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jueves, 22 de noviembre de 2018

365 QUEJÍOS (204) – LA DEGRADACIÓN DE UN IDEAL POLÍTICO

Lo he comprobado con mis propios ojos, así que no se trata de una teoría elaborada por cualquier observador ajeno a los hechos. La historia, no solamente es un cementerio de hombres ilustres, sino que el devenir, a la par que termina con usted y conmigo, aplasta también ideologías y situaciones. Resulta tan inevitable que las doctrinas mueran como la muerte es la compañera inseparable de la vida. De la misma forma que el ser humano atraviesa a lo largo de su existencia por distintas fases (nacimiento, infancia, adolescencia, juventud, madurez, senectud, muerte), los proyectos políticos cubren etapas parecidas, incluso válidas para aquellas que se definen como “universales” y ancladas en mitologías religiosas. El drama del ser humano es que vive envuelto en lo impermanente y que busca desesperadamente clavos ardiendo y anclajes para definir su identidad y su papel en el mundo. Y en este terreno hay opciones para todos los gustos. Y no, no me voy a quejar de las que adopte cada cual. El terreno de mi queja son los proyectos políticos frustrados y sus fases de degradación.

En 1933 ser fascista era lo menos que se podía ser. No resultaba una originalidad traer a España un proyecto político que había triunfado en media Europa y que mantenía a los jóvenes de la otra media, ilusionados y esperanzados: habían encontrado en el ideal de orden-autoridad-jerarquía, la mejor lavativa contra el estreñimiento causado por la ingesta de libertad-igualdad-fraternidad que pasaban por su peor momento, atacados por los fascismos y por el bolchevismo, valores en los que solamente creían aquellos que se beneficiaban de él. En aquellos momentos y en los diez años siguientes, confluyeron en los fascismos jóvenes ilusionados que creían estar asistiendo al advenimiento de un mundo nuevo. Entre Stalingrado y el hongo de Hiroshima, aquel ideal periclitó para siempre.

Ser y sentirse fascista en 2018 constituye una encomiable muestra de lealtad a un ideal, pero también una forma de estrabismo político que conduce a ninguna parte. No es raro, por tanto, que algunas camarillas “fascistizantes” o propiamente “fascistas” hayan evolucionado en modo secta. Es lo que ha ocurrido entre los lectores de Miguel Serrano e incluso en grupos todavía más extremos: el ideal político de masas que fueron los fascismos, se convierte en estos personajes en un cenáculo ocultista en el que sus miembros, ignorados y de espaldas a las masas a las que sedujeron sus ídolos, incapaces de imitarlos, se satisfacen compartiendo una “doctrina secreta” que ignora el resto del mundo.

Y es que las doctrinas políticas fracasan en varias circunstancias: en primer lugar, cuando su proyecto ya no está adecuado al tiempo presente y resulta un residuo de otra época. Lo que ha “funcionado” en un momento dado de la historia, no tiene porqué funcionar en otro: es más, es seguro que no funcionará, por mucho que haya gentes que crean en ella. En otras ocasiones, en cambio, el proyecto fracasa porque sus ambiciones resultan excesivas: los proyectos de “ingeniería social” de la izquierda siempre fracasarán porque ignoran el sustrato biológico y animal en el que anida una parte de la naturaleza humana, basada en instintos. No se puede modificar la naturaleza por mucho que se intente deformarla como hacen hoy las ideologías de género o el pensamiento políticamente correcto. Finalmente, ningún proyecto político se lleva a la práctica sin que existan modificaciones entre lo que se pretende construir y lo que se construye en realidad. Es lo que se llama “heterotelia” de los fines, algo a lo que he aludido en otras ocasiones.

Todo esto viene a cuento de la evolución del independentismo catalán, cada vez más palpable. Ha atravesado distintas fases que son fácilmente reconocibles:


1ª Fase.- desconocimiento de la realidad

A fuerza de asumir el nacionalismo la representación de “todos los catalanes” en lugar de la de “todos los catalanes… nacionalistas”, terminó creyendo que bastaría tener una mayoría de un 0’1% para independizar Cataluña del resto de España. Esa fase tenia su origen en las fugas románticas del nacionalismo que estaban ya presentes en su ADN inicial en el siglo XIX, cuando empezó la “construcción nacional de Cataluña: se creó una historia propia, se crearon a medida unas tradiciones y leyendas propias, incluso se creó un idioma (el catalán académico que tenía poco que ver con el catalán popular hablado en cada región de una manera diferente y espontánea) y, todo ello, para justificar la preeminencia de la “Cataluña-catalana” sobre la “Cataluña-española”. A fuerza de autoengañarse y de tomar la parte por el todo, los nacionalistas se creyeron los únicos, los buenos, los auténticos catalanes y todo lo demás, españolismo foráneo… olvidando que más de la mitad de la población catalana en el último tercio del siglo XX, había nacido fuera de Cataluña y que el idioma catalán, entonces y ahora, solamente es utilizado como lengua habitual por un 35% de la población como máximo.

