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lunes, 28 de octubre de 2024

REVISTA DE HISTORIA DEL FASCISMO XC - abril|mayo 2024

CONSPIROLOGÍA – CONSPIRACIONES –
CONSPIRACIONISMO – CONSPIRANOIA

Las teorías del complot no son nuevas. En el fondo, el Génesis alude a la primera: la conspiración de la serpiente para tentar a Eva con una manzana. A partir de ahí, miles de teorías han tratado de explicar lo di­fícilmente explicable. El fascismo nació a partir de teorías conspirativas que aportaban explicaciones simples (simples, no quiere decir, erróneas) a problemas complejos. En este volumen y en el siguiente de la Revista de Historia del Fascismo, vamos a intentar, en primer lugar, revisar concep­tos: diferenciar entre conspirología, conspiraciones, conspiracionismo, conspiranoia y sinónimos, estableciendo la naturaleza del problema que queremos abordar; en segundo lugar, enumerar algunas interpretaciones conspirativas sobre las que se alzaron algunos movimientos fascistas; lue­go realizaremos un intento de sistematización de las distintas conspiracio­nes “clásicas” y también sobre su verosimilitud y credibilidad; un capítulo sobre el pensamiento conspirológico de Julius Evola y de René Guénon, ayudará a redondear conceptos; finalmente (ya en el volumen XCI), aludi­remos a las conspiraciones que nutrieron a los movimientos neofascistas después de la guerra y, prácticamente, hasta nuestros días. El conjunto nos permitirá discernir mejor lo que hay de cierto en el “conspiracionismo” y establecer la importancia que tuvo en los fascismos.

 

SUMARIO:

Los conceptos, delimitar áreas e interpretaciones

1. Pequeño léxico sobre las teorías del complot

2. ¿De dónde procede el interés por las conspiraciones?

3. ¿Cómo es la psicología del conspiracionista?

4. ¿Cuál es la psicología del “conspiranoico”

5. ¿Existe un modelo conspirativo?

6. Los fascismos y las teorías de la conspiración?

Fascismos históricos y sus visiones conspirativas

1. Alemania: “La puñalada por la espalda”

2. Italia: “La victoria mutilada”

3. España: “El mito de la cruzada de Franco”

Las conspiraciones clásicas

1. La conspiración masónica

2. La conspiración masónico–satanista

3. La conspiración judeo–masónica

4. La conspiración judía

5. La conspiración judeo–masónica–bolchevique

La conspirología del Tradicionalismo

1. Guénon: la lucha “iniciación” y “contra–iniciación”

2. Evola y su “tercera dimensión de la historia”

 

CARACTERÍSTICAS:

Tamaño 15 x 21 cm.

Páginas 232

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Abundantemente ilustrado

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viernes, 25 de octubre de 2024

FASCISMO, NEOFASCISMO, POSFASCISMO Y CONSPIROLOGÍA Mito y realidad del conspiracionismo

Un porcentaje muy elevado de teorías conspiracionistas se ha manifestado históricamente a través de los fascismos. En esta obra se trazan esos itinerarios. Por una parte, se fijan conceptos a utilizan: conspiracionismo, teoría de la conspiración, conspiranoia, conspirología… Luego se describen tres conspiraciones sobre las que los fascismos históricos cimentaron su éxito: “la puñalada por la espalda” en Alemania, la “victoria traicionada” en el caso italiano y el mito de la “Cruzada de Franco” en el caso español. Respecto a la escuela tradicionalista, se estudian las teorías conspirativas de sus dos máximos representantes: Julius Evola y René Guénon. En la parte siguiente se pasa revista a las teorías conspirativas “clásicas”: antisemitismo, conspiración masónica, conspiración satanista, conspiración bolchevique y a su síntesis: la conspiración judeo-masónica-bolchevique. En el capítulo siguiente se pasa revistas a las teorías conspirativas (y conspiranoicas) que actualmente circulan por la derecha populista, el posfascismo o la extrema-derecha (algunas de las cuales han desbordado los límites de este sector y han “colonizado” a franjas apolíticas de la población) habitualmente relacionadas con el problema de la inmigración y con el binomio Mundialismo-Globalización. Finalmente, se ofrecen dos propuestas para que el lector extraiga por sí mismo las conclusiones sobre las “teorías de la conspiración” expuestas y sobre las que puedan aparecer en los próximos años: un patrón para valorar las teorías de la conspiración y diez consejos para moverse en el mundo de las “conspiraciones”.

 

SUMARIO

1. Los conceptos. Delimitar áreas. Fijar interpretaciones

1. Pequeño léxico a utilizar

2. ¿De dónde procede el interés por las conspiraciones?

3. ¿Cómo es la psicología del conspiracionista?

4. ¿Cómo es la psicología del “conspiranoico”

5. ¿Existe un modelo conspirativo?

6. ¿Cómo es la perspectiva de los fascismos ante las teorías de la Conspiración?

2. Tres fascismos como ejemplo y tres teorías conspirativas

1. Alemania: “La puñalada por la espalda”

2. Italia: “La victoria mutilada”

3. España: El mito de la “cruzada”

3. Las teorías de la conspiración habituales en la extrema-derecha

1. La conspiración masónica

2. La conspiración masónico–satanista

3. La conspiración judeo–masónica

4. La conspiración judía

5. La síntesis conspirativa judeo–masónica–bolchevique

4. La versión conspirológica del tradicionalismo

1. Guénon o la eterna lucha entre “iniciación” y “contra–iniciación”

2. Julius Evola y su “tercera dimensión de la historia”

6. Las conspiraciones del neo-fascismo

1. Salvador Borrego: la Guerra Mundial como conspiración

2. La Guerra Fría y el destino de Europa

3. El “mundialismo” como conspiración

4. El Plan Andinia, Israel bis en el Cono Sur

5. Miguel Serrano, la conspiración cósmica del nazismo inexistente

6. El Plan Kalergi: Una mala interpretación de la realidad

7. El “Gran Reemplazo”, la realidad convertida en teoría conspirativa

8. Eurabia, otra visión de la realidad hecha “teoría conspirativa”

9. Paul Rassinier y el revisionismo histórico

Conclusiones y consejos

1. Diez consejos para moverse en el mundo de lo conspirativo

2. Diez puntos para valorar una teoría de la conspiración

 

DATOS TÉCNICOS

Páginas: 388

Tamaño: 15 x 23 cm

Portada en cuatricomía

Impreso en papel offset de 80 grs.

