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martes, 28 de octubre de 2025

EN LA RECTA FINAL DEL SANCHISMO: la nueva situación (4ª parte) - Un “don Tancredo Feijóo” superado y a la espera - Lo que puede ocurrir a partir de ahora

Lo más descorazonador de la política española en este momento es la flema y la pasividad de Alberto Núñez Feijóo… Justo en el momento en el que tenía que movilizar a sus diputados y a la calle para poner fin al período más negro en la historia reciente de España, Feijóo opta por esperar acontecimientos, ver como el sanchismo se va desgastando a golpe de informe de la UCO y a la espera de que empiecen a caer las primera sentencias por los primeros escándalos de corrupción (el primero será el del Fiscal General, el segundo el del “hermanísimo” e, incluso es posible que el ”caso Begoña” pase por un juzgado popular a lo largo de 2026).

Una moción de censura “instrumental”, pactada previamente con Junts no estaría de más. Especialmente, si en lugar de proponerse él como candidato, lo hiciera a través de un personaje que no suscitara desconfianzas en los nacionalistas catalanes (el nombre de Miquel Roca, es el que más se baraja en estos momentos). Su función sería descabalgar de una vez por todas al psicópata de la Moncloa y sustituirlo por un gobierno de gestión que durase el tiempo justo para convocar elecciones en el plazo más breve posible. Esta es la única posibilidad que tiene Junts de jugar un papel en la próxima legislatura.

Pero es problemático que PP o Junts acepten este planteamiento que implicaría ofrecer la posibilidad de que Abascal embistiera, preguntando en sede parlamentaria a Feijóo sobre su política de alianzas. Y, en lo que se refiere a Junts, el problema sería más grave porque en Cataluña quedaría a ojos del independentismo como el partido que, gracias a su voto, derrocó a Sánchez y entregó el poder a un gobierno de la derecha estatalista.

También es posible que Feijóo prefiera rehuir el riesgo del cara a cara con Sánchez y opte por dejar que los sucesivos informes de la UCO y las investigaciones periodísticas trabajen por él. Hoy, es prácticamente imposible que el PSOE pueda remontar las previsiones electorales que le son ampliamente desfavorables.

Máxime si la posibilidad de un fraude electoral mantiene abiertos los ojos de los observadores, a la vista de que proliferan las maniobras oscuras de Indra -a cargo del recuento- en varios países iberoamericanos. La norma de fotografiar las “actas electorales” y publicarlas on line, como se hizo en Venezuela, hace que el riesgo de fraude quede conjurado.  Si hay fraude, será en el voto por correo, por supuesto, pero a la vista de cómo están las cosas -y de cómo se irán poniendo- parece muy difícil que el sanchismo remonte e, incluso, que logre salvar los muebles.

Feijóo parece haber decidido optar por el “dontancredismo”: esperar sin moverse, el desgaste del adversario hasta su derrota y mientras seguir votando junto al PSOE en el parlamento europeo para dar muestras de “madurez” de cara al canciller Merz especialmente.

6. Lo que puede ocurrir a partir de ahora

Cuanto más prolongue esta larga agonía del sanchismo, más polarización del voto y más crispación aparecerán. El olor a derrota invade todos los departamentos ministeriales y todas las sedes del PSOE. Nadie se atreve a reconocer que, ya ni siquiera las previsiones del CIS, ni la caterva de tertulianos amamantados por las ubres del poder logran animar al electorado socialistas. En estas circunstancias, empiezan a actuar a la desesperada en ayuntamientos, diputaciones y ministerios.

Es significativo que haya aumentado en las últimas semanas la “publicidad institucional” del “Gobierno de España”… síntoma de que las comisiones generadas en estas postreras campañas están suponiendo un reparto apresurado de sobres, de la misma forma que las subvenciones absurdas e imposibles de seguir a las más inverosímiles campañas humanitarias y a ONGs “sin ánimo de lucro”, improvisadas y ridículas, suponen las últimas mordidas de un gobierno de nulidades, mangantes y ambiciosos sin escrúpulos a imagen y semejanza del capo de tutti i capi.

Mi impresión es que el capítulo de la corrupción socialista no se ha cerrado todavía. Falta un final kolossal a la altura del sanchismo. La posibilidad de pasar años a la sombra, hace que sea cuestión de tiempo el que alguno de los puteros y vividores del sanchismo, piense si no será mejor “colaborar” con la justicia, salvar lo salvable y liberarse de responsabilidades. Creo que todavía nos falta mucho que ver en este terreno y las intentonas de Marlaska de reconfigurar la UCO, indica perfectamente que aún queda mucho por salir. Acaso lo más importante.

