lunes, 19 de marzo de 2018

Acaba de aparecer el nº 54 de la Revista de Historia del Fascismo



Íntegramente dedicado a la historia del Movimiento Social Italiano escrita por el que fuera brazo derecho de Giorgio Almirante en las tareas de prensa de la dirección del partido, Massimo Magliaro, ampliado por el autor para la edición española.

Presentamos en este número monográfico un trabajo escrito por MASSIMO MAGLIARO, cuyo título original es “LA LLAMA DEL RENACIMIENTO” en alusión al distintivo del MOVIMENTO SOCIALE ITALIANO. El autor nos presenta una historia de esta formación política en su día a día, desde 1944 hasta 1995. No se ha limitado a registrar los hitos en la trayectoria del MSI, sino que ha insistido particularmente en incluir también aquellos acontecimientos internacionales que marcaron la historia de los 50 años en los que estas siglas constituyeron un faro para la derecha nacional de toda Europa. En efecto, en estas 260 páginas se puede seguir con extrema claridad, no sólo la evolución de un ambiente político, sino lo que fue la Guerra Fría y los cambios que tuvieron lugar en Italia y en Europa. Todo lo cual contribuye a aclarar la línea política del MSI e incluso a explicar sus problemas y rupturas interiores, así como sus éxitos electorales y su capacidad de movilización popular. Debemos agradecer a su autor el habernos ilustrado sobre la titánica hazaña que encarnó esta sigla y los militantes que lucharon, y con mucha frecuencia, dieron la vida por ella.

La lectura de este ejemplar facilita una comprensión total sobre el que fuera el partido más emblemático del neofascismo parlamentario en la postguerra hasta su transformación en Alleanza Nazionale. Tras la lectura de esta obra, el lector tendrá todos los elementos necesarios para comprender el origen y las fidelidades de esta sigla, su orientación política, su política de alianzas y sus problemas internos, sus congresos y sus tendencias, su estructura organizativa, su importancia en la política italiana y sus hitos, sus hombres y sus dirigentes, la represión que se abatió sobre ellos y cómo fue, poco a poco, desmontado el cerco que se había impuesto en torno a sus siglas.

Lo que Massimo Magliaro ha resumido, a lo largo de 264 no es solamente la historia de una partido que dejó impronta, no solamente en quienes participaron en su vida interior, sino en la propia política italiana posterior a 1945. Casi una epopeya.

Sumario:
> Biografía del autor
> Introducción
> La historia del MSI día a día 1944-1995
> Conclusión

Características:
Tamaño: 15x21 cm
Páginas: 264.
Ilustraciones: Abundantemente ilustrado
Portada: cuatricomía, plastificada, con solapàs
Precio Venta: 18,00 euros. +4€ envío Correos
Pedidos: eminves@gmail.com
Suscripción 6 números: 100 euros
Pedidos librerías y grupos: 50% descuento.

jueves, 15 de marzo de 2018

PARECIDOS RAZONABLES (6): UNA PALABRA DOS SIGNIFICADOS


Una de las constantes más curiosas que estuvieron presentes en la tramitación del Estatuto de Nuria (1932) y en el “nou estatut” que se empezó a gestar en 2003 y que está en el origen de la “crisis independentista” de 2010-2017, es que las mismas palabras implican contenidos diferentes para quienes las utilizan. Por ejemplo, cuando se alude a “estatuto de autonomía”, el gobierno del Estado entiende que se trata de “descentralizar” la administración, mientras que los nacionalistas e independentistas entienden que de lo que se trata es de crear un Estado “autónomo” que hable de tú a tú con el Estado Español…

¿Y EL ESTATUTO DE SAU O ESTATUTO DE 1979?

¿Y qué ocurre con el Estatuto de Sau, el que restableció la Generalitat en 1979? Bueno… aquí hubo una sensible diferencia: fue el producto de la negociación entre el Estado y las “fuerzas políticas catalanas” en las que el primero ofreció a las segundas el poder tener el peso decisivo en el momento en el que no existieran mayorías absolutas a nivel nacional. Los nacionalistas de entonces –que seguían siendo una minoría dentro del conjunto de fuerzas políticas catalanas, todavía bajo hegemonía de la izquierda (que había protagonizado lo esencial de la lucha contra el franquismo) y del centro-derecha (que incluía a lo esencial del franquismo reconvertido)- se vieron obligados a aceptar esto, previendo que tenían por delante un largo recorrido para lo que ellos llamaban “fer país” (hacer país: esto es, dedicarse a reforzar la cultura nacionalista, extenderla a todos y crear una sociedad civil nacionalista que, en décadas venideras pudiera imponer sus condiciones al Estado).

De ahí la ecléctico del Estatuto de 1979. Pero aún así, lo importante no era el texto en sí, sino cómo se aplicara. Los nacionalistas entendían que la “cooficialidad” lingüística aludía al resto del Estado, mientras que el Estado pretendía que se produjera en Cataluña. Al menos, inicialmente… porque cuando, Felipe González o Aznar precisaron el concurso de los votos de CiU para seguir gobernando el Estado, realizaron todas las concesiones que exigió Pujol.

Una vez más, la ignorancia histórica de la generación que realizó la transición, acarreó el gran equívoco que benefició a los nacionalistas. En efecto, de haber sabido lo que el nacionalismo entendía por “estatuto de autonomía”, probablemente el texto que se aprobó en 1978 hubiera sido mucho más concreto y específico.

UNA PALABRA Y DOS SIGNIFICADOS: “ESTATUTO DE AUTONOMÍA”

Cuando Macià proclamó el “República Catalana” en la mañana del 14 de abril de 1931 desde el “antic Palau de la Generalitat”, el gesto no gustó a los republicanos que habían firmado el Pacto de San Sebastián unos meses antes: eso no era lo acordado (y lo sabían perfectamente porque allí estuvieron Aiguarder (luego alcalde de Barcelona y notorio masón), Carrasco i Formiguera y Macià Mallol que actuaron en nombre, respectivamente de Estat Catalá, Acción Catalana y Acción Republicana de Catalunya.  Firmaron el acuerdo y Alcalá Zamora, se comprometió, a cambio, a “resolver el problema catalán”. 