Precio Venta al Público: 33,28 €

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miércoles, 9 de octubre de 2024

Diez puntos para valorar una teoría de la conspiración (CONSPIROLOGIA II DE II)

Dentro de las posibilidades de esta obra y a la vista de los errores que hemos apreciado en varias de las teorías de la conspiración que hemos expuesto, vale la pena aportar, para terminar, unos cuantos puntos que permitirán al lector valorar la validez de cualquier nueva teoría que se le presente (y que no dudamos que, en tiempos de confusión y crisis como estos, surgirán por todas partes y en cadencia creciente)

1) Remontarse a las fuentes: no todas las teorías de la conspiración son igualmente “solventes”. Con demasiado frecuencia -como hemos visto en estas páginas- se apoyan en bases lo suficientemente dudosas como para poder atribuirles un mínimo de credibilidad: ante una teoría de la conspiración concreta hay que preguntarse: 1) Qué tiende a explicar, 2) De dónde y cuándo ha surgido, 3) Quiénes son sus mentores, 4) Sobre qué documentación fehaciente se apoya… La simple respuesta a estas cuestiones dará el índice de solvencia y credibilidad de una teoría de la conspiración. Y esto es más que necesario a la vista de que, como hemos podido comprobar, es muy frecuente que una teoría de la conspiración parte de un documento falso, de un malentendido histórico, de una fuente leída demasiado apresuradamente y de un error en la importancia que un documento puede haber jugado en una época concreta. Es frecuente, así mismo, que algunas teorías de la conspiración contengan datos que se han arrastrado a la largo de generaciones y que, dados por buenos generación tras generación, luego resulte que se trata de referencias falsas, dudosas o malinterpretadas

2) Remontarse a la época en la que enunció: esto nos dará el cuadro general de los problemas concretos de ese momento histórico y es posible, incluso, que nos sirva para apreciar la validez de una teoría de la conspiración en un momento dado y en de determinada coyuntura histórica, pero sea inaplicable en otro espacio y en otro tiempo. El tiempo suele matar las teorías de la conspiración que pretenden interpretar la historia en función de un único actor conspirativo. Los datos que pueden parecer “convincentes” en un tiempo, ya no suelen encajar con la realidad pocos 20 años después. Entidades de “poder mundial” que fueron determinantes en un tiempo concreto, pasan a ser irrelevantes apenas unos años después, sustituidas por otras. (recordemos la asociación Skull & Bones a la que perteneció la familia Bush y de la que se habló exhaustivamente mientras George Bush fue presidente, o de la Comisión Trilateral a la que pertenecieron buena parte de los miembros de la administración Carter). Cada generación desarrolla sus propios modelos conspirativos y es inútil pensar que el mismo diseño conspirativo se mantiene inalterable durante siglos.

3) Valorar al autor y su obra: habitualmente, todas las teorías de la conspiración tienen un autor. La validez de la teoría, en gran medida, puede ser evaluada en función de la solvencia de este autor, de su prestigio intelectual y de sus posibilidades reales de análisis e investigación. Es muy posible que autores conspiranoicos, por ejemplo, elaboren sus teorías en función de sus lastres psicológicos personales, de sus filias o sus fobias, de sus obsesiones e, incluso de su incapacidad para entender los mecanismos reales y objetivos para interpretar un hecho concreto o una situación histórico. Un autor solvente desde el punto de vista intelectual, un investigador que trabaje según un método científico, es garantía de que sus conclusiones pueden aproximarse a la verdad. Un autor anónimo, aupado en redes sociales, un intelectual que cambie constantemente de opinión, impulsivo, poco reflexivo, excesivamente intuitivo, suele ser garantía de una teoría de la conspiración errónea. Así mismo, un documento espurio, sin garantías de autenticidad, cuyo origen está envuelto en brumas con posibilidad de que se trate de una falsificación, es el anticipo de una teoría conspiranoica falsa o artificialmente creada.

4) Evitar dar por ciertas versiones de una conspiración que se mantienen a lo largo del tiempo utilizando datos repetidos reiteradamente, pero nunca confirmados como auténticos: es muy frecuente que una teoría de la conspiración que se mantiene durante décadas, encuentre a autores poco escrupulosos que dan por ciertos y repiten (“refritos”) datos que la confirmarían, sin antes preocuparse si estos datos son indubitables o bien nunca han sido confirmados. Es frecuente que una conspiración se dé por cierta por el testimonio de un personaje desconocido que asistió a una reunión de conspiradores y luego sintió una necesidad vital de “contar la verdad”. Luego, dando por cierto ese testimonio, el dato se repite una y otra vez en las sucesivas revisiones de la teoría de la conspiración en cuestión. Ahora bien, siempre hay que tener en cuenta que, si ese dato que puede ser calificado como la “piedra fundacional” es falso o erróneo, toda la construcción que se asienta encima es inestable en tanto que igualmente falsa. Aquí puede aplicarse el principio jurídico de “testimonio único, testimonio nulo”.

5) Confrontar la teoría con la realidad: las teorías de la conspiración se confirman o quedan desmentidas a la luz de la realidad. Mientras existe un paralelismo entre el enunciado de la teoría y las situaciones reales que se van sucediendo, la teoría en cuestión queda verificada, pero, desde el momento en el que teoría y realidad divergen, hay que evitar tratar de encajarlas a martillazos. La teoría no ha soportado el choque con la realidad y se ha difuminado. El peor error consistiría en seguir creyendo en algo en función de lo que ya no sirve para entender un proceso histórico. En el período de la primera postguerra mundial, por ejemplo, podía darse por cierto la idea del entendimiento entre judíos laicizados y bolchevismo a la vista de que la mayoría de dirigentes comunistas eran de origen judío. Pero, a partir del estalinismo y de sus purgas -que salpicaron especialmente a grupos dirigentes bolcheviques de origen judío- la teoría ya no era válida.

6) Buscar explicaciones alternativas: en ciencia se dice que “más vale una mala teoría que no tener teoría”. Una “mala teoría” sirve para estructurar conocimientos e interpretarlos, pero también para poder realizar una crítica que puede desembocar en la formulación de una “buena teoría”. Esto implica que una interpretación de la realidad en función de una teoría de la conspiración es un recurso aceptable y necesario solamente en el caso de que no exista otra teoría que interprete mejor los mismos hechos. La mayor parte de teorías de la conspiración tratan siempre de explicar problemas complejos mediante respuestas simples. Pero, en un momento de aceleración de la historia y de cada vez mayor complejidad de las sociedades, es inevitable que la explicación a los procesos que se van desarrollando, sean complejas y tengan en cuenta multitud de factores. Precisamente, esa complejidad es lo que hace difícil que existan conspiraciones que puedan soportar el paso del tiempo y cuyos mentores hayan tenido en cuenta todos los elementos de la ecuación. Esto implica que la validez de una teoría de la conspiración es inversamente proporcional al tiempo que transcurre desde que ha sido enunciada.

7) No perder nunca la objetividad en el análisis de una teoría de la conspiración: habitualmente, las teorías de la conspiración tienen éxito o no a partir del énfasis y de la capacidad de convicción de quienes las difunden, por la espectacularidad de algunos de sus contenidos, incluso por su extravagancia y por los canales en los que difunden (habitualmente redes sociales y grupos formados por “creyentes”) mucho más que por el contenido de los datos que aportan. Estos, no siempre superan la prueba de la veracidad. Es importante para el ciudadano al que le llega una nueva teoría de este tipo, que mantenga el cerebro frío y siempre, a la hora de valorarla, especialmente en estos momentos en donde hay bases de datos suficientes en Internet como para poder evaluar y confirmar o desmentir cada dato, confirme por sí mismo, los datos que le llegan.