Ya no se trata de “lo quede del PSOE en el postsanchismo”, sino de lo que “quede de España”. El país saldrá de este período luctuoso marcado para siempre, con un lastre de casi dos billones de deuda que se proyectará sobre las generaciones posteriores de españoles.

No tenemos la menor duda de que Feijóo evitará, por todos los medios, hundir al PSOE, renunciará a sacar toda la bazofia que hay debajo de las alfombras de los ministerios (si es que queda alguna que no se hayan llevado los socialistas). Lo normal en el día 1 de su gobierno sería que se auditaran todos los ministerios para saber exactamente la situación del país y la magnitud del agujero negro dejado por los socialistas. Como “lo normal” hubiera sido que Rajoy, cuando llegó al poder, hubiera realizado una investigación exhaustiva de lo ocurrido el 11-M… Ni ayer Rajoy, ni mañana Feijóo tienen la más mínima intención de hundir por completo al PSOE. Esa es la tristísima realidad.

No va a ser un período fácil. Estamos persuadidos de que Feijóo preferirá pactar con los restos del PSOE o bien formar un gobierno monocolor sin participación de Vox (y Vox demostraría poca sensatez si por tener prisa en “tocar poder”, accediera a jugar en un futuro gobierno presidido por Feijóo el mismo papel que está jugando Yolanda Díaz en el sanchismo).

Ahora bien ¿quién será el “líder socialista” que asuma la herencia envenenada del sanchismo? No hay ni una sola figura de alcance nacional que pueda sustituir a Sánchez, ni mucho menos posibilidades de reconstruir un proyecto socialdemócrata creíble. Una “gran coalición” puede ser solamente “grande”, si los dos partidos que la forman están más o menos igualados y muestran estabilidad interior. Y eso no ocurre: en el PP, la posibilidad de pactar con el PSOE “liberado de Sánchez”, es una posibilidad que rechaza de partida una parte sustancial de su electorado. Por su parte en el PSOE las cosas no van mucho mejor: un partido que siempre ha ido de “primera” o “segunda opción” para los electores, no puede quedar en tercer o cuarto puesto sin sufrir un trauma interior. Y esto es lo que puede ocurrir con el PSOE en varias comunidades, incluidas algunas provincias andaluzas. Por eso el PP se ha equivocado, o más bien ha sido María Guardiola adelantándose y convocando elecciones en Extremadura, cuando Andalucía o Valencia, con mucho más peso específico, eran las adecuada para generar adelantos con repercusiones en la política nacional.

Descartada la moción de censura, descartada la presentación de un “candidato instrumental” para la convocatoria de elecciones, con un Sánchez aferrado al poder y rezando para que se produzca un milagro que lo salve de pasar de la poltrona de La Moncloa al banquillo de los acusados, podemos decir que estamos en la “medianoche oscura de España”.

Los problemas, podridos por décadas de ignorarlos, no los va a resolver Feijóo en su mandato: ¿cómo podrían resolverse el tema de los, entre 200 y 400.000 okupas diseminados por toda España? ¿con una simple ley? ¿dónde van a ir a parar? No es un problema que se soluciones de un día para otro.

¿Y la inmigración masiva? ¿cómo se va a detener la islamización progresiva de algunas zonas del Estado? Si se ofrecen incentivos para la natalidad, está más que claro que la inmensa mayoría irán a parar a manos magrebíes y subsaharianas. Si se construyen viviendas sociales, como no quede claro que son para “españoles”, se ampliará la colonización extranjera de barrios enteros. Todo lo que no sea “remigración” no es la solución.

Si el Estado reduce ministerios, restringe gastos, sin planes de reconstrucción industrial, ni reducción de la presión fiscal, el número de parados puede dispararse en pocos meses. Si no se cortan de una vez por todas subsidios a los sindicatos (“el que quiera un sindicato, que se lo pague”), estos residuos de otros tiempos volverán a convocar “huelgas generales”, paros y manifestaciones, a pesar de que solo tengan a la “mafia de la cultura” detrás. Si no se reordena la educación y la sanidad (y para ello sería necesario que el Estado recuperara la totalidad de la gestión en esas áreas), estos dos servicios públicos van a ser cada día más y más inservibles.

No, la España que heredará Feijóo es un “regalo envenenado”, quien se haga cargo tiene por delante un largo período de angustia, especialmente, si no es capaz de actuar al margen de las directivas de la UE. Y Feijóo no es capaz, desde luego.

La hora de Vox no ha llegado todavía. Llegará -como está llegando la hora del Rassemblement National en Francia o de Acción por Alemania, del Partido por la Libertad holandés (como se verá el próximo 29 de octubre), la de Chega! en la nación hermana portuguesa, la del FPÖ austríaco, como ha llegado la hora de Orban o de la Meloni, y así sucesivamente.

