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viernes, 23 de julio de 2021

CRÓNICAS DESDE MI RETRETE: EL "PROCÉS" DE NUNCA ACABAR O EL FLECO DE LAS MULTAS

Lo de Catalunya “terra del seny” es algo que pertenece a otro siglo y que hace mucho tiempo desapareció. Desde Macià y Companys, de eso, en el nacionalismo, no queda ni rastro. El pujolismo, al menos, hacía gala del “seny del lladre” (cuyos pasos se guían solamente por la posibilidad de obtener saqueo máximo con total impunidad). La herencia del pujolismo ha llegado hasta los impulsores del “procés” a través de sus herederos: los Artur Mas, los Carles Puigdemont, que se han educado en la filosofía de Francesc Pujols cuando decía: “Llegara el día en que los catalanes cuando viajen por el mundo, lo tendrán todo pagado”

Todo esto de la falta de sentido común y de la “hiparxiología” (la filosofía de Francesc Pujols, uno de los catalanes más interesantes de la primera mitad del siglo XX (y, por tanto, olvidado por la gencat) viene a cuento de los pagos que deberían realizar los condenados por los referendos soberanistas (que fueron dos, no uno, sino dos, no se olvide: el de Artur Mas y el de Puigdemont). Ahora pretenden que seamos todos los catalanes, incluso los que afirmamos desde el primer momento que aquello estaba llamado a fracasar y que no tuvimos nada que ver, los que les paguemos las multas a que se hicieron acreedores después de ser condenados en firme por los tribunales.

Esto confirma lo que ya hemos dicho en anteriores artículos: que la gencat es cosa de indepes, hace mucho tiempo que no es el “autogobierno de Catalunya” sino que no pasa de ser el “gobierno de los indepes, para los indepes y por los indepes”. De ahí el que se lo guisen ellos y se lo coman, que quedó patente en el 50% de abstenciones en las últimas elecciones autonómicas.

Es absolutamente intolerable el que, los condenados entonces por sus propios méritos, quieran ahora hacernos partícipes a todos de las multas que les cayeron por su propia irresponsabilidad, y por creer que “lo tenían todo pagado” (aunque no me cabe la menor duda que la mayor parte de ellos, ni siquiera saben quien era Francesc Pujols).

Vaya por delante que las multas estaban muy lejos del agujero que dejó el “procés soberanista” en las arcas de la gencat. En esa cifra de 5,4 millones de euros, no entra ni la compra al peso de carne de tertuliano, ni de medios de prensa, para apoyar el “procés”, ni la publicidad gastada solamente en el referéndum, ni el coste de los despliegues policiales que se produjeron a causa de la irresponsabilidad de unos pocos, ni siquiera las costas del juicio en sí mismo, ni la cifra imposible de calcular por haber creado alarma social no solo en Cataluña, sino en toda España, ni el dinero gastado en las comisiones del “parlamentet” para el “desenganche”, etc, etc, etc. Al parecer esa cantidad es solamente una parte del gasto del “diplocat”, esa especie de “ministerio de exteriores”, casi una barraca de feria, con la que pretendían que se les tomara en serio en Europa y que, por lo demás, solamente consiguió -algún día sabremos a qué precio- que alguna actriz olvidada (la cincuentona Pamela Anderson que había levantado pasiones como “vigilanta de la playa” hace treinta años, pasara, de anunciar las “rufles Matutano al fresco pepinillo”, a decir que le parecía muy bien la iniciativa de Puigdemont) se pronunciara a favor del “procés”.

Imaginemos un robagallinas o un sirlero. Lo detienen, lo juzgan y lo condenan a pagar las gallinas que se ha zampado. Un buen día, por una de esas coincidencias cósmicas que determinan la estupidez de los humanos, aparece un movimiento de solidaridad con los robagallinas -esa “minoría oprimida”- y la “presión social” facilita un indulto. Le queda por pagar la multa. Pero, alega que “es cosa de todos”. O sea, que se la peguemos usted y yo. No sé usted, pero yo no me siento obligado a financiar a un delincuente.

Salvo que el Tribunal de Cuentas saque pecho y el lunes a las 00:00, tras expirar el plazo para el depósito de los 5,4 millones de euros que los 34 exaltos cargos independentistas, prepárese para pagar su parte de la derrama. No es mucho. A decir verdad, 5.400.000 euros dividido entre 7.566.000 ciudadanos de Cataluña suponen 0,713 euros por persona; pero esa no es la cuestión: es una cuestión de principios. De la misma forma que el sindicato de robagallinas debería pagar la multa a la que se hizo acreedor uno de los suyos, si tan solidarios son, los independentistas deberían estar dispuestos a salvar el patrimonio de sus líderes y, dando por supuesto, de que, están en torno al 30% de la población catalana, saldrían a 2,5 euros por persona. Me parecería incluso, justo, necesario y educativo.

Ya sé que los independentistas no serían capaces de pagar 2,5 euros para salvar a los condenados. Era Ezra Pound el que decía que cuando un hombre no está dispuesto a luchar por su ideal, o él no vale nada o su ideal no vale nada. Aplíquese aquí y que cada cual llegue a las conclusiones que estime pertinentes, pero, por favor, que nos se nos obligue a pagar a TODOS, la locura de unos pocos. Y que no se nos diga que la gencat es la institución de “todos los catalanes” porque este episodio de las fianzas demuestra que sólo es la institución de una parte de Cataluña, habitualmente en lucha contra la otra parte y que solamente sirve a esa parte.

¿O es que alguien albergaba la más mínima duda? Lo ha sido desde que, a Macià, a cambio de renunciar a la independencia, le crearon una gencat -que nada tenía que ver con la histórica Generalitat de Catalunya- para que los cargos y carguitos de su partido, tuvieran un medio para vivir. Al cabo de pocas semanas, hasta en los pueblos más olvidados, los militantes de ERC y de sus juventudes, vivían de los sueldos oficiales. Y lo peor es que, desde entonces, las cosas no han cambiado. Hay que recordar que, tanto para Macià como para los que le han seguido desde entonces, el “estatuto de autonomía” no era más que el paso intermedio previo para la independencia. Tampoco esto ha cambiado.

Si los indepes pierden su patrimonio, lo lamento por ellos; haberlo pensado antes. Cuando durante años, solamente se come, se cena, se trabaja, se convive, se liga, y se juega al golf con gentes que piensan como tú, siempre tienes la tendencia a pensar que todos piensan como el pequeño mundo en el que te mueves. Y, entiendo, que en 2011-2017, los barandas de la gencat pensaran, no solamente que el referéndum podía celebrarse (algo que el gobierno les había dicho por activa y por pasiva, que era ilegal), sino que lo ganarían (algo más que cuestionable) y que, al final, Catalunya sería el “nuevo Estado de la UE” (a pesar de que la UE había repetido que era una “unión de Estados nacionales” y no una unión de calderilla regional). Entiendo, incluso, que el día en que el Estado intervino la gencat, tuvieran la sensación de que habían metido la pata y, unos optarán por tomar las de Villadiego, otros por cubrirse las espaldas y todos por intentar que las fianzas las pagara la aseguradora que había contratado la gencat (que, claro está, se negó en redondo, porque la letra pequeña decía que no pagaba responsabilidades por actos ilegales).

