se pueden alquilar armas cortas y comprar munición del 22, con lo que aprenderán a disparar en breve, siguiendo cursos que cada una de estas entidades organiza regularmente. La práctica de la caza o del tiro al plato es también recomendable, incluso para tener un arma de caza para la práctica de este deporte. Obviamente, la destreza en el manejo de estas armas solamente puede representar una ayuda en caso de que se produjera la hipótesis más extrema de un conflicto generalizado y en situaciones de extremo peligro. Si hacemos esta recomendación es para habituarse al uso de armas de fuego, afinar la puntería como deporte y evitar que, si las cosas van a peor, se tenga una sensación absoluta de indefensión. Por otra parte, existen armas blancas, geles de autodefensa y puños americanos de venta libre, absolutamente legales que pueden garantizar una defensa personal equilibrada y mesurada en caso de agresión y sin vulnerar la ley española.

Con estas medidas, PERMANECEREMOS ALERTA, EN GUARDIA Y PREPARADOS, tanto si se da la primera hipótesis, como si la situación se degrada en forma de guerra civil étnica, religiosa y social.

Creemos que estas notas responden al título que figura en el encabezamiento de este artículo y agradeceríamos que estas líneas fueran reproducidas lo máximo posible, aún sin indicar origen.






domingo, 24 de mayo de 2026

BILYCHNIS. Una ventana abierta al mundo de la “espiritualidad crítica”

 

Prólogo de introducción a la recopilación de ensayos publicados por Julius Evola en la revista Bilychnis que hemos traducido y publicado recientemente en EMINVES. Creemos que es la primera vez que se difunde en España un ensayo sobre la trayectoria de esta revista publicada en Italia en el primer tercio del siglo XX y que era conocida en nuestro país solamente por determinadas élites culturales. El hecho de que se tratara de una revista « protestante » publicada por la Facultad de Teología Bautista de Roma en la que se incluían trabajos de autores muy diversos, indica la amplitud de miras, tanto de la iniciativa editorial como de Julius Evola que supo elegir temáticas polémicas que podrían interesar a los lectores de la publicación.  El volumen, además de los nueve ensayos evolianos, se completa con los artículos que publicó en diversos momentos de su vida sobre René Guénon. La obra puede ser solicitada a eminves@gmail.com, o bien adquirida en Amazon-Libros.


BILYCHNIS

Una ventana abierta al mundo de la “espiritualidad crítica”


El caso de la revista Bilychnis es extraño y, hasta cierto punto, sorprendente. En 1970, Edizioni di Ar, publicó una recopilación de los ensayos escritos por Julius Evola para esta publicación, así como la reproducción de las notas bibliográficas que entregó. Por entonces, en 1980, la revista Bilychnis estaba completamente olvidada.  Dejó de aparecer en 1931 y muy pocos la recordaban. Sin embargo, en los últimos años, distintos estudios han contribuido a desenterrar esta experiencia única en la historia religiosa del siglo XX europeo. Hoy, los números de Bilychnis están a disposición del público en formato PDF y son decenas los estudiosos de la espiritualidad en el siglo XXI, los que recurren a ella en tanto que «verso libre» y, por tanto, «auténtico», sin prejuicios, limitaciones, ni deudas a ningún dogma en concreto.

Y esto es quizás lo más significativo de esta publicación: que siendo editada por un grupo protestante (la Facultad de la Escuela Teológica Bautista de Roma), muy pocos de entre sus colaboradores pertenecían a esta corriente. En realidad, fue un foro abierto a cualquier forma de espiritualidad que presentara calidad suficientes como que los criterios vertidos por sus autores merecieran discutirse. Colaboraron católicos, agnósticos, protestantes y personalidades interesadas (y buenos conocedores) de distintos aspectos de la espiritualidad. Julius Evola fue uno de los más asiduos y alternó la entrega de artículos a Bilychnis con los publicados en su revista Ur.

De hecho, cuando hoy la revista ha sido «recuperada» por el progresismo, tienen dificultades en explicar la presencia de Evola y la de Giuseppe Tucci, que no terminan de encajar del todo en la interpretación que hoy dan a la publicación. Habitualmente se la considera como una especie de «avanzada» de criterios liberales y positivistas al estudio de las religiones comparadas y una tribuna de la herejía «modernista» condenada por el papado y, más o menos, rehabilitada por el Concilio Vaticano II. Pero fue mucho más... y en esta introducción pretendemos situar al lector en lo que supuso para sus lectores en el primer tercio del siglo XX.

Antes de dar paso a la traducción de los ensayos evolianos entregados a Bilychnis, valdrá la pena escribir algunas páginas sobre la situación espiritual en la cual nació (y murió) la revista, sus colaboradores, su importancia para el estudio de las religiones y sobre su final. Nacida antes de la Primera Guerra mundial, se la pude considerar una revista representativa del «novecento» italiano. Su final veinte años después, en 1931, se produjo por simple asfixia económica, poco después de que el régimen fascista firmara el Concordato con el Vaticano. Hemos buceado en las páginas de Bilychnis y encontrado firmas de una talla moral e intelectual inusual. Todos con personalidad propia, todos primeros espadas de los estudios sobre las religiones en la primera mitad del siglo XX, todos con algo que decir y muchos de ellos sin ninguna confesión en particular a la que plegarse.

Vamos, pues, a ofrecer una perspectiva de esta publicación y de su tiempo.

1. “Bilychnis” ¿por qué este nombre?

Se trató de una revista «transgresora» que nació con una deliberada voluntad «renovadora» en el panorama cultural italiano del «primer novecento». Publicada con el formato de revista religiosa, sus aspiraciones, aun partiendo de la religión iban mucho más allá. Podría haberse titulado tranquilamente «revista de espiritualidad» sin traicionar a sus contenidos. De hecho, el leitmotiv de la revista, que aparece en la ilustración de la portada, es «ciencia» y «fe».

Estas dos palabras, que al mismo tiempo son las «ideasfuerza» que justifican la existencia de la publicación, tienen también que ver con su título y con su simbolismo. Su nombre hace referencia a la lámpara que usaban los primeros cristianos en las catacumbas, simbolizando «las dos llamas de la ciencia y la fe». La idea que trataban de transmitir era que, ambas «luces», que hasta ese momento se habían presentado como separadas y contrapuestas, podían alimentarse mutuamente. En todos los números de la revista aparecía en la portada el logotipo de la publicación diseñado por Paolo Paschetto, hermano de uno de los impulsores de la publicación, el pastor Ludovico Pachetto. Paolo Paschetto, reconocido artista, fue el diseñador de la parte gráfica de la revista y, posteriormente, también sería el creador del emblema de la República Italiana 

La revista fue publicada por la Facoltà Teologica Battista di Roma, fundada a finales del siglo XIX para formar pastores y teólogos protestantes. Así pues, se trataba de una revista de estudios «meta–religiosos», publicada en Roma, pero fuera de la disciplina del Vaticano. Uno de los profesores que habían ejercido en este centro religioso, era el misionero norteamericano Dexter G. Whittinghill, verdadero promotor del proyecto. Whittinghill creía que el protestantismo italiano necesitaba una revista intelectual capaz de dialogar con la cultura moderna europea. A la vista de la debilidad del protestantismo italiano, su idea no era crear una revista interna para uso de pastores y de sus menguadas congregaciones, sino una revista científica y cultural abierta.

La revista se publicaría entre 1912 y 1931. El primer año apareció bimestralmente, pero entre 1914 y 1930 estuvo puntualmente en el buzón de sus suscriptores cada mes. Finalmente, en 1931 volvió a ser bimestral para desaparecer poco después. No se conoce con exactitud la tirada de cada número, pero puede deducirse que nunca fue menor a 500 ejemplares, ni mayor a 1.500. Tenía un tamaño de 17 x 24 cm y su extensión oscilaba entre las 200 y las 300 páginas. Cada entrega contenía artículos de investigación, reseñas y crónicas sobre el pensamiento religioso y filosófico de la época, así como noticias y comentarios de actualidad. 

A pesar de su aparente modestia, esta revista fue, desde su mismo nacimiento, por la calidad de los trabajos que publicó, la pluralidad de opiniones y la actualidad de los temas tratados, un referente para el diálogo entre la fe y la razón en el contexto del protestantismo liberal italiano y de la cultura. Bilychnis formaba parte de una red internacional de revistas de teología liberal y estudios religiosos.

2. Evola y Bilychnis

La presencia de Evola en Bilychnis es ejemplo de la apertura intelectual de la publicación. Evola nunca se definió como «cristiano», ni siquiera como católico, pero en 1925 ya era una figura muy conocida en el ámbito cultural italiano. Era hasta cierto punto normal que, en tanto que Evola, especialmente al final de su «período filosófico», empezara a manifestar interés y conocimiento por «los problemas del espíritu», fuera incluido en la nómina de autores a los que recurría la revista. Y es que Bilychnis aspiraba a ser un crisol de ideas donde cabían las voces más diversas.

El momento álgido de la publicación se situa entre el inicio de la Primera Guerra Mundial y los primeros años del régimen fascista en Italia. Seguramente fueron las tensiones internacionales y las masacres que estaban teniendo lugar en los frentes, lo que hizo que resurgiera el interés por las cuestiones del espíritu. Fue solamente a partir de mediados de los años veinte, cuando Evola inició la colaboración con Bilychnis que se prolongará hasta, prácticamente, el último número de la revista, a principios de 1931. Durante los años del fascismo, Bilychnis había visto reducido cada vez más su espacio a causa del progresivo control que el nuevo régimen ejercía sobre la prensa; pero fue a partir de la firma de los acuerdos de Letrán que sellaron el concordato entre la Santa Sada y el Estado italiano, cuando el régimen hizo prácticamente imposible la aparición de la revista.

Así pues, la colaboración de Evola con Bilychnis se extiende desde 1925 a 1931. El contenido recogido en el presente volumen engloba la totalidad de los ensayos que hemos localizado de Evola en esta publicación y que podemos divididos en dos grandes grupos: los ensayos, nueve en total, y los comentarios sobre libros: veinticinco.

La evolución de Evola después de ser licenciado del ejército al concluir la Primera Guerra Mundial y hasta el inicio de su colaboración con Bilychnis, fue vertiginosa y se divide en dos fases marcadas por una transición radical: del Dadaísmo (arte de vanguardia) al Idealismo Mágico (filosofía pura).

