La noticia de la semana es la "abstención" del PSOE en el próximo debate de investidura. No por esperado, menos espectacular y llegado con diez meses de retraso: Podemos tiene cierta razón en relamerse: el PSOE demostró ayer ser un partido... partido entre federaciones regionales y posiciones políticas. Nada nuevo, ni siquiera nada interesante. En el fondo de la cuestión, lo que se ha confirmado es la incapacidad estructural del PSOE para superar la "etapa zapatero" (esto es, el tránsito del socialismo e incluso de la socialdemocracia a la ideología de ONG, al cambio de Marx y del Programa de Bad Godesberg, con El Correo de la UNESCO).
En cualquier caso, lo que quedó claro es que ayer se enterró al "pedrosanchismo", pasado con más pena que gloria que apenas fue la prolongación del zapaterismo unos meses. El PSOE entra dentro del pelotón de siglas que tienen más pasado que futuro. Obviamente, la abstención del PSOE en la segunda votación, es un regalo envenenad para Rajoy. Si se ha decidido esta opción no es, desde luego, por interés nacional, sino simplemente porque los socialistas calcular que su imagen -deteriorada hasta lo indecible- puede "mejorar", presentándose como paladines de la "responsabilidad" política. Calculan contar con cuatro años torpedear desde la oposición cualquier propuesta de Rajoy y, de paso, ver como el PP afronta los casos de corrupción que tiene ante los tribunales.


