jueves, 20 de marzo de 2025

UCRANIA, GROENLANDIA Y LAS "TIERRAS RARAS" (III de IV) [revisado]

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Un conflicto es el resultado de varios factores que se superponen en el tiempo y que, unidos, generan el potencial explosivo suficiente para desencadenarlo. Por supuesto, el principal factor que hizo que hablaran las armas en Ucrania fue el deseo de los “halcones” del complejo militar-industrial de situar mísiles a 15 minutos de Moscú, en la frontera ucraniana. Pero, la entrada de este país en la órbita occidental, contra el deseo de buena parte de su población rusófona y situada en el Este y en el Sureste del país, no fueron los únicos elementos que precipitaron la muerte de miles de personas desde 2014. Y eso es lo que vamos a demostrar.

EEUU: DOS DIRECCIONES PARA RECUPERAR EL TIEMPO PERDIDO

Los EEUU perdieron la carrera de las “tierras raras” en la década de los 90, durante la presidencia de Bill Clinton, poco o nada interesado en cuestiones científicas. Después, en los períodos de gobierno de George W. Bush y de Barak Obama, tampoco la Casa Blanca mostró el más mínimo interés en esta cuestión y se centró, en el campo energético, en promover la obtención de petróleo mediante la técnica del “fracking”. Fue solo en 2020, cuando Trump firmó una orden ejecutiva para reducir la dependencia de China. Desde entonces, Australia y EEUU han formado alianzas para desarrollar cadenas de suministro alternativas. Hoy, para EEUU, esta cuestión ha adquirido una dimensión estratégica y su política exterior está orientada a garantizar el suministro de “tierras raras” y reducir su dependencia de China. La solución B es convertir estos minerales en innecesarios, apostando por elementos alternativos.

Las universidades norteamericanas (y, sorprendentemente, algunas españolas) están investigando imanes basados en materiales más frecuentes y de más fácil extracción, como el hierro y el níquel, que podrían reemplazar los imanes de neodimio en motores eléctricos y turbinas eólicas. Una empresa británica y el laboratorio de la Universidad de Sheffield han creado un imán carente de “tierras raras”, gracias a una plataforma de Inteligencia Artificial diseñada por la empresa. Este imán sustituirá ventajosamente al neodimio y al disprosio (60Dy). Así mismo, se están explorando semiconductores alternativos a partir de materiales como el grafeno y las perovskitas (trióxido de titanio y calcio [CaTiO3] que ya se utiliza en la fabricación de células solares. En la actualidad se está estudiando reemplazar componentes basados en tierras raras en pantallas y baterías por estos dos materiales, mucho más fáciles de extraer y procesar.

Existe, incluso, una solución C para compensar la dependencia norteamericana de China en este terreno: el “reciclado” y la “economía circular”. En la actualidad, menos de un 5% de “tierras raras” se reciclan, pero se está trabajando en mejorar la técnica y llegar hasta un 75%, lo que reduciría significativamente la asimetría con China.

Todos estos programas de sustitución de “tierras raras”, en cualquier caso, están en estos momentos en sus inicios y no podrán implementarse hasta dentro de una década, como mínimo. Esto lleva a pensar que, hasta 2050, estos minerales seguirán siendo clave en las nuevas tecnologías. Esos 25 años pueden ser suficientes para que los EEUU pierdan la carrera tecnológica y, consiguiente, la hegemonía mundial.

Así pues, se entiende perfectamente que la nueva administración norteamericana tome iniciativas para controlar el mayor número de estos yacimientos. Australia, por su parte, ha optado por aliarse con los EEUU en este terreno. Y es importante, porque, en la actualidad, produce el 5% del total mundial, pero se calcula que sus reservas son mucho más importantes.

Pero, como hemos apuntado, existen problemas para explotar estas minas. El primero de todos es medioambiental: tanto las poblaciones de Narsaq como los grupos ecologistas, han mostrado su oposición alegando que se generarían residuos radioactivos debido a la presencia de uranio y torio. Se trata, además, de minas que se situarían muy cerca del mar, lo que presagia que producirían alteraciones en la industria pesquera (la actividad que más concentra los puestos de trabajo en la isla). El propio gobierno autónomo, en 2021, prohibió la minería de uranio. Desde entonces el “Proyecto Kvanefjeld”, quedó parado y solamente la polémica organizada en torno a las declaraciones Donald Trump sobre Groenlandia y las recientes elecciones celebradas en la isla (en marzo de 2025), ha hecho que se volviera hablar del tema.