Como se sabe, Evola, entre 1919 y 1921, fue el principal exponente del dadaísmo en Italia. Nihilista, muy influido por Nietzsche y por el movimiento formado en torno a la figura de Tristán Tzara, este período se caracteriza por una búsqueda confusa y caótica de la liberación a través del arte y de la lucha contra los valores burgueses.

El propio Evola cuenta que superó esta etapa que le había conducido prácticamente hasta el límite del suicidio, mediante la lectura de un texto hindú. Este episodio, que tuvo lugar en 1921, supone el inicio de una segunda fase en su evolución. Él mismo la llamó, «fase del idealismo mágico» que se prolongará hasta 1925. Tras abandonar la pintura y la literatura dadaísta, Evola se sumerge en la filosofía técnica. Su objetivo es llevar el idealismo alemán (Fichte, Schelling) a sus últimas consecuencias: si el «Yo» crea el mundo, el individuo debe convertirse en lo que él llamaba un «Individuo Absoluto» con poder sobre la realidad. Es su «período filosófico», que cristalizó en dos obras: Saggi sull’idealismo magico y L’Individuo e il divenire del mondo, ambas publicadas al final de este período, en 1925. En dichos ensayos propondrá que el conocimiento no es contemplación, sino acción y poder. En esta segunda obra, sentará las bases de su metafísica.

Pero su etapa filosófica no nos muestra a un Evola «tradicionalista», sino más bien a un nietzscheano individualista y aristocrático. Es considerado entonces el filósofo de la libertad absoluta y de la autoafirmación del Yo, frente a un mundo que experimenta como caos y decadencia. En la senda de Nietzsche y de la fenomenología, busca la «superación del humano» a través de la voluntad pura.

Pero, al final de ese período empieza a interesarse por la tradición hermética y el esoterismo. Inicia su amistad con Arturo Reghini y, a través de este, conoce la obra de René Guénon. A partir de ese momento inicia un camino que lo consolidará como uno de los pilares del «pensamiento tradicional» y en el curso del cual elaborará sus obras más importantes y por las que ha pasado a la historia de las ideas.

El inicio de ese período coincide con los años de colaboración con Bilychnis.

A pesar de que Reghini no tuvo contacto directo con la redacción de Bilychnis, es probable que le indicara a Evola la conveniencia de que contactara con la redacción. De hecho, Reghini había facilitado a Evola el acceso a círculos intelectuales y esotéricos. Le orientó hacia la lectura de textos herméticos y alquímicos esenciales; también la transmitió el interés por la «tradición de Roma» (que terminaría siendo uno de los elementos de la ruptura entre ambos).

Hay que decir que, hasta 1928, la relación entre Evola y Reghini fue muy estrecha. En 1924, Evola era un joven que procedía del arte de vanguardia y de la filosofía idealista. Reghini, por el contrario, era más mayor y su pensamiento estaba más consolidado. Era, además, miembro de la masonería, especialista en pitagorismo, simbolismo masónico y hermetismo. Ambos colaboraron en las revistas Atanòr, Ignis y Ur y fue en esta última en donde se produjo la ruptura entre ellos a finales de los años 20. Los desacuerdos doctrinales sobre la tradición romana y sobre otras corrientes iniciáticas, pesaron en la ruptura tanto como los conflictos personales dentro del grupo de Ur. Su distanciamiento personal se hizo insalvable a partir de 1928.

Sin embargo, ambos conocían la obra de Raffaele Pettazzoni, inspirador de Bilychnis y uno de los impulsores de los estudios de historia comparada de las religiones moderna en Italia. Profesor de la Universidad de la Sapienza en Roma. A diferencia de Reghini y de Evola, Pettazzoni no era esoterista ni tradicionalista, pero compartía intereses temáticos con ambos, en especial sobre religiones antiguas, mitología, cultos mediterráneos y simbolismo religioso.

Mientras Reghini defendía la idea de una «tradición iniciática itálico–romana» anterior al cristianismo, ligada al pitagorismo, a las religiones mistéricas y a la tradición pagana romana, Pettazzoni, desde la Academia, se mostraba interesado también por la religión romana arcaica y la evolución histórica de los mitos. A pesar de que sus enfoques eran distintos (Pettazzoni desde un punto de vista histórico–crítico y Reghini y Evola desde el prisma esotérico–tradicional), lo cierto es que trataban muchos de los mismos temas.

En la medida en que no constan contactos directos entre Reghini y Pettazzoni, podemos considerar que Evola fue el punto intermedio y el nexo entre ambos: a mediados de los años 20, Evola dialogaba con académicos como Pettazzoni, pero, al mismo tiempo, colaboraba con esoteristas como Reghini. Por eso, su obra temprana combina filosofía idealista, historia comparada de las religiones y esoterismo. Evola tenía, pues, las cartas de presentación adecuadas para una publicación como Bilychnis. No podía decirse lo mismo de Reghini en cuya ecuación personal se encontraba su adhesión pública y activa a la masonería, su militancia en el neopaganismo romano y su línea menos académica y más explícitamente esotérica que la que podía admitir la publicación que era, no lo vayamos a olvidar, protestante, académica e interesada en historia y filosofía religiosa.

La colaboración de Evola con Bilychnis fue muy regular y, a partir del Volumen XXV, correspondiente a enero–febrero de 1925, se hizo muy habitual hasta el último número de la publicación.

Tras ese final, Evola abordó otras iniciativas editoriales. Al interrumpir la experiencia de Ur (12 fascículos) y Krur (otros 10 más), publicadas entre 1927 y 1929, Evola fundó la revista La Torre (subtitulada Foglio di espressioni varie e di Tradición una) en 1930. Sin embargo, esta publicación solamente pudo aparecer entre el 1 de febrero y el 15 de junio de 1930. Se publicaron un total de 10 números. Tras cinco meses de actividad, la revista fue cancelada por el régimen. Tras el cierre de La Torre, Evola continuó difundiendo sus ideas a través de la columna Diorama Filosofico en el diario Regime Fascista. En otras palabras, el régimen «asfixió» a la revista como un tributo a los Acuerdos de Letrán firmados por el Vaticano y Mussolini en el que éste se comprometía, además de las compensaciones económicas por la pérdida de los Estados Pontificios en 1870, a «Conceder privilegios especiales a la Iglesia en Italia», como hacer obligatoria la enseñanza de la religión católica en las escuelas, reconocer efectos civiles al matrimonio canónico y declarar la religión católica como la única religión del Estado.

Esta alianza de la Iglesia con el Estado fascista cambió por completo el panorama cultural en Italia. El Vaticano reivindicó todos los terrenos en los que la religión podía tener algún protagonismo y Mussolini (agnóstico y muy supersticioso) no quiso oponerse a las aspiraciones de la Iglesia. Obviamente, las revistas que trataban asuntos de espiritualidad desde posiciones no–vaticanas, se vieron torpedeadas por la nueva situación. La Torre fue una de ellas.

La otra víctima de este giro político fue Bilychnis. Entre 1929 y 1931, disminuyeron las colaboraciones, los problemas financieros aumentaron y el espacio para debates religiosos independientes se fue contrayendo. Finalmente, la revista siguió los pasos de La Torre y dejó de publicarse en 1931, tanto por las presiones políticas como por las dificultades económicas

3. Los impulsores, sus intenciones y sus circunstancias

Se reconoce a Dexter G. Whittinghill el haber sido el impulsor de Bilychnis. Se trata de un pastor y misionero bautista norteamericano, representante en Italia de una de las ramas de la Iglesia Bautista Norteamericana y presidente del Seminario Teológico Bautista en Roma. Whittinghill, tuvo la idea de una revista de estudios religiosos, completada por una colección de libros sobre el mismo tema (la Biblioteca di Studi Religiosi) relacionados con la línea editorial de la revista.

Hay que conocer los principios de la Iglesia Bautista para entender por qué la revista Bilychnis estaba abierta a colaboraciones que llegaran extramuros de su propia confesión. En efecto, los bautistas son cristianos «evangélicos», que defienden la supremacía de la Biblia como única autoridad en materia de fe y práctica. Sostienen la libertad de conciencia y la salvación mediante la fe en Cristo. Creen que el despertar de la conciencia y su reforma en el libre ejercicio de todas sus facultades sanas y en la disciplina de la lucha por la vida superior, es un derecho inherente al nacimiento y que, con la libertad de pensamiento y de conciencia, son los más altos ideales humanos que pueden defenderse. De ahí que invitaran a colaborar en la revista a «agnósticos y creyentes», «católicos y protestantes».

Si Whittinghill, fue el impulsor de Bilychnis, le correspondió a Ludovico Paschetto, el ejercer como director de la publicación. Nacido en 1879, Paschetto fue una figura central del protestantismo italiano, destacando como pastor bautista, arqueólogo y editor. Pertenecía a una familia de antigua tradición evangélica; su padre era pastor bautista y él mismo estudió en la Facultad Teológica Bautista de Roma. Ejerció entre 1924 y 1941, como pastor en Turín y compartió tareas en la dirección de la congregación con Whittinghill. Destacó también en arqueología cristiana y clásica. Su obra más famosa en este campo es Ostia colonia romana, publicada en 1912, la cual sigue siendo una referencia importante para los estudios sobre el antiguo puerto de Roma. Una parte importante de su prestigio en el campo teológico se debe a su papel en Bilychnis. Su deseo de conjugar rigor científico y religión lo situó en el centro de los debates teológicos de su tiempo. 

Trescientos años antes de la propuesta de Whittinghill a la congregación bautista romana, se había fundado la Iglesia Bautista en Holanda e Inglaterra, surgiendo del movimiento separatista inglés. John Smyth y Thomas Helwys, sus impulsores, abogaron por el bautismo de creyentes a una edad adulta y se erigieron en defensores la libertad religiosa, separándose de la Iglesia de Inglaterra. En 1611, Helwys publicó la primera confesión de fe bautista en 1611 y regresó a Inglaterra para establecer la primera comunidad de esta religión en suelo inglés. Se expandieron rápidamente desde Inglaterra hacia las colonias americanas, destacando la fundación de la primera iglesia en América por Roger Williams en 1638 en Rhode Island. En la actualidad, las distintas comunidades bautistas en las que se ha ido fragmentando este movimiento son fuertes en el sur de los Estados Unidos y en el llamado «cinturón de la Biblia».