Cuando empezó a hablarse de este tema, al recordar el Tribunal de Cuentas, que una cosa era el indulto y otro muy diferente el pago de las fianzas, la gencat tomó la iniciativa: buscó un banco que avalara las fianzas. Dado el “prestigio” de la institución y la naturaleza de los hechos, ningún banco accedió. Entonces entró en marcha el plan B: tratar de que fuera el Institut Català de Finances el que las respaldara, lo que era lo mismo que si los pagara la gencat. A ver quién es el “valiente” que firma los avales… que, inmediatamente, le hará sospechoso de prevaricación.

El miércoles pasado ese “valiente” no apareció y el plan C consistió en ganar algo de tiempo y ver si convencían a Sánchez de que condonara la deuda de alguna manera. Pero Sánchez bastante tenía con que en EEUU no lo recibiera ni el Tato, demostrando que su “prestigio internacional” consiste solamente en salir favorecido en la tele y que a algún paleto norteamericano le parezca “cool”.

 La gencat, está en estos momentos, ha regresado al plan B: ver si el Tribunal de Cuentas acepta los avales del ICF. Han ganado cinco días hábiles. Así que, el lunes por la noche, pagan o el Tribunal de Cuentas tramitará los embargos correspondientes. El lunes, asistiremos a otra nueva entrega del esperpento: porque todo lo que ha rodeado hasta ahora el “procés” ha sido un bochornoso, abusivo y destartalado esperpento.

Mi impresión es que, al final, la coña de las fianzas las pagaremos todos los catalanes. A fin de cuentas, ya no viene de una indignidad más.

martes, 20 de julio de 2021

CRÓNICAS DESDE MI RETRETE: “57 PROPUESTAS PARA AMPLIAR EL USO DEL CATALÁN”

Lo he leído en La Vanguardia (y no me he frotado los ojos porque era La Vanguardia, el portavoz, en otro tiempo, de la burguesía catalana, antes, del franquismo, aún antes del ideal republicano y, antes todavía, fiel hasta el destronamiento a Alfonso XIII y así sucesivamente, siendo ahora un medio extraño, ecléctico que satisface, sobre todo, fiel a su tradición, a quien lo subsidia. Si en tiempo de los romanos hubiera existido prensa, La Vanguardia hubiera sido partidaria de Indíbil y Mandonio, hasta que las legiones romanas le hubieran ofrecido unos denarios). Y la La Vanguardia -bien es cierto que, en un lugar discreto- publica hoy un artículo titulado “Propuestas para ampliar el uso del catalán”, subtitulado “Siete lingüistas lanzas 57 recomendaciones viables e imaginativas para combatir el pesimismo”. El artículo viene presidido por la foto de los siete lingüistas. Tienen pinta de buena gente, y no me cabe la menor duda de que se han esforzado en mostrar bonhomía y candor, pero su encomiable labor de apostolado en favor de la lengua regional, es una causa tan perdida como la que los oficiales japoneses que querían seguir la guerra tras Hiroshima y Nagasaki.

Si hay una batalla perdida es la de las lenguas minoritarias (y el catalán lo es, incluso en la propia Cataluña y tras 40 años de presión lingüística por parte del gobierno autonómico). Es cierto que un porcentaje muy alto dice en las estadísticas que “lo entiende”; pero lo que cuenta no es quien lo “entiende”, sino quien lo “habla”. Y ahí los resultados de las estadísticas si que inducen al “pesimismo” del que habla el artículo: “El catalán no pasa por su mejor momento”, es la primera frase. Y tiene toda la razón: lo malo de la lengua “oficial” en Cataluña es que lo “oficializa” una institución, la gencat, que, en la práctica, es el "gobierno de los independentistas", para el que los no-independentistas son los enemigos a abatir. Cuando más claro resulta este axioma, más gente se inhibe de expresarse en catalán, por puro rechazo a la política oficial que lo esponsoriza.

Lo he repetido muchas veces: soy oriundo de la comarca del Penedés. Mi padre hablaba, pensaba, y escribía en su lengua vernácula, con ocho apellidos catalanes, y su esposa otro tanto, nuestro árbol genealógico se remonta al siglo XV. No es tampoco la primera vez que he contado que, cuando él y su primera esposa, se vieron obligados a emprender a pie el camino del Pirineo huyendo de las masacres anarquistas consentidas, sino jaleadas, por Companys (mi padre era apolítico, pero también empresario), al cruzar el puente internacional de Irún, recién conquistado por las tropas de Franco, un oficial del Ejército Español se dirigió a él y le espetó el consabido: “Haga el favor de hablar en cristiano”. Lo más dramático del caso es que mi padre, en tanto que era de más edad, iba al frente de un grupo de jóvenes en su misma situación que sí tenían criterios políticos: eran carlistas y varios de ellos, integrados en el Tercio de Montserrat, murieron en Codo durante la batalla del Ebro Todos tenían los ocho apellidos catalanes. Por tanto, no diré que no existiera en la zona nacional y, especialmente, en los años de guerra y en la primera postguerra, cierta animosidad hacia el catalán, comprensible a causa de las masacres que tuvieron lugar en el territorio de la “Generalitat”, especialmente en los primeros meses de la guerra civil… (pero no solo entonces, sino hasta la última hora de la retirada republicana de Cataluña). De cimos "animosidad", hablar de "persecución" es más discutible y supondría olvidar que, en 1940 ya se publicaban libros en catalán con pie de imprenta legal y con los dineros de La Caixa, si bien eran de temáticas devotas o escritos por autores como Verdaguer bien vistos por el nuevo régimen.

Puedo atestiguar, además, que, yo mismo, de pequeño, había oído hablar en el “poble” (Sant Pere de Ribes, Sitges, Olivella, del Mas Milá de la Crivillera), muchísimo más catalán que en la actualidad. Sinceramente, no recuerdo que el catalán en los años 60 estuviera “reprimido”, ni siquiera “deprimido” como sigue diciendo el artículo de La Vanguardia que jalea a los “7 lingüistas” (incluso recuerdo en los Escolapios de Balmes una clase a la semana en catalán desde 1967). 

