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martes, 29 de mayo de 2018

QUIM TORRA, ¿DÓNDE ESTÁN “LAS BESTIAS” Y DÓNDE ESTÁN LOS “ANIMALES CON FORMA HUMANA”?


De donde no hay no se puede sacar nada. Hoy la clase política independentista es un cúmulo de nulidades, un areópago de resabiados y resentidos incapaces de entender que su proyecto ha fracasado y que, tan solo están en condiciones de plantar cruces en playas, demostrando que precisan, ante todo y sobre todo, asistencia psicológica. Es más probable que la medicina los considere víctimas del “síndrome de estrés post-traumático” (ver que décadas de lento trabajo independentista solamente han servido para romper a la sociedad catalana) que pasen a la historia. Decía Marx que la historia se repite dos veces: la primera como tragedia y la segunda como comedia. A nosotros nos ha tocado vivirla como vodevil (y de los largos, pesados y aburridos, pero no por ello menos ridículo). Pero en otro tiempo, la gente por la que Quim Torra experimenta admiración convirtió Cataluña en un infierno. En estas notas se recopilan algunas de aquellas escenas patéticas.


Miquel Badia, fidelísimo del Avi

Si la historia del independentismo catalán es una verdadera acumulación de fraudes y verdades a medias (o lo que es lo mismo, mentirijillas reconducidas al propio huerto), la historia de los independentistas supone, en sí misma, la exaltación de la mediocridad, la transformación del perfecto inútil en mito. El pobre Macià (la broma en la Barcelona de 1934 era apostrofar a un sosaina como “ets mes ranci que la momia d’en Macià”… porque Macià acababa de morir ¡y lo habían momificado!; claro está que si los “escamots” te oían decir la broma, podía dar lugar a represalias) nunca entendió lo que era la política: tenía esa visión propia del militar que había sido y que consistía en que el jefe daba una orden que le parecía oportuna y los demás la cumplían.

El 14 de abril de 1931, Companys (el otro mito) apareció por el balcón del ayuntamiento y proclamó la República, ante una plaza de Sant Jaume completamente vacía. Dos horas después, por la misma ventana, Macià proclamaba “El Estado Catalán dentro de la República Federal Española”… La diferencia estribaba en que el Pacto de San Sebastián llegaba hasta la “proclamación de la República”, pero nadie había hablado de un “Estado Catalán”, ni de una “República Federal”. Macià se enrocó en la actitud. Hubo alguien que le prometió jugarse la vida en su defensa: era Miquel Badía, un leridano que encarnó en los años de la república el aspecto más “duro” del independentismo. Badía constituyó una “guardia de corps” para Macià en aquellos días.

Debió venir de Madrid Nicolau D’Olwer, republicano catalán, pero no independentista, para deshacer el entuerto: Macià no quería moverse del reconocimiento del Estado Catalán independiente… La mano izquierda de D’Olwer logró el acuerdo imposible: Macià renunciaba a la independencia y a cambio se quedaba con la “autonomía”… que para él era el paso previo a la independencia. La guardia de corps de Macià desertó. Aquello era una renuncia. Sólo Badía se quedó con el Avi.


El ascenso de Miquel Badía en el independentismo

Llama la atención como los historiadores nacionalistas, intentan defender a los suyos diciendo que los “estándares democráticos” de los años 30 no eran los de ahora: se ve que, entonces, era normal que un tipo se asomara a un balcón y proclamara la independencia sin estar claro quién tenía detrás. La cuestión es que, Macià fue momificado (y no es broma) después de ser cocido en una caldera (tampoco es broma: es Carner Ribalta quien lo cuenta y debería saberlo porque estaba allí y fue uno de los más acérrimos “macianianos”). Companys lo sustituyó: los independentistas no lo consideraban uno de los suyos. Era un abogado republicano federal que había defendido a anarquistas. Carecía de pedigree nacionalista.

Sin embargo, Companys, sabedor de que debía lidiar con el sector independentista de ERC (había otro que era nacionalista pero no independentista) colocó en su gobierno a Josep Dencás, su jefe de filas y dirigentes de las JEREC (juventudes paramilitarizadas) y éste a su vez recurrió a Badia (que por cierto, antes había pertenecido a Bandera Negra, una formación que no dudaba en teorizar el terrorismo como arma política; Badía debió exiliarse después del azaroso y grotesco “complot del Garraf” casi una comedia de enredo: los que intentan atentar contra Alfonso XIII, primero se dejan en casa las herramientas; en el segundo intento pierden el tren; en el tercero no aparece el principal ejecutor y en último los detienen todos…). Después se reencontraron, Dencás como conseller de seguridad y Badia como su jefe de policía.


Badía contra la CNT-FAI, Companys a partir un piñón con la CNT-FAI

La emprendieron contra la CNT-FAI. Abundaron las detenciones arbitrarias, las torturas, los simulacros de fusilamiento, los secuestros y las palizas. Si algo estuvo claro en aquella época era que los “derechos humanos” habían sido aparcados fuera del “oasis catalán”. Llegó la sublevación del 6 de octubre que todavía permanece envuelta en el misterio. La historiografía oficial de la Gencat sostiene que se produjo porque el “fascismo se había adueñado del estado español”… a pesar de que la CEDA, partido mayoritario, estuviera fuera del gobierno radical de Lerroux y que, cuando se introdujo fuera solo con 4 ministros; sin olvidar que la CEDA eran unas cándidos católicos o que la legalidad vigente derivada de las elecciones de noviembre de 1933 había dado amplia mayoría a la derecha... pero gobernaba el centro. En Cataluña, por cierto, ERC se había hundido y la Lliga disponía de casi el doble de diputados.

Companys se refugió en la explicación de que la sublevación del 6 de octubre había fracaso porque Dencás y Badìa no habían estado a la altura y movilizado a sus Escamots. Lo cierto es que uno de los últimos tiros de aquella infausta jornada lo disparó desde una azotea de Vía Layetana el “capitá Collons” (nombre que se había ganado Badía por sus desplantes y actitud ante la CNT-FAI). Al huir Dencás por las alcantarillas y ser encarcelado Companys, éste pudo atribuir al otro el fracaso. Pero había algo más.