Solo hay que tener un poco de paciencia. Estamos en puertas de un cambio radical en la política española. El hecho de que los resultados obtenidos en las elecciones generales de 2023 o en las pasadas elecciones catalanas de 2024, ya no sean los que se obtendrían hoy, sugieren que la “movilidad” del electorado es máxima y nunca antes vista en la España democrática, síntoma inequívoco de grandes cambios.

 El problema es hasta cuándo se prolongará esta fase terminal de un ciclo (el iniciado en 1978) y cuándo se entrará en el “nuevo curso”. Para ello hace falta que las viejas opciones pierdan toda credibilidad y que las nuevas se afirmen definitivamente.

 

 


 








 

 

 

EN LA RECTA FINAL DEL SANCHISMO: la nueva situación (3ª parte) – El deterioro imparable del PSOE - El test extremeño


La versión oficial dice que el PSOE es un partido “resiliente” que se recupera pronto de sus crisis. Pero esto tiene poco que ver con la realidad: el PSOE es un partido como otro cualquiera, con una historia a sus espaldas poco edificante y que, de no responder a las exigencias del electorado corre el riesgo de entrar en estado gaseoso. Es cierto que el PSOE soportó bien la crisis que entraño su “desmarxistización” y su conversión a la “socialdemocracia”. Tras el ciclo felipista, el PSOE se encontró con una crisis de liderazgo. Entonces apareció ZP, “bambi”, un tontorrón que supo encandilar al electorado con un discurso “buenista” e ingenuo-felizote. Eran los tiempos en los que el electorado de izquierdas creía en su “superioridad moral”. ZP asumió todos los temas de los que mensualmente traía noticias El Correo de la UNESCO: estudios de género, igualdad hombre mujer, discriminación positiva, wokismo, pacifismo, mundialismo, corrección política, globalización, relativismo, memoria histórica, aborto, etc, etc, etc. Su política, desde el principio, no fue “socialdemócrata”, sino una extraña mezcla de temas del pasado con obsesiones injertadas por los muñidores de la Agenda 2030. Y la cosa se mantuvo con sus coñas de “Alianza de Civilizaciones” hasta la crisis económica de 2007-2011. A partir de ese momento, el proyecto “socialdemócrata” entró en banca rota y la propia Internacional Socialista (hoy presidida por Sánchez) perdió influencia (e incluso algunas de sus secciones europeas) apareciendo sustitutos regionales como “el Grupo de Puebla” del que forma parte el PSOE, Sumar y Podemos.

Los vientos ya no soplaban a favor de la socialdemocracia, sino muy en contra: lo normal hubiera sido sacrificar la sigla “PSOE”, cuando aún había tiempo, a un proyecto de “unión de la izquierda”; pero la cuestión era que faltaba liderazgo y sobre todo temática: ¿en base a qué puede unirse la izquierda? ¿para contrarrestar a la derecha? ¿en base a qué proyecto? el paquete wokismo-corrección-LGTBIQ+-welcomerefugies, etc, ¿puede encontrar eco en el electorado?

Cada una de estas salidas se presenta como más problemática que la anterior, así que finalmente, el PSOE cayó en manos de una camarilla de desaprensivos, sin doctrina, sin proyecto, con dos únicos fines: lucrarse con el ejercicio del poder y saquear al Estado y a la sociedad. Ese es el pedrosanchismo. ¿La sigla PSOE? Vacía, amortizada y sin futuro. ¿la “unión de la izquierda”? ¿para qué? Si a lo mejor, es con la derecha con la que conviene alinearse según la vía alemana…

Y, a fin de cuentas, ¿qué importa todo esto si de lo que se trata de “pillar de lleno” y procurar que se extienda el mayor tiempo posible el permanecer con las llaves de la caja…? ¿Y luego? Siempre habrá un país en el que recalar con unas cuantas maletas repletas de “chistorras”. A fin de cuentas, factótum del socialismo italiano Bettino Craxi hizo lo mismo antes de tomar las de Villadiego camino de Túnez. La camarilla sanchista, es de suponer, que ya habrá elegido un destino dorado para eludir la justicia española. Marruecos, con seguridad, no sea que tanto Venezuela, como Colombia, como Chile, sigan el camino de Argentina, Bolivia o Perú y terminen dando un giro copernicano.

El problema del PSOE en este momento es que el sanchismo ha vaciado el partido. Ya no queda “militancia”, tan solo un grupo de individuos sin oficio ni beneficio que solamente saben ganarse la vida a la sombra del erario público. Y eso, solamente si las elecciones les son favorables y logran conservar un mínimo de poder. El “proyecto socialista” se ha difuminado por completo. Incluso los disidentes del sanchismo -léase, “los que se quedaron fuera del reparto de poltronas”- solamente alcanzan a proponer un retorno a la vieja y desgastada socialdemocracia.