Lo que ocurrió durante el franquismo es que el catalán no era una lengua ni oficial, ni subvencionada y las lenguas resisten, no porque se les inserte fondos -que en grandísima medida van a parar a bolsillos de espabilados, frecuentemente los mismos que reclaman “subvenciones a la lengua”- sino porque muestran VITALIDAD SOCIAL. El catalán la tuvo durante el franquismo y por eso sobrevivió a pesar de no estar subvencionada. Hoy ya no la tiene. ¿Quién lo ha matado?

Sería mucho decir que la gencat es la única responsable. Tiene, por su puesto, una gran parte de responsabilidad al haber utilizado el recurso del “doble lenguaje”: digo una cosa –“cooficialidad entre castellano y catalán”-, pero interpreto otra –“cooficialidad para el resto del Estado, pero en Cataluña monolingüismo”- y así ha ocurrido que una parte de la sociedad catalana se ha DISOCIADO de la gencat. Yo, por ejemplo, considero a este organismo como algo que no tiene nada que ver conmigo, es cosa de los indepes (y de los trepas y, por supuesto de los trepas-indepes, que no faltan ni son pocos) y nada más que de ellos (por resumir). Y el 50% del electorado también parece haberlo entendido así en las últimas elecciones, absteniéndose de votar: en otras palabras, hoy gobierna Cataluña el 52% del 50%. La gencat es, hoy, cosa de indepes y gobierna con un 26% de respaldo popular. Y las imposiciones lingüísticas y no-lingüísticas, realizadas a golpe de decretos desde plaza Sant Jaume, hacen que muchos hayamos terminado por desinteresarnos por completo de cualquier decisión del “govern” y de cualquier debate o ley de su “parlamentet”.

Y luego está, por supuesto, el que Cataluña tenga en estos momentos un 25% de población procedente del Tercer Mundo. La culpa no es del franquismo, sino del pujolismo que, a partir de finales de los 80 empezó a promover la entrada de marroquíes. De nada sirve que TV3 saque de tanto en tanto a un negro, un árabe o un panchito, hablando catalán. La imagen engaña a quien quiere ser engañado: se les enseña obligatoriamente catalán en las escuelas, pero no lo utilizan fuera de las aulas. La inmigración no se ha integrado, ha buscado subvenciones y ha entendido que las conseguía más rápidamente rellenando impresos en catalán. Nada más. La gencat hace lo que puede para integrarlos -la última medida ha sido el nombramiento de Dyangani Ose, mujer de raza negra, como nueva directora del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA) entre cuyos méritos figura el hacer sido directora de la Bienal de Lubumbashi (la antigua Elisabetville, República Democrática del Congo) y el haber estudiado Historia del Arte en la Universidad Autónoma de BCN- pero lo cierto es que hoy existe “paz étnica” en Cataluña gracias al régimen de subvenciones y subsidios recibidos por la emigración, y a la ocultación sistemática de noticias que puedan generar “xenofobia y racismo” (ocupaciones, robos, detenciones, agresiones, asesinatos, violencia de género, menas). Pero integrarse, lo que se dice integrarse, no: la inmigración en Cataluña sigue haciendo rancho a parte y hablando sus lenguas de origen, llevando sus ropas y sus velos y frecuentando solamente las ventanillas de los subsidios en donde suelen expresarse en castellano y rellenar el impreso en catalán. ¿Cómo un musulmán iba a estar interesado en hablar catalán, si su religión le indica que el árabe, la lengua hablada por Alá a Mahoma, es una lengua sagrada? La gencat se siente incapaz de elevar el catalán a ese rango.

Ahora, en 2021, cuando llevamos ya 30 años de inmigración masiva, viene el llanto y el crujir de dientes por aquella mala decisión de Pujol: los inmigrantes tiran para abajo el uso del catalán en las estadísticas. ¿Sólo los inmigrantes? En absoluto, los jóvenes son los que menos hablan catalán en Cataluña. Los jóvenes de aquí, no los naturalizados, ni los llegados de otras partes del Estado.

Los “7 lingüistas” a los que La Vanguardia (único medio de importancia que les da cuartelillo), proponen una serie de “57 recomendaciones”, huyendo, como dicen, de la “sociolingüística lacrimosa”. Las medidas intentan ser “simpáticas”, “amables”, “desdramatizadas”, “jocundiosas”, esto es, realizadas con “animus iocandi”. La pena es que desde la muerte del humorista Eugenio -el de “saben aquel que dice…”- Cataluña, hoy no es tierra en donde haya florecido un humor de carcajada hasta el dolor de barriga (incluso los telediarios de TV3, es curioso, pero muestran sólo a locutoras de aspecto avinagrado y tristón, y es significativo que la revista de humor El Jueves, como ante El Papus, las revistas de humor editadas en Cataluña, se redacta en castellano). El nacionalismo sospecha de las carcajadas y tiene la certeza de que, algunas, puyas van contra él y contra lo que considera más sagrado.

Bajo el nacionalismo indepe, como máximo, Cataluña se ha convertido en tierra de ironías (que ni el ironizado advierte, a veces). No es que el catalán no ría: es que el independentismo nunca ha sido hábil en la explotación del humor. El nacionalismo siempre ha sido un quejío, un lamento, el victimismo personificado, el aullido solitario bajo la luna llena del lobito que no ha advertido que el momento histórico de creación de nacionalidades concluyó en el XIX.

Algunas de las medidas que nos proponen estos lingüístas son curiosas: “campaña por los apellidos bien escritos” (yo, por ejemplo, debería escribir, “Milà”, en lugar de “Milá” como hago y si no lo hago es porque no me sale de donde intuyen), o que el médico que nos atienda lo haga en catalán y lo rechacemos si habla castellano (una idea “genial” a estas alturas de desintegración del sistema sanitario y, seguramente, para agravarla un poco más) o que “los políticos sólo se expresen en catalán” (y aunque lo hicieran ¿quién escucha a un político? ¡Como si se quiere expresar en tagalo!). ¿”Realizar un Congreso Internacional de la Lengua Catalana en 2026”? (he sido testigo en la Universitat Catalana d’Estiu de que catalanoparlantes de uno y otro lado de la frontera, y no digamos del Algher, a veces recurrían a palabros franceses, castellanos e italianos, si quieren ser entendidos por el interlocutor, u optar por utilizar el inglés). ¿”Crear un diccionario catalán coloquial”? (ahora resulta que el “catalán oficial” tiene poco que ver con el “catalán coloquial”, ¿nos han vendido con la inmersión y a través del Avui y de TV3 un catalán que no se habla y que no tiene nada que ver con el de la calle?) y en cuanto a “concluir una Historia de la Llengua Catalana”, el catalán es una lengua que merece, desde luego, ser estudiado en profundidad. Rovira Virgili ya dijo en el primer volumen de su Historia de Catalunya que existen “nueve variedades dialectales” en tan pocos kilómetros cuadrados; la unificación realizada por Pompeu con sargentos de carpintería ha creado un catalán artificial en el que lo esencial es diferenciarse del castellano, alejarse de él y evitar que siga figurando como lengua hispano-romance. Desde Pau Clarís, a los indepes, les va más lo francés, pero, incluso ellos son incapaces de seguir sosteniendo, como hicieron los primeros nacionalistas del XIX que es una lengua "franco-romance".