A partir de ese momento, “República” e “independentismo” quedaron unidos. Y lo más sorprendente: a pesar de la catalanidad de la Lliga Regionalista, la recién constituida ERC (surgida de la fusión de Estat Catalá, Partido Republicano Catalán de Macià y el grupo L’Opinió (de Lluhí i Vallescá), basó su éxito electoral en el eslogan: “Macià Si, Cambó no” (que en la calle se tradujo como “Visca Macià, que mori Cambó”…).

En las elecciones municipales de abril se produjo el “surpasso” de la Lliga por parte de la recién constituida ERC que en Barcelona obtuvo el doble de concejales que el catalanismo conservador.

DE LA REPÚBLICA DE LOS 3 DÍAS, A LA DE LOS 5 SEGUNDOS, PASANDO POR LA DE LAS 10 HORAS.

Amparado en estos resultados (más o menos sin confirmar en el marasmo de aquellas primeras horas posteriores a las elecciones), Companys proclamó a primera hora del 14 de abril la República… y Macià, unas horas después, el “Estado Catalán dentro de la Repúblico Federal Ibérica”, lo cual es aun más curioso, teniendo en cuenta que ambos militaban en ERC… Al día siguiente, Macià formó su “gobierno de la República Catalana”. Hubo que esperar al 18 de abril para que llegaran de Madrid, Marcelino Domingo, Nicolau d’Olwer y Fernando de los Ríos (los tres, prominentes masones) logrando que Macià renunciara a la “república catalana y al Estado Federal”. En compensación redactaron el Estatut d’Autonomía. 

Macià salvó la cara, alegando a toro pasado que la proclamación de la independencia el 14 de abril había sido "simbólica": ¿a que os suena? 

La gracia estriba en que Macià, en nombre de “todos los catalanes” proclamó la “República Catalana” ¡que nadie había votado!, olvidando que era solamente el presidente de un partido recién constituido que, si bien fue mayoritario en los primeros meses de la República, se debió a que la nueva ley electoral ¡concedía el 75% de los escaños al partido que quedara en primer lugar! En aquel momento, Macià salvó la cara afirmando que aquella primera declaración había sido una “simbólica afirmación de soberanía nacional y del ideario federalista”.

Aquella segunda “República Catalana” (la primera había sido la proclamada por Clarís en el siglo XVII, antes de arrojarse en brazos de Francia y pasar a formar parte del Reino galo) duró tres días. Mucho más, desde luego, que el Estado Catalán nacido en la mañana del 6 de octubre de 1934 y fenecida en la noche del mismo día, por no hablar de la proclama también “simbólica” de la tercera “República Catalana” en octubre de 2017 cuya duración fueron, poco más o menos, diez segundos, batiendo –también en esto- un record.

ESTATUTOS NACIONALISTAS = CONSTITUCIONES DE LA NUEVA REPÚBLICA

Otro detalle sobre el que pueden formularse paralelismos es en el hecho de que el Estatuto de Nuria, al menos el texto redactado por una ponencia constituida por Pere Corominas, Jaume Carner, Rafael Campalans y Josep Dencàs (los cuatro, dicho sea de paso y sin prejuzgar nada, masones en algún momento de sus vidas) no era un “estatuto de autonomía” propiamente dicho, sino más bien una constitución propia de un Estado independiente de tomo y lomo. 

La intención de los ponentes era clara: lo que no habían conseguido materializar entre el 14 y el 18 de abril de 1931, lo conseguirían mediante la propuesta realizada por D’Olwer, Domingo y de los Ríos (los tres, igualmente masones… si lo resaltamos es, simplemente para hacer valer el hecho de que en sus primeros momentos, la Segunda República fue, de manera indiscutible, la “obra de la masonería”, lo que permite entender la obsesión que se puso en una legislación anti-religiosa que dominó sus dos primeros años de vida) en nombre del gobierno de la República.

En el preámbulo de aquel anteproyecto ya se declaraba textualmente que Cataluña era un “Estado autónomo dentro de la República Española”. El catalán sería la única lengua oficial y el castellano se podría utilizar sobre para tratos con el Estado. Se preveía la agregación de nuevos territorios al Estado Autónomo y, por supuesto, el control sobre la enseñanza y sobre la cultura… Lo que los nacionalistas no pudieron hacer en 1979 porque la correlación de fuerzas les era adversa, lo intentaron en el anteproyecto que, obviamente, sería tumbado por las Cortes de la República en el debate que siguió.

Los ponentes querían proclamar “legalmente” la creación de un Estado Autónomo que naciera “legalmente de espaldas” a la legislación constitucional republicana que definía al Estado Español como “integral” (eufemismo para no utilizar la palabra “unitario” vinculada a la monarquía). Se añadía, eso sí, que ese “Estado integral era compatible con la autonomía de los municipios y de las regiones”. Esa misma constitución prohibía la creación de “federaciones regionales” como la que proponían los nacionalistas. Así pues, en 1931 ya estuvo presente la contradicción flagrantes entre un anteproyecto de Estatuto que la legislación republicana no podía aceptar.

Lo más significativo es que se logró en 1931 un Estatuto recortado que fue finalmente aprobado el 4 de septiembre de 1932, después de que se produjera en aquel verano una campaña antinacionalista en toda España y la propia “sanjurjada” fuera generada a partes iguales por la legislación anticatólica republicana y por la lectura del texto de Nuria. Éste resultaría recortado, finalmente (como ocurrió con el “nou Estatut” de Maragall). Entonces se decía que “solo existía una Nación-Estado como fuente de poder”, ahora se dijo que “la soberanía nacional reside en el pueblo español”, como principales argumentos constitucionales contra el independentismo.

De todas formas, el Estatuto de 1932 fue mucho más limitado que el de 1979. El Estado se reservaba el control de la minería, la explotación forestal, la agricultura, el agua, la caza, la pesca fluvial, las obras públicas, la aviación, la radio, la prensa, la seguridad nacional y los seguros. Respecto a la enseñanza  se establecieron dos redes paralelas de centros públicos: la del Estado (que era la existente hasta ese momento) y la que la Generalitat podía crear a partir de entonces por iniciativa propia y bajo su financiación)…

¿POR QUÉ “ESTATUTOS DE AUTONOMÍA” CUANDO BASTA UNA SIMPLE “DESCENTRALIZACIÓN”?

