lunes, 3 de junio de 2024

PENSAD VUESTRO VOTO, PORQUE IGUAL SON LAS ÚLTIMAS ELECCIONES EUROPEAS (TERCERA PARTE) - LO ESENCIAL PARA HACER POLÍTICA

“Hacer política” quiere decir asumir las circunstancias que ofrece una situación política concreta y, a partir de ahí, establecer una estrategia y una táctica. Claro está, se supone que antes existen unos principios y unos valores que merecen ser asumidos y defendidos. Y estos, hoy por hoy, solamente son de dos tipos: o “conservadores” o “progresistas”. Y en sus formas más radicales. Como hemos dicho: ya no hay “tercerismos”, ni “centrismos”, ni lo de “ni derechas, ni izquierdas”. Ya no hay más “revolución” que la “revolución conservadora” o la “revolución progresista”. La derecha -Feijóo en concreto- no será presidente hasta que no lo entienda y probablemente nunca lo entenderá. El electorado podrá seguir engañado durante un tiempo, pero no eternamente.

Las circunstancias son lo que los marxistas llamaban “condiciones objetivas”. Lo que sí pueden modificarse son las formas de enfrentarse a ellas. Esto es, las tácticas. Decía Carl Schmidt que hacer política diferenciar entre “amigo” y “enemigo”. Tenía razón. Pero cada momento político define y obliga a considerar un “amigo” y un “enemigo”. Si somos conscientes de los problemas, si sabemos lo que queremos, si hemos sido capaces de establecer un orden de prioridades, seremos también capaces de distinguir entre “enemigo principal” y “enemigo secundario”. Hoy, no cabe la menor duda que el “enemigo principal”, tanto en España como en Europa es el “progresismo”. Y el progresismo, en cada país, tiene un rostro: en Canadá es Justin Trudeau, en EEUU, es Joe Biden, en España es Sánchez, en Francia es Macron, en Italia es Draghi, en Alemania es Scholz, y así sucesivamente. Ese es el “enemigo principal”: contra él deben apuntar todas las baterías. A él es al que todos los que nos oponemos a la Agenda 2030 y a lo que viaja en sus alforjas, debemos atacar y denunciar sin cesar.

Luego está el “enemigo secundario”, aquel sector que no coincide con nuestros puntos de vista completamente, pero con el cual estaremos de acuerdo en atacar al “enemigo principal”. Pues bien, la eficacia de una lucha política radica en concentrar oposición y esfuerzos contra el “enemigo principal”, olvidándose de reproches, ataques colaterales a los “enemigos secundarios”. Y este esquema puede variar según las elecciones: en las catalanas, por ejemplo, el enemigo principal era el PSC, rama catalana del PSOE, sin el cual, los nacionalistas e independentistas no serían nada, salvo los que han empobrecido a Cataluña. Así pues, era de rigor concentrarse en los ataques contra el PSC y olvidarse de la media docena de partidos y partidillos indepes que sin TV3 y sin la gencat no son nada más que tristes y esperpénticos actores de un pasado que desde Maciá no ha cosechado nada más que ridículo y vergüenza, empobrecimiento y desertización industrial para Cataluña. ¿Y el “amigo”? En las elecciones catalanas eran las fuerzas que criticaban a la izquierda, al nacionalismo, al independentismo y se sentían solidarias con la idea de España. El “enemigo secundario”, por lo mismo, era la galaxia nacionalista.

Pero este esquema varía en las elecciones europeas: Hay un “amigo” (los que proponen una respuesta a la Agenda 2030, a la islamización de Europa, a la destrucción sistemática de nuestra soberanía alimentaria, a la degradación cultural del continente, a su irrelevancia política, a la exaltación del feminismo radical y del complejo LGTBIQ+), y un “enemigo”… Pero, a la hora de definir a este “enemigo” nos encontramos que PP y PSOE han sido y son solidarios en Europa. Ambos juegan la carta “progresista” en Europa y, por tanto, ambos son “enemigos” dado que no hay ninguna duda de que votan solidariamente en el parlamento europeo. Los “amigos” serán los que se “oponen” a este frente “progresista”. Y, de entre ellos, se trata de apoyar la “opción más segura” contra el “progresismo”. Y, hoy por hoy, esa opción es Vox. No hay otra salida, se mire por donde se mire.

Alegar que Vox son “liberales” (hoy de todo, liberales, menos liberales, ultraliberales, anarcocapitalistas, libertarianos y antiliberales), alegar que en su interior operan distintas sectas católicas, o que su líder ha dado la mano a Netanyahu, son argumentos de muy escaso calado. Lo que cuenta es lo que dicen y hacen algunos de sus líderes. Y Buxadé figura entre los que mantienen principios morales, éticos y claridad de ideas, de discurso y de actuación parlamentaria.

El 9 de junio tendremos “elecciones europeas”. Espero y deseo que en toda Europa avancen las fuerzas de la “derecha conservadora y tradicional”. Y espero que avancen lo suficiente como para rebasar y desbordar los estrechos márgenes de la “derecha progresista”, la que pacta con Von der Leyen. Porque, como el avance de la “derecha conservadora y tradicional” no sea suficientemente amplia y decisivo, lo más probable es que en 2029, Europa sea una prolongación de África y los europeos estemos marginados en nuestro propio continente, como ocurre ya en algunas ciudades inglesas con alcaldes musulmanes partidarios de imponer la sharia.

Pensadlo antes de ir a votar el domingo: o “identidad europea” o ir preparando las maletas para el exilio forzoso, o empezar a matricular a vuestros hijos en una escuela coránica y vosotros a aceptar vivir bajo el islam y a financiar con vuestros impuestos a las legiones africanas instaladas en Europa. Solo eso y nada más que eso.


ELECCIONES EUROPEAS (PRIMERA PARTE)

ELECCIONES EUROPEAS (SEGUNDA PARTE)

ELECCIONES EUROPEAS (TERCERA PARTE)









 

PENSAD VUESTRO VOTO, PORQUE IGUAL SON LAS ÚLTIMAS ELECCIONES EUROPEAS (SEGUNDA PARTE) - LAS OPCIONES ELECTORALES

Sabemos lo que nos espera: si el “progresismo” domina el parlamento europeo, sabemos que aumentará la inmigración, más y más, que Europa perderá sus raíces más y más aún, que se exigirá a los países del Este con menos inmigración que aumenten la presencia de inmigrantes o se les sancionará, sabemos que en las siguiente convocatoria electoral en 2029, entre el 30 y el 50% de la agricultura actual habrá desaparecido de Europa y los eriales serán convertidos en “huertas solares” y campos de molinetas… EN 2029 YA NO PODREMOS PENSAR EN CÓMO RECTIFICAR LA SITUACIÓN, SINO QUE DEBEREMOS ELEGIR EN QUÉ PAÍS INSTALARNOS PARA HUIR DE LA CATÁSTROFE EUROPEA.

No vamos a hablar del programa socialista para estas elecciones basado en “más feminismo, más igualdad, mas ecología” que demuestra la indigencia intelectual del “PSOE” cuyo programa no es más que una fotocopia servil de la Agenda 2030. Cada vez más, el PSOE es el partido de los subsidiados y de los “nuevos españoles”: su misma sigla encarna su mentira. Ni es obrero, ni es socialista, ni es español y, por no ser, ni siquiera es partido sino más bien el abrevadero del grupo de amigos de Pedro Sánchez.