Desde el zapaterismo, la base electoral del PSOE se ha ido marginalizando y hoy no pasa de ser un cuerpo funcionarial dirigido por una banda de salteadores de caminos, dentro de la cual ninguno se fía del de al lado. Y todo ello en medio de la mayor incompetencia en la gestión de sus departamentos. Las Juventudes Socialistas, si siguen existiendo, es a título póstumo. UGT, se ha desvinculado por completo del PSOE y, como todo el mundo sindical, es una sombra de lo que fue en los años 30 y nunca más volvió a ser.

Con el zapaterismo cayó la socialdemocracia, pero la sigla “PSOE” resistió. Con el sanchismo será el PSOE el que caiga para siempre. A partir de entonces sus últimos mohicanos estarán obligados a pactar con otros grupos la formación de una “unión de las izquierdas” que tardará en volver al poder si se mantiene enrocado en los principios mundialistas, woke, en el Welcome refugies, en los derechos LGTBIQ+ y en la defensa de los okupas, formado por una élite universitaria educada en todos estos “valores” y que espera recibir el voto de los “nuevos españoles” a condición de proponer más subsidios y subvenciones a todo.

Paradójicamente, la única tabla de salvación a la que podrán agarrarse los restos del PSOE en el postsanchismo, es el PP y la idea, tan repetida por sus líderes de que la democracia española es hija de los consensos de 1977-78 y, por tanto, al igual que la UE, es el resultado del acuerdo entre el centro-derecha y la socialdemocracia para constituir un sistema estable. Feijóo y la actual dirección del PP miran mucho más que en ninguna otra época anterior, a “Europa” y harán lo que les recomienden los democristianos alemanes: seguir siendo fieles al proyecto originario de la UE y evitar que pase lo que ha ocurrido en Francia, a saber, que la desaparición del Partido Socialista ha generado una inestabilidad congénita en el sistema.

Y no nos cabe la menor duda de que Feijóo hará caso de las recomendaciones del canciller Merz, incluso a costa de decepcionar a parte de su electorado, para “salvar el sistema político europeo”. Si Feijóo tiene que elegir entre ser el primero en “romper el cordón sanitario” para aislar a la “ultraderecha” y arriesgarse a perder a un 30% de su electorado como mínimo, para salvar el “sistema de equilibrios europeo”, aislando a Vox y pactando con los restos del PSOE, no albergamos la menor duda de que optará por esta última opción.

4. El test extremeño

María Guardiola es, de todos los “barones” del PP la que está situada en posiciones más centristas. De hecho, en todos los rubros, propone lo mismo que el PSOE, pero sin el puño y la rosa (por eso Vox no ha aprobado sus presupuestos). Esto se comprobó justo después de las últimas elecciones autonómicas cuando empezó ninguneando a Vox, incluso insultando al único posible aliado para su investidura. No es ningún lince, precisamente, María Guardiola, ni siquiera es una mujer bregada en política o que entienda cómo funciona la política en España. No es una mujer “de partido”: es ella, nada más que ella la que decide…

De ahí que haya cometido el error de convocar elecciones anticipadas en el momento en el que su partido decidía qué iba a convocar un gran fin de semana electoral adelantando elecciones en comunidades autónomas hoy bajo su control.

Si estas elecciones eran muy peligrosas para el PP, porque, podían demostrar que, efectivamente, el PSOE iba desgastándose hasta quedar en fuera de juego, el riesgo era que el PP subiera solo unas décimas de punto y se produjera una eclosión del voto hacia Vox. El PP quedaría así en una difícil situación de cara a las generales y Feijóo cada vez sentiría más en el cogote el aliento de Abascal.

Y entonces María Guardiola convoca elecciones anticipadas para el 21 de diciembre…

En 2023, Vox obtuvo un 8,13% de los votos y 5 diputados, suficientes para operar el desempate entre PP y PSOE, ambos con 28 diputados, a la vista de que Podemos-IU había obtenido 4. Pero ahora, si bien los escándalos protagonizados por el “hermanísimo” de Sánchez y la camarilla de socialistas locales ha hecho perder votos al PSOE, el PP apenas avanza, mientras que Vox, en la encuesta más reciente (27.10.2025) estaría próxima a duplicar sus diputados, mientras que la extrema izquierda, prácticamente desaparecería.

Así pues, es posible que, a María Guardiola, ese “ripio libre” del PP, residuo de la época de Casado, le salga el tiro por la culata: seguirá siendo presidenta de la comunidad, pero habrá confirmado las peores expectativas de Feijóo: Vox crece más que el PP. Un mal augurio para este partido.

