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jueves, 2 de julio de 2015

Raymond Llull, una extraña biografía


Infokrisis.- Allí donde se producía alguna gran convulsión de su tiempo, allí iba Llull a proponer soluciones y examinar desde cerca el problema; allí donde se avecinaban grandes conflictos, Llull era capaz de intuirlo y ofrecer su mediación; donde la ciencia de su tiempo estaba atascada, Llull juzgaba que bien valía aprestarse a darle un impulso. Todas estas actividades dejaron innumerables huellas en documentos y registros reales e inquisitoriales, que permiten trazar la biografía de este hombre sorprendente que concitó adhesiones y despertó recelos e incluso odios eternos. Pero a pesar de la abundancia de fuentes, algo brumoso e impreciso, como un hálito de misterio envuelve la vida de este hombre providencial...

EPISODIOS MITICOS 

    Llull había nacido en Mallorca entre el 1233 y el 1235. El "Directorio de los Inquisidores" dice de él que era "catalán, mercader, oriundo de Mallorca, era laico, fantasioso, impérito, que había escrito unos cuantos libros en lengua catalana vulgar, porque era totalmente ignorante de la gramática". Quien le dedicó estas líneas -el inquisidor Nicolau Eimerich- evidentemente no le tenía mucha simpatía. Lo único que hay de cierto en estas informaciones es su lugar de nacimiento y la profesión de sus padres que pudieron darle una desahogada situaciones económica. Como San Ignacio de Loyola, durante su juventud fue un aventurero de pocos escrúpulos, perseguidor de mujeres y amante impenitente. 

    Emprendió su camino de Damasco al quedar prendado por la belleza de una noble genovesa, Ambrosia de Castello a quien asedió. Es célebre su irrupción a caballo en una iglesia para depositar a los pies de su amada un madrigal. Tras este episodio, Ambrosia aceptó recibirlo en sus habitaciones y teniéndolo con él empezó a desnudarse, no para satisfacer los ímpetus del joven Llull sino para mostrarse un seno carcomido por un cáncer. El mismo Llull contó el episodio explicando como retrocedió horrorizado. En sus oidos quedaron grabadas las palabras de la dama: "Miralos bien Raimundo; contempla la fealdad de este cuerpo que ha conquistado tu afecto. ¿No harías mejor consagrando ese amor a Jesucristo?".