El Estatuto no solamente había quedado lejos de las expectativas independentistas iniciales, sino mucho más bajas de lo que luego establecería el Estatuto de Sau en 1979. ¿Lo más lacerante para los independentistas? ¡que estos recortes fueron bien acogidos en Cataluña en 1932 y satisfizo ampliamente a la población! Solamente los nacionalistas pedían “más”. Y los nacionalistas distaban mucho de ser mayoría como demostraron las elecciones siguientes en las que ERC empezó a perder votos y la Lliga recuperó su papel hegemónico.

La tranquilidad y aceptación que tuvo aquel Estatuto recortado y encarrilado por la constitución republicana como una simple “descentralización” indica que, salvo para los nacionalistas (y para sus aliados ingenuos o simplemente analfabetos políticos) todo se resolvía creando un poder inmediato y de proximidad. El problema es que no era eso lo que exigían los nacionalistas e independentistas que aspiraban, simplemente, a crear un Estado independiente… y no tenían el valor de confesarlo abiertamente, jugando con las ambigüedades, las políticas de máximos y fingiendo aceptar normativas que, interiormente, solamente consideraban como pasos previos para la independencia en cuanto las condiciones mejorasen… ¿Quién ha hablado de “lealtad” en el nacionalismo?

ALGUNAS CONCLUSIONES

¿Qué puede deducirse de todo esto? Especialmente que bajo el nombre de “estatuto de autonomía” existen dos concepciones opuestas defendidas por los “unitaristas” y por los “independentistas” :

- para unos es un texto para la descentralización del Estado.
- para los otros es el documento constitucional que alumbra un “nuevo Estado”.

Luego, se demuestra que el “estatuto de autonomía” ha sido solamente para el nacionalismo independentista (no hay otro nacionalismo, más que el independentista, el nacionalismo “moderado” que no busca la independencia de la “nación” no es nacionalismo sino regionalismo) un paso previo para la independencia y para preparar el camino a la independencia (el Estatuto de 1933 llevó a la revuelta de 1934 y el de 1979 y el de 2006, llevaron a la infausta “flamarada” puigdemoniaca.

En tercer lugar que el nacionalismo-independentista es incapaz (¡y lo ha sido siempre!) de comprender la realidad catalana: NO TODOS LOS CATALANES SON INDEPENDENTISTAS, NI SIQUIERA TODOS LOS QUE VIVEN EN CATALUÑA TIENE COMO LENGUA HABITUAL EL CATALÁN, NI TIENEN SU ORIGEN EN CATALUÑA… en cualquier caso, ellos solamente gobiernan, piensan y actúen en nombre del independentismo, incluso en sus actuaciones como cargos públicos institucionales (y por tanto representantes de todo el cuerpo electoral).

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lunes, 12 de marzo de 2018

COLECCIÓN "CONSPIRACIÓN"


Lo que se pretende en esta colección es desmitificar, separar lo real de lo imaginario y ofrecer a los lectores las obras clásicas sobre esta temática acompañadas de ensayos sobre su origen, sus aciertos y/o errores. 

Hasta ahora la Colección CONSPIRACION de EMINVES ha publicado cinco volúmenes: 

1.- ESTUDIOS SOBRE LA MASONERÍA (E. Milà)
PEDIDO AMAZON (recomendado para fuera de España)
PEDIDO  EMINVES (recomendado para España)

2.- ESCRITOS SOBRE ANTISEMITISMO (E. Milà)
PEDIDO AMAZON (reocmendado para fuera de España)
PEDIDO EMEINVES (recomendado para España)

3.- LA EUROPA DE LOS BANQUEROS (H. Coston)

4.- LOS FINANCIEROS QUE MUEVEN EL MUNDO (H. Coston)

5.- LA CONSPIRACIÓN ABIERTA (H.G. Wells - E. Milà)

LA CONSPIRACIÓN ABIERTA – H.G. WELLS – E. Milà


H.G. Wells fue el famoso autor de ciencia ficción que, además de algunos relatos en los que su portentosa imaginación anticipaba algunos desarrollos de la ciencia, fue también un pensador político vinculado a la izquierda universalista. Inicialmente, miembro de la Sociedad Fabiana, asistió a la creación de la London Economic School, y participó en los debates de la sociedad hasta su enfrentamiento con el matrimonio Webb y con Bernard Shaw. Mantuvo también relaciones con las primeras promociones salida de las aulas de la London Economic School, entre los que figuran representantes de las dinastías económicas anglosajonas. 

Sin embargo, esta ruptura no le alejó de la política y siguió manteniendo contactos con dirigentes políticos de todo el mundo especialmente en los años 30. Mantuvo amistad con Churchill y con Roosevelt y conoció a Stalin. En su obra, La Conspiración Abierta, describe su proyecto político para la humanidad futura. No se trata de una novela de ciencia-ficción sino que la obra se presentó como un ensayo de “prospectiva”.

En realidad es algo más que eso: es una definición realizada en los años 30 de cómo será el mundo futuro. Y sorprende la rigurosa exactitud entre lo previsto por Wells y lo que tenemos ante la vista en nuestros días, hasta el punto de que E. Milà en su introducción, define la obra como “los verdaderos Protocolos de los Sabios de Sión”, en relación a la mixtificación realizada por la OKRANA zarista culpabilizando a los judíos de un intento de dominio mundial teorizado en el Congreso Mundial Judío celebrado en Basilea a finales del siglo XIX. A pesar de lo que se ha dicho, las diferencias entre esta obra y la realidad que vivimos en el siglo XXI es cada vez más pronunciada, sin olvidar que la falsificación fue realizada en base a un texto anterior, Diálogo entre Maquiavelo y Montesquieu escrito por Maurice Joly a mediados del siglo XIX.

Sin embargo, La Conspiración Abierta no adolece de estas discrepancias entre lo expuesto en la obra y lo realizado. Lo que nos presenta Wells en su obra es un mundo globalizado, que para él es un logro y una utopía accesible.

En la introducción a la obra, Ernesto Milà, a lo largo de sesenta páginas, describe la vida y la obra de Wells, sus relaciones, sus contactos con las altas esferas políticas y económicas y lo que nos ha querido decir en su obra. La lectura de La Conspiración Abierta, confirmará en la idoneidad de calificarlo como “los verdaderos Protocolos de los Sabios de Sión”. El lector juzgará.

