EL PANORAMA ASTROLÓGICO ALEMÁN ANTES DEL NAZISMO
(1918-1933)
Tras la Primera Guerra Mundial, Alemania vivía una mezcla
de inquietud, búsqueda espiritual y necesidad de respuestas. En este clima, la
escena astrológica floreció como nunca antes: revistas, pequeños círculos
locales, escuelas rivales y una galaxia de personajes más o menos competentes
se disputaban la atención de un público ávido de orientación. No existía una
«astrología alemana» unificada. Al contrario: cada ciudad tenía su centro, cada
grupo su doctrina, cada maestro su propia interpretación. Entre los
protagonistas surgieron dos polos principales: por un lado, los que aspiraban a
dar a la astrología un carácter científico, ordenado, con estándares
claros; por otro, los que preferían un enfoque más popular, teosófico, a menudo
impregnado de misticismo y sensacionalismo. En este contexto destacó el Dr.
Hubert Korsch, un hombre metódico, decidido a convertir la práctica astrológica
en una profesión respetable. Su revista Zenit y su Central
Astrological Office (CAO) intentaban establecer normas, exámenes y
diplomas: una forma de elevar la disciplina por encima del caos de los
improvisados. En el lado opuesto, figuras como Hugo Vollrath, editor y
divulgador prolífico, veían la astrología como un campo libre, sin
restricciones normativas. A su alrededor gravitaban autores populares,
profesores autodidactas, quirománticos, místicos y corrientes esotéricas
dispares. Su estilo atraía a los lectores, pero irritaba profundamente a
Korsch, que lo consideraba un obstáculo para la credibilidad de la astrología.
El resultado fue una tensión creciente: rivalidades editoriales, acusaciones
cruzadas, congresos acalorados, maniobras internas en los círculos. La prensa
astrológica de la época documenta este periodo como una auténtica «guerra de
astrólogos» librada a través de artículos, panfletos, congresos y denuncias
personales. En ese escenario minado, los astrólogos alemanes se vieron
obligados a operar como en un pequeño universo cerrado, animado por la
ambición, el idealismo y la rivalidad. (…)
HUBERT KORSCH Y EL SUEÑO DE UNA ASTROLOGÍA PROFESIONAL
Entre las muchas figuras que animaban la astrología
alemana de los años veinte, nadie encarnaba el deseo de «reforma» como el Dr.
Hubert Korsch. Donde otros veían un campo esotérico libre, Korsch veía una
disciplina que debía regularse, hacerse seria y profesional. Su proyecto tenía
una ambición clara: liberar a la astrología del amateurismo y crear un cuerpo
de expertos certificados, respetados incluso por las instituciones.
El paso fundamental en esta dirección fue la fundación de
la Oficina Central Astrológica (CAO). No se trataba de un simple club,
sino de un verdadero organismo regulador: exámenes, diplomas, criterios de
admisión, estándares mínimos para poder ejercer. En una época en la que
cualquiera podía improvisarse «astrólogo», fue una revolución. La CAO quería
distinguir a los profesionales de los charlatanes, a los estudiosos serios de
los improvisados. La revista Zenit, dirigida por Korsch, era el brazo
intelectual del proyecto. En su tono mesurado, a veces austero, se traslucía
una visión clara: la astrología no debía ser un espectáculo, sino una
competencia; no un conjunto de historias consoladoras, sino un conocimiento
basado en el método, el rigor y la responsabilidad hacia el público. No es de
extrañar que esta postura irritara a muchos de los astrólogos más populares,
pero menos académicos que se sintieron atacados.
Sin embargo, el problema era doble. Por un lado, Korsch
atraía ataques por su intento de «controlar» la profesión: se le acusaba de
arrogancia, autoritarismo y elitismo. Por otro lado, el mundo exterior,
especialmente el clima político cada vez más tenso, veía con recelo cualquier
disciplina que buscara la autonomía. La impresión general era que la astrología
debía demostrar no solo competencia, sino también fiabilidad política, un
concepto que se volvió crucial después de 1933.