2ª Fase.- reivindicación maximalista

A fuerza de definir a Cataluña como “nación”, una verdadera obsesión paralizante a partir de la transición, los demás partidos juzgaron que había que dejar a los nacionalistas con sus obsesiones si se quería contar con ellos para que apoyaran con sus votos a mayorías que no eran absolutas en este sistema de “bipartidismo imperfecto” bricolajeado en 1978. Los no nacionalistas suelen olvidar que los mitos nacionalistas son obsesivos y que siempre precipitan hacia sus posiciones más extremas: si el nacionalismo es la creencia en que existe una nación que se llama “X”, lo normal es que las naciones estén sometidas o sean independientes y la lógica dicta que la independencia es el destino ideal antes que el sometimiento. Así que, tras el desconocimiento de la realidad de la sociedad catalana, el nacionalismo cayó en su fase maximalista que podríamos situar en el período de Artur Mas, en los años 2010-2016.

3ª Fase.- fijación en proyectos inviables

La lógica del nacionalismo es una que circula de manera divergente a la trayectoria de la historia. Ésta dicta que estamos en un mundo globalizado y que la creación de nuevas naciones es algo que pertenece al período de la descolonización, no al siglo XXI. Es más, si alguien quiere oponerse a la globalización no puede justificarlo rompiendo naciones, sino manteniéndolas vivas en tanto que entidades de mayor peso con capacidad para ejercer como barricadas contra la globalización. Y mucho más en Cataluña en donde, a poco que se salva a la calle, se percibe que el independentismo jamás tendrá la “fuerza social” suficiente para declarar la independencia, que desde luego, están muy por encima de ese 50’1% de votos a los que aspiran frente al 49’9%... Las cosas son mucho más complejas de lo que la mentalidad simplista del sucesor de Mas, Carles Puigdemont, pudo jamás pensar. Porque si Mas era alumno de Pujol y éste le había enseñado la mentalidad del chamarilero, Puigdemont se había educado en el fanatismo pueblerino y en la rústica tozudez de la “Cataluña profunda”.

4ª Fase.- negación de la negación.

Cuando Puigdemont emprendió el camino napoleónico a Waterloo, dejó atrás a una clase política independentista que mantenía las riendas de la Generalitat (la aplicación blandurria del 155 supuso solamente unos meses en los que el dinero público dejó de fluir a las arcas de las organizaciones y medios indepes), sino que ya nadie era capaz de controlar el fanatismo que había desatado. A pesar de que en algunos sectores independentistas (en ERC en concreto y en ex CiU) empezara a estar claro que la independencia era imposible, el problema era cómo se desmovilizaba a las masas. Pronto resultó visible que quien intentara desmovilizarlas corría el riesgo de ser considerado “botifler”, “traidor” o “vendido”, así que algunos optaron por el silencio significativo, otros por retirarse a la vida privada, y otros por refugiarse en sus negocios. Si la elección de Quim Torra como baranda de la gencat resultó trabajosa, no fue solamente por las disputas entre las camarillas independentistas, cada vez más atomizadas, sino especialmente porque no había ni margen para la negociación con el Estado, y se trataba solamente de elegir al más tonto o al más radical para que se quemara en esta última etapa que sería la de reconocimiento de la imposibilidad de alcanzar el objetivo de la independencia. La gencat entró entonces en una fase de negación de la evidencia, de atrofia en la capacidad de modificación del rumbo iniciado una década antes… pero también de pérdida de elementos más lúcidos, de indecisión y de estallido del proyecto político no ya entre “radicales” y “moderados”, sino en media docena de camarillas de imposible encaje unas con otras y que, a fin de cuentas, todas desconfiaban de todas: el de Waterloo y su grupito de, el del Palau, los CUP-CUP, los CUP-CDR, los antiguos moderados de CDC, los antiguos exaltados de CDC, las mentes serenas de ERC, las mentes alucinadas de ERC, la media docena de grupos subvencionados (ANC, Omnium, ACM), el grupito de asesores creado por unos o por otros… y luego, los miles de personas que ven como en sus balcones se apolillan y decoloran más y mas banderas esteladas, pancartadas y cómo sus lazos se los lleva el viento. Precio todo ello a pagar en la fase de negación de la realidad.

5ª Fase.- sectarización

Lo que define a una secta es la creación de una realidad aparte solamente compartida por los propios sectarios, creencia acompañada de prácticas rituales sectarias, pensamiento mágico-iniciático y una ruptura prácticamente absoluta con la realidad social de su tiempo. En las últimas semanas, resulta evidente que hemos entrado en ese período: basta ver a aquella pobre nena-faba bailando un deslucido aurresku a la catalana, tocada con mantón de manila… amarillo. O a Quim Torra y a su “gobierno” entonando la “hora del adéus” en el más puro estilo “kumbayá” de los 60… cuando casi han dejado de existir las otrora potentes federaciones de scouts de Cataluña. Sin olvidar el fanatismo obsesivo en la colocación de lazos amarillos o aquellas cruces con las que estos iluminados adornaron calles y plazas en una increíble muestra de implosión del movimiento y entrada en la fase de atomización sectaria. Por no hablar de los excéntricos estudios del Institut de Nova Historia en la que desde Leonardo hasta Colón, de Santa Teresa a Shakespeare, todos, son catalanes… Fase, por lo demás, irreversible, cursi, ñoña, excéntrica, bochornosa, risible, incluso para aquellos a los que todavía les queda un rastro del “seny” lo que tenderá a comprimir cada vez más el círculo de fieles cada vez más en declive… Después de esta fase ya no hay nada.

