jueves, 19 de diciembre de 2019

CUANDO LAS SS NEGOCIABAN CON EL SIONISMO (3 de 4) – EL SD Y LA HAGANÁ


Von Bolschwing era miembro del NSDAP a la edad de veintitrés años, y a mediados de los años 20 se estableció en Oriente Medio importando vehículos, cobertura ideal cuando empezó a trabajar para el SD hacia 1937. Eichmann y su superior Hagen le encargaron que informase sobre las actividades de las organizaciones judías asentadas en Palestina. Von Bolschwing hizo algo más: supo de la existencia de una organización secreta judía y, no sólo eso, contactó con ella: la Haganá. Inicialmente, los informes enviados por Von Bolschwing fueron tomados con cierto escepticismo, pero con el paso del tiempo se fueron concretando y generando un interés creciente.

La Haganá (en hebreo ההֲגָנָה, la defensa) era una organización paramilitar judía creada en 1920 como respuesta a los progromos que tuvieron lugar en 1920 en Jerusalén. Posteriormente participaría como liga de defensa en los disturbios de Jaffa en 1921 y en los motines de 1929. El predecesor de Haganá había sido el Hashomer (el Guardián) liga de defensa de los primeros kibutz establecidos a principios del siglo XX en Palestina, apenas compuesto por un centenar de miembros cuando la zona pertenecía al Imperio Otomano. A estos siguió la creación de la Legión Judía durante la Primera Guerra Mundial, por Vladimir Jabotinsky.

Cuando el Reino Unido se hizo con el control de la zona, los sionistas tenían la esperanza de poder integrar la Legión Judía como colaboradora de las fuerzas del orden británicas, sin embargo, en 1919 la autoridad ocupante disolvió la organización sin atender a las protestas judías. Poco después, como respuesta, nació Haganá. A la vista de la situación, los británicos toleraron la existencia de la organización y entre 1921 y 1929 la situación en Palestina fue calmada. Pero Haganá era algo más que un grupo de autodefensa: también participó en ajustes de cuentas en el interior de la comunidad hebrea en Palestina (como el atentado contra el judío antisionista holandés Jacob Israël de Haan).

No fue sino hasta 1929 cuando estallaron los llamados “motines árabes” con las masacres de Hebrón y Safed (133 judíos muertos y 116 árabes muertos respectivamente) Haganá ganó fama entre la comunidad judía en Palestina que pasó a agrupar a la mayor parte de los jóvenes judíos de los asentamientos. En 1931, un grupo de extremistas judíos de Haganá se escindió formando Haganá B que más tarde se convertiría en Irgum Tzavai Leumí, liderado por Jabotinsky.  


http://eminves.blogspot.com/2016/05/la-sociedad-thule-de-detkev-rose.html

El detonante para la creación de este grupo clandestino fueron los progromos que tuvieron lugar en Jerusalén en 1920 que se prolongaron a Haifa, Hebrón y otros emplazamientos. La función de Haganá fue constituir la autodefensa de los kibutz y de las comunidades judías dispersas y, al mismo tiempo, constituir un sistema de espionaje de la Organización Mundial Sionista. Fievel Polkes, un judío polaco nacido en 1900 tenía a su cargo el sistema de autodefensa judía en palestina. Cuando Otto von Boschwingh envió estos informes al SD, inmediatamente la figura de Polkes llamó la atención de Eichmann quien pidió conocerlo.

El judío viajó a Berlín en febrero de 1937 celebrando un par de reuniones con Eichmann. A continuación fue Eichmann quien viajó a Palestina a invitación de Polkes. En el curso de estas reuniones quedó claro que el único interés de Polkes era aumentar la inmigración judía a Palestina para garantizar “su tradicional superioridad sobre los árabes” (op. cit., pág. 395) y su intención era comprobar si el gobierno del Reich podía cooperar en esta actividad. El emisario de Haganá prometía proteger los intereses de la política alemana en Oriente Medio. Eichmann aceptó la propuesta globalmente. A cambio, lo único que el Reich tenía que hacer era permitir que los judíos que deseasen salir de Alemania lo hicieran pudiendo llevarse una parte sustancial de su patrimonio y encauzar las salidas solamente hacia Palestina evitando que se establecieran en terceros países.

Los responsables del negociado II–112, Hagen y Eichmann, recibieron autorización para aceptar la invitación de Polkes y desplazarse a Palestina del propio jefe del SD, Reinhard Heydrich. Hagen lo haría con documentación falsa como estudiante, mientras que Eichmann pasaría como corresponsal del Berliner Tageblattes. Ambos hicieron el trayecto en el buque Romania llegando al puerto de Haifa el 2 de octubre de 1937. Una nueva revuelta árabe en Jerusalén y la declaración del estado de sitio por parte de los ingleses, frustró el encuentro y la entrevista debió realizarse en El Cairo. Polkes entraría en nómina del SD con un estipendio de 15 libras al mes facilitando informes de situación sobre la emigración a Palestina y las relaciones entre árabes y judíos. Seis meses después de este encuentro, Eichmann quedó comisionado para encauzar la emigración de judíos alemanes a Palestina y nombrado por Heydrich director de la Oficina Central para la Emigración Judía instalada en un viejo edificio propiedad de los Rothschild e incautado por el SD. Höhne da los nombres de los colaboradores que se sumaron al proyecto: “Hans y Rudolf Günther, Franz Novak, Alois y Anton Brunner, Erich Rajakowitsch, Stuschka, Hrosinek, todos ellos estrategas flemáticos e infatigables de la evacuación judía” (op. cit., pág. 397).

El problema lo constituían los judíos austríacos –en torno a 300.000– que en su mayoría carecían de medios económicos para sufragar los gastos de la emigración. La oficina de Eichmann estableció que serían los “judíos ricos” los que deberían pagar con cargo a su patrimonio la emigración de los “judíos pobres”. Heydrich lo expresó con estas palabras: “Lo hemos hecho de tal forma que los judíos ricos dispuestos a emigrar deben abonar una suma determinada a las comunidades religiosas hebreas”. Además, Eichmann facilitó y financió giras de judíos austríacos en el exterior del Reich para que obtuvieran ayuda de las organizaciones de apoyo que posibilitara la migración.
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miércoles, 18 de diciembre de 2019

CUANDO LAS SS NEGOCIABAN CON EL SIONISMO (2 de 4) – LAS OSCILACIONES DE LA POLÍTICA ANTISEMITA DEL TERCER REICH



Las oscilaciones de la política del III Reich
en relación a los judíos

En una primera fase, inmediatamente posterior a la toma del poder por el NSDAP, tomaron la iniciativa los antisemitas fanáticos partidarios de la tendencia dirigida por Julius Streicher. Se produjeron saqueos de tiendas y agresiones en las calles en los meses de marzo y abril de 1933, los médicos, funcionarios y juristas de origen judío fueron desposeídos de sus puestos de funcionarios en la administración del Estado y en determinados establecimientos se estableció la discriminación racial (en balnearios y teatros, especialmente).  Al año siguiente, esta oleada de agitación cedió y los antisemitas moderados se hicieron con el control de la situación.