Desde 2021, Greenland Minerals ha realizado modificaciones a su proyecto, eliminando el interés por el uranio y concentrándose en las “tierras raras”, sin conseguir que el gobierno autónomo modificase su posición. El principal argumento de la empresa es el enorme potencial económico que compensa con creces las preocupaciones ambientales y políticas.

Dos direcciones para recuperar el tiempo perdido

Los EEUU perdieron la carrera de las “tierras raras” en la década de los 90, durante la presidencia de Bill Clinton, poco o nada interesado en cuestiones científicas. En los períodos de gobierno de George W. Bush y de Barak Obama, tampoco la Casa Blanca mostró el más mínimo interés en esta cuestión y se centró, en el campo energético, en promover la obtención de petróleo mediante la técnica del “fracking”. Fue solo en 2020, cuando Trump firmó una orden ejecutiva para reducir la dependencia de China. Desde entonces, Australia y EEUU han formado alianzas para desarrollar cadenas de suministro alternativas. Hoy, para EEUU, esta cuestión ha adquirido una dimensión estratégica y su política exterior está orientada a garantizar el suministro de “tierras raras” y reducir su dependencia de China. La solución B es convertir estos minerales en innecesarios, apostando por elementos alternativos.

Las universidades norteamericanas (y, sorprendentemente, algunas españolas) están investigando imanes basados en materiales más frecuentes y de más fácil extracción, como el hierro y el níquel, que podrían reemplazar los imanes de neodimio en motores eléctricos y turbinas eólicas. Una empresa británica y el laboratorio de la Universidad de Sheffield han creado un imán carente de “tierras raras”, gracias a una plataforma de Inteligencia Artificial creada por la empresa. Este imán sustituirá al neodimio y al disprosio (60Dy) ventajosamente. Así mismo, se están explorando semiconductores alternativos a partir de materiales como el grafeno y las perovskitas (trióxido de titanio y calcio (CaTiO3) que ya se utiliza en la fabricación de células solares. En la actualidad se está estudiando reemplazar componentes basados en tierras raras en pantallas y baterías por estos dos materiales, mucho más fáciles de extraer y procesar.

Existe, incluso, una solución C para compensar la dependencia norteamericana de China en este terreno: el “reciclado” y la “economía circular”. En la actualidad, menos de un 5% de “tierras raras” se reciclan, pero se está trabajando en mejorar la técnica y llegar hasta un 75%, lo que reduciría significativamente la asimetría con China.

Todos estos programas de sustitución de “tierras raras”, en cualquier caso, están en estos momentos en sus inicios y no podrán implementarse hasta dentro de una década, como mínimo. Esto lleva a pensar que, hasta 2050, estos minerales seguirán siendo clave en las nuevas tecnologías. Esos 25 años pueden ser suficientes para que los EEUU pierdan la carrera tecnológica y, consiguiente, la hegemonía mundial.

Así pues, se entiende perfectamente que la nueva administración norteamericana tome iniciativas para controlar el mayor número de estos yacimientos. Australia, por su parte, ha optado por aliarse con los EEUU en este terreno. Y es importante, porque, en la actualidad, produce el 5% del total mundial, pero se calcula que sus reservas son mucho más importantes.

RUSIA Y EL RESTO DE “ACTORES” INTERNACIONALES
Y LAS “TIERRAS RARAS”

Si hasta ahora hemos hablado casi en exclusiva de EEUU y China, queda hablar de la tercera gran potencia mundial, Rusia. Este país, tras el gobierno de Gorvachov y, muy especialmente, durante el período de gobierno de Boris Eltsin, quedó muy atrasado en la explotación, manipulación y refinado de “tierras raras”. Solamente durante la “era Putin” ha conseguido desarrollar una industria de refinado propia. Se calcula que el territorio ruso alberga un 10% de las reservas mundiales de estos minerales.

Desde la óptica rusa, el que China controle el mercado mundial de las “tierras raras” no es algo deseable; Putin es consciente de que debe aumentar su producción y refinado si no quiere ser un satélite de China. La alternativa es doble: centrarse en inversiones para explotar los recursos propios, multiplicar las calicatas y despegar una industria propia de refinado, por una parte, y por otra, asegurarse el suministro en India y parte de África, en donde los rusos tienen una experiencia político-comercial que se remonta a los años 60. China, en la última década ha ido aumentando su presencia en África para hacerse con el control de estos recursos.

