Parafraseando aquello de Chiquito
de la Calzada de “Te llamo Trigo por no
llamarte Rodrigo”, nos negamos a que alguien que se llama Bergoglio y que
tiene de Papa tanto como usted y yo, reciba el título venerable de “Papa
Francisco”. Bergoglio y basta. El jefe de la iglesia está convencido de que la
iglesia no sirve para mucho. Es la idea que suele repetir constantemente. La
última bergogliada es notable pero se instala en el límite de la corrección
política.
Acaba de decir que la gran
mayoría de los matrimonios católicos que se celebran actualmente son nulos
porque las parejas no comprenden realmente que es un compromiso de por vida… Lo
explicó así: “Vivimos en una cultura
provisional y por ello, gran parte de nuestros matrimonios sacramentales son
nulos porque ellos dicen “si, para toda la vida”, pero no saben lo que dicen porque
tienen otra cultura”. Era así como explicaba la “crisis del matrimonio”. Lo
peor fue que la agencia vaticana que transcribió sus palabras cambió “una gran
mayoría” por “algunos”, consciente de que la “infalibilidad papal” había
quedado en evidencia. Sectores conservadores de la Iglesia han calificado la
bergogliada como “una afirmación extraordinaria, irresponsable y ridícula”.