Lío de faldas en el Palau de la Generalitat (1): La “misa negra” de Companys

De la misma forma que las vicisitudes de los grupúsculos independentistas en los años 70 y 80 pueden entenderse mejor por los líos de faldas, los ligues y los divorcios (o “ahí te quedes”) de un muy pequeño grupo de independentistas procedentes del PSAN, en tiempos de la República, todo lo que ocurrió en Cataluña entre el 6 de octubre de 1934 y noviembre de 1936 no es posible entender si no se tienen en cuenta esos mismos líos de faldas, celos, venganzas y, en definitiva, miserias humanas.

Resumimos: Miquel Badía se “picó” a Carme Ballester, esposa de un militante de ERC que sustituyó algo más adelante a la primera esposa de Companys en la cama del Palau de la Generalitat (en el casal de Gran Vía de ERC se los encontraron fornicando a base de bien). Badía, un tipo posesivo creyó que la Ballester era para él, así que cuando se enteró de que se había convertido en amante de Companys estalló el scandal. Poco antes del 6 de octubre de 1934, Badia y Companys discutieron delante de otros: Companys destituyó de su cargo a Badía, a causa de que éste había secuestrado, en pleno juicio (tal es el respeto que el independentismo siempre ha tenido por la judicatura) al fiscal que estaba acusando al Xammar, un abogado nacionalista. Cuando Companys lo destituyó le dijo que no era el cargo “para un hombre como él”. Al pedirle explicaciones Badía, Companys, fuera de sí, le contestó que la Ballester “es una santa”.  Badía enumeró las “virguerías” que era capaz de hacer la Ballester en la cama, antes de irse con un portazo. Luego Companys convocó a las personas que había  citado Badia para avalar su relación con la Ballester y vio que, efectivamente, aquella relación era auténtica.


Lo mejor es que –y ahora es Josep Tarradellas quien lo cuenta- Companys llegó a Carme Ballester a la Casa dels Canonges, la colocó en la cama ¡sobre la que había muerto Macià unos meses antes! Y le pidió un juramento de fidelidad. Tarradellas llamó a este episodio “misa negra”. Esto explica el que las JEREC no pusieran toda la carne en el asador el 6 de octubre de 1934. Pero la historia no termina ahí. El período de cárcel de Companys y el de exilio de Badía terminaron cuando el Frente Popular decretó una amnistía. A finales de febrero de 1936 volvían todos los actores a Barcelona. Lo que hasta ahora había sido una comedia con mucho de vodevil se transformaría ahora en tragedia.


Líos de faldas en el Palau de la Generalitat (2): la culpa es de la falange…

El 28 de abril de 1936, Badía había quedado citado por la tarde con Macià Alavedra para entregarle unos documentos comprometedores sobre determinados dirigentes de ERC próximos a Companys (es Alavedra quien lo contó). Al parecer, Companys, mantenía juegos sexuales con la Ballester y alguna amiga cuyo marido también participaba. Por otra parte, había dirigentes de ERC asiduos al cabaret La Criolla, lugar de encuentro del entorno gay y trans de la época. Allí, el encargado, “Pepe el de la Criolla”, les buscaba chaperillos y complementos para sus juegos sexuales. El 27 de abril por la noche, “Pepe el de la Criolla” fue asesinado. El crimen llamó la atención porque al día siguiente Bacía quedó con Alavedra para entregarle los documentos que comprometían a dirigentes de ERC, Companys incluido. Sin embargo, a las 15:30, Badía y su hermano fueron asesinados por unos pistoleros anarquistas (si bien Escofet, el jefe de los Mossos, intentó hacer creer que fueron “los falangistas”. Por cierto que las sospechas sobre el asesinato de “Pepe el de la Criolla” recayeron en cuatro Mossos de Esquadra…).



Lo cierto es que, tras su regreso de la prisión, Companys no se alía con los independentistas radicales sino que se apoya en la CNT-FAI a la que permite la ejecución de 8.000-9.000 catalanes en los primeros meses de la guerra civil. Contará con ellos hasta mayo de 1937 cuando el PSUC y los agentes soviéticos de la Cheka, se conviertan en árbitros de la situación…

La explicación de Escofet no convenció a ninguno de los dirigentes independentistas, que abandonaron ERC y volvieron a dar vida a Estat Catalá. Los independentistas siempre consideraron al mitificado Companys como el mandatario del crimen de los hermanos Badía. Companys habría recurrido a un faiero que nunca había conocido a los Badía para ejecutar el crimen. Y es que Companys nunca pudo olvidar el tiempo en el que había sido abogado de anarquistas antes de pasarse al nacionalismo. Pero la cosa no termina aquí.


Líos de faldas en el palau de la Generalitat (3): el “Caso Reverter”

Companys había nombrado a un chico joven y sin ninguna experiencia política, Andreu Reverter, como “comisario de orden púbico”, en sustitución de Badía.  ¿Un desconocido sin experiencia en un cargo tan importante? Las cosas se entienden mejor si se tiene en cuenta que la mujer de Reverter y la de Companys eran grandísimas amigas, realizaban juegos sexuales juntas en unión de sus compañeros. Pero esto, seguramente, no es lo más importante, sino el hecho de que a Reverter se le ocurre preparar el asesinato de su madrastra, en plena guerra civil, para lograr beneficios económicos. Como suena. Esto coincide con dos episodios que lo tienen como protagonista: en primer lugar el intento de apropiación de unos lingotes de oro y de platino que se estaban sacando del Madrid que se daba por perdido ante el avance de las tropas de Franco. Ahora es Largo Caballero quien cuenta esta historia. Él mismo fue quien denunció la acción de Reverter a Companys.

El interesado declara que quería apropiarse del armamento depositado en dos vagones en el sur de Francia que la Generalitat había comprado. Dado que Estat Catalá había perdido todo su armamento en el intento frustrado de invasión de Menorca, con esas armas se pretendía rearmar al partido para ponerlo al servicio del proyecto más enloquecido del independentismo catalán en aquellos momentos: secuestrar y eliminar a los jefes de la CNT-FAI, ejecutando a 20 dirigentes de las Milicias Antifascistas, detener y exiliar a Companys, sustituirlo por Joan Casanovas y ¡proclamar la independencia de Cataluña! ¿Quién da más? Los independentistas, evidentemente, que, una vez independientes¡ se declararían “neutrales” en la Guerra Civil española! Casanovas ya había tomado contacto con el gobierno francés para anunciarles el plan que debía contar con el apoyo de las potencias democráticas. Todo ello –y quizás esto sea lo más espatarrante- es que lo pretendía hacer con 200 militantes de Estat Catalá…

Cabría añadir que Casanovas tenía también amistades propias de la Barcelona canalla: se relacionaba con la vedette del Paralelo Margarita Carvajal, mexicana, lo que no le impidió dejarla cuando consiguió huir a Francia. La Carvajal era la “reina del Paralela” y de ella se cuenta que cuando la CNT exigió que todos los que trabajaban en variedades cobraran lo mismo, ella se encaró con los anarquistas y les dijo “pues que suba el acomodador y enseñe el culo”.

