Cuando han pasado cuatro días
desde la muerte de la diputada inmigracionista Jo Cox, nuestras previsiones se
están cumpliendo: el crimen ha servido para que los partidarios de seguir en la
UE vayan acortando distancias con los del Brexit. Una vez más, un crimen
inexplicable y sospechoso sirve para modificar el resultado de una votación.
Así es la democracia: el voto va y viene… demostrando la “personalidad” de los
votantes. Pero lo importante no es eso, sino que, finalmente, el crimen y las declaraciones
del ex alcalde de Londres, Boris Johnson, han logrado poner los puntos sobre
las íes y centrar el debate que verdaderamente les interesa a los ingleses.
Johnson, partidario del Brexit
dio sus razones: “neutralizaría los extremismos de la inmigración” dado que “el
sistema migratorio del país está fuera de control”. Johnson se mostró
partidario de legalizar a los indocumentados que “lleven más de doce años en el
Reino Unido” y se mostró partidario de un sistema de inmigración similar al
australiano en el que cada inmigrante reciba unos “puntos” en función de su
origen y de sus cualidades para poder residir en el país.
