miércoles, 17 de febrero de 2021

CRÓNICAS DESDE MI RETRETE: PABLO RIVADULLA DURÓ, O UN HIJO DE PAPÁ EN LA TRENA (“PABLO HASEL”)

Ya hemos dicho en alguna otra ocasión, que, si en España existiera una “Brigada de los Idiotas”, para perseguir los delitos de estupidez, hubieran sido ellos los encargados de investigar el “procés” soberanista. Pues bien, ahora caemos en la cuenta, de que, si también existiera una “Brigada del Mal Gusto”, se disputaría con la anterior, la figura de “Pablo Hasél”. He querido darle una oportunidad al chaval y he escuchado algunas de sus “composiciones” y “poemas”. Deleznables, panfletos parlantes, copias perrunas de estilo “negrificante”, con una gama tonal baja, es lo que he encontrado y lo que ofrece este chaval.

Yo creo que “Pablo Hasél” precisa ayuda psicológica. Siempre se han orquestado campañas para encerrar en manicomios a los disidentes. “Pablo Hásel” no lo es, por mucho que él lo crea. Es un hijo de papá extraviado que no necesita estar encerrado, sino tratamiento psicológico. Y papá -presidente en otro tiempo de la Unión Esportiva Lleida, a su vez, juzgado por haber dejado a la entidad un agujero de 10 millones de euros, que la dejó en concurso de acreedores- podía pagarlo. El chaval, es que no está bien.

En sus redes sociales, se percibe con una claridad meridiana, el peso del pasado, de su infancia, sobre su presente. Algo no debió funcionar en aquella época en su cerebro. ¿Un traumatismo? ¿algún episodio en la escuela? ¿no se sentía suficientemente querido? Sus perfiles en redes sociales, sugieren que algo le debió ocurrir, porque, un chico “bien”, para colmo, con un abuelo perteneciente a la élite franquista, en pleno siglo XXI, pueda asumir la herencia del bolchevismo más desagradable de hace 100 años, cantar a ETA y al GRAPO (¡Al GRAPO…!), llegando a ensalzar al “Camarada Arenas” (el que daba órdenes a los matarifes del grupo), cantar a Terra Lliure (acaso la organización “armada” más inútil y con menos pericia que jamás haya existido en la galaxia) o a la Fracción del Ejército Rojo (cuya “tercera generación” fue solamente una creación del anti-terrorismo más imaginativo), liarse a asaltar un tenderete de Plataforma per Catalunya hiriendo a cuatro miembros de esta organización, rociar con líquido de limpieza a un periodista ¡de TV3! Para, como colofón, negarse a ingresar voluntariamente en prisión, ocupar el rectorado de la Universidad de Lérida y ser responsable del destrozo que siguió en la mañana de ayer. Por la tarde, sus fotocopias reducidas, causaron incidentes y destrozos en varias ciudades catalanas.

Y conste que la justicia no se ha ensañado particularmente con “Pablo Hásel” (lo puedo decir yo, con más razón, que fui condenado a dos años de cárcel por manifestación ilegal y, en total, cumplí -sin antecedentes, ni condenas previas- casi 20 meses de prisión). Apenas estará unos meses en cárcel. No vamos a cuestionar las decisiones de la justicia, pero sí a reprochar a su papá y a su mamá, que no le llevaran al psiquiatra cuando aún había tiempo.

El chaval (que, por cierto, va por los 32 años) le va el “rap”, él dice que es “rap político”, pero basta oír algunas canciones para ver que se trata de panfletillos que avergonzarían a cualquier persona que se declarara conscientemente de izquierdas. La de “izquierda” de “Pablo Hásel”, es una izquierda vieja, rancia, fracasada y sangrienta. No aporta nada que no haya aportado algún negro de Harlem o del Bonx, a la música: es un simple imitador de la “negritud”.

Entiendo que pueda haber gentes atraídos por la izquierda, pero mucho menos solamente sientan una fascinación por todos los asesinatos, crímenes, organizaciones de matarifes (estilo ETA o el GRAPO) que han avergonzado a militantes de izquierdas que, al menos, saben el valor de una vida humana.

Como he dicho, he estado en la cárcel por un delito que no puede calificarse más que como “delito político”. Todos los que hemos estado en la cárcel por este motivo, deploramos que alguien pueda acabar allí. Pero, claro está, la sociedad debe protegerse de asesinos, choros, violadores, timadores y psicópatas de todos los pelajes. Hoy se olvida, pero la cárcel tiene un valor “ejemplificador”, mucho más que esa moda de considerarlo como una instancia para “rehabilitar” al reo. Y “Pablo Hásel” debería ser rehabilitado, mucho más que encarcelado.

En primer lugar, como ya he dicho, le hubiera ido bien que papá y mamá lo enviaran al psiquiatra porque nadie puede exaltar tanto y con tanta insistencia la violencia, la sangre, los asesinatos, sin estar como las maracas de Machín.

Dicen que hay terapias para rehabilitar a casos como éste. En primer lugar, la terapia de la música no le vendría mal. Convendría que le dieran clases al chaval de solfeo, que aprendiera a tocar acordes, incluso a vocalizar. Porque su “música” es de traca. Y, ya puestos, tampoco le iría mal que siguiera cursos de prosodia, gramática, sintaxis y composición poética. Sí, porque, “Pablo Hásel” ha escrito varios libros de poemas cuyo contenido puede intuirse por sus títulos: “Veinte poemas de odio”, “Follarnos mientras ejecutan un banquero”, por no hablar del “Acerca del amor”, título casi bucólico de no ser porque es un poemario escrito por el jefe del GRAPO y reeditado por el chico éste. Tampoco le vendría mal un curso de expresión corporal, porque eso de imitar al 100% al último rapero dice muy poco de sus cualidades artísticas.

Lo de “Hásel”, por cierto, le viene de una recopilación de cuantos árabes. También le vendría bien una temporada entre beduinos haciendo el ídem. A ver si se le quita esa permanente expresión de tipo ofuscado y que odia al mundo. 

 

La concepción estratégica de Ramiro Ledesma - Conclusión: los hechos fueron casi siempre por delante de la estrategia

Esto es cuanto puede decirse de las concepciones estratégicas de Ramiro Ledesma Ramos. No puede afirmarse que, en el momento de ser asesinado, hubiera alcanzado los objetivos que se había propuesto en 1930 cuando decidió abandonar una prometedora carrera como intelectual inquieto e irrumpir en el terreno de la política. Era Ledesma en 1930, cuando apareció el primer número de La Conquista del Estado, un joven sin experiencia en el terreno político y apenas sin experiencia de la vida. Seis años después se había convertido en un curtido dirigente político que había aprendido a golpes y siempre al paso de los acontecimientos. Aquel joven de provincias no aprendió en la escuela de ningún partido, sino directamente, a medida que alumbraba proyectos, los ponía en práctica, comprobaba su alcance y rectificaba el tiro.

Rápidamente fue aprendiendo que en política no todo es idealismo, voluntarismo y abnegación. Era preciso un método y, sobre todo, una doctrina. En los primeros números de La Conquista del Estado se encuentran, sobre todo, esos ecos juveniles, ingenuos, que luego desaparecerán en fases posteriores y darán lugar a un Ledesma maduro y consciente de lo que debía introducir en el morral que le acompañaría en su andadura política. Lo esencial de la doctrina lo elaboraría en los últimos números de La Conquista del Estado y en el período de la revista JONS, especialmente las características que debería tener el “fascismo español” (… que, por ser español, no podría ser “fascismo”, sino que sería “nacionalsindicalismo”).

Esa reflexión doctrinal proseguiría luego cuando se integró en Falange Española, a tenor de la fecha de aparición de su Discurso a las Juventudes de España. Solamente su escisión de Falange Española le permitió situarse momentáneamente al margen de la dinámica endiablada que supone figurar en la cúspide de una dirección política y retomar sus notas para componer esa sinfonía inigualable en la pre-guerra que fue este libro con sus dos “disgresiones”. Ledesma, mejor que nadie en España, entendió lo que era el fascismo y lo que suponía para Europa.

Pero el temperamento de Ledesma le impulsaba a la acción tanto como al pensamiento y nunca, a partir de 1930, quiso ausentarse de la política sino participar en primera línea. Entendió también hacia finales del período de La Conquista, la necesidad de disponer de una estrategia, es decir, de un plan general de operaciones en pos de… la conquista del Estado.

Si la transformación del Ledesma intelectual al Ledesma político se debió en buena medida a su fuego interior y a las conversaciones con Giménez Caballero, la búsqueda de una estrategia tuvo mucho que ver con la lectura de Curzio Malaparte y de su Técnica del Golpe de Estado. Ledesma supo por esa lectura que precisaba de un método y de una técnica, pero le resultaba difícil adaptarla a la situación española y a operar sobre aquel caos sostenido que fue la II República. Quería construir un “gran partido nacional”, no una “secta hiperrevolucionaria” como algunos creen hoy. El pragmatismo fue su norma, no un pragmatismo sin principios, sino un pragmatismo modulado por la doctrina que él mismo había elaborado.