Anarquistas situados dentro de la Comisaría de Orden Público se enteraron del plan y lo denunciaron, lo que unido al testimonio de Largo Caballero, hizo que el plan fuera descubierto el 24 de noviembre de 1936. Reverter resultó detenido. La versión que se dio era la de que intentaba asesinar a su madrastra para beneficiarse económicamente. Fue condenado a muerte. Y entonces hizo valer su conocimiento sobre Carmen Ballester y sobre la muerte de los Badía. Planteó, digámoslo claramente, un chantaje a Companys. Así que funcionarios de la Gencat se ofrecen para excarcelarlo y facilitarle la salida a Francia. Reverter aceptó callarse. El final os lo podéis imaginar: unos dicen que en Calaf, otros que a 20 km de Barcelona, el caso es que Reverter apareció asesinado en la cuneta.

Algunas conclusiones: una pregunta a Quin Torra

Este era el panorama de los independentistas antes y durante la guerra civil. Así que a nadie le extrañe lo que está ocurriendo ahora. ¿Paralelismos? Muchos:

- No entender la situación internacional. El Quay d’Orsay respondió a la propuesta de Casanovas alegando que “no era oportuna” y que podría desarrollar el independentismo de varias regiones en Francia y hacer que el Rosellón quisiera aproximarse a Cataluña. Ochenta años después, los independentistas no se han dado cuenta de que su iniciativa carece de apoyos en Europa precisamente por lo mismo.

- No entender que, no hoy, sino siempre, han carecido de fuerza social suficiente para la independencia: parece increíble que en plena guerra civil, un pequeño grupo independentista, llegara a la conclusión de que podría fusilar a 20 anarquistas, exiliar el presidente y declarar la república catalana independiente, declararse neutral y ser reconocidos por Francia e Inglaterra.

- No entender que no basta con los mitos sino que para fundar una nación independiente hace falta una clase política dirigente y un proyecto. Macià es una especie de patriarca del nacionalismo y Companys el mártir, a despecho de sus acciones reales y de su valoración objetiva. El nacionalismo vive y se engaña a base de mitos tras los cuales apenas existen miserias humanas. Ayer y hoy. Porque casi mejor no entrar en las miserias familiares de los últimos presidents nacionalistas.

- Tenerse unos a otros como enemigos más allá de las diferencias políticas que, a fin de cuentas, no son más que coberturas de celos, choques personales, sino de líos de faldas… y ser capaz, incluso de matar al “camarada” por un quítame allá la novieta.

Por eso, cuando Quin Torra alega ser admirador de los Badía, de Companys, de Macià y de todos estos personajes, se califica a sí mismo. Ah, y lo que todavía es más sorprendente: cuando hace falta alguien con capacidad mediadora, con voluntad y capacidad negociadora, con un perfil independentista bajo (puesto que el proyecto ha fracasado ¡y de qué manera!), con buenos contactos fuera de Cataluña, lo que se elije como presidente es al personaje situado en las antípodas del perfil requerido: nula capacidad de negociación, nula capacidad para el diálogo, nula capacidad para entender los motivos del fracaso del plan soberanista, nula capacidad para asumir la realidad socio-política de Cataluña y, para colmo, guinda de las guindas, un tipo que considero –por mucho que se haya disculpado- que más allá del Ebro solamente hay “animales con forma humana”.

Que  revise la historia del nacionalismo independentista catalán y verá lo que tiene en su propio hortet. De ahí que hayamos hecho  este pequeño repaso.


jueves, 19 de octubre de 2017

CRISIS GENCAT: MAMÍFEROS – MAMONES – MAMONCILLOS


Me decía ayer un amigo que, desde el punto de vista racional, ciertamente el proyecto independentista ha fracasado, pero –apuntaba- el nacionalismo no es racional. Tenía toda la razón y lo comparto. En un juego tan racional como el ajedrez, un jugador entrenado sabe cuando ha perdido la partida, con cuatro incluso diez jugadas de anticipación. Un nacionalista no. El nacionalismo es un producto de los estratos emotivos y sentimentales del ser humano, tiene mucho que ver con el subconsciente y con el instinto territorial de los mamíferos (y en torno a la gencat hay mucho “mamífero”, desde luego).

LA LUCHA ENTRE LO ESPONTÁNEO Y LO DIFÍCIL

El nacionalismo, todo nacionalismo, es una forma de primitivismo. Tenía razón José Antonio Primo de Rivera (cuya mera mención da pie a “matar al mensajero”) en su artículo escrito hará como ochenta y tantos años, La gaita y la lira. Una cosa es el apego a la tierra natal, al terruño (algo que José Antonio y el carlismo español, por cierto, no condenan, sino todo lo contrario), algo que define como “lo espontáneo” y otra muy distinta sentirse miembros de una comunidad mayor, más amplia, dotada de una “misión y un destino” (lo que José Antonio llama “lo difícil”). Así pues, la existencia es una lucha “entre lo espontáneo y lo difícil”.

Este planteamiento queda confirmado en el nacionalismo catalán: es espontáneo en la periferia catalana, en las zonas rurales, en la costa donde los pescadores salen a la mar, en “la muntanya”; es algo menos espontáneo, e insertado por la “inmersión lingüística”, las subvenciones de la gencat a “su” sociedad civil y difundida machaconamente por TV3% y demás medios del mismo jaez. Pero, el nacionalismo catalán carece de “lo difícil”: el proyecto independentista se agota en la propia independencia confirmando así el planteamiento joseantoniano.

EL AGOTAMIENTO DEL PATRIOTISMO ESPAÑOL

No cantemos victoria, porque eso mismo es lo que le ocurre al nacionalismo español, que oscila entre el “patriotismo futbolero” y el “patriotismo constitucional”, como límites inferior y superior. Este es otra forma de nacionalismo “espontáneo”. El nacionalismo catalán tiene mitos históricos. El nacionalismo español tiene un pasado… e incluso unos doctrinarios de altura: pero con la generación del 98, el patriotismo español se detuvo su teorización. Si hasta ese momento, “lo difícil”, esto es, la atribución de una “misión y un destino” a la nación, era posible, a partir de los años 50, y no digamos de los 60, este principio se fue diluyendo.