Otras medidas a tener en cuenta: “recuperar el ‘digui’ en lugar del ‘¿si’?” o “pasar 21 días proponiéndose solamente hablar catalán”, son propuestas que apoyamos sinceramente gracias a nuestra educación Zen: cualquier acto para fijar la atención y mantenerse alerta para vivir el aquí y el ahora, es una buena medida. Lo hacen los judíos los sabbats, andando solo cierto número de pasos, lo hace el meditador budista preguntándose de continuo “me llamo fulanito de tal y estoy aquí y ahora” o bien me propongo no tocar la pantalla del móvil durante solamente un minuto cada dos horas…

Aluden también a medidas imposibles: “subvencionar la traducción de videojuegos en catalán”. El mercado del videojuego va dirigido a miles de millones de jóvenes y, por tanto, tiende a utilizar las lenguas más difundidas: inglés, castellano, chino, ruso..., el catalán es endeble por el número de los que lo hablan y por su bajísima tasa de natalidad). Por otra parte, ya hemos visto el resultado de doblar películas al catalán: hace unos años, la audiencia de estas películas era del 3% y no creo que haya mejorado. Y en cuanto a la propuesta de hacer un “festival de la canción en catalán” o un “reality show” en la lengua de Pompeu, también parecen algo alejadas de la realidad. Los “festivales de la canción” son de otra época (queda a modo de arcaísmo vintage el de Eurovision) y los realitys es la expresión de la cutrez a despecho del idioma en el que se vehiculicen.

Estas son las propuestas que nos han llegado a través de La Vanguardia. Debe ser un scoop porque otros medios de prensa no se hacen eco de las “57 medidas”. Me temo que los redactores de La Vanguardia han elegido sólo las menos ridículas, las menos conflictivas, o las menos cursis, de todas informas intentaremos hacernos con el documento completo.

La existencia del catalán peligra: esa es la triste realidad. Está vinculado directamente a la gencat, a sus subvenciones y a su legislación exclusivista sobre su uso. Y no es, precisamente, una institución que goce de gran prestigio fuera del ámbito independentista y nacionalista. Es, en la práctica, el gobierno de una parte de Cataluña contra el resto de Cataluña. Y lo que es todavía peor: DURANTE LA VIGENCIA DE LA GENCAT SE HA PRODUCIDO LA MAYOR PÉRDIDA DE IDENTIDAD DE CATALUÑA EN TODA SU HISTORIA. Y esta pérdida de identidad prosigue de manera acelerada…

De hecho, hoy ya no está muy claro ni lo que es Cataluña, ni sus límites, ni su bandera, ni la fisonomía de sus habitantes, ni su comida (la carn d'olla o las seques amb butifarra, el pa amb tomaquet i pernil, la xatonada, el suquet de peix y demás, languidecen ante pizzas, macperros, tacos, kebabs, rollitos, ramen y demás), ni su lengua (porque la “oficial” y exclusiva es el catalán, pero la “real” es el castellano, el catalán, el árabe, el suajili, etc, etc, etc). 

Claro está que la gencat solamente mantiene reservas ante el castellano. Incomprensible sobre todo si tenemos en cuenta el aumento de los niveles de utilización del castellano en todo el mundo. Bloquear la enseñanza del castellano en Cataluña es un golpe demoledor para estudiantes o gentes nacidas aquí que, en algún momento de sus vidas, quieran trasladarse a otras universidades o ejercer su profesión en otras latitudes.

Si la imposición lingüística realizada hasta ahora por la gencat ha demostrado no servir para preservar la identidad catalana, ni aumentar los índices de utilización del catalán, el sentido común dice que habría que tirar en dirección opuesta. Y, en dirección opuesta está el bilingüísmo y las dos líneas de enseñanza: en catalán o en castellano. Esa sería la mejor medida para mostrar el nivel de vitalidad del catalán.

Propuesta imposible, porque, para Pau Vidal, uno de los siete lingüistas padres de las 57 medidas que comentamos: “los defensores del bilingüismo son ‘enemigos’”. Para él, los que defienden la coexistencia del catalán y del castellano son “fascistas” (ver). Lo dicho “buena gente”, muy “simpa” y muy enrollados, estos de las 57 propuestas. Para ellos, las políticas erróneas son las que hay que seguir hasta el final… Adelante, pues, ya nos veremos al final del camino.

 

martes, 8 de octubre de 2019

Crónicas desde mi retrete (23) EL “CEREBRO ECONÓMICO DEL PROCÉS”, LAS “TETAS MÁS GRANDES” Y LA HISTORIA MAS BAJA


Lluis Salvadó es uno de esos que se salvaron de la primera tanda de procesados por el 1-O, nadie sabe bien el por qué. Salvadó pasaba por ser “el cerebro económico del procés”. Ahora se ha publicado que está siendo investigado por el TSJC que le atribuye un “papel básico” en cuatro proyectos destinados a una futura Cataluña independiente: sostenibilidad financiera (esto es, impuestos), Banco Central de Cataluña, supervisión del sistema financiero, etc. De hecho, la Operación Anubis empezó con él y en la consellería de economía (él era secretario de “hacienda”) se encontró material más que suficiente para procesarlo. Este “mártir” de la independencia más locatis de todos los tiempos, puede alegar en su palmarés de víctima el haber estado ¡dos días detenido! En la actualidad se encontraba en un “limbo judicial” y todo induce a pensar que tendrá su propio proceso. El hecho de que esté siendo investigado estos días así lo confirma.

La operación policial iniciada a primera hora del 20 de septiembre de 2017 por la Guardia Civil,  fue bautizada como Operación Anubis. Los registros en las dependencias de la Generalitat y los interrogatorios a los 14 detenidos sirvieron sólo para escenificar que el gobierno del Estado no reconocería el referéndum, ni, por supuesto, sus resultados. Pero convenció de algo más: la alusión a los “30.000 millones” llegados de no se sabe dónde simplemente era uno de tantos argumentos ficticios utilizados por los promotores del proyecto para tranquilizar y dar confianza a la población catalana el 1–O (“Tot era mentida”, y esto también lo era).