En 1935, 10.000 judíos que habían abandonado Alemania en el período de radicalismo antisemita anterior retornaron al país, pero en junio de 1935, esta vez bajo la dirección de Goebels (que había terminado haciendo causa común con Streicher) volvió el radicalismo antisemita. La campaña fue iniciada por Goebels el 29 de junio de 1935 con un discurso incendiario sobre la inferioridad racial de los judíos y la responsabilidad de los intelectuales en burgueses. A partir de ese momento se expulsó a los judíos que militaban en el Frente del Trabajo y varios miles de reclutas de la Wehrmacht debieron de abandonar el uniforme.

El motivo por el que Goebels había iniciado esta campaña no era otro que la preparación del terreno para las Nürenberger Gesetze, leyes raciales de Nurenberg aprobadas el 15 de septiembre de ese mismo año, apenas 75 días después del discurso de Goebels.

Pasada esta crisis se impuso el orden y fue Hermann Goering quien atenuó la tensión. Goering en esa época se mostraba favorable a las tesis más moderadas del grupo nacionalista (segregación en todo, salvo en economía). Por otra parte, era rigurosamente cierto que había que concentrar esfuerzos en la recuperación económica y en la reconstrucción del Reich, por tanto, era preciso olvidarse de algunos problemas que podían desviar esfuerzos y atenciones.

En lo que todas las tendencias del NSDAP, devenido poder único en el Reich, era en que había que solucionar definitivamente la “cuestión judía” y adoptar una posición inamovible y que pudiera mantenerse permanentemente sin más oscilaciones.


De hecho, lo que el SD hizo fue “reformular” el antisemitismo dándole otras coordenadas: para ellos no se trataba de demostrar si había o no “conspiración judía” o si, como sostenía Streicher, masonería, bolchevismo y judaísmo eran la misma cosa, sino simplemente de reconocer que el judaísmo era un cuerpo extraño a la nación alemana y que justo por eso debía ser erradicada su presencia de la vida pública. Höhne resume el texto de un curso sobre la cuestión judía dada a las SS en 1936: “El judío es un parásito. Allá donde se asienta mueren los pueblos. Desde la más remota antigüedad hasta nuestros días, el judío esquilmó y exterminó a sus anfitriones tan pronto como ocupó el poder. Si nosotros excluimos al judío de nuestro cuerpo nacional no haremos más que defender nuestra vida” (op. cit., pág. 384). La palabra “excluir” tiene un sentido muy diferente a “exterminar”. Tal era la voluntad de las SS y del SD al menos en 1936. Pero existía un problema: ¿Excluir? ¿cómo? Y era aquí en donde aparecían las polémicas y las interpretaciones divergentes en el interior del NSDAP.

Cuando Goebels estimuló las revueltas antisemitas en la calle, las SS se opusieron y el propio diario de la Orden, Schwarze Korps, protestó considerando ese “antisemitismo perjudicial para nosotros” y Höhne añade: “La revuelta en plena calle contra los judíos se les antojó a los jefes SD una insensatez de cerebros toscos” (op. cit., pág. 385). En el ejemplar del Schwarze Korps del 5 de junio de 1935 del 5 de junio de 1935 podía leerse: “El movimiento nacionalsocialista y su Estado se oponen con toda energía a estas manipulaciones delictivas. El Partido no tolera que su lucha por los valores más sagrados de la nación sufra adulteraciones con esas escaramuzas callejeras y esos atentados contra la propiedad”. Höhne comenta: “Los hombres del SD fueron demasiado inteligentes para dejarse arrastrar por la burda propaganda antisemita del partido. Si todo hubiera dependido de ellos habrían hecho barrer hasta el último pasquín antijudío, ya que solamente les interesaba solucionar con frío raciocinio el llamado problema judío”.

Otros folletos antisemitas fueron criticados con dureza por el SD que llegó incluso a ordenar a la Gestapo que retirara de la circulación algún texto antisemita considerado como demasiado burdo, grosero y perjudicial. En concreto, un texto publicado por la editora central del partido era calificado así: “En su enorme exaltación, el autor ve también la obra del judaísmo allá donde fue efectivo un desarrollo natural e intelectual que sin la influencia del judaísmo hubiera tenido las mismas repercusiones”.

Otro personaje de primera fila en el régimen nacionalsocialista, el Standartenfüher SS, doctor Leonardo Conti (de padre italiano y madre suiza, participante en el Pusth de Kapp en su calidad de Freikorps, miembro del NSDAP desde 1923 y uno de los médicos que atendieron a Horts Wessel tras el atentado del que fue víctima y futuro ministro de sanidad del Reich) no dudó en escribir que “condenaba toda clase de odios raciales; los judíos no eran una raza inferior sino diferente” (op. cit., pág. 387).

Como puede verse, los comentarios de este estilo por parte de personajes relevantes del NSDAP de “fidelidad probada” eran abundantes en las circulares internas del SD e incluso en el diario público de las SS y están perfectamente documentadas.

No es raro que esto fuera así: Himmler había hecho de las SS la élite de la sociedad alemana. Incluso la aristocracia consideraba que la Orden Negra era el cuerpo más respetable del NSDAP en el que más a gusto podía sentirse. Así mismo, en los distintos departamentos de las SS, incluso en el Estado Mayor Personal de Himmler figuraban antropólogos, historiadores, científicos sociales exigentes desde el punto de vista cultural a los que no solamente no satisfacían los rudimentarios y toscos panfletos antisemitas, sino que los deploraban. Uno de ellos era el barón von Mildenstein, cuyas actividades en Palestina pronto llamaron la atención de Reinhard Heydrich.

El “Plan Mildenstein”

En otoño de 1934, el diario berlinés del NSDAP Der Angriff, publicó una serie de nueve artículos sobre el viaje a Palestina de von Mildenstein. Se trataba del barón Leopold Itz Edler von Mildenstein, pseudónimo de "Lím", nacido el 30 de noviembre de 1902, de familia católica, ingeniero de profesión que con 27 años se había afiliado al NSDAP (carné 106.678, anterior pues a la eclosión electoral de esta formación en septiembre de 1930) y posteriormente, en 1932, ingresaría en las SS. Tras la Primera Guerra Mundial, von Mildenstein había recorrido Palestina y conocía perfectamente la evolución de los acontecimientos allí a partir de la Declaración Balfour en 1917.

Con el nacionalsocialismo en el poder, von Mildelstein recorrió de nuevo Palestina entre el 26 de septiembre de 1933 y el 9 de octubre de 1934. En recuerdo de este viaje se acuñó una medalla conmemorativa que incluía, ex aequo, la svástica y la estrella de David. La memoria de la expedición fue publicada en Der Angriff en nueve capítulos bajo el título: “Ein Nazi fährt nach Palästina” (Un nazi va a Palestina). Serían estos textos los que llamarían la atención de Heydrich.