Este fue el problema: que entre 1931 y 1970, el “patriotismo español” vio como la hierba quedaba segada bajo sus pies. La escuela maurrasiana (a la que pertenecía Ramiro de Maeztu, el principal teórico del patriotismo español en esos años) sostenía que la nación se basa en dos instituciones, el catolicismo y la monarquía. Ambas columnas eran las que “habían hecho Francia” y Maeztu demostró que también habían tenido arte y parte en la formación de las Españas. Pero el ideal monárquico se fue diluyendo en los 60 (incluso el carlismo que hasta entonces era un movimiento de masas combativas en algunas zonas, empezó a disgregarse y el viejo alfonsinismo nunca emergió de nuevo durante el franquismo salvo en los círculos de poder, no en las calles) y el Vaticano II apuntilló a la Iglesia Católica.

Por eso se entiende que cuando muere Franco en 1975, la justificante del patriotismo español ya no podía ser ni la defensa de la Iglesia, ni la monarquía… ¡sino la defensa del franquismo! Y eso explica que hoy, para muchos, no solamente en Cataluña, sino en el resto de España, patriotismo = franquismo, sea una ecuación real.

El franquismo era quien, a fin de cuentas,  quien había garantizado la unidad nacional en los últimos 40 años y había dado “misión y destino” al país: ¿misión? Alcanzar una sociedad desarrollada. ¿Destino? La monarquía. ¿Problema? Que una vez se alcanzó la “sociedad desarrollada”, las fuerzas económicas que se habían generado tomaron la iniciativa, y precisaban la integración en la Comunidad Económica Europea… para lo que era preciso una forma política democrática.

A partir de aquí, el patriotismo español quedó paralizado. Salvo los intentos de Calvo Serer (España sin problema) y Laín Entralgo (España como problema), hoy muy lejanos ya, después de Maeztu y de la generación del 98, el patriotismo español no se reformuló. Hoy siguen sin aparecer nuevos doctrinarios que se formulen la pregunta de ¿cuál va a ser el destino de España en el futuro? Acaso porque se trataba de una pregunta retórica que carece de respuesta. Así pues, dado que las respuestas aportadas por el franquismo, ya no eran válidas, ni realistas, aparecieron respuestas pedestres: ¿Qué cual va a ser el futuro? Que “la roja” gane todos los partidos o… que la Constitución garantice nuestra “unidad”.

EL PROBLEMA DE LA “DIMENSIÓN NACIONAL”

Lo cierto es que la “dimensión nacional” es un concepto que no hay que perder de vista. Hoy los “Estados Nación” ya no responden a las realidades de nuestro tiempo. El hecho de que el presupuesto del CERN o del Airbus, sean superiores al presupuesto de cualquier nación de tamaño medio, es significativo. Para afrontar los retos de la modernidad ya no se puede recurrir al Estado Nación tal como lo hemos conocido hasta 1945. Hace falta alguna estructura más amplia. Y este sería el núcleo del debate: ¿alguna forma de Europa? ¿eurasia? ¿euroamérica? (como piensa quien esto escribe). Pero lo que está claro es que “lo espontáneo”, el pequeño nacionalismo de barretina, faixa, espardenyes y falç, eso vale para el folklore, para las festas majors, con sus castellers, sus grallers, sus gegants y sus sardanas… y para poco más.

La “crisis gencat” nos ha aproximado al drama de nuestro tiempo: la lucha entre la irracionalidad absoluta del independentismo (que no dispone de un solo argumento sostenible desde el punto de vista racional e incluso desde una perspectiva mínimamente razonable) y la irracionalidad relativa del “patriotismo constitucional” que se obstina el querer considerar como vigente algo que desde hace mucho tiempo está superado por la historia. Y lo mismo ocurre con abordar el problema desde posiciones “franquistas”: ni existe una Iglesia Católica de la que España pueda ser “escudo y defensa”, ni que pueda “guiar los pasos de la Nación”, ni el “desarrollismo” puede ser considerado como objetivo realista en una economía globalizada.
Por lo demás, ya lo hemos dicho en muchas ocasiones: el “patriotismo constitucional” es poco, el “independentismo” es nada. ¿Y eso por qué? Simplemente, porque la historia no da marcha atrás: los condados medievales, se agruparon en “regiones”, las “regiones” en “Estados-Nación”, ¿por qué? Simplemente, porque en cada época, las necesidades son cubiertas por una u otra dimensión. En la actualidad, la “dimensión del Estado-Nación” es pequeña, no digamos lo que supondría una “micronación”: mera calderilla.

EL TRIPLE ROSTRO DEL INDEPENDENTISMO

El independentismo, tal como se presenta en la actual crisis tiene un triple rostro:

- por una parte, el rostro de “lo expontáneo”, gente que se siente arraigada en su tierra y cuya visión no llega más allá del terruño. Es comprensible e incluso aceptable. Hay mucha gente así en la Cataluña interior, la muntanya y las zonas de pescadores.

- por otra parte, el rostro de “lo interesado”, compuesto por funcionarios de la gencat, pequeños empresarios, tejido social amamantado por las ubres de la gencat y que quiere más autonomía (especialmente económica) para poder “pillar” de lleno, tal como ha demostrado la historia de la gencat desde 1932 hasta nuestros días.

- finalmente, el rostro de “lo irracional”, formado por una mezcla de alucinados, futboleros del Barça, productos de la inmersión lingüística que no se sienten competitivos más allá de las cuatro paredes de la nacioncilla construida por la gencat, no entienden los cambios de la modernidad y reaccionan como corresponde a su situación psicológica y sociológica: agresivamente.

El primer grupo es el único al que puede reconocerse sinceridad: en ellos se manifiesta el “instinto territorial” de los mamíferos superior. Son los “mamíferos” (que podemos llamar también “auténticos”, porque creen y viven su identidad con el terruño).

En los segundos, ese instinto ha pasado a ser el de los “mamones” (los que maman de la teta de la gencat).

