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martes, 15 de octubre de 2019

Crónicas desde mi retrete (29) MALVERSACIÓN, ESTUPIDEZ, ENGAÑO, CAOS Y PUSILANIMIDAD


Lo dijo Lao-Tsé hace 2.500 años y la historia lo ha repetido una y mil veces: “La justicia es como el timón. Hacia donde se le da, gira”. Para ser más claro: existen leyes y formas de aplicarlas, pero éstos por mucho que se intente, nunca podrán ser objetivas, ni en su elaboración, ni en su ejecución. Los comportamientos humanos siempre son subjetivos y responden a intereses más profundos que los que aparecen en la superficie. Todo esto viene a cuento de la famosa “sentencia” (la primera de las que seguirán).

ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE LA JUSTICIA EN EL SIGLO XXI

Soy de los que opina que la justicia ganará mucho cuando (en lugar de “vista oral”, toneladas de papeleo inútil, jueces, fiscales, acusaciones particulares, testigos, garantías procesales y demás), sea un ordenador portátil conectado en red, un programa ad hoc y un simple detector de mentiras de última generación, el que reúna pruebas, recoja testimonios en forma de tests, registre antecedentes, oiga las alegaciones (también en forma de tests) realizadas por las partes y dicte sentencia, según el leal saber y entender de un puto chip, hasta ahora el ingenio más objetivo que ha parido la tecnología. 

Todo esto no demoraría más que el tiempo que se tarda en introducir las respuestas (insisto, tipo test) y en que una impresora láser escupa los folios. Incluso, durante ese tiempo, otra impresora en 3D podría modelar la celda ad hoc para cumplir la pena (más o menos dotada de comodidades según la gravedad del delito). Todo esto, por supuesto, conectado al Aranzadi a bases de datos de jurisprudencia, etc, etc. Y si, además, las leyes las elabora un programa informático en función de las necesidades de la sociedad y no de los equilibrios parlamentarios, mejor que mejor.

¿Deliro? En absoluto, creo firmemente en la Inteligencia Artificial, en su futuro y creo que, puestos a ser ciega y objetiva, nada lo haría mejor que un chip y el software correspondiente.

DOS VISIONES PARA UNA MISMA SENTENCIA

De lo dicho hasta aquí podrán deducir que el derecho no es lo mío ni me ha interesado jamás desde que a los 16 años cuando leí la frase de Leo-Tsé. Por lo tanto, no esperen que me haya leído la totalidad de la sentencia que condena al “núcleo promotor” del 1-O. Lo que he visto me ha sorprendido en algunos puntos. La sentencia hoy carece de interés en una España “facciosa”, en la que nada es verdad ni es mentira, como dice el refrán, sino que todo depende del régimen de identidades que uno adopte.

La consigna de La Vanguardia en todos sus artículos es decir que las penas han sido “muy duras”. El ABC de Madrid en cambio, opina todo lo contrario, que los encausados, prácticamente, estarán en semilibertad en unas semanas. Los que se manifestaron en el aeropuerto, seguramente, opinaban que tenían el derecho de fastidiar los planes de miles y miles de personas, era en nombre de la “república catalana” y los que se veían privados de llegar a sus destino creían que esa misma “república” era cosa inexistente y de idiotas. Pero todo esto es irrelevante, lo verdaderamente importante es que la sentencia, ha dado en el clavo en muchos aspectos.

OTRA PALETADA DE TIERRA SOBRE LA TUMBA DEL INDEPENDENTISMO

Los interesados y la prensa subsidiada dirán que se trata de un juicio político. Es posible que lo crean así, pero la sentencia no los ha condenado por lo que piensan, ni siquiera por lo que hicieron -¿puede existir una pena lo suficientemente dura para castigas el haber roto a una comunidad radicalmente en dos en función de dogmatismos nacionalistas elaborados al calor del romanticismo del siglo XIX e inasumibles en esta época de “post-nacionalismo”?- ¡SINO POR “PILLAR” FONDOS DESTINADOS PARA LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA CATALANA Y DESVIARLOS HACIA OBJETIVOS QUE SOLAMENTE INTERESABAN AL PROYECTO POLÍTICO INDEPENDENTISTA EN EL CUAL NI SIQUIERA CREÍAN Y QUE, PARA COLMO, ERA QUIMÉRICO!