En 1935, von Midelstein, harto de las oscilaciones de los dos primeros años en la materia propuso lo que consideraba iba a ser la “solución final al problema judío”: la repatriación de total de judíos alemanes a Palestina, exactamente de 503.000 judíos. La operación chocaba con dos obstáculos:
- el primero era la actitud del Reino Unido que se negaba a una política de puertas abiertas en Palestina (no hay que olvidar que la zona siguió siendo colonia inglesa hasta 1948)
- y el segundo la negativa de buena parte de la comunidad judía alemana a abandonar la tierra que les vio nacer para establecerse en un lugar inhóspito del desierto. Y es que no todos los judíos alemanes eran “sionistas”.
En 1935 apenas el 36% de los judíos alemanes había emigrado y la asociación central de los judíos alemanes se negaba a promover más salidas al considerar que los judíos eran tan alemanes como los propios alemanes y que, por tanto, no estaban dispuestos a abandonar aquel territorio que consideraban su patria.
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Heinz Höhne reconoce que en aquel momento había “judíos alemanes patriotas” y también “judíos sionistas”. Estos últimos, paradójicamente, no vieron mal la subida al poder de un partido antisemita: pensaban que este episodio marcaba la derrota sobre los “judíos europeizados”, demostraba la inutilidad de los esfuerzos por integrarse en los países europeos y forzaría la emigración, voluntaria o forzosa a Palestina. Para toda una pléyade de escritores judíos, el 30 de enero de 1933 se inauguraba un período nuevo en la historia del judaísmo alemán. ¿Para qué tratar de integrarse y renunciar a la propia tradición si finalmente no era posible ser aceptado como “alemán”? ¿Para qué perder la propia identidad sin ser aceptada en ninguna otra? Y el rabino Joachin Prinz, haciéndose eco de este sentir había escrito: “Deseamos sustituir la asimilación por no nuevo: por nuestra decidida vocación de raza judía y nación judía”.

En síntesis: un sector que no daba la sensación de ser mayoritario en el judaísmo alemán, consideraba que la irrupción de una doctrina antisemita acercaría al grueso de su comunidad hacia las posiciones defendidas por los sionistas. Höhne escribe al respecto: “¡Allá donde sionistas y nacionalsocialistas anteponían raza y nación como módulo de todas las cosas, se debería tender un puente común!”. La cita de la revista de los sionistas alemanes de la época, el Jüdische Rundschau, que acompaña a este texto parece no dejar lugar a dudas: “El sionismo reconoce la existencia del problema judío y desea resolverlo de una forma generosa y constructiva. Con tal fin, quiere ganarse la voluntad de todos los pueblos, sean amigos o enemigos de los judíos, porque esta no es, en su opinión, una cuestión de sentimentalismo sino un problema real cuya solución interesa a todos los pueblos”.

El acuerdo entre hitlerianos y sionistas iba, pues, a redundar en beneficio de ambas partes: unos verían su territorio libre de judíos, los otros cumplirían su sueño de terminar con la Diáspora y retornar a Palestina y, además, por si eso fuera poco, las autoridades del III Reich no preguntarían qué deseaban hacer: simplemente los repatriarían, tanto si eran sionistas como si no.

Esto y no otra cosa era lo que proponía von Mildenstein: despertar en los judíos alemanes el amor por la tierra de la que procedían (op. cit., pág. 390). Heydrich y Himmler adoptaron este punto de vista y encargaron a von Mildenstein la redacción de una ponencia sobre cómo podría llevarse a la práctica este plan. Se creó el Negociado II–112 en el seno del SD y, en rigor puede decirse, que a partir de ese momento, con la bendición de los responsables de la seguridad del Estado, se inició un período de colaboración insospechada entre nacionalsocialistas y sionistas. Un artículo firmado por Ghunter d’Alquen, director del Schwarze Korps, notificó a la sociedad alemana la nueva orientación de la “cuestión judía”: “Tal vez no esté muy lejos la época en que Palestina recobre a sus hijos pródigos perdidos hace más de un milenio” y terminaba: “Nuestros buenos deseos, junto con la benevolencia estatal, les acompañarán”.

Entre 1933 y 1937 emigraron a Palestina 24.000 judíos alemanes. Eran pocos, la mayoría de la comunidad judía se negaba a emigrar. Von Mildenstein, a cargo del proyecto, hizo algo más: promovió cursos, seminarios, campamentos, en los cuales los jóvenes judíos recibían enseñanzas sobre lo que era un kibutz y cómo afrontar las tareas agrícolas en el desierto del Negev. Estos cursos estaban dados por funcionarios sionistas bajo la mirada atenta del SD. Höhne afirma: “Cada éxito sionista fue para los funcionarios del negociado II–112 como un éxito propio y cada fracaso les hizo sentir su propio fracaso” (op cit., pág. 391).

El SD confirmó pronto que una parte sustancial del judaísmo alemán no estaba dispuesto a emigrar a Palestina. Incluso muchos de los que, inicialmente, habían apoyado la causa sionista, luego, daban marcha atrás a la vista de la dureza de las condiciones de vida en aquel territorio que, a fin de cuentas, era un desierto a colonizar rodeado de palestinos que los veían con desconfianza y resentimiento. Para colmo, la permisividad en relación a los judíos que se dio durante el período que se inicia en 1935 y llega hasta el estallido de la II Guerra Mundial, hizo que las asociaciones de judíos no sionistas pudieran difundir sus puntos de vista especialmente entre la juventud contraria a la emigración.

Los progresos de von Mildenstein eran limitados y, sobre todo, sus relaciones con organizaciones sionistas lo habían colocado en entredicho en la jerarquía del nacionalsocialismo. Diez meses después de iniciado el proyecto, en la primera de 1936, debió abandonar la dirección del negociado II–112, a causa de las críticas por mostrarse “excesivamente simpatizante” con el sionismo y tener amigos entre sus filas. Fue sustituido por Herbert Hagen, periodista y Obercharführer SS que había alcanzado cierta fama como eficaz funcionario de la oficina un joven de 30 años nacido en Solingen, el Scharführer SS  Adolf Eichmann. En cuando a Von Mildenstein fue transferido a Asuntos Exteriores en donde sirvió hasta el final de la guerra. Fallecería en 1964.

La trayectoria de Eichmann es, como mínimo, sorprendente y llama la atención que en la biografía que se incluye en Internet se pase de soslayo que fue el interlocutor de la Agencia mundial Sionista para hacer efectivo el plan de repatriación de judíos a Palestina. Se menciona que no tenía particularmente sentimientos antisemitas e incluso que había tenido familiares judíos, una novia judía e incluso que debía “a los judíos su modesta carrera en el campo comercial” (op. cit., pág. 393). Eichmann fue nombrado director de la sección técnica “Organizaciones sionistas”. En poco tiempo leyó de manera exhaustiva todo lo relativo al sionismo, empezando por la obra de Theodor Herzl e incluso aprendió rudimentos de lengua hebrea. En octubre de 1936 publicó su informe Die Arbeit der Zionistischen Weltorganisation (La Organización Mundial Sionista) que pasó a ser una manual de las SS.

