Podemos, el PSOE, e incluso
Ciudadanos ven en la candidatura de Donald Trumb a una especie de genio
maléfico del “fascismo americano”. ¿Los motivos? Los planteamientos
anti-inmigración, su hostilidad al islamismo, cierto tono de autoritarismo, su
defensa cerrada del “imperio” norteamericano y declaraciones de cierta
violencia verbal. ¿Basta esto para considerarlo neo-fascista? No, desde luego.
En primer lugar, el personaje, en
sí mismo, carece de los rasgos del liderazgo y la autoridad que pudieron tener
todos los dirigentes del fascismo histórico. La biografía de Trump nos lo
muestra como un especulador nato. No
crea riqueza, simplemente compra y vende propiedades. A veces le va bien y
otras no. Su fortuna se ha basado en la compra, venta y explotación de casinos.
En 1991 y arruinó a pequeños inversores que habían confiado en él. La otra
faceta de Trumb es la de haber participado en el negocio del ladrillo en Nueva
York. En cualquier caso, lo que ha hecho ha sido invertir los beneficios
obtenidos en los últimos años (su fortuna neta asciende a más de 4.000 millones
de dólares) en política. Una buena inversión que, de alcanzar la presidencia,
multiplicaría su capital. ¿Tiene esto algo que ver con alguno de los líderes de
los fascismos históricos?