Lluís Salvadó reconocía que eran necesarios 5.000 millones de euros “encima de la mesa” cada mes (esto es, 60.000 al año) para que toda la estructura burocrático–administrativa (faraónica, en realidad) de la Generalitat siguiera funcionando. Los famosos “30.000 millones” era el dinero que Salvadó decía “tener apalabrado” y que procedería del exterior (y que eventualmente podrían proceder de dinero sucio, del narcotráfico, de actividades ilícitas o de fondos de capital–riesgo opacos vinculados a todo lo anterior). El Estado pensó en la presencia de “aventureros económicos” en las oficinas de la gencat.

No es la primera vez que aventureros económicos y vendedores de humo han llamado a la puerta de la Generalitat. En noviembre de 1931, mientras se debatían los límites del Estatuto de Autonomía republicano, Lazare Bloch, financiero de origen judío y miembro del Gran Oriente de Francia, visitó Barcelona. Bloch se relacionó inmediatamente con la cúpula política de Cataluña: se entrevistó primeramente con el alcalde de Barcelona, Aiguader (fundador de ERC y miembro de la Logia La Justicia de la masonería barcelonesa). Bloch ofrecía reservas de oro que facilitarían la creación de un banco emisor de moneda catalana tras la aprobación del Estatuto. Ofrecía también abultados créditos para el Ayuntamiento de Barcelona y para la Generalitat. Parecía ser un “mirlo blanco” que precisaba el independentismo.

Macià lo conocía porque, durante su exilio parisino, Bloch formaba parte del “grupo de banqueros” a los que recurrió el “Avi” para financiar la “gloriosa aventura de Prats de Molló” (el intento de “invadir Cataluña” desde Francia con 140 anarquistas italianos y algún que otro catalán). Luego Bloch fue detenido por estafa y, tras ser puesto en libertad, fue cuando visitó Cataluña y se entrevistó con Macià, por entonces presidente provisional de la gencat. Éste, a la vista de lo peligroso del personaje, derivó la relación con Bloch hacia Lluis Companys, presidente del grupo parlamentario independentista en Madrid y, por entonces, enemigo político de Macià... Si alguien se quemaba con la relación que fuera Companys (los indepes se llevaban tan bien entonces como ahora y las peleas Macià-Companys-Dencás fueron solo el precedente de las disputas ERC-PDcat-CUP).

Ocurrió lo que era de esperar. Bloch volvió a hacer de las suyas. Invirtió los fondos de los que disponía comprando valores industriales españoles, apostando a la baja, y especulando con la devaluación de la peseta. La bolsa, muy sensible a las declaraciones políticas, debía registrar la conmoción que esperaba Bloch, gracias al círculo de Companys (su intento de que sin necesidad se devaluara la peseta, puede ser considerado como simple traición). El 10 de noviembre de 1931, Casimir Giralt i Bullich  (Gran Maestre Adjunto de la Gran Logia Española, iniciado en la Logia Adelante nº 8 de Barcelona, nombre simbólico “Platón”), consejero de finanzas de la Generalitat de Catalunya, aludió a la “debilidad de la peseta y a la conveniencia de que fuera devaluada”… lo que, casualmente, ¡beneficiaba a las inversiones de Bloch¡ Unos días después, el diario La Publicitat, denunció a Lazare Bloch y a políticos catalanes que estaban “conspirando para conseguir una devaluación de la moneda española”. El mismo diario publicó también una nota sobre política económica tomada del diario La Humanitat, dirigido por Lluís Companys (miembro de la masonería, iniciado en la Logia Lealtad nº 9 de Barcelona), que era el texto de una carta de Bloch traducida al catalán que evidenciaba la existencia de los contactos con Bloch que se había intentado negar.

Fue el primer gran escándalo económico de la Segunda República. Las hagiografías escritas sobre Companys, suelen pasar de puntillas este episodio o, simplemente, no lo mencionan. Y puede entenderse el motivo. Bloch y su esposa tenían antecedentes por el mismo delito (en diciembre de 1928 habían resultado detenidos y condenados por estafa –evaluada en 170 millones de francos– y abuso de confianza). El dinero que se había invertido en la bolsa española procedía del conocido “truco de Ponzi”, una estafa piramidal que llevó a Bloch y a su esposa nuevamente a prisión dos años después de su entrevista con la cúpula del independentismo catalán. Toda una inspiración para la “hisenda catalana” que debía de surgir del “procés”…

Se habló poco de Salvadó desde que la Guardia Civil se hizo con el programa de supervivencia económica del “procés”. Y era raro, porque parecía muy claro que él era uno de los miembros del “núcleo duro” del 1-O. Hay que decir, que Salvadó procede del BEI (el bloque de estudiantes independentistas) y que pasó unos años en Catalunya Lliure-MDT, que pretendía ser el “brazo político” de Terra Lliure. De ahí saltó a ERC. En marzo de 2018, Antena 3 reprodujo una conversación de Salvadó con Jose María Jové, ex secretario de la presidencia de la gencat, en donde aludía a la oportunidad de que una mujer ocupara la consejería de enseñanza. En un momento dado de la conversación aparece la mujer de Puigdemont: “¿La mujer de Puigdemont no es rumana? Supongo que ella sí que accederá”. Los dos interlocutores prorrumpen en carcajadas (y todos sabemos el porqué). Salvadó responde: “Están buscando a una rumana, vía la mujer de Puigdemont, o a una brasileña que son resultonas”. Luego ambos coinciden en que encontrar mujeres responsables es “misión imposible”, añadiendo Salvadó, “es más fácil inaugurar un auditorio que encontrar mujeres” para rematar con un “Pues mira, a la que tenga las tetas más gordas se lo das y ya está. Y te quedas tan ancho”. Y el otro, se ríe.

Este es el nivel del que fue y es considerado como el “cerebro económico del proceso” y el ideador de la sostenibilidad económica de la non nata República Catalana. Como hemos visto, tiene antecedentes e inspiración histórica en las relaciones de Macià y Companys. Por ahí anda esperando el procés y su oportunidad para victimizarse.

Lo que me sorprende, además de que Salvadó no fuera incluido en el primer proceso por el 1-O, es que, cuando realizó esas desafortunadas, toscas y ofensivas declaraciones, las FEMEN no realizaron ninguna protesta como lo hicieron anteayer en Vistalegre antes de comenzar el mitin de Vox (a ninguno de cuyos dirigentes, desde luego, se le puede acusar de chabacanerías, groserías y opiniones chuscas, contra la mujer).

Cada vez que observo el panorama humano y político del independentismo me pregunto: ¿Y estos quieren ser independientes?

domingo, 15 de septiembre de 2019

Crónicas desde mi retrete (4): ¡EL “NACIONALISMO MODERADO” QUIERE LEVANTAR CABEZA!