¿Cuáles es el futuro del independentismo catalán? A la vuelta de una o dos décadas estarán al nivel de los que hoy creen que puede resucitarse el bolchevismo o el fascismo… productos del siglo XX y que han quedado definitivamente atrás en la historia.



domingo, 9 de septiembre de 2018

365 QUEJÍOS (133) – CATALUÑA: BOIA CHI MOLLA!


“Boia chi molla!” fue una consigna italiana que popularizó Avanguardia Nazionale durante la revuelta de Reggio Calabria. La traducción directa sería “Verdugo el que ceda” y, en cualquier caso, es una invitación a mantener la resistencia ante un poder establecido. Es la estrategia que mantiene hoy Quim Torra. Y ha fracasado: porque si la independencia es imposible –y lleva ya un decalage temporal de cuatro años en relación a la fecha icónica de 2014 enunciada por Carod-Rovira–, lo razonable sería dar la batalla por perdida. ¿Porqué el independentismo no quiere asumir la derrota y ha pasado a una estrategia resistencialista? Me quejo de que el independentismo catalán, va a la deriva desde hace un año y no se ha dado cuenta de que es hora de pasar página. Me quejo de que el Estado tampoco tiene arrestos suficientes para recordarles su situación de fracasados y la situación puede eternizarse. Vale la pena meditar sobre la hora catalana en estos momentos previos al 11-S.

Un año es tiempo suficiente para comprobar el fracaso de un proyecto político. Obviamente, Puigdemont no lo reconocerá jamás y para él, el independentismo sigue yendo de victoria en victoria. Situado más a su derecha, Quim Torra, encarna el ala más cavernícola, reaccionaria y ultramontana del independentismo, y va un poco más allá: para él, el referéndum del 1-O fue legítimo, sus resultados incuestionables y Cataluña es una república independiente a la que solamente la intolerancia castellana impide tener un asiento en la Asamblea General de las Naciones Unidas... Así de simple. 

Artur Mas, por su parte, calla para siempre, tras el palo jurídico-económico por el anterior seudo-referéndum del 9-N. Los Pujol cuentan sus dineros, inexplicablemente, tranquilos. De los “dos Jordis”, personajes irrelevantes, se acuerdan solo unos pocos balcones. Y un año a la sombra es tiempo más que suficiente como para que el más inteligente de toda esta peña (aunque también el más emotivo), Oriol Junqueras, reconozca públicamente que la fase del “optimismo independentista” ha periclitado. El humo de los canutos impide que la CUP se entere de algo más que de dónde han colocado el tiesto y el librillo de papel de fumar. Y la población que ve TV3, más engañada que un niño en noche de Reyes, cree que esto ya es una república y esperan el discurso de Torra en la ONU. Los mentores del “procés” quieren demostrar que la cosa sigue viva: y es por eso que han adoptado la consigna del “Boia chi molla!” y su corolario: “non mollare” (no ceder).

Pero es evidente para cualquier observador mínimamente avisado que el independentismo ha entrado en una fase que podríamos calificar como de “hipertrofia amarillista”. Los que colocaban lazos amarillos, en efecto, parecen haberse vuelto locos desde que plagaron las playas de cruces amarillas. En youTube hay videos colocados por ellos mismos en los que vemos sus propias casas invadidas por lazos. Demuestran tener poco trabajo y menos imaginación y una vida triste y patética. Los colgajos afean Cataluña, pero, recuerdan (y en especial a ellos) que hay una docena de presos indepes que se las van a ver con la justicia y que les va a caer un palo del que Artur Mas les podría contar por dónde les va a doler (en la butxaca). Hay gente que se rinde con banderas blancas, otros eluden pensar en la derrota colocando lazos amarillos. Pero el sentido es el mismo: nada más alejado de las “banderas victoriosas” que los colgajos amarillos.

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¿Tienen posibilidades de éxito en un próximo futuro? Absolutamente no. La vía insurreccional les está vedada (cuando no se tiene fuerza social suficiente, ni combatividad y se está habituado a practicar el victimismo desde generaciones, la insurrección, es una quimera). La vía electoral es difícil que les lleve mucho más allá de donde les ha llevado en una situación muy favorable. Si cuarenta años de “normalización lingüística” han hecho avanzar el uso del catalán como lengua habitual a un 35-37% de la población, es difícil que avance mucho más. Es decir, la vía de la cultura catalana tampoco les va a llevar mucho más lejos. En Europa no han conseguido hacer avanzar su causa (de hecho, ha retrocedido, si tenemos en cuenta que la Liga Nord prestaba hace una década apoyos que ya no presta desde el poder). 

¿Es posible un cambio en la geometría política del Estado Español? Imposible: de las fuerzas parlamentarias, solamente Podemos podría contemplar la posibilidad de un referéndum y, veremos lo que queda de Podemos en las próximas elecciones. En cuanto al PSOE, dentro de sí tiene un ala jacobina que se desgajaría ante cualquier cambio de actitud y, disminuido en Andalucía y Cataluña la mayoría absoluta es una quimera remota; sólo gobernará en coalición, nunca más en solitario (lo de ahora es una anomalía circunstancial) y solamente puede hacerlo con Ciudadanos (cuyo “principio de razón suficiente” es el antiindependentismo) o con el PP (si llega a reconstruirse será en función de los valores propios de la derecha unionista). Así pues, la lucha del independentismo es una lucha sin esperanzas que se puso en marcha cuando los Carod y los Mas se equivocaron en su diagnóstico de que la crisis económica de 2009 abría una etapa de debilidad del Estado Español. Otros muchos elementos entraban en la ecuación y no los tuvieron en cuenta.