Y, sobre todo, en este terreno, buscaba “la eficacia” (como él mismo proclamó insistentemente). Su acción fue eficaz en todos los períodos, desde finales de La Conquista del Estado hasta su escisión de Falange Española. Aún hoy, leyendo ¿Fascismo en España? no se terminan de ver con claridad los motivos que le llevaron a la escisión e incluso puede sospecharse que existieran elementos y situaciones de los que nos da cuenta que influyeron decisivamente en la escisión. O, simplemente, causas subjetivas que, por un momento, se impusieron a la fría objetividad intelectual de la que siempre hizo gala Ledesma. Sea como fuere, entre enero y marzo de 1935, cometió sus tres grandes errores en cadena: 1) separarse de Falange, 2) asumir de nuevo una actitud ultrarrevolucionaria en el banquete-homenaje a Giménez Caballero y 3) quemar fondos en La Patria Libre y en una batalla que desde el primer momento tenía perdida. Los tres errores le llevaron al espléndido aislamiento del que hizo gala entre marzo de 1935 y principios de 1936. En ese tiempo, Ledesma queda al margen de cualquier estrategia y sin posibilidad aparente de reconstruir una.

Pero luego, tanto él como Primo de Rivera realizan un giro inesperado y discreto (tan discreto que ha pasado prácticamente desapercibido tanto para los admiradores de éste como de Ledesma). Y, sin embargo, los datos que llevan a considerar esa reaproximación, aunque fragmentarios, existen y hemos dado cuenta de ellos. En la última parte de nuestro estudio hemos intentado construir una hipótesis sobre los motivos que llevaron a Ledesma a lanzar Nuestra Revolución. Era necesario: si este proyecto era, simplemente, un intento aislado de cualquier contexto estratégico, sin objetivo y sin considerar siquiera cómo iba a sufragarlo –tal como prácticamente lo plantean algunos “ramirianos” hoy- eso supondría que Ledesma no había aprendido nada en los seis años precedentes: que seguía pensando que una pequeña redacción bastaría para poner en marcha un movimiento histórico, que sin fondos suficientes podían lanzarse más allá de media docena de números de escasa tirada y nula difusión… Y Ledesma había aprendido mucho.

No hay nada nuevo en Nuestra Revolución… salvo que consideremos que Primo de Rivera y él habían pactado una estrategia de penetración en el medio obrero (financiada por Renovación Española directamente o a través de Primo, poco importa). Nunca Ledesma critica a Renovación Española, ni siquiera a los tradicionalistas y pronto, dos meses después de la escisión, cesa sus críticas a Falange Española; su hostilidad se orienta contra los socialistas y contra la derecha parlamentaria: es decir, contra los partidos mayoritarios y centristas. Deseaba contribuir con sus escasas fuerzas a que se polarizasen las fuerzas: de un lado hacia la extrema-derecha (fascista, fascistizada o en fase de fascistización) y por otro la extrema-izquierda que, sin duda terminaría controlando al Frente Popular por encima de los socialistas moderados. Sería la actitud de la CNT y de las Fuerzas Armadas la que determinaría el destino de aquella “fractura vertical”. Por eso, seguramente, y por nada más, Nuestra Revolución era una revista construida para ser leída y aceptada por elementos de la CNT.

El riesgo de provocar un choque entre las “dos Españas” consistía en que los elementos reaccionarios de un lado y los elementos antipatriotas de otro, tomaran el control de los acontecimientos. De ahí que hubiera que crear un “polo de agregación” de carácter “fascista” (esto es, en España, “nacionalsindicalista”) que fuera lo suficientemente fuerte como para que, cuando se produjera el choque final, tuviera la iniciativa. Porque, tanto Ledesma como Primo de Rivera estaban convencidos de que la “lucha armada” era el único destino que aguardaba al final del camino de la triste II República. La rapidez con la que Ledesma asume que ha llegado el momento de las armas apenas unos segundos después de que colgara el teléfono cuando su desconocido interlocutor le informó del asesinato de Calvo Sotelo, indican a las claras que había meditado largamente sobre esa posibilidad.

La discusión sobre lo que ocurrió después es ociosa. Poco importa, a nuestros efectos, si Ledesma se convirtió al catolicismo, si lo que cuenta el padre Villares es completamente cierto o una manera de defender la memoria del personaje, o incluso la forma cómo fue asesinado. Lo que nos ha interesado en este estudio es el Ledesma-político, no el Ledesma-individuo (pues no hemos querido realizar ni una hagiografía, ni siquiera una biografía, sino un estudio político). Y estas son las conclusiones a las que hemos llegado. Posiblemente, alguien considerará “temerario” el último capítulo de esta obra relativo a Nuestra Revolución. Hemos intentado sustentarlo sobre datos objetivos y sobre una legítima reducción ad absurdum que contribuye a explicar quién financió el proyecto, por qué lo abordó Ledesma, qué intentaba y por qué no fue una continuación de La Patria Libre. De ser otra cosa, es decir, un mero exabrupto de Ledesma, su figura quedaría inmediatamente empequeñecida y con grave riesgo de parecer inconsecuente y de no haber aprendido nada de la experiencia de los seis años anteriores. Y eso es lo que nos resulta difícil de admitir a la vista de su trayectoria anterior.

En julio de 1936, ya quedaba lejos aquel tiempo en el que Ledesma había incluido en su novela de juventud la famosa frase de Nietzsche relativa a los hombres que abordan tareas superiores a ellos y fracasan (1).

No era el fracaso, sino la tenacidad y el método con la que el herrero crea los más duros aceros, lo que contemplaba Ledesma. En ello estaba cuando fue asesinado. No hubo más reflexión estratégica tras su desaparición en el universo nacionalsindicalista.

Notas:

(1)  “Amo al que quiere crear algo superior a él y sucumbe”. El Sello de la Muerte, Ramiro Ledesma, edición digital, pág.  146.

ENLACES DE LA SERIE

LA CONCEPCIÓN ESTRATÉGICA DE RAMIRO LEDESMA (1 de 8) – Objetivos y métodos del fascismo español

LA CONCEPCIÓN ESTRATÉGICA DE RAMIRO LEDESMA (2 de 8) – Paralelismos entre Ledesma y la Técnica del Golpe de Estado

LA CONCEPCIÓN ESTRATÉGICA DE RAMIRO LEDESMA (3 de 8) – Las cuatro etapas en la evolución estratética de Ledesma

LA CONCEPCIÓN ESTRATÉGICA DE RAMIRO LEDESMA (4 de 8) – La etapa “nuclear”: La Conquista del Estado

LA CONCEPCIÓN ESTRATÉGICA DE RAMIRO LEDESMA (5 de 8) – La etapa de construcción del partido: las JONS

LA CONCEPCIÓN ESTRATÉGICA DE RAMIRO LEDESMA (6 de 8) – La etapa de unión del “fascismo español”. La fusión con Falange

LA CONCEPCIÓN ESTRATÉGICA DE RAMIRO LEDESMA (7 de 8) – La pérdida de la iniciativa estratégica: de la ruptura del Falange al final de La Patria Libre

LA CONCEPCIÓN ESTRATÉGICA DE RAMIRO LEDESMA (8 de 8) – Las dudas finales: ¿construcción del partido o lucha armada?

LA CONCEPCIÓN ESTRATÉGICA DE RAMIRO LEDESMA (conclusión) -

martes, 16 de febrero de 2021

La concepción estratégica de Ramiro Ledesma (8 de 8) - Las dudas finales: ¿construcción del partido o lucha armada?

 

De mediados de enero a mediados de marzo de 1935 da la sensación como si la historia del “fascismo español”, bruscamente, se hubiera acelerado:

- 16 de enero: Primo de Rivera formaliza las expulsiones de Ledesma y de su grupo.

- 7 de febrero: aparece el primer número de La Patria Libre, portavoz del grupo de Ledesma.

- 1 de marzo: se crea el Sindicato Español Universitario, organización de los estudiantes falangistas.

- 16 de marzo: las escuadras falangistas demuestran su vitalidad asaltando el SEPU, dirigidos por Agustín Aznar (según unos por ser una “empresa judía”, según otros por haber despedido a falangistas por el mero hecho de serlo).

- 21 de marzo: aparece el primer número de Arriba, portavoz de Falange para contrarrestar los posibles efectos de La Patria Libre.

- 26 de marzo: aparece el primer número de Haz, portavoz del SEU.

- 30 de marzo: se publica el séptimo y último número de La Patria Libre.

- s/d marzo: aparece el Discurso a las Juventudes de España.