Uno de los principios de esta confesión es que el bautismo infantil no es bíblico, sino que debe realizarse con pleno conocimiento de causa en una edad adulta y por convicción íntima del individuo. El bautismo de esta confesión se realiza por inmersión total en agua, simbolizando la muerte y resurrección de Cristo. Además de esta forma de bautismo, la liturgia que practica esta confesión se limita a la «Cena del Señor», acto conmemorativo que recuerda el sacrificio de Jesús. No hay más sacramentos, ni nada equivalente, ni tampoco existen jerarquías internas, ni nada parecido al papado. Jesucristo es reconocido como la cabeza suprema de la Iglesia y el único vehículo para la Salvación. Ésta se entiende como un regalo de Dios recibido solo por gracia a través de la fe, sin necesidad de buenas obras para obtenerla.

Una confesión religiosa con estos principios, de forma natural, podía impulsar cualquier proyecto de colaboración con otros grupos religiosos. La idea era que cualquier «diálogo interreligioso» puede ser positivo si se aborda con amplitud de ánimo y con una clara determinación de llegar a la «verdad» sin dogmatismos, ni apriorismos. Todos los bautistas compartían esa misma actitud.

Lanzada la idea por Whitinghil y Paschetto en 1911, en las semanas siguientes se sumarían algunos colaboradores procedentes del mundo católico. El más respetado y conocido sería Ernesto Buonaiutti, sacerdote católico, historiador y académico que también había iniciado una cruzada personal para tratar de conciliar la fe con la modernidad y la ciencia. Buonaiuti había sido uno de los líderes del «modernismo teológico» en Italia. Configurado como una tendencia teológica dentro de la Iglesia Católica, el «modernismo» fue condenado por el Papa San Pio X en 1907 y definido en su encíclica Pascendi Dominici, como «la síntesis de todas las herejías». 

Los puntos en los que insistía la crítica teológica «modernista» chocaban frontalmente con los dogmas aceptados por la Iglesia. Los «modernistas» sostenían que la religión no proviene de una revelación divina, sino de un sentimiento o necesidad religiosa interna del ser humano. En cuanto a los «dogmas» no podían ser tales: debían «evolucionar» y cambiar yendo al paso con el contexto histórico y cultural de cada época. Trataban de aplicar métodos científicos y críticos al estudio de la Biblia, llegando a distinguir entre el «Jesús histórico» y el «Cristo de la fe» y, finalmente, sugerían que la Iglesia debía acomodarse a los «signos de los tiempos» y al conocimiento científico positivo, en lugar de intentar iluminar al mundo con una verdad absoluta. Su máximo inspirador, el sacerdote francés Alfred Loisy, vio la totalidad de su obra condenada e incluida en el «índice de libros prohibidos». La crisis fue lo suficientemente grave como para que el Papa Pío X impusiera un juramento obligatorio a todos los clérigos y profesores de seminarios para asegurar su adhesión a la doctrina tradicional.

Ernesto Bounaiuti había sido el principal exponente del «modernismo» teológico en Italia. Catedrático de Historia del Cristianismo en la Universidad de Roma (La Sapienza) desde 1915, destacó siempre por su postura crítica e independiente que provocó una serie de enfrentamientos directos con la Santa Sede. En 1926 fue declarado excomulgado vitandus (alguien a quien los fieles deben evitar), la forma más severa de excomunión, debido a su negativa a abandonar la enseñanza y retractarse de sus ideas. En 1931, fue uno de los pocos profesores universitarios (solo 12 en toda Italia) que se negó a jurar fidelidad al régimen fascista de Mussolini, lo que le costó abandonar su cátedra. Murió en 1946 sin haber sido reconciliado formalmente con la Iglesia, aunque él siempre se consideró un católico fiel al espíritu del Evangelio. Su vida quedó plasmada en su famosa autobiografía, Pellegrino di Roma (Peregrino de Roma). 

El compromiso de Buonaiuti con Bilychnis fue fundamental para atraer a otros «contestatarios católicos» que compartían las posiciones «modernistas» a la publicación. A medida que el Vaticano fue estrechando el cerco en torno él, Buonaiuti fue aumentando su proximidad a Whitinghil y a Paschetto que nunca pusieron el más mínimo reparo para publicar sus ensayos y artículos. De hecho, Buonaiuti fue uno de los colaboradores más asiduos de la revista; para él, publicar en Bilychnis suponía eludir la censura presente en todas las publicaciones católicas.

El trío estaba muy unido e identificado a la finalidad inicial de la publicación: establecer una «verdad histórica» y unas líneas constantes de la «espiritualidad» cuyo impulso reconocían en otras confesiones religiosas surgida del tronco mosaico, pero también extramuros de éste. En la práctica, la publicación fue una especie de puente entre católicos «espiritualistas» y protestantes de distintas ramas. Ambos sectores estaban muy interesados en las «nuevas filosofías» que iban apareciendo en ese momento y en religiones o confesiones que todavía se conocían poco en Europa. Según sostenían los fundadores de la revista, estas tareas no podían realizarse dentro de un enfoque dogmático o desde la perspectiva de una religión concreta. Era preciso adoptar una postura independiente situada en lo que ellos llamaban «ecumenismo cultural».

Además de estos nobles ideales confesados, resulta particularmente claro que Bilychnis constituyó un «refugio de disidentes»; gentes que, por una u otra razón, habían encontrado problemas dentro de los grupos naturales en los que se habían formado, con Bilychnis disponían de un balón de oxígeno para salvar la censura de la que eran objeto. Y esto vale incluso para la figura de Julius Evola que no se sentía a gusto en el ambiente académico en el que había publicado sus obras sobre el «individuo absoluto» y que buscaba un espacio natural en el que poder difundir sus ideas. La situación de Buonaiuti era parecida.

Tras la unificación italiana, las comunidades protestantes eran muy pequeñas en ese país. Bautistas y metodistas eran conscientes de que difícilmente podrían influir en la masa de la población italiana, muy vinculada al Vaticano. Por tanto, intentaron desplazar su papel de lo estrictamente religioso al plano cultural e intelectual. Y necesitaban «instrumentos» para presentar batalla en este terreno. Fue así como Whitinghil y Paschetto no encontraron dificultades en el ámbito bautista para llevar adelante el proyecto. Sabían, además, que si lograran que la idea de «libertad religiosa y de conciencia» penetrase entre los sectores intelectuales italianos, esto supondría un desplazamiento objetivo de su conciencia, del catolicismo dogmático a la esfera del protestantismo. Y, si se lograba que el ámbito cultural italiano asumiera esta postura, parecía evidente que, antes o después, esto terminaría calando en el pueblo italiano. Tal era la intención real de los impulsores, al margen de las intenciones declaradas en los manifiestos fundacionales de la publicación.

Las ideas del trío fundador estaban muy influidas por la teología liberal europea de la época. La influencia venía de Alemania y de teólogos como Adolf von Harnack y Ernst Troeltsch. Esta corriente había desarrollado una nueva forma de estudiar el cristianismo, mediante el análisis histórico, la crítica filológica de los textos bíblicos y el estudio comparado de las religiones. Eran ideas que se enseñaban en universidades de Europa Central pero que en la Europa del sur apenas eran conocidas. Whitinghil, Paschetto y Buonaiuti, consideraban que una de las funciones de la publicación sería introducir ese tipo de investigación en el mundo intelectual italiano.

A pesar de que, como veremos, la publicación se dotó de un amplio número de colaboradores pertenecientes a distintas tendencias, el eje central estaba constituido por editores bautistas y «modernistas» procedentes del mundo católico, distanciándose de la escolástica tradicional. Bilychnis fue en el primer tercio del siglo XX, lo que hoy se llamaría un «laboratorio de ideas», una orientación inédita y prohibida para autores católicos. 

Buonaiuti, cuya postura antifascista se fue endureciendo con el paso del tiempo, murió en 1946. Cuatro años después, fallecería Dexter Gladney Whittinghill, a los 90 años de edad, tras haber regresado de su misión en Italia. Finalmente, Ludovico Paschetto, murió en 1962 en La Spezia.

4. El objetivo editorial

Es habitual que el primer número de una publicación defina la línea que ésta va a seguir en los volúmenes siguientes. A principios de 1912, llegó a las librerías italianas este primer número de Bilychnis: rivista di studi religiosi. En el editorial, en forma de manifiesto, se afirmaba que los objetivos de la nueva publicación eran: 1) estudiar la religión con métodos científicos, 2) promover el diálogo entre fe y cultura moderna y 3) acoger autores de diferentes convicciones. Sin embargo, a lo largo de sus casi veinte años de existencia, este «programa mínimo inicial» se fue ampliando, a medida en que la historia de Italia y de Europa iban cambiando.

La revista se proponía crear un espacio de diálogo entre religión y pensamiento moderno. En ese primer número se invitaba a colaborar tanto a creyentes como agnósticos, católicos y protestantes, defendiendo la libertad de conciencia y el intercambio de ideas. El concepto de la publicación era servir de foro plural de debate religioso, filosófico y cultural, donde escribieron intelectuales de distintos campos. Era un período de crisis en el que algunos intelectuales tenían mucho que decir.

La primera gran crisis que vivió esta publicación fue el estallido de la Primer Guerra Mundial, apenas dos años después de su aparición. La guerra convenció a muchos de la impermanencia de la vida humana y de su fugacidad y, acaso por eso mismo, la religiosidad aumentó su impacto entre las poblaciones. En los años que median entre 1912 y 1919, los volúmenes de la revista estuvieron dedicados al estudio de las religiones comparadas desde el punto de vista crítico. Eso interesó al público, en tanto que era un campo aún inédito. El catolicismo había perdido terreno en aquellos momentos y el protestantismo, en sus distintas corrientes, siempre fue minoritario en Italia, lo que explica que los monográficos y los artículos que se incluyeron tuvieran que ver con las religiones orientales, el judaísmo y el islam, fórmulas religiosas que todavía se conocían mal y, lo que era peor, lo poco que se conocía era a través del teosofismo blavatskyano que las había deformado y caricaturizado, demostrando su incomprensión total hacia el fenómeno espiritual.