En este documento, Eichmann va más allá de donde había llegado von Mildenstein. Si este se había detenido en la repatriación como solución al “problema judío”, Eichmann se plantea las consecuencias de esa repatriación: se formaría un Estado Judío en Palestina que pronto se convertiría en potencia regional. A pesar de que el Reich facilitase la emigración de unos judíos alemanes a Palestina y la repatriación forzosa del resto (algo que satisfacía a los sionistas), lo cierto es que el “judaísmo internacional seguiría siendo el enemigo de Alemania por todos los tiempos y una Palestina fuerte podría representar un factor esencial en su lucha”. Para Eichmann, la única posibilidad de retrasar ese momento era que los ingleses contuvieran la posibilidad de creación de un Estado Judío y mantuvieran a Palestina como territorio colonial y parte de su Imperio. Esta era la posibilidad más razonable, pero la oficina de Eichmann tenía claro que no iba a durar siempre y que, antes o después, se produciría un proceso independentista y la consiguiente descolonización del territorio. Entonces reverdecerían los problemas con Alemania.

El resultado de este planteamiento fue intensificar la vigilancia sobre los medios sionistas alemanes especialmente sobre la Federación Sionista de Alemania y sobre el movimiento Hechaluz (el Pionero) que organizaba campamentos de preparación para aspirantes a emigrar voluntariamente a Palestina. Hicieron algo más en la medida en que pertenecían al SD y una de sus funciones era recabar material de inteligencia. Para ello contaba con la inestimable ayuda de Otto von Bolschwingh, el principal agente del SD en Oriente Medio.

martes, 17 de diciembre de 2019

CUANDO LAS SS NEGOCIABAN CON EL SIONISMO (1 de 4) - NO TODO EL NSDAP OPINABA LO MISMO SOBRE LA "CUESTIÓN JUDÍA"


Pocos lo quieren reconocer. Al parecer no conviene a nadie salvo a la verdad histórica recordar que entre 1935 y 1939, el SD (servicio de seguridad del Tercer Reich) negoció la repatriación de los judíos alemanes a Palestina y varias decenas de miles lograron alcanzar la “tierra prometida”. Es una verdad incómoda pero ahí está. Seguir este episodio semidesconocido nos servirá para explicar algunos giros de la política del III Reich en relación a Palestina

El esquema de los organismo de seguridad
del Tercer Reich

El Sicherheitsdienst o Servicio de Seguridad, siglado SD, había sido creado tardíamente (1932) por Heinrich Himmler y puesto al mando de Reinhard Heydrich, configurándose desde el principio como un verdadero servicio de espionaje e información, tanto en su tarea de recogida de datos como de análisis de los mismos. Incluía también un “sector operativo” encargado de neutralizar las amenazas que pudieran surgir contra los dirigentes del NSDAP y contra el propio partido.

Desde el principio este servicio entró en competencia con las Sturmabteilung (las Secciones de Asalto) que reivindicaban tales competencias a través de la sección segunda de su Estado Mayor. Sin embargo, a partir de la llamada “noche de los cuchillos largos” cuando el poder de las SA es liquidado y pasa a ser una mera “fuerza auxiliar”, el SD obtuvo la acreditación de “único servicio de información del partido”. A medida que las estructuras del NSDAP se fueron confundiendo con las del Estado, las SD pasaron a ser un servicio de información especial que apoyaba a la Gestapo (y que en ocasiones tendía a confundirse con este organismo).

El rastro del SD se inicia después de las elecciones del 14 de septiembre de 1930 en donde el NSDAP obtuvo 107 diputados y el 18% de los votos, configurándose como la segunda fuerza política de aquel país, después de los socialdemócratas y a distancia de los comunistas y de los partidos de centro y centro–derecha. A partir de ese momento surgió la necesidad –y la posibilidad– de reunir todas las informaciones que fueran importantes para garantizar la seguridad del partido. Al año siguiente, en 1931, en el interior de las SS se constituyó el Ic–Dienst bajo las órdenes directas de Himmler, el cual designó a un oficial de marina, Reinhard Heydrich para dirigirlo. Himmler reconocía así que el arma de marina siempre había tenido bajo su responsabilidad el servicio de inteligencia militar y consideró lógico pensar en un marino para acometer esta tarea (la Abhwer, inteligencia militar, estaba, igualmente dirigida, por tradición, por marinos).

Cuando estalló la guerra y se ocuparon territorios extranjeros, el SD organizó en ellos una red de informadores y agentes sobre los movimientos de oposición y resistencia y sobre la evolución política que se iba produciendo. Así mismo, el SD asumió competencias de seguridad interior, vigilando a las fuerzas armadas y a las estructuras del NSDAP. Las competencias del SD eran las propias de un servicio de información (infiltración, recogida de datos, análisis del material obtenido y –como veremos– servicios especiales; a no confundir con la Gestapo (siglas de Geheime Staats Polizei o Policía Secreta del Estado, con funciones se seguimiento de la oposición política) y la Kripo (contracción de Kriminalpolizei o Policía Criminal encargada de la investigación y represión de los delitos comunes), ambas agencias ejecutivas para la represión de delitos políticos y comunes respectivamente. Estos tres cuerpos de seguridad del Estado –Kripo, Gestapo y SD– estaban bajo el mando de Heinrich Himmler.


Tras la llegada al poder, en 1936, el cuerpo de policía se estructuró en dos grandes ramas: el Ordnungspolizei, conocida como Orpo o “policía de orden”, encargada de todo lo relativo a la seguridad ciudadana, al control del orden público y de los pequeños delitos). La Orpo, a su vez estaba organizada en tres ramas: el Schutzpolizei o policía municipal, la gendarmería o policía rural y el Gemeindepolizei o policía local.

Por otra parte, la Sicherheipspolizei agrupaba a la Kripo y a la Gestapo. A partir de 1939, ésta última quedó centralizada en el llamado Reichssicherheitshauptamt (RSHA, u Oficina Principal de Seguridad del Reich), que sería dirigida por Reinhard Heydrich hasta su asesinato el 4 de junio de 1942, siendo nombrado a continuación Ernst Kalterbrunner al frente de la misma el 30 de enero de 1943. 

