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domingo, 5 de junio de 2016

El balneario de la Puda (Banyoles). Lo que fue y no volverá a ser

 
En 1965 conocí el balneario de La Puda, cerca de Banyoles. Tenía 13 años y pasamos el verano en aquella localidad. La noticia de aquel verano que sacudió la minúscula colonia de veraneantes, fue que un joven se había ahogado en el lago. Pasé unos días después por allí y su padre todavía estaba silencioso y meditabundo sentado ante las aguas negras del lago. Se me quedó grabada aquella imagen de tristeza y abatimiento.

Bordeando el lago, llegamos al balneario de la Puda. Allí manaba una fuente, la Font Pudosa que en catalán, quiere decir algo así como “fuente maloliente”. Aquel lugar visitado por fanáticos del termalismo y de la hidroterapia (que en Cataluña se contaban a miles empezando por el arquitecto Antoni Gaudí o el frenólogo Mariano Cubí). Nunca había estado en ningún balneario. Me llamó la atención aquel olor a bomba fétida que lo impregnaba todo. Si bebías un vaso de aquella agua era como si te tragaras una caja de bombas fétidas. Eran aguas sulfurosas y carbonatadas, buenas para enfermedades de los huesos, reúmas, y para aliviar dermatitis y otros problemas de la piel. La humedad pegajosa del ambiente, agravada por el sol de plomo de una tarde de verano, parecía acentuar aquel olor pestilente que lo impregnaba todo.