8) Discriminar y clasificar las fuentes: Un dato olvidado en una web perdida que ni siquiera indica la fuente, suele no ser fiable, sin embargo, muchas teorías de la conspiración se han elaborado sobre esa base (el Plan Kalergi, como hemos demostrado surgió de una mala lectura de un libro olvidado, escrito por un autor que nunca tuvo una relevancia especial). Es importante a la hora de establecer la credibilidad de un dato aportado en una teoría de la conspiración, el valorar la fuente que lo ha emitido. Para ello, habrá que ver qué otros datos, sobre otros temas, aporta esa misma fuente y, en función de ello podremos establecer si el dato es fiable, inseguro en mayor o menor grado, o simplemente falso. En una publicación poco seria, en una web juvenil, en un foro de noticias que habitualmente sirve para canalizar locuras, fakes y es frecuentado por carne de psiquiátrico, es inútil pensar que vamos a encontrar datos que puedan aceptarse sin más. Los datos aceptables, solamente pueden partir de fuentes solventes.

9) Necesidad de documentos indubitables y testimonios múltiples: hay que desconfiar de “documentos probatorios”, sin padres ni madres reconocidos. Guénon sostenía que una sociedad secreta digna de tal nombre no deja rastros escritos de su actividad. Cuando aparece algún documento emanado por una de estas sociedades, hay que desconfiar sobre su autenticidad. Es demasiado frecuente que se trata de una “pieza de intoxicación”. Cuando se publicaron los Protocolos de los Sabios de Sión, algunos recordaron este principio y, aun antes de que aparecieran todos los datos que confirmaron la mistificación, denunciaron que el documento no solo era falso, sino que era cualquier cosa, menos las actas de una reunión secreta tendente a lograr el dominio mundial. Por otra parte, un dato único no puede confirmar una tesis compleja. En ciencia se dice que “a grandes tesis, grandes demostraciones”: si se quiere demostrar la existencia de vida extraterrestre (una gran tesis), la “gran demostración” consiste en entrevistar a un extraterrestre en la CNN. Frecuentemente, las teorías conspiranoicas, aparte de su escasa objetividad, parten de un testimonio único que, como sabe cualquier jurista, equivale a “testimonio nulo”.

10) Si no se dispone de una teoría “segura”, mejor prepararse para afrontar los hechos: vivimos momentos de crisis a los que se une un proceso de aceleración de la historia que se prolonga desde hace más de un siglo, a velocidad creciente. Cada vez es más habitual que las teorías interpretativas vayan por detrás de la realidad de los hechos. El catolicismo, por ejemplo, ha perdido mucho tiempo, tratando de explicarse el porqué está hoy en crisis, especialmente en la tierra de Europa: y no ha llegado a conclusiones unánimemente aceptadas. La situación es que hoy, además de carecer de teoría interpretativa sobre su propia crisis, se encuentra en una situación prácticamente insalvable: para los católicos, ya no se trata de seguir pensando en los “por qué”, sino más bien en actuar para tratar de salvar lo salvable y evitar la islamización de Europa. Es frecuente, como ya hemos dicho, que una teoría que “funcionó” ayer, ya esté superada poco después. Para apreciar un problema, basta con salir a la calle y observar el entorno: a partir de aquí podrá inferirse si hay tiempo para elaborar una teoría de la conspiración, o será necesario enfrentarse al problema que se percibe con la mayor determinación aun sin haber elaborado una teoría que lo explique.

Es posible que estos consejos hayan decepcionado a algunos. Y, sin embargo, son necesarios a la vista de la facilidad con la que hoy se difunden fakes, se repiten errores, se elaboran o adaptan teorías que no tienen posibilidades de interpretar satisfactoriamente nuestro momento histórico. Vivimos tiempos de repliegue a lo personal, nuestras vidas están encerradas en nuestras terminales digitales. Casi sin darnos cuenta hemos terminado presos, primero del racionalismo, luego de los millones de reclamos que cada día exigen nuestra atención, la mayoría carecen de tiempo para recabar datos y deben fiarse de las teorías de la conspiración elaboradas por otros. Ya hemos visto que, con demasiada frecuencia, estas teorías resultan erróneas. En la soledad de nuestros hogares, nosotros y nuestras terminales digitales pueden estas ofreciéndonos informaciones distorsionadas, incompletas, interesadas, pura intoxicación: de ahí la necesidad de salir a la calle, afrontar el mundo tal cual es, y, aun cuando no podamos hacer nada por rectificar un mundo que se derrumba ante nuestros ojos, debemos procurar que ese mismo mundo deletéreo, absurdo y repleto de distorsiones no tenga entrada en nosotros mismos.

A partir de aquí, las actitudes son dos: la el ciudadano más volcado a la meditación que a la acción que reaccionará tratando se confrontar teorías de la conspiración, sus datos y las responsabilidades contra las que apunta o bien elaborar su propia teoría de la conspiración; o bien, en aquellos en los que algo les hierve en la sangre, más resueltos a la acción que a la contemplación, que tratarán de actuar contra la decadencia o bien de preparar el mundo post-apocalíptico. Sí, porque, a fin de cuentas, la grandeza de nuestro momento histórico es que, con o sin teorías de la conspiración, estamos viviendo el final de una era.








Diez consejos para moverse en el mundo de lo conspirativo (CONSPIROLOGÍA I de II)

1) Las conspiraciones existen, pero, cuidado con interpretar toda la realidad en función de teorías conspirativas. Existen aquellos que, intuyendo cómo va a ser el desarrollo económico-social de los próximos años, se adelantan y se presentan como los “diseñadores del futuro”, cuando, en realidad, no son nada más que pobres aprovechados que tratan tener un protagonismo mediático avalados por su patrimonio y con la simple intención de aumentarlo. Un ejemplo, es Klaus Schwab, presidente del Foro de Davos o George Soros, el inversor. El proyecto de ambos, empieza y termina con el objetivo de aumentar su capital. Dado que no pertenecen a ninguna dinastía económica que lleve generaciones multiplicando su capital, ni tampoco han sido creadores de nuevas tecnologías, se han visto obligados a adoptar, para su juego lucrativo personal, la ideología “progresista” que, tradicionalmente ha acompañado a tales dinastías (los Rothschild, los Rockefeller, los Mars, los Walton, etc), cuyos hijos, habitualmente, se han formado en la London Economic School, inicialmente, de obediencia “socialista fabiana”. Pero sería un error considerar que el “socialismo fabiano”, hoy, está detrás de cualquier proyecto conspirativo: su papel político -hoy completamente disminuido incluso en su tierra natal y, no digamos, en los partidos socialistas de los demás países occidentales (en el PSOE existió una “tendencia fabiana” hasta mediados de los 80)- es irrelevante y lo más que se le puede atribuir es la concepción “gradualista” de los procesos de cambio social. La única conspiración que puede atribuirse a estos multimillonarios es la de fomentar maniobras para aumentar más su patrimonio. Para ello cuentan con “redes de influencia” (Bildelgerg, Trilateral, CFR, Foro de Davos, Club de Roma, fundaciones, y un largo etcétera) que sirven, sobre todo, para “socializar” a estas élites económicas, foros de intercambio de informaciones y de relaciones entre el mundo de la política, los negocios y la comunicación. Pero no existen datos suficientes como para suponer que son “centros de planificación” del futuro para toda la humanidad. El mundo moderno es demasiado complejo como para pensar que puede ser dirigido por una élite económica que solamente piensa en sus dividendos y en sus márgenes de beneficios.