Este período, es excepcionalmente tenso entre falangistas y jonsistas disidentes, especialmente el comprendido entre la escisión y los últimos números de La Patria Libre. A cada artículo ofensivo para los falangistas aparecido en esta revista, aparecía el correspondiente en Arriba denunciando a Ledesma. En este cruce de ataques mutuos son ellos, Primo de Rivera y Ledesma, es decir, los “primeros espadas”, quienes utilizan sus más aguzados recursos literarios para denunciar, escarnecer y ridiculizar a su adversario. Luego, con el último número de La Patria Libre todo cesa y da la sensación de que se restablece un status quo y cada parte deja de preocuparse de la otra (1). Y así transcurren los meses de Abril a Noviembre, cuando Ledesma publica con el seudónimo de “Roberto Lanzas” su obra ¿Fascismo en España? Lo que hace en ese tiempo está envuelto en brumas y ha dado lugar a todo tipo de leyendas. Sin embargo, la lectura de esta obra sugiere que la tensión entre ambas fracciones (o mejor, entre ambas personalidades) ya ha descendido de tono. Sobre sí mismo, Ledesma dice que se ha trasladado a Barcelona y que está a punto de reiniciar la publicación de La Patria Libre (2). Parece que, desde allí intentó legalizar un Partido Español Nacional Sindicalista, cuyos estatutos había presentado uno de los que fueran jefes de las JONS en aquella ciudad, José María Poblador. También se ha dicho que tuvo una novia que vivía allí e incluso que fue Primo de Rivera quien le facilitó el desplazamiento a la capital catalana. Es difícil saber –y hasta cierto punto resulta ocioso- lo que hizo Ledesma en todo ese tiempo. Si ¿Fascismo en España? Tiene fecha de edición de noviembre de 1935 hay que pensar que su contenido se realizó dentro de los meses anteriores. En cuanto al Discurso a las Juventudes de España, publicado en medio de todo el guirigay y el clima de acusaciones mutuas que siguieron a la escisión, es lícito suponer que, si se publicó en marzo de 1935, su contenido debía de haber sido elaborado y madurado en los meses anteriores, mientras permanecía en Falange Española. Si ¿Fascismo en España? es un libro para cuya elaboración había que tener frescos los datos, próximos los archivos y certeros los recuerdos, amén de sereno el ánimo, el Discurso es, en cambio, un libro de profunda elaboración ideológica que no se improvisa en unas semanas, sino que requiere largo tiempo de elaboración. Piénsese que estamos ante la única obra doctrinaria del fascismo español anterior a la guerra, la única en la que el ideólogo del nacionalsindicalismo, aborda las reflexiones sobre España y sobre su historia, rematándolas con un par de “digresiones” sobre las “juventudes de Europa”. Pero ¿y a partir de noviembre? ¿Qué hace Ledesma? ¿Por dónde está? ¿A qué se dedica? ¿Qué pensamientos arden en su cerebro? Y aquí está el misterio. El único material del que disponemos entre noviembre de 1935 y el 1 de agosto de 1936 (fecha en la que Ledesma es encarcelado) es muy fragmentario y permite especular hasta la saciedad, pero sin tener seguridades absolutas. Esto afecta a nuestro estudio sobre las concepciones estratégicas de Ledesma como veremos

La falta de datos de ese período hace que la única fuente fiable sea el ¿Fascismo en España? Y la enigmática frase con que Ledesma cierra la obra (“Diríamos, para terminar, que a Ramiro Ledesma y a sus camaradas les viene mejor la camisa roja de Garibaldi que la camisa negra de Mussolini”) (3)  ha dado pie a todo tipo de especulaciones que han utilizado los sectores más ingenuos de la extrema-derecha de los últimos años para presentar a un Ledesma “nacional-bolchevique” en la misma línea que Niekitsch. A fin de cuentas, el rojo remite… a la “revolución social”. Pero esto no puede tomarse en consideración seriamente porque esa frase sigue a otra no menos enigmática: “Ledesma se ha trasladado a Barcelona, donde parece reanudará la publicación de La Patria libre y acentuará esa bandera que diseñamos. No pretenden ya, tanto él como sus camaradas, organizar, ni remotamente, el fascismo. Lo que en las viejas J.O.N.S. había de fascismo lo recoge hoy Primo de Rivera, sobre todo en sus propagandas últimas. Aquéllos entienden que su misión es otra” (4). La Patria libre terminó no saliendo desde Barcelona. Ledesma se volvió a trasladar a Madrid y desde allí publicó Nuestra Revolución.

¿Qué intentaba con todo esto? No era Ledesma de los que se conformaban con el mero testimonialismo. Y a esas alturas es difícil que pensara que fuera optimista respecto a que una revista política pudiera sostenerse únicamente con las ventas. No olvidemos que ya había experimentado un primer fracaso con La Conquista y un segundo con La Patria Libre, es difícil que pensara que por tercera vez repitiera el mismo error de sacar una revista sin asegurarse antes una financiación que le permitiera cierta continuidad y holgura en el proyecto. ¿Y de dónde iba a salir ese dinero? Ni Ledesma ni sus colaboradores aclaran este punto que es decisivo.

Lo que va de La Patria Libre a Nuestra Revolución es mucho. En primer lugar, no hay ataques, ni directos ni indirectos hacia ninguna tendencia del “fascismo español”, ni hacia Primo de Rivera, ni hacia ninguna organización falangista. En segundo lugar, abundan los temas que implican un “mirar a la izquierda” (5) … ¿se ha hecho “izquierdista” o “nacional-bolchevique” Ledesma quien solamente hacía siete meses había publicado su alusión a la “camisa roja de Garibaldi”? No parece probable. Más parece que hubiera conseguido reconstruir una línea estratégica, no en solitario, sino con… el que entonces era el sector mayoritario del “fascismo español” y, concretamente, con su jefe, Primo de Rivera. Los datos que nos llevan a esta conclusión son:

1) La alusión a que Primo de Rivera había leído el Discurso a las Juventudes de España y lo había elogiado y recomendado (6).

2) El “cese de hostilidades” entre Primo de Rivera y Ledesma que se percibe desde el final de la experiencia de La Patria Libre.

3) El cuidado con el que Ledesma redacta ¿Fascismo en España? Procurando que ninguna alusión pueda ser tomada como una ofensa personal a Primo de Rivera (lo que está muy lejos de los ataques, francamente vesánicos, que ambos se habían prodigado en febrero-marzo de 1935 desde las columnas de sus respectivos medios. Es significativo, por ejemplo, que Ledesma no aluda en absoluto a los pactos entre Renovación Española y Primo de Rivera, ni a otros medios de financiación de Falange Española que conocía bien (7).

4) La visita realizada por Ledesma a Primo de Rivera cuando éste se encontraba encarcelado que demuestra a las claras que la tensión de la ruptura, no solamente había quedado atrás, sino que algo había cambiado (8). No se trató solamente de un encuentro personal “de cortesía” cuando Primo de Rivera estaba detenido, sino que también hubo un intercambio epistolar (9).

Después de las páginas de ¿Fascismo en España? (aparecido, repetimos, en noviembre de 1935) y después de los artículos de Nuestra Revolución, solamente hay dos testimonios sobre lo que pensaba Ledesma en sus últimos meses de vida: el del padre Villares, su interlocutor durante los dos meses que pasó en prisión antes de ser asesinado y el testimonio de Francisco Guillén Salaya, su compañero de redacción en su última aventura periodística. Estando Salaya en la redacción, sonó el teléfono y contestó Ramiro, “tras colgar el aparato y permanecer unos instantes inmóvil y silencioso, dijo: “Puedes dejar de escribir, el número dos no se publicará. Acaban de comunicarme que el Gobierno ha hecho asesinar a Calvo Sotelo. Hay que dejar la pluma y tomar las armas, cambiar la teoría por la acción” (10). En cuanto al testimonio del padre Villares (11) no aporta gran cosa en términos políticos.

La frase que cita Tomás Borrás en su obra es significativa por dos motivos:

- La interpretación que da Ledesma al asesinato de Calvo Sotelo coincide en todo con la que dio la extrema-derecha desde las JAP hasta Falange, pasando por Renovación Española: ha sido asesinado por orden del gobierno. Lo que indica cierta identificación con este sector. A fin de cuentas, la izquierda sostuvo simplemente que fue un grupo incontrolado el que asesinó a Calvo Sotelo y que no actuó por orden gubernamental.

- La rapidez con la que determina, a poco de conocer la noticia telefónicamente, que ha pasado el tiempo de los artículos y toca ya, definitivamente, la hora de las armas. También en esto, Ledesma opinaba exactamente igual que la derecha “fascistizada”. Y en ese momento, con la lucidez propia del estratega, determina el cambio de orientación: de la “lucha política” a la “lucha armada” sin más dilación. Lo que implica que está muy claro que Ledesma no va a situarse del lado de la República, ni del lado de los partidos democráticos, ni siquiera se va a inhibir de participar en lo que se avecina. La frase no deja lugar a dudas: “Hoy que dejar la pluma y tomar las armas” y, si tenemos en cuenta que responsabiliza al gobierno de izquierdas de asesinar a Calvo Sotelo, está muy claro qué opción acaba de adoptar al colgar el teléfono. Dicho, de otra manera: él está del lado de Calvo Sotelo… no del lado de sus asesinos.

No hay en esta actitud nada de “nacional-bolchevique”, sino que una vez más ha vuelto a emerger el Ramiro Ledesma que, desde los últimos números de La Conquista del Estado (cuando pacta con alguien tan alejado de sus posiciones como Redondo y sus Juntas Castellanas) trabaja para la creación de un gran partido fascista, sumando las distintas componentes que en el panorama político español son “fascistas” o que, habiendo sido “fascistizados”, van camino del fascismo o campan ya en él.

La cuestión a determinar, a la vista de todo esto, es si la actitud de Ledesma al enterarse del asesinato de Calvo Sotelo es una reacción inmediata, visceral e, incluso intempestiva, o bien, el resultado de una reflexión interior de sus últimos meses.

Tras producirse la escisión hay cuatro momentos críticos:

1) Cuando Ledesma, no habiendo recuperado todavía la serenidad tras la escisión (y tras percibir que algunos de los que le habían impulsado o acompañado a ella le han traicionado) participa en el banquete-homenaje a Giménez Caballero el 7 de febrero de 1935 (fecha que coincide con la aparición del primer número de La Patria Libre, es decir, cuando todavía conserva la esperanza en arrastrar a un sector importante de Falange o, acaso, como mínimo, a los antiguos jonsistas). Cuando le toca hablar (está presente la plana mayor de la extrema-derecha española de la época: Calvo Sotelo, Ramiro de Maeztu, Víctor Pradera, Pedro Sáinz Rodríguez, Eugenio Montes) realiza una intervención excesivamente radical, violenta e inasumible para alguno de los presentes (al oír como Ledesma define al fascismo como un “movimiento revolucionario de masas”, el tradicionalista Víctor Pradera abandona la reunión (12). No ha sido su mejor actuación, quizás por la tensión de la época y por la violencia reciente de la escisión, ha roto con la práctica estratégica que había asumido desde 1932: favorecer la integración de las distintas corrientes del “fascismo español” en una sola formación. Tendrá tiempo de rectificar el exabrupto y de procurar que, al menos por su parte, se hable poco del mismo (no lo mencionará siquiera en su ¿Fascismo en España?).