Sumario de la obra:

INTRODUCCIÓN 
Los verdaderos Protocolos de los Sabios de Sión
de Ernesto Milá     7
> ¿Quién fue H.G.Wells?     8
> ¿Qué era la Sociedad Fabiana?   13
> ¿Qué contiene La Conspiración Abierta?   35
> ¿Cómo ha influido la obra de Wells
   en la modernidad?   48

LA CONSPIRACIÓN ABIERTA
Planes para una Revolución Mundial
de H.G. Wells     57
 Prefacio   59
 I. Necesidad de una religión para la vida humana   62
II. La subordinación del Yo: la esencia de la religión   67
III. Necesidad de una reafirmación religiosa   70
IV. Expresión objetiva de la religión moderna   77
V. La trama de la tarea ante el género humano: la economía universal   82
VI. Amplias características de la economía mundial   86
VII. No se trata de ninguna utopía estable 103 VIII. La conspiración abierta debe ser heterogénea 105
IX. Los enemigos de la conspiración abierta 113
X. La conspiración abierta y los pueblos menos industrializados 132
IX. Resistencias entre nosotros mismos 145
XII. Conspiración abierta: explicación y propaganda 156
XIII. Labor constructiva inicial 170
XIV. Las posibles alianzas 185
XV. El hogar creador. El grupo social y la escuela. La seriedad joven 196
XVI. Desarrollo de las actividades de la  Conspiración Abierta 202
XVII. La Comunidad Mundial 209
Notas al margen de estas páginas de propaganda 212

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miércoles, 7 de marzo de 2018

PARECIDOS HISTÓRICOS RAZONABLES (5): “MIRA QUE OS LO DIJE…”


El independentismo lleva desde septiembre recibiendo collejas que, hasta ahora, no han sido particularmente duras, sino que casi han revestido el carácter de reprimendas propias de un padre amantísimo, harto de advertir a su hijo bienamado que “eso no se hace”. Así puede entenderse que la aplicación del Artículo 155 no haya sido particularmente sangrante, ni bochornosa para la autonomía catalana, comparado como podía haber sido. A fin de cuentas, en 1934, la cosa terminó mucho peor, con el nombramiento de un Gobernador General de Cataluña y la suspensión del Estatuto, juicios rápidos y condenas de prisión elevadas (si bien, Companys, el protagonista de aquella “flamarada”, era perfectamente consciente de que la próxima subida al poder de las izquierdas supondría una amnistía general).

En ambos casos, en 1934 y en 2017, unos y otros se habían preocupado por advertir al Gobierno de la Generalitat lo que podía ocurrir si vulneraba la legalidad vigente. El problema fue que los independentistas no dieron por enterados y no creyeron que el Estado estaría en condiciones ni que se atrevería a aplicar las medidas constitucionales previstas ante la eventualidad de una rebeldía.

1934: GENERAL BATET, “MIRA QUE OS LO DIJE”

El caso de 1934 es sorprendente. Los mismos historiadores nacionalistas comentan que Companys en persona había advertido de sus proyectos al gobernador militar de la IV división Orgánica (Cataluña), el General Domingo Batet, nacido en Tarragona y de notorias convicciones republicanas.

En aquella ocasión, la sublevación se justificó porque en las elecciones de noviembre de 1933, el centro-derecha se había impuesto. El partido mayoritario, con 117 diputados, fue la Confederación Española de Derechas Autónomas. Sin embargo, gobernaron los radicales, con el apoyo exterior de la CEDA. Era la primera fase de Gil Robles para aproximarse al poder: condicionar al gobierno; la segunda fase sería introducir ministros cedistas en el gobierno, y la tercera, convocar nuevas elecciones y obtener él mismo la presidencia. 

Todo esto produjo una extraordinaria desazón en la izquierda española que consideraba SUYA a la República. Y tal fue el origen de la guerra civil: la fractura vertical de la sociedad española en dos bloques, republicano y de izquierda a un lado y monárquico y de derechas, a otro, con un centrismo radical condicionado por unos o por otros. Los republicanos nunca consideraron que la República era DE TODOS los españoles y, por tanto, cualquier medida legislativa que no fuera en dirección a lo que las izquierdas consideraban como propio, era considerado como una “desnaturalización de la República” y, por tanto, se reservaban el derecho de no aceptarlo. Companys compartía esta doctrina.

Las izquierdas estaban convencidas:

1) De que la subida al poder de las derechas entrañaría la abolición del Estatuto de Autonomía,
2) Que supondría una abrogación de la legislación anticlerical aprobada en los dos primeros años de la República y
3) Que la CEDA era el “fascismo y el nazismo” traídos a España…

Así pues, el PSOE y los independentistas catalanes:

1) querían preservar la autonomía catalana como paso, bien a un Estado Catalán dentro de una República Federal Española o bien hacia una República Catalana independiente.
2) querían mantener la legislación anticlerical de fuerte matiz masónico y
3) querían batir a los que consideraban como “fascistas catalanes” (La Lliga), su principal escollo para orientar el conjunto del catalanismo hacia el independentismo.

Por eso PSOE e independentistas hicieron causa común en las jornadas del 6 de octubre y por eso mismo, el movimiento, tal como lo concibió Companys fue ambiguo: una mezcla de nacionalismo independentismo y de acto de defensa de la concepción republicana de izquierdas y del federalismo que siempre había mantenido Companys como objetivo.

Dentro de esta óptica parecía evidente que un general como Domingo Batet, notoriamente republicano, se decantara a favor de los que se declaraban republicanos… Antes de la sublevación del 6 de octubre, no una sino varias veces, Companys se había entrevistado con Batet anunciándole sus proyectos. Siempre, sin excepción, absolutamente siempre, el militar republicano había sido claro y sin sombra de dudas al explicar cuál sería su actitud ante esa eventualidad: CUMPLIRÍA LA LEGISLACIÓN VIGENTE (la misma actitud le costaría la vida cuando se opuso a la sublevación del 18 de julio de 1936 en la Capitanía General de Burgos).