Ahora queda “resistir” (la ideología del “Boia chi molla!”) que consiste en afear cada día un poco más Cataluña con millones de lazos amarillos colocados por unos pocos cientos de desocupados obtusos. ¿Hasta cuándo? Hasta que Torra sufra una crisis histérica, suelte cuatro soflamas para agradar al tendido y le caiga otra vez el 155 (después de las elecciones generales, claro). O hasta que se produzca el desplome electoral de los indepes (todo nacionalismo que no logra sus aspiraciones, antes o después, desaparece o se minimiza) que se producirá antes o después. ¿Y por qué? Porque a pesar de que los sufridores de TV3 no se enteren: el siglo XXI es el siglo de la globalización, en el que la fórmula de la Nación-Estado, el principio de las nacionalidades enunciado por Woodrow Wilson hace 100 años, y el nacionalismo romántico del siglo XIX, son cosas del pasado. Van contra la historia, por mucho que griten “Boia chi molla!”. Es lo que tiene la historia: que no retrocede y, si lo hace, es en su aspecto grotesco

Torra aspira a ser un Frankenstein con la cabeza del doctor Robert y su frenología supremacista catalana, el corazón con el latir de Estat Catalá de 1936 y las manos de Miquel Badía y de Daniel Cardona, con la verborrea de Eugeni Xammar, con un proyecto siempre frustrado situado entre Prats de Molló y el 6 de octubre de 1934. Un Frankenstein hecho de despojos de pobres mediocridades en su época y que hoy solamente recuerdan los más freakys entre los indepes. Apa nois, a fer l’onada el proper 11-S i ja ho sabeu: “Botxi el que cedeixi!”. Me quejo de que estos no se enteran de nada. Y la pregunta del millón es “¿quién le pondrá el cascabel al gato? ¿Quién de entre los capos indepes será el primero en reconocer que la partida se ha perdido? Nadie quiere ser el “verdugo”, el “botxí” de algo que está más muerto que la momia de Tutankamon

miércoles, 22 de agosto de 2018

365 QUEJÍOS (115) – EL “TÍO EMO” DEL INDEPENDENTISMO


En política, lo importante no es dramatizar, sino ponderar las cosas en su justa medida. Hay digitales de medio pelo y partidillos del mismo nicho que se obstinan por no entender lo que está pasando en Cataluña y tienden a establecer una visión apocalíptica según la cual nos encontraríamos ante una próxima ruptura del Estado. Quim Torra, sustituiría como rostro agresivo, al flequillo de Puigdemont, a la mandíbula de Artur Mas, o a la tripa de Oriol Junqueras. Él, a fin de cuentas, reuniría las características más indeseables de todos estos personajillos. Vamos a intentar poner los puntos sobre las íes, porque me quejo de que muchos ni siquiera se han enterado de lo que ha ocurrido en Cataluña y de lo que está ocurriendo.

Empecemos por el principio. ¿Quién diablos es el tal Quim Torra? Respuesta: un ilustre desconocido. Nadie, absolutamente nadie en Cataluña, salvo quizás los más iniciados en las familias del independentismo, lo conocían. Ha escrito entre 2007 y 2013 cinco libros ninguno de los cuales ha tenido el más mínimo éxito de público ni siquiera en el sector independentista radical. El hombre es de Blanes, población gerundense y, dato importante, procede de Unión Democrática de Catalunya (UDC). Trabajó sin éxito en Winterthur, fue sargento de complemento en su servicio militar y tiene un título de derecho. De UDC pasó al Reagrupament, una escisión por la derecha de ERC. Luego pasó, en la órbita de CDC al Omnium y a la ANC. Y, claro, entendió que como mejor se vive en Cataluña es a la sombra de la administración autonómica. En cualquier caso, es un tipo que no ha tenido ni grandes cargos, ni era conocido cuando lo eligieron como “molt honorable presidente”.

¿Y de qué va el fulano? Eso es lo más bueno y eso es lo que define el actual momento del independentismo. Él mismo se define como “independentista emocional”. Ese es el primer dato. Pujol, Colom, Carod, el propio Mas, tenían mucho de “emocional”, pero, siempre les quedó, en mayor o menor medida, cierto tacticismo. El problema es que ese “tacticismo” ya ha demostrado sus límites (y ni siquiera ha servido para poder negociar un referéndum independentista, sino simplemente para negociar traslados e impunidades a la autonomía catalana). Hoy ya no hay espacio para el “tacticismo”, porque, simplemente, aquellos nacionalistas que creían que se podía alcanzar la independencia sin conflicto civil, ya se han desengañado. Quedan sólo los fanáticos. Así pues, cuando Torra se define como “independentista emocional” hay que leer “independentista fanático”.
Ahora que lo tenemos situado emocionalmente, habrá que ver cuál es su inspiración para redondear su ubicación política. Es un tipo cuya mentalidad no es del siglo XXI, sino más bien del primer tercio del siglo XX. Sus inspiradores son Eugenio Xammar, Daniel Cardona, Miguel Badía… Sobre ellos ha escrito y a ellos ha glorificado a pesar de que los tres tenían poco por glorificar y la propia generalitat ha hecho bien en estos últimos 40 años en recluirlos en el baúl de los irrecordables. Los tres eran independentistas emocionales de pocas ideas y menos habilidad política (en esta artículo hay datos sobre toda esta temática lamentable).