En la práctica, Korsch se encontró luchando en dos
frentes: interno, contra las rivalidades de otros astrólogos; externo, contra
la desconfianza del Estado y el entorno político cada vez más totalitario. A
pesar de todo, la CAO logró construir cierto prestigio. Muchos profesionales
obtuvieron el diploma de Korsch, considerado la certificación más seria de la
época. Pero el sueño de que la CAO fuera reconocida oficialmente como organismo
regulador nacional quedó sin cumplir: las autoridades nunca aceptaron el
principio de que un diploma de astrología pudiera garantizar la «fiabilidad
política». Y sin este requisito, en un régimen totalitario, no se podía
conceder ningún reconocimiento. (…)
VOLLRATH, BECHER Y EL NACIMIENTO DE
LA «GUERRA DE LOS
ASTRÓLOGOS»
Si Korsch representaba la vía académica y disciplinada,
Hugo Vollrath encarnaba la otra alma de la astrología alemana: la más popular,
comercial y abierta a los gustos del gran público. Donde Korsch veía rigor,
Vollrath veía mercado; donde el primero perseguía la profesionalización, el
segundo privilegiaba la difusión masiva. A esta divergencia de opiniones se
sumó pronto una rivalidad personal que se transformó en un conflicto sin
precedentes.
Vollrath era editor de la Astrologische Rundschau,
una de las revistas de astrología más leídas en Alemania. Estaba asociado al
mundo teosófico, circulaba en círculos esotéricos más informales y se dirigía a
un público amplio, ávido de predicciones y lecturas populares. Junto a él
trabajaba Theobald Becher, una figura astuta y políticamente sensible, capaz de
intuir el cambio que se avecinaba con el auge del nazismo. Las primeras
fricciones surgieron cuando Korsch, con su CAO, comenzó a proponer una regulación
que inevitablemente perjudicaría a los astrólogos profesionales improvisados
que formaban parte de la base comercial de Vollrath. La idea de pruebas,
diplomas, titulaciones y control de la práctica se percibía como un ataque
directo a su forma de trabajar.
Así fue como la rivalidad latente se convirtió en una
guerra abierta. La acusación más violenta partió de Becher: insinuó que Korsch,
a través de la CAO, vendía horóscopos prefabricados. Era un golpe bajo, porque
minaba precisamente la autoridad que Korsch intentaba defender. Korsch
reaccionó publicando en su Zenit un dossier que desenmascaraba supuestas
irregularidades en el sistema editorial de Vollrath, incluidas afirmaciones
discutibles sobre su título académico. Las revistas, de ambos bandos, se convirtieron
en escenarios polémicos. Cartas abiertas, acusaciones, contraacusaciones: cada
número traía un nuevo capítulo de la disputa, que rápidamente degeneró en un
conflicto personal hecho de insinuaciones, rencores, boicots y alianzas
cambiantes.
Pero lo más interesante —y más inquietante— es que la
guerra de los astrólogos se desarrolló precisamente cuando el nazismo estaba
consolidando su poder. En una época en la que toda actividad cultural estaba
politizada, Vollrath y Becher comprendieron antes que otros que la astrología
no podría sobrevivir sin al menos una aparente adhesión al nuevo orden.
Aprovecharon entonces el clima político: hablaron de «astrología nórdica», de
«ciencia aria», y buscaron legitimación en los nuevos círculos de poder.
Korsch, más cauteloso y culto, quedó en cambio expuesto,
vulnerable en ambos frentes: a los ataques de los astrólogos rivales y a la
mirada recelosa de las nuevas autoridades. La disputa, por paradójica que pueda
parecer, no se refería solo a divergencias metodológicas: era la lucha por el
control de todo el movimiento astrológico alemán, justo cuando Alemania se
encaminaba hacia la transformación política más oscura de su historia.
REPRESIÓN, CENSURA Y LA LENTA AGONÍA DEL MOVIMIENTO
(1934-1937)
Tras la breve temporada de ataques políticos y golpes de
mano, la astrología alemana entró en una fase mucho más sombría. Ya no era
tiempo de maniobras internas: el poder real, el de la policía y los ministerios
del Reich, comenzó a restringir sistemáticamente la libertad de
cualquiera que operara en el campo de lo oculto. Las autoridades no querían
astrólogos influyentes ni grupos demasiado autónomos: querían control,
silencio, disciplina.