Después de la Primera Guerra Mundial, cuando estuvo claro el impacto que había tenido el conflicto entre los supervivientes, tanto en los países vencedores como en los vencidos, se produjo una crisis moral sin precedentes. Los esfuerzos realizados por los combatientes de primera línea y los sufrimientos de la retaguardia, contrastaban con la debilidad de las razones que habían impulsado al conflicto. Se alardeaba de que había vencido «la democracia» (y así era, hasta cierto punto), los Imperios Centrales, el Imperio turco y el Imperio Ruso habían resultado derrotados y se habían impuesto repúblicas y regímenes democráticos… en los que todo siguió igual o peor; existía libertad… para morirse hambre (como ironizase años después Primo de Rivera). El sacrificio había sido inmenso, pero muchos empezaron a preguntarse si la democracia lo merecía. Esto llevó a abrir dos temas nuevos de debate: el primero sobre el estado moral de Europa en la primera postguerra y, luego sobre las relaciones entre política democrática y fenómeno religioso.

El catolicismo de la época no estuvo en condiciones de capitalizar esta crisis moral; y, no solo eso, a partir de 1926, con la inclusión de la obra de Charles Maurras en el Índice de Libros Prohibidos, el catolicismo francés (y en grandísima medida, los intelectuales de la Europa Mediterránea que se habían sumado a sus ideas) recibió un durísimo golpe. La debilidad del protestantismo en esta zona impidió que sus distintas corrientes pudieran tomar el relevo del inicio de la crisis de la Iglesia Católica (que solamente se manifestaría en toda su amplitud cuarenta años después al cierre del Concilio Vaticano II). Todo esto provocó el que la sociedad europea se fuera secularizando, algo que el equipo redaccional de Bilychnis percibió inmediatamente. Los contenidos de la revista en la primera mitad de los años 20, reflejan tal estado de ánimo y muestran como los intelectuales afectos a las confesiones religiosas intentaban interpretar la crisis cultural del periodo de entreguerras.

La guerra produjo tensiones internas en la redacción. Un estudio clave sobre este tema es el artículo de Anna Maria Strumia titulado La rivista “Bilychnis” e la Grande Guerra: gli evangelici tra pacifismo e patriottismo. Este análisis, publicado en una obra colectiva sobre las iglesias evangélicas en Italia durante la guerra, desvela las contradicciones que la publicación tuvo que capear. El pacifismo era una actitud inherente a todos los movimientos evangélicos llegados de los Estados Unidos y muchos colaboradores de Bilychnis se sintieron inicialmente inclinados a rechazar la violencia y abogar por la mediación, defendiendo los valores del Evangelio por encima de los nacionalismos. Pero esto no afectaba a los que procedían de otras corrientes, para los cuales, o bien la participación en el conflicto (Italia entro en guerra en 1915) podía llegar a justificarse como un deber cívico, o bien suponía un compromiso con los valores democráticos frente a las monarquías de los imperios centrales. La revista se convirtió en un espacio neutral donde coexistían redactores apelaban a la conciencia pacifista con otros que mostraban simpatía por el nacionalismo italiano. La dirección de la revista optó por pedir moderación a unos y otros y atenuar los choques de criterios.

A fin de cuentas, Bilychnis había partido en su andadura como un espacio de diálogo y reflexión, buscando conciliar los valores del cristianismo (en clave protestante) con las corrientes del pensamiento moderno, incluyendo el socialismo. La evolución que se produjo desde la fundación de la revista hasta que se manifestaron los síntomas que siguieron a la Primera Guerra Mundial, evidencian el tránsito de una publicación nacida en un contexto teológico, que a causa de los cambios sociológicos, culturales y psicológicos, terminó convirtiéndose en una publicación interdisciplinaria.

Por una parte, el repaso de los números publicados demuestra que, en todo momento, los trabajos sobre teología y estudios bíblicos, que estaban en el origen de la publicación nunca terminaron por abandonarse. Abundan artículos y ensayos sobre crítica histórica de la Biblia, el cristianismo primitivo, la teología protestante, las comparaciones y equivalencias entre catolicismo, protestantismo y otras religiones. Son notables los ensayos sobre la figura histórica de Jesús, el desarrollo de las primeras comunidades cristianas y la evolución doctrinal del cristianismo. Poco a poco, se fueron volviendo más habituales los estudios sobre historia de las religiones: judaísmo, islam, religiones asiáticas. Era normal, porque en esos años, la «historia de las religiones» se estaba abordando por primera vez desde una perspectiva científica y eso despertó el interés del equipo redaccional.

Dada la dificultad en distinguir, especialmente en las formas de religiosidad oriental, las fronteras entre el pensamiento religioso y la filosofía, muchos artículos abordaron temas de ética, filosofía de la religión, racionalismo y fe y crítica del positivismo. Pero también la radicalización de los discursos políticos en el ámbito italiano (y europeo) entre 1919 y 1923, favoreció el que, cada vez con mayor frecuencia aparecieran textos sobre sociología y política cultural (libertad religiosa, secularización, educación, relaciones entre Iglesia y Estado), hasta el punto de que la revista se convirtió en un espacio de discusión sobre la modernización de Italia.

El hecho de que el equipo de redacción fuera protestante, favoreció el que se insistiera en los movimientos disidentes que se daban dentro de la Iglesia Católica. No puede olvidarse que una parte sustancial de los redactores procedían de los márgenes de la Iglesia católica e, incluso cuando la polémica sobre la herejía modernista había quedado muy atrás (la condena oficial del Vaticano data de 1907), Bilychnis siguió publicando ensayos sobre este tema prácticamente hasta el final de su andadura en 1931. Los tres ejes centrales de la herejía modernista —crítica histórica de la Biblia, compatibilidad entre fe y ciencia y teología abierta al pensamiento moderno— siguieron estando siempre presentes en momentos en los que la propia Iglesia ya había dejado atrás la lucha contra el «modernismo». Se discutieron temas «sensibles»: evolución y teología, límites del positivismo y papel de la religión en relación a la ciencia.

Bilychnis estaba conectada con la escuela de teología liberal suiza que había nacido en la Universidad de Ginebra, con el protestantismo francés del que hacían gala los pensadores de la Universidad de Estrasburgo y con los círculos protestantes británicos. En efecto, a principios del siglo XX, diversos núcleos de intelectuales cristianos radicados en Suiza, vinculados a corrientes protestantes, trataron de adaptar el cristianismo a la cultura moderna, la razón y la ciencia. Percibieron que, antes o después, los dogmas recibirían la puntilla definitiva por parte del pensamiento científico que remataría la obra del racionalismo. Inspirado en figuras como Friedrich Schleiermacher, se consolidó en el ámbito académico y universitario suizo y europeo, un enfoque antropocéntrico (centrado en el ser humano) más que teocéntrico, desembocando en la ética y las enseñanzas morales de Jesús más que en la doctrina dogmática. La teología liberal fue predominante hasta la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, el estallido de la guerra y la crisis social rompieron la confianza en el progreso y en las posibilidades de la cultura moderna. 

En lo que se refiere al núcleo de teólogos de la Facultad de Teología Protestante de la Universidad de Estrasburgo fue un centro intelectual de primer orden, marcado por la transición de la soberanía alemana a la francesa, a principios de siglo, fueron un producto de su tiempo y de situación. En efecto, Estrasburgo, a partir de 1918 fue incorporada a Francia, tras pertenecer a Alemania desde la Guerra Franco–Prusiana de 1870. Esto facilitó el que los teólogos más destacados de este periodo combinaron el rigor de la investigación histórica, típicamente alemán, con un enfoque liberal y humanista, mucho más francés. La firma más notable de este grupo fue Albert Schweitzer, teólogo y médico, fue director de la facultad. Es mundialmente conocido por su investigación sobre la «vida de Jesús» y sobre la mística de San Pablo.

Finalmente, el grupo Bilychnis estuvo también en contacto con los «nuevos teólogos británicos», especialmente con los procedentes de la New Theology, liderada por el predicador R.J. Campbell desde el City Temple de Londres. En 1907 publicó su manifiesto The New Theology, insistiendo en la inmanencia Divina (Dios no está «ahí fuera», sino dentro de la humanidad y de la naturaleza) y el rechazo del pecado original. En esos mismos años, había surgido el Círculo de Cambridge, que sería el equivalente a la herejía «modernista» en las Islas Británicas. Teólogos como F.C. Burkitt y B.H. Streeter se centraron en la investigación histórica rigurosa, tratando de identificar al «Jesús histórico» y alejándose de la metafísica. A pesar de que existieron distintas orientaciones en cada uno de estos teólogos, existía una tendencia acusada a manifestarse a favor de las reformas sociales. No tenían paciencia suficiente en esperar la Parusía, para realizar el Reino de Dios, sino que lo consideraban como un proyecto social y político para el aquí y el ahora. Se estaba empezando a concretar lo que sería el pensamiento social–cristiano moderno que, en algunos momentos se identificaba con el laborismo y el socialismo, y en otros más restringidos con la «política social de la Iglesia».

Todas estas redes europeas contribuyeron a ampliar el número de redactores y la influencia de Bilychnis.

Pero, como hemos dejado intuir antes, existía una intencionalidad inherente al proyecto y no confesada tan explícitamente. En primer lugar, se trataba de dar legitimidad académica a la teología protestante y mostrar que esta corriente estaba conectada con la cultura europea moderna. Y para alcanzar este objetivo, parece evidente que debían crear un espacio de libertad intelectual en temas religiosos y hacer gala de una extraordinaria apertura de miras.

Pero, lo que interesó más al público no fueron estos temas, que, en el fondo, eran ya conocidos en el momento en el que apareció el primer número de la revista. La gran aportación de Bilychnis fue el estudio de las religiones comparadas y tratar de situar a las confesiones cristianas dentro del panorama religioso mundial. Han quedado, estudios sobre budismo e hinduismo, sobre religiones iranias, islam y judaísmo, que figuraron como los primeros de su tiempo.

En un momento en el que todavía existía un fuerte sentimiento antisemita en Europa, la revista ofreció un espacio para el estudio del judaísmo, las relaciones entre judaísmo y cristianismo y la cultura hebrea moderna, artículos en los que pudieron manifestar sus puntos de vista autores judíos (en especial Giorgio Levi Della Vida o Dante Lattes). Pero, quizás, en el terreno en el que la revista publicó artículos más novedosos y que despertaron el mayor interés, fue en la comparación entre religiones orientales y teología cristiana. En este campo destacó Giuseppe Tucci, futuro fundador del Istituto Italiano per il Medio ed Estremo Oriente que colaboró aportando sus conocimientos en materia de religiosidad oriental, un campo prácticamente inédito en la época. Y ahí fue donde Julius Evola también tuvo algo que decir.