¿Y Europa? La inadecuación de la torpe burocracia de la UE hace que todo el continente dependa ¡en un 98%! de China para el suministro de tierras raras. Esta cifra basta por sí misma para reflejar el fracaso de la UE y explicar por qué Europa ha dejado de pesar en política internacional y su importancia económica desciende de forma imparable. La alianza entre socialdemocracia, extrema-izquierda y ecologismo, ha favorecido el que las reservas encontradas tiendan a no explotarse “por razones medioambientales” y las dos “locomotoras” de la UE, hayan apostado por el reciclado de “tierras raras”. Pero, así como en EEUU, esta es una de las tres soluciones alternativas adoptadas, en la UE es la única que puede aplicarse mientras los intereses electorales estén por delante de los nacionales.

Esto nos lleva directamente al “conflicto ucraniano”.


EL CONFLICTO UCRANIANO Y LAS “TIERRAS RARAS”

Hoy, el acceso a tierras raras define el poder tecnológico y militar de las grandes potencias y la carrera dista mucho de estar decidida completamente. Groenlandia y Ucrania, puede ser los factores que reduzcan la dependencia de China. De ahí la importancia de todo lo que está ocurriendo allí.

Ucrania está entre los cinco primeros países del mundo en reservas de grafito (esencial para la fabricación de baterías de vehículos eléctricos), y figura entre las diez primeras naciones del mundo en reservas de elementos químicos como carbono, manganeso, hierro, titanio y uranio.

Ucrania es rica en recursos minerales, incluyendo algunos de los llamados "tierras raras". Algunos de estos minerales se encuentran en Ucrania, especialmente en las regiones orientales y sur del país, que son de gran importancia estratégica. Si nos fijamos en los objetivos rusos durante el conflicto ucraniano (ver La nueva geopolítica mundial (II) ¿qué es lo que está cambiando o el Cuaderno para Entender Nuestro Tiempo nº 3) comprobaremos que, desde las primeras semanas de combates, han logrado hacerse con el control de estas regiones: el oriente ucraniano y el sur del país. Zonas que, por otra parte, son de mayoría rusófona y siempre se han considerado parte de Rusia. Inicialmente aceptaron pertenecer jurídicamente a Ucrania, mientras este país se alineaba con Rusia, pero no cuando la acción de la CIA y de las fundaciones de Georges Soros, en combinación con la oligarquía local, se han empeñado en aplicar políticas anti-rusas a todo el país, especialmente después del “euromaidan” de 2013.

El Itrio (39Y) es uno de los minerales más abundantes en Ucrania. Aleado con otros metales adquiere propiedades magnéticas, se utiliza en pantallas de rayos X, mejora la velocidad de recarga de las baterías, está presente en pantallas de televisión y monitores de ordenador, en los nuevos motores a reacción se le utiliza para que las turbinas soporten las altas temperaturas; estabiliza la zirconia para dar lugar a una cerámica que se utiliza como recubrimiento térmico en turbinas de gas y refrigerante en motores de aviones y en un sinfín de aplicaciones complementarias en el desarrollo de nuevas tecnologías. El Itrio se encuentra principalmente en el suroeste del país, en la región de Zaporiyia y áreas cercanas (zonas en las que se han producido los más violentos combates del conflicto ucraniano), hoy controlada en casi su totalidad por las tropas rusas.

Ucrania, tiene también en concentraciones menores, el neodimio, utilizado en imanes para motores eléctricos y generalidades. El lantano (57La) está también presente en el territorio ucraniano en las regiones próximas a Dnipró: su obtención es esencial para la producción de catalizadores y otros componentes electrónicos. Ucrania posee depósitos significativos, especialmente en las regiones cercanas a Dnipró, en la zona, hoy controlada por Zelensky. El cerio (58Ce), se emplea también en catalizadores y en la fabricación del vidrio y está diseminado en cantidades significativas en distintas zonas del país. El país, tanto en la zona controlada por Zelensky, como en la que Rusia ha incorporado a su territorio, contiene reservas de otros elementos (terbio [65Tb], disprosio [66Dy] y europio [63Eu]), utilizados en aplicaciones electrónicas y energéticas de alta tecnología.

La EU estima que Ucrania tiene unas reservas minerales globales que pueden ascender a 10 billones de dólares. La revista Forbes, por su parte, ha estimado el valor de las reservas minerales ucranianas en 14,8 billones de dólares. Solo las reservas de las minas de litio se estiman en 500.000 toneladas y las reservas de titanio suponen el 7% del total mundial. El país, además, es el quinto productor mundial de galio (31Ga) (necesario en la fabricación de semiconductores y Leds), abundan los yacimientos de berilio (4Be) (presente en la industria nuclear, en acústica, electrónica, en la industria aeroespacial.