El primer golpe llegó en 1934, cuando el presidente de la
policía de Berlín prohibió todas las formas de adivinación profesional. No fue
una advertencia, ni una normativa: fue una prohibición. Astrología,
quiromancia, grafología, cualquier tipo de consulta predictiva: todo prohibido.
En pocos meses, los periódicos de Berlín, y luego los de otras ciudades,
recibieron órdenes explícitas de rechazar cualquier anuncio publicitario
procedente de astrólogos. La medida afectó sobre todo a los operadores «populares»,
que vivían de horóscopos prefabricados y lecturas comerciales. Pero el mensaje
era claro para todos: el tiempo de la visibilidad había terminado. La
prohibición empujó a muchos practicantes a la semiclandestinidad. Los más
prudentes trabajaban con cita previa, los más atrevidos continuaban en secreto,
esperando no ser denunciados. Mientras tanto, la policía comenzó a confiscar
libros, revistas y manuales, a menudo sin motivo alguno: una presión constante
que minaba la resistencia de los editores y vaciaba las estanterías de las
librerías especializadas.
Precisamente para evitar que la represión fuera total,
algunos editores y divulgadores intentaron una maniobra diplomática. En 1934 y
1935, los libreros y editores más afectados por las confiscaciones organizaron
reuniones en Berlín, en un intento de negociar directamente con las
autoridades. Así nació la idea de un Comité de Mediación, un organismo que
pudiera hablar en nombre de todo el movimiento astrológico. Christian
Meier-Parm intentó sintetizarlo, pero el proyecto fracasó inmediatamente: las
envidias personales, las antiguas rivalidades y la incómoda presencia de Korsch
hicieron imposible una representación compartida.
Al final, fue otro sujeto el que encontró un compromiso
con el Estado: las asociaciones de libreros y editores, que tenían más peso
político y más experiencia en tratar con las oficinas del Reich. El resultado,
en 1935, fue la creación de una Oficina de Censura de Literatura Astrológica, a
cargo de Karl-Friedrich Schulze. Una figura «inofensiva», políticamente fiable,
que actuaba como filtro entre el mundo oculto y las autoridades. No se trataba
de una rehabilitación: era un sistema de control. La lenta agonía del
movimiento continuó en los años siguientes. Las revistas más importantes
comenzaron a cerrar: Astrologische Rundschau dejó de publicarse; Die
Astrologie de Becker desapareció en 1937; el almanaque de Elsbeth Ebertin
fue suspendido «por razones ajenas a su voluntad».
El punto álgido de este proceso se produjo en 1937,
cuando la propia Sociedad Teosófica Alemana, cercana a los círculos
astrológicos, fue disuelta por el régimen. La editorial teosófica de Vollrath
fue cerrada. Sus sedes, incluso los pianos y el mobiliario, fueron requisados o
reasignados a las Juventudes Hitlerianas. Estaba claro que la astrología ya no
era un terreno de libertad, sino un campo minado. Los astrólogos que
sobrevivieron se dividieron entre la prudencia, el silencio y la obediencia
forzada. El movimiento que en los años veinte llenaba salas y publicaba decenas
de revistas se había reducido a un susurro.
La siguiente fase, la de la guerra y el ocultismo
«subterráneo», sería aún más compleja, estrechamente entrelazada con el destino
de un hombre: Karl Ernst Krafft, astrólogo suizo, estudioso serio y destinado,
a su pesar, a convertirse en el nombre más controvertido de la astrología en el
Reich.
KARL ERNST KRAFFT: EL VIDENTE ANÓMALO DEL TERCER REICH
En el panorama astrológico alemán de los años treinta, un
nombre emergió con un aura diferente a los demás: Karl Ernst Krafft. Suizo,
culto, metódico, alejado de las ruidosas rivalidades de los grupos alemanes,
Krafft no buscaba la notoriedad mediante polémicas o publicaciones agresivas.
Era un estudioso riguroso, apasionado por la estadística, convencido de que la
astrología podía encontrar una base científica. Sin embargo, el destino lo
llevaría al centro del capítulo más oscuro de la historia europea.