Los terceros son meras víctimas del adoctrinamiento, la crisis económica y los cambios de la modernidad (los podríamos calificar de “mamoncillos”). Viven en ciudades y pueblos de tamaño medio, mezcla de hooligans futboleros, clientes de club de cannabis, inadaptados poco competitivos que no han logrado insertarse en el primer tercio de la “sociedad de los tres tercios” y prefieren no ver el futuro, sino generar “ruido” en el presente.

Los tres son estados psicológicos: el de los “auténticos”, el de los “vividores”, el de los “intoxicados”, respectivamente. Los “vividores” han dirigido la gencat hasta ahora. Son los que han manipulado sus recursos económicos y educativos. Del adoctrinamiento generado por estos vividores, han emanado “los intoxicados" (y/o “mamoncillos”). En cuanto a los “maníferos”, nada más fácil que manipular los sentimientos de gentes sencillas. CiU es lo que ha hecho en los últimos 40 años, terreno en el que hoy compite con ERC.

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lunes, 14 de julio de 2014

Los errores de Podemos (II). La actitud ante el nacionalismo


Info|krisis.- El programa de Podemos es bastante ambiguo en la cuestión de la vertebración del Estado. Los términos “Cataluña”, “Euzkadi”, “independencia”, “nacionalismo”, no aparecen en ningún lugar. Por otra parte, si bien es cierto que Pablo Iglesias no ha defendido a ETA en ninguna ocasión, no es menos cierto que Podemos ve con “simpatía” la celebración de referendos sobre el derecho de autodeterminación. Todo esto es completamente incoherente con su opción antiglobalizadora. Es más, ignora el origen de los nacionalismos y el hecho de que combatiendo a los Estados Nacionales se allana el camino para la globalización.

El “derecho de autodeterminación” en el programa de Podemos.

Vanamente buscaríamos en el programa electoral de Podemos una toma de posición clara y rotunda en relación a los nacionalismos periféricos. Podría pensarse, inicialmente, que esta formación recupera el sentir de la “izquierda tradicional” que siempre ha sido, en toda Europa, jacobina, partidaria de la unidad de los Estados–Nación e incluso apisonador de las autonomías regionales. Sin embargo, a poco que se examina el “espíritu” de Podemos, se percibe que no es así y que, en su “ultrademocratismo” tiende a ver con buenos ojos las reivindicaciones del “derecho de autodeterminación” que defienden los independentistas catalanes y vascos.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Carta a un independentista


Vaya por delante que considera el independentismo catalán desde muy joven acaso como la expresión más extrema de la estupidez. Pero vaya también por delante que, más que orgulloso, estoy abochornado de ser español. Pocos países del mundo han estado tan mal gobernados en los últimos años, reflejo de un mal que se viene arrastrando desde hace siglos. Venga al caso decir que ese desgobierno no ha sido solo cosa de “Madrid” (como afirma el independentismo) sino el desastre generado por gentes procedentes de todo el Estado, incluida Cataluña.

La diferencia que hay entre el actual momento histórico y cualquier otro anterior es que, en otro tiempo había espacio para la esperanza de que un movimiento de regeneración nacional pusiera en pie a este país. Hoy esa esperanza ya se ha disipado. No veo “fuerzas sanas” en todo el Estado Español capaces de abordar una tarea de reconstrucción. Y en lo que se refiere a Cataluña, tampoco veo una clase política dirigente, digna de tal nombre, con inteligencia, decisión, lucidez, envergadura y capacidad para liderar un proceso independentista.

jueves, 20 de septiembre de 2012

La perspectiva de una Cataluña independiente [escrito mucho antes del "procés"]


El independentismo catalán era hasta hace poco un espantajo tras el cual solamente existían tres tipos de individuos: gente que no se había podido acomodar en CiU y canalizaba su nacionalismo por vías más radicales (fundamentalmente ERC y sus disidentes), unos grupos juveniles compuestos por inmaduros irremediables (los maulets y demás excrecencias del lítico PSAN) y una serie de individuos emotivos y sentimentales a los que la simple mención al “Estat Catalá” y al “Catalans ¡Catalunya!” hace llorar como margaritas… Entonces ¿De dónde ha salido el actual impulso independentista? ¿Podrá ser Cataluña independiente algún día? ¿Qué supondría esta perspectiva?

La nueva situación creada por CiU

Lo realmente nuevo en 2012 es que el independentismo que ha aflorado es un subproducto de CiU, el partido que, hasta ahora, se limitaba a ser “nacionalista y democrático”. El gobierno de la Generalitat (esto es, CiU) ha subvencionado en los últimos dos años con 200 millones de Euros a los grupos independentistas que hasta ese momento eran económicamente indigentes y con una posibilidad de acción política muy limitada. No es algo nuevo, desde los años 80, CiU viene utilizando esta práctica (entonces ya financió discretamente la Convenció per l’Independencia) con el fin de realizar un permanente chantaje al Estado e incluso antes, durante el franquismo y a la vista del buen resultado que había dado ETA al PNV (ya se sabe aquello de uno golpean al árbol y otros recogen las nueces…), en el entorno de lo que luego fue CDC, de alguna manera, se auspició, impulsó y cubrió aquel grupo terrorista que fue el Front d’Alliberament de Catalunya en los primeros años 70. El discurso es, desde entonces, siempre el mismo: “dadme lo máximo de lo que pido… porque si no vendrán los independentistas y os generarán más problemas de los que tenéis conmigo”. La estrategia de la amenaza, desde entonces, no ha cambiado. Lo que ha cambiado es la táctica utilizada.

En efecto, en las últimas décadas CiU ha ido sistemáticamente chantajeando a los gobiernos de izquierdas y derechas gracias a una constitución española generada para eternizar el poder de la “banda de los cuatro” (PP+PSOE+CiU+PNV). El sistema político español se basa en un bipartidismo imperfecto, es decir, dos opciones que se van alternando en el poder con el apoyo de una “tercera fuerza” que entra en acción cuando ninguna de las dos partes tiene mayoría absoluta. La arquitectura de este sistema que cumple ahora 33 años ha sido desastrosa para el Estado pero extremadamente beneficiosa para las autonomías más agresivas, especialmente para CiU y el PNV. Y tanto los gobiernos de Aznar, como de Felipe y Zapatero han ido cediendo a las exigencias de CiU mucho más allá de lo que el sentido común y la razón de Estado aconsejaban. Por eso CiU ha podido llevar treinta años de faraonismo catalanista.