5. Los colaboradores

Tanto en historia de las religiones, como en comentarios sobre filosofía, metafísica y cultura, o en estudios sobre el judaísmo, temáticas ocultistas y las corrientes protestantes, Bilychnis contó con especialistas de primera fila.

Quienes, desde luego, sufrieron más represalias por su colaboración con la revista fueron los teólogos católicos considerados como «modernistas». La reacción del Vaticano y de los sectores católicos tradicionales ante Bilychnis fue de profunda hostilidad y sospecha. La publicación, nacida en el momento en el que la herejía «modernista» no se había extinguido, fue vista por el Vaticano como un Caballo de Troya que introducía ideas heterodoxas en el mundo católico italiano. La mirada de la Santa Sede, como hemos visto, se centró especialmente en Buonaiuti, pero no solo en él.

Los medios de comunicación vaticanos advirtieron a los católicos que la lectura de la revista era peligrosa para la fe, ya que mezclaba el rigor científico con presupuestos teológicos protestantes y «modernistas». Por su parte, como no podía ser de otra manera, los católicos liberales y modernistas la recibieron con entusiasmo. Las sanciones impuestas por el Vaticano a los colaboradores católicos de Bilychnis fueron severas, y la jerarquía eclesiástica utilizó todo el peso del Derecho Canónico para frenar la influencia de estos intelectuales. Las sanciones oscilaron entre la «suspensión a divinis», la excomunión o la expulsión de sus cátedras para los profesores que publicaban en la revista. Muchos artículos publicados originalmente en Bilychnis fueron recopilados en libros que acabaron inmediatamente en el Índice de Libros Prohibidos y, a través de la revista oficial del Vaticano, L’Osservatore Romano, y en la revista jesuita La Civiltà Cattolica, se publicaron ataques directos contra los colaboradores «modernistas» de Bilychnis, tachándolos de «apóstatas».

Buonaiuti murió sin que se le levantara la excomunión. En su lecho de muerte, hubo contactos para una reconciliación, pero el Vaticano exigía una retractación pública de sus ideas que él, por coherencia intelectual, no aceptó. Se le prohibió un funeral católico oficial, aunque algunos amigos sacerdotes asistieron a título personal. Solo décadas después, tras el Concilio Vaticano II, la Iglesia rehabilitó su figura como historiador, aunque no su estatus canónico.

La historia del cristianismo fue tratada en particular por Luigi Salvatorelli, uno de los colaboradores más prolíficos de Bilychnis, donde desempeñó un papel fundamental como historiador del cristianismo y analista político. Salvatorelli utilizó Bilychnis para difundir sus investigaciones sobre los orígenes cristianos desde una metodología estrictamente histórica y laica, alejada de la dogmática eclesiástica. Solía descender al terreno político y sus artículos a menudo abordaban la relación entre la Iglesia y el Estado, defendiendo una visión liberal y laica que chocaba con las posturas oficiales del Vaticano en esa época.

Al igual que otros miembros del círculo de Bilychnis, Salvatorelli estaba vinculado al clima intelectual del «modernismo». Publicó numerosos ensayos que luego formarían parte de sus libros más conocidos, centrándose en figuras como San Francisco de Asís, a quien analizó como una figura histórica y social más que puramente hagiográfica. Fue un firme opositor al régimen de Mussolini y uno de los pocos intelectuales que mantuvo una postura antifascista durante todo el periodo.

Otro «modernista» católico, Romolo Murri, sacerdote y figura central de esta herejía, fue otro de los colaboradores de Bilychnis que habían resultado «represaliados» por la Iglesia a causa de su disidencia teológica. Coincidía con la revista en el intento de conciliar la fe católica con la modernidad política y social. La propuesta fundamental de Murri fue la autonomía de los católicos en la vida política. Sostenía que la Iglesia debía abandonar su postura de rechazo al Estado liberal y que los creyentes debían organizarse de forma independiente a la jerarquía eclesiástica para luchar por reformas sociales. En 1909, dos años después de la condenado del «modernismo», Murri tras ser elegido diputado por un partido radical, fue excomulgado formalmente. Previamente había sido suspendido del ejercicio sacerdotal por su desobediencia y su actividad política. Tras años de alejamiento de la Iglesia, y en sus últimos años, vio en el fascismo una fuerza capaz de realizar la «revolución nacional» que la democracia liberal no había logrado, llegando a escribir sobre el «espíritu religioso» del movimiento de Mussolini. Poco antes de su muerte en 1944, se reconcilió con la Iglesia Católica y se le levantó la excomunión.

El aggiornamento (puesta al día) de la Iglesia en los años 60 hizo que cambiara la catalogación. Los redactores católicos de Bilychnis, en lugar de ser «herejes», pasaron a ser «precursores». Pero los disidentes católicos no eran los únicos que participaban en la revista.

El hecho de que estuvieran presentes también redactores judíos ha permitido decir que Bilychnis se convirtió en uno de los pocos espacios de diálogo judeo–cristiano que existieron en Italia antes de la Segunda Guerra Mundial y que precedería en cuarenta años a una de las temáticas más polémicas del Concilio Vaticano II: liquidar el antisemitismo de origen católico y la acusación que pesaba sobre el «pueblo judío» como «pueblo deicida».

Dante Lattes, intelectual y rabino judío, considerado como uno de los padres del sionismo en Italia, a lo largo de toda su vida se preocupó por revalorizar y defender la cultura judía e integrarla en la italiana. Además de colaborar frecuentemente con Bilychnis, dirigió la influyente revista Rassegna Mensile di Israel, referente intelectual de la comunidad judía italiana frente al ascenso del fascismo. Con la promulgación de las leyes raciales en 1938, fue puesto bajo vigilancia policial por sus vínculos con la Organización Sionista Mundial con sede en Londres. Emigró en febrero de 1939, estableciéndose primero en Tel Aviv y luego en Jerusalén, pero se vio obligado a destruir todo su archivo antes de partir. Regresó a Italia después de la Segunda Guerra Mundial para ayudar a reconstruir las instituciones judías italianas.

Otro de los colaboradores de origen judío y que publicó frecuentes ensayos sobre su tradición, Felice Momigliano, centró su obra en la síntesis entre el pensamiento mazziniano, el socialismo humanitario y la tradición judía. Defendió un judaísmo moderno y abierto, influenciado por los modelos europeos de reforma, que permitiera a los judíos ser ciudadanos italianos plenos sin renunciar a su herencia espiritual. Falleció en 1924, mismo año en que el fascismo consolidó su poder. Momigliano utilizó Bilychnis para explorar la intersección entre el pensamiento judío y los valores universales. En su ensayo Ebraismo e cristianesimo, publicado en la revista en 1922, analiza las conexiones y diferencias éticas entre ambas religiones. También publico diversos ensayos y notas sobre el movimiento sionista y el futuro de Palestina, que fueron recopilados o citados en estudios biográficos posteriores.

Finalmente, Giorgio Levi Della Vida publicó diversos trabajos de carácter académico y crítico sobre historia de las religiones, filología semítica y reseñas críticas de obras contemporáneas. Esta participación en Bilychnis refleja su compromiso con una visión laica y científica de la cultura. Su colaboración en la revista hizo que aumentaran las sospechosas de que se trataba de una publicación «antifascista». En efecto, en 1924, fue elegido presidente de la Unión Nacional de Fuerzas Liberales y Democráticas, fundada por Giovanni Amendola y al año siguiente firmó el Manifiesto de los Intelectuales Antifascistas; más tarde sería uno de los pocos profesores universitarios (12 como hemos dicho) que rechazaron prestar el juramento de fidelidad al régimen fascista en 1931. En Bilychnis publicó artículos sobre lingüística semita, judaísmo e islamismo. Es considerado uno de los arabistas e islamólogos más importantes del siglo XX. Tras su expulsión de la universidad, trabajó catalogando los manuscritos árabes de la colección vaticana, una labor técnica monumental que sigue siendo referencia para los investigadores actuales. Aplicó el método histórico para entender el origen del Islam, la genealogía de las tribus árabes y la literatura clásica.

Solo hemos podido localizar un ensayo de Giuseppe Tucci, publicado en Bilychnis: Di una Leggendaria biografia cinese di Nagarjuna (en Bilychnis II. serie, n. 135, 1923). En esa época Tucci tenía 29 años y fue uno de los colaboradores más jóvenes de la revista. El artículo aborda una biografía legendaria china del importante filósofo y monje buddhista indio del siglo II d.C.,  Nagarjuna, fundador de la escuela Madhyamika. Tucci, por entonces, empezaba a consolidar su carrera como orientalista que le llevaría a ser uno de los «tibetólogos» más eminentes del siglo XX. La revista, encontró en Tucci a un estudioso capaz de tender puentes entre Oriente y Occidente con rigor académico.

El hecho de que Evola publicara uno de los primeros comentarios sobre la obra de René Guénon en Bilychnis es igualmente significativo de ese interés. A pesar de las diferencias de matiz, de tono y de referencias, los autores tradicionalistas coincidían con el resto de colaboradores en denunciar la crisis moral de la postguerra y el materialismo creciente. Eso fue lo que justificó una colaboración que, en la práctica, excedía el estudio objetivo de las religiones.