Así pues, Quim Torra es, en primer lugar un independentista, de extrema-derecha propiamente dicha (cuando se dice que se apoya en la idea de “raza catalana” es, rigurosamente cierto y esto vale para toda su tendencia histórica). Como los de su variante taxonómica es un “militarista” (la variante independentista del nacionalismo catalán es siempre militarista en la onda con la carrera del “coronal Macià”) y Torra lo intentó ingresando en las Milicias Universitarias como hemos visto y especializándose en el estudio de este sector que fue, sin duda alguna, el más irrelevante de todo el período repúblicano (y, dicho sea de paso, el más conflictivo).

El problema es que el independentismo catalán lo ignora todo sobre sí mismo. Entre otras cosas que no está hecho para las gestas armadas. Cuando lo han intentado han dado la medida de su valor: asalto al cuartel del Ordal durante la dictadura de Primo, “hechos de Prats de Molló”, 6 de octubre de 1934… Terra Lliure, crónica de fracasos y más fracasos en donde los alegres “independentistas emocionales” se cubrieron de ridículo. Si en el siglo XX Cataluña no estaba para “heroicidades”, ahora es que ni siquiera las contempla como posibilidad remota. El propio Torra obtuvo el puesto 450 de su promoción de sargentos compuesta por 560 hombres

Entonces ¿qué diablos hace Quim Torra de “molt honorable”? El que un tipo de extrema-derecha independentista, con unos ideales históricos de hace 100 años que ya en su tiempo fueron ridiculeces de baja cota, indica a lo que se ha llegado en ese ambiente: comprobado el fracaso de la dinámica independentista, ya no había nadie de me diana tallana policía hacia abajo capaz de asumir la responsabilidad de desmovilizar al sector y decirle con claridad “la hemos cagao… una vez más, y esta es la última”. Así que hacía falta el rostro y el temple de un fanático de pocas luces para que siguiera manteniendo viva la llama y, de paso, se llevara las eventuales últimas “palos” que, antes o después, recibirá, sino de la justicia del Estado, de sus propios colegas. Los “tacticistas”, se han retirado. Mejor que se queme el que se tiene por reencarnación del independentismo radical de los años 30 y que, a fuerza de repetir que aquellas iniciativas fueron “heroicas” se lo ha terminado de creer.

http://eminves.blogspot.com/2018/07/iberia-alternativa-mision-y-destino-de.html

Así pues, ¿qué puede importar el que un tipo así diga que quiere “atacar al Estado”? Ni siquiera es una frase de cara a la galería, ad usum delphini que se dice. Es un exabrupto, como puede ser una ventosidad producto de sobredosis de fabas. Hace un año quizás no, pero ahora se sabe que una pareja de picoletos puede conducirlo al juzgado de guardia, sin esforzarse mucho. Multar la retirada de colgajos yellow, llenar las playas de cruces, mantener ad inphinitum trapos descoloridos de los balcones y la gigantesca ola para el próximo 11-S… son los últimos fuegos de paja del independentismo.

Lo que saldrá de las próximas elecciones generales será un gobierno en el que los independentistas no tendrán la opción ni de negociar un nuevo referéndum (sea cual sea la combinación estarán Cs, el PSOE y el PP y cualquiera de ellos sabe que sobrevivir en el resto del Estado implica mantenerse firme en la periferia de Tabarnia). En dos o tres años, los hoy enjaulados, se habrán llevado condenas disuasivas ante nuevas intentonas y en ocho o diez años, los partidos catalanes se habrán reconfigurado completamente. No se habrá resuelto la situación porque en las escuelas catalanas se seguirá enseñando una historia de colorín… pero, la noticia complementaria, es que el sistema educativo catalán está destruido, así que lo que puedan aprender los críos en la escuela tendrá poca importancia en su futura condición de ni-nis. Es triste, pero es así.

El independentismo ha perdido la partida. ¿Saben por qué?  Porque no es cosa del siglo XXI. De hecho, si en el XX perdió también la partida, es porque era algo propio del siglo XIX, de cuando el romanticismo alemán marcó la pauta. Lo que pasa es que algunos retrasadillos no se han enterado. 

Es de lo único que me quejo sobre el tal Torra y sobre la hora política catalana.

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martes, 29 de mayo de 2018

QUIM TORRA, ¿DÓNDE ESTÁN “LAS BESTIAS” Y DÓNDE ESTÁN LOS “ANIMALES CON FORMA HUMANA”?


De donde no hay no se puede sacar nada. Hoy la clase política independentista es un cúmulo de nulidades, un areópago de resabiados y resentidos incapaces de entender que su proyecto ha fracasado y que, tan solo están en condiciones de plantar cruces en playas, demostrando que precisan, ante todo y sobre todo, asistencia psicológica. Es más probable que la medicina los considere víctimas del “síndrome de estrés post-traumático” (ver que décadas de lento trabajo independentista solamente han servido para romper a la sociedad catalana) que pasen a la historia. Decía Marx que la historia se repite dos veces: la primera como tragedia y la segunda como comedia. A nosotros nos ha tocado vivirla como vodevil (y de los largos, pesados y aburridos, pero no por ello menos ridículo). Pero en otro tiempo, la gente por la que Quim Torra experimenta admiración convirtió Cataluña en un infierno. En estas notas se recopilan algunas de aquellas escenas patéticas.