Mucho peor todavía para el PSOE que, no solamente puede perder un mínimo de dos escaños, sino ver como su eventual aliado, Podemos-IU, lejos de recuperar esos votos, se sume en una crisis aun mayor, pudiendo quedar sin representación parlamentaria, anticipo del peor escenario para la izquierda.

Si este adelante electoral se hubiera realizado en otras regiones, incluso en aquellas en donde Vox ha tenido problemas internos y ha debido reconstruir sus filas, el resultado podría ser incluso más decepcionante para el PP: es el ganador, sí, pero su avance es lento, sin entusiasmo, sin jóvenes, sin trabajadores, sin ideas claras que transmitir al electorado.

 

 









EN LA RECTA FINAL DEL SANCHISMO: la nueva situación (2ª parte) - La Cataluña de Illa, como la España de Sánchez

El ministro de sanidad de la pandemia, el licenciado en filosofía, antiguo secretario de organización del PSC, ha logrado mantenerse en el poder como “presidente de la Generalidad” sin que su prestigio se haya menoscabado particularmente. Ahora bien, tampoco ha logrado hacerse más popular. Ha incorporado a su gobierno algunos temas del independentismo, ha ganado a funcionarios de ERC y de Junts, siempre dispuestos a arrimarse al pilón del poder, sea quien sea quien lo ocupe, pero, a decir verdad, el gobierno catalán es como una barca que ha perdido el timón en alta mar. Navega según soplen los vientos. Y vienen de todos los puntos cardinales.

En primer lugar, cabe recordar que Cataluña es la región más “orwelliana” del Estado, en donde existe una “verdad oficial”, proclamada ayer por La Vanguardia y hoy por TV3, que siempre ha insistido en que “en Cataluña no pasa nada”. Todos los problemas aparecen en la otra orilla del Ebro. En Cataluña, pues, todo es una balsa de aceite: el “oasis catalán”. En realidad, es todo lo contrario.

La gran diferencia que hay entre antes y después de las elecciones de 2024, es que el proceso de degradación social que estaba abierto en Cataluña, y que los nacionalistas en el poder desde tiempo inmemorial habían conseguido ocultar, es percibido a pie de calle. Hoy zonas de Cataluña, zonas obreras, principalmente, completamente islamizadas. La delincuencia se ha disparado, en localidades de tamaño medio como Mataró hay 500 casas okupadas. Zonas, como la montaña catalana, de la que ha partido el fenómeno Orriols, que viven de la ganadería porcina, paradójicamente, tienen una presencia masiva de inmigración islámica. Mas de la mitad de residentes en Barcelona, no han nacido en España. La vivienda se ha encarecido hasta lo imposible, no hay natalidad “catalana” (en donde las dos partes tengan apellidos catalanes), la natalidad “española” (un solo apellido catalán y otro castellano) es mínima, pero la musulmana triplica estas cifras, entre magrebíes y, más aún, entre subsaharianos. Y esa masa, que ha optado por asentarse en Cataluña, supone una losa, un peso muerto para la economía de la región, que tiene, en grandísima medida, que mantenerla.

 
HISTORIA DE LA REVOLUCIÓN NACIONAL-SOCIALISTA EN TRES VOLÚMENES

La obsesión lingüística y el mantenimiento de la política de “inmersión” en la enseñanza podía hacerse mientras el grueso de los alumnos eran catalanes o hijos de castellanoparlantes que la aceptaron sin grandes resistencias. En el fondo castellanos y catalanes eran grupo “contiguos” sin muchas diferencias. Pero el problema, ahora, es que, el número de alumnos magrebíes y subsaharianos ha crecido en las aulas: estos dos grupos étnicos dan muy poca importancia a la formación y suponen un lastre conflictivo en las aulas, mientras que los procedentes de Hispanoamérica se desinteresan por la enseñanza en catalán que rechazan abiertamente.

El resultado ha sido que Cataluña se haya convertido en el farolillo rojo de la educación en Europa. Este tema, que no es nuevo, lleva arrastrándose como mínimo desde finales del milenio anterior, pero ahora ha alcanzado proporciones insoportables.

Illa, amparándose en estadísticas y datos que atribuye a organismos estatales, sigue sosteniendo que “aquí no pasa nada”. Pero, el problema para él, es que la calle piensa justo lo contrario, especialmente en municipios que más habían apostado por la “integración de los inmigrantes”, habitualmente gobernados por socialistas.

El parlamento de Cataluña está compuesto por 135 diputados… En las últimas elecciones regionales Vox obtuvo 11 diputados. Hoy llegaría a 20-22 como mínimo, superando ampliamente al PP. Pero es que los 2 diputados de Aliança Catalana, hoy, serían 20 y, mañana, probablemente superen esa cifra: en total, más de 40 diputados antiinmigracionistas ¡un tercio del parlamento! Y diputados, además, que se dirigen hacia dos sectores muy bien definidos: los hispanoparlantes y los catalanoparlantes, ambos tocando los temas que preocupan extraordinariamente en la calle y, para colmo, muy preocupados en ambos casos, por el derrumbe moral y ético de la sociedad y de la política catalana.