2) Existen decenas de asociaciones que suelen ser consideradas como “centros del poder mundial” (que hemos mencionado en el párrafo anterior, la mayoría formada desde el último tercio del siglo XIX hasta nuestros días). Tales centros de poder se han formado en torno a personalidades que disponen de una concentración de capital suficiente como para que lo que hagan con él pueda repercutir directamente en la sociedad y en las políticas de los Estados. Y la ley intrínseca del capital es la necesidad de aumentar y multiplicarse. Por tanto, tales asociaciones suponen un intento de favorecer los intereses de sus miembros a despecho de los intereses de las naciones o de los intereses de la sociedad. No es una novedad propia del siglo XXI el que los intereses de los círculos globalizadores (cuyo único empeño es obtener mayores dividendos para sus inversiones y para los cuales no existen los conceptos de “patria”, “nación”, “sociedad”, ni siquiera ética o moral, sino el simple lucro) y los círculos mundialistas surgidos de proyectos místico-idealistas nacidos en el siglo XIX y que se centraban en la idea de “unificación mundial” (cuyos bastiones son hoy la clase funcionarial de las Naciones Unidas y de la UNESCO, impulsores hoy de la Agenda 2030) se alíen en el mismo impulso: ideas como el “cambio climático” (y la difusión de informaciones que general alarmas sociales aunque estén lejos de ser comprobadas), la “transición energética”, la política de estímulo de las migraciones, la lucha contra la soberanía de los Estados-Nación, definir como racismo, intolerancia y xenofobia a quienes se oponen a estos designios, la generación de miedo a través de pandemias (y la venta masiva de remedios que constituyen peligros mucho mayores que los males que dicen resolver), la apertura de nuevos frentes de negocio vinculados a los mitos contenidos en la Agenda 2030, la creación de problemas artificiales (todo lo relativo a lo LGTBIQ+), la impulsión de la “corrección política”, de nuevos modelos educativos, la difusión de drogas, ritmos y espectáculos que anulan la personalidad, el “wokismo”, todo ello, combinado, no son solo muestras del fracaso de un modelo de sociedad y de unas convicciones políticas y morales, sino, sobre todo, la apertura de “nuevos nichos de negocios” nunca antes explorados en el que los intereses “mundialistas” y los intereses “globalizadores” se combinan y se apoyan mutuamente. Eso es, llamando a las cosas por su nombre, una “conspiración” (acción de gentes que se asocian de forma secreta, clandestina o elitista para lograr determinados fines que les benefician).

   

3) El tiempo ha demostrado ser un gigantesco cementerio de conspiraciones. Los que ayer sostenían que la masonería era una todopoderosa estructura conspirativa contra las monarquías y a favor de las repúblicas, tuvieron razón… pero hoy la masonería no es más que un residuo de una institución todo poderosa allí donde una revolución liberal facilitaba el acceso al poder de la burguesía. Y lo mismo cabe decir de la teoría de la conspiración bolchevique: durante el siglo XX, entre 1917 y 1989, el bolchevismo fue “algo”. Hoy es un cadáver sin que disponga siquiera de fieles que lo velen. Hemos podido ver, entre 1900 y 2024, movimientos conspirativos que nacían, crecían y desaparecían. Y con ellos las teorías que las interpretaban. No puede hablarse de una “única conspiración”, lineal, inexorable y constante a lo largo de los siglos: lo que es humano tiene fecha de caducidad y bastan unas pocas generaciones para que un peligro sea conjurado, pierda fuelle o sea derrotado por otro peligro, acaso aún mayor. Únase al paso del tiempo, el azar, las nuevas realizaciones humanas fruto de la investigación científica, los nuevos procesos sociales y lo que se tendrá es un puzle imprevisible, sorprendente, en el que nadie es capaz de establecer cómo será el futuro, ni mucho menos cómo controlarlo. La flecha del tiempo siempre va hacia adelante y lo que ayer era esencial, mañana puede resultar irrelevante. No existe sociedad conspirativa alguna capaz de interpretar todos los datos existentes hoy y los que pueden aparecer sorpresivamente, para asegurarse una posición dominante permanentemente.

4) Los procesos de degradación que se están dando en la modernidad, más que frutos de la acción consciente de sociedades secretas organizadas, deberían de considerarse como muestras de la entropía. Se iría que lo que podríamos llamar “energía civilizacional” se va agotando y cada vez resulta más difícil invertir la pendiente de la decadencia. Es el proceso de lo que René Guénon llamaba “solidificación del mundo”. Esa entropía hace que el sistema humano sea cada vez más caótico. Las leyes físicas no son objeto de “conspiraciones” y la mayoría de procesos de degradación que se viven en la modernidad son producto de la falta de valores, los sistemas educativos fracasados, las concepciones de la vida tan ingenuas como inútiles, la falta de clase política digna de tal nombre y así sucesivamente. El margen que, en esta situación, puede tener una “conspiración” para actuar es relativamente reducido. Pueden existir, por supuesto, grupos económicos poderosos que se asocien en defensa de sus propios intereses y contra los intereses generales y son esas conspiraciones las que vale la pena denunciar, como también, paralelamente, es necesario denunciar las situaciones de degradación de la vida social y cívica que se están produciendo y que podrían resolverse si existiera interés en hacerlo. Ese absentismo de la clase política a la hora de afrontar problemas reales, es el resultado su incapacidad, una verdadera selección a la inversa en la que los más aptos, preparados y generosos, se han retirado del terreno político, dejándolo como pasto para psicópatas, incapaces, aprovechados, corruptos y vividores. La entropía actúa y aumenta el caos social.

5) No hay teoría conspirativa perfecta: todas adolecen de algún problema y todas quedan superadas a corto plazo por los hechos. Las teorías conspirativas perfectas (es decir, cuya interpretación de las causas y de los efectos superan el espacio y el tiempo y tienen un alcance universal) solamente podrían existir en una sociedad orgánica en cuyo interior rige un principio de orden, pero no en una sociedad que se dirige a marchas forzadas hacia situaciones cada vez más caóticas. Hoy, la única conspiración posible es lo que podríamos llamar “conspiración plutocrática”, esto es, la “conspiración del dinero”, pero no es el una conspiración propiamente dicha, sino el resultado de las leyes de la oferta y de la demanda y de la existencia de grandes monopolios y consorcios que falsean el principio de libertad económica: en un momento en el que los Estados cada vez son más débiles y los grupos económicos más fuertes, no existe ni puede existir “libre competencia” (el factor necesario para garantizar la inexorabilidad y la justeza de la ley de la oferta y la demanda). Las grandes acumulaciones de capital, por su necesidad de obtener réditos del dinero invertido, necesariamente imponen su voluntad sobre los Estados. Pero, más que hablar de una “conspiración” estaríamos hablando de las lacras aparecidas en las últimas fases de acumulación de capital. Por otra parte, pensar que lo que hemos llamado “sociedades del poder mundial” (Bildelberg, Trilateral, Grupo de Davos, etc.) forman grupos unidos de conspiradores significa no conocer que mientras existan dos capitalistas, existirá rivalidad entre ellos, y si bien ambos tendrán enemigos comunes que derrotar, también entre ellos son y serán siempre enemigos: así lo impone la ley de oro del capitalismo. Éste, en su incesante acumulación de capital reduce los actores protagonistas, a unos pocos magnates que compiten entre sí. No hay paz entre ellos. No puede haberla porque la competencia impide alianzas a largo plazo.