Pero el programa del PP no es mucho mejor. La publicidad electoral del PP -la tengo delante- es nula, formada por consignas sin contenido y sin desembocaduras prácticas “Tu voto es la respuesta: por la igualdad, las libertades y el futuro”… Termina con “es la respuesta a lo que está sucediendo”, “es la respuesta con la que podemos mejorar Europa”… Y sabemos por los medios que Von der Leyen ha estado en España, junto a Feijóo haciendo campaña. Von der Leyen, miembro de la Democracia Cristiana alemana Y RESPONSABLE DE TODOS LOS DESASTRES QUE HAN OCURRIDO EN EUROPA DESDE QUE ASUMIERA LA PRESIDENCIA DE LA COMISIÓN EUROPEA EN 2019. Y no han sido pocos. ¿Esta es la persona a la que el PP se asocia en Europa? Votar por esta candidatura supone, simplemente, garantizar que el camino de la decadencia va a seguirse con paso firme, como en los últimos años.

Von der Leyen lo ha hecho todo para que siguiera llegando inmigración masiva a Europa. Lo ha hecho todo para destruir la soberanía alimentaria europea. No ha hecho absolutamente nada para acrecentar, afirmar o simplemente rescatar la identidad europea. ¿Y Feijóo la considera el mejor valor para realzar su cartel electoral?

Tiene razón Vox al recordar que el PP y el PSOE han votado juntos las mismas opciones en el parlamento de Estrasburgo en el 89% de las votaciones. Así que, no nos engañemos: una cosa es que Feijóo quiera desplazar a Sánchez en España y otra muy distintas que quiera un cambio de política -cambio necesario por un simple afán de supervivencia- en la UE. No lo quiere: quiere que todo siga igual. Rompo pues la papeleta electoral del PP, de la misma forma que he lanzado a la basura la del PSOE...

No vale la pena aludir a Sumar o Podemos, ni siquiera a los grupos nacionalistas y/o independentistas. En primer lugar, porque la “izquierda radical” española está llamada a desaparecer en la medida en que sus políticas ya las ejerce el PSOE: si quieren sobrevivir en política, tanto Yolanda como las loquitas y los hombres deconstruidos de Podemos, solo podrán hacerlo a la sombra del pedrosanchismo. Fuera de esa sombra, mueren. En cuanto a los indepes, Europa les queda lejos; lo quieran o no reconocer, la UE es una “unión de Estados nacionales”, no una confederación de federaciones nacionales. No tienen lugar en Europa y los tiempos no les ayudan: es difícil ser micronacionalista en una época de mundialismo.

Queda Vox. Vaya por delante que el candidato de Vox y uno de sus pesos pesados, Jorge Buxadé, es un tipo claro, de comportamiento político irreprochable y que no utilizan el doble lenguaje, ni la ambigüedad equívoca. Es claro, directo y, lo más significativo, se ganaba perfectamente la vida antes de dedicarse a la política. La política no es para él un modus vivendi, sino un acto de servicio, quizás porque en su juventud militó en Falange Española y antes en la Organización Juvenil Española. Sea como fuere, está hoy en Vox como vicepresidente del partido. En el folleto de propaganda de esta opción se reconocen los cuatro problemas que hemos definido inicialmente: inseguridad, inmigración, futuro… no hay nada que “chirríe”, nada que parezca falso o demodé. Vox es, en estos momentos, la opción más segura para imprimir un giro a la UE. Es la opción que recomendamos votar.

¿HAY OTRAS OPCIONES?

En realidad, se han presentado 34 candidaturas. Hay, claro está, para todos los gustos. De entre todas hay dos que merecen mencionarse. Una es la de Falange Española de las JONS, la otra Se acabó la fiesta de Alvise Pérez. Las mencionamos porque este blog tiene un buen número de lectores que proceden, o bien de FE-JONS, o bien porque siguen a cualquier outsider antisistema que aparezca, como Alvise Pérez. Empecemos por este último.

Antiguo miembro de Ciudadanos, pasado luego al mundo “influencer”, se ha caracterizado por denunciar escándalos y por hacer acopio de denuncias. El CIS le da un 0’9% de intención de voto, lo que le posibilitaría su entrada en el parlamento europeo. Pero, el problema es la personalidad del youtuber y sus intenciones reales.

La figura del outsider no es nueva en las elecciones europeas: hemos tenidos como outsiders a Jesús Gil, a Ruiz Mateos, a Joan Laporta… Sus programas eran “personalistas”: simplemente, querían beneficiarse de su condición de parlamentarios europeos para eludir procesos, esquivar regulaciones fiscales o, simplemente, llamar la atención. El historial de Alvise Pérez es desalentador. Ha apostado por UPyD, primero, luego por Ciudadanos, hasta que ambas opciones se desintegraron. Tiene, pues, “vocación centrista”, pero es lo suficientemente “listo” como intuir que el centrismo se ha acabado y que hemos entrado en la era de las confrontaciones. Hubiera podido integrarse perfectamente en Vox, de no ser porque él defendía una opción personal. Por una parte, quien quiere ser “influencer” y “youtuber” tiene que llamar PERMANENTEMENTE LA ATENCIÓN. Y eso se consigue fácilmente atacando a gente lo suficientemente conocida como para que el ataque -justificado o injustificado, eso es lo de menos- tenga impacto y genere interés. Y lleva así desde diciembre de 2019.

En la extrema-derecha hemos visto individuos parecidos. Un tal “Josele” causó destrozos lanzando un digital de poco lustre en el que acusaba a la familia Botín de asesinar a no sé quién. Pura fantasía sensacionalista e ignorancia de la legislación vigente. Obviamente, los Botines presentaron denuncia. En España, la maquinaria judicial es lenta -terriblemente lenta- pero, antes o después, llega. Y el tal “Josele” tuvo que “exiliarse”. Ha habido otros muchos que están en similar tesitura. Faltaba uno con más experiencia y aspiraciones y ese es Alvise Pérez.

He intentado ubicar el programa o algo que sugiera lo que propone esta candidatura. Cuesta. Lo que sí he encontrado es mucho material sobre Alvise. No ha dejado buenos recuerdos en las formaciones por las que ha pasado. Se le ha llamado “el rey del bulo” y es posible que lo sea a tenor de los procesos judiciales de los que se ha hecho acreedor y que justifican la búsqueda de una patente de corso parlamentaria. Por lo que veo, la web de Se acabó la fiesta es un formulario para reclutar apoderados y representantes. Poco más. Demasiada bruma en torno a esta candidatura, demasiadas dudas: ¿en qué grupo se integraría? Una sola certidumbre: puede robar votos a Vox.

Falange Española es el sinónimo de la fidelidad. De eso no hay ninguna duda. He dicho en varias ocasiones que esta formación está mucho mejor dirigida hoy que en décadas anteriores y que quienes están al frente de la candidatura son “buena gente”. Pero los problemas que plantea esta opción son varios.