Illa en la Plaza de San Jaime, como Sánchez en la Moncloa, atrincherados, respondiendo mal a las críticas (el odio de Illa hacia Silvia Orriols es irreprimible y, cada vez que ésta toma la palabra, las cámaras nos muestran a un Illa crispado hasta las puertas del colapso), siguen la costumbre de adoptar decisiones absurdas e incoherentes como forma de contentar a socios. Ayer, Illa pactó con Comuns, la creación de una “unitat antidesnonaments” y un “registre de gran tenidors”… la “unidad anti desahucios” de la gencat, ¡cuando el problema real no son los desahucios, sino las okupaciones responsables en grandísima medida del alza del precio de los alquileres! Y, en cuanto al registro de grandes propietarios tenderá a demostrar que no son tantos como parecen y, a la postre, implicará el cese en seco de la inversión inmobiliaria privada en Cataluña, mientras no se restablezcan garantías jurídicas para los propietarios… A cambio de esto, Illa suelda un poco más el pacto de gobierno con Comuns. Pero no es eso lo que esperaba la “Cataluña real”, sino más bien un “unidad antiokupas” y un registro de “inquiokupas profesionales”.

Illa, hombre poco imaginativo, sigue en esto las políticas del sanchismo. Nada de impulsar la obra pública, nada de iniciar la construcción de viviendas, ni siquiera para emplear a parados y resolver el problema de la escasez de viviendas… mejor trasladar a lo “privado” un problema que tendría que solucionar lo “público”: ¡que la escasez de viviendas la pague la sociedad, no el Estado, ni la gencat! ¡que sean los particulares los que vean peligrar su patrimonio en lugar de ser el Estado el que debería ayudarles a salvaguardarlo! ¡que sean los particulares los afectados por las okupaciones y no la gencat! Y, por favor, nada de recordar que en los años 50 y 60 se construyeron cientos de miles de viviendas por iniciativa pública para absorber el chabolismo. Mejor quitar las placas con el yugo y las flechas, no sea que alguien vaya a recordar que Franco, además de fusilar a torturadores como Grimau o fusilar a personajes nefastos como Companys, construía edificios sociales a destajo, barrios enteros en Barcelona y en el cinturón industrial. Para Illa, la peregrinación anual a la tumba de Companys se ha convertido en un rito tranquilizador para ERC.

La situación en Cataluña se está degradando a tal velocidad que los resultados electorales de hace año y medio ya no se corresponden con la realidad. Solo que Illa no lo ha advertido aún. Veremos si sale indemne de los informes de la UCO (algo que parece improbable si tenemos en cuenta que fue el “ministro de la pandemia” y que con él se desató la fiebre de las mascarillas el gran pelotazo de los corruptos). Cuanto más tiempo pase, más degradada estará la situación, mas que maquillarán los informes sobre delincuencia, más se insistirá en la “inmersión lingüística”, más inmigración inintegrable llegará a Cataluña, menos inversión privada llegará a Cataluña, más saturados estarán los servicios públicos (especialmente la sanidad), más aumentará la opresión fiscal para mantener tranquila a la inmigración subsidiada (y hoy Cataluña es la región del Estado con más presión fiscal, más deuda y una burocracia más paquidérmica).

Pero, todo esto, generará el que la crisis del PSOE en el postsanchismo, repercuta también en Cataluña en el PSC. El proyecto, iniciado con ZP y seguido por Sánchez de reemplazar los votos perdidos entre los trabajadores, por el voto de los “nuevos españoles”, es problemática y, en cualquier caso, genera hostilidad tanto entre el voto “españolista” como en el votante “catalanista”.

Illa está cogido en la misma trampa que Sánchez, como si Cataluña fuera la fotocopia reducida de España: sus aliados le exigen cada día concesiones -la última, la “unidad anti desahucios” -quizás la medida más loca en la materia aprobada por la gencat- para que Comuns se anote un éxito y la creación de un bufonesco “cuerpo diplomático catalán”, promesas de ”financiación singular” e incorporación de cuadros en “paro” procedentes de ERC a la gencat para satisfacer a este sector político. Cesión, concesiones, medidas cosméticas, aumento de la burocracia, de la deuda catalana (que no habrá condonación que la soporte), una permanente locura que se inició en tiempos de Maragall y que hoy, alcanza cotas máximas en medio de un giro del electorado hacia posiciones anti-inmigracionistas.