La sentencia especifica todo esto:
MALVERSACIÓN.- La sentencia reconoce que algunos de los acusados eran algo parecido a estafadores que se apoderaron de fondos públicos para desviarlos hacia su particular proyecto político.

ESTUPIDEZ.- Que los condenados eran unos débiles mentales por “haber intentado la secesión, sin disponer de los más elementales medios para doblegar al Estado”. Es decir, que el proyecto era quimérico, mal pensado, peor diseñado, e incluso ingenuo e infantil.
ENGAÑO.- Que ni siquiera querían proclamar la independencia sino simplemente “presionar al Gobierno de la Nación para negociar”.
CAOS.- Que el fanatismo de unos, los intereses particulares de otros, generaron confusión entre lo que era legal y lo que creían que era “democrático”, y de ahí salió esa absurda idea de un referéndum improvisado en urnas compradas en Todo a 1 euro chino.
PUSILANIMIDAD.- Que los acusados “ya sea por decisión personal, ya por efectividad de las medidas cautelares de prisiones, desistieron incondicionalmente de la aventura emprendida”. Que se rajaron a la vista del abismo en el que ellos mismos se habían colocado.
Pasarán los años, pasarán los gobiernos, pasarán las subvenciones y los medios de prensa, cambiará la opinión de las masas… pero esta sentencia permanecerá como otra paletada de tierra sobre la tumba ideológica del independentismo. Creo, firmemente, que la sentencia es muy dura, no por las penas de prisión, sino por los considerandos y porque, incluso una travesura hay que castigarla con un par de cachetes en el culín del niño díscolo. Y esto es lo que ha sido esta sentencia.

MANIFESTACIONES DE AYER Y PROBLEMAS DE MAÑANA

Mientras, los indepes, ganando amigos. En esta ocasión, nadie está aludiendo a “huelga general”. Lo único que los indepes pretenden son “acciones demostrativas” que tiendan a “internacionalizar” el conflicto. Esta es otra de sus equivocaciones: a poco que un juez o un periodista extranjero lea los casi 500 folios de la sentencia se dará cuenta de que las ideas de MALVERSACIÓN, ESTUPIDEZ, ENGAÑO, CAOS Y PUSILANIMIDAD son las que han llevado a los condenados a las celdas del hotelito que la gencat les ha preparado.

Los manifestantes de ayer estaban de espaldas a la realidad que ellos mismos van a tener que sufrir mañana y que no pasa por ninguna de las avenidas preferidas por el independentismo: crisis económica internacional, islamización de Cataluña, aumento insoportable de la criminalidad en la sociedad catalana, puestos de trabajo en industria y servicios que se perdieron y que no vuelven, agricultura catalana en ruinas, una sociedad partida en tres (indepes, unionistas e inmigrantes), quiebra del sistema educativo, degradación progresiva de la sanidad, fiscalidad creciente hasta lo insoportable y abusivo, endeudamiento del Estado y de la Autonomía hasta más allá de lo razonable, suciedad y malos olores en las calles, incivismo elevado a la enésima potencia, precios de los transportes elevados para el salario medio, consumo de todo tipo de drogas generalizado y creciente, jóvenes poco exigentes consigo mismos y con los productos que consumen, seguridad alimentaria mínima y, para colmo, cada  vez mas víctimas en las calles, no por vehículos de motor, sino por bicis, patinetes, en unas ciudades con entramados cada vez más indescifrables de carriles… y paro aquí. 

Y ante esto -o quizás para huir escapar a esta triste realidad de la que el independentismo en buena parte es responsable- el “gobierno autonómico” propone defensar a unos que han sido condenados por MALVERSACIÓN, ESTUPIDEZ, ENGAÑO, CAOS Y PUSILANIMIDAD.