En primer lugar, es una opción testimonial. “Testimonialismo” es lo opuesto a “hacer política”. Es una opción legítima, incluso el manifiesto programa que puede leerse en LA WEB DEL PARTIDO, lo podríamos suscribir casi en su totalidad. Pero, el problema no es solamente de HERMANDAD con los ideales y medidas que propone, sino de POSIBILIDAD de hacerlos efectivos. Y aquí es donde la opción falla: en los últimos cincuenta años, FE-JONS se ha empequeñecido demasiado como para poder ser una opción política creíble con capacidad política: es, como hemos dicho, una “opción testimonial”. El elector de este partido, en el fondo, no es apenas diferente del de Vox (varía especialmente en que Vox ve la UE como “reformable”, mientras que FE-JONS la ve como “desechable”). El discurso de FE-JONS no se diferencia mucho del de Jorge Buxadé, salvo por el hecho que el de este último tiene mayor eco y credibilidad.

En segundo lugar, vale la pena recordar que FE-JONS es la única formación de la antigua “ultraderecha” que se presenta a las elecciones. No están presentes ni Democracia Nacional, ni España 2000, ni Hacer Nación, Facta, ni la media docena de círculos culturales uniprovinciales surgidos de este ambiente, ni los medios carlistas, ni los católicos militantes. No hubiera estado de mas aprovechar toda esta constelación de grupos para armar una candidatura unitaria que, en todo caso, hubiera sumado algunos miles de votos más. Las manifestaciones ante la cueva de Ferraz hubieran podido servir para propulsar esta convergencia y establecer un paralelismo con la situación francesa o italiana: de la misma forma que existe un “partido parlamentario” con posibilidades de gobernar en Francia y gobernando ya en Italia, también existe en ambos países una “vanguardia extraparlamentaria” (Casa Pound, Les Identitaires) que agita en la calle. La convivencia entre ambos es saludable porque la lucha política tiene un doble frente: la calle que precisa agitación y el parlamento que precisa de otros métodos de actuación y de otras consignas.

Por otra parte, una política de convergencia de grupúsculos patrióticos es, en definitiva, lo que está haciendo la propia dirección de FE-JONS en el “Espacio Ardemans”, abierto para todos los grupos que lo reclaman para alguna actividad, estén o no vinculados al partido.

A nadie se le escapa que FE-JONS va a obtener unos resultados modestos. Y es lamentable, pero es innegable que figurará entre las opciones de cola. ¿Vale la pena presentarse a unas elecciones a sabiendas de que ni se va a llamar la atención, ni se va a obtener algún resultado significativo? Ya lo hemos probado muchas veces. El sector al que pertenece FE, las “fuerzas nacionales”, en otras ocasiones ha visto como aparecían dos y hasta tres opciones más en el mismo espacio: cada una tenía la intención de demostrar que podía adelantar a las otras… pero, sumados los votos de todos, resultaban irrelevantes e, incluso en algunos casos, ridículos. Creo que la “carta unitaria” es la única que queda por jugar a este sector. Lamento el pesimismo, pero no creo que los esfuerzos y la energía de los dirigentes de este partido, queden compensados por los resultados que obtengan. Habrá valido la pena que se presentes si, el “día después”, reconocido el esfuerzo y los resultados limitados, se reconociera también la necesidad de cambiar de estrategia. Y la única posible es la “carta unitaria” hacia un frente activista que plantee movilizaciones y protestas en las calles.

ELECCIONES EUROPEAS (PRIMERA PARTE)

ELECCIONES EUROPEAS (SEGUNDA PARTE)

ELECCIONES EUROPEAS (TERCERA PARTE)








PENSAD VUESTRO VOTO, PORQUE IGUAL SON LAS ÚLTIMAS ELECCIONES EUROPEAS (PRIMERA PARTE). LOS CUATRO GRANDES PROBLEMAS

Europa está en crisis y la idea europea está muriendo en manos de la UE. Desde Maastrich, la UE se ha convertido en un enano político, militarmente es un territorio bajo la “protección” del Pentágono, económicamente la UE solo parece preocupada de las “energías renovables” y cree, más que cualquier otra parte del planeta, en el “cambio climático”; culturalmente el empobrecimiento europeo no tiene precedentes; desde el punto de vista religioso, Europa se ha convertido en tierra de expansión del islam y étnicamente estamos viviendo la cuenta atrás de las últimas horas de Europa tal como la hemos conocido desde sus orígenes. Si eso es lo que pretendía Ursula von der Leyen, eso es lo que ha logrado con creces. Como para figurar en el cartel electoral del PP. Debería estar en el Guiness de los Records. Cinco años más a este ritmo y cuando se convoquen las próximas elecciones europeas en 2029 es posible que algunos países de la UE formen ya parte del califato islámico, mientras que otras partes se habrán convertido en zonas de ”guerra étnica” dominadas por mocromafias, bandas latinas y carteles de la droga. Así pues, vale la pena que todos meditemos a quien vamos a votar el 9 de junio. Es posible que estas sean las últimas elecciones de la UE y, en todo caso, es casi seguro que, según el resultado, asistamos al fin de Europa y de los europeos.

¿CUÁLES SON LOS PRINCIPALES PROBLEMAS DEL MOMENTO?

A la UE se le van acumulando los problemas. De hecho, desde que se creó la UE y se ha ido ampliando, se ha producido un fenómeno curioso: Europa, cada vez más grande, pesa cada vez menos en la escena internacional. Todo gracias a la UE. Y el problema no es solo éste, sino que cada uno de los países que componen la UE se ven afectados por la caída del prestigio y del peso del conjunto. Así pues, para todos los países de la UE lo imprescindible e ineludible es una reforma en profundidad y, si esta no es posible, valdría la pena, incluso, reconocer su fracaso y disolverla, sustituyéndola por pactos bilaterales. Lo que está claro es que lo que, en principio, era la “tecnocracia de Bruselas”, hoy no es más que un amasijo burocrático, pesado, ingobernable, lento en sus decisiones y que ni siquiera tiene un proyecto propio: porque el proyecto de la UE es, ni más ni menos, que el de la Agenda 2030. Y ante esto es preferible plantear una alternativa radical: O REFORMA DE LA UE, O DISOLUCION DE LA UE.

Luego está el segundo punto. Europa no tiene constitución (la que trató de redactor el equipo dirigido por Giscard d’Estaing hace un cuarto de siglo fue aprobada por la España de Zapatero a poco de salir elegido, pero luego rechazada en todos los referéndums que se convocaron… Y así hasta hoy). En lugar de constitución, tenemos volúmenes enteros de reglamentos, directivas, tratados y, sobre todo, funcionarios encargados de aplicarlos. El gran problema que se daba a principios del milenio era entre “centro-derecha” (que aspiraba a que Europa se definiera como “de matriz cristiana”) y “centro-izquierda” (que intentaban por todos los medios borrar, no solo el recuerdo “cristiano” sino también el “pagano” greco-latino y germánico). Esto ya anticipaba lo que iba a ocurrir: Europa necesita una IDENTIDAD, no puede construirse en el vacío y sobre la base de que “aquí vale todo”. Un árbol es tanto más alto, fuerte y resistente, como profundas son sus raíces. Sin raíces, sin cimientos, no hay construcción posible. Y la UE de hoy carece por completo de fundamentos. No es raro, por tanto, que cualquier recién llegado, por el hecho de beneficiarse de un trámite administrativo, pase a ser “europeo”. Las raíces no pueden ser defendidas por “progresistas” cuyo leit-motiv es precisamente, no tenerlas o renunciar a ellas. Ni por los liberal-conservadores que creen que solamente el librecambismo, la empresa privada y los beneficios económicos constituyen el fundamento de la UE y que, todo lo demás, es renunciable. Así pues, el segundo problema actual de la UE es O BIEN QUEDAN CLARAS CUÁLES SON LAS RAÍCES DE EUROPA -Y ESTAS SON, CRISTIANAS, GRECO-LATINAS Y GERMÁNCIAS- O BIEN MÁS VALE DISOLVER UN CUERPO SIN ALMA Y SIN BASES SÓLIDAS QUE JAMÁS LOGRARÁ ESTABILIZARSE DEL TODO.