           

6) Lo que se identifica habitualmente como “actores activos” en las teorías de la conspiración, son en realidad grupos económicos, carteles, dinastías financieras, en muchos casos más fuertes que la mayoría de los Estados que se mueven en defensa de sus intereses. No solo se trata de obtener buenos dividendos hoy, sino de que los que se obtengan el próximo año sean mayores, que el conglomerado industrial y financiera, sea cada vez mayor y eso implica adoptar determinadas estrategias, fundamentalmente, ante los Estados Nación (que, por el momento, son las únicas estructuras que poseen instrumentos suficientes para poner coto a su rapacidad (mediante gobiernos soberanos, provistos de fuerzas de seguridad, instituciones, legislación, métodos coercitivos y fiscalidad). De ahí que todos estos actores activos, tengan como objetivo central disminuir la autoridad y la soberanía de los Estados (y, por tanto, no puede extrañar que apoyen y promocionen a los políticos más corruptos, débiles y amorales que puedan satisfacer con más facilidad los intereses de los grupos económicos). Pero, a partir de ahí, tras ese objetivo común, todo es “competencia” y, por tanto, rivalidad, lucha y conflicto. No existe una sociedad de plutócratas conspiradores que sean solidarios entre ellos y entre los cuales, la rivalidad, la búsqueda de mayores beneficios les garantice paz, armonía y solidaridad eterna.

7) Los fascismos históricos, en especial allí donde tuvieron más arraigo, surgieron de “teorías de la conspiración” que tuvieron altos niveles de aceptación en tanto que respondían a fenómenos muy reales que habían ocurrido con anterioridad. Pero, tras la guerra mundial, los movimientos neofascistas tuvieron una irreprimible tendencia a interpretar los hechos históricos que ocurrieron a partir de 1945, en función de distintas teorías conspirativas que, en realidad, eran reformulaciones de antiguas teorías, refinadas y readaptadas. Los neofascismos y, por extensión, la extrema-derecha no son los únicos ambientes políticos en los que se han manifestado teorías de la conspiración (incluso la propia interpretación marxista de la historia puede ser considerada como una de estas teorías en las que “la burguesía” trata de imponerse al “proletariado”), pero si son aquellos que, por su psicología particular, por la sombra de la derrota de 1945, hayan puesto mayor énfasis en fijar interpretaciones conspirativas (que, recordémoslo, interpretan una realidad compleja en función de teorías muy simples).

8) Ninguna de las teorías de la conspiración que circulan en la actualidad -y que, en buena medida, son compartidas por neofascismos, postfascismos, nacional-populismos o extrema-derecha- es completa y verificada. Obviamente, la que encaja mejor con la realidad es la denuncia realizada contra el mundialismo; en el resto de conspiraciones que hemos analizado parece evidente que se trata de interpretaciones erróneas o con cierto nivel de desenfoque, de problemas realmente existentes. No puede decirse, por ejemplo, que la inmigración musulmana a Europa, con la consiguiente islamización del continente, sea un fake. El problema existe y cada día que pasa es más aguda, incluso en algunos países, es cuestión de tiempo que estalle la guerra civil, étnica, religiosa y social. Pero ninguna de las teorías conspirativas elaboradas para interpretar el fenómeno responde a todas las preguntas planteadas, ni siquiera explican la pasividad de los gobiernos de Europa Occidental ante el fenómeno que pone dudas sobre la viabilidad de estos estados en un futuro desgraciadamente muy próximo. Lo dramático es que el fenómeno existe, que no es un fenómeno grave, sino gravísimo, ante el cual la mayoría de gobiernos parecen paralizados, pero hasta ahora, ninguna teoría de la conspiración ha logrado integrar todos los elementos presentes en la ecuación y aportar un enunciado único que sea capaz de responder a todas las cuestiones que podrían formularse. Ya lo hemos planteado: un George Soros, ¿sería capaz, sin dudarlo, de provocar una guerra civil étnica sólo por “odio” hacia la Vieja Europa, a sabiendas de que lo que quedara de Europa después del conflicto haría que se perdiera el producto de décadas de especulación bursátil realizada por el propio Soros? ¿Cómo integrar en una interpretación de este tipo el axioma económico de que “el dinero es cobarde” y huye de los conflictos? Ninguna de las teorías de la conspiración ha logrado responder a cuestiones tan simples como ésta.

9) La “teoría de la conspiración mundialista” es, por el momento, la que mejor se adapta a la interpretación de la realidad del siglo XXI. Enunciada en medios neofascistas franceses de la segunda mitad del siglo XX acierta a la hora de establecer responsabilidades en los organismos internacionales que surgieron tras la Segunda Guerra Mundial, en especial las Naciones Unidas y la UNESCO. Todo induce a pensar que los grupos de funcionarios, fuera de cualquier disciplina de nación o Estado, de estos organismos, muy influidos por determinadas corrientes místicas nacidas en el siglo XIX, favorables a la “unificación mundial”, hayan elaborado un programa -la Agenda 2030- como antes elaboraron otros muchos (los “Objetivos del Milenio”) pactado en parte con grupos económicos globalizadores. La teoría de la conspiración que logre trasladar a las masas la convicción de que un grupo de funcionarios alucinados a los que nadie ha elegido, han elaborado un plan de “unificación” y que este grupo funcionarial ha pactado con las mayores acumulaciones de capital, cuáles van a ser las mejores áreas de inversión (energías verdes, transición energética, energías renovables) y que la invasión demográfica es el mejor método para que Europa gane competitividad (a despecho de que pierda en identidad, se islamice o la brutalidad se extienda por sus calles), esa teoría logrará comprender los rasgos de nuestra época y la decadencia presente y futura.

10) Las teorías de la conspiración, en sí mismas, son meros modelos de interpretación de la historia, más o menos próximos a la realidad (o completamente alejados de ella en el caso de las teorías conspiranoicas). Pero lo que, en el fondo cuenta, es la capacidad de recuperación de las condiciones normales de vida, de libre albedrío y de libertad de los pueblos. Las teorías de la conspiración se han preocupado solamente de interpretar los sucesos que ocurren en Occidente. Pero, ahora, en tiempos de mundialización, las interpretaciones “eurocéntricas” ya no son válidas. Estas interpretaciones se identifican con las que hemos llamado “teorías clásicas de la conspiración”, de las que las que hoy maneja la extrema-derecha, el postfascismo y los medios conspiranoicos, no son más que adaptaciones o reformulaciones. Lo que valía para la Rusia de 1917, ya no vale para la China o para la Argentina de 2024. Todo período histórico precisa de un modelo interpretativo, para entenderlo y prever su evolución futura. Entre todas las teorías de la conspiración, incluida la mundialista, la más próxima a la realidad, no hay ninguna que consiga integrar todos los elementos y factores que operan en la modernidad y dar una respuesta sobre los motores del proceso entrópico, con nombres y apellidos. Aquel que logre elaborar una teoría global sobre los orígenes y los factótums de la crisis de civilización actual, conseguirá que sus epígonos la traduzcan en términos políticos en un programa de reconstrucción de los pueblos. Si es que ello es posible. Puede ocurrir también que la realidad mundial actual sea tan completa y diversa, según grupos sociales, continentes y civilizaciones que, esta tarea sea imposible y, a la postre, el caos que estamos viviendo sea solamente el resultado de la entropía que sufre cualquier sistema cerrado de energía: cuando ésta se agota, el sistema, al estar cerrado, entra en crisis. Y el planeta Tierra, más vale que no lo olvidemos, es precisamente un sistema cerrado de energías diversas cada vez más agotadas, como consecuencia de lo cual, en lugar de tender al orden, tienden al caos.