No ha sido una sentencia dura por las penas de prisión, ha sido una sentencia demoledora por los considerandos. Oscuridad y oprobio para la gencat indepe.


lunes, 14 de octubre de 2019

Crónicas desde mi retrete (28) LAS SENTENCIAS LLEGAN, LA HISTORIA FLUYE


Era de prever. Condenas por el 1-O sí, pero sin pasarse. Que es como decir, una de cal y otra de arena. O lo que es igual, ni chicha, ni limoná. Ni esta sentencia disuade a nadie de nada, ni va solucionar nada. Sonrío cuando recuerdo aquel episodio de Big Bang Theory en la que la novia de Sheldon Cooper critica la icónica Indiana Jones y el arca perdida, diciéndole que el final hubiera sido idéntico -los alemanes se hubieran hecho con el Arca de la Alianza y hubieran perecido todos al abrirla- aunque el protagonista no hubiera aparecido. Eso mismo es lo que le pasa al independentismo: remite sin necesidad de que la justicia actúe. Esta sentencia lo demostrará.

Vivo en un pueblo de mayoría indepe, en el balcón del ayuntamiento siempre hay alguna pancarta, algún lazo, alguna bandera multicolor o cualquier objeto de culto en la “.cat profunda”. Apostaba a que la publicación de la sentencia impondría repique de campanas, cohetes avisando para la concentración de rigor y algún que otro pelmazo dando la matraca con las cacerolas. Todo sigue igual. Y es que la sentencia parece sistemáticamente calculada para que quede constancia de que lo han hecho los procesados está pero que muy mal, pero tampoco vayamos a arrojarlos a la mazmorra fría por toda la eternidad.

No es que haya interferencias entre la justicia y el poder judicial, ni que el poder judicial esté controlado por el poder político o que el poder político lo esté por el poder económico según reglas fijas y rígidas. Es que todo este conglomerado -eso que se conoce como “el sistema”- con el paso del tiempo, ha adoptado los mismos hábitos y comparte idéntico instinto de conservación. Por eso, todos sus estamentos tienden a asumir los mismos reflejos condicionados. Unos con toga y otros con traje de domingos.


Así mismo, los años de inhabilitación para ejercer cargo público que veo, son, en algunos casos discretos y en otros irrelevantes. Se dice en la sentencia: “Remítase testimonio de esta resolución al Tribunal de Cuentas a los efectos de reclamación de la responsabilidad civil a aquellos acusados que han resultado condenados por un delito de malversación de caudales públicos”. La cornada por ahí va a doler más que las condenas de prisión.

La polémica sobre la oportunidad de descartar el delito de rebelión diciendo que no se había recurrido a la violencia, son ganas de hablar. En Cataluña nunca habrá “delito de rebelión” porque hasta Terra Lliure llamaba a los suyo “propaganda armada”, pero, eso sí, “sin violencia, no fotem que som gent pacifica i no ens agrada cridar”. El independentismo nunca incurrirá en “rebelión” porque sabe que su gente no sirve para el “ejercicio de la violencia instrumental, funcional, preordenada de forma directa”, tal como se define este delito: rebelión, pero sin arriesgar nada.

De hecho, yo creo que el delito por el que deberían haber sido condenados, si existiera, sería el de “generar inquietud e inseguridad en la calle”. O quizás este otro delito que debería también tipificarse: “el de estupidez”. En efecto, los acusados pensaban, en su infinita estupidez, que después de años de hinchar las cifras de asistentes a sus manifestaciones, después de años de pensar que toda .cat veía TV3, después de años de atribuir a la “inmersión lingüística” alguna eficiencia, después de años de falsear las cifras sobre utilización del catalán, después de años de proponer un “referéndum soberanista” y dar por sentado que la respuesta sería positiva (creando en el Parlament, antes de conocer el resultado, “leyes de desconexión”…), después de 40 años de “construcción nacional” (a golpe de talonario de la gencat), después de haber traído a 1.000.000 de musulmanes… esta Cataluña se convertiría a la voz de ¡ya¡ en República Independiente miembro destacado de la Unión Europea y en inmejorables relaciones con España… ¡Díganme si esto entraría o no en el tipo delictivo de “estupidez” que, al menos para la clase política, debería de estar vigente! ¡Díganme si es razonable iniciar una aventura secesionista cuando a todas luces se carece de fuerza social suficiente para llegar a buen puerto!