Vayamos al tercer problema. La vida biológica exige alimentación y Europa ha dejado desde hace tiempo, gracias a los “acuerdos preferenciales” de la UE con terceros países, soberana en materia alimentaria. Importamos lo que consumimos. Cada vez más. Y así se da la paradoja que, cuantas más normativas, decretos, circulares, se imponen a nuestros agricultores y más cargas fiscales se les imponen, lo que nos llega de fuera, cada vez más, especialmente lo que procede de África, es pura basura alimentaria y llega en la casi totalidad de los casos, sin trazabilidad, sin análisis sobre su toxicidad, fiándonos solo del tratado firmado con terceros países… en los que les importa un higo lo que comamos en Europa y que, incluso, nos consideran enemigos jurados y “tierra conquistable”. A esto se unen las estupideces de los chalados de la Agenda 2030, de los fanáticos del “cambio climático” a los que les importa más el clima mundial que si comemos melones regados con aguas fecales o sobreexpuestos a pesticidas, vermicidas, fungicidas, abonos inorgánicos, etc, etc, etc. La UE está matando la agricultura y la ganadería europea, está haciendo imposible su viabilidad. En buena medida la Agenda 2030 y sus planes de ingeniería social (“somos lo que comemos”…) tienen mucho que ver y confirman esta falta de soberanía alimentaria, así pues O LA UE RECUPERA LA SOBERANIA ALIMENTARIA, IMPULSA DECIDIDAMENTE LA AGRICULTURA Y LA GANADERÍA EUROPEA O BIEN VALDRÁ MÁS DISOLVER LA UE PARA QUE CADA PAÍS RECUPERE SU SECTOR PRIMARIO.

Un último punto: la inmigración. Y aquí hay que ser muy claros: no hay término medio. Por este orden:

1) no se pueden tolerar la llegada indiscriminada y masiva de millones de personas procedentes de África que no se sabe ni quienes son, ni lo que han hecho antes, ni en que condiciones llegan, ni lo que saben hacer,

2) no se puede subvencionar permanentemente a inmigrantes por el solo hecho de llegar,

3) no se puede regalar la nacionalidad a gentes que ni por su aspecto, ni por sus creencias, ni por su estilo de vida, ni por su idioma, ni por sus concepciones vitales, no tienen nada que ver con el país en el que residen,

4) los europeos no podemos asumir ni pagar la miseria africana y, sobre todo,

5) la UE no quiere definir al continente, ni como católico, ni como pagano, pero no tiene ningún inconveniente en su islamización.

Cada año cientos de miles de jóvenes europeos licenciados buscan otros horizontes mas benignos fiscalmente y mas tranquilos en cuestiones de seguridad jurídica y ciudadana, mientras que llegan millones de jóvenes africanos que no saben hacer absolutamente nada atraídos por la sopa boba. Y esto ha llegado a un límite, más allá del cual, persistir en esta vía otros cinco años, puede ser letal para el continente y para la civilización europea, así pues O SE CORTA EN SECO LA INMIGRACIÓN ILEGAL -ALGO TAN SENCILLO DE HACER COMO ESTABLECER EL PRINCIPIO DE QUE EL QUE LLEGA ILEGALMENTE, VUELVE AL PUNTO DE PARTIDA A LA VOZ DE YA- Y SE HOMOGENEIZA LA INMIGRACIÓN CON EL PRINCIPIO DE “INTÉGRATE O VETE”, SE DEVUELVEN AL PAÍS DE ORIGEN A INMIGRANTES QUE HAYAN COMETIDO UN SOLO DELITO, O SIMPLEMENTE, SE DISUELVE LA UE Y QUE CADA PAÍS SE VE LIBRE DE ASUMIR SU PROPIA POLÍTICA MIGRATORIA.

Hay más problemas, por supuesto, pero estos cuatro son, hoy por hoy, los más importantes. Todos los demás problemas son anecdóticos o secundarios, porque solamente de estos cuatro problemas depende que Europa tenga un futuro o el nuestro se desvanezca en la nada, en el salvajismo, en la criminalidad organizada y en el caos multicultural. Y son estos problemas y no otros, los que tenemos que tener presentes a la hora de votar, siendo conscientes de lo que supone cada opción.

LA REALIDAD POLÍTICA DE EUROPA EN 2024

Hay una opción rechazable, desde el principio: la “progresista” porque es la que nos ha llevado hasta donde nos encontramos hoy. Esa opción, hasta hará diez años era considerada como “de centro-izquierda”, pero hoy, desaparecidos los frenos -especialmente tras la crisis de 2008-2011 que supuso el fin de la socialdemocracia tal como se había mantenido desde el Congreso del SPD en Bad Godesberg en 1959- y desde las orientaciones de la ONU y su Agenda 2030, ahora cabe solo hablar, o bien de “progresismo” o bien de “izquierda”.

Pero el “progresismo” es una mancha de aceite que contamina incluso a sectores de la derecha y tiene un aliado inestimable en el “liberalismo de centro-derecha”. Desde 1945 la política europea se ha basado en un equilibrio entre centro-derecha y centro-izquierda y en la alternancia entre estas dos opciones. Hasta que la presión de los sectores “mundialistas” (ONU, UNESCO, fundaciones capitalistas, ONGs) ha impuesto su programa en el vacío generado, tanto en el centro-izquierda como en el centro-derecha. Y así ha aparecido algo inédito en la historia: una “derecha progresista” que apenas se diferenciaba del progresismo de izquierda. Lo vimos en España en un Casado, efímero líder del PP, incluso en un Feijóo, entonces presidente de Galicia, que pugnaba con el gobierno del Estado en dureza en las medidas anticovid, llegando incluso a proponer la vacunación obligatoria, y luego, ya como factótum del PP, un acuerdo con el PSOE como “principal interlocutor”.

Y este es el problema: que una política así, podía generarse en una coyuntura en la que existía equilibrio entre “centro-derecha” y “centro-izquierda”, pero no en una nueva situación en la que el “centro-izquierda”, se había desplazado hacia posiciones radicales en materias medioambientales, LGTBIQ+, feminismo radical, corrección política, memoria histórica, etc, etc, etc. En realidad, estas nuevas posiciones de izquierda (no de centro-izquierda, sino de izquierda radical) generaron una reacción de sentido contrario y de similar radicalismo en el centro-derecha que sigue sobreviviendo, pero que, poco a poco, va perdiendo vigor ante la “derecha radical”, justa reacción a la “izquierda radical”. EL TIEMPO DEL CENTRISMO HA PASADO A LA HISTORIA, ESTAMOS EN LA ÉPOCA DE LA CONFRONTACIÓN.