No faltan minerales clásicos:  hierro y manganeso, necesario para producir acero (la UE compraba antes de 2021 un 43% del empleado a Ucrania)… El neón altamente purificado ucraniano significa el 90% del suministro de Estados Unidos para la producción de chips de alta tecnología necesarios para el desarrollo de la Inteligencia Artificial. Se habla mucho del precio del gas y del petróleo, pero lo cierto es que, desde el inicio del conflicto el valor del neón se ha multiplicado por nueve.


Todo esto explica que el apoyo “occidental” a Ucrania no se ha basado en razones humanitarias, sino en motivaciones exclusivamente económicas. Y estas motivaciones siguen vigentes hoy en día: de ahí el interés de Starmer y de Macron en enviar “tropas de paz” a Ucrania, para evitar que el “pastel minero ucraniano” se reparta al alimón entre EEUU y Rusia. En el momento de escribir estas líneas, la presión norteamericana sobre Zelensky es máxima y podemos estar seguros de que, si cede a las pretensiones de los países europeos, apenas podrá mantenerse unas semanas más en el poder. La UE no ha entendido todavía que el conflicto ucraniano está perdido para Zelensky y para la propia UE y que las condiciones actuales en 2025, son muy diferentes a las que se daban en 2021 y no digamos en 2014, cuando se inició. Prolongar la guerra significa solamente extender unos meses más las destrucciones y sumar muertos. La reacción del tándem Macron-Starmer (dos políticos desahuciados por su electorado) al abandono de la “protección” norteamericana, puede calificarse de ingenua, sino de infantil (creer que Putin aceptará la presencia de tropas de los países de la OTAN en Ucrania como “fuerza de paz”, olvidando que fue la OTAN la que llevó al inicio del conflicto…).

Hasta ahora, el apoyo norteamericano había sido esencial para garantizar la resistencia ucraniana. Pero los nuevos planteamientos geopolíticos han variado en las últimas semanas: esa ayuda se ha terminado radicalmente, ahora le toca a Ucrania pagar por ella y liquidar el conflicto, lo que pasa inequívocamente por un acuerdo de reparto de las riquezas mineras de Ucrania entre Washington y Moscú. Eso es todo.

Sea como fuere, lo cierto es que el 70% de esta riqueza se concentra en tres zonas: las Repúblicas incorporadas a Rusia del Donetsk y de Lugansk, Zaporiyia y la región de Dnipro. De estas regiones, dos han dejado de ser ucranianas (Zaporiyia y el Donbás) y la tercera se encuentra en disputa (el Dnipró), pendiente del acuerdo al que se llegue en las conversaciones de paz.

Hemos visto como el conflicto ucraniano fue desencadenado por las maniobras de la administración Biden, en combinación con la Unión Europea y la OTAN, para integrar a este país en ambas organizaciones. Sin embargo, lo que EEUU ambicionaba en 2014 cuando se inició el conflicto armado real (y no con la ofensiva rusa en 2021) era simplemente alimentar al complejo militar-industrial. En los diez años siguientes, mientras el conflicto en el Donbás iba goteando muertos y ataques terroristas contra los independentistas pro-rusos, el escenario geoeconómico ha ido cambiando. Al iniciarse la presidencia de Donald Trump, ya estaba claro que el interés de Ucrania no era, tanto, su integración en la OTAN o en la UE, como su riqueza en “tierras raras”, para lo cual se precisaba un acuerdo con Rusia: aceptar el hecho de que el Este y el Sur de Ucrania, hasta Crimea, siempre se han sentido rusos y hablan esta lengua, y por tanto, admitir el retorno de estas regiones a Rusia, a cambio de un control norteamericano sobre las explotaciones de “tierras raras” en lo que quede de Ucrania, como pago por los 500.000 millones de dólares en armamento durante los tres años de guerra.

En la práctica, quienes desataron la “guerra del Donbás” en 2014 como los que promovieron el “euromaidán” el año anterior, no se percataron de que, en los últimos diez años, las “tierras raras” estaban cobrando cada vez más importancia para mantener las capacidades tecnológicas de lo países. La “paz en Ucrania”, desde este punto de vista, no es más que un acuerdo entre Rusia y EEUU para repartirse la riqueza mineral ucraniana.