2) Cuando reconoce que ha quedado fuera de la organización falangista y que apenas le ha seguido un escuálido núcleo de jóvenes, quedándose Primo de Rivera con el nombre de Falange Española “de las JONS”, quedándose con el monopolio del nacionalsindicalismo y quedándose incluso con el emblema que el mismo Ledesma había publicitado el primero desde las portadas de la revista JONS. Quedar fuera de Falange y quedarse sin organización implica también haber perdido el norte estratégico.

3) Cuando, a la vista del escaso seguimiento que ha podido mantener renuncia al lanzamiento del Partido Español Nacional Sindicalista que Poblador y los jonsistas barceloneses habían intentado lanzar. Es más, el propio Ledesma mediará con Primo de Rivera para que reingresara en Falange el núcleo de jonsistas barceloneses que le habían seguido en la escisión (13).

4) Cuando percibe que las derechas ya no están en condiciones de gobernar, se constituye el Frente Popular y, en breve, gobernarán las izquierdas con todo lo que ello implica. En ese momento percibe, con su lucidez característica, que el país está sufriendo una “fractura vertical”: de un lado los republicanos (partidos democráticos de izquierda y de extrema-izquierda), de otro los partidos de tipo de la derecha y de la extrema-derecha (desde la CEDA a la Falange). En esas circunstancias, con la situación política extremadamente radicalizada, con la guerra civil en los corazones, con dos gigantescos bloques lanzándose uno contra el otro, no hay posibilidades, ni probablemente tiempo, de construir una “tercera fuerza”. Lo único que puede hacerse, visiblemente, es ponerse al lado de uno de los bloques e intentar liderarlo o, al menos, imponer en él una línea política: la “fascista”. Los vientos que corren en Europa soplan a su favor, así pues, esa era la única alternativa estratégica a partir de principios de 1936. Y ese bloque solamente podía ser el de la derecha pues, no en vano, Ledesma estaba identificado como “fascista”, alardeaba en su libro de episodios como el asalto a los Amigos de Rusia, había sido agredido en varias ocasiones en la calle (cerca de su domicilio y en la Gran Vía ante la telefónica) por elementos socialistas y/o comunistas y las bajas que habían tenido las JONS procedían, todas, de balas de la extrema-izquierda. Así pues, estaba claro cuál es el campo por el que estaba obligado a optar.

Entonces, en esa última fase de su vida, ¿cuál era la estrategia de Ramiro Ledesma? Creemos que, a la vista de todos los elementos que hemos agrupado en este parágrafo, es posible construir una hipótesis:

1) Ledesma, desde que se apagan los clamores de la escisión, por iniciativa propia o por iniciativa de los amigos comunes que mantenía con Primo de Rivera (vascos y no sólo vascos, sino también madrileños, vallisoletanos, etc.), reconstruye su relación con éste. Ambos pasan página como si la escisión no hubiera existido (14). No ha sido, desde luego, el momento más glorioso del “fascismo español” y se ha perdido un tiempo y unas energías preciosas en una confrontación interior que ha aportado solamente bochorno y vergüenza. Hacia finales de 1935 o principios de 1936, la relación está reconstruida hasta el punto de que en mayo hay una entrevista entre ambos líderes en la prisión Modelo de Madrid.

2) Si nos fijamos en los contenidos del último número de Nuestra Revolución se percibe inmediatamente la ausencia de simbología y referencias fascistas (no se propone la afiliación a las JONS, ni a organización alguna, no aparecen ni yugos ni flechas, ni referencias al nacionalsindicalismo), pero sí se aportan datos esenciales sobre el sector al que va dirigido el semanario: la militancia de izquierdas, anarcosindicalistas, obreros politizados, campesinado jóvenes inconformistas… es el viejo proyecto de “nacionalizar a las masas obreras” que llevaba ya Ledesma en la sangre desde los tiempos de La Conquista del Estado.  Ahora vuelve de nuevo a la carga con él. ¿Por qué? La respuesta a esta pregunta no puede deslindarse del problema de quién financiaba la nueva revista y en quién confiaba Ledesma para garantizar la continuidad de la misma. Un detalle no desdeñable es que algún artículo va firmado por “Roberto Lanzas” en obvio intento de establecer una relación con el libro ¿Fascismo en España? Que concluye con la frase ya citada alusiva a la “camisa roja de Garibaldi”. Así pues, fuera lo que fuera lo que Ledesma tenía en mente, lo tenía ya desde noviembre de 1935 cuando aparece el libro. Y lo que tenía en mente era lanzar un cabo a los mismos sectores a los que había intentado dirigirse en 1931.

3) No olvidemos que, tanto Ramiro Ledesma como Primo de Rivera mantenían contactos con los “amigos vascos” y, a través de ellos, con los sectores de Renovación Española. Ambos se cuidan de no aludir a los contactos que la dirección de este partido había tomado con Primo de Rivera garantizándole una ayuda contante y sonante a cambio de renunciar a atacar a la monarquía alfonsina y a utilizar parte de esa ayuda para  crear un movimiento obrero antimarxista. La extrema-derecha era consciente de que el ideal alfonsino no iba a ser exportable a las clases trabajadoras, sin embargo, la experiencia histórica reciente en Europa indicaba que, por el contrario, el fascismo podía seducir –y de hecho seducía- a amplias franjas del movimiento obrero (15).

Así pues, reuniendo todos estos datos la hipótesis que podemos construir es que en esta última fase Ledesma había conseguido reinsertar su estrategia dentro del núcleo decisorio del “fascismo español” (que en esos momentos gravitaba en torno a la cúpula de Falange, que desde las elecciones de febrero se estaba reforzando cada vez más con elementos procedentes de las JAP, mientras que Renovación Española, colocando su alfonsinismo en segundo plano, cada vez hacía más gala de dejar atrás su proceso de “facistización”, zambulléndose directa y plenamente en el “fascismo” propiamente dicho). Ledesma había asumido de nuevo la tarea de tratar de hacerse un hueco en el movimiento obrero, para ello era problemático acudir con yugos y flechas o enarbolando una ideología. Simplemente se trataba de difundir ideas (entonces podemos comprender la presencia de artículos sobre las minas de Almadén, sobre los temas que eran habituales en la izquierda de la época o sobre los problemas del campesinado, que figuran en las páginas de Nuestra Revolución. Se trata, pues, de apuntar hacia esos sectores sociales para intentar desplazarlos o bien neutralizarlos en su apoyo a la izquierda frentepopulista. Y, poco importa, si esa actividad era pagada por Primo de Rivera directamente o bien por los “amigos vascos” a través del jefe de la Falange. No se nos ocurre otra explicación para la intencionalidad y el financiamiento de Nuestra Revolución.

Ramiro Ledesma sabía que vender una idea política no es nada diferente a vender una camisa: para poder venderla hacen falta distintas tallas. La suya, la que estaba auspiciando desde Nuestra Revolución era la “talla obrerista”. La que vendía Calvo Sotelo hasta su secuestro y asesinato era la talla alfonsina. La de Primo de Rivera era la talla juvenil, estudiantil. De lo que se trataba simplemente era de que todas estas “tallas” estuvieran bien conjuntadas, que hicieran el “juego de las partes” en donde cada una ocupa un espacio propio, sin obstaculizarse unas a otras, y juntas engloban un espacio político excepcionalmente amplio.

Es significativo que el nombre de Ledesma no aparezca en lugar alguno de la revista y sí en cambio el de “Roberto Lanzas”. Hoy se sabe, efectivamente que éste era el alter ego del primero, pero, en la época esto no era conocido y, por lo demás, si algún izquierdista se preocupaba de leer el libro firmado por “Robert Lanzas” vería que a Ledesma  le cuadraba más “la camisa roja de Garibaldi”… Así pues, es lícito pensar que el plan de lanzar Nuestra Revolución ya estaba implícito en noviembre de 1935 (sólo que entonces aludía Lanzas-Ledesma a la reaparición de La Patria Libre… pero es normal pensar que Primo de Rivera y/o los “amigos vascos”, se lo desaconsejaran a la vista de las tensiones y las palabras gruesas que habían sido proferidas en los siete números de ese medio, lo que explica la creación de una nueva cabecera) y que éste proyecto había sido el resultado de la recuperación de relaciones entre Ledesma y Primo de Rivera.