Pero ahora se ha producido una crisis económica sin precedentes que impide que el erario público siga con esta política de concesiones sin límite a la autonomía catalana. Ésta, por lo demás, se encuentra en situación ruinosa, con una primera petición de ayuda al Estado (que no será la única) y con el “bono catalán” depreciado a la altura del bono griego como simple “bono basura”. Esto, que ya es dramático de por sí, lo es todavía más en Cataluña y especialmente para el catalanismo, en la medida en que éste quiere presentarse permanentemente como “la parte seria del Estado Español”, “los buenos administradores frente al despilfarro andalú”, “la autonomía con más seny en contraposición a las ganas de fiesta del resto de España”… cuando las cifras dicen que su negligencia a la hora de controlar las cuentas públicas no tiene precedentes, sus niveles de corrupción son similares a los de Andalucía, al igual que lo son los niveles de paro juvenil, paro global, desertización industrial y, acaso, el único punto en el que Cataluña supera a Andalucía es, precisamente, en número y porcentaje de inmigrantes…

No se trata de que el Estado no tenga ya dinero para comprar los votos y ceder al chantaje de CiU… es que los “hombres de negro” de la Unión Europea están al acecho y no permitirían nuevas cesiones de fondos que sirven solamente para alimentar los bolsillos de los dirigentes de CiU y generar nuevos impulsos catalanistas. Así que, a la vista de la situación, CiU ha tenido que recurrir a otra táctica: la del chantaje independentista. ¿Cómo lo ha hecho? Simplemente, en los dos últimos años se ha limitado a canalizar fondos hacia ese sector y a ordenar a sus “almogávares mediáticos” (especialmente a Zeta y al Grupo Godó) a que toquen arrebato por la independencia de Cataluña. De esas aguas nacieron los lodos que se manifestaron el pasado día 11 de septiembre después de 32 años de que esas manifestaciones movilizaran únicamente a los “maulets” y a las JERC (apenas unos pocos cientos de personas en las tardes del 11, habitualmente menores de 20 años con mas ganas de litrona que conciencia política…).

La opinión pública española no termina de entender cómo se ha producido el fenómeno independentista. Y no lo entenderán nunca porque ni PP ni PSOE van a reconocer que llevan tres décadas cediendo al chantaje de la Generalitat. Mientras el gobierno Rajoy (que sabe perfectamente lo qué hay y sabe cómo se ha generado el neo-independentismo de hoy) calla, la opinión pública española teme la secesión de Cataluña.

 

¿Es posible que Cataluña se independice?

Hay una serie de factores (seis en concreto) que juegan contra la independencia catalán. Por este orden:

1.- A pesar de las cifras triunfalistas el independentismo es todavía minoritario en Cataluña y ha sido sobredimensionado por los “almogávares mediáticos” que cobran de la Generalitat. Son ellos los que han hecho circular la cifra de 1.500.000 de asistentes a la manifestación y que dista mucho de ser real, pero no es discutir sobre la contabilidad miserable lo que nos interesa.

No hay que perder de vista que la “catalanización” de la sociedad, a pesar de haber llegado a su techo hace 15 años, es baja: si bien es cierto que el 95% “conocen” el catalán y lo entienden, no es menos cierto que solamente el 35% lo hablan con cierta tendencia descendente. El nacionalismo, el catalanismo y el regionalismo  están íntimamente unidos a la lengua a falta de cualquier otro “factor diferencial”.

No existe “fuerza social” suficiente como para afirmar que la independencia catalana sea apoyada unánimemente por la sociedad. Es más, hay zonas enteras (el cinturón industrial de Barcelona) en donde el uso del catalán está bajo mínimos e incluso sospechamos empíricamente que en determinadas zonas se habla más árabe que catalán). Sin “fuerza social” unánime no es posible la independencia.


2.- La Unión Europea es la póliza de seguros de la “unidad nacional”. Francia y Alemania (los motores de la UE) tienen problemas regionalistas, como mínimo tan graves como España, pero a diferencia de Cataluña (que nunca ha sido independiente), Baviera, por ejemplo, si lo ha sido e incluso hasta 1919 tuvo rey (de la dinastía de los Bitelsbach). Bretaña tiene muchos más elementos diferenciales en relación a Francia que Cataluña en relación a España… La independencia catalana generaría una próxima balcanización de Francia y Alemania que se presenta como indeseable para estos países. Sin olvidar que Francia se resiente del “problema regionalista” nacido a este lado de la frontera tanto en el País Vasco como en Cataluña. Esto era sabido, el elemento nuevo es que tras la manifestación del 11-S, la UE ya declaró explícita y taxativamente que el día en que Cataluña se independizara quedaba, por ese mismo hecho, fuera de la UE. Y las condiciones económicas, así como la situación en la que quedaría Cataluña en esas circunstancias, hacen imposible pensar en una inmediata incorporación a la UE con todo lo que ello implica (corte en seco de las exportaciones de productos catalanes a la UE).

3.- Aunque no lo parezca, España tiene una Constitución extremadamente clara en lo relativo a la secesión de las partes y a la centrifugación, así como a los mecanismos para mantener la unidad del Estado. El hecho de que Rajoy no lo haya mencionado antes (incluida la posibilidad menos dramática de suspensión del Estatuto de Cataluña o la más dramática de entregar a las fuerzas armadas el mandato de evitar la secesión) no quiere decir que algún presidente del gobierno español quiera pasar a la historia como el que permitió que se centrifugara lo que desde la antigua Hispaniae romana ha constituido una unidad. Es de todos conocido el victimismo habitual del nacionalismo catalán y el gobierno de la nación no está dispuesto a facilitar una excusa que pueda suponer reavivarlo. Incluso en el caso de que Rajoy se negara a la intervención de las FFAA haría falta saber cuál sería la reacción de éstas.