Después de 1934, cuando el clima cultural alemán se había
vuelto sombrío y sospechoso, Krafft se trasladó al sur de Alemania. Allí
cultivó un interés creciente por el horóscopo de Hitler, un tema que, a pesar
de las prohibiciones de publicación, circulaba intensamente en privado entre
astrólogos, ocultistas y curiosos. Según algunos testimonios, Krafft lo estudió
con una atención casi obsesiva: para él, la carta natal del Führer era una
clave para comprender el destino de Alemania. No era solo un impulso esotérico.
Krafft creía sinceramente que su competencia podía ser útil para el Estado. En
una época en la que todo conocimiento era potencialmente explotable, se
ilusionó con que el Tercer Reich pudiera estar interesado en su investigación.
Convencido de que era posible que le encargaran una misión, permaneció durante
años en una posición ambigua: no era un simpatizante político, sino un técnico
que esperaba poner su talento al servicio del poder.
Mientras muchos astrólogos se sentían intimidados o se
veían obligados a guardar silencio, Krafft, protegido por el hecho de no ser
alemán y quizás por su perfil científico, siguió trabajando. Su nombre comenzó
a circular en los círculos más reservados. Algunos lo consideraban el astrólogo
ideal para el régimen: competente, sobrio, digno de confianza. Otros lo veían
simplemente como un intelectual ingenuo, incapaz de comprender la naturaleza
del poder al que cortejaba.
Con el estallido de la guerra, esta tensión cada vez más
silenciosa comenzó a tomar una forma más concreta. El interés por las
predicciones —aunque prohibido para el público— fue cultivado por muchos
individuos aislados dentro del Reich, a menudo entre los oficiales más
supersticiosos. Nadie lo admitía oficialmente, pero la astrología clandestina
nunca había sido tan estudiada. En este clima, Krafft comenzó a creer que su
momento estaba cerca. Su preparación metódica, su rigor matemático y su
convicción de que realmente podía contribuir al «destino del Reich» lo
impulsaron a continuar su trabajo, esperando lo que consideraba un encargo
inevitable: convertirse, de hecho, en el asesor astrológico del Führer.
La historia demostraría que esa esperanza lo llevaría
lejos, demasiado lejos, hasta convertirse en una figura clave en la leyenda
negra de la astrología bajo el nazismo.
EL FINAL DEL MOVIMIENTO ASTROLÓGICO EN EL TERCER REICH:
1941
El verano de 1941 marcó la disolución definitiva de la
astrología alemana organizada. Lo que había comenzado como un lento proceso de
marginación se convirtió de repente en una represión total. Ninguna sociedad
astrológica sobrevivió, ninguna revista siguió publicándose, ninguna actividad
profesional siguió siendo legal. La astrología se consideraba ahora,
oficialmente, una amenaza para la seguridad del Reich. Irónicamente, el
punto de inflexión no fue un acto astrológico, sino el vuelo en solitario de
Rudolf Hess a Escocia en mayo de 1941.
Hess, obsesionado con los presagios y los consejos
esotéricos, fue rápidamente tachado por el régimen de inestable, y su huida
desencadenó una violenta reacción represiva. La conexión entre Hess y el mundo
de lo oculto fue inmediatamente explotada para identificar a un nuevo
«culpable»: todo lo que tuviera que ver con la astrología, la profecía, el
simbolismo y la clarividencia.
El régimen, incapaz de explicar lo sucedido, necesitaba
un chivo expiatorio. Y la elección recayó precisamente en un sector ya
sospechoso, ya semiclandestino y dominado por figuras percibidas, con razón o
sin ella, como políticamente poco fiables. En pocas semanas, toda la
infraestructura astrológica fue desmantelada: revistas cerradas, libros
incautados, archivos confiscados, círculos disueltos, astrólogos arrestados o
puestos bajo vigilancia, publicaciones prohibidas por decreto.
El golpe fue rápido y definitivo. El hecho de que la
astrología ya hubiera sido silenciada en los años anteriores facilitó la
operación: ya no había un frente que derribar, solo residuos aislados que
extinguir uno por uno. Incluso Korsch, el más respetado entre los astrólogos
serios, fue arrestado. Estaba claro que ya no importaba la competencia ni la
alineación ideológica: solo importaba eliminar un sector percibido como
impredecible, incontrolable, «irracional». Los pocos astrólogos que aún estaban
en activo desaparecieron sin dejar rastro, obligados a interrumpir toda
actividad o a refugiarse en nuevas profesiones. La Astrologische Rundschau
ya había dejado de existir; Mensch im All y Sterne und Mensch
corrieron la misma suerte en 1941. Los grandes nombres de los años veinte y
treinta —Ebertin, Vollrath, Becker, Glahn— se retiraron o fueron silenciados.