Un artículo llama particularmente la atención en el único número de Nuestra Revolución: el publicado en la página cinco bajo la rúbrica de La contienda política y social del momento. Hombres. Ideas. Grupos. Con el título de Sobre las “fuerzas nacionales”. El artículo va sin firma, pero es fácil reconocer la pluma y el estilo de Ledesma. En él Ledesma insiste en la idea subyacente en cualquier forma de fascismo: la unión entre “lo nacional” y “lo social”. Al parecer, según se deduce de la lectura del artículo, el diario madrileño Informaciones había lanzado la idea de la “unidad de las fuerzas nacionales”. Ledesma ataca dicha “unidad” y recuerda que la derecha siempre se ha escudado en la idea de la Patria para defender sus intereses… pero está claro que alude a la CEDA, a Gil Robles, a Acción Popular, en absoluto a Renovación Española, a los monárquicos alfonsinos, a Calvo Sotelo, ni, por supuesto, a Falange Española, ni siquiera a los tradicionalistas. Ledesma no menciona a la CEDA, pero es evidente que se refiere a esta formación que ha perdido el poder y a la que responsabiliza del caos y de la “hecatombe” republicana. Escribe Ledesma en dicho artículo: “Nuestro patriotismo, si se quiere de índole social y hasta de carácter subversivo, no tolera compañías que sólo desprestigio y debilidad pueden aportar a la causa nacional de España”.

Se ha dicho que en Nuestra Revolución, Ledesma “rompe con el fascismo”. En absoluto. En primer lugar no es Ledesma quien se responsabiliza de la revista, sino “Roberto Lanzas” y, en segundo lugar, desde 1931 él ha tenido claro que el término “fascista” no es el adecuado para lo que quiere construir (considera al fascismo, stricto sensu, como un fenómeno exclusivamente italiano, de la misma forma que el nacionalsocialista es específicamente alemán, si bien por convenciones lingüística podemos hablar –y el lo hace en ocasiones- del “fascismo italiano” y del “fascimo alemán”), pero sigue defendiendo a ambos regímenes cuando en el mismo artículo escribe: “Hasta en el nacionalismo triunfante en algunos países, como Italia y Alemania, tras los que sin duda se le van los ojos a Informaciones, operan fuerzas y razones muy de acuerdo con lo que venimos expresando en esta nota. Lo primero que se vieron obligados a hacer consistió en romper, junto al cerco marxista, el cerco de los grupos esos que invoca y convoca el diario madrileño. Pues la idea nacional, si bien se mira, es una idea revolucionaria, rumbo adelante, y su primera vinculación en la historia universal aparece en los jacobinos franceses de la gran Revolución”. De lo que se queja Ledesma y lo que siempre le ha asustado, es que gentes de la derecha se sientan atraídos por los “fascismos” a causa de su empuje antimarxista pero no perciban en ellos tendencias sociales. Para Ledesma “el fascismo español”, esto es, el nacionalsindicalismo es una síntesis, como todos los demás fascismos internacionales, de lo nacional y lo social. Así pues, ninguna renuncia hay en Nuestra Revolución, ni al fascismo, ni a la estrategia de construcción de una gran formación fascista… que no es lo mismo que las “fuerzas nacionales” a las que alude Informaciones y que incluyen a los sectores más burgueses, conservadores, católicos y reaccionarios de la España de 1936. Es lo que siempre le había preocupado: lo que le preocupó en los primeros contactos con Redondo, lo que le volvió a preocupar en la reunión de San Sebastián con Primo de Rivera y sus amigos, lo que temía que ocurriera en el interior de Falange, a saber, que la presencia de elementos reaccionarios, atraídos solamente por el binomio nacionalismo-antimarxismo, restara la carga social al “fascismo español”. Si así ocurría el intento de trasplantar este movimiento en España habría abortado.

En el tercer parágrafo de la rúbrica aparece un comentario titulado La red de huelgas. Ledesma ataca el concepto y el uso marxista de huelga (“¿Luchas por la mejora de salarios? ¿Elevación del nivel de vida de los trabajadores? ¿Maniobras políticas de los agitadores? ¿Rivalidad de organizaciones? Nadie lo sabe. La realidad es que la vieja teoría de las huelgas, en virtud de la cual éstas eran los instrumentos coactivos de los obreros para arrancar a las empresas o a los patronos una parte justa de los beneficios, es hoy inservible”). Ledesma recuerda de su lectura de Técnicas del Golpe de Estado que Malaparte expone las críticas de Lenin y Trotsky a la huelga general (16)  y que las huelgas generales se han utilizado, no para golpear a un sistema, sino para defenderlo: hay está la huelga general a la que llamó el canciller socialdemócrata Bauer para desactivar el pustch de Kapp (17)  o bien la negativa de Lenin a convocar una huelga general en lugar de una insurrección, o bien la huelga general convocada por sindicatos de izquierda y partidos cuando Mussolini culminaba su Marcha sobre Roma (18).  Explica Ledesma que toda huelga era en ese momento una “movilización de carácter político. Y ello aunque aparezca como origen concreto de las huelgas esta o la otra reivindicación y aumento de salarios”. Tal como las ha planteado la UGT y los comunistas, las huelgas que se están produciendo en la España del Frente Popular generan –sigue Ledesma- “desorientación”… porque la “lucha verdadera, repetimos, no es hoy por la distribución mejor o peor, más justa o menos, de unos beneficios, reconocidos por todos como problemáticos. Es por el control mismo de la economía; está ligada al pleito de si han de conservarse o sustituirse los actuales organizadores de la economía y los actuales poseedores de los medios de producción”. La impresión que da la lectura de este texto es que Ledesma trata de anular las razones por las que la izquierda está lanzando una oleada huelguística (lo que coincide con los intereses de los “amigos vascos” que quieren ver alumbrar un movimiento obrero no marxista y organizaciones sindicales antimarxistas. 

Así pues, cuando aparece el primer número de Nuestra Revolución, podemos deducir –pues todo induce a pensarlo- que Ledesma está trabajando de nuevo con José Antonio Primo de Rivera y con los “amigos vascos” de Renovación Española, especializado en la realización de un discurso político dirigido a las clases trabajadores y a eventuales contingentes de las grandes formaciones sindicales que experimentaran atracción hacia los logros sociales que se estaban consiguiendo en Alemania e Italia en aquellos momentos: es cierto que el derecho a la huelga había sido abolido, pero también es cierto que las huelgas habían terminado siendo generadas, no para mejorar las condiciones de vida de los trabajadores, sino por causas políticas e incluso, Malaparte así lo había expuesto, para defender a los regímenes en el poder ante los asaltos de los “catilinarios” de izquierdas y de derechas.

De otra manera ¿íbamos a pensar que Ledesma era tan ingenuo como para creer que tenía sentido intentar seducir a grupos obreros, sino esta tarea no formara parte de una operación política más amplia? La revista, verosímilmente, iba a intentar formar un estado de opinión entre franjas de trabajadores, tendente a descorazonarlos de seguir a los dirigentes izquierdistas, desprestigiar a las organizaciones sindicales de izquierdas, especialmente a la UGT, suponiendo que parte de la CNT era “recuperable”. Cuando ese estado de ánimo estuviera extendido, se habría conseguido uno de los objetivos en los que estaban interesados los prohombres de Renovación Española (que los sindicatos izquierdistas perdieran peso y que se crearan las condiciones favorables para la emergencia de un sindicalismo antimarxista) habría que pensar en plantearse el segundo objetivo: que este intento fuera a converger con las distintas ramas del “fascismo español”, dando por supuesto que en ese proceso estarían presentes los falangistas, la mayor parte de las JAP, Renovación Española y los grupos obreros que Ledesma hubiera podido agrupar en torno a Nuestra Revolución.

Pero llegó el asesinato de Calvo Sotelo y, a partir de ese momento era evidente que los acontecimientos iban a precipitarse. Por eso no saldría el segundo número de la revista, tal como  pronosticó Ledesma. El proceso insurreccional estaba desencadenado y en marcha y nadie podía llamarse a engaño. La época de las maniobras estratégicas había pasado, la única estrategia viable en aquellos momentos era la lucha armada. Pero el tránsito de la estrategia de “construcción del partido” (de la que, en nuestra opinión formaba parte el proyecto de Nuestra Revolución) a la estrategia de “lucha armada” no era cuestión de un día. Ledesma, había quedado apeado de todo diseño estratégico al separarse de Falange Española. Posteriormente, cuando recuperó la relación con Primo de Rivera, consiguió recuperar de nueva una estrategia, pero la diferencia con respecto al período anterior, era que mientras entre 1931 y enero de 1935, él estaba en el centro de esa planificación estratégica, a partir de principios de 1936, se encuentra en la periferia: la escisión y la misma imposibilidad de reconstruir las JONS han mostrado a los ojos de los eventuales financiadores de la operación y de otros dirigentes políticos, que Ledesma no cuenta con otra cosa tras de sí mas que con un muy escaso grupo de colaboradores, con su cerebro privilegiado, con su capacidad para asimilar experiencias, realizar análisis políticos y lanzar ideas perfectamente concatenadas a causa de su preparación intelectual.

Llegará tarde al establecimiento de una estrategia de “lucha armada” y no tendrá ni participación en el complot cívico-militar, ni siquiera parece que estuviera informado, aunque sin duda no ignoraba lo que se estaba cociendo, como lo sabía cualquier persona que tuviera una mínima agudeza política. Simplemente se limitó a cumplir hasta el día del asesinato de Calvo Sotelo con la parte de la estrategia que le correspondía.