Pues bien, aún así, Companys siguió adelante con sus proyectos, sin querer enterarse de que sublevarse contra el gobierno republicano legítimamente constituido, se encontraría pocas horas después con una batería situada frente al Palau de la Generalitat. Es más, cuando ya había proclamado el “Estado Catalán”, Companys telefoneó a Batet pidiéndole ¡que se pusiera a sus órdenes! Y apeló a sus sentimientos republicanos. El general le pidió una hora para meditar… Unas horas antes ya había recibido instrucciones del gobierno del Estado, así que esa hora la utilizó para sacar las unidades militares a la calle… Luego, Batet pidió a los militares que estaban a las órdenes de la Generalitat (concretamente a Pérez Farrás, miembro de la masonería), que se pusieran a sus órdenes. Éste respondió que seguía a las órdenes de Companys y que estaba organizando la defensa del Palau de la Generalitat.

Sería el propio general tarraconense quien pidió unas horas después que lanzara una proclama de rendición. Companys la redactó y un oficial la leyó por la radio. Por cierto, concluía con un “Viva España” y una “Viva la República Española”, escritos por Companys de su puño y letra… (lo que recuerda demasiado las declaraciones de los protagonistas del 1-O ante el juez diciendo que todo lo hecho era "simbóilico" y que reconocían la legalidad, el 155 y el dogma de la Trinidad, si les pedido testificar sobre ello...

Si no fuera porque el resultado de tanta estupidez fueron no menos de 30 muertos, cabría decir que la astrackanada fue digna del mejor sainete de los hermanos Álvarez-Quintero.

2010-2017: MARIANO RAJOY, “MIRA QUE OS LO DIJE”

Exactamente lo mismo, pero todavía más grotesco, se repetiría entre 2010 y 2017.

Quienes acusan de debilidad a Rajoy, no deben olvidar que en innumerables ocasiones repitió, tanto a Artur Mas como a su desgraciado sucesor, Puigdemont, que la convocatoria de un referéndum declarado ilegal por el Tribunal Constitucional tendría graves consecuencias jurídicas. 

El recordatorio se hizo por activa y por pasiva. Claro está que los independentistas nunca se lo terminaron de creer: su análisis sostenía que el Estado Español era débil (en 2010 lo era, pero la economía había sido intervenida por la UE, con lo que cabría decir que, aunque el Estado fuera débil, la UE actuaba como aval y apoyo internacional compensatorio) y que no tendría fuerzas para reaccionar contra “Cataluña”. Luego resultó que, como Companys en 1934, lo que ellos concebían como “Cataluña”, solamente era una parte, en absoluto la totalidad de la región.

Al producirse las primeras detenciones en septiembre de 2017, los independentistas se vieron sorprendidos. Cuando la Guardia Civil entraba en las consejerías afectadas por la puerta principal, las secretarias trataban de triturar los papeles comprometedores y sacaban otros por las puertas traseras… Puro vodevil. 

El mismo Artur Mas, alias “el astuto”, uno de los capitales araña del proceso, nunca creyó que iba a salir perjudicado judicialmente: cuando debió afrontar fianza y multa multimillonaria y comprobó que el “seguro de responsabilidad civil” contratado por la Generalitat no cubría “actos contra la ilegalidad” y fracasó estrepitosamente su campaña de recogida de fondos para cubrir las fianzas, entendió que aquello había terminado. Dimitió de cualquier cargo político y anunció su retirada de la política, entre el llanto y el crujir de dientes.

Los dirigentes de la Generalitat nunca podrán decir que el gobierno del Estado –y cualquier persona con dos dedos de frente y unos mínimos conocimientos jurídicos- no les hubiera advertido de los resultados jurídico-penales de su irresponsabilidad, ni en 1934, ni en 2010-2017. Alegar ignorancia en el siglo XXI, cuando en las fonotecas y videotecas se guardan cientos de bytes sobre todas estas declaraciones resulta ingenuo y propio del niño que ha sabido que ha cometido una travesura y baja la cabeza cuando su tutor le amonesta…

¿Qué pretendieron los independentistas en 1934 y en 2017? ¡JUSTO LO MISMO QUE MACIÀ EN 1926! En efecto, en aquel año, el “Avi” intentó un movimiento insurreccional absurdo en Prats de Molló. Ciertamente, en aquel momento, España vivía un gobierno de facto, dirigido por el General Primo de Rivera y había sólidas razones para pensar que las democracias europeas le apoyarían (ninguno lo hizo, por cierto, sí en cambio las logias masónicas francesas que lo absolvieron a él y a sus colegas, la mayoría italianos, pues en efecto, el ministro del interior francés y el presidente de la república eran masones, e incluso lo era Ricciotti Garibaldi que se sentó con él en el banquillo).

En aquella ocasión, Macià, antes de comenzar la enloquecida aventura dijo a sus colaboradores: “Si ganamos, ganamos, y si perdemos nos espera la gloria y el martirio”… Esa segunda posibilidad hubiera sido el eslogan más adecuado para la publicidad de cualquier gabinete sadomasoquista, pero indicaba una línea de tendencia. Macià fue, simplemente, santificado por el independentismo, que a su derecha sentó a Pau Clarís y a su izquierda a Companys. Resulta más improbable que Mas o Puigdemont alcancen ese trono de “gloria y martirio”.

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martes, 6 de marzo de 2018

François Duprat, visto desde España




Reproducción del artículo publicado en la obra"François Duprat - le prophète du nacionalisme-révolutionnaire",
Ediciones Ars Magna - Colección Le devoir de la mémoire.

No conocí personalmente a Français Duprat, sin embargo, estuve en contacto con él desde 1972 ó quizás 1973. Me fue enviando periódicamente las revistas que iba publicando y leía los artículos que firmaba con su nombre y con varios seudónimos (“François Solchaga”, entre otros) en La Défense de l’Occidente y en alguna otra revista menor. Cuando empezó a publicar unas hojas semanales cyclostiladas (Les Cahiers Nationalistes Revolucionaires) me suscribí y las estuve recibiendo durante dos años seguidos hasta que se interrumpió su publicación al ser asesinado.