lunes, 22 de mayo de 2023

LISBOA: REUNIÓN BILDELBERG (1ª parte) - Los grupos de "poder mundial" en la Segunda Revolución Industrial

Vaya por delante que el autor de estas líneas no es “conspiranoico”, pero cuando se reúnen las personas con más poder (económico, político, militar y mediático) del mundo, cuando abandonan por unos días sus actividades habituales, se debe a algo que ellos consideran importante; es evidente que no es lo mismo que si se reúnen cuatro amigos para jugar al mus. Y mucho más en estos momentos en los que asistimos a tensiones mundiales insuperables en un momento en el que el “viejo mundo” no termina de morir y el “nuevo” todavía está ausente y sin que pueda establecerse la fecha de su nacimiento, ni siquiera haya aparecido ningún rasgo nuevo. Nunca como hoy “la información es poder” y estas asociaciones, no solamente ofrecen el marco más adecuado para el intercambio de informaciones, sino que ellas mismas se preocupan -como entidades- de recabarla a especialistas y protagonistas.

Además, vale la pena recordar que, siendo importante el encuentro portugués del Club Bildelberg, existen decenas de asociaciones similares que, hasta ahora, nadie se ha preocupado por clasificar, establecer y que se siguen reuniendo (el Foro Económico Mundial, por ejemplo, lo hizo en enero de este año). Sin olvidar, igualmente, que, si bien todos estos círculos son “privados”, existen, además, “foros políticos intergubernamentales” (G-3, G-4, G-6, G-7, G-10, G-12, etc.) que tratan de articular políticas de sus miembros, asumir iniciativas conjuntas y definir objetivos en función de las realidades de cada momento. Y estos “foros”, igualmente, se reúnen con cierta frecuencia (la reunión del G-7 tuvo lugar este pasado fin de semana). Llamar a este conglomerado “asociaciones de poder mundial”, es constatar una evidencia, pero al mismo tiempo, es decir poco. Así pues, la pregunta es: ¿cuáles son las relaciones entre todas estas asociaciones, foros, grupos, clubs y cuál es su importancia real? ¿Se trata de asociaciones meramente consultivas? ¿Tienen algún tipo de jerarquía entre sí? Vamos a intentar responder dentro de los límites de un post.

Vamos a artículos nuestro estudio en cinco partes:

1) Censo de “asociaciones de poder mundial” surgidas en la Segunda Revolución Industrial

2) Censo de “asociaciones de poder mundial” surgidas en la Tercera Revolución Industrial

3) Censo de “foros intergubernamentales”

4) Algunos nuevos y viejos “círculos de influencia”

5) Balance global y líneas surgidas de las reuniones del “poder mundial” en 2023.

1ª parte: CENSO DE “ASOCIACIACIONES DE PODER MUNDIAL” surgidas en la Segunda Revolución Industrial

Es importante establecer que cada “revolución industrial” surgida al calor de la aparición de nuevas tecnologías, genera modificaciones en la estructura de las sociedades y en las concepciones del poder político. En la actualidad estamos viviendo un momento de tránsito de la tercera a la cuarta Revolución Industrial, cuando todavía subsisten prácticas y corporaciones que crecieron y se hicieron omnipotentes durante la Segunda Revolución Industrial. Y esto, como veremos en las conclusiones, define con propiedad al primer grupo de asociaciones de “poder mundial”.

Estas asociaciones no son simples “círculos de socialización de las élites económicas” (como pueden ser, por ejemplo, Skull & Bones, asociación de miembros de la universidad de Yale que hizo verter mucha tinta durante la administración de George W. Bush que, tanto él como su padre, pertenecieron a ella), sino círculos cuyo denominador común es la integración de élites económicas, con élites políticas, y representantes del mundo de la comunicación.

Son decenas, muchas más de lo que generalmente se tiene tendencia a pensar o a recordar. Algunas han tenido fugaces momentos de protagonismo, han estado presentes en los medios y en las crónicas conspiranoicas, para luego desaparecer. Y, sin embargo, siguen existiendo. Otras, en cambio, llevan más de 50 años o incluso 100 años, permanentemente actuando entre sombras. No todas son igualmente importantes, ni tienen los mismos campos de aplicación, pero todas tienen objetivos similares. Intentemos establecer una “cartografía” de todo este entramado.

1. Chatham House

El origen de estas asociaciones es el mundo anglosajón a finales del siglo XIX y en las primeras décadas del XX. La razón es clara: ese ambiente geopolítico había protagonizado la irrupción de la Primera y de la Segunda Revolución Industrial y, por tanto, económicamente, era el que tenía unos intereses mundiales más amplios. Así pues, las élites económicas y políticas precisaban articular proyectos, intercambiar información, decidir qué les beneficiaba y qué rechazarían y, por supuesto, a quien entregar su confianza y a quién negarla. La máquina de vapor había aparecido a finales del siglo XVIII y registró una formidable expansión a lo largo de todo el XIX. Cuando aparecen los motores de combustión interna y se generaliza la electricidad, el capitalismo anglosajón tiene ya un siglo de experiencia, por delante de sus competidores europeos, y aparecen las primeras “asociaciones de poder mundial” en ambas orillas del Atlántico.

La figura de Cecil Rhodes fue importante en el arranque de estas asociaciones. Magnate minero y político británico con intereses en África del Sur, fue uno de los teóricos del colonialismo británico. A finales del XIX su empresa dominaba el mercado mundial del diamante. Su proyecto personal era conseguir el dominio británico desde el Cairo hasta el Cabo en Sudáfrica. La base de su proyecto era el racismo más primario que pudiera existir: la raza anglosajona estaba destinada a regir el mundo. Fue considerado como el “arquitecto del apartheid” y aspiraba a formar una “raza de reyes-filósofos”, a partir de las élites económico-intelectuales en el mundo anglosajón, que consiguieran reincorporar a los EEUU al Imperio Británico. Nunca se casó y fue considerado homosexual. Se le atribuye la paternidad de la idea de crear una “sociedad secreta” que extendiera el dominio anglosajón por todo el mundo.  

En 1909 se creó el “movimiento” Round Table (Mesa Redonda) impulsada por los discípulos de lord Milner, uno de los ideólogos de la política exterior inglesa de finales del XIX que había estado ligado a las iniciativas de Rhodes. Milner se rodeó de un grupo de jóvenes “protegidos” por él que fueron llamados “el jardín de infancia de Milner” y que proseguirían la realización de su idea de un imperio británico “federalista” que, finalmente, desembocaría en la creación de la Commonwealth. El líder de este “jardín de infancia” fue Lionel Curtis quien, en 1920, convocó a los participantes ingleses y norteamericanos en la Conferencia de Paz de París de 1919, tras la Primera Guerra Mundial y creó el Royal Institute of International Affairs (RIIA) también conocido como Chatham House.