Ya hemos aludido al papel de Raffaele Pettazzoni en Bilychnis. Ahora volvemos a mencionarlo a la vista de que aportó a la revista sus ensayos sobre la historia de las religiones. Se le considera el fundador de esta disciplina en Italia, otorgándole un carácter científico, laico y comparativo. Desvinculó el estudio de lo sagrado de la teología confesional, sosteniendo que la religión no puede entenderse de forma aislada, sino a través de la comparación de diferentes culturas y tiempos. A diferencia de otros autores que buscaban «arquetipos» eternos (como Mircea Eliade), Pettazzoni enfatizaba que cada fenómeno religioso es un producto histórico concreto. Rebatió la teoría del «monoteísmo primordial» (que afirmaba que la humanidad empezó creyendo en un solo Dios y luego «degeneró» en el politeísmo). Para él, el monoteísmo era una revolución histórica que surgía en contextos específicos frente al politeísmo previo. Estudió la figura de los «dioses celestes» en las culturas primitivas, no como una revelación divina, sino como una proyección de la estructura social y la observación de la naturaleza. Los artículos que publicó en Bilychnis estaban habitualmente relacionados con estas temáticas. En el publicado en 1922, La formazione del monoteismo, argumenta que el monoteísmo no es un estado primitivo de la humanidad, sino una formación histórica que surge como una «revolución» frente a sistemas politeístas previos. Las ideas que Pettazzoni comenzó a publicar en revistas como Bilychnis y en Indo–iranian studies (1925) sobre la omnivisión (capacidad de Dios para ver, percibir y conocer simultáneamente todo lo que existe, ha existido o existirá) y omnisciencia divina (conocimiento total, la cualidad de saberlo todo) fueron el núcleo de su futura gran obra. En estos ensayos preliminares, ya planteaba que la «omnisciencia» no es solo un atributo abstracto, sino que tiene una raíz histórica vinculada a la mirada del cielo y la vigilancia moral de los seres humanos. Pettazzoni utilizaba  Bilychnis  para dialogar con otros grandes estudiosos de la época, analizando las obras de autores como Franz Cumont (experto en religiones mistéricas) o los trabajos sobre el «modernismo».

Si Pettazzoni fue el exponente del estudio sobre religiones comparadas en Bilychnis, ¿cuál fue la actitud del máximo exponente de esta especialidad, Mircea Eliade, en relación a la revista? Eliade no colaboró en Bilychnis, pero mantuvo una relación muy estrecha con la revista y el círculo intelectual que la rodeaba durante su juventud. Durante sus años de formación y sus viajes a Italia (1927 y 1928), el joven Eliade fue un lector asiduo de Bilychnis y de otra revista similar, Ricerche Religiose. A través de estas publicaciones italianas, descubrió a autores fundamentales para su obra posterior, como Kierkegaard, Unamuno y Rudolf Otto. En particular, Eliade se sintió fascinado por los artículos que Julius Evola publicaba en Bilychnis y en la revista Ur. Mantuvo una relación de amistad y correspondencia con Raffaele Pettazzoni, aunque tenían enfoques distintos (Pettazzoni era puramente histórico y Eliade más fenomenológico/metafísico), aunque ambos compartían el interés por el estudio científico y comparativo de las religiones. A través del ambiente intelectual de revistas como Bilychnis, la obra de Eliade comenzó a ser conocida y debatida en Italia, país con el que mantuvo un vínculo académico de por vida. 

Alessandro Chiappelli fue otro de los asiduos colaboradores de Bilychnis, que aportó a la revista ensayos en los que buscaba conciliar el cristianismo con la filosofía moderna. Sus artículos se centraban en la vertiente ética y espiritual de la religión, alejándose del dogmatismo rígido. Fue una de las voces que, dentro de Bilychnis, defendió la necesidad de una profunda «reforma religiosa» en Italia. Publicó numerosos ensayos analizando el cristianismo primitivo desde una perspectiva histórica, un tema recurrente en la revista para cuestionar las estructuras de poder de la Iglesia contemporánea. Sus reflexiones más extensas fueron publicadas en la colección de libros vinculada a la revista, consolidando su papel como mentor de las nuevas generaciones de estudiosos laicos. Era senador del Reino y profesor universitario, su presencia en Bilychnis otorgaba a la revista una gran autoridad intelectual frente a las críticas de los sectores católicos más conservadores.

En el campo de la filosofía, sin duda, uno de los colaboradores más asiduos e importantes fue Adriano Tilgher (1887–1941). Tilgher publicó en la serie de los Quaderni di Bilychnis (Cuadernos de Bilychnis) una de sus obras más influyentes: La visione greca della vita (La visión griega de la vida) en 1922. En este texto, exploraba la cosmovisión antigua frente a la crisis de la modernidad. Tilgher fue un puente fundamental en la revista para introducir en Italia el pensamiento de Kierkegaard y sus ensayos ayudaron a desplazar el foco desde el idealismo hegeliano hacia una filosofía de la vida y la crisis del individuo. Tilgher se situó en una postura de independencia intelectual, pero no tuvo inconveniente en ser uno de los firmantes del Manifiesto de los Intelectuales Fascistas. En Bilychnis analizó la religión, no como dogma, sino como una experiencia vital y problema ético, lo cual encajaba perfectamente con el espíritu «modernista» y laico de la publicación. 

Por su parte, Giuseppe Rensi fue otro de los colaboradores de la revista que marcaron la pauta filosófica de la publicación. Su participación es fundamental para entender la evolución de su pensamiento, especialmente en su etapa de transición hacia el escepticismo irracionalista. Siguiendo la línea modernista y liberal de Bilychnis, Rensi publicó ensayos que analizaban el fenómeno religioso desde una perspectiva filosófica y no confesional. Sus artículos en la revista a menudo exploraban la tragedia de la existencia, un tema que culminaría en obras como Filosofía del error y del dolor. Para Rensi, la religión no era un conjunto de verdades lógicas, sino una respuesta necesaria al absurdo del mundo.

La espiritualidad eslava fue el objeto predilecto al que Ettore Lo Gatto dedicó varios ensayos en Bilychnis durante la década de 1920. Gracias a sus trabajos el pensamiento religioso y literario ruso fue conocido en Italia. Lo Gatto publicó ensayos clave sobre figuras fundamentales del pensamiento espiritual ruso como el dedicado a Fiódor Dostoievski (Rusia y su problema religioso según Dostoievski, 1922), donde analizaba la dimensión mística y profética del autor. En la serie Quaderni di Bilychnis, Lo Gatto tradujo obras esenciales de pensadores rusos, en particular de Vladimir Soloviev (sus Tres discursos en memoria de Dostoievski, que dio a conocer la teosofía y el misticismo ruso en Italia). Regularmente publicaba su sección, Rivista delle riviste russe (Revista de las revistas rusas), donde informaba a los lectores de Bilychnis sobre las novedades intelectuales y las condiciones culturales en la Rusia soviética de la época. Gracias a él, la espiritualidad eslava, sin interferencias políticas, pudo llegar al público italiano.

Existió una participación femenina en Bilychnis, minoritaria, pero que vale la pena recordar. Eva Kühn, esposa del político liberal Giovanni Amendola, no se limitó a ser traductora y puente cultural, especialmente entre la literatura rusa y el público intelectual italiano. Fue una de las principales responsables de la difusión de Fiódor Dostoievski en Italia. Tradujo para I Quaderni di Bilychnis, obras como I ragazzi (Los muchachos, fragmento de Los hermanos Karamázov), aportando una sensibilidad que conectaba con el interés de la revista por la psicología religiosa y acompañando a sus traducciones de un aparato crítico que ayudaba a entender el contexto espiritual y místico de los autores eslavos. Utilizaba el seudónimo de «Magrebi» en sus colaboraciones, manteniendo siempre ese interés por la espiritualidad y la crisis del individuo moderno que caracterizaba a la revista. Su trabajo en Bilychnis fue fundamental para que la revista cumpliera su misión de ser una «ventana al mundo», permitiendo que la mística y la literatura del Este europeo dialogaran con la tradición italiana.

Finalmente, Ada Meille fue otra de las figuras centrales en la vida de Bilychnis, desempeñando un papel que combinó la gestión editorial con la activismo pedagógico y religioso. Trabajó codo a codo con el director Lodovico Paschetto en la organización de los contenidos y en la colección de I Quaderni di Bilychnis. Sus artículos en la revista se centraron frecuentemente en la educación religiosa y moral. Defendía un modelo educativo laico pero espiritual, que formara ciudadanos conscientes y éticos, alineado con el espíritu de la «Escuela Nueva». Era miembro de la comunidad bautista y representaba el ala del protestantismo italiano que buscaba influir en la cultura nacional a través del diálogo intelectual y la reforma de las costumbres. Al igual que Eva Kühn, colaboró en la selección y reseña de obras extranjeras que trataran temas de renovación espiritual y social, ayudando a que Bilychnis mantuviera su carácter cosmopolita.

6. Bilychnis y España

A pesar de que no existan estudios sobre las relaciones entre la redacción de la revista Bilychnis en nuestro país, la publicación era suficientemente conocida por algunos de los exponentes más notorios de la Generación del 98 y de la Generación del 14. Este vínculo se centró en la superación del positivismo y la búsqueda de una nueva espiritualidad laica. No fueron en absoluto relaciones orgánicas (en España no existió una publicación equivalente a Bilychnis, sino más bien de relaciones personales e intercambios epistolares. Si bien no hemos localizado ningún autor español que publicara artículos directamente en Bilychnis, puede hablarse con propiedad de la existencia de una presencia española significativa a través de traducciones, reseñas e influencia mutua con intelectuales de la época.

Entre estas interinfluencias intelectuales cabe citar a Rensi, principal introductor y traductor de la obra de Miguel de Unamuno en Italia. En las páginas de Bilychnis, Rensi reseñó y difundió obras como Del sentimiento trágico de la vida, encontrando en el filósofo español un alma gemela en su lucha contra el racionalismo y su enfoque en el «hambre de inmortalidad».

Adriano Tilgher, por su parte, utilizó Bilychnis para dialogar con el pensamiento existencial europeo, manteniendo una afinidad con el pensamiento de Unamuno, y más especialmente con el de José Ortega y Gasset. No hay que olvidar que, en los años 20 floreció en España un clima intelectual extraordinariamente rico y la última vez en el que un nutrido grupo de intelectuales españoles, fueron leídos en Europa y participaron en debates de altura con sus homólogos de otros países.

Ángel Álvarez de Miranda introdujo en España el estudio científico y laico de lo sagrado. Se había formado en Roma, como discípulo directo de Raffaele Pettazzoni, compartiendo su método histórico–comparativo y alejándose de la interpretación puramente teológica. Estudió las religiones mistéricas y la tradición española. Su tesis doctoral, Mitos y ritos de la sacralidad del toro, es una de sus obras más citadas, donde analiza la profundidad religiosa de la tauromaquia. Otra de sus obras, muy influida por Pettazzoni es Las religiones mistéricas. Antes de morir prematuramente a los 42 años, fundó en 1954, la cátedra de Historia de las Religiones en la Universidad de Madrid siguiendo los principios laicos y científicos promovidos por Bilychnis.