Así mismo, me interesé particularmente por los estudios que había publicado en dos números especiales de la revista de Maurice Bardéche, sobre las “jornadas de mayo de 1968” y sobre la revuelta estudiantil, así como los dos libros que publicó en las Ediciones NEL sobre el mismo tema. Leí, igualmente, las distintas obras que publicó en torno a la historia del fascismo y, de hecho, debo reconocer que ellas están en el origen de que en septiembre de 2010 yo mismo iniciara la publicación de la Revista de Historia del Fascismo que va por su número 53. Su historia sobre el MSI, publicada por Les Septs Couleurs, fue el primer esbozo sobre la evolución de este movimiento que me resultó accesible.

Recuerdo también que la imagen inicial que me hice de Ordre Nouveau fue a partir de la lectura del libro publicado con motivo del congreso de este partido, con las tesis que él mismo elaboró y presentó, con el manifiesto que incluía y sobre el que me extenderé más adelante. Ignoro si Duprat tenía relaciones con algún otro militante español de la época (no lo creo), pero estoy convencido de que yo fui uno de los que leyó, al sur de los Pirineos, con más interés sus publicaciones en esa época y, por tanto, si bien nunca nos conocimos personalmente, sí conocía su obra y estaba familiarizado con ella.

En la distancia física que existía en los años 70, y en la distancia temporal que existe entre aquella época y nuestros días, puedo distinguir tres vertientes en François Duprat: la política, la histórica y la doctrinaria.

EL DUPRAT “POLÍTICO”

Por azares de la vida, fue dos meses después de su asesinato cuando empecé a viajar regularmente a París y tuve ocasión de conocer a gentes que había militado con él en Ordre Nouveau y, anteriormente, en Occident. A partir de ese momento, empecé a reordenar mis ideas. En efecto, una cosa era la versión que Duprat quería dar de los movimientos en los que militaba y otra muy diferente la tendencia mayoritaria que mostraban.

Cuando tuve ocasión de conocer al antiguo equipo de dirección de Ordre Nouveau, advertí pronto que el movimiento no había sido en ningún momento “nacional–revolucionario”, sino un simple partido de la “derecha nacional”. Lo mismo podía decir de Occident y, por supuesto, del Parti des Forces Nouvelles que siguió. Así mismo, el Front National de Jean Marie Le Pen, aunque contuviera en su interior una pequeña tendencia nacional–revolucionaria, fue desde el principio un partido de “derecha nacional”. Así pues, existe en todo esto una confusión: una cosa es la tendencia que quiso imprimir Duprat a estos movimientos y otra muy diferente, la que tuvieron en realidad.

Hay que reconocer que el asesinato de Duprat impidió saber qué hubiera ocurrido en el futuro y cómo hubieran influido los Groupes Nacionalistes Révolutionnaires de Base, especialmente, cuando Le Pen dejó de ser “monsieur 1%” y se convirtió en un fenómeno político. A nadie se le escapa que era una difícil convivencia: habitualmente Jean Marie Le Pen se mostraba como un nacionalista de la vieja escuela, atlantista y especialmente anticomunista; era evidente que Duprat y sus GNRB iban mucho más lejos y que, solamente la convivencia fue posible dada la situación de extrema debilidad en la que había quedado Le Pen tras disolución gubernativa de Ordre Nouveau, cuando el Front National que auspiciaba esta organización quedó privado de su elemento motor.

Los problemas que hubieran podido aparecer en los años 80 en el interior del FN de haber sobrevivido François Duprat al atentado que le costó la vida, hubieran sido muy similares a los que ya se habían generado en el interior de Ordre Nouveau: una tendencia radical y “revolucionaria”, difícilmente puede convivir de manera estable y durante mucho tiempo con una tendencia exclusivamente nacionalista de vieja escuela.

Es peligroso fiarse de lo que queda en las publicaciones. Si leemos el libro sobre el Congreso de Ordre Nouveau, nos llevaremos la impresión de que se trataba de una organización “nacional–revolucionaria” y activista, en consonancia con la imagen que Duprat dio de ella. Cuando en 1978–81 me pude relacionar con el núcleo que había estado presente tanto en Occident como en Ordre Nouveau, lo que me sorprendió fue el carácter extremadamente moderado de sus posiciones políticas que, en el fondo, se podían reducir a dos: anticomunismo y nacionalismo. Nada más.

Es fácil adivinar que, si Duprat hubiera sobrevivido, el enfrentamiento con Jean Marie Le Pen hubiera tardado poco en llegar. De lo que no me cabe la menor duda es que el equívoco entre nacional–revolucionarios y moderados no se hubiera prolongado hasta el infinito. A diferencia de Jean Pierre Stirbois (que debió integrarse en el FN a partir de grupos solidaristas hacia 1977 o, en los primeros meses de 1978), Duprat era más doctrinario y activista, y mucho menos “político” en el sentido convencional de la palabra. Duprat ocupó el cargo de Secretario General del FN en los tiempos de la “travesía del desierto”, en los que el partido apenas podía aspirar a otra cosa que a sobrevivir y a tratar de ser “hegemónico” entre los grupos de extrema–derecha. Mientras que el PFN parecía disponer de más efectivos, especialmente juveniles, el FN obtuvo mejores resultados electorales y pudo presentar más candidatos (aunque con un promedio que no ascendió del 0’2%...).

A pesar de que el PFN había conseguido trenzar una alianza con Fuerza Nueva en España y con el Movimiento Social Italia, en el marco de la “euroderecha”, lo cierto es que este partido nunca llegó muy lejos, ni logró estabilizarse y prácticamente desapareció a principios de los años 80, dejando el campo libre al FN ya sin Duprat y sin su adjunto, Alain Renault, pero con Stirbois en la Secretaria General. Desaparecido Duprat, los GNRB ya no tenían acomodo dentro del FN y se perdieron en pocos meses. Cuando se celebró el primer aniversario del asesinato de Duprat, su “obra política” ya se había desdibujado completamente.

EL DUPRAT “HISTORIADOR”

Mayor eco ha tenido su obra como historiador del fascismo y, no solamente del fascismo, sino de los aspectos más relevantes de su tiempo. En efecto, Duprat escribió varios libros de carácter histórico a finales de los años 60 y en los 70. Ciertamente, con posterioridad sus estudios históricos se han visto superados, pero hay que reconocer que en 1968 no disponíamos de ninguna historia sobre el Movimiento Social Italiano, lo ignorábamos todo sobre los orígenes de aquel partido y Duprat nos facilitó un esbozo de apenas 200 páginas, en pequeño formato, que aclaró nuestras dudas.