Notas

(1) A pesar de lo cual, años después, será Felipe Ximénez de Sandoval el que volverá a cargar las tintas reproduciendo en su Biografía Apasionada (op. cit.) los ataques publicados por Ledesma en su revista y solamente una selección de aquellos otros que escribió Primo de Rivera (véanse las págs. 265-267 y, especialmente, 271-281, y todavía se deja algunos en el tintero. Reproduce, eso sí, el famoso artículo de Ledesma En presencia de la ruindad:

“En nuestro primer número expusimos el deseo de dar por terminado el tema de la ruptura con los dirigentes falangistas. No nos es posible. Y lo sentimos. Tenemos hoy que volver brevemente sobre el tema y denunciar a todos los camaradas el tipo ruin y miserable de pelea que nos ofrecen tales elementos. Pretenden, al parecer, no dejarnos un día tranquilos y, desde luego, acabar con La Patria Libre y con las J. O. N. S. Claro que si no han tenido todavía éxito en nada, menos lo van a tener en su pugna con nosotros. De eso estamos seguros.

»Pero no creemos ocioso decir públicamente a los camaradas jonsistas, y hasta a los elementos sinceros y limpios de F. E., que Primo y su camarilla apelan a todo para perturbar nuestro camino nacional-sindicalista. Con su habilidad -nunca negada por nosotros- de rábula, nos han liado en varios procesos, demostrando una mala fe y una ruindad insuperables.

»Y no hay día en que alguno de los dirigentes de las J. O. N. S. no sea provocado en la calle por alguno de los diez o doce rufianes asalariados de que dispone. Eso es suficiente para juzgarlo. No tiene ni el natural y obligado gesto de arreglar personalmente sus conflictos, que a él, y sólo a él, le afectan, puesto que con él, y sólo con él, han declarado públicamente su incompatibilidad política los jefes de las J.O.N.S.

»Una vez más, recomendamos a todos los camaradas que tengan calma frente a esas provocaciones. Que las afronten con serenidad y sólo las contesten cuando rebasen el límite de la dignidad humana”. (La Patria Libre, nº 5, 2-3-35)

(2) Cfr. ¿Fascismo en España?, op. cit., pág. 93.

(3) Idem, pág. 93

(4) Idem.

(5) Aparece en la página 6 un artículo que remite al periodo de La Conquista del Estado y al interés por los senderos seguidos por la CNT: Ante la realidad nacional. Las fuerzas motrices de la transformación española: la C.N.T. Otro artículo remite a la URSS: El campesino ruso y la futura constitución soviética (pág. 4). Otro más continúa con el interés que ya había demostrado Ledesma por Trotsky cuando reprodujo el capítulo de Técnicas del golpe de Estado alusivo a él: Trotzsky juzga a los frentes populares (pág. 2). Se ataca, sin embargo, constantemente tanto a la política del PSOE como a sus gentes (véase Con el marxismo… de Largo Caballero hemos topado, en pág. 5, el anuncio de un próximo artículo sobre Araquistain, Vayo y Babaibar, en pág. 6).

(6) Dice Ximénez de Sandóval: “José Antonio admiraba el talento clarísimo de Ledesma Ramos, a mí personalmente me dio a leer el Discurso a las juventudes de España, publicado un año después de su expulsión, encomiando su claridad y vigor” (op. cit., pág. 163). Ximénez se equivoca porque el Discurso… fue publicado apenas dos meses después de la expulsión de Ledesma. En cualquier caso, el comentario es significativo.

(7) Es significativo que reconozca en las páginas de esta obra (especialmente en pág. 92-95 del último capítulo) que el gran éxito de Primo de Rivera había consistido en seguir al pie de la letra la doctrina nacionalsindicalista: “INSISTIO, CON MÁS VIGOR QUE NUNCA, EN LAS CONSIGNAS PROPIAS DEL JONSISMO, HACIÉNDOSE INTÉRPRETE DE ELLAS Y SU MEJOR PROPAGADOR. En algunas intervenciones parlamentarias, y en otros discursos, acentuó su carácter antirreaccionario y juvenil. De ese modo logró, innegablemente, que sus grupos se moviesen en una órbita más fecunda que la indicada por él mismo otras veces” (pág. 92).

(8) Biografía apasionada…, op. cit., pág. 285. Escribe Ximénez: “Y aún tuvo la generosidad de recibir a Ramiro Ledesma en la cárcel”. La alusión es acompañada por una nota a pie de página (la 179) en donde se amplía la información y se sitúa la entrevista en el tiempo: “En donde Ledesma -dando al olvido incidentes pasados- lo visitó en mayo del 36 para ofrecerse a la Falange incondicionalmente”.

(9) Cfr. Sánchez Diana, op. cit., pág. 229, nota 13 a pie de pagina.

(10) Cfr. Ramiro Ledesma, biografía política, op. cit. Sánchez Diana, pág. 230.

(11) Todo lo que el Padre Villares pudo aportar como testimonio de los dos últimos meses de Ramiro Ledesma Ramos en la cárcel están contenidos en Ramiro Ledesma, op. cit., T. Borrás, págs. 713 a 782 y se reducen a afirmar que Ledesma murió como católico tras recibir la confesión. Por esto mismo escapan a cualquier comentario que podamos hacer en este artículo en el que nos hemos autolimitado a analizar los conceptos estratégicos de Ledesma.

(12) F. Gallego, op. cit., resume el episodio reuniendo varias fuentes en pág. 335-336. Tiene razón Gallego en escribir que “la estrategia política había empezado a ser sustituida por los actos testimoniales”. Por nuestra parte, creemos que, liquidada La Patria Libre quedó liquidado también el testimonialismo en Ledesma.

(13) Cfr. Historia de la Unificación (Falange y Requeté en 1937), Maximiano García-Venero, Madrid 1970, pág. 42.

(14) El propio Ximénez de Sandóval, en aquellos momentos joven militante falangista insiste en varias ocasiones en que Primo de Rivera y los demás mandos de la Falange ordenaron que no se hablara más del incidente (op. cit., págs. 264-267).

(15) Remitimos sobre esto el artículo que publicamos en Revista de Historia del Fascismo, nº XIV, págs. 4-99, Dossier: Los amigos vascos de Ramiro Ledesma.

(16) Cfr. Técnicas…, op. cit., p.ag 140, 149 y 150.

(17) Idem., pág. 79.

(18) Idem., pág 235.


ENLACES DE LA SERIE:

LA CONCEPCIÓN ESTRATÉGICA DE RAMIRO LEDESMA (1 de 8) – Objetivos y métodos del fascismo español

LA CONCEPCIÓN ESTRATÉGICA DE RAMIRO LEDESMA (2 de 8) – Paralelismos entre Ledesma y la Técnica del Golpe de Estado

LA CONCEPCIÓN ESTRATÉGICA DE RAMIRO LEDESMA (3 de 8) – Las cuatro etapas en la evolución estratética de Ledesma

LA CONCEPCIÓN ESTRATÉGICA DE RAMIRO LEDESMA (4 de 8) – La etapa “nuclear”: La Conquista del Estado

LA CONCEPCIÓN ESTRATÉGICA DE RAMIRO LEDESMA (5 de 8) – La etapa de construcción del partido: las JONS

LA CONCEPCIÓN ESTRATÉGICA DE RAMIRO LEDESMA (6 de 8) – La etapa de unión del “fascismo español”. La fusión con Falange

LA CONCEPCIÓN ESTRATÉGICA DE RAMIRO LEDESMA (7 de 8) – La pérdida de la iniciativa estratégica: de la ruptura del Falange al final de La Patria Libre

LA CONCEPCIÓN ESTRATÉGICA DE RAMIRO LEDESMA (8 de 8) – Las dudas finales: ¿construcción del partido o lucha armada?

LA CONCEPCIÓN ESTRATÉGICA DE RAMIRO LEDESMA – Conclusión

 


lunes, 15 de febrero de 2021

CATALUÑA 14-F (3 De 3): LA GENERALITAT HA PERDIDO

Comentar lo que ocurrió ayer en Cataluña es simple: para la mitad de los catalanes no ocurrió absolutamente nada que fuera de interés. Ninguna sigla de la amplia opción (25 candidaturas) interesó a la mitad de los catalanes. Pero lo significativo no es este desinterés, sino cómo se distribuyó. Solamente esto, explica los resultados que se produjeron. Ni en los catorce días previos de campaña electoral, ninguna sigla consiguió “emocionar”, ni movilizar el voto. Y esto, y no quien fue el vencedor, es lo más interesante de esta jornada electoral.

DESINTERÉS  Y DESAFECCIÓN

El que los porcentajes de voto hayan bajado 22 puntos en relación a 2017, es importante, pero, mucho más importante es preguntarse por qué. Obviamente, el Covid y el terror sembrado, tienen algo que ver, pero no hay que exagerar: podía votarse por correo y, si se hubieran esforzado un poco, hubiera podido votarse telemáticamente. Pero la cuestión es:

1) Que solamente votó la mitad del electorado (como ocurrió en Galicia y en el País Vasco anteriormente).

2) Que la “abstención” no afectó de manera igual a todos los partidos: dos sectores se vieron favorecidos: ERC, JxCat y Vox.

3) Que no solamente hubo desinterés el día de las votaciones, sino que la campaña electoral careció de ritmo y vida (salvo para los que consideraron un deber arrojar piedras sobre Vox).

Y esto no puede explicarlo solamente el Covid, en un momento en el que la curva de contagios ha bajado y nos encontramos entre ese interregno entre la “tercera” y la “cuarta” ola.