Todo el movimiento, que en su día había llenado congresos internacionales, se
había disuelto como si nunca hubiera existido.
¿Y Krafft? Su nombre se entrelazó directamente con las
paranoias políticas post-Hess. Se vio envuelto en una red de sospechas e
interrogatorios, y su destino personal se convertiría en el símbolo del fin de
una época. En los meses siguientes, los acontecimientos lo llevarían a su
trágico final, una historia que merecería un capítulo aparte.
En el verano de 1941, la historia de la astrología en el
Tercer Reich llegó a su fin definitivo. No fue un declive lento, sino
una destrucción programada, en la que el régimen aniquiló no solo una
disciplina, sino todo un ecosistema cultural: editoriales, escuelas, revistas,
asociaciones y vidas profesionales. La «gran época» de la astrología alemana
—explosiva, creativa, fragmentada y caótica—, nacida durante la República de
Weimar y que sobrevivió a duras penas a los primeros años del nazismo, terminó
así, en pocas semanas (…). A partir de ese momento, ningún astrólogo alemán se
atrevió a hablar abiertamente hasta el final de la guerra. El silencio, más que
cualquier polémica o enfrentamiento interno, marcó el verdadero epílogo de esa
larga y tormentosa historia.
EL ÚLTIMO CONGRESO ASTROLÓGICO DE LA SEGUNDA GUERRA
MUNDIAL
El último gran Congreso Internacional de Astrólogos del
período anterior a la guerra se celebró en Düsseldorf en 1936. Fue un evento de
resonancia europea, seguido también en Estados Unidos, y representó la culminación
de una época en la que la astrología alemana aún intentaba afirmarse como
disciplina moderna y respetable. Al frente de la organización estaba, como
siempre, el Dr. Korsch, principal promotor de una «astrología científica». Sin
embargo, su entusiasmo ya no era solo metodológico: en los años en que el
régimen nazi consolidaba su poder, Korsch había decidido cortejarlo
abiertamente. Convencido, tal vez ingenuamente, tal vez oportunistamente, de
que era necesario someterse al nuevo orden, trató de presentar la astrología
como un recurso útil para la nación.
En el folleto oficial del congreso aparece textualmente
el telegrama que Korsch envió al ministro de Propaganda, Joseph Goebbels: (…):
«Los astrólogos alemanes presentes en este congreso le aseguran su máximo
compromiso en la promoción del prestigio alemán en su campo. La lealtad
inquebrantable al Führer y al pueblo es su principio más evidente y
supremo. Heil Hitler!».
Sorprendentemente, Hitler respondió al congreso con un
telegrama de cortesía, señal de que, al menos hasta ese momento, el régimen
seguía con atención, pero sin hostilidad, las actividades astrológicas: «A los
participantes del Tercer Congreso Internacional y Decimoquinto Congreso Alemán
de Astrólogos les expreso mi más sincero agradecimiento por sus saludos. Les
devuelvo el saludo con mis mejores deseos para su trabajo. - Adolf Hitler».
Esta respuesta, carente de connotaciones negativas, demuestra que en 1936 la
astrología aún no había entrado en el punto de mira del régimen, que no comenzó
la represión sistemática hasta 1937-1939.
Tras las apariencias solemnes, el de Düsseldorf fue en
realidad uno de los congresos más turbulentos de la historia de la astrología
alemana. Durante la inauguración, Korsch sorprendió a la asamblea con un
discurso agresivo. Atacó a los astrólogos que no apoyaban su línea científica
ni su inclinación filonazi, y reservó una violenta invectiva sobre todo contra
las mujeres astrólogas, a las que definió como: «el sexo menos inteligente»
«volubles», «poco fiables» y «aptas únicamente para la procreación». Eran
palabras que reflejaban no solo el clima de la época, sino también la amarga
rivalidad personal que enfrentaba a Korsch con su principal antagonista: Hugo
Vollrath, también vinculado a los círculos nazis y figura de gran influencia en
la escena astrológica alemana.