Otro capítulo de su obra trató sobre los sucesos de mayo de 1968: dos libros, L’International Étudiante Révolutionnaire y Les journés de mai 68, publicados poco después de que sucedieran los hechos y dos números especiales de La Défense de l’Occident, escritos junto a Maurice Bardèche, consagrados al mismo tema, dieron una perspectiva muy amplia, ilustrativa y de urgencia sobre aquel movimiento. Duprat, efectivamente, sabía de lo que hablaba y aportaba datos extraordinariamente precisos que solamente había podido salir de evaluaciones y seguimientos de estos grupos elaborados en medios de algún servicio de la “defensa nacional”. En Les journés de mai 68, Duprat alude a un tema que ha estado completamente ausente en los estudios sobre aquellos incidentes: las relaciones que tuvieron los servicios especiales del régimen gaullista, la extrema–derecha y los ambientes militares. Resultaba evidente que, Duprat en persona, había participado en aquellas conversaciones o que, al menos, conocía de primera mano los contactos.

Buena parte de su producción estuvo destinada a reconstruir la historia de los fascismos. En la actualidad existen estudios históricos, tesis doctorales y trabajos muy bien documentados elaborados en distintas universidades sobre, prácticamente, todos los movimientos de extrema–derecha y sobre los fascismos en cualquier país del mundo. Pero en los años 60 y durante la primera mitad de los años 70, era muy frecuente que los propios militantes ignoraran las vicisitudes del fascismo histórico en su propio país (y puedo confirmar que en España, los propios falangistas entonces ignoraban casi por completo cómo había sido la historia del partido entre 1933 y 1936 y jamás dispusieron de una “historia canónica”). Duprat realizó un esfuerzo en esa dirección: supimos así de la existencia de un partido “baasista” y panarabista extendido en varios países de Oriente Medio, nos ilustró sobre la extrema–derecha chilena que floreció durante el período de Salvador Allende y de la Unidad Popular, escribió sobre los fascismos centro–europeos y sobre la Alianza Popular Revolucionaria Americana del Ecuador…

En este sentido, debo agradecer a Duprat el que me indicara un camino a seguir: el del testimonio histórico y el del conocimiento de la trayectoria de los fascismos en muchos países. Es cierto que Duprat era rápido al escribir, no se entretenía mucho en profundizar o redondear tesis históricas y que sus libros no solían estar escritos con rigor académico y con las referencias que se exigen en los trabajos y tesis universitarias, pero sus artículos y el material que elaboró sobre el tema eran fuentes preciosísimas de información que nos abrieron a muchos la posibilidad de entender, trabajar y profundizar los temas de los que él mismo nos abrió la puerta.

Particular interés para mí tuvo su libro sobre la extrema–derecha francesa desde la postguerra hasta la fundación de Ordre Nouveau, publicado por las Editions Albatros. Por fin pude disponer de un conjunto de informaciones y datos que me indicaran en qué condiciones se había producido la depuración, cómo surgieron los primeros grupos nacionalistas en la postguerra, qué fue Jeune Nation, la OAS, Europe–Action, etc, etc, organizaciones de los que habíamos oído hablar, incluso de las que disponíamos de algunas revistas pero cuya trayectoria ignorábamos en una época en la que Internet no existía y los correos eran lentos y caros…

Duprat en la última etapa de su vida, tocó también el tema revisionista y es considerado como una de los máximos difusores de esa corriente en Francia. Posteriormente, otros tomarían el relevo y cada vez más, en un ambiente progresivamente más hostil e, incluso, peligroso, el revisionismo fue avanzando. Si hemos mencionado en último lugar esta componente, se debe a que enlaza con la última vertiente de Duprat, la “doctrinaria”. En efecto, para Duprat el “revisionismo” no tenía sólo un aspecto histórico, sino que albergaba un interés doctrinario en la medida en que suponía oponerse al sionismo, posición que no era una simple toma de posición política, sino especialmente una definición amplia de un enemigo que era a la vez geopolítico, ideológico y económico.

EL DUPRAT “DOCTRINARIO”

Valorar la obra de Duprat desde el punto de vista doctrinal es complicado, especialmente desde España. Él mismo se definía como “nacional–revolucionario”, pero en cada país esta palabra tenía una connotación diferente. En España, el “nacionalismo–revolucionario” era utilizado por la organización neo–nazi Círculo Español de Amigos de Europa (CEDADE) como un eufemismo para aludir al nacional–socialismo. Así pues, en España, un nacional–revolucionario era, simplemente, un neo–nazi. En Italia, sin embargo, sectores del MSI y de la extrema–derecha activista y neo–fascista, se consideraban “nacional–revolucionarios”; frecuentemente, los nacional–revolucionarios italianos eran también “evolianos” y “tradicionalistas”. Luego estaba Jean Thiriart que había tratado de definir el “nacionalismo revolucionario” con unos términos muy diferentes y en una dimensión europea. La visión que dio Duprat de esta doctrina tenía mucho de “peronista”: era un nacionalismo de carácter social sin concesiones ni al comunismo ni al capitalismo.

El nacionalismo–revolucionario nunca fue unánime a la hora de establecer las bases de su doctrina, ni mucho menos a la hora de enunciar una estrategia viable. Eran los tiempos de la Guerra Fría, Europa estaba en el ojo del huracán, dividida y ocupada por las dos superpotencias que se disputaban la hegemonía mundial. Era frecuente que algunos nacional–revolucionarios italianos (Evola incluido) fueran “más anticomunistas” que “anticapitalistas” alegando que un régimen comunista en Europa Occidental supondría trabajar en unas condiciones políticas de persecución y clandestinidad mucho más duros de las que se daban en los años 60 y 70. Otros, por el contrario –el Thiriart posterior a la disolución de Joven Europa– tendió cada vez más había considerar a Rusia como aliada en la liberación de Europa. Ni siquiera en este punto, existió unanimidad en los medios nacional–revolucionarios.