 

 








EN LA RECTA FINAL DEL SANCHISMO: la nueva situación (1ª parte) - Lo que implica la tocata y fuga de Junts

Derrotado en las elecciones de 2023, Sánchez ha logrado atrincherarse en La Moncloa fraguando pactos con otros perdedores de las mismas elecciones (Junts, ERC, PNV), cambiando Podemos por Sumar, y con el apoyo incondicional de los bilduetarras los únicos que ganaron 75.000 votos entre Navarra y el País Vasco en aquella ocasión. Sánchez olvidó el viejo refrán español: “al perro flaco, todos son pulgas”. Quienes no lo olvidaron fueron todos los partidos que le dieron mayoría en la investidura y que, a partir de ese momento, formaron el cartel de los chantajistas: si Sánchez quería mantener su mayoría debía pagarla a precio de oro.

Y, probablemente, el electorado hubiera aceptado la nueva situación, si la situación general del país hubiera mejorado y si el gobierno fuera ejemplo de virtudes cívicas. Pero ha resultado todo lo contrario y, en cada elección celebrada desde entonces, tanto el PSOE como sus apoyos, han ido perdiendo votos y poder autonómico y municipal (con la excepción catalana que, como veremos, repite el drama del PSOE en el Estado, pero a nivel regional). La mala gestión, los casos de corrupción (que indican la podredumbre avanzada del PSOE), la imposibilidad para cumplir pactos contraídos, las excusas de mal pagador, el descontento creciente (manifestado en una radicalización del electorado, especialmente hacia la derecha), han sido las causas del desgaste que están sufriendo los apoyos de Sánchez tanto como el propio PSOE.

Los que pensaban obtener grandes avances en su apoyo a Sánchez, olvidaban que, en su caída hacia el abismo, el “galgo de Paiporta”, los iba arrastrar con él a la sima. No en vano, en estos dos años, PNV, Junts, Sumar, ERC, CC, han sido cómplices necesarios en el desaguisado de la política española. ¿Cómo hemos llegado al punto en el que nos encontramos hoy? Un PSOE agónico, dirigido por un enfermo y un país paralizado camino de su noche más oscura, sin un solo elemento que permita el optimismo a corto y medio plazo: esta es la realidad de España a finales de octubre de 2025.

Vamos a examinar algunos aspectos de la actual situación:

1. La tocata y fuga de Junts: lo que implica

2. La Cataluña de Illa como la España de Sánchez

3. El deterioro imparable del PSOE

4. El test extremeño

5. Un Feijóo superado y a la espera

6. Lo que puede ocurrir a partir de ahora

*     *     *

1. Lo que implica la tocata y fuga de Junts

Los herederos de la muy corrupta Convergencia Democrática de Cataluña van sumando lastres: primero la herencia envenenada del pujolismo que, en su momento, convirtió a Cataluña ex aequo con Andalucía, en vanguardia de la corrupción del Estado; luego, la insensata e imposible aventura del “procés” y la no menos prolongación de Waterloo; finamente, los acuerdos con Sánchez que han terminado desmoronando a los restos de Junts.

Desde el principio, parecía claro -incluso para los miembros de ERC que fueron encarcelados por el “procés”, que Puigdemont se había portado como un cobarde, huyendo en el maletero de un coche y viviendo a cuerpo de rey en el barrio más lujoso de Bruselas. A los epítetos de “irresponsable”, “no particularmente inteligente”, “nulo estratega” y de “dejarse arrastrar por las bases”, repetidos por la derecha, se unió el mucho más hiriente -pero también muy real- de ”cobarde”, difundido por lo bajini por ERC. Todos ellos, tanto la derecha estatalista como el independentismo, tenían razón: Puigdemont hubiera sido un alcalde aceptable de su pueblo, Amer con 2.000 habitantes, un excelente presidente de una comunidad de vecinos… pero no de una comunidad autónoma enfebrecida desde 2003 por el “nou estatut” de Maragall. No era ni un líder, ni un estratega, ni siquiera un político inteligente.

Y pasó lo que tenía que pasar: que el tiempo lo mata todo y lo pone todo en su lugar. La última vez en la que Puigdemont vivió una situación e “popularidad” fue el 11-S de 2024 cuando, arropado por un sector los “mossos” realizó una fugaz aparición a este lado de los Pirineos. De hecho, por entonces, solamente se tenía el recuerdo de Puigdemont gracias a los informativos de TV3. Su figura, resultaba cada vez más distante, oscura y olvidada para el catalán de a pie.