La revista sirvió también de puente para el pensamiento europeo y, por supuesto, para el pensamiento español de la época. Se hicieron recensiones de trabajos de Ortega y Gasset y Eugenio d’Ors, lo que demuestra que el círculo de Bilychnis seguía muy de cerca el auge intelectual español de los años 20 y especialmente los textos publicados por la Revista de Occidente. Ambos proyectos, en efecto, compartían la misión de europeizar sus respectivas naciones y elevar el nivel del debate filosófico y religioso más allá de las instituciones eclesiásticas.

Giorgio Levi Della Vida, mantuvo lazos con los estudiosos españoles de la herencia andalusí, siendo una referencia respetada por la escuela de filología semítica en España. Levi Della Vida, se interesó muy de cerca los trabajos de la escuela española de arabistas liderada por Asín Palacios. Levi Della Vida valoraba el rigor filológico de Asín, especialmente en sus estudios sobre el pensamiento de Algazel y la influencia islámica en la Divina Comedia de Dante. La revista fundada por Asín Palacios, Al–Andalus, fue una referencia obligada para investigadores como Levi Della Vida. Aunque Levi Della Vida mantenía una postura más laica y científica frente a la visión más teológica de Asín (era sacerdote), ambos compartían el uso del método histórico–crítico y la convicción de que la cultura mediterránea no podía entenderse sin el aporte árabe e islámico. Un punto de unión fundamental fue el interés de ambos por las fuentes islámicas en la obra de Dante Alighieri. Mientras Asín Palacios revolucionó el campo con su obra La escatología musulmana en la Divina Comedia (1919), Levi Della Vida analizó estas tesis desde la perspectiva de la filología semítica, contribuyendo al debate que internacionalizó esta teoría.

Pero fue en el terreno de la mística española del Siglo de Oro, en donde el interés de la publicación italiana fue mayor por este movimiento español. Bilychnis dedicó espacio al análisis de la mística española (Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz) desde una perspectiva psicológica e histórica, un tema que interesaba profundamente a sus editores modernistas. Se publicaron artículos que analizaban a Santa Teresa de Jesús como un caso de estudio para la «psicología de la religión». Autores como Mario Rossi exploraron la estructura de la conciencia mística y la «verdad psicológica» de sus escritos. La revista incluyó ensayos que desglosaban la simbología de San Juan de la Cruz. Se le presentaba como el poeta místico por excelencia, cuya «noche oscura del alma» era una metáfora de la desposesión absoluta necesaria para el conocimiento metafísico. Gran parte de la mística española entró en Bilychnis a través de la interpretación de Unamuno. Se publicaron estudios sobre la «mística de la acción» española, comparando la lucha espiritual del caballero cristiano con la del héroe trágico moderno. La revista sirvió como puente para que los lectores de Bilychnis releyeran a los clásicos españoles, viéndolos no como defensores del dogma romano, sino como individuos que buscaron una relación directa y «auténtica» con la divinidad, al margen de la jerarquía.

Bilychnis fue, en definitiva, una ventana de recepción fundamental para el pensamiento español contemporáneo en la Italia de entreguerras.

7. El fin de Bilychnis

Las intenciones iniciales de la revista no tuvieron en cuenta la evolución de la política internacional ni de los sucesos que tendrían lugar en Italia durante los años de vida de la publicación. Hemos aludido al trauma que representó la Primer Guerra Mundial, uno de cuyos efectos fue la aparición de los fascismos, el más temprano de los cuales arraigó en Italia con la figura de Mussolini y del Partido Nacional Fascista.

Los choques de la revista con el Estado Italiano se iniciaron a poco de llegar el fascismo al poder. En 1923, cuando el ministro de educación del primer gobierno de Mussolini, Giovanni Gentile, impulso la reforma de la enseñanza en Italia, restableciendo la enseñanza obligatoria de la religión católica en las escuelas primarias, Bilychnis publicó varios comentarios hostiles. Ada Meille y otros colaboradores (como Luigi Salvatorelli) denunciaron que la reforma «entregaba la conciencia de los niños al clero». Para un grupo de origen bautista y espíritu laico, esto era una traición al espíritu del Risorgimento y a la libertad de culto. Meille, defensora de la pedagogía activa, alegaba que la educación moral no debía consistir en memorizar catecismos dogmáticos, sino en desarrollar la conciencia individual y el sentido del deber. Frente al modelo autoritario de Gentile, proponía una espiritualidad libre que no necesitara el control de la Iglesia oficial. Para Meille, la religión era una experiencia interior y privada, mientras que, para el fascismo, era un medio para cohesionar a las masas. Al ver que la escuela pública se cerraba al pluralismo, el grupo intensificó la publicación de I Quaderni di Bilychnis, la colección de libros anexos a la revista, con títulos sobre ética laica y otras tradiciones religiosas (como el budismo o el misticismo ruso de Eva Kühn) para ofrecer una alternativa cultural a las familias que no querían una educación exclusivamente católica–fascista.

A pesar de que no fue el mejor comienza de su relación con el nuevo régimen, lo cierto es que, en su primera etapa, el fascismo no declaró la guerra a la revista. Pero, desde el principio quedó claro que se trataba de una publicación «disidente» de la línea mayoritaria por la que discurría Italia en materia religiosa. Parecía natural que la libertad de conciencia con la que se movían los redactores de la publicación, así como el hecho de que el editor fuera una confesión religiosa minoritaria, en la que, además, participaban teólogos católicos disidentes de la línea oficial vaticana, hiciera que el régimen temiera un enfrentamiento con la Iglesia Católica. Si bien, en los primeros años, la presión fue prácticamente nula y se limitó a una observación periódica, a partir de la firma de los Acuerdos de Letrán en 1929 entre el Estado y la Santa Sede, la hostilidad del régimen hacia la publicación fue creciendo por la presión de la Iglesia Católica.

Mussolini necesitaba el apoyo del Vaticano y, a cambio, entre otras concesiones, el régimen se comprometió a reprimir a las minorías religiosas y a las voces críticas que la Iglesia consideraba como heréticas. El Estado italiano dejó de ser neutral y empezó a ver a las publicaciones protestantes y a los disidentes católicos como «elementos de desunión nacional». Los dos años que median entre la firma de los Acuerdos de Letrán y la desaparición de la revista, supusieron un calvario para la publicación. El fascismo promovió la idea de que el protestantismo era una influencia extranjera (anglosajona) peligrosa para la identidad italiana. 

Los Acuerdos de Letrán, por un lado, resolvieron la llamada «cuestión romana» y crearon el Estado de la Ciudad del Vaticano. Por otro, establecían al catolicismo como la única religión del Estado italiano y daban a la Iglesia un poder sustancial, especialmente en la educación de los jóvenes. El Papa Pío XI llegó a calificar a Mussolini como «el hombre de la Providencia». Pero el precio de esta alianza fue alto para las minorías religiosas.

El historiador Kevin Madigan, en su libro The Popes against the Protestants, documenta cómo, a partir de este momento, se desató una campaña contra los protestantes que se prolongaría hasta el inicio de la Segunda Guerra Mundial. El pacto entre el régimen y el Vaticano creó un clima de hostilidad sistemática hacia las minorías religiosas, que eran vistas como una amenaza para la identidad católica de Italia y, por extensión, para el proyecto nacionalista del fascismo. Esta ofensiva cristalizó en una reforma legislativa restrictiva para las comunidades protestantes, limitando su proselitismo y sus actividades públicas. El jesuita Padre Tacchi Venturi, actuó como intermediario con Mussolini, para alertar sobre el «peligro protestante» y pedir medidas restrictivas contra estos grupos religiosos. Los lugares de culto protestantes fueron cerrados y se impidieron sus reuniones. En este contexto, publicaciones como Bilychnis, que promovían el diálogo y el estudio crítico desde una perspectiva protestante, eran vistas con una profunda desconfianza. En resumen, la presión que sufrió Bilychnis no fue un caso aislado, sino parte de una ofensiva más amplia y sistemática contra el protestantismo en la Italia fascista, impulsada por una poderosa alianza entre el régimen de Mussolini y la Iglesia Católica, que veían en la uniformidad religiosa un pilar para su proyecto social y político.

Los redactores fueron sometidos a vigilancia por parte de la OVRA, Organizzazione per la Vigilanza e la Repressione dell’Antifascismo (Organización para la Vigilancia y la Represión del Antifascismo), cuyo objetivo principal era la persecución, vigilancia y represión de cualquier individuo u organización opuesta al régimen fascista. Se había creado en 1927 y disponía de una amplia red de informantes y agentes encubiertos. Tenía autoridad para realizar arrestos políticos, aplicar sanciones administrativas (como el confinamiento o confino) y utilizar todo tipo de presiones para obtener confesiones. Estaba organizada en «zonas de inspección» y dependía directamente de la Dirección General de Seguridad Pública.

Para la OVRA, Bilychnis era doblemente sospechosa: primero por ser editada por una confesión religiosa protestante (que era visto por el fascismo como un cuerpo extraño a la nación) y en segundo lugar por haber dado cabida a intelectuales que se movían con criterios de libertad de pensamiento (como el mismo Julius Evola y, por supuesto, como los herejes «modernistas»). Cada número era revisado minuciosamente. El régimen castigaba cualquier atisbo de pensamiento que promoviera la conciencia individual por encima de la lealtad al Estado. Varios números fueron secuestrados por la policía (como ocurrió con el fascículo de enero–febrero de 1931) por contener material considerado subversivo o contrario a los intereses del Estado. Además, el régimen utilizaba trabas administrativas para dificultar la circulación de la revista, como retrasos en los permisos de correos o presión sobre los quioscos y librerías para que no la exhibieran.

La posición de la revista se hizo insoportable cuando adoptó una postura crítica frente a la obligatoriedad de la enseñanza de la religión católica en las escuelas y su defensa de la libertad de conciencia. En 1931, el régimen fascista emitió un decreto que obligaba a todos los profesores universitarios a jurar lealtad al fascismo, so pena de prohibición de ejercer la enseñanza. Ernesto Buonaiuti, perdió su cátedra. Se dieron de baja suscriptores y disminuyeron las donaciones económicas. En torno a Bilychnis, el régimen estableció un «cinturón sanitario» en el que todo aquel que lo cruzaba quedaba expuesto como «sospechoso» de colaborar con una iniciativa, a su vez, igualmente «sospechosa». La prensa oficialista atacaba a Bilychnis no solo por motivos religiosos, sino tachándola de ser un instrumento de propaganda extranjera contrario al espíritu de la «Nueva Italia».