Esta asociación todavía existe en la actualidad, celebra conferencias con frecuencia en las que el invitado tras pronunciar la charla pública, asiste a una cena en su honor en el curso de la cual es interrogado y examinado sobre sus proyectos, su personalidad y sus posibilidades. Elabora informes globales o sectoriales por iniciativa propia que luego sirve a los distintos organismos de gobierno y asociaciones privadas. En la práctica, la asociación es una antena del ministerio de asuntos exteriores británico. En 1927 se creó la famosa “regla” que rige las reuniones del Instituto y que ha sido adoptada por el resto de “asociaciones del poder mundial”: “En una reunión o parte de ella, los participantes son libres de utilizar la información recibida, pero no puede revelarse ni su identidad ni la afiliación de los ponentes ni de ningún otro participe”. Quien no respeta la regla corre el riesgo de ser expulsado del grupo. Romper la “regla” es condenarse al ostracismo. Se entra en la asociación por invitación que deriva de orígenes y contactos familiares, rol socio-económico y protagonismo político.  

El RIIA ha creado antenas en otros países, especialmente en antiguas colonias británicas: Australia, Canadá, Pakistán, Singapur. Así pues, la asociación, sobre todo, un instrumento de análisis e influencia de las élites económicas británicas.

2. Council on Foreing Relations

Si el RIIA se fundó en 1920, el CFR se creó al año siguiente en Nueva York. El origen fue la ya mencionada reunión de delegados británicos y norteamericanos en la Conferencia de París de 1919. La mayoría de los delegados norteamericanos estaban vinculados al “coronel” Edward Mandel House, y habían asesorado al presidente Woodrow Wilson a lo largo de los años de la Primera Guerra Mundial. Al terminar ésta, el grupo siguió realizando estudios para determinar cómo sería el mundo de la postguerra. Sus informes influyeron decisivamente en las posiciones adoptadas por Wilson en la Conferencia de París. A la vista de los distintos orígenes (los delegados norteamericanos, por supuesto, no compartían las tesis del “jardín de infancia” de Milner, ni los criterios sobre la reintegración de los EEUU en el Imperio Británico), los convocados por Curtis en París optaron amistosamente por crear dos asociaciones diferenciadas, la rama británica sería el RIIA, mientras que la rama estadounidense, sería el CFR.

Las actividades del CFR son muy parecidas a las del RIIA: en ambos casos, además, de facilitar estudios e informes para el gobierno, ambas asociaciones se han convertido en “viveros” de altos cargos ministeriales y administrativos en ambos países. En EEUU, por ejemplo, el 57% de la administración del presidente Johnson procedían del CFR y el 50% en tiempos de JFK. Incluso varios presidentes, antes de serlo, habían presidido comisiones del CFR (Eisenhower, por ejemplo). Está constituido por 250 “miembros corporativos”, necesariamente “ciudadanos estadounidenses”. Hay miembros “vitalicios” (que deben ser propuestos por miembro y avalado por otros tres) y “temporales” (cuya filiación dura solo cinco años y deben tener entre 30 y 36 años, es, por tanto, también una “escuela de cuadros” y de “élites”). Los “vitalicios” están divididos en “asociados”, “afiliados”, “círculo presidencial” y “fundadores”.

Durante la Guerra Fría fue uno de los grupos que facilitaron más cuadros a las distintas administraciones y exaltaron el belicismo antisoviético. Desde su fundación, el CFR se dividió en distintas comisiones (económica, financiera, seguridad, territorial y política) lo que índice sus principales frentes de interés. En la actualidad, el presidente del CFR es David M. Rubenstein, director del Carlyle Group y miembro también de la dirección del Foro Económico Mundial.

Ha alimentado, tanto a administraciones demócratas como republicanas, si bien es cierto que sus preferencias pueden ser definidas con propiedad como “progresistas”, a condición de recordar que, más que “preferencias”, lo que priman son “intereses”. No siempre sus miembros han estado unidos (ni siquiera hoy lo están en relación al conflicto ucraniano, las mayores divisiones se produjeron durante la guerra del Vietnam y, posteriormente, a causa de la acogida o no del destronado Sha de Persia en EEUU): el único elemento que ha facilitado la cohesión entre sus miembros son los “intereses comunes”.

El CFR es, por tanto, un foro pues al servicio de la administración norteamericana que garantiza el que los resortes del poder político serán ocupados por “amigos”, “gentes de confianza” que respetarán y promoverán los intereses de las élites a las que deben el cargo.

3. Club Bildelberg

En 1954, cuando la reconstrucción de Europa, tras la Segunda Guerra Mundial, estaba casi completada, pero eran los momentos más amenazadores de la Guerra Fría, Jozef Retinger, un polaco exiliado de origen judío, se mostró preocupado por la creciente oleada de antiamericanismo que detectaba en Europa Occidental y propuso la convocatoria de una conferencia que reuniera a representantes europeos y norteamericanos para promover el “atlantismo” y la cooperación en política, economía y defensa. Logró reunir en la primera conferencia de 1954 asistieron 54 representantes europeos de 11 países y otros 11 de los EEUU.

Desde el principio, las reuniones fueron extremadamente secretas y, con el tiempo, el secretismo se ha extendido todavía más: hoy, prácticamente, son impenetrables y solamente se tiene acceso a parte de lo tratado gracias a la información tamizada por la propia organización que elije a los periodistas que deben cubrir el evento. En las últimas conferencias celebradas (Montreux, 2019, Washington 2022 y en estos días en Lisboa) asisten entre 120 y 150 personas: la élite de la élite del mundo de la economía, la política, los negocios, la comunicación y la cultura.

El objetivo declarado sigue siendo el fortalecimiento de la cooperación euro-norteamericana “en la defensad de la paz”, lo que, traducido implica fortalecer el libremercado y los intereses de las élites capitalistas de ambos lados del océano. Sin embargo, la asociación está visiblemente desequilibrada: el “lado europeo” pesa bastante más que el norteamericano: dos tercios, en efecto, proceden de Europa y uno de EEUU. Pero esto no debe engañar: están presentes los representantes de las mayores corporaciones “clásicas” de EEUU. Y, por lo demás, es cierto que las ideas del club influyeron decisivamente en la creación del Mercado Común Europeo (si bien existieron dos fracciones: los que proponían una Europa unificada y los que proponían una Europa federal).

Los miembros del “club” no tienen todos el mismo rango: existe un “Comité Directivo de las Reuniones” que es quien marca la agenda del grupo, establece las invitaciones para las conferencias y constituye su verdadero “centro”. El secretismo llevado hasta el paroxismo, ha hecho que sobre Bildelberg se centren buena parte de las teorías conspirativas que llegan hasta a ver en el grupo un verdadero “gobierno mundial”. Reiteradamente sus miembros han negado todas estas teorías y afirmado que se trata de un círculo de intercambio de opiniones, sondeo de perspectivas de futuro y, por supuesto, es inevitable que, cuando se reúnen miembros de las élites económicas se fragüen acuerdos, negocios, proyectos y se tienda a prácticas comunes.