Cuando CiU se descompuso bajo el peso de la corrupción, el llamado “nacionalismo moderado” desapareció del panorama político de Cataluña. Un buen día, eso que desde la transición se llamaba así, se ausentó sin dejar señas, reapareciendo como independentismo. Era normal: todo “nacionalismo” o tiende a la construcción de una Nación arropada por un Estado, o no es nada. Así pues, en buena lógica, todo “nacionalismo moderado” es apenas una etapa intermedia en el camino hacia la independencia. De lo contrario, en lugar de llamarse “nacionalismo” se llamaría “regionalismo”. Y eso último sí que ha desaparecido completamente del panorama político catalán. Nadie en esta región ha querido resucitar el mensaje de la Lliga de Cambó (como se intentó varias veces en la transición e incluso en tiempo más modernos, intentando fusionar a la rama catalana del PP con fragmentos del “nacionalismo moderado”, especialmente procedentes de UDC.

El regionalismo, el “provincialismo”, el foralismo, el cantonalismo, pertenecen a otra época que ha quedado atrás, muy atrás, en la historia. Ahora, solamente cuentan tres opciones:
- los que quieren construir un bloque geopolítico fuerte de carácter supranacional (llámese hispanismo o europeísmo, según miren hacia Iberoamérica o hacia Europa),

- los que quieren construir un microestado independentista (con el “procés” o con inventos que estiren el “nou estatut” hasta la independencia)
- y los que aspiran a mantener la unidad del Estado tal como la hemos conocido en los dos últimos siglos (exceptuando el breve sarpullido federalista de la Primera República).
No hay más.

Por eso cuando, desde hace unos días, La Vanguardia va insistiendo en que “se está preparando una opción nacionalista moderada” es lícito, en primer lugar, mostrar una sonrisa de conmiseración hacia el proyecto y luego, prepararse para combatir esta nueva falacia.


El 21 de septiembre se reunirán en Poblet, 200 personas de un “grupo de reflexión” que intentan recomponer el “nacionalismo moderado”. Lo que se conoce del documento es una mezcla de obviedades (que el “procés” embarrancó o que ha sido tomado como “deslealtad” por el resto del Estado) y de lugares comunes con los programas de CiU anteriores a que estallara a causa de sus corruptelas. No esperéis nada nuevo, sino la aparición de una nueva sigla que quiere traer los aromas equívocos del pujolismo de los primeros años de la transición.

¿De dónde sale el batiburrillo de gente que aspira a lanzar una nueva sigla política? De Convergencia Democrática de Cataluña, el partido de Pujol, pasado luego a llamarse PDCat y cuatro o cinco grupúsculos “de estudio” (Lliures, Avancem, Convergents o… La Lliga) que solamente existen en la mente de no más de un centenar de nostálgicos de CiU.

Vale la pena explicar por qué aparecen en este momento y justo después de que el último 11-S haya sido el más decepcionante para los independentistas. Solamente los obtusos muy obtusos creen que la independencia catalana es todavía una opción política. De hecho, si por los partidos políticos fuera, ese tema ya habría desaparecido de sus programas, pero ni ERC, ni el PDcat se atreven a confesar públicamente su fracaso. Temen que la “sociedad civil independentista” recupere la bandera, y les haga perder votos. Pero la ausencia de masas en las últimas movilizaciones ha desmovilizado a la CUP-CDR, supone un baño de realismo para ERC y es un elemento de confusionismo y ruptura interior entre las distintas fracciones del PDCat (al borde de la desintegración entre el paleto Waterloo, el obtuso que ocupa la presidencia y cientos de afiliados despistados que no saben hacia donde tirar). A cualquier observador imparcial no se le escapa que el independentismo catalán, ante el fracaso de su proyecta, ha emprendido la vía de la sectarización y del fanatismo… pero lo que es el “seny” desertó de sus filas si es que estuvo presente en alguna ocasión.

Y así tenemos que, tras adquirir visibilidad esta crisis del independentismo el pasado 11-S y perdida la esperanza de movilizar masas más allá de la tarde en la se conozcan las sentencias para los primeros procesados por el 1-O (hay que recordar que hay varios juicios más abiertos), los “nacionalistas moderados” han creído que esta es la ocasión de recuperar algunos mimbres del proyecto fracasado: especialmente de los más lúcidos y, también, de los más ambiciosos, que saben perfectamente que obstinarse en esa dirección es chocar contra un muro de hormigón y es preciso renovar el look, so pena de un inevitable desgaste.


Así pues, la reaparición del “nacionalismo moderado” es, solamente, un aspecto más de la crisis del independentismo y del fracaso del proceso. Sus impulsores quieren actuar como si aquí no hubiera pasado nada y como si el nacionalismo moderado pudiera rescatarse de la cuneta de la historia. No lo es: vale la pena que reconozcan que al “nacionalismo moderado” se le puede poner rostro, nombres y apellidos y que, el primero de todos, es el del jefe del clan de los Pujol al que se le pueden achacar todos los vicios y neurosis de un individuo sin escrúpulos, con la cabeza trastornada por la ambición y jefe de un clan mafioso que durante cuarenta años tuvo a Cataluña como su feudo medieval, haciendo y deshaciendo a su antojo.

Si los “nacionalistas moderados” quieren tener un mínimo de credibilidad, lo primero sería que condenaran en voz bien alta las exacciones y los latrocinios del clan Pujol y fueron primeros en pedir su procesamiento ante los tribunales. No lo harán, claro está, porque muchos de ellos formaban parte de la corte de aduladores y yes-men que acompañó al goodfather.

Y luego están las propuestas de las que La Vanguardia ha avanzado hoy unas cuentas: relación bilateral con el Estado, estatuto de participación de Cataluña en la UE, agencia tributaria catalana, veguerías en lugar de provincias, ¡más transferencias en educación, lengua, cultura a inmigración que deberían ser competencia exclusiva de la gencat! Y referéndum acordado… ¡¡Estas son las novedades que aporta el nuevo “nacionalismo moderado”!! En realidad, el problema -y por lo que esta nueva opción fracasará- es por carecer de espacio: el programa que proponen para reflexionar es el mismo de hace 15 años cuando el pobre Maragall tuvo la patética idea de lanzar su idea de un “nou Estatut”. El nuevo “nacionalismo moderado” fracasará, simplemente, porque ya no hay margen para ampliar el techo autonómico: después de la actual situación estatutaria o el Estado recupera competencias, o se produce la desconexión definitiva y estos “moderados” lo que plantean es otra vía para la desconexión, a la vista de que la anterior se ha cubierto, literalmente, de vergüenza, fracaso, victimismo y sumarios por vulneración de la legalidad vigente.