A un lado están los trabajadores, las gentes con nóminas que tienen que pagar elevadas hipotecas, impuestos desmesurados, profesionales universitarios, pequeño y medianos empresarios, comerciantes, jubilados, jóvenes sin perspectivas laborales, y al otro, funcionarios de ONGs y de chiringuitos de todo tipo, comegambas de sindicatos y de partidos oficiaistas, barrigas agradecidas, okupas, sectores de población que viven subvencionados y un electorado cada vez más repleto de “nuevos españoles”. La fractura vertical que se ha producido en la sociedad es tal que, a un lado tienden a estar los que “pagan impuestos” y a otro los “viven de los subsidios” y del dinero público. La situación es endiablada e irá agravándose más y más en los próximos años. De ahí que la tendencia en todo el mundo sea a ir abandonando el “centro-derecha” y orientarse hacia la “derecha radical”, de la misma forma que el “centro-izquierda” ha migrado hacia la “izquierda radical”. Y en este contexto, YA NO HAY POSIBILIDADES NI DE “TERCERAS POSICIONES”, NI DE “CENTRISMOS”, NI SIQUIERA DE ENCONTRAR PUNTOS INTERMEDIOS.

Esta es la situación, aquí y ahora. Y es esta situación la que debemos considerar a la hora de votar el 9 de junio.

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martes, 28 de mayo de 2024

LA ESCLAVITUD EN EL ISLAM - ¿PARA CUÁNDO DISCULPAS POR LOS MILLONES DE EUROPEOS ESCLAVIZADOS EN TIERRA DEL ISLAM?

 

Introducción

Hoy, ya nadie puede dudar que el primer argumento que se utilizó para justificar la presencia de compactos núcleos musulmanes en Europa Occidental -aquel que afirmaba que eran necesarios inyectar inmigrantes para pagar las pensiones de los abuelos…- era una simple falacia. La realidad es que, las pensiones de los abuelos -yo lo soy- pierden cada día poder adquisitivo porque a los gobiernos de nuestro entorno les es necesario comprar la “paz étnica y social” subvencionando a los recién llegados. No hay dinero para todos. Y los que llevan las de perder es la parte más débil: los jubilados. La triste realidad es que la inmigración es hoy una pesada carga económica para todos los Estados que se han negado durante décadas a controlarla.



Desde, como mínimo, 2008, la inmigración ha variado su carácter; hasta ese momento, podía pensarse que los motivos del desplazamiento hacia España se debían a la posibilidad de integrarse en nuestro mercado laboral y, en especial, en el sector de la construcción. Pero, desde el estallido de la burbuja inmobiliaria, con la mecanización progresiva de la agricultura, las deslocalizaciones y el proceso de desindustrialización creciente, es casi seguro que, hoy, pocos de los inmigrantes que llegan a España, -especialmente los que no tienen ningún tipo de cualificación profesional (esto es, la mayoría de los procedentes de África)-, tengan como proyecto personal integrarse laboral y vivir del propio trabajo, ahorrar para volver al país de origen con capital suficiente para emprender una nueva vida.


Se suele creer que las motivaciones de los inmigrantes en el siglo XXI son las mismas que las de los españoles, portugueses e italianos que se desplazaron a Francia, Suiza, Alemania, Benelux, en los años 50 y 60, para reconstruir países que habían sido demolidos por la Segunda Guerra Mundial. La mayor parte de aquella inmigración existía la voluntad de trabajar durante unos años en unos países con unos niveles salariales mucho más altos, poder ahorrar llevando una vida austera (pero no miserable), acumular cierto patrimonio que les permitiera abrir un pequeño negocio o, simplemente, comprar una vivienda. Esa inmigración, no es la actual.


Nuestros inmigrantes querían regresar -en grandísima medida- al país que habían abandonado. Iban a trabajar, a esforzarse, a partirse el espinazo para llevar a la práctica un proyecto personal legítimo y que enriquecía a todas las partes: a los receptores de inmigración porque sabían que los recién llegados eran gente dura y dispuesta a trabajar; a los inmigrantes porque, a cambio de su trabajo, recibían un salario muy superior al del mismo oficio en España que compensaba el alejamiento del hogar y les permitía ahorrar; al país emisor de inmigrantes porque allí recibían formación y volvían con una capacitación laboral superior a la que habían partido, sin olvidar que su trabajo en el extranjero generaba unas divisas preciosas en aquel momento para garantizar intercambios comerciales. Aquellos inmigrantes -nuestra inmigración- no planteaban problemas de convivencia, ni choques culturales; fieles al dicho “donde fueres, haz lo que vieres”, nuestra gente se integró perfectamente en la sociedad que los recibió. Nada de todo esto vale para el actual fenómeno migratorio.


Básicamente, ya no hay países que reconstruir después de una guerra (en el fondo, es toda África la que se trataría de reconstruir). Tampoco hay un mercado laboral en expansión que permita pensar que, sin un alto nivel de cualificación y solo en determinadas profesiones, se va a encontrar trabajo bien remunerado ni con facilidad. Ni siquiera para españoles, los salarios medios -a la vista del coste de la vida- permiten ahorrar. Y, nada permite pensar que en el “boca-oído” que transmiten los inmigrantes que han llegado aquí en los últimos años, transmiten la visión de un país en el que valga la pena venir a trabajar, simplemente, porque el poco trabajo que existe para trabajadores con poca o nula cualificación profesional, no permite ni vivir dignamente, ni mucho menos ahorrar. Entonces ¿por qué viene la inmigración?


Vale la pena no engañarse al respecto. Los medios ya nos engañan bastante y, a su vez, resultan engañados por los gobiernos de turno. Esos medios, así como los diferentes gobiernos, de derechas y de izquierdas, llevan casi treinta años falseando datos, cifras y circunstancias. No hay otra forma de definir la actitud de quienes niegan los problemas que se han generado a causa de la inmigración ilegal, masiva y descontrolada.


Si bien es cierto que, hoy, ya nadie se atreve a sostener que, gracias a la inmigración, se van a poder “pagar las pensiones de los abuelos”, las justificaciones cada vez se han convertido en más extemporáneas, ridículas, ignorantes e, incluso, frecuentemente, entre los portavoces gubernamentales, zafias. A veces se nos dice que los inmigrantes no son tales: que se trata de “refugiados”. Ser “refugiado”, al parecer, hace obligada la “solidaridad”. El perseguido merece protección y ayuda para salvarlo de su perseguidor… Bien, en algunos casos, los menos, los recién llegados son “refugiados”; no en la inmensa mayoría. Pero, incluso, en esas circunstancias, cabe preguntarse: ¿y por qué un “refugiado afgano” elegiría vivir en Europa Occidental y no en Paquistán, en la India o, incluso en el sudeste asiático, países mucho más próximos, en todos los sentidos, a su patria originaria?


Por otra parte, si existen “refugiados” es porque tal o cual país los genera y la situación allí es insoportable, por tanto, si se trata de admitir, por ejemplo, subsaharianos, vale la pena recordar que, en cualquiera de aquellos países, en toda África y en buena parte de Asia, casi sin excepción, la “democracia” es una palabra que no tiene el mismo significado que en Europa. De los 1.200 millones de africanos, la inmensa mayoría podrían ser considerados como “aspirantes a refugiados”, a la vista de que existen diferencias abismales entre los “derechos humanos” tal como se ven en Europa y como se practican en África.