No serán las leyes las que liquiden al independentismo: será la historia. Esa que ellos mismos adulteran, modelan, deforman y retuercen, sino la historia diaria.



A fuerza de proclamar que “Cataluña es una Nación” y que por tanto “debe tener un Estado”, se han olvidado que el argumentario utilizado es del siglo XIX, que el objetivo pertenece a una época situada entre el romanticismo y la segunda revolución industrial. Estamos en el siglo XXI y la historia no da marcha atrás. Sigue inexorable hacia adelante. El independentismo, que quiere encontrar su justificación en el siglo XXI en algunas anécdotas recónditas del Medievo, no se ha enterado que el período feudal, el período posterior de los Reinos, el de las Naciones-Estado actuales, o el de las tribus y clanes anteriores a todo esto, han quedado atrás y pertenecen a otros momentos históricos (lo digo también por los que creer que España, como Estado-Nación tiene un futuro y, si lo tiene, es solamente como etapa de tránsito hacia la siguiente fase histórica).

En estos momentos, el gran dilema es “o bloques geopolíticos, geoeconómicos y geohistóricos de carácter continental” o “globalización total y para siempre”. Cualquier otra opción no merece ni considerarse. La guerra comercial EEUU-China, así con confirma. Amazon contra Alibaba. ¿Y Europa? ¡Europa ausente y algunos memos hablando de “construcciones nacionales” minúsculas y mezquinas! ¡Díganme si no es urgente establecer el tipo delictivo que enjuicie e inhabilite la idiotez en política!

El independentismo morirá, además, por un segundo factor: el agotamiento. Entiendo perfectamente el porqué TV3 pierde audiencia. Es monocromática y monotemática. Los indepes cansan y agotan. De hecho, últimamente se viene diciendo que su estrategia -a la vista de que en el enfrentamiento frontal tienen las de perder- es la del “desistimiento”. Pretenden que “España” se canse de Cataluña y al final se salgan con la suya. Error. Madrid está lejos y no ve TV3, ni oye el RAC o la emisoras y medios públicos o subsidiados. Cansan. Agotan. Aburren. Pero, en Cataluña, no en el lejano Madrid... Y, claro, merman. En momentos de crisis económico-social (crisis 2008-2011), cuando el Estado tiene alguna grieta, simplemente, pueden subir la tensión y lograr afluencia de gente cada vez más visceral y menos racional. El resto de catalanes tenemos cosas mas inmediatas, mas serias, más sólidas, más tangibles en las que pensar. ¡Cómo no van a mermar!

Y un día ocurrirá la increíble: que el nacionalismo perderá las llaves de la gencat o una legislación de la UE impedirá según que prácticas. Ahí será el llanto y el crujir de dientes, no solo para el independentismo y el nacionalismo, sino también para la lengua y la cultura catalana de la que se han apropiado y han convertido, no tanto en “cultura popular” como en “cultura subsidiada”. Porque sin el apoyo institucional, el independentismo no es nada: “Vanidad de vanidades y siempre vanidad; vanidad y mecerse en el viento”. Adiós a la cultura subvencionada, adiós a las cursiladas subvencionadas, adiós a la historia granguiñolesca, adiós a la sociedad civil subvencionada, adiós a los chiringuitos indepes, adiós a la inmersión, adiós al supremacismo... Choque con la realidad del mundo del siglo XXI.

Hay indepes que se creen en el siglo XXI por llamar “maquinari” al hardware, “programari” al software y “ratolí” al mouse… pero viven a finales del XIX y creen en una Cataluña que solamente se aproximó al concepto que se hacen de ella en el siglo IX. No los derrotará un tribunal, ni el “cúmplase la constitución”, o la sentencia de turno, los derrotará -los ha derrotado- el sentido de la Historia. La flecha de la historia va la dirección que gustaría al nacionalismo, sino justo en la contraria

¿”Ho tornarem a fer”? Si noi, cada vegada mes sols…