El Papa Francisco no procede a
una “aproximación” con el islam; va mucho más lejos e intenta tener una
verdadera complicidad. Mediatiza abiertamente su opción, en forma de
provocación. Su hoja de ruta es transparente y cínica. También es muy
peligrosa.
Tras haber acogido en la isla de
Lampedusa a los “migrantes” clandestino deseándoles con calor la bienvenida a
Europa (“mis queridos musulmanes”), tras haber lavado los pies a otros
inmigrados musulmanes en Roma ante las cámaras de TV, tras haberse traído de la
isla de Lesbos en su avión personal a tres familias musulmanas refugiadas de Siria
prefiriéndolos a familias cristianas en mucho mayor peligro, he aquí que el
Papa Francisco ha realizado nuevos gestos emblemáticos de sumisión hacia el
islam.