Pero, Europa no puede admitir a 1.200 millones de inmigrantes que, por lo demás, deberían entender que ellos también podrían intentar hacer cambios en su país, antes que adoptar la solución más cómoda de mudarse a otro… ¿a cuál? Y esta es el nudo de la cuestión: no se trata de países en los que exista un mercado laboral floreciente, ni aquellos otros más próximos al lugar de origen, para mantener el contacto con las raíces, sino de aquellos en los se vive mejor y, lo que es aún más importante, donde se garantizan subvenciones solamente por llegar y todo, absolutamente todo, está permitido (o poco menos). Ese es el centro de la cuestión que políticos y medios pretenden escamotearnos.


No hay nada más opaco en la actual democracia española que la suma total de subvenciones que reciben los no nacidos en España y sus hijos nacidos en España. La falta de transparencia es, precisamente, lo que permite sospechar. Recientemente se ha publicado la cifra de que algo más de 2.000.000 de inmigrantes viven de subsidios públicos. El problema sigue sin aclararse, porque no se dicen cuántos antiguos inmigrantes que han logrado naturalizarse como “españoles”, siguen subsidiados. Por otra parte, haría falta especificar qué tipo de subsidios reciben: en España existen muchos de tipos de ayudas y de pensiones no contributivas. Todo ello hace sospechar que las cifras son mucho mayores y es legítimo pensar que pueden ser, incluso, el doble de las dadas. Por lo demás, no se especifica el volumen total de subsidios y subvenciones por distintos conceptos, ni los dados por las distintas administraciones, que van a parar a lo que en Francia se ha llamado “la aspiradora de recursos públicos”, esto es, la inmigración. La opacidad de las cifras no hace nada más que aumentar las sospechas.



Luego está el argumento de la crisis de la natalidad en España. Era lo que podía esperarse: la elevación constante del coste de la vida, hace imposible el que se puedan formar parejas e, incluso, que una vez formadas, decidan tener hijos. La paternidad es una aventura que muy pocos se atreven a afrontar. Para hacerlo es preciso tener seguridad de que se podrá mantener a los hijos. Nadie está dispuesto a ofrecer tales garantías. Sin embargo, es un problema político: hubiera bastado con atribuir prioridad en beneficios sociales y ventajas fiscales a las parejas españolas que deseen tener hijos, garantizar su prioridad a la hora de obtener viviendas sociales, y simples campañas en pro de la natalidad, para que se estimulara la natalidad entre nuestra gente. No se hizo, ni se tiene intención de hacer. Se hizo -y se hace- justo lo contrario: confiar en que gentes llegadas de todo el mundo salvarían la natalidad en España.


Desde el año 2000, en las cuatro provincias catalanas los nacidos en la noche del 31 de diciembre al 1 de enero de cada año, son en su inmensa mayoría hijos de nacidos en el extranjero. Salvo entre mujeres subsaharianas, el número de hijos va disminuyendo incluso dentro de la inmigración. Los inmigrantes andinos, por ejemplo, se han configurado como los primeros y principales usuarios de los servicios de aborto gratuito y de “píldora del día después”. La ruptura de la unidad étnica de España ni siquiera ha servido para que la natalidad remonte o para que se repueblen zonas en vías de despoblación.


Caído el mito de “los que vienen a pagar las pensiones”, en un momento en el que ningún ayuntamiento que quisiera mantenerse en el consistorio se atreve a colocar pancartas con el “Welcome refugies”, cuando se ha visto a las claras que la inmigración no resuelve el problema de los nacimientos, sino que complica la convivencia, ahora, como última trinchera inmigracionista, el argumentario se ha desplazado a otro frente; nos dicen: “estamos obligados a admitir a todos los inmigrantes que quieran establecerse en nuestro suelo y a mantenerlos, incluso, porque, se lo debemos”.


Nos dicen que Europa “debe” a los inmigrantes del Tercer Mundo el haberlos explotado como colonias. Repiten, para bloquear a los más sensibles, que los europeos somos responsables de haber esclavizado a los africanos y que les debemos una compensación. Por eso están aquí, por eso estamos obligados a subsidiarlos… Es un argumento que tiene su fuerza, pero que no deja de ser otra falacia.


No solamente no fuimos esclavistas -valdría la pena, ya que estamos en esto, elaborar un censo de familias europeas que se dedicaron a la trata de esclavos, porque sería, en última instancia, a ellos a los que les correspondería pagar indemnizaciones, no a la totalidad de un pueblo- sino que, además, durante siglos los europeos que vivían en las costas mediterráneas (pero, también, incluso en las del sur de Gran Bretaña) corrían el riesgo de ser secuestrados ellos y sus hijos, saqueados sus bienes e incendiados sus pueblos, por parte de piratas berberiscos; una práctica que se prolongó hasta principios del siglo XIX. Unos fueron esclavizados de por vida, los otros extorsionados pidiendo fabulosos rescates, otros murieron sin dejar huellas… Sin olvidar, claro está, que el grueso de traficantes que capturaban esclavos en África eran árabes y que se beneficiaban de pactos con tribus africanas que los obtenían de tribus vecinas.


Sería bueno presentar una reclamación de cantidad por los millones de europeos, especialmente de los países mediterráneos, de los países eslavos, e incluso del Reino Unido, que fueron secuestrados, esclavizados, obligados a vivir en condiciones infrahumanas, asesinados y muertos de agotamiento en tierras del Magreb… Los recuerdos de aquellas exacciones berberiscas han dejado recuerdos imborrables en nuestro folklore, en nuestra literatura e, incluso, en la configuración de las costas (las “torres de guaita” tan habituales en la costa catalana no eran para mirar la belleza del Mediterráneo, sino para vigilar la llegada de piratas berberiscos), sin olvidar que aquel valeroso soldado que recibió dos disparos e arcabuz en el pecho y en el brazo izquierdo, en la gloriosa jornada de Lepanto, Miguel de Cervantes, dejó constancia en El Quijote de sus nueve años de cautiverio en Argel.



Los grandes olvidados de la historia europea, son los millones de antepasados esclavizados en tierras islámicas. Los europeos no somos los “malvados” de esta historia. El colonialismo se explica en gran medida por las constantes molestias generadas por la piratería islámica, berberisca y otomana. Quienes la practicaban eran asimilados a yihadistas: y lo hacían con saña y con odio acumulado. La negativa a erradicar la esclavitud, hizo necesaria la intervención europea con la consiguiente disolución de los “mercados de esclavos” que todavía existía en el siglo XIX en el Magreb. No “debemos” nada: nos deben una reparación a aquellos crímenes contra los pueblos europeos.


Hemos reunido en este volumen, distintos trabajos sobre esta temática. La intención de presentar los escritos que siguen es bloquear la última trinchera inmigracionista. Al concluir la lectura de estas páginas, el lector habrá acumulado una cascada de datos que le permitan demostrar la última falacia inmigracionista y entender por qué algunos, desde hace décadas, venimos insistiendo en que el único peligro que tiene Europa en sus fronteras exteriores procede del Sur.