En el folleto oficial del congreso, «Astrologie 1936 -
Vorträge und Bericht des III. Internationalen Astrologen-Kongresses», se
recogen íntegramente las palabras iniciales de Korsch, que declaraba:
«La erradicación de la llamada astrología popular debe
llevarse a cabo a una escala aún más sustancial. (...) A menudo son las mujeres
las que se muestran excepcionalmente activas en este campo. (...) La astrología
aplicada correctamente puede ser de un beneficio inconmensurable, tanto para el
individuo como para naciones enteras. Les pido, estimados participantes, que se
unan a mí para recordar con amor y reverencia a nuestro jefe de Estado, nuestro
Führer y canciller del Reich, Adolf Hitler».
Durante el Congreso Astrológico de 1936, Korsch no fue el único que imprimió un tono político e ideológico al debate. Otros ponentes también contribuyeron a crear un clima hostil hacia el pensamiento crítico y los intelectuales, alimentado por las teorías conspirativas y el antirracionalismo que caracterizaban el ambiente cultural nazi. Uno de los protagonistas de esta deriva fue el Dr. Rolf Reissmann, de Berlín, que presentó una conferencia titulada «La astrología del mañana». Su intervención encarnaba a la perfección la retórica de la época, una retórica que celebraba el retorno al alma, a la visión holística y al rechazo del intelecto: «Hay que alejarse del intelectualismo exagerado, del materialismo, de la fragmentación del conocimiento. La astrología es el instrumento más adecuado para interpretar las capas profundas de la psique porque no disecciona, no analiza: devuelve símbolos e imágenes, eludiendo las categorías lógicas del conocimiento».
Otro ponente, Fritz Werle, de Múnich, conocido
posteriormente como gran divulgador del I Ching, insistió en un concepto
que resonaba perfectamente con la mentalidad de la época: la simplicidad como
único camino hacia la sabiduría. Para Werle, la modernidad, con sus matices, su
pluralidad y sus ambigüedades, se había convertido en una amenaza: «La
sabiduría no se encuentra en la diversidad ni en la diferenciación infinita,
sino en la simplicidad. Cuanto más apartamos la mirada de la multitud que nos
dispersa, más evidentes se nos hacen las bendiciones de los pocos en torno a
los que nos reunimos». Una frase que revela la ideología de la época: «los
pocos en torno a los que nos reunimos» no eran más que la astrología
reinterpretada en clave nacionalista y la fe en la superioridad del pueblo
alemán.
En ambos casos, Reissmann, que glorifica la intuición
frente al intelecto, y Werle, que predica la simplicidad frente a la
diversidad, emergía la misma matriz cultural: eliminar el pensamiento crítico,
reducir la complejidad, sustituir el análisis por la sugestión simbólica,
valorizar la imagen y la inmediatez emocional, construir una visión cerrada,
uniforme, sin contradicciones internas. De este modo, la astrología se
convertía cada vez más en un terreno fértil para la ideología, un lenguaje que
podía moldearse, simplificarse y restituirse como instrumento de pertenencia
cultural.
CONCLUSIONES
A la luz del recorrido realizado, lo que emerge con mayor claridad es la complejidad de la relación entre la astrología y el Tercer Reich: una relación hecha de interés, sospecha, instrumentalización y, finalmente, represión. La documentación examinada —desde almanaques hasta conferencias, desde bibliografías internas del Ahnenerbe hasta testimonios de los propios astrólogos— muestra claramente que la astrología no fue un fenómeno marginal en la Alemania nazi. Por el contrario, ocupó un espacio cultural bien definido, a veces animado, a veces ambiguo, pero nunca del todo irrelevante.
Lo que parece evidente es que el interés del régimen por
la astrología fue inicialmente de naturaleza cultural y propagandística, más
que realmente operativa. Sin embargo, no faltan indicios de que Hitler y
algunos miembros de su entourage consultaban ocasionalmente las
predicciones astrológicas y las sugerencias de «momentos más propicios» con
curiosidad, si no con una atención más directa. No podemos hablar de un usuario
asiduo, pero no se puede descartar la sospecha de una consulta ocasional, sobre
todo en los primeros años del régimen.