Miquel Badia, fidelísimo del Avi

Si la historia del independentismo catalán es una verdadera acumulación de fraudes y verdades a medias (o lo que es lo mismo, mentirijillas reconducidas al propio huerto), la historia de los independentistas supone, en sí misma, la exaltación de la mediocridad, la transformación del perfecto inútil en mito. El pobre Macià (la broma en la Barcelona de 1934 era apostrofar a un sosaina como “ets mes ranci que la momia d’en Macià”… porque Macià acababa de morir ¡y lo habían momificado!; claro está que si los “escamots” te oían decir la broma, podía dar lugar a represalias) nunca entendió lo que era la política: tenía esa visión propia del militar que había sido y que consistía en que el jefe daba una orden que le parecía oportuna y los demás la cumplían.

El 14 de abril de 1931, Companys (el otro mito) apareció por el balcón del ayuntamiento y proclamó la República, ante una plaza de Sant Jaume completamente vacía. Dos horas después, por la misma ventana, Macià proclamaba “El Estado Catalán dentro de la República Federal Española”… La diferencia estribaba en que el Pacto de San Sebastián llegaba hasta la “proclamación de la República”, pero nadie había hablado de un “Estado Catalán”, ni de una “República Federal”. Macià se enrocó en la actitud. Hubo alguien que le prometió jugarse la vida en su defensa: era Miquel Badía, un leridano que encarnó en los años de la república el aspecto más “duro” del independentismo. Badía constituyó una “guardia de corps” para Macià en aquellos días.

Debió venir de Madrid Nicolau D’Olwer, republicano catalán, pero no independentista, para deshacer el entuerto: Macià no quería moverse del reconocimiento del Estado Catalán independiente… La mano izquierda de D’Olwer logró el acuerdo imposible: Macià renunciaba a la independencia y a cambio se quedaba con la “autonomía”… que para él era el paso previo a la independencia. La guardia de corps de Macià desertó. Aquello era una renuncia. Sólo Badía se quedó con el Avi.


El ascenso de Miquel Badía en el independentismo

Llama la atención como los historiadores nacionalistas, intentan defender a los suyos diciendo que los “estándares democráticos” de los años 30 no eran los de ahora: se ve que, entonces, era normal que un tipo se asomara a un balcón y proclamara la independencia sin estar claro quién tenía detrás. La cuestión es que, Macià fue momificado (y no es broma) después de ser cocido en una caldera (tampoco es broma: es Carner Ribalta quien lo cuenta y debería saberlo porque estaba allí y fue uno de los más acérrimos “macianianos”). Companys lo sustituyó: los independentistas no lo consideraban uno de los suyos. Era un abogado republicano federal que había defendido a anarquistas. Carecía de pedigree nacionalista.

Sin embargo, Companys, sabedor de que debía lidiar con el sector independentista de ERC (había otro que era nacionalista pero no independentista) colocó en su gobierno a Josep Dencás, su jefe de filas y dirigentes de las JEREC (juventudes paramilitarizadas) y éste a su vez recurrió a Badia (que por cierto, antes había pertenecido a Bandera Negra, una formación que no dudaba en teorizar el terrorismo como arma política; Badía debió exiliarse después del azaroso y grotesco “complot del Garraf” casi una comedia de enredo: los que intentan atentar contra Alfonso XIII, primero se dejan en casa las herramientas; en el segundo intento pierden el tren; en el tercero no aparece el principal ejecutor y en último los detienen todos…). Después se reencontraron, Dencás como conseller de seguridad y Badia como su jefe de policía.


Badía contra la CNT-FAI, Companys a partir un piñón con la CNT-FAI

La emprendieron contra la CNT-FAI. Abundaron las detenciones arbitrarias, las torturas, los simulacros de fusilamiento, los secuestros y las palizas. Si algo estuvo claro en aquella época era que los “derechos humanos” habían sido aparcados fuera del “oasis catalán”. Llegó la sublevación del 6 de octubre que todavía permanece envuelta en el misterio. La historiografía oficial de la Gencat sostiene que se produjo porque el “fascismo se había adueñado del estado español”… a pesar de que la CEDA, partido mayoritario, estuviera fuera del gobierno radical de Lerroux y que, cuando se introdujo fuera solo con 4 ministros; sin olvidar que la CEDA eran unas cándidos católicos o que la legalidad vigente derivada de las elecciones de noviembre de 1933 había dado amplia mayoría a la derecha... pero gobernaba el centro. En Cataluña, por cierto, ERC se había hundido y la Lliga disponía de casi el doble de diputados.

Companys se refugió en la explicación de que la sublevación del 6 de octubre había fracaso porque Dencás y Badìa no habían estado a la altura y movilizado a sus Escamots. Lo cierto es que uno de los últimos tiros de aquella infausta jornada lo disparó desde una azotea de Vía Layetana el “capitá Collons” (nombre que se había ganado Badía por sus desplantes y actitud ante la CNT-FAI). Al huir Dencás por las alcantarillas y ser encarcelado Companys, éste pudo atribuir al otro el fracaso. Pero había algo más.