4.- La patronal catalana, en bloque, está contra la secesión. Contrariamente a lo que se tiene tendencia a pensar, la producción industrial catalana no se vende mayoritariamente en Europa, sino en… el resto del Estado Español. A nadie se le escapa que la secesión catalana generaría inmediatamente un rechazo visceral a los productos catalanes (algo que ya hemos visto con el cava catalán años atrás). Dejando aparte que una parte de la industria catalana se trasladaría a zonas más “amables” del Estado (distantes en ocasiones 20 km de su emplazamiento actual…), lo que quedase encontraría problemas para colocar sus productos en los mercados españoles y europeos. Esto, además, demuestra que hoy el nacionalismo, a diferencia del siglo XIX y de principios del XX ya no está promovido por la burguesía industrial catalana… ¡sino por aventureros políticos y por la vieja casta de las “200 familias” que quieren seguir controlando Catalunya como lo han hecho en los últimos 170 años! No es una clase económica sino una oligarquía de intereses muy distintos, lo que gobierna hoy desde la Plaza de San Jaime. Lo que  constituye hoy el Estado Mayor del nacionalismo ya no es una clase social homogénea (la “burguesía industrial catalana”) sino un conglomerado de las “200 familias” que ya no viven de lo que producen sus fábricas, sino del aprovechamiento miserable y mafioso de los recursos de la autonomía catalana, algunos de los cuales, incluso, tienen sus domicilios fiscales fuera de Cataluña…


5.- Cataluña tiene un problema que no quiere ser reconocido por el nacionalismo: la inmigración. Basta ir por las calles de Barcelona para reconocer la dimensión del problema: un 23-25% de inmigración, imposible de acomodar en un mercado laboral normal, verdadera bomba en la actual crisis económica y con las actuales tasas de paro y auténtica bomba atómica con espoleta activada en caso de secesión y de la crisis económica y la bajada de producción que seguiría… Esa inmigración ni está integrada, ni tiene intención de integrarse, ni podría integrarse a la vista de la brecha antropológica y cultural que tiene con Europa y específicamente con Cataluña. El hecho de que cada vez con mayor frecuencia aparezcan inmigrantes de todas las razas hablando catalán, no indica que estén integrados, ni siquiera que tengan intención de hacerlo: para ellos el árabe sigue siendo la “lengua sagrada” en la que está escrito el Corán y, por tanto, superior al catalán. Por otra parte, el catalanismo ya a principios del siglo XIX demostró no saber defenderse a sí misma (entonces ante el movimiento obrero y ante la Semana Trágica) y necesitar de “España” (y, en concreto, del Ejército Español) para sacudir los deseos de revancha social de la clase obrera ante la explotación de que era objeto). Cien años después las cosas no han cambiado: los Mossos d’Esquadra (lo único que Cataluña dispone como fuerza de orden público), hasta ahora han demostrado una absoluta ineficacia allí en donde se ha suscitado algún conflicto con la inmigración, frecuentemente han tenido que retirarse de barrios en revuelta y, desde luego, si se produjera algo parecido a la intifada que tuvo lugar en Francia en noviembre de 2005, se verían ampliamente desbordados. Previendo esto es por lo que Cataluña se ha negado a aplicar las medidas restrictivas dictadas por el gobierno Rajoy sobre la sanidad a ilegales. Pero una política de cesiones ante una cuarta parte del país que ha llegado de fuera y que quiere seguir recibiendo subsidios, subvenciones, becas y ayudas de todo tipo, es imposible de mantenerse hoy ¡y no digamos el día de la independencia! A Cataluña le queda por pasar un verdadero calvario en esta materia incluso aunque continúe vinculada al Estado: es el pago a la irresponsabilidad de la Generalitat en materia migratoria.


6.- La obsolescencia de las infraestructuras es un problema que se elude habitualmente pero que hoy, aquí y ahora, ya es muy visible en Cataluña: entre seguir aplicando una política de prestigio y de difusión del nacionalismo y mejorar las infraestructuras, la Generalitat opta siempre por lo primero. Cuando se compara, por ejemplo, el metro de Madrid o Valencia con el de Barcelona se percibe claramente que éste, a pesar de seguir ampliándose, es notoriamente inferior a los otros, que sus sistemas de ventilación se han quedado anticuados, por no hablar de la red de “cercanías” gestionada por la Generalitat con averías constantes, reducción de trenes, cada vez más gente de pie… ¡pero en donde se reparte gratuitamente la edición en catalán de La Vanguardia! Estos problemas que hoy se perciben claramente aumentarían asindóticamente en el momento de la independencia, cuando fuera necesario renovar infraestructuras y se viera ¡que no hay dinero para ello ni hay posibilidades de chantajear al Estado! La Generalitat haría lo único que puede esperarse de un gobierno desaprensivo en una situación así: privatizar todo lo privatizable. Ya hemos visto que Artur Mas no tenía absolutamente ningún inconveniente en que Eurovegas se instalase en Catalunya (es decir, un enclave con una legislación diferente que suponía en la práctica una renuncia a la soberanía sobre unas 200 hectáreas de territorio). Y es que CiU, no lo olvidemos, es un partido que defiende una economía liberal. Pero, hoy sabemos, que la privatización no es la solución y que solamente acentúa los problemas de obsolescencia de infraestructuras. Pero ¿qué pueden importar los transportes públicos, la sanidad, la red de carreteras y demás, a quienes solamente utilizan coche oficial para sus desplazamientos?

Por todo ello podemos establecer tres verdades irrebatibles:

- La independencia de Cataluña es inviable.
- La independencia de Cataluña supone un salto al vacío con batacazo final.
- La independencia de Cataluña jamás se producirá.

Pero ¿Y si Cataluña se independiza?

Los independentistas catalanes están aplicando desde hace décadas lo que podemos llamar “la estrategia del desestimiento”: presionar tanto y tan reiteradamente al Estado Español, hasta causar hartazgo en el resto del Estado y la tentación de decirles lo que dijo Jiménez-Losantos tras las manifestación del 11-S: “¿Divorcio de España? Sí, inmediato y sin pensión…”. Fuera de la tosquedad del “comunicador” lo cierto es que la hipótesis de una Catalunya independiente podría producirse en los próximos años a la vista de la cerrazón e irracionalidad de los independentistas. Veamos…

1.- Hemos dicho al principio que esta oleada independentista es una “farol” de CiU para mantener el chantaje y la presión sobre el Estado. Bien, pero ¿y si estimular artificialmente a los movimientos independentistas en una situación de crisis económica generalizada hace que el propio Mas pierda el control del movimiento? Tal es el mayor riesgo a la vista de las limitaciones y de la mediocridad de la clase política dirigente de CiU: la hipótesis en la que quien golpea el árbol y quien recoge los frutos sean la misma persona que se ha fortalecido a base de golpear una y otra vez el árbol, no debe eludirse. Si Artur Mas pierde el control sobre el independentismo y alimenta un monstruo que en un momento dado cobra vida propia, Cataluña se declararía independiente. Por eso Mas estudia celebrar elecciones anticipadas, para evitar que los partidos independentistas se refuercen demasiado y superen los resultados de CiU. La independencia sería un hecho si la “estrategia del desestimiento” hubiera hecho mella en el gobierno de Rajoy. ¿Qué ocurriría entonces?