A efectos de nuestro estudio conviene centrarnos en el SD  en su triple aspecto: recogida de información, análisis de la información y operaciones especiales en función de los datos obtenidos. Estas funciones son todavía más claras si se tiene en cuenta que el SD fue incluido como III Departamento de la RSHA (Amt III, Sicherheitsdienst) de Seguridad Interior y en el VI Departamento (Amt VI, Sicherheitsdienst) de Seguridad Exterior. El primero estuvo compuesto por unos 400 agentes estructurados en seis secciones cuyas funciones tras la incorporación de la Sección DI de “Investigación de Adversarios” a la estructura de la Gestapo, quedarían muy disminuidas. Entre las pocas funciones que quedaron adscritas a este departamento figuraba la situación de los alemanes residentes fuera del Reich, espionaje entre la alta sociedad (Grupo G), vigilancia de la industria, el comercio y los abastecimientos (Grupo IIID), informes sobre el estado de ánimo y la actitud de la población (Grupo IIIA), cuestiones culturales y religiosas (Grupo IIIC) y el más esencial de todos ellos a efectos de este estudio: el estudio de los problemas relativos a la “Comunidad Étnica del Reich”, raza, salud pública y minorías étnicas…

Distintas percepciones de la
“cuestión judía” en el NSDAP

Heinz Höhne, historiador de las SS, reconoce en su obra La orden de la calavera (Editorial Plaza & Janés, Barcelona 1969, pág. 382) que “…en mayo de 1940, Himmler repudiaba en su tristemente célebre memoria sobre el Tratamiento de los pueblos extranjeros en el Este, los ‘métodos bolcheviques de exterminación’, porque según sus íntimas convicciones la eliminación física de los pueblos era antigermana y antinatural. Es importante destacar la fecha: mayo de 1940. Los ejércitos alemanes se preparaban para invadir Francia y hacía ocho meses que la guerra con Polonia había comenzado y Francia e Inglaterra habían transformado un mero conflicto fronterizo en una nueva guerra europea. Antes de esa fecha, 1º de septiembre de 1939 (y Höhne así lo reconoce), el plan oficial aceptado por las SS: “expulsar a los judíos de Alemania, o dicho con eufemismo, hacerles emigrar. Por muy despiadada que fuera originariamente esa política antisemita, la eliminación física fue un pensamiento del todo ajeno a los SS hasta el estallido bélico”. Tal es el plan que vamos a intentar documentar en este artículo.

Las líneas de Höhne que hemos reproducido merecen una corrección notable: después de mayo de 1940 al ser imposible la repatriación de los judíos a Palestina a causa del conflicto, el mando de las SS valoró la posibilidad de trasladarlos a Madagascar. Francia sería ocupada en junio de 1940 y, como veremos, algunos jerarcas de las SS consideraron que el gobierno de Vichy aceptaría esté plan a cambio de compensaciones pues, no en vano, Madagascar era colonia francesa. 


Contrariamente a lo que se tiene tendencia a pensar, una vez instalado en el poder el NSDAP no tuvo una posición unánime y clara sobre cómo afrontar la “cuestión judía”. Las opiniones entre los distintos sectores del partido no eran siempre coincidentes y esto produjo entre 1933 y 1936 distintos sobresaltos e incluso enfrentamiento en el interior de la jerarquía nacionalsocialista.

Es cierto que todas las tendencias del NSDAP eran, más o menos, antisemitas, todas entendían que existía un “problema judío”, pero distaban mucho de darle la misma interpretación: mientras que en las SS, cuyo reclutamiento procedía esencialmente de la pequeña burguesía golpeada por la guerra primero y la recesión después, la opinión generalizada tendía a promover un darwinismo social que eliminara a los judíos de la vida pública y de los puestos de dirección de la política y de la finanza, otros sectores del partido se mostraban mucho más beligerantes e incluso toscos.

En la edición española del Mi Lucha (Adolf Hitler, www.radioislam/historia/hitler/mkampf/pdf/spa.pdf) aparecen 125 menciones a la palabra “judío”. Hitler explica en el capítulo II, donde retrata su vida en Viena, como llegó al racionalizar su antisemitismo. La lectura de estas referencias indica que el futuro führer, al menos mientras permaneció en Linz no era en absoluto antisemita e incluso cuenta que le enfurecían las exageraciones que solían decirse sobre los judíos en el seno mismo de su familia. Sin embargo, al llegar a Viena primero y después durante su experiencia en el frente, esta opinión cambió y cuando recuperó la vista tras ser gaseado en las trincheras ya había incorporado el antisemitismo a su concepción del mundo, tendencia que traspasó al NSDAP.
Höhne reconoce la existencia de “distintos grupos antisemíticos en el Partido, que eran, por lo menos, tres” (op. cit., pág. 387):
  • El grupo nacionalista opuesto a la presencia judía en la política y en la cultura pero que aceptaba la colaboración “casi ilimitada” en el mundo de la economía (ejemplo: Walter Groß, otro nacionalsocialista libre de toda sospecha: en 1925 se incorporó al NSDAP, su militancia era ya antigua cuando en 1932 organizó la Asociación de Médicos Nacional Socialistas y en 1933 fundó la Oficina de Población y Política de higiene Racial, diputado del Reichstag desde 1936. Escribió varios textos antisemitas como exponente de esta primera tendencia y, finalmente, murió en combate el 25 de abril de 1945 en la ciudad de Berlín luchando contra el ejército rojo).
  • El grupo de “místicos antisemitas” que formaba en torno a Alfred Rosemberg y que consideraban al antisemitismo como una consecuencia de la voluntad de pureza racial de un pueblo, mucho más que de las diferencias religiosas, muy influido por las tesis de H.S Chamberlain que pueden resumirse en esta frase: “La corrupción de la sangre y la influencia desmoralizadora del judaísmo, he aquí las causas principales de nuestros fracasos”. Podría hablarse de un antisemitismo étnico–cultural.
  • El grupo antisemita radical, dirigido por Julius Streicher, sin duda el más beligerante de todos que frecuentemente ha sido considerado como “enfermizo”. Podríamos decir que el suyo fue un antisemitismo de “sal gruesa”, orientado hacia los sectores populares de la sociedad alemana en donde esta tendencia ya estaba anidada de siempre y en donde se redobló a partir de la derrota de Versalles y de la insurrección bolchevique.
Este último sector fue, sin duda el que más tempranamente se integró en el partido hitleriano (procedente del DSP, Deutschsozialistiche Partei (Partido Alemán Socialista) dirigido por Julius Streicher quien difundía sus tesis sobre un complot judío a través de las columnas de su diario Der Stürmer. Fue este sector el que una vez alcanzado el poder provocó distintas oleadas de incidentes callejeros de corte antisemita. 

En cuanto a las SS y al SD no consideraban razonable los temas de la propaganda antisemita de Streicher y de algunos sectores de la “vieja guardia” del partido. El SD no estaba dispuesto a aceptar que los Protocolos de los Sabios de Sión (tal como reconoce Höhne, op. cit., pág. 385–86 y el Untersturmführer SS, Edler von Mildenstein, primer ponente sobre cuestiones judías en el SD, lo calificó simplemente de “patraña” y el Oberscharführer SS Herbert Hagen, experto del SD en asuntos judíos, aludía a los libros de una editorial antisemita como “engendros literarios inocuos, aparte de que se refieren abundantemente a los protocolos de los Sabios de Sión”…) fuera un documento verídico y se cuidaban mucho de distinguir entre la alta finanza judía y el judío de a pie. No es raro que Rainhard Hohm, director del Departamento Central del SD llegara incluso a decir en 1929 que “el antisemitismo era una manía infecciosa” escribiendo un libro sobre esta temática.


lunes, 16 de diciembre de 2019

PARA ENTENDER MEJOR A LOS EEUU: LOS TRES GRANDES “DESPERTARES RELIGIOSOS” - EPILOGO: "LA NUEVA ATLANTIDA" Y EL AMERICANISMO


En 1623, Sin Francis Bacon publicó un relato novelado que tendría gran influencia en la formación de un estado de ánimo favorable a la colonización del Nuevo Mundo. En efecto, "The New Atlantis" relata la aventura de unos navegantes a la que vientos adversos desplazan de su ruta y hacen recalar en una isla gobernada por filósofos-científicos: ese paraíso eran los Estados Unidos de América. Esta es la historia de un libro, del hombre que lo escribió y de la mentalidad que derivó de él.