Lío de faldas en el Palau de la Generalitat (1): La “misa negra” de Companys

De la misma forma que las vicisitudes de los grupúsculos independentistas en los años 70 y 80 pueden entenderse mejor por los líos de faldas, los ligues y los divorcios (o “ahí te quedes”) de un muy pequeño grupo de independentistas procedentes del PSAN, en tiempos de la República, todo lo que ocurrió en Cataluña entre el 6 de octubre de 1934 y noviembre de 1936 no es posible entender si no se tienen en cuenta esos mismos líos de faldas, celos, venganzas y, en definitiva, miserias humanas.

Resumimos: Miquel Badía se “picó” a Carme Ballester, esposa de un militante de ERC que sustituyó algo más adelante a la primera esposa de Companys en la cama del Palau de la Generalitat (en el casal de Gran Vía de ERC se los encontraron fornicando a base de bien). Badía, un tipo posesivo creyó que la Ballester era para él, así que cuando se enteró de que se había convertido en amante de Companys estalló el scandal. Poco antes del 6 de octubre de 1934, Badia y Companys discutieron delante de otros: Companys destituyó de su cargo a Badía, a causa de que éste había secuestrado, en pleno juicio (tal es el respeto que el independentismo siempre ha tenido por la judicatura) al fiscal que estaba acusando al Xammar, un abogado nacionalista. Cuando Companys lo destituyó le dijo que no era el cargo “para un hombre como él”. Al pedirle explicaciones Badía, Companys, fuera de sí, le contestó que la Ballester “es una santa”.  Badía enumeró las “virguerías” que era capaz de hacer la Ballester en la cama, antes de irse con un portazo. Luego Companys convocó a las personas que había  citado Badia para avalar su relación con la Ballester y vio que, efectivamente, aquella relación era auténtica.


Lo mejor es que –y ahora es Josep Tarradellas quien lo cuenta- Companys llegó a Carme Ballester a la Casa dels Canonges, la colocó en la cama ¡sobre la que había muerto Macià unos meses antes! Y le pidió un juramento de fidelidad. Tarradellas llamó a este episodio “misa negra”. Esto explica el que las JEREC no pusieran toda la carne en el asador el 6 de octubre de 1934. Pero la historia no termina ahí. El período de cárcel de Companys y el de exilio de Badía terminaron cuando el Frente Popular decretó una amnistía. A finales de febrero de 1936 volvían todos los actores a Barcelona. Lo que hasta ahora había sido una comedia con mucho de vodevil se transformaría ahora en tragedia.


Líos de faldas en el Palau de la Generalitat (2): la culpa es de la falange…

El 28 de abril de 1936, Badía había quedado citado por la tarde con Macià Alavedra para entregarle unos documentos comprometedores sobre determinados dirigentes de ERC próximos a Companys (es Alavedra quien lo contó). Al parecer, Companys, mantenía juegos sexuales con la Ballester y alguna amiga cuyo marido también participaba. Por otra parte, había dirigentes de ERC asiduos al cabaret La Criolla, lugar de encuentro del entorno gay y trans de la época. Allí, el encargado, “Pepe el de la Criolla”, les buscaba chaperillos y complementos para sus juegos sexuales. El 27 de abril por la noche, “Pepe el de la Criolla” fue asesinado. El crimen llamó la atención porque al día siguiente Bacía quedó con Alavedra para entregarle los documentos que comprometían a dirigentes de ERC, Companys incluido. Sin embargo, a las 15:30, Badía y su hermano fueron asesinados por unos pistoleros anarquistas (si bien Escofet, el jefe de los Mossos, intentó hacer creer que fueron “los falangistas”. Por cierto que las sospechas sobre el asesinato de “Pepe el de la Criolla” recayeron en cuatro Mossos de Esquadra…).



Lo cierto es que, tras su regreso de la prisión, Companys no se alía con los independentistas radicales sino que se apoya en la CNT-FAI a la que permite la ejecución de 8.000-9.000 catalanes en los primeros meses de la guerra civil. Contará con ellos hasta mayo de 1937 cuando el PSUC y los agentes soviéticos de la Cheka, se conviertan en árbitros de la situación…

La explicación de Escofet no convenció a ninguno de los dirigentes independentistas, que abandonaron ERC y volvieron a dar vida a Estat Catalá. Los independentistas siempre consideraron al mitificado Companys como el mandatario del crimen de los hermanos Badía. Companys habría recurrido a un faiero que nunca había conocido a los Badía para ejecutar el crimen. Y es que Companys nunca pudo olvidar el tiempo en el que había sido abogado de anarquistas antes de pasarse al nacionalismo. Pero la cosa no termina aquí.


Líos de faldas en el palau de la Generalitat (3): el “Caso Reverter”

Companys había nombrado a un chico joven y sin ninguna experiencia política, Andreu Reverter, como “comisario de orden púbico”, en sustitución de Badía.  ¿Un desconocido sin experiencia en un cargo tan importante? Las cosas se entienden mejor si se tiene en cuenta que la mujer de Reverter y la de Companys eran grandísimas amigas, realizaban juegos sexuales juntas en unión de sus compañeros. Pero esto, seguramente, no es lo más importante, sino el hecho de que a Reverter se le ocurre preparar el asesinato de su madrastra, en plena guerra civil, para lograr beneficios económicos. Como suena. Esto coincide con dos episodios que lo tienen como protagonista: en primer lugar el intento de apropiación de unos lingotes de oro y de platino que se estaban sacando del Madrid que se daba por perdido ante el avance de las tropas de Franco. Ahora es Largo Caballero quien cuenta esta historia. Él mismo fue quien denunció la acción de Reverter a Companys.