Paralelamente, la astrología alemana de los años treinta
estaba lejos de estar unida. Existían diferentes escuelas, rivalidades
encendidas y fracturas doctrinales que el auge del nazismo no hizo más que
amplificar. Algunos astrólogos intentaron alinearse con el régimen, quizá con
la esperanza de convertir la astrología en una herramienta útil para el Estado
o, más simplemente, de garantizarse protección y reconocimiento. Pero el precio
fue muy alto. En su intento por «complacer al poder», parte de la astrología
alemana renunció a su rigor metodológico, cediendo a una narrativa ideológica
que nada tenía que ver con el estudio de las configuraciones celestes: una
astrología arianizada, sometida a un mito político y ya no a un análisis
simbólico.
Sin embargo, esa misma astrología que había intentado ser
útil al régimen se convirtió de repente en sospechosa. Tras la fuga de Rudolf
Hess, y con el progresivo endurecimiento de la paranoia del poder, el mundo
esotérico y astrológico fue considerado un peligro potencial. Lo que antes se
toleraba o incluso se observaba con curiosidad, se convirtió de repente en una
amenaza para el orden, un síntoma de confusión, un elemento incontrolable. El
resultado fue trágico: astrólogos arrestados, internados, obligados a
interrumpir sus actividades o a renegar de su trabajo. El régimen, en el
momento en que percibió la fragilidad de su sistema ideológico, trató de
eliminar todo lo que escapaba al control y a la linealidad del pensamiento
oficial.
Esta fractura definitiva entre la astrología y el poder
político, consumada en un clima de oscuridad y violencia, deja una advertencia
que aún hoy conserva su valor. La historia nos enseña que la astrología, como
cualquier forma de conocimiento simbólico, solo vive cuando es libre, cuando no
se ve obligada a convertirse en vehículo de propaganda, cuando no se manipula
para apoyar sistemas políticos o ideologías dominantes. La astrología puede
dialogar con la cultura, la filosofía, la ciencia y la historia, pero debe
mantenerse alejada de las pretensiones de control del poder.
La lección más importante que nos deja ese período oscuro
es que la astrología debe permanecer neutral, libre de afiliaciones
ideológicas, capaz de hablar a las personas y a las épocas sin dejarse capturar
por intereses externos.
Esto solo es posible en un contexto en el que se protejan
las libertades individuales y colectivas, en el que la investigación pueda
avanzar sin temor, en el que se fomente el debate de ideas y no se castigue. Al
recordar lo que les sucedió a los astrólogos de aquellos años, no solo
celebramos una memoria histórica: reafirmamos un principio ético.
La libertad del conocimiento, en cualquiera de sus
formas, es frágil, y su protección es responsabilidad de quienes hoy practican,
estudian o difunden la astrología. Custodiarla significa reconocer los errores
del pasado y, al mismo tiempo, elegir conscientemente un camino que anteponga
el estudio, la investigación y el diálogo a cualquier instrumentalización.
Esta conclusión no solo cierra un ensayo: abre una
reflexión más amplia, actual y necesaria. Cada época tiene sus sombras y sus
seducciones, pero lo que ocurrió en el Tercer Reich sigue siendo un ejemplo de
lo que la astrología nunca debe llegar a ser. Y es precisamente a partir de
esta conciencia que podemos continuar nuestro camino, con lucidez,
responsabilidad y respeto por la historia que nos precede.
Francesco Faraoni (https://francescofaraoni.substack.com/p/astrologia-ai-tempi-del-nazismo)
NOTAS
(1) Uno
de los principales estudiosos alemanes contemporáneos de las «ciencias
fronterizas» (Grenzwissenschaften), es decir, de aquellos fenómenos que
se sitúan entre la psicología, la antropología, la parapsicología, los estudios
sobre simbolismo, la religiosidad y las prácticas esotéricas.
(2)
Gerhard Mayer, Astrology and Science. A precarious relationship. Institut für
Grenzgebiete der Psychologie und Psychohygiene, Friburgo i. Br./Alemania.