En su partido, Puigdemont seguía siendo el “líder”… hasta que de la montaña catalana descendió Silvia Orriols. Un personaje limpio, sincero, con ideas muy claras y, sobre todo, sin ningún compromiso previo, salvo con el sentido común. Con dos diputados en el parlamento regional, inicialmente ninguneada por Illa y por TV3, despreciada por el resto de fuerzas políticas y recluida en el “corral” junto con Vox, ha logrado, en un tiempo récord, ganar unas sólidas bases en toda Cataluña a expensas de ERC, en gran medida de CUP, y, sobre todo, de Junts.

Y este es el nuevo elemento que ha generado terror entre los cuadros “profesionales” de Junts: ver que su electorado está migrando hacia Alianza Catalana (las encuestas en este momento, le dan 20 diputados), mientras Puigdemont sigue solamente preocupado por resolver su situación personal.

Y las bases de Junts han impuesto a Puigdemont un alto en el camino y la ruptura con la coalición que propició la investidura de Sánchez.

Después de ocho años del “procés”, ha ocurrido lo que era lógico y ha tardado en manifestarse: que su impulsor cargara con los efectos secundarios de aquel fenomenal error de cálculo. Hoy Puigdemont pesa muy poco en Cataluña y nada en España. Su “venganza” es que Sánchez “se sentará en la poltrona, pero no gobernará”. Y, de partida, excluyen cualquier pacto con él. Sánchez desearía satisfacer hasta las trancas a Puigdemont, pero el problema es que ya no le quedan opciones.

La última, casi grotesca, ha sido la declaración de que Alemania había aceptado el uso del catalán en la UE: menos de tres horas después, el gobierno alemán desmentía el bulo propagado por Sánchez. En realidad, por tres veces, la UE, con Alemania en cabeza, ha dado portazo al “catalán en la UE”. En cuanto al “retorno” de Puigdemont, sin pasar por la trena, tampoco depende de Sánchez. Y eso era lo que cada vez interesa más al “fugado” y menos a su propio partido.

Tal como están las cosas, Junts se enfrenta a un dilema dramático: si no se celebran elecciones en los próximos meses, cada vez es más seguro que Alianza Catalana, le supere en votos (al ritmo que está creciendo y a la vista de las cifras de delincuencia, okupación e inmigración ilegal en Cataluña). Junts precisa elecciones a la voz de ya. Y quien tiene el peso real en el partido en este momento, ya no es Puigdemont (que desde ayer ha dejado de tener peso en el gobierno del Estado) sino los siete diputados que mantiene en el Congreso: y estos están a favor de pasar a la oposición y de despedirse del sanchismo y del PSOE para siempre.


Pero esto tiene una parte negativa -y de ahí el drama de Junts-: han esperado demasiado tiempo y, ahora mismo, su clientela electoral ya no es la misma que la de la antigua convergencia, sino que está formada por “independentistas moderados”… que se llevan mal con el bloque de la derecha españolista.

En una palabra: carecen de estrategia, su política cotidiana con el Puigdemont de Waterloo ha sido un ejercicio continuo de tacticismo, no han sido capaces de reconstruir un proyecto político tras el fracaso del “procés”, ni siquiera de reconocer públicamente que hoy, Cataluña, es más débil que hace ocho años, que está más islamizada, y que se ha convertido en la capital europea del fracaso escolar, de la inmigración ilegal y en la capital mundial de la okupación.

El drama actual de Junts es que, si apoya una moción de censura del PP (incluso con un candidato “instrumental” que convoque elecciones inmediatamente) puede ser acusada de facilitar el gobierno de la derecha estatalista, pero si se niega a esta posibilidad irá, inevitablemente, menguando electoralmente en beneficio de Alianza Catalana.

La posibilidad de que, a partir de ahora, Sánchez logre llegar a acuerdos circunstanciales con los siete diputados de Junts, es remota. Ya no le queda nada que ofrecer e, incluso, la posibilidad de un referéndum no vinculante, genera vértigo en Junts: es lo que han pedido reiterada y atolondradamente, pero la diferencia con 2017 es que hoy son perfectamente conscientes de que el Si a la independencia no pasaría del 20-25%.

Por otra parte, la actitud ambigua de Junts indica su grado de desconexión de la realidad: “pasar a la oposición”, pero no aceptar una moción de censura, “dejar en la poltrona a Sánchez sin poder gobernar”, a parte del eclecticismo que supone, es sobre todo una irresponsabilidad (es como decir: “eres un mangante, pero te dejo en la poltrona para que sigas ejerciendo de lo que eres”).

El futuro de Junts es, pues, hoy, mucho más negro que ayer: si creían que rompiendo con el sanchismo iban a resolver sus problemas internos, se han equivocado: estos se han agravado y en los próximos meses asistiremos a una lucha entre la “camarilla Puigdemont” y la “camarilla de los siete diputados”. No creemos que el partido pueda sobrevivir mucho tiempo en esas circunstancias.