De esto no saldrá nada nuevo, salvo otra ruptura interior del independentismo (porque los “nacionalistas moderados”, en tanto que “nacionalistas”, son independentistas o no son nada, no vayamos a olvidarlo). Otra sigla más para romper el voto independentista. Sólo nos queda animar al Omnium y a la ANC que formen otro partido, a la vista de las vacilaciones de ERC y de la pérdida de influencia del PDCat… en las cunetas de la historia caben todavía muchos suicidas.
La Vanguardia jaleará este intento porque recupera la palabra “moderado”, pero no hay que engañarse, es otro ropaje del pujolismo y un remozado a la “vía hacia la independencia pactada”. Nada más.

Sería bueno que miraran en lo que se ha convertido Cataluña, sin duda la región del Estado, en donde la vida es más insegura, las administraciones ejercen menos su autoridad salvo para recaudar impuestos y multas y un 27% de inmigración ha desfigurado completamente la identidad catalana, atemorizada por cierto por manadas, delincuentes y navajeros... ¿Y estos quieren ser independientes?

jueves, 12 de septiembre de 2019

Crónicas desde mi retrete (1) LA CUNETA DE LA HISTORIA Y LA CATALUÑA DE LAS MIL Y UNA NOCHES.



El regionalismo fue una exigencia de la alta burguesía catalana que aspiraba, mediante el proteccionismo y el supremacismo, a liderar económicamente España. El independentismo surgió con los cambios históricos que rodearon a la Primera Guerra Mundial. Ya desde la República empezó a estar claro que el “nacionalismo catalán” o era independentismo o no era nada y que la burguesía regionalista o estaba del lado de España o se la comía el movimiento obrero que no tenía nada que ver con el independentismo. Quizás estos conceptos sean difíciles de asimilar en nuestros días, pero, a poco que se conozca la historia reciente de Cataluña en los dos últimos siglos y uno no esté presa del esquematismo sentimentaloide nacionalista, llegará a las mismas o a parecidas conclusiones.

Así pues, el “regionalismo” nace en un momento de crisis del foralismo carlista y de auge de los negocios en Cataluña. Es decir, entre la primera y la segunda revolución industrial. Y ahí se queda. Aquella fue, efectivamente, la época de los “nacionalismos” y ahí donde había un grupo de burgueses interesados en defender sus buenos negocios, allí había un “proyecto nacional”. Extremando el análisis, incluso podría afirmarse que el regionalismo catalán fue el hijo de la primera revolución industrial (la del vapor) y que el nacionalismo correspondió a la segunda revolución industrial (la del motor de explosión)… Está claro que el nacionalismo es un eufemismo que, inevitablemente, desemboca en el independentismo, casi por inercia (¿qué nación no aspira a tener un Estado propio y a ser independiente?).

Y la pregunta es: ¿se han dado cuenta los independentistas de que estamos saliendo de la tercera revolución industrial (la de la informática) y entrando en la cuarta (la de la inteligencia artificial)? La cuestión es esencial, no solamente para el independentismo catalán sino para el nacionalismo español: el modelo “Estado-Nación” correspondía a un tiempo histórico determinado que pertenece al pasado, no a nuestro tiempo. España, por ejemplo, no ha tenido siempre esa configuración. De hecho, la tuvo a lo largo del siglo XIX, antes era un “reino” y antes de serlo, existían “las Españas” y, antes aún, condados y reinos feudatarios de otros, y antes fue una parte del Imperio Roma y antes aún una unidad geopolítica perfectamente definida por el mar y por los Pirineos y por una cultura que, históricamente, estará vinculada al mundo clásico greco-latino, al mundo germánico, y a la catolicidad medieval, síntesis ambos… En cada momento económico se alteran los conceptos y lo único que permanece es el sustrato cultural y geopolítico.

El hecho de que el concepto de España como Estado-Nación esté en crisis (que lo está) no implica que la solución consista en encontrar en momentos concretos y muy puntuales del pasado, una inspiración, sino en reconocer que la evolución del contexto científico-económico va generar cambios de envergadura y nuevos “mitos fundacionales”. La miseria ideológica de independentismo catalán se percibe en toda su envergadura cuando tiene necesidad de recurrir a la falsificación y a la alteración histórica para hacer valer sus argumentos: desde la traición de Pau Clarís, hasta la guerra de Sucesión (que no de “secesión”), hasta el mismo origen del catalanismo político. Pero todo esto que, como cualquier otro episodio histórico, es discutible, no supone nada frente al hecho cierto e incontrovertible de que la época de los Estados-Nación ha quedado atrás y que no se superará fraccionando a los actuales Estados en piezas minúsculas, sino, por el contrario, en unidades mayores. Es algo de lo que las mentes más lúcidas del continente ya eran conscientes hace exactamente un siglo y que hoy es una necesidad apremiante.

Sirva todo esto para decir que el nacionalismo catalán sobrevivirá mientras detente las llaves de la generalitat de Cataluña, es decir, mientras tenga a mano las llaves de la caja y financie ella misma su propia supervivencia política entregando fondos cuantiosos a sus partidarios y creando un mecanismo de control ideológico a través de la enseñanza y de los medios de comunicación subsidios y oficialistas. Todo esto les permitirá seguir viviendo a costa del dinero público y mantener la ficción de unos ideales trasnochados y de otra época, pero ni siquiera esto le servirá para forjar la “Cataluña Nación-Estado” con la que sueñan. Porque, repetimos, es inevitable reconocer que el tiempo de los Estados-Nación ha quedado superado y que la historia no da marcha atrás hacia formas medievales de organización.

¿Qué puede aportar el nacionalismo catalán a la tercera y a la cuarta revolución industrial? Lo que ha podido aportar ya lo tenemos: llamar al hardware “maquinari”, al software “programari” y al mouse “ratolí”. Eso es todo. Encomiable, pero limitado. La gencat no puede luchar contra el gigantismo de los tiempos modernos que, para mayor crueldad, la ha condenado a tener que coexiste con una lengua pujante que se configura como una de las que más están siendo habladas en la actualidad y más futuro tiene. En la misma historia del “procés” se percibe que sus mentores hubieran sido capaces de cualquier cosa, incluso de vender Cataluña al peso a Soros, a los chinos o a quien estuviera dispuesto a quedarse con la parte del león de un Estat Catalá, a cambio de un apoyo para la independencia…

Pero la independencia catalana no es hoy, para nadie, un buen negocio. Incluso Soros tiene más intereses (en comandita con Goldman Sachs) en Madrid que en Barcelona y respecto a los chinos, temen que una intervención irresponsable les impidiera progresar en la Unión Europea que, a fin de cuentas, no es más que los antiguos Estados-Nación que caminan renqueando y con muletas, sin tener valor para forjar un futuro común dada la escasa calidad de su clase política, en el mundo que se inicia se la cuarta revolución industrial.