Por lo demás, lo cierto es que se ha atribuido al Club acciones más importantes que les que, en realidad, les corresponden, fruto de exageraciones conspiranoicas. El objetivo inicial sigue vigente (mantenimiento del eje euro-americano), y, en la medida en que todos los asistentes están vinculados a sistemas democráticos y economías neo-capitalistas, parece lógico que los acuerdos, contactos, resoluciones e informes vayan en la misma dirección, para ampliar intereses, defenderse de riesgos que puedan aparecer y establecer actitudes a adoptar.

4. Comisión Trilateral

David Rockefeller, era en los años 60 un globalista convencido, educado en esta ideología por su padre y, por tanto, había participado en las actividades del CFR (que presidió la organización entre 1949 y 1967, siendo hasta su muerte presidente honorífico), había asistido a todas las reuniones del Club Bildelberg desde su fundación en 1954. Sin embargo, en la década siguiente empezó a mostrar discrepancias tanto con la forma de actuar del club (que según él debía de ser más “intervencionista”) como en las listas de invitados (Rockefeller aspiraba a que miembros japoneses fueran incluidos en el Club. Al no conseguirlo, decidió crear la Comisión Trilateral cuyo inspirador sería Zbigniew Brzezinski que entonces había lanzado un libro que causó impacto en las élites al diseñar algunas líneas que, necesariamente, deberían adoptar las democracias si aspiraban a sobrevivir: La Era Tecnotrónica.

El calificativo “trilateral” alude a los que a principios de los años 70 eran los tres puntales del mundo capitalista: Europa, EEUU y Japón. La novedad de la Comisión Trilateral es, precisamente, el establecimiento de un eje de colaboración con el capitalismo japonés. Entre los miembros de la Trilateral que han llegado a la presidencia figuran: Jimmy Carter, George Bush (padre) y Bill Clinton.

Está formada por menos de 400 miembros, incorporados por rigurosa invitación. A medida que la globalización fue avanzando y que aparecieron otros actores internacionales, la CT ya no se reduce a EEUU, UE y Japón, sino que alude a “tres áreas regionales”: América del Norte (con 120 miembros: 87 estadounidenses, 20 canadienses y 13 mexicanos), Europa (con 170 miembros: 20 alemanes, 18 franceses, 18 italianos, 18 del Reino Unido, 12 españoles y entre 1 y 6 para el resto de países) y área Asia-Pacífico (con 117 miembros: 75 japoneses, 11 coreanos, 7 australianos y neozelandeses, 15 repartidos entre Indonesia, Malacia, Singapur, Tailandia y Filipinas y, finalmente 9 repartidos entre China, Hong Kong y Taiwán). Todos pertenecen al mundo de los negocios, la política y la comunicación.

La organización ha estado siempre dirigida por un “triunvirato” formado por un europeo, un norteamericano y un japonés. En la actualidad, esta dirigida por Jean-Claude Trichet, Meghan O’Sullivan y Akihiko Tanaka.

En la CT se atrincheran los partidarios más fanáticos de la globalización. Desde siempre, su orientación ha sido proclive a actitudes “progresistas” y siempre ha sido sospechosa de tratar de limitar la democracia con distintos subterfugios (ya en 1973, Brzezinsky sostenía la necesidad de desarrollar una fuerte industria del “entertaintment” para distraer a los ciudadanos y sustraerlos de las decisiones políticas importantes que había llevado a la derrota norteamericana en Vietnam).

*    *    *

Como puede comprobarse por estas breves notas, existe entre todas estas asociaciones distintos niveles de “especialización” y de campo de aplicación: el CFR es específicamente norteamericano, el RIIA-Chatham House británico, el Club Bildelberg tiene una vocación decididamente euro-norteamericana y es, por tanto, más amplia que los demás. En cuanto a la Comisión Trilateral puede ser considerada como la quintaesencia de la globalización, el grupo que, en primer lugar, la propuso, pero, con una salvedad que introdujo desde el principio su fundador: globalización sí, pero bajo hegemonía norteamericana.

Llaman la atención varios elementos: en primer lugar, como ya hemos dicho al principio, salvo la Comisión Trilateral que desde el principio no tiene inconveniente en afirmar una línea “ultraprogresista” patroneada por el “clan Rockefeller”, el resto de asociaciones tiene bastante más atenuados sus rasgos ideológicos. Todas ellas han ido cambiando de fisonomía y de objetivos a lo largo del tiempo: si bien la influencia de las corrientes “fabianas” estuvo muy presente tanto en la RIIA como en el CFR, a medida que la Sociedad Fabiana se fue diluyendo y los grupos socialdemócratas fabianos se diluyeron en el seno de sus respectivas naciones, a partir de los años 90, esa influencia -incluso dentro del PSOE-, simplemente, desapareció y lo que quedó fueron algunas dinastías -especialmente norteamericanas- que aspiraban a llevar adelante un programa “gradualista” (inspirado en el fabianismo británico difundido en las élites económicas a través de la London Economic School) de “ingeniería social”. En especial el clan Rockefeller, el clan Vanderbilt y el clan Carnegie (en esencial, los antiguos “barones ladrones” de finales del XIX estadounidense).

En segundo lugar, a pesar de los esfuerzos, especialmente de la Comisión Trilateral, de incorporar a miembros de países no occidentales, lo cierto es que estas asociaciones de poder mundial, están presentes especialmente en Europa y EEUU, con antenas en países de la Commonwealth o en tradicionales aliados de los EEUU desde 1945 (caso de Japón o de Corea del Sur). En el resto del mundo, mantienen contactos simplemente, especialmente con los presidentes de los Bancos nacionales, pero carecen por completo de presencia efectiva. Nacieron en un momento (los primeros años del siglo 20) en el que solamente contaban en el mundo algunos países europeos y EEUU, esto es, los países que protagonizaron los primeros pasos de la Segunda Revolución Industrial. No han sido capaces de incorporar -salvo a personalidades aisladas- a países “emergentes”, ni siquiera a nuevos actores económicos.

Su esperanza fue que los años en los que la globalización pareció imponerse en todo el mundo (entre 1990 y 2001) el entramado de intereses y alianzas haría que las grandes corporaciones occidentales extendieran su sombra por todo el mundo. No calcularon que otros países, otros continentes, nuevos modelos de empresas vinculadas a la Tercera y a la Cuarta Revolución Industrial intentarían defender sus propios intereses.

Esto es lo que hace que, aun en el caso de existir una “conspiración”, esta ya no pueda ser de ninguna manera una “conspiración mundial”. Sería, en el mejor de los casos, una “conspiración” que afectara solamente a una parte del mundo: pero de la otra parte, hoy, parece claro que ya han perdido completamente el control. El proyecto globalizador en el que habían centrado su interés Bildelberg o la Trilateral, está hoy en bancarrota tal como ha evidenciado la decantación de posiciones a raíz del conflicto ucraniano.

CAPÍTULOS

1) Censo de “asociaciones de poder mundial” surgidas en la SegundaRevolución Industrial

2) Censo de “asociaciones de poder mundial” surgidas en la TerceraRevolución Industrial

3) Censo de “foros intergubernamentales”

4) Algunos nuevos y viejos “círculos de influencia”

5) Balance global y líneas surgidas de las reuniones del “poder mundial” en 2023.