Y no hay que confundir: un 20% del electorado, no suele votar por las razones que sean, pero un 22% es demasiado como para pensar que solamente el virus ha sido el culpable. Hay otra explicación mucho más simple:

- El ciudadano medio tiene la sensación de que la “administración” lleva un año fallando (la asistencia sanitaria, especialmente, la educación, las oficinas municipales…), y el nacionalismo se ha preocupado de identificar obsesivamente “administración” con “generalitat”. De hecho, en Cataluña no existe otra “administración” pública que la elefantíaca burocracia de la gencat. Si la “administración” se apaga, una parte sustancial de los ciudadanos tiene tendencia a pensar que es a causa de la gencat… no de quien la gestiona, sino de la estructura de poder regional.

- El ciudadano medio desde, algo así como 2004, viene percibiendo que todo lo que tiene que ver con la gencat es la discusión en torno al “autogobierno”, “el ejercicio del derecho a la autodeterminación”, el “referéndum soberanista” y demás conceptos repetidos obsesivamente desde la plaza de Sant Jaume. Y tiene la sensación de que esta cantinela va a seguir, incluso aun cuando un socialista se siente en la poltrona de la presidencia (no olvidemos que toda esta marejada de consignas apareció cuando Pascual Maragall era presidente de la gencat.

- Al ciudadano medio le resulta imposible olvidar que desde hace algo más de 10 años, cualquier noticia sobre la gencat difundida en los medios, tiene que ver con el “proceso soberanista” y no con el bienestar de los ciudadanos. La gencat, por así decirlo, ha difundido de manera militante el ideal independentista. Ha gobernado -y esto es lo importante- para un sector de Cataluña, no para toda Cataluña. Y esto, especialmente en momentos de crisis, lo ha percibido el electorado.

El resultado de todo esto ha sido la DESAFECCIÓN de la mitad del electorado por cualquier cosa que tenga que ver con la gencat: es la sensación que impregna a muchos ciudadanos catalanes de que “esto no va conmigo”, “la gencat gobierna para los suyos”, “los indepes de la gencat solamente se preocupan de la independencia y el resto les trae al fresco”, “¿la gencat? ¡que le den!”.

Ayer, hasta las 10:30, cuando la absurda ordenación anti-covid de la gencat, obligó a cerrar los bares, lo que se oía en las conversaciones era DESAFECCIÓN hacia todo lo que pudiera emanar de la institución autonómica… incluidas unas elecciones.

Y esto, solamente, explica la distribución anómala de la abstención que puede resumirse así:

- En las zonas nacionalistas la abstención ha sido menor que en “Tabarnia” o en las zonas en las que el independentismo es más débil.

- En las zonas de mayor implantación “constitucionalista”, la abstención ha sido mucho mayor (no llegando a veces ni al 45%).

Esto implica que los principales afectados por la abstención han sido los partidos “constitucionalistas” y, por sí mismo, explica, que la caída en picado de Cs, no haya sido recuperada por ningún partido (salvo, algunos votos por Vox):

- La abstención ha afectado especialmente a los “constitucionalistas”.

- Quienes han ido a votar, mayoritariamente, han sido: por un lado, los nacionalistas empeñados en que tienen más del “50% de los votos” (como si una fotografía electoral en un momento dado, del 51% de los votos fuera suficiente para justificar la independencia, idea a la que se van a aferrar en los próximos meses) y, por otro, los “estatalistas” (no, los “constitucionalistas”) que están hartos de la deriva de la gencat desde 2004 y están dispuestos a manifestar su protesta votando, no a los más agresivos, sino a los que, de hecho, han sido víctimas de los más agresivos durante la campaña electoral: Vox.

LA "VICTORIA" PÍRRICA DEL NACIONALISMO INDEPENDENTISTA

Sumado, el voto independentista (ERC+JxC+CUP) supone el 47,45%... ¡del 50% del total de la población catalana! Es decir, en la práctica, algo menos de un 24%. Y estas cifras ya están mucho más próximas a la realidad lingüística catalana. Hay una cifra que indica cuál es el techo máximo del independentismo: el 35% de usuarios de la lengua catalana habitualmente que, no mayoritariamente, pero sí significativa, utilizan el catalán el 100% de su tiempo (y, en buena medida, solamente ven TV3).

La diferencia entre el 23% de votantes independentistas y ese 35% (deducidos los que, por supuesto, votan al PP o al PSC) son los “nacionalistas” con miedo al Covid que no han votado. Pero en unas elecciones normales, el bloque indepe no podría tener más allá de ese 35%. Si en alguna ocasión ha tenido más ha sido, simplemente, porque cada vez más, la gencat se ha convertido en portavoz, encarnación y gran timonel del “procés” y ha utilizado las “armas institucionales” (TV3, Catalunya Radio, prensa subsidiada, subsidios a la sociedad civil favorable) a su favor, creando el espejismo que se disolvería si, un buen día, el nacionalismo fuera apartado de la gencat.

Las declaraciones de los dirigentes indepes no dejan lugar a dudas: creen que han vencido, como en su infinita ingenuidad (o idiotez; recordar: “La República Catalana no existe, idiota”) porque sumados se aproximan a ese 51% mítico para ellos.

Aquí vale la pena hacer un aparte sobre las candidaturas que se han presentado a las elecciones. Algunas de ellas no han suscitado el más mínimo comentario, pero están ahí: se suele olvidar que no existían solamente tres “opciones indepes” (ERC, JxCat y CUP), sino que a estas había que sumar otras cuatro: el Partido Demócrata de Cataluña (restos en putrefacción de CDC, que intentaban jugar la carta de la moderación y retornar al nacionalismo de los años 80) (2,72%), el Partit Nacionalista de Catalunya (0’16%), el Front Nacional de Catalunya (0’18%) y el Moviment Primaries per la Independencia de Catalunya (0’21%), calderilla que, en conjunto da un 3,27% y sumados al 47,45%, suma ¡un 50,72%!... es decir, un 25% del total de la población catalana…

Los nacionalistas e indepes difícilmente puede hablar de éxito. Su predicación (para quien escucha los sermones diarios de los “grandes sacerdotes” del sector) cada vez deja más indiferente a la gente y, a fuerza de insistir, el independentismo tiende a ser, cada vez más, una secta, mucho más que una religión amplia. La temática de las sectas siempre es obsesiva y cansina… salvo para los que comparten la creencia y están dispuestos a ir un día de lluvia, desapacible, con Covid, que, para colmo, es el día de los enamorados, a votar a los redentores de Cataluña.

¿Y AHORA QUE…? O REALISMO, O NUEVAS ELECCIONES

La hegemonía entre los indepes, se dirime hoy por hoy, entre ERC y JxCat. Son hermanos separados: Junqueras y Puigdemont, se odian. El primero fue estafado, literalmente, por el segundo, que tomó las de Villadiego y ahí sigue a pan y cuchillo en Waterloo. El segundo “chupó talego” como suele decirse. Este es solamente uno de los muchos agravios comparativos y puyas que llevan lanzándose unos contra otros desde hace cuatro años. ¿Lograrán acordar firmar un pacto que les permitiría formar gobierno? Es probable. Pero, el problema es ¿para hacer qué?

Las declaraciones de los dirigentes de estos grupos ayer y hoy no pueden tomarse en serio, siguen la inercia de la campaña electoral. Todos hablan de máximos, pero las cosas no están tan claras: en ERC existe una corriente que reconoce el fracaso del “procés” y habla de inaugurar un “camino nuevo”. En JxCat no quiere oírse hablar de fracaso, sino del erre que erre: referéndum, camino hacia la independencia. Incluso en algunos sectores de este grupo existe la opinión de que ya hubo referéndum y lo ganaron, así que…

Si bien, lo más normal sería un acuerdo ERC+JxCat, no parece claro que se vayan a poner de acuerdo y, en última instancia, esto implicaría el fin de los coqueteos de ERC con Sánchez y la apertura de un nuevo período de inestabilidad en las relaciones entre la gencat y el Estado que, como ya se ha demostrado, siempre es desfavorable para el más débil, la gencat.

Luego está la otra opción, ERC+PSC, a la que se apuntaría En Común-Podemos (otro partido con una caída de votos de casi el 50%: de los 326.360 de 2017, ha pasado a los 194.017 de ahora). Con Illa, como presidente (que por eso ha sacado un 1’71% más que ERC). Sería la opción más razonable para que la gencat pudiera mantener relaciones de buena armonía con el Estado y arrancar alguna competencia y euracos para afrontar el post-covid (porque Cataluña, uno de los primeros destinos turísticos del Estado, está apagándose económicamente).

Cada partido tiene problemas internos y gravosos costes para abordar cada opción: si por Junqueras fuera, ERC ya habría adoptado un nuevo curso y pactaría con el PSC, constituyéndose como la CiU del siglo XXI. Pero el liderazgo de Junqueras no es sólido. Pere Aragonés -que vive a dos pasos de donde vivo yo- no es muy apreciado, ni siquiera por sus vecinos, pero ejerce el poder que le da el haberse sentado en la poltrona presidencial y hará lo que sea para mantenerse allí.

Todas las formaciones independentistas están presas de sus maximalismos: el que, públicamente, renuncie ahora a la independencia, corre el riesgo de ser abandonado por el electorado que irá, como la vaca va al toro, hacia quien le prometa independencia para pasado mañana.

Las siglas indepes y, en concreto, ERC, están presas de su pasado: y éste queda cada vez más atrás. Visto hoy, Francés Macià es una antigualla gagá, Companys un pobre diablo sin carácter fusilado después de haber cometido errores y crímenes, Prats de Molló, una aventura irresponsable, el 6 de octubre de 1934 una locura sin base, lo 40 años de ausencia de ERC de la política catalana indican su oportunismo y el escaso valor de sus miembros que no fueron capaces ni siquiera de montar células clandestinas, y la aventura independentista del “procés” sólo ha sido como ver una película de Charlot en tiempos de Star Wars. Si ERC renuncia a su pasado, se sitúa ante el abismo y ante el peligro de disidencia interna y abandono por parte del electorado indepe (las candidaturas menores indepes pensaban poder sobrevivir por las pérdidas de las dos mayoritarias que solamente han conservado votos, manteniendo la ficción indepe).