El interesado declara que quería apropiarse del armamento depositado en dos vagones en el sur de Francia que la Generalitat había comprado. Dado que Estat Catalá había perdido todo su armamento en el intento frustrado de invasión de Menorca, con esas armas se pretendía rearmar al partido para ponerlo al servicio del proyecto más enloquecido del independentismo catalán en aquellos momentos: secuestrar y eliminar a los jefes de la CNT-FAI, ejecutando a 20 dirigentes de las Milicias Antifascistas, detener y exiliar a Companys, sustituirlo por Joan Casanovas y ¡proclamar la independencia de Cataluña! ¿Quién da más? Los independentistas, evidentemente, que, una vez independientes¡ se declararían “neutrales” en la Guerra Civil española! Casanovas ya había tomado contacto con el gobierno francés para anunciarles el plan que debía contar con el apoyo de las potencias democráticas. Todo ello –y quizás esto sea lo más espatarrante- es que lo pretendía hacer con 200 militantes de Estat Catalá…

Cabría añadir que Casanovas tenía también amistades propias de la Barcelona canalla: se relacionaba con la vedette del Paralelo Margarita Carvajal, mexicana, lo que no le impidió dejarla cuando consiguió huir a Francia. La Carvajal era la “reina del Paralela” y de ella se cuenta que cuando la CNT exigió que todos los que trabajaban en variedades cobraran lo mismo, ella se encaró con los anarquistas y les dijo “pues que suba el acomodador y enseñe el culo”.

Anarquistas situados dentro de la Comisaría de Orden Público se enteraron del plan y lo denunciaron, lo que unido al testimonio de Largo Caballero, hizo que el plan fuera descubierto el 24 de noviembre de 1936. Reverter resultó detenido. La versión que se dio era la de que intentaba asesinar a su madrastra para beneficiarse económicamente. Fue condenado a muerte. Y entonces hizo valer su conocimiento sobre Carmen Ballester y sobre la muerte de los Badía. Planteó, digámoslo claramente, un chantaje a Companys. Así que funcionarios de la Gencat se ofrecen para excarcelarlo y facilitarle la salida a Francia. Reverter aceptó callarse. El final os lo podéis imaginar: unos dicen que en Calaf, otros que a 20 km de Barcelona, el caso es que Reverter apareció asesinado en la cuneta.

Algunas conclusiones: una pregunta a Quin Torra

Este era el panorama de los independentistas antes y durante la guerra civil. Así que a nadie le extrañe lo que está ocurriendo ahora. ¿Paralelismos? Muchos:

- No entender la situación internacional. El Quay d’Orsay respondió a la propuesta de Casanovas alegando que “no era oportuna” y que podría desarrollar el independentismo de varias regiones en Francia y hacer que el Rosellón quisiera aproximarse a Cataluña. Ochenta años después, los independentistas no se han dado cuenta de que su iniciativa carece de apoyos en Europa precisamente por lo mismo.

- No entender que, no hoy, sino siempre, han carecido de fuerza social suficiente para la independencia: parece increíble que en plena guerra civil, un pequeño grupo independentista, llegara a la conclusión de que podría fusilar a 20 anarquistas, exiliar el presidente y declarar la república catalana independiente, declararse neutral y ser reconocidos por Francia e Inglaterra.

- No entender que no basta con los mitos sino que para fundar una nación independiente hace falta una clase política dirigente y un proyecto. Macià es una especie de patriarca del nacionalismo y Companys el mártir, a despecho de sus acciones reales y de su valoración objetiva. El nacionalismo vive y se engaña a base de mitos tras los cuales apenas existen miserias humanas. Ayer y hoy. Porque casi mejor no entrar en las miserias familiares de los últimos presidents nacionalistas.

- Tenerse unos a otros como enemigos más allá de las diferencias políticas que, a fin de cuentas, no son más que coberturas de celos, choques personales, sino de líos de faldas… y ser capaz, incluso de matar al “camarada” por un quítame allá la novieta.

Por eso, cuando Quin Torra alega ser admirador de los Badía, de Companys, de Macià y de todos estos personajes, se califica a sí mismo. Ah, y lo que todavía es más sorprendente: cuando hace falta alguien con capacidad mediadora, con voluntad y capacidad negociadora, con un perfil independentista bajo (puesto que el proyecto ha fracasado ¡y de qué manera!), con buenos contactos fuera de Cataluña, lo que se elije como presidente es al personaje situado en las antípodas del perfil requerido: nula capacidad de negociación, nula capacidad para el diálogo, nula capacidad para entender los motivos del fracaso del plan soberanista, nula capacidad para asumir la realidad socio-política de Cataluña y, para colmo, guinda de las guindas, un tipo que considero –por mucho que se haya disculpado- que más allá del Ebro solamente hay “animales con forma humana”.

Que  revise la historia del nacionalismo independentista catalán y verá lo que tiene en su propio hortet. De ahí que hayamos hecho  este pequeño repaso.