Duprat fue quizás uno de los doctrinarios que intentaron por todos los medios encontrar equilibrio y ponderación a su “nacionalismo–revolucionario” e incluso expresarlo a través de unas propuestas estratégicas que difundió hasta su muerte. Pero había algo que no estuvo en condiciones de superar: la ambigüedad entre las distintas corrientes que se reclamaban del nacionalismo–revolucionario y lo limitado de su alternativa estratégica (que le llevó a militar, casi forzosamente, en organizaciones no específicamente nacional–revolucionarias, sino ancladas en la derecha–nacional).

Tenemos presente las tesis de Duprat expuestas en el Congreso de Ordre Nouveau que incluía un “Manifiesto Nacional Revolucionario”. Hoy las podemos calificar de “idealistas” en el sentido en que enunciaban ideas y tesis de manera rotunda pero que no iban a acompañadas de propuestas estratégicas capaces de hacerlas triunfar. Por otra parte, la lectura de las obras de Duprat no nos dejó claro algo que, al menos en España, ha costado el desgaste y la pérdida de generaciones de activistas: el reconocimiento de que en 1945 concluyó una época y los fascismos murieron de muerte violenta. Lo que debía seguir luego (lo que se llamó neo–fascismo y que se extinguió en los años 90) debía haber reconocido la derrota y reconocer que los fascismos habían entrado en la historia.

Para Duprat y para muchos de nosotros, el nacionalismo–revolucionario era, de una forma u otra, la continuación de los fascismos históricos, el sector que podía considerarse heredero de aquellas formaciones políticas de los años 20 y 30, derrotadas en 1945. Yo creo que éste fue el principal problema de esta corriente: el tener entre sus filas a muchos de los “derrotados” que se negaban a admitir la derrota y querían continuar el combate por sus ideales de juventud con honor y lealtad. Y lo hicieron.

Duprat heredó esta vocación, intentó actualizarla y redefinirla en los movimientos en los que militó, pero sin éxito, hay que reconocerlo. No existe un terreno intermedio entre el testimonialismo y el pragmatismo: o se hace testimonialismo o se hace política. El triple aspecto de Duprat en su faceta de doctrinario, político e historiador, es muestra de que intentó ambos caminos y que el intento se saldó con el fracaso.

DUPRAT Y LOS “SERVICIOS SECRETOS”

Se ha escrito y se ha dicho mucho sobre el trabajo realizado por Duprat para determinados servicios secretos. Incluso se ha aportado su nombre en código: “Hudson”… He de decir que, en lo personal, todos estos rumores me han parecido malintencionados. Todo tiene su explicación. Un viejo refrán español dice “el que quiere nadar tiene que mojarse”… Todo aquel que ha recorrido el mundo, que ha intentado hacer política, que ha jugado algún papel político mayor o menor en los años 60 y 70, siempre, antes o después, ha terminado conociendo a “alguien” vinculado a los servicios de inteligencia. Eso, era lo normal…

Lo importante no es eso, sino si esa persona ha traicionado a su ambiente político, si ha causado daños al ambiente en el que militaba, si algunos de sus compañeros de partido se han visto dañados por “delaciones”. Entonces, mantener contactos con servicios de inteligencia es, obviamente, algo reprobable y que entra de lleno en la “traición”. No he oído a ningún militante francés decir que se vio perjudicado en ningún sentido por la acción o los contactos de François Duprat. Quienes lanzan esas acusaciones se califican a sí mismos.

En cuanto al misterio sobre su muerte tampoco creo que se pueda olvidar que dado lo prolífico de sus escritos y el cargo político que desempeñaba en el FN en el momento de morir, es normal que la extrema–izquierda lo viera como una puntal de la extrema–derecha y, por tanto, como objetivo preferencial de la obsesión antifascista. En los años 70, determinados ambientes trotskistas creían que la revolución estaba a la vuelta de la esquina y practicaban una “gimnasia revolucionaria”: asaltos contra la extrema–derecha, creación de grupos de carácter terrorista que golpeaban al enemigo… o a quienes ellos creían que tenía un papel político muy superior a su papel efectivo en este sector, como era el caso de Duprat.

AGRADECIMIENTO A FRANÇOIS DUPRAT

A cuarenta años de distancia de su asesinato, la imagen de Duprat se encuentra extremadamente desdibujada. Es un icono. Pero a los iconos hay que darles contenidos o, de lo contrario, aparecen como cáscaras sin vida. En lo personal, el “icono Duprat” tiene un carácter muy concreto.

Los problemas de Francia y de Europa en los años 70, no tienen prácticamente ninguna relación con los que se viven en nuestros días. En estos últimos 40 años han cambiado muchas cosas: la Guerra Fría ha terminado, el equilibrio de partidos que se daba en los años 70 y que resultaba inamovible desde 1945, está cada vez más sometido a una erosión, el nacionalismo cada vez tiene menos sentido, salvo en el marco europeo, estamos en la época de la globalización y del ultraliberalismo, los problemas económicos y de identidad tienen hoy una incidencia extrema en la vida de las poblaciones europeas, así pues, los escritos políticos que dejó Duprat en el momento de su asesinato ya no pueden alumbrar esta nueva época.

Así mismo, los temas que tocó en sus libros de historia, han sido ampliados, recuperados y sistematizados. Duprat nos marcó el camino a seguir, un camino que han recorrido muchos historiadores dentro y fuera de nuestro ambiente político. Hoy se sabe mucho más sobre la historia de los fascismos de lo que se sabía en 1977. Ahora bien, para algunos de nosotros, la figura de François Duprat siempre estará presente en tanto que fue uno de los instigadores para interesarnos en el conocimiento del pasado y de la historia de nuestro ambiente político. La deuda que tenemos contraída con él es impagable y siempre la reconoceremos.

Finalmente, podemos aludir a la actitud vital de Duprat: tratar de encontrar en cualquier momento un camino para llevar adelante las ideas. Por difícil que sea para un nacional–revolucionario actuar en un medio que no es el propio, Duprat nos enseñó cierto realismo y pragmatismo. Ser revolucionario no es repetir más veces en menos tiempo las intenciones revolucionarias, sino encontrar caminos realistas para hacer posible la revolución.

Este es el Duprat con el que me quedo y esto es lo que me enseñó en la distancia François Duprat.

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