Ernesto Milá (08.03.2024)


 

Contenido

- Introducción (por Ernesto Milà)

- Los negreros en Tierra del Islam

- Esclavitud musulmana

- Esclavos en tierras islámicas

- La esclavitud en tierras islámicas : un musulmán liberal sacude el tabú

- Islam y esclavitud

- Malek Chebel: “Romper el silencio”

- Esclavos negros en el Mediterráneo

- Esclavitud negra en tierras islámicas

- Diáspora africana, esclavitud e Islam

- La verdad sobre la esclavitud en el Islam

- Marruecos: Islam, esclavitud y servidumbre

- La imposible “negritud” de los musulmanes africanos

- La esclavitud forma parte del Islam

- Esclavitud en tierras islámicas

- Un africano considera la esclavitud islámica infligida a los africanos

- La esclavitud en el Islam

- Esclavitud en los países musulmanes

- La esclavitud y e mundo musulmán

- Esclavos cristianos, amos musulmanes

- La historia olvidada de los blancos esclavizados

- El olvidado comercio de esclavos cristianos secuestrados por los musulmanes

- Razzias en tierras cristianas

- La historia de los esclavos europeos en tierra islámica

- Cautivos británicos

- Esclavos ingleses en manos berberiscas

 

Características de la obra:

Páginas: 282

Tamano: 15x23 cm.

Impreso en papel ahuesado de 80 gramos

Cubierta rústica en cuatricomia

Precio de Venta al Público: 26,00 euros

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lunes, 27 de mayo de 2024

SEFARDITAS Y/O PALESTINOS... LOS MOTIVOS DE PEDRO SANCHEZ

El gobierno de Pedro Sánchez reconoce hoy al “Estado de Palestina”. Por el mismo precio, el mismo presidente, concedió nacionalidad española a sefardíes originarios de España en el año 2019. Entonces era una medida estrella destinada a interesar al dinero judío para invertir en España (algo parecido a lo que Javier Milei también ha hecho en Argentina). El resultado fue pobre-pobrísimo. Ahora, Sánchez utiliza la “carta palestina”. Queda, por tanto, demostrado: Que el gobierno español carece de línea política en materia internacional. Y lo que cabe preguntarse es: ¿a qué obedece el “activismo palestino” del presidente?

LA EXPULSION DE LOS JUDÍOS DE ESPAÑA Y EL “ETERNO RETORNO”

Vayamos a lo primero: el fracaso de la “Operación Sefarad”, esto es, la concesión de la nacionalidad española a los descendientes de los 100.000 judíos expulsados en 1492 por los Reyes Católicos. El motivo principal de la expulsión fue la “herética pravedad”, la simulación que se había convertido en habitual entre la comunidad judía de bautizarse y seguir practicando su “antigua religión”. Esta medida, unida a la expulsión de los moriscos fue lo que evitó que, desde el siglo XVI, España no se viera desgarrada por más conflictos religiosos y étnicos (hasta nuestros días). Se pueden pensar lo que se quiera de estas “expulsiones”, pero es difícil negar que evitaron guerras de religión, cerraron el camino a la expansión otomana y contribuyeron a estabilizar la sociedad española posterior a la Reconquista.

Las cifras de sefarditas expulsados han variado desde apenas 50.000 hasta 350.000. La cifra debió ser inferior a 200.000 ¿A dónde fueron? La mayor parte, inicialmente, optó por Marruecos (y, en concreto, por el reino de Fez), pero muchos de ellos abandonaron la zona, o bien en dirección, nuevamente a España, o bien hacia el Este dominado por el Imperio Otomano. Francia mantuvo cerrada la frontera para los judíos expulsados de las Españas (e, incluso, la Universidad de la Sorbonne, felicitó a los Reyes Católicos por la expulsión). Otros se fueron a Portugal, en donde se les instó a que abandonaran el país o se convirtieran al catolicismo. Los hubo que optaron por instalarse en el Reino de Navarra (eligieron Bayona como asentamiento).

No era una medida excepcional:  Eduardo I de Inglaterra había expulsado a los judíos en 1290. El Rey Felipe Augusto de Francia ordenó la confiscación de sus bienes y la expulsión de los judíos en 1182, medida revalidada por otros reyes franceses en 1306, 1321 y 1394. En Portugal serían expulsados en 1497 y en Navarra en 1498.

Los gobiernos democráticos han insistido en lo injustificado de tales medidas adoptadas en el siglo XV y lo han hecho con una óptica propia del siglo XXI. Durante el gobierno de Rajoy se aprobó una ley por la que se concedía nacionalidad española a los descendientes de los judíos sefarditas que la solicitaran. Sin embargo, se dio un plazo de cuatro años para que se formularan las peticiones. Este plazo concluyó el 30 de septiembre de 2019, cuando ya era presidente Pedro Sánchez.

Se acogieron a esta ley un total de 153.767 solicitantes, la mayoría de Iberoamérica (33.000 de México, 28.000 de Colombia y 22.000 de Venezuela), pero, sorprendentemente llegaron también de EEUU (5.400) y del Estado de Israel (4.900). Pero, finalmente, solo 8.365 descendientes de sefarditas pudieron justificar su petición conforme a la ley (se exigía certificado de antecedentes penales, documentos legalizados y traducidos que demostrasen el origen sefardí y un certificado acreditativo de conocimiento de la lengua española). No estaban obligados a renunciar a su nacionalidad anterior a la petición.

Así pues, la “Operación Sefarad” no fue, precisamente, un éxito. La mayoría de los que llegaron fueron jóvenes con títulos profesionales interesados por trabajar en España y con medios suficientes para instalarse aquí. Su presencia no ha repercutido en la sociedad española y en muchos casos, finalizados sus contratos laborales retornaron a su país de origen. No hubo ni “florecimiento” de la cultura sefardita, ni siquiera un aumento significativo de asistencia a las sinagogas. Y es que 500 años son muchos como para que un pueble conserve sus rasgos identitarios.

Ahora bien, esta medida constituyó un síntoma de las buenas relaciones entre el Estado de Israel y España. Lejos quedaban los tiempos en los que los NO-DO del franquismo aludían a “nuestra tradicional amistad con los países árabes” o cuando en las librerías españolas podían adquirirse libros de contenido antisemita. Con la democracia se entró en una era de normalización de relaciones entre ambos países y, en la práctica, la ley de concesión española a los sefardíes entraba en este contexto.

Y entonces apareció en escena Pedro Sánchez...


UNAS NOTAS HISTÓRICOS SOBRE CÓMO SE HA LLEGADO AL PUNTO ACTUAL

El 7 de octubre de 2023, grupos de militantes de Hamas (Movimiento de Resistencia Islámica) y de la Yihad Islámica Palestina, lanzaron un ataque contra granjas e instalaciones del Estado de Israel próximas a las fronteras con la franja de Gaza. El ataque, denominado “Operación Inundación de Al-Aqasa” conmemoraba el 50 aniversario del inicio de la guerra del Yom Kippur en 1973. Los palestinos asesinaron a 695 civiles israelíes (36 de ellos menores de edad), 71 civiles extranjeros y 373 soldados y policías (las cifras son de Wikipedia), en un momento en el que los judíos celebraban la “Fiesta del Tabernáculo”. No fue una “gloriosa operación militar”: fue un ataque contra civiles: un ataque terrorista de la peor especie con el agravante de violaciones a mujeres, ensañamientos, toma de rehenes. Cerca del kibutz de Reim, un grupo de 50 milicianos palestinos armados, asesinaron a 364 personas durante un festival de música. Las imágenes siguen en youTube para quien tenga estómago suficiente para verlas. Si una acción puede considerarse como terrorista y desprestigia como ninguna otra la causa palestina, esa es la que tuvo lugar el 7 de octubre pasado.