El carcamal sentado en la presidencia de la Generalitat o el paleto de Waterloo, está claro que ni entienden ni son capaces de asumir la dirección en la que circula nuestro momento histórico. Creen que hace cinco años hablando de “2.500.000 de asistentes a la diada” (cifra de la ANC y el Onmium) y que ayer aludiendo a “600.000 asistentes”, lo resuelven todo: “las masas quieren la independencia”. Ni entonces ni ahora las cifras corresponden a la realidad, pero ¡qué importa! Todos mienten y todos lo saben en esto de las cifras para consumo interior. Lo que cuenta es el hecho objetivo: el tiempo del nacionalismo y el tiempo del independentismo han quedado atrás. Que ellos no lo adviertan no es problema: la misma dinámica histórica se encargará de recordárselo. Las cunetas de la historia están llenas de cadáveres similares desde los barqueros del Támesis en el siglo XVIII hasta los que se les ocurrió abrir un videoclub en 1995…

El nacionalismo independentista ha engañado a la historia simplemente porque ha detentado la llave de la caja durante estos últimos 40 años y ha impuesto el control ideológico de la sociedad. Esto ha generado una Catalula que se ha negado a sí misma: la tierra del “seny” ha pasado a ser el paraiso de la “rauxa”. Pero lo inevitable, antes o después, termina ocurriendo. El criado del mercader de Bagdad de esta historia tiene un destino idéntico al del independentismo catalán. La historia la habréis oído, pero quizás no contada por la pluma de Cortázar

Había en Bagdad un mercader que envió a su criado al mercado a comprar provisiones, y al rato el criado regresó pálido y tembloroso y dijo: señor, cuando estaba en la plaza del mercado una mujer me hizo muecas entre la multitud y cuando me volví pude ver que era la Muerte. Me miró y me hizo un gesto de amenaza; por eso quiero que me prestes tu caballo para irme de la ciudad y escapar a mi sino. Me iré para Samarra y allí la Muerte no me encontrará. El mercader le prestó su caballo y el sirviente montó en él y le clavó las espuelas en los flancos huyendo a todo galope. Después el mercader se fue para la plaza y vio entre la muchedumbre a la Muerte, a quien le preguntó: ¿Por qué amenazaste a mi criado cuando lo viste esta mañana? No fue un gesto de amenaza, le contestó, sino un impulso de sorpresa. Me asombró verlo aquí en Bagdad, porque tengo una cita con él esta noche en Samarra. (Julio Cortázar, Cita en Samarra).


miércoles, 30 de mayo de 2018

365 QUEJÍOS (31) DEJAD QUE LOS ENFERMOS PONGAN SUS CRUCES AMARILLAS


¿Están enfermos los independentistas? Lo están: el nacionalismo es una sífilis que corroe el cerebro, una de las coberturas más eficaces al nihilismo y el recuerdo de nuestra herencia animal (lo que Nietzsche decía sobre que “hemos recorrido el camino entre el gusano y el hombre y aún queda en nosotros mucho de gusano”). José Antonio Primo de Rivera situó al nacionalismo como “lo espontáneo” en contraposición a su concepción sobre la Nación concebida como una “unidad de destino” (que representaría “lo difícil”, antítesis de “lo espontáneo”). Debió llegar Konrad Lorenz para situarlo como una modulación del “instinto territorial” propio de las especies animales. Bien, pero todo tiene un límite. Porque una cosa es ser y sentirse apegado a la tierra que a uno le vio nacer, otra cosa es convertir ese apego en obsesión política (en “pequeña política”, tan distante de la “gran política” de la que hablara Nietzsche como un analfabestia puede estarlo del Nobel). 

Existe un nivel todavía más lamentable: cuando el nacionalismo se transforma en enfermedad y arrasa con la racionalidad. Es lo que en estos momentos está ocurriendo en Cataluña. Las cruces amarillas en las playas son muestra de que los servicios de salud mental de Cataluña (convenientemente transferidos desde hace décadas por el gobierno del Estado) no terminan de funcionar bien. Me quejo de que alguien se ha vuelto loco en Cataluña y la sanidad catalana no hace nada para impedirlo.

En pleno delirio de la ideología de género, el pasado día de la mujer trabajadores, un grupo feminista de Vinaroz llevó la playa de aquella localidad con 739 cruces contra los crímenes machistas de los últimos diez años. Son muchas cruces… porque ha habido muchos crímenes. Lo puedo entender. Lo que no puedo entender es lo de las cruces en las playas catalanas, cruces amarillo pálido, por más señas, como no sea para irse haciendo a la idea de que algo se ha muerto… y es, mira por dónde, el propio proceso soberanista que siempre ha carecido de pies y cabeza, siendo un mero tubo digestivo: comer recursos públicos para defecarlos en forma de propaganda soberanista.

Me dicen que las cruces las colocan unos “comités de defensa de la república” que es como decir un ente abstracto situado en el vacío en medio de la nada. República inexistente e inviable y comités que no son más que otra sigla de la CUP, los borrokillas gracias a los cuales Quim Torrat debe su cargo. Aquellos que convocaron una “huelga general” y provocaron un embotellamiento masivo ante la pasividad de los Mossos. Que también fue para quejarse.

Ha sido providencial esto de la plantada de cruces porque ha evidenciado que algunos sectores independentistas, incapaces de reconocer que su proyecto ha fracasado, han optado por lo siniestro. Yo no creo que valga la pena perder cinco minutos recogiendo estas cruces que, por sí mismas, son, no solamente el símbolo de un fracaso político y el epitafio del independentismo, sino la muestra más palpable de su estado de confusión mental: porque en los últimos 40 años, solamente el independentismo ha generado 5 víctimas mortales, cuatro miembros de Terra Lliure a los que les explotaron entre las manos las bombas que iban a colocar y una mujer que vivía en un edificio que se derrumbó en Berga a causa de un atentado de estos discapacitados mentales.

Si aceptamos que la vida es una tensión dialéctica entre Eros y Thanatos, el principio del placer y el principio de la finitud y la muerte, habrá que reconocer que a estos chicos que van realizando plantadas de cruces amarillo pálido, además de faltarles un hervor, deberían disfrutar un poco más de la vida, vivir sin tiempos muertos en lugar de exaltar la muerte de un proyecto político que desde el momento de su alumbramiento era puro cadáver. Me quejo, de que aquí en Cataluña, muchos precisan asistencia psiquiátrica y deberían luchar para que se ampliara el servicio del “Servei Catalá de Sanitat” en lugar de tratar de amargar la vida a los que disfrutamos (principio del placer) en las playas de la tierra que nos vio nacer. Las cruces a los cementerios y los proyectos muertos al basurero de la historia.