(3)
Thomas Ring (28 de noviembre de 1892, Muggenhof-Nürnberg - 24 de agosto de
1983, Schärding, Austria) fue un pintor, poeta y astrólogo alemán-austriaco. Es
conocido sobre todo por haber fundado la llamada «Revidierte Astrologie»
(astrología revisada) y por su obra principal en cuatro volúmenes titulada
Astrologische Menschenkunde («Antropología astrológica»).
(4)
Helge Kragh, A Sense of Crisis: Physics in the fin-de-siecle Era. Universidad
de Cornell.
(5)
Sjang L. Ten Hagen, How «Facts» Shaped Modern Disciplines: The Fluid Concept of
Fact and the Common Origins of German Physics and Historiography. Universidad
de Cornell.
(6)
Helge Krag, The Rise and Fall of Cosmical Physics: notes for a history, ca.
1850-1920. Universidad de Cornell.
(7)
Eckhardt Fuchs, El positivismo inglés y el historicismo alemán: la recepción de
la historia científica en Alemania. Universidad de Oxford.
(8)
Ibídem 4.
(9)
David B. Baker, El manual Oxford de la historia de la psicología. Perspectivas
globales. Biblioteca de Oxford.
(10)
Ibídem 2.
(11) 27
de marzo de 1892 - 9 de junio de 1979, astrólogo, escritor germano-austriaco,
fue el astrólogo de Henrich Himmler, político nazi alemán, que dirigió las SS y
la GESTAPO antes y durante la Segunda Guerra Mundial.
(12)
Rudolf von Sebottendorff, alias Adam Alfred Rudolf Glauer o Erwin Torre
(Hoyerswerda, 9 de noviembre de 1875-Estambul, 8 de mayo de 1945), fue un
ingeniero, agente secreto y esoterista alemán con nacionalidad turca. Fue una
figura importante en las actividades de la Sociedad Thule, una
organización ocultista alemana fundada después de la Primera Guerra Mundial que
influyó en muchos miembros del partido nazi. Sebottendorff era masón y
practicaba la meditación sufí, la astrología, la numerología y la
alquimia. [En la obra ya citada por el autor de Goodrick-Clarke, queda
suficientemente demostrado que Hitler y Sebotendorff nunca pudieron conocerse,
a lo que se añade que Sebbottendorff, no solamente nunca tuvo el reconocimiento
del régimen hitleriano, sino que, incluso, tras la publicación de su libro
sobre la Sociedad Thule, Antes que Hitler llegada, fue detenido por las
SA durante unas semanas. NdT]
(13)
Nacido como Herschmann Chaim Steinschneider (Viena, 2 de junio de 1889-Berlín,
25 de marzo de 1933), fue un famoso ilusionista austriaco de origen
judío-moravo, que luego se convirtió al protestantismo. Activo en la Alemania
de la República de Weimar, se convirtió en una figura muy popular, casi tanto
como Harry Houdini. Dotado de un gran carisma y fama de «vidente», Hanussen,
coetáneo de Hitler y muy escuchado por él, habría predicho el ascenso del
Führer al poder. Sin embargo, su cercanía al entorno nazi le resultó fatal:
arrestado por la GESTAPO pocas semanas después de la toma del poder, fue
torturado y asesinado en marzo de 1933, probablemente por celos internos y
sospechas sobre su influencia sobre Hitler.
(14)
Jurista y astrólogo profesional alemán, director de la revista Zenit de
1930 a 1938. Líder comprometido con una astrología moderna y científica, fue
presidente de una organización que reunía a todas las asociaciones astrológicas
y a los astrólogos alemanes de la época. Organizó numerosos congresos
internacionales de astrología y publicó numerosos artículos sobre la historia
de la astrología. Encerrado por los nazis en un campo de concentración, murió
allí en 1943.
(15)
Monica Black, Revisiting the Nazi Occult: histories, realities, legacies. NED
New Edition.
(16)
Ibídem 15.
(17) W.
Wulff, Zodiac and Swastika.
(18)
Ibídem 17.
(19) N.
Goodrick-Clarke, Die okkulten Wurzeln des Nationalsozialismus.
(20) P. Pezzino, La persecuzione degli ebrei in Italia. Il Mulino.

