2.- Los primeros meses del recién nacido “Estado Catalán” serían esplendorosos: nombramiento de embajadores en el extranjero, abolición de las provincias e implantación de las veguerías, manifestaciones de desacuerdo por la capitalidad de las mismas, noticias patrióticas y triunfalistas difundidos por los “almogávares mediáticos”, llamamiento a que España “pague su deuda histórica con Cataluña”, manifestaciones de inmigrantes con barretina y bandera catalana reivindicando todos los beneficios reivindicables, los “indignados” indignándose por la deriva neoliberal del nuevo gobierno… y euforia hasta que, sino en el primer trimestre, en el segundo ya no se pudieran pagar los sueldos de los funcionarios y se empezara a tener constancia de las cifras: cifras de ciudadanos “catalanes” que se han empadronado en provincias “españolas” limítrofes, de empresas que han desplazado su domicilio fiscal a Madrid (¿Qué pasaría, por ejemplo, con Planeta, por citar un solo ejemplo?). El bono catalán cada vez más depreciado, imposibilidad de lograr financiación por otra vía que no fuera por la venta de propiedades del nuevo Estado que, inevitablemente, debería de hacerse a bajo precio a la vista de la situación de precariedad del la Cataluña independiente…

3.- En un plazo que podemos situar entre el segundo semestre y el primer año, se produciría una recomposición de las fuerzas no independentistas, favorecida por la patronal catalana y que se vería favorecida por la certidumbre visible de que “la independencia no es la solución” o por aquello otra de que “antes estábamos mal… ahora estamos peor” que inevitablemente (ver los seis motivos por los que Cataluña no puede ser independiente… y que, en caso de serlo, se convierten en motivos de crisis insuperable). La aplicación de políticas neoliberales por parte del “nuevo Estado” generaría un rechazo especialmente en los sectores sociales que inicialmente apoyaron el independentismo para dar la posibilidad a que un “cambio de rumbo” mejorara las cosas. La “guerra social” se superpondría y caminaría paralela a la “guerra étnica”.

4.- Visto el aislamiento de Cataluña a nivel internacional y el resentimiento albergado en el resto del Estado Español, la economía catalana quedaría completamente asfixiada en un espectáculo dantesco en el que la guerra social y la guerra étnica serían el elemento desencadenante de un movimiento pendular en sentido inverso: la posibilidad de verse anegados por 1.500.000 de inmigrantes que agitarían banderas del islam y del indigenismo y la sensación de que la única defensa son unos “Mossos d’Esquadra” que buscaban un oficio tranquilo pero no ingresaron en el cuerpo para jugarse el físico, obligarían a los dirigentes del “nuevo Estado” a buscar el pacto con la inmigración. Pero, al menos una parte de la inmigración, lo que percibirían es, no ya la posibilidad de un nuevo status-quo sino de dictar leyes propias e imponer reglas del juego. No olvidemos que la “natalidad catalana” depende casi completamente desde el año 2000 de la inmigración y que el grupo catalán originario ¡tiene la tasa de natalidad más baja de todo el mundo! Cataluña podría ser en apenas 30 años el primer Estado Islámico de Europa Occidental, ejemplo y modelo para otros en Francia y Alemania…

En apenas dos años el problema habría revertido a su situación originaria: se habría demostrado la imposibilidad y la inviabilidad de la independencia catalana. Las cosas volverían al punto de partida con algunas novedades: el nacionalismo habría quedado completamente desacreditado, la crisis de la identidad catalana (la lengua es un factor de identidad, pero no el único, y en Cataluña no hay otro factor “diferencial”) habría desmantelado el anterior cuadro autonómico y se habría generado un resentimiento sin precedentes entre Cataluña y el resto del Estado. Las cosas volverían a su cauce entre dos y cuatro años pero los conflictos, desconfianzas y resentimientos generados se prolongarían durante generaciones.


“Cabalgando el tigre”: Lo bueno del proceso independentista

Contrariamente a lo que algunos tienden a pensar, no todo el independentismo es “malo”. Tiene algunos aspectos “positivos”. Mejor que estalle un proceso independentista aquí y ahora, y no importa cómo se resuelva (a tenor de lo escrito hasta aquí o ese proceso fracasa inmediatamente antes de salir del cascarón, o la propia realidad aplasta al pollito recién nacido a poco abandonarla), a seguir con la inercia autonómica de los últimos 30 años. El problema no es solamente Cataluña y su independentismo interesada y artificialmente fomentado por la Generalitat, ¡el problema es el Estado de las Autonomías y la absoluta inviabilidad del “café para todos” de Adolfo Suárez! Y eso es lo que hay que replantear.

El hecho de que se iniciara un proceso independentista real en Cataluña implicaría necesariamente que las cosas a partir de entonces ya no serían iguales ni allí ni en el resto de España. Muchas cosas deberían de cambiar y de adecuarse: la constitución debería abolir sus “instituciones florero” (Senado, autonomías, diputaciones provinciales, la propia monarquía) esto es, debería reformarse profundamente. Se cerraría un canal (el que se inició en 1979 con los primeros Estatutos de Autonomía y que dio una fisonomía ambigua al Estado) y, necesariamente, se abrirían otros acaso mucho más razonables y racionales.
Es incluso probable que el patriotismo español saliera reforzado a la vista de los desmanes del nacionalismo y de sus malos resultados una vez puesto en la práctica (tanto si se produjera una secesión temporal como si se tratara solamente de un conato). El nacionalismo dejaría de ser considerado como una “ideología más” para ser tenido como un “crimen en sí mismo”. Podría reconocerse, así mismo, que el mayor crimen de ETA, el “crimen histórico”, no era el haber asesinado a 800 personas (lo que es un “crimen de derecho común” en el mejor de los casos y un conato de genocidio en el peor) sino el haber predicado la secesión de un territorio histórico del Estado.

Afortunadamente, en Cataluña las cosas no son tan dramáticas hoy por hoy y, en la práctica, el 1 o el 2% de banderas independentistas que se pueden ver en los balcones de algunos barrios no indican tanto la posibilidad de una independencia, como el domicilio de un gilipollas, literalmente, en el diccionario, “persona que se hace daño a sí misma”…

© Ernest Milà – infokrisis – ernesto-mila-rodri@gmail.com