No va a ser fácil formar gobierno, y sea cual sea el que se forme, el fantasma de la inestabilidad no se habrá disipado cuando se aleja el fantasma del Covid.

Y AHORA TOCA HABLAR DE VOX

Lo que ha pasado con los partidos constitucionalistas, Pp y Cs, ya lo hemos explicado a través de la “desafección”, incluso el por qué Vox ha subido. Tengo delante la publicidad que Vox envió a todo el electorado. Era solamente una carta de Ignacio Garriga, por una cara, en castellano, con ocho párrafos. No creo que nadie haya votado a Vox por esta pobre hoja en la que solamente con buena voluntad podría percibirse un programa político. La explicación debe estar en otro lugar.

Vox ha hecho una campaña marcada por agresiones y altercados provocados por los independentistas radicales y permitidos por la Conselleria de Interior. Los “cerebros” que dirigen las porras y las cámaras de video de los Mossos d’Esquadra, han pensado que era mejor acallar a Vox e impedir que pudieran lanzar sus consignas, y lo que han logrado es que, ante determinado electorado, harto y cansado de las consignas indepes, de las consignas blandi-blup de Cs y de la mediocridad e irrelevancia del PP catalán, se enterase de la existencia de Vox y le apoyara, no tanto por su programa (insisto: la carta enviada por Vox a todos los hogares era muy, pero que muy discreta y, en absoluto suficiente para movilizar a un 7,69% del electorado). Ha sido el independentismo radical el que, con sus acciones hostiles, sus agresiones, su intolerancia y su violencia hacia quien públicamente se manifiesta en oposición a ellos, ha hecho la verdadera campaña de Vox.

Como era inevitable, Vox se presentó desde ayer como el gran vencedor. No lo era por la sencilla razón de que estas elecciones han sido anómalas por todo lo dicho anteriormente. Pero lo que sí es cierto, es que el “constitucionalismo” ha perdido fuerza en su conjunto y Vox ha recuperado a los votos más hartos procedentes de ese sector. Falta ahora ver lo que hacen y dicen sus once diputados en el Parlament. Porque de eso dependerá su futuro.

MÁS CARNAVAL QUE DIA DE LOS ENAMORADOS

Un 20% de los llamados a estar presentes en mesas, dijeron que no, que no estaban dispuestos a tener que relacionarse con unos cuantos cientos de ciudadanos, de los que, estadísticamente, algunos estarían contaminados por el virus. Así que la gencat encontró la solución: en las últimas horas de votación, debían acudir a votar los infectados por el virus… para ello, los miembros de las mesas debían ponerse un traje aislante por completo similar a los utilizados en guerra química y bacteriológica. Suponemos que alguna oficinilla de la gencat que habrá puesto las botas comprando este equipamiento. El caso es que las instrucciones -algo complicadas- para ponerse el disfraz estaban solamente en inglés, alemán y polaco. Y, para colmo, nadie o casi nadie, fue a votar en esa franja horaria. Era como si en las elecciones al soviet supremo de la URSS se hubiera ordenado a los “rusos blancos” que fueran con uniforme zarista para poder ser estigmatizados mejor por sus vecinos.

Las declaraciones sobre los miembros de las mesas hoy en las distintas televisiones, me han hecho pasar un buen rato: todos ellos insistían en la desorganización, el caos, y en el carnaval que suponía esta medida tan estúpida como las “franjas horarias” en los bares. Uno de los presidentes de mesa, decía en A3 que, después de ponerse el uniforme, esperaban un desfile de votantes zombis que no se produjo.

Otro detalle de ayer: certifico que, en mi pueblo, no hubo colas para votar en ningún momento (y tengo a gala vivir en un pueblo cuya tasa de abstenciones fue superior a la media catalana), pero, viendo TV3 parecía como si las colas fueran la constante en toda Cataluña. No hubo ni una sola toma de TV3 en las que no se vieran unas colas, como las que encontramos cuando aparecía algún cantante de moda… El “ministerio de la verdad” tenía que entrar en acción. Y lo hizo.

LA LECTURA NACIONAL DE LAS ELECCIONES CATALANAS

Estamos en un momento decisivo para el gobierno Sánchez. El gran problema para el presidente y, sobre todo, para los barones sociatas, consiste en cómo deshacerse de la presencia del moños, de sus concubinas y de los restos de Podemos. Las declaraciones de sus dirigentes de Podemos, cada vez son más marcianas, inoportunas y abren más y más fisuras dentro del PSOE.

A esto se une la presión la de la UE: “deshazte de estos irresponsables”, es el consejo general. Se lo dieron a Sánchez en Europa antes del verano y las elecciones catalanas han sido una nueva advertencia: a pesar de que no hay ministros de Podemos catalanes y que el moños apenas ha estado presente en la campaña electoral la caída de votos de su partener catalana (En Común-Podemos que une, en su interior a la antigua Izquierda Unida, al partido de la Colau y a la rama catalana de Podemos) ha sido notable, demostrando que la opción que nació del “movimiento de los indignados”, se encuentra en fase terminal y agónica.

Por otra parte, está la famosa “mesa de diálogo” que Sánchez siempre ha retrasado (para evitar que le pase lo que a ZP con Artur Mas) y que poco antes del inicio de la campaña quedaron en reabrir las partes. Esto, unido a la puesta en libertad el día antes de que empezara la campaña, de Junqueras, indica muy a las claras que Sánchez desearía gobernar con el apoyo de ERC… Pero, para ello, precisa que el PSC esté presente en el futuro gobierno de la gencat. Y una cosa son las palabras y mensajes intercambiados antes de la campaña y, otra muy diferente, estar en condiciones de hacerlos en realidad.

Presumiblemente el pacto era: pongo en libertad a los presos, abrimos “mesa de diálogo” a cambio de un gobierno PSC+ERC en Cataluña. Ahora queda ver si esto es posible, o quien ha tomado el pelo a quien. Y mucho nos tememos que Sánchez, de la escuela de trileros de Ferraz, tenga mucha más habilidad que ERC, al que, ya en su momento, un tontorrón como Puigdemont logró, literalmente, tangar.

Pero entre los “constitucionalistas” también van a producirse alteraciones: Cs, en primer lugar, está desahuciado. Le queda de vida, lo que dure la legislatura. Y el PP está escindido entre el afán de “moderación” para captar votos centristas fugados de Cs y la necesidad de una mayor radicalidad para evitar que su propio electorado le abandone en dirección a Vox. En Cataluña, de momento, ya se ha producido el “sorpasso” (si bien es cierto, que en las circunstancias excepcionales que hemos repasado) de Vox a Cs y al PP. Ahora queda ver, cuánto tardará en producirse ese “sorpasso” a nivel de Estado.

CONCLUSIONES: MOMENTOS DE IMPASSE

Como era de prever, las elecciones catalanas ni podían resolver nada, ni han resuelto nada (de hecho, las elecciones, como máximo aclaran el panorama político y modifican las correlaciones de fuerzas, pero nunca, absolutamente nunca pueden resolver problemas).

La fiesta de disfraces, el carnaval catalán de ayer, ni siquiera ha merecido una aprobación popular: nadie puede decir, gane quien gane, he ganado yo. Nadie puede ganar con un 50% de abstenciones. Absolutamente nadie. Nadie puede pretender que los resultados electorales le beneficien porque todos ellos han quedado condicionados por la altísima abstención.

¿Quién ha ganado y quién ha perdido?

- Ha perdido, en primer lugar y, sobre todo, la gencat, ese gobierno autonómico solo para catalanes independentistas. Y de qué manera ha perdido: por goleada y por un abstencionismo histórico.

- Ha perdido el “constitucionalismo” con sus consignas blandiblups y su falta de liderazgo y de actividad política entre elecciones.

- Ha perdido el nacionalismo que apenas supone una cuarta parte del total del censo.

- Ha ganado Vox que ha aprovechado, no su campaña, sino la campaña criminal desarrollada contra ellos por los indepes más descerebrados y por la más descerebrada TV3.

- Ha ganado el PSC que casi ha duplicado el porcentaje de votos a pesar de la alta abstención y al margen de las cualidades reales de Illa, responsable de la mala gestión del Covid, pero “célebre” por su presencia diaria en medios de comunicación.

- Ha ganado, sobre todo, por encima de todo y sin discusión el partido de la abstención. Una cosa es que no sirva de nada abstenerse, pero otra cosa es mostrar el hartazgo hacia la gencat por parte del electorado, algo que siempre es una opción: “NO EN MI NOMBRE”, que quiere decir: “HAGA LO QUE HAGA EL NUEVO PARLAMENTO, LO HARÁ EN NOMBRE DE LA MITAD DE LOS CATALANES Y HAGRA LO QUE HAGA EL NUEVO GOBIERNO DE LA gencat LO HARÁ EN NOMBRE DEL 25% DE LOS CATALANES”. ¿Representatividad? ¡Vaya mierda de representatividad! 

Casi nadie está enamorado de los partidos políticos, ni de la gencat. Lo demuestra la existencia del partido mayoritario: la abstención