Info|krisis.- Los tiempos no están como para
muchas alegrías y los analistas políticos correríamos el riesgo de ingresar en
urgencias psiquiátricas si no desconectáramos con cierta frecuencia de la triste
cotidianeidad político-económica que nos rodea. Siempre, claro está, nos queda
ver la tele. Pero uno de los directivos de Tele 5 lo dijo hace unos años: “Yo vendo publicidad, pero entre anuncios
pongo programación para que la gente vea mi publicidad”. No, no nos queda
ni la tele, ni la de pago, ni el TDT, a menos que queramos intoxicarnos con 40
minutos de programación por 20 de publicidad. Además, la publicidad aparece en
los momentos más críticos de las películas, hacia el final, en los momentos-clímax.
Así pues a nadie le extrañará que sea un fanático del peer to peer para series y películas. Todo antes que aguantar que Jack el destripador fragmente una
película interesante en seis partes entre inserciones publicitarias masivas.
Una película al día parece una dosis razonable, sin interrupciones, en la calma
del hogar, en la serenidad de la noche.
En los dos últimas días he visto
dos películas que quizás valga la pena comentar y que, en cualquier caso,
figuran entre las que se pueden recomendar para cinéfilos medianamente
exigentes. El Veredicto y Borgman.