Finalmente, en 1931, ante la imposibilidad de mantener su línea de independencia e incapaz de afrontar el acoso constante de las autoridades, la Facultad de la Escuela Teológica Bautista se vio obligada a cesar la publicación por «falta de fondos», a pesar de que estuvo claro que esa misma «falta de fondos» se debía al «cinturón sanitario» creado por el régimen y a los cambios de orientación de su política religiosa, así como a la actitud de la Santa Sede. Mussolini no estaba dispuesto a enfrentarse al papado en defensa de una pequeña publicación.

De las tres revistas protestantes que se publicaron en la Italia de los años 20, CoenobiumConscientia y Bilychnis, esta última logró sobrevivir a las otras dos. Conscientia apareció entre 1922 y 1927 y, desde el principio, mostró una orientación cultural antifascista. Había sido fundada y dirigida por Giuseppe Gangale, intelectual de origen calabrés vinculado al protestantismo (especialmente al mundo bautista y valdense). Gangale concebía su revista como un espacio para la «reforma religiosa» de Italia, creyendo que el país necesitaba una base ética y espiritual distinta a la del catolicismo tradicional para sostener una verdadera democracia. Al igual que Bilychnis, su trayectoria se caracterizó por su defensa de la libertad de conciencia, el laicismo y la autonomía del individuo frente al Estado. Fue un órgano de expresión para el «protestantismo civil», que buscaba aplicar los valores del Evangelio a la vida pública y social. Desde sus inicios, mantuvo una postura crítica hacia Mussolini. Se opuso a la retórica nacionalista y a la progresiva limitación de las libertades. Por sus páginas pasaron firmas de destacados antifascistas y pensadores liberales, convirtiéndose en una de las pocas voces disidentes que sobrevivieron en los primeros años del régimen. La revista fue finalmente clausurada en 1927 por orden de las autoridades.

El caso de Coenobium es sensiblemente diferente. Se publicó entre 1906 y 1925, editada en lengua italiana desde Lugano (Suiza) y difundida en la península itálica. Esto le permitió mantener una libertad editorial mayor que otras publicaciones durante los primeros años del fascismo, aunque finalmente sucumbió a las presiones de la época. Creada por Enrico Bignami, un intelectual con un pasado garibaldino y socialista que buscaba un espacio de diálogo libre de dogmas, se definía como una revista internacionalista y ecléctica, dedicada al estudio libre de las religiones, la filosofía y la ética. Su lema implícito era el intercambio de ideas entre Oriente y Occidente, y entre diferentes corrientes del pensamiento místico y racional. La revista cesó por falta de fondos y por las dificultades crecientes de su distribución en Italia.

8. Bilychnis aquí y ahora

La revista Bilychnis desapareció en 1931, pero su intento de diálogo entre fe y ciencia, sobrevivió. Irónicamente, hoy en día, las facultades de teología católica estudian con normalidad las obras que en los años 20 causaban la expulsión de sus autores. La importancia de Bilychnis ha sido reconocida en estudios académicos posteriores. En el siglo XXI se han publicado dos trabajos a los que remitimos por la cantidad y calidad de su documentación: Bilychnis. Una rivista tra fede e ragione (1912–1931) de Antonio Mastantuoni (Claudiana, 2012), que, además de una introducción muy bien documentada, constituye una antología fundamental de artículos publicados en la revista; así mismo, uno de los capítulos de la obra La riforma nell’Italia del primo Novecento: gruppi e riviste di ispirazione evangelica de Laura Demofonti (Edizioni di storia e letteratura, 2003), dedica un capítulo extenso a la publicación. En la actualidad, la totalidad de números publicados por Bilychnis entre 1912 y 1931 puede consultarse digitalmente en formato PDF.

Podría decirse que estamos en una fase de redescubrimiento de textos escritos ahora hace un siglo. Bilychnis está despertando un interés creciente en el mundo académico y en los interesados por reconstruir la historia de las religiones en el siglo XX, por motivos muy diversos. Por un lado, forma parte de la historia intelectual de Italia en el Novecento; buena parte de sus colaboradores, en efecto, fueron personalidades que destacaron en la primera mitad del siglo XX y que modelaron, en gran medida, las ideas que, a medida que avanzaba el tiempo, terminaron por imponerse incluso en el interior de la Iglesia Católica, a partir del Vaticano II. No podemos olvidar que, buena parte de los seminarios actualmente existentes siguen «copados» por profesores formados en la «teología liberal». Pero también en el mundo protestante latino, los colaboradores de Bilychnis tuvieron un lugar preeminente en la circulación de ideas entre los teólogos romanos, alemanes, suizos, franceses y en los círculos judíos europeos. La incorporación de especialistas en historia de las religiones, dio un impulso al estudio comparado de este fenómeno. Y, el hecho de que estuviera publicado por una entidad de origen evangélico, induce a examinar el papel de las minorías protestantes en los países mediterráneos.

Podría decirse que, hace 100 años, los colaboradores de Bilychnis tenían una acusada tendencia a interesarse por problemas que hoy siguen abiertos, en especial, las relaciones entre religión, ciencia y modernidad. Se ha definido a la publicación como una «revista de frontera» situada entre teología, historia, filosofía y ciencias de la religión, pero también existía un impulso crítico hacia formas de espiritualidad «materializadas» y, por tanto, su adhesión a la «modernidad» era condicionada.

A pesar de que Evola no fue uno de los colaboradores más prolíficos y que solamente se embarcó en la aventura a partir de 1925, alternándolo con otras publicaciones, su figura, así como la de Ernesto Buonaiuti, han experimentado un redescubrimiento en las últimas décadas. Evola es reconocido hoy como el primer gran especialista de Nietzsche en Italia; no falta un año sin que se publique algún estudio sobre su obra, se reediten sus textos en los idiomas más variados o se convoquen coloquios y simposios para tratar algún aspecto concreto de su obra.

En lo que se refiere a la rehabilitación de Buonaiuti, es mucho más significativa, a la vista de su papel central desempeñado en la publicación. Aunque la Iglesia no ha levantado formalmente su excomunión post–mortem, su figura ha sido rescatada en el ámbito cultural italiano. entre teología, historia, filosofía y ciencias de la religión. En 2015 y 2023, se han celebrado coloquios y congresos en Roma (especialmente en la Universidad La Sapienza) para analizar su impacto en los trabajos sobre historia del cristianismo; editoriales italianas como Gabrielli Editori o Aragno han reimpreso sus obras y biografías, presentándolo. no como un «hereje», sino como un protagonista del pensamiento religioso moderno. 

La comunidad bautista italiana sigue reivindicando a Bilychnis como uno de sus mayores logros culturales, destacando su capacidad de dialogar con el mundo laico y católico en una época de gran intolerancia.

Tras el cierre de Bilychnis en 1931, su valioso patrimonio bibliográfico y documental no desapareció, aunque quedó disperso y bajo el control de las instituciones del régimen fascista y del Vaticano. Gran parte del archivo administrativo y los fondos bibliográficos permanecieron en la sede de la Facultad Teológica Bautista en Roma. Sin embargo, la presión política y económica del fascismo limitó enormemente el acceso a estos materiales durante años. Con el tiempo, documentos relacionados con la vigilancia policial de la revista y sus colaboradores (especialmente sobre figuras como Buonaiuti) pasaron a formar parte del Archivio di Stato di Roma. Estos expedientes son hoy fundamentales para entender la represión que sufrió la publicación. Hoy en día, existen colecciones completas y fondos relacionados con la revista conservados en las Universidades de Trieste y de Roma Tre.

Por su parte, la editorial protestante Claudiana, heredera en parte del espíritu cultural del protestantismo histórico italiano, ha mantenido vivo el interés por el catálogo de Bilychnis, publicando estudios y monografías sobre su importancia histórica. Para evitar la pérdida definitiva de este patrimonio, se han llevado a cabo proyectos de digitalización. Actualmente, se pueden consultar números completos a través de plataformas como el Internet Archive o proyectos de memoria histórica como L&L Lives and Libraries. La Fondazione Centro Culturale Valdese mantiene una colección completa de la revista que puede consultarse a través de la web de la institución. Para consultar físicamente los documentos, correspondencia y fondos relacionados con los directores y el círculo de Bilychnis, la institución clave en Roma es la Biblioteca y el Archivo de la Facultad Valdense de Teología en Via Pietro Cossa, 42, cerca de la Piazza Cavour.

En el Archivo Central del Estado (Archivio Centrale dello Stato – ACS, en Piazzale degli Archivi, 27, Distrito EUR) se encuentran también numerosas referencias a la revista a causa de la vigilancia a la que fue sometida por la policía de Mussolini. Los archivos y documentos de Ernesto Buonaiuti, pueden consultarse en el Fondo Buonaiuti, depositado en la Fundación Lelio y Lisli Basso (Via della Dogana Vecchia, 5, cerca del Panteón). Allí se encuentran decenas de cartas y borradores de artículos destinados a Bilychnis. Finalmente, en el Archivio Storico della Compagnia di Gesù, dependiente de la Curia General de los Jesuitas, en Roma, se guardan informes y análisis críticos que los redactores de La Civiltà Cattolica hacían sobre cada número de la revista.

La publicación en 1970 por parte de Edizioni di Ar del volumen I Saggi di Bilychnis (Los ensayos de Bilychnis), que reunía la totalidad de los ensayos y comentarios bibliográficos entregados por Julius Evola a la redacción de la revista, precedido de una breve «nota introductoria» de la editorial, reeditado en 1987, fue uno de los primeros elementos que recordaron la importancia de aquella publicación. Y fue gracias al ejemplar que nos entregó en Barcelona, un amigo y camarada próximo a esa editorial, Massimiliano Fachini (q.e.p.d.), en 1973, durante un tiempo exiliado en Barcelona, como tuvimos conocimiento de esta publicación y de los ensayos publicados allí por Julius Evola.

Ernesto Milá. San José de Costa Rica, diciembre 2024