Los partidarios del reconocimiento palestino, claro está, alegan que la represalia israelí fue desproporcionada y que los bombardeos judíos, desde entonces, han causado 35.562 muertes, entre ellos 15.000 niños y 10.000 mujeres. A su vez, los pro-israelitas alegan dos razones de peso: Hamas había trazado deliberadamente una red subterránea de 4.000 km de túneles que conducían a sus arsenales, estratégicamente situados siempre anexos a hospitales y escuelas. Y, por lo demás, parece evidente que el ataque del 7 de octubre de 2023 lo inició Hamas en una zona “tranquila” (era mucho más comprensible que se hubiera producido en la zona de Cisjordania en donde menudean los choques palestino-israelíes).

Las cuestiones a plantear son muchas. La primera de todas: ¿Qué pasó por la cabeza de los dirigentes de Hamas y de la Yihad Palestina para realizar un ataque inicial tan absolutamente brutal contra kibutz? ¿Acaso no se han enterado de lo que es la “Ley del Talión”? ¿Pensaban que Israel no iba a vengar a sus ciudadanos asesinados? ¿Quién o qué les indujo a un ataque que, necesariamente, sabían que iba a conducir a un conflicto generalizado en la zona? Preguntas sin respuesta. Y es extraño porque cuando se inicia un ataque de esa envergadura -y la “resistencia palestina” nunca había empleado tanta brutalidad desde los años 70- se entiende que debe de existir un plan para el día después…

Llegado a este punto, los defensores de la causa palestina alegan que todo empezó con la creación del Estado de Israel y con el desplazamiento masivo de judíos iniciada por el movimiento sionista hace ahora algo más de 100 años. Repito: 100 años. Cien años en los que la región no conoce la paz. Si empezamos a buscar las causas últimas del conflicto, habrá que retrotraerse a los tiempos bíblicos en donde, según la mitología bíblica, los judíos que abandonan Egipto, se instalan en un territorio entregado por Jehová… Demasiado lejos en la historia…, como lejos están los tiempos en los que las legiones de Tito destruyeron el Templo de Jerusalén. Estamos en 2024, ni siquiera en 1973 cuando la guerra del Yon Kipur, ni en 1967 cuando la guerra de los Seis Días, ni en la operación anglo-francesa-judía de Suez en 1956, ni en el momento de la primera guerra árabe-israelí de 1948… Como no estamos en la época de la Declaración Balfour (1917) o de las primeras intifadas palestinas (1920-1923). Estamos en 2024 y lo que ocurrió en tiempos míticos o lo que ocurrió hace cien o incluso medio siglo, no puede servir para ocultar la situación actual.

Hoy ya no vale decir que el Estado de Israel se ha levantado en una tierra usurpada a los palestinos, porque de seguir este razonamiento llegaríamos al absurdo de discutir sobre si Jehová regaló esta tierra al “pueblo elegio” o quién había antes de que llegaran los judíos sobre esos mismos territorios.

Y la situación actual es que los palestinos tienen derecho a un Estado e Israel tiene derecho a su seguridad. Eso es todo. Si se acepta esto, se acepta la necesidad de que las partes negocien y lleguen a un acuerdo que era necesario en 1948 y que hoy aún lo es más. Y esa debería ser la única razón para que un “tercero” interviniera solo para facilitar el marco de esas negociaciones y la garantía del cumplimiento de los acuerdos. Nada más. Lo que traducido quiere decir que todo lo que contribuya a las negociaciones de paz y a llegar a un acuerdo es positivo y todo lo que aumente las tensiones es negativo.

EL RECONOCIMIENTO DEL ESTADO PALESTINO

Si aceptamos todo lo anterior, deberemos aceptar también que el eje de la cuestión no es ni lo ha sido nunca el reconocimiento del Estado Palestino, sino las negociaciones de paz. El hecho de que el gobierno de Pedro Sánchez haya demostrado un inusitado activismo pro-palestino en estos momentos es casi incomprensible. La falta de empatía de Sánchez hacia sus mismos vecinos es conocida, así que podemos imaginar lo que le importan los habitantes de Gaza… En el mes de noviembre de 2023, cuando Sánchez inició su activismo pro-palestino, solamente estaba en su horizonte personal, ligar un acuerdo de gobierno con Sumar (que siempre se había manifestado pro-palestina). Todavía albergaba esperanzas de que, cuando se cansara de presidir el gobierno español, pasara o bien a ser secretario general de la OTAN o bien candidato a la presidencia de la UE

Todavía no había estallado ni el caso Koldo, ni el caso Begoña y gozaba de cierta reputación en la izquierda internacional. Todo esto saltó por los aires en la primavera de 2024. Hoy, especialmente tras su choque con “el Javo Milei”, se ha convertido en una irrisión internacional y el tendring topic #PedroVigilaatuMujer es uno de los más seguidos de Twiter-X, a nivel mundial. Hoy, Sánchez, internacionalmente no puede aspirar a nada más que encontrar un lugar tranquilo de residencia cuando sea apeado del poder definitivamente en España (lo que ocurrirá antes o después).

Lo sorprendente es que, a medida que se le complicaba la situación interna, Sánchez aumentaba su activismo propalestino. Finalmente, solamente dos países irrelevantes dentro de la UE, Noruega e Irlanda, han aceptado seguirle -contra la opinión unánime de la UE- en su reconocimiento al Estado de Israel. Cuando, los altos objetivos políticos personales que se había propuestos para presidir organismos internacionales, ya le son inalcanzables ¿porqué sigue con esta absurda cruzada en favor del reconocimiento del Estado Palestino? La respuesta es tan simple que sorprende que no haya sido comentado hasta ahora por tertulianos y demás “especialistas” en ninguno de los canales generalistas.

En España existen entre 2.400.000 y 3.000.000 de musulmanes de los que 1.500.000 tienen la nacionalidad española: pueden votar en España. Y lo que le importa a Sánchez es seducir a este “nicho electoral”. Para ello, tiene que recurrir a medidas inequívocas: dado que la situación económica del país ya impide aumentar los subsidios y las subvenciones a la inmigración, Sánchez opta por hacerse con ese 1.500.000 de votos mediante medidas que sean consideradas por ellos como favorables. Se trata de darles una “satisfacción moral”, a falta de darles más “satisfacciones monetarias”. Además, es otra posibilidad de congraciarse con Marruecos, algo que, por algún motivo, Sánchez está empeñado en seguir haciendo hasta el fin de sus días.

No hay más explicación. No hay otra explicación. ¿La “paz”? ¿los “derechos humanos”? ¿el derecho a un “Estado Palestino”? Todo ello son palabras huecas para Sánchez: su imperativo personal está por encima de todas estas minucias. Y su objetivo, hoy por hoy, no es más que mantenerse en el poder el máximo de tiempo posible. Una carrera ciega y enloquecida de un personaje visiblemente trastornado.

En política internacional, lo que cuenta y genera confianza no es seguir la moda: ahora con los palestinos, ahora con los sefarditas, mañana quién sabe con quién… En política internacional, se logra confianza y se alcanza la seriedad manteniendo posturas firmes y “de Estado”. La política internacional practicada por Pedro Sánchez y su mariachi, Albares, suscita desconfianza en todas las cancillerías y es lo contrario de cualquier política coherente. Pero, a estas alturas, estos es lo habitual con Sánchez.