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martes, 7 de octubre de 2014

El soberanismo catalán como ejercicio de masoquismo


Info|Krisis.- El 6 de octubre de 2014 se cumple el 80 aniversario de los “hechos de 1934”. En aquella ocasión, Luis Companys, presidente de la Generalitat de Cataluña, se subía al balcón del Palacio de la Generalitat y proclamaba la unilateral y efímera “República Catalana” que batió todos los récords de brevedad: apenas duró desde las 7:30 hasta la 1:00 de la madrugada del día siguiente, esto es, 18 horas y 30 minutos. Los paralelismos entre aquella situación y la actual son sorprendentes, pero mucho más sorprendente es que ambos episodios coronen una particular visión masoquista de la historia de Cataluña. ¿Es comprensible que el nacionalismo se recree en la derrota, se nutra de la derrota y quiera reeditar las derrotas históricas? Así parece, en efecto.

La Generalitat de Cataluña en su insensata interpretación de la historia ha mencionado la revuelta del “Conde Paulus” contra la monarquía visigoda de Wamba como una de las primeras muestras históricas del “factor diferencial catalán”. Y esto a pesar de que dicha revuelta incluyera a la Septimania y a la Tarraconense, la primera transpirenaica y la segunda abarcando un espacio mucho mayor que la actual Cataluña.

La figura histórica de Paulus es cuestionable. Enviado para sofocar una rebelión, traicionó a su rey en beneficio de sus resentimientos personales. Pidió ayuda a todos los enemigos de los godos y nadie respondió. Lo esencial del conflicto se produjo, no en la Tarraconense, ni en el espacio de la actual Cataluña, sino en la Septimania francesa. Paulus se rindió en Nimes. En el curso del juicio, Wamba le preguntó por el motivo de la rebelión y si le había agraviado u ofendido. Paulus y sus lugartenientes callaron. Ante el silencio de los acusados, el rey visigodo les enseñó el juramento de fidelidad que habían firmado meses atrás como prueba de su falsedad y traición. Así lo escriben las crónicas escritas a finales del siglo VII y así hay que creer que ocurrieron los hechos. Falta decir que Paulus fue llevado a Toledo, rapado al cero y se le colocó una corona hecha con espinas de pescado… Murió sin gloria en la cárcel de Toledo.