FRANCIS BACON: UN HOMBRE POLEMICO Y MISTEROSO

Wym Westcott, Mago Supremo de la Sociedad Rosacruciana Masónica, en su "Data the history of Rosa Crucian" afirma que Bacon fue rosacruz y autor de las obras firmadas por Shakespeare. De ahí derivaría el mensaje esotérico de algunas piezas del dramaturgo.

A decir verdad, no hay documentos objetivos de la filiación rosacruciana de Bacon, pero es rigurosamente cierto que el símbolo de la hermandad -la rosa superpuesta a una cruz- aparecÍa en portada de la primera edición de "La Nueva Atlantis". W.F.C. Wigston publicó entre 1888 y 1892, cuatro grandes volúmenes sobre Bacon en los que trataba su filiación rosacruz. Afirma que perteneció a una "Sociedad Corporativa" que fundó él mismo y que luego se transformaría en "Hermandad Rosa Cruz". Las pruebas no son muy convincentes, pero sí dejan intuir que Bacon recibió algún tipo de influencia oculta.

Nuestra tesis es que, coincidiendo con lo mejor de la Edad Media, hacia el siglo XIII, apareció un movimiento místico que recibía distintas influencias: interpretación esotérica de los evangelios, tradición hermética y kabalismo. Es difícil decir cuál fue el foco originario de esta corriente y de su técnica de realización espiritual, es seguro que debió tener interferencias con el esoterismo templario y con movimientos esotéricos gibelinos como el de los "Files de Amor".

En torno a cada uno de los representantes originarios de esta corriente debieron articularse linajes espirituales que se transmitieron desde el siglo XIII hasta el XVII, sus conocimientos boca-oreja y también dejando escritos y documentos, pero, sin formar organizaciones estables ni siglas definidas. A medida que transcurrió ese espacio de tiempo se produjeron inevitables desviaciones y adulteraciones del ideal original. En algunos casos, se mantuvo relativamente próximo a la pureza de los orígenes (caso de Johan Valentin Andreae, Michel Maier, Paracelso, Karl von Erkthathausen, Robert Fludd y alguno más), en otros la tergiversación fue palmaria: tal es el caso de Francis Bacon.

No hay más que examinar la aportación de Bacon a la ciencia moderna para advertir hasta qué punto se oponía al espíritu de la Rosa Cruz originaria. Bacon fue partidario del absolutismo, mientras que la teoría rosacruz del poder proponía un Estado Orgánico y Comunitario; Bacon fue el iniciador de la ciencia experimental moderna y del empirismo, contra la tradición aristotélica. Estos dos aspectos, lo separan, no solo de la tradición antigua, sino que lo colocan como uno de los fundadores ideológicos del mundo moderno.

La Sociedad Teosófica se intentó apropiar de la figura de Bacon. Una prominente teosofista, Annie Besant -sucesora de Helena Petrovna Blavatsky al frente de la secta- llegó a escribir que Bacon fue una reencarnación del alquimista Thomas Vaughan, del último superviviente de la Casa de Rakocsky, es decir, el Conde de Saint Germain y también de Christian Rosenkreutz y de otros varios. Lamentablemente para la Besant, Vaughan nació en 1622, mientras que Bacon moriría cuatro años después... Otra teosofista apelaba a la "lectura de los registros Akhásicos" (especie de memoria colectiva del mundo en la teoría teosofista) para autentificar estos datos. Esta corriente le hace miembro de una misteriosa Orden del Casco, inspirada en Palas Atenea, la diosa griega de la guerra. Dicha orden no sería sino una de las primeras formaciones esotéricas que desembocarían en el rosacrucianismo británico.

"LA NUEVA ATLANTIDA": LOS CONTENIDOS

Los datos que proceden de corrientes teosóficas son, en general, discutibles, pero la obra de Bacon tiene referencias explícitas que muestran su inequívoca militancia en alguna sociedad de pretensiones iniciáticas.

En "The New Atlantis" describe una sociedad secreta llamada "Casa del Templo de Salomón" situada en la cúspide jerárquica de su Estado ideal. En la portada de su libro Bacon incluye una filacteria con la leyenda "Tempora patet occulta Veritas", "con el tiempo aparecerá la verdad oculta", alusión, tanto a la prohibición de llegar más allá de las columnas de Hércules, como a las apariciones periódicas de la Rosa Cruz cuyas manifestaciones y desapariciones en la historia están sujetas al ciclo de 108 años.


La llegada de los navegantes a la Atlántida en la obra de Bacon es seguida de un rito iniciático de purificación: "después del día de vuestra llegada, debéis permanecer internados por tres días", alusión inequívoca a los tres días de muerte y resurrección de Cristo. Pero hasta llegar a desembarcar los marineros tienen que jurar que "no sois piratas, ni habéis derramado sangre, legal ni ilegalmente, en los últimos cuarenta días", el mismo período de purificación de Jesús en el desierto. No es raro que los expedicionarios a la vista de este programa declaren: "Dios se ha manifestado, sin duda, en este país". Y otro proclama "estábamos enterrados en lo profundo, como Jonás lo fue del vientre de la ballena y ahora estamos entre la muerte y la vida, pues estamos más allá del viejo mundo y del nuevo". Para Bacon, la Atlántida es un estado intermedio entre la vieja Europa y la nueva América, que considera muerte y vida respectivamente. La referencia al vientre de la ballena equivale a la cámara de meditación, oscura, negra y cerrada, en donde tiene lugar la muerte iniciática en todos los ritos esotéricos.

El nombre del rey del país atlante que vivió 1900 años antes de la redacción del texto, tenía por nombre Solamona, "nosotros le tenemos por el legislador de nuestra nación. Este rey tenía un gran corazón". La misma cualidad se reconocía a Salomón; esta cualidad, unida a la correspondencia existente entre el corazón y el sol, como centros ambos del sistema solar y del hombre, se refleja en el mismo nombre del rey: Solamona, es decir, Solis-Amon, nombres del astro rey en latín y egipcio. Esta "solaridad" se repite en el ciclo de 12 años, período en el que la sociedad iniciática de la Casa de Salomón, envía expediciones al mundo para informar sobre los asuntos que suceden fuera de la Nueva Atlántida.

Finalmente muestra las excelencias de la vida subterránea: "Tenemos cuevas espaciosas y profundas, las más profundas están perforadas a seiscientas brazas, y algunas están excavadas y hechas bajo grandes colinas y montañas (...) Están por igual apartadas del sol y de los rayos celestes y del aire libre. A estas cuevas les llamamos la Región Inferior". Mientras que en todas las tradiciones el mundo subterráneo era un lugar maldito, aquí es utilizado "para curar algunas enfermedades y para la prolongación de la vida de algunos eremitas que escogen vivir aquí, bien provistos de todas las cosas necesarias"...

Bacon se dedicó a la actividad política y fue miembro de la Cámara de los Comunes. Nombrado consejero privado de la Reina Isabel I y de Jacobo I, ejerció como fiscal de la Corona, pero en 1621 fue acusado de haber recibido regalos de los litigantes y condenado finalmente en 1621.

En su puesto de Canciller consiguió que se promulgaran leyes que protegieran a los colonos. Con su libro quiso conjugar distintos niveles de necesidad: de un lado, impulsar la colonización del Nuevo Mundo para contrarrestar el formidable impulso de los navegantes españoles; de otro, definir la sociedad ideal, profundamente democrática y basada en principios espirituales.

Es a partir de la publicación de "The New Atlantis" que la colonización inglesa cobra un impulso definitivo y los peregrinos del "Mayflower" (1620) se ven definitivamente reforzados.

LA COLONIZACION DEL PARAISO

En 1550 los colonizadores españoles habían puesto pie en California y en décadas siguientes ocuparían la parte de los EEUU lindante con Méjico. La competencia con vanguardias coloniales francesas e inglesas hizo que el impulso español se centrara en Centro y Sudamérica y fuera testimonial en el Norte; aparte de algunos fuertes militares no existieron apenas colonos propiamente dichos.

La colonización del territorio actual de los EE.UU. fue inicialmente obra de disidentes religiosos ingleses. Estos se consideraban predestinados; tenían a Europa por excesivamente decadente como para que la Reforma Protestante pudiera triunfar; era preciso, pues, alcanzar un nuevo mundo y partir de cero. En su óptica, el signo más claro de elección divina de aquella tierra para una "segunda venida de Cristo" era que hasta ese momento había permanecido velada a los ojos de los hombres.

Los "Padres Peregrinos" llegaron en el "Mayflower" (Flor de Mayo) y con ellos la imprenta y el puritanismo. El Sur de los EEUU fue colonizado por caballeros ingleses y el Norte por puritanos; los caballeros del Sur eran de origen celta (galeses, escoceses e irlandeses, de carácter independiente y apegados a sus tradiciones), y los del Norte, de ascendencia anglosajona (buscadores de nuevas fórmulas de modernidad), pero todos ellos consideraban su colonización como una empresa "político-religiosa".


Ambos grupos -que, con el paso de los años y una vez independientes terminarían por chocar- compartían la misma visión teológica que veía en la aventura hacia el Oeste (realizada en dos fases: de Europa a América y de la Costa Este americana a la "nueva frontera" cuyo límite eran las aguas del Pacífico) la trayectoria de la verdadera sabiduría ¿acaso no había seguido el cristianismo la misma ruta: de Jerusalén a Roma? Según esta concepción, que tuvo gran éxito entre los teólogos protestantes del siglo XVII, la marcha hacia el Oeste representaba una progresión y un perfeccionamiento moral. Es decir, la inversión completa de la doctrina anterior para la cual la progresión hacia "occidente" suponía un encaminarse al "país de los muertos".

Veamos algunos ejemplos: para los colonos, la fundación de Massachussets contribuyó a inaugurar un espacio en el que "el Señor creará un nuevo cielo y una nueva tierra"; los fundadores de Maryland, por su parte, están convencidos, como Colón al llegar a las Antillas, de que aquel lugar era el Paraíso descrito en el Génesis; el mismo George Washington expresó una idea parecida: "Los EE.UU. son una Nueva Jerusalén destinados por la Providencia a ser un territorio en el que el hombre debe alcanzar su pleno desarrollo, donde la ciencia, la libertad, la felicidad y la gloria deben propagarse de forma pacífica"; otros, aprovechando el hecho de que Georgia se encontraba en el mismo paralelo que Palestina, vieron allí el lugar elegido. El "apóstol de los indios", Jhon Eliot anunciaba: "la aurora y el surgir del Sol del Evangelio en Nueva Inglaterra" y Cotton Mather -eclesiástico congregacionista fanático, uno de los pocos norteamericanos que abordaron la persecución de la brujería- expresó una idea aún más precisa: "La primera edad ha sido la edad de oro, para volver a ella el hombre debe hacerse protestante y puedo añadir, puritano".

Esta tendencia ha llegado hasta nuestros días; Ronald Reagan se hizo eco de éste mesianismo en 1984: "No creo que el Señor que bendijo este país, como no lo ha hecho ningún otro, quiera que tengamos que negociar algún día porque seamos débiles"; fenómenos sociales de masas como el telepredicador Jerry Falwell tenían éxito porque arraigaban sus convicciones en esta misma mentalidad: "Los EE.UU. de América, nación bendecida por la omnipotencia de Dios como ninguna otra nación de la Tierra, están en la actualidad atacados interna y externamente siguiendo un plan diabólico que puede conducir a la aniquilación de la nación americana. El Diablo entabla de ese modo una cruenta batalla contra la voluntad de Dios, que ha elevado a los EE.UU. por encima del resto de las naciones, como a la antigua Israel".

Los fanáticos puritanos obsesionados por la idea del pecado y de su expiación, se pusieron en marcha para abrir una "nueva frontera". Para ellos, los desiertos, los indios, las enfermedades y los peligros que les acechaban eran la plasmación material de los poderes demoníacos. Sus sufrimientos eran el camino para su purificación y ésta jalonaba la ruta hacia la "Tierra Prometida".

LA FORMACION DE LA MENTALIDAD AMERICANA

Fue así como, poco a poco, cobró forma lo que hoy se conoce como "american way of life", el estilo de vida americano. La "Tierra Prometida" solo se podía alcanzar a través del sufrimiento y el trabajo. Persistir en esa línea llevaría gradualmente a un progreso indefinido cuya meta lógica era la reconstrucción del Paraiso originario.
Cuando, los impulsos religiosos iniciales se atenuaron, persistió la idea laica de progreso indefinido y de trabajo. El arraigo del calvinismo en EEUU fue inmediato; para esta doctrina la fortuna y el éxito constituían el signo inequívoco con el que la divinidad marcaba a los elegidos. El justo era el multimillonario, el hombre de éxito, y el paria, en su miseria aparecía como culpable contra la ley de Dios.

Tales conceptos no podían sino terminar por hacer de los colonos algo radicalmente diferente a la Metrópoli. El problema teológico consistió en explicar como el mal había aparecido en el Nuevo Mundo, considerado reedición del Paraíso, e incluso como el Paraíso mismo. La explicación, relacionaba la entrada del mal el América con la presencia de colonos católicos, franceses y españoles, fundamentalmente. Eran ellos quienes habían armado a los indígenas o les habían incrustado sus malos hábitos. Eran ellos los que habían traído el anticristo a América. Los "padres peregrinos" debían alzar un muro contra la maldad: debían terminar la historia y comenzar algo nuevo.

Desde este punto de vista puede entenderse la inclusión del adjetivo "Nuevo" en buena parte de sus fundaciones: "Nueva York", "Nueva Inglaterra", "Nueva Haven", "Nueva Escocia", etc., era la traslación de un impulso interior bien arraigado en la mentalidad de los colonos: se trataba de renovar el mundo.

Luego, cuando cedió el impulso religioso originario, al secularizarse el ideal escatológico, cobraron forma las concepciones de progreso indefinido y el culto a la juventud. El slogan psicológico asociado a la sociedad americana de este siglo es "el país en donde cualquiera puede llegar a presidente" ¿acaso Harry S. Truman no era un vendedor de camisas? ¿y Clinton? ¿no es un hijo de honestos burgueses medios?


Uno de los motores organizativos del americanismo fue la masonería, institución que se vio también influida por este espíritu. Allí nacieron leyendas masónicas específicamente americanas que destilaban idéntico espíritu mesiánico y regenerador del mundo. Una de ellas -todavía en uso en las logias americanas- afirma que un grupo de caballeros templarios consiguió alcanzar las costas americanas después de la persecución de Felipe el Hermoso. Llevaron allí tesoros, reliquias y ritos que pasarían a la masonería local. Se llega a afirmar que los templarios llevaron el Grial al Nuevo Mundo. Los indios no compartían esta versión...

DEL BUEN SALVAJE Y EL HOMBRE NATURAL

El choque con los indios fue inmediato: desde los primeros momentos de la colonización existieron enfrentamientos con los "paganos". Los indios, bien arraigados en su concepción del mundo, no estaban dispuestos a abrazar el puritanismo; sus principios religiosos estaban fuertemente enraizados en su vida social, la conversión no hubiera supuesto solo el abrazar una nueva fe, sino renunciar a la totalidad de su estilo de vida.

En 1624, Thomas Morton, abogado inglés, uno de los fundadores de Massachussets, vendía ya armas a los nativos en nombre del viejo paganismo. En 1629 los puritanos lo encarcelaron por organizar la fiesta del "palo de mayo", equivalente a los ritos paganos de consagración del Árbol de la Vida. Los asistentes a la fiesta llevaban cuernos de ciervo y practicaron ritos orgiásticos. Quemada su casa y detenido, fue deportado a Inglaterra; regresó en 1643 a América, encarcelado de nuevo, murió en 1647.

Thomas Morton nos pone en la senda de un nuevo elemento que aparece en algunos colectivos de la sociedad americana de los orígenes: restos deformados de paganismo europeo, probablemente cultos telúricos y ginecocráticos que, supervivientes durante la Edad Media, fueron asimilados a ritos satánicos en el viejo continente. Clandestinos y ocultos en Europa, pudieron expresarse con una mayor libertad y confianza en el Nuevo Mundo.

Los puntos de vista de Morton no varían en relación a los que dieron vida a los EEUU: para Morton se trataba también de recuperar en tierra americana la pureza de los orígenes. América era la patria del "buen salvaje" o si se quiere del "hombre natural".

A pesar de las actividades de Morton en favor de los indios, a quienes considerada "buenos salvajes", estos tuvieron en los puritanos, tendencia dominante de la sociedad americana, a sus enemigos más despiadados. Los puritanos no podían admitir que los "buenos salvajes", no solo desconocieran el mensaje de Cristo, sino que además fueran impermeables a su prédica.

Los puritanos quisieron adaptarse al esquema que había creado su fanatismo religioso: ellos y no otros eran los "hombres naturales", los "buenos salvajes". Se rendía culto a la simplicidad y se tenía a la inteligencia como un rasgo diabólico: "Más se cultiva la inteligencia, más se trabaja para Satán" expresó John Cotton. Allí donde existía un granjero puritano viviendo en las llanuras, allí había un hombre justo. Las ciudades eran definidas como focos de corrupción de las que los puertos del viejo continente eran su visión más extrema y decadente.

Esta concepción constituye uno de los orígenes del antagonismo que desembocaron, primero en la guerra de independencia y luego en la guerra de secesión. Los colonos puritanos pensaron primero que la condición sine qua non para el advenimiento del "milenio" era el retorno a la pureza del cristianismo primitivo, que chocaba con las fuerzas demoníacas procedentes de Europa, con sus "gentleman" ociosos y viciosos, urbanos, en definitiva; se tenía a la práctica religiosa inglesa como el culto al anticristo.

La vida urbana no fue considerada con respetabilidad sino hasta los últimos años del siglo XIX. Y aun entonces, bajo sospecha. Cuando triunfó la revolución industrial en EEUU y se crearon grandes ciudades, los magnates de la industria realizaron actividades y donaciones filantrópicas en un intento de demostrar que la ciencia y la técnica también podían contribuir a hacer triunfar los valores espirituales.

Mientras, Europa languidecía en las convulsiones previas al desplome del antiguo régimen absolutista. Los americanos eran considerados desde Europa, especialmente por la Ilustración, como hombres simples, parecidos en su esencia al estado de infancia e ingenuidad primitivas. Su situación y hábitos contrastaba con la sofisticada decadencia de la nobleza de polvos, peluca y rapé que detentaba el poder en Europa. Esta era precisamente la virtud más apreciada por los puritanos: la rústica simplicidad de gentes que rechazaban la cultura por considerarla como muestra de un titánico satanismo. Puede entenderse así el odio puritano hacia los jesuitas, grandes cultivadores de la inteligencia puesta al servicio del papado. Los "buenos salvajes" gozaban en el viejo continente de una reputación exótica ajena a la mentalidad norteamericana.

Era precisamente esta opinión la que ponía a salvo a Europa de la influencia de la mentalidad americana. A lo largo del siglo XVIII y tras una larga guerra de emancipación, las colonias del Nuevo Mundo se fueron independizado de la metrópoli. La nueva sociedad allí creada, despertaba cierta admiración en los ambientes intelectuales europeos, sin embargo, precisamente esa simplicidad primitiva, constituía una barrera infranqueable para que estas concepciones influyeran sobre Europa. Se les veía como gentes sencillas y piadosas, tolerantes, se les tuvo por granjeros-filósofos, hombres justos que habían erradicado, el lujo, el privilegio y la corrupción; pero, con todo, no dejaban de ser algo intraducible en Europa.

Debió de llegar un hombre providencial para establecer un puente entre el Nuevo Mundo y la Vieja Europa. Ese hombre fue Benjamín Franklin y difundiría el mensaje de la Revolución americana en Francia... a juzgar por los resultados con éxito: la Independencia americana tuvo lugar en 1776, la revolución francesa apenas 22 años después. En torno a Franklin en París encontramos a casi todos los futuros revolucionarios que guillotinarán a Luis